El templo de los devotos El paraíso de la meditación En el kilómetro

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El templo de los devotos
El paraíso de la meditación
En el kilómetro 32 de la carretera central, en Chosica, descansa, hermoso, el
Templo del Entendimiento del ISKCON (Asociación Internacional Para la
Conciencia Krishna), conocido por el común de personas como el Templo de los
Hare Krishna. Desde lejos, su arquitectura hindú y la belleza de sus jardines,
forman parte de su encanto y hacen que resalte en el lugar. Está pintado
totalmente de rosado y los muros que lo protegen están rodeados por palmeras
gigantes. Atravesar el templo, es como entrar a otro mundo, al paraíso. A penas se
cruza la reja negra que da la bienvenida, toda la energía y paz que emana de este
lugar es absorbida inmediatamente por el cuerpo. Adentro, los devotos conviven
con sus deidades y las hacen parte de su vida.
Cuando los krishnas llegaron a Lima, se establecieron en el Jirón Junín. Sin
embargo, caminado de un lugar a otro para predicar, llegaron a Chosica y decidieron
que esta ciudad era la más adecuada para asentarse. Iniciaron la construcción del templo
en los ochentas y la acabaron en 1999. Hoy, es el lugar más importante del ISKCON en
Lima.
Todavía no amanece y el color rosáceo del templo es opacado por la oscuridad.
Son las 4:30 de la mañana y Tattvavit canta en el salón ceremonial, el recinto más
importante del lugar. La parte exterior está coronada por cúpulas puntiagudas típicas de
la arquitectura hindú. La puerta principal, hecha toda de madera, es custodiada por los
hermanos Jay y Vijay, los dos guardianes del mundo espiritual que cuidan el templo.
Tattvavit significa conocedor de la verdad en sánscrito, el idioma más antiguo
del mundo. Ese fue el nombre que su maestro espiritual Tayapataka Swami le puso
cuando tenía diez y nueve años y decidió unirse al ISKCON. Desde ese día, Tattvavit
pasó a usurpar el lugar de su viejo nombre: Tobías. Ahora él era una nueva persona,
educada en la conciencia Krishna.
Tattvavit tuvo que pasar una serie de exámenes y educarse en disciplina para
poder ser parte del ISKCON. Uno de esos requisitos era levantarse a las cuatro de la
mañana para adorar a las deidades. Esta actividad es fundamental para una vida
espiritual exitosa ya que dos horas antes de que amanezca (4:00 am), el mundo
concentra la mayor energía en el día y es a través de la meditación y la conexión con
Krishna que el cuerpo la absorbe.
Hoy Tattvavit lleva puesto una túnica naranja, llamada dhotis, que cubre su
pequeñez y flacura. El color naranja indica que es monje y su labor consiste en predicar
y vender unos pequeños libritos con la enseñanza de Krishna y los principios del
ISKCON. Un pequeño mechón, llamado sikha, se mueve en su cabeza rapada mientras
canta con devoción. El sikha es una metáfora que simboliza el objeto del cuerpo que
sirve para jalar a un hombre que se sofoca en la existencia material.
Toda persona que entre al salón ceremonial deberá quitarse los zapatos y tocar
tres veces la pequeña campana que está al lado de las deidades. Luego, tendrá que
hincarse hasta que la frente toque el piso en símbolo de reverencia. Tattvavit sigue
cantando en sánscrito mientras toca las cártalas, unos platillos pequeños que al chocar
emiten un sonido constante. A su lado, un joven con una túnica blanca, toca el
mridanga, una especie de tambor curvo alargado, que en combinación con las cártalas y
el armonio, acompañan las voces de alabanza de los devotos. Mientras Tattvavit canta y
mueve sus piernas al compás de la música, observa con un rostro de felicidad a sus
deidades, que están dispuestas ordenadamente entre columnas adornadas con un pavo
real dorado cada una. Primero está Nityananda que es el maestro espiritual original, a su
lado, el Señor Caitanya descansa con las manos hacia el cielo. Según el ISKCON, él es
la encarnación de Krishna que trajo el mantra Hare Krishna. “El mantra es una palabra
de origen sánscrito que se traduce en mente y liberación. Este es un instrumento
utilizado para la purificación de la mente que nos conecta con Krishna”, explica
Tattvavit para luego cantarlo.
—Hare Krishna Hare Krishna Krishna Krishna Hare Hare Hare Rama Hare
Rama Rama Rama Hare Hare—. Esta vez su mirada se dirige al centro de las deidades,
donde esta Krishna. Este es el Dios supremo y atractivo que en sánscrito significa negro
u oscuro, porque según la tradición este era el verdadero color de su piel; sin embargo,
en las figuraciones artísticas, su piel es representada de color azul. A simple vista, tiene
la apariencia y vanidad de una mujer hindú: facciones finas, labios rojos, ojos grandes,
cabellos rizados adornados por una corona dorada y las manos repletas de anillos que
sostienen una flauta de oro. No obstante, según la creencia del ISKCON, el género de
Krishna es masculino.
Al lado de Krishna, con una canasta de flores en la mano, lo acompaña
Radharani, considerada la potencia interna del placer de Krishna. Esta deidad es tan
importante que en el mantra, la palabra “Hare” se refiere a ella. Al otro lado de la
columna, con unos grandes tocados dorados sobre la cabeza, se lucen el rey
Ramachandra, su hermano Laksmana y la princesa Sita (esposa de Ramachandra).
Hoy, todas las deidades fueron vestidas de color morado; además, adornadas con flores
y perfumadas con incienso.
Ya son las 5:00 de la mañana y Tattvavit sigue entonando el mantra. Por un
momento el silencio se expande en el salón ceremonial; un hombre grande, con una
túnica naranja, se acerca a las deidades y cierra las cortinas que las protegen. Al
unísono, absolutamente todos se hincan y posan la frente sobre el piso: ahora las
deidades necesitan descansar. Es hora de leer Las Diez Ofensas Contra el Santo Nombre
y Tattvavit se sienta en silencio con las piernas cruzadas para hacerlo; a pesar de sus
labios leporinos lee fuertemente.
El cielo aclarado se puede ver a través de los diez vitrales adornados con pavos
reales, animal favorito de Krishna y símbolo de la belleza. Las paredes blancas
conducen la mirada al techo pintado de un celeste claro con pequeños círculos blancos,
que rodean a las figuras, dibujadas en miniatura del Dios Supremo Atractivo.
Ahora Tattvavit está recitando las rondas, que consisten en declamar el mantra
usando un instrumento llamado japa, una especie de collar gigante con 108 bolas. Una
ronda consiste en repetir el mantra 108 veces. Según las creencias de los devotos, para
hacer la conexión con su Dios deberán cantar un mínimo de 16 rondas al día. Luego de
cantar las rondas durante dos horas y media, Tatvavitt se levanta y dice: “Es la hora del
Prasadam, acto de ofrecerle el alimento al máximo Dios Krishna; porque no podemos
comer si no hemos hecho previamente esto”. En esta comida no se encontrará carne,
huevo y/o pescado; ya que ellos son lacto vegetarianos. Esto se basa en el pensamiento
que tienen en contra de los abusos que se cometen a los animales; además, de la
filosofía del karma y la reencarnación. Al terminar el Prasadam, el ritual de la mañana
ya ha sido consumado y cada devoto se retira a hacer sus deberes.
***
Todos los días el templo está abierto para recibir a gente que desea conocer este estilo
de vida; sin embargo, el domingo es el día especial para las visitas. Los rituales en el
salón ceremonial se hacen a puertas abiertas y esta vez los guardianes del templo Jay y
Vijay les dan la bienvenida. Todos los domingos a partir del medio día, los devotos
jóvenes se reúnen para adorar a Krishna con el mantra. Esto se hace a través de
melodías que improvisa cada uno, mientras los demás lo siguen. Ahora hay quince
personas en el salón ceremonial, entre devotos e invitados. Una de las personas que
participa cantando y aplaudiendo es Kishori, que es Krishna desde muy pequeña. Hoy
lleva puesto una túnica fucsia y turquesa con decoraciones florales, la cual compró en la
India hace algunos meses. Kishori estará en Perú sólo dos semanas. Pronto tendrá que
viajar a Ecuador para seguir trabajando. Su trabajo consiste en ir a la India a comprar
ropa y telas para luego venderlas en Ecuador a empresarias y ejecutivas a través de
citas. A sus veinte y cinco años, Kishori ya ha viajado a Colombia, Ecuador, Brasil y la
India. “Estuve estudiando en la universidad durante tres años, pero pronto me di cuenta
que no era lo mío. Ahora soy comerciante y yo soy mi propia jefa, eso me gusta” dice
Krishori mientras su belleza es contrastada por el jardín del templo. El pasto y las
plantas que adornan el lugar están acompañadas por una pileta de piedra que alberga a
carpas doradas, unos peces de colores de gran tamaño. Detrás del jardín, se deja ver el
pequeño restaurant a cargo de una de las madres (nombre que se le da a las devotas
mayores) y que ofrece todo tipo de comida vegetariana. Al lado del restaurant está la
boutique que ofrece todo tipo de accesorios, ropa, adornos e ingredientes para la
comida. El pequeño reciento tiene olor a incienso y es amenizado por música hindú.
Tattvavit seguirá predicando en el templo y sus alrededores y Kishori viajará a
Ecuador para seguir trabajando. Sin embargo ambos llevarán por dentro a Krishna.
Porque para ellos el ISKCON es más que una religión, es una filosofía de vida.
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