Psicoanálisis y humanismo

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El Psicoanálisis y el Humanismo: enfoque introspectivo
Comparativa de los modelos
Ambos modelos han sido cuestionados posteriormente por la psicología, porque su análisis es
fundamentalmente subjetivo, en el sentido de que estudian al individuo desde una perspectiva interior, en el
plano emocional y afectivo, por lo tanto el resultado del análisis es también subjetivo al tratarse de estudios
que no se basan en demostraciones empíricas, sino en interpretaciones del comportamiento humano.
Desde el punto de vista educativo, los dos se afianzan en que se ha de educar la personalidad además de la
inteligencia, es decir, son precursores de una educación para hacer feliz a la persona. En este sentido, el
Humanismo lo es de una manera más implícita y en menor grado el psicoanálisis, cuya aportación es más
explícita. El Humanismo por sí mismo trata de hacer crecer a la persona como ser humano, mientras que el
psicoanálisis enfoca su estudio desde una perspectiva patológica fundamentalmente, para derivar en una serie
de teorías o generalizaciones que, en definitiva, son las que se emplean como herramienta para procurar el
bienestar y la felicidad.
Son modelos completamente diferentes y, en algún momento histórico, estuvieron enfrentados, pero están
juntos en el sentido introspectivo del análisis psicológico, desde la perspectiva que se da hoy en día. Hay que
tener en cuenta que las corrientes, cuando se encuentran dentro del contexto de origen, no producen el mismo
efecto que cuando se utilizan posteriormente junto con otras corrientes y de ellas se puede sacar el mayor
provecho. Ninguno de los dos modelos aporta una única forma de ver la psicología pero ambos son muy útiles
y, aunque a ciertos autores originales pudiera parecer inconcebible, son modelos complementarios. El
Humanismo es una corriente más subjetiva, de forma que no está sujeta a definiciones y teorías concretas
derivadas de sus estudios. Sin embargo el psicoanálisis sí ha desarrollado una serie de términos y teorías en
las que se sustenta para realizar sus estudios (como por ejemplo el concepto del Yo, el Complejo de Edipo,
etc.), pero estos son una forma de codificar las demostraciones derivadas de los estudios de Sigmund Freud y
entenderlas mejor para luego poder utilizarlas.
El Psicoanálisis
El contexto histórico fue la época Victoriana (2ª mitad del siglo XIX). Esta época es característica por el
conservadurismo, la tradición y la dependencia de las normas sociales. La corporalidad era ocultada y con ello
la sexualidad; se consideraba que el único objetivo de la sexualidad era la procreación. El psicoanálisis
entiende la psicología desde un punto de vista patológico, así que se trata de un modelo médico que centra sus
análisis en la parte irracional y desde los impulsos biológicos (biologicista). Por otro lado, también es
determinista, puesto que el sujeto está condicionado por los impulsos biológicos, es decir, depende de ellos.
El concepto más importante aportado por el psicoanálisis es el inconsciente, que puede ser entendido de
diferentes maneras:
− Inconsciente inadvertido entra perceptualmente en el individuo pero no se atiende a lo que se recibe.
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− Inconsciente automático implica actitudes automatizadas aprendidas anteriormente.
− Inconsciente latente se encuentra en la memoria pero no ha sido utilizado y no se recuerda; surge cuando ha
de ser utilizado y pasa al consciente.
− Preconsciente se relaciona directamente con los sueños. Es una faceta del inconsciente.
− Inconsciente profundo o dinámico es la zona donde tenemos que ubicar situaciones de las que no deseamos
tener consciencia (traumas, situaciones dolorosas). El I.P. apresa lo que no queremos que haya pasado y lo
esconde.
Dentro del psicoanálisis, la personalidad se estructura de la siguiente forma:
− El ello: está vinculado con los impulsos básicos, desde el impulso de la sexualidad (el eros), hasta el
impulso de la destrucción, de muerte (el thanatos). Son elementos de pulsión y funciona bajo el principio del
placer.
− El superego o superyó: representa la cultura, la moral del individuo, lo que debe o no debe hacerse.
Funciona bajo el principio del deber.
− El yo: es un intermediario entre el ello y el superyó. Intenta expresar las pulsiones y satisfacer al superyó al
mismo tiempo. Funciona bajo el principio de realidad.
Por otro lado, en el psicoanálisis nos encontramos lo que se denomina mecanismo de defensa, donde el yo
utiliza una forma de ocultar las experiencias frustrantes o ciertos impulsos que no se pueden satisfacer. De
esta forma obtendremos un mecanismo de defensa inadaptativo cuando se reprime al ello (utilizando el yo) y,
en el lado opuesto, lo que se denomina sublimación, cuando el yo engaña el ello y satisface sus necesidades
disfrazándolas con un valor reconocido; este es el mecanismo adaptativo más satisfactorio que se puede
alcanzar (por ejemplo, decía Freud que los músicos y artistas convertían sus impulsos sexuales y agresivos en
impulsos artísticos).
Existen cuatro tipos de mecanismos de defensa:
− Racionalización: se utiliza en situaciones en que los motivos no son aceptados, se busca una justificación.
− Formación reactiva: transforma un sentimiento en el opuesto.
− Proyección: un impulso experimentado no se quiere reconocer como propio y se proyecta hacia otra
persona.
− Desplazamiento: cuando un impulso es provocado por una persona, es desplazado hacia otra más accesible.
Todos ellos funcionan a través del mecanismo de evitación del dolor.
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El ser humano pasa por etapas evolutivas, determinadas por la concentración de la energía sexual en un
determinado punto del cuerpo. Para Freud, el ser humano funciona como un sistema hidráulico, cuyo fluído es
la líbido, un impulso sexual que presiona al sujeto para que actúe de determinada manera. Dependiendo de la
edad, la líbido presiona sobre una zona del cuerpo u otra, distinguiendo la fase oral (1−2 años), la fase anal
(2−4 años), la fase fálica (4−6 años), la fase latente (>6 años) y la fase genital (pubertad). Así, en la etapa
fálica es cuando se desarrolla el superyó, porque se genera un vínculo afectivo−sexual hacia la madre y
emociones conflictivas hacia el padre al tratarse de un rival. El niño teme que su padre le castre como
represalia (Complejo de Castración), así se van desarrollando los modelos de normas, el superyó.
En el caso de las niñas, Freud explicó la existencia del Complejo de Electra, donde se produce un vínculo
afectivo−sexual hacia la figura paterna. Sin embargo, la niña no pasa por El Complejo de Castración, puesto
que ya está castrada, por lo que Freud supone que su superyó ya está creado.
El Humanismo
Los psicólogos humanistas, podríamos decir que tienen una meta común: humanizar la psicología. Con esto
quiero decir que su estudio más importante es la existencia y las vivencias del hombre como ser humano.
Por otro lado, su aportación está más orientada a prestar un servicio, a ayudar a las personas para que se
entiendan a sí mismas, que a estudiar al individuo en sí de forma objetiva. Es importante que la persona
desarrolle su máximo potencial para alcanzar la felicidad (Existencialismo: el hombre como ser responsable
de su propia existencia y, por tanto, felicidad). La libertad caracteriza a cada persona, única y original y la
hace responsable de sus actos.
La persona ha de ser educada en cuanto a sentimientos y personalidad y debe adquirir conciencia de sí misma,
de sus necesidades y de su capacidad para actuar por y para sus intereses. El hombre no es esclavo de los
estímulos externos e internos que dirigen su vida, porque es capaz de crear sus propios estímulos. Esta
creatividad ha de ser la herramienta que desarrolle sus potencialidades, todo ese conjunto de posibilidades y
capacidades que le son propias.
Otra herramienta indispensable son sus propios valores, de forma que estos le dan significación a su vida, a
sus vivencias, a sus deseos, trascendiendo la realidad inmediata para ir más allá de lo que deriva directa y
empíricamente de lo real. Son la herramienta más importante para que el hombre llegue hasta la
autorrealización.
Los humanistas ven al ser humano como una entidad completa, sin dividir su funcionamiento en categorías,
como podría ser la percepción, el aprendizaje, la personalidad Enfocan la atención en la conciencia subjetiva,
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es decir, cómo interpreta cada persona sus propias experiencias (característico de la Fenomenología ). Los
humanistas deben entender al individuo, distinguiendo en él lo que hay de excepcional e impredecible y a la
vez lo general y universal, en contraposición con los psicólogos psicoanalistas, neoconductistas y
cognoscitivistas, que están interesados principalmente en el descubrimiento de las leyes generales del
funcionamiento de la psicología humana.
Para los psicólogos humanistas, los métodos específicos que adoptan son secundarios, respecto a los
problemas a estudiar. En consecuencia, utilizan muchas clases de estrategia de investigación; también creen
que la conciencia intuitiva es una fuente de información válida, por lo que no dudan en confiar en sus propias
impresiones subjetivas.
¿Cuál es la mayor meta de la psicología humanista? Por supuesto, la autorrealización. El prefijo auto
determina la orientación humanista: autorrealización, autoactualización, autoefectividad, autodesempeño,
autodeterminación, autoenseñanza, autoaprendizaje por lo que definitivamente determina la importancia del
protagonismo del individuo para su vida como ser humano.
Es importante destacar un aspecto fundamental para este tipo de enfoque: la psicología social. El hombre,
como ser social, necesita relacionarse con los demás y su equilibrio psicológico depende de estas relaciones,
que puede encauzar de manera adecuada a través del amor. Así el Humanismo aporta algo así como una
psicología para la educación social.
Comentario personal
En apariencia, estos dos modelos de estudio en el campo de la psicología, son completamente diferentes e
incluso contrapuestos, pero se engloban en una perspectiva determinada, la introspección. Sin embargo,
analizándolos, encuentro diferencias fundamentales en ambos enfoques, de manera que no me resulta del todo
acertado unirlos para su estudio aunque sí considero que, como en cualquier campo de estudio, hay que
realizar clasificaciones y estructuraciones que faciliten su entendimiento.
El modelo psicoanalítico, aunque pionero, ingenioso y circunstancialmente útil en la historia de la psicología,
fue generado en un entorno sociocultural demasiado dependiente de cierta herencia con una fuerte moral
cristiana dominante y por un hombre inteligente que no por ello dejó de ignorar sus prejuicios para plasmarlos
en una teoría que no tiene rango científico. No quiero desmerecer en ningún grado lo que es la teoría
psicoanalítica de Sigmund Freud, sólo pretendo realizar un análisis crítico en base a una perspectiva personal.
Considero que la mayor confusión de la teoría psicoanalítica es considerar que sus conceptos parten de un
estudio del comportamiento humano en base a elementos preexistentes en el mismo, como si se tratara de
definir algo que se genera irremediablemente por su propia naturaleza de manera intrínseca, cuando realmente
los análisis de Sigmund Freud se pueden enfocar más desde una perspectiva externa y circunstancial. Por
ejemplo, el concepto del ello, el yo y el superyó reflejan un enfoque moralista que nada tiene que ver con un
análisis científico del comportamiento y que supone que todas las personas se rigen por unos patrones
inamovibles preexistentes. La moral (lo bueno, lo malo, lo justo, lo injusto) se forma en cada individuo según
las circunstancias que le rodean a lo largo de su vida y el ello (diablillo malo) o el superyó (angelito bueno),
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son interpretaciones de alguien inmerso en unas circunstancias cronológicas y geográficas determinadas que
estudia individuos inmersos en las mismas circunstancias cronológicas y geográficas. Por supuesto que su
codificación es una excelente forma de entender sus interpretaciones para una sociedad de tipo occidental.
Con todo esto quiero decir que no necesariamente el superyó tiene que controlar los impulsos del ello, porque
en otro contexto, lo que Freud considera ello puede convertirse en superyó y el superyó de Freud podría ser
una aberración para otros entendedores. Así que, en sí misma, la teoría del psicoanálisis no contiene
herramientas objetivas para estudiar la psicología humana, pero sí se puede emplear como herramienta para
que los propios psicólogos posean referencias útiles aplicables a determinados contextos.
Puede que se entienda mejor mi punto de vista si ejemplifico:
El ello, esos impulsos dominados por nuestras, supuestamente, necesidades biológicas, son controlados por el
superyó de alguna forma, refrenados o reprimidos, como podría ser el impulso sexual. Pero el impulso sexual,
desde una perspectiva moral cristiana, entra dentro de los bajos instintos y debe ser reprimido para ser
empleado única y exclusivamente con intención procreadora dentro de un matrimonio institucionalizado. Hoy
en día, la perspectiva puede ser absolutamente contraria: la sexualidad de la persona se debe expresar
libremente y jamás se podría considerar que la sublimación de Freud en el campo de la sexualidad sea la más
deseable en cuanto a mecanismo de defensa, puesto que es producto de la represión moral de una sociedad con
raíces religiosas. En este caso, el superyó fomentaría el natural, satisfactorio y equilibrado desarrollo sexual
pleno de la persona, facilitando el impulso del ello para convertirlo en una porción más, básica y necesaria, de
su desarrollo y maduración, por lo que el superyó freudiano dejaría de ser tal y pasaría a tener una función
completamente diferente.
También quiero destacar que, el que una teoría contenga definiciones sexistas, implicando el reflejo de los
prejuicios de una sociedad, no puede ser considerada enteramente válida, pero puede ser objeto de estudio e
incluso un sustento, tomando sus partes más puras, para entender mejor cómo funciona nuestra psiquis,
incluso para entender cómo funciona la psiquis del propio autor. Me refiero en este caso concreto a la
conclusión freudiana de que las mujeres están castradas con respecto al hombre; y me resulta poco riguroso y
nada serio cuando explica la generación del superyó en el niño que, al no concordar con el superyó de la niña
porque sus reflexiones iniciales fueron androcentristas, inventa un superyó preexistente para la niña.
La corriente humanista posee una esencia más filosófica y a la vez más flexible, sin dogmas, sin términos
concretos, sin una teoría específica que sigue unos patrones rígidos. En este sentido es la contraposición del
Psicoanálisis, por lo que es un modelo totalmente desvinculado al anterior. Como mencioné anteriormente,
considero que el psicoanálisis parte más de una influencia sociocultural externa que de un análisis
introspectivo de la persona, mientras que el humanismo aborda directamente a la persona, al ser humano, al
interior de éste, a su individualidad, a su exclusividad, a su irrepetibilidad Por ejemplo: si nos encontramos a
una persona rebuscando en un contenedor de basuras en nuestra ciudad, podemos interpretar muchas cosas,
como que debe ser una persona pobre, que no tendrá familia que lo acoja o que, según nuestra concepción de
normalidad, no debe estar muy bien de la cabeza y por alguna de estas causas o todas se comporta de esa
manera. Esto es un análisis externo. El psicoanálisis diría muchas cosas de esta persona desde una perspectiva
externa, prejuiciosa, estandarizada e inamovible. Sin embargo, un humanista se acercaría a la persona,
hablaría con ella y se preocuparía de enfocar introspectivamente su criterio para ahondar en la propia persona
e intentar ayudarla de alguna forma, procurando su felicidad, que únicamente puede partir de sí mismo,
independientemente de sus circunstancias materiales y de las imposiciones sociales predominantes.
Nos encontramos ante una corriente psicológica, cuyo impulsor fue Sigmund Freud (1856−1939).
Para explicar la generación del superyó, Freud lo hizo a través de la teoría de El Complejo de Edipo, que a su
vez se basa en el Complejo de Castración.
Abraham Maslow (1908−1970) es el psicólogo más representativo del Humanismo.
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