Carta de una Desconocida

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Carta de una
Desconocida
(LETTER FROM AN UNKNOWN WOMAN)
Nº 320 (ABRIL 2010)
SINOPSIS
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Viena, 1900. Stefan Brand, un famoso pianista, recibe una carta de
una mujer con la que estuvo, tiempo atrás, íntimamente ligado y a la
que ya casi no recuerda. Lisa es para él una desconocida; algo que no
ha dejado huella. Y, sin embargo, Lisa sí es el recuerdo y la nostalgia
de aquel joven músico que conoció cuando ella era todavía una adolescente y del que fue una acompañante circunstancial, muy pronto
marginada cuando llegaron los éxitos.
FICHA ARTÍSTICA
Lisa Berndle .............................................................JOAN FONTAINE
Stefan Brand ........................................................... LOUIS JOURDAN
Señora Berndle .................................................... MADY CHRISTIANS
Johann Stauffer ...................................................MARCEL JOURNET
John ................................................................................ ART SMITH
Marie ..........................................................................CAROL YORKE
FICHA TÉCNICA
Duración ......................... 86 min.
Nacionalidad ........ Estados Unidos
Año de Producción ............... 1948
(Blanco y Negro)
Dirección ............... MAX OPHÜLS
Productora ................... RAMPART
Productor ....... JOHN HOUSEMAN
Guión................. HOWARD KOCH
.. (Basado en un relato de Stefan Zweig.)
Fotografía ........... FRANZ PLANER
Montaje .................. TED J. KENT
Música .......... D. AMFITHEATROF
D. Artística ............A. GOLITZEN
Vestuario ........... TRAVIS BANTON
EL DIRECTOR: MAX OPHÜLS
Max Oppenheimer nació en Saarbrucken (Alemania), el 6 de mayo de 1902 en el
seno de una familia de origen judío. Empezó su carrera como actor teatral en
1919, abandonando poco después la interpretación para iniciarse como director
teatral en el Burgtheather de Viena hasta su ingreso en la UFA en 1929, trabajando como asistente del cineasta Anatole Litvak. En 1931 dirige el cortometraje, Dann Schon Lieber Lebertran, obteniendo su primer éxito con el melodrama
Amoríos (1931). El ascenso al poder del nazismo provoca su huída a París en
1933, rodando algunos films en diversos países europeos hasta el inicio de la
Segunda Guerra Mundial, viéndose nuevamente forzado al exilio, primero en
Suiza y finalmente en América. Tras su llegada Hollywood en la década de los
40, permanece varios años sin trabajo, hasta que -gracias al cineasta Preston
Sturges, admirador de su obra- comienza a dirigir Vendetta, film que abandonaría poco después en pleno rodaje. En 1947 dirige La Conquista del Reino, a la
que seguirían títulos como la mítica Carta de una Desconocida (1948) o Almas
Desnudas (1949). En 1950 regresa finalmente a Francia, donde realizará sus
últimos y mejores trabajos: La Ronda (1950), El Placer (1952), Madame de…
(1953) y Lola Montes (1955). Tras colaborar junto a Jacques Becker en el guión
de Los Amantes de Montparnasse (1958), Ophüls fallecería de forma repentina
el 25 de marzo de 1957 en Hamburgo (Alemania).
FILMOGRAFÍA PRINCIPAL DEL DIRECTOR
1931
1932
1932
1933
1933
1934
1935
1937
1938
1940
Querida Oficina
(Die Verliebte Firma)
La Novia Vendida
(Die Verfaufte Braut)
Los Herederos Felices
(Lachende Erben)
Amoríos
(Liebelei)
Se Ha Robado un Hombre
(On a Volé un Homme)
La Mujer de Todos
(La Signora di Tutti)
Divina
(Divine)
Yoshiwara
(Yoshiwara)
Werther
(Le Roman de Werther)
La Escuela de las Mujeres
(L’école des Femmes)
1939
1940
1947
1948
Suprema Decisión
(Sans Lendemain)
De Mayerling a Sarajevo
(De Mayerling à Sarajevo)
La Conquista de un Reino
(The Exile)
Carta de una Desconocida
(Letter from an Unknown Woman)
1949
1949
1950
1952
1953
1955
Atrapados
(Caught)
Almas Desnudas
(The Reckless Moment)
La Ronda
(La Ronde)
El Placer
(Le Plaisir)
Madame de…
(Madame de…)
Lola Montes
(Lola Montès)
GALARDONES
NATIONAL
FILM
PRESERVATION
BOARD
1992
COMENTARIO
LAS TRISTEZAS DE LA FELICIDAD
“Cuando no se ama demasiado, no se ama lo suficiente”.
Blaise Pascal
Antes de su suicidio, Stefan Zweig escribió dos cartas: una a su exmujer Friderike, con la que convivió más de treinta años, y otra
dedicada a Brasil. Zweig, guardián de la herencia espiritual europea
amenazada por la barbarie nazi prefería despedirse de la vida, no sin
soñar en un futuro mejor: “Ojalá vean el amanecer después de la
larga noche”. Hasta el final tuvo confianza en los valores de una vieja
Europa que, desmoronada, nunca creyó vencida del todo. Carta de
una Desconocida, nacida de su pluma, es muestra de unos de los
valores más sólidos de la cultura europea, el Romanticismo, una
revolución integral que origina el hombre moderno, con el triunfo de
la intimidad, y transforma la cultura occidental. En un libro extraordinario de reciente publicación el filósofo alemán Rüdiger Safranski
caracteriza magistralmente la idea y el concepto de lo romántico.
Valga esta definición porque el ejemplo es Carta de una Desconocida: “El espíritu romántico,multiforme, musical, rico en prospecciones
y tentaciones, ama la lejanía del futuro y del pasado, las sorpresas
en lo cotidiano, los extremos, lo inconsciente, el sueño, la locura, los
laberintos de la reflexión”. Encontrar cada uno de estos detalles en la
película de Ophüls supone un agradable placer intelectual. Reconocer los sentimientos de la protagonista y entender su situación es
una afirmación de ciertos caracteres de la cultura europea. Unos
valores todavía presentes en la modernidad como lo demuestra el
que esta película sea una de las favoritas de cineastas tan actuales y
tan lejanos en sus orígenes como Martin Scorsese, Pedro Almodóvar
y Wong Kar-wai. La carta, todo el tránsito vital de Elsa, es una sucesión de frases que expresan su amor fatal, su exagerada y humana
pasión que impide la reflexión y que conduce hacia la destrucción y
la ruina consentida de la protagonista: “Yo había venido para ofre-
certe mi vida entera, pero tú ni siquiera me recordaste. (…) Lo demás
no importaba, la única voluntad que tengo es la suya. (…) No puedo
evitarlo”.
Ophüls no es un esteta que recrea una artificiosa y elegante puesta
en escena sino que interioriza esa belleza en los propios personajes.
En este sentido el paradigma es esa sensación de evanescencia que
traduce el hermoso rostro de Lisa (Joan Fontaine) mientras explora y goza- de la casa de Stefan, el pianista del que está enamorada.
Otro ejemplo de inteligencia escénica lo supone el tratamiento en el
espacio de las escaleras, que, en otros directores como William Wyler
o en Welles son posiciones de dominio, y que para el director francés
significan sutiles conductos hacia el encuentro, sea nuevamente en
la casa de Stefan o en la Ópera. Godard -volvemos a la modernidadseñalaba que los hermosos y sensuales movimientos de cámara del
cineasta son siempre estrictamente morales antes que funcionales.
Ophüls nos hace participar no como espectadores sino como dolien-
tes acompañantes de Lisa a través de la ventana, escondida en una
esquina o en la estación de tren -donde una despedida de dos semanas es para siempre-.
El origen del proyecto se debe a Joan Fontaine y a su marido William Dozier, quien había creado la compañía Rampart, donde la
actriz era la vicepresidenta. De la producción se encargó John Houseman, hombre de gran cultura y colaborador habitual de Orson
Welles. El guión fue del prestigioso Howard Koch, el guionista entre
otras de Casablanca, quien sugirió el nombre de Ophüls para la
dirección debido a la similitud del tema con otra película del francés,
Amoríos (1933). Hubo cambios en el guión con respecto al libro
original. Así el gusto de Ophüls por la música convirtió al escritor de
la novela en un pianista y se incluyó un duelo inexistente en la
novela que es esencial para entender la filiación romántica del film,
pues así se consigue la regeneración del hombre y su salvación. En
efecto, al principio de la película, retado por el marido de Elsa, Stefan pretende huir. “El honor es un lujo que únicamente los caballeros pueden afrontar” le dicen a su criado silente, testigo de todo el
drama. Tras leer la carta, el pianista decide enfrentarse al duelo con
la dignidad serena del que ha encontrado un modo de regenerar su
vida. La belleza del amor ha transformado a la bestia disoluta en
nueva variación de otro mito romántico, el de la Bella y la Bestia, el
de Don Juan y Doña Inés, el de Fausto y Margarita, el de Drácula y
su amada… El propio Ophüls retomará la idea del duelo en el sublime final de Madame de…, sin duda, la obra cumbre del género
romántico.
El escenógrafo Alexander Golitzen y el operador jefe Franz Planner
construyeron una Viena mágica donde los personajes parecen vivir
en un sueño entre delicadas brumas y donde Joan Fontaine parece
una figura escapada de un mundo de fantasmas. La música de
Wagner, Mozart y Strauss suenan en diferentes ocasiones y contrasta con la en ocasiones demasiado retórica del compositor Daniele
Amfitheatrof, un sólido profesional, pero carente del genio de un
Bernard Hermman, Franz Waxman o Dimitri Tiokim tal vez más
adecuados para la atmósfera moral y espiritual de este film.
Pocos directores han vivido el espíritu romántico como Max Ophüls,
En obras como Carta de una Desconocida, Madame de… o Almas
Desnudas domina el destino como la expresión, no de una idea, tal
vez de una verdad vivida, que no enmascara sino da sentido a lo
desconocido. En la paradoja que supone el hecho de llegar a la destrucción por el amor, expresada por el propio Ophüls en la frase “la
felicidad no es alegre”, se revela una realidad incontestable reflejada
en toda la obra del cineasta y que Óscar Wilde sentenció con su
habitual brillantez e inteligencia, al definir el amor como “ese misterio más profundo que la muerte”.
José Manuel González Pérez
LA CRÍTICA OPINA
“Cuando usted lea esto, yo ya habré muerto…” Lo que sigue a este extraordinario principio no es sólo la mejor película del director Max Ophüls, así como un logro supremo del a menudo injustamente vilipendiado género del melodrama, sino también una de las mejores películas
de la historia del cine, hasta en sus más mínimos detalles. (…) Ophüls nos proporciona el vívido y estremecedor retrato de un amor que nunca debería haber existido: su ingenua visión romántica del artista mal encaminado con su indiferente cosificación de las mujeres fáciles coloca las bases de la lúgubre tragedia. La intuitiva comprensión de Ophüls de la desigualdad de los géneros en la sociedad occidental del siglo
XX es fascinante. (…) Con ritmo lento e hipnótico, la puesta en escena de Ophüls va apartando los velos de ilusión que envuelven a Lisa
(Joan Fontaine). También los escenarios revelan la banal condición de la realidad que subyace bajo esos vuelos de la fantasía, y la cámara
sugiere –en sutiles posiciones y movimientos ligeramente distanciados del mundo que narra la historia- una perspectiva de conocimiento que
evita los personajes. (…) Para cuando Ophüls alcanza el tópico hollywoodiense, el cliché queda gloriosamente trascendido, y las lágrimas
sobreviven incluso en los espectadores modernos que se resisten a esas ñoñerías pasadas de moda. Carta de una Desconocida es una película inagotablemente rica, y millares de amantes del cine han intentado desvelar sus temas, modelos sugerencias e ironías. Pero la infinidad de
análisis no podrán extinguir nunca la riqueza y las emociones que provoca esta obra maestra.
Adrian Martin
EL INVITADO
JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ PÉREZ
DIRECTIVO DE ACO
Licenciado en Filología Hispánica, es directivo de ACO (Asociación de Amigos Canarios de la Ópera) desde el año 2001, donde
ha participado en la edición de diversas publicaciones y programas de mano de la Temporada de Ópera de Las Palmas de
Gran Canaria, así como en programas para la Sociedad Filarmónica de Las Palmas de Gran Canaria y el Festival de Música
de Canarias. En los últimos años, ha firmado diversos artículos de investigación sobre el teatro español y la literatura canaria, publicando varios estudios sobre la materia en los Cuadernos de Música y Teatro de la Sociedad General de Autores y
Editores (SGAE).
www.auladecine.ulpgc.es
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