Cuando los abuelos quieren educarlo

Anuncio
Cuando los abuelos quieren educarlo
En muchas familias la convivencia con los abuelos es frecuente, ya sea
porque viven cerca, por gusto o por la necesidad de que ellos mismos
cuiden a los nietos.
Cuando la relación entre éstos y el niño es constante, la influencia va
más allá del afecto porque entran en juego otros factores como
la disciplina y el manejo de la autoridad.
Resulta muy común que sean cariñosos y consentidores con sus nietos
y, al mismo tiempo, sean exigentes, intransigentes y críticos con nuestro
desempeño como padres. Por ejemplo, tu hijo de dos años comienza
unberrinche fenomenal y mientras lo llevas a su habitación para que se
calme, tu mamá o tu suegra van por él y lo cargan, sin olvidar expresarle
cosas como “pobrecito de mi bebé, qué mala es mamá, no le hagas
caso”.
No es difícil escucharles decir frases como:
•
•
•
•
•
•
•
•
•
“Ahora sí voy a disfrutar a mis nietos, porque cuando mis hijos eran
pequeños no tenía tiempo para estar con ellos.”
“Los abuelos estamos para consentir, no para educar.”
“Yo ya eduqué a mis hijos, no tengo porque educar a mis nietos.”
“No me vas a decir cómo educar a mis nietos, si yo te saqué
adelante a ti y a tus hermanos.”
“Más sabe el diablo por viejo que por diablo.”
“En mis tiempos las cosas se hacían de tal o cual manera.”
“Eres muy dura con el niño.”
“No le tienes paciencia.”
“Claro, como trabajas, no atiendes al niño y no lo conoces tanto
como yo.”
De pronto, la relación con tus padres se convierte en un campo de
batalla causado por el conflicto de autoridades o porque tu rol como
educador parece no importarles.
El problema puede ir en dos sentidos: que los abuelos sean más
consentidores que nosotros o que sean más exigentes. A veces resulta
complicado saber quién tiene la razón, ¿seremos nosotros quienes lo
estamos “echando a perder”?
El resultado
1. Confusión, ansiedad e incertidumbre en el niño por el doble mensaje
que recibe y por el ambiente de enfrentamientos
2. Hay poco o nulo respeto del niño hacia sus padres al percibir que la
verdadera figura de autoridad es el abuelo o la abuela. Tan simple
como esto: “Papá me regaña, pero su papá lo regaña también. El
pez grande se come al pequeño.”
Si estás pasando por algo similar es necesario que hables con ellos y
que juntos lleguen a acuerdos concretospara la educación y formación
de tus hijos.
Comprendiendo el problema
Generalmente educamos a nuestros hijos a través de estos tres
elementos:
1. De acuerdo a la forma en la que fuimos educados. Podemos seguir
la misma línea o ir en contra, eliminando lo que no nos gustó o tuvo
consecuencias negativas
2. A través del ensayo y error. Probando estrategias y manteniendo
aquellas que creemos que funcionan. Sin embargo, debemos tomar
en cuenta que el patrón de educación que nos sirve, no siempre es
el más adecuado a largo plazo
3. Con conocimiento y conciencia. Entendiendo que cada una de
nuestras acciones repercute en los niños. Es necesario estar
convencidos de que la manera en que lo estamos educando es la
correcta, tomando en cuenta el desarrollo de su autoconcepto y el
fortalecimiento de su autoestima
Si tú no estás informada, no educas precisamente en la conciencia o no
estás convencida de cuál es la forma de hacerlo, será necesario que
busques información y apoyo para lograrlo. Por el contrario, si tu
convicción de hacer las cosas de tal o cual manera es clara y
firme, tendrás que buscar la forma de hacerlas valer, a pesar de los
abuelos.
La mejor solución
Estas son cuatro vías para lograr que los abuelos desempeñen el rol
que les corresponde y no interfieran en la educación de tu hijo:
•
De la manera más atenta y cordial, invítalos a negociar, platicar y
llegar a acuerdos sobre la educación de tu hijo. Háblales sobre lo
que está ocurriendo y sobre la importancia de que sigan la misma
línea de educación. Intercambien opiniones y definan lo que para
todos (pero principalmente para el niño) es lo mejor
•
•
•
Solicítales que “si no te ayudan, no te estorben”. Busca un
planteamiento para lograr que tus padres o suegros no intervengan
cuando tú lo hagas, es decir, que no contradigan lo que dices en
presencia del niño. Si tienen algo que decirte, pídeles que lo hagan
en privado, pero déjales muy claro que para ti son muy importantes
sus comentarios
Si hay poca cooperación de su parte, entonces deberás trabajar con
lo que tienes y crees, y empezar a restarle importancia a lo que ellos
hacen o dejan de hacer. Es un momento en el cual, aunque ellos no
te apoyen, tendrás que seguir trabajando sobre la misma línea que
tienes trazada y definida
Si nada parece funcionar y notas que su influencia es perjudicial en
términos de límites, reglas y formación del carácter entonces,
probablemente, tendrás que restringir las visitas hasta que el niño
haya adquirido los comportamientos deseados
Recuerda: lo fundamental es intentar, por todos los medios, llegar a
acuerdos que favorezcan el desarrollo adecuado de tu hijo al entorno,
independientemente de las necesidades y los caprichos de los adultos.
Descargar