La batalla de Kunduz

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LATERCERA Sábado 3 de octubre de 2015
Mundo
COLUMNA
Otra vez los
talibanes
RR Miembros de la seguridad afgana se movilizan el jueves hacia Kunduz, en Afganistán.
FOTO: AP
[ AFGANISTAN ] Los talibanes están de vuelta. Tras haber
sido derrocados en 2001 tras una invasión liderada por
EE.UU, el grupo extremista lidera una nueva arremetida en el
norte del país. Esta semana han intentado conquistar una
importante ciudad, poniendo en aprietos a Washington.
Por María Paz Salas
La batalla de Kunduz
L
uego que los talibanes iniciaran a comienzos de semana
la conquista de Kunduz, una importante
ciudad en el norte de
Afganistán, la guerra en ese país volvió a los titulares,
en un revés tanto para Washington
como para el gobierno afgano. Desde el lunes, los talibanes se han
atribuido sendas victorias militares
en Kunduz, mientras las fuerzas
afganas apoyadas por Occidente
intentan de manera desesperada
recuperar el control de la ciudad.
Por primera vez desde que fueron
derrocados en 2001, los talibanes
han logrado una arremetida de tal
nivel en una gran ciudad del país.
La conquista se produjo, además,
un día antes de que el gobierno del
Presidente Ashraf Ghani cumpliera un año en el poder, por lo que el
golpe ha puesto en duda la credibilidad del gobierno afgano, según
distintos analistas.
Recién ayer las fuerzas de seguridad afganas comenzaban a recuperar el control de Kunduz, luego de
una semana de intensas batallas y
bombardeos. El portavoz de la policía de esa ciudad, Sayed Sarwar
Hussaini, afirmó que toda la localidad estaba bajo control gubernamental y que los insurgentes talibanes habían sido expulsados.
“Desde el comienzo de la operación, unos 300 talibanes han muerto”, dijo Hussaini. Según el ministerio de Salud, hasta ahora hay más
de 60 muertos y 466 heridos, y el
centro de atención de Médicos Sin
Fronteras trató a 345 heridos, entre ellos 59 niños.
La contraofensiva del gobierno
afgano ya se había anunciado el
jueves, cuando aseguraron haber
tomado el control de la ciudad, información que los talibanes negaron de inmediato.
Y a pesar de haber sido expulsados de la ciudad, los talibanes se
anotaron otra victoria al conquis-
COMBATES EN AFGANISTAN
El gobierno afgano habría retomado el control de la ciudad de
Kunduz, que el lunes había sido controlada por los talibanes, pero
ayer otras provincias sufrieron ataques.
Turkmenistán
Uzbekistán
Aeropuerto
Tajikistán
Khawaja Ghar
8
N
Qala Zal
Warduj
Kunduz
Baghlan
Tala Wa Barfak
Kabul
AFGANISTAN
Pakistán
Provincia de Kunduz
Irán
Zonas de anteriores
enfrentamientos
km
0
200
FUENTE: Agencias
tar el distrito de Warduj, en la provincia de Badakhshan, al noreste de
Afganistán. También conquistaron
otros tres distritos en el norte del
país, Khawaja Ghar en Takhar, Tala
Wa Barfak en Baghlan y Qala Zal en
Kunduz.
Estados Unidos también sufrió un
importante revés. Alrededor de la
medianoche del jueves, un avión
militar estadounidense C-130 se
estrelló dejando 11 muertos en el aeropuerto de Jalalabad, en el este
del país. Los talibanes, era que no,
se atribuyeron, la acción.
El Ejército de Afganistán ya no
cuenta con el apoyo terrestre de la
OTAN, ya que los soldados desplegados en el país están dedicados
principalmente a las tareas de entrenamiento y formación de las
nuevas fuerzas afganas.
En total hay 4 mil militares de la
coalición occidental, más 10.000
Zonas conquistadas
por los talibanes
Hilda Oliva • LA TERCERA
efectivos estadounidenses. El martes, el jefe de gobierno del país, Abdula Abdulá, advirtió en la ONU
que es necesario el mantenimiento de las tropas extranjeras en su
país “más allá de 2016”.
La ofensiva de los talibanes en
Kunduz es el tercer intento del grupo radical sobre esa ciudad, ya que
se encuentra ubicada en una posición privilegiada entre la capital,
Kabul y el norte del país. La ciudad
de 300.000 habitantes es por lo
mismo, un eje comercial clave.
Según el diario español El País,
los talibanes siempre han mantenido su presencia en el norte del
país. Además, un 30% de la población de esa ciudad es de la etnia
pashtun. Pero históricamente el
grupo rebelde ha concentrado sus
acciones en el sur, de mayoría
pashtun, y donde está su principal reducto, Kandahar.b
L
Por Alvaro Vargas Llosa
a toma, quizá temporal, de Kunduz, quinta
ciudad de Afganistán, por parte de los talibanes ha puesto de cabeza todos los planes de
Estados Unidos y la OTAN, que habían cedido
el protagonismo de la seguridad al Ejército y
la policía afganas, y anunciado un calendario
para la retirada de las tropas extranjeras. Catorce años después de la invasión en represalia por los
atentados contra las Torres Gemelas organizado por Osama
Bin Laden, a quien el régimen talibán protegía, las huestes
fundamentalistas siguen siendo una potente amenaza.
Hay aún unas 4 mil tropas de la OTAN más unas 10 mil estadounidenses, pero la misión de la organización atlántica ya
ha finalizado y los norteamericanos deben, en principio,
quedar reducidos a una embajada hacia finales de 2016. Esto,
claro, mientras el gobierno afgano, presidido por Ashraf
Ghani, se pueda sostener, algo que la presencia del talibán en
muchas provincias y la captura de Kunduz prueban que es
de incierto pronóstico. A lo cual se suma el hecho de que el
Estado Islámico ha logrado establecer ya una presencia en
Afganistán, donde está en frontal competencia con los talibanes para reclutar milicianos.
Hasta hace pocos días, los funcionarios del Pentágono que
examinaban los documentos enviados por el jefe de las tropas estadounidenses allí, John Campbell, se inclinaban por la
más despreocupada de las cinco opciones que este general les
presentaba y que van desde mantener los 10 mil hombres indefinidamente después de 2016 hasta quedar reducidos a una
embajada, como se pretendía cuando se anunció la retirada
de los soldados. Ahora, bajo la presión de los halcones republicanos, que exigen aumentar la presencia militar más allá
de los 10 mil, Obama y el Pentágono se preguntan qué hacer.
Los talibanes han demostrado una capacidad de supervivencia espeluznante. Cuando la coalición liderada por Estados Unidos acabó con el gobierno que presidía el mulá Mohammad Omar, el talibán se dispersó y su líder pasó a la
clandestinidad. Nunca fue posible acabar con ellos ni atrapar
a Omar, de cuya muerte por enfermedad hace dos años sólo
tuvimos todos noticia a inicios de este 2015. Tan no fue posible acabar con ellos, que se volvió política oficial del Estado
afgano y de las democracias occidentales promover una negociación con los talibanes, en vista de que una facción parecía interesada en un acuerdo político.
Todo ello borra de un plumazo lo que se había avanzado,
desde las negociaciones con el enemigo hasta los planes de
Estados Unidos y la OTAN. Nadie sabe ahora qué hacer. Mantener el calendario puede implicar la caída de Ghani y un vacío que, como el que se produjo tras el fin del comunismo en
1992, aprovechen los fanáticos (el talibán ganó en 1996 la
guerra civil después de cuatro años). Pero dar marcha atrás
implicaría un costo que no está nada claro que la sociedad estadounidense, harta de enredos externos, esté dispuesta a
pagar. Porque ya se sabe: estas cosas empiezan un día pero
no acaban nunca.
Por ahora, los estadounidenses tratarán de debilitar al
talibán con bombardeos y obligarlo a volver a la mesa negociadora, a ver si es posible forzar un escenario que permita sostener lo anunciado. Todo indica que es una posibilidad remota.
Esa vía quedó interrumpida al saberse la noticia de la
muerte de Omar y desatarse una pugna sucesoria. La facción
beligerante adquirió preeminencia y el talibán, ahora liderado por el mulá Akhtar Mansur, relanzó la ofensiva contra el
gobierno. Probablemente el temor al crecimiento del Estado
Islámico, su rival en el campo de los fanatismos religiosos y
designios teocráticos, jugó un papel.
Escritor y periodista peruano.
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