—De que las selvas de nuestra América abundan en remedio para

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—De que las selvas de nuestra América abundan en remedio para todas las
enfermedades que en nuestro suelo se producen, lo dicen a voces la lógica de la
naturaleza, en lo que las fuerzas de construcción están siempre al lado de las fuerzas de
destrucción, y la suma ya cuantiosa de tesoros botánicos que debe a la tierra americana
la farmacopea. Ni a quien ha andado entre indios, queda duda de que ellos son dueños
de muchos secretos que la grave ciencia heredada de Europa persigue aún en vano.
Tonatiyacapan es el nombre de un medicamento mexicano con que un indio compasivo
salvó a una hija mimada de la fortuna, dotada por las hadas, cantada por los poetas y
regalada por los reyes, a la arpista española Esmeralda Cervantes, del vómito negro. Y
como el indio fue tan generoso que reveló a Esmeralda Cervantes su secreto, la arpista
lo ha popularizado en Buenos Aires y Uruguay, donde los Consejos de Higiene
proclaman oficialmente las maravillas del tonatiyacapan.
—Es una maravilla la nueva casa del general Grant en Nueva York. Aún no está lista
para ser ocupada por sus moradores; pero ya los periódicos describen algunas de las
joyas de arte que van a hermosear el rico palacio. Tan cargado de regalos vino el
general Grant de su viaje al rededor del mundo, y tal inclinación tenía él a recibirlos,
que no ha sido necesario comprar un solo objeto para adornar el primer piso del palacio.
En las ochenta cajas de espléndidos presentes que recogió el general en su
peregrinación, han hallado los decoradores cuanto para ornamentar el piso, y esmaltar
de curiosidades valiosas el resto de la casa, les era necesario. No habrá en las salas, ni
en el cuarto de recibir, dos muebles iguales. En vez de los comunes juegos de la sala,
incómodos y monótonos, las ricas habitaciones estarán llenas de sillas distintas de
formas caprichosas, de divanes de terciopelo bordados de oro, de sillones de armadura
de ébano con incrustaciones de marfil, vestidos de tapices de los Gobelinos, y de
brocados hechos a mano. Las colgaduras orientales y las alfombras persas fueron
elaboradas para el Presidente, como obsequio; y se celebra grandemente el cortinaje de
cachemira que adornará el tocador de la esposa de Grant. De mosaico, y de
incrustaciones Boule, son las mesas, y los estantes de las paredes; los marcos de los
espejos son obras de arte, talladas con gran habilidad a cortaplumas por los diestros
obreros de Suecia. En mérito con los cuadros que adornan el palacio, luchan los marcos
que los encierran. Por todas partes hay estatuas, jarrones y esas raras menudencias que
cubren hoy todas las paredes y rincones de las casas norteamericanas: ídolos, trompetas,
armas, platos de bronce, cascos, vasijas. En el cuarto de vestir del general Grant, hay
una pequeña casa de plata, de cinco pisos: tiene tres pies de alto; es una caja de
perfumes, regalada a Grant en China. Raros pájaros y grandes flores esmaltan las
paredes del palacio, tras de cuyas ventanas y balcones se conservan, en cajoncillos de
plata labrada, embriagadores aromas. Sobresalen entre los adornos dos grandes
colmillos de elefante, recuerdo de la India, rematados con molduras de oro, de finísimo
trabajo. Otra, y no la menos, de las novedades de la casa, es un gran tapiz japonés, que
ocupa una de las paredes del que pudiera llamarse cuarto de estar, y se llama entre los
ingleses sitting room. Representa el tapiz una partida de caza: sobre el fondo, de rica
seda crema, resaltan con grande objeto, y con color y expresión de vida, las figuras y el
follaje, bordados en seda de variados y vivos colores. Agita ya al mundo elegante de
Nueva York la extraordinaria fiesta con que se anuncia que inaugurará el general Grant
sus nuevos salones.
—El profesor Calandrelli, que enseña Filología clásica en la Universidad de Buenos
Aires, ha terminado, y trabaja por publicar, un Diccionario filológico comparado de la
lengua castellana. El plan del libro es vasto: el autor ha ido a buscar la etimología de
cada palabra a su raíz sánscrita: la estudia en sus fuentes conocidas, y examina sus
relaciones con las lenguas indoeuropeas, de que es conocedor eximio. Aumenta el
mérito del libro la clasificación científica de los animales y las plantas que le
acompañan, y una valiosa sección de sinónimos. Los que han visto este libro colosal,
comparan el trabajo de Calandrelli con los de Webster, que halló y fijó los cimientos de
la lengua inglesa, y Littré, cuyo diccionario admirable es un verdadero código de la
lengua francesa. Alguno va hasta creer que el profesor Calandrelli ha hecho más en sus
pesquisas en los orígenes del castellano, que Noah Webster y Littré en sus respectivas
lenguas. El libro contendrá las raíces de cada palabra en los signos usuales de las
lenguas madres: parece que el profesor Calandrelli es una autoridad en lingüística. Se
elogia mucho su cabal conocimiento del sánscrito, esta lengua opulenta y formidable. El
sánscrito pintoresco, abundante, rico, enérgico, fue digno de ser hablado por los
primeros hombres.—Gran lástima sería que semejante trabajo quedase oscurecido.
La Opinión Nacional. Caracas, 18 de noviembre de 1881
[Mf. en CEM]
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