PLATÓN. LA FORMACIÓN DE LA POLIS GRIEGA La historia de

Anuncio
PLATÓN. LA FORMACIÓN DE LA POLIS GRIEGA
La historia de Grecia en su etapa clásica se caracteriza
por dos hechos significativos, las polis y la democracia.
Tras la desaparición de la civilización micénica los
griegos
formaron
pequeñas
comunidades,
que
evolucionaron en el siglo VIII a.C., y se convirtieron en
ciudades. Estas ciudades se conocieron con el nombre de
“ciudades estado” o polis. A diferencia de las ciudades de
los grandes imperios (Mesopotamia, Egipto, Persia), que
estaban organizadas alrededor del palacio real y del
templo, el centro de la polis lo constituía el ágora, un
espacio abierto donde los ciudadanos acudían para
comerciar e intercambiar ideas.
El tamaño de las polis era variado pero generalmente
son de poca extensión. Como extremos se podían encontrar
a Atenas con 2600 km2, y en la isla de Ceos de 173km2
había cuatro polis.
Las polis se constituyeron como una unidad política,
social y económica de Grecia, pero aunque compartían una
lengua, religión, lazos culturales y una identidad étnica e
intelectual que exhibían con orgullo, los habitantes de estas
ciudades no pudieron fundar un estado unificado. Existía
una gran rivalidad entre las diferentes polis.
Los rasgos comunes de las polis se podrían resumir en
los siguientes puntos:
 Extensión territorial reducida que permite que sus
habitantes se conozcan entre sí.
 Autarquía y autosuficiencia. La polis tiene que ser
capaz de producir lo suficiente para abastecer a la
población. Eran independientes económicamente.
 Independencia política (autonomía). La polis no
puede estar sometida a otra ciudad ni a poder
extranjero.
 Culto religioso común. El Estado y la religión
estaban muy unidos en todo el mundo antiguo. La
religión era un elemento unificador (ritos, fiestas
religiosas…)
 Defendían un espíritu cívico, el respeto a la ley y la
participación de los ciudadanos en los asuntos de la
comunidad. El ciudadano daba prioridad a su vida
pública antes que a la privada, vivía para la ciudad
y se implicaba mucho en los asuntos políticos.
 Las polis no tienen como fin la supervivencia (propia
de los pueblos), sino también el perfeccionamiento
humano. Aristóteles define la polis como “la
comunidad de familias y aldeas en una vida perfecta
y suficiente cuyo fin común son la buenas acciones
y no sólo la convivencia”.
 En cuanto a la población, Esparta tuvo 9.000
habitantes es su apogeo y se estabilizó con 2.000.
Atenas llegó a tener 40.000. Según Platón, la
ciudad ideal
habitantes.
debe
tener
no
más
de
5.000
 Estructura
social
formada
por
ciudadanos,
portadores de derechos y esclavos sin derechos. Los
ciudadanos eran los miembros de la polis que tenían
derecho a tomar parte en la vida política. Ser
ciudadano era un privilegio y como tal posición
privilegiada no podía ser asequible a cualquiera. La
polis también albergaba a población extranjera
(metecos), hombres libres que vivían en la ciudad y
no formaban parte de su vida política. Era el
segundo grupo más importante y podía llegar a ser
muy voluminoso. Los esclavos eran la clase social
más baja. Su origen se remonta a los efectos de las
guerras, de la piratería, de la exposición de niños no
deseados o incluso, provocados por el impago de
deudas contraídas. Podían desempeñar cualquier
oficio: había esclavos trabajando en la industria, las
minas, el comercio, dentro de casa, en el campo y
los servicios públicos. Había esclavos privados y
públicos. Los públicos pertenecían al Estado (vivían
en sus casas con sus familias). Los esclavos no
tenían derechos civiles, pero participaban en el culto
público. Podían comprar su libertad u obtenerla de
su amo por múltiples circunstancias.
Los principios sobre los que se asentaba la democracia
ateniense eran la libertad (eleutheria), la igualdad de
palabra o libertad de expresión (isegoría) y la igualdad ante
la ley (isonomía). La democracia ateniense se vio
interrumpida por el régimen de los Treinta Tiranos, dos de
los cuales eran primos de Platón, quien pronto se sintió
decepcionado por la sangrienta represión del gobierno,
sobre todo tras la condena y muerte de su maestro
Sócrates en el año 399, ya restaurada la democracia. La
muerte de su maestro Sócrates provocó en Platón la
quiebra de la fe en la reforma de la sociedad. En el año 388
emprenderá un viaje a Siracusa movido por el deseo de
poner en práctica sus doctrinas políticas en la Magna
Grecia, dentro de la corte del Tirano Dionisio. Pero la
aventura resultó se un fracaso y volvió a Atenas para
fundar la Academia e intensificar su actividad filosófica. De
viejo, repetirá dos viajes más a Siracusa con la misma
experiencia negativa, haciendo que profundice mucho más
en su producción teórica a su regreso definitivo a Atenas,
donde se recluirá en la Academia para vivir sus últimos
días.
PLATÓN. ANTECEDENTES PRESOCRÁTICOS:
HERÁCLITO, PARMÉNIDES Y ANAXÁGORAS
En el siglo VI a.C. los filósofos presocráticos plantean
una nueva forma de comprender la realidad: existe en el
Universo un orden necesario que el ser humano puede
descubrir a través de su razón. Estamos ante el inicio del
caminar filosófico; la naturaleza, physis, se convierte en el
punto de mira de los primeros filósofos o físicos y con ellos
arranca la historia de la filosofía occidental.
A partir del siglo V, en Elea y en Éfeso, se van
forjando dos concepciones diferentes del Universo, dos
cosmovisiones que darán que hablar y que están
representadas por Parménides de Elea, fundador de la
escuela de los eleatas y Heráclito de Éfeso, el solitario, el
oscuro.
Suele decirse que Heráclito y Parménides transmiten
una concepción opuesta
del Universo. Aunque,
bien
mirado, debería afirmarse que ambos compartían un
terreno vivencial expresado de modo distinto o, en todo
caso, recalcando caras distintas de la misma Realidad. La
Realidad puede ser aprehendida desde el punto de vista
absoluto o desde el punto de vista relativo, conformando
ambas una única verdad.
Cabe señalar que la filosofía de efesio se asemeja
enormemente al Taoísmo. Los filósofos chinos hablan de la
Realidad con Tao, la Esencia que se manifiesta en la danza
armoniosa del Ying y del Yang, los opuestos universales. La
vida abarca tanto la unidad como la pluralidad, el orden y el
caos, lo bueno y lo malo, el relax y la tensión, el ser y el
devenir, el día y la noche, la vida y la muerte, el sujeto y el
objeto, lo bello y lo feo, el placer y el dolor. Heráclito supo
mostrar como nadie dicho dinamismo paradójico. Para
Heráclito, lo esencial del mundo es el cambio: “panta rei”,
todo fluye. “No te puedes bañar dos veces en el mismo río”,
cuando vuelves a él ya no es la misma corriente de agua, ni
tú el mismo ser humano. El devenir no es caótico sino que
está dirigido por el “LOGOS” o razón universal.
Parménides hace hincapié en la inmutabilidad de la
realidad: todo permanece, aunque todo parezca pasar. La
doctrina de Parménides contradice nuestro conocimiento
inmediato del mundo: el mundo no “es” como “parece” ser.
Parménides introduce la distinción entre razón y
sensibilidad, entre verdad y apariencia (opinión) y otorga la
primacía a la razón por encima de las apariencias sensibles
y engañosas. Esta postura filosófica se puede llamar
“racionalismo”. El problema del conocimiento se convierte
así en un problema filosófico fundamental.
Son evidentes las influencias que tanto Heráclito como
Parménides provocaron el la filosofía platónica y
aristotélica. Platón está seducido por la versión parmenídea
y caracteriza a su M.I. con los atributos del ser que el
eleata había expuesto. También Heráclito está presente en
el devenir del Mundo sensible platónico. La gnoseología del
ateniense plantea también un mundo de la verdad (M.I.) y
un mundo de la opinión (M.S.). Será una constante en la
historia de la filosofía la contraposición entre sentidos y
razón. Quizá sea la filosofía kantiana la que logre armonizar
estos “pretendidos opuestos” haciéndolos a ambos
necesarios aunque destacando, eso sí, la importancia de lo
que aporta la razón a la hora de conocer.
Volviendo a la filosofía presocrática, Anaxágoras
acepta como evidente el razonamiento parmenídeo de que
ninguna realidad nueva puede originarse: todo existe desde
siempre. Hay partículas u homeomerías de todas las
sustancias del universo: “todo participa de todo”, dice
Anaxágoras. ¿Cómo se origina el movimiento? Anaxágoras
recurre a una causa exterior, el entendimiento, el Nous,
que imprimió a la materia inerte un movimiento de
remolino.
El recurso por parte de Anaxágoras al
entendimiento abre nuevas perspectivas, que más tarde
serán recogidas por Platón y Aristóteles. En Anaxágoras
aparece por primera vez de modo explícito la idea de un
dios como principio rector de Universo. Esto parecía llevar a
una concepción del universo como resultado de una
inteligencia que actúa conforme a fines, de modo tal que el
resultado de los procesos naturales sea la máxima
perfección y belleza. Sin embargo Anaxágoras, para
decepción de Platón y Aristóteles, apenas desarrolló este
aspecto implícito en su cosmología, concediendo el papel
fundamental en la construcción del Universo al remolino y,
por tanto, a fuerzas de tipo mecánico. La filosofía de
Anaxágoras se halla, pues, entre el finalismo y el
mecanicismo.
Platón dará al Demiurgo un mayor valor en la
formación y explicación del mundo físico y Aristóteles
encontrará en el Motor Inmóvil (“pensamiento del
pensamiento”) la perfección que desea alcanzar, como
finalidad última, el cosmos.
PLATÓN. LOS SOFISTAS Y SÓCRATES
En la segunda mitad del siglo V a.C. se produce un
cambio notable en los intereses intelectuales del mundo
griego. Los temas relativos a la naturaleza. A la
cosmología, pasan a un segundo plano y los pensadores de
la época se vuelcan principalmente en cuestiones
relacionadas con el ser humano, con la educación, la moral
y la política. Para caracterizar este cambio de intereses se
utiliza a menudo la expresión “giro antropológico”.
Esta orientación de la filosofía hacia los asuntos
humanos tiene especial relevancia en Atenas, centro
económico, político e intelectual de la Grecia antigua, y fue
llevada a cabo por un conjunto de intelectuales a los que
suele denominarse sofistas, y por Sócrates, maestro
durante 20 años de Platón.
En el siglo V a.C., en pleno desarrollo de la
democracia, maestros ambulantes, forasteros en la polis,
venden su saber. Enseñan (cobrando) a los jóvenes
pudientes saberes prácticos: antropología, lingüística,
derecho, política… No eran propiamente filósofos pero
tenían en común una actitud que sí puede llamarse
filosófica: el escepticismo y el relativismo. No creían que el
ser humano fuese capaz de conocer una verdad válida para
todos. Cada quien tiene “su” verdad. Decía Protágoras:
“como cada cosa me parece, así es para mí; y como
aparece a ti, así es para ti” Este pensamiento sienta las
bases del homomensura (el hombre es la medida de todas
las cosas). Los sofistas consideran que ni la moral ni las
leyes responden a la naturaleza (physis), sino que son
realmente nomos, es decir, resultado de las convenciones
humanas. Los hombres pueden establecer un orden social y
moral totalmente distinto. Con esto, se sientan las bases de
la discrepancia entre las concepciones del llamado
“iusnaturalismo” que considera que hay leyes jurídicas y
morales inherentes a la naturaleza y el llamado
“positivismo jurídico”, que considera que las reglas están
vigentes por imposición humana.
El escepticismo de Gorgias llega a plantear como tesis
defendible el nihilismo (nada existe) oponiéndose de esta
forma a Parménides (todo es).
El máximo grado de habilidad de los sofistas consistía
en convencer a su auditorio de algo, para de inmediato
demostrar lo contrario. Cultivaban y enseñaban como un
componente fundamental de la educación, la retórica, arte
de convencer mediante la palabra. También daban gran
importancia a la eurística o arte de polemizar. Protágoras
alaba la habilidad de la persuasión: “poder convertir en
sólido y fuerte los argumentos más débiles”. Gorgias dice
que con las palabras se puede envenenar o embelesar. El
arte de la persuasión no está al servicio de la verdad sino
de los intereses del que habla.
Los sofistas recibieron críticas, especialmente duras,
de Sócrates y Platón quienes les despreciaban por
atribuirles un desmedido afán de lucro. Platón los califica de
“mercaderes de golosinas del alma” y “traficantes de
sabiduría”.
Sócrates se ocupó de los mismos temas que los
sofistas pero desde una concepción del mundo totalmente
distinta. Sócrates se remonta desde las cosas bellas,
buenas y justas hasta la belleza, la bondad y la justicia, es
decir, a la esencia de las cosas, a la definición universal.
Saber equivale a ser bueno y a que la nitidez intelectual
coincida con la rectitud moral (intelectualismo ético),
conocimiento y virtud se identifican. Su preocupación era la
conducta degradada de sus conciudadanos, de la que sólo
se podrá salir a través de la curiosidad intelectual y la
capacidad de conocer la verdad. Tan convencido estaba
Sócrates de que la arete (virtud) era conocimiento que le
parecía evidente que si los hombres llegaban a entender
qué era el bien o lo justo escogerían el bien y lo justo.
Nadie escoge conscientemente el mal, los que escogen el
mal lo hacen por ignorancia. Si un panadero hace mal el
pan es porque no sabe hacer pan y no porque quiera hacer
mal pan.
El primer paso hacia la verdad es barrer de la mente
prejuicios, ideas incompletas, errores que generalmente
llenan la cabeza de la gente e impiden el descubrimiento de
la verdad. Es necesario el reconocimiento de la propia
ignorancia (ironía) para posteriormente y de forma abierta
y dialogada descubrir la verdadera esencia (mayeútica).
Este es el método socrático para llegar a la verdad, la
dialéctica, el diálogo. La palabra diálogo significa la
búsqueda del conocimiento entre dos. Es precisamente esta
metodología la que utiliza Platón en sus “Diálogos”.
La idea principal en la que Sócrates se apartó de los
sofistas fue su afirmación rotunda acerca de la existencia
del Bien, sustentando la existencia de valores absolutos, en
contraposición al relativismo de los sofistas. En el alma de
cada hombre están presentes de forma innata los
conceptos de todas las cosas, y mediante la introspección
es posible alcanzar a descubrir la vedad existente en el
interior de uno mismo. De ahí la expresión célebre que
Platón pone en labios de Sócrates “conócete a ti mismo”.
De Sócrates dirá Cicerón:”hizo que la filosofía bajase del
cielo a la tierra, y la dejó morar en las ciudades y la
introdujo en las casas, obligando a los seres humanos a
pensar en la vida, en las costumbres, en el bien y el mal”.
La
muerte
de
Sócrates
quedará
como
ejemplo
imperecedero de su necesidad moral de defender sus
convicciones más que su vida.
Es patente la enorme influencia que Sócrates dejó en
la filosofía platónica: el interés por los temas éticos y su
conexión con la política, el diálogo como método de
conocimiento, la creencia en la verdad como algo interior al
sujeto, el intelectualismo ético… Es indudable que el
encuentro con Sócrates condicionó y orientó el
pensamiento platónico.
El propio Aristóteles, en su Metafísica, le reconoce a
Sócrates lo siguiente:”dos cosas hay que atribuirle con
justicia a Sócrates: el argumento inductivo y la definición
general”.
ARISTÓTELES. CRÍTICA DE LA DOCTRINA PLATÓNICA
“Todos los hombres tienen por naturaleza el
deseo de saber”. Con estas palabras se inicia el libro
primero de la Metafísica de Aristóteles. Ese deseo de saber
culmina en la adquisición de la sabiduría que consiste, para
Aristóteles, en el conocimiento de las causas y los principios
del ser. Y ese conocimiento es el objeto de la metafísica, de
la ciencia de las primeras causas y principios del ser, el
conocimiento del ser “en cuanto ser”, el conocimiento de la
causa última de la naturaleza y de la realidad.
La metafísica aristotélica se elabora en buena medida
como reacción a la teoría de las Ideas de Platón. No parece
que Aristóteles haya manifestado ninguna oposición crítica
a la teoría de las Ideas durante su permanencia en la
Academia. Todo indica que las primeras críticas a la teoría
de las Ideas se elaboran luego de su abandono de la
Academia, cuando Aristóteles comienza a perfilar su propia
filosofía. Hay que recordar, sin embargo, que ya el propio
Platón había criticado la teoría de las Ideas en el
Parménides, y que probablemente la teoría de las Ideas
había sido objeto de numerosas controversias en la
Academia. No tiene sentido, pues, buscar en la crítica
aristotélica a la teoría de las Ideas ningún tipo de razón
personal que pudiera haber enfrentado a Aristóteles con
Platón. Aristóteles llega a afirmar: “amo mucho a Platón
pero más amo la verdad”.
Aristóteles estará de acuerdo con Platón en que hay
un elemento común entre todos los objetos de la misma
clase, el universal, la Idea, que es la causa de que
apliquemos la misma denominación a todos los objetos del
mismo género; admitirá, por lo tanto, que ese universal es
real, pero no que tenga existencia independiente de las
cosas, es decir, que sea subsistente. La teoría de las Ideas,
al dotar de realidad al universal, a la Idea, duplica sin
motivo el mundo de las cosas visibles, estableciendo un
mundo paralelo que necesitaría a su vez de explicación.
Tampoco es capaz de explicar el movimiento de las
cosas, que era uno de los motivos de su formulación
(recordemos que al igual que los pluralistas intentaban con
su propuesta explicar la permanencia y el cambio, la teoría
de las Ideas se propone con la misma finalidad); ahora
bien, esta teoría no ofrece ningún elemento para explicar el
movimiento, el cambio, ya que siendo las Ideas inmóviles e
inmutables, si las cosas son una imitación de las Ideas
deberían de ser también inmóviles e inmutables; pero si
cambian ¿de dónde procede ese cambio?
Aristóteles considera que la teoría de las Ideas es
imposible, ya que establece una separación entre el mundo
visible y el mundo inteligible, es decir, entre la sustancia y
aquello por lo que una sustancia es, su forma o esencia.
Las Ideas, en efecto, representa la esencia de las cosas, es
decir, aquello por lo que las cosas son lo que son. ¿Cómo
es posible que aquello por lo que algo es lo que es no
resida en el objeto, sino fuera de él? ¿Cómo es posible que
aquello que hace que el hombre sea hombre, su esencia, la
Idea de hombre, no resida en el hombre, sino que exista
independientemente de él? Las formulaciones de Platón
para intentar explicar la relación entre las Ideas y las
cosas, las teorías de la participación y imitación, lejos de
explicar dicha relación, no son más que metáforas.
Ya el mismo Platón había hecho una autocrítica en el
Parménides; Aristóteles insistirá en su crítica con el
argumento del “tercer hombre”: si el hombre es el
resultado de la imitación de la Idea de hombre, y tal idea
es entendida como una entidad de carácter individual, ¿A
qué otra realidad imita la Idea de hombre? Debe existir un
tercer modelo de hombre para explicar la similitud entre el
hombre concreto y la Idea de hombre, del mismo modo que
se postula la Idea de hombre para explicar las similitudes
entre
los
hombres
concretos.
De
este
modo
encadenaríamos hasta el infinito la exigencia de un modelo
del modelo, lo que nos llevaría al absurdo. Por otra parte,
las cosas no pueden provenir de las Ideas; sin embargo, es
esa una afirmación crucial de la teoría de las Ideas, al
concebir que las Ideas son causa de las cosas; no obstante,
es el mismo Platón en el Timeo quien explica que las Ideas
son sólo el modelo en el que se inspira el Demiurgo para
modelar las cosas, es decir , las causas ejemplares de las
cosas, pero no sus causas eficientes.
En esta crítica a la teoría de las Ideas se vislumbran
ya los fundamentos de su propia metafísica: ante la
imposibilidad de que las Ideas expliquen coherentemente la
causa de lo real propondrá la teoría de las cuatro causas
del ser; y ante la irrealidad de las Ideas, propondrá su
teoría de la sustancia. La inconsistencia de la explicación
del cambio le llevará a proponer la distinción entre ser en
acto y ser en potencia.
ARISTÓTELES. EL PROCESO DE ABSTRACCIÓN FRENTE AL
ACCESO DIALÉCTICO DE LAS IDEAS DE CORTE PLATÓNICO
A diferencia de Platón, Aristóteles no va a desdeñar la
sensación y la imaginación como fuentes de conocimiento.
Es más, la sensación será considerada como el origen del
conocimiento. Por lo tanto, puede decirse que Aristóteles
mantiene
una
postura
claramente
empirista,
en
consonancia con su concepción física y ontológica de la
realidad. Este mundo que vemos, percibimos y
experimentamos es el único existente: el mundo sensible,
del cual forman parte todas las sustancias individuales que
conocemos, compuestas de materia y forma y portadoras
de racionalidad.
Las esencias, al ser inherentes a la materia, permite
que el conocimiento tome su origen en las cosas mismas,
sin tener que ir a la búsqueda de principios absolutamente
trascendentes y separados del mundo sensible para
acceder a la verdad. El mundo sensible ya no es una
apariencia ni una mala copia de otro mundo y sus
características no son tampoco ficciones que nos lleven a
errar. El movimiento, los cambios son tan reales como las
cosas que los producen o padecen. Las cosas llevan en sí
mismas (como su forma), de modo inmanente, su principio
de inteligibilidad.
Si para Platón la sensación (o conocimiento de lo
sensible
mediante
los
órganos
sensoriales)
no
proporcionaban un verdadero conocimiento, debido al
carácter separado de las Ideas, en Aristóteles la sensación
será la fuente básica y primera del conocimiento, es decir,
su origen. Será el entendimiento (nous) aquella facultad
encargada de captar lo universal, las esencias universales
inmanentes a las cosas como su forma (morphé): captamos
por la inteligencia (noús) la idea de caballo, el concepto
universal “caballo” que se aplica (y define) a todos los
caballos particulares de los cuales podamos tener un
conocimiento sensible. La abstracción traduce el término
aristotélico “aphairesis”: eliminación de las cualidades y
determinaciones sensibles hasta llegar a la esencia que
define a ese ente. La abstracción es un proceso inductivo
porque no accedemos directamente a las ideas o conceptos
universales; lo universal no se haya separado de las cosas,
como en Platón, sino radicado en las sustancias como su
forma (morphé). Tampoco son éstas innatas al modo
platónico. Sólo tenemos acceso a las cosas concretas y,
desde ellas, acumulando experiencias, accedemos a las
esencias universales; por lo tanto, desde lo particular
ascendemos a lo universal, y en esto consiste la inducción.
Platón también basa el conocimiento universal en la
captación de las Ideas pero, a diferencia de Aristóteles,
este proceso se produce dialécticamente. Supone una
ascensión del mundo físico al Ideal, donde están presentes
las esencias, Ideas de todas las cosas y que culmina en la
Idea de Bien al que Platón concibe como principio
ontológico, epistemológico, ético, político y estético. Las
Ideas están ya presentes en el alma humana (innatismo)
por lo que su conocimiento no es más que recuerdo
(reminiscencia). Platón también propone una dialéctica
emocional; el amor tiene la capacidad de elevarnos al
mundo Ideal y al descubrimiento de las Ideas.
Son claras y patentes las diferencias entre Aristóteles
y Platón: al realismo y empirismo aristotélico se opone el
idealismo y racionalismo platónico. A lo largo de la historia
de la filosofía estas posturas seguirán enfrentadas. Kant
intentará aunarlas y superarlas con su idealismo
trascendental: todo conocimiento empieza
experiencia pero no todo él deriva de ella.
por
la
ARISTÓTELES. EL TRÁNSITO HACIA EL MUNDO
HELENÍSTICO
La helenística fue un período histórico griego de gran
inestabilidad política y social que se extendió desde la
muerte de Alejandro Magno (323 a.C.) hasta el fin de la
República romana (31 a. C.) y en el que destacaron una
serie de escuelas filosóficas (estoicismo, epicureísmo,
estoicismo…) que se caracterizaron por su eclecticismo y su
interés en los problemas éticos y antropológicos.
En esta última etapa del pensamiento griego las
preocupaciones filosóficas fundamentales se refieren a
cuestiones morales y a la felicidad. La filosofía se convierte
en un saber práctico; precisamente la expresión “tomarse
las cosas con filosofía” tiene su origen en este ideal de
filosofía práctica desarrollado en el helenismo.
Las soluciones éticas ya no son soluciones políticas
como en Platón y Aristóteles, sino soluciones que
comprometen a cada uno en particular. Este individualismo
que claramente se observa en el epicureísmo está muy
lejos de los ideales morales y políticos de la época clásica.
Epicuro desarrolló su tarea y proyecto filosófico
durante la época helenística. Nacido en la isla de Samos en
el 341 a. C., Epicuro, rodeado de unos cuantos amigos y
discípulos, fundó una pequeña comunidad filosófica en una
casa situada entre Atenas y el Pireo, donde se dedicó a
enseñar e inculcar su filosofía del jardín hasta su muerte en
el año 270 a.C. La finalidad de su filosofía era
eminentemente práctica, encaminada sobre todo a procurar
el sosiego necesario para una vida feliz y placentera en la
que los temores al destino, a los dioses o a la muerte
quedarán por siempre eliminados. Si el máximo bien que
un hombre puede alcanzar es la felicidad (eudaimonía),
ésta se identifica con el placer, entendido como la total
ausencia de dolor. Ahora bien, no todos los placeres han de
ser escogidos, ya que algunos pueden producirnos, a la
larga, dolores mayores que el placer que nos proporcionan.
Ha de hacerse un sabio cálculo entre las ventajas y
desventajas para conseguir un máximo placer y un mínimo
dolor, utilizando las virtudes como medios, no como fines,
para tratar de alcanzar en todo momento la máxima
felicidad posible.
El estoicismo fue fundado por Zenón de Kitión, quien
en 306 a.C. abrió su escuela en Atenas en un lugar llamado
“Pórtico pintado”, de donde viene el nombre de la escuela
(Stóa poikíle). La filosofía estoica tomó abundantes
materiales de los filósofos presocráticos y de la filosofía
platónica y aristotélica, aunque también fue original en
muchos aspectos.
Séneca fue el máximo representante del Estoicismo
Nuevo en Roma, el cual se caracteriza por mantener el
interés, como ya hizo el Estoicismo Medio representado por
Cicerón, por las cuestiones éticas y antropológicas,
realizando una filosofía que sirviera de guía para la vida,
una serie de normas para vivir conforma a la naturaleza y a
la inexorable ley de la providencia. Séneca nos invita a
derrotar espiritualmente los reveses de la fortuna,
absteniéndonos de los placeres, despreciando la posesión
de las riquezas, y dejando de lado ciertas pasiones como la
ira, la angustia o el propio aburrimiento. El ideal de sabio
es aquel que se somete a la necesidad, sabiendo que
pertenece a un universo donde todo hombre es “ciudadano
del mundo” (cosmopolitismo). La filosofía sirve de consuelo
y remedio ante las calamidades de nuestro destino. Por
ello, el filósofo ha de ser un pedagogo dedicado a enseñar a
vivir bien a los demás seres humanos con los que convive
en la ciudad.
La influencia del estoicismo va a ser determinante en
siglos posteriores y el pensamiento cristiano asumirá
ciertos rasgos estoicos que parecen ser compatibles con el
cristianismo.
AGUSTÍN DE HIPONA. HELENISMO: FILOSOFÍA Y
CRISTIANISMO
LAS NUEVAS IDEAS FRENTE AL MUNDO GRIEGO
El cristianismo no es una filosofía propiamente dicha,
sino una religión que en menos de tres siglos se convirtió
en la religión oficial del Imperio romano, y se arraigó tan
profundamente a los más esenciales aspectos de la cultura
occidental que logró sobrevivir a la caída del propio imperio
y convertirse en el sustrato básico de la civilización
occidental. De hecho la filosofía occidental ha quedado
marcada profundamente por el cristianismo, al igual que el
resto de la cultura y el arte.
Los filósofos cristianos adoptaron muchas ideas del
pensamiento griego pagano. De los escépticos epicúreos
adoptaron argumentos contra el politeísmo. Aristóteles les
prestó una serie de conceptos filosóficos (como los de
sustancia, causa, materia) que eran imprescindibles para
tratar los delicados y sutiles temas de la teología cristiana.
La moral estoica aportó algunos elementos a la ética
cristiana. El platonismo, con su desprecio al mundo
sensible, su creencia en la inmortalidad del alma y la
afirmación de la existencia de un mundo Ideal fue una
prefiguración del cristianismo. Refiriéndose a Platón dijo
San Agustín: “Nadie se ha acercado tanto a nosotros”.
Sin embargo hay muchos rasgos diferenciadores entre
el pensamiento cristiano y la filosofía griega. Para los
cristianos (igual que para los judíos) Dios creó el mundo, y
por tanto la realidad, de la nada. Dios es un Ser Creador
que no pertenece al mundo pero que está siempre en él
como conservador y providente. Esta concepción choca
frontalmente con la tradición helenística, que considera la
mundo eterno. Incluso dentro de la concepción jónica que
buscaba un primer arjé de todo lo real, el mundo era
eterno. La idea de Creación es ajena al pensamiento griego.
Con respecto a la filosofía posterior a los jonios también
choca. Pues tanto Parménides como Platón y Aristóteles
(cada uno desde sus diferentes perspectivas) consideraban
la realidad como inmutable y eterna. Inmutable en el
sentido de que no hay transformación de lo que no es- la
nada- a lo que es; y eterna porque para ellos no hay un
primer momento de iniciación de la realidad principiada por
el ser, la idea, o la sustancia aristotélica.
Dentro de esta metafísica creacionista cristiana los
seres adquieren significación propia como individualidades
originadas por un acto de voluntad consciente y amoroso
del creador. Para los cristianos hay un Dios Providente, un
Dios que interviene en el mundo. Pero Dios no sólo se
ocupa y preocupa del hombre, sino que también interviene
en la Historia. Dios se hace hombre, y se convierte en el
centro de la historia. A partir de Cristo la historia se divide
en dos: antes de Cristo y después de Cristo. Esto es
inaceptable para la mentalidad griega. El mundo queda
ligado a una temporalidad determinada que se aleja del
sentido circular de la filosofía griega.
La filosofía griega se caracterizó como un pensamiento
racional y lógico que anhelaba la búsqueda de la verdad.
Sin embargo los cristianos afirman estar en posesión de la
verdad absoluta. Mientras los filósofos habían llegado a la
conclusión de que ninguno poseía la verdad absoluta (salvo
Platón, claro está), los cristianos reclaman que Cristo es la
verdad. La fuerza del cristianismo es su afirmación de que
Dios es el Verdadero y Único Dios, y que los dioses
politeístas grecorromanos son falsos ídolos, y que los
razonamientos filosóficos son vanos y fútiles.
El Dios cristiano es un Dios personal, Todopoderoso,
Eterno, que todo lo sabe, es un Dios Creador, Desde luego
Dios no posee ninguna de las características de los dioses
grecorromanos, dioses que tenían virtudes y defectos. Dios
es Perfección y sobre todo, según el evangelista San Juan,
es amor. Incluso la imagen de Dios que transmite el
cristianismo es muy distinta a la que transmite el judaísmo,
a pesar de hablar del mismo Dios. Los cristianos hablan de
un Dios Padre, no del Dios iracundo y atemorizador del
Antiguo Testamento. Esta imagen de Dios que proyecta el
cristianismo es totalmente nueva, y además, para colmo de
la incomprensibilidad para la racionalidad griega, los
cristianos afirman que Dios se ha encarnado en un hombre,
en Jesús de Nazaret.
Como podemos comprobar, esta imagen de Dios como
ser inteligente es muy diferente del Zeus aristotélico
(primer motor inmóvil que mueve al mundo sin conocerlo).
En el cristianismo Dios sí conoce el mundo puesto que es
obra suya. Tampoco se parece al demiurgo platónico, pues
Dios es creador, y recordemos que el demiurgo sólo ordena
el mundo, no lo crea.
Racionalmente es mucho más fácil defender el
monoteísmo que el politeísmo, y en esto tienen ventaja los
pensadores cristianos, pero hay que destacar que el Dios
de los cristianos se escapa a cualquier conceptualización
racional, y esto es dogma dentro del pensamiento cristiano.
Dios no se puede abarcar en conceptos de pensamiento. Lo
que conocemos de Dios, sus atributos ontológicos, nos
vienen revelados por las Escrituras y los Evangelios y por el
Credo. De esta información podemos vislumbrar que el Dios
cristiano es UNO, VERDADERO, OMNIPOTENTE, CREADOR,
PERFECTO, INTELIGENTE, AMOR Y POR TODO ELLO
SUMAMENTE BUENO.
Según el pensamiento cristiano, el hombre está hecho
a imagen y semejanza de Dios. El hombre tiene un alma
inmortal, y habrá una resurrección de los cuerpos. Así,
vemos como en el cristianismo el hombre está compuesto
de alma y cuerpo. En Platón, y antes en la escuela
pitagórica, hay un antecedente de esta concepción.
Igualmente que en Platón y Aristóteles, el hombre depende
de sus actos, es decir, es libre de elegir el bien o el mal,
sólo que esta elección no implica la felicidad o el
conocimiento sino la salvación (cielo) o la condena
(infierno).
Ahora bien, una de las principales aportaciones del
cristianismo es la igualdad entre todos los hombres. Los
cristianos consideran a todo ser humano como hijo de Dios,
como criatura divina. El hecho de que todos los hombres
sean hijos de Dios introduce el concepto de hermandad y
por tanto de igualdad. Esto implica que socialmente ya no
haya más griego-meteco, romano-bárbaro, judío-gentil.
También implica la desaparición de la esclavitud. Todo esto,
posteriormente, tendrá grandes repercusiones sociales.
A partir del siglo II a.C., cuando el cristianismo ya se
ha extendido por los dominios del imperio romano, algunos
pensadores cristianos retoman aspectos filosóficos para
fundamentar mejor su fe ante ataques de escuelas
filosóficas romanas y helénicas, y críticas de sectores
intelectuales. Curiosamente Platón y Aristóteles, los
grandes pensadores de la antigua Grecia, cuyo prestigio
parece ser acatado y respetado por todo el orbe filosófico,
prestan las bases intelectuales para la fundamentación
filosófica de la fe cristiana.
Los cristianos encontraron dentro de la teoría platónica
algunas semejanzas con respecto a las consideraciones que
sobre la realidad hay en la Biblia. La separación entre
mundo sensible y mundo inteligible de Platón les sirvió a los
cristianos para poder explicar la relación entre vida terrenal
y mundo celestial. Recordemos que para Platón el mundo
inteligible era el auténticamente real, mientras que el
mundo sensible era una copia del mundo inteligible. Para
los cristianos el mundo verdaderamente real es el Cielo,
que es la máxima aspiración del creyente. El mundo
terrenal no es más que un simple tránsito, un camino que
hay que recorrer hasta llegar a la verdadera realidad, al
verdadero mundo. Para Platón también el mundo sensible
tiene su función en dependencia al mundo inteligible.
Uno de los atributos de Dios es su perfecta bondad; al
haber puesto Platón la idea de Bien como “sol de las ideas”
y Plotino (filósofo neoplatónico) la idea de Uno, les será
muy fácil a los filósofos cristianos apoyarse en esto para
expresar y defender el monoteísmo. Dios es Uno y Bueno.
Platón había defendido la inmortalidad del alma, y en
esto coincide plenamente con los cristianos, salvo que para
éstos, el alma es generada y creada. Platón creyó en un
Demiurgo que ordenaba el mundo, los cristianos creen en
Dios como Creador del mundo, y por tanto, también como
su ordenador. Dios crea y ordena tanto el mundo terrenal
como el celestial.
A la luz de estos apoyos, la fe cristiana no parece tan
incomprensible desde la perspectiva del pensamiento
filosófico. La racionalización de la fe desde el platonismo,
neoplatonismo y aristotelismo, consiguió un mayor
enraizamiento entre las orbes intelectuales. Curiosamente,
siglos después, durante la Edad Media, la filosofía se
desarrolló dentro de los claustros de los conventos y
monasterios, y en las universidades católicas. Aunque más
que filosofía los que se hacía era teología y teodicea.
Durante la Edad Media, la filosofía sirvió para justificar
racionalmente una fe revelada. Los temas del agustinismo y
del tomismo no se refieren ya a buscar en la realidad su
propio “ontos son”, su razón de ser, sino de encontrar en la
realidad, en el mundo terrenal las huellas de Dios, las
huellas de lo verdaderamente real (Dios).
LA NOCIÓN DE ESCOLÁSTICA Y EL NACIMIENTO DE LA
UNIVERSIDAD
Las invasiones de los pueblos bárbaros y al caída del
Imperio Romano dejan tras sí un desierto tanto físico como
espiritual; Europa queda sumida en las tinieblas de la
incultura y el barbarismo. Desde la muerte de San Agustín,
en el año 430, hasta la época de Carlo Magno, a finales del
siglo VIII, sólo destacan algunos filósofos importantes en
las cortes de los ostrogodos en Italia, y de los visigodos en
España. Severino Boecio, que murió en el año 524, fue
ministro del rey ostrogodo Teodorico. Tradujo al latín las
obras de Lógica de Aristóteles, el Órganon, la Isagoge, obra
de Lógica de un autor neoplatónico llamado Porfirio;
también escribió una interesante obra llamada La
consolación de la Filosofía, así como opúsculos como De
Sancta Trinitate. A Boecio debemos asimismo la primera
definición del concepto de persona humana como
“substantia individua rationalis naturae” (“sustancia natural
de naturaleza racional”). Las traducciones y sus escritos
lógicos aseguraron la supervivencia de la lógica aristotélica,
haciendo de ella un elemento fundamental de toda la
cultura y enseñanza medieval.
Toda la cultura medieval hasta el surgimiento de las
universidades en el siglo XII, se encuentra en la institución
del Monacato. La palabra monje, significa aquella persona
que vive sola en oración y penitencia imitando la estancia
de Jesús en el desierto antes de su vida pública. Estas
personas que se aislaban de la sociedad para alcanzar la
perfección y santidad, eran los anacoretas, como San
Antonio Abad y otros muchos. La soledad y la penitencia
terminaban con la salud física y mental de estos
anacoretas, que decidieron vivir es sociedad esos consejos
evangélicos de pobreza, castidad y obediencia para evitar
las tentaciones y enfermedades derivadas de esa soledad.
Así surge la vida conventual o monacal, con la regla más
importante que dio San Benito: “Ora et labora”. A la
oración hay que añadir la actividad y el trabajo tanto físico
como mental. Los monjes enseñaban a labrar los campos.
Agricultura y también a leer y a escribir para poder rezar y
cantar los salmos y las Sagradas Escrituras. De este modo
surgen las escuelas monacales donde asisten los niños que
serán monjes pero también los que no van a serlo. A partir
de finales del siglo VIII y comienzos de IX, Carlomagno
fomentó las escuelas monacales, las internas para los
monjes y las externas para los seglares; fundó escuelas
episcopales o catedralicias, y escuelas palatinas, siendo la
más importante la escuela palatina de Aquisgrán, a la que
asistía personalmente.
En estas escuelas se fomenta la filosofía y ciencia
medievales. De ahí el nombre de filosofía escolástica. Poco
a poco se fueron desarrollando, la de York, en Inglaterra; la
de Fulda, en Alemania; las de París, Tours, Bec, Cluny y
Chartres en Francia. París se convirtió en un centro
importantísimo de la cultura y de la filosofía europea; ya en
el siglo XI había tres escuelas, la de Nuestra Señora, la de
Santa Genoveva y la de Saint-Germain des Prés, a las que
en el siglo XII se añadió la de San Víctor; de todas ellas
surge ya en el siglo XIII la Universidad de París, la
Sorbona.
Las universidades son estudios generales que
responden al deseo de universalizar la sabiduría de las
diferentes escuelas, como unión de profesores y alumnos.
El método pedagógico-didáctico era el de la “letio” y la
“comentatio”. El profesor (al igual que el monje en el
monasterio) lee las obras de los antiguos filósofos (algunas
obras de Platón, como el Timeo; de Aristóteles parte de la
Lógica, las traducciones de Boecio de las obras de Porfirio y
Aristóteles; algunos escritos de Cicerón, Séneca y Lucrecio;
las obras de los Padres de la Iglesia especialmente San
Agustín y el Pseudo-Dionisio), y después las comenta. Cada
alumno toma sus apuntes, y al final del curso comienzan a
aparecer los Manuales- libros hechos a mano- que
contienen los temas tratados; así aparecen las Sumas,
como la Suma Teológica de Santo Tomás. A lo largo del
curso escolar, también tenían lugar las Disputatio,
cuestiones problemáticas que se debatían acaloradamente
y donde había posiciones enfrentadas o dialécticas, que
dieron origen al método escolástico del “Sic et non”.
Las materias impartidas eran, por un lado, las artes
liberales, que comprendían:
 El trívium, triple vía, integrada por la Gramática,
Retórica y Dialéctica.
 El cuadrivium, la cuádruple vía, integrada por
Aritmética, Geometría, Música y Astronomía.
También estudiaban algo de Cosmología, semejante a
las ciencias de la naturaleza. En la cúspide de los estudios
estaba la Filosofía, y por último el saber más importante, la
Teología, como estudio y conocimiento de Dios era el valor
fundamental de la sociedad y de la universidad. Alcanzar el
grado de maestro en Teología era el título de mayor
prestigio.
La filosofía escolástica tiene a lo largo de la Edad
Media tres períodos. El de formación que va desde el siglo
IX al siglo XII. El de apogeo que abarca el siglo XIII, donde
aparecen los pensadores más importantes como Santo
Tomás, San Alberto Magno, San Buenaventura, etc., y el
período de transición a la filosofía moderna (Ockham).
Las causas del apogeo de la filosofía escolástica se
debieron en una gran parte a la ingente labor de la Escuela
de Traductores de Toledo, en la España musulmana;
gracias a estas traducciones al árabe y al latín, se
conocieron todas las obras aristotélicas, que en un principio
fueron acogidas con recelo. Fue mérito de Santo Tomás de
Aquino el integrarlas en la filosofía cristiana. También
fueron muy importantes las universidades que divulgaron y
extendieron los conocimientos. Por último el gran impulso
de la filosofía y teología medievales, la dieron las dos
órdenes mendicantes dominicos y franciscanos. En su afán
de vivir con plenitud la pobreza evangélica, se centraron en
el estudio de la filosofía y de la teología; todos los grandes
pensadores de la época son dominicos (Santo Tomás) o
franciscanos (San Buenaventura).
En los tres períodos de la filosofía escolástica, el tema
fundamental de las discusiones (disputatio) y de las Sumas,
sigue siendo el tema de Dios, principalmente el problema
de la fe y la razón, de la Teología y de la Filosofía, ya que la
filosofía es un medio para profundizar en la fe. En esta
polémica surgen tres posturas:
 Los dialécticos creen que la fe debe ser anlizada y
demostrada por la razón, como Juan Escoto
Erígena, Berengario de Tours, etc.
 Los antidialécticos sostienen que la única sabiduría
es la que da la fe, y la postura anterior es mero
orgullo o soberbia de la razón humana. La filosofía
es en todo el sentido de la palabra sierva de la
teología
“Philosophia
ancilla
Theologiae”.
Representantes importanes son Lanfranc de París y
Pedro Damiano.
 Una postura intermedia es la que sostiene en el
siglo XI Gerberto de Aurillac y que continúa Santo
Tomás en el siglo XIII. Fe y razón son distintas, son
dos caminos que confluyen a un mismo mar de la
verdad. Ambas proceden de Dios, por tanto si la
razón funciona bien, no puede llegar a conclusiones
opuestas a las de la fe. La Filosofía y la Teología son
saberes distintos que se complementan. La Filosofía
alcanza algunas verdades de la fe, como la
existencia de Dios y la inmortalidad del alma. La
Teología amplía nuestro conocimiento de Dios a
través de la Revelación (ej. Dios es Trinidad).
En resumen, la Filosofía ayuda a la Teología
demostrando algunas de las verdades reveladas,
preámbulos de fe, y viendo la racionalidad de otros
misterios de fe, como la Trinidad. Estas verdades no son
irracionales sino suprarracionales. Por su parte, la Teología
ayuda a la Filosofía, aportando nuevos conceptos
filosóficos, como el de creación del mundo o el de la
dignidad de la persona humana en el orden moral.
LA RECEPCIÓN DE ARISTÓTELES. AVERROES Y EL
AVERROÍSMO LATINO
Hasta el siglo XII hay un predominio absoluto del
pensamiento platónico en Europa, por influencia sobre todo
de San Agustín, las escuelas agustinianas y el Pseudo
Dionisio Areopagita. El desconocimiento de la obra
aristotélica era prácticamente total. Sólo se conocían partes
de la Lógica por los comentarios de Boecio (V-VI), pero
nada de la Física, la Metafísica, su antropología y teología.
En el siglo XII, Aristóteles se pone de moda y abundan sus
traducciones y comentarios, a pesar de la resistencia que
oponen la jerarquía católica y los platónicos. No obstante,
Tomás de Aquino intentó asimilarlo y construir un sistema
que armonizara cristianismo y aristotelismo.
Cobró fuerza el averroísmo latino, corriente intelectual
que reclamaba la autonomía de la razón frente a la fe.
Durante sus conquistas, los árabes tomaron contacto con
los últimos reductos de la cultura griega en Siria, donde
algunos intelectuales cristianos habían traducido al sirio
textos originales de filósofos griegos. Tanto del sirio como
del griego, se traducen al árabe obras originales y
comentarios de Aristóteles, surgiendo una especie de
filosofía árabe-aristotélica con claros residuos platónicos.
Avicena (S.X) fue el máximo representante de este
aristotelismo árabe platonizado. Sin su pensamiento y el de
Averroes no se puede comprender el pensamiento cristiano
del siglo XIII. Avicena introduce los conceptos de ser
necesario y ser posible, utilizados para diferenciar a Dios
como necesario per se, al igual que sus atributos, y las
criaturas como posibles per se, en cuanto que su esencia
no
incluye
su
existencia,
puesto
que
emanan
necesariamente de Dios, creador necesario de todas las
cosas desde la eternidad. Una creación necesaria y no libre,
eterna y no temporal. En Dios se da la circunstancia de que
es un ser necesario por sí y no por otro, donde se incluye la
existencia en el ámbito de la esencia mientras que, en los
otros seres la existencia es algo totalmente extrínseco a la
esencia, pudiendo ser recibida de Dios o no.
Averroes (XII) escribe los primeros comentarios a
obras de Aristóteles sin adherencias platónicas. Fue el
primer ejemplo de aristotelismo puro. A través de los
árabes se despertó en Occidente la curiosidad por el
aristotelismo. En el siglo XII se traducen directamente del
griego al latín las obras de Aristóteles y también las obras y
comentarios de los filósofos árabes.
En el siglo XIII la universidad de París se convierte en el
centro intelectual de Europa. Existía una gran expectación
anta la llegada de la versión íntegra de la obra aristotélica y
los comentarios de Averroes. Surgió así el averroísmo latino
que defiende, fundamentalmente, las siguientes tesis:
 El mundo es eterno, en evidente contradicción con
la doctrina creacionista cristiana. Según Aristóteles,
Dios es el motor inmóvil que mueve eternamente
un mundo también eterno. Dios ni siquiera conoce
el mundo (a diferencia del demiurgo platónico).
 El alma individual de cada hombre no es inmortal,
sino
corruptible
y
perecedera.
Sólo
el
entendimiento, común a todos los hombres, es
inmortal. Y negar la inmortalidad del alma supone
tirar por tierra toda la doctrina cristiana de la
salvación.
 Existen dos verdades: la teológica (fe) y la filosófica
(razón). De este modo podían conciliarse tesis
opuestas sobre el alma, ej.: el alma es inmortal
(verdad de fe) y el alma es mortal (verdad de
razón).
Los representantes de esta corriente fueron
condenados por la jerarquía y expulsados de la
universidad de París (Sigerio de Brabante fue
condenado a cadena perpetua).
Tomás rechazó,
averroístas:
como
es
lógico,
las
tesis
*Respecto a la eternidad del mundo, se movió entre
dos aguas y sostuvo que el sistema aristotélico no
implicaba necesariamente la eternidad del mundo ni
el concepto cristiano de creación excluía la
posibilidad de que el mundo fuera eterno: puede ser
eterno y creado. Por medio de la razón no podemos
demostrar ni que el mundo es eterno ni que no lo
es. Ahora bien, desde la fe sabemos que el mundo
es creado y no eterno.
*Respecto a la inmortalidad del alma, Aquino
entendió que el entendimiento inmortal del que
Aristóteles habló no es único para todos los
hombres como habían admitido los averroístas, sino
que se trataba de la facultad superior de alma, y
ésta es inmortal.
*Y en cuanto a la doble verdad, resultaba
innecesaria una vez solucionados los problemas que
planteaban las dos tesis anteriores. Pero la criticó
por considerarla inadmisible. Así admitirá la mutua
colaboración entre la razón y la fe.
Aunque Tomás se distanció de los averroístas en
sus tesis contrarias a la fe cristiana, mantuvo una actitud
favorable hacia la filosofía aristotélica. Estaba convencido
de que la filosofía aristotélica era enteramente compatible
con la fe cristiana y que, además, ofrecía una interpretación
de la realidad aceptable por sí misma y valiosa, aunque en
el fondo de su sistema permanezcan presupuestos
platónicos fundamentales. Su gran objetivo será, por tanto,
adaptar el aristotelismo al cristianismo sin corromper la
esencia de este último.
Aquino asume muchas tesis aristotélicas sobre la
realidad y la naturaleza:
 Teoría aristotélica del movimiento: se define el
movimiento como “paso de
potencia a acto”,
siempre por la acción de algo que ya esté en acto.
Conserva también los dos tipos de cambio:
sustancial (generación y corrupción) y accidental
(cuantitativo, cualitativo y local)
 Composición
hilemórfica
de
las
sustancias
naturales: todo objeto natural está compuesto de
materia y forma, admitiendo que la única forma
sustancial en el ser humano es el alma racional, y
ésta ejerce lo que realizaba la sensitiva en los
animales o la vegetativa en el caso de la planta. La
materia existe para la forma y no a la inversa y el
alma está unida al cuerpo para poder obrar de
acuerdo a su naturaleza. El principio de
individuación de los seres en Santo Tomás será la
materia, al igual que en Aristóteles.
 Distinción entre sustancia y accidentes: para
Tomás, a diferencia de Aristóteles, la esencia
(materia+forma) está en potencia siendo el acto la
existencia. Dios es la única sustancia que es acto
puro y en la que la esencia es igual a la existencia.
Para el estagirita materia y forma eran eternas y
para el aquinatense fueron creadas por Dios.
 Teoría de las cuatro causas: material, formal,
eficiente y final (e interpretación teleológica de la
naturaleza). Tomás defenderá que Dios además de
causa final será también causa eficiente y ejemplar
(influencia del platonismo y el agustinismo).
También se observan influencias aristotélicas en la
doctrina teológica de Santo Tomás:
 Tomás acepta la demostración aristotélica de la
existencia de Dios basándose en el movimiento,
entendiendo como paso de la potencia a acto (1ª
vía). Por lo tanto, Aquino parte del conocimiento
sobre el universo que nos proporciona la
experiencia sensible, de lo contingente y no de las
ideas inmutables en la mente divina o introspección,
como en San Agustín.
 Define a Dios con categorías aristotélicas: acto
puro, sin ningún tipo de potencia. La inmutabilidad
se define en función del grado de actualidad,
entendido el movimiento como paso de potencia a
acto. Dios ha de ser inmutable porque es acto sin
potencia. Será también perfecto porque la
imperfección de debe sólo al grado de potencialidad
existente. Acepta también la definición de Dios
como puro acto de pensamiento.
 Aquino corrige el aristotelismo en un punto.
Aristóteles sostenía que la vida y felicidad de Dios
consiste en conocerse a sí mismo, y puesto que es
autosuficiente no conoce nada fuera de él.
Aristóteles sostuvo que Dios no creó el mundo, sino
que éste es eterno. Dios sólo es el principio del
movimiento del universo y el fin hacia el que el
mundo se orienta. Pero Santo Tomás afirma, de
acuerdo con el cristianismo, que Dios creó el
mundo. Por tanto, Dios conoce el mundo, y lo hace
al tiempo que se concoce a sí mismo. Acepta pues,
que la actividad de Dios es conocerse a sí mismo.
La antropología tomista no está exenta de influencias
aristotélicas:
 Aquino acepta la concepción hilemórfica del hombre
y la concepción aristotélica del alma como principio
de vida, como forma y acto del cuerpo (contra el
platonismo agustiniano, donde cuerpo y alma son
dos sustancias radicalmente distintas. Santo Tomás
afirma que el hombre constituye una sustancia
única, cuyos elementos fundamentales son el alma
y el cuerpo.
 Como Aristóteles negaba la inmortalidad del alma,
Aquino se aleja de Aristóteles en este punto y echa
mano de Platón, intentando una difícil síntesis entre
el platonismo y el aristotelismo. Admite que el alma
racional es espiritual e inmaterial, de lo que se
sigue que es inmortal o incorruptible por naturaleza.
La ética tomista también tiene tintes aristotélicos:
 Acepta el principio aristotélico de que el fin último
del hombre es la felicidad (ética teleológica,
eudemonista e intelectualista), y que la felicidad
perfecta consiste en la contemplación en la
actividad intelectual. Esto le aleja del agustinismo.
Dicha felicidad en Aristóteles es imperfecta, porque
se lograba en este mundo, mientras que en Santo
Tomás es perfecta porque se consigue mediante la
visión beatífica de Dios en un mundo trascendente
después de la vida terrena (aspecto platónico de su
doctrina ética)
 Afirmar que la felicidad se halla en el conocimiento
conlleva defender la primacía del entendimiento
sobre
la
voluntad,
contra
el
voluntarismo
agustiniano que defendía lo contrario (primacía de
la voluntad sobre el entendimiento). También
acepta de Aristóteles la máxima de que la virtud
moral se encuentra en el término medio y que por
tanto, el apetito tiene que plegarse a la razón.
 Recoge también Santo Tomás de que las normas
morales se basan en la naturaleza humanas. Por
tanto, conocerla y saber sus objetivos y finalidades
es el criterio clave para la formulación de la ley
moral natural.
Por último, también en la política de Tomás de Aquino
encontramos las huellas de Aristóteles:
 La doctrina política tomista adoptó la estructura
general de la doctrina aristotélica pero, al mismo
tiempo, tuvo que dejar su propia teoría política
“abierta”. Aristóteles suponía que el Estado podía
satisfacer todas las necesidades de los hombres.
Pero Santo Tomás no podía sostener esto, dado que
él creía que el fin del hombre es un fin sobrenatural
y que es la Iglesia y no el Estado la que encamina a
dicho fin. Eso significa que un problema que no fue
ni pudo ser tratado por Aristóteles (el problema de
las relaciones entre Iglesia y Estado), tenía que ser
tratado por Santo Tomás, lo mismo que por los
demás pensadores medievales que se habían
ocupado de la teoría política
 El Estado es para Santo Tomás, como para
Aristóteles, una institución natural fundamentada en
la naturaleza del hombre. El hombre no es un
individuo aislado que pueda alcanzar su fin
simplemente como individuo, mediante la utilización
de su propia razón individual. El hombre es, por
naturaleza, un ser social
o política “ZOON
POLITIKON”, nacido para vivir en comunidad con
otros hombres.
FACTORES POLÍTICOS, SOCIALES Y CULTURALES QUE EN
EL SIGLO XVIII CONDUCEN A LA ILUSTRACIÓN
El siglo XVIII, llamado de la Razón o de las Luces, es
un siglo de equilibrio entre la Tradición y la Revolución,
simbolizado por el pensamiento de la Ilustración y las
Monarquías del Despotismo Ilustrado.
Las corrientes filosóficas del racionalismo y el
naturalismo de los grandes pensadores franceses
(Descartes), ingleses (Bacon, Hobbes) y holandeses
(Spinozza) del siglo anterior triunfaron al finalizar la
centuria en Alemania con Leibniz, en Inglaterra con el
empirismo de Locke y las investigaciones científicas del
genial Newton.
El ambiente de libertad política, diversidad religiosa y
prosperidad económica de la burguesía imperante en
Inglaterra y Holanda era el clima más adecuado para el
triunfo del pensamiento ilustrado. Sin embargo fue en
Francia donde la interpretación del empirismo inglés por los
racionalistas continuadores de Descartes produjo el
movimiento de la Ilustración.
Entre 1720 y 1780 aproximadamente, la economía
europea entra en período de desarrollo. Las causas de esta
prosperidad son las siguientes:
 Nueva influencia de metales preciosos procedentes
de América: el oro, al llegar al continente europeo,
reactiva la economía y la marcha de los negocios.
 Mayor prosperidad en la agricultura e industria: por
primera vez, en el siglo XVIII, el campesinado
europeo, después de pagar a la Iglesia, al noble y al
rey, queda con sobrante de dinero, que eleva su
nivel de vida. Terminan las grandes hambres y
epidemias características del siglo XVII. El poder del
aumento adquisitivo del campesinado posibilitará un
mayor consumo e impulsa un desarrollo de la
industria textil y el hierro.
Otra característica del siglo XVIII es que el
absolutismo monárquico alcanza en toda Europa su mayor
fuerza y esplendor. Es en este siglo donde la burguesía se
opone ya a la monarquía absoluta, pues aquella, que ya
tenía el poder económico, aspira a alcanzar el poder político
monopolizado por la nobleza.
Será la burguesía la que asuma el protagonismo en
este siglo, que se enfrenta al sistema político-social
establecido, aspira a destruir el denominado “Antiguo
Régimen” sintetizado en el absolutismo y los privilegios de
la nobleza y el clero, elaborando una nueva cultura: la
Ilustración.
En
el
nuevo
orden
internacional
europeo
desaparecieron por completo las influencias religiosas que
tanta importancia habían ejercido hasta mediados del siglo
XVII. Los conflictos europeos del siglo XVIII nacieron de
oposiciones dinásticas y económicas. Por tal motivo, esta
centuria es la época de las guerras de Sucesión y de las
luchas coloniales. A finales del siglo XVII asistiremos a la
guerra de Sucesión a la corona española.
En este siglo asistiremos al progreso de las ciencias,
de vital trascendencia para entender la situación del
progreso actual.
LAS NUEVAS IDEAS: PROGRESO, EDUCACIÓN O
ILUMINACIÓN, HUMANIDAD, CIVILIZACIÓN,
NATURALEZA.
La Ilustración fue un movimiento cultural europeo que
se desarrolló –especialmente en Francia e Inglaterra- desde
principios del siglo XVIII hasta el inicio de la Revolución
Francesa, aunque en algunos países se prolongó durante
los primeros años del siglo XIX. Fue denominado así por su
declarada finalidad de disipar las tinieblas de la humanidad
mediante las luces de la razón. El siglo XVIII es conocido,
por este motivo, como el Siglo de las Luces.
Los pensadores de la Ilustración sostenían que la
razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición
y la tiranía, y construir un mundo mejor. La Ilustración tuvo
una gran influencia en aspectos económicos, políticos y
sociales de la época. La expresión estética de este
movimiento intelectual se llamará Neoclasicismo.
Entre 1751 y 1765 se publica en Francia la primera
Enciclopedia, de Denis Diderot y Jean Le Rond D’Alembert,
que pretendía recoger el pensamiento ilustrado. Querían
educar a la sociedad, porque una sociedad culta que piense
por sí misma era la mejor manera de asegurar el fin del
Antiguo Régimen (el absolutismo y las dictaduras que se
basan en la ignorancia del pueblo para dominarlo). En su
redacción colaboraron otros pensadores ilustrados como
Montesquieu, Rousseau y Voltaire.
Los líderes intelectuales de este movimiento se
consideraban a sí mismos como la élite de la sociedad, cuyo
principal propósito era liderar al mundo hacia el progreso,
sacándolo del largo período de tradiciones, superstición
irracionalidad y tiranía. Este movimiento trajo consigo el
marco intelectual en el que se producirán la Guerra de la
Independencia de los Estados Unidos y la Revolución
Francesa, así como el auge del capitalismo y el nacimiento
del socialismo. En la música estaba acompañado por el
movimiento barroco y en las artes por el movimiento
neoclásico.
El iluminismo tampoco hubiera existido de no haberlo
precedido un debilitamiento del poder de la Iglesia a causa
de la reforma protestante, que dividió al mundo cristiano; y
del humanismo, movimiento filosófico que centró en el
hombre el objeto de las preocupaciones terrenales,
quitando a la religión ese privilegio y desechando el
teocentrismo.
Aunque existieron diversas tendencias entre los
ilustrados, reconocieron también una línea maestra común,
que los hizo solidarios en su lucha. Su arma es la razón y
desde ella luchan contra la religión revelada y la
superstición (llegando al deísmo o al ateísmo), contra las
estructuras políticas y sociales anquilosadas. Comparten
una ideología antropocéntrica, llena de optimismo activo
frente al futuro, porque creen en al progreso conseguido a
través de la razón, en la posibilidad de alcanzar la felicidad
en la tierra y de mejorar a los hombres, de por sí buenos.
En este sentido es un movimiento entusiasta, basado no en
un frío racionalismo, sino convencido de que la sensibilidad
es una potenciadora de la razón, si viene guiada de la
experiencia:”a medida que el espíritu adquiere más luces,
el corazón adquiere más sensibilidad” (La Enciclopedia).
En la segunda mitad del siglo XVIII, pese a que más
del 70% de los europeos eran analfabetos, la
intelectualidad y los grupos sociales más relevantes
descubrieron el papel que podría desempeñar la razón,
íntimamente unida a las leyes sencillas y naturales, en la
transformación y mejora de todos los aspectos de la vida
humana.
Para entender correctamente la Ilustración hay que
recurrir a sus fuentes de inspiración fundamentales: la
filosofía de Descartes y la revolución científica de Newton,
apoyada en unas sencillas leyes generales de tipo físico.
Los ilustrados pensaban que estas leyes podían ser
descubiertas por el método cartesiano y aplicadas
universalmente al gobierno y a las sociedades humanas.
Por ello, la élite de esta época sentía enormes deseos de
aprender y de enseñar lo aprendido, siendo fundamental la
labor desarrollada por Diderot y D’Alembert cuando
publicaron la Enciclopedia.
Como característica común hay que señalar una
extraordinaria fe en el progreso y en la posibilidad de los
hombres para dominar y transformar el mundo. El hombre
ilustrado exaltó la capacidad de la razón para descubrir las
leyes naturales y la tomó como guía en sus análisis e
investigaciones científicas. Defendía la posesión de una
serie de derechos naturales inviolables, así como la libertad
frente al abuso del poder del absolutismo y la rigidez de la
sociedad estamental del Antiguo Régimen. Criticó la
intolerancia en materia religiosa, las formas religiosas
tradicionales y al Dios castigador de la Biblia, y rechazó
toda creencia que no estuviera fundamentada en una
concepción naturalista de la religión. Estos planteamientos,
relacionados íntimamente con las aspiraciones de la
burguesía ascendente, penetraron en otras capas sociales
potenciando un ánimo crítico hacia el sistema económico,
social y político establecido, que culminó en la Revolución
francesa.
A modo de conclusión, podríamos resumir en las
siguientes características los rasgos más destacables de la
Ilustración:
 Antropocentrismo: hay un nuevo Renacimiento en
que todo gira en torno al ser humano. La fe se






traslada de Dios al hombre: hay confianza en lo que
éste puede hacer, y se piensa en que el progreso
del hombre es continuo e indefinido. Se desarrolla
una cultura laica e incluso anticristiana y
anticlerical.
Racionalismo: todo se reduce a la razón a y la
experiencia, y lo que ella no admite no puede ser
creído. Se rindió culto a la “diosa razón”, que se
asocia con la luz y el progreso del espíritu humano
Hipercriticismo: Los ilustrados no asumen sin crítica
la tradición del pasado y por ello desdeñan toda
superstición y superchería, considerándolos signos
de oscurantismo. Es preciso depurar el pasado de
todo lo que es oscuro y poco racional. La historia se
empieza a documentar con rigor; las ciencias se
vuelven empíricas y experimentales; la sociedad
misma y las formas de gobierno comienzan a ser
sometidas a la crítica social, lo que culmina en las
revoluciones al final del período.
Pragmatismo: sólo lo útil merece hacerse; se
desarrolla la filosofía del Utilitarismo preconizada
por Epicuro, bajo la fórmula de “la mayor felicidad
para el mayor número de gente”.
Idealismo: el buen gusto exige rechazar lo vulgar.
No se cuenta con los criterios estéticos del pueblo y
la realidad que ofrece la literatura es mejor de lo
que la realidad es. El lenguaje no admite groserías
ni insultos; todo es amable y elevado.
Universalismo: los ilustrados admiten una tradición
cultural cosmopolita. Todo lo francés se pone de
moda y poseer la lengua francesa se transforma en
un signo de distinción. El arte y la cultura francesa
influye en Alemania, España y Rusia.
Filosofía ilustrada: la Ilustración se nutrirá
filosóficamente de varios movimientos y corrientes
de pensamiento. Entre ellos cabe destacar el
Antropocentrismo,
Racionalismo
(Descartes;
Malebranche, Leibniz, Spinoza), el Empirismo
(Bacon, Locke,, Berkeley y Hume), el Materialismo
(Lamttrie,
D’Holbach),
el
Hipercriticismo,
el
Pragamatismo, el Idealismo y el Universalismo. En
el campo de la metafísica cabe destacar la obra de
Inmanuel Kant.
CARACTERÍSTICAS DE LA RAZÓN ILUSTRADA
La Ilustración es la ideología y la cultura elaborada por
la burguesía europea en su lucha contra el absolutismo y la
nobleza. También puede ser definida como la culminación
del
racionalismo
renacentista.
Las
características
fundamentales de la Ilustración son:





Racionalismo.
Búsqueda de la felicidad.
Creencia en la bondad natural del hombre
Optimismo.
Laicismo.
El ideal de la Ilustración fue la naturaleza a través de
la razón. En realidad no es más que el espíritu del
Renacimiento llevado hasta sus últimas consecuencias, en
manifiesta oposición con lo sobrenatural y lo tradicional. El
ilustrado llegaba al amor al prójimo partiendo de la razón y
no de la Revelación. La razón también podía llevarle a Dios
creador del orden universal o bien en no creer en principio
Supremo alguno. Por ello, la mayoría de los ilustrados eran
deístas o sencillamente ateos.
Sin duda, el vocablo más utilizado en el siglo XVIII en
literatura, filosofía y ciencia, es el de “racional”. Los
intelectuales de este siglo dieron a su época el nombre de
“siglo de las luces”, refiriéndose a las luces de la razón, de
la inteligencia, que debía iluminarlo todo. Se da una
enorme importancia a la razón: el hombre puede
comprenderlo todo a través de su inteligencia; sólo es real
lo que puede ser entendido por la razón. Aquello que no
sea racional debe ser rechazado como falso e inútil. Este
racionalismo llevó a la lucha contra las supersticiones, por
eso en este siglo termina la denominada “caza de brujas”.
En el campo de la religión, la postura racionalista hizo
que apareciese el deísmo: la mayor parte de los ilustrados
son deístas, afirmando la existencia de un único Dios
creador y justo, pero consideran que el hombre no puede
entrar en contacto con la divinidad y por lo tanto no sabe
nada de ella. De acuerdo con esto, los deístas rechazan las
religiones reveladas, pero al mismo tiempo practican la
tolerancia religiosa, pues si todas las religiones valen lo
mismo, todas deben ser permitidas.
Se habla constantemente de RAZÓN y NATURALEZA y
es que estos dos conceptos son los referentes básicos de la
Ilustración, pero la razón será considerada de forma muy
distinta a la razón racionalista a la que Kant tacha de
dogmática.
A modo de conclusión podríamos afirmar que los
pensadores ilustrados sostenían que la razón humana podía
combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía y
construir un mundo mejor. La razón y la ciencia iluminarán
las tinieblas del oscurantismo del pasado y alumbrarán una
nueva época. La Ilustración tuvo una gran influencia en
todos los aspectos culturales que se reflejan en la
aceptación de las siguientes tesis:
 El hombre es libre para pensar, expresarse,
trabajar, estudiar y mejorar.
 Defensa de la igualdad y fraternidad entre los
hombres.
 Los seres humanos poseen derechos y obligaciones
sociales.
 Tolerancia religiosa.
 Negación del poder divino del rey, de los privilegios
del clero y del ocio de la aristocracia.
 Negación del absolutismo.
 Defensa de una economía liberal.
Descargar