José Sanjurjo - Alianza Editorial

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JOSÉ SANJURJO
Nació en marzo de 1872, en Pamplona. Huérfano de un militar carlista, tras sus estudios
en la Academia militar, ingresó en el ejército, siendo su primer destino la isla de Cuba,
donde sirvió entre 1894 y 1898 y donde logró su ascenso a capitán. Acabada la guerra
en Cuba, fue destinado a Marruecos. Allí participó en numerosas campañas y acciones
bélicas por las que fue condecorado y ascendiendo en el escalafón por méritos de
guerra. Alcanzó el generalato tras su intervención en la reconquista del monte Gurugú,
después del desastre de Annual en 1921. En 1922 ocupó la Comandancia General de
Larache, para ser destinado, con posterioridad, al Gobierno Militar de Zaragoza.
Desde allí apoyó el golpe de Estado del general Primo de Rivera, en septiembre
de 1923, que dio paso a la dictadura, con la que colaboró estrechamente. Fue designado
para ocupar el cargo de Alto Comisario de España en Marruecos, y como tal fue jefe de
operaciones en el desembarco de Alhucemas de 1925 que supuso la derrota definitiva de
Abd-el Krim y la pacificación del protectorado. Alfonso XIII le premió con el título de
marqués del Rif, adquiriendo un gran prestigio dentro del ejército. En 1928 fue
nombrado director general de la Guardia Civil.
Al proclamarse la República, en abril de 1931, Sanjurjo se puso a las órdenes del
gobierno provisional, siendo ratificado en su cargo. Pero pronto empezó a manifestar
sus desacuerdos con el gobierno, con críticas a las reformas militares emprendidas por
Azaña o al nombramiento de un civil para el comisariato en Marruecos, que siempre
había ostentado un militar. Los problemas de orden público, sobre todo tras los sucesos
de Arnedo, donde la Guardia Civil, en venganza por lo ocurrido antes en Castilblanco,
dio muerte a varios trabajadores, llevaron al gobierno a destituirle. Sanjurjo fue
nombrado director general del cuerpo de Carabineros, lo que él consideró como una
degradación, distanciándole definitivamente del régimen, contra el que pasó a conspirar.
Así encabezó, en agosto de 1932, un intento de golpe de Estado, la «sanjurjada», en el
que estuvieron implicados algunos monárquicos carlistas y otros oficiales del ejército.
El golpe, iniciado en Sevilla, mal planificado y sin los suficientes apoyos, resultó un
sonoro fracaso. Sanjurjo fue detenido cuando intentaba huir hacia Portugal. Juzgado y
condenado a muerte, el gobierno de Manuel Azaña conmutó su pena por la cadena
perpetua que empezó a cumplir en la cárcel del Dueso y luego en la prisión militar del
castillo de Santa Catalina, en Cádiz.
La victoria electoral del centro-derecha, en las elecciones de 1933, dio paso a un
nuevo gobierno, presidido por Lerroux, que desde el primer momento se vio presionado
por los partidos de la derecha que le exigían la concesión de una amnistía para los
condenados por su participación en la sanjurjada. Pese a la oposición del presidente de
la República, Alcalá Zamora, Lerroux concedió finalmente la amnistía en abril de 1934.
Sanjurjo pudo salir de la prisión y se trasladó a Portugal, fijando su residencia en
Estoril, cerca de Lisboa.
Desde allí siguió participando en las conspiraciones militares y políticas contra
el régimen republicano, que se aceleraron tras la victoria del Frente Popular en las
elecciones de febrero de 1936. Aunque fue el general Mola el encargado de la
organización y dirección del golpe militar, José Sanjurjo fue, desde el primer momento,
el designado para ocupar la jefatura del mismo. Su intervención en los preparativos fue
decisiva para la incorporación definitiva a la conspiración de los tradicionalistas, con los
que siempre mantuvo una estrecha relación.
Al iniciarse el movimiento militar, una avioneta, pilotada por el monárquico y
exfalangista Juan Antonio Ansaldo, fue a recogerle a Estoril con intención de trasladarle
hasta Burgos para que asumiera el mando del ejército sublevado. Al intentar despegar,
el 20 de julio de 1936, la avioneta, probablemente por un exceso de peso, no pudo
elevar el vuelo y chocó contra un muro. José Sanjurjo falleció en el accidente.
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