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Nunca quise hacerte daño
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Sonia Hernández
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Nunca quise hacerte daño
Sonia Hernández
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“Amar no es solamente querer,
es, sobre todo, comprender.”
Françoise Sagan
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Fotografía y diseño de portada Patxi Escudero.
Inscrito en el registro de la propiedad intelectual territorial de Guipúzcoa.
Diciembre, 2012.
Depósito legal SS-274-2013
ISBN: 978-84-616-2982-4
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A Chloé, mi hija.
Porque con sólo mirarte, sé que el sueño más grande es posible.
A Javi, por entender que, en ocasiones, la escritura nos vuelve un poco
más solitarios.
A “mi Ama”, por proyectar mi sueño para hacerlo realidad. Gracias por
ser como eres. Nunca conoceré a un ser tan especial y luchador.
A Oihana y Alba, “mi equipo de edición”. Por leer esta locura y no dudar
en ofrecerme vuestra mano y acompañarme en la aventura. Gracias por
tantas jornadas literarias sin mirar el reloj.
Patxi, gracias por tu enorme paciencia y capacidad para entender cada
uno de los cambios de última hora.
Itziar, por aparecer en mi vida de repente en esa casualidad que nunca
existió, contagiándome tu ilusión y caminar de mi mano haciendo que lo
más difícil sea alcanzable con esfuerzo y humildad. Qué reconfortante es
compartir un mismo sueño.
Y a ti, mi querido amigo desconocido; por creer que mi sueño merece
estar entre tus manos. Porque, en cierto modo, también haces que esto
sea posible.
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Nunca quise hacerte daño
La gente camina de un lado a otro, alegre, divertida. Sinceramente,
parezco la única persona perdida en este enorme edificio. Vuelvo a echar
un vistazo al documento que me acaba de dar el portero.
Piso tres. Habitación trescientos catorce.
Estoy muy nerviosa. Me espera todo un curso universitario -el primero- lejos de Lancashire, mi casa, compartiendo habitación con a saber
quién. Y estoy segura de que no va a ser el único. Al menos otros cuatro años me mantendrán alejada de mi familia durante semanas.
Llevaba tiempo pensando en este momento. Realmente tenía muchas
ganas de comenzar a vivir a mi manera, con mi libertad. Poder tomar
mis decisiones y hacer lo que me apetezca.
Pero quizá por eso me siento tan nerviosa. Tengo ante mí una nueva
vida que sólo yo podré controlar y de la que únicamente yo seré la
responsable.
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No es que esto me preocupe demasiado. Quiero decir, confío lo suficiente en mí misma como para estar segura de que sobreviviré en esta
enorme ciudad llena de gente desconocida y enfrentándome a mi primer
año de universidad. Y al segundo, y al tercero… Además, Londres siempre ha sido una ciudad que me ha gustado.
Al menos me alegra saber que Lea, mi mejor amiga, también ha elegido esta universidad. Su habitación está dos pisos encima de mí, pero sé
que eso no será un problema para nosotras. Llevamos toda una vida juntas y el cemento no nos va a separar, y menos ahora.
Camino sin prisa por la planta en la que está situada mi habitación. Al
salir del ascensor he visto una pequeña zona de estar con varios sofás y
una televisión de un tamaño considerable, pero hoy no hay nadie utilizándola. El pasillo es bastante ancho, con habitaciones a ambos lado. Me
detengo ante la puerta de mi nuevo hogar. Reviso los números que presiden la madera y miro una vez más el documento que acabo de recibir.
Está bien.
Es la última habitación del pasillo. Junto a la puerta puedo divisar una
perfecta panorámica de la ciudad que se extiende ante el gran ventanal.
Con decisión saco la llave de mi bolsillo y la introduzco en la pequeña cerradura, que cede sin darme demasiados problemas.
Bien, ya estoy dentro. Hago un primer reconocimiento del lugar.
Frente a la puerta puedo ver una cama no demasiado grande con una
colcha horrorosa. A ambos lados hay unas pequeñas mesas de madera
con una lámpara cada una y junto a la cama veo una balda bastante destartalada que, sorprendentemente, resiste al tiempo.
Me alegra comprobar que dentro de la habitación podré disfrutar de
la misma vista que la descubierta en el pasillo.
La mesa de estudio parece ser lo suficientemente grande como para
utilizar mi ordenador portátil.
Continúo ojeando la estancia. Al otro lado puedo ver una segunda
cama apoyada contra la pared que sigue a la puerta. Esta sólo tiene una
mesilla de noche y junto a ella, la puerta del baño.
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Nunca quise hacerte daño
Veo un armario con cuatro puertas frente a la cama y supongo que
tendré que compartirlo. Lo pienso un momento y en el fondo descubro
que la habitación me agrada.
Estoy nervioso como el primer día que pisé el colegio mayor, aun-
que este debería ser el último septiembre que lo haga. Saber que durante el curso seré el consejero me produce cierto estrés. Sólo espero estar
a la altura.
-¡Eh! No me dejes esta bolsa en medio del pasillo, por favor.
-Perdona Mark, no me he dado cuenta -el tipo me dedica una sonrisa
amable cuando vuelve a por su equipaje.
Suelto mi maleta sobre la cama junto al ventanal. Supongo que es la
mía, ya que la otra está completamente llena de cosas. No me preocupa
no haber podido elegir entre las dos camas ya que, de haber tenido oportunidad, me hubiera quedado con esta.
-¡Hola! Soy Zara, tu compañera de habitación. ¡Encantada! Tú debes
de ser Lanna…
Y entra en la habitación alegremente para darme dos sonoros besos
en las mejillas. Me sorprende de veras que sepa mi nombre.
-Bueno, espero que no te importe que haya elegido la cama sin ti.
Es que no me gusta demasiado lo de dormir tan cerca de la ventana…
-Está bien, estoy de acuerdo. Por cierto, ¿cómo has sabido mi
nombre?
-Me lo ha dicho Mark, él tiene un listado de todos los residentes.Por
si acaso, ya sabes…
Le miró dudando. Ella evidencia que no tengo ni idea de qué me está
hablando.
-¿Mark…?- muevo mi cabeza en señal de duda.
-Mark, el consejero.
Por el gesto que hace intuyo que debería saber de quién habla. Alguna
vez había oído hablar sobre el tema de los consejeros en las residencias,
pero no imaginaba que en esta se fuera a dar el caso.
-¿El consejero?
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-Claro, ¿es que no has visto Felicity?
Recuerdo aquella vieja serie en la que una joven e inocente universitaria aterriza en Nueva York y acaba perdidamente enamorada de su consejero, aunque pasa por liarse con media residencia también.
-Mark es nuestro consejero. Está en quinto ya, es su primer año. Estoy
segura de que lo va a hacer muy bien.
Asiento sin hacerle demasiado caso. Estoy convencida de que durante
el curso tendré tiempo de conocer al tal Mark, aunque también lo estoy
de que no voy a necesitar de sus servicios. Nunca contaría mis penas a un
desconocido, desde luego. Y menos teniendo a Lea a dos pisos de mí.
-¿Es tu primer año, verdad? El mío también, aunque el año pasado ya
asistí como oyente a algunas asignaturas. Ya verás, te va a encantar la vida
de universitaria.
Empiezo a vaciar mi maleta sin demasiada prisa mientras Zara continúa hablando sin darse cuenta de que apenas le hago caso.
Llaman a la puerta y me giro sobresaltada. Yo, al menos, no espero a
nadie, aunque por un momento pienso que quizá Lea se haya acercado
a verme.
-¡Hola cariño!
Zara sale dando un salto del dormitorio y se abalanza a los brazos de
un tipo no demasiado alto, que viste una camiseta de algodón sin mangas
y un pantalón vaquero bastante estropeado.
Se besan en la boca durante demasiado tiempo sin importarles que yo
esté al lado.
Al fin ella se digna en despegarse de él para girarse hacia mí.
-Ella es Lanna, mi compañera de habitación.
Sonrío tímidamente y me fijo un poco más en el tipo. Parece mayor
que yo.
-Qué tal, soy Giulio.
Me tiende la mano y aprieta la mía con fuerza. Le sonrío con amabilidad.
-Es italiano -susurra Zara lo suficientemente alto para que él lo escuche-. Giulio repite segundo curso, es que le está costando un poco más
por el idioma. Pero me va a ayudar un montón, ¿verdad, cariño?
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Nunca quise hacerte daño
Se abalanza de nuevo a sus brazos y le besa sin darle tiempo a contestarle siquiera.
Hago un cálculo rápido y compruebo que Giulio me debe sacar al
menos dos años. Vuelvo a mirarle. Lleva el pelo bastante corto y barba
de algunos días. Sus ojos son de un verde claro. Es guapo. Se nota la diferencia de edad.
Ahora miro a Zara. Ambas compartimos un escaso metro sesenta.
Lleva el pelo muy largo y teñido de negro y rojo, aunque un poco ajado.
Sus ojos también son oscuros. Viste completamente de negro en un rollo
entre emo y gótica. No pegan nada, pero no le doy demasiadas vueltas.
Es un poco tarde y tengo hambre.
-Zara, ¿podrías decirme dónde está el comedor? Tengo un poco de
hambre.
-Está en el piso de abajo, junto a la entrada, pero tendrás que
presentar primero la tarjeta de residente.
Le miro indecisa, nadie me había hablado de eso hasta ahora.
-La tienes que pedir en la portería y luego la pasas cuando vayas a
comprar la comida. Es por el rollo de las becas ya sabes…
Pone cara de fastidio, lo que me hace recordar que algunos alimentos
están subvencionados y otros no.
-Pero te acompaño abajo, yo también tengo que recoger la mía.
Bajamos los tres en el ascensor en una situación bastante incómoda
para mí. Giulio permanece abrazado a Zara y le acaricia la tripa por debajo de la camiseta. No me gusta demasiado descubrir que esta pareja no va
a cortarse un pelo en demostrarse su amor durante el curso.
Y en poco tiempo descubriré de qué manera.
~•~
Hay un poco de cola en la portería, todos buscando lo mismo. Estiro
el cuello, sólo tengo a cinco personas por delante y parece que va bastante rápido. Les están haciendo firmar un documento y poco más. Saco mi
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Sonia Hernández
teléfono móvil del bolso y le envío un mensaje de texto a Lea para que
baje a recoger su tarjeta. Me apetece cenar con ella esta noche y quizá si
viene pueda quitarme de encima a estos dos.
Por fin llega mi turno. Zara ya está ojeando su tarjeta y parece no
hacerme demasiado caso.
-Nombre.
-Lanna, Lanna Muller.
El tipo ni siquiera levanta la cabeza del archivador cuando le hablo.
-Muller, has dicho.
-Sí…
Empieza a pasar un sobre tras otro bastante despacio. Nombre y
apellidos pasan ante nosotros mientras el tipo se afana por encontrar el
mío. Veo el sobre de Lea.
-Veamos… aquí estás, Lanna Muller.
Y saca un sobre de entre el resto para abrirlo con una parsimonia
irritante.
-Revisa que los datos son correctos y firma en la parte inferior.
Señala el papel con un dedo bastante grueso y arrugado, pero intento
quitarme ese pensamiento de la cabeza para concentrarme en revisar mis
datos personales. Están bien y se lo hago saber.
-Esta es tu tarjeta. Tendrás que pasarla por el escáner cada vez que
compres algo en la residencia. La cerveza, refrescos y snacks no entran.
Y más vale que no la pierdas o tendrás que pagar cincuenta libras por
reponerla. Y no te olvides de firmarla en la parte trasera.
Tomo el bolígrafo que está sujeto con una cadena al escritorio y firmo
con fuerza. Miro la tarjeta. En ella puedo ver el logotipo del colegio
mayor y mi nombre con el número de estudiante. Doy las gracias al tipo
y me alejo del mostrador preocupada por no perder de vista el trozo de
plástico a precio de oro.
-¡Eh, Lanna!
Es Lea. Todavía está en la cola y quedan seis personas delante de ella.
-¡Lea!
Le abrazo como si hiciera años que no la veo, aunque sólo hayan pasado horas desde que hiciéramos juntas en autobús el viaje hasta aquí.
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-¿Qué tal?
-Bien, acabo de conocer a mi compañera de habitación. Es muy simpática. ¿Y tú?
-La mía también, bueno, sin más, no sé… ¿Cenamos juntas?
-¡Claro! Venga, que te espero.
-¡Lanna! ¡Lanna, ven!
-Espera un momento y te presento a mi compañera de habitación.
De verdad que parece simpática.
Sonrío a modo de aprobación, todavía sorprendido por la confianza
con que Zara me habla, ya que nos conocemos desde hace apenas una
semana.
Lea y yo volvemos la vista y veo a Zara tratando de llamar mi atención con su mano en el aire.
-Es mi compañera de habitación. Voy a ver qué quiere y vengo.
-Jo, quítatela de encima y cenamos juntas.
Le guiño un ojo y ella caza al vuelo que significa un ¡Claro, vengo
enseguida!
Me acerco a mi compañera entre la gente. Sonrío al llegar a su altura,
ya que no quiero que piense que soy una antipática el primer día que nos
hemos conocido.
-Mira Lanna, él es Mark, el consejero.
Le miro tratando de no hacerlo demasiado descaradamente aunque sé
que no lo consigo. Se trata de un tipo mucho más alto que yo. Lleva el
pelo bastante corto y algo más largo en el centro, a modo de cresta. Tiene
los ojos castaños y la boca bastante pequeña, aunque muestra una dentadura perfecta. Tiene algo de barba aunque más cuidada que la de Giulio.
Viste un vaquero y una camiseta de algodón blanca que le sienta bien. De
su cuello cuelgan dos cadenas plateadas con algunas chapas y una tarjeta
con su nombre y su cargo dentro del colegio mayor.
-Cualquier cosa que necesites, acude a él, ¿verdad?
El tipo asiente sonriendo ofreciéndome su mano con decisión.
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Dudo un instante aunque al final decido darle un tímido apretón
de manos. Su mano cálida hace que me estremezca.
-Tú debes de ser…
Echa una ojeada a una carpeta con un listado de nombres interminable. Me molesta que no encuentre el mío a la primera.
-Soy Lanna -sonrío fastidiada, aunque sin entender del todo el motivo.
-Cierto. Lanna, la compañera de Zara. Espero que todo haya ido bien
en tu primer día en el colegio mayor -asiento-. Si necesitas alguna cosa,
estaré en la puerta de enfrente. Somos vecinos.
¿Vecinos? Oh, cielos, debe de haberme tocado la lotería y no me he
enterado. Resulta que en la puerta de enfrente tengo al tipo más guapo de
toda la universidad sin haberlo pedido. Definitivamente… ¡me gusta la
vida de universitaria!
Decido volver a la realidad cuando oigo a algún inoportuno llamar al
consejero.
¿Cómo es posible que todo el mundo sepa mi nombre? Ah, claro,
porque soy el consejero. Hago un gesto al residente que me llama en la
distancia y vuelvo la vista para despedirme de Lanna. Lo cierto es que me
ha parecido verdaderamente interesante pese a notarse que es mucho más
joven que yo. No mide más de metro sesenta y el cabello le cubre los
hombros. Es dueña de una preciosa y tímida sonrisa. Clavo la mirada en
esos enormes y redondeados ojos que parecen esperarme en un discreto
segundo plano.
-Ha sido un placer. Nos vemos, ¿vale?
Y a modo de despedida recibo algo parecido a un divertido saludo
militar.
-¿Quién es ese?
Lea me mira impaciente.
-Es Mark, mi consejero -anuncio restando importancia al detalle.
-¡Dios mío! Te lo cambio por la mía…- niego con la cabeza-. Venga,
Lanna, por favor…
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Nunca quise hacerte daño
Y me divierte verla casi rogándome lo imposible.
-Te ha gustado el chico, ¡eh!
Ambas miramos a Zara sorprendidas, aunque sé que no le habrá
resultado difícil darse cuenta de nuestra conversación. Noto que mis
mejillas se sonrojan.
Lea sonríe dándose por vencida. Zara nos ha pillado y no merece la
pena intentar disimular.
-Bueno, no te preocupes -anuncia mirándome directamente-, puedes
unirte a la larga lista de admiradoras del consejero.
-¿Hay una lista?
Ella me mira como si fuera tonta. Es evidente que sí.
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Pese a que hace un par de semanas que empezó el curso, es la primera
vez que venimos al “Cero Diez”, un pub que está bastante cerca del colegio mayor. Es de estilo irlandés y muy grande. La puerta está en el centro
del local, justo enfrente de una enorme barra de madera que recorre todo
el bar. Hay mesas a ambos lados y una zona de billares a la izquierda. Se
puede elegir entre una amplia selección de cervezas.
-Zara me ha dicho que aquí viene casi todo el campus, por eso de estar
cerca y ser bastante barato. Además, por la noche se debe de convertir en
un garito bastante interesante.
-A mí me gusta, la verdad. Dos Bud, por favor.
Me gusta que entre nosotras no sea necesario preguntar por gustos,
nos conocemos demasiado.
-Bueno, ¿y qué tal los primeros días?
-Muy bien, tía. La gente es genial. Puedo hacer de todo sin que mi
madre me pregunte de dónde vengo y a dónde voy. Además, las clases
son muy interesantes -asiento-, y he conocido a un chico… ya te lo presentaré, ¿vale?
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Nunca quise hacerte daño
-¿Dónde lo has conocido? No pensaba que estuvieras haciendo tanta
vida social.
-En clase de Derecho Civil. Se sienta detrás de mí. Como llegaste
tarde el otro día no te diste cuenta… Anda que…
-Perdona por dormirme, perdona…
Reímos.
-Mira, tu compañera.
Lea señala a la puerta y comprueba que llega Zara, con su estilo
oscuro y de la mano de Giulio, que casi parece un complemento para
ella. Me sonríe y Zara me saluda con la mano antes de dirigirse al otro
lado de la barra.
Lea me mira divertida y se coloca el dedo índice sobre la sien tratando de hacerme ver que Zara no está bien de la cabeza. Le miro sorprendida.
-Que no entiendo cómo puede estar con semejante chico, la verdad…
bastarda afortunada.
Me sorprende el calificativo. No le pega nada.
-Y encima es tres años mayor que nosotras…
-¿Tres años?
-Sí, hizo primero y repitió. Luego se pasó un año viajando por el
mundo y haciendo surf y este año empieza segundo.
-Veo que estás bien informada…
-Claro, tía. Por eso ella está en este colegio mayor, porque él vive
aquí también.
-Bueno Lea, no seas así, tú hubieras hecho lo mismo…
Ella me mira con suficiencia. Sabe que tengo razón y no parece tener
ganas de discutir por eso.
El local comienza a llenarse de gente. Bajan las luces hasta quedar bastante tenue el lugar. La música sube de volumen y las cervezas son sustituidas por copas.
-Creo que deberíamos irnos ya. Es tarde y mañana tenemos clase.
-Vamos Lanna, es jueves…
-Por eso mismo lo digo. No quiero volver a dormirme y faltar a la primera hora. Si quieres mañana salimos. Te lo prometo.
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Lea me mira con cara de fastidio. Entiendo que ella prefiera quedarse
un rato más y me hace sentir culpable con sólo mirarla.
-Mira, allí están las chicas.
Señalo a lo lejos. Al lado de la puerta de acceso al local están algunas
de nuestras compañeras de clase. Bailan animadamente cada una con una
copa en la mano.
-Si quieres te acompaño a saludarlas y me marcho.
-¿No te importa, Lanna?
-¡Claro que no, venga que te acompaño!
Caminamos con dificultad entre la gente que disfruta de la recién
empezada noche de jueves hasta llegar a nuestras compañeras. Nos saludan con entusiasmo.
-¡No os habíamos visto! -grita una de ellas en el oído de Lea.
-¡Estábamos en la barra, justo allí! -contesta mi amiga señalando los
dos taburetes que acabamos de liberar.
-¡Está divertido esto, eh!
-Sí, pero Lanna ya se marcha.
Ambas ponen cara de fastidio para intentar intimidarme y hacer que
cambie de opinión. Pero estoy bastante cansada.
-¡Bueno Lanna, entonces deberás pasarnos los apuntes de la primera hora!
-¡Trato hecho! -bromeo alzando mi dedo pulgar alegremente.
-Mañana dan una fiesta en casa de Greiff, ¿os animáis?
Ambas miramos a mi amiga dudando por un momento, pero enseguida Lea comienza a dar saltitos en el sitio.
-Es el chico que te dije, tenemos que ir, tenemos que ir…
La miro una vez más. No estoy segura de que me apetezca ir a la
fiesta de un desconocido.
-Va a ir prácticamente toda la residencia. Vamos chicas.
-Lanna, porfi, porfi…
Ahora sí que Lea me hace sentir mal al verla con las palmas de las
manos unidas en su pecho. Ahora sí está suplicando.
Pero de repente noto que me tocan con suavidad el hombro. Ha sido
casi un roce, y pese a que me han dado muchos durante la noche, éste es
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Nunca quise hacerte daño
diferente. Éste no ha sido sin querer. Me giro con rapidez y compruebo
que es Mark, el consejero, que me sonríe sin apenas detenerse en su camino hacia la salida del local.
Le devuelvo la sonrisa y le saludo agitando vivamente la mano, mientras los nervios recorren mi cuerpo.
Pero él continúa su camino como si nada.
-Vamos Lanna, que el consejero también va a ir a la fiesta.
Miro a mi compañera, seria. Parece que todos se van a fijar en cada
movimiento que realice. En fin, tampoco me queda otra opción y como
plan para el viernes por la noche, no es malo.
-Está bien. Iré.
Sonrío cuando Lea se abalanza sobre mí y me abraza con fuerza. Está
contenta y ahora me deja marcharme sin oponer más resistencia. Al fin y
al cabo, ya ha conseguido lo que quería. Quedarse en el local y acudir a la
fiesta de ese tal Greiff.
~•~
Joder, qué frío hace… Busco las llaves de la moto en mi cazadora y
me pongo el casco en cuanto me subo a ella. Giulio se acerca casi
corriendo.
-¡Eh, Mark! Me acabo de enterar de que mañana se inaugura la
temporada de fiestas. Es en el piso de unos de primero, ¿te animas?
Levanto la pantalla del casco para echar un vistazo al panorama.
Giulio está tan entusiasmado como si fuera el organizador del evento.
-¿Ya empezamos con las fiestas? Deja que lo piense -me pregunto si
Lanna y su timidez acudirán.
-¡No seas soso! -de un manotazo vuelve a bajar la pantalla y se aleja
corriendo por si acaso.
C amino sin prisa por la calle que separa el pub del colegio
mayor. Está casi desierta, pese a no ser más de las doce de la noche.
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Sonia Hernández
La temperatura es agradable, aunque tengo que abrocharme la cazadora
porque el aire comienza a venir frío.
Pienso en Lea, que se ha quedado con nuestras compañeras de clase
en el pub. Quizá debería haberme quedado con ellas un rato. Pero estas
primeras semanas en la universidad están resultando excesivamente
duras. Sé que estoy preparada pero aun así las clases son matadoras.
Atender, entender y tomar apuntes. Por la tarde pasarlos a limpio y repasar un poco para preparar la siguiente clase. No he tenido tiempo de
hacer demasiados amigos aquí, aunque estoy segura de que no voy a tener
problemas en ello.
Seguro que mañana, en la fiesta que el tal Greiff da en su casa conocemos a un montón de gente. Lea está loca. Sólo lleva unas semanas aquí
y ya ha echado el ojo a alguno. La verdad es que tengo ganas de verle. No
dudo que en breve caiga en las redes de mi mejor amiga. Ninguno se le
resiste nunca. Ella es muy abierta. Y guapa. Piernas interminables, ese
pelo tan suave… Vamos, mi antítesis.
Anda que, dar una fiesta en su casa, por otro lado. Yo no lo haría ni
loca. Además, mi madre no lo permitiría nunca. Ella es una maniática
de la limpieza. Ni siquiera deja que mi hermano lleve a sus amigos a
casa, no les deja pasar más allá del garaje, que tienen tomado como
lugar de encuentro.
Como para organizar una fiesta con un montón de universitarios con
las hormonas bailando…
Estoy delante del edificio en el que está el colegio mayor. “Good
Enough College” reza la gran placa junto a la puerta. Sonrío ante el grabado. Desde luego, razón no le falta al nombre.
A un lado hay varias motos aparcadas. Hubiera estado bien disponer de
una para los desplazamientos por aquí y así evitar los largos viajes en metro.
Pero teniendo en cuenta el dineral que les supone a mis padres la universidad y el colegio mayor, no podría irles ahora pidiendo una moto.
Sólo espero que, al menos, me concedan la beca.
Vuelvo a mirar las motos aparcadas. Hay de toda clase. Algunos
ciclomotores que parecen más bien cafeteras. Otras que están relativamente bien. Y un par de motos grandes bastante chulas.
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Nunca quise hacerte daño
En ese momento oigo el motor de otra que se acerca y al girarme
compruebo que viene directa al aparcamiento, así que decido apartarme.
Se coloca sin problema en uno de los pocos sitios libres y apaga el
motor. El dueño se baja de la moto sin dificultad y se afana en candarla.
Lleva un pantalón vaquero oscuro y una cazadora de cuero. El casco le
cubre el rostro. Camina hacia la entrada mientras se lo quita, moviendo la
cabeza al descubrirla. El cabello se le mueve, aunque lo lleva corto. Sonrío
al verlo, aunque no estoy segura de que él me haya reconocido, así que
decido continuar mi camino al interior del edificio. Un escalofrío ha recorrido mi cuerpo mientras presenciaba la escena y no quiero volver a parecer una tonta, como cuando me lo he encontrado en el Cero Diez. Así
que camino con rapidez y subo por las escaleras a mi planta para no cruzármelo en el ascensor.
El pasillo está tremendamente oscuro, únicamente iluminado por la
luz de las farolas que se cuela por el gran ventanal junto a mi dormitorio.
Camino intentando no hacer demasiado ruido, a pesar de estar casi convencida de que no hay nadie durmiendo.
Llego a la puerta de la habitación y me encuentro un pañuelo rojo
anudado en el pomo. Lo miro sin saber qué significa. Echo un vistazo al
resto de puertas, pero no veo que las demás tengan nada colocado. Quizá
Giulio se lo haya dejado allí a Zara o algo así. A lo mejor se le ha olvidado. O lo ha perdido. Coloco la mano en el pomo y me sorprende que
ceda, así que lo giro sin necesidad de meter la llave para comprobar el significado del pañuelo rojo.
Enciendo la luz al entrar en el dormitorio y me encuentro a Giulio -al
menos, imagino que es él- tumbado en la cama de Zara. Ella está sentada
sobre él, completamente desnuda y moviéndose con el pelo revuelto.
-¡Pero qué coño haces!
Me grita. Sí, es Giulio.
-Perdón -susurró avergonzada por lo sucedido.
Así que cierro la puerta y espero unos segundos apoyada en ella, esperando pacientemente a que mi corazón vuelva a su ser.
Pero en vista de que tardará en hacerlo decido sentarme en uno de los
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Sonia Hernández
sillones del vestíbulo. Todo está oscuro y en silencio y yo no sé qué hacer.
Quizá este fuera buen momento para ir a pedir ayuda al consejero. Podría
decirle que tengo la habitación tomada por dos viciosos que no respetan
las horas de sueño para sus actividades sexuales. Quizá lo entendiera.
Tomo una revista que hay sobre la mesa. Es de la semana pasada pero
me da igual. Además, ya había leído la que mi madre tenía en casa, así que
me dedico a pasar las páginas y mirar las fotografías sin prestarles demasiada atención.
Tengo sueño y estoy cansada. Ya es la una de la madrugada y a las
ocho tengo la primera clase. Así que con un poco de suerte podré dormir cinco o seis horas. Si Zara se decide a terminar pronto, claro.
Miro el sofá. Tampoco es tan incómodo. Subo los pies a él, cruzando
mis piernas, y apoyo la cabeza. Por primera vez en toda la semana consigo escuchar el silencio. Estoy tan cansada…
¿Y si enciendo la televisión? Quizá estén dando uno de esos programas del corazón. O alguno de adivinar la palabra secreta.
Abandono la idea en cuanto soy consciente de que mis ojos se han
acostumbrado a la oscuridad del lugar.
Cierro los ojos y comienzo a dejar pasar mis primeros días de universitaria ante mí. Clases, apuntes, compañeros cuyos nombres ya no recuerdo. Libros, biblioteca. Y más apuntes.
Si al menos hubiera tenido tiempo de coger alguno en mi intento
de incursión en mi propio dormitorio, ahora podría aprovechar el
tiempo.
Mañana hablaré con Zara. Esto no puede seguir así. También es mi
habitación y tengo derecho a entrar en ella cuando quiera.
Definitivamente, tendrá que buscarse otro sitio para esas actividades.
-¡Espera, yo también subo! -Ivanna se cuela en el ascensor y pulsa el
botón que nos transportará directamente a mi planta-. Hacía días que no
te veía.
-Pues no he estado demasiado lejos… -bromeo cansado-. Durante el
curso tendrás tiempo de aburrirte de verme.
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Nunca quise hacerte daño
Apoya la espalda en el espejo del ascensor y me dedica una dulce
sonrisa.
-No creo que eso suceda.
Oigo un ruido bastante lejano, pero que poco a poco va aumentan-
do. Abro los ojos y miro a mi alrededor para comprobar que la pequeña
luz del ascensor está encendida.
Mierda, sólo me faltaba que alguien me viera aquí. Espero que quien
esté dentro del ascensor no se detenga en este piso. Sube, sube… sube…
no te detengas…
Maldita suerte. La luz comienza a parpadear con prisa hasta volver a
quedar fija, como al principio. Veo la caja llegar despacio a mi piso. Cada
vez más despacio hasta detenerse. La puerta tarda unos segundos en
abrirse, pese a que una mano ya la sujeta firmemente.
Giro la cabeza hacia la ventana para intentar disimular. Puedo oír la
conversación aunque apenas la distingo. Pero es una pareja que parece
despedirse.
Con un poco de suerte, el residente pasa por delante de mí sin darse
cuenta de mi presencia. Esto está tan oscuro... ¡Y Zara no termina!
Siento que voy a morir de la vergüenza cuando intuyo que ambos han
salido del ascensor. Continúan hablando casi entre susurros. Comienzo a
mover mi pierna nerviosa, como si de uno de esos incómodos tics se tratara. Mordisqueo la uña de mi dedo corazón, irritada.
Creo que me han visto.
-¿Lanna? ¿Eres tú?
Lo peor que me podía ocurrir se acaba de hacer realidad. ¿Cuántos
estudiantes vivimos en este edificio? Veamos, hay dos pasillos por planta. Quince habitaciones por pasillo. Dos personas por habitación. Sesenta
por planta. Y cinco plantas habitadas. En total trescientas personas en la
residencia. Teniendo en cuenta que Lea y las chicas están en el Cero Diez,
Zara y Giulio continúan encerrados en mi dormitorio, y yo estoy aquí
esperando, el resultado son doscientos noventa estudiantes -aproxima27
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damente- que podían pasar por el pasillo en este momento. ¡Y tenía que
ser precisamente él!
Quizá tenía que haberme alquilado un piso o algo así…
-Vaya, hola.
Intento disimular, quitarle hierro al asunto, hacerme la loca. Cualquier
cosa con tal de que siga su camino y me deje esperar sin más.
Pero se ha quedado plantado a un lado del sofá, delante de mí.
Oh, no puede ser. Creo que Giulio es la última persona con la que me
apetece discutir por este tipo de cosas, pese a que puedo imaginar el motivo por el que Lanna no puede entrar en su dormitorio. Y en cierto modo,
siento que ella tenga que pagar las consecuencias. Porque de verdad parece una buena chica y no creo que merezca estar así nada más empezar el
curso. No me queda otra, así que… al ataque.
-¿Qué haces aquí? Es un poco tarde.
Sonrío bastante molesta por el comentario. Y por la casualidad también. Al final sólo alcanzo a asentir con una sonrisa sarcástica.
Mark retrocede unos pasos y vuelve la vista al pasillo para comprobar
lo que parece ya se imagina.
-Ya entiendo.
Se vuelve hacia su acompañante, que le espera sin quitarle ojo de
encima, bastante embobada, por cierto.
-Ivanna, nos vemos mañana.
Susurra como si no pudiera escucharle, a pesar de estar a escasos
metros de ellos.
-¿Te veo después de clase?
Pero no soy capaz de escuchar su respuesta. Sólo espero que haya sido
negativa.
Y si no es así, de hecho, debería darme igual. Qué me importa a mí lo
que el consejero haga con su vida. Si quisiera, podría continuar con sus
cosas y dejarme en paz.
Ahora la tal Ivanna ya no está. Ha tomado el ascensor y se ha marchado con su molesto ruido.
28
Nunca quise hacerte daño
-¿Vienes?
Miro de nuevo al consejero. Lleva un pantalón y una cazadora de
cuero con la cremallera atada. Enseguida reafirmo que el tipo de la
moto que vi antes es él. Lleva el pelo bastante revuelto. Pero me gusta
su estilo.
Me levanto del sofá con dificultad ya que mis piernas están entumecidas por la postura.
-¿Hace mucho que esperas?
Niego con la cabeza. Mentira podrida. La ciudad parece acercarse a
nosotros a medida que caminamos hacia el ventanal.
Mark se detiene ante la puerta del dormitorio y agarra con la mano el
pañuelo para sonreír después.
Golpea con fuerza la puerta en tres puñetazos secos.
-¡Giulio! Soy Mark.
Se oye una palabrota desde el interior de la habitación. Sonrío avergonzada.
-Tío, tienes diez minutos para terminar o tiraré la puerta abajo.
En unos segundos la puerta se abre despacio y puedo ver al novio de
Zara en ropa interior, pese a que intenta esconderse tras ella.
-Venga Mark, no seas así.
-Diez minutos.
-Media hora.
-Vamos, Giulio, no empieces…
Mark parece cansado de este tipo de situaciones.
-Quince minutos. ¡Sólo quince! No me puedo quedar así tío, no puede
ser bueno para el cuerpo.
Mark sonríe cómplice y yo lo hago completamente avergonzada.
Estoy segura de que mis mejillas se han enrojecido.
-Un cuarto de hora. ¿Hay trato? Venga Lanna… hay trato, ¿a que sí?
Le miro resignada. Sabe que no puedo negarme. Además, ahora que
tengo compañía no me importa esperar. Asiento.
-Quince minutos. Ni uno más.
Giulio da una palmadita en la mejilla del consejero y cierra la puerta
apresuradamente para volver junto a su novia.
29
Sonia Hernández
Mark desanuda el pañuelo del pomo y lo tira en el quicio del ventanal.
Se sienta en él y me deja un sitio a mí.
-No es necesario que esperes conmigo.
Él sonríe a sabiendas de que no se va a marchar hasta estar seguro de
que estoy en la habitación.
-Vaya, gracias, consejero.
-La historia del pañuelo es más común de lo que pensaba…
Le miro sorprendida.
-¿La historia del pañuelo?
Él lo toma en la mano y lo mira unos segundos. Sonríe con picardía
antes de regalarme una explicación.
-Es una especie de contraseña. Cuando te encuentres un pañuelo
atado en el pomo de una puerta no debes entrar en la habitación.
Digamos que es una… petición de intimidad.
-¿Como los carteles de no molestar de los hoteles?
-Algo parecido -sonríe mostrándome su perfecta dentadura-. Pero no
deberías permitírselo. Giulio es demasiado amigo de estas cosas. Si no
paras esto, vas a tener que pasar más de una noche en el sofá.
Abro los ojos al máximo. No quisiera tener que hacerlo, desde luego.
-La beca no me alcanzaba para una habitación individual.
-Bueno, el año que viene puedes ser la consejera y tendrás derecho a una.
Le miro incierta.
-¿Tienes una habitación individual?
-Claro. Ser consejero y estar disponible para los residentes tiene que
tener su lado bueno también, ¿no?
Asiento divertida.
-Algo más tendrá, para que hayas decidido serlo.
-Bueno, el año pasado mi consejero me ayudó bastante y es algo que
no me importaba hacer. Además, es bueno para mi expediente también.
No me molesta serlo, de verdad.
-Salvo cuando tienes que esperar a las... -miro mi reloj unos segundosdos de la mañana a que se libere una habitación para dejar a una estudiante en la cama.
-Arropada y con el pijama puesto -bromea.
Pero cuando escucho aquella frase, un escalofrío recorre mi cuerpo.
30
Nunca quise hacerte daño
No quiero que mi mente me juegue la mala pasada de imaginarme la
situación.
-Siento haberte estropeado la noche.
Y recuerdo a la tal Ivanna, que se ha quedado con las ganas de probar la
habitación individual del consejero. Bueno, no estoy tan segura de sentirlo.
-¡No pasa nada! Tranquila, de verdad.
Mark golpea con suavidad su rodilla contra la mía y en ese preciso
momento -qué rápido pasa el tiempo- la puerta de mi dormitorio se abre.
Es Giulio, que aparece bastante mal vestido y con la barba de la última vez que le vi mucho más poblada.
-¿Veis? Puntual como un reloj suizo.
Su acento italiano me divierte.
-¡A dormir!
Y se marcha tarareando una canción bastante pasada de moda mientras intenta arreglarse el pantalón sin éxito.
-Bueno, muchas gracias por todo, Mark -sonrío con timidez y nerviosismo.
-Para lo que necesites, sabes dónde encontrarme.
Mark señala con su dedo índice la puerta de enfrente, lo que me hace
recordar la suerte que he tenido con el reparto de habitaciones.
Sonrío volviendo la vista al suelo y entro en la mía.
Zara está en el baño. La ventana abierta de par en par, lo que agradezco nada más entrar. Su cama es un desastre, pero me tranquiliza comprobar que la mía está intacta.
Saco mi pijama de debajo de la almohada y me lo pongo sin prisa. Ha
sido un día largo, pero ahora no quiero que termine. De hecho, me hubiera gustado que Giulio se retrasara en los malditos quince minutos.
Por fin, me meto en la cama y me tapo con el edredón recién adquirido por poco dinero. Zara sale del baño.
-Oh, Lanna, lo siento…
Sonrío intentando ocultar mi enfado.
-No pasa nada, Zara, pero no lo hagas más, al menos entre semana.
-Jo, si es que pensaba que estarías en el Cero Diez hasta tarde y… no
pensaba que nos fuéramos a retrasar tanto…
31
Sonia Hernández
-No te preocupes.
Giro mi cuerpo y le doy la espalda. No tengo más ganas de hablar con
ella y menos de esto. Ahora estoy enfadada y prefiero esperar a otro
momento. Apago la luz cuando noto que mi compañera está en su cama
también.
-Lanna -susurra en la oscuridad.
Emito un gemido como respuesta. Realmente ya estaba casi dormida.
-¿Puedo contarte un secreto?
Repito el sonido. Diga lo que diga, me lo va a contar igual.
-Bueno, es que necesito contarlo… verás… ha sido mi primera vez…
El corazón me da un vuelco. ¿La primera vez de Zara ha sido con un
italiano tres años mayor que ella y con un pañuelo rojo en la puerta? Y lo
peor de todo, interrumpida por su compañera de habitación.
Extiendo la mano para encender la luz de la lámpara de mi mesita
de noche.
-¿Qué dices?
La luz me molesta. Ambas estamos incorporadas en nuestras camas.
-Que Giulio y yo…
-Ya he oído, Zara -evidencio.
No estoy segura de querer escuchar la historia. Giulio tiene pinta de
ser uno de esos tipos que va de flor en flor.
-¡Pues eso! -ella parece feliz.
-¿Cuánto tiempo hace que salís juntos?
-Empezamos a salir antes del verano. Casi tres meses. Bueno, ya
habíamos estado juntos antes, pero nunca habíamos llegado hasta el
final, ya sabes.
Está alterada.
-Bueno, durante el verano no nos hemos visto mucho, porque él ha
viajado a Italia a ver a su familia.
Prefiero no pensar en qué habrá hecho un tipo como Giulio en Italia
durante el verano.
-Pero me ha tratado muy bien. Es tan cariñoso… me ha dicho que me
quiere y todo -anuncia orgullosa.
Pero yo únicamente tengo en mi mente la imagen de Giulio en la
32
Nunca quise hacerte daño
puerta, en calzoncillos y pidiendo por favor que no le dejemos “así”.
Es evidente que cada uno cuenta la película como mejor le conviene.
-Mañana lo hablamos, con más tranquilidad, ¿vale?
Ambas sabemos que no lo haremos.
-Hasta mañana.
-Que descanses, Lanna.
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Sonia Hernández
Son las siete y media y no consigo que mis ojos se despeguen del todo.
La ducha me ha sentado bastante bien, pero el secador de pelo ha conseguido que la cabeza me retumbe.
Me pongo un pantalón vaquero y una camiseta. Recojo mi cabello en
una descuidada coleta, aunque no considero que me siente mal, la verdad.
Dejo que las micro gotas del perfume impregnen mi cuello y cuando consigo apreciarlo salgo de la habitación con mi carpeta en la mano.
Entro en la enorme aula y ya están casi todos los asientos ocupados.
Miro a mi alrededor con prisa intentando encontrar un lugar libre, pero
en ese momento veo a Lea que me llama con la mano desde el suyo, así
que corro hasta ella y ocupo el asiento que me estaba guardando.
Echo un vistazo alrededor. Me gusta el lugar. Las sillas están dispuestas a modo de anfiteatro, con bastante caída, que desemboca en un espacio despejado ocupado únicamente por la mesa del profesor y dos enormes pizarras clavadas a la pared.
34
Nunca quise hacerte daño
Lea está sentada a mi izquierda y se dedica a hacer garabatos en su
cuaderno, mientras el profesor comienza lo que se presagia como una
clase magistral y yo tomo apuntes hasta casi dolerme las muñecas de
escribir.
Me alegro de haber elegido esta asignatura. Pese a ser una optativa es
muy interesante, aunque, a juzgar por el comportamiento del resto de la
clase, debo de ser la única que opina de este modo.
Qué ganas tengo de quitarme esta asignatura de encima. Maldita la
hora en que la elegí. Me recuesto en la incómoda silla, dispuesto a disfrutar del carcamal que nos deleita cada viernes con su sabiduría. Pero el
aburrimiento más absoluto provoca que mi mirada recorra el aula.
Veamos… Algunas caras que repiten asignatura, Giulio sentado a tres
filas de mí. Y mi vecina y su angelical sonrisa, que parece más interesada
en la conversación con su amiga que en la clase.
Lea continúa dibujando corazones en su cuaderno y algunos alumnos
murmuran entre ellos mientras el profesor, un tipo de casi sesenta años,
habla y habla sin darse cuenta de esto.
Mi amiga me propina un codazo para que le haga caso: “¿Qué tal llegaste anoche?”, leo en su cuaderno.
“Bien” le contesto en su mismo papel. “Aunque tuve un pequeño
contratiempo al llegar. Zara estaba en la habitación con Giulio y me tocó
esperar en el pasillo un buen rato”.
Ella sonríe. Posa la punta de su bolígrafo en el cuaderno y empieza a
escribir. Mueve un poco mi cuerpo para tener más sitio mientras sigue
escribiendo, pero parece arrepentirse y tacha sus palabras con fuerza.
-¿Les pillaste? -susurra cerca de mi oído colocándose la mano izquierda sobre sus labios.
Asiento.
-¿Viste algo?
Y vuelvo a asentir notando que mi boca se inunda en una sonrisa al
recordar lo sucedido.
-¿Y cuánto tiempo te tocó esperar?
35
Sonia Hernández
Ahogo una risa y mi amiga caza al vuelo la respuesta.
-Pero no estuvo del todo mal -le susurro tapando ahora yo mi boca-.
Apareció el consejero y me salvó de aquello. Les amenazó para que terminaran y se quedó conmigo hasta que pude entrar a la habitación.
Lea simula un enfado y niega con la cabeza. Me siento orgullosa.
-¿Estuviste con él?
-No exageres. Sólo hizo lo que debía. Al fin y al cabo, es mi consejero, ¿no?
-¡Pero no tu niñero!
Sonrío sin poder evitar emitir un sonido ahogado. Algunos alumnos
se vuelven al escuchar a mi amiga.
-Pues allí lo tienes. Mira, mira…
Y vuelvo a notar un codazo en mi brazo. Otra vez siento que estoy
nerviosa y cuando mi mirada se cruza con la suya, comienzo a temblar.
Me sonríe, una vez más.
-¡Te ha mirado, te ha mirado!
Siseo para que baje el tono de voz.
-Déjalo, Lea. Además, está con alguien.
Me mira preocupada.
-Ayer le vi con una de tu planta. Creo que coincidimos con ella en
alguna clase. Si la veo te digo quién es.
-Igual sólo estaban hablando. Es su trabajo como consejero…
-Vamos, Lea. Hablando a media noche. Déjalo, en serio.
-Anoche estuve con Greiff -mi amiga decide cambiar de tema sin
avisar-, me invitó a la fiesta que dan hoy. Me ha dicho que vengas si te
apetece.
Asiento de nuevo mostrando que le acompañaré. Pero ahora mis pensamientos están en otra parte. La fiesta de Greiff me da igual. Pienso en
Mark y en Ivanna. Hace unos segundos he pronunciado algo que hasta
ahora no había querido pensar siquiera. ¿Se dirigirían anoche a la habitación de Mark? Si Giulio y Zara estaban en la nuestra, él también podría
hacer lo mismo en la suya, sólo que sin molestias. Bueno, salvo yo, que
resulté una molestia antes de lo previsto. Comienzo a sentirme enfadada,
pese a ser consciente de que no tengo motivo alguno por el que estarlo.
36
Nunca quise hacerte daño
El consejero es libre de hacer lo que quiera y entre nosotros no hay nada
que le impida hacerlo.
Creo que tendré que acostumbrarme a estas cosas. Dormimos puerta
con puerta y en algún momento tendré que verle con otra. Además, sólo
hace unas semanas que le conozco y no puedo sentir nada por él. Sólo
me gusta, me atrae. Sí, ¿y qué? El curso acaba de empezar y tengo que
estar centrada en la carrera. Y no en el consejero. Pero es tan… todo.
-¿Te gusta el consejero, verdad?
-Un poco -me siento como desnuda con esta declaración.
¿Se ha ruborizado cuando nuestras miradas se han cruzado? Es evi-
dente que sí. Vamos Mark, déjate de tonterías y preocúpate de sobrevivir
a tu último año de carrera. Lo último que necesitas es un lío con una de
primero. Pero me ha resultado tan gracioso que vuelvo a mirarla cuando
termina la clase sólo para deleitarme con esas mejillas sonrosadas.
~•~
El comedor está bastante lleno. Hago deslizar mi bandeja por la barra
metálica mientras inspecciono el menú. De primero ensalada completa,
pasta a la bolognesa y alguna legumbre con muy mala pinta.
Estiro el cuello para llegar más allá. Consigo divisar algo de pollo en
una salsa verdosa que no parece nada apetecible. Pescado a la plancha.
Aros de cebolla. Y hamburguesas que casi parecen crudas.
Decido tomar uno de los cuencos con la ensalada preparada y lo coloco con cuidado en mi bandeja, dejando el espacio suficiente para el
segundo plato.
-Pescado, por favor.
La camarera, una señora que hace tiempo pasó los cuarenta, toma una
de las rodajas del pescado y lo coloca sin cuidado sobre mi plato. Lo
acompaña con un buen puñado de patatas fritas.
-¿Para beber, Coca?
37
Sonia Hernández
Lea me mira sobre su hombro, con medio brazo dentro de la cámara
de las bebidas. Asiento y me coloca en una esquina de la bandeja una
botella de cristal de Coca-Cola light.
Llegamos a la caja. Hay un tipo bastante gordo sentado, con los dedos
posados sobre la pantalla táctil. Nos hace una señal para que pasemos
nuestra tarjeta de identificación por el lector. No vacilamos.
El aparato emite un suave bip para avisar que la tarjeta es válida.
Mientras Lea paga su comida yo me dedico a recolocar la mía en la
bandeja para igualar el peso.
-Una libra.
Le tiendo la moneda que ya tenía preparada en el bolsillo al tipo de
la caja
-Por la Coca-Cola. No entra.
Asiento. Desde que hemos empezado el curso, cada día preparo la
libra para poder disfrutar del único capricho que mi beca no cubre. Pero
no me importa. Sólo supone siete libras a la semana. Treinta y un libras
al mes. Creo que mi maltrecha economía de estudiante podrá soportarlo.
Doy un gran trago a mi tesoro nada más sentarme en la mesa. Lea está
enfrente de mí y marea la pasta con su tenedor.
-Tranquila, que vas a finiquitarla antes de empezar a comer… -bromeo.
Menuda autopsia.
-¿Qué pasa, la he pagado, no? Pues eso -ella se ríe-. ¿Qué vas a ponerte esta noche?
Le miro incrédula.
-No sé qué ponerme… estoy un poco nerviosa. ¿Sabes? Greiff me ha
invitado. Creo que le gusto. ¡Y quiero ir bien a la fiesta!
-Vamos, Lea. Concualquier cosa estarás bien.
No me apetece hablar sobre ropa ahora.
-¿Qué te ha parecido la última hora? Creo que es una asignatura algo
complicada. Igual me paso esta tarde por la biblioteca para investigar
por mi cuenta. ¿Te animas?
-Vamos Lanna… es viernes, las clases han terminado ya. Déjalo
hasta el lunes, por favor…
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Nunca quise hacerte daño
-Pues empezamos bien… -me quejo.
Oigo a un par de chicos gritar con un tono de voz exageradamente
alto. Me enderezo en mi asiento para ver de qué se trata. Son los de
segundo. He coincidido con ellos en la clase de primera hora.
-¿Qué pasa? Desde aquí no puedo ver nada. Infórmame, anda -se
queja Lea aún mareando la pasta.
-Nada, son los de segundo, que están armando jaleo.
Ella decide girarse con el disimulo justo y ambas permanecemos un
rato mirando la actuación de los que creen que el comedor es suyo.
Avanzan entre las mesas en busca de alguna lo suficientemente grande como para que puedan comer todos juntos. Los miro sin ningún tipo
de complejo.
-Cómo están los de segundo, ¿eh?
Miro a Lea sonriendo. Sé que tiene razón.
-Tenemos que cambiar el sitio en las optativas. Mezclarnos con ellos.
-Pues ya sabes -ella me mira dudando-: cámbiate de mesa y mézclate
con ellos ahora.
Mi amiga comienza a ponerse completamente roja en cuanto escucha
mis palabras.
-Pero a ver cómo se lo explicas a tu amiguito esta noche.
Al final se han sentado en una mesa no muy lejos de nosotras.
Algunas chicas les acompañan también. Lea y yo podemos escuchar todo
lo que dicen y lo comentamos divertidas.
-Entonces vamos a la fiesta, ¿no?
Lea abre los ojos al máximo.
-Va, tíos, mejor vamos al Cero Diez.
-Joder, por una vez podríamos salir de aquí y largarnos a cenar por
ahí… -se les oye desde lejos.
-Vamos, que no se ponen de acuerdo entre ellos -bromea mi mejor
amiga-. Creo que lo mejor será que me acerque y les convenza yo.
-Eso, diles que deben mezclarse contigo.
-Eh, mirad tíos, es Mark. ¡Eh, Mark!
Y el grupo se gira de golpe para ver la llegada del consejero. Y Lea
también lo hace. Pero ninguno tan rápido como lo he hecho yo. Y no sé
39
Sonia Hernández
si estar orgullosa o darme cabezazos contra la pared por ello. Porque creo
que él se ha dado cuenta de que mi mirada le esperaba entre el resto.
¿Por qué no deja de mirarme? Lo cierto es que no me molesta lo más
mínimo. Este juego me gusta, sobre todo porque sé que Lanna no es
consciente de que está consiguiendo avivar mi curiosidad con su comportamiento. Se la ve tan tímida pero independiente al mismo tiempo… sólo
espero que, llegado el momento, no se me escape de las manos.
Sigo sus pasos con mis ojos. Él no parece notarlo. Y si se ha dado
cuenta, no parece importarle. Así que me limito a disfrutar de las vistas.
Se sienta con el resto.
-Eh, qué pasa consejero. Estábamos hablando de la fiesta de esta
noche. ¿Vendrás, no?
Él sonríe mientras come un aro de cebolla.
-Estos muermos prefieren ir al Cero Diez. Yo creo que mejor la fiesta. Va a estar llena de gente de primero, así que no será demasiado difícil… ¡y la bebida gratis!
Introduce el dedo índice de su mano derecha en otro de los aros de
cebolla de su plato.
-Menudo patán es ese tío.
Lea me mira incrédula. No se ha dado cuenta de nada y decido no
explicárselo. Tiene grandes expectativas para esta noche y prefiero no
destruir su mundo.
Total, que al final terminamos de comer y no he conseguido enterarme de si el consejero irá a la fiesta de Greiff. De todos modos, he prometido a mi mejor amiga acompañarla y ya no puedo echarme atrás. Si
Mark decide no ir, quizá sea mejor no saberlo. Si descubro a qué otro sitio
va a ir esta noche, a ver cómo me las apaño para escaparme de casa de
Greiff.
~•~
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Nunca quise hacerte daño
Ya es de noche. La tarde en la biblioteca no ha estado mal del todo.
Estaba casi vacía. Es lo que tienen los viernes. La gente está demasiado
ocupada preparando el fin de semana. O empezándolo.
Vuelvo a mi habitación. Zara está allí, plantada delante del armario,
con ambas puertas abiertas.
Sus brazos reposan sobre la cintura. Está en ropa interior.
Cierro la puerta, cansada, y me dejo caer en la cama. A lo lejos puedo
escuchar música que sale directamente del dormitorio de Mark. El volumen está excesivamente alto, pero no me importa escucharla. Es house.
-Menos mal que has venido, Lanna. Necesito tu ayuda. Esta noche
voy a salir con Giulio y no sé qué ponerme, ¿falda o pantalón?
Me mira contrariada
-Depende, ¿a dónde vais? ¿A la fiesta que dan Greiff y éstos?
Me hago la despistada. Quizá así me desvele si el consejero también
tiene pensado pasarse por allí.
-No, no creo. Giulio me ha dicho que iremos a cenar por ahí. Quizá
al Sports Café. Me encantan las hamburguesas de ese sitio. Y después
supongo que daremos un paseo. Ya sabes…
Me dedica una sonrisa pícara. Sí, claro que sé, primero cenaréis y
luego lo que surja.
-¿Podré entrar en la habitación esta noche? -casi parece una súplica.
-Te lo prometo. Esta mañana he vuelto a estar con él. Ya sabes.
Le miro esperando más.
-Lo hemos hecho de nuevo. Esto es una pasada, tía. Me ha llevado… -mira a su alrededor, como si alguien pudiera escucharnosa Hyde Park.
-¿En…? -abro los ojos al máximo al escuchar esto.
-Sí, al principio me dio un poco de corte. Bueno, era casi de noche, no
había mucha gente por allí. Pero ha sido muy divertido, en serio. Giulio
es muy imprevisible y eso me gusta.
Coloco la palma de la mano sobre mi frente, tratando de que mi imaginación se detenga ahí. Niego con la cabeza. No puede ser que se haya
pegado el mayor madrugón desde que empezó el curso para ir al parque
con Giulio.
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Sonia Hernández
-Entonces ponte una falda -propongo decidida.
-¿Tú crees?
-Si acabáis de nuevo en el Hyde, al menos tendrás acceso rápido.
-¡Qué burra eres!
Y golpea mi cabeza con los cojines que hay sobre mi cama.
-¿Tú qué plan tienes?
-Iré a la fiesta de Greiff. Con Lea.
-Son majos esos tíos. Yo iría, sino fuera por... ya sabes.
Ahora Zara lleva puesta una falda vaquera bastante corta, que combina con una camiseta muy escotada.
-Va a ir bastante gente, lo pasaréis bien.
-Sí, bueno. Prometí a Lea que la acompañaría. No tengo demasiadas
ganas. No creo que conozca a nadie.
-Bueno, creo que Mark y los demás van a ir también. Puede ser una
buena oportunidad para invitarle a una cerveza por lo de la otra noche,
¿no te parece?
Siento que me sonrojo. No puedo creer que incluso Zara se haya dado
cuenta de que, en cierto modo, Mark me llama la atención. No es posible
que sea tan evidente.
-¿De verdad van a ir? -continúo ordenando mis apuntes, como si en
realidad no me importara demasiado la respuesta aunque, a decir verdad,
estoy deseando que Zara suelte todo lo que sepa.
-Eso decían esta tarde.
En un rato me encuentro en la misma situación que Zara. Delante del
armario, en ropa interior y los brazos en jarra. Y sin saber qué ponerme.
Mierda. Quién me iba a decir a mí que iba a estar de esta manera. Resoplo
mientras muevo las perchas de un lado para otro. Miro al techo de mi
dormitorio y puedo imaginar a Lea del mismo modo que yo. Aunque con
bastante más stock en su armario.
Vuelvo a dar un repaso a la ropa y saco de su percha el pantalón más
ajustado que tengo. Me cuesta esfuerzo colocármelo. Lo conjunto con
una camiseta negra con espalda de nadadora. Coloco con cuidado mis
botas negras, de caña bastante alta y completamente planas. Si supiera
andar mejor con tacones…
42
Nunca quise hacerte daño
En un segundo estoy delante del espejo. Recorro con lápiz la línea de
mis ojos con cuidado. Lo acompaño con unas elegantes sombras grises y
perfilo mis labios para darles un poco de brillo. Aprieto varias veces el
pulsador de mi perfume preferido y me pongo una gran pulsera en la
muñeca derecha. El pelo, perfectamente alisado, me hace parecer mayor.
Salgo de la habitación y bajo al vestíbulo. Me pongo la cazadora de
cuero, hace un poco de frío. Espero que Lea no tarde demasiado en venir.
43
Sonia Hernández
-¿Viven muy lejos?
-Que no pesada, que no.
El metro está casi vacío, pese a ser viernes noche. En el mismo
vagón que nosotras viajan tres chicas que parecen dispuestas a comerse el mundo esta noche. Una de ellas, la más alta y delgada, viste un
escaso vestido de flores y palabra de honor. Se ha maquillado en exceso. La otra, más bajita y bastante regordeta, lleva una minifalda negra
y una camisa transparente. Imagino lo que su amiga le habrá dicho
para convencerla a salir de esa guisa. Y la tercera viste un simple pantalón vaquero y un jersey de lana, acompañando el look con unas elegantes gafas de pasta. Parece que acaba de salir de alguna clase de ética
o algo así.
La más alta saca su móvil del bolso y pone música en él. Ella y la gordita comienzan a bailar, mientras la de las gafas intenta pasar desapercibida. Se agarran a la barra del vagón y bailan con ella. Acabo de verles las
bragas. Lea disimula porque no puede retener más la risa.
-¿Crees que acabaremos alguna vez así?
44
Nunca quise hacerte daño
Resoplo.
-Estás muy guapa esta noche -la halago para intentar calmar su
estado de nervios pre-fiesta.
Parece que es la noche de las mini micro faldas y Lea se ha sumado a
la moda. Lleva una de ellas conjuntada con una camiseta roja que le sienta bien. Camina perfectamente montada en unos tacones de vértigo.
-Eh, tú tampoco estás mal.
Bueno, al menos, algo es algo.
~•~
Llegamos al edificio donde será la fiesta. Es un poco viejo, pero elegante. Tomamos el ascensor y Lea aprieta el botón que nos conducirá al
sexto piso. El último. Cuando el visor nos anuncia que estamos en el
cuarto, ya podemos escuchar música a lo lejos, que se acerca según
ascendemos.
Se abren las puertas para nosotras y aparecemos en un vestíbulo con
dos puertas. Ambas nos miramos, no sabemos cuál puede ser.
-Creo que es ésta.
Señalo la de la derecha. Lea me mira y le enseño el cartel que hay colocado en la entrada del ascensor. Es una flecha roja que señala la casa de
Greiff y sus compañeros. Dentro de la flecha hay una nota musical dibujada con poco esmero.
Mi amiga aprieta el timbre, que ni siquiera oímos sonar. La puerta se
abre, pero Lea se desespera al ver que no es él.
-¡Eh! Vosotras debéis ser invitadas de Greiff. ¡Adelante!
Y pasamos.
La casa es grande. Estamos en un gran salón, sin muebles. En el
fondo derecho puedo ver la encimera de la cocina y una gran isla con los
fogones. Parece que la han convertido en la barra de las bebidas. Lea me
toma la mano y nos acercamos a ella. Me ha dicho que allí está su chico.
Saluda al tipo con alegría. Él se acerca y le da un beso en la mejilla y
desde la distancia puedo ver que mi amiga está apunto de derretirse.
45
Sonia Hernández
Me lo presenta.
Es un tipo guapo. Bastante alto. Moreno, con el pelo un poco crecido. Lleva algo parecido a un corto flequillo. Y es realmente simpático.
-¿No te recuerda a Danny?
-¿Qué Danny? -no recuerdo conocer a ningún Danny en todo
Blackpool.
-Jo Lanna, no te enteras de nada. Pearl Harbor.
Intento rememorar la película. Mi amiga tiene razón. Se parece bastante al guapo de la peli, así que no me queda más remedio que asentir.
Ella está orgullosa de ello. Qué le vamos a hacer, siempre hemos sido
unas románticas sin remedio.
-¿Qué tomáis?
-Bud para las dos.
-Venid, que os presento a mis colegas.
Caminamos tras él por la cocina hasta llegar a un tipo que permanece de espaldas. Lea está nerviosa.
-Él es Loan -anuncia cuando su amigo se gira para vernos.
Da dos besos en la mejilla de Lea y se acerca a mí. Posa una de sus
manos con firmeza en mi cintura y me da un beso a cada lado de la cara,
rozando casi las comisuras de mis labios. Huele bien.
Suena In my arms, de Kylie Minogue.
-¿Bailamos?
Greiff se lleva a Lea al centro del salón y mi cerveza se escapa con
ellos.
-No te había visto por la facultad estos días.
Sonrío a Loan, que está a mi lado.
-¿Quieres tomar algo? -levanta su cerveza y la agita.
-Una Bud, por favor.
Se da la vuelta y abre un frigorífico de dos puertas. Le observo
desde allí. Es muy alto. Delgado. Es casi pelirrojo y lleva el pelo bastante revuelto. Barba de algunos días y patillas largas. Viste un pantalón
vaquero con una camisa de pequeñas rayas azules y blancas. No me gusta
la camisa. Ni un poco. Pero él es atractivo. Vuelve con mi cerveza en la
mano y otra para él. Me la pasa, con una sonrisa que me muestra su
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Nunca quise hacerte daño
imperfecta dentadura. Puedo ver un divertido baile de dientes que me
hace sonreír.
Ambos chocamos la base de nuestras cervezas.
Comienzo a mover con disimulo -y torpeza- mi cuerpo. La música
me gusta. Doy otro trago a la cerveza. Está fría. Loan no me quita ojo
de encima y me hace sentir un poco incómoda. Me sonríe cada vez que
le miro. Creo que está muerto de la vergüenza. Yo también. Pero intento disimular.
Parece que se acerca un poco. Le sonrío nerviosa. Puedo ver sus pulcros ojos grises clavados en mí.
-Creo que esta noche tu amiga te abandona -susurra en mi mejilla.
Miro hacia el centro del salón y veo a Lea besándose con Greiff. Él
tiene los ojos abiertos, como si no quisiera perderse lo que ocurre alrededor. Ella está completamente abandonada en el abrazo.
Ahora siento las manos de Loan sujetando mi cintura. Se mueve al
ritmo de la música. Bailo con él, aunque apenas me muevo. Él vuelve
a sonreírme. Uno de sus amigos nos trae otra cerveza, que ambos
tomamos agradecidos. Loan le mira con mala cara por interrumpir.
Ahora suena Fight for this love, de Cheryl Cole. Esta canción me
gusta: “…demasiado de cualquier cosa puede hacer daño. Incluso lo bueno puede ser
una maldición. Hace más difícil saber qué camino tomar. Sabiendo que mucho bien
te puede lastimar.”
Resoplo. Loan se acerca cada vez más. Puedo sentir su aliento en mi
rostro y eso me pone nerviosa. Creo que es un tipo muy atractivo, sí, y
en otro contexto quizá fuera un buen momento. Pero no es él quien me
gustaría que me estuviera intentando besar ahora.
“¿Es mejor o peor? Siempre sentado en reversa, como si fuésemos caminando al
revés. Yo sé a dónde quiero que esto llegue. Conduciendo rápido, pero vamos despacio.
Lo que no quiero hacer es chocar.”
Prefiero no escuchar la letra de la canción. Sólo quiero que termine.
Y la voz sensual de Cheryl Cole continúa invadiendo el piso. La gente
baila. Lea besa a Greiff. Y yo sólo espero que aparezca Mark.
Bebo de un trago el resto de mi cerveza y aprovecho para alejarme de
Loan con la excusa de dejarla en la enorme isla.
47
Sonia Hernández
Levanto la vista. La gente sigue bailando. Una chica se revuelve el
cabello en su coreografía. Lea continúa pegada a los labios de su chico. Y
Mark da un trago a su cerveza. Le miro como hipnotizada. Ha venido.
¡Ha venido! Y no parece que Ivanna esté por aquí.
Pero qué digo. Y qué que haya venido. Estoy vendida. No voy a ser
capaz de acercarme a él siquiera.
“Debemos pelear por este amor. Si vale la pena tenerlo, entonces vale la pena
pelear por él. No sé a dónde nos dirigimos, yo estoy dispuesta y lista para ir. Hemos
estado conduciendo tan rápido… Solamente necesitamos ir despacio. Y disfrutar.”
Y tras escuchar esta canción, decido marcharme de la fiesta.
Allí está. Está sola. La miro mientras doy otro trago a mi cerveza.
Giulio tiene razón. Se parece a la chica que aparece en el logotipo de esa
conocida marca de bolsos. Emily, creo que se llamaba. Pero ella es más
rubia. Es guapa. Un poco bajita y no está delgada, pero parece una chica
interesante. Tiene cara de niña. A dónde va… joder, está con Loan. ¿Se
van a besar? Qué fuerte. No, parece que es sólo un beso en la mejilla.
Qué mal me cae ese tío. Se cree el rey. Es un gran nadador, pero me
va a joder la beca este año. Espero superarle en las pruebas o estaré
jodido.
Cómo mira a Lanna. ¡Se le van a salir los ojos de las órbitas! Tiene la
vista clavada en su trasero.
Ella pasa cerca de mí y me mira. Le sonrío, pero no parece haberse
dado cuenta.
No puedo evitar volverme para imitar a Loan. Lleva unos pantalones
muy ajustados que marcan sus curvas. Ahora entiendo al pobre chico.
¿Pero a dónde va? Está loca. Tía, a dónde vas. Pero si no parece de
esas. Si entra soy capaz de entrar a por ella. O me uno a la fiesta. Sólo por
ver lo que esconden esos ajustados vaqueros… Joder, va a entrar… ¡va a
entrar!
Vaya, Loan me ha dicho que los abrigos están en el dormitorio, pero
quizá no lo he entendido bien. Aquí hay varias puertas y no quiero estar
puerta por puerta buscando. En esta hay un cartel con una señal de
48
Nunca quise hacerte daño
prohibido el paso. Será aquí. Habrán puesto el cartel para que nadie
entre y los abrigos estén más seguros. Es buena idea.
Abro la puerta sin vacilar y entro en el dormitorio. Hay una luz muy
tenue y bastante gente. Cuatro, cinco personas. Piernas, brazos, una espalda, creo. ¿Eso es la cara de alguien? ¿Está…? Dios mío.
-¡Tía, o entras o cierras la puta puerta!
Me quedo paralizada ante la extraña orgía que se está desarrollando
ahí dentro. Doy un portazo y me quedo apoyada en la pared un segundo.
Noto la cerveza revolverse en mi estómago. Creo que voy a vomitar. Miro
a mi alrededor. Hay una puerta entreabierta al final del pasillo, donde
puedo divisar la taza del váter. Salgo corriendo y me quedo arrodillada
delante de aquel níveo recipiente de deshechos humanos.
El vómito sale por mi cuerpo quemándome a su paso. Mi boca ahora
está caliente y el olor a cerveza semi digerida me da más aversión. No soy
capaz de parar.
Qué asco.
Sujeto su frente con mi mano. Está ardiendo. Y abrazada a la taza del
váter. Pobre. Se ha sobresaltado cuando he llegado. La tranquilizo.
-¿Mejor?
Pero menea su dedo índice para indicarme que necesita un rato más
así. Continúo agarrando su frente sudorosa. Decido pulsar el botón para
descargar la cisterna y que así se vaya el vómito. Le vendrá bien. La tengo
entre mis piernas. Parece que está algo mejor. Miro de reojo la cintura de
su pantalón. Es muy bajo y puedo ver la tira de su tanga. Madre mía. No
está bien esto, Mark. Ella está echando los restos y tú le miras las bragas
de florecillas.
-Eh tío, quiero entrar.
-¿No ves que está ocupado? Busca otro.
-Pero… -el tipo se pone borde.
-Por favor. No se encuentra bien -y la señalo educadamente.
-De acuerdo.
Ser el consejero te salva de más de una. De no ser así me hubiera partido la cara hace un momento. Bueno, al menos se ha marchado.
49
Sonia Hernández
-Creo que ya estoy mejor.
Me pongo en pie. Mi boca huele fatal. Miro al consejero, que está
detrás de mí. Qué vergüenza. Debe pensar que estoy borracha. Me dirijo
al lavabo y dejo correr agua. Enjuago la boca y hago alguna gárgara intentando todavía disimular. Escupo con cuidado y me miro en el espejo. El
rímel negro corre por mi cara. Lo que me faltaba. Humedezco mi dedo
índice y limpio mis mejillas. Tengo un aspecto horrible.
Compruebo que el consejero está apoyado en el marco de la puerta,
con los brazos cruzados y mirándome divertido.
-¿Estás mejor?
-Sí. Muchas gracias, de verdad. No era necesario…
-Vamos -veo su mano esperar la mía.
Y salimos juntos del baño provocando la envidia de una estudiante
que se cruza con nosotros y cree que venimos de hacer a saber qué.
-Creo que será mejor que me marche.
Sujeto con mis manos mi tripa. Qué mal cuerpo tengo.
-Espera, te traeré tu cazadora.
Espero en el pasillo mientras Mark entra en otra habitación. Sale de
nuevo.
-¿Cómo es?
-Negra, de cuero.
En un segundo está fuera con mi cazadora. Me la tiende.
-Vamos -anuncia de nuevo. Le miro incrédula. ¿Va a venir conmigo?
Comienzo a caminar entre la gente y siento que él me sigue, sujetando mi antebrazo con su mano firme. Paso cerca de Lea, que me mira
alucinada, para guiñarme un ojo después.
-¿Ya te marchas?
Asiento desde la distancia. Le hago señas para hacerle saber que
hablaremos mañana.
A lo lejos veo a Loan. Continúa junto a la barra con un vaso en la
mano. Baila con un par de amigos. Al menos podría haberse ofrecido a
acompañarme él también. Bueno, mejor que no.
50
Nunca quise hacerte daño
Lanna está apoyada en la pared del ascensor. Busco en mi bolsillo y
le tiendo un chicle. Lo agradece de veras.
Lleva la cazadora abierta. El sujetador se ha desviado y ahora queda
un poco a la vista. Sólo para mí. Ella no parece darse cuenta. Es sexy. Me
apoyo en la pared yo también. Frente a ella, que me mira y sonríe tímida. Le sonrío. Me gustaría besarla aquí mismo. Ato mi chaqueta hasta
cubrir mi barbilla. Ella hace lo mismo y se da cuenta de que se le ve el
sujetador a juego con el tanga de antes. Parece molesta. Disimulo mientras se recoloca la camiseta con prisa. Se ata la cazadora y me sonríe con
cierto gesto pícaro.
Joder con Emily.
Le tiendo la puerta para que salga del portal y caminamos juntos por
la acera.
-Puedo ir sola, de verdad. No es necesario que te marches de la fiesta.
Sonrío.
-Me apetece acompañarte. Es tarde.
Me acerco a la moto. Suelto el candado y lo ato en ella. Lanna me mira
si decir nada.
Me doy cuenta de que sólo tengo un caso y prefiero que lo utilice ella.
Se lo doy.
Madre mía. Me va a llevar a casa. ¡Me va a llevar! Pero quiere que me
coloque esta escafandra en la cabeza. ¡Me muero! Cómo me gusta. Hasta
el punto de que le vuelvo a ofrecer el casco a él para que lo utilice. Y no
es por su seguridad, es sólo porque me da vergüenza ponérmelo.
-No, úsalo tú. No quiero que te pase nada.
-De eso nada. Me vas a llevar y no podría perdonarme que te pasara algo.
-Correré el riesgo. En serio.
-¡De eso nada!
Él ya está sentado sobre la moto. Me mira con los brazos cruzados.
Divertido.
-Entonces trae.
51
Sonia Hernández
Y se coloca el casco en el antebrazo.
-Venga, sube -le miro confusa-. Si ninguno quiere proteger su cabeza,
nada.
Me monto con dificultad en la moto. Dejo bastante espacio entre su
cuerpo y el mío, aunque sé que en cuanto acelere me iré para atrás.
Arranca. Se escucha la música de la fiesta.
Acelera con suavidad y la moto comienza a moverse. Mark me mira
por el retrovisor y sonríe.
-Acércate más. No muerdo.
Y siento su mano en mi muslo. No dudo y me acerco tanto a él que
tengo toda su espalda en mi cuerpo. Él parece estar encorvado. Acelera
un poco más.
-Agárrate a mí.
Cuando coloco mis brazos sobre su cintura, él me ayuda a juntar mis
manos. Las suyas están frías y no puedo evitar estremecerme.
El aire de la noche londinense me regala su aroma. Nos saltamos un
semáforo en rojo. Ahora vamos bastante rápido por la ciudad desierta.
Desvío la mirada al retrovisor, donde sus ojos parecen esperarme. Me
encanta este chico. Él sigue acelerando la moto. Siento un poco de miedo.
Además, mi cuerpo no para de tiritar por el contacto con el suyo. Noto
mis piernas temblar también.
-¿Cómo se te ha ocurrido…? -me grita volviendo un poco la cabeza y yo no entiendo a qué se refiere- ¿No te han explicado lo de la
habitación prohibida?
Niego con la cabeza y él sonríe. Estamos llegando. Mierda.
Reduce la velocidad hasta detenernos junto al parking del colegio
mayor.
Bajo de la moto y él cierra el candado con prisa.
-¿Qué es eso de la habitación prohibida? ¿Te refieres al festival de
carne que he visto, verdad?
Él sonríe.
-Es un clásico de las fiestas. Se coloca un cartel de prohibido en una
habitación. Imprescindible que tenga cama. Y el que quiere entra.
-¿Como los cuartos oscuros?
52
Nunca quise hacerte daño
-Algo así. Sí -sonríe.
-No ha sido muy agradable, la verdad -hago una mueca para que se
haga una idea de lo que he presenciado.
-Me lo creo.
Y sonríe mientras entramos en el edificio.
Otra
vez estamos en otro ascensor. La miro de nuevo. Me gusta.
Podría besarla ahora mismo. Con un poco de suerte Giulio está ocupando su dormitorio con su nueva novia y lo tenga todavía más fácil. No me
importaría. Aunque no estoy seguro de que esté bien visto que el consejero se lleve estudiantes de primero a su habitación. Pero para algo tiene
que servir tener una habitación individual.
Ya hemos llegado. Ella sale del ascensor y me espera para que la
acompañe. Caminamos por el pasillo hasta su puerta. No hay pañuelo
esta noche. Joder Giulio, cuando se te necesita desapareces…
Nos detenemos en su puerta y ella saca las llaves. Vaya, no pierde el
tiempo. Olvídate Mark, esta noche no va a ser la noche.
Me quedo delante de ella. Plantado. La miro con una de esas caras que
yo sé poner. Así como seductor. Le dedico una de mis sonrisas. Ten
Lanna, esta es sólo para ti. Ella parece que la acepta sin dudar. Agarro las
esquinas de su cazadora y sonrío. Parece nerviosa.
Le coloco algunos cabellos que parecen no pertenecer a ninguna
parte, ella se mira el flequillo de reojo y sonríe. Devuelvo mi mano a su
cazadora y la atraigo con suavidad. Ahora estamos muy cerca. Ella continúa moviendo el chicle dentro de su boca con prisa. Huele a frutas tropicales. La atraigo un poco más. Ahora siento incluso su respiración.
Sonrío una vez más. Rozo mi nariz contra la suya. Está como un flan. Sus
brazos cuelgan pegados a su cuerpo. Niña, podrías agarrarme, al menos.
Acercarte a mí y besarme tú. Me estás poniendo difícil el tema. Pero consigues que mis ganas de tener mi lengua dentro de tu boca aumenten por
momentos.
Huele bien. Afrutado, pero elegante.
El chicle me está poniendo nervioso. Sin dejar de mirarla, acerco mi
mano a su boca y le hago un gesto para que lo suelte. Ella me mira
53
Sonia Hernández
divertida. Lo tomo entre el pulgar y el índice y lo tiro a la papelera junto
al ventanal. Canasta. Debe de ser una señal. Esta noche, canasta. Vuelvo
a mi labor. A la ruta del beso.
La atraigo hacia mí sin dudar. Nuestros cuerpos están completamente pegados y puedo sentir su pecho rozándome. Giro un poco mi cabeza
para dirigir mis labios directamente a los suyos, que ya parecen esperarme entreabiertos. Cierra los ojos. Siento su aliento, que ya lucha por
entrar en mi boca. Nuestros alientos son uno ya. ¡Ya lo tienes Mark,
joder, ya lo tienes!
-¡Todos los viernes, una fiesta! ¡Todos los viernes, una fiesta!
Y nos separamos apresuradamente para ver llegar a un grupo de chicas que me recuerdan a las del anuncio. Estas son también de las de que
hoy nadie se va a dormir. Qué inoportunas.
Lanna me sonríe y baja la mirada, avergonzada, una vez más. Me gusta
cuando lo hace. Suelto su cazadora, vencido.
Las malditas niñas se sientan en los sillones del vestíbulo. Agarraría a
Lanna y la empujaría a mi dormitorio así, sin más. Pero creo que ya he
arriesgado bastante hoy. No puedo olvidar que soy el consejero. Tengo
una imagen que dar. Como la reina. No te jode.
-Hasta mañana -sentencia ella.
-Sí, hasta mañana.
Abre la puerta con dificultad. Está nerviosa. Me mira una vez más y
sonríe. Le dedico la última sonrisa de la noche. Otra vez de las seductoras.
He perdido la batalla, pero desde luego, no la guerra.
Espero a que cierre la puerta y entro a mi habitación. Son las dos de
la mañana y no tengo sueño. Cojo el otro casco del armario, escribo un
mensaje con prisa en mi móvil, y salgo con cuidado de no hacer ruido.
Todavía hay luz en su habitación.
~•~
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Nunca quise hacerte daño
Es increíble. Casi nos besamos. ¡Por qué poco! Lástima que hayan
aparecido aquellas.
Ha sido una noche fantástica. Quitando lo de la habitación prohibida, claro.
Tendría que haberme dejado besar antes. Pero él tampoco se decidía.
Estaba muy nerviosa. Creo que me gusta. O algo más. ¡Qué lío!
Apago la luz, aunque es imposible que esta noche me pueda dormir.
Doy vueltas en la cama, todavía nerviosa. Hace tanto que no beso a
nadie…
Suena mi móvil. La pantalla se enciende y lo cojo. Deslizo la tapa y leo:
“Qué pasa Lanna. ¿Cómo has terminado, el consejero, estás con él? ¡Qué fuerte
con Greiff! Mañana hablamos sin falta. ¡Ah! Loan pregunta por ti. Un beso”
Tecleo con prisa una respuesta válida.
“Me alegro de lo de Greiff. Con Mark OK. Casi me besa. Mañana te lo cuento.
Loan es un tipo majo. Pásalo bien”
Y le doy a enviar. El icono me indica que ha llegado, así que dejo el
aparato en la mesilla de nuevo.
Cierro los ojos. Menuda noche. A saber cómo ha terminado Lea con
Greiff. Espero que no como Zara, que ya me la imagino retozando en
el parque.
Vuelvo a recordar el mensaje de Lea. Loan pregunta por ti. Ahora no
tengo ganas de pensar en él. Me ha parecido un tipo guapo de veras,
interesante y atractivo. Pero ahora no me interesa. Ahora sólo me interesa él. Esta noche sólo quiero pensar en él. Esta noche es sólo para mi
consejero.
55
Sonia Hernández
No sé qué hora es cuando despierto. Pero seguro que tarde. Zara
duerme en su cama, completamente destapada. La ropa está tirada en el
suelo. Me levanto con la boca un poco pastosa. Abro la pequeña nevera
de la habitación. Dos Coca-Colas, algún batido de chocolate, agua y un
par de zumos de naranja. Tomo uno y lo abro. Me sienta bien tan frío.
Suena mi teléfono y Zara se queja desde su cama, dormida, así que me
apresuro a contestar.
-Hola mamá -susurro.
-Lanna, ¿cómo estás? Anda que, si tengo que esperar a que llames…
-Es que estoy liada mamá. Con las clases y eso.
-Ya, pero hoy es sábado. ¿Te acabas de levantar? Vaya voz ¿dónde has
estado ayer? ¿Has salido?
-Ay, mamá. Estuve tomando algo con Lea. No seas así, déjame que
tenga algo de ocio también.
-Vale… ¿Cuándo vas a venir? El fin de semana que viene… podrías
coger el autobús y venir a pasarlo con nosotros.
Es lo que menos me apetece. Cinco horas de autobús hasta Blackpool
56
Nunca quise hacerte daño
para pasar sólo dos días. Además, mi madre está un poco rara últimamente y no me apetece pasar tiempo con ella.
-Ya veré mamá. Tengo clase hasta tarde y el viernes quizá vaya a la
biblioteca después. El viernes a la tarde no hay nadie y se estudia mucho
mejor. Te digo según avance la semana, ¿vale?- Ambas sabemos que no
iré.
-Bueno… oye, no cuelgues, que tu hermano quiere hablar contigo. Un
beso, mi vida.
-Un beso, mamá…
-¿Qué pasa hermanita? ¿Cómo va la vida de universitaria?
-Qué pasa, loco… -me alegra escuchar a mi hermano.
-Sabes, me he comprado una moto, tía. No veas cómo anda. Cuando
vengas te doy una vuelta. Corre como loca.
-Oye ten cuidado, que ya nos conocemos. Te pondrás el casco,
¿no? -y lo digo yo.
-Que sí, pesada… bueno, que mamá se está quejando.
-Un beso, loco. Oye…
-Dime.
-Ni se te ocurra correr, ¿eh?
-¡Lo sabía! Sabía que tenías que decírmelo. Eres como mamá, tía.
-Bueno, tú verás. Sabes mejor que nadie lo que hay.
Y me cuelga sin despedirse. Una vez más, no entiendo el comportamiento de mi madre. Le ha comprado a mi hermano una motocicleta. Y
a saber qué tipo de motocicleta. Hace un par de años uno de los mejores amigos de mi hermano murió en un accidente. Hacen estúpidas
carreras de motos en un descampado. Derrapó y cayó de la moto, saliendo despedido.
Decido olvidar aquello.
Me sorprende ver que tengo un mensaje de texto en mi móvil. No lo
he debido oír sonar. Hace más de una hora que lo he recibido. Lo abro.
Es Lea de nuevo.
“¡Buenos días! ¿Te apetece compras esta tarde? Venga, vamos a regalarnos unos
caprichitos.”
Sonrío. Mi economía no está muy boyante, pero un capricho de vez
en cuando no hace mal a nadie.
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Sonia Hernández
“Ok. A las 4 abajo. Así me cuentas. ¡Besito!”
Dejo el teléfono en la mesa de estudio. Me miro en el espejo. Vaya
cara. Al menos tengo tiempo hasta la hora de ver a Lea. Doy un trago al
zumo, que está templado ya.
Ahora llaman a la puerta. Vaya mañana. Y Zara parece no escucharlo.
Tocan con suavidad. Abro despacio. Será Giulio y no quiero que me vea
en pijama.
Pero no es él, sino Mark.
-Buenos días -está completamente despierto-. Sólo quería saber si
estás mejor. Recuperada de lo de ayer.
-Estoy mejor -sonrío con timidez y cierta vergüenza por lo sucedido.
-Estaba pensando... ¿Qué plan tienes para esta tarde?
La repaso de abajo a arriba. Pantalón de algodón gris y una camiseta
blanca de tirante muy fino. No lleva sujetador. Si tienes libre podría pasarme por aquí y…
-He quedado con Lea para ir de compras. Quiere contarme lo de ayer,
ya sabes -pone cara de fastidio-, pero te debo una. Bueno dos.
Le miro sin saber bien a qué se refiere.
-La de ayer y la del otro día, con Zara y Giulio.
Vale, sólo son excusas para volver a vernos. Me gustan. Son totalmente válidas. Y aunque no lo fueran, qué más da.
-Es cierto, me debes dos.
Otra de mis sonrisas arrebatadoras. Ella gira su cuerpo y mira al interior de la habitación. Puedo escuchar a Zara preguntar quién ha llamado.
Parece que ha sobrevivido a otra noche con Giulio. Ése sí que se lo habrá
pasado bien ayer.
-Si te apetece, cuando vuelva del centro podemos…
Qué graciosa. Le da vergüenza decirme que le apetece verme después
de librarse de su amiga.
-Dime.
Ahora soy yo quien le va a poner las cosas difíciles.
-Bueno, cuando vuelva… Si no es tarde... Si no has quedado con
nadie…
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Nunca quise hacerte daño
Sus mejillas están completamente coloradas. Me está dando lástima y
todo. Mira al suelo como pidiéndole que se la trague la tierra. Pero ese
deseo no va a ser concedido.
-¿Me estás invitando a salir?
Ella levanta la vista, nerviosa. Sonríe con timidez.
-Bueno, me debes dos. Una te la puedo cobrar luego -sonríe-. Ve al
centro, sin prisa. Y cuando vuelvas hablamos. Ya veremos.
No pienso ponérselo fácil. Me divierte verla así. Nerviosa. Tímida.
Miedosa. Me gusta más.
Quién te lo iba a decir Mark, tonteando con una de primero. Y no
sólo eso. Con una que intentas besar y se te muere de la vergüenza. Como
para intentar llevármela a la cama.
Estos pensamientos hacen que me atraiga más. Decido alejarlos de mí
o no podré ponérselo complicado.
La miro de nuevo.
-Si quieres podemos dejarlo para otro momento. Otro día que no tengas nada que hacer -anuncia derrotada.
No me lo puedo creer. Se retira ya de la batalla. No niña, no. Tú no te
vas a salir de rositas de aquí.
-¿Pero no acabas de decir que me debes una? Qué digo una, ¡me
debes dos!
Se sonroja de nuevo y sonríe.
-No eres una mujer de palabra. Ya no me creo nada. No voy a volver
a salvarte nunca más.
Y me doy la vuelta para volver a mi habitación.
-¡Espera!
Me detengo satisfecho. Orgulloso. Me vuelvo hacia ella. Miro sus pies.
Los cubre con unos divertidos calcetines de colores. Cada dedo está alojado en un pequeño compartimiento independiente. Es como si llevara
un guante en el pie. Comienzo a reírme sin poder, ni querer, evitarlo.
Se da cuenta y se mira los pies. Sonríe también.
-¿Se puede saber cómo…?
Agarro mi tripa con ambas manos. Me duele de reírme.
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Sonia Hernández
-Está bien, está bien. Me rindo. Te lo explico luego mientras tomamos
algo. Si quieres.
-Venga vale. Tus calcetines me han convencido. Tengo tu número. Te
llamo luego y hablamos.
Y me marcho a mi habitación con lágrimas en la cara provocadas por
la risa.
-¡Eh! ¿Qué es eso de que tienes mi número?
-Soy el consejero, no te olvides pequeña.
Y cierro la puerta. Total, de qué servía continuar con aquella lucha.
Íbamos a terminar quedando igualmente y ella parecía estar pasándolo
realmente mal.
Es divertida esta chica.
~•~
Hemos recorrido tres tiendas ya. No sé cómo decirle a Lea que me
quiero marchar para ver a Mark. Ella sigue probándose ropa y más ropa.
No sé si venir a Oxford ha sido buena idea, la verdad.
-Sabes, esta noche salgo con Greiff. Vamos a ir al cine. Lo de ayer
fue… genial.
-Te dedicas a probarte ropa y no me cuentas nada, Lea.
-Es que no hay mucho que contar -anuncia mientras se coloca una
camiseta por encima de su ropa-, lo que viste. Bailamos, bebimos, nos
besamos... ¿Tú crees que esta noche…?
La miro incrédula.
-¿Esta noche qué?
-Si lo haremos -me mira irritada, parece molestarle que no la
entienda-, en el cine, ya sabes…
Y se prueba un pequeño tanga delante de su cadera.
-Tú verás, Lea. Pero deberías tomártelo con calma, creo yo.
-Sí, sí. Oye, ¿qué tal ayer con Loan?
Frunzo el ceño. Ni me acordaba de él.
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Nunca quise hacerte daño
-Es un tipo majo, ¿no? Me dejaste sola con él, así que…
-Le gustas. Se lo dijo a Greiff anoche. Estaba mal porque te marchaste. No le dije que te habías ido con el consejero, se hubiera molestado. Por cierto, ¿por qué te fuiste con él?
-Es una historia larga, Lea. No me encontraba bien y me acompañó
a casa.
-Bueno, he pensado que algún día podríamos salir los cuatro.
-¿Con Mark?
Me extraña esa proposición. Lea no tiene ningún tipo de trato con él.
-¿Qué dices? Greiff y yo, tú y Loan. Podría estar bien. Con el consejero. Me dirás tú qué pintamos con el consejero nosotros.
Sonrío para mis adentros. En ese momento recibo un mensaje en mi
móvil.
“Hola pequeña dama en apuros. Estoy en el centro. ¿Te paso a recoger? Hay concierto en el Central Park, ¿te apetece?”
Mi corazón comienza a latir con fuerza y rapidez. Tengo que decidir
algo. Me miro de abajo a arriba. ¡No estoy preparada para una cita exprés!
“Estamos en Oxford Street. Te espero en veinte minutos en la puerta de
Debenhams. Así pago mis deudas.”
Miro a Lea, que espera impaciente una explicación.
-He quedado. En veinte minutos. Tienes que ayudarme.
Me mira contrariada y no pierdo tiempo en quitarle una de las bolsas
que cuelgan de sus manos.
-¿Pero qué haces?
-Vamos.
La arrastro a los probadores. A mi paso cojo una percha con una
prenda, sin pararme a mirar siquiera de qué se trata. Mi amiga casi no
puede seguirme.
Entro en los probadores saludando con prisa a la dependienta. Lea
entra conmigo.
-Trae.
Y rebusco en una de mis bolsas, con prisa. Empiezo a arrancar las
etiquetas de una de las prendas que he adquirido en la tienda anterior.
Lea continúa alucinada.
61
Sonia Hernández
-¿Pero no ibas a probarte esto? -agarra la prenda con desprecio-. Es
un poco feo, la verdad. Por no decir que es tres tallas mayor de lo que tú
necesitas.
-¿Tienes tu neceser en el bolso?
Ella hace un gesto airado. Le molesta que lo dude. Empiezo a
rebuscar entre sus pinturas y perfilo mis ojos en el espejo del probador. Me miro por un momento.
-¿Qué me dices? Así… o así…
Recojo mi pelo en un moño y lo suelto de nuevo.
-Recogido -sentencia sin saber qué estamos haciendo-. Estás guapa.
-Pues vamos.
Salimos del probador y la chica nos mira preocupada. Le devuelvo la
prenda en la percha. Sin tocar. Le doy las gracias y me dirijo a la salida de
la tienda.
-No entiendo nada, Lanna. ¿Con quién has quedado?
-Mañana te lo cuento. Necesito que te lleves mi bolsa. Mañana me la
devuelves.
-Era Loan, ¿verdad?
-¿Cómo? No, qué va… -continúo caminando hacia la puerta de
Debenhams. No quiero llegar tarde, no estoy segura de que haya sitio
suficiente para aparcar la moto. Pero no consigo quitarme de encima a
Lea-; además, Loan no tiene mi número.
-Esto… bueno… no te lo he dicho pero…
-¿Pero qué? -me detengo un segundo-. No. No has sido capaz.
-Bueno. Sí. Es que le gustas, Lanna. Y él a ti también. No lo niegues.
Ahora no tengo tiempo de discutir sobre eso, pienso. Así que no voy
a ponerme a gritar por ello. Además, necesito que Lea se lleve mi bolsa y
discutir con ella no es la mejor opción ahora.
-Está bien. Espero contigo. Pero como hayas quedado con Loan y no
me hayas dicho nada…
Pasamos por delante de los grandes almacenes. Mark está esperándome sentado en su moto. Le ignoro y él me mira intrigado.
-¿Dónde has quedado?
-Tengo tiempo. Venga, que te acompaño al metro.
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Nunca quise hacerte daño
-¿Al metro, estás loca? Ya que estoy aquí voy a entrar en Primark.
Moda a buen precio, ya sabes.
-Vale, tú decides.
-¡Mañana me cuentas!
-Prometido -miento.
Y espero a que se aleje para continuar mi camino. La sigo con la mirada. Y compruebo que se ha detenido en un escaparate. Lo mira un rato
y… lo de siempre. Dentro.
La veo que se acerca de nuevo. Lleva un pantalón vaquero oscuro y
unos botines negros por fuera. Viste la misma cazadora que anoche y el
pelo recogido en una coleta. Está guapa. Una vez más.
Me mira con cara de situación. Acaba de pasar de mí.
-¡Hola! Perdona lo de antes…
-No querías que tu amiga nos viera, ¿no?
-Bueno, no me apetecía darle explicaciones, la verdad -otra vez esa
carita.
-Me parece bien.
A mí tampoco me apetece que la gente empiece a hablar de mí.
-¿Vamos?
Ella sonríe.
-¿Y el casco?
-¿Para qué lo iba a traer? No te lo ibas a querer poner.
-Bueno, pero tú…
-Correré el riesgo.
Y se monta detrás de mí. Vuelvo a sentir su cuerpo pegado al mío.
Dos tímidos bultos entre mis omoplatos. Sus brazos acogen mi cintura
con fuerza.
-¿Preparada?
Asiente y arranco para salir de allí pitando. La moto se mueve sinuosamente entre los coches del centro. Muevo un poco el retrovisor derecho para poder ver la cara de Lanna. De vez en cuando desvío la mirada
de la carretera para dedicársela a ella. Noto que ella utiliza el retrovisor
del mismo modo que yo.
63
Sonia Hernández
Me gusta este juego, así que tomo el desvío que hará que tengamos
que dedicar más tiempo del necesario para llegar al local.
-¿De quién es el concierto? -grita ella desde atrás-. ¿Los conozco?
-Varios grupos -acerco mi cara a la suya para que me oiga-. Tres catorce. ¿Te suenan?
Asiente, aunque no estoy seguro de que los conozca.
Le toco las manos, las tiene frías. Ella da un respingo al sentir mi piel
sobre la suya.
-¿Tienes frío? -le grito- Trae…
Y meto sus manos bajo mi cazadora.
No sé qué hacer con ellas. Están debajo de su abrigo. Noto su cami-
seta, pero están a la altura de su cinturón y tengo que luchar para que la
gravedad no cumpla su función. Estoy nerviosa. Y tengo frío. Apoyo mi
cabeza en su espalda, que me protege del viento. Ya casi estamos llegando, me ha dicho cuando he hecho esto. Pero no me importa tardar más,
estoy cómoda.
~•~
El local es grande y hay una barra en forma de U. El escenario al
fondo. Ya hay algunos grupos tocando. No me suenan. No ha hecho falta
pagar, Mark conoce al de la puerta, que le ha saludado con una palmada
en la mano. Creo que me suena de la facultad.
Vamos directos a la barra y él me mira divertido. Me encanta su mirada. Levanta ambas cejas como queriendo saber qué voy a tomar.
-Una Bud, por favor.
Veo que se acerca una camarera bastante atractiva y siento celos de
que vaya a pedirle a ella nuestras bebidas.
-¿Tú qué vas a beber?
Le hablo cerca del rostro y agarro su brazo para alejarlo de la barra.
La camarera se da cuenta y se marcha de nuevo en busca de más clientes.
64
Nunca quise hacerte daño
-Lo mismo que tú, ¿por qué?
-Pido yo. Te debo una, recuerda.
-Me debes dos, guapa -bromea él-, pero esta la pago yo.
-De eso nada.
Y ambos miramos a la camarera. Estamos casi tumbados en la barra,
intentando llamar su atención, aunque es evidente que va a dirigirse a él.
Así es como ahora le debo tres.
Le tiendo su cerveza y chocamos las bases para dar un gran trago. Le
cojo la mano para dirigirnos al centro del local, el concierto está a punto
de empezar.
-Son varios grupos. Quizá no conozcas a todos. Si te aburres me dices.
Le hablo sin mirarle. Tengo la vista fija en el escenario aunque noto
que ella no me quita ojo de encima.
-¿Cómo vamos a irnos porque yo me aburra?
-No, si te aburres te vas tú -bromeo.
Ella me propina un buen codazo en el pecho. La miro y sonrío.
Hace calor, así que me quito la cazadora. Le pido la suya y se desabrocha la cremallera. Lleva puesta una camiseta negra sin mangas. Sus hombros están completamente descubiertos.
-Las he dejado en aquella mesa. En aquella, fíjate bien -le digo cuando regreso junto a ella.
-¿Por qué me dices eso?
-En aquella, ¡eh! mírala bien. La que está justo enfrente.
Ella me mira confundida.
-Lo digo para que no vuelvas a meterte en algún sitio raro a por la
cazadora.
Y recibo otro codazo en el mismo sitio.
Comienza el concierto. Cantan varios grupos de estilos diferentes.
Me gusta ver que no hay gente conocida en el local, así ambos estamos
más relajados. Bebemos otra cerveza que, esta vez, consigo pagar.
Nos hemos alejado un poco de la mesa donde están nuestras cazadoras. Mark dice que aquí no hay peligro de robo. Tampoco me preocupa.
65
Sonia Hernández
El local se ha llenado de gente, probablemente amigos o conocidos de
la gente que actúa.
-¿Te acuerdas de aquella serie de policías? Yo la veo en el canal internacional.
Miro a Mark con la boca de la botella posada en mis labios. Él tiene
su mirada fija en el escenario, como si yo formara parte de un segundo
plano.
-¿Cuál?
-Sí, aquella que eran varios policías un poco desastre…
-¿La que emitían los miércoles por la noche?
-Esa, esa. El grupo que salía siempre al final de cada capítulo…-asiento y Mark señala al escenario-. Ahí los tienes.
Vuelvo la vista al escenario. Varios chicos están preparándose para
comenzar a tocar. Batería, bajo, cantante. Todos.
Saludan al público animadamente y comienzan a tocar una de sus canciones más conocidas. Mark ha ido a dejar las cervezas a la barra. La luz
del lugar es mucho más tenue ahora y llenan el local de un humo que
impide distinguir bien al grupo que actúa.
La música está muy alta, pero me gusta: “Y sin dudar te sigo hasta el metro,
Tribunal, hasta el aeropuerto…”
Canto con el grupo, ya que conozco la letra gracias a la exitosa serie
de televisión.
Siento que Mark ha regresado y ahora está tras de mí. Giro levemente mi cuerpo para encontrarme con su mirada.
-Y sin dudar tú me plantas un beso… -está canturreando muy cerca
de mi rostro-. Quema gas, huele a queroseno -comienzo a estar nerviosa- qué más da, yo respiro tu aliento, dame más razones con hielo…
Siento que podría derretirme aquí mismo. Mark continúa susurrando
en mi oído y ya no veo nada más. No hay más gente en el local, no hay
nadie. De hecho, casi no sé ni dónde estoy. Mis dientes castañetean por
los nervios. Un nudo en el estómago me impide respirar con normalidad.
“Recordar un día de estos… nuestros pies, saliendo del tiesto. Ahora sé que eran
buenos tiempos…”
Y eso mismo imagino que va a ocurrir en cualquier momento, sé que
66
Nunca quise hacerte daño
en cuanto me gire, nuestros labios chocarán en un beso que llevo tiempo
esperando y deseando. Pero siento miedo de hacerlo. Hacerlo y perder la
magia en la que estamos inmersos estos días. O que ni siquiera él sienta
lo mismo que yo. Que él sea igual que Giulio y simplemente esté jugando conmigo. ¿Por qué pienso en estas tonterías ahora? Estamos juntos,
solos, y eso es lo que importa. Ya tendré tiempo de preocuparme del
resto del mundo en entro momento.
Silencio. La gente se vuelve loca. Aplausos y gritos para que vuelvan
a comenzar a tocar. También las manos de Mark chocan por encima de
mi cabeza, que muevo hacia atrás para poder mirarlo una vez más.
“Tropezamos de repente, como en un nuevo once ese. Sonreíste a quemarropa contra el filo de mi boca…”
Ahora Mark está mucho más cerca de mí que antes. Puedo sentir sus
manos posadas en mi cintura. Me encanta esta canción y parece que a él
también.
-Siempre fui poniendo parches, negando segundas partes -su voz entra
de lleno en mí- hasta que me demostraste que no quiero olvidarte…
Y siento sus labios sobre mi cabello. Inspira y noto que se pierde en
él. Ahora mueve con suavidad sus manos en mi cadera. Estamos bailando lentamente. Cierro los ojos y acaricio con mis manos sus piernas. Él
continúa cantándome. Y besando mi cuello sin pudor. Me provoca escalofríos. Apoyo mi cabeza en su pecho y puedo sentir su olor. Sonrío. Sé
que él también lo hace y sus dientes chocan contra mis mejillas.
Quisiera girarme y besarle. Besarle como nunca antes había besado a
nadie. Porque me gusta. Porque quiero tenerlo. Lo quiero para mí.
En
cuanto ha terminado la canción, Lanna se ha separado de mí
dando un salto. Es como si tuviera miedo de que me acercara a ella más
de la cuenta. Pero eso no me lo ha demostrado hace un minuto. Me siento contrariado con ella. A veces pienso que con sólo atraerla hacia mí
podré besarla y otras parece que ni siquiera le atraigo. Y esto es lo que
más me gusta de ella, no saber qué quiere. Me gusta. Y sin darse cuenta,
con su forma de comportarse está consiguiendo que me guste más. Que
desee agarrarla y besarla. Abrazarla. Tocarla. Uf… deja de pensar, Mark.
67
Sonia Hernández
-¿Ya no hay más conciertos?
-¿Pero tú que quieres, que estén toda la noche dale que te pego?
Toco la batería en el aire para darle algo de énfasis.
-Ahora pinchan música y listo. A bailar. Y el que no, a la cama.
-¿Tú que prefieres?
Y me guiña un ojo. Me muero. ¿Cómo le digo que prefiero irme a la
cama, pero con ella? Mark, estás fatal. De encerrar.
-Yo prefiero… una cerveza -al menos, algo es algo.
Ella sonríe y dando saltitos se aleja de mí en dirección a la barra. Me
siento en el taburete que hay junto a la mesa, apoyo la espalda en la enorme columna y echo un vistazo alrededor. Nadie conocido. Mejor.
Lanna vuelve enseguida con un botellín en cada mano. Me tiende
uno, divertida.
-¿Quieres sentarte? -y la atraigo hacia mí por la cintura.
-¡Prefiero bailar!
Pero se queda de pie delante de mí, de espaldas, dando pequeñas pataditas al suelo al ritmo de la música. La observo. El pantalón es muy ajustado. Apoyo mi cabeza en la columna en señal de derrota.
La luz de un teléfono móvil me sobresalta. Reviso mi cazadora, a
sabiendas que es la de Lanna la que está iluminada. Le doy pequeños golpecitos en la espalda con la mano. Se vuelve sonriendo, con la botella de
cerveza en los labios.
-¡Tu móvil! -y señalo su cazadora.
Ella me mira contrariada y, quitándose el exceso de cerveza de su labio
superior con la lengua, gesto que no paso por alto, mete la mano en el
bolsillo de su chaqueta.
Intento ver quién es el inoportuno. Seguro que su amiga, la de las tiendas. Querrá saber dónde, con quién está. Y qué hace, claro. Espero que
no diga nada.
Mark me mira discretamente, quiere saber quién es. Miro el móvil, no
conozco el número. Estaba convencida de que sería Lea inquiriendo todo
tipo de información. Deslizo la tapa y pulso el botón adecuado para
poder visualizar el mensaje de texto.
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Nunca quise hacerte daño
“¡Hola pequeña Roquera! Lea me ha dado tu número. Te fuiste pronto ayer, eso
que la fiesta estuvo bien. Ya nos veremos por el campus. ¡Apunta mi número!”
Vale. Es Loan. El que faltaba. Miro el mensaje y lo leo un par de veces.
Le doy a responder. Comienzo con un simple hola. Mark disimula. Cierro
la tapa y decido olvidarlo. Ahora no tengo ganas de contestarle, prefiero
aprovechar este momento. Meto el teléfono en el bolsillo de la cazadora
y no le doy más importancia.
-¿Ya?
Asiento. No me pregunta quién es y yo tampoco le doy opción a
comenzar una conversación sobre esto.
Ahora sólo me importa una cosa. Él.
La música que están pinchando en el local es buena. De todo, pero
muy bailable. Katy Perry.
Comienzo a bailar. Sé que él me mira desde su asiento. Sonríe. Parece
divertirle. Supongo que bailo fatal, pero no me avergüenza hacerlo delante de él. Esto sólo es un juego y ambos parecemos divertirnos.
“Sólo quería probarte, sentía curiosidad por ti. Me llamaste la atención… He
besado a una chica y me gustó el sabor de su brillo de labios sabor cereza. He besado
a una chica sólo por probar…”
Y muevo la cadera de la única manera que sé que, por cierto, dista bastante de la que cualquier cantante de éxito conoce.
Está realmente graciosa. Mueve la cadera descaradamente. Me gusta
cómo lo hace. Se sabe la letra de la canción y parece que la canta para mí.
No deja de mirarme mientras baila. Se me acerca y después, en cuanto
echo la mano, se aleja descaradamente. Este juego me divierte, aunque los
dos sabemos cómo va a terminar, parece que lo estemos aplazando lo
máximo posible. Se acerca mucho. Bastante. Demasiado. Baila rozando
mis piernas con su cadera. Los brazos al aire. Y canta.
Se da la vuelta y la abrazo por detrás. Mis manos están sobre la cintura de su pantalón. Bastante baja, por cierto. Pero no parece importarle. Se
da la vuelta de nuevo y nuestros rostros se rozan. Ella sonríe y yo le
acompaño. Ahora mis manos están casi en su trasero. Cómo me estás
poniendo. La atraigo un poco más, hasta que nuestros cuerpos se tocan.
69
Sonia Hernández
Siento sus pechos contra el mío. Espero que ella no sienta nada más
abajo…
Continúa moviendo su cuerpo, rozando el mío, lo que hace que me
excite más. Resoplo.
Pero ella baja los brazos y sujeta mi cabeza con fuerza. Sonríe una vez
más para después besarnos por primera vez.
Qué bien sabe. Y qué bien besa. Su lengua recorre el interior de mi
boca con calma, como queriendo explorar cada rincón. Acaricia mis dientes. Agarro su cabello con decisión. Tengo que estar de puntillas si quiero llegar a sus labios, pero los nervios me hacen tambalear. Sus manos
siguen en mi cintura, estiradas en un discreto intento de acercarse más
abajo. No me molesta. Al contrario.
Nuestras bocas se separan y él me mira fijamente, sonriendo. Ahora
roza la punta de mi nariz con sus labios. Me estremezco.
~•~
Antes de irnos ha decidido ir al baño, así que la espero fuera, apoyado en mi moto. Tengo su cazadora entre mis brazos. Puedo tocar su teléfono en el interior del bolsillo. No quiero mirarlo pero siento curiosidad
por saber quién le ha escrito. Si hubiera sido su amiga lo sabría. Pero no.
Desvío mi mirada hacia la puerta del local. No viene. Supongo que
habrá tenido que esperar para entrar al baño.
No lo dudo e introduzco la mano en el bolsillo de su cazadora. Me
topo con una pequeña barra de brillo de labios. La miro y sonrío, pero
esto no es lo que estoy buscando esta noche. Continúo la excursión. Aquí
está. Lo saco del bolsillo, pero no del todo. Intento disimular por si acaso.
Es un móvil bastante moderno. Deslizo la tapa y entro en el menú.
Mensajes recibidos. Lo veo. No tiene memorizado el número en la agenda. No dudo y lo abro. Leo con desprecio.
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Nunca quise hacerte daño
“¡Hola pequeña Roquera! Lea me ha dado tu número. Te fuiste pronto ayer, eso
que la fiesta estuvo bien. Ya nos veremos por el campus. ¡Apunta mi número!”
No firma siquiera, con lo que da por hecho que ella sabe quién es. Y
yo también lo sé. Es el gilipollas de Loan. No lo aguanto. Me dan ganas
de contestarle para decirle a dónde se puede ir.
Pero decido ser más listo y voy a los mensajes enviados. Último
mensaje…
“Estamos en Oxford Street. Te espero en veinte minutos en la puerta de
Debenhams. Así pago mis deudas.”
Es el que me ha enviado esta misma tarde para que pase a recogerla.
Sonrío al recordarlo. Me gusta saber que ella ni siquiera se ha molestado
en contestarle.
En ese momento, un sonido bastante característico me anuncia que ha
entrado un mensaje nuevo. Vuelvo al inicio. No quiero mirarlo, quizá sea
privado. Pero es el mismo número. Joder. Qué hago. Qué vas a hacer tío,
darle al botón y leerlo.
“¿Es que ni siquiera me vas a contestar? Estamos en el Cero Diez. Pásate si te
apetece. ¿Un billar? Ah, soy Loan.”
Ya lo sé, capullo. Ambos lo sabemos. Sin dudarlo un segundo, pulso
la tecla que borra el mensaje de la vida de Lanna y devuelvo el teléfono
al bolsillo.
No me arrepiento.
Está esperándome apoyado en su moto. Mira de un lado al otro,
distraído. Es tan guapo. Me acerco. Hace frío.
Agarro mi cazadora, que está entre sus brazos, pero él se resiste.
-¿Qué quieres?
-Pues mi cazadora…
Él niega con la cabeza. Doy saltitos con los brazos cruzados y la piel
erizada por el frío.
-Anda, porfa. Que hace frío.
-Yo no lo creo -y se sube la cremallera de su chaqueta-. Se está bien
en la calle. En serio.
-Venga… -le suplico tirando de mi cazadora sin éxito.
71
Sonia Hernández
Vuelve a negar.
-Tendrás que pagar peaje.
-¡No puedo! Tú tienes mi dinero.
-Bueno, entonces…
Engancha los dedos en las trabillas de la cintura de mi pantalón y me
atrae hacia sí despacio.
-Puedes pagarme en especias…
Y vuelve a besarme mientras coloca la cazadora sobre mis hombros.
-Vamos… -ambos montamos en la moto, que arranca y sale de allí a
una velocidad considerable.
Me aferro a su cintura sin miedo ni vergüenza. Él vuelve a introducir
mis manos bajo su cazadora. Esto sí me da algo de pudor. Él lo nota,
pero una vez más, parece divertirle.
Paramos en un semáforo en ámbar, queriendo ambos alargar el camino a la residencia.
-¿Tienes frío?
-No, ya no -miento.
Y siento su mano posarse sobre mi pantorrilla para atraerme hacia sí
hasta que nuestras piernas forman una única curva sobre la moto que
sólo se deshace al aparcarla junto a la residencia.
-Será mejor que subamos por separado. No me gustaría que empezaran a hablar…
Tiene razón y se lo hago saber. Yo tampoco quiero que chismorreen.
Lea está convencida de que le gusto a Loan, lo que a mí tampoco me
deja lugar a dudas, pero ella parece dispuesta a hacer lo imposible por vernos juntos. Y no quiero que se entere de esto por alguien que no sea yo.
Además, Mark es quien es y no creo que esté bien visto que lo vean llegar a estas horas con una estudiante de la que, además, es consejero.
-Lo he pasado muy bien hoy. Creo que mi deuda ya está saldada.
Él sonríe en la negrura de la noche. Parece querer esconderse en la
oscuridad del parking, lo que no me molesta en absoluto.
-Bueno, eso ya lo veremos. ¿Crees que con un par de cervezas quedas
inmune?
72
Nunca quise hacerte daño
Sonrío y me acerco a él. Le sujeto por el cuello con fuerza y acerco
mis labios a los suyos con decisión. Le beso con fuerza. Le he pillado desprevenido y eso me gusta.
-Hasta mañana, consejero.
Y le guiño un ojo para caminar hacia la entrada.
Espero un poco antes de entrar yo también a la residencia. No me
esperaba este último beso. Me ha dejado algo descolocado. Más.
Camino decidido, entro, y saludo a algunos.
El ascensor está ocupado, así que iré por las escaleras. Las subo de dos
en dos, de prisa.
Cuando llego arriba veo que Lanna sale del ascensor también. Me
mira y se sonroja. Tan guapa. Tan inocente. Tan ella.
-Hola.
Apenas la miro y la trato con indiferencia. Hay gente viendo la televisión, pero ni se percatan de nosotros. Los saludo al pasar también.
Alguno levanta la mano.
Cuando tomo dirección al dormitorio, veo a Lanna metiendo la llave
en su cerradura e intento acelerar el ritmo para llegar a su altura antes de
que desaparezca. Pero ella parece darse cuenta y, riendo, se encierra en el
dormitorio cuando apenas nos separan dos metros.
73
Sonia Hernández
Faltan diez minutos para que empiece la clase. Hemos llegado demasiado pronto, pero a Giulio no parece molestarle. Se dedica a garabatear
en su cuaderno.
-Deberías haberte matriculado en bellas artes, Picasso -me dedica una
burla-. O eso, o te has enamorado.
-O yo follo y tú no.
-Esa contestación demuestra lo contrario, más bien -le digo satisfecho, aunque ha dado en el clavo con esta acusación.
Me pinta la mano con su bolígrafo, algo que sabe que odio.
-Están ocupadas, éstas -las chicas que estaban a punto de sentarse
delante de nosotros se quedan cortadas-, es que se les ha olvidado una
cosa y vienen enseguida. Pero allí hay sitio.
Y señalo dos sillas libres a nuestra izquierda.
-Gracias. Vaya, yo que quería sentarme aquí para ver mejor la pizarra… -le dice una a la otra mientras se alejan.
74
Nunca quise hacerte daño
-¿Qué haces, tío? -Giulio me mira sin entender la maniobra. Temo que
se haya dado cuenta.
-Eran muy altas, tío. Así no veríamos la pizarra.
-¿Y qué? No sé desde cuándo nos preocupamos por la pizarra…
-Bueno, para eso pagamos la matrícula, ¿no?
-Estás en otro mundo, Mark. Más vale que te busques a alguna, sino
acabarás loco… ido -y se pone el dedo índice en la sien para hacerse
notar-. Esta noche podemos salir de caza. ¿Qué me dices?
-No gracias. Deberías cuidar un poco más a tu novia.
-¿A quién? -le miro con cara de evidencia-. Ah sí, bueno, tanto como
novios… Tío, esa es una palabra muy grande.
Veo que se acerca otra estudiante decidida a ocupar los asientos de
delante, así que tiro mi carpeta con decisión a uno de ellos.
-¡Vaya! Está ocupado… -y nos mira.
Sonrío porque parece que a mi amigo le gusta el juego.
-Eh, tío. ¿Otra vez? La verdad es que resulta divertido.
Asiento orgulloso por haber sido lo suficientemente hábil como para
que mi colega no note nada. Recojo mi carpeta y la abro para buscar los
apuntes de esta asignatura. Comienzo a ojear la cantidad de folios revueltos que acumulo.
-Ahora me toca a mí.
Y tira la carpeta con decisión cuando ve aparecer a Lanna y Lea en el
pasillo central.
-¿Qué haces, tío? Recoge eso ahora mismo.
Ellas miran los asientos desde su posición. Indecisas. Lea está la primera.
-Así no se nos sienta nadie delante y ves la pizarra. ¿No era eso lo que
querías?
Sujeto con mi mano derecha mi frente. No, no te has enterado de nada.
-Pero a ellas no, joder.
-¿Por qué no, es que te gusta alguna? Sólo tienes que decirlo…
Dudo. Al final parece que Giulio no está tan en las nubes como
aparenta. Además, mi maniobra tampoco es que haya sido el súmmum
de la discreción.
75
Sonia Hernández
-Dormimos puerta con puerta -le hablo con disimulo-, no querrás que
me tome por un borde…
Ellas caminan por la fila de asientos. Primero Lea, que me mira con
una ligera sonrisa. Evidencio que no tiene ni idea de nada. Al menos, es
lo que me ha dicho Lanna. Ella viene detrás. Viste una corta falda vaquera con unas medias negras muy tupidas y bailarinas. Un jersey negro de
cuello vuelto y el pelo suelto. Está guapa. Lleva bajo el brazo una divertida carpeta de Jordi Labanda. Me mira ruborizada, con la cabeza baja.
Eso me divierte y me gusta. Ninguno de nuestros amigos parece enterarse de nada.
-¿Qué pasa, Lanna y compañía? No os estiréis demasiado que si no,
no vemos la pizarra, ¿eh?
Ellas se giran y miran a Giulio, Lanna divertida y Lea molesta.
-Hola chicos -saludan.
-Ese tío es un gilipollas integral -le doy un codazo a Lea por su insul-
to indiscreto-. ¿Qué? Si es retrasado, es retrasado.
-Pero no tiene por qué ser sordo.
Miro de reojo. Parece que sí lo es, al contrario que Mark, que nos
mira divertido. Le devuelvo la sonrisa. Está guapo. Hoy también. Viste
un pantalón de algodón oscuro, con el tiro muy bajo. Deportivas y una
camiseta de manga larga lisa. No se ha afeitado, lo que me resulta muy
atractivo.
Comienza la clase y con ella, las notas de Lea, que apenas se molesta
en esconder.
“Te estuvimos esperando el sábado. Podrías haber avisado. El pobre Loan estaba desesperado. Esta semana vendrás, ¿no? Greiff dice que quiere conocerte, le has
caído bien.”
Leo de reojo, intentando tapar la nota con mi brazo izquierdo. La cojo
y la pongo en mi bandeja. Escribo.
“¿Esperándome dónde? Ya te dije que había quedado. ¿Cómo van las cosas con
Greiff?”
Y tacho con disimulo la frase que acaba de escribir Lea.
76
Nunca quise hacerte daño
“Loan te envió un mensaje al móvil. Podrías haberle contestado al menos. Con
Greiff del diez. Hoy nos veremos otra vez. Supongo que al Cero Diez, como siempre. ¿Vendrás?”
“No recibí nada, lo siento. Igual no tenía cobertura, a saber. Hoy no puedo,
Lea. Quiero ir a la biblioteca de nuevo, necesito mirar unas cosas.”
Ella lee la nota con un toque de desesperación por mis negativas. Me
mira molesta y yo encojo los hombros como respuesta. Sé que Mark está
pendiente de este comportamiento.
“Está bien. Pero prométeme que vendrás algún día con nosotros y conocerás
mejor a Loan.”
Y me da la nota de nuevo. La leo despacio y levanto mi mano en señal
de promesa. De una promesa que de momento no tengo pensado cumplir, pese a que mi amiga rodee con su bolígrafo ese nombre que de
momento no me dice nada.
~•~
Por fin suena el timbre que indica que se ha terminado la clase. El
final de una hora de la que no he sacado nada de provecho; no tengo ni
idea del tema que hemos tratado hoy. Pero tampoco me preocupa
demasiado.
Lea se empeña en comer juntas, algo que parece ir convirtiéndose en
una costumbre. No me importa acompañarla, desde luego, ya que el
comedor está siempre bastante lleno de gente y prefiero compartir mesa
con mi mejor amiga que con cualquier desconocido del lugar.
Caminamos por la barra explorando el menú. De nuevo ensalada,
como casi todos los días. Pasta con tomate y carne, guisantes, arroz blanco. Alargo el brazo y cojo uno de los boles de ensalada. Tiene bastante
buena pinta, la verdad.
De segundo podemos elegir entre pescado rebozado, nuggets y carne
guisada. Me decanto, una vez más, por el pescado. Preparo mi tarjeta de
residente y la libra que me pedirán en la caja por la Coca-Cola.
77
Sonia Hernández
-La Coca-Cola…
-No entra, lo sé. Aquí tienes, gracias -le corto al tipo con una sonrisa
de oreja a oreja. No es que tenga demasiadas ganas de escuchar la misma
historia durante todos los días el resto del curso-. Mira Lea, allí hay una
mesa libre…
Señalo con mi barbilla una mesa libre, pero algo alejada de nuestra
posición, que no tardan en quitarnos.
-¿Qué hacemos ahora? Está todo lleno…
-¡Lea, Lea! -veo a Greiff llamarnos con su mano en el aire desde una
mesa no muy lejana y, aunque intento hacerme la distraída, mi amiga
reconoce su voz al instante, así que no me queda más opción que seguirla hasta su novio.
-¡Hola chicos! -saluda ella dando un efusivo beso a Greiff-. Menos mal
que nos habéis visto, no había ninguna mesa libre…
-No exageres Lea, alguna ya hay.
Aunque intento evitarlo, sé que ella nota que no me apetece demasiado comer con ellos, pero trata de disimular. Saludo a Loan.
-Vaya, no te dejas ver demasiado que digamos…
Y se aparta para que pueda sentarme a su lado en el banco.
-Esta noche vamos a ir al Cero Diez, vendréis, ¿verdad?
-¡Claro! -y Lea responde a su novio con un largo y sonoro beso en la
boca, sin importarle que el resto estemos comiendo frente a ellos.
-¿Vendrás…?
Loan espera una respuesta y no me quita el ojo de encima; no tengo
ningún plan para esta noche, ni mejor ni peor. Mark no se ha vuelto a
pronunciar desde la noche del concierto. Y yo tampoco es que haya
hecho nada por acercarme a él. Pero siento algo de vergüenza de hacerlo. Ni siquiera sé cómo me las puedo ingeniar para intentarlo. Bueno, vivimos puerta con puerta, basta con dar un par de golpes en la suya y decir
aquello de “¿Salimos?”. No es demasiado difícil, aunque para mí se haga
excesivamente complicado.
Pero esta noche no me apetece ir al Cero Diez. Al menos, no con
Loan y el resto. Me apetece estar con él.
Vuelvo a mirar a Loan, que parece que ha olvidado la pregunta que
acaba de hacerme y revuelve su arroz mientras bromea con su amigo.
78
Nunca quise hacerte daño
Miro a mi alrededor. Nada, ni rastro de Mark. Pero ahora no hay ninguna clase, debería andar por aquí. Pero hay demasiada gente como para
encontrarle.
No lo pienso más y saco mi móvil del bolso. Intento esconderlo debajo de la mesa y comienzo a escribir. Escribo y borro. Y vuelvo a escribir
y vuelvo a borrar. Al final, un simple “¿Salimos?” y pulso el decisivo botón
de enviar.
-¿Qué haces?
Loan me mira divertido. Es evidente que se ha dado cuenta de que
escondo algo debajo de la mesa. Y no es que existan demasiadas posibilidades, la verdad.
-Nada… miraba… es que… no estaba segura de haber guardado en
la agenda tu teléfono y quería comprobarlo.
Él se sonroja, con lo que decido que mi respuesta no ha sido la más
acertada.
-Bueno, tienes algún mensaje mío, ¿no?
Sonrío y meneo el teléfono en el aire para afirmarlo. Aunque más bien
se trate de una maniobra con la que quisiera que su mensaje llegara antes.
Y parece que funciona, puesto que enseguida siento vibrar el teléfono
en mi mano y acto seguido mi estómago se contrae.
-Vaya, qué casualidad…
No me molesto en mirar a Loan y menos en contestarle, sólo pulso el
botón adecuado para descubrir su respuesta.
“¿Ya? Pero si acabo de llegar. Aún no he comido. Déjame al menos salir de la
fila.”
Sonrío, aunque me pone muy nerviosa que intente jugar conmigo.
Levanto la mirada y recorro con la vista el comedor para detenerme en
la barra, donde hay bastante gente haciendo cola para llenar las bandejas.
Comienzo a observar a la que va a pagar, la siguiente, el tercero… y poco
a poco examino a cada uno hasta que mis ojos se posan en él. Hay unas
siete u ocho personas delante. Sostiene su bandeja como si de una carpeta se tratara, y desde mi posición puedo ver que lleva un bocadillo sobre
ella. De sus hombros cuelga una vieja mochila de piel negra. No parece
darse cuenta de que le observo.
79
Sonia Hernández
“Bueno, ya que estás allí, podrías traerme una Coca-Cola y luego hablamos.”
Y a los pocos segundos:
“¿Una Coca-Cola? ¡Estás loca! Entonces me deberías otra más. Ven tú y
cógela.”
Comienzo a estar irritada con este juego. Ahora Mark me está mirando divertido desde la distancia. Le miro muy seria y veo que en su bandeja coloca dos Coca-Colas. Una roja y otra gris. Sonrío ampliamente y
me levanto del banco con prisa por acercarme a él.
-¿A dónde vas ahora? -Loan me agarra del antebrazo.
-A por una Coca.
Le contesto con sequedad, queriendo quitármelo de encima rápido.
-¿Otra? Pero si esta la tienes a medias -y me la tiende, meneándola.
Me molesta que intente detenerme aunque ni siquiera sepa cuál es mi
propósito, así que tomo el botellín y le propino un enorme trago hasta
vaciarlo del todo.
-Vaya, como lo bebas todo así… -bromea Greiff, con Lea colgada de
su brazo.
-Ahora vengo.
Y camino entre las mesas con prisa, sin ningún tipo de pudor al saber
el riesgo que corro de que tanto mi amiga como el resto se dé cuenta de
mi maniobra.
La veo acercarse con decisión. Definitivamente, me gusta que se
preste a estos juegos. Estaba esperando a ver si ella hacía algún tipo de
movimiento y ya comenzaba a preocuparme ver que no era así.
Ahora está a la altura de la barra, la acaricia con su mano mientras
pasea por el otro lado. Ambos sabemos que una de las bebidas de mi bandeja es para ella. Pero ninguno va a dar el paso. Al menos eso parece.
Se está acercando.
-¡Vaya! Hola consejero -le contesto con un movimiento de cabeza
suave.
-Busco las bebidas…
Arqueo las cejas moviendo con suavidad mi bandeja.
-Hay bastante cola como para comprar sólo una bebida, ¿no te parece?
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Nunca quise hacerte daño
Ella sonríe y decido no continuar con el juego ya que Ivanna se acerca a nosotros.
-¡Hola Mark! ¿Cómo va eso?
-Qué tal.
-Había pensado que quizá esta noche te apetezca salir a tomar algo al
Cero Diez. Habrá gente.
Ambos miramos a Lanna, que muy sutilmente se ha apartado de nosotros y ahora mira hacia otro lado, con la mano sujetando la barra.
-Verás, Ivanna…
“No puedo, porque resulta que Lanna lleva un rato intentando pedírmelo” hubiera sido una buena respuesta. Clara y contundente. Tampoco
es tan complicado. Y me hubiera gustado escucharlo, la verdad. Continúo
esperando, aunque ya sin ganas de continuar con el juego que hace unos
minutos me divertía tanto. De hecho, quisiera volver a la mesa junto a
Loan y el resto.
-Esta noche tengo que estudiar, lo siento. Otro día, quizá -y ni siquiera la miro. A ninguna de las dos.
-Bueno, quizá otro día, sí. A lo mejor yo también debería estudiar.
Hablamos, ¿vale?
-Claro.
Y le agradezco de veras que se marche sin más.
-Ten -miro a Lanna, sorprendido-. La Coca no entra.
-A esta invito yo -e ignoro la moneda que me tiende.
-No, no quiero deberte más cosas… -me alegra no distinguir rastro de
reproche ni enfado en su voz.
-Bueno, querías invitarme a salir…
Ella sonríe ásperamente. Parece que la interrupción de Ivanna ha conseguido quitarle las ganas.
-Pero tienes que estudiar.
-Anda, no seas tonta. Ten.
Y le doy su botellín saliendo por fin de la marabunta de gente. Le
acompaño hasta la mitad de camino a su mesa. No quiero ver a Loan. No
me cae bien.
-Te espero a las nueve en Trafalgar Square. Delante de la fuente, ¿vale?
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Sonia Hernández
Lo
pienso un segundo. Al fin he conseguido quedar con él, sin
embargo tengo un sabor agridulce de este encuentro. No entiendo lo de
Ivanna. Sinceramente, ya la había borrado de mi memoria, pese a acompañar a Mark la noche del pañuelo.
-Bueno, vale. Pero esta noche nada de estudiar, ¿eh? ¿Dónde vas a
comer?
Semejante cambio de tema le ha dejado algo descolocado, así que mira
su bandeja un momento.
-En la calle. Hace bueno para comer fuera. Aquí hay… demasiada gente.
Y ambos miramos la mesa ocupada por Lea y Greiff. Y Loan.
-Sí, bueno… Lea sale con Greiff…
Pongo cara de fastidio mientras él me mira divertido. Parece haberlo
entendido.
-Que te sea leve, entonces. A las nueve te veo.
Y observo cómo se aleja, posando su bandeja ahora vacía en una de
las mesas.
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Nunca quise hacerte daño
A las nueve menos veinte salgo de la residencia. Tengo tiempo de
sobra, al menos eso pienso. Sólo tengo que desviarme un poco para parar
a repostar y en diez minutos estoy en el centro.
Hace un poco de frío, así que cierro la cremallera de mi cazadora hasta
cubrirme la nariz. Parece comenzar a lloviznar.
Hoy no me he afeitado, pero no me importa. Además, no creo que
quede mal. Ella no me ha dicho nada, eso es bueno, ¿no? Ellas enseguida te advierten cuando no les gustas con barba, así que nada. Me la dejo.
Salgo a paso muy ligero del edificio, casi queriendo correr. No quiero
que me vean. Pero demasiado tarde.
-¡Mark, Mark! -me giro, es Ivanna-. ¿A dónde vas con tanta prisa?
Pensaba que estabas estudiando…
La miro incrédulo. No sabía que ella fuera alguien como para reprocharme nada. Y lo peor es que me siento en la obligación de excusarme.
-Me ha surgido algo… y debo ir a hacer un par de cosas.
-¿Ahora? Si son casi las nueve.
-Sí, por eso debo darme prisa, quedan pocos sitios abiertos -y me
83
Sonia Hernández
siento en la moto sin hacerle demasiado caso.
-¿No te pones casco? Es peligroso. Y parece que va a llover, podrías
caerte.
La observo una vez más y comienzo a irritarme con ella. Miro el
casco, que cuelga de mi antebrazo. Quizá tenga razón. Me lo pongo con
rapidez y le indico con mi dedo pulgar sobresaliendo del resto que le
agradezco la ayuda. Sin más, acelero para alejarme de ella e intentar llegar
a tiempo a mi cita con Lanna.
Pero la gasolinera está bastante llena de gente y me toca esperar mi
turno. Primero un cuarentón llena de gasolina su Mercedes negro. Más de
sesenta libras tiene que gastarse. El siguiente usuario es una señora de
unos cincuenta años que viaja con su hija, algo más joven que yo. Se
detiene delante del tapón de la gasolina e intenta abrirlo introduciendo
sus finos dedos por la rendija. Imposible. Comienzo a desesperarme sentado sobre mi moto. La señora mira a su alrededor, mientras su hija, que
ya ha bajado la ventanilla, asoma la cabeza para intentar ayudar. Sin éxito,
claro. Me quito el casco. Las nueve menos cinco. La señora llama por su
teléfono móvil. Y el coche parado mientras tanto. Bajo de la moto.
Cuelga el teléfono desesperada, aunque no más que yo. Su hija se ríe. Yo
no. El tipo de la gasolinera decide ignorarla. Pero yo no puedo. Miro mi
reloj una vez más. Son casi las nueve. Poso el casco sobre la moto y me
acerco a ella.
-Este coche tiene una pequeña palanca junto al asiento del conductor
para accionar la puerta del depósito de la gasolina -intento hablar lo más
educadamente posible, a pesar del enfado que me posee.
-Mira a ver, mira a ver… -le indica a su hija, que está asomada por la
ventanilla-. Es que es el coche de mi marido, yo casi nunca lo cojo, pero
hoy lo hemos necesitado para ir al centro y no quiero dejárselo sin gasolina -y oigo el clac que indica que el depósito está abierto-; sino luego, no
sabes la que me puede armar en casa porque mañana no puede ir a trabajar y llegará tarde por tener que parar en la gasolinera…
Yo sí que voy a llegar tarde por parar en la gasolinera.
-¿Lo va a llenar?
-¿El qué? -contesta ella contrariada.
-El depósito -ya tengo la manguera en la mano.
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Nunca quise hacerte daño
-Eh… no, no, qué va. Sólo faltaría. Con veinte libras es suficiente.
Que lo llene mi marido, que para eso lo conduce él…
Y mientras la inoportuna continúa con su chorreo de palabras, echo
la gasolina en el depósito y lo cierro al final.
-Listo. ¿Pero qué hace? -pregunto cuando me tiende un billete.
-Pues pagar.
-Pero tiene que pagar dentro -y cuelgo el cacharro en su sitio.
-Ah, ¿pero no me cobras tú?
-¡Mamá, por favor! Que él sólo te estaba ayudando… no te enteras de
nada. Anda trae, mueve el coche, que estorbas.
Bueno, al menos la hija es más inteligente que la madre, lo que tampoco resulta demasiado complicado.
Por fin se decide a mover el coche mientras yo empujo la moto para
dejarla enfrente del surtidor.
Para cuando termino con el tema de la gasolina son las nueve y diez.
Qué raro. Ha dicho a las nueve. Estoy segura. Miro mi móvil una vez
más y busco su nombre en la agenda. Quisiera llamarle, pero si está de
camino quizá se sobresalte con la llamada. Además, está comenzando a
llover y no quiero que le pase nada. Aunque quizá ya le haya pasado…
Miro a mi alrededor. Las fuentes están iluminadas. La Galería Nacional,
aunque cerrada, también. Me gusta este sitio. Quizá sólo se haya olvidado de que hemos quedado. O no hayamos entendido la misma hora.
Creo que debería marcharme ya. Mi cabello comienza a estar mojado
y al final voy a conseguir agarrar una pulmonía. Sí, mejor me marcho.
Vuelvo a mirar el reloj. Han pasado las nueve y cuarto. Cinco minutos
más y me marcho.
Hay bastante tráfico en la ciudad. El suelo está mojado y temo resbalar y caerme. No por el mero hecho de tener un accidente, sino porque
no quiero llegar más tarde a la cita. La pantalla de mi casco está mojada
y no veo bien, así que me parece suficiente motivo para saltarme los
semáforos en ámbar. E incluso en rojo.
A las nueve y veinte minutos estoy en una de las fuentes de Trafalgar
Square. Con moto incluida sobre la acera.
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Sonia Hernández
¿El primer sentimiento que tengo cuando la veo? Vergüenza. Por
llegar veinte minutos tarde en una noche de lluvia y frío. Por verla allí,
sentada en el frío muro de la fuente, con el cabello mojado y las
manos en los bolsillos de su americana. Por ver sus piernas brillar al
contacto con las gotas de lluvia.
Está guapa. Lleva una corta falda vaquera y unas botas negras. El pelo
recogido en una coleta. Sonríe cuando me ve y se acerca sin dudarlo.
-Lo siento, lo siento -me quito el casco y sacudo la cabeza-. Lo siento.
Ella me mira sonriendo, divertida.
-Prometo que he salido con tiempo, pero ha sido un desastre… -ella
se encoge de hombros y me sonríe con dulzura- Sube.
Y se encarama a la moto apoyándose para ello en mis hombros.
Conduce bastante rápido pese a estar lloviendo. El agua me moja las
botas y las piernas al chocar contra las ruedas de la moto. Tengo frío.
Pero no me importa.
-¿A dónde vamos? -le grito al oído.
-Es una sorpresa. Vamos a uno de mis sitios preferidos.
-¿Está cerca? -asiente. Menos mal, pienso.
Y es cierto, en poco más de cinco minutos estamos frente al Sports
Café. Alguna vez he oído hablar de este sitio. Espero a que ponga el candado y me gusta que me sonría cuando termina.
-¿Vamos? -asiento.
El restaurante es bastante grande. Alargado. Tiene un enorme
comedor en la derecha y una larga barra a la izquierda. En cada reservado hay pequeñas televisiones para ver diferentes cadenas. Los sillones son de piel marrón. Me gusta.
-¿Mesa para dos?
-Al fondo.
-Hemos tenido suerte -susurra en mi oído mientras siento que su
mano se posa en mi falda para seguirme.
-Vaya, tienes mojado… -y me agacho para comprobar que la tela
vaquera de su trasero es más oscura que el resto.
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Nunca quise hacerte daño
-Sí… -dice con timidez.
No cabe duda. No me he dado cuenta de secar el asiento y se ha
mojado al subir a mi moto. Otro contratiempo más.
-Lo siento, lo siento -y hundo mi rostro en su pelo. Aprovecho para
comprobar que huele a fruta.
-No pasa nada, sólo es agua.
-Lo siento… -me excuso una vez más viendo de nuevo una sonrisa
divertida en su rostro.
-¿Vienes mucho a este sitio?
-Bueno, me gusta. Se come muy bien y, sobre todo, no viene gente
conocida por aquí.
-Veo que tienes fobia a la gente conocida…
Recuerdo el incidente con Ivanna, pero decido no mencionarlo.
-Sí… -duda- Me siento más a gusto cuando sé que no conozco a
nadie. Estoy más tranquilo. En cuatro años de carrera llegas a conocer a
mucha gente.
-No te queda nada ya.
-Sí, espero terminar este año... -echa un vistazo al extenso menú
impreso sobre los manteles individuales- ¿Aros de cebolla?
-Claro. ¿Y qué harás después?
-Miraré un máster y buscaré trabajo para pagarlo. Elige algo, anda.
Ojeo el menú sin prestar demasiada atención y me decanto por unas
alitas de pollo. Mark ordena la cena a la camarera, que no ha tardado nada
en llegar.
-¿Y tú?
-¿Yo qué?
-Que qué harás cuando termines la carrera.
Resoplo.
-Siendo optimistas me quedan cuatro años para ello…
-Lo tuyo es derecho, ¿verdad?
Asiento.
-Vaya, tampoco tiene mala pinta, ¿eh? Podrás ganar dinero…
-¿Y tú?
87
Sonia Hernández
-Yo acabaré en una de esas revistas del corazón persiguiendo a alguna
famosilla en sus posados robados veraniegos.
Y ambos reímos ante esto.
-Por fin, la cena. No sabes la odisea que ha resultado llegar hasta
aquí… Se me ha abierto el apetito -y como un aro de cebolla entero.
-¿Qué te ha pasado?
-Pues aunque no lo parezca, he salido con veinte minutos de margen… pero al salir… bueno, me han parado para tonterías -evito el tema
Ivanna- y luego en la gasolinera había una señora que no tenía ni idea de
cómo abrir el depósito de gasolina del coche…
Ella ríe ampliamente. Cojo una patata de mi plato, la unto en salsa barbacoa y se la coloco sobre los labios, mientras ella la sorbe divertida.
Ambos estamos muy relajados.
-¡Eh Mark, es Mark, mira, eh Mark tío!
Reconocería ese acento en cualquier parte. Giulio se acerca tirando de
la mano de Zara.
-Joder, qué casualidad -tira el aro a su plato con hastío, no parece muy
contento de verles. Yo me limito a sonreír.
-¡Sí! Bueno, vamos a pedir a la barra y nos sentamos aquí mismo,
¿vale? Es que no hay más sitios libres.
Y ambos se van a la barra para ordenar su cena.
-Lo siento de nuevo, lo siento… -y comienza otra vez a avergonzarse
esta noche.
-No pasa nada, de verdad. Está bien.
Él me mira y en su rostro se dibuja una sonrisa. No parece enfadado.
Me acerco un poco.
-Estás molesta.
-¡Claro que no! Sólo es una casualidad. Porque es casualidad, ¿no?
Le miro fingiendo enfado y él asiente como un niño pequeño. Estiro
mi cuerpo y compruebo que Giulio y Zara están pendientes de la camarera, así que me acerco más a Mark para darle un fugaz beso en los
labios.
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Nunca quise hacerte daño
Zara y Giulio se sientan ocupando casi todo el espacio del sofá frente a nosotros. Ella frente a mí y Giulio a su lado. Ya se han comido casi
todos nuestros aros de cebolla también.
-¡Vaya! No sabía que vosotros… -se interesa Zara.
Mark se queda paralizado.
-No, bueno… nos hemos encontrado por casualidad cerca y ya que
estábamos… -se apresura a aclarar.
-¿En la calle? ¿Dónde?
No conozco demasiado la ciudad y no se me ocurre una mentira lo
suficientemente creíble.
-Bueno, he ido a la Galería Nacional. Quería ver algunas obras.
-¿Te gusta el arte? Seguro que el italiano te encantaría… -y Giulio
muestra sus bíceps, orgulloso.
-Seguro que sí -concluye Mark con aspecto cansado.
-Están buenos los aros estos…
-Sí, los puedes terminar ya, si quieres.
Y él no se corta en coger el último aro y comérselo sin timidez alguna.
Miro a Zara con disimulo. Lleva los ojos perfilados de un negro demasiado intenso y grueso. Mira a Giulio bastante enamorada, aunque él no
parece darse cuenta de esto.
-¿Y había algún Caravaggio?
-¿Cómo? -miro a Zara sin entender bien a qué se refiere.
-En la Galería -pone cara de fastidio.
-Esto… -miro a Mark buscando ayuda, pero evidencio que tiene
menos idea que yo del tema- No, no he visto ninguno.
-¿Entonces…?
-Degas, me gusta Degas. Lo cierto es que sólo he entrado un momento, estaba a punto de cerrar.
Intento no reírme allí mismo al recordar que el museo cierra a las seis
de la tarde y son más de las diez de la noche.
-¡Me tienes que llevar al museo de cera!
De repente, Zara da un respingo en el sofá y golpea la mesa con alegría. Todos nos quedamos descolocados, cuanto menos.
-Pero si yo ya he estado. Además, es muy caro… -Giulio continúa
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Sonia Hernández
engullendo su hamburguesa. No parece demasiado interesado en el plan.
-¿Habéis estado alguna vez?
Miro a Mark. Él asiente.
-Está muy bien. Puedes sacarte fotos con los monigotes y luego vacilar con los colegas, en plan me he encontrado a Tom Cruise de casualidad… Dicen que el Madame Tussauds es uno de los museos de cera más
importantes del mundo.
Ella le escucha con atención. Sostiene una patata en su mano sin parecer consciente de ello.
-Bueno, ¿y qué tal van las clases? Son un poco rollo, ¿no? -cambia por
completo de tema.
-A mí me parece que están bien -sentencio.
-Es que yo pensaba que iba a tener más tiempo libre en la universidad.
Y al final, entre clases, repasar y pasar a limpio, ¡no me queda tiempo para
nada! -se queja a la vez que guiña un ojo a Giulio que, en realidad, está
demasiado ocupado con su cena.
-Bueno, tanto como eso… -susurro.
Ambos miramos a Giulio, que continúa ajeno a la conversación.
-Menos mal que Giulio me ayuda, porque… ¿Tú tienes novio, Lanna?
Me noto sonrojar.
-¿Yo? -Mark me mira con atención- No… realmente… no.
-Vamos, seguro que has dejado algún mozo esperándote en Blackpool.
Sonrío.
-Me temo que no. He venido limpia.
-Seguro que no podemos decir lo mismo del consejero -Giulio se
chupa los dedos, completamente manchados de salsa-. Venga cuenta, que
seguro que el rollo ese de consejero te funciona…
-¡Giu! -le regaña Zara.
Pero Mark no se inmuta.
-Sí, confieso que he dejado a dos de primero esperándome en la habitación, otra en el pasillo y una cuarta pasándome los apuntes a limpio.
-Vaya, pues esa última podrías compartirla -bromeo en un susurro.
-Pues yo creo que podrías ligar pero bien. Te tiras el rollo con eso de
aconsejar a las nenas y te las llevas directas a la habitación. Y de ahí a lo
otro, ya sabes, un paso…
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Nunca quise hacerte daño
Zara le mira con mala cara.
-Pues ya sabes lo que tienes que hacer, tío. El año que viene lo solicitas -responde Mark sin mirarle siquiera.
-No creas que no lo he pensado…
-Eres un cerdo, Giulio.
Ahora mi compañera de habitación me da pena. Está muy seria, parece querer llorar. Mantiene los brazos cruzados a la altura del pecho y su
mirada fija en el suelo. Mark lo nota también.
-Voy al baño -se levanta arrogantemente- ¿Vienes?
-¿Yo? No tengo ganas…
Y Zara se marcha molesta por tener que ir sola.
-Creo que deberías haberla acompañado -susurro en su oído.
-Pero es que no me apetece ahora…
-Entiendo que no te apetezca… aguantarla.
Miro a Lanna por un momento. Giulio continúa más atento a su cena
que a nosotros. Más atento a su comida que a su novia y el enfado con el
que se acaba de marchar.
-¿Qué vais a hacer ahora? ¿A dormir ya o a tomar algo? Es pronto
todavía.
-No lo sé, tío.
Lanna me mira implorando soledad. O al menos deshacernos de ellos.
Yo también tengo ganas de quitármelos de encima y que la noche
comience a dar de una vez la vuelta.
-Es porque si no vais a la residencia ya…
-¿Qué?
-Pues que quizá necesite la habitación. Mira la fiera.
Ambos nos miramos. Es una decisión que no tengo que tomar yo.
Pero Lanna permanece en silencio, parece descolocada. Desde luego que
entre las virtudes de Giulio no está la discreción.
-¿Ya, nena?
Giulio pasa la mano por la pierna de Zara, mientras ella toma de
nuevo asiento sin mirarle siquiera. Tiene los ojos rojos y el maquillaje algo
corrido. Parece afectada por el comentario de su novio. O lo que quiera
que sean.
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Sonia Hernández
-¿Nos vamos? -Lanna me mira esperando una respuesta- Es tarde.
Asiento sin mirar al resto y hago una señal a la camarera para que
traiga la cuenta.
-A ver, una calculadora. Hay que dividir esto -anuncia Giulio cuando
ve el papel sobre la mesa-, sacad un móvil o algo.
-Vamos, que sólo hay que dividir entre cuatro. A ver.
Y Zara escribe con un lápiz de ojos en la parte trasera de la cuenta.
-Son diez libras cada uno.
Pongo un billete de veinte sobre la mesa cuando Lanna está rebuscando en su pequeño bolso. Coloco la mano sobre su antebrazo para que
deje de hacerlo, pero ella no parece darse cuenta.
-Nena, no he traído pasta, ¿tú tienes algo?
Todos miramos a Giulio, que parece estar sembrado esta noche.
-Déjalo, yo pago. Ya hablaremos.
Y los cuatro nos levantamos para salir del local.
-¿Qué vais a hacer ahora? -insiste Giulio.
-Tienes vía libre. Pero no te pases tampoco -me sorprende la respuesta de Lanna.
Ambos se marchan dejándonos, por fin, a solas.
-Joder Lanna, una vez más, lo siento de veras… -ahora estoy realmente avergonzado.
-Ha sido divertido, creo -sonríe-. Por cierto, tengo que devolverte el
dinero de la cena -mete la mano en su bolsito.
-Déjalo, en serio. Sólo faltaba que tuvieras que devolvérmelo. Esta
noche invito yo.
-¿Y deberte otra? -bromea.
-¡Creo que ahora soy yo quien te debe varias!
~•~
Caminamos sin prisa por la calle, ya no llueve. He dado permiso a
Giulio y Zara para ocupar el dormitorio y ahora no puedo volver a la residencia de estudiantes. Tampoco me siento preocupada por eso.
92
Nunca quise hacerte daño
-¿Te apetece dar un paseo?
-Eso estamos haciendo, ¿no? -bromeo con timidez.
-Me gustaría llevarte a un sitio.
En pocos minutos aparcamos la moto de Mark en un parque en el que
nunca había estado. Avanzamos por uno de los paseos cubiertos de
pequeñas piedrecillas. A ambos lados hay árboles y flores.
-¿Vienes mucho por aquí? -miro a mi alrededor.
-Bueno, en época de exámenes suelo pasar aquí bastante tiempo. Es
muy tranquilo para estudiar y estar al aire libre ayuda, la verdad.
Caminamos hasta el final del parque, junto al río.
-Este es el mejor sitio -anuncia sentándose a horcajadas en el último
banco del lugar-. La vista es genial.
Me siento a su lado. Las piernas juntas. Y las manos sobre ellas.
Observo el paisaje. Puedo ver el puente de la torre iluminado a lo
lejos. Se yergue majestuoso a nuestros pies. Las pequeñas embarcaciones
repletas de turistas navegan ajenas a nosotros. Las luces de la ciudad se
mezclan con la oscuridad de la noche londinense.
-Me gusta este sitio.
-Casi nadie llega hasta aquí y merece la pena, ¿no crees?
Asiento. Mark apoya su brazo izquierdo en el respaldo del banco y
acaricia mi espalda con suavidad. Me mira mientras lo hace y yo siento
que me avergüenzo. Me acerca hacia sí y comienza a besarme lentamente, sujetando mi pómulo con su mano derecha.
Mis manos continúan inmóviles sobre la falda.
-¿Vienes? -susurra rozando mi pierna.
Lanna parece dudar antes de ponerse en pie y abrir las piernas para
poder sentarse frente a mí. Intenta estirar su falda con pudor.
-¡No miro! -bromeo tapando mis ojos con ambas manos aunque, sin
que lo note, he dejado el suficiente espacio entre los dedos para poder
espiarla.
Ahora estamos sentados uno frente al otro, muy cerca. Mark me ha
atraído hacia sí y estamos muy juntos. Estoy nerviosa. Mis piernas están
93
Sonia Hernández
sobre las suyas. Tiemblan, pero él no parece notarlo, sólo me besa con
suavidad el cuello mientras yo acaricio el suyo. Sus manos se pierden por
debajo de mi ropa y mi piel se eriza al contacto con sus finos dedos.
Continúo acariciándola despacio. No tengo prisa. O eso creo. Ella
parece nerviosa. Muevo las manos despacio por su espalda y comienzo
el traslado a la parte delantera de su cuerpo, pero ella parece envararse
cuando mis manos toman esa dirección. Freno de golpe. Stop. Ella me
mira.
-¿Estás bien?
Hablo en un susurro, no quiero despegar mis labios de los suyos.
Asiente aunque no parece muy segura de su respuesta. Cierra los ojos y
me besa de nuevo, así que intento la maniobra con un poco más de sutileza. Alargo los dedos todo lo que puedo. Ya los tengo delante. Los pulgares van en cabeza y el resto quedan rezagados en su espalda. Puedo
notar el aro metálico de su sujetador. Otro pequeño movimiento…
Tengo sus manos muy cerca de mi pecho. Por otro lado, casi toda mi
espalda ha quedado al aire y siento frío. Y estoy nerviosa. Y no sé qué
hacer. Y realmente, ni siquiera estoy segura de querer hacerlo. Le miro de
reojo, tiene los ojos cerrados. Me gusta. Me gusta mucho. Pero aquí, en
un parque, en mitad de la noche… Quiero hacerlo pero… Sé que debería dejarme llevar y olvidarme de todos mis prejuicios. Incluso Zara lo
hace. Pero yo no soy Zara. Y mucho menos él es Giulio. Qué hago…
Parece que ella se deja hacer. Noto que cada vez está más y más tensa
y ya no sé si continuar. La idea de venir aquí ha sido buena, desde luego,
pero quizá no sea el momento. Hemos salido un par de veces y sería comprensible que no quisiera todavía. Pero no dice nada. Madre mía, deseo
acariciarla, sentirla, tenerla… en un gesto de inconsciencia me descubro
con ambas manos acariciando su pecho. Ella ha quedado paralizada.
Mierda.
No, definitivamente, aquí no. Y así tampoco. Estamos tan juntos que
en su erección puedo notar su deseo. Pero no había pensado que sería tan
94
Nunca quise hacerte daño
pronto… y en un parque. Había imaginado a Zara y Giulio en Hyde
Park, tal y como ella lo había mencionado, y había sentido desprecio por
tal comportamiento y ahora nosotros estamos haciendo lo mismo. No
quiero.
-¿Lo dejamos? -susurra con sus labios unidos a los míos.
No le contesto, me siento avergonzada.
-Además, está empezando a llover -ambos miramos al cielo y siento
algunas gotas de lluvia chocar contra mi rostro-. Será mejor que nos
vayamos.
Caminamos hacia la salida del parque. Las primeras gotas de lluvia
golpean el suelo provocando un sonido agradable. La miro y ella me
sonríe tímidamente. Paso mi brazo por su hombro y continuamos así, en
silencio, en mitad de la noche. Ella con su mirada fija en el suelo, la mía
está clavada en el horizonte de esta inmensa ciudad.
~•~
-¿Subo yo primera?
-No.
Y tomamos juntos el ascensor para acceder a nuestra planta. No quiero que piense que no quiero que me vean con ella.
-Menuda noche, ¡eh! Primero llego casi media hora tarde, luego aparecen Giulio y Zara, y lo demás…
Lanna sonríe intentando aparentar normalidad, aunque el gesto de su
rostro le delata.
-Ha sido divertido. En serio. Pero la próxima vez invito yo.
Asiento.
-Y decido yo el sitio, también.
Continuamos caminando por el pasillo y al acercarme al ventanal puedo
ver el pañuelo rojo colgando del pomo del dormitorio de las chicas, con lo
que en mi mente se abre un nuevo claro. Una última oportunidad de terminar bien la noche.
95
Sonia Hernández
-Vaya, no contaba con esto -y es cierto.
Sujeto el pañuelo con mi mano derecha y sonrío.
-Pero no es necesario que esta noche me esperes también.
Mark mira al otro lado del pasillo. No hay nadie esta noche viendo la
televisión. Se acerca y me sujeta por la cintura. Parece dispuesto a continuar lo que hemos dejado a medias en el parque, sin embargo, yo contaba
con poder refugiarme en la soledad de mi dormitorio.
No logro comprender por qué me ocurre esto. Quiero acostarme con
él, sí. ¿Por qué no? Sin embargo, siento pánico cuando sus manos se
posan en mi piel.
Si Lea se enterara de esto, pensaría que soy tonta. De hecho, yo misma
lo pienso en este momento. Si tuviera el valor suficiente para hacer lo que
deseo, dejando a un lado la cobardía… Ahora podría estar junto a él, que
es lo único que quiero.
Sé que mañana me odiaré por esto, pero no quiero dar un paso en
falso.
-¡Eh! Qué casualidad… Para que veáis lo puntual que puedo llegar a ser…
Giulio sale del dormitorio y suelta el pañuelo del pomo. Está completamente despeinado, así que imagino que ha hecho las paces con Zara.
-¿Dónde habéis estado?
Ambos nos miramos. No creo que contar la verdad sea lo mejor. Ni
es el día, ni es el momento y, sobre todo, no es la persona indicada.
Joder, menuda noche. Lo mejor que me puede pasar hoy es meterme
en la cama y dormirme al segundo. Ya llegará mañana.
Lanna se ha despedido con una de esas sonrisas tímidas que me pierden y ha entrado en el dormitorio de un salto, casi huyendo de mí. O de
Giulio, más bien. Y me deja la película toda para mí.
-¡Eh, tío! ¿Dónde habéis estado? Lo que yo te decía, eh…
-Hemos ido a tomar algo. Venga Giulio, vete a dormir. Adiós.
-¡Es que ahora no tengo sueño! Yo soy un tío diferente. Ahora no
puedo dormir, sino todo lo contrario. ¿Te hacen unas birras?
Lo que me faltaba. He aquí el único hombre que no se duerme después de hacer el amor. Yo mismo puedo proporcionarle ese cigarrillo de
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Nunca quise hacerte daño
después si con eso me deja tranquilo. Pero no, después de aguantar a
Ivanna, a la señora de la gasolinera, llegar veinte minutos tarde a mi cita,
ver a Lanna esperando mojada por la lluvia, cenar con los personajes
más frikis de la universidad, tener una gran batalla perdida en el parque,
y la guerra en la puerta de mi dormitorio, tengo que aguantar esto. Más
no, por favor.
-Adiós, Giulio.
Y entro en mi dormitorio dejándolo allí plantado.
97
Sonia Hernández
Durante el resto de la semana no he asistido a clase. Bueno, no a
todas, sólo a la que coincido con Mark. De hecho, llevo varios días evitándolo. Lea parece demasiado ocupada en su relación con Greiff como
para preguntarme el motivo de mi ausencia. Al menos ha prometido
dejarme los apuntes.
No entiendo muy bien el motivo que me lleva a evitarle, quizá sea que
me siento algo avergonzada por lo sucedido en el parque.
Espero no haberme perdido demasiada materia estos días, ya que las
clases comienzan a complicarse a estas alturas del curso. Al menos, he
podido aprovechar para reforzar otras asignaturas en las horas libres que
he tenido.
También he modificado mi horario de comidas. Ahora no voy al
comedor antes de las tres y media. No tengo demasiada variedad entre la
que elegir, y además me toca comer sola, pero lo prefiero.
Aunque no sé cuánto tiempo más voy a poder estar así. Además de no
estar segura de querer hacerlo. Pero tengo miedo del momento en el que
me encuentre con él. ¿Qué le diré? O al revés. Quizá imaginaba que en
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Nunca quise hacerte daño
algún momento llamara a mi puerta para invitarme a salir. O quizá esté
esperando a que sea yo quien dé ese primer paso. Al fin y al cabo le dije
que seré yo quien invite y decida el lugar en la siguiente cita. Pero no estoy
segura de hacerlo. Primero tengo que estar segura de querer acostarme
con él. Al fin y al cabo, si la otra noche estuvo a punto de ocurrir, en cualquier momento puede volver a suceder. Y me da miedo. Pánico.
“Fiesta en el Cero Diez a partir de las once de la noche. Por cada dos copas, la
tercera gratis. Estáis todos invitados.”
Leo y releo la cuartilla que acaban de introducir bajo mi puerta.
Resulta curioso que alguien se preste a ir puerta por puerta colocando
propaganda. Me pregunto cuanto cobrará por ello…
-¿Lanna? Lanna… hola…
Oigo su vocecilla al otro lado del teléfono, lo que provoca que de mi
boca emane una sonrisa. Echaba de menos su voz.
-¡Lea! ¿Qué tal?
-Bien, ¿pero se puede saber dónde te metes? Hace días que no coincidimos. ¿Estás enferma o algo así?
-Eh, no. No es eso. Es que he estado muy pendiente de algunas cosas
y he olvidado otras. Cuestión de prioridades…
-Bueno, si quieres puedo pasarte algunos apuntes.
-La verdad es que me vendría muy bien. ¿Me he perdido mucho?
-Bueno… sí. ¿Oye, te han pasado lo de la fiesta de esta noche? -dudo
un momento. Estoy segura de que me va a invitar a acompañarla. Y será
difícil negarme a ello.
-Nosotros vamos a ir, ya sabes. Si te apetece…
-Verás Lea, he perdido bastante clase y quisiera aprovechar esta noche
para pasar los apuntes que me prestes.
-Pero te los puedo fotocopiar y así quedas libre para venir.
-Déjalo, de verdad. Otro día -no tengo ganas de dejarme ver por esa
fiesta.
-¿Va todo bien?
-Bueno, verás… hoy he hablado con mi madre… -contengo el aliento- Eric se ha caído de la moto.
-¿Le ha pasado algo?
99
Sonia Hernández
Mi amiga parece asustada. Conoce bastante a mi hermano desde hace
mucho tiempo y sé que ambos se aprecian.
-No, no parece ser nada, sólo rasguños, lo de siempre. Pero me he
asustado porque no veo que se plantee el riesgo que corre cuando la coge.
-Sí, no veo que haya aprendido y eso que la lección fue gorda. ¿Has
hablado con él?
-No. No ha querido. Supongo que se olía lo que le iba a decir.
-Bueno Lanna, no te preocupes. Sólo ha sido un susto. Seguro que lo
piensa bien y deja de hacer el indio.
-Seguro.
-Luego te paso los apuntes.
Cuelgo el teléfono. No tengo demasiadas ganas de hablar hoy. Ni de
salir. Ni de ver a nadie. Me preocupa que mi hermano no sea consciente
de lo que hace.
También el hecho de que mi madre no sea capaz de plantarle cara y
pararle los pies con el tema de las carreras, del que está más que al tanto.
Pero tampoco quiero darle más vueltas al tema. De hecho, quizá
debiera presentarme en la fiesta de esta noche. Seguro que veo a más de
un conocido. Lea y Greiff estarán allí y, por qué no, Mark. Seguro que lo
pasaríamos bien. Así al menos podría quitarme el tema de mi hermano
de la cabeza.
Llaman a mi puerta. Tres golpes bastante seguidos. Espero. Nadie
habla al otro lado. Avanzo hacia ella y apoyo mi frente sobre la madera.
Debería pensar que es Lea con mis apuntes, sin embargo, estoy segura de
que llamaría casi a gritos.
O quizá sea Mark. Se preguntará el motivo de mis ausencias a clase.
O de mi repentina desaparición de la faz de la tierra.
Lo primero que me encuentro al llegar a mi planta es a ese imbécil de
Loan. Está plantado delante de la puerta de Lanna. Lleva un cuaderno
bajo el brazo. Sonríe. La puerta se ha abierto.
-¡Eh Mark! ¿Vas a ir esta noche al Cero Diez?
Y prefiero quedarme charlando con uno de los residentes a acercarme a la escena que presencio a lo lejos.
100
Nunca quise hacerte daño
-Vaya, hola Loan -desde luego que no esperaba que fuera él.
-¡Hola! -responde con alegría-. Me he cruzado con Lea que venía a
traerte esto y… bueno… me he ofrecido…
Me tiende un cuaderno de colores vivos. Es el de mi mejor amiga. Lo
tomo y lo abro para hojear los apuntes que me he perdido descubriendo que es más de lo que esperaba. Pero no me desespero, al menos, no
todavía.
-Muchas gracias, veo que tengo trabajo… -y me acerco a mi escritorio para dejar el cuaderno.
-¿Te encuentras bien? quiero decir, hacía días que no te veía en clase.
Asiento y me sobresalto cuando doy la vuelta y veo que Loan ha
entrado en mi dormitorio.
-Sí. Tenía otras asignaturas un poco retrasadas y… bueno, ya sabes.
Me mira algo ausente. Parece que mi motivo es suficiente para él.
-Esta noche hemos quedado para ir al Cero Diez -y toma de mi mesa
el panfleto que acabo de recibir-. Va a estar bien, podrías animarte.
-No sé. No creo -me mira sorprendido y por qué no, algo decepcionado-. Tengo bastante trabajo que recuperar y quisiera no dejarlo para
largo. Además, tengo que devolver a Lea su cuaderno.
Con el poco disimulo que me caracteriza, me dirijo a la puerta y la
abro, haciéndome a un lado para dejar paso a Loan, que no parece pasar
esto por alto, aunque todavía se detiene bajo el marco para despedirse.
-Gracias por los apuntes -y vuelvo a mirar el cuaderno sobre mi mesa.
-Dime al menos que lo pensarás -sonríe con esperanza-, lo de esta
noche.
-Vaya, no te das por vencido con facilidad.
-Soy muy competitivo.
-No lo dudo.
Le miro una vez más. Es guapo. Pero no es el momento. Y él parece
esperar algo más. Quiere que le confirme mi asistencia a la fiesta y yo no
puedo decirle que no quiero encontrarme con Mark allí. Que necesito
recapacitar sobre ese primer encuentro después de la noche del parque.
No, Loan no lo iba a entender.
-Bueno, nos vemos luego, ¿no?
101
Sonia Hernández
-Deja que lo piense. Pero lo dudo, los millones de apuntes retrasados
pesan más que la fiesta.
Sonríe una vez más dándose, por fin, por vencido.
Y por vencida me doy cuando, tras Loan, veo la figura de Mark, que
se dirige decidido hacia su dormitorio, casi sin percatarse de nosotros.
Tiene el cabello mojado y lleva una bolsa de deporte sobre su hombro.
Saca las llaves del bolsillo con decisión y abre la puerta, dando un firme
paso al frente para entrar en su dormitorio.
Mi corazón late con fuerza y en mi estómago ha aparecido un nudo
que no me deja casi respirar. No puedo creer que vaya a desaparecer sin
saludarme siquiera. No es posible.
Pero no puedo pedir otra cosa. Hace días que le evito y ni siquiera le
he enviado un mensaje al móvil, una llamada. Nada. Y ahora tengo a
Loan en la puerta de mi dormitorio, que parece resistirse a marcharse de
una vez por todas.
Entonces me doy cuenta de lo tonta que he sido.
Sé que ella me está mirando, aunque el imbécil de Loan ni siquiera se
esté dando cuenta de que sobra en esta escena.
Estoy algo molesto. Lleva toda la semana evitándome, estoy seguro, y
no entiendo el motivo. Supongo que lo ocurrido en el parque la otra
noche tendrá algo que ver. Pero no lo veo lógico. No pasó nada raro, ella
estaba a gusto también. Al menos podría contarme el motivo de este
comportamiento tan infantil.
Pero yo soy el consejero, y además mi madre me enseñó desde muy
pequeño algo muy importante que nunca olvidaré: educación.
Así que, muy a mi pesar y casi costándome hacerlo, inspiro con fuerza y me doy la vuelta.
Los ojos de Lanna parecen esperarme. Está seria, casi asustada.
Pequeña niña tonta. Le sonrío y ella se sorprende por ello. El cuerpo de
Loan forma un muro entre nosotros. Al fin en su rostro se dibuja una
tímida pero sincera sonrisa. Le guiño un ojo.
Y otra de esas miradas que sé que le gustan. Toma Lanna, para ti. Para
102
Nunca quise hacerte daño
que veas que no estoy enfadado por ignorarme. O eso creo.
Cierro mi puerta y desaparezco.
Al fin he conseguido deshacerme de Loan. Cuando ha aparecido
Mark lo he pasado fatal. Pensaba que le molestaría verme con él, sin
embargo, me ha dedicado algo parecido a un saludo.
Quizá no le importe que Loan esté en la puerta de mi dormitorio.
¿Qué clase de relación tenemos entonces? Hay un chico en mi dormitorio y él ni se inmuta.
Aunque quizá sea yo quien da demasiadas vueltas a todo. Lo mejor
será que hable con él. Aclarar todo y seguir hacia adelante.
Me lanzo sobre la cama y quedo tumbado de espaldas, con los brazos y piernas estirados. Intento no pensar demasiado en el tema de
Lanna, aunque no estoy seguro de ser capaz.
Es la primera vez que una historia parece intentar absorberme tanto.
¿No te estarás enamorando? Aunque sea sólo un poco. Va, ni de coña.
Que me gusta, no lo dudo. Que me gusta bastante, tampoco. Pero de ahí
a enamorarme de una chica de primero…
103
Sonia Hernández
El bar está lleno. Luces intermitentes centellean desde casi el cielo.
Saludo a varias caras conocidas. De clase, de la residencia, de la piscina.
Suena la música de moda y la gente baila.
Me río solo. Es fácil saber a qué curso pertenece cada persona con
sólo verla bailar. El grupo de las de primero, sólo menea un poco la cadera, con timidez por lo desconocido. Las de segundo, sin embargo, bailan
casi poseídas por la música. Ya saben bien dónde están, con quién… Y
las de tercero, las reinas del mambo. El bar es suyo, el campus es suyo y,
por qué no, la ciudad también es de ellas. Y por supuesto, todos los hombres son suyos. Así que se mueven despacio, sin prisa, con movimientos
sensuales.
Me acerco a la barra, sumido en estos pensamientos que no me llevan
a ninguna parte, en realidad.
-Una Bud -el camarero no tarda en complacer mi petición y le cambio
el botellín por dos monedas.
Al fondo está Lea, la mejor amiga de Lanna. Baila como antes he descrito (recordemos que es del grupo de primero) aunque su estilo se entre104
Nunca quise hacerte daño
mezcla un poco con el de segundo, fruto de su relación con Greiff. Estos
son los efectos de los líos entre gente de diferentes edades…
Están con más gente, entre los que se encuentra el muro humano de
Loan. Bebe una cerveza con prisa y bromea con el resto, así que decido
unirme a mis amigos yo también. Visto que Lanna no ha venido, decido
seguir la fiesta por mi lado.
-¡Qué pasa tío!
Les saludo levantando la cabeza. Están en mitad de una partida de
billar, pero prefiero no unirme a estas alturas. Además, nunca he sido
bueno en ese juego, así que me apoyo sobre la mesa dispuesto a disfrutar de mi cerveza.
-¡Hola Mark!
La miro a través de mi botella de cerveza. Me mira sonriendo y le respondo con una de las mías. Pero no de las que le regalo a Lanna de vez
en cuando. Tengo más.
-Te he estado buscando antes porque tengo un problemilla…
-Bueno… -miro mi reloj, las doce de la noche- Es un poco tarde para
problemillas.
Intento recordarle que no soy consejero veinticuatro horas al día pero
desisto cuando observo que me mira con esperanza.
-Está bien, dime. Has tenido suerte, hoy estoy de guardia.
Ella sonríe, aunque no estoy seguro de que haya comprendido mi
broma.
-Ando bastante retrasada en Sociología -me habla casi a gritos pese a
estar pegada a mi rostro y me irrita que no pare de gesticular mientras lo
hace-. Había pensado que igual tú tenías algún apunte…
Dudo un momento. Apuntes de primero. Madre, dónde estarán.
-¿Has probado a buscar en la copistería? La gente suele dejarlos allí…
Ella asiente con cara de circunstancia.
-Bueno, creo que tengo algún apunte en mi habitación -sonríe y da
pequeños saltitos de alegría-. Pásate mañana y lo miramos, ¿vale?
Parece feliz.
-Déjame que te invite a algo entonces -me agarra del brazo para hacer
que la acompañe, pero desiste cuando le muestro mi cerveza casi entera.
105
Sonia Hernández
-Primero tengo que encontrar los apuntes, luego ya veremos -y me la
quito de encima con facilidad.
Ella me da las gracias una y otra vez y se despide con un beso en la
mejilla que no esperaba, para marcharse bailando.
-¿Qué le pasa a esa? -una vez más, el oportuno de Giulio aparece en
escena.
-Ivanna, necesita apuntes.
-Está buena, ¿eh? Ya te digo yo, el año que viene consejero -y Giulio
da un trago a mi cerveza sin cortarse.
La verdad es que mi amigo tiene razón. Aunque es un patán, sí, pero
tiene razón.
Ivanna es una estudiante de primero de periodismo bastante bajita.
Tiene el pelo castaño oscuro y ondulado por encima de los hombros.
Una nariz rechoncha y los labios bastante carnosos que le dan un toque
sexy. Y es una chica agradable.
Suena Kty Perry y el recuerdo de Lanna bailando para mí inunda mi
mente. Puedo verla moviéndose delante de mí, acariciar mi pelo, besarme… Levanto la vista y veo a Loan de nuevo. Sonrío triunfal y decido
acercarme a ellos atrevidamente.
-¡Hola! -Greiff es el primero en saludarme. Lleva una camiseta de algodón blanca sin mangas y tiene más pinta de marine que de estudiante.
Lea se gira y me sonríe. Loan se limita a ignorarme.
-¡Tú eres el consejero de Lanna! -asiento.
-Por cierto, hace días que no la veo. ¿Sabes algo de ella? ¿Se encuentra bien?
Hablo en el oído de Lea, intentando que el resto no pueda saber nuestro tema de conversación.
-Bah, déjala. Está muy rara. Hoy he hablado con ella. Está preocupada porque su hermano ha tenido un accidente con la moto. No es nada,
pero ya sabes, es su hermano pequeño…
La confesión de Lea me coge desprevenido y siento pena por Lanna.
-Esta tarde he enviado a Loan, su enamorado, a llevarle unos apuntes
que me ha pedido y ni siquiera él ha conseguido convencerla para salir…
para mí que hay algo más que lo de su hermano…
106
Nunca quise hacerte daño
Ambos reímos mirando de reojo a Loan, que nos mira sin saber el
motivo de nuestras risas.
-Ya me enteraré. Gracias Lea.
-El año que viene voy a pedir que seas tú mi consejero -me guiña un
ojo-, tú sí que te preocupas…
-Espero no estar aquí el año que viene -le susurro al oído antes de
darme la vuelta para salir del local.
~•~
El pasillo está a oscuras, sólo iluminado por las luces de la ciudad que
atraviesan el gran ventanal. De fondo puedo escuchar la música que sale
de alguna habitación cercana. Camino sin prisa hasta el final del pasillo y
compruebo al mirar hacia la puerta de enfrente que hay luz en el dormitorio de Lanna.
Sé que Zara no está con ella, ya que Giulio estaba en el Cero Diez,
con lo que, presumiblemente, ella no andará demasiado lejos.
Me acerco más a la puerta y compruebo que la música proviene de su
dormitorio. Es una versión muy romántica de aquella canción de los
Beatles, “And I love her”. La canta una mujer de voz dulce.
Saco mi teléfono del bolsillo y comienzo a escribir.
“Vaya, pensaba que estarías en la fiesta.”
Y coloco el teléfono junto a su puerta, pegado contra la madera.
Un bip que consigue sobresaltarme me indica la llegada de un nuevo
mensaje de texto. Dejo el bolígrafo sobre los apuntes y cojo el aparato.
Me pesan los ojos de puro cansancio.
“Vaya, pensaba que estarías en la fiesta.”
Sonrío. Me gusta recibir esto. Quiero contestarle, aunque ni siquiera
sé cómo empezar. Escucho durante unos segundos la música que emite
el reproductor y que inunda el dormitorio, pero bajo el volumen para
intentar pensar mejor.
107
Sonia Hernández
“Tengo cantidad de trabajo retrasado. Me hubiera gustado de veras verte.”
Y no se me ocurre más, así que mantengo el teléfono en mis manos
un instante para pulsar con decisión la tecla enviar.
Me siento feliz por algo tan simple como un mensaje en mi teléfono.
Significa que Mark no está enfadado conmigo e incluso que esperaba
verme en el pub. Me prometo a mí misma invitarle a salir la próxima vez
que me tope con él, pero esta vez sin esquivarle, sin evitarle, es más, pienso esperarle.
Pero un sonido sordo me vuelve a sobresaltar: como si algo sobre la
puerta hubiera hecho que esta vibrara. Además, escucho también un leve
primer pitido. Y un segundo que me coge desprevenida.
Es algo parecido a… un teléfono móvil.
Sí, eso es, es como si un teléfono móvil acabara de recibir un mensaje
en ese preciso momento. Pero eso sólo puede significar que…
Me levanto de un respingo y abro la puerta con decisión, con alegría,
con nervios, con ansia, con ganas, con expectación. Feliz.
Lanna
está delante de mí. Sonríe ilusionada. Viste un pantalón de
pijama gris y una camiseta de tiras. Los tirantes negros de su sujetador se
dejan entrever. Tras ella, los acordes de un elegante piano ambientan la
situación. Le sonrío sereno, seguro de mí mismo. Me alegra verla de
nuevo, a solas.
Una nueva canción emana de su reproductor y le tiendo mi mano, que
acepta sin vacilar. Se acerca a mí y poso mis manos, frías, en su cintura.
Ella se cuelga de mi cuello y comenzamos a movernos despacio en la
oscuridad. Una canción lenta, tranquila, romántica. Parece que todo se
pone a nuestro favor.
Estamos muy juntos, puedo sentir el frío en su cazadora. Me mira
fijamente y yo no puedo despegarme de sus ojos. Me sonríe con dulzura.
La música continúa brotando de mi dormitorio mientras nosotros
continuamos bailando en la oscuridad del pasillo.
Mi corazón late con fuerza. Las piernas me tiemblan, pero me siento
feliz. La mano de Mark desciende de mi cintura y eleva una pierna para
108
Nunca quise hacerte daño
colocarla en su cadera, mientras la acaricia de arriba abajo. Me besa con
decisión.
No lo dudo un instante y la tomo en brazos. Sus piernas rodean mi
cintura como si de un pequeño monito se tratara. Continúa besando
mi cuello mientras abro la puerta de mi habitación y ella la cierra tras
nosotros con una suave patada.
La poso en el suelo y ella baja la cremallera de mi cazadora, dejándola caer. Agarro su camiseta y la libero de ella. Siento que tengo prisa por
desnudarla. Como nunca antes había sentido con nadie. Le libro de su
pantalón dejándola así, con sus braguitas a juego con el sujetador negro.
Liso.
La miro de reojo. Está nerviosa y avergonzada. Puedo sentirlo por
cómo ella me mira a mí, que no me he deshecho de ninguna prenda.
Sujeto su mentón con ambas manos y la beso con cariño. Quiero
infundirle toda la confianza que soy capaz de transmitir.
La música sigue sonando a lo lejos.
Mark sujeta mis manos con las suyas y me ayuda a quitarle la cami-
seta. Sus abdominales están bastante marcados en la noche. Rozo con mis
dedos temblorosos su pecho, sin rastro alguno de vello, y dejo que mi
cabello cubra mi rostro. Creo que él ya se ha dado cuenta de todo, pero
no parece importarle.
Me lleva a la cama y se tumba encima de mí, con sus pantalones
vaqueros puestos. Puedo sentir su excitación cerca de mi piel. Respira
aceleradamente, casi en suspiros.
Me desprendo del resto de mi ropa y le libero a ella de la suya con
cuidado. La observo tumbada en mi cama. Nerviosa, casi asustada, y
vuelvo a tumbarme sobre ella para besarla despacio. Rozo su cuello, su
pecho. Está temblando.
Vuelvo a su rostro y le sonrío, mientras abro el primer cajón de mi
mesilla de noche para buscar esos globos sólo aptos para que jueguen los
mayores.
109
Sonia Hernández
Joder, me cuesta encontrarlo más de lo que esperaba. Aquí está.
Lo abro con cuidado y lo coloco comprobando de reojo que Lanna
no quiere casi ni mirar.
Pequeña princesa tímida.
Mark está de nuevo sobre mí. Todo está preparado ya. No hay vuelta
atrás. Con cada una de sus manos separa mis piernas para colocarse entre
ellas. Agarro su cara y le beso nerviosa a la vez que enredo mis piernas
sobre su espalda. Siento que está dentro de mí. Madre mía. Me duele un
poco. Pero estoy segura de querer seguir haciéndolo.
Mark comienza a moverse rítmicamente.
¿Qué le pasa? Parece no encontrarse bien. Está inmóvil, con las pier-
nas sobre mi espalda. Sus ojos abiertos me miran casi suplicando ayuda.
Ahogo mi rostro en la almohada, muy cerca de ella. Huelo su cabello. Su
cuello. Rosas. Frutas. Quizá jazmín. Me gusta.
Poco a poco voy relajándome. Sigo abrazada a él. Me siento feliz,
protegida. Aunque seguramente él sea consciente de la situación, ni lo
pienso ni me avergüenzo de ello. ¿Qué más da? Ahora no es el mejor
momento para pensar en estas cosas, desde luego.
Así que dejo volar mi imaginación, me libero de estúpidos pudores y
miedos y, por primera vez esta noche, me relajo.
Beso su cuello y su mentón e intento seguir su movimiento, que ya no
parece dolerme siquiera. Puedo sentirle muy dentro de mí. Su rostro,
frente al mío, me mira sereno. Le sonrío y doy pequeños mordisquitos en
su barbilla. Suspira.
Lanna ha cambiado por completo. Ahora navegamos en el mismo
barco, con el mismo oleaje. Me mira, sonríe. Se divierte. Ahora puedo disfrutar de ella. Con ella. Cómo me gustas, pequeña princesa.
Beso la punta de su nariz y continuamos juntos nuestro baile secreto.
Despacio, sin prisa, disfrutando.
110
Nunca quise hacerte daño
No lo puedo creer. ¡Estamos haciendo el amor! Por fin, Lanna, por
fin. Ya sólo quedabas tú. Ya nunca podrás sonrojarte cuando hablen de
sexo y estés delante. Nada de ponerme colorada. Me siento orgullosa por
que sea Mark quien esté junto a mí en este momento. Por haberle elegido a él. Sé que ha sido la mejor elección que podría hacer. Cielos, creo
que estoy enamorada. Loca e irremediablemente enamorada.
Aún pasa un rato en el que nos movemos juntos. Explorándonos con
las manos, con los labios. La noche nos acoge. Y ahora el silencio también.
Exhausto, me dejo caer junto a ella, que suspira tranquila. Me abraza
feliz y recibo el beso más delicado que jamás me hayan dado. Joder, creo
que nunca lo había pasado tan bien.
-¡Ay! -me quejo cuando, con su pierna, me roza ahí.
Ella se ríe y me mira. Estoy tendido sobre la cama, ella de costado,
me abraza.
-Ten cuidado o no podrás repetir... -vuelve a reír algo más relajada-.
¿Estás bien?
-Nunca me había sentido así de bien -susurra con la cabeza apoyada
en mí.
Y enseguida descubro lo cierto de esa frase.
Mark se sienta en la cama, dispuesto a quitarse lo único que se inter-
ponía entre nosotros. Le miro en la noche, cubriendo mi cuerpo con un
gran cojín. Abrazo mis piernas con los brazos al sentarme en la cama
mientras espero su reacción.
Tengo prisa por liberarme del preservativo. Me molesta y quiero volver cuanto antes con ella. Lo cojo con cuidado y observo lo último que
podría esperar esta noche. Un leve rastro de sangre en él me confirma
lo que minutos antes sospechaba. Quiero no darle importancia aunque
sé que la tiene. Lanna acaba de hacer el amor por primera vez y me ha
elegido a mí. Eso me gusta y me hace sonreír a sabiendas que la noche
me resguarda. Vuelvo con ella orgulloso de ser yo el elegido. Tomo
asiento a su lado y la miro. Está tranquila. Pero noto la timidez en su
111
Sonia Hernández
delicada sonrisa. Se cubre pudorosa pese a que ya he podido estudiar
cada parte de su cuerpo.
No sé qué decir, nunca me había pasado algo así.
Me limito a esperar su reacción mientras disfruto de ella.
-Tenía que habértelo dicho -susurro apoyando la cabeza sobre mis
antebrazos.
-Bueno, no pasa nada. Lo único que me importa es que tú hayas
estado bien.
Que yo haya estado bien es lo único que le importa. Intento no
sonreír, aunque casi tengo que obligar a mis labios a permanecer
cerrados. Es lo mejor que podría haber escuchado.
Se recuesta y me atrae hacia sí. Le miro una vez más. Tiene una sonrisa preciosa. Cubre nuestros cuerpos con sus sábanas, que huelen a bebé.
Siento que me besa el cabello y yo me derrito cada vez que sus labios me
rozan.
-¿Te he hecho daño?
-No -miento-. La verdad es que no esperaba que fueras así.
-¿Así cómo?
-Así de delicado conmigo -ahora no hay rastro de mentira en mis
palabras.
Todavía estamos así un rato. Sin decir nada. La beso y la acaricio
mientras ella suspira. Y yo me olvido de todo. De que nos separan varios
años, de que soy el consejero, de que vamos a la misma clase, de que dormimos puerta con puerta. Sin embargo, sólo hay una cosa que no puedo
apartar de mi mente. Su rostro.
-Debería marcharme -susurra rompiendo todo este pequeño Nirvana
que tenía montado-, alguien podría darse cuenta.
Pero la retengo entre mis brazos.
-Me gustaría que te quedaras conmigo esta noche. Además, seguro
que Giulio ya se ha apoderado de tu habitación. Sería una pena hacerte
levantar para que tengas que volver a la cama…
No me cuesta convencerla y, poco a poco, nos dormimos abrazados.
~•~
112
Nunca quise hacerte daño
Llaman a la puerta y Lanna está dormida. Me levanto al tercer golpe
y busco mi ropa interior en el suelo. Antes de abrir aparto con varias
patadas nuestra ropa, que está tirada por la habitación. Abro despacio.
Es Ivanna.
-¡Buenos días!
Paso mi mano por la cabeza, dudando. ¿Qué hace aquí?
-Me dijiste que me pasara por tu habitación para mirar lo de los apuntes…
-Ah, sí… -recuerdo-. Déjame que los busque.
Ella sonríe ajena a mi secreto. Agarro el pomo de mi puerta y veo
que el sujetador de Lanna cuelga de él. Intento esconderlo sin que
Ivanna lo note.
-Por cierto, interesante la forma de recibir a los estudiantes, ¿no?
La miro incrédulo. ¿Qué dice ahora? Son las siete de la mañana. ¿Qué
quiere? Me miro un momento y entiendo su reacción. Sólo llevo la ropa
interior puesta.
-¿Terminaste tarde anoche?
Asiento convencido de que no le miento. Aunque no voy a contarle
cómo terminé. Pero entre otras cosas, querida Ivanna, sí, terminé tarde.
-Déjame que busque los apuntes y te los paso uno de estos días, ¿vale?
-Si quieres puedo ayudarte a buscarlos.
Parece decidida a entrar.
-Es que está todo hecho un desastre. Necesito una ducha. En serio, te
los busco y te los paso.
Parece convencida y se marcha dando sus ya familiares saltitos.
Cierro la puerta y me apoyo en ella. Por poco. Si hubiera entrado, esto
hubiera sido un espectáculo. Lanna durmiendo desnuda en mi cama y
toda nuestra ropa desperdigada por el suelo. Difícil de explicar. ¿Difícil?
¡Si tiene una explicación de lo más sencilla!
-¿Qué haces?
Lanna está sentada en la cama. Ya está vestida. Menos su sujetador,
que sigue en mi mano derecha.
-Buenos días -susurra tranquila.
Es evidente. Ivanna ha conseguido despertarla. A ver cómo le explico esto sin que se enfade.
113
Sonia Hernández
Me acerco y me coloco en cuclillas ante ella.
-Debo irme o llegaré tarde a clase -sonríe serena y yo me siento más
culpable-. No querrás que me vean salir.
-¿Estás bien?
Ella asiente. No parece enfadada. Y tiene razón, si no nos damos prisa
llegaremos tarde cada uno a su clase.
-Pero no quiero que te vayas ya. Podemos quedarnos aquí el resto del
día así, a gusto…
Y ahogo mi cabeza en su regazo provocando su risa.
-Claro, y luego serás tú quien vaya rogando apuntes de puerta en
puerta.
-Bueno, dime al menos que te veré luego…
-Hoy tenemos clase juntos, así que sí, me verás.
Me quita el sujetador de la mano y me da un suave beso en los labios
antes de abrir la puerta. Mira antes de salir, se gira y me sonríe una última vez para desaparecer en su habitación dando por finalizada una noche
mágica.
114
Nunca quise hacerte daño
Desayuno a solas en el comedor. El sol se cuela por la ventana intentando calentar mi rostro, sin éxito. Pero es agradable. Me recuesto en la
silla de plástico e intento relajarme, aunque sea por un momento, ya que
no queda demasiado tiempo para que empiece la clase.
Doy otro sorbo a mi café y sostengo la taza con ambas manos. Está
tibia y calienta mis manos con rapidez. Acerco las labios al borde y la
siento humear cerca de ellos, lo que me provoca un leve escalofrío.
Me siento bien esta mañana. Quizá lo sucedido durante la noche con
Mark tenga algo que ver. O quizá tenga todo que ver. Me alegro de haber
dado el paso. Y de haberlo hecho con él.
Vuelvo a dirigir mi mirada al sol y sonrío mientras me deslumbra con
su fría fuerza.
-¡Buenos días!
Saludo a Lea si abrir los ojos. Intento retrasar mi despedida con el
astro rey el máximo tiempo posible.
-¿Qué tal te fue con los apuntes?
115
Sonia Hernández
Mi amiga recoge de la mesa su cuaderno y lo coloca junto al resto de
sus libros.
-Bueno… me quedan un par de páginas por pasar. No me dio tiempo a más.
-No te preocupes, lo podemos fotocopiar y te olvidas. Además, no
creo que sea una asignatura tan importante -exagera la pronunciación al
final de la frase.
-¿Cómo fue la fiesta anoche?
Lea sonríe ampliamente y se deja caer, más, en la silla.
-No sabes lo que te perdiste. Aquello era como Sodoma y Gomorra.
La miro insegura.
-En serio. ¿Te acuerdas de la chica que se sienta delante de nosotras
en Derecho Civil? -asiento-. Pues se ha liado con uno de clase. ¡Con uno
de clase! En cuanto lo veamos te digo quién es…
-¿Y tú qué tal? Quiero decir, qué tal te va con Greiff.
-Bien, muy bien. Lo pasamos bien juntos, nos divertimos. Aunque a
veces echo un poco en falta pasar algo más de tiempo a solas con él.
Siempre estamos con el resto.
-Bueno, sólo tienes que decírselo.
Mi amiga asiente desganada.
-¿Ocurre algo, Lea?
-No, es sólo que… nada, sólo son tonterías.
-Vamos Lea, que soy yo.
Se lo piensa un segundo y comienza a hablar en un tono bastante
suave.
-Es que verás, a veces tengo la sensación de que sólo estamos a solas
cuando quiere… bueno, ya sabes.
-¿Quieres decir que únicamente os quedáis solos cuando va a haber sexo?
-¡Quieres bajar el tono!
Yo misma me sorprendo hablando más alto de lo debido al escuchar
semejante confesión.
-Verás, siempre estamos en el Cero Diez o en su casa. Cuando salimos
a cenar siempre viene alguno de sus amigos.
-¿Pero en su casa no estáis a solas?
-¡Qué va! Siempre hay alguien molestando.
116
Nunca quise hacerte daño
-Pero Lea…. entonces, cuando os acostáis…
Ella se sonroja. Sé a ciencia cierta que Greiff no es el primer chico
con el que se acuesta mi mejor amiga, pero también sé que ella no es una
cualquiera que lo haría de cualquier manera.
-Pues nosotros en su habitación y fuera siempre se escucha a alguien.
-¿Quieres decir que hay gente en casa…?
Ella asiente con tristeza.
-Lea, esto no puede ser. Debes disfrutar del sexo, sin estar pendiente
de si hay gente, de si os oyen o si os ven. Deberías hablarlo con él. Al fin
y al cabo no le estás pidiendo algo imposible. Más bien se trata de algo
lógico.
-El caso Lanna es que… a mí me gusta hacerlo en sitios… raros.
-¿Raros? ¿A qué te refieres cuando dices raros?
-Bueno, no sé. El baño del cine, el probador de una tienda de ropa, en
una de las aulas de estudio…
-Veo que no perdéis el tiempo…
-No seas así, Lanna. No todo es tú arriba y yo abajo -en ese momento
me viene a la mente la noche anterior, en esa misma postura-. Hay que
hacer cosas diferentes, divertirse. Sino, apaga y vámonos…
Casi tomo la conversación como una clase magistral y considero si mi
amiga puede estar o no en lo cierto.
-Hay que innovar, Lanna. No es difícil caer en la monotonía.
-Creo que tienes razón en eso, Lea. Pero una cosa es una cosa, y la otra…
pues eso. Que tienes que hablar con él y regalaros más tiempo a solas.
-Bueno, si tú te ocuparas un poco de Loan, todo sería más fácil para
nosotros…
Una sonrisa llena mi boca. No entiendo el motivo ya que, desde que
tengo uso de razón hoy, el único pensamiento que inunda mi mente es lo
sucedido la noche anterior.
-¡Bah! Seguro que te gusta -mi amiga pone cara de enamorada- aunque
sea un poquito... -niego con la cabeza- Un poquito así de pequeñito…
Aprieta con su dedo pulgar el índice para enseñarme la medida. Yo
me limito a reír y volver a dedicar una mirada al sol.
-Venga, podemos decirle que te saque del aburrido saco de las vírgenes. Al menos te cambiará esa cara de amargada que llevas.
117
Sonia Hernández
-¡Yo no estoy amargada!
-¡Sí lo estás! Has pasado toda la noche estudiando y ni siquiera
estamos en exámenes. No pensaba que fueras a resultar tan muermo
en la universidad.
-No seas así, Lea. Además, que no te cuente no quiere decir que no
haga -ella intenta gritar-. Lo que no quiere decir que haya hecho nada de
lo que no estés al corriente…
Ella me mira sin saber bien a qué atenerse. Parece estudiarme mientras acaricia su barbilla con la mano.
-A ver… -se acerca a mí y me roza el rostro-: piel tersa, cabello brillante y pareces menos avinagrada que de costumbre… ¡niña, tú cumples
con todos los tópicos!
Sé que estoy sonrojada, pero no disimulo.
-¡Esto se merece una cerveza!
-Vale, te debo una entonces.
Y recuerdo que con esta empiezo a deber bastantes cosas a bastante
gente.
-Pero cuéntame quién es. Me lo presentarás, ¿no?
Niego con la cabeza mientras camino segura hacia nuestra aula.
-¿Pero por qué?
-No lo conoces, Lea.
-¿Es de la universidad?
-No lo conoces -comienzo a cansarme de esto-, no va con nosotras a
clase.
-Vale. Me rindo. Cuando quieras desvelar quién es el amante misterioso, me avisas.
Continuamos el recorrido por el pasillo hasta la clase en silencio. Pero
ella no está enfadada. Me conoce y, aunque no le parezca bien, respeta
mis decisiones. Y la de mantener la identidad de Mark oculta es una de
ellas.
Por otro lado, me sorprende que mi amiga se haya dado cuenta, al
menos tan pronto, de que ya no sea virgen.
~•~
118
Nunca quise hacerte daño
La clase no ha empezado y quedan varios sitios libres todavía, así que
camino decidida por entre los asientos.
-¿Aquí mismo? -y dejo mi carpeta sobre una de las bandejas para
tomar asiento.
-Qué más da, ¿no? Al final se ve igual desde cualquier parte.
-La verdad es que sí.
Miro alrededor y sonrío al comprobar que hay varios asientos libres
cerca de nosotras, lo cual me deja una pequeña opción a que Mark pueda
llegar a ocupar uno de ellos.
-No sé ni cómo he sido capaz de levantarme esta mañana para venir
a clase, tío.
Giulio camina desganado, como de costumbre.
-Estuvo bien la fiesta de anoche, ¿no? -intento disimular.
-Sí, no estuvo mal. Te fuiste muy pronto. Luego se animó un poco
más. Pero bueno, supongo que tendrías tus planes de consejero.
-Claro -hago que parezca que bromeo aunque haya dado en el blanco
sin ni siquiera saberlo.
Entramos en el aula. Falta poco para que empiece la clase y ya hay
bastante gente. Al final me he retrasado más de lo previsto para llegar,
pero aun así, decido esperar a Giulio en la puerta, que se ha encontrado
a un compañero de otra asignatura.
Y mi cabeza comienza a recordar lo sucedido en las últimas doce
horas. Primero la fiesta en el Cero Diez, espero que Lea no sea demasiado hábil o habrá notado mi interés por Lanna. La noche con ella…
Y por otro lado está Ivanna. Me la he vuelto a encontrar en el pasillo
por casualidad. Eso creo, al menos. O eso espero. Al menos ya le he prestado los malditos apuntes y parece encantada con ello. Me ha hecho prometerle que me invitará a algo a cambio y le he sonreído para no parecer
un desagradecido. Aunque no estoy muy seguro de querer salir con ella,
aunque sólo sea para agradecerme el favor. No ha sido fácil lidiar con ella
en la puerta de mi dormitorio y no quiero volver a pasar por eso. Y tampoco tengo necesidad.
-¿Vamos? -Giulio ya está dentro del aula y yo le sigo con dificultad,
intentando esquivar a los últimos alumnos rezagados.
119
Sonia Hernández
Echo un vistazo a mi alrededor y no me cuesta encontrarla. Allí está,
hablando al oído de su mejor amiga y buscándome bastante disimuladamente. No te preocupes princesa, ya estoy aquí y, sea como sea, pienso
sentarme cerca de ti.
-Sentémonos aquí. Mira, están libres los asientos de delante, podremos vacilar un poco antes de que empiece la clase. Hoy traigo libros de
sobra -y me muestra tres volúmenes, decidido a sentarse allí mismo.
-Espera tío, allí hay sitio también -y señalo a los dos asientos libres
situados justo encima de Lanna y su amiga.
-Pero aquí podemos liarla un poco… -se queja.
-Venga, que la clase va a empezar ya -y veo al profesor asomar la
cabeza por el aula.
-Buenos días -saludo a las chicas con voz suave mientras tomo asiento. Sólo se gira Lea, que me saluda sin más. Me divierte ver que Lanna
está completamente ruborizada al verme de nuevo.
-¿Sabes, tío? -comienza a susurrar mi amigo cuando ya ha comenzado la clase. Le escucho a la vez que intento tomar algún apunte-. Me
ha dicho Zara que esta -se refiere a Lanna- no ha dormido hoy en casa.
Dejo de escribir de golpe y siento que la sangre se escapa de mi
rostro. Intento disimular, pero parece imposible.
-Joder, podría haberlo dicho y hubiera ido a aprovechar la ocasión.
¿Sabes con quién está?
-¿Con quién? -pregunto algo preocupado.
-No, que si sabes tú con quien está.
Resoplo de pura tranquilidad.
-No tengo ni idea.
Y ella me mira intentando esconderse en un mechón de su cabello.
No puedo concentrarme en la clase de hoy. ¡Lo tengo justo detrás!
Estoy segura de que no ha sido fruto de la casualidad. Y ahora estoy nerviosa, siento que mi mano tiembla al intentar escribir, me cuesta tragar
saliva y más prestar atención a la clase.
También me siento algo avergonzada, sin embargo, no entiendo el
motivo que me lleva a sentirme así. Soy consciente de que él no deja de
120
Nunca quise hacerte daño
mirarme y parece divertirse al hacerlo, mostrándose de un modo natural,
como yo misma debería hacer ahora mismo. Sin embargo, el miedo parece apoderarse de mí con sólo pensar que está sentado a escasos centímetros de mí. ¿Será así siempre? No quiero volver a distanciarme, menos
teniendo la sombra de la tal Ivanna planeando muy cerca de él. Aunque
tampoco quiero darle importancia ahora, ya que sé que Mark sólo cumple con su cometido como consejero. Pero me siento celosa. ¡Celosa! Es
la primera vez que me siento así, con lo que es más que probable que sea
este estado de enamoramiento el que me haga sentir estas cosas tan raras.
Decido no pensar más.
“¿Qué tal lo pasaste anoche?” escribo sobre el cuaderno de Lea, que me
pone mala cara cuando ambas nos damos cuenta de que lo he hecho
sobre sus recién tomados apuntes. Sonrío pidiendo perdón, pero ella pasa
una página de su cuaderno y comienza a escribir con prisa.
“Estuvo genial la fiesta. Incluso hubo dos por uno en cerveza. Te lo perdiste.”
“Sí -comienzo a escribir- tenía que ponerme al día.”
“¿Y cómo te fue la noche? Imagino que intensa… vamos, una lata, ¿no?”
Sonrío al recordar lo sucedido la noche anterior.
“Sí, un rollo.”
“Y seguro que eres capaz de adivinar quién preguntó por ti varias veces.”
Sonrío hastiada. Parece que cada vez que dé esquinazo a mi amiga me
va a salir con el mismo tema.
“¿Brad Pitt, Orlando Bloom?” Ella sonríe.
“Ya sabes de quién hablo. Empieza a resultar un poco pesadito el tipo. Cada vez
que le veo me sale con la misma historia. Así que ya sabes, si te falla el amante misterioso, aquí tienes uno en la lista de espera.”
Sonrío otra vez y prefiero no quejarme por habérmelo enviado a traer
los apuntes.
“Sí, claro. Tomo nota. Pero de momento, no gracias.”
Sonrío una vez más y vuelvo mi rostro sin ningún tipo de pudor para
echar un vistazo a mi consejero.
Le sonrío al ver su rostro así, limpio, esperando una respuesta. Y le
guiño un ojo casi inconscientemente. Me ha gustado la contestación que
121
Sonia Hernández
acaba de darle a Lea sobre ese idiota de Loan. Ella parece no tener prisa
por volver a la clase. Y la verdad es que yo tampoco tengo ninguna.
Menea la mano con prisa queriendo llamarme y no dudo en acercarme a
ella con rapidez.
-¿Vienes? -me susurra con la vista clavada en el profesor. Casi me
cuesta incluso poder entenderla. En parte porque tapa su boca con la
mano para evitar que Lea se entere.
Vuelvo a sentarme sin entender nada. Ella parece divertirse con este
juego que yo apenas entiendo, así que vuelvo a la clase intentando averiguar de qué estamos hablando.
Me siento descolocado cuando veo que le dice algo al oído de su
amiga, recoge sus cosas y se pone en pie decidida a abandonar la clase,
guiñándome el ojo antes de salir a la escalera.
Subo los escalones intentando no hacer demasiado ruido. No quiero
que el profesor se moleste por abandonar el aula a mitad de la clase y me
regañe por ello.
No me atrevo a volver la vista atrás para comprobar si Mark me sigue
o no. Ni siquiera sé por qué acabo de hacer esta locura. Pero me gusta.
Me siento libre.
Continúo subiendo las escaleras y, cuando estoy más cerca de la
puerta que nunca, siento que alguien me roza la mano intencionadamente, a modo de saludo. Me detengo, casi paralizada por el sobresalto.
Es Loan que, hasta hoy, ni siquiera sabía que viniera a esta asignatura.
Le sonrío a modo de saludo a sabiendas que está sorprendido de
verme salir a mitad de la clase. Aunque no me preocupa demasiado.
¿Demasiado? Sencillamente, no me preocupa lo más mínimo.
Así que continúo mi camino sin más.
¿Qué está pasando? Me ha guiñado un ojo antes de marcharse. Eso
quiere decir algo, Mark. No sé a dónde, pero quiere que la acompañe.
¿Pero cómo voy a salir de clase así, sin más? Alguien podría darse cuenta. Alguien como Lea, por ejemplo. Miro mi reloj y decido esperar un
tiempo prudencial antes de salir.
122
Nunca quise hacerte daño
Empiezo a recoger mis cosas despacio, para darme tiempo a mí
mismo. Estoy nervioso. Giulio me mira.
-¿Qué haces, tío?
Le miro y hago una mueca para que no me haga demasiado caso.
Decido no esperar más y levantarme para largarme de allí cuanto antes.
Pero tengo que verle la cara a Loan, que espero sí se haya dado
cuenta de que ambos nos hemos marchado casi a la vez y así tenga algo
en qué pensar durante el resto de la clase. Sonrío en mis adentros ante
este pensamiento tan ruin.
¿Dónde está? Cuánto tarda. Quizá ni siquiera haya salido de clase. O
peor. Que no tenga intención siquiera de hacerlo. Creo que es la primera
vez que sigo mis instintos sin más, sin pensarlo dos veces. Y me ha salido el tiro por la culata. Mejor si dejo la puerta abierta, la luz encendida.
Es evidente que estoy aquí esperándote. Date prisa. Quizá un mensaje al
móvil. O vuelvo a clase como si nada. ¿Pero cómo voy a volver a clase
después de esto? No tenía que haberlo hecho, estoy segura. Vuelvo a
mirar asomando sólo la cabeza por la puerta.
Oh, cielos…
¡Allí está! Madre mía, está, cuanto menos, loca. Y yo más, por seguir-
le el juego sin pestañear al hacerlo. Pero no hay nadie en los pasillos, así
que no tengo ningún miedo a ser descubierto. Camino decidido hacia
ella, que me mira un segundo antes de desaparecer tras la puerta. Espero
que esté sola, al menos.
Me acerco y abro con cuidado la puerta. Nadie. Entro dudando un
segundo y cerrando la puerta tras de mí. Me miro en el espejo y echo un
vistazo al pequeño pasillo con puertas a ambos lados. Las cuento. Tres a
cada lado, todas cerradas. Menos la segunda de la derecha, que está entreabierta. Algo me dice que me espera ahí. Camino despacio, consciente de
la sonrisa que no soy capaz de hacer desaparecer de mi boca.
Aquí estoy. Frente a la segunda puerta de la derecha. Tomo aire.
Y veo su brazo estirarse para agarrar mi camiseta y tirar de mí hacia
dentro. Ella ríe divertida y algo nerviosa. Le miro un segundo.
123
Sonia Hernández
-Estás loca -susurro dándole el primer beso del día.
-¡Cierra, cierra!
Lanna se apresura a deslizar el cerrojo de la puerta, quedando encerrados en escasos tres metros cuadrados. Ríe.
Comienza a besarme con decisión. Y yo a él también, sin ser del
todo consciente de lo que estamos haciendo. Tiramos ambas carpetas y
él se sienta sobre la suya, ayudándome a sentarme encima de él sin dejar
de besarme. Abrazo con mis piernas su cuerpo decidida a no dejarle
escapar.
Parece que ya nada queda de mi princesa tímida. Aquella que anoche
intentaba cubrirse en la oscuridad. Que temía moverse en mi cama.
Ahora es diferente. Parece segura de sí misma. Sabe lo que hace.
Domina la situación. Al menos, más que yo.
Quito su pantalón y hacemos lo mismo con el mío. En un momento
estamos casi desnudos amándonos sentados sobre nuestras carpetas.
Ahora ella parece saber cómo moverse para hacerme enloquecer.
Sostiene mi rostro con ambas manos besando mi boca con decisión. Ya
no tengo miedo de hacerle daño, sé que ella también está disfrutando.
Y esa es mi única obsesión. Hacerla sentir bien.
-Entonces, el divorcio contencioso se presenta por una de las partes,
¿ha dicho eso, no?
Ambos quedamos paralizados al oír esto. La miro serio. Esto es lo
peor que podía ocurrir. La clase ha terminado y la gente vaga ya por los
pasillos. Lanna continúa con sus manos sobre mi cuello y las mías la sostienen a ella casi en el aire. Lanza una risita ahogada y la hago callar con
un siseo.
-¿Quieres que nos pillen? -susurro inmóvil.
Pero una gran sonrisa pícara se dibuja en su rostro y tapa mi boca con
su mano para continuar moviéndose ignorando al mundo.
Por más que intento detenerla, me resulta imposible. Ni puedo ni
quiero hacerlo. Cada vez soy menos consciente de mi cuerpo, que se ha
abandonado al placer que Lanna le proporciona.
124
Nunca quise hacerte daño
Clavo mi mirada en ella, que cierra los ojos sin separar su mano de mis
labios. Mordisqueo sus dedos, consciente de que no voy a poder continuar con esto mucho tiempo más.
Sigue así, princesa apasionada, sigue así. Me gustas así.
En pocos minutos siento que ambos hemos llegado a un placer pleno
y prohibido en mitad de un baño abarrotado de universitarias.
125
Sonia Hernández
-No seas así, la película ha sido preciosa.
Pongo cara de fastidio sólo para enfadarla un poco, a lo que ella
responde con una preciosa carita de niña bien.
-Vamos, era una película de manual.
Recibo un codazo así, a bocajarro.
-Eres un insensible. Era un amor… un amor… de película. Los
padres de ella no le aceptaban a él, su jefe le despide… y al final…
¡terminan juntos!
-Pues eso, de manual.
Lanna ríe, pues sabe que sólo intento enojarla un poco más. Me gustan estos momentos con ella.
Últimamente no pasamos demasiado tiempo juntos. Se acercan los
exámenes y cada uno está centrado en sus estudios, lo que, unido a mi
labor como consejero, no nos deja apenas tiempo libre.
Pero me gusta escaparme con ella como lo hemos hecho esta noche.
La estación está bastante vacía, pese a no ser demasiado tarde. Han
comenzado a caer los primeros copos de nieve y no hemos querido venir
126
Nunca quise hacerte daño
en moto. Me ha parecido una decisión bastante lógica, de hecho. Al fin y
al cabo, sólo tenemos que tomar dos metros para llegar a la residencia.
Echo un vistazo al andén. Una señora mayor porta una bolsa de la
compra que parece pesar lo suyo. Un estudiante con mochila y grandes
cascos. Y una pareja que se une a nosotros.
El visor indica que sólo faltan tres minutos para que llegue el tren
pero la recién llegada pareja no parece darse cuenta de esto o, al menos,
no les preocupa, ya que se sientan en uno de los bancos del andén, no
demasiado lejos de nosotros. Comienzan a besarse calurosamente, sin
importarles que estemos cerca. Él introduce su mano bajo el abrigo de su
chica y podemos verle la espalda. Llega el tren. Por fin. Mark y yo nos
sentamos y la señora con la gran bolsa lo hace frente a nosotros. El joven
estudiante prefiere quedarse de pie, inmediatamente al lado de la apasionada pareja.
En cuanto el tren emprende la marcha vuelven a besarse y acariciarse.
Sus lenguas se entrelazan casi en el aire. Ella tira del cabello de su chico.
Y la señora de la compra nos mira indignada. Y el joven estudiante
con los enormes cascos mira por la ventana avergonzado. Y sé que yo
estoy completamente ruborizada por la escena. Y Mark nos mira a todos
riéndose de la situación.
Todos nos ponemos en pie antes de que el tren se detenga por completo y casi parecemos pelear por salir del vagón.
Tomo la mano de Lanna, que está avergonzada por lo sucedido, y
caminamos con celeridad por los estrechos pasillos hasta el siguiente
andén.
-Oye -habla casi sin aire-, eso que hemos visto antes…
-¿El qué? -no la miro directamente-. ¿La pareja magreándose? Bueno,
ha sido divertido. Creo que deberíamos viajar más en metro.
-Igual no te has fijado. Creo que no debería haber mirado yo tampoco, la verdad…
Sé a qué se refiere. No se han cortado a la hora de tocarse uno al otro
y todos hemos sido testigos de los lugares por donde sus manos han
pasado. Pero no quiero darle demasiada importancia o Lanna no será
capaz de mirarme a la cara.
Lanna princesa vergonzosa.
127
Sonia Hernández
Llegamos al andén. Ella está apoyada en la pared y yo la repaso con
mi mirada. Apenas se la ve. Lleva un divertido gorrito de lana blanco con
un pequeño pompón en un lateral. La bufanda le tapa la boca.
Me acerco sonriendo. Hoy casi no la he besado. La película de manual
la tenía demasiado embobada como para hacerme caso y ahora quiero su
atención. Ahora me toca a mí, mona.
Aparto la bufanda de sus labios y comienzo a besarla con suavidad.
Tiene el rostro helado y el contraste con su aliento cálido hace que me
estremezca. La atraigo hacia mí.
¿Pero
qué hace? Parece que también quiere montar un pequeño
espectáculo en la estación. Al menos aquí no hay nadie. Me ha acorralado completamente contra la pared, no tengo escapatoria, aunque
tampoco la quiero buscar. Me besa divertido, a sabiendas que si aparece alguien, la señora con la bolsa de la compra, el estudiante de los cascos o incluso la pareja de antes, muero de vergüenza.
Nuestros dedos se entrelazan separados por la lana de los guantes y
Mark coloca mis manos en su espalda para acariciarme después con las
suyas, sin dejarse ninguna parte de mi cuerpo por el camino.
Sonríe cuando le miro directamente a los ojos.
-¿Estás loco? -sonríe-. Nos puede ver cualquiera -me besa-. ¿Y si hay
cámaras? -mira a su alrededor, me sonríe y me besa con fuerza.
~•~
-Lo he pasado muy bien esta noche.
Asiento. Ambos sabemos que estas semanas serán duras para los dos.
Y quizá por eso intentemos aprovechar el poco tiempo que podemos
estar juntos.
-¿Quieres? -y señala con la cabeza la puerta de su habitación.
Claro que quiero, qué pregunta. Quiero hacer el amor y dormir
contigo esta noche y muchas más. Y poder abrazarte hasta que ama128
Nunca quise hacerte daño
nezca olvidando las horas que el reloj se empeña en marcar.
Pero sé que no debo.
-Mañana tengo el primer examen. Ya me he excedido saliendo esta
noche y creo que debería estudiar un poco más.
-Tienes razón. Debes estudiar. Cuando terminemos los exámenes tendremos tiempo de estar juntos. Mañana nos vemos entonces.
Pongo cara de fastidio.
-Jo, qué difícil es esto. Quiero quedarme contigo, pero sé que no debo…
Lanna se resiste a soltar mi mano y eso me gusta. Y quizá por eso
intento resistirme a volver a acercarme a ella para darle el último beso de
la noche.
Pero para qué me voy a engañar, no le ha costado ni un minuto acercarme a ella y besarme a su antojo consiguiendo que me olvide de todo.
Ahora sólo pienso en sus labios acariciando mi boca, sus manos rozando mi cuello, mi espalda, mi… ¿qué haces? Por ahí no, Lanna, por ahí no…
-No sigas o tendré que secuestrarte esta noche.
Decido, en contra de mis sentimientos, hacer lo correcto y marchar-
me a mi dormitorio. Mark tiene razón, en pocos días podremos volver a
estar juntos, no hay prisa.
Así que, tras darle un último beso, abro la puerta de mi dormitorio
para iniciar lo que se adivina como una larga noche de estudio.
Enciendo la luz y veo a Zara en su cama. Vaya, no es demasiado tarde
y ya está durmiendo, pienso. Sé que ella también tiene examen a primera
hora, sólo espero no molestarla con la luz. Y lo que más me sorprende es
que ni siquiera esté dando un último repaso a sus apuntes.
-Lanna…
Escucho un hilo de voz y enciendo la luz. La miro desde la distancia,
parece no sentirse muy bien. Las sábanas la cubren casi al completo pero
puedo ver sus ojos llorosos y rojos, muy rojos. Me acerco.
-¿Te encuentras bien? -me responde con un sollozo-. ¿Estás enferma?
Me arrodillo junto a su cama, ante ella. Tiene el rostro completa129
Sonia Hernández
mente desencajado. Las lágrimas recorren sus mejillas y no para de
sorber por la nariz. Apenas puede hablar.
-¿Qué ocurre Zara, es por los exámenes? -niega con dificultad-. ¿Has
discutido con Giulio?
Y ella comienza a llorar desconsoladamente.
-Zara no te preocupes, ahora estamos todos nerviosos a causa de los exámenes. Mañana habláis y lo solucionáis, seguro que no es nada importante…
-Lanna... -intenta comenzar a explicarse, pero no tiene apenas fuerzas
para hacerlo-. Es que…
Acaricio su frente y deslizo mi mano por su cabello.
-Creo que estoy embarazada.
Abro los ojos al máximo. Me arrepiento de mis palabras, ya que sí
parece algo importante. Ella nota que me he quedado paralizada.
-Pero… -ni siquiera sé cómo empezar-. ¿Estás segura? Quiero decir…
- Ayer… se rompió… -llora bastante escandalosamente.
-Y Giulio, ¿sabe algo? -ella niega con la cabeza sin parar de llorar-. ¿Y
tú quieres…?
-No… pero no sé qué hacer… -gime.
-No te preocupes Zara, yo te ayudaré. Lo vamos a solucionar, ¿vale?
Ella asiente consciente de que no puedo prestarle ninguna ayuda, así
que me limito a continuar acariciando su largo cabello mientras que mi
cerebro trabaja a velocidad máxima intentando encontrar una solución a
semejante contratiempo.
-¿Qué puedo hacer…?
No paro de mover mi mano intentando no evidenciar mi estado de
ignorancia. Pero me rindo.
-No lo sé, Zara… no lo sé -concluyo con impotencia.
Y ella llora más desconsoladamente cubriendo incluso su rostro con
las sábanas, que ya están empapadas de lágrimas.
Comienzo a sentirme inútil en esta situación que se me ha escapado
de las manos nada más conocerla. Realmente no tengo ni idea de cuál es
la mejor solución a esto. Empezando porque quien debería estar aquí
junto a Zara es Giulio, no yo. ¿Y dónde puede estar? Ajeno a todo esto,
disfrutando de la noche, de sus amigos… me enojo con sólo pensarlo.
130
Nunca quise hacerte daño
-Zara, espérame aquí. Vengo enseguida. No tardo.
-¿A dónde… vas?
-Confía en mí.
Ella se incorpora en la cama, asustada.
-Por favor, no vayas a buscar a Giulio, por favor… no vayas… por
favor, por favor, no…
-No te preocupes. Vengo en un minuto.
Y me pongo en pie para salir del dormitorio y, al contrario de lo que
pensaba hacer durante todo el curso, pedir ayuda a nuestro consejero.
Llaman a la puerta. Varios golpes nerviosos. Rápidos. Inseguros. Me
levanto de la cama y dejo el libro sobre la mesa. Es tarde. Espero que no
me vengan con urgencias a estas horas. Y sobre todo, espero que no sea
Giulio para obligarme a salir con él una vez más.
-Vaya, hola… -saludo complacido por la visita. Quizá se haya arrepentido y prefiera venir a estudiar aquí, conmigo.
-Mark…
Pero Lanna parece preocupada. Incluso asustada.
-¿Ha pasado algo?
Asiente casi con lágrimas en los ojos y coge mi mano para que la
acompañe. Al menos me da tiempo de coger al vuelo un suéter para vestirme de camino a su habitación.
Ella abre la puerta y suspira antes de entrar. La retengo un segundo.
-¿Qué pasa Lanna, estás bien?
Ella me mira un instante. Así, asustada, rogando ayuda.
-Yo sí… es Zara.
Y entramos en la habitación de las chicas. Echo un vistazo alrededor
antes de dirigirme a la cama. Primero veo el rincón de Lanna. Tan recogido, tan ordenado. Los libros reposan en la estantería perfectamente
colocados por alturas. Puedo distinguir una foto suya junto a un chico. Se
parecen bastante. No me preocupa.
Y ahora el mundo de Zara. Desordenado. Oscuro.
Ella está acostada y solloza cuando me ve. Me acerco con decisión.
-¿Qué ha pasado?
131
Sonia Hernández
Me arrodillo ante ella y la miro apenado. Puedo imaginarlo, ya que
conozco demasiado a mi amigo. La ha dejado. O peor. Y si Lanna ha
venido en busca de mi ayuda no es porque Giulio se haya cansado ya de
Zara. No espero a que las chicas me cuenten lo sucedido.
Lanna me mira desde los pies de la cama. Está asustada.
-¿Cuándo ha sido, Zara?
-Ayer… estábamos…
-No te preocupes. Todavía tiene solución. Vamos a ir a una farmacia,
tomas la pastilla y listo, ¿vale? Venga, tranquila, a todos nos ha pasado
alguna vez…
Intento hablar con la mayor naturalidad posible, intentando tranquilizarla. Desafortunadamente, esta situación la he vivido más de una vez
ayudando a mis residentes.
-Venimos enseguida.
Pero ella agarra con fuerza mi brazo impidiendo que me levante. Sólo
espero que no vaya a decirme que quiere seguir adelante con esto.
-No me dejéis sola, por favor. No quiero estar sola. ¿Y si viene, qué
hago?
La miro extrañado. Parece tener miedo de encontrarse con su novio
después de lo sucedido.
-Bueno, tranquila. No te dejaremos sola -miro a Lanna, que continúa paralizada y con los brazos cruzados a mi lado, observando desde
la distancia.
-No te vayas Mark, por favor. Si viene Giulio no sé qué voy a hacer…
Se hace el silencio. Un silencio largo, incómodo.
-Iré yo.
Lanna parece envalentonarse de repente, aunque su rostro delata que
no está segura de lo que hace. Me acerco para infundirle ánimo y confianza en algo que ni ella entiende cómo ha sucedido ni cómo se soluciona.
-¿Estás segura? -susurro- Puedo convencerla e ir yo sólo.
Asiente.
-Dime dónde tengo que ir y qué tengo que decir.
La miro un segundo intentando que la sonrisa no se escape de mi interior. Mi pequeña princesa indefensa. Valiente y asustada. Quisiera besarla aquí mismo. Decirle que conmigo nunca le ocurriría algo así. Porque
132
Nunca quise hacerte daño
nunca la dejaría sola ante esto. Nunca le haría algo así. Porque yo no soy
Giulio. Y eso es lo que ella tiene en mente ahora, que todos seamos
Giulio.
-Ve al centro de planificación. ¿Sabes dónde está? -niega con la
cabeza-. Andando son diez minutos…
Le explico cómo llegar hasta allí y ella coge su abrigo tímidamente.
Vuelve a mirar a la cama, donde su compañera espera asustada.
-Lanna… -susurra. Ella la mira con una temerosa e insegura sonrisa-. Gracias.
Asiente y sale de la habitación. Y me siento mal. Me da rabia dejarla
marchar sola, haciéndole partícipe de un problema que no le pertenece.
Pero ahora tengo que permanecer junto a Zara, que está bastante preocupada y asustada. Y un poco avergonzada, quizá. Comienzo a hablar
con ella ahora que parece calmarse al ser consciente de que la solución
está en camino en las manos de Lanna.
Hace mucho frío. Camino con prisa por las calles desiertas de esta
enorme ciudad. Siento cierto miedo. Es tarde y la poca gente que se ve
no tiene demasiada buena pinta. Algunos mendigos duermen en los portales, completamente cubiertos de cartón, ajenos a mi paso.
Mark tenía razón. Ya puedo ver la luz encendida del centro, que parece estar abierto veinticuatro horas al día. Entro con muy poca decisión y
me encuentro a un joven tras un mostrador. Viste uno de esos pijamas
azules. Le saludo tímidamente y él me dedica una sonrisa que da la sensación de saber a qué vengo.
-Espera un momento aquí -me invita señalando una fila de sillas de
plástico-. Te atenderemos en breve. ¿Vienes sola?
Sonrío para darle a entender que sí. ¿Es que la gente viene aquí en
grupos?
Cruzo mis piernas pensando en mi próximo discurso. No puedo
decirle que vengo en busca de la píldora del día después para mi compañera de habitación. ¿O sí?
Empiezo a tiritar a causa de los nervios.
Puedo montarme una película para que me la den. Total, no tengo
pensado volver más, o al menos eso creo. Sólo espero que no me pidan
mis datos.
133
Sonia Hernández
¿Pero cómo es posible que no se dieran cuenta?
No quiero pensarlo demasiado, ya que la imagen de Giulio en ropa
interior golpea las paredes de mi cabeza produciéndome jaqueca, incluso.
Entra una pareja. Ella no tiene buena cara. Imagino que vienen a lo
mismo. Me miran con lástima y yo les sonrío como si nada. Como si no
me importara creer que estoy embarazada y venir a suplicar una solución
así, sin la otra parte implicada. Al menos sus caras no me resultan conocidas. Londres es una ciudad lo suficientemente grande como para no
encontrarse con gente conocida en momentos delicados.
Y la imagen de Mark hablando junto a la cama de Zara me inunda de
nuevo la mente. Tranquila, a todos nos ha pasado, le ha dicho. ¿A todos?
A mí no, desde luego. Pero, ¿a él sí le ha pasado? Me inquieto. Hubiera
preferido no conocer ese detalle de su pasado. Y lo peor está por venir,
mi mente comienza a recorrer rostros de posibles candidatas, aunque el
de Ivanna consigue acaparar toda mi atención, muy a mi pesar.
Vamos Lanna, tienes demasiadas cosas en qué pensar esta noche
como para perder tiempo con estas tonterías. El examen de mañana es
importante, debería intentar recordar algo de la teoría mientras tenga que
esperar mi turno. Y olvidarme del asunto de la pastilla, de Mark y, sobre
todo, de Ivanna.
Bien, empecemos por el principio. Intento visualizar mentalmente mi
cuaderno de apuntes.
-Adelante jovencita, ya puedes pasar.
El mismo enfermero me invita a acompañarle y siento que me tiemblan las piernas al ponerme en pie. Suspiro antes de comenzar a caminar.
El joven me sigue desde cerca y yo comienzo a sentir la necesidad de
llorar y salir corriendo de allí.
-¿Estás tranquila?
Le miro sorprendida y asiento. Los dos sabemos que no es cierto.
Me detengo ante la puerta donde ya puedo ver a una mujer de unos
cuarenta años ataviada con una bata blanca, que me espera con un folio
sobre la mesa y el bolígrafo preparado para comenzar a escribir.
-Un momento, por favor.
134
Nunca quise hacerte daño
El enfermero me deja allí sola y se dirige de nuevo a la recepción,
donde alguien ha llegado corriendo.
-¡Buenas noches, otra vez! Vaya, estás abonado, eh…
Alguien responde al saludo del tipo.
-Sí, has llegado a tiempo, acompáñame.
Vuelvo a ver al enfermero venir, esta vez seguido de un chico algo
más alto que él. Me hace un gesto para que pase a la consulta y vuelvo a
hacerme presa de los nervios. Es Mark.
-Siento haber tardado tanto -susurra en mi rostro.
Entramos a la consulta y me divierte ver que la señora de la bata
blanca ya no está esperándome. Tomamos asiento frente a una gran
mesa de madera clara.
-¿Estás bien?
Asiento volviendo a mentir en menos de cinco minutos.
-¿Y Zara…? -me asombra verle aquí.
-Bueno, he llamado a Giulio y hemos estado hablando. Su lugar está
allí. Parece que Zara está más tranquila. Nos están esperando.
Mark no lleva abrigo y su jersey está helado. Supongo que las prisas
habrán hecho que olvide cogerlo.
La señora de la bata vuelve y comienza a hablarnos.
Pero mi mente vuela algo alejada de la conversación. Recuerdo el
saludo del enfermero. Buenas noches otra vez, le ha dicho. ¿Pero cuántas veces ha venido? Me siento irritada y por qué no, enfadada por esto.
Irritada, enfadada, enfurecida, enojada, encolerizada. O simplemente celosa.
~•~
Giulio está sentado en la cama de Zara, ella se abraza a él llorosa.
Cuando nos ven, ambos dan un respingo y Giulio casi se abalanza
sobre Mark para conseguir su objetivo.
-Muchas gracias por todo, tío.
-Dáselas a Lanna, es quien ha ido.
Giulio se limita a sonreírme.
135
Sonia Hernández
-Es tarde, debo irme a dormir, mañana tengo clase temprano -concluye Mark.
-¡Gracias por todo, tío! -repite Giulio más animado cuando Zara ya ha
tomado la pastilla.
Continúo mirando la escena desde la puerta, como si de una película
se tratara. Mark se va a marchar ya y Giulio ha vuelto a la cama de Zara.
¿Cómo es posible que esté de más en mi propio dormitorio? Ahora sí que
siento que las lágrimas quieren brotar de mis cansados ojos.
Me coloco frente a mi mesa y busco los apuntes para el examen de
mañana, creo que saldré fuera a estudiar. Tiro mi abrigo en la cama,
cansada de todo.
-Coge tus cosas, que nos vamos -siento que Mark susurra-. Quédate
aquí esta noche Giulio, Lanna se viene conmigo.
Abro los ojos al máximo. ¿Les va a decir que estamos juntos? Estoy
nerviosa y orgullosa por esta reacción.
-¿Qué dices tío? No puedo hacerte eso.
Como si para él fuera un problema. No me gusta este tío. Creo que
Lea tenía razón cuando dijo que era un gilipollas.
-Quédate con Zara, lo necesita. Ambos lo necesitáis.
-Vale, no te preocupes, no diré nada de esto.
Todos sabemos que está prohibido dormir en habitaciones ajenas,
aunque todos sepamos que lo hacemos.
Así que cojo mi pijama con desgana y lo necesario para el día
siguiente y me despido, única y exclusivamente, de Zara, para dirigirme a la habitación de Mark, donde él ya está en ropa interior.
Cierro la puerta detrás de mí.
-¿Te importa dormir aquí?
Ella niega con timidez. Sé que está molesta por lo sucedido hoy. Es
evidente que no ha pasado la mejor noche de su vida y sin tener nada que
ver en lo sucedido.
-Necesito una ducha. Haz lo que quieras, ¿vale? Si tienes sueño, o si
prefieres dar un repaso a los apuntes…
Me acerco y tomo su barbilla para besarla, pero noto que no tiene
136
Nunca quise hacerte daño
demasiadas ganas de tenerme cerca esta noche, así que la dejo a solas en
la habitación.
Cuando vuelvo veo que está sentada en mi mesa, con las piernas cruzadas y la cabeza casi hundida entre sus manos, completamente inmersa
en sus estudios, casi intentando leer rápido para retener más. La miro
desde la distancia para sentarme después frente a ella.
-¿Cómo lo llevas? -resopla-. Tranquila, estoy seguro de que lo harás
bien -alargo mi brazo para rozar su mano-. ¿Puedo echarte una mano?
-Creo que será mejor que lo deje ya -retira su mano como si acabara
de sufrir un calambrazo con un enchufe-, no soy capaz de retener nada.
La miro un momento mientras da un golpe con el libro en la mesa.
Ha llorado. Sus ojos están rojos y lacrimosos. Sorbe por la nariz con
timidez y elegancia.
-Creo que deberías descansar.
-Sí, me voy a dormir.
Y se levanta sin mirarme siquiera para acercarse a la cama. Pero no se
da cuenta y no tengo demasiados problemas para sujetarla por el brazo y
atraerla de nuevo hacia mí. Le hago sentarse en mi silla y me apoyo en la
mesa.
-¿Estás bien?
-Estoy cansada.
-Nadie llora por estar cansado -le aparto un mechón de cabello del
rostro.
-Esto… me ha superado. Es sólo eso -evita mi mirada.
-Lanna… siento haberte dejado sola esta noche. Pero no sabía qué
hacer, tenía que convencer a Zara para poder marcharme.
-Eso es lo de menos.
¿Qué ocurre? No entiendo nada. Imaginaba que dejarla ir sola a por
la pastilla de Zara iba costarme una explicación, pero el resto se me
escapa. Lo siento princesa, pero yo también soy humano y cometo errores.
-¿Entonces…?
Suspira. Parece sentir vergüenza al intentar comenzar a hablarme, así
que decido armarme de paciencia y esperar a que se envalentone y
comience.
137
Sonia Hernández
-¿Es por algo que he dicho?
Desvía la mirada hacia la pared. He dado en el blanco y a ella le duele
el orgullo. Pasa el antebrazo por su nariz y vuelve a sorber.
-¿Has ido muchas veces al centro de planificación?
Está expectante, espera una respuesta que augura no le va a gustar.
-Sí. ¿Y tú?
Sonríe amargamente.
-Sí, claro.
Ambos sonreímos en un intento de tregua pero enseguida vuelve a
negar con la cabeza en un gesto de desesperación. Sigo sin entender
demasiado sobre esta conversación y empiezo a desesperarme.
-¿Cuál es el problema?
-Que no sabía que a todos nos había pasado alguna vez. Lo que le ha
ocurrido a Zara, quiero decir.
Vale, ahora te pillo, pequeña princesa inocente y celosa.
-¿Te has enfadado por eso?
-Yo no estoy enfadada. Es sólo que no esperaba oírte decir eso.
-Vamos, Lanna, ¿qué querías que le dijera? Tenía que intentar tranquilizarla. Y si lo que quieres saber es si he ido al centro de planificación a
por la píldora del día después y cuántas veces, te diré que, desde que ha
empezado el curso, no hay semana que no pase por allí. ¿Es que no lo
entiendes?
Ella me mira atenta y dejo algo de tiempo para que piense en lo que
acabo de decirle, pero parece ser demasiado inocente como para llegar a
la solución del acertijo. Mi pequeña princesa, tan lista para unas cosas y
tan tontita para otras.
-Es una de las cosas malas que tiene ser el consejero. Todos vienen a mí.
Lanna sonríe, al fin. Parece más tranquila, así que decido dar por terminada la conversación y dejo que se acueste. Es tarde y ambos estamos
cansados.
Pero me preocupa que piense eso de mí. Estamos juntos prácticamente desde el comienzo del curso y no entiendo que dude sobre este
tipo de cosas. ¿Acaso cree que me acuesto con otras? Vamos Mark, será
mejor que apartes de ti esos pensamientos…
138
Nunca quise hacerte daño
Ha sido un día largo y complicado y ambos estamos afectados a causa
de lo sucedido, así que lo mejor será dejar que la noche avance y dé lugar
a un nuevo día, en el que todos veremos las cosas de diferente forma.
Sobre todo Zara y Giulio. Sonrío antes de cerrar los ojos.
Siento el brazo de Mark aferrarse a mi tripa, lo que provoca un leve
escalofrío recorriendo mi espalda. Puedo sentir la calidez de su cuerpo,
pese a estar completamente de espaldas a él.
-¿Estás dormida?
Me encanta esa pregunta en mitad de la noche. Siempre me ha gustado. Todavía puedo ver a mi hermano en la puerta de mi dormitorio preguntándomelo antes de entrar y acostarse junto a mí para que le cuente
alguna historia antes de dormirse.
Emito un leve gemido dejando a su elección la respuesta.
-Puedes estar tranquila. Conmigo nunca te pasará eso...
Y besa mi cabello justo antes de que me quede dormida con una
sorisa dibujada en los labios.
139
Sonia Hernández
-Hoy no puedes negarte, vamos. No seas rollo.
Miro a Lea con pocas ganas, como casi siempre que estoy con ella últimamente.
-Jo, venga, que ya apenas pasamos tiempo juntas. Sólo una cerveza y
un billar, ¿vale? Sí, seguro que sí.
-No sabía que supieras jugar al billar.
Ella sonríe con picardía y capto al momento quién ha podido ser su
profesor. Creo que estoy casi segura de saberlo.
Miro a mi amiga un instante y creo ver ante mí a una completa desconocida. Tiene razón. Desde que ella está con Greiff y sobre todo,
desde que Mark y yo estamos juntos sin que ella lo sepa, apenas nos
vemos. Y después de tantos años de amistad no debería ser así. Con lo
que decido no hacerme de rogar y le prometo pasar esta noche por el
Cero Diez para pasar un rato con ellos.
“No, esta noche no puedo, he quedado con Lea para salir. Hace mucho que no
pasamos tiempo juntas. Si quieres, más tarde nos vemos.”
140
Nunca quise hacerte daño
Me crispa recibir este mensaje. No por el hecho de no poder salir con
ella hoy, ya que, con un poco de paciencia, podré verla cuando se libre de
su amiguita. El problema es que estoy seguro de que irán con esos absurdos de Loan y el resto. Y me molesta que vaya a salir con ellos.
Pero sé que son tan anormales como predecibles y es fácil salir a su
encuentro. Al menos, no me costará demasiado montar el puesto de vigilancia cerca de ellos.
Así que con realizar las llamadas adecuadas consigo convocar a mis
amigos, bastante predecibles también, en el billar del Cero Diez después
de la cena.
Cuando llego al local veo que el resto ya está allí. Me acerco decidida y
saludo a Lea con un beso en la mejilla, que me saluda rozando la euforia.
-¡Qué bien que hayas venido, Lanna! Ven, te presentaré al resto.
-Ey Lanna, qué pasa -sonrío a Greiff y su ya habitual camiseta sin
mangas.
Poco a poco me presentan al resto del grupo, gente bastante peculiar,
la verdad. Saludo uno a uno.
-Vaya, te vendes cara.
Miro a Loan, que me habla apoyado en la mesa de billar, con el taco
en la mano. Viste una camiseta negra de manga corta y un poco ancha.
Está bastante delgado.
-El curso está resultando algo complicado.
-Seguro que los apuntes te vinieron bien -y se acerca para darme un
decidido beso en la mejilla que casi roza mis labios- ¿Qué tal te han ido
los exámenes?
-Bueno, no puedo quejarme.
-Eh Lanna, ¿te unes? -grita alguno de mis recién conocidos amigos.
Niego con la cabeza haciendo un gesto que, a juzgar por su risa, parece divertido.
-Creo que prefiero quedarme como espectadora.
Y Loan se acerca de nuevo a mí con un par de cervezas en la mano
que agradezco aun sabiendo que me puede costar caro el detalle.
La partida continúa y puedo comprobar que son bastante engreídos
141
Sonia Hernández
jugando al billar. Todos. Bueno, todos menos Loan, que resulta ser el más
hábil y el que menos habla.
Me divierte estar aquí, algo que no parecía fuera a ser así al principio
de curso.
Miro a Lea, se la ve bien junto a Greiff. Ríe y bromea con él y los
demás y comprendo que, en el tiempo en que he estado alejada de su
vida, ha hecho nuevos amigos.
-Me gusta que hayas venido, seguro que no soy el único al que le alegra tu presencia -Greiff levanta la barbilla señalando a Loan, que pese a
parecer concentrado en el juego, nos vigila desde el otro lado de la mesa.
Emito una sonrisa de suficiencia, a falta de otra cosa. Sólo espero que
cada vez que me una a este peculiar grupo no tenga que escuchar las mismas bromitas.
-¡Eh, Greiff! Tu turno.
Y, con esta llamada de Loan, son dos las cosas que debo agradecerle
esta noche.
La música está alta, como siempre, y el bar lleno, como siempre también. Miro al resto. La misma gente en el mismo sitio. Derecha, las de
segundo ocupando varias mesas para beber una cerveza. Barra, dos de
primero intentan hacerse ver invitando al camarero a un chupito de color
vistoso. Izquierda, en la primera mesa de billar están Giulio y los demás,
gritando y discutiendo mientras juegan. La mesa del centro está, sorprendentemente, libre. Y por fin, derecha. Greiff y el resto a mitad de partida. Cuando digo el resto me refiero, evidentemente, a ella.
Me aproximo casi dando saltitos al ritmo de la música y el recuerdo
de Ivanna haciendo lo mismo cada vez que nos vemos me hace reír en
mis adentros. Me acerco a ellos ignorando la presencia del resto.
-¡Qué pasa, tíos!
Saludo chocando las palmas con alguno.
-¡Joder Mark, vaya horas!
Pero lo que ellos no saben es que me he retrasado intencionadamente. No quería estar en el bar cuando Lanna llegara, sería demasiado evidente. Simplemente he intentado hacerme el encontradizo en un bar al
que acude casi toda la facultad.
142
Nunca quise hacerte daño
Hago un gesto con mi mano para rechazar un taco y tomo asiento en
uno de los taburetes para presenciar la escena. Ella no se ha dado cuenta de mi llegada, pero tampoco tengo demasiada prisa porque lo haga.
Aunque quizá debería dar un puñetazo sobre la mesa y apartar de un
salto a Loan, que sólo le falta babearla en el hombro.
Vaya, parece que ha escuchado mis pensamientos, ya que gira levemente su cuerpo y me saluda con un arisco movimiento de cabeza.
Únicamente me molesto en arquear las cejas para responderle.
Vaya. Ahí está. ¡Aquí está! A sólo unos metros de nosotros. Le miro
y le sonrío a modo de saludo. Nada más. Al fin y al cabo es él quien no
quiere que nos vean juntos, así que sólo me queda seguir el juego. Mark
me devuelve la sonrisa para dar un gran trago a su cerveza.
Viste uno de esos pantalones muy caídos con una camiseta ajustada
que invita a la imaginación a hacer de las suyas. Habla entretenidamente
con uno de sus amigos y parece ignorarme, así que decido seguir con su
juego.
-La semana que viene tengo la prueba para el equipo de natación,
¿vendrás?
Loan espera una negativa, su rostro lo dice. Aunque, por otro lado,
parece haber un halo de esperanza en su sonrisa. Me siento acorralada
con tan sólo una pregunta.
-Bueno, no sé… -ni que sí, ni que no.
-Lea y los demás vendrán, si te apetece puede estar bien. Me juego
mucho, sabes.
-¿Quieres entrar en el equipo de natación?
-Sí. Además, está en juego una beca muy jugosa. Bueno, no es sólo
por la beca, de hecho. Cuando era pequeño fui campeón nacional y ahora
quiero aprovecharlo.
-Vaya… no parece…
Decido cerrar el pico antes de decirle que parece estar demasiado delgado como para haberse dedicado a la natación de una forma tan intensiva.
-Competimos cuatro personas sólo, así que no debería resultarme
demasiado difícil.
143
Sonia Hernández
-Bueno, si no tengo que estudiar me pasaré.
Él asiente con una sonrisa triunfal y no puedo evitar que me haga
bastante gracia la situación.
-¿Quieres otra? -muevo mi botellín vacío y doy un salto del taburete
para dirigirme a la barra y, de paso, escapar de la situación.
-Parece que al final os vais a llevar bien y todo -miro a Lea de reojo,
que me muestra una de sus más sagaces sonrisas esperando una confesión. Una confesión que no parece estar cerca de llegar.
-No empieces, Lea. Así vas a conseguir que no vuelva más.
-¿Por qué eres así?
-Es que me agobiáis todos con el mismo tema. Las cosas tienen que
surgir y punto. Por hablar más y más no se van a provocar, sino todo lo
contrario.
Noto que mi voz suena molesta pero necesito que, de una vez, dejen
de hablarme de Loan. Con ese comportamiento sólo consiguen que ni
siquiera tenga ganas de entablar una conversación con él, por el único
hecho de no sentirme observada.
-Vale, si crees que hablando del tema motivamos que no suceda, haré
lo contrario. No volveré a hablarte más de Loan, a ver si así provocamos
lo contrario.
La miro implorando una tregua que ella comprende y que parece
darme sin problema. Decido pedir una cerveza más e invitar a mi amiga,
esta noche se lo merece.
-Está bien tu consejero, eh -me agarra de la barbilla para dirigir mi
mirada hacia la mesa de billar ocupada por los chicos-. La verdad es que
está muy bien… aunque no sabía que estuviera con esa.
Me quedo de piedra cuando observo la situación. Mark continúa sentado en su taburete y charla animadamente con Ivanna. No me mira, ni
siquiera parece recordar que estoy cerca de él. Ríe cuando ella habla.
¿Qué está haciendo? Comienzo a sentir que la rabia inunda mi cuerpo
poco a poco. Doy un gran trago a mi cerveza hasta que la espuma me
hace toser. Lea se preocupa.
-¿Estás bien?
Asiento.
144
Nunca quise hacerte daño
-No está con Ivanna.
-No estaría tan segura, Lanna. Mira ella como le mira, con esa carita…
Pone voz de niña tonta y me río al verla.
-En serio, no está con ella.
-Vamos, que sigues coladita por él. Bueno, espero que no esté con ella
porque no pegan nada.
-En eso tienes razón.
Y le sonrío para volver a nuestra mesa de billar, donde Loan ya espera
impaciente.
Decido comenzar una lucha con Mark sentándome cerca de Loan y
sin parar de hablarle. De las clases, de la residencia, de los apuntes, de la
cerveza, de lo oscura que es la noche.
Me habla y río tontamente, aunque a veces no esté escuchándole
siquiera. Me siento encolerizada ante esta situación y decido no volver a
mirar a Mark. Desde mi posición puedo oír la risa nerviosa de Ivanna y
no puedo soportarlo más. ¿Por qué me hace esto ahora?
Vaya,
parece que mi estrategia ha funcionado. Está celosa como
nunca antes la había visto y me gusta. Pero ella hace lo mismo con ese
patán y comienza a irritarme, así que quizá lo mejor sea acabar con esto.
Al fin y al cabo sólo quiero estar con ella lo antes posible y si continúo
así, mis deseos no van a ser cumplidos esta noche.
¿Pero qué haces? Resulta que mi pequeña princesa es algo vengativa
también. Habla de pie muy cerca de Loan. Parece susurrarle en la mejilla
mientras él sonríe mostrando esos dientes que me piden a gritos que los
haga saltar. No deja de mirarme. El muy…
Pero parece que se están despidiendo. Lanna se abalanza sobre él y le
da un beso en la mejilla tan cerca de sus labios que estoy seguro de que
se ha llevado parte de las babas del tipo. Comienza a caminar bajo la
mirada de Loan, que continúa su babeo particular. Aprieto los puños sin
poder dejar de mirarnos directamente a los ojos. El muy desgraciado se
permite el lujo de sonreírme.
Lanna pasa por mi lado, bastante cerca, aunque no se molesta en
mirarme siquiera. Menudo cóctel de celos y orgullo se lleva encima.
145
Sonia Hernández
-¡Mark… Mark! Que si te vas a presentar al examen…
-Perdona Ivanna -me llevo la mano a la cabeza, casi no le estaba prestando atención-. Sí, sí, voy a ir.
~•~
“L o he pasado muy bien esta noche, me alegro de que por fin te hayas decidido
a venir, espero que te haya quedado claro que no me como a nadie.”
Miro el mensaje nada más llegar a mi habitación. He pasado todo el
camino de regreso a la residencia pensando en lo sucedido y sólo he conseguido aumentar mi ira. Sonrío ante la pequeña pantalla y comienzo a
teclear sin dejar de reír para mis adentros.
“Me ha gustado mucho ir. Ha estado bien y me he divertido contigo.”
Y mi dedo no tiembla al pulsar la tecla que envía el mensaje. Por un
momento me olvido de lo sucedido con Mark para intentar pensar en
otras cosas. El examen de esta mañana parece haberme salido bien y me
ha gustado volver a pasar tiempo con Lea. Y al final parece que Loan es
un tipo simpático. Creo que el balance final del día no es tan malo, así que
decido apagar la luz para darlo por finalizado.
-Nos vemos en la facultad y me los devuelves… Si ya he pasado el
curso, no los necesito… no te preocupes, quédatelos el tiempo que los
necesites, cuando hagas el examen me los devuelves… tengo que colgar,
he llegado a la habitación, nos vemos.
Un ruido sordo me indica que Mark ha entrado en su habitación. Y
otro ruido en mi interior me recuerda la rabia que inunda mi cuerpo. Me
siento en la cama e intento no pensar demasiado, aunque me resulta
imposible. Que el interlocutor de Mark era Ivanna y sus estúpidos apuntes no lo dudo, pero no entiendo por qué motivo tiene que llamarle por
teléfono a las tres de la mañana. Comienzo a sentir mi pulso acelerado y
mi respiración dobla su intensidad. Siento rabia, ira, cólera, pero sobre
todo, celos.
146
Nunca quise hacerte daño
Tres golpes secos en mi puerta me sobresaltan, pero no dudo en ir a
abrir. Sólo espero que esta noche no me toque hacer otra visita a domicilio. Me siento cansado. Abro.
-Hola…
Titubeo al verla ante mi puerta. Seria. Me mira impasible y consigue
intimidarme, pero mantengo su mirada un segundo más e intento ponerle una de mis caras, de las que sé que le gustan, pero no me veo capaz esta
noche. Está enfadada y con una carita no será suficiente.
-Lanna…
Intento comenzar mi discurso para intentar calmarla, pero ella se abalanza sobre mí y entra en la habitación cerrando la puerta tras ella. Me
empuja hacia el interior y comienza a besarme con fuerza. Toca mi cuerpo con aspereza y me desviste sin prisa pero con autoridad. Casi no me
atrevo a tocarla, pero al menos, intento deshacerla de su ropa.
A cambio recibo un manotazo y es ella misma quien se desviste ante
mí. Vaya, menudo cambio.
Vuelvo a intentar acercarme a ella pero me empuja posando ambas
manos en mi pecho y me deja caer con brusquedad en la cama. Mi dulce
princesa, ¿qué te ha pasado?
Se acerca decidida y se sienta sobre mí. Es ella misma quien toma las
riendas esta noche impidiéndome casi tomar partido en algo que nos pertenece a los dos. Pero me gusta sentirme así. Me gusta no ser yo quien
lleve el peso de la situación.
Puedo distinguir su silueta contoneándose en la oscuridad. Sólo logro
posar mis manos sobre sus muslos y dejarla hacer.
Y lo hace como a mí me gusta. Como si llevara haciéndome lo mismo
toda la vida. Parece conocerme.
Algo ha transformado a mi princesa inocente en una diosa de la autoridad.
No puedo evitar dormirme de puro agotamiento en cuanto ella se
recuesta sobre mi cuerpo desnudo.
Me incorporo con mucho cuidado y abandono la habitación despacio, en silencio. Huyendo de él como si fuera una ladrona.
147
Sonia Hernández
Sólo espero que piense en lo que ha hecho esta noche. No podía
dejárselo más claro.
~•~
El sol inunda la habitación, aunque se anuncie un día frío de invier-
no. Abro los ojos despacio, quiero admirar a mi diosa antes de levantarme. Decirle que lo de anoche ha sido uno de los mejores. O el mejor.
Pero ella no está. Me incorporo y echo un vistazo a la habitación.
Quizá esté en el baño. La llamo. Nada. No veo sus cosas tiradas en mi
suelo, sin embargo, mi ropa continúa allí.
¿Qué ha ocurrido esta noche? ¿Ha sido real? Un pequeño envase roto
me confirma que todo ha sucedido. Entonces no entiendo por qué ha
huido de mí.
Comienzo a ordenar las ideas dentro de mi cabeza para intentar
entender lo sucedido. Es evidente que ella no está aquí y quiero saber el
motivo.
Imagino que el juego de anoche tiene bastante que ver, sé que a ella
no le ha gustado que pasara tanto tiempo hablando con Ivanna, al igual
que a mí no me gustó que ella lo hiciera con Loan. De hecho, puedo
recordarla marchándose del bar enfadada. Pero no entiendo el motivo de
presentarse así en mi habitación, para hacerme el amor de forma tan
autoritaria.
Lo siento princesa, pero soy un hombre y parece que bastante simple.
Vuelvo a recostarme y recuerdo cada momento vivido horas antes. Su
forma de tratarme, de moverse en la oscuridad. Dominando la situación.
Y dominándome a mí.
¡Claro! ¿Cómo he podido no darme cuenta? Sólo pretende hacerme
ver, dejarme claro, que ella es quien controla la situación. Ella es quien
decide. Y ella es quien me domina, quien me posee.
Sólo ha venido a dejarme claro que es ella. Sólo ella.
148
Nunca quise hacerte daño
Silencio absoluto. Justo lo que necesitaba. Tomo asiento en una de las
mesas y saco de mi mochila, despacio, uno de mis cuadernos para abrirlo por la última página escrita. Dejo todo preparado en la mesa, bolígrafo, folios en blanco… y me acerco a la enorme librería en busca de
algo de material que pueda serme de utilidad.
Camino despacio rozando con mis dedos los tomos que parecen dormir en las baldas de la enorme biblioteca, pero parece difícil encontrar
algo que me pueda servir. Quizá este…
Tomo un libro algo viejo y bastante desgastado, lo cual puede significar que haya sido de utilidad para bastantes alumnos. Busco en el índice
y lo abro con cuidado por la página que parece interesante. Inspiro y percibo ese olor tan característico a humedad, a papel, a antiguo. Me gusta.
Comienzo a ojear las páginas sin estar segura de si es lo que necesito
y en poco tiempo comienzo a desesperarme.
-Estás con Derecho Romano, ¿verdad?
Desvío la mirada del libro y saludo a Loan, que me mira divertido.
Asiento.
149
Sonia Hernández
-Yo también he venido a lo mismo, no sé por dónde cogerlo.
-Bueno, he encontrado esto… no sé si puede servir.
Le cedo el libro y él roza mi mano al cogerlo. Me mira y sonríe con
timidez.
-Los grandes jurisconsultos romanos de la época clásica…
Alguien sisea desde lejos para que bajemos el tono de voz, así que
decidimos refugiarnos entre varias estanterías abarrotadas de libros para
seguir inspeccionando el libro sin volver a ser interrumpidos.
-¿Y éste? -tomo otro libro de una balda- Derecho Privado
Romano -leo suavemente.
La cabeza de Loan está cerca de la mía mientras ambos hojeamos el
tomo, parece que también nos puede servir de ayuda.
-Si quieres, cada uno puede buscar en un libro y luego lo comentamos.
-Tienes razón -asiento sin pensarlo dos veces. Qué digo, sin pensarlo
una sola vez-. No entiendo por qué todavía no nos ha hablado sobre el
examen, la materia que va a entrar. Nada.
-Bueno, dicen que es un poco… perro. Que nos puede salir con cualquier cosa -explica sin quitar ojo al libro.
Ambos comenzamos a caminar en dirección a la enorme mesa donde
he dejado mis cosas, pero algo me interrumpe a mitad de camino.
-¿Tienes un momento?
Miro a Mark con seriedad. Loan también se ha detenido justo delante
de mí y espera con diplomacia.
-Ahora no puedo. Estoy con esto -alzo el libro al aire para que pueda
ver el título.
-Necesito que hablemos.
Casi susurra en mi oído para que ni Loan ni nadie pueda escucharle.
De hecho, a mí misma me cuesta entenderle. Pero todavía estoy molesta
por lo sucedido anoche y, pese a que parece que mi actitud ha funcionado,
no quiero dar mi brazo a torcer. Al menos, no todavía.
-Ahora no puedo -repito-. Cuando termine, entonces.
Y le dedico una media sonrisa nada amistosa, por cierto, ya que él se
da por vencido, baja las manos, y se marcha de la biblioteca sin saludar
siquiera a Loan.
150
Nunca quise hacerte daño
Joder, no podía ser peor. Ahora también me rechaza delante del otro.
¿Y qué hago? Podría pasar de ella y dedicarme a lo mío. Al fin y al cabo,
ella se lo pierde.
Pero a quién quiero engañar, no soy capaz de marcharme y dejar esto
así, a medias. Quiero hablar con ella y aclarar lo sucedido, ya que todo
comenzó como un juego y ahora parece una guerra.
Intento concentrarme de nuevo y volver al libro pero no soy capaz.
Las palabras, las frases, corren ante mi mirada pasando por el cerebro de
manera fugaz. Al cabo de un tiempo me doy cuenta de que he leído cinco
páginas y no recuerdo ni una sola palabra.
Así que no puedo hacer otra cosa. Comienzo a recoger mis cosas y
me acerco a la fotocopiadora para estampar las páginas que considero
importantes.
Necesito un poco de aire, le he dicho a Loan para que no se preocupara y, pese a que se ha empeñado en venir conmigo, he conseguido marcharme sola de allí. Pago las fotocopias y las meto con prisa en mi mochila, consiguiendo arrugar casi todas las hojas. Bueno, al final las acabaré
tirando a la papelera, así que…
“Estoy libre.”
Guardo el teléfono en el bolsillo de mi abrigo y recorro el largo pasillo para salir del edificio. No creo que Mark esté demasiado lejos de aquí.
Sin embargo, tarda en contestar. Saco el teléfono del bolsillo y lo miro
ansiosa por verlo iluminarse. Nada.
Quizá se haya enfadado por la forma de hablarle en la biblioteca.
Incluso comienzo a dudar de mi comportamiento. Soy una estúpida.
Debería haber salido de la biblioteca con él y hablar en el pasillo. Todo
hubiera sido mucho más sencillo, desde luego.
“Estoy en el Cero Diez.”
Por fin. Leo y releo el mensaje, sintiendo los nervios recorrer mi cuerpo al hacerlo, y acelero la marcha hacia el local. No estoy lejos, así que en
poco más de diez minutos estaré allí. Camino deprisa.
151
Sonia Hernández
-¡Qué casualidad! -no sé por qué pero yo no estoy tan seguro, aun-
que no se lo digo. Me limito a sonreír- ¿Cómo van los exámenes?
-Bien -asiento mirando por encima de su hombro-. Lo siento, pero
estoy esperando a alguien, sino te ofrecería asiento, ya sabes.
Sonríe resignada, sabe que hoy no será como ayer.
-Si molesto, me marcho.
-No es eso Ivanna, es sólo que he quedado con alguien para hablar.
-¡Ah! Que estás de servicio… -hace referencia a mi labor como
consejero.
-Algo así.
No quiero darle explicaciones.
Cuando llego al local tengo que recorrerlo con mi mirada para encon-
trar a Mark. Me espera sentado en un lateral de la larga barra. Saluda con
su mano y me acerco sin vacilar.
Le dedico una sonrisa bastante arisca al enfrentarme a él.
-Creo que deberíamos hablar -anuncia decidido haciendo que mi
mundo caiga en pedazos.
-¿A qué te refieres?
Intento parecer despistada, en un intento de ignorar lo sucedido.
Supongo que el miedo actúa por nosotros en estos casos en los que la
situación nos domina.
-A lo que pasó anoche. No... -resopla- No sé qué fue exactamente.
Supongo que una cosa llevó a la otra. Pero creo que no está bien lo que
hicimos.
Suspiro y me tomo mi tiempo. No estoy segura de querer tener esta
conversación con él sólo por el miedo que me produce el final. ¿Y si discutimos? O terminamos por no mirarnos a la cara. No podría vivir así.
Decido desnudar mis sentimientos ante él y expresarle lo que realmente
siento.
-Lo de anoche no estuvo nada bien. Yo me sentí fatal, tanto por lo que
hice como por lo que vi. Pero me da mucha rabia ver que…
152
Nunca quise hacerte daño
-¿Qué, Lanna?
Miro fijamente al suelo inundada de miedo a mis propias palabras y,
sobre todo, a su reacción ante ellas.
-Me da rabia ver a Ivanna siempre revoloteando a tu alrededor.
Siempre aparece en el momento más inesperado.
-Eso no es verdad -miento-, simplemente le estoy echando una mano
con una asignatura igual que lo haría contigo o con cualquier otra persona. Debes entenderlo.
-El que debe entender lo que sucede eres tú, Mark. A veces parece que
no te das cuenta de lo que ocurre a tu alrededor.
-Sé de lo que hablas. Quizá Ivanna quiera algo más que unos apuntes.
Pero claro que me doy cuenta de todo. De que Loan te sigue y te busca
como a una sombra, que aprovecha cualquier excusa para verte. Vamos
Lanna, ayer le faltó echarte las babas encima.
Me enojo por lo que oigo. Parece que sólo se da cuenta de ciertas
cosas. ¿Y de nosotros? ¿Acaso no sé da cuenta de lo que sucede entre
nosotros? Tengo total certeza de que estoy completamente enamorada,
pero él no parece sentir lo mismo. O quizá no se haya dado cuenta de
ello. Vamos Mark, mira dentro de ti, seguro que encuentras algo de todo
esto que recorre mi cuerpo.
Me mira con los brazos caídos, casi en un gesto de derrota. No sé
qué espera escuchar esta tarde y ni siquiera yo mismo sé qué decir.
Pero está preciosa así, expectante, con la preocupación dibujada en su
rostro. Vamos Mark, no será que esto se te está yendo de las manos aunque sólo sea un poco. Mark, el tipo que controla sus sentimientos, se siente como un niño ante una chica que le mira sin pestañear. Con esos ojos
tan redondos que brillan como nunca antes había visto. Que brillan por
mirarme a mí. Por mí.
Sujeto su mentón con suavidad, aunque no estoy seguro de lo que
hago. La contemplo un poco más. Ella sonríe y el brillo de sus ojos se
confunde con el resplandor de su sonrisa, que sólo lucen para mí en este
lugar abarrotado de gente que no nos importa.
153
Sonia Hernández
¿Y dices que no me doy cuenta de nada? Claro que soy consciente,
princesa. Tengo muy claro que te estás enamorando. Y qué difícil es verse
a uno mismo en la misma situación.
-¡Nos vemos mañana, Mark!
Ivanna pasa por nuestro lado rozando el brazo de Mark a modo de
saludo. Ambos se miran sonrientes, aunque nos ha sobresaltado a los dos.
La mano de Mark está sobre mi barbilla.
-Sí, claro, nos vemos en clase.
-¡Te debo una!
Y se marcha dando unos ridículos saltitos por el local.
Lanna mueve con rabia su rostro para deshacerse de mi mano. Ivanna
ha conseguido echar a perder lo que parecía que habíamos adelantado
con esta conversación.
-Déjalo, Mark. Nos vemos.
Está completamente decidida a dejarme así, tirado en la barra del bar,
sin darme un sólo motivo. Aunque sé que lo que acaba de suceder, por
simple que parezca, es suficiente motivo para ella.
La agarro con fuerza del brazo para retenerla, no quiero que esto se
acabe ni aquí ni así. Y menos por culpa ajena a nosotros.
-No te marches, Lanna. No hemos terminado de hablar.
-No hay nada más que hablar, Mark. No vamos a llegar a ninguna
parte. Quizá todo haya sido un error.
Me quedo de piedra al escuchar esto. ¿Cómo que un error? No puedo
creer lo que estoy escuchando. ¿Ahora me dices que es un error? Después
de haberme regalado las mejores semanas de mi vida me dices esto. Las
cosas no son así, princesa enamorada. No voy a dejar que te rindas tan
rápido. Y no voy a renunciar a ti por algo tan insignificante como Ivanna
o Loan.
-Dame un motivo por el que creas que es un error. Un sólo motivo sugiero.
-Porque no quieres que nos vean juntos, porque no haces nada por
quitarte a Ivanna de encima, porque nos llevamos cinco años, porque…
154
Nunca quise hacerte daño
-Veo que tienes motivos suficientes para no seguir juntos, pero seguro que dentro de ti hay uno, uno sólo, para no dejar esto aquí.
Ella queda en silencio, parece querer llorar, pero es más fuerte que
eso. Y sobre todo, más orgullosa.
-Démonos una sola oportunidad. La última. Si vemos que no funciona, lo dejamos.
Siento pánico al escuchar sus palabras. Nos estamos jugando todo a
una sola carta. Únicamente necesito que me abrace aquí mismo, que me
dé un beso sin importarle quién nos pueda estar mirando. Que sea él
mismo dejando al lado sus opresiones.
-¿Sabes esquiar?
No entiendo a qué viene esa pregunta ahora.
-Vamos Mark, estamos hablando en serio. No cambies de tema.
-¿Sabes o no sabes? -parece desesperarse. Asiento como respuestaVale, pues prepárate, el viernes nos vamos.
-¿A dónde?
-A la nieve. A encontrar una razón por la que esto merezca la pena.
-Pero no tengo aquí nada… esquís…
-No te preocupes por eso. Te envío un mensaje y te digo a qué hora
nos marchamos.
-Está bien.
Me relajo. Quizá pasar un par de días fuera, sin gente conocida, sea lo
que necesitemos para, como dice él, buscar sentido a lo nuestro.
-Hablamos.
Me toma la mano y la besa con rapidez pero delicadamente antes de
saltar de su taburete y salir del local, dejándome a solas con mis miedos.
Pero me ha besado la mano. Al menos algo es algo. Quizá sí se dé
cuenta de más cosas de las que yo creo.
~•~
155
Sonia Hernández
-¿Lanna? Lanna, hija, ¿cómo estás?
-Hola mamá. ¿Cómo va todo?
-¿Qué cómo va todo? Hija, llevo semanas intentando hablar contigo.
-Vamos mamá, no exageres. Estamos en plenos exámenes, entiéndelo.
Guardo en la maleta el pijama, sonriendo ante la excusa que acabo de
echar al aire.
-¿Te ha llegado todo?
-Sí mamá, gracias por enviármelo tan rápido. Nos vamos con un profesor y me hacía falta.
-¿Y en mitad de los exámenes os llevan a la nieve? No me parece muy
serio, hija.
-No te preocupes, mamá. Es para que nos despejemos de tanto estudiar, a mí me parece que está muy bien. ¿Qué tal está Eric?
-Bueno, ya sabes, como siempre, con la moto de un lado para otro. Al
final nos va a dar un disgusto.
-Mamá, no dejes que haga el loco, por favor -me preocupo al imaginar a mi hermano participando en una de esas carreras ilegales de motos.
-Es que ya no sé cómo hacerlo, Lanna. A ver si vienes pronto y hablas
tú con él, que te hará más caso que a mí.
-No te preocupes, mamá. En cuanto pueda voy -miento-. Debo dejarte, salimos dentro de hora y media.
-De acuerdo, llámame.
-Un beso, mamá.
-Te quiero, hija.
Mantengo el teléfono en mis manos, junto a mi pecho, y dejo que una
lágrima recorra mi mejilla así porque sí. De repente me siento más sola
que nunca.
Quizá sea cierto que debiera darme unos días para visitar a mi familia.
-¿Lea? Hola Lea soy Lanna.
-¡Lanna! ¿Cómo va eso?
-Sólo quiero pedirte un favor. Otro más.
-Lo que ordene mi alteza -bromea mi mejor amiga al otro lado del
teléfono.
-Voy a pasar el fin de semana fuera y faltaré a la última clase. Podrías
156
Nunca quise hacerte daño
pasarme después los apuntes y si dice algo del examen…
Recuerdo que es la única asignatura en la que no hemos recibido
información alguna sobre el examen final y me preocupo un momento.
-¿Te vas a casa?
-No… bueno, la verdad es que me marcho a la nieve.
-¿A la nieve? ¿Con quién? -permanezco en silencio a modo de respuesta- Ah, vale, con el amante misterioso. Bueno, si es así, te dejo los
apuntes con una sola condición.
-Dime…
-Cuando vuelvas me lo cuentas todo. Y todo es todo -sentencia.
-Prometido -sonrío al pensar en lo que me espera.
-Y cuando digo todo también quiero decir su identidad.
Colgamos y medito durante un momento. Quizá Lea tenga razón y
deba contarle que Mark y yo estamos juntos desde prácticamente el principio del curso.
Vuelvo a sonreír y termino de preparar mi equipaje para echar a correr
en dirección a la estación.
157
Sonia Hernández
Allí está. Camina deprisa tirando sin dificultad de una pequeña maleta de lunares. Sonrío al verla a lo lejos, ella también lo hace. Viste unas
divertidas botas que parecen recién llegadas del polo norte. Por debajo de
su gorrito de lana sobresalen un par de trenzas despeinadas. El cable de
sus cascos baila con sus andares.
-Hola… -susurro para darle un fugaz beso en los labios-. Ya pensaba
que te habías arrepentido.
-Lo siento… -sonríe y me acuerdo de la noche de la gasolinera, en la
que tuve que repetir esa frase en demasiadas ocasiones.
Tomo su mano y caminamos hacia el andén, donde el tren ya espera
con viajeros que suben y acompañantes que bajan de él. Subo el primero
para coger su pequeña maleta y ayudarla.
-Veamos… es éste -reviso el número en el pasaje.
Abro la puerta de nuestro compartimento. Está vacío. Lanna no ha
parado de sonreír desde que ha llegado. Creo que yo tampoco.
-Tienes que decirme cuánto te ha costado -se recuesta en el asiento
junto a la ventana y se deshace del gorro de un manotazo. Me gusta
mirarla con el pelo revuelto.
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Nunca quise hacerte daño
-Ya me lo cobraré. De momento me siento aquí. Si viene alguien me
paso a mi asiento -señalo el sillón vacío junto ella-. ¿Qué escuchas?
Lanna me ofrece uno de sus auriculares, que emite una suave música.
Ella canta mientras coloco en mi oreja el chisme.
El tren se pone en marcha y Lanna me mira una vez más para dedicarme una de sus sonrisas. Una de esas que guarda sólo para mí. Al poco
rato se queda dormida con la cabeza apoyada en mi pecho mientras acaricio su pelo con suavidad.
Y la miro sin prisa, tomándome mi tiempo. Está tan guapa así, sobre
mí. Abraza mi cuerpo sin fuerza y respira bastante fuerte. Me gusta sentir el ritmo de su respiración acompasando el traqueteo del tren. Miro por
la ventana. El paisaje comienza a cambiar fuera. Y quizá también dentro.
Dentro del tren y dentro de mí. ¿Y si me estoy enamorando yo también?
Me recuesto con cuidado y ella emite un gemido al sentir mi movimiento, pero vuelve a cerrar los ojos y recae en brazos de Morfeo mientras yo creo caer en los suyos también.
Vuelvo a acariciar su cabello y siento su olor afrutado, que ya me
resulta familiar. Mi Princesa.
Quizá deba rendirme ante ella y dejarme llevar como ella lo hace. A
lo mejor debería dejar de pensar tanto las cosas y dedicarme a sentir.
Olvidar el miedo a sufrir y vivir. Recuerdo el último libro que leí. Siempre
diré que era una historia de manual, como la noche del cine. ¿Y si lo que
quiero es una historia de manual? Quizá ya esté inmerso en una de ellas
y ni siquiera haya sido capaz de darme cuenta de ello. Pero me gusta. Y
sí Mark, sí. Te estás enamorando tú también. Y te gusta este amor de
manual. Te gusta ella y no puedes hacer nada para impedirlo.
-Vaya. ¿He estado mucho tiempo dormida? -me incorporo notando
que todo mi cuerpo me duele.
-No, no demasiado.
Miro el reloj mientras Mark me sonríe. Es evidente que he pasado
durmiendo más tiempo del que pensaba.
-¿Falta mucho?
-Una hora sólo. ¿Tienes ganas de llegar? -peina mi cabello con
159
Sonia Hernández
delicadeza y yo asiento a la vez que me acerco y le ofrezco un suave y
duradero beso, mientras siento que me estremezco cuando nuestras lenguas se encuentran en el interior de nuestra boca.
-Yo también tengo ganas de llegar.
Mark parece diferente hoy. No deja de mirarme y dedicarme caricias
y sonrisas. Y yo soy feliz con esto, que es lo único que necesito.
-¿Dónde vamos a dormir? -apoyo las piernas en su regazo y él las
acoge acariciándolas por debajo de mi pantalón.
-En el palazzo Fisher -le miro sin entender nada y mi cara es la evidencia de ello-, tenemos un apartamento allí.
-¿Vamos a casa de tus padres?
-Bueno, en realidad es la casa de mi -acentúa el posesivo- padre.
Le miro insegura.
-Mis padres están divorciados desde hace casi diez años. El apartamento es una de las pocas cosas que se quedó mi padre.
-Vaya, no lo sabía. Lo siento.
Le observo y compruebo que el gesto de su cara ha cambiado.
Ahora está serio mientras mira por la ventana para evitar cruzarse con
mi mirada. Miro yo también para dejar pasar este incómodo silencio.
-Mi madre engañaba a mi padre.
-¿Cómo? -vuelvo la mirada para encontrarme directamente con sus
ojos, que ya me esperaban hacía un rato.
-Que mi madre tenía un amante. Por eso se divorciaron. Mi padre los
encontró en la oficina de mi madre. Era un compañero de trabajo. No
fue… agradable.
-Puedo imaginarlo.
-No, no puedes. Y espero que nunca puedas imaginarlo, porque peor
es vivirlo. Recuerdo a mi hermana entrando en casa con la cara desencajada porque les había visto besándose en el coche debajo de casa.
Frota su rostro con ambas manos y vuelve a mirarme sonriendo. No
sé qué decir y, ya que no hay nada que podamos decir que sea más bonito que el silencio que nos acompaña, decido sonreír.
-Pero no te preocupes, no hay nadie. Mi padre sólo va algún fin de
semana. Está hasta arriba de trabajo.
160
Nunca quise hacerte daño
-¿En qué trabaja?
-Tiene una editorial. Se asoció con un compañero después del divorcio.
Es que mis padres trabajaban juntos. Bueno, al final le ha salido bien el tema.
Sonrío.
-Bueno, y tú, qué me cuentas. Seguro que en tu familia también hay
algún trapillo sucio.
Niego con la cabeza antes de responder.
-La verdad es que somos una familia de lo más normal. Quiero decir,
no hay nada reseñable en nosotros. Bueno, si no fuera por mi hermano,
que cualquier día nos da un susto.
-¿Qué tal está? Lea me dijo que había tenido un accidente de moto.
Sonrío amargamente al recordar la conversación con mi madre.
-Bien, no tiene nada. Pero mi madre está preocupada por él. Su mejor
amigo murió en un accidente pero a mi hermano no parece importarle
demasiado. Sólo espero que en algún momento se dé cuenta de que está
haciendo el idiota.
Besa con suavidad mi mano y eso me reconforta.
Por fin llegamos a nuestro destino. Un paisaje de cuento completamente nevado en el que los tejados son blancos, las aceras están recubiertas de un resbaladizo hielo y la gente camina abrigada por la calle.
Me gusta este lugar.
Montamos en el autobús que nos llevará al apartamento y mientras
reímos y bromeamos, Mark me habla sobre los edificios que vamos
dejando atrás, y me señala alguna de las pistas que mañana bajaremos
esquiando. Saludamos a los desconocidos que nos responden riendo. Y
nos chocamos cuando el autobús frena secamente para reírnos y besarnos antes de bajar, provocando el enfado de algún que otro viajero. Pero
también le saludamos cuando abandonamos el vehículo.
-Éste es nuestro pequeño almacén -abro la estrecha puerta de nuestro
guarda esquís. Está en la planta baja del edificio-. Estos son los míos -señalo
un par de esquís bastante altos y completamente negros-, los de mi padre y
los de mi hermana. Y éstos que igual te sirven, son de cuando tenía diez años.
161
Sonia Hernández
-¡Eh! -bromea ella propinándome un suave codazo- ¿Me estás llamando
bajita?
-¿Yo? -exagero la pronunciación- Jamás…
Saco uno de los esquís para medirla y así avanzar algo de trabajo para
el día siguiente. Los cantos parecen querer cortar.
-Vaya, sí que hay humedad aquí.
Nos miramos incrédulos. De los esquís gotea un leve líquido transparente. Agua.
-Es imposible… -rozo el líquido, preocupado.
-Mark, esto parece hielo…
Y coge un trocito de piedra blanca del suelo. Volvemos a mirarnos y
enseguida caigo en la cuenta. Agarro su mano con prisa para subir las
escaleras hacia nuestro apartamento y tomo aire antes de introducir la
llave en la cerradura, que cede con sólo girarla un cuarto de vuelta.
O alguien se ha dejado la cerradura abierta o…
-¡Vaya hermanito! ¿Qué haces tú por aquí?
Mierda, mi hermana.
-¿Que qué hago yo por aquí? Qué haces tú. Pensaba que estabas de
exámenes.
-Y no era la única.
Tapo con la mano mi cara, derrotado. Esto no me lo esperaba, desde
luego.
-Vale, me rindo Markito, me he escapado un par de días para despejarme. Y parece que no he sido la única, ¿no? -asiento con desgana- Pero
pasa, no os quedéis fuera, tú como en tu casa…
Se hace a un lado para que podamos pasar y yo vuelvo la vista hacia
Lanna, que permanece tras de mí sonriendo, como siempre, ante el contratiempo. Muevo la cabeza para que entre al apartamento detrás de mí.
-Ella es Anna, mi hermana.
-Encantada, soy Lanna.
Y se besan en la mejilla ante mi atónita mirada.
-No sabía que te habías echado novia, Markito.
-Sí, bueno, para empezar, deja de llamarme así -cojo las maletas y las
coloco en un rincón del salón, junto a mi armario, para colocar la ropa
más tarde.
162
Nunca quise hacerte daño
-¿Con quién has venido? Están los esquís mojados, podrías preocuparte un poco de ellos, que luego venimos los demás y nos encontramos
el fregado.
Me siento algo irritado ante esta situación y no puedo evitar hablar a
mi hermana bastante ariscamente. Mi idea de un fin de semana a solas
con Lanna no pasaba por aguantar a mi hermana menor llamándome
Markito y menos, a alguna de sus amiguitas.
-Bueno, bueno, no te pongas así, que nosotros mañana por la mañana nos vamos. Hemos venido anteayer. La nieve está de muerte.
-¿Vosotros? -sólo espero que de la habitación aparezca alguna de sus
amigas.
-Anna, cariño, ¿Dónde has dejado las zapatillas?
Del dormitorio aparece un tipo que parece más cerca de los cuaren-
ta que de los veinte. Tiene el pelo algo canoso y viste ropa deportiva.
Parece estar cómodo en el apartamento.
-Matteo, él es mi hermano Mark. Y su novia, Lanna.
El tal Matteo le ofrece la mano a Mark, que apenas la aprieta durante
un segundo y con pocas ganas, por cierto. A mí me da un beso en cada
mejilla y aprieta mi antebrazo a modo de saludo. Sonrío algo incómoda
por la situación.
Parece que a Mark no le hace demasiada gracia conocer al novio de su
hermana, sin embargo, a mí esta situación me divierte bastante.
-¿Vais a cenar en casa?
Mark está apoyado en la pared, junto a la puerta, y parece bastante disgustado por el imprevisto encuentro, su hermana lo nota también.
-Es una buena idea, ¿verdad Mark? -le miro implorando un poco de
colaboración y él asiente sonriéndome. Sonrío con sinceridad y dejo caer
mi abrigo en uno de los sofás enfrentados del pequeño salón.
-Voy a darme una ducha y nos ponemos con la cena, ¿vale? -le dedico
una sonrisa y Anna desaparece en la única puerta que puedo distinguir.
-¿Se puede saber qué te pasa?
Me acerco a él y lo atraigo al sofá, colocando casi la totalidad de mi
cuerpo sobre el suyo.
163
Sonia Hernández
-No lo sé. Es sólo que no me esperaba encontrarme aquí a mi hermana y menos, acompañada.
-Bueno, es normal, ¿no?
-Sí, sí, pero es que…
-¿Qué?
-Te va a parecer una tontería, pero el Matteo éste…
Le miro esperando una respuesta y creo advertir que se sonroja al
continuar hablando.
-Que me recuerda demasiado a Giulio. Y eso me preocupa.
-¡Anda ya! Este es más guapo.
-¡Oye!
Mark comienza a hacerme cosquillas y caemos juntos al suelo sin
poder parar de reír mientras al otro lado de la pared sólo se escucha el
silencio.
-Lleva esto a la mesa, por favor -Anna ofrece a Lanna un bol repleto
de ensalada que, a juzgar por el gesto de mi princesa, parece pesar lo suyo.
Mi hermana continúa cocinando con salero mientras Matteo no para de
mirarla desde la mesa.
-Y aquí está el resto. Huevos revueltos con jamón y queso.
-Vaya, no sabía que ahora te dedicaras a la alta cocina -bromeo ante la
risa del resto.
-Bueno, bueno, Markito, no empecemos.
-¿Son comestibles? -y guiño un ojo a Lanna, que me mira sin pestañear. Y me gusta que lo hagas, princesa.
-¿Por qué le llamas así? -Lanna decide abrir la caja de Pandora, y lo
sabe. Miro a mi hermana de reojo, que se sienta frente a mí y bastante
cerca de su acompañante.
-¿No te lo ha contado? Es que a mi hermano le costó bastante dar el
estirón. Siempre fue el más bajito de la clase. Bueno, y de los hermanos
también -me mira y se burla.
-Lástima que ya no sea así, ¿verdad pequeña saltamontes? Lo de
saltamontes lo digo por los ojos, claro.
Miro a mi hermana un momento, después de soltarle la broma de cada
164
Nunca quise hacerte daño
vez que nos vemos. Es guapa. Tiene el cabello por encima de los hombros y muy liso. Los ojos verdes los ha heredado de mamá. Y la delgadez
también. Pero el mal genio lo compartimos gracias a papá. Sonrío.
-Bueno, bueno, habló el gran macho alfa, que se hacía pis en la cama
hasta los diez años.
Lanna y Matteo ríen ampliamente al escuchar esta gran verdad.
-Pero eso era porque te veía en la oscuridad y me daba miedo. Ah, perdona, el lobo que vivía debajo de tu cama, ¿ya se fue de casa o lo conservas?
-No te pases Mark, que ese bicho me daba miedo de verdad -Lanna
mira a mi hermana, asombrada-; es que pensaba que tenía un lobo
debajo de la cama. No veas qué noches pasaba.
-Sí, la mitad se metía en mi cama para que la protegiera -me hago el
importante por primera vez desde que hemos llegado. Quiero impresionarla.
-¿Pero antes o después de que te hicieras pis? -mi princesa traviesa, me
ha dejado completamente K.O. Decido unirme a sus risas y disfrutar del
resto de la cena.
-¿Seguro que no necesitáis ayuda? -Mark nos grita desde el sofá y
ambas negamos riendo.
Al final hemos pasado una velada agradable junto a su hermana y a
su, al parecer, tímido novio, que apenas ha abierto la boca durante la
cena.
-¿Sabes esquiar? -Anna me mira mientras seca con un trapo de algodón uno de los platos de la cena.
-Bueno, hace tiempo que no practico pero, al menos, me defiendo.
-No te preocupes, tienes a un buen profesor. Mi hermano se mueve
como pez en el agua en la nieve, ya verás. Te divertirás con él.
Sonrío con las manos completamente llenas de espuma y miro de
reojo a Mark, que observa distraído el televisor.
-Sabes, me alegro de que estés con mi hermano y de haberte conocido. Hacía tiempo que no le veía tan bien. Creo que le sientas bien.
Noto que en mi rostro se dibuja una sonrisa de ilusión y no me avergüenzo por ello.
165
Sonia Hernández
-No le hagas demasiado caso. A veces puede resultar un poco… irritante. Pero es algo de familia, créeme. Que se lo digan a Matteo -susurra.
-¿Llevas mucho tiempo con él?
Ella me mira divertida.
-¡Qué va! Un par de meses. Bueno, tampoco es que estemos juntos.
Saliendo, quiero decir. Nos vemos de vez en cuando, lo pasamos bien
juntos. Pero no es nada serio. Fuera compromisos.
Asiento sin estar del todo de acuerdo con ella y decido que omitiré
esta conversación cuando Mark saque a relucir el tema Anna-Matteo.
-Bueno, yo me voy a acostar, es tarde y mañana tenemos que
madrugar, ¡eh, Mat!
El tipo asiente y se levanta de un salto del sofá en el que Mark está
tirado.
-¿Dónde vais a dormir, Markito?
-Pues en mi cama, como siempre.
-Perfecto. Hasta mañana entonces.
Ambos desaparecen y cierran la puerta que da acceso al único dormitorio del apartamento. He distinguido que hay dos camas grandes en él,
aunque es evidente que sólo van a hacer uso de una de ellas.
Miro a Mark una vez más.
-¿Y nosotros?
-Ya verás -con un gesto convierte el sofá en una cama y le ayudo a
colocar las sábanas y una manta que saco del armario-. Esto está listo.
-Vaya organización… sabes, me alegro mucho de haber venido, lo
estoy pasando muy bien.
-Sí, al final parece que el contratiempo Anna no ha resultado tan malo.
Yo también me alegro de haber pasado un rato con ella.
Nos besamos con suavidad en la calma de la noche, únicamente
importunada por la risa nerviosa de su hermana, que resuena al otro lado
de la pared.
-Joder… -pasa la mano por su cabello, nervioso-. Espera un
momento.
Me siento en el reposabrazos, dispuesta a observar la escena que ya
comienzo a imaginar. Primero creo que el comportamiento de Mark es
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Nunca quise hacerte daño
exagerado, pero me imagino a mí misma en esa situación y prefiero no
pensar en mi reacción.
Lo primero que hace es golpear la puerta con tres golpes secos y decididos. Matteo aparece sólo con el pantalón de su pijama.
-Puedo hablar con mi hermana -no es una pregunta, sino una orden.
Matteo se aparta y Mark entra en el dormitorio, entornando la puerta tras de sí.
Miro a Matteo desde mi posición, que permanece apoyado en la
pared, como si esperara a un autobús que nunca pasará. Sé que ambos
podemos escuchar a Mark y Anna en algo parecido a una negociación.
Sonrío a mi inoportuno acompañante e intento disimular.
-Vaya dos, ¡eh! Menudo genio.
Arqueo las cejas. No tengo ganas de comenzar una conversación con él y
menos sobre el carácter de Mark o el de su hermana, a la que acabo de conocer. Así que permanecemos en silencio el tiempo que dura la negociación.
-Ha dicho Anna que mañana os marcháis…
-Sí, es una pena porque la nieve está muy bien, pero yo tengo que trabajar este fin de semana. Tengo que preparar unas cosas para el lunes. Soy
abogado, tengo un bufete.
Le miro sorprendida y enseguida entiendo que el tipo tiene más años
de los que aparenta.
-Vaya, yo estudio primero de derecho.
-¿Sí? ¡Qué casualidad! ¿Y qué te está pareciendo? ¿Te gusta?
-Me encanta, aunque estos primeros meses están resultando algo duros.
-Hay que hincar mucho los codos, sí... Bueno, cuando termines la
carrera me llamas -me guiña un ojo creyéndose gracioso.
Entonces aparecen los dos hermanos, Mark seguido de Anna, que
observa mientras él abre el otro sofá, dejando una cama enfrentada a la otra.
-A dormir -y con un decidido gesto con su cabeza hace que Matteo
entre en el dormitorio y cierre la puerta tras él.
-¿Qué ha pasado?
Mark dispone las almohadas en los pies de ambas camas, quedando
éstas alineadas en el centro del salón. Le ayudo a colocar las sábanas y
alguna manta en las improvisadas camas. Parece serio y no tiene pinta de
que me vaya a contar lo sucedido. Tampoco me importa, la verdad.
167
Sonia Hernández
-¿Cuál es la mía? -y me siento sobre la que Mark me ofrece, observando como él se pone su pijama y hace lo mismo.
-Vaya día. Ésta no era mi idea de un fin de semana en la nieve, lo prometo.
-No pasa nada, en serio. Tu hermana es muy simpática, la verdad.
Apago la luz y dejo que mi vista se habitúe a la oscuridad. Puedo distinguir a Lanna tumbada con la mejilla sobre su almohada. Me recuesto
junto a ella.
-¿Estás cómoda?
-Sí, está guay el chiringuito que te has montado aquí -susurra sonriendo.
-Lo malo de este apartamento es que sólo tiene una habitación, pero
nos lo montamos para que cada uno duerma siempre en su cama. En el
dormitorio duermen mi hermana y mi padre y el salón es de mi propiedad.
-Qué afortunado, entonces tienes dos camas.
-No -susurro-. Ahí -señalo su posición- duermen los acoplados…
-¡Oye!
Lanna me pellizca en la nariz y yo aprovecho para inhalar una vez más
su perfume.
-Me ha gustado conocer vuestras historias -noto que sonríe mientras
habla en un susurro-. Ha sido divertido.
-Sí, ha estado bien. Sabes, esta noche hemos llegado a un trato. Se ha
enfadado un poco cuando le he dicho que no me gustaba el tal Matteo.
-¿Cómo le dices eso? Es como si mi hermano me dijera que no le gustas tú. Tampoco es que yo fuera a hacer demasiado caso de su opinión,
pero bueno. ¿Y se puede saber a qué acuerdo habéis llegado?
-Bueno, ambos nos hemos dado cuenta de que es normal lo que
podría pasar esta noche. Ya me entiendes -sé que lo hace, puesto que
ahoga una risita nerviosa-, ella ha propuesto dormir contigo en el dormitorio y yo con el fulano. Pero para que no sea tan traumático, sobre todo
para mí, hemos decidido que cada uno dormirá en una cama diferente.
Ella en la suya y Matteo en la de mi padre. Las hemos separado incluso.
Por eso he abierto el otro sofá. No tenía planeado hacerlo, en serio.
-Me parece bien. No te preocupes. Al menos has tenido el detalle de
colocar las almohadas juntas…
168
Nunca quise hacerte daño
-Sí, bueno, esa variante se me ha ocurrido durante la marcha. La verdad es que sólo falta que aparezca mi padre por aquí.
Sonrío al imaginar la escena.
-¿Tu padre tiene…? Quiero decir, si está con alguien.
-No, que yo sepa. Desde que él y mi madre se divorciaron nunca le he
visto con otra mujer. Y me gustaría que rehiciera su vida, la verdad. Lo
ha pasado muy mal con toda esa historia. Pasaron meses hasta que se fue
de la empresa donde trabajaban juntos. Supongo que lo verdaderamente
difícil fue seguir viéndola cada día. Cuando empezó con la editorial cambió bastante. Le vino muy bien. Supongo que habrá tenido sus historias,
no deja de ser un hombre, pero nunca nos ha hablado de ello.
-¿Y tu madre?
-¿Mi madre? -suspiro antes de comenzar a hablar. No me siento incómodo hablando por primera vez sobre el divorcio de mis padres y me
gusta que sea Lanna mi interlocutora-. Estuvo un tiempo con el tipo
aquel y luego lo dejaron. Un año más tarde, más o menos, empezó una
relación con Liam, con el que sigue todavía. Se fueron a vivir juntos cuando mi hermana empezó la universidad. Supongo que fue un detalle por
su parte esperar a que los dos nos marcháramos de casa para traérselo.
No es que tenga demasiada relación con ella, la verdad. Me costó mucho
perdonar lo que le había hecho a mi padre, de hecho, creo que todavía me
cuesta olvidarlo. Vaya historia, ¿eh?
Ella me escucha con atención, abrazada a su almohada. Siento su
aliento cerca de mi rostro y aprecio sus ojos brillar en la oscuridad.
-Quizá por esto me cuesta tanto empezar una historia. No te enfades
conmigo si a veces no me acerco a ti cuando hay gente con nosotros. Es
algo que me cuesta mucho. Me cuesta creer que existan historias que
duren para siempre. Me da miedo que el exterior pueda corromper un
sentimiento que nace entre dos personas.
~•~
169
Sonia Hernández
-Hace muchos años, sesenta, setenta, no lo sé. Mi abuela servía en
casa de un noble que tenía un montón de dinero. Se dedicaba a cocinar y
hacía las cosas de casa, ya sabes, lo que se estilaba en aquella época. Vestía
con cofias y cosas así… el caso es que el noble decidió marcharse porque
su mujer era tailandesa. Le pidieron a mi abuela que se marchara con
ellos, pero ella no estaba segura de hacerlo. Aquí dejaba muchas cosas, sus
padres y hermanos, amigos, su hogar. Pero le ofrecieron más dinero y ella
vio la posibilidad de ayudar así a su familia que, como la mayoría en aquella época, no estaba sobrada de recursos. Así que al final se marchó con
el noble y su mujer a servir en su casa de Tailandia.
La observo mientras escucho esta historia, aunque no entiendo a qué
viene. Mientras lo hago, peino con mis dedos su cabello y disfruto de su
suave tono de voz en medio del silencio de la noche.
-Cuando llegó todo era diferente para ella, la cultura, la comida, la
gente. Pero estaba feliz porque el matrimonio la trataba bien y comenzaba a ver una salida a la situación de su familia. Bueno, el caso es que allí
conoció a los hijos de los nobles. Tenían tres, dos chicas y el hijo menor,
un varón. Mi abuela siempre decía que era el hombre más guapo que
había visto. Tenía los ojos oscuros y la piel morena. No era demasiado
alto.
-Como todos los tailandeses, ¿no? -sonreímos.
-Sí, bueno, no se caracterizan por medir metro noventa, desde luego.
El caso es que mi abuela cayó enamorada en cuanto lo conoció, pero no
hizo nada por acercarse a él, al fin y al cabo era el hijo de sus jefes y dar
un paso en falso podría echar a perder su trabajo y el que ahora era su
hogar. Pero el hijo del noble también se enamoró de ella y pasaba el tiempo buscándola por la casa para fingir falsos encuentros. A veces se encontraba una flor en la cocina, otras veces, una nota de amor bajo la puerta
de su dormitorio. Al final comenzaron a verse a escondidas cuando mi
abuela terminaba su turno de trabajo y él le enseñó los templos más
bellos. Salían a pasear por la ciudad y compraban fruta que compartían
olvidando su condición social. Así pasó más de un año hasta que una
noche el noble los sorprendió dando un paseo de la mano por uno de los
jardines de la casa.
170
Nunca quise hacerte daño
-¿Y qué pasó?
-Bueno, al principio se enfadó, supongo que no tenía pensado que su
único hijo varón se enamorara de una simple ama de llaves. Y en mi opinión, lo más fácil era negar todo y alejarse de mi abuela para buscar una
esposa de su misma condición social. Era lo más lógico. ¿No crees?
Sopeso las opciones y no estoy seguro de mi respuesta. Intento no
olvidar que se trata de una historia real y depende lo que diga puede
molestarle, al fin y al cabo, se trata de su abuela. Pero es cierto que este
tipo de historias eran muy comunes en aquella época. Y el final que más
pega en esta es el que acaba de proponer Lanna. Él decide darle la patada y buscar una mujer de su misma clase social. Al final, la cocinera iba a
seguir trabajando para él, podría quedársela como amante. No sé si, como
dice ella, es lo más lógico pero sí lo más práctico y, sobre todo, lo más
común en aquellos tiempos.
-¿Cómo acabó la historia?
-Bueno, tenemos que avanzar unos años en el tiempo.
-¿Hasta cuándo?
-Hasta hace diecinueve años. Cuando nací yo.
La miro inseguro. ¿Qué pinta ella en toda esta historia? Decido salir
de dudas y se lo pregunto tal cual.
-Por petición de mis abuelos me pusieron el nombre que llevo.
-Lanna -pronuncio con seguridad-. ¿Qué significa? Supongo que tiene
algún tipo de significado, ¿no?
-No -consigue dejarme fuera de juego-. Es el nombre de la provincia
donde vivían allí. Fue donde se enamoraron y donde se casaron. Unos
años más tarde regresaron, pero siempre decían que llevaban un pedacito de Lanna en el corazón. Así que mis padres no dudaron en ponérmelo cuando nací.
-¿Es por eso que tienes los ojos tan redonditos?
Rozo con la yema de mi dedo índice sus párpados y ella asiente dejándose hacer.
-Pero no quería que llegaras a esa conclusión con la historia de mis
abuelos. Bueno, está bien que sepas que los tailandeses tienen los ojos
171
Sonia Hernández
redondos, pero esperaba que sacaras algo más de esta historia.
Por un momento siento que la he podido decepcionar al no haber
conseguido llegar al fondo de la historia. Pero qué quieres que haga, princesa, si he estado más pendiente de ti que de tus palabras. Deberías estar
contenta, al final, eso era lo que querías despertar en mí, el deseo de sentirte y mirarte. Y lo has conseguido, desde luego.
-¿Cuál es la moraleja, entonces?
-Que todas las historias no tienen por qué terminar mal. A veces cerca
de nosotros vemos cosas que no deseamos. Quizá más veces de las que
nos gustaría. Pero en ocasiones, hasta las historias más difíciles pueden
hacerse realidad. Todo es posible.
Nuestras pupilas se encuentran en la oscuridad y se pierden entremezcladas. Las suyas brillan y las mías sienten la necesidad por primera vez
desde hace mucho tiempo, de derramar un par de lágrimas. Decido retenerlas y me acerco a ella para besarla con suavidad, con ternura, con
cariño. En definitiva, con amor.
Dejo que ese par de lágrimas recorran mis mejillas arropadas por la noche.
~•~
Cuando despierto veo que Lanna ya está levantada. La escucho trastear en la pequeña cocina. Me incorporo y la observo preparar el desayuno. Me gusta mirarla sin que ella se dé cuenta. Canturrea algo
incomprensible y come fruta mientras calienta leche. Me acerco a ella
sin pensarlo, con ganas de abrazarla otra vez.
-Buenos días, dormilón…
-¿Qué tal has dormido? -la abrazo, la beso, la acaricio. Ella sonríe-.
Vaya, veo que la mañana te ha cundido.
-¿Tienes hambre? -asiento y ocupo una silla junto a la mesa mientras
ella llena dos tazas con café. Las coloca en la mesa y se acerca a mí.
-Ven aquí.
La tomo por la cintura y la siento en mi regazo, dispuesto a disfrutar
de un desayuno perfecto con ella sobre mí. No parece importarle, así que
172
Nunca quise hacerte daño
desayunamos juntos, ella que echa demasiado azúcar en mi café, yo le
mancho la nariz con mermelada, ella muerde la comisura de mis labios
para hacerse con una miga, yo que le poso el vaso de zumo sobre los
suyos y dejo que la mitad se derrame sobre la mesa, mi hermana que se
levanta y a mí no me importa que nos vea así.
Y con algo tan sencillo como un desayuno, ambos hemos encontrado
la razón por la que merece la pena estar juntos.
~•~
-¿Hace mucho que no esquías?
Supongo que la pregunta viene a propósito de mi cara cuando veo la
estación de esquí.
Asiento un poco avergonzada, pero me tranquiliza que me prometa su ayuda.
Le miro mientras se coloca sus esquís sin problema. Viste completamente de negro y lleva un gorro de lana muy gracioso con un pompón
rojo. Las gafas tapan casi todo su rostro.
Subimos juntos en el telesilla y aprovecho para sacar fotos, intentando que él salga en alguna. Mark me señala algunos paisajes que no quiere que pase por alto. Mientras tanto pasa su brazo por mis hombros.
Comenzamos a descender. Él lo hace más rápido que yo, pero me
espera sin desesperarse. Anna tenía razón y veo que Mark se desenvuelve en la nieve sin problemas. Cuando llego a su altura me recibe con un
abrazo que provoca mi desequilibrio y la consecuente caída. Ambos reímos y me ayuda a volver a ponerme en pie para zarandearle y hacer que
él también caiga al suelo.
Y volvemos a subir y ésta vez descendemos con mis manos aferrando su cintura y esa sensación de velocidad y libertad. Y su perfume penetra en mis fosas nasales, casi congeladas por el frío.
Por un día me olvido del resto de mundo. De las clases, de la rutina,
de mi hermano y su moto, de Loan, de Ivanna.
173
Sonia Hernández
-Mmm... Qué buena pinta tiene esto -cojo el sándwich con ambas
manos para comer un gran bocado, estoy hambriento. Lanna me observa antes de comenzar a comer el suyo con ayuda de cubiertos-. ¿Lo estás
pasando bien? -asiente.
-Este sitio es precioso. Aunque no pensaba que hubiera olvidado tan
rápido la técnica.
-No seas exagerada, con un poco de práctica está hecho.
-Y con otro poco de ayuda, también…
-¡Pero bueno, qué ven mis ojos! El rey de la montaña en persona…
Levanto la vista con una gran sonrisa en el rostro y Lanna gira su
cuerpo para observar al recién llegado.
-¡Qué pasa, Copito!
Chocamos las manos alegrándonos ambos de volver a vernos.
-Te vendes caro desde que eres universitario -vacila al pronunciar las
palabras.
-Ya sabes, demasiadas cosas que hacer. Me he tomado un respiro.
¿Cómo va todo?
-Como siempre, ya sabes. ¿Estos Rossignol son tuyos? -asiento-. Tío,
cómo te lo montas…
Se acerca a mis esquís y los toquetea sin pestañear. Lanna y yo intercambiamos una mirada con una sonrisa cómplice.
-¿Qué modelo son, los Alias?
-No tío, son Zenith.
-Te habrán costado un ojo de la cara.
-Y medio riñón también.
-Me lo creo. Y éstos son los que llevaba tu hermana, ¿no? La he visto
estos días atrás.
-Sí, se ha marchado esta mañana. Ahora los utiliza ella. Lanna, te
presento a Copito, mi mentor.
-Sí, yo fui quien lo desvirgó -Lanna abre los ojos exageradamente y de
su boca salta una miga de pan, del susto-. En la nieve, quiero decir.
Bueno, podría decirse que conmigo desvirgó por primera vez la nieve.
-No lo estás arreglando, Copito. Quiere decir que con él hice por
primera vez un fuera de pistas. Bueno, y casi siempre vamos juntos.
174
Nunca quise hacerte daño
¿Sigues dando clases?
-Claro. Es mi vida, tío.
-Copito, te estaba buscando. ¡Contigo no hay quien esquíe!
Frente a nosotros se planta una chica de al menos metro setenta. Su
melena rubia cae por los hombros. Viste un pantalón blanco y una cazadora a juego con pequeñas flores negras. Se quita las gafas para mostrar
unos impolutos ojos azules.
Mark se gira cuando nota su presencia y se pone en pie para saludarla con un abrazo y un beso en cada mejilla.
-Bueno, ya te tenía perdida la pista, desertor.
-¿Qué tal todo?
-Bien, y supongo que tú también, ya que pasas poco por aquí a visitar
a los viejos amigos.
-Sí, bueno, prometo venir más.
-¿Qué, os hace un fuera de pistas?
-¡Eso ni se pregunta! -responde Copito a la rubia imponente.
-Id vosotros, yo me quedo. Otra vez será -Mark me mira y puedo ver
el deseo de ir con ellos en su mirada.
-Vaya, parece que hay alguien que se raja… -la rubia habla única y
exclusivamente a Mark, lo que hace que me moleste bastante-. Venga, no
seas rollo.
¿Es que todavía no se ha percatado de mi presencia? No puedo creerlo.
Ni siquiera se ha molestado en mirarme.
-Venga Mark, demuestra lo que tus esquís saben hacer.
Nos ponemos en pie y Mark vuelve a negar con la cabeza. Me gusta
que no vayan a ser capaces de convencerle aunque un enorme sentimiento de culpa por ser yo la causa de sus negativas invade mi cuerpo.
-Ve con ellos, yo te espero aquí.
-Ni lo sueñes, hemos venido juntos y no pienso dejarte sola.
-Quiero que vayas. Mientras tanto, subiré un par de veces y practicaré
lo que me has enseñado hoy. Cuando vuelvas te muestro mis avances.
Me mira con cara de fastidio, pero en un rinconcito de esa desgana hay
un poquito de satisfacción por poder disfrutar de la nieve a su manera.
175
Sonia Hernández
-No tardo, ¿vale? Te espero aquí dentro de una hora y media.
-¿A dónde vais a ir? -dirijo mi mirada donde la punta de su dedo índice
me indica y me asusto un poco al ver la pendiente llena de nieve virgen.
-Tranquila, no pasa nada.
-¿Qué, vienes o no? -Copito comienza a desesperarse y Mark da un
manotazo en el aire para que espere y, sobre todo, para que se calle.
-¿Estarás bien?
-Sólo estaré bien si…
-¿Si qué?
-Si me das un beso antes de marcharte -mira a sus amigos y se lo
piensa un segundo, pero decide agarrar mi rostro con ambas manos y
me regala uno de sus cálidos besos. Me siento orgullosa de ser yo quien
reciba sus labios y no la rubia repelente.
Me coloco los esquís y miro el plano de pistas para intentar preparar
un recorrido lo suficientemente largo para que mantenga mi cabeza ocupada el máximo tiempo posible. Una hora y media en la nieve sin Mark
puede resultar extremadamente aburrida. De hecho, una hora y media en
cualquier sitio sin Mark resulta aburrida de cualquier modo.
Alguien silba cerca y me llama a gritos. Miro a mi alrededor y puedo
ver a Mark sentado en uno de los telesillas. Junto a él, Copito y la rubia.
Él me saluda con la mano mientras los otros dos ignoran mi presencia.
Me da igual. Le saludo desde tierra firme y veo como se aleja en el aire.
Hago el recorrido que tenía preparado y, frustrantemente, descubro
que he tardado menos de lo que esperaba en realizarlo.
Así que en poco más de media hora me encuentro de nuevo en el
punto de partida.
No pasa nada, Lanna, un descanso te vendrá bien. Entro en la cafetería y pido una infusión caliente. Decido tomarla sentada en una de las
mesas casi en las pistas, junto a mis esquís. Desde aquí puedo ver la pendiente que Mark me ha dicho que bajarán y me gustaría verle hacerlo.
Tomo la taza con ambas manos y dejo que el calor las temple. Soplo
para no abrasarme la boca y doy pequeños sorbitos mientras descubro
176
Nunca quise hacerte daño
tres figuras en la parte alta de la montaña. Una de ellas parece un punto
negro en la nívea cima. Hay otra que es completamente lo contrario. Las
tres siluetas permanecen paradas unos minutos. Quizá se hayan arrepentido de su aventura. Yo lo haría si fuera uno de ellos.
Una de las figuras, que creo distinguir es Copito, se lanza el primero.
Mark le sigue sin pensarlo. La rubia permanece quieta en la parte alta.
Desde mi posición puedo distinguir la sinuosa huella que los esquís de
Mark dejan en la nieve virgen. Utilizan bastante el ancho de la pista y
parece que descienden a cámara lenta. Por fin la rubia decide lanzarse y
aprovecha el camino que los chicos han abierto. Que se caiga, que se
caiga… Pero Lanna, ¿Qué estás diciendo? No puedes pensar eso, ella no
te ha hecho nada, por no hacerte, ni siquiera se ha dado cuenta de tu existencia. Bueno, que no se caiga allí, pero un resbalón montando en un telesilla…
Vuelvo a ver las tres figuras, esta vez en otra zona de la montaña no
demasiado alejada de la primera, y ahora es Mark quien se lanza el primero. Copito parece esperar a la rubia, que vuelve a aprovechar la huella y,
tras ella, Copito hace un nuevo camino en la nieve.
Comienza a oscurecer, pese a ser poco más de las tres de la tarde. La
estación empieza a vaciarse puesto que apenas falta media hora para que
cierren los remontes. No me importa, ya que estoy cansada. Aflojo un
poco los cierres de mis botas, estoy junto a la salida de la estación y no
tengo pensado volver a esquiar más por hoy. Nos queda el día de mañana por disfrutar. Doy otro sorbo a mi infusión y me recuesto en el asiento, colocando una de mis botas sobre él para abrazarla con los brazos.
Hace frío.
-¿Ya has vuelto? -dice cuando tapo con mis manos sus ojos y beso
su mejilla. Está helada.
-¿Querías que tardara más?
-Qué tonto…
Me siento junto a ella y tomo un sorbo de su taza, ya templada.
-¿Qué es?
-Té.
177
Sonia Hernández
-Tienes frío, ¿no? He tardado mucho. Al final nos hemos ido un poco
más lejos de lo que pensaba.
-Te he estado viendo. Habéis bajado por allí, ¿verdad?
Lanna señala con uno de sus finos dedos una de las pendientes que
acabamos de descender.
-Sí -sorbo por la nariz, yo también tengo frío-. ¿Te ha gustado?
-¡Sí! Ha sido… alucinante.
-La próxima vez vienes conmigo… porque veo que hoy no tienes
demasiadas ganas de seguir -señalo sus botas con los cierres sueltos y ella
sonríe inocentemente-. Es tarde, si quieres volvemos al pueblo.
Ambos cogemos los esquís y decido llevar también los suyos, ya que
parece no poder con ellos.
-Tienes el pantalón lleno de nieve -da ligeros golpecitos en mi pierna
para hacer que el hielo caiga.
Volvemos al apartamento para descansar un rato antes de salir y enseñarle a Lanna la zona. Ya ha oscurecido cuando salimos de nuevo a la
calle, pero aun así, le enseño el pequeño pueblecito de montaña. Nos
detenemos en la plaza de la fuente, junto a la tienda de recuerdos, en el
bar de la calle principal para tomar una cerveza riendo y bromeando.
Cenamos en la pizzería Di Napoli, donde comemos la mejor pizza de nuestra vida, con una mezcla de risa y bromas. Y una pizca de ilusión también.
~•~
-Estoy cansada. Estoy realmente cansada… -Lanna se descalza con
desgana y deja las botas tiradas en medio del salón. Se tira en uno de los
sofás con el abrigo puesto.
-En un momento preparo la cama y te acuestas. Pobre…
Tiene los ojos cerrados mientras yo abro el sofá para preparar la cama.
Esta noche no tengo pensado abrir el otro.
-Deja que te ayude -pero parece costarle levantar su propio peso para
ponerse en pie. Al fin, es capaz de acercarse al armario y saca una manta
178
Nunca quise hacerte daño
para colocarla con mi ayuda. Se sienta en la recién preparada cama con la
ropa puesta y yo pierdo algo de tiempo revolviendo en la cocina.
-Deberías ponerte el pijama antes de quedarte dormida -le aconsejo
desde la distancia-. ¿Quieres un poco de agua?
Ella emite un sonido divertido que interpreto como un sí. Me acerco
con un vaso a medio llenar que toma con cuidado para vaciarlo en unos
segundos. Se recuesta y cierra de nuevo los ojos. Al menos, ya se ha quitado el abrigo.
-Lanna -susurro-, te vas a quedar dormida -apago la luz y enciendo
una pequeña lámpara de mesa-. Venga, cámbiate.
Ella abre los ojos despacio. Me gusta observar su mirada en la
penumbra. Sonríe y me atrae hacia si lentamente. Dejo que me bese.
-No me voy a dormir -susurra con picardía.
Me siento frente a ella en el sofá, las sábanas ya están revueltas. La
desvisto despacio, sin prisa. Sintiendo el roce de su piel desnuda en la
mía. El contraste de temperatura provoca que los cristales de las ventanas se empañen.
Le observo en medio de la noche. Continúa con los ojos cerrados
mientras me besa y sólo los abre para observarse a sí mismo acariciando
mi cuerpo. Y yo dejo que lo haga sin oponer resistencia, acariciando el
suyo también. Parece que ambos queremos que la noche no termine. Dar tiempo a lo que está sucediendo entre nosotros. Los dos deseamos demorar el final.
Y nos amamos sin prisa, con calma, con suavidad. Ambos queremos
que esta noche no termine.
~•~
El fin de semana ha pasado casi sin darnos cuenta. Han sido dos días
intensos, sólo para nosotros, en los que hemos podido conocernos un
poco más, sin molestias, sin inconvenientes.
Pero volvemos a estar en el tren, esta vez camino de la ciudad. El pai179
Sonia Hernández
saje vuelve a cambiar fuera mientras la cabeza de Mark reposa en mi regazo y yo acaricio su cabello. Miro a través del cristal, intentando dedicarme
unos minutos para que mi mente quede en blanco antes de llegar de
nuevo a la universidad.
-¿Te ha gustado venir a la nieve? -inclino la cabeza para mirar a Mark,
que espera una respuesta allí abajo. Asiento sin dudarlo un segundo-. A
mí también me ha gustado pasar estos días contigo.
-¿Y ahora qué? –él me mira confuso- Cuando lleguemos a Londres,
qué va a pasar.
-¿Es que tiene que pasar algo?
-Ya sabes a lo que me refiero. Quiero saber qué vamos a hacer.
-A mí me gustaría seguir viéndote. Que sigamos juntos.
Noto que mi corazón da un vuelco. ¿Estamos juntos? Quiero decir,
¡estamos juntos! Mi respiración se acelera y los latidos de mi corazón
también. Sé que una sonrisa nerviosa escapa de mis labios, pero no quiero obligarla a morir dentro de mí.
-Estoy de acuerdo.
-Pero tienes que tener en cuenta algo, Lanna. No olvides que las cosas
siguen siendo exactamente igual que cuando nos marchamos el viernes.
Las clases siguen allí y la gente también sigue allí. Y yo sigo siendo el
consejero.
-¿Qué me quieres decir con esto?
-Que es posible que tenga que seguir echando una mano a Ivanna con
sus apuntes, aunque no sea lo que más me apetezca en este momento. Y
que, probablemente, tú tendrás que seguir viendo a Lea y ello conlleva
pasar tiempo con... -hace una pausa y su cara se convierte en un poemaLoan -escupe al fin.
-Bueno, eso tiene fácil solución. Yo no tengo especial interés en ver a Loan.
-No debes dejar de ver a Lea -asiento, tiene razón-. Pero por ello no
debemos enfadarnos uno con el otro. Prométemelo. Promete que no te
enfadarás conmigo si tengo que pasar algo de tiempo ayudando a Ivanna
o a quien necesite de mi ayuda y yo te prometo que no me enfadaré si
pasas tiempo con Lea y los demás.
Alzo mi mano al aire y prometo no enfadarme con él. Considero que
sus palabras están cargadas de sentido y no tengo por qué rebatirle lo que
acaba de decir.
180
Nunca quise hacerte daño
-Pásame uno de tus cascos, anda. Que al final nos vamos a poner
serios y no me apetece nada.
Le sonrío y saco de mi bolso el reproductor para pasarle lo que me
acaba de pedir. Coloco en mi oreja el otro y dejo que sea él quien escoja
la música que prefiere escuchar. Ambos tarareamos a la vez y reímos
cuando nuestras miradas chocan en mitad de la nada. A través del cristal
puedo divisar los primeros edificios de las afueras de la ciudad. Paredes
inundadas de arte urbano, suciedad junto a las vías. El tren aminora la
marcha cuando nos adentramos en la estación y Mark comienza a preparar mi maleta y su mochila para bajar del tren.
Uno de esos gemidos que tanto me gustan me dice que no quiere
que nuestro fin de semana termine. Pero el tren se ha detenido completamente en la estación y debemos bajar de él para dejar que nuestro fin
de semana se marche en el compartimento que acabamos de abandonar.
Yo tampoco quiero que esto termine, mi princesa. Beso su cabello antes
de dejarla bajar al andén de un saltito. Toma su maleta y espera a que yo
descienda del tren para caminar juntos por la estación camino de la residencia. Es la primera vez que lo hacemos con nuestros dedos entrelazados y me siento feliz por ello.
Creo que esta es la primera vez que camino sujetando la mano de una
chica y me gusta que sea Lanna la primera. Y desearía que fuera la única
que lo hiciera.
Paramos en Starbucks, junto a la estación, para comprar un café con
nueces y un moka blanco con polvos de cacao para mi princesa golosa.
Un divertido bigote marrón se dibuja sobre su labio cuando da el primer
trago. Le ayudo a limpiarlo mientras esperamos al metro, que llega casi
vacío en esta fría tarde de domingo. Sin embargo, aunque el cielo está
completamente encapotado, la temperatura es baja y ya es casi de noche
pese a ser las siete, a mí me parece una tarde preciosa.
Hay poca gente en los pasillos de la residencia. Aunque es domingo,
la mayoría estudia para los últimos exámenes. Recuerdo que nos quedan
dos por hacer pero decido no preocuparme demasiado por ello ahora.
181
Sonia Hernández
Subimos en el ascensor robándonos los últimos besos del fin de semana.
Aunque vivamos puerta con puerta, ambos sabemos que la magia que
nos ha rodeado estos dos días no volverá a repetirse en mucho tiempo.
Si es que algún día vuelve.
-Mierda -Mark cambia la expresión de su rostro antes de que yo pueda
darme cuenta de lo que sucede-. Sonríe, Lanna. Sonríe por favor.
Miro al fondo del pasillo y veo que, junto al ventanal y sentada en la
repisa, está Ivanna esperando a Mark con un gran taco de papeles aferrados a su pecho.
Intento recordar las palabras de Mark durante el camino de regreso y
decido no faltar a mi promesa. No voy a enfadarme. Él es el consejero y
sólo cumple con su labor. Y soy lo suficientemente adulta como para no
enfadarme por esto. Decido hacer de tripas corazón y saco la mejor de
mis sonrisas sólo porque él me lo ha pedido.
-¿Dónde estabas? Llevo todo el fin de semana buscándote.
Mark se queda inmóvil delante de ella, es evidente que no nos esperábamos esta forma de recibimiento.
-He estado fuera. ¿Ocurre algo?
-Necesito tu ayuda, estoy hecha un lío -le tiende sus apuntes y él
decide no cogerlos siquiera.
-Está bien, dame un momento. Acabo de llegar y… -está algo
aturdido con lo sucedido. Me mira descolocado.
-Mañana nos vemos. -le dedico una dulce sonrisa, de las que sé que le
gustan y que sólo reservo para él. Sé que le espera un rato complicado
junto a Ivanna y sus apuntes y me gustaría que el recuerdo del tiempo
pasado juntos le acompañe desde ahora.
-Hablamos.
Se acerca a mi rostro y en un movimiento rápido y poco compenetrado, besa la comisura de mis labios.
Ivanna continúa plantada delante nuestro observando la escena, aunque demasiado ocupada en captar su atención como para darse cuenta de
lo que está sucediendo entre nosotros.
182
Nunca quise hacerte daño
Entro en mi dormitorio y decido olvidarme de lo que acaba de suceder. Deshago mi maleta y comienzo a echar un vistazo a mis apuntes de
Derecho Romano. Llevo un poco retrasada esta asignatura y repasarla me
mantendrá alejada de Ivanna, aunque sólo pensar que están a solas en la
habitación de Mark, y a pocos metros de la mía, consigue desviar mi atención de la materia.
Suena mi móvil mientras intento explicar por tercera vez el mismo
concepto a Ivanna. No estoy demasiado seguro de que estas actividades
estén dentro de mi labor como consejero. Además, es domingo, ¿es que
yo no tengo derecho a descansar un domingo? Más que un consejero
parezco una farmacia de guardia. Sobre todo por la cantidad de gente que
acude a mí en busca de una solución a media noche.
-Perdona un momento, Ivanna.
-¿Quién es ahora? -pregunta irritada dando pequeños golpecitos con
su bolígrafo en la mesa. Decido ignorarla y observo con atención el vídeo
que Lanna acaba de enviarme. Aparecemos Copito y yo a lo lejos descendiendo fuera de pistas. Apenas dura treinta segundos. Tras ver nuestra
bajada, Lanna ha movido la cámara para grabarse a ella misma sonriendo
y con sus dedos en forma de uve. Su sonrisa pulcra y sus tailandeses ojos
redondos. Sonrío ante la pantalla y escribo con prisa un ya te echo de menos,
para enviárselo sin que Ivanna se entere de nada.
-Vamos Mark, esto es importante. Por favor -la miro con fastidio-, no
digo que lo que te hayan enviado no lo sea, pero…
Quizá tenga razón, debo ayudarla o no será capaz de aprobar el
examen. No entiendo cómo es posible que vaya tan retrasada. En fin.
183
Sonia Hernández
Ha amanecido otro día. Uno de los últimos días del trimestre que
deja paso a la temida Navidad. En pocos días tendré que regresar a
Blackpool para pasar las vacaciones con mis padres, lo que significará no
ver a Mark durante casi dos semanas. Aunque Lea se ha empeñado en
pasar la noche de fin de año aquí. Dice que van a organizar una fiesta en
el Cero Diez y quiere estar con Greiff. La entiendo. Quizá le proponga a
Mark lo mismo. A mí también me apetece empezar el año con él.
Termino de vestirme con prisa, no quiero llegar tarde a clase. Cojo los
libros necesarios para hoy y decido que pasaré la tarde en la biblioteca
intentando sacar algo en claro. Prometí a Loan que intercambiaríamos
apuntes y no he cumplido con ello. Así que esta tarde me pongo manos a
la obra, no quisiera que él llegara con material y yo sin nada que ofrecerle.
Al menos, no he recibido ningún mensaje suyo ofreciendo ni exigiendo
nada, aunque no dudo que en breve pueda llegar alguno.
No lo pienso más y salgo de mi habitación, pero me detengo junto a
la puerta un momento. Sé que voy muy justa de tiempo, pero antes quiero llamar a su puerta. Quizá todavía no haya salido y podamos ir juntos
184
Nunca quise hacerte daño
a la facultad. Tengo ganas de pasar un ratito con él antes de comenzar
otro aburrido día de exámenes.
Sin dudar golpeo con suavidad mis nudillos contra la madera de su
puerta, que parece tardar en abrirse. Quizá llegue tarde y él ya se haya
marchado. Miro a través del ventanal y veo su motocicleta aparcada junto
al resto, con lo que, presumiblemente, se haya quedado dormido. En fin,
llamaré de nuevo y, si esta vez no abre, me marcharé o llegaré tarde a
clase.
-Lanna… vaya…
Por su cara aprecio que no esperaba mi visita tan pronto. Le sonrío
mientras él rasca su cabello, algo confundido.
-Pensaba que igual te apetecía... -la alegría en mi voz va dando paso,
poco a poco, a la decepción- que fuéramos juntos a la facultad -concluyo
sin ganas.
-Sí, ya nos marchábamos nosotros también. Es tarde, Ivanna. Si no
me doy prisa no llegaré a clase. Al final nos hemos retrasado.
-Tienes razón, te espero y vamos juntos, si quieres -ella se asoma en
la puerta, justo detrás de Mark, sonriente-. Ah, hola Lanna.
Arqueo las cejas a modo de saludo y decido marcharme de allí,
rompiendo mi reciente promesa de no enfadarme con él.
-Nos vemos más tarde -y sólo alcanzo a sonreír con hastío.
Camino por el pasillo a sabiendas que Mark continúa observándome
desde el quicio de su puerta. Me siento ridícula por lo sucedido. Hace sólo
unas horas nos hemos hecho una promesa, lo sé, pero ¿cómo cumplirla
con lo que acabo de ver? Anoche le dejé con ella en su dormitorio y son
las ocho menos cuarto de la mañana y ella está allí de nuevo. O continúa
allí, no lo sé. Pero no tengo el menor deseo de averiguar lo que ocurre.
Creo que será mejor que vaya a la facultad y deje de pensar en ello.
¿Pero cómo voy a quitármelo de la cabeza? Hemos pasado unos días
maravillosos a solas en la nieve, le he contado el malestar que me produce verle con ella y sin embargo él continúa igual. Claro que entiendo que
sea el consejero y que tenga que ayudar a los estudiantes pero no creo que
eso conlleve pasar toda la noche con alguien.
Quizá ni siquiera haya sido buena idea ir con él a la nieve. Uf, será
mejor que me dé prisa y aleje de mí estos pensamientos que no me llevan
a ninguna parte.
185
Sonia Hernández
-¿Se puede saber dónde has estado todo el fin de semana? Te hemos
echado de menos.
-He estado fuera Giulio, no seas pesado.
-¿Fuera, con quién? Vamos, tío, cuéntamelo…
Giulio comienza a agobiarme con sus preguntas. Ahora no estoy
como para tonterías de estas, con la que se acaba de montar en la puerta
de mi dormitorio.
Pero eso te pasa por tonto, por no poner límites a tu labor como consejero. ¿Se puede saber dónde has leído tú que tengas que hacer horas
extras para ayudar a los que se retrasan en clase? Para eso están las clases
de apoyo, o las academias, no el consejero. Pero yo tenía que meter el
hocico donde no debía. Como siempre.
-¿Ha ido contigo? -Giulio mira a Ivanna con la esperanza de encontrar una respuesta afirmativa, pero ella se encoge de hombros. Parece
querer saber también la identidad de mi acompañante.
-Vamos tío, no seas así, el público está expectante… pero vamos, debe
estar de moda lo de salir de fin de semana en plenos exámenes. ¿A que no
sabes quién se ha ausentado también? Y, por cierto, me ha venido de perlas.
-Cállate, Giulio -estoy seguro de la respuesta a su acertijo, pero prefiero
no escucharlo. Bastante tengo con buscar a Lanna y aclarar lo sucedido.
-Adivina, Emily flequillo recto…
-¿Quién es Emily? -Ivanna se interesa por el apodo que mi amigo ha
puesto a Lanna sin mi consentimiento.
-¡Quieres callarte, Giulio!
Él se queda paralizado, como si se hubiera convertido en una estatua
de piedra con mi grito y parece entender de repente todo.
-¿Tú… y…?
Ivanna continúa mirándonos a los dos. Quiere una respuesta que en
el fondo no desea escuchar.
-He ido a ver a mi padre. ¿Contentos?
Y me marcho dejándolos allí plantados, sin ninguna gana de continuar
discutiendo. Ahora únicamente quiero estar sólo y pensar, una vez más,
en la solución que debo seguir.
186
Nunca quise hacerte daño
Pero empiezo a estar cansado de buscar soluciones. Además, ¿por qué
se ha enfadado ahora? Ayer me prometió no hacerlo. Pero puedo entenderla. Anoche y esta mañana. A saber qué se ha montado en esa cabecita. En cuanto termine la clase le llamo y hablo con ella.
Cuatro llamadas sin contestar parpadean en la pantalla de mi teléfono.
Pero no estoy segura de querer hablar con él. Además, he prometido a
Loan que esta tarde conseguiríamos material suficiente como para hacer
una tesis sobre Derecho Romano y de momento no nos llega ni como
para un artículo de revista dominical. Continúo copiando la información
más importante de uno de los libros que hemos encontrado.
-La semana que viene es la prueba. ¿Vendrás?
-¿Qué prueba? -le miro confundida.
-La del equipo de natación -parece molesto por tener que repetirme
lo de su beca.
-Ah sí, bueno, ya te dije que si no tenía que estudiar iría. De momento, o adelantamos esto, o no hay manera.
-Entonces a callar y seguir con ello.
Sonríe antes de ahogar sus ojos en uno de los libros y copiar a velocidad de vértigo.
Pero mi teléfono, que ahora está sobre la mesa, comienza a moverse
como si de un juguete de cuerda se tratara.
-¿Quién te llama ahora? -es Mark, pero no se lo digo-. Cógele o no
podremos estudiar en condiciones.
-Es mi madre -miento-. Vengo enseguida.
Salgo de la sala de estudio con el teléfono, que continúa vibrando,
sobre mi pecho, que late con fuerza y velocidad. Pero cuando salgo al
pasillo deja de sonar. Mierda. Ahora sí que no sé qué hacer. ¿Pero qué vas
a hacer, tonta? Llamar tú, que dedos para marcar tienes. Me armo de
valor y aprieto las teclas adecuadas para esperar su voz al otro lado de la
línea. Sólo suena un largo pitido y enseguida escucho su voz.
-Lanna. Perdona por molestarte tantas veces.
-No pasa nada -miro al suelo mientras intento mostrar indiferencia.
Piensas que estoy enfadada y no voy a darte la razón-, estoy estudiando.
187
Sonia Hernández
Por eso no te he podido devolver la llamada antes, lo siento.
-Si quieres puedo pasar a recogerte. ¿Estás en la biblioteca? Podemos
pasar algo de tiempo juntos.
-No puedo Mark, de verdad. Tengo que estudiar. Además, no estoy sola.
Se hace un largo y tenso silencio entre nosotros. Ambos sabemos
quién me acompaña y no creo que a él le parezca bien. Supongo que le
parece tan bien como la escena que yo he presenciado esta mañana.
-Está bien, si terminas pronto, avísame.
-No te enfadas, ¿verdad? -pongo vocecita para que se sienta culpable,
aunque, por un momento y sin motivo alguno, yo misma me he sentido
culpable por confesarle que estoy estudiando con Loan.
-¿Por qué me iba a enfadar? Estás estudiando. Lo entiendo. Nos
vemos más tarde.
Y cuelga el teléfono sin más, dejándome a solas con mi sentimiento
de culpa, las ganas de correr y abofetearle o abrazarle, el miedo a que realmente sí esté enfadado.
“¿Seguro que no te enfadas?” decido enviarle el mensaje sin dudarlo un
segundo, pese a no ser para nada mi estilo.
“Amar no es solamente querer, es, sobre todo, comprender. Búscalo en la
biblioteca.”
Sonrío al leer esto. Sé que esta frase es de una conocida escritora francesa y me divierte que la haya utilizado precisamente ahora. Además, con
esto… ¿me está intentando decir “te quiero”?
Decido volver a la sala de estudio y centrarme en el desesperante
Derecho Romano, dejando de lado lo sucedido. Al final no parece haber
terminado tan mal.
-Ya te ha costado…
-Hacía mucho que no hablaba con mi madre. Además, teníamos un
tema pendiente.
-¿Todo va bien?
Asiento. A ti qué te importa, Loan. Dedícate a buscar la información
que necesitamos para el examen y déjame a mí con mis cosas.
~•~
188
Nunca quise hacerte daño
Tengo ganas de marcharme ya. Son las diez de la noche y están a
punto de cerrar las aulas de estudio. Y mi cabeza está saturada de información, además de sentir dolor en la sien de no parar en todo el día. Se
lo hago saber a Loan, aunque con otras palabras, claro.
-Te invito a una birra -no me gusta esa palabra-. Venga, nos vendrá bien.
-Paso, prefiero ir a descansar -me doy cuenta de que he contestado de
malas maneras y me arrepiento al instante-. Otro día, lo prometo. Si consigues la beca de natación, invito yo.
-¡Hecho! -y me da un fuerte apretón de manos antes de despedirnos
en la estación del metro.
El vagón está medio vacío, pero un grupo de chicas de la universidad
ocupa tres asientos frente a mí. Han tomado el tren en la misma estación
que yo, así que imagino que venimos de lo mismo. Abro mi carpeta para
echar un último vistazo a mis recién conseguidos apuntes.
-Entonces el sábado salimos, chicas. No hay excusa. Terminan los
exámenes y hay que celebrarlo.
Las miro por encima del folio completamente escrito a bolígrafo y
dejo escapar una media sonrisa. Tienen razón, todos deberíamos celebrar
el final de los exámenes. Salgan como salgan es una liberación quitárselos de encima, desde luego.
-Prepararemos una grande -añade otra.
-Pero hay que avisar al resto, digo yo.
-¿Qué resto? -concluye la primera- Claire está demasiado ocupada
desde que se ha echado novio. Y bueno Ivanna, es otro tema.
Siento que el corazón se detiene dentro de mi pecho. ¿Ivanna es otro
tema? Tranquila Lanna, seguro que hay montones de Ivannas repartidas
por el mundo.
-Claro, todo el tiempo que tiene lo dedica a su consejero. Ayer estuvo
con él.
-Pero esta mañana les he visto juntos en la facultad… -las tres se
miran unas a otras, sonriendo.
-¿Lo dices en serio? -parecen eufóricas- Muy sospechoso…
Decido levantarme de mi asiento y acercarme a la puerta, pese a que
no he llegado a mi destino. No quiero seguir escuchando a las amigas de
Ivanna.
189
Sonia Hernández
De repente comienzo a sentirme mal. Es como si un gran peso
cayera sobre mí. El pecho se contrae y dificulta mi respiración. Siento
ganas de llorar. Y una gran tristeza inunda mi cuerpo.
Decido saltar del vagón en cuanto el tren se detiene en mi estación
para caminar con prisa hasta la residencia, que está bastante iluminada
pese a ser tarde.
“¡Lanna! ¿Has vuelto? Voy a pasarme por tu habitación para darte los apuntes
que me pediste. Ahora hablamos. ¡Recuerda tu promesa!”
Observo la pantalla de mi teléfono móvil sin detenerme. Lea tiene
razón, prometí contarle con quién salía a cambio de apuntes. Y supongo
que ahora debo pagar mi deuda. ¿Pero es acaso esta la mejor noche para
que le cuente lo mío con Mark? Acabo de escuchar a tres desconocidas
hablando de él y me duele con sólo pensarlo. ¿Debería contar a mi mejor
amiga que salgo con el consejero, con el que he pasado el fin de semana
en la nieve para saber si nuestra relación nos lleva a alguna parte? Y contarle que, sólo un día después, han sucedido suficientes cosas como para
no saber si esta historia sigue en pie o no para de tambalearse.
Decido continuar caminando. Subo a mi planta saltando las escaleras
de dos en dos. Tengo ganas de llegar a mi habitación y encerrarme.
Esconderme. Protegerme del mundo.
Saludo a algunos residentes que ven un programa de televisión en el
salón. Parecen relajados con el inminente fin de los exámenes.
Miro al frente y distingo dos siluetas al final del pasillo.
¿Son acaso Zara y Giulio? Pero el chico parece más alto que él. Quizá
sea Lea, que ha llegado demasiado pronto con los apuntes.
Cubro con la carpeta mi pecho como si de un escudo se tratara. Mis piernas comienzan a temblar provocando que aminore la marcha. Me acerco
a los dos cuerpos, que hablan casi a oscuras, así que paso junto al interruptor y lo pulso para poder ver mi camino.
Y es entonces cuando siento que mi mundo se derrumba. Que todo
cae ante mis pies. Tiempo quizá perdido, ilusiones que se desvanecen, la
alegría se vuelve tristeza con sólo un suspiro. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué
esto?
190
Nunca quise hacerte daño
Y me doy cuenta de que el amor es como la guerra, es fácil empezar,
pero tan difícil parar…
Sé que mi rostro está humedecido por mis lágrimas, que brotan sin
saber si merece la pena hacerlo. Oprimo más la carpeta contra mi pecho,
quisiera poder esconderme completamente tras ella y desaparecer de esta
escena. Tapar los ojos con mis manos y creer que nada de esto está siendo real.
No pasa nada, Lanna. No ocurre nada. Todo está bien, en orden.
Recuerda tu promesa. El traqueteo del tren, su cabeza en tu regazo.
Su sonrisa que te pertenecía. Y tu mano al aire en señal de promesa.
Pero la he roto, Mark. Lo siento pero ha sido así, no me has dejado
otra opción. Prometo que he hecho todo lo posible por mantenerla, pero
no soy capaz. Quizá no sea lo suficientemente valiente como para mantenerla. Para seguir siendo testigo de cómo Ivanna intenta que la veas y
yo no haga nada. No puedo Mark. Quizá sea una cobarde o simplemente te ame demasiado como para ver que alguien intenta apartarte de mí.
Lo siento, Mark.
Me siento aturdido. Ivanna ha intentado besarme en la puerta de mi
dormitorio, aprovechando la oscuridad de la noche. He sentido sus carnosos labios posarse sobre mí. Cálidos, intentaban ser acogidos por los
míos, que han quedado inmóviles. Inertes al saber que no eran sus labios
los que me besaban.
Ella se ha dado cuenta y me ha mirado triste, avergonzada. Sólo he
podido sonreírle a cambio. Es lo único que puedo ofrecerle, de hecho. El
resto no es mío ya, Ivanna. Lo entregué sin apenas darme cuenta.
-Lo siento -susurro justo cuando alguien enciende la luz del pasillo.
-Nos vemos. Si te apetece.
Sonríe de nuevo, parece que espera algo que sabe no va a recibir esta
noche. Es por ello que su mirada busca refugio en el suelo.
-Eh -tomo su mentón con mi mano-, no pasa nada.
En ese momento, en ese preciso momento que mi memoria nunca
borrará, veo la silueta de Lanna, que se acerca a nosotros. Su vista está
clavada en la carpeta repleta de apuntes. Camina completamente pegada
191
Sonia Hernández
a la pared y estoy seguro que ha sido testigo de todo lo sucedido. Me
duele sólo pensarlo.
-Buenas noches, ¿no? -Ivanna mira a Lanna esperando una respuesta,
pero ella sólo levanta la vista para clavarla directamente en mis ojos. Un
segundo. Un solo segundo es suficiente para decir tantas cosas…
Claro que lo ha visto todo. Sus pupilas brillan y las lágrimas quieren
derramarse. Niega con la cabeza sin dejar de mirarme. Temo que esté
enfadada, aunque su forma de actuar me indica lo contrario.
Y desearía que estuviera enfadada. Que no me hablara durante días.
Pero que después todo volviera a la normalidad. Pero algo me dice que
no va a ser así.
-Lanna… -susurro intentando sujetar su brazo sin éxito- Lanna espera…
Pero de un manotazo se ha deshecho de mí y forcejea con el pomo de
su puerta para entrar en el dormitorio abriéndola con una patada.
Ni siquiera se ha dado cuenta de que esta noche el pañuelo rojo cuelga de su puerta.
Entro en el dormitorio y las lágrimas recorren mis mejillas ahora que
se saben a salvo de Mark. Tiro la carpeta con fuerza sobre mi cama y
enciendo la luz.
-¿Qué coño haces?
Giulio está en la cama con Zara. Ambos están en ropa interior y
parecen molestos por mi presencia. Ni siquiera les miro.
-Sal de aquí -le ordeno con un tono completamente átono.
-¿Pero se puede saber de qué vas, niña? -se acerca a mí mientras se
pone su camiseta. Parece querer amenazarme, pero no me asusta. Ahora
no. Zara nos mira desde la cama, sin preocuparse por estar casi desnuda.
Miro a Giulio y la ira comienza a aflorar entre la tristeza, la desilusión
y la derrota.
-¡Lárgate de aquí ahora!
He gritado como nunca antes, incluso me duele la garganta después de
hacerlo. Pero ha funcionado y Giulio se marcha vistiéndose en el pasillo.
-Ya hablaremos tú y yo.
192
Nunca quise hacerte daño
Zara me habla con el rostro a escasos centímetros del mío y me
amenaza con su dedo índice estirado para salir del dormitorio detrás de
su novio. Pero no me preocupa ninguno de los dos.
Ahora, en los primeros segundos a solas en el dormitorio, me siento
tremendamente sola.
-Está loca… ¡Loca!
Puedo escuchar a Giulio gritar en el pasillo y es fácil imaginar a quién
le habla. Pero no soy capaz de girarme para ver la escena, no quiero formar parte de ella.
-¿Qué ha pasado aquí? -Lea me mira sin detenerse ante mí siquiera.
Ella sabe lo que ha podido pasar. Ivanna continúa a mi lado con la boca
abierta ante la escena, confundida por lo sucedido.
Pero no soy capaz de cambiar mi postura. Todo se ha desmoronado por un descuido, por no ser capaz de controlar la situación, por
confundir las cosas. Quizá me lo merezca por caminar tan al borde del
precipicio, pese a no ser consciente siquiera de que lo hacía. Estoy tan
aturdido…
-Lanna, Lanna qué ha pasado…
Lea entra en el dormitorio cerrando la puerta tras ella y es entonces
cuando comienzo a llorar sin miedo. Siento el cuerpo de mi amiga abrazado al mío y eso me reconforta. Besa mi frente, acaricia mi cabello y
espera paciente mientras lloro. No me pide una explicación, ni siquiera
intenta calmarme o darme ánimo. Sabe que ahora no lo necesito. Sólo
necesito que esté así, junto a mí, esperando a que mi dolor sane.
Pero querida amiga, esto no va a ser cuestión de unas horas o una
noche, ni siquiera de un día. Y con el tiempo me daré cuenta de que hay
heridas que nunca llegan a cicatrizar.
~•~
193
Sonia Hernández
-¿Estás mejor?
Mi mejor amiga habla en susurros. Ha pasado más de una hora desde
que llegó y no he sido capaz de articular palabra. Tengo los ojos completamente hinchados de llorar, la cabeza me da vueltas y me siento incluso
mareada.
Niego con la cabeza y, sin querer, comienzo a sollozar de nuevo. El
teléfono de Lea suena en mitad de la noche, pero ella lo ignora intencionadamente.
-Cógelo -susurro al fin con la boca completamente pastosa. Pero mi
mejor amiga me indica que no lo hará.
-Seguramente será Greiff -apaga el teléfono sin prestarle demasiada
atención-. Hablaré con él más tarde.
-Querrás saber qué ha ocurrido.
La miro tumbada en la cama y ambas nos incorporamos. Está expectante, claro. Sabe que salgo con alguien desde hace un tiempo y no he
tenido la suficiente confianza con ella para contárselo. Ni siquiera entiendo por qué continúa a mi lado después de esto.
-No necesito saber nada, Lanna. Eres mi mejor amiga y con saber que
estás mal, yo vengo a tu lado. Me da igual el motivo. Sólo si tú quieres
contármelo estaré dispuesta a escucharte. Pero no lo hagas por otra cosa.
Sólo si necesitas sacarlo de dentro.
Toma mi mano y la besa con cariño. Vuelvo a sentirme tremendamente sola.
-Verás, Lea… siento mucho no habértelo contado antes. Ahora todo
resultaría mucho más sencillo, desde luego… ni siquiera sé por dónde
empezar…
Me cubro el rostro con ambas manos, que se empapan enseguida con
las lágrimas que vuelven a brotar de mis ojos.
-Es el consejero, ¿verdad?
La miro confundida. No entiendo nada.
-¿Cómo?
-El consejero era el amante secreto. Estábais juntos.
Asiento e intento suspirar para evitar volver a llorar por sólo escuchar
su nombre.
194
Nunca quise hacerte daño
-¿Cómo lo has sabido?
-Bueno, no ha sido demasiado difícil, creo. Además, ahora mismo
estaba fuera con las manos en la cabeza cuando ha salido ese gilipollas de
Giulio de tu habitación. Tenía la cara desencajada y eso ha confirmado
mis sospechas.
No quiero volver a imaginar lo ocurrido hace apenas un par de horas,
pero mi cerebro se empeña en volver a recordarlo una y otra vez.
-¿Tiene algo que ver con Ivanna?
Asiento y no estoy segura de ser capaz de escuchar por mis propias
palabras la historia.
-Salimos juntos desde prácticamente el principio del curso. Unos
días después de la fiesta de Greiff, ¿la recuerdas? -ella asiente sin parpadear-. Pero desde hace un tiempo están ocurriendo cosas…
Le cuento lo sucedido en nuestra historia. Aquello que no sabía nadie
hasta ahora salvo nosotros dos. La noche que nos acostamos por primera vez e Ivanna apareció en su dormitorio por la mañana. Aquel día no di
importancia a este hecho, pero ahora creo que quizá me equivoqué.
Puede que ella ya estuviera intentando acercarse a Mark. Hablo sin prisa
sobre la noche en el Cero Diez, cuando la batalla entre nosotros estalló
involucrando a Loan también. Mi comportamiento esa noche, provocado seguramente por el ataque de celos en el que me vi envuelta. La conversación en la que Ivanna nos interrumpió con sus estúpidos apuntes.
Él me propuso escapar de todo durante el fin de semana. Y yo le creí.
Cielos, ¿cómo pude ser tan tonta?
Lea me escucha con atención y parece que recapacita sobre todo lo
que le he contado. En cierto modo, creo que siente lástima por mí.
-Debes apartarlo de tu mente, Lanna. No puedes estar con una persona que te llena de dudas, vivir siempre pensando en si estará con otra,
con miedo. No merece la pena. Piénsalo. Debes olvidar al consejero y
empezar a vivir.
Quizá tenga razón. ¿Y si todo ha sido un error? Ni siquiera le he mencionado lo de su fobia a ser visto conmigo y quizá prefiero no hacerlo.
Parece que al final soy digna de que se compadezcan de mí y eso no me
gusta.
195
Sonia Hernández
-Venga, yo te voy a ayudar. Te ayudaré a apartarlo de tu mente.
Volveremos a ser como antes, ¿te acuerdas? Te llevaré de compras, iremos a cenar hasta reventar, saldremos y bailaremos. Y en poco tiempo te
darás cuenta de que no queda rastro de Mark en tu mente. Ya verás, con
mi ayuda será fácil.
Querida amiga, el problema no es apartarlo de mi mente. Quizá ese
sea el lugar que más rápido abandone. Pero hay otro pequeño lugar dentro de mí del que no se si seré capaz de expulsarlo algún día. ¿Cómo es
posible? ¿Cómo es posible que mi corazón siga latiendo como si nada de
esto hubiera sucedido?
-Sé que tienes razón Lea. Lo mejor sería apartarlo de mí y juro que me
gustaría escapar, huir de él. Pero también sé que si no viniese corriendo a
buscarme me moriría. No podré soportarlo. No soy tan fuerte como crees.
Y comienzo a sollozar ya sin fuerza.
-Si realmente le amas déjale libre, Lanna. Si él regresa es porque es
tuyo. Si no lo hace, es porque nunca lo fue.
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Nunca quise hacerte daño
Ha amanecido otro día en esta ciudad tan triste y gris. Miro mi despertador, que me indica que llego tarde a la primera clase, pero no estoy
segura de tener fuerza para levantarme. Lea se marchó cuando me quedé
dormida y ahora creo que necesito estar a solas. De hecho, no estoy segura de tener fuerzas para empezar un día como si nada. Vuelvo a cerrar los
ojos, queriendo dormir, pero no soy capaz. Las imágenes de lo sucedido
la noche anterior se pasean delante de mí como si de una película se tratara. Echo un vistazo por la ventana situada junto a mi cama y decido
prestar atención a las cosas más insignificantes que veo a través de ella.
En el edificio de enfrente puedo contar hasta veintidós ventanas. Aquella
nube parece tener forma de elefante. Voy a multiplicar el número de
farolas por el de las ventanas del edificio de la derecha.
Y así consigo volver a quedarme dormida para sufrir pesadillas que
olvido nada más despertarme, para volver a dormir.
Pero mi teléfono comienza a sonar una y otra vez estropeando lo que
esperaba fuera un simple y tranquilo día de hibernación.
No quiero siquiera mirar la pantalla por miedo a ver su nombre.
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Sonia Hernández
No quiero hablar con él. Quizá lo sucedido anoche sólo haya sido un
malentendido, por qué no. Al fin y al cabo, desde que nos conocemos se
han sucedido demasiados. Y es quizá por eso por lo que ya no tengo más
fuerzas para hacerles frente. Para pelear por esto. Ahora sólo quiero ser
capaz de seguir los consejos de mi mejor amiga y apartarlo de mi mente.
En pocas semanas podré volver a casa y me vendrá bien hacerlo. Poco a
poco le olvidaré. Eso es lo único que deseo, apartarlo de mí y volver a
tener aquella vida tranquila y sencilla. No quiero más.
De hecho, sé que no es lo que deseo en realidad, pero es lo mejor para
mí misma y quizá para él también. Es lo mejor, Lanna. Lea tiene razón y
no puedo vivir con miedo a que un día vea algo en Ivanna que no vio
hasta ahora en mí.
Y el teléfono continúa sonando y no tengo otra opción que cogerlo
para hacerlo callar. Pulsaré la tecla apropiada para rechazar la llamada y
lo desconectaré. Eso haré.
-¿Lanna? ¡Lanna! ¿Se puede saber dónde estás?
-Sí Lanna, te echamos de menos…
La voz de Greiff es perceptible aunque sea mi amiga quien sostiene
el teléfono en su oreja.
-¿Cómo estás? Seguro que mucho mejor. Tenemos una sorpresa para ti.
Parece que Greiff le ha quitado el teléfono a mi amiga de la mano y
ahora es él quien comienza a hablar.
-¡Atenta a esto, pequeña… él es Judas…!
Escucho con atención, esta última frase me resulta familiar y Greiff la
ha entonado de un modo diferente. Oigo varias voces contar hasta tres
hasta que Lea grita un ya que provoca que el resto comience a cantar a
través del teléfono.
Tres voces me cantan al otro lado derrochando alegría. Justo la que a
mí me falta y con ello provocan de nuevo mis lágrimas. Me sorprendo a
mí misma llorando porque varias voces al otro lado de un teléfono se han
preocupado de hacerme sonreír y me siento afortunada por ello. El
grupo continúa con su hazaña, pero no estoy segura de si han elegido la
mejor canción de Lady Gaga: Judas.
198
Nunca quise hacerte daño
Y con la horrible entonación de este nuevo grupo musical me descubro riendo a solas en mi habitación con el teléfono completamente
adherido a la oreja.
-Lanna, ¿te ha quedado claro, no? -es mi mejor amiga, que me habla
entre risas- ¿Has visto lo que esta gente es capaz de hacer por ti?
-¿Lanna, Lanna, me oyes? -parece que de nuevo Greiff ha tomado el
aparato- Quiero verte ya con nosotros, eh… si tengo que ir y sacarte de
los pelos pues…
-¡Greiff, no seas burro! -Lea le regaña y me divierte escuchar todo esto,
que seguramente esté sucediendo en mitad de un pasillo en la facultad.
Quizá lo que hasta ahora no había sido significativo para mí empiece
a cobrar la importancia que se merece y el grupo de Greiff esté formado por buena gente que se preocupa de que una desconocida esté
pasando un duelo sentimental. Y quizá deba pasar algo de tiempo intentando conocer a esta gente que ha hecho un alto en sus vidas para animar a quien nunca ha querido encontrar un rato para conocerles mejor.
-Déjale, venga… -Lea parece regañar a su novio y puedo imaginarla
para después sonreír.
-Lanna -escucho una voz serena que me habla con afecto-, no llores
más, Lanna. ¿Queréis dejarme en paz? -el tono de su voz cambia por
completo- Perdona, estos no paran... -suspira- Sólo queríamos robarte
una sonrisa y no se nos ha ocurrido otra forma.
-Lo habéis conseguido. Muchas gracias Loan, me ha venido muy bien
escucharos.
-¿Te veremos pronto?
Escucho el largo silencio que parece abrir un abismo entre nosotros.
-Te prometí que iría a ver tu prueba. Y después de este despliegue de
medios no puedo faltar a una promesa. Así que si quieres que vaya…
-Eso estaría genial. Además, estoy seguro de que te tocará invitar.
Recuerdo que prometí invitarle a una cerveza si ganaba la prueba y él
parece seguro de que será así.
-Lanna… a ver, que por fin he podido quitarles mi -acentúa esto último- teléfono. Espero que no te haya molestado… Me han preguntado
por ti y les he dicho que habías sufrido un accidente sentimental y que mi
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Sonia Hernández
cometido era hacerte recuperar lo antes posible. Y ya sabes cómo son, se
han puesto manos a la obra y esto es todo lo que se les ha podido ocurrir.
-Ha estado genial Lea, muchas gracias. Pero, ¿le has dicho a Loan…?
-Bueno, no con las palabras que te lo he dicho a ti. Vamos Lanna, no
vamos a hablar de eso ahora. ¿Dónde estás? Podemos hacer algo. Y no
deberías perder más clases.
-Déjame que me tome este día de meditación. Mañana volveré a estar
al cien por cien. Lo prometo.
-Está bien. Tienes… -se hace un leve silencio- diecinueve horas para
recuperarte. ¡Y nada de ojos rojos, eh!
Sonrío una vez más y me despido de ella con cariño. Siento que me
ha sentado bien esta llamada.
Enciendo mi reproductor y me coloco los cascos para escuchar esta
música tediosa cuya lista de reproducción tiene por nombre “Canciones
para pensar”, aunque no estoy muy segura de que sea una buena idea.
“He estado tan sola aquí sin ti, como un pájaro sin canción. Nada puede hacer
que esas lágrimas de soledad no caigan. Dime, ¿dónde me he equivocado? Podría
rodear con mis brazos a cualquier chico que vea, pero ellos sólo me recordarían a ti...”
No Lanna, definitivamente no ha sido buena idea escuchar a Sinead
O´Connor, pero parece gustarte el dolor que la letra de cada canción produce dentro de ti. Necesitas que canciones que no están compuestas para
ti te recuerden lo desdichada que eres, lo mal que lo estás pasando.
Debería escuchar una de esas recopilaciones que mi hermano me grababa, seguro que me alegraba más que estas canciones románticas. Pero
quizá sea lo que necesite, terminar de echar lo que llevo dentro para
poder empezar de cero.
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Nunca quise hacerte daño
Han pasado varios días desde lo sucedido con Ivanna y Mark y, desde
entonces, no he vuelto a ver a ninguno de los dos. Bueno, he de confesar
que he puesto los medios necesarios para que así sea. Sé que no es lo
mejor para mí en este momento, además de no sentirme con fuerza para
enfrentarme a él y mucho menos, de cruzar las palabras necesarias.
Así que la ayuda que Lea me prometió empezó con un importante tráfico de apuntes para no coincidir con Mark en la única clase que compartimos.
Tampoco me está costando tanto como pensaba. Sólo salgo para la
facultad media hora antes todos los días para asegurarme de no cruzármelo en la residencia, he cambiado la ruta dentro de la universidad y, aunque tardo algo más en llegar a cada clase, merece la pena. Al menos Lea
está dispuesta a hacerlo conmigo además de haber retrasado la hora de
comer hasta casi las tres y media de la tarde. La comida ya no está muy
buena, pero al menos estamos tranquilas…
Hoy es la prueba de natación de Loan y, ya que le prometí acudir, no
tengo la más mínima intención de faltar. Tampoco les he vuelto a ver a
ellos desde entonces. Entienden que necesite algo de tiempo para volver
a la rutina.
201
Sonia Hernández
Tras pensarlo un par de veces salgo de mi habitación, por supuesto
abriendo despacio la puerta y echando un primer vistazo antes de dar el
gran paso que me lleve a posicionarme en mitad del pasillo.
Los escasos tres metros que separan nuestras puertas parecen ahora
un abismal campo de minas en el que ninguno quiere permanecer más
tiempo del estrictamente necesario.
“Lea, me he retrasado un poco, pero ya salgo para allí. Guárdame un sitio.”
Envío el mensaje mientras la música de mi reproductor rebota en las
paredes de mi cerebro impidiéndome así escuchar a mis pensamientos.
Ésta es una práctica bastante habitual en los últimos días.
“¡Date prisa! Estamos en la primera fila, cómo no.”
Sonrío mientras leo sus palabras y acelero el paso para intentar tomar
el próximo autobús. Para llegar a las instalaciones deportivas de la universidad me viene mejor que el tren. Además, así podré volver a prestar atención a esta enorme ciudad.
Pese a haber suficientes sitios libres, prefiero viajar de pie junto a la
enorme ventana y me agarro con fuerza a la barra superior. Mis pies están
bastante separados para poder mantener mejor el equilibrio. El recuerdo
de mi hermano invade mi mente. Le gusta tanto desequilibrarse cuando
el autobús frena y caer encima de la gente… pero no es mi caso. Tras
varios frenazos, mis pies se mantienen firmes en su mismo lugar y continúo mirando a través del cristal sin inmutarme casi. Hace frío y la gente
camina por la calle forrada de ropa. Una señora que pasa los setenta años
se protege del frío con un ridículo abrigo de piel. Junto a ella da pequeños pasitos salerosos un perro enano. Si no me equivoco es un Bichón
Frisé. Y no es que yo sea una entendida en perros, pero junto a mi casa
hay una enorme tienda de animales y en una de las fotografías aparece
esta graciosa raza. Es lo más parecido a una madeja de lana revuelta completamente blanca. Tiene unas gordas patas que en realidad son únicamente pelo. La señora le ha puesto un ridículo abrigo con el mismo
estampado animal del suyo. Así que sólo se ve pelo y abrigo de leopardo.
El chucho lleva la lengua colgando y parece que va a tocar el suelo. Sonrío
al imaginar los pensamientos del perro. Entre el calor que emana su propio pelo y el dichoso abriguito…
202
Nunca quise hacerte daño
El autobús se ha detenido de nuevo ante un semáforo y me alerto
cuando descubro que la próxima parada es la mía. Vuelvo la cabeza para
ver que la señora del Bichón Frisé se acerca a mi altura. Ella moviendo
su enorme abrigo y su perro lamiendo la acera. Qué gracioso.
Pero inconscientemente mi mirada se desvía de esta divertida
estampa para posarse ante la moto que se acaba de detener junto al
autobús. Y mi cerebro hace que el cuerpo quede paralizado.
El tipo de la moto desvía también, como instintivamente, su mirada
hacia el autobús. Y ambas miradas, que deliberadamente han decidido
actuar sin permiso, se cruzan y se clavan en los ojos del rival.
Es Mark. Viste un pantalón vaquero y una cazadora de piel bastante gruesa. No lleva casco, como de costumbre. Una enorme bolsa
deportiva vibra en su espalda.
Quiero desviar la mirada, pero mi subconsciente no me deja hacerlo
y permanecemos así, mirándonos sin cobardía, hasta que el semáforo
cambia de color y el conductor del autobús decide emprender la marcha
y alejarme de él. En pocos segundos Mark nos adelanta sin problema.
~•~
Llego tarde. ¡Joder! Últimamente no me sale nada bien. Me desvisto
con prisa para cambiarme lo más rápido posible. Sólo tengo diez minutos
y ni siquiera tendré tiempo de calentar, de estirar mis músculos. Pero necesito clasificarme o no tendré más opción que pedir dinero a mi padre para
poder costear la carrera.Y eso es lo último que quiero hacer. Apenas he
entrenado tampoco. Entre los exámenes y lo sucedido con Lanna no he
tenido demasiado ánimo para seguir con esto. Pero la suerte está echada.
Y para rematar me tropiezo en la carretera con ella. Sé que no es fruto
de la casualidad que ya no nos veamos. Intento bajar al comedor lo antes
posible, faltando siempre a los últimos diez minutos de clase. Como en el
jardín, pese a que estamos en pleno invierno. Y sé que ella también ha
cambiado sus costumbres para no encontrarse conmigo.
203
Sonia Hernández
Y es que no quiero volver a verla. Se acabó. No pensaba que fuera así.
Después de pasar juntos el fin de semana y contarle lo más íntimo que
guardaba sólo para mí. ¿Cómo es posible que pensara que estaba con
Ivanna después de contarle que mi madre engañaba a mi padre? ¿Qué
clase de persona cree que soy?
Pensaba que iba a tener las suficientes agallas para hablar conmigo
después de lo sucedido. Que Ivanna me diera un beso no significa nada.
Ella sabía de sus intenciones y debería haberse dado cuenta de lo sucedido. Al fin y al cabo, si confiara en mí no hubiera montado semejante
espectáculo. Se hubiera limitado a pedirme una explicación.
Pero qué más quieres, Mark. Es una niña de primero. No puedes esperar más. Olvídate y sigue hacia adelante. Quedan unos meses para terminar la carrera y no tendrás que volver a verla. Es lo mejor y lo sabes. Pese
a que en ocasiones mueras por no verla, es lo mejor para ti. Y así me siento. Deseo no volver a verla pero muero sólo de pensarlo.
Entro en la piscina, donde no hay casi gente. Bajo las escaleras de las
gradas y me acerco a Lea y los demás. Greiff está sentado junto a ella.
-¡Lanna! Casi no llegas… -me regala un cariñoso beso.
-¿Qué tal Lanna? -Greiff acerca su mano para tomar la mía en un cordial apretón que agradezco antes de sentarme junto a mi amiga.
-¿Cómo funciona esto?
Lea me mira sin saber muy bien qué contestar y después desvía su
mirada a Greiff, que casi se tumba encima de ella para acercarse a mí y
hablarnos.
-Son cuatrocientos metros a crol. El primero se lleva la beca y entra
en el equipo de natación. El resto, a casa -ambas le miramos atentas-.
Vamos que son cuatro vueltas.
-¿Y cuál es la beca? -pregunto vacilando.
- Te pagan la mitad de lo que cueste el curso.
-¡La mitad! -ambas exclamamos a la vez, sorprendidas.
-Relajaros, anda. A Loan no le hace demasiada falta, la verdad. Su
padre es cirujano y su madre economista. Imaginaros.
Frota su dedo corazón contra el pulgar y las dos entendemos que no
son precisamente pobres.
204
Nunca quise hacerte daño
-¿Entonces…?
-Quiere entrar en el equipo de natación. Es todo. No os podéis imaginar lo competitivo que es este tío.
Desvío mi mirada hacia la piscina. Veo a Loan enfundado en un
pequeño bañador. Está delgado pero bien definido. Me divierte ver la
blancura de su piel. Su cabello, como siempre, está revuelto. Habla con
otro chico mientras estira sus brazos y enseguida dan el aviso para que
cada uno se coloque en la calle que ocupará. Me ve y me saluda con la
mano y una gran sonrisa. Muevo mi mano en el aire con rapidez y sonrío también. Se coloca el gorro y comienza una divertida pelea con sus
gafas hasta que las consigue ajustar.
Llegan dos últimos participantes corriendo y se colocan en las calles
que les corresponden. Al menos ya tienen su gorro y gafas puestos y no
hacen esperar más a los demás.
Un primer y largo silbido indica a los participantes que deben colocarse sobre las plataformas de salida y en pocos segundos se da la salida,
momento en que todos se lanzan al agua para comenzar a nadar.
No hay duda de que Loan es el más rápido. En poco más de cien
metros se ha librado del resto, salvo de un segundo nadador que le pisa
casi los talones. Todos animamos a Loan desde nuestra posición. Greiff
se ha puesto en pie y grita como un animal. El resto le imita, salvo Lea y
yo, que nos mantenemos en un discreto segundo plano animándole más
reservadamente.
Me divierte estar aquí con esta pandilla de locos animando a Loan en
su camino hacia el equipo de natación. Lea me mira con complicidad
como si pudiera leer mi mente y me toma la mano con fuerza volviendo
a animar a Loan.
Poco tiempo después somos testigos de la llegada de Loan en primer lugar.
Tras él, a pocos segundos, ha llegado su único rival en la prueba, que
saca la cabeza del agua y mira a su alrededor derrotado. Para entonces
Loan ya está fuera del agua celebrando su victoria. Se acerca directamente a nosotros mientras seca con prisa su cuerpo. Ríe ampliamente.
-¡Enhorabuena, tío!
Todos chocan su mano y dan palmadas en su espalda desnuda. Sonrío
205
Sonia Hernández
prudentemente distanciada del grupo, pero se percata de mi presencia y
se acerca a mí mientas el resto ha comenzado a abandonar el lugar entre
risas y comentando la hazaña de su amigo.
-Enhorabuena -le felicito sonriendo.
Él me devuelve la sonrisa sin pronunciar palabra y se acerca a mí sin
miedo. Todo sucede en un segundo en el que no soy apenas consciente de
lo que ocurre. Toma con ambas manos, húmedas, mi rostro, y me da un
fugaz beso en los labios. Mis ojos se abren al máximo cuando siento que
nuestras bocas se han unido con fuerza. Me mira de nuevo, sonriente.
-Me debes una cerveza.
Y pasa sus brazos por mis hombros para subir juntos las escaleras de
las gradas.
Mierda. Joder. Esto era lo peor que me podía pasar. Soy un gilipollas.
Por todo. Por no haber entrenado lo suficiente. Y por no haber hecho
nada por ella.
En escasos minutos he perdido las dos cosas más importantes que tenía
en este maldito edificio. La beca y ella. Y mi beca se marcha abrazándola.
-¡Joder!
Inconscientemente mi maldición ha retumbado en el lugar. Algunos
se han girado para mirarme, pero no siento vergüenza. Uno de los participantes se acerca a mí para intentar tranquilizarme, pero cambia de opinión cuando ve mi rostro.
También Lanna y Loan se han detenido para mirarme. Él me sonríe y
vuelve a seguir su camino sin inmutarse.
Pero Lanna me mantiene la mirada un segundo, en el que parece que
la sangre se ha escapado de su rostro.
Y una lágrima intenta escapar del mío, también.
Creo que no soy capaz de moverme siquiera. ¡Es Mark! Mark era el
único rival de Loan esta tarde. Quisiera ser un avestruz y poder esconder
mi cabeza bajo la tierra para desaparecer de esta escena.
Es evidente que ha presenciado el beso que Loan me acaba de dar.
Bueno, acabas de beber de tu propia medicina. Ahora verás lo que se siente.
206
Nunca quise hacerte daño
Me duele de veras lo que acaba de ocurrir, pero quizá haya sido lo mejor.
Ahora es evidente que todo ha terminado entre nosotros.
-Vamos, Lanna -Loan me mira varios escalones por encima de mí y
me tiende su mano, que tomo sin pensarlo para salir con él del lugar.
Cuando llego a los vestuarios ya hay gente en las duchas, pero Loan
no ha llegado. Estará despidiéndose, pienso envuelto en ira. Tiro con
rabia las gafas sobre mi mochila abierta. Empapan la ropa limpia y veo a
Loan que entra con dos más.
Tomo aire y lo suelto despacio. Vienen montando bastante escándalo
y riendo entre ellos. Y yo no quiero partirle la boca aquí mismo. Es más,
creo que voy a ser elegante, incluso. Me acerco a él de camino a mi ducha.
-Has nadado bien -le digo serio mientras él me mira, cuanto menos,
sorprendido-. Enhorabuena.
-Tú también -titubea- has nadado bien.
Y sigo mi camino sin volver a mirarle.
Abro el grifo y dejo que los millones de gotas caigan con prisa sobre
mi cuerpo cansado. Cansado por nadar. Y cansado por el resto. Ahora las
gotas caen directamente sobre mi rostro, que parece palpitar.
Todavía puedo escuchar a lo lejos los gritos del resto, que continúan
celebrando la victoria, pero intento ignorarlos, aunque me resulte ciertamente complicado.
Salgo de la ducha y los demás están bromeando sin prisa por nada. Es
lo normal, supongo. Ganar esa beca es algo genial, desde luego, que
puede permitir al afortunado terminar el curso bastante relajado, económicamente hablando. Eso me recuerda que debo llamar a mis padres para
pedir efectivo.
-Eh, Loan, no puedes quejarte, ¡eh! Al final has conseguido lo que querías.
El tipo mira a uno de sus amigos, que ya se ha decido a meterse en la
ducha. Ambos sonríen.
-Sí, la verdad es que ha estado bien.
-Desde luego, te has quedado con la beca y con la chica.
Loan ríe al escuchar esto mientras yo siento que todos las terminaciones nerviosas de mi cuerpo se inundan de rabia contenida.
207
Sonia Hernández
-Es que yo no compito si no estoy seguro de ganar. En todo.
Y me mira directamente.
~•~
Viernes noche en el Cero Diez. Primera salida después de, como diría
Lea, mi accidente sentimental. Me siento cómoda rodeada de Greiff,
Loan y los demás. La mayoría juega al billar con una ronda de bebidas
patrocinada por el flamante ganador de la beca del equipo de natación.
Ríen, brindan, bromean. Hay bastante gente en el bar, aunque no es tarde.
La música es animada, conocida. Lea baila muy cerca de su novio sin
parar de sonreír. Se la ve bien con él. Y me alegro de esto.
-¿Me acompañas al servicio?
Miro a Lea confundida. Si por algo nos caracterizamos no es precisamente por ser de las que van al baño de dos en dos. Pero no me importa hacerlo por primera vez. Seguro que quiere contarme algo.
Camino tras ella por el bar hasta llegar a los lavabos y decido esperarla mientras retoco mi maquillaje en el espejo, bastante sucio, por cierto.
Intento dibujar una fina línea negra en mi párpado.
-¿No tienes que entrar? Tanta cerveza me sienta fatal… -ambas reímos- ¿Estás bien, Lanna? Quiero decir, con nosotros.
Asiento sonriendo. Y ambas sabemos que soy totalmente sincera.
-Quería contarte algo, Lea.
-¿Contarme algo? ¡No me lo puedo creer, Lanna Muller va a contarme algo…! -habla casi gritando y yo le propino un codazo, tanto por el
volumen de su voz como por el comentario. Pero sé que tiene razón.
-Bueno, deja de gritar como una loca y escúchame antes de que me dé
tiempo a arrepentirme.
-Está bien, escupe.
-Esta tarde, cuando os habéis marchado de la piscina -mi amiga me
escucha atentamente, casi sin pestañear-. Loan me ha besado.
Hablo como si estuviera asustada y Lea lo ha notado. Todavía estoy
atónita, cuanto menos, con lo sucedido durante la prueba.
208
Nunca quise hacerte daño
-Bueno, ¿y?
Me sorprende esta reacción por su parte.
-¿Cómo que bueno y?
-Pues que bueno y. Que no entiendo por qué te pones así. Es una
reacción normal por su parte. Es algo natural. Tú le gustas y estaba feliz
por haber ganado esa prueba. Sólo eso -permanezco en silencio mientras
Lea habla-. Pero lo importante es, ¿a ti te ha gustado?
-¿Cómo que si me ha gustado? -parezco indignada con su pregunta, incluso.
-Que si te ha gustado que te besara o te ha parecido mal.
Me sorprendo a mí misma dudando ante esta cuestión y no hace falta
que responda para que mi amiga emita un veredicto al respecto.
-¡Es genial! Era justo lo que tenía que pasar. Sabía que tarde o temprano ocurriría -me abraza.
-Pero es que hay otra cosa… -ella se separa de mí con gesto preocupado- Mark estaba en la piscina y creo que lo vio todo -mordisqueo nerviosamente mi pulgar.
Ella hace un gesto airado, como si le molestara que le saliera con esas.
-Bueno Lanna, vosotros ya no estáis juntos. Es más, ni siquiera sabes
si él está o no con la tal Ivanna. Me prometiste que intentarías olvidarle,
así que te pido que continúes con tu vida. Si ahora me vienes con esto,
de nada habrá servido todo el despliegue de medios de los últimos días.
De nada habrá servido ir antes a la facultad, comer más tarde, cambiar
nuestros recorridos. Nada. Sólo te pido un favor y es que hagas un esfuerzo por olvidarle. Lo más difícil ya lo has conseguido, no retrocedas ahora.
Y sé que tiene razón. Lo mejor que podía haber ocurrido era que él
me viera con Loan para apartarlo de mí del todo. Decido seguir los consejos de mi amiga y se lo hago saber. Además, no estoy segura de que me
haya molestado que Loan me besara en la piscina.
Y salimos del baño para volver con los demás, que continúan alrededor de la mesa de billar, riendo y gritando.
-Ahora entiendo por qué Loan ni se ha acercado a ti hasta ahora -me
susurra Lea tapando con la mano su boca. La miro exigiendo una respuesta rápida-. Está asustado. Quiero decir, es como si tuviera miedo de
acercarse a ti después del beso. ¡Es tan mono!
209
Sonia Hernández
Le miro un instante en el que compruebo que no me quita ojo. Sonríe
tímidamente y decido acercarme a él ante la mirada cómplice de mi amiga.
-Creo que te debo una, ¿no? -señalo con un gesto de mi cabeza su
botella de cerveza casi vacía. Él vuelve a sonreír.
-Era el trato.
Habla muy cerca de mi rostro y puedo sentir su aliento cálido sobre
mi piel. Me siento triste cuando los recuerdos de Mark me vuelven a invadir. La noche del concierto en la que nos besamos por primera vez…
Decido mirar a Loan directamente a los ojos para apartar de mi mente
a mi consejero y encuentro una mirada tímida que me espera.
-Vengo enseguida -y le regalo una sonrisa antes de dirigirme a la barra.
Pero parece que, tras estar varios días sin cruzarme con Mark, hoy no
voy a dejar de hacerlo, puesto que se encuentra sentado en un taburete
junto a la barra. Está solo y no tiene demasiado buen aspecto. Su brazo
derecho se apoya cansado sobre la fría barra de madera, donde le espera
una solitaria cerveza. Decido acercarme a él sin dudarlo un segundo. Y
sin pensarlo, también.
Ahí está. Una vez más. Perfecta, como siempre. Viste un sencillo pan-
talón vaquero y unas graciosas deportivas por el tobillo. Está guapa. Y
viene directa a mí.
No lo hagas, Lanna, por favor. No te acerques. No me hables. Es
mejor dejar las cosas como están.
¿Pero por qué tienes que hacer siempre lo que te dé la gana?
-Siento lo de esta tarde -él me mira sin mover un solo músculo de su
rostro-. Supongo que era importante para ti.
Emite una sonrisa resignada y da un último trago a su cerveza para
dejar el botellín vacío sobre la barra. El camarero se acerca a nosotros y
le ordeno dos cervezas.
-Mark, yo… -bajo la cabeza sin saber cómo continuar. Quizá arrepentida por haberme acercado a él de nuevo.
-No sabía que tú y Rostro Pálido... -sonríe y señala a las mesas de
billar. Llegan las cervezas.
210
Nunca quise hacerte daño
Y yo también río con esto. Realmente Loan es muy pálido, sí.
-No, en realidad no… -intento buscar una explicación con rapidez.
-¡Mark! Estabas aquí. Perdón por el retraso -Ivanna se acerca y me
besa la mejilla con decisión. Yo me dejo hacer sólo porque Lanna está a
un metro de nosotros-. Ah, hola Lanna.
-Hola -susurra ella decepcionada-, me marcho ya.
Asiento antes de responderle.
-Rostro Pálido… -susurro sonriendo aunque con la tristeza incrustada en mi corazón.
-Claro -suspira antes de coger una de las cervezas que le han servido y darse la vuelta despacio. Compruebo que Loan nos mira con
preocupación a lo lejos.
-¡Lanna! -rozo su brazo, lo que provoca un escalofrío en mí y espero
que en ella también-. Te dejas esto.
Le tiendo el otro botellín de cerveza, que ha olvidado en la barra.
Ella sonríe con cierta desolación antes de responder.
-No era para mí.
Y se marcha.
Le tiendo a Loan el botellín y le sonrío para hacerle ver que todo está
en orden.
-¿Y tú?
-No me apetece. Luego te bebo un poquito. No tengo muy bien el
estómago.
Acaricio mi tripa en movimientos circulares. Miro a Lea, que desde la
distancia busca mi mirada, abrazada a Greiff. Asiento sin emitir sonido y
ella me guiña un ojo pensando que todo está en orden, aunque dentro de
mi cabeza no sea así.
Loan busca un taburete y se sienta sin dejar de mirarme. Me tiende la
cerveza, que acepto para darle un trago bastante largo.
-¡Ey! Que te vas a poner malita -sonrío y me acerco a él para apoyar
mi espalda sobre su cuerpo. Puedo sentir que está tiritando y prefiero no
preguntarle el motivo. Me gusta esta situación pese a no estar segura de
lo que hago.
211
Sonia Hernández
Lea y Greiff se acercan a nosotros de la mano, felices.
-Hemos pensado que mañana podríamos salir. ¿Qué os parece? Hay
mucho que celebrar.
-¿Ah, sí?
-Pues claro tonto -continúa mi amiga-. Hay que celebrar que ahora
formas parte del equipo de natación, que los exámenes terminan, que
Lanna ha abandonado el duelo… -me guiña un ojo y siento la mejilla de
Loan rozarse cómplice con la mía.
Sonrío y me siento protegida junto a esta panda de gente tan peculiar.
Y me sorprendo a mí misma riendo y bromeando con ellos casi olvidando que Mark, que hasta hace unos días era lo más importante en mi
vida, está a escasos metros con otra. Ni siquiera siento necesidad de volver mi mirada hacia él simplemente porque no creo que lo merezca.
Y cada vez que río apoyo mi cabeza en el pecho de Loan para que sus
tiritonas no puedan cesar, divertida por ello. Y orgullosa, por qué no.
Le miro una vez más mientras habla titubeando y vuelvo a recordarlo en la fiesta del principio del curso, cuando le dejé plantado. Sonrío para
mis adentros y me siento un poco culpable por hacerlo.
Y confío en que el comienzo del olvido esté llegando por fin.
212
Nunca quise hacerte daño
Hemos quedado dentro de un par de horas y, pese a no tener demasiadas ganas de salir, decido ponerme manos a la obra. Una ducha relajada. Me maquillo con cuidado, sin prisa. El pelo completamente alisado y
la ropa preparada sobre la cama.
La música suena bastante alta pero no me importa cuando la puerta
del dormitorio se abre para Zara.
-Hola -saludo con desgana. Ella sólo levanta levemente la cabeza.
Desde lo ocurrido con Giulio no hemos vuelto a hablarnos. Ella está
enfadada por mi reacción y ni siquiera me ha dado opción a explicarme.
Aunque tampoco tengo la menor intención de hacerlo, la verdad. Se dirige
directamente al baño y cierra la puerta con fuerza. Escucho el grifo de la
ducha y continúo con mis cosas ignorando su presencia en el dormitorio.
Pero ella vuelve a aparecer en mitad del dormitorio, ataviada únicamente con una toalla que cubre su cuerpo. Lleva el pelo cubierto por una
masa pastosa negra. La miro extrañada.
-Es tinte. Tengo unas raíces que ni los Ents.
-¿Los Ents?
213
Sonia Hernández
-Sí -ella se irrita al comprobar que no tengo la más mínima idea de a
qué se refiere-, los árboles de El señor de los Anillos.
Río ampliamente, me gusta la comparación, y ella queda plantada en
medio de la habitación mirándome incrédula para luego imitarme.
-¿Sales hoy?
-Sí. He quedado con Lea y los demás.
-Y vais a ir al Cero Diez, ¿no?
Levanto los hombros sin saber la respuesta, aunque imagino que así será.
-Ponte guapa. ¿Eso te vas a poner? -mira la ropa que ya he elegido y
reposa sobre mi colcha-. Ponte otra cosa, anda.
La miro confundida. ¿Es que ahora me va a dar consejos ella? Pero
no se lo piensa dos veces y abre mi armario para ponerse a rebuscar
descaradamente.
-Tienes por aquí uno… a ver dónde está… éste.
Y saca un vestido que cree conveniente para esta noche.
-¿Ese? Pero si vamos al Cero Diez… no sé.
-Este está bien, hazme caso. Sea quien sea quedará flipado al verte.
Miro la prenda un momento y le doy la razón, así que me visto sin
pensarlo dos veces. En poco tiempo termino y estoy preparada para salir
mientras Zara continúa eliminando sus raíces arbóreas.
-Zara… -me asomo al baño, donde ella está frente al espejo con el
pelo recién lavado- Quería pedirte disculpas por lo sucedido la otra
noche.
-No te preocupes. Lo pasado, pasado está -me sonríe a través del
espejo-. No te he agradecido lo de… ya sabes.
Recuerdo la noche que tuve que ir a por la maldita pastilla, pero
decido no darle más importancia de la que tiene, ya que sé que ese pensamiento me llevará directamente a otros que me empeño en mantener
alejados de mí.
-En paz, entonces -ambas sonreímos-. Pásalo bien -asiente-. Por cierto, muy chulo el color de pelo.
-Y tú estás guapa con mi elección. Espero que veas a quien esperas
ver.
Qué mal bicho. Parece estar al corriente de todo y busca las palabras
adecuadas para decir sin hablar. Pero me ha divertido tener esta conversación con ella y creo que nos ha venido bien. No podíamos pasar
214
Nunca quise hacerte daño
mucho más tiempo sin dirigirnos la palabra. Y menos viviendo en la
misma habitación.
Y, por primera vez, salgo de la habitación sin mirar primero a su puerta, sin miedo de cruzarme con él. Y camino por el pasillo sin prisa, tomo
el ascensor para poder mirarme una vez más en el espejo. Y me gusta la
imagen que me devuelve.
Espero a Lea en el vestíbulo, que no tarda en bajar. Viste un estrechísimo vaquero con una camiseta de tiras azul eléctrico con un más que
generoso escote. Ni siquiera se ha preocupado de abrochar su cazadora.
-¡Hola nena! -saluda a gritos-. A ver, a ver…
Mueve en círculos su dedo índice para que gire sobre mí misma y lo
hago lo más coquetamente que sé.
-Ahora tú, atrevida…
Y comienza a simular un desfile de modelos en mitad del portal. Le
sigo imitándola y terminamos abrazadas y riendo con espontaneidad.
Caminamos con decisión a la boca de metro más cercana. Hace bastante frío esta noche, así que caminamos apresuradamente, pero sin
parar de reír.
-Al final anoche, ¿hubo beso o no?
Miro a mi amiga, que viaja sentada a mi lado en el metro y sonrío
para negar con la cabeza. Ella hace un gesto de decepción y pregunta el
motivo.
-No lo sé, supongo que no surgió. Las cosas tienen que ocurrir poco
a poco. Tienen que fluir.
-Claro, como Bruce Lee, ¿no?
La miro divertida sin saber bien a qué se refiere ahora.
-Be water, my friend… así que ya sabes… empieza a fluir de una vez.
-Quizá deberías haberte matriculado en psicología, ¿no?
Ella sonríe con la cabeza apoyada en el cristal.
-No es mala, no lo creas, pero seguro que terminaría desequilibrada perdida. Tanto escuchar a los demás… aunque visto de otro modo,
tendré que escuchar las penas de la gente igual, igual.
-¡Y defenderlas!
~•~
215
Sonia Hernández
Hemos llegado algo pronto y el resto no está en el Cero Diez, así que nos
sentamos en un par de taburetes libres para esperar con algo más de calma.
-¿Una cervecita? -Lea grita, pese a estar a escasos centímetros de mí.
Le hago un gesto para que espere y casi me recuesto en la barra para
encargar al camarero un par de chupitos. Quiero agradecerle todo lo que
hace por mí y creo que brindar es una buena opción.
-¿Y esto? -le tiendo uno de los pequeños vasos, que parece brillar con
las luces.
-Para brindar -anuncio con decisión.
-¿Y se puede saber por qué brindamos?
- Por nuestra amistad.
Chocamos los pequeños vasos y parte del líquido que contienen cae
al suelo, lo que provoca nuestra risa. Bebemos de un trago lo que queda
y nos abrazamos una vez más.
-¡Allí están! Míralos…
Lea señala a la puerta del bar. Greiff y los demás acaban de llegar y buscan un sitio junto a la puerta, cerca de la barandilla, que permite una perfecta panorámica del lugar. Mi amiga no para de gesticular, pero su novio
no parece verla, pese a ser evidente que la busca sin disimular un pelo.
Opto por tomar la mano de mi amiga para que se decida a acercarse a ellos.
En cierto modo, yo también tengo ganas de ir aunque no sepa el motivo.
Nos miramos una sola vez y comenzamos a caminar con dificultad
entre la gente, sin soltar nuestras manos. Subimos las escaleras con dificultad. Greiff ya nos ha visto y sonríe alegremente para tomar a Lea por
la cintura y darle un largo beso en el que puedo ver casi su garganta.
-¡Hola guapa! -me toma por la cintura y me da un enérgico beso en la
mejilla. Sonrío.
Lea saluda a los demás y Loan parece no haberse dado cuenta de
nuestra llegada. Vacilo un momento antes de acercarme a él, pero al final
golpeo con mi dedo índice su espalda a modo de saludo.
Él se gira sorprendido y me mira un instante con una sonrisa dibujada en sus labios. Viste una camiseta negra con un pequeño cuello y diminutas rayas horizontales blancas. Ha dejado abiertos varios botones y le
sienta bien.
216
Nunca quise hacerte daño
-Ya pensaba que no venías -susurra en mi oído. Me atrae hacia él por
la cintura, lo que provoca un leve escalofrío en mi piel.
-¡Pero si ayer dije que vendría!
-Claro… pero has dicho eso tantas veces… -sonríe.
-Te sienta muy bien el pelo así -rozo con mis dedos la punta de su
despeinada cresta y me desprendo de mi cazadora.
-Gracias… vaya, tú tampoco estás mal esta noche -toma mi cazadora
para colocarla junto a las demás.
-¡Lanna, eh Lanna!
Es Lea, que me llama a gritos desde un pequeño muro junto a la
ventana. Baila desinhibida con su escotazo mientras su novio la mira
orgulloso.
-Está loca -susurra Loan empujándome por la cintura para acercarme
a mi amiga-. Venga, que te ayudo.
Y siento sus fuertes manos sujetándome de nuevo para ayudarme a subir.
En un momento estoy bailando con mi mejor amiga a cincuenta centímetros del suelo con una perfecta vista de las cabezas que abarrotan el
Cero Diez.
-Tres cervezas y un agua, por favor -grito al camarero para que pueda
oírme-. Gracias.
Paso las cervezas a Giulio y el agua a Ivanna, que no para de sonreír
mientras yo doy un gran trago a la mía.
Zara baila sin preocuparse de nuestra presencia y Giulio la mira
queriendo comérsela. Ivanna se da cuenta.
-¿De verdad no quieres otra cosa? -pregunto en su oído.
-No, gracias, es que no bebo.
La miro y ella sabe que lo hago. Le gusta, de hecho. Viste un vestido que, pese a ser completamente rojo, es bastante discreto. Apenas
tiene escote. Su melena cae con unos divertidos rizos sobre sus hombros. Los enormes labios lucen un prudente brillo. Sonrío y sé que ella
se pone nerviosa con este simple gesto.
-¡Mira Mark, es Lanna! -Zara comienza a saludar con su mano al aire,
pero Lanna no parece darse cuenta de esto. Dirijo mi mirada hacia la
217
Sonia Hernández
misma dirección y descubro a una Lanna diferente. Parece como si fuera
la primera vez que la veo. Viste un vestido bastante estrecho y corto de
color negro, con una sola manga, dejando al descubierto su hombro
izquierdo. Un cinturón caído marca su cintura. El cabello se mueve con
sus bailes. Parece divertirse junto a Lea, ajena a mi presencia. Por supuesto, Rostro Pálido está junto a ella mientras babea con cada movimiento.
-¿A que es chulo el vestido? Yo misma le he aconsejado que se lo
pusiera… -Zara me mira directamente como si fuera la encargada de
hacerme ver lo que me pierdo.
-Sí, sí, es chulo… -vacila Giulio mirándome fijamente.
-¡Mira, ya me ha visto! -y ambas se saludan con las manos al aire. Doy
un trago a mi cerveza cuando siento que sus ojos se posan sobre mí aunque sólo por un momento. Después vuelve la mirada a su pretendiente,
orgullosa de cómo le mira.
-No deberías beber tan rápido -Ivanna toca mi botellín provocando
que parte de la cerveza caiga sobre mi pantalón.
-¡Joder…! -bramo abriendo los brazos para ver el destrozo.
-Lo siento Mark, discúlpame…
-No pasa nada, déjalo -ni siquiera entiendo el motivo de mi enfado.
Cuántas veces me habrán manchado y no me ha importado lo más mínimo. Sin embargo, esta vez me he puesto hecho una fiera y no me gusta
este comportamiento por mi parte.
Ivanna se ha incomodado y ahora mira al suelo avergonzada.
-No te preocupes, no pasa nada. No sé por qué me he puesto así. Lo siento.
Ella levanta la vista de nuevo y me mira con un halo de esperanza.
¿Qué te pasa Ivanna? ¿Por qué me miras así? No puedo entender por qué
esta chiquilla está tan enamorada. No merece la pena, niña. No debes
enamorarte de mí de esa manera porque no puedo darte lo que quieres.
Todavía no. Mis ojos se han posado en ti pero realmente quieren mirar a
mi princesa, aunque ella se empeñe en hacer desaparecer todo lo sucedido.
-Tienes un poco manchado… -Ivanna roza con sus dedos mis labios
para eliminar un inexistente resto de cerveza y no duda en acercar su rostro al mío. Posa su mano sobre mi cuello y sus labios sobre los míos sin
pedir permiso, una vez más.
218
Nunca quise hacerte daño
Pero, a diferencia de la primera vez, ahora no me quedo paralizado y
continúo su movimiento con el corazón en un puño. Ella los mueve con
decisión y su lengua se hace dueña de mi boca. Mi cuerpo tiembla al sentir que no es mi princesa quien se adentra en él. Siento ganas de gritar, de
llorar. Por momentos quedo paralizado intentando ser consciente de lo
que estoy haciendo. Del abismo que estoy abriendo entre Lanna y yo.
Intentando darme cuenta de que el final ha llegado.
Los chicos se acercan a nosotras con decisión y es Loan quien no
duda en agarrarme por la cintura para hacerme bajar del improvisado
pedestal.
-¿Qué pasa? -me sorprende esta actuación y más la cara seria que la
acompaña. Miro a Lea, que habla al oído de Greiff y después mira a la
multitud para volver la vista a su novio y asentir a modo de aprobación.
-Loan, ¿se puede saber qué pasa?
Él me mira sin pestañear.
-Nada, tonta. Estaba cansado de verte allí arriba. Sólo eso. Pero si
quieres te devuelvo a las alturas -parece una excusa.
Mantengo su mirada y sonrío avergonzada. Ahora las manos de Loan
están posadas en mi cintura y vuelvo a sentir su cuerpo tiritar. Le sonrío
de nuevo y comenzamos a bailar despacio.
-Esto me recuerda a la noche en que nos conocimos -susurra sin dejar
de moverse.
Pero uno de sus amigos se acerca y reclama su atención, así que Loan
me suelta y le atiende algo molesto por importunar.
-¿Qué tal, Lanna? -es Lea.
-Bien -contesto confundida.
-Menudo favor que te acaba de hacer Loan, eh.
-¿Favor?
-Nada, déjalo. Otro día te lo cuento. Y entonces verás que le
importas -mi amiga parece confundida.
-¿A qué te refieres, Lea?
- Sólo voy a decirte que te ha ahorrado un mal rato.
Mi amiga se da la vuelta y vuelve con Greiff, dejándome con mis
219
Sonia Hernández
dudas. ¿Qué habrá pasado para que Loan me haya evitado un mal rato?
Bueno, quizá sea mejor no saberlo. Sea lo que sea, ha tenido agallas para
acercarse y agarrarme de esa forma tan autoritaria. Decido armarme de
valor yo también y agarro su brazo para interrumpir la conversación con
su amigo.
-Perdona -me disculpo con una sonrisa de niña bien, con lo que el
tipo queda petrificado en su lugar. Loan me mira y sonríe cuando con mi
dedo índice le indico que se acerque a mí.
Agarro con decisión el cabello de su nuca y nuestros rostros se acercan despacio. Ahora soy yo quien comienza a temblar cuando sus manos
se posan en mi cintura una vez más.
Estamos a escasos centímetros y su boca se entreabre esperando la
mía con paciencia.
-¿Estás segura? -susurra con sus labios ya rozando los míos.
Asiento, nerviosa, y nuestras bocas se unen en un dulce y sereno beso.
220
Nunca quise hacerte daño
¿Qué he hecho? Es la única frase que da vueltas por mi cabeza.
Golpea contra las paredes de mi cerebro provocándome auténticas
molestias. Mientras, Lea habla ajena a todo esto.
-¡Es genial, Lanna! Ahora podremos salir todos juntos. ¿Ves? Te dije
que terminaría ocurriendo. Sabía que, tarde o temprano, pasaría. ¡Lo
sabía! -gira sobre sí misma en un movimiento bastante ridículo, a mi parecer- Y también sabía que lo olvidarías enseguida. ¿Y ves? En nada de
tiempo te has olvidado de Mark…
-¿Por qué haces eso, Lea? -ella me mira confusa- ¿Por qué tienes que
nombrarle ahora?
Me siento muy molesta con ella sin tener motivo alguno. Lea lo nota.
-Bueno, pensaba que te alegrabas de lo que había sucedido -me mira
seria, reclamando una explicación que no tengo pensado regalarle.
No puedo evitar hacer una mueca de desagrado y continúo mi
camino sin esperarla.
-¿Qué ocurre ahora? ¿Se puede saber qué te pasa?
Ella me ha alcanzado tras acelerar el paso, pero continúo ignorándola intencionadamente.
221
Sonia Hernández
-Nada Lea, disculpa. Es sólo que… -me mira impaciente-. Que no
esperaba que todo sucediera tan rápido. Es sólo eso.
Y sigo caminando sin prestar atención a mi amiga y, por qué no, intentando ignorar también todo lo que mi cerebro está generando.
-¿Salimos esta noche a tomar unas birras o no, tío?
Miro a Giulio, cansado. Demasiados acontecimientos en un corto
espacio de tiempo.
-No tengo ganas. Lo siento.
-Venga consejero, no me vengas ahora con que estás deprimido. ¡Si tu
vida no puede ser mejor! Acabas de soltar a una nena y ya tenías a otra
esperando. ¡Eres mi héroe, tío!
-No te pases ni un pelo, Giulio. No vuelvas a hablarme así. Y no vuelvas a llamarla así tampoco.
Me sorprendo a mí mismo acorralando a mi amigo contra la pared y
amenazándole sujetando con mi mano derecha su camiseta. Él está sorprendido por esta reacción, pero seguro de que yo más.
-¿A cuál de la dos no puedo volver a llamar nena? No te líes tío, no te líes.
Sale corriendo riendo tras esta broma y me deja solo en mitad del
pasillo. Y yo mismo sonrío ante esto que ha dicho. ¿Cómo es posible que
intente defenderla? Ya nada nos une, así que no hay necesidad siquiera de
tener un pensamiento sobre ella. Ahora es libre de hacer lo que desee con
quien quiera. Y yo también. Espero que no se me olvide ninguna de estas
dos cosas.
-¡Hola Mark! -Ivanna me saluda con un efusivo abrazo.
-Vaya, qué casualidad, tú aquí…
-No es casualidad. He venido a ver si te encontraba para darte los
buenos días.
-Buenos días, entonces -le sonrío con pocas ganas pero ella no lo
nota-. Tengo que entrar en clase o llegaré tarde.
-Si quieres podemos vernos luego. ¿Comemos juntos? -me siento algo
agobiado- Bueno, o si prefieres tomamos algo esta tarde. Una cerveza y
un agua. ¿Qué me dices?
222
Nunca quise hacerte daño
Asiento. Es evidente que no me queda otra.
-De acuerdo. Te veo esta tarde -y emito una de las sonrisas que
aprendí con la que consigo que casi se le desencaje la mandíbula ante la
risita que emana de sus labios.
Camino a solas en dirección al aula. Lea se ha quedado atrás para
esperar a Greiff y dar los buenos días, pero he preferido continuar sola
mi camino. Creo que está molesta por nuestra conversación pero debe
darse cuenta de que, aunque ha pasado algo de tiempo desde lo sucedido
con Mark, necesito espacio para organizar mi cabeza. Y no se hace una
idea de lo difícil que me está resultando.
Miro mi reloj. Restan diez minutos para el comienzo de la clase, así
que me detengo ante la máquina de refrescos para comprar agua. La
moneda cae en un cajón que parece vacío y no tardo en conseguir mi
objetivo, que me sienta bien.
Así que, con esto, decido que es hora de entrar en clase.
Pero al dar pocos pasos me encuentro con el primer obstáculo del día.
Mark está en la puerta del aula. No está sólo. Ivanna está frente a él, con
un ridículo vestido de paño que le hace parecer una colegiala. Él la mira
sonriendo mientras ella no para de gesticular y rozar su mano. Me siento
molesta por esto pero intento, aunque sin éxito, que no se me note demasiado. Un momento. Se están besando. ¡Se están besando!
Continúo caminando y la distancia entre nosotros se acorta cada vez
más. Cada vez estamos más cerca pero ninguno de ellos parece haberse
dado cuenta de mi presencia, así que, en un claro gesto de resentimiento,
decido arremeter contra él cual tanque en plena batalla por ganar.
Acelero el paso y me acerco con decisión. La carpeta cuelga de mi
brazo con fuerza. Me acerco un poco más mientras ellos siguen hablando. Ivanna se acerca a él y le roba un beso veloz para sonreírle después.
Continúan un momento uno frente a otro, cogidos de la mano. Me siento furiosa y acelero más, muevo ligeramente mi hombro izquierdo hacia
atrás cuando estoy casi a su altura y ¡zas! Le propino un empujón que
provoca que se tambalee.
-Pero… -Mark se gira molesto y queda como paralizado al verme.
223
Sonia Hernández
-Disculpa -emito una sonrisa con toda la malicia de la que soy capaz
y levanto la palma de mi mano al aire a modo de justificación sin detenerme siquiera. Estoy segura de que se ha dado cuenta de que lo he
hecho a propósito pero no me importa. Entro en el aula y tomo asiento
en una de las sillas libres.
Cómo me duele el hombro…
Entro en clase. Estoy molesto por lo sucedido. ¿Pero qué se piensa?
Es increíble. Se supone que ha sido ella quien ha decidido terminar con
nuestra historia de manera bastante unilateral y ahora se comporta así.
Quizá haya sido mejor que todo terminara, desde luego.
Tomo asiento en el que ya parece mi sitio de costumbre. Casi me
recuesto en la silla. Delante hay dos asientos libres. Uno de ellos tiene
apuntes en la bandeja lateral, así que inclino un poco mi cuerpo para
echarles un vistazo, pueden ser de ayuda.
Llega Giulio.
-Eh, tío, ¿ya estás más calmado?
-Perdona Giulio, me he pasado un poco…
-¡Un poco dice! Mira cómo me has dejado la camiseta, toda deformada… ¿Se puede saber qué haces ahora?
Señalo con mi cabeza hacia los apuntes que acabo de descubrir.
-Tienen buena pinta, luego se los pedimos a la niña que se los ha
currado -miro a mi amigo sorprendido por su intuición-. Vamos, tío, es
evidente que son apuntes de chica. Mira la letra, casi perfecta. El bolígrafo, con colores y dibujos horteras. Los temas separados con clips en
forma de corazón. ¿Cuándo has utilizado tú un clip, se puede saber?
Sonrío ante las suposiciones de mi amigo, que casi parecen evidencias.
-Cuando venga se los pides. Al fin y al cabo tú eres el consejero, seguro que te los da. ¿Se los vas a pedir, eh? Además, seguro que la conoces.
El consejero conoce a todo el mundo o, al menos, todo el mundo
conoce al consejero.
-Que sí hombre, que sí.
Vuelvo a recostarme en mi asiento y saco los escasos apuntes que
he tomado en esta clase. Giulio tiene razón, mi letra es un desastre
224
Nunca quise hacerte daño
en comparación con nuestro descubrimiento, así que quizá sí que
deba pedirlos prestados.
Pero la dueña de nuestro tesoro hace su aparición y las esperanzas de
fotocopiar sus apuntes se desvanecen al momento.
Es Lanna, que camina con dificultad entre los asientos. Viste una
corta falda y unas medias oscuras que me hacen rememorar la noche en
el parque. Intento apartar de mi mente los recuerdos, así que desvío mi
mirada hacia el lado opuesto.
-¡Eh! Estos sitios están ocupados -Giulio tira su libro en una de las
sillas libres, lo que provoca mi sorpresa. Lanna lo mira ofendida-. ¿Es que
no ves los apuntes?
Coge el libro de mi amigo y se lo tira a los pies, con desprecio.
-No serán los tuyos, desde luego -y se sienta junto a sus cosas sin
mirarme siquiera.
-Vamos, Lanna, no seas así, era sólo una broma entre compañeros -Giulio posa la mano en su hombro y decide retirarla ante la
mirada de Lanna-. Venga, seguro que podemos compartir los apuntes. Somos casi vecinos, recuerda.
Pero ella ni siquiera le mira cuando habla. Toma de nuevo el bolígrafo hortera y comienza a subrayar algunas palabras de su libro, ajena
a mi amigo. Y a mí.
-Vamos Lanna, sólo son unas fotocopias.
-Empieza por traer el libro bueno.
Giulio se queda mirando la portada de su libro sin darse cuenta de que
no corresponde a esta asignatura. Ahogo una sonrisa.
-Tío, no me extraña que la dejaras -me suelta así, a bocajarro.
Y sé que Lanna también lo ha escuchado, lo que no me provoca
ninguna pena, sino todo lo contrario.
La clase está a punto de comenzar tras el incidente con Giulio. Pero
ya no quedan sitios libres, así que no tengo más opción que quedarme
aquí sentada. Con respirar hondo e intentar ignorar su presencia está
todo hecho, me digo.
225
Sonia Hernández
Pero entonces un halo de esperanza baja las escaleras. Saludo a Loan
con mi mano en el aire y una sonrisa que parece sincera, creo. Él me mira
sonriendo también y le señalo el asiento libre junto al mío. Se acerca con
decisión y se sienta junto a mí.
-Buenos días -y le respondo con otra sonrisa-, mira lo que te he traído.
Me tiende una funda de plástico con los apuntes que me prometió.
Les echo un vistazo.
-Vaya, están muy bien. Prometo que los míos vienen de camino.
-No te preocupes. Puedo esperar.
La clase comienza. Aburrida, como siempre. Puedo escuchar a Giulio
susurrar, pero no entiendo lo que dice. Las risitas rebotan en mi cabeza
y me molestan.
-¿Por qué te has sentado aquí? -Loan susurra con la mano en su boca,
mirando directamente al profesor.
-Es una larga historia.
Loan toma algún apunte con una incomprensible letra, lo que provoca mi risa. Escribe sin ningún tipo de orden. Tomo mi bolígrafo y
comienzo a hacer garabatos sobre su cuaderno, lo que provoca su enfado. Pero se le pasa en cuanto vuelvo a sonreírle.
¿Por qué lo haces, Lanna? Es porque de verdad te gusta o sólo porque Mark está sentado tras de ti y desde aquí puedes sentir que no deja
de mirarte… Continúo actuando sin ser consciente de mis actos y le tiendo la mano a Loan, que la toma sin pensarlo. Ahora están sobre su cuaderno con los dedos entrelazados. Bien visibles. Mira Mark, yo también
he seguido hacia adelante sin ti. Porque no te necesito para nada. Porque
no eres el único. Puedes quedarte con Ivanna porque no me importa. De
verdad, no me importa.
Miro a Loan, que continúa atento a la clase, pero sin dejar de acariciar
con sus dedos los míos.
Y miro de reojo hacía Giulio y Mark, que continúan cuchicheando y riendo.
¿De verdad no me importa?
-Tenéis tres semanas para presentarme un primer boceto del trabajo.
Colgaré en el tablón la hora asignada a cada grupo. La presentación es
226
Nunca quise hacerte daño
obligatoria, puesto que haremos una única corrección de todo el trabajo.
Suerte a todos.
Miro a Giulio, que no para de reír al escuchar esto.
-¿Qué está diciendo, tío? ¿Qué trabajo, qué bocetos?
-¿No te has enterado? Ha decidido que hagamos un trabajo en parejas. Un rollo tío, con parte práctica y todo.
-¿Y desde cuándo se han hecho grupos?
-Ah, los hizo el otro día, esa es la parte que más me divierte de todo esto…
-Fue una clase que tú no viniste, Lanna -Loan continúa en susurros-.
Nos obligó a decirle los grupos al momento. De hecho, casi los decidió él.
Dijo que toda la gente que estaba en clase tenía que formar pareja con
alguien y con la gente que no hubiera acudido él mismo haría los grupos.
Lea se puso con Greiff y yo tuve que ponerme con... aquel -saluda a un
tipo que le mira sonriendo desde un par de filas inferiores. Se hacen un
gesto para hacerse saber que se llamarán-. Después, él mismo decidió los
grupos de la gente que faltaba.
-¿Y con quién me ha tocado? Tenemos que ponernos en marcha.
-Bueno… -se hace un incómodo silencio- Lo cierto es que a esa clase
sólo faltasteis dos personas.
Loan se pone serio y enseguida comprendo a qué se refiere. En ese
momento sólo recuerdo una clase a la que he faltado últimamente.
-¿Y se puede saber dónde estaba yo en esa clase? -miro a Giulio, preocupado. No recuerdo haber faltado a esta clase a menudo, salvo aquella vez…
-Está claro, tío. ¡Apretándote a la de los apuntes!
Y Lanna se gira sorprendida, quizá más por las palabras de Giulio que
por el mero hecho de que tengamos que hacer juntos un trabajo que nos
cueste la asignatura.
Es la primera vez que nos miramos a los ojos después de lo sucedido. Y los dos sentimos lo mismo. No queremos pasar tiempo juntos para
hacer el trabajo.
227
Sonia Hernández
Mark da un puñetazo en su bandeja y coge su mochila para salir del
aula sin decir nada más. Giulio le sigue riendo ante lo sucedido y yo cubro
con ambas manos mi rostro quizá para esconder las lágrimas que brotan
de mis ojos.
-No puede ser… -murmuro.
-No te preocupes, Lanna. Yo te ayudaré con el trabajo -siento el brazo
de Loan acogiéndome y me siento reconfortada-. Entiende que no pude
hacer anda para que no tomara la decisión.
-Tranquilo. No es culpa tuya.
Limpio con mi manga las lágrimas a la vez que sorbo por la nariz.
-¡Lanna! ¿Ya se lo has contado?
Es Lea, que se acerca seguida por Greiff. Se muestra preocupada por mí.
-No te preocupes, está bien. Ya me las apañaré para hacer el trabajo.
-Desde luego que menuda casualidad, justo el día que decide anunciar
el trabajo y hacer los grupos, faltas a clase. Y casualmente también él.
Qué faena -Greiff cruza los brazos mirándonos.
-No Greiff… -levanto la vista para poder verle mejor y seco mis
lágrimas- No fue ninguna casualidad.
Pero no quiero recordar el motivo que nos llevó a no acudir a la clase
en la que decidieron los grupos de trabajo. Prefiero no volver a pensarlo.
Ahora sólo me queda buscar la manera de conseguir terminar de
hacer el trabajo, o al menos empezarlo, sin pasar tiempo junto a él.
228
Nunca quise hacerte daño
Nochebuena en Blackpool. Mi madre ha colocado la vajilla de las ocasiones especiales y las copas brillan con las pequeñas luces que titilan en el
abeto. Fuera nieva. La chimenea está encendida. La abuela ha venido para
pasar las fiestas con nosotros y mis padres están felices por tenerla en casa
estos días. Eric está desaparecido. De hecho, se ha pasado toda la tarde en
el centro comprando los últimos regalos. Así que ahora estará envolviéndolos con prisa. Mamá vigila el horno para darle el último toque al asado y
papá degusta un vino bastante caro que ha abierto para la ocasión.
Es una poco original estampa navideña, lo sé, pero en mi casa todos
los años son así. Nos gusta la Navidad.
-Es una pena que este año no hayas podido ayudarnos con el abeto,
Lanna -mi padre me tiende una copa con un vino bastante oscuro y yo le
miro sorprendida-. Vamos, pruébalo, ya eres mayor -acaricia mi mentón
con dulzura.
Doy un pequeño sorbo al líquido granate mientras continúo observando cómo el fuego nace y muere en la chimenea. Está bueno.
-¿Qué tal te va en la universidad, cariño? -la abuela se sienta en el
sillón, junto a mí- ¿Has hecho nuevos amigos?
229
Sonia Hernández
-Bien. Bueno, todo es tan… diferente. He conocido a un montón de
gente.
La nostalgia parece querer inundarme en un momento. Y aunque no
deseo hacerlo, el subconsciente me envía varias imágenes de momentos
vividos junto a Mark. Las Navidades consiguen ponerme tan sentimental…
-Bueno, seguro que te has enamorado ya…
-Vamos mamá -mi padre la mira implorando una tregua, no quiere
escuchar la respuesta-. Lanna es joven todavía para enamorarse. Además,
ahora tiene que centrarse en sus estudios.
Decido sonreír para no tener que contestar a esa pregunta, ya que no
estoy segura de conocer la respuesta.
-Yo creo que está enamorada. Sus ojos lo dicen, mira, mira cómo brillan.
-Es el reflejo del fuego, abuela.
Ella me mira con complicidad, pero parece dispuesta a investigar
hasta conseguir lo que desea escuchar.
-Si Lea se ha enamorado, seguro que tú también.
-¿Lea se ha enamorado? -mi padre me mira sorprendido mientras se
sirve vino y me ofrece un poco más.
-¿Cómo sabéis eso? -le tiendo mi copa.
-Lo ha dicho ella misma -anuncia Eric entrando por la puerta-. Está
orgullosa de ello. Me lo ha dicho su hermana esta mañana. Parece que en
su casa ya es oficial.
Sonrío divertida. Entiendo que Lea se lo está tomando en serio de veras.
-Bueno, Greiff es un buen tipo, desde luego.
-¿Y tú qué, hermanita? -mi hermano se sienta en la alfombra junto a
mí y me quita la copa de la mano.
-Yo nada.
-Ya -concluyen mi hermano y la abuela al unísono, aunque parece que
ninguno de los dos está de acuerdo con mi respuesta.
Navidad. Hora de comer. Después de haber conseguido sobrevivir a
una cena con mi madre y su novio me toca intentarlo ahora con mi padre.
La asistenta ha preparado una mesa impoluta para tres y mi hermana
ha vuelto a llegar tarde, como siempre. Nos miramos en silencio. Anna
sonríe, aunque tampoco está cómoda. Y cada año igual.
230
Nunca quise hacerte daño
-Pensaba que te quedarías estudiando en la residencia -intenta romper
el hielo mi padre.
-Bueno -toso-, las cosas van bastante bien y he podido tomarme algún
día libre.
-Al final no salió bien la prueba para el equipo de natación -miro a mi
padre, molesto. ¿A qué viene ahora esto? ¿Es que no podemos comer y
ya?-. No te preocupes, hijo. Puedo pagar el curso, las cosas en la editorial
van muy bien. Tú dedícate a estudiar y no te preocupes por nada más.
Piensa que es el último año y debes esforzarte. Ya no te queda nada para
terminar la carrera. Supongo que tendrás ganas.
-No te imaginas cuántas.
Y no estoy seguro del motivo. Si es por los años que he invertido para
hacerla o por los últimos acontecimientos.
-¿Y qué tal está La…? -mi hermana sonríe.
-Bien -decido cortarle sin pensarlo-, todo bien, igual que tú, supongo.
Me mira y vuelve a sonreír, firmando con ello una tregua entre nosotros.
-Bueno chicos, esto es para vosotros.
Mi padre coloca junto a nuestros platos dos pequeñas cajitas de regalo. Mi hermana da palmaditas provocadas por la emoción y abre la suya
sin esperarme. Es una pulsera repleta de cristales que brilla como el sol.
-¡Papá! Es preciosa… -se la coloca en la fina muñeca y pide a mi padre
que se la cierre para luego abrazarle, feliz.
-Vamos Mark, abre el tuyo -me invita cuando mi hermana regresa a
su silla.
Asiento y cojo la pequeña caja entre mis manos. Me tomo mi tiempo
para abrirla.
-Es un abono para toda la temporada. Anna me dijo que habías ido
un fin de semana.
Veo el logotipo de la estación de esquí en la tarjeta de plástico. Mi
padre se ha dejado una fortuna entre nuestros regalos y yo me siento
vacío al ver el mío.
-Muchas gracias, papá. No era necesario… -no quito ojo a mi abono,
aunque no sienta ganas de volver a la nieve.
-Así podrás ir siempre que quieras sin tener que preocuparte de pagar.
231
Sonia Hernández
Te coges el tren y estás en el apartamento en nada.
Sonrío y me tranquiliza ver que mi padre no se está dando cuenta de nada.
-Ten papá. Tu regalo.
Anna aparece de la nada con un paquete cuadrado y mi padre se
sorprende por ello. Es una funda de piel para su ordenador portátil.
-¡Vaya! Es genial para ir al trabajo… -parece satisfecho con su regalo.
-Es de parte de los dos, ya sabes, somos universitarios con una economía maltrecha -Anna me mira seria. Sabe que he olvidado comprar el
regalo de mi padre y parece molesta, aunque me tranquiliza comprobar
que no vaya a montar un espectáculo delante de él.
-Muchas gracias, hijos.
-Vamos Lanna, que estamos a lo que estamos.
-Es un momento, papá.
Salgo del salón y me refugio en la cocina para poder hablar con algo
de tranquilidad.
-Feliz Navidad. Te echo de menos.
-Feliz Navidad para ti también, Loan. ¿Cómo va todo?
-Bien, estamos toda la familia abriendo regalos, ya sabes. Tengo
muchas ganas de volver a verte. ¿Cuándo vuelves?
-No estoy segura. Quizá me quede unos días más, me apetece disfrutar de la familia.
-Greiff me ha dicho que Lea y él volverán para fin de año, quizá yo
también lo haga, ¿te animas? -un largo silencio da la respuesta por mí- No
te preocupes, nos veremos unos días más tarde. ¿Va todo bien, Lanna?
-Sí, claro. No entiendo por qué tendría que ir mal.
-No sé, te noto rara, triste.
-Todo va bien, de verdad. Nos vemos en unos días.
-Ya tengo ganas.
-Claro.
Y cuelgo.
Tomo aire en varias ocasiones antes de regresar junto a mi familia y
los encuentro esperándome con impaciencia. Eric y mi padre continúan
sentados en el suelo mientras mi madre sujeta su cámara de fotos y la
abuela contempla la escena desde su sillón.
232
Nunca quise hacerte daño
-Ya estoy aquí. Se abre la veda.
-¡Por fin!
Eric arranca con prisa el papel de su regalo y no duda en ponerse su
casco nuevo para ver qué tal le sienta.
-¿Te gusta? Ha sido idea de tu hermana… -mi madre habla mientras
comienza su sesión fotográfica.
-Aunque con la cabeza dura que tienes no te hace falta -papá golpea
el casco y desde dentro sale la risa hueca de mi hermano.
-Ten papá, éste es para ti, de parte de los dos -Eric me señala tendiéndole su regalo.
-¿Pero qué es esto…? Es enorme… -lo abre con intriga y sonríe al
descubrir una nueva bolsa para sus palos de golf-. Mira cielo, voy a ser la
envidia del club este domingo.
Mi madre nos sonríe satisfecha y abre su regalo. Es un bolso que
hemos comprado entre todos. Se lo prueba y parece gustarle.
-Ten abuela, éste es tuyo -coloco en su regazo un paquete blandito y
ella me sonríe con ternura.
Mi madre deja de hacer fotos y mira por la ventana para evitar que sus
lágrimas sean descubiertas cuando la abuela intenta abrir el regalo, sin
éxito. Sus dedos tiemblan demasiado.
-Deja que te ayude -tomo sus dedos entre los míos y rompo con ella
el papel-. Sabes, dicen que da buena suerte romperlo -ella sonríe y agradece que la ayude.
-¡Oh, cielos! Es un abrigo precioso… -alza la prenda en el aire y todos
sentimos un nudo en el estómago cuando comprobamos que tiembla por
la emoción.
-Es para que salgas a pasear, ¿qué te parece? -intento disimular la
turbación.
Ella nos mira feliz, pero parece incapaz de responder a tan sencilla
pregunta.
-Ahora tú, Lanna -mamá me mira sonriendo de nuevo-. Ten tu regalo.
Lo abro sin demasiado problema y sonrío.
-Es un abrigo. Allí hace mucho frío, ¿verdad? Lo he comprado un
poco deportivo por si volvéis a ir a esquiar.
233
Sonia Hernández
Miro de nuevo a mamá y asiento. No me siento con fuerzas para
sonreír ante su idea.
-Así puedes venir a pasear conmigo -miro a la abuela y me acerco a
ella para besarla con suavidad.
-Claro que sí, abuela, claro que sí.
-Para que no tenga que ser Navidad para volver a vernos -mi padre
alza su copa, esperándonos.
-¡Brindo por ello! -Anna está feliz.
Y los tres cristales chocan en el aire, aunque no todos con la misma
alegría.
-Si me disculpáis… -el teléfono está sonando y mi padre se levanta
para hablar desde la terraza. Anna me mira inquiriendo una explicación.
Decido cobijarme tras la copa.
-¿Qué? -gruño al fin, algo molesto incluso por su presencia.
-Que qué te pasa -cruza los brazos.
-A mí nada, ¿debería pasarme algo?
-Vamos Mark. Has olvidado comprar los regalos de Navidad. A mí
me da igual, pero papá… y eso por no hablar de la cara que has traído.
No te he visto sonreír desde que he llegado. ¿Qué te ocurre? ¿Problemas
en la universidad?
-Déjalo Anna, no merece la pena.
-Si ya sé que no merece la pena. Pero me duele que vengas hasta aquí
para no ser capaz de transmitir un poco de felicidad por ver a papá. ¿No
te das cuenta de que está solo? Que está deseando vernos y tú vienes así,
con las manos vacías, con la sonrisa vacía. No seas egoísta, tío.
Clavo mi mirada en la mesa, consciente de que Anna está en lo
cierto. Y me avergüenzo de mi comportamiento.
-¿Es por Lanna?
No soy capaz de mirarle a los ojos, con lo que me descubro ante mi
hermana.
-Lanna y yo ya no estamos juntos -doy pequeños puñetazos de pura
rabia sobre el mantel.
-Se os veía bien. Y ella era una chica estupenda. ¿Qué ha ocurrido?- tomo aire antes de contestar.
234
Nunca quise hacerte daño
-Nada. Pero no podía ser, supongo.
-Nada no puede ser, Markito. No lo olvides.
-Chicos, tengo que salir un momento al trabajo. Disculpadme, no
tardo.
Mi padre sale de casa con prisa y decido aprovechar este contratiempo.
-Yo me marcho también, Anna. Necesito tomar el aire. Ten, esto es
para ti. En realidad no me había olvidado.
Saco del bolsillo un pequeño paquete bastante arrugado y lo dejo
sobre la mesa antes de salir por la puerta, sin decir nada más.
235
Sonia Hernández
-Tenía tantas ganas de verte… -Loan me abraza con fuerza y besa mi
cabello. Sonrío- Estas dos semanas se me han hecho muy cuesta arriba…
-No digas eso, has vuelto a ver a tus padres… a mí me han venido
muy bien.
-Vale, estoy de acuerdo con eso, Lanna, pero me refiero a que te he
echado de menos.
-Ah, eso…
-Lanna, la mujer de piedra -Loan parece molesto conmigo y me da la
espalda intencionadamente-. ¿Es que no sabes decir cosas agradables o,
al menos, agradecer a quien te las dice?
-Vamos Loan, no te pongas así. Ha sido sin querer -no tengo
demasiadas ganas de discutir ahora, pero tampoco quiero que se enfade conmigo por un comportamiento involuntario.- Yo también tenía
ganas de verte.
Vuelve a mirarme a los ojos intentando retener la sonrisa que quiere
escapar de sus labios.
-Siento ser a veces tan fría. Es sólo que… no puedo evitarlo.
236
Nunca quise hacerte daño
Parece decepcionado con esta confesión que me sorprende a mí misma.
-¿Estás enamorada?
Vuelve a hacerse un silencio entre nosotros, de esos que últimamente
se repiten con demasiada frecuencia, a mi parecer.
No quiero ofenderle pero tampoco mentirle.
-Es demasiado pronto. No hemos pasado suficiente tiempo juntos.
Sonríe con suficiencia.
-No me refiero a mí, sino a él.
-No sé a qué te refieres -pero sí que lo sé, aunque no estoy segura de
la respuesta. Y tampoco de querer hablar de ello, claro.
-Hablo de Mark, y lo sabes. Creo que tu comportamiento se debe a
que no le has olvidado. Y no quiero ser un segundo plato.
Suspiro desalentada. Desde luego, este no era el recibimiento que
esperaba por parte de Loan, pero en cierto modo veo lógica esta conversación que, antes o después, tenía que llegar.
¿Pero cómo decirle que cada día despierto pensando en él y consigo
dormirme con su imagen en mi mente? Si al mismo tiempo no quiero
volver a cruzármelo siquiera.
-Necesito algo de tiempo todavía, Loan. Quiero estar contigo, pero
dame una tregua. No puedo controlar todos mis sentimientos.
-Está bien…
Pero él no está bien después de esta confesión. Sin embargo, siento
que me he quitado un peso de encima al sacarlo y escucharlo de mis
propias palabras.
-¡Loan! -él ya ha comenzado a caminar para marcharse y creo que no
quiero que lo haga. Qué contrariedad- Espera…
Me acerco a él y le abrazo. Parece costarle un segundo pero finalmente se rinde y siento sus brazos alrededor de mi cintura. Vuelve a tiritar.
-Quiero estar contigo -susurro muy cerca de sus labios-. Pero despacio.
Y me pongo de puntillas para poder besarle con suavidad, sin prisa.
Siento sus labios rozar los míos y mi cuerpo se estremece ante este sentimiento que parece querer florecer en mi interior.
237
Sonia Hernández
Me miro en el espejo del ascensor. Menuda cara. Al final he termi-
nado las vacaciones de Navidad esquiando con Anna y mi padre. Y, francamente, ha estado muy bien. Aunque volver al apartamento y recordar
lo vivido con Lanna no ha sido fácil. Me ha gustado que Anna me diera
algo de tregua durante el viaje. Los días se han hecho cortos y las noches
eternas sentado en mi cama intentando apartar de mí los fotogramas de
lo que recuerdo como una película vivida sólo unas semanas atrás.
Abro la puerta del ascensor cuando se detiene en mi planta. Me siento
cansado y tengo ganas de llegar al dormitorio para poder dormir de un
tirón toda la noche de una maldita vez. Pero parece que mi regreso a la
residencia no va a ser tan tranquilo como yo esperaba.
¡Una pausa, por favor! Sólo pido una pausa.
Pero allí está, frente a su puerta, y la mía, besando a Rostro Pálido. Y
él, claro, se deja hacer.
Continúo caminando como si no hubiera nadie allí. El asa de la maleta resbala en mi abrigo, así que de un movimiento rápido la coloco de
nuevo, sin dejar de caminar. Estoy casi a su altura cuando Loan se da la
vuelta para marcharse. Ella queda inmóvil mientras lo observa alejarse.
Sonríe y parece feliz.
Tiro la maleta al suelo frente a mi puerta mientras busco la llave en los
bolsillos. Mierda, tenía que perderla justo ahora. Mientras tanto, Lanna
abre su puerta y empuja con dificultad una enorme maleta con ruedas al
interior. Sé que no puede con ella pero no estoy dispuesto a ayudarla. No
quiero hablarle siquiera.
Al final consigue meterla en el dormitorio de una patada digna de un
jugador de fútbol. Ya puedo escuchar los saludos de Zara deseando un
feliz año bla, bla, bla. Decido hacer algo que a mi madre le avergonzaría
de mí, pero que ni siquiera soy capaz de controlar.
-¡Zara! -la cabeza de Mark asoma tras la puerta mientras intento
colocar mi maleta sobre la cama. Ella da un respingo y se acerca a él para
abrazarle con alegría.
-¡Mark, feliz año! Sólo me faltabas tú. Has venido muy tarde.
-Sí, al final he retrasado las vacaciones un poco más.
238
Nunca quise hacerte daño
-¿Dónde has estado? Si estás moreno y todo…
Abro la cremallera de la maleta sin prisa y dejo caer la tapa sobre la
cama para intentar continuar con mis cosas sin prestarle la más mínima
atención. Pero una parte de mí no puede resistirse a escuchar lo que
hablan entre ellos mientras ignoran mi presencia. Y estoy segura de que
él lo sabe, así que miro de reojo creyendo no ser vista.
-Hemos ido a esquiar, mira la marca -Mark le muestra una evidente
marca de gafas en su rostro.
Y yo no puedo evitar mirarle, consciente de que él lo sabe. Viste la
misma cazadora que cuando fuimos juntos. Pero ahora no quiero pensar
en eso, al igual que no quiero pensar en lo guapo que está así, con su cazadora de nieve y la marca de sus enormes gafas. Decido continuar a lo mío.
-¿Has ido con Ivanna? -Zara mira descaradamente a Lanna y, por un
momento, creo que somos cómplices en este acto tan ruin que estoy
cometiendo. Sonrío.
-No, he ido con mi hermana y mi padre. Mira lo que me ha regalado -saco mi abono y Zara alucina cuando lo ve.
-¡Es genial! Ahora podrás ir cuando quieras… menuda suerte…
-Bueno, me marcho ya, tengo ganas de llegar -hago un gesto con la
cabeza señalando mi dormitorio-. Estoy cansado.
-Nos vemos mañana entonces. Mira, Lanna también acaba de llegar…
Vuelvo a la realidad y recuerdo que Zara va por libre. Que le gusta
cambiar de bando como el viento cambia de dirección. Que ahora juega
en mi equipo y después en contra. Y acaba de pasarse al de Lanna. O
quizá ahora ella forme su propio equipo y juegue contra ambos.
Miro directamente a Mark, con el rostro completamente paralizado.
No me esperaba esto, desde luego.
Pero él continúa apoyado en el marco de la puerta con los brazos
cruzados. Parece divertido con esta situación y yo sólo quiero que se
marche de una vez. Aunque al menos me alegra que Zara me haya
mencionado y así poder desearle un buen año yo también. No quiero
empezarlo así con él.
239
Sonia Hernández
Me mira sonriendo, aunque ausente. Sonrío yo también esperando
algo que parece no llegar.
-Hola -me dice como si acabara de verme por primera vez en su vida.
Como si se tratara de una completa desconocida. Como si nada de lo
sucedido entre nosotros hubiera ocurrido, en realidad.
Estoy triste por ello. Y furiosa a la vez.
-Hola -contesto con un hilo de voz. No tengo fuerza para más,
Mark me ha vencido con esto y a la vez acaba de abrir una brecha entre
nosotros que me hace tomar una decisión que llevaré a cabo mañana
mismo. No estoy dispuesta a pasar un sólo minuto más junto a él.
Salgo del dormitorio, satisfecho. Se ha quedado de piedra. Al final
parece que el cambio de bando de Zara ha jugado a mi favor.
~•~
-Ve a comer tú, yo voy más tarde, tengo que pasarme por la tutoría
un momento.
-¿Ocurre algo, Lanna? -Loan parece preocupado.
-No te preocupes, no es nada. Tengo que hablar con el señor Thomas
por el trabajo, es sólo eso. Pero me uno a vosotros en el postre.
-¿Estarás bien?
-¡Claro! -miento antes de darle un efímero beso en los labios y esperar a verlo desaparecer en el pasillo. Es después de esto cuando vuelvo
a la clase y bajo despacio las escaleras para reunirme con el profesor,
que me espera sentado en su mesa.
-¿Qué ocurre, Muller? -no parece sorprendido por mi presencia.
-Quería hablarle sobre el trabajo en grupo… -me siento nerviosa ante él.
-¿Quería? ¿Es que ya no quiere? -me mira fijamente como si quisiera
intimidarme y lo está consiguiendo sin ser consciente de ello.
-Quisiera saber si… quiero saber si es posible cambiar de grupo.
-No.
240
Nunca quise hacerte daño
Toso en un par de ocasiones intentando buscar la forma correcta de
continuar con esto.
-¿Y hacerlo de forma individual?
-No. ¿Es que alguna vez, en el instituto, ha hecho un trabajo en parejas de forma individual? -niego con la cabeza- Pensaba que venía a hacer
una consulta seria sobre el trabajo que he propuesto. Pero estas cosas no
las consiento. Además, si no recuerdo mal, usted fue una de las personas
que se ausentó el día de la asignación de grupos, ¿no es cierto? -asiento
avergonzada- Entonces no creo que esté en condiciones de protestar por
los grupos que he decidido. Si tiene algún problema con su compañero,
lo soluciona como mejor le parezca. Pero en una semana quiero un primer boceto tanto de la parte teórica como de la práctica. No tengo más
que añadir.
-Pero…
-Buenas tardes, señorita Muller.
Vuelve a sentarse en su silla y toma una pluma dorada. La agita antes
de comenzar a escribir y lo hace ignorando mi presencia, así que recojo
la carpeta de su mesa y subo las escaleras hacia la salida, despacio, con
cierta sensación de derrota y fracaso.
-No te molestes, no hay nada que hacer.
Lanna me habla sin mirarme siquiera. Sin dejar de subir las escaleras,
mientras yo quedo paralizado al verla de nuevo.
¿Cómo que no hay nada que hacer? ¿Es que hemos venido a lo
mismo? No puedo creerlo, al final parece que vamos a tener más cosas
en común de las que pensaba. Pero decido acercarme al viejo Thomas e
intentarlo a mi manera.
-Señor Thomas, buenas tardes -hablo con más amabilidad de la que
me creía capaz.
-Fisher -señala con la mano la silla libre junto a su mesa sin mirarme
siquiera-. Pero le advierto que si viene a lo mismo que su compañera,
puede ahorrarse la molestia.
Lo sopeso un momento y decido dejar escapar un vale, para darme la
vuelta después. Subo las escaleras de dos en dos, tengo ganas de salir del
aula y poner a trabajar mi cabeza para buscar una solución. Un plan B.
Algo.
241
Sonia Hernández
Pero me sorprende ver que Lanna me está esperando en el pasillo sentada en uno de los bancos con sus piernas cruzadas. Ojea algunos folios
repletos de apuntes impolutos hasta que me ve aparecer y me mira seria.
-Tenías razón, nada -dejo caer los brazos a modo de fracaso. Ella
toma aire antes de comenzar a hablar.
-Está claro que ni tú quieres hacer el trabajo conmigo ni yo contigome sorprende escuchar esto y me duele oírlo de sus labios-. He pensado
que yo puedo hacer la parte práctica y tú la teórica. Hay tiempo para presentar el boceto la semana que viene. Si te parece bien…
Por fin deja a un lado sus estúpidos apuntes y me mira a los ojos. Y
comprendo que lo que acaba de decir no es fruto de la rabia o el despecho, sino simplemente lo que siente en este momento.
Me siento derrotado ante ella, ante la situación, y decido asentir.
-Si no te importa, prefiero hacer la parte práctica.
-Claro -recoge sus cosas y se marcha sin despedirse siquiera. Sin un
adiós, sin un nos vemos. Nada.
La observo alejarse por el pasillo desierto y parece que con ella se lleva
algo de dentro de mí. Una parte de mí se va con ella y nace algo que
deseo no permanezca en mí demasiado tiempo. El deseo de no pasar un
segundo más a su lado.
~•~
Tres metros y quince estaciones. Y cuatro mensajes de texto en mi
teléfono móvil. No está mal. Prefiero no mirar el reloj para comprobar el
tiempo que he invertido en el trayecto. Al menos, Loan no se ha molestado porque haya rechazado la invitación para ver una película en su casa
con Greiff y Lea. Ha entendido que quiera adelantar el trabajo de
Derecho Romano.
Sé que esta biblioteca tiene fama. Es bastante más grande que la de la
facultad. Estoy segura de que encontraré la información que necesito.
-¿Querrá tomar prestado algún ejemplar? Si es así deberé tomarle
unos datos.
242
Nunca quise hacerte daño
Miro a la bibliotecaria. ¿Por qué todas las bibliotecarias que se cruzan
en mi camino llevan esas minúsculas gafas redondas, moño, y camisa
blanca de enorme cuello? Sonrío.
-No gracias, creo que tomaré apuntes y sacaré algunas fotocopias.
-En ese caso, la fotocopiadora está en la segunda planta. No tiene
pérdida.
-Gracias -sonrío antes de comenzar a caminar en dirección a la
enorme sala repleta de mesas. Quedo paralizada en mi silla observando el lugar antes de abrir el cuaderno. Libros por todas partes. Una
suave iluminación invita a la concentración. No hay demasiada gente.
Comienzo mi peculiar paseo por la sala, leyendo los lomos de los
libros que duermen en las estanterías. No tardo en decidirme por alguno.
-Derecho… página…
Por fin, un poco de tranquilidad. Aparco en uno de los sitios libres
y me tomo mi tiempo antes de adentrarme en el enorme edificio. Sólo
necesito un poco de concentración. Y un poco de soledad también.
Apartarme por una tarde de Giulio y sus locuras, de Ivanna y sus cosas
de niña, de Lanna y sus malas caras… Sí, eso es lo que necesito y creo
que aquí lo voy a encontrar. Estoy dispuesto a venir cada día si es necesario, pese a estar bastante lejos de la residencia. Si de este modo consigo terminar el dichoso trabajo de Derecho Romano, lo haré.
Entro en la biblioteca y saludo a la bibliotecaria, una entrañable mujer
de mediana edad que me mira por encima de sus gafitas.
-Buenas tardes -me saluda con una sonrisa sincera y espera, una vez
más, un gesto con la cabeza a modo de respuesta que no le niego.
-Quisiera comprobar si mi tarjeta sigue siendo válida -me recuesto
sobre el mostrador de madera para acercarme a ella y poder hablarle en
un susurro-. Hace tiempo que no vengo y…
-Veamos, necesitaré que me la dejes un momento -continúa con su
sonrisa.
-La he olvidado -miento a sabiendas que hace tiempo la extravié.
-Entonces... -comienza a teclear con suavidad volviendo a mirar por
encima de sus gafas. Sonrío-. Dime nombre y apellido.
243
Sonia Hernández
-Fisher, Mark Fisher.
-Aquí estás. Sí que hace tiempo que no tomas prestado nada... -sonríe
con picardía-. Está bien, ten, este es el número; es suficiente para poder
sacar libros.
-Gracias -le guiño un ojo y me adentro en la biblioteca con ganas de
comenzar a buscar información.
Dejo
que la suave música pase por mi cerebro sin detenerse un
segundo. Me relaja mientras copio toda la información importante que
creo encontrar. Al final ha resultado una buena idea venir hasta aquí,
puesto que hay bastante más material que en la biblioteca de la facultad.
Miro mi reloj. Son las ocho. Seguro que ya ha anochecido, aunque saber
que la boca de metro está tan cerca del edificio me tranquiliza, ya que no
me gusta demasiado salir sola por la ciudad cuando se hace tarde. En fin,
quizá debiera dejar de hacer caso a los consejos de mi madre… Sea como
sea, me quedaré un rato más.
¡Claro que ha sido buena idea, Mark! Todavía no entiendo cómo has
podido dejar de venir aquí. En poco tiempo consigo bastante información para poder realizar mi parte del trabajo. Lo leeré con más tranquilidad y será fácil. Un poco de aquí y un poco de allá y el trabajo estará finiquitado en un momento. Y con ello me quitaré de encima a Lanna.
“¡Hola, hola! ¿Dónde andas? Pensaba que igual podríamos hacer algo… bueno,
me dices, ¿vale? TEDM. Ivanna.”
Siento que me sonrojo cuando noto vibrar mi teléfono sobre la mesa.
Y no es eso lo que me hace sonrojar, sino el ruido que ha hecho en la
sala. Un par de personas me han mirado con mala cara. Pero me da igual.
Leo el mensaje a sabiendas de que mi universo se desquebraja con
cada palabra. Tendría que haber esperado a salir de aquí para mirarlo y así
no habría desconcentración posible… Leo un par de veces el mensaje.
Pero mi cerebro masculino no es capaz de entender las siglas que lo terminan. TEDM. ¿Se puede saber qué coño significa eso? Quizá “tengo
envidia de Mark”, sonrío. O “tú eres de Marte”. Esa me gusta. Comienzo
a garabatear en mi cuaderno intentando disimular la gracia que me hacen
244
Nunca quise hacerte daño
mis propias conjeturas. “Trae ese Donut, mamá”. ¡Esa me gusta también!
“Estoy en la biblioteca. Saldré tarde, tengo trabajo. Si acabo pronto te aviso. ¿Qué
significa TEDM?”
Coloco el teléfono sobre mis piernas y activo el modo silencioso para
no volver a molestar a la poca gente que queda en la sala. En menos de
un minuto vuelvo a sentir vibrar el aparato con la respuesta al enigma
planteado por Ivanna.
“¿De verdad no sabes lo que significa? Te Echo De Menos. ¡Creo que me he sonrojado y todo! Después de esto tan bonito, espero verte luego.”
“Claro.”
Y guardo el aparato en mi mochila. No tengo ganas de seguir
enviando ni recibiendo mensajes esta tarde. Me había propuesto olvidarme del mundo y parece que hoy no va a ser el día. En fin, haré algunas fotocopias y volveré a la residencia. La tarde está bastante mal
como para volver en moto de noche.
-Creo que me llevaré este -poso el libro sobre el mostrador y le tiendo el papel que la bibliotecaria entrañable me ha dado al entrar. Ella
teclea mi número de socio y apunta el código desgastado que intenta
sobrevivir al paso de los años en el lomo del libro.
-Tienes una semana para devolverlo, así que espero verte pronto por aquí.
-Lo traeré dentro del plazo, muchas gracias.
Comienzo a caminar mientras intento guardar el libro en la mochila
sin estropearlo, algo que parece imposible teniendo en cuenta el desorden. Me detengo un segundo en la puerta de la biblioteca mientras la sostengo con mi hombro. Parece que el libro está a buen recaudo en uno de
los bolsillos interiores, así que cierro la cremallera rasgando algún folio
repleto de apuntes. Suelto la puerta y me decido a salir.
-¡Ay!
-Perdón -me giro de inmediato para excusarme. Parece que alguien
estaba saliendo del edificio cuando he soltado la enorme puerta de cristal-. Joder…
Dejo caer la puerta, harto de tanto encuentro casual.
-¿Te has hecho daño? -me intereso sin cambiar el gesto cansado de mi
rostro.
-No, gracias.
245
Sonia Hernández
Continúo caminando directa a la boca del metro. No quiero mirarle
siquiera. No esperaba encontrármelo aquí y me molesta que haya sido así,
después de haber tardado tanto en llegar. Quiero alejarme de él lo antes
posible, así que comienzo a caminar con dificultad por la acera repleta de
nieve.
-Lanna espera -cierro los ojos al escuchar mi nombre de sus labios-.
Espera un momento.
Siento que su mano sostiene con fuerza mi antebrazo y un escalofrío
que no está provocado por la baja temperatura recorre mi cuerpo.
-No es necesario que vengas hasta aquí. Puedes ir a la biblioteca de la
facultad, yo seré quien venga. Es más fácil para mí llegar hasta aquí que
para ti. Si tú vas a la de la universidad y yo sigo viniendo a esta, no nos
cruzaremos.
-Vaya, qué considerado.
Me mira con desprecio, pese a que le hablo con sinceridad.
-¿Qué te hace pensar que vengo hasta aquí por ti?
-Vamos Lanna, no soy tonto. Los dos hemos venido hasta aquí por lo
mismo. No tengo ninguna intención de discutir contigo, así que no vengas más por aquí y yo no iré a la de la facultad.
-Está bien. Gracias por las molestias.
Comienza a caminar sobre la nieve con dificultad. La observo alejarse en la oscuridad.
-Deja que te acerque, es tarde -me arrepiento al segundo de mi oferta
ya que ella se limita a fulminarme con la mirada.
Tú te lo pierdes. Vete en metro y tarda una hora en llegar, que yo en
nada estoy en casa. O dile a tu novio que venga a buscarte y te lleve en
brazos. Me da igual lo que hagas, niña. Hace sólo unas semanas eras mi
princesa y ahora sólo eres la bruja mala del cuento.
-¡Eh, a dónde vas tan sola…!
Tres tipos pasan a mi lado corriendo y uno de ellos no duda en dar
un manotazo a mi carpeta, dejándola caer sobre la nieve. Todos mis
apuntes se extienden en el níveo suelo. Mientras tanto, el otro me ha
manoseado el cabello sin detenerse siquiera. El tercero se ha limitado a
reírse sin detenerse tampoco.
246
Nunca quise hacerte daño
Y yo me he quedado paralizada. Quizá por el miedo. Bueno, seguro
que ha sido el miedo que me ha producido este grupo. Y mientras tanto
él no ha hecho nada. Nada. Se ha quedado sobre su estúpida moto observando la escena. De brazos cruzados. Estoy segura de que Loan me
hubiera defendido. Maldito patán.
¿Qué ha pasado? En un momento veo a Lanna recogiendo sus cosas
del suelo mientras tres bastardos corren riéndose de ella. ¿Cómo es posible que no me haya dado cuenta? Corro hacia ella y me arrodillo a su lado
para ayudarle a recoger sus apuntes. Los observo un momento. Están
completamente mojados. Su perfecta letra redonda se deforma por la
humedad.
-¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? -ni siquiera me mira. Termina de recoger sus papeles y me arranca de las manos los que yo he recolectado. Los
guarda completamente arrugados en su carpeta.
-Déjalo. Déjame. Estoy bien.
-Lanna… -ella comienza a alejarse y puedo ver que está tiritando. La
sigo con prisa y la retengo sujetando su hombro con decisión- Deja que
te lleve.
Idiota. Eres un idiota. Déjame en paz, no quiero volver a verte nunca
más. Y no quiero que las lágrimas que quieren rebosar de mis ojos lo
hagan en tu presencia. No te lo mereces. No mereces que pierda un sólo
segundo más pensando en ti. Podrían haberme hecho daño y no has querido hacer nada por mí. Déjame, por favor. No vuelvas a acercarte a mí.
Por favor…
-Déjalo Mark, por favor. Déjalo ya. Prefiero ir sola.
-¿Pero estás bien? -su mirada está clavada en mí, parece preocupado.
-Sí. Estoy bien. No te preocupes ya por mí.
Y se marcha corriendo para desaparecer en la estación. Llorando.
¿Por mí o por lo sucedido con esos tres? No podría soportar verla llorar
por mi culpa, sin embargo, algo me dice que tengo mucho que ver en eso.
Prefiero no pensarlo y arranco mi moto para salir de allí pitando.
247
Sonia Hernández
-¡Vaya! No contaba contigo a estas horas.
-¿Puedo pasar?
He perdido algo de tiempo antes de subir a casa de Loan para que se
me pasara lo sucedido en la puerta de la biblioteca y cuando he sentido
que estaba más calmada he llamado al timbre. Pero ahora que lo veo ante
mí, vuelvo a sentir ese nudo en el estómago que precede a las lágrimas.
Pero no voy a llorar. No más.
-¡Chicos, mirad quién ha venido!
Lea y Greiff me saludan desde el sofá. Mi mejor amiga sostiene un
enorme bol repleto de palomitas. Me acerco a ellos y les saludo con un
beso a cada uno.
-Te hacía en la biblioteca -Greiff coge un enorme puñado de palomitas del bol de Lea.
-Se me ha hecho un poco tarde y me he acordado de lo de la peli.
-¡Claro! Coge sitio anda, que no hemos empezado.
Lea me invita a acompañarles con la confianza que llevar meses
saliendo con Greiff le concede, así que tomo asiento en el sofá, procu248
Nunca quise hacerte daño
rando cierta distancia con ellos. Loan prepara el reproductor y se sienta
entre Greiff y yo con una sonrisa que ocupa casi todo su rostro.
Comienzan a sucederse las imágenes en la oscuridad del enorme
salón. Una familia de padres separados que no se llevan bien. Tienen dos
hijos. Él parece un escritor fracasado. Poco a poco la trama se va complicando hasta desembocar en otro fin del mundo anunciado. Otro más.
Estiro mis piernas en el sofá y Loan me invita a descalzarme, lo que
hago sin rechistar, puesto que mis botas están mojadas a causa de la nieve.
Miro a Lea y Greiff, que no paran de besarse creyéndose cobijados
por la oscuridad. Loan no parece demasiado cómodo con esta actitud.
-Menos mal que has venido -susurra al fin. Sonrío.
-¿Es verdad eso de que los mayas lo predijeron?
-¿El qué? -Loan responde a Lea confundido por la repentina pregunta.
-Pues el fin del mundo. Mira que si estamos a punto de llegar al final.
Si dentro de poco tiempo… ¡plas! -da una palmada al aire que consigue
sobresaltarnos- Todos muertos.
-Joder Lea, no digas esas cosas, que no me gustan nada -Greiff tira al
bol incluso las palomitas que sostenía en sus manos. Parece irritado.
-¿Qué? ¿Y si estamos ante el fin del mundo tal como lo conocemos?
Quizá sea cierto que se esté construyendo algún tipo de arca que nos
cobije mientras duren las inundaciones que se pueden avecinar.
Loan les mira y se ríe mientras yo continúo intentando seguir la trama
de la película, que a estas alturas tiene a medio reparto peleando por subir
a unas inmensas arcas que les salvará del inminente final.
-Lea, déjalo ya -implora Greiff.
-No os preocupéis tanto -anuncio serena. Loan me mira sorprendido-.
Lo que los mayas predijeron no es el final del mundo, sino el final de su
calendario. Pero eso no quiere decir que se termine el mundo como tal.
Simplemente debería comenzar otra era maya. Más bien hablan de varios
días de oscuridad producidos por eclipses totales. El problema entonces
vendría de la mano de los animales y plantas, ya sabéis…
Les miro serena y me divierte ver que los tres me miran con atención.
Pero es evidente que no saben muy bien a qué me refiero. Prefiero dejarlo aquí, no tengo demasiadas ganas de dar una conferencia sobre la civilización maya.
249
Sonia Hernández
-Bueno, sea como sea, algo va a cambiar, ¿no? Prefiero no saberlo. Así
que mejor me marcho a la cama, ya no quiero ver el final de la película.
Ojos que no ven…
-Vamos Greiff -le tranquilizo-. Al final conseguirán un pasaje para el
arca, o se colarán por alguna rendija para salvarse. Es el final tipo para
esta clase de películas. Toda la familia se salva. Por supuesto, los padres
volverán a estar juntos también.
-Qué predecible, ¿no? -Loan sonríe al decir esto y una mueca en mi
cara muestra mi acuerdo.
Greiff asiente y propina un cachete en la pierna de Lea, que se levanta de un respingo para seguirle al dormitorio. Nos sonríe y se despide
meneando en el aire su mano para desaparecer tras su novio dejándonos
a oscuras ante el fin del mundo.
Doy un portazo tras de mí y tiro la mochila sobre la mesa, lo que
provoca un ruido sordo. Estoy cansado. Sé que debería continuar con el
trabajo, pero el nivel de saturación que he alcanzado no me lo permite.
Al menos por hoy.
Varios golpecitos nerviosos en mi puerta me sobresaltan. Alzo la vista
al infinito implorando que no sea ningún residente en apuros. Esta noche
no, por favor.
-¡Hola! Pensaba que me llamarías…
Ivanna espera apoyada en el marco de la puerta. Sonríe y veo sus gruesos labios brillar en la penumbra del pasillo.
-Acabo de llegar… esto… -me rasco la cabeza intentando pensar
algo, pero ella es mucho más rápida que yo.
-¿Puedo pasar…? -muerde su labio inferior y yo meneo la cabeza para
invitarle. Cierro la puerta tras ella- ¿Te encuentras bien?
-Estoy un poco cansado, sólo es eso -Ivanna está sentada en mi cama,
con las manos sobre sus piernas-. Llevo toda la tarde en la biblioteca.
-Pobrecito… ven, te daré un masaje, te vendrá bien -toma mi mano y
me siento en la cama. Ella, de rodillas sobre la colcha, comienza a mover
con fuerza los dedos sobre mis hombros. Me dejo hacer.
-Mmm… esto es vida… -ahora los movimientos son más lentos y
suaves. Cierro los ojos y creo notar que ella se ha acercado más a mí.
Siento su cabello rozar mi mejilla, pero intento disimularlo.
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Nunca quise hacerte daño
-¿Estás mejor? -susurra muy cerca de mi rostro.
-No -miento-. Creo que necesito una hora más de masaje…
Ella sonríe y se acerca más a mí. Sus rodillas junto a mi cadera. Su
pecho en mi espalda. Giro mi cuerpo despacio y la miro un momento.
Ella me espera impaciente, con una sonrisa nerviosa dibujada en su rostro. Me acerco y comienzo a besar sus labios, que saben a fresa. Sus
manos están ahora bajo mi camiseta y un escalofrío recorre mi cuerpo.
Quizá yo también esté algo nervioso.
Por fin termina la película.
-¿Ves? Tal y como te dije.
-Tenías razón- asiente Loan divertido-. Tú sí que eres buena prediciendo, los mayas a tu lado, aficionados.
Sonrío de nuevo.
-Bueno, creo que debería marcharme ya. La película ha terminado y
no parece que Lea tenga prisa por irse.
-Lea dormirá aquí esta noche… también.
Asiento. No lo había pensado, pero tiene lógica.
-Está bien, si mi compañera de viaje se queda aquí alojada, me marcharé ya.
Me levanto del sofá e intento meter los pies en cada bota sin ayuda de
las manos. Misión imposible.
-¡De eso nada! -Loan me agarra de la cintura y me tira en el sofá, encima suyo. Su sonrisa está esperándome cuando nuestras miradas se cruzan
en la noche-. Todavía es pronto…
Comenzamos a besarnos despacio. Mis dedos se pierden en el cabello revuelto de su nuca. Sus manos recorren mis piernas con timidez.
Vuelvo a sentirle tiritar pero él no se avergüenza por ello. Simplemente
sonríe cuando nuestras miradas se encuentran.
Acaricia mi rostro mientras sonríe y volvemos a besarnos despacio.
Intento mantener mi mente en blanco, pero cuando caigo en la cuenta de
que llevo la misma falda que la noche del parque me siento triste. Los
momentos vividos con Mark comienzan a pasar por mi mente como si
de una película se tratara. Y no quiero volver a verlo ni siquiera en mis
251
Sonia Hernández
recuerdos. Ojalá mi cerebro borrara cada momento junto a él. Quiero
que lo mío con Loan funcione de una vez y no quiero que su nombre
vuelva a sonar. Quiero poder dedicarle todo el tiempo, sin recuerdos, sin
melancolía. Necesito volver a empezar de nuevo y que él no tenga nada
que ver conmigo.
Entonces siento que la mano de Loan ha traspasado la barrera imaginaria de mi falda y se dirige hacia arriba con decisión. Un escalofrío recorre mi cuerpo, pero no estoy segura de que me moleste. Escucho su respiración, es acelerada. Noto que ha desabrochado el botón de mi falda y
su mano está decidida a tocarme donde únicamente Mark ha podido
estar. Pero, inconscientemente, doy un respingo y me descubro más tensa
que nunca.
-Loan -susurro abriendo los ojos-. Espera…
-¿Qué pasa? -apenas puede hablar.
-Dejémoslo aquí. Esta noche no -él me mira serio, parece molesto
ante mi petición. Y le entiendo, pero no quiero que su nombre planee
sobre nosotros esta noche-. Aquí no. Así no.
Loan apoya la cabeza en el sofá y resopla. Continúa tiritando.
-¿Es por…?
Pero me acerco a él apresuradamente y sello sus labios con un largo
beso intentando comerme ese nombre que estaba a punto de pronunciar
y que yo ni siquiera quiero escuchar.
-Quizá tengas razón. Lea y Greiff están dentro y podrían salir. O cualquiera de los chicos llegando a casa. No te preocupes, no hay prisa -me
besa-. Tenemos tiempo. Dime que al menos te quedarás a dormir.
Sonrío y asiento. Es tarde y ya no hay trenes siquiera. Y mi economía
no se puede permitir un taxi nocturno.
En unos minutos mi falda es sustituida por un pijama de cuadros tres
tallas más grande de lo que necesito.
-Ten, una manta por si tienes frío. ¿Estás segura de que no quieres
dormir en mi cama? Yo puedo dormir en el sofá.
-No es necesario, estaré bien -me cubro con las mantas y me recuesto.
El sofá resulta más cómodo de lo que parecía.
-Entonces dormiré contigo. El sofá es suficientemente grande para
los dos.
252
Nunca quise hacerte daño
Loan se tumba en el otro lado del sofá y me da un beso en los labios
antes de cerrar los ojos. Giro mi cuerpo y quedo completamente de espaldas a él. Desde mi posición puedo ver la calle y compruebo que de nuevo
está nevando. Prefiero apartar de mí los recuerdos que este fenómeno
meteorológico evoca.
Tomo a Ivanna por la cintura y la recuesto en mi cama. No paro de
besarla. La deshago de su camiseta con prisa. Necesito rapidez para no
dejar lugar al recuerdo. Yo mismo me quito la camiseta antes de tumbarme junto a ella y desabrochar el botón de su pantalón. La beso con prisa
mientras mi mano recorre su pecho, su tripa, su ombligo. Ella acaricia mi
espalda con timidez. Comienzo a descender a un ritmo vertiginoso.
-Es increíble… -susurra riendo.
-¿El qué? -mis labios continúan pegados a los suyos.
-Estar aquí, contigo, así -pongo mis ojos en blanco para evitar reír.
-Si quieres me marcho.
-No seas tonto -y agarra mi cabello para acercar mi rostro al suyo y
continuar con esto.
Ahora sí, comienzo el camino hacia mi destino. Su vaquero está completamente desabrochado y tengo espacio suficiente para actuar. Mi
mano parece cobrar vida propia.
-¡Espera!
Siento un manotazo que hace que la mano, que hasta ahora se movía
a su aire, quede completamente paralizada por el picor.
-¿Qué sucede?
-No me harás daño…
Le miro sorprendido. ¿Qué dice ahora?
-¿Daño yo? -me separo de ella para poder ver mejor su rostro- No
entiendo qué quieres decir.
-Que si me va a doler. Es que yo nunca…
Abro los ojos al máximo y me separo de ella para sentarme al borde
de la cama.
-¿Estás bien? ¿Te has enfadado porque soy virgen?
-¿Enfadado? No, no. Es sólo que… quizá no sea el momento, Ivanna.
Ni el lugar, ¿no crees? -intento disimular mi malestar.
253
Sonia Hernández
Ella mira a su alrededor antes de contestar.
-Quizá tengas razón. Aunque a mí me da igual el sitio. Yo quiero estar
contigo y punto. Es sólo que… me da miedo que me hagas daño.
¿Que le haga daño? ¿Pero quién se cree que soy? Definitivamente no,
Mark. Así no.
-Creo que es mejor que lo dejemos aquí, Ivanna. Estas cosas hay que
hacerlas bien y no así. Debes estar segura de querer hacerlo. De hecho,
ambos debemos estar seguros. Y creo que este no es el momento para
ninguno de los dos.
-Está bien. Aunque te repito que no me importa el sitio. Me gustas y
quiero estar contigo, pero entiende que me de miedo... ¿Pero no te enfadas conmigo, verdad?
-Claro que no, tonta.
Le acompaño a la puerta y le regalo un beso de lo más soso para que
se marche contenta.
Cierro la puerta despacio y dejo que mi cabeza trabaje sin controlar
un solo pensamiento.
¿Es que todas las vírgenes de esta universidad van a pasar por mi habitación? Me descubro sonriendo en la oscuridad de la noche, pero esa sonrisa no es de alegría. Ni de que el chiste me haya parecido gracioso. Me
acerco a la ventana y observo como caen copos de nieve del cielo. Y mi
mente se marcha a un lugar no muy lejano en un tiempo que no hace
demasiado que pasó. Mi sonrisa es de pura tristeza. Vuelvo a ver el video
que Lanna me envió por teléfono, ese en el que sus dedos hacen una uve
y sus labios me sonríen sólo a mí.
Joder Mark, qué has hecho. Has echado todo a perder por una tontería. Quizá no eras consciente de lo que te importaba hasta que la has perdido del todo.
Golpeo con rabia la pared en un par de ocasiones hasta que mi nudillo se tiñe de rojo. Me dejo caer hasta estar hecho un ovillo en el suelo.
Mi espalda desnuda pegada a la pared bajo la ventana en la que no para
de nevar.
Me dejo llevar y, por primera vez, lloro. Lloro como si fuera un niño
abandonado por su madre. Me siento horrorosamente solo esta noche.
254
Nunca quise hacerte daño
La angustia se apodera de mí y una enorme ansiedad comienza a invadir
mi cuerpo. Lloro sin entender bien el motivo. Parece faltarme el aire. Si
hasta hace unos días pensaba que la odiaba… y quizá sea todo lo contrario. Quizá simplemente esté enamorado de ella y me haya dado cuenta
demasiado tarde de ello.
Ya es tarde, Mark. Te han quitado el sitio. Ella te ha cambiado por
otro y debes asumirlo. Otro. Ella con otro. Ya no eres tú. La princesa ha
desparecido de tu cuento. Asúmelo.
Y en mitad de la noche dejo que mi mente me bombardee con estos
pensamientos mientras continúo llorando hasta dormirme de puro agotamiento.
255
Sonia Hernández
Han pasado varios días desde lo sucedido en casa de Loan y las cosas
parecen ir cada vez mejor. Ya apenas me cruzo con Mark y en parte creo
que él mismo lo evita, aunque yo no haya cambiado, por una sola vez,
ninguna de mis costumbres. Sigo bajando a comer a la misma hora de
siempre y ahora buscamos una mesa con cuatro sillas para comer junto a
Greiff y Loan. Hablamos de lo sucedido durante el día y lo pasamos bien.
También he retomado la relación con Lea, que últimamente estaba
bastante olvidada. Ella dice que lo mejor que nos ha podido pasar es salir
con dos amigos para pasar todo el tiempo posible juntas. Quizá tenga
razón, no estoy segura.
No paso demasiado tiempo a solas con Loan, pero no me importa. A
veces creo que yo misma lo evito, quizá me sienta más cómoda cuando
estamos con más gente. Él estaba de acuerdo conmigo en ir despacio con
esta historia y no parece importarle esto. Incluso me está ayudando bastante con el trabajo de Derecho Romano. A veces le digo que nuestros
trabajos parecerán copiados.
-¿Estás preparada?
256
Nunca quise hacerte daño
Estoy apoyada en la columna junto a la puerta del aula y él acaricia mi
mentón mientras me habla con calma. Sonrío y asiento, aunque no estoy
segura de ello.
-No te preocupes por nada, sólo revisará cómo vais con el trabajo.
Piensa que es la primera revisión, él te marcará los fallos que considere y
mañana mismo podremos empezar a trabajar sobre ellos. Sólo tienes que
estar tranquila.
Se abre la puerta y salen dos estudiantes sonriendo, parece que les ha
ido bastante bien en la revisión.
-¿Sois Lanna y Mark? -pero Loan y yo les miramos confusos- Nos ha
pedido que os digamos que ya podéis entrar.
Siento que un escalofrío recorre mi cuerpo con prisa. No estoy segura de si es producido por su nombre, porque ya tenemos que entrar a la
revisión o simplemente porque ni siquiera ha llegado todavía.
-¿Qué hago ahora? No ha venido… -miro a Loan preocupada.
-¿Cuál es el problema? Entra tú sola, si él no viene es su problema, no
es cosa tuya.
Pero el recuerdo de la última conversación con el viejo me hace ver
que quizá no sea la mejor idea. Decido no decirle nada a Loan para evitar
preocuparlo.
-Venga, entra.
-¡Espera! Allí viene.
El
pasillo está desierto, mejor. Así puedo esprintar por última vez
para llegar al aula. Ella me espera en la puerta, con Rostro Pálido pegado
a su culo. ¿Se puede saber qué pinta aquí? Quizá no se fíe y prefiera escoltarla incluso en la revisión. Mejor, así será todo más fácil. No tengo ganas
de estar a solas con ella un sólo minuto.
Llego a su altura con el aliento contenido.
-Siento llegar tarde.
-Venga, que os está esperando -pero Rostro Pálido le habla exclusivamente a ella, ignorando mi presencia, y con esto parece sentirse superior. Te espero aquí.
-No es necesario. Quizá tardemos. Te veo más tarde en el Cero Diez,
¿vale?
257
Sonia Hernández
Y se despiden con un beso en el que Loan se deshace. Me mira directamente cuando sus labios se separan, pero yo decido acercarme al aula
y dejar de presenciar esto. No tengo necesidad y no me hace bien. Así que
entro en la clase sin esperarle siquiera.
Para cuando alcanzo a Mark, casi ha llegado a la mesa del profesor.
No se molesta en mirarme, y ello me crispa. Tengo que aguantar que llegue tarde y encima se comporta así.
El profesor ya nos espera sentado en su silla, tras la mesa. Parece enfadado por tener que esperarnos.
-Disculpe el retraso -comienza Mark.
-No es nada, seguro que me tienen preparada una buena sorpresa, así
que aceptaré los diez minutos que han perdido. Tomen asiento.
Mark me deja paso y me siento junto al profesor. Él, a mi izquierda,
saca una carpeta de su mochila. Yo abro mi clasificador y saco mi parte
del trabajo también.
-¿Cómo, es que cada uno trae una parte del trabajo? -el viejo parece
extrañado.
-Sí, bueno -dudo-. Yo he hecho la parte teórica y él, bueno, creo que
la práctica. Porque la has hecho, ¿verdad?
Le miro decidida, quiero ponerle a prueba. Pero a él le ofende esto.
-He traído un primer borrador… -tiende sus apuntes encuadernados
al profesor- Aquí podrá ver…
Está casi recostado sobre la mesa y mi parte del trabajo. Puedo sentir
su fragancia cuando se mueve, así que aparto la cabeza para evitar que mi
cerebro vuelva a jugarme una mala pasada y decido concentrarme en sus
palabras.
El viejo ni siquiera mira mi trabajo. Ni el de Lanna, que continúa
inmóvil en su asiento. Menuda compañera de trabajo me ha tocado. Creo
que con ella será imposible terminarlo. O hacerlo bien, al menos.
-Esperen un momento. Me están diciendo que se han repartido el trabajo, cada uno trae algo hecho y, para colmo, ni siquiera saben si su compañero está cumpliendo con su parte… ¿Es eso?
258
Nunca quise hacerte daño
Ambos quedamos inmóviles ante él y siento que nuestros rostros se
sonrojan. Nos ha pillado de lleno.
-Creo que dejé claro que se trataba de un trabajo en parejas. ¿Saben lo
que eso significa, señores? Que se hace en conjunto, no cada uno una
parte y luego lo unen como si de un recosido se tratara.
-Pero ésta ha sido nuestra forma de organizarnos… -Lanna se arrepiente al momento de sus palabras.
-¿Su forma de organizarse? -el viejo grita- Primero me vienen por
separado para que intente cambiarles de pareja y después me dicen que
se han organizado de una forma tan inaceptable… ¿Cómo se atreven a
presentarse ante mí de esta manera? Esto no es un boceto… -coge todas
las hojas y las arruga entre sus manos- ¡Esto es una porquería! Y no voy
a consentir que me tomen el pelo de esta forma, señores.
Primero mira a Lanna. Se toma su tiempo antes de hablarle. O
amenazarle.
-Veo que está en primer curso -ella asiente asustada- y estoy seguro de
que no quiere pasar a segundo arrastrando una optativa.
Lanna parece contener las lágrimas mientras yo continúo atento y sin
mover un sólo músculo de mi cuerpo. Quizá se olvide de mi presencia.
-Sin embargo, señor Fisher… mi estimado señor Fisher. Usted sí que
arrastra esta asignatura… -asiento-. Sería una pena que, estando a punto
de terminar la carrera, no pudiera licenciarse por una asignatura optativa… Tengo entendido que en el resto va bastante bien.
Me ha dado en el punto débil. Me muero de la rabia en este momento. Lanna, princesa estúpida, continúa con la vista clavada en el suelo.
Aprieto los puños, incapaz de replicar a este viejo carcamal, que tiene más
razón que un santo.
-Veo que esta asignatura es importante para ambos. No deberían
tomársela a la ligera. Pero, ¿saben qué? Que me han caído simpáticos.
Sí -nos mira divertido-, así que les voy a dar una segunda oportunidad.
La de gracia, la última y definitiva.
-Díganos cuándo quiere que volvamos -parece que un halo de esperanza ilumina la cara de Lanna.
-No, no piensen que se lo voy a poner fácil. No olviden que están en
259
Sonia Hernández
la universidad. En este caso, no va a haber más revisiones. Es evidente
que algo ocurre entre ustedes, que no quieren pasar el tiempo necesario
juntos para hacer el trabajo. ¿Me equivoco?
-¿Lo haremos individualmente?
-Señor Fisher, no me subestime, se lo ruego. No será necesario que
acudan más a mi clase si no lo desean. No les voy a examinar más -Lanna
y yo nos miramos confusos-: lo que quiero decir es que este trabajo será
su único salvoconducto. Tienen dos meses para traerme el súmmum del
Derecho Romano. No habrá otra revisión, tampoco. Organícense como
prefieran, pero quiero ver que ambos han participado en escribir cada
una de las frases que lea. Sólo quiero que se den cuenta de lo que se están
jugando con esto. ¿Qué les parece mi idea?
Ambos levantamos los hombros a modo de respuesta, es evidente que
nos ha sorprendido la noticia.
-Bueno, desde luego, no es la decisión más ortodoxa que he podido
tomar. Pero a mí me parece, cuanto menos, divertido. ¿Y saben una cosa?
Que estoy completamente seguro de que me van a traer un gran trabajo.
Un trabajo que quizá pueda incluso mostrar como ejemplo en los siguientes cursos. No tengo la menor duda. Bien, esto es todo con ustedes. Por
supuesto, si tienen alguna duda sobre el trabajo, pueden consultarme,
bien en las tutorías o vía mail.
El viejo recoge su maletín y se marcha dejándonos a solas en el aula.
Intento pensar una forma de comenzar con esto. Empiezo por coger los
apuntes de Lanna y echarles un vistazo. Ella continúa con la mirada clavada en el suelo, no parece querer ponérmelo fácil.
-¿Tú qué opinas?
-Que esto es una mierda -y coge su divertida carpeta para salir del aula
sin ninguna intención de hablar conmigo ni sobre el trabajo ni sobre nada.
Allí me deja, solo en el aula, con mis pensamientos casi partidos por
la mitad ante esta actuación tan infantil. Recojo mis cosas con prisa y la
sigo por las escaleras, para alcanzarla cuando ya ha salido del aula.
-¡Lanna! Espera, tenemos que hablar.
-Ahora no, Mark. Déjame, por favor -ni siquiera le miro cuando le
hablo, no creo sentirme capaz de hacerlo.
260
Nunca quise hacerte daño
-Pero Lanna… -decide insistir sin hacer caso a mi petición.
No parece entender que, de verdad, no me sienta con fuerzas de
hablar con él, aunque se trate de un estúpido trabajo. Necesito tiempo
para mentalizarme sobre la que me viene encima, así que mi reacción es,
para mi propia sorpresa, dejarle allí plantado y echar a caminar lo más
rápido que soy capaz para evitar que me pueda alcanzar de nuevo.
~•~
Estoy enfadado. Molesto con ella. No entiendo a qué viene ese com-
portamiento que tiene conmigo. Pero esto no se va a quedar así. Pienso
aclarar las cosas aunque después no quiera mirarme siquiera a la cara. De
hecho, si finalmente decide que lo mejor es negarnos incluso el saludo (algo
que ya hemos hecho alguna vez) quizá sea lo mejor para ambos. Si todo
sale bien, me quedan pocos meses en la universidad y después no tendré
porqué volver a verla. Continuaré mi vida sin ella. Encontraré un trabajo,
haré un master. Y la apartaré de mis pensamientos. Será lo mejor para mí.
Por otro lado, a ella también le vendrá bien la distancia. Podrá recorrer los pasillos de la facultad sin miedo a cruzarse conmigo, a ver algún
comportamiento que considere inoportuno. Y sobre todo, podrá seguir
adelante su relación con Rostro Pálido. No es que me resulte fácil aceptar esto, ya que muero de rabia cada vez que la imagino con él. Pero quizá
sea lo mejor para ella. Parece que están bien y eso es lo importante. Si ella
desea estar con él, si siente algo hacia él, es lo mejor.
Mientras tanto, procuraré no forzar ningún encuentro fuera de los
meramente necesarios para hacer el maldito trabajo. Ella no va a notar
nada. De un tiempo a esta parte me he convertido en todo un experto en
esconder mis sentimientos. Cuando supe que mi madre tenía un amante
la odié. La odié como nunca antes había odiado a nadie, pero ella ni
siquiera se enteró. Así que, comparado con aquello, esto será coser y cantar. Ella no tiene por qué enterarse de nada.
Creo que evitaré verla con él, porque no me hace bien, pero tampoco
261
Sonia Hernández
se lo haré saber. A partir de ahora, Lanna no va a tener conocimiento
sobre ninguno de mis sentimientos hacia ella.
El cuento parece acabarse aquí. La princesa ha elegido y se queda con
otro caballero. Y mientras tanto, el príncipe desterrado lucha por abandonar el reino jugándoselo todo a una carta.
Cielos, todo podría haber sido tan diferente…
Pero mi princesa no se va a dar cuenta de que el final ha llegado. De
que vamos a pasar a la última página en la que ella es feliz junto a su caballero. Pero en este cuento es el príncipe quien sufrirá.
Ella jamás sabrá que su príncipe está más enamorado que nunca.
~•~
-¿Qué os parece? -Lea y los demás me miran sin dar crédito a mi historia, aunque Greiff no para de sonreír, parece divertido con mi drama.
-¿Qué vas a hacer? -Lea me mira preocupada.
-Pues no tengo muchas opciones, la verdad. Si hasta nos ha amenazado con suspendernos a los dos, para que yo pase a segundo con una asignatura pendiente y que Mark no pueda licenciarse. No hay otra opción,
chicos -anuncio resignada.
-Vaya, qué pena, ¿no? -Loan parece escupir las palabras sin cambiar
siquiera el gesto de su rostro.
-¿Qué pena el qué? -le miro perpleja por el comentario.
-Que no pueda licenciarse. Sería todo un drama, desde luego.
Es evidente que está enfadado por lo sucedido y parece dispuesto a conseguir que la culpa recaiga en mi persona, así que intento tranquilizarle.
-A mí me parece una faena, desde luego, así como me fastidia tener
que pasar de curso con una asignatura suspendida, sin necesidad.
-Tienes razón Lanna, sería muy molesto para ti tener que pasar otro
año con el consejero, ¿no? Y por no hablar de tener que pasar dos meses
trabajando mano a mano con él. Pobrecita, te compadezco.
Me habla muy hipócritamente, quiere hacerme sentir mal, pero lo
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Nunca quise hacerte daño
único que está consiguiendo es enfadarme cada vez más. Se lo hago
saber.
-No entiendo a qué viene esto ahora, Loan. Sólo esperaba que entendieras mi situación. Y ni siquiera eso, sólo pretendía que me escucharas, nada
más. No tienes motivos para intentar hacerme culpable de lo sucedido.
Greiff nos mira con una gran sonrisa dibujada en su boca, parece
divertido con la discusión que estamos teniendo en mitad del Cero Diez.
Al revés que Lea, que nos mira preocupada por vernos discutir por algo
que, en realidad, no tiene ningún sentido.
-Vamos chicos, dejadlo ya. Os invito a unas cervezas.
Pero Loan la fulmina con la mirada y ella decide tomar la mano de su
novio para alejarse de nosotros y dejar que continuemos la riña sin público.
-¿Se puede saber a qué viene este comportamiento? -estoy bastante
enfadada con él por su actuación y decido hablarle completamente seria.
Quiero que lo note, ya no quiero aplacar la situación, sino más bien parece todo lo contrario, y estoy dispuesta a cargar contra él si pretende atacarme por donde me imagino.
-Ya sabes a qué me refiero -me habla con desprecio-; estoy harto, Lanna.
-¿Harto, de qué?
-Harto de que su nombre siempre esté revoloteando entre nosotros.
Harto de encontrárnoslo en todas partes. Siempre tiene algo que ver en
todo lo que hacemos, decimos… ¡Estoy harto de él!
Algunos nos miran cuando Loan escupe esto último en un grito que
se escucha incluso por encima de la música del local.
-¿Que estás harto de él, dices? ¿Crees que para mí es fácil? A lo mejor
crees que es fácil vivir enfrente suyo, sentarme delante de él en clase y
encontrármelo cada día en la facultad.
-Yo no he dicho que para ti sea fácil. Pero no me niegues que te gusta
encontrártelo cada día. No lo niegues Lanna -su dedo índice me señala,
acusador.
Niego con la cabeza mientras le miro fijamente. No puedo creer que
esté diciendo esto. Siempre había pensado que Loan me apoyaba y ahora
parece todo lo contrario.
-Estoy cansado ya. Es sólo eso -sigo esperando una explicación-.
263
Sonia Hernández
Estoy cansado de que me mientas, de que me utilices como pañuelo de
lágrimas. Primero te fuiste con él ignorando mi presencia. Te llamaba y
no me contestabas, te escribía y nada. Me veías y no me mirabas. Dices
que quieres ir despacio conmigo y, ¿sabes qué, Lanna? Que no me creo
nada. Que creo que lo que quieres es estar con él.
Siento ganas de llorar, pero no estoy dispuesta a hacerlo delante de
Loan. No lo merece, estas acusaciones no son justas.
-Las cosas surgen cuando surgen. Yo no puedo forzar nada. ¿Y qué si
en ese momento no pensaba en ti de la manera que lo hago ahora, tanto
problema te causa? Creo que te he demostrado que quiero estar contigo,
pero así no, Loan. Desde luego que así no.
-Claro que así no, Lanna. Es que yo no estoy dispuesto a estar así contigo.
Esto es increíble, acaba de dar la vuelta a mi motivo para convertirlo
en el suyo. ¿Cómo es posible? Cada vez que me explico consigue darle la
vuelta para que yo vuelva a ser la culpable de todo. No quiero continuar
discutiendo con él. Y mucho menos en mitad de un bar a esta hora de la
noche. Creo que no es ni el momento ni el lugar. Pero necesito que me
razone esto.
-¿Así cómo? -arrojo al fin.
-¿Y todavía lo preguntas? Vamos Lanna, no seas cínica. Si el otro día
en mi casa ni siquiera me dejaste tocarte. Y no me vengas con historias
de que era muy pronto, de que no era el lugar. No me cuentes cuentos,
cuando los dos sabemos que él es el motivo de ello.
-Es que yo nunca te he dicho que ya no sienta nada por Mark.
Me sorprendo a mí misma ante esta confesión y un silencio parece
abrir una brecha entre ambos. Loan me da la espalda y golpea la pared
con un puñetazo seco. Me sobresalto y al momento me arrepiento de mis
palabras.
-Pues estás de suerte esta noche. Porque lo tienes allí mismo.
Me giro para comprobar que Mark acaba de entrar en el bar y se
dirige a nosotros descaradamente y con decisión. Un escalofrío provocado por los nervios recorre mi cuerpo y me olvido por un momento
de la presencia de Loan para concentrar toda mi atención en la inminente llegada de Mark.
264
Nunca quise hacerte daño
-Quiero hablar contigo -sin saludarnos siquiera me agarra del antebrazo para alejarme de Loan, que nos mira con el rostro inundado de ira.
Ambos comportamientos me hacen sentir importante. Tanto el enfado
de Loan por la llegada de Mark como que éste me separe de Loan para
hablar a solas.
Mark comienza a hablarme en mitad del bar sin acercarse demasiado
a mí, con lo que apenas puedo escucharle. Creo que no es casual que no
se acerque. Parece que un muro invisible se ha erigido entre ambos y a los
dos nos da miedo acercarnos demasiado. Intento poner atención en sus
palabras. Bueno, en las pocas que consigo entender.
-Trabajo… importante… organizarlo… esfuerzo… quieras…
Intento asentir cada vez que parece hacer una pausa e intento averiguar, sin éxito, lo que me intenta decir. Pero verlo gesticular tan exageradamente me divierte. Lucho porque de mis labios no escape una sonrisa.
Así que me limito a asentir de nuevo. Loan no deja de mirarnos desde su
rincón y rodeado de toda su rabia mientras yo procuro ignorarle.
Pero Mark queda mudo de repente y me mira divertido. Al fin, salta
nuestro muro y me habla muy cerca de mi rostro.
-No estás escuchando nada de lo que digo -pongo cara de niña bien
ante esto.
-Lo siento, yo lo estoy intentando pero… -inconscientemente le
dedico una sonrisa como las que antes guardaba sólo para él, que deja
que una mueca sincera desborde de sus labios.
Me toma la mano y comenzamos el difícil camino hacia la salida del local.
El recuerdo de la noche en la fiesta de Loan inunda mi mente mientras le sigo. Sé que me ha cogido de la mano en un gesto de inconsciencia. Pero yo siento su calor que parece recorrer con prisa mi brazo camino de mi interior. No quiero pensarlo demasiado, pero quizá me alegre el
hecho de que vayamos a continuar hablando fuera y así poder solucionar
la situación que nos rodea. Quizá podamos intentar llevarnos bien a pesar
de todo. Al fin y al cabo, las cosas no han ido bien entre nosotros, pero
no tenemos por qué continuar con esta situación tan incómoda para
ambos. Ahora yo estoy con Loan y parece que él con Ivanna, con lo que
a ninguno de los dos nos ha ido demasiado mal. Quizá sea el momento
de enterrar el hacha de guerra por la salud mental de ambos. Me alegra
pensar esto.
265
Sonia Hernández
Llegamos a la puerta y suelto su mano, muy a mi pesar, y dejo que
pase antes de salir yo. Me dedica una sonrisa que me recuerda nuestros
mejores momentos. Pero ahora no quiero pensar en ello. En la calle
seguimos oyendo la música, aunque al menos ahora podremos hablarnos
y, sobre todo, escucharnos. Observo un momento a Lanna, que me espera con los brazos cruzados. Tiene frío y da pequeños saltitos en el sitio.
Está tan guapa así…
Mark suspira antes de empezar a hablar y yo le sonrío. Aunque en
poco tiempo me arrepiento, tanto de este sencillo gesto, como de todo lo
que se me ha pasado por la cabeza esta noche.
-Mira Lanna, yo no sé qué te pasa y, sinceramente, no me interesa
demasiado. Sólo sé que nos han dado un ultimátum para aprobar una triste optativa. Y yo voy a coger esta oportunidad porque va a ser la única
manera de salir de aquí -asiento algo sorprendida por la forma tan impersonal de hablarme-. Si no quieres pasar tiempo conmigo es tu problema,
pero te aseguro que no te queda otra opción.
-Mark, yo…
-Deja que termine de hablar, por favor -me interrumpe-. Me da igual
si sales con Loan o con quien te plazca, al fin y al cabo ya no estamos juntos y puedes hacer lo que te apetezca. También me da igual si no quieres
mirarme a la cara cuando nos crucemos por los pasillos. Pero el trabajo
lo vamos a hacer y punto. Y si no quieres pasar tiempo conmigo, hazlo al
menos para dejar de pasarlo. Piensa que si aprobamos esta asignatura yo
me marcharé de la universidad y por fin podrás pasearte a tus anchas por
ella sin tener que cruzarte conmigo. Al fin y al cabo es lo que quieres,
¿no?
Pero soy incapaz de responder a esta recriminación. No me esperaba
esta forma de hablarme y me siento como una niña siendo regañada por
su padre. Y quizá lo merezca. Así que voy a dejar que termine de sermonearme como merezco. Creo que lo único que está haciendo esta noche
es decirme una verdad tras otra y quizá ya sea hora de escucharlas de sus
labios.
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Nunca quise hacerte daño
-Lanna, no tengo ningún interés en que seamos amigos, además, a estas
alturas creo que es imposible que lo seamos, así que sólo te pido que...
-¿Por qué? -consigo susurrar sin apenas voz.
-Porque es imposible, Lanna. Estuvimos juntos y todo terminó sin yo
saber siquiera un motivo. No tuviste el valor de venir a mí y pedirme una
explicación. No confiaste en mí cuando yo sí lo hice en ti, así que no me
pidas ahora explicaciones sobre por qué no puedo ser tu amigo.
-Mark, yo sé lo que vi… -casi rompo a llorar al intentar hablar.
-No, Lanna, no lo sabes. No te has molestado en averiguarlo. Te
enrabietaste como una niña pequeña y confiaste más en las explicaciones que te dieron tus amigos que en venir a mí para saber qué había
ocurrido -niego con la cabeza, completamente derrotada-. No sé qué te
ha pasado Lanna, pero creo que antes no eras así. No sé qué te han
dicho para que te comportes de esta manera.
-Pero ya es tarde para todo esto -le hablo seguro de mí mismo, de mis
palabras. Sé que le van a hacer recapacitar-. Ahora sólo importa el trabajo de Derecho Romano y para eso he venido a hablar contigo.
La miro un momento y toda la entereza que me acompañaba me
abandona para dejarme desalentado al encontrarme a una princesa completamente abatida por mis palabras. Su mentón ha comenzado a temblar
mientras ella se empeña en retener las lágrimas que hacen brillar más sus
redondos ojos. Continúa con los brazos cruzados, pero a modo de protección y no de frío. Quisiera abrazarla y besarla aquí mismo. Decirle que
empecemos de cero. Pero ya es tarde para eso.
-El viernes voy a ir a la biblioteca de la facultad. Espero… -sonrío
para intentar romper el hielo-, bueno, sé que estarás allí y podremos
comenzar a rehacer el trabajo. Además, he conseguido rescatar nuestras
partes del trabajo de sus garras -sonríe con desconsuelo cuando le anuncio esto-. Nos vemos el viernes, ¿vale?
Asiente cuando su mentón ya no consigue retener las lágrimas y escucho un leve adiós escapar de sus labios. Se aleja de mí a paso rápido y
puedo ver que ha comenzado a correr cuando se creía resguardada por la
oscuridad de la noche.
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Sonia Hernández
Se ha marchado llorando y ahora me siento como un miserable por
hacerle esto. Pensaba que mis palabras le harían bien y sólo he conseguido hacerla llorar. Siento un nudo en la garganta cuando mi mente la
recuerda llorando. Ni siquiera ha tenido fuerza de entrar de nuevo al bar
a por su abrigo… Joder Mark, te has lucido. A ver cómo la miro a la cara
el viernes. Supongo que le debo una disculpa después de lo de esta noche.
Bueno, sé que Lanna es inteligente y sabrá sacar provecho a lo que le he
dicho. Al menos le habrá quedado claro que no tengo ninguna intención
de ser su amigo y con ello quizá se sienta más libre para continuar con
ese idiota de Loan. Aunque yo no lo soporte, ella lo ha elegido y sólo
puedo respetar su decisión.
Y hablando de Rostro Pálido, acaba de hacer su aparición estelar por
la puerta del Cero Diez.
-¿Dónde está? -me habla con desprecio.
-¿Dónde está quién? -le provoco.
-Vamos Mark, no te hagas el gracioso -está furioso, pero no pienso
acobardarme ante él.
-Se ha marchado. Parece que se ha olvidado de despedirse, ¿no?
Mis palabras hacen efecto inmediato en Loan, que se acerca a mí con
decisión -y rabia- para agarrar con sus asquerosas manos el cuello de mi
chaqueta y hablarme muy cerca del rostro con esos dientes que con gusto
haría saltar, y creo que le haría un favor enorme.
-Ni se te ocurra tocarle un pelo, ¿me has entendido? ¡Ni se te ocurra
tocarla!
Parece escupirme las palabras como si eso fuera a asustarme. De pronto
aparece Greiff de la mano de Lea, que se queda espantada ante la escena.
-La amenaza llega un poco tarde, ¿no te parece? -le hablo con una
amplia sonrisa, sintiéndome orgulloso por haber significado tanto para
Lanna como para que su novio se comporte así conmigo.
-¡Loan! Loan déjalo, por favor -Lea está nerviosa-. Suéltale, por
favor…
-Tranquila, Lea -continúo con mi sonrisa y hablando con mucha tranquilidad-. No tengo ninguna intención de iniciar una pelea esta noche.
No merece la pena.
268
Nunca quise hacerte daño
Agarro a Loan por el pecho y lo separo de mí con fuerza, aunque sé
que ante una hipotética pelea, yo tendría las de perder con diferencia.
-Señores… -y comienzo a caminar en la misma dirección que tomara
Lanna hace escasos minutos.
-¡Mark, ni un pelo! -continúa amenazándome en la distancia.
-¡Tarde!
Le hablo cantando, satisfecho con el resultado de este encuentro.
Parece que esta noche va a dar más de una vuelta a su cabeza. Mark uno,
Rostro Pálido cero.
~•~
Mal. Fatal. Así me siento después de hablar con Mark. Bueno, objeti-
vamente, después de que él hablara conmigo y yo me limitara a escuchar.
Ahora ya ni siquiera sé que quiero. Qué siento. Anoche me descubrí
admitiendo que estaba enamorada de él sin pensarlo antes de decirlo
siquiera. ¿Y si al final las cosas no están tan claras como yo pensaba?
Quizá necesite más tiempo antes de embarcarme en una relación, por
mucho que me la tome con tranquilidad.
Por otro lado está Loan. Tampoco sé cómo se van a solucionar las
cosas con él. Anoche me marché del Cero Diez sin despedirme siquiera.
Pero no tengo la menor intención de llamarle. No debo olvidar las acusaciones que me lanzó, sin pensar siquiera en el daño que me hacía. No
tengo ganas de hablar con él. Dejaré pasar el fin de semana antes de hacer
nada. Tengo toda la semana por delante antes de verme las caras con
Mark en la biblioteca. Ni siquiera sé cómo mirarle cuando vuelva a verle
después de lo sucedido anoche.
La puerta de enfrente se cierra de un leve portazo y no puedo evitar
acercarme a la mía para investigar. Pero apenas puedo escuchar nada, así
que me postro ante la ventana para continuar con mi indagación. En
menos de un minuto veo desde la altura salir del edificio a Mark. Viste su
cazadora negra de esquiar y lleva una gran bolsa de deporte al hombro.
269
Sonia Hernández
Se ha puesto el gorrito con el pompón y me descubro sonriendo ante su
imagen. Espera en la puerta de la residencia. Coge su móvil y comienza
a hablar sin dejar de mirar de un lado a otro. Sonríe y yo imagino que
Ivanna es quien le roba ahora las sonrisas. Mark mira su reloj sin dejar de
hablar. Tira la mochila al suelo sin importarle que pueda mojarse o ensuciarse. Mark es así. Me siento en el alféizar con el cuerpo completamente pegado al cristal y sin dejar de mirarle. La melancolía comienza a penetrar en mi cuerpo para invadirme poco a poco mientras mis ojos no son
capaces de despegarse de su imagen. Al fin llega un taxi que se detiene
ante él. Se despide de su interlocutor y abre la puerta para meter sin dificultad su mochila. Agarra con la mano derecha la puerta y, antes de entrar
en el vehículo y, para mi sorpresa, se detiene un segundo y mira hacia mi
ventana.
Me encuentro directamente con sus ojos, que parecen esperarme
desde el tercer piso con el cuerpo completamente adherido al cristal de la
ventana. Se ha envarado cuando nuestras miradas se han cruzado, como
si no esperara esto. Le sonrío y ella me responde de igual modo antes de
desviar su mirada al infinito de la ciudad. Yo entro en el taxi feliz por este
simple hecho. Quizá al final podamos, al menos, sonreírnos cuando nos
veamos.
Pero ahora necesito estar solo. Alejarme de la rutina. De la universidad,
del Derecho Romano, de Lanna y Loan y de Ivanna. Saludo al taxista.
-A la estación de tren, por favor.
Llaman a mi puerta un par de veces. Quizá sea Lea. O Zara. Últimamente no nos vemos demasiado. Creo que desde que Mark y yo no estamos juntos, la distancia entre ambas es mayor. No tenemos nada en
común, de hecho. Sé que Loan no le cae demasiado bien, lo que no me
preocupa lo más mínimo. Además, prefiero que no sepa mi opinión sobre
su novio. En fin. Abro la puerta.
-¿Puedo pasar?
Loan parece incluso avergonzado al mirarme. Mantiene su mirada fija
en el suelo, así que no tengo más opción que hacerme a un lado para que
entre en el dormitorio.
270
Nunca quise hacerte daño
-Ten, te dejaste esto anoche -es mi abrigo, que dejo sobre la cama
antes de volver a ocupar mi asiento junto a la ventana. Loan lo hace sobre
mi colcha perfectamente alisada.
-Gracias por el abrigo -pero ni siquiera le sonrío.
-Sí, bueno. La verdad es que no venía sólo a eso -espero a que continúe hablando. Creo que yo no tengo nada que decirle-. Quería disculparme por lo de ayer. Pero quiero que entiendas mi situación. No es fácil estar
en mi posición. Sé que has sentido -tose-, o sientes algo por Mark, y para
mí no es fácil pensar que ahora vas a tener que pasar tiempo junto a él.
Me descubro mirando de nuevo por la ventana, como si con esto quisiera hacer que el taxi lo devolviera de nuevo a la residencia.
-Pero yo no tengo la culpa de lo que ha sucedido, aunque tú te
empeñes en lo contrario. Para mí tampoco es fácil -aunque por diferentes razones, quizá.
-Yo voy a hacer el esfuerzo por ti. Es sólo que a veces me puede… no
lo soporto.
-Y no tenéis por qué soportaros ninguno de los dos. No tenéis por
qué cruzar palabra. No tenéis nada que ver el uno con el otro.
Loan hunde la cabeza entre sus manos haciéndome ver que es cierto
que para él no está resultando sencillo.
-Loan, lo que te dije anoche… estaba disgustada contigo y no lo pensé.
Tampoco es fácil para mí decirle que expresé mis sentimientos sin ser
consciente del daño que podía hacer escucharlos. A ambos.
-No te preocupes por eso, Lanna -se pone en pie y se acerca a mí-. Te
entiendo de veras. Estás enfadada conmigo.
Me toma ambas manos para que me levante y le abrace. Yo me dejo
hacer, aunque todavía mi mirada se tiene que desviar a la ventana en un
par de ocasiones más.
-Sé que no pensabas lo que decías. Y si lo hiciste para joderme, diste
en la diana, bicho.
Nuestras narices se rozan y decido que no es el momento de rebatir
esto último que he escuchado. No quiero volver a hacer daño. A ninguno de los dos. Dejo que nuestros labios se unan en un movimiento bastante compenetrado que provoca cosquillas en mi estómago.
271
Sonia Hernández
Y me alegra sentir esto cuando nuestros cuerpos se rozan, porque
siento verdadero pánico a dejar de sentirlo por él.
Así pasamos un rato más. Besándonos y acariciándonos resguardados
en mi dormitorio. Vuelvo a sentirle tiritar y sonrío ante esto. Y varios escalofríos recorren mi cuerpo también. Me gustas, Loan. Se lo hago saber.
-¿Sólo te gusto? -susurra sin separar sus labios de los míos.
-¿Te parece poco?
Él parece meditar la respuesta para menear la cabeza sonriendo antes
de acercarse más, si cabe, a mí.
-¿Loan? -le miro con los ojos muy abiertos cuando nuestros cuerpos
están completamente pegados y noto su erección.
-¿Qué quieres? Tiene ganas de conocerte… -noto que se sonroja al
decir esto y decido no darle demasiada importancia, así que me limito a
sonreír-. ¿Sabes qué? Que a mí también me gustas -me besa-, me gustas
mucho -vuelve a besarme y un escalofrío recorre mi cuerpo cuando nuestras lenguas juguetean-. Creo que te quiero -susurra al fin sin despegarse de mi boca.
Se hace el silencio entre ambos. Loan espera con una sonrisa una respuesta que no parece vaya a llegar hoy. Así que me limito a sonreírle yo
también.
-¿Te apetece ir a la bolera? -respondo al fin.
272
Nunca quise hacerte daño
Velocidad. Frío. Es justo lo que necesitaba. Copito va siempre por
delante de mí, algo que parece haberse convertido en una costumbre en
el último tiempo. Pero no me importa demasiado. Él pasa aquí muchas
horas al día durante toda la temporada y yo ya no vengo apenas. Pero la
sensación de libertad que me produce sigue enganchándome.
Coloco mis esquíes paralelamente y me inclino un poco más. Sé que
será difícil, pero tengo que intentarlo. Copito va tranquilo, confiado, sabe
que me tiene a una distancia cómoda como para que no resulte un problema para él. Pero comienzo a avanzar más y más rápido hasta colocarme, no sin cierta dificultad, a su altura. Sonrío cuando soy consciente de
que, por primera vez desde hace tiempo, le estoy adelantando.
-Ya era hora de que te tocara pagar a ti -hacemos que nuestras copas
choquen en el aire.
-No te acostumbres, mi querido pupilo. Hoy me he dejado, pero
mañana te vas a enterar… ya lo creo que sí.
Ambos reímos sabiendo que no ha sido casualidad mi complicado
adelantamiento.
273
Sonia Hernández
-No te emociones, Copito. Pienso venir más de una vez esta temporada, así que ya puedes prepararte para sufrir…
-¿Lo dices en serio? -asiento con mi copa en la mano- No me creo nada,
pero de verdad que me gustaría poder verte por aquí más a menudo.
-Supongo que todos los fines de semana no podré venir, pero pienso
intentarlo, tengo que aprovechar el abono, tío.
Recuerdo la cara de felicidad de mi padre cuando me lo regaló por
Navidad. E imagino el dineral que le habrá costado, así que ahora sólo
quiero aprovechar el regalo tan acertado que tuvo conmigo.
-Me sorprende que hayas venido solo. ¿Qué ha sido de…? Bueno, ya
sabes -sonrío al ver que, una vez más, Copito ha olvidado un nombre,
algo muy común en mi amigo-, parecía una tía maja, ¿no? Era mona, al
menos. Tenía buena pinta, sí. Un poco ñoña quizá, pero eso también
tiene su cosa…
A estas alturas de su comentario ya me duele la tripa de reírme, no me
preocupa hablar con él sobre Lanna, al fin y al cabo, creo que Copito es
la persona que más sabe sobre mí.
-Bueno, digamos que no pudo ser -me refugio tras la copa.
-Vamos, que te ha dejado, ¿no? -le miro inquiriendo una explicación y
él no pasa por alto esto- Venga tío, te tenía atontado.
-¿A qué viene eso?
-Te conozco sólo un poco -exagera- y sé cuando estás tontito.
Vamos, que aquella fue la primera vez que te vi así, con lo que no fue
difícil intuirlo.
-Tienes toda la razón, Copito. Me dejó -decido hablar por primera vez
de lo sucedido con Lanna, quizá sea lo que necesito y creo que Copito es
la persona indicada para escucharlo-, me dejó nada más volver de aquí.
-Eso es que le hiciste comer demasiada nieve -los dos reímos antes de
volver a ponernos serios para continuar con la conversación-. En serio,
¿qué pasó?
-No estoy muy seguro, la verdad. Pero parece que cree que la engañé
con otra. Ella apareció justo en el momento en que una compañera me
estaba besando y lo vio todo. Pensó que estábamos enrollándonos y decidió terminar la historia.
-¿Te estaba besando u os estabais besando?
274
Nunca quise hacerte daño
-¿A qué te refieres?
-Joder Mark, ya lo sabes, a si estabas colaborando o no…
-¡Vamos, Copito! Nunca haría eso.
-Claro, claro, perdona. Entonces mejor olvidamos todos los veranos
que venías con tus padres y se nos juntaba la novia del verano anterior
con la de ese sin darnos cuenta.
-Joder Copito, teníamos quince años.
-¡Sí, tío! Ya apuntábamos maneras. Pero vale, me creo que no te estabas dejando. Pero me parece una tontería que cortéis por eso. Si la otra
se te había abalanzado encima, tú sólo eras una víctima… -sonrío ante la
explicación de mi amigo y sólo puedo asentir- Además, después de lo que
pasaste con lo de tus padres, no te pega nada hacer… bueno, ya sabes,
hacer lo mismo que ella.
Copito es muy amigo de mi padre. Quiero decir que se llevan muy
bien. Ya cuando veníamos en familia, él le tenía especial afecto. Simpre
estábamos juntos y a mi padre le gustaba esto. Quizá es por ello que
Copito se posicionó a favor de mi padre desde un primer momento.
Recuerdo sus blasfemias cuando le conté lo sucedido antes del divorcio.
De hecho, mi amigo era la única persona que no pertenecía a mi familia
y que estaba al tanto de lo que sucedía entre mis padres. Sé que fue un
gran apoyo para mí en aquel momento. Y mi padre también, y por eso
siente tanta simpatía por él.
-Bueno, no te preocupes demasiado. El mundo está lleno de mujeres.
Das una patada a una piedra y -coge el cenicero y da un fuerte golpe en
la mesa- ¡zas! Salen cuatro. Seguro que ya has encontrado a otra.
-Bueno, en realidad… hay algo extraño entre…
-¡Eres muy grande, Marko! -mi hermana Markito, Copito Marko…
¿qué más?- te has enrollado con la otra… es muy buena. Seguro que tu
ex está que se sube por las paredes…
Sonrío con resignación.
-Lo cierto es que ella es la que está con otro. Es cierto que he vuelto
a estar con Ivanna, pero no es nada serio, la verdad. Además, ahora sólo
pienso en terminar la universidad y salir de allí lo antes posible. No te
imaginas las ganas que tengo, Copito.
275
Sonia Hernández
-Oye, llevo dando vueltas a una idea un tiempo y, como veo que ahora
vas a empezar a venir más a menudo y hasta quizá aprendas a esquiar de
una vez…
-Serás cab… -bromeo.
-¿Te acuerdas de lo que decíamos hace unos años, cuando estudiábamos?
-Bueno, te recuerdo que yo sigo estudiando -obvio.
-Bueno, ya me entiendes. ¿Te acuerdas de lo de esquiar en verano?
-Sí, claro que me acuerdo de cuando decíamos que debería nevar también en agosto. Pero no creo que sea posible todavía. A no ser que quieras ir a una de esas pistas artificiales…
-Algo todavía mejor, tío. He pensado, en julio… tres semanas. Los
dos solos.
-¿Como los viejos roqueros? -bromeo-. Venga, suelta lo que has pensado.
-San Carlos de Bariloche, tío.
-¿Argentina? Me estás diciendo que quieres ir a esquiar a Argentina en
verano…
-No, te estoy diciendo que nos vamos a ir a esquiar a Argentina este
verano.
En un primer momento me parece una locura, aunque en cuanto imagino lo que allí nos puede esperar, creo que es una idea genial. Kilómetros
y kilómetros de pistas. Alejados de todo lo que conocemos.
Definitivamente, es un plan perfecto. Salvo por un detalle.
-¿Cuánto nos va a costar? -me asusta conocer la respuesta, así que
tomo aire.
-Caro. Muy caro. Sólo el vuelo unas ochocientas libras. Y bueno, alquilamos una cabaña cerca de la estación. Pero puede estar genial.
-Pero es mucha pasta. Bueno, tengo algo ahorrado, eso sí, pero fundírmelo en un viaje me da un poco de cargo de conciencia, la verdad…
-cada año mi madre cumple conmigo el día de Navidad ingresando en mi
cuenta corriente dinero que nunca he gastado. Quizá sea el momento.
-No sabes lo que dices, es el viaje de nuestra vida, Marko. Esquiar…
¡esquiar en verano! Además, hay un montón de actividades para hacer.
Trineos y, bueno, he estado mirando por Internet. Tienen una especie de
ruedas gigantes de goma para descender… ¡es total!
276
Nunca quise hacerte daño
Copito está completamente emocionado al ser consciente de que le
está resultando exageradamente fácil convencerme.
-Creo que puede estar bien -dudo-. Pero primero tiene que darse una
circunstancia, o mi padre puede molestarse conmigo -él me mira nervioso por averiguar a qué me refiero-, tengo que terminar la carrera.
Terminar la carrera es una buena excusa para decir que voy a hacer el
viaje de mi vida, como dices tú.
-¡Está hecho entonces! Esta semana reservo…
-Relájate, Copito. Primero tengo que terminar el curso.
Recuerdo que, con la que tengo encima, quizá resulte más difícil de lo
que parecía en un principio.
~•~
Viernes.
Ya es viernes. ¡Ya es viernes! Esta tarde he quedado con
Mark en la biblioteca para empezar con el trabajo. La semana no ha resultado demasiado complicada y las cosas con Loan parecen estar volviendo a su sitio poco a poco.
He de reconocer que me siento algo nerviosa ante el encuentro de
esta tarde, pese a no tener ningún motivo. Quizá volver a pasar tiempo a
solas con Mark me provoque esta sensación.
Apenas nos hemos cruzado durante la semana, pero las pocas veces
que lo hemos hecho, al menos nos hemos dedicado una sonrisa amable.
Algo es algo.
A Loan no le hace demasiada gracia que tenga relación con Mark, así que
de momento, creo que es suficiente con esta actitud por parte de ambos.
Llego a la biblioteca y compruebo que ya está sentado en una de las
enormes mesas tomando apuntes. Me acerco lo más sigilosamente posible y le saludo con una sonrisa.
-Mira, he encontrado esto -me tiende un libro bastante grueso-.
También he estado subrayando de tu parte del trabajo las cosas que me
parecían más importantes.
277
Sonia Hernández
Hablamos en un susurro y bastante cerca uno del otro. Pero el trabajo me importa más bien poco ahora. Mi mente vuela sin mi permiso
cuando le percibe cerca, y eso no me gusta demasiado. Quisiera poder
centrarme en el maldito trabajo y apartarlo de mi mente, pero parece que
va a costarme más de lo que imaginaba.
La miro fijamente mientras le hablo, ya que me siento seguro con ella.
Hoy está especialmente guapa. Su flequillo se ha convertido en una fina
trenza que recorre la frente.
-Espero que no te importe que haya dado un repaso a esto -tiendo la
parte del trabajo que intentó presentar-. Como tenemos que escribir juntos cada palabra…
Ambos reímos ante el comentario. Sólo intento romper el hielo después de lo sucedido en el Cero Diez. Parece que vamos a tener que pasar
mucho tiempo juntos y quiero que ambos estemos lo más cómodamente posible, teniendo en cuenta el contexto que nos rodea.
-Creo que está muy bien, pero tenemos que completarlo un poco más.
En mi habitación tengo bastantes apuntes del año pasado, podríamos
tirar de ellos también. El próximo día los puedo traer.
Ella asiente sin dejar de sonreír.
Y pasamos el resto de la tarde entre apuntes, libros y comentarios susurrados. Quizá no haya sido tan mala idea la de hacer juntos el trabajo.
-Podemos hacer una fotocopia de esto y luego pasarlo a lápiz, no
parece difícil. Y así le damos un toque creativo al trabajo.
Lanna me muestra un mapa que ocupa la totalidad de la página. Quizá
sea una buena idea, se lo hago saber.
-¿Pero estás segura de que podrás copiarlo?
-Es facilísimo…
-¡Silencio, por favor! Que algunos estamos intentando estudiar.
Ambos levantamos la vista ante el inoportuno de turno y Lanna se
sonroja por la reprimenda.
-Tiene razón, estamos haciendo bastante ruido -hablo con un hilo de
voz-. Podríamos reservar una sala de estudio para el próximo día, estaremos más cómodos y podremos hablar sin problemas.
-Me parece buena idea -anuncia seria-. Nunca he reservado una.
278
Nunca quise hacerte daño
Mark me hace un gesto con la cabeza para que le siga y no dudo en
hacerlo. Él lleva el libro con el mapa. No puedo evitar mirarle mientras
camino detrás de él. Lleva uno de esos pantalones con el tiro bajísimo
que tan bien le sientan.
Se detiene en la fotocopiadora y coloca el libro sobre el cristal para
fotocopiarlo. Pero ni siquiera espera a que salga el folio y se acerca al
mostrador para hablar con la bibliotecaria.
-Buenas tardes -saluda alegremente-. ¿Cómo están las salas de estudio?
-¿Para cuándo la queréis? -Mark me mira interrogante.
-Cuando te venga bien -hablo como una tonta-. Yo voy a estar aquí el
fin de semana.
-Es que a mí el fin de semana no me viene bien… ¿Qué te parece el
martes?
Asiento y me acerco de nuevo a la fotocopiadora mientras él termina
la reserva. Me he sentido un poco incómoda ante la respuesta que me ha
dado, pero sé que no debo estarlo. Es comprensible que no tenga ganas
de pasar el fin de semana haciendo el trabajo de Derecho Romano.
Volvemos a nuestra mesa para continuar con el trabajo y pasamos bastante tiempo más en la biblioteca.
-¿Qué hora es? -dice al fin. Miro mi reloj antes de responder.
-Las ocho y cuarto -susurro.
-Es un poco tarde, ¿lo dejamos aquí? Para la próxima vez termino con
esto y lo miramos -alza al aire un taco de fotocopias que estaba analizando.
-Me parece bien, el mapa es cosa mía -sonrío-. Si quieres, te lo paso
cuando termine a ver qué te parece. Creo que el fin de semana podré
hacerlo.
Salimos de la biblioteca y por fin podemos elevar un poco el tono de voz.
-No te preocupes, no corre prisa. Además, el fin de semana estaré
fuera -intento disimular y es él quien decide excusarse-. He quedado para
ir a esquiar.
-Está bien, no pasa nada, podemos seguir con esto la semana que
viene. Tenemos tiempo.
Quiero evitar que note que preferiría dedicarle el fin de semana al trabajo, ya que me preocupa no terminarlo a tiempo, pero quizá sólo consiga agobiarle.
279
Sonia Hernández
-Por cierto Mark, me gustaría… -los nervios me provocan una incómoda tos- pedirte disculpas por lo sucedido. Por mi comportamiento
estos últimos días.
Él sonríe antes de responder. Parece que mis palabras le divierten,
incluso.
-Bueno, creo que yo tampoco estuve muy fino que digamos. Siento
haberte hablado de aquella manera.
Ambos reímos y puedo notar cierto nerviosismo por ambas partes.
-Lo dejamos en tablas, entonces.
-Me parece bien -y me tiende la mano, que la estrecho sin pensarlo en
un apretón cálido y decidido. Ambos mantenemos la vista fija en nuestras manos, que ahora se entrelazan después de mucho tiempo echándose de menos.
Empleamos más tiempo del necesario en esto.
-El martes nos vemos en la sala de estudio. Traeré los apuntes del
curso pasado -decide concluir.
-Nos vemos, entonces.
Me coloco el gorro y abrocho mi cazadora. Hace bastante frío.
-Si quieres puedo acercarte a la residencia, voy para allí.
Él no parece seguro de su propuesta y a mí no me parece una buena
idea tampoco. Está bien que seamos capaces de pasar una tarde estudiando juntos en la biblioteca, pero las cosas deben suceder más despacio. O
no volver a suceder.
-No te preocupes, no voy allí. Cogeré el metro, en serio.
-Está bien, nos vemos, entonces.
Me quedo un rato en la puerta de la biblioteca mientras lo veo alejarse a través del asfalto.
Creo que estoy satisfecho con el resultado de esta primera tarde de
estudio junto a Lanna. Parece que quiere olvidar lo sucedido en el Cero
Diez y no ha venido con el hacha de guerra, al menos. Sino más bien todo
lo contrario. Quizá lo que le dije la otra noche le haya hecho pensar sobre
lo sucedido entre nosotros, nuestros comportamientos.
Es evidente que tenemos que pasar mucho tiempo juntos y lo mejor
será llevarnos bien.
280
Nunca quise hacerte daño
De momento, decido marcharme sin pensar demasiado y desconectar
de todo durante el fin de semana. Creo que ha sido una decisión acertada.
-¡Hola Mark! ¿Dónde andas?
-Camino de la estación -no me detengo mientras hablo por teléfono,
no tengo demasiado tiempo-. Me voy a esquiar, el tren sale en diez minutos.
-Vaya, no tenía ni idea de que este fin de semana también te marchabas. Te llamaba por si te apetecía salir a hacer algo esta noche, pero ya
nada.
-Sí, parece que vamos a tener que dejarlo para otro día -miro la pantalla, vía veintiocho.
-¿Y cuándo vuelves?
Se hace un incómodo silencio entre el teléfono, su voz, y yo.
-Mañana por la noche. El lunes tengo clase.
-¿Te apetece que salgamos a tomar algo? Hace tiempo que no estamos
juntos y…
-Me parece bien, Ivanna -ahora no tengo ganas de alargar esta conversación-. Cuando esté de vuelta te aviso. Tengo que dejarte o perderé el
tren.
-¡Vale entonces! -su voz es ahora más alegre- Mañana te veo…
Y cuelgo, sin demasiadas ganas de pensar en lo sucedido.
281
Sonia Hernández
El blanco comienza a desaparecer y vuelve a dar paso al gris asfalto,
lo que únicamente anuncia que el invierno quiere dejar paso al buen
tiempo. Me da igual que deje de nevar o que empiece a hacer calor; lo
único que tendremos que hacer es adaptarnos a la nueva estación, y después, vuelta a empezar. El ciclo de la vida, ¿no?
Copito está como loco con nuestro viaje a Bariloche, aunque no haya
confirmado mi asistencia. Pasa las horas muertas delante de su ordenador buscando ofertas, actividades y cualquier cosa relacionada con lo que
ya llama las vacaciones de nuestra vida. La verdad es que me apetece
mucho ir con él a Argentina, aunque ahora tenga la mente bastante ocupada en la carrera.
El paisaje continúa pasando a través del cristal. Campos repletos de
hielo, casas a medio derruir, un rebaño de ovejas. Últimamente no me
fijaba en estos detalles cuando viajaba en tren, pero creo que me gusta ver
la vida sin mí. Todo continúa ajeno a uno mismo y lo peor es que a veces
nos cuesta demasiado darnos cuenta.
282
Nunca quise hacerte daño
“¡Hola esquiador! ¿A qué hora vuelves? No creas que te vas a librar de mí con
facilidad…”
Leo el mensaje en la pantalla iluminada de mi teléfono, sin saber si
tengo demasiadas ganas de demorar el regreso a casa. El viaje en tren y
sobre todo, la nieve, me hace sentir cansado. Pero desde lo ocurrido en
mi dormitorio no he vuelto a ver a Ivanna y quizá deba hacer el esfuerzo. Comienzo a teclear sin prisa.
“El tren llega a las ocho. Puedo avisarte cuando llegue a la residencia.”
Y ya. Ya no se me ocurre nada más que pueda completar el mensaje.
Además, tampoco me gusta especialmente esta forma de comunicación, soy
más partidario de realizar una llamada o, mejor, hablar frente a la persona.
El paisaje continúa cambiando tras el cristal y me sorprende comprobar que apenas he pensado en ella este fin de semana. Me he sentido
cómodo en la nieve, en el apartamento, en el tren… sin ella. Y ello provoca una leve sonrisa en mi rostro.
Algo más tarde, el tren se ha detenido por completo en la estación.
Espero a que el resto baje del vagón para hacerlo yo, con mi bolsa al
hombro y el gorro completamente calado. Hace frío y lo noto cuando de
mis labios sale ese vaho tan característico. Me detengo un momento en
el andén antes de intentar salir de la estación. Hay bastante gente y prefiero esperar, me agobia caminar a pasitos como si estuviera en una procesión. Miro mi reloj, las ocho y cinco. Si me doy prisa podré tomar el
siguiente metro y en menos de media hora estaré en la residencia. Quizá
incluso invente alguna excusa para no ver a Ivanna y me aísle en mi dormitorio a descansar para mañana. Además, siento algo de dolor en un
brazo por una caída bastante tonta que he tenido por la mañana. Aunque
tengo toda la semana por delante para recuperarme. Camino sin prisa
para evitar acercarme al gentío.
-¡Mark, Mark!
Miro alrededor al escuchar mi nombre, que parece salir de entre la
marabunta de viajeros. Pero no consigo distinguir a nadie conocido.
Bueno, no creo que sea el único Mark de la estación, no es que tenga un
nombre demasiado original, la verdad.
-¡Mark, estoy aquí!
283
Sonia Hernández
Por fin veo su silueta asomar de entre la multitud. Mueve el brazo en
el aire para llamar mi atención y sonríe ampliamente.
-¿Qué haces aquí? -saludo sin estar seguro de si me alegro o no de
verla.
-No sé, tenía tiempo de sobra y… venga, que te invito a tomar algo.
Y no puedo negarme. Ni siquiera estoy seguro de querer hacerlo. Me
apetece pasar el resto de la tarde con ella e intentar conocerla. Por qué no.
-Claro Ivanna. Pero invito yo.
Ella sonríe con sinceridad y se cuelga de mi brazo para soltarlo sólo
cuando hemos llegado al bar.
-Venga, siéntate que ya pido yo -tiro mi mochila bajo la mesa.
-Vale, quiero un zumo de tomate.
-¿Un zumo de tomate? -arqueo las cejas- ¿Pero eso se sirve en los bares?
Ella se limita a sonreír avergonzada.
-Es broma. Vengo ahora.
Desde la barra la observo discretamente. Continúa sentada en el
reservado, las piernas cruzadas se mueven nerviosamente. Da pequeños
golpecitos sobre la mesa con sus uñas.
¿Está nerviosa? Bueno, me divierte verla así. De vez en cuando me
mira y sonríe. Sí, está nerviosa. Y me gusta esto.
-Ten, tu zumo.
-¡Gracias! -canta. La verdad es que tiene la consistencia de un granizado- ¿Quieres probarlo?
Casi me coloca el vaso en los labios y sólo de olerlo me entran arcadas.
-Deja, deja, creo que con el de piña tengo suficiente.
-¿Has pedido zumo tú también?
-Claro, era por solidarizarme contigo -toco con mi dedo índice la
punta de su nariz-. ¿Quieres?
No espero su respuesta y meto en su boca algunos cacahuetes que he
traído en un cuenco. Ella los sorbe divertida.
-¿Qué tal en la nieve? -se apoya en la mesa.
-Bien. Hacía bastante frío, pero bien, he aprovechado bastante. Me he
quitado el mono.
-¿Y vas todos los fines de semana?
284
Nunca quise hacerte daño
-Lo intento. ¿Por qué?
-No sé… -parece molesta con mi respuesta, pero no pienso cambiar
esta recién adquirida costumbre- Podrías quedarte alguno aquí, la verdad.
-Tengo que aprovechar el abono que me regaló mi padre por
Navidad. Pero si lo que quieres es que me quede, el próximo fin de semana no voy a ir.
-¿En serio? -está realmente orgullosa de escuchar esto.
-Bueno… -dudo, pero decido ser sincero con ella- Hoy he tenido
una caída y me duele bastante el brazo, así que creo que descansaré
una semana -toco mi codo mientras hablo y decido poner cara de
sufrimiento.
-Pobrecito… -¿Pobrecito? ¿Pero…qué es eso?- ¿Te duele mucho?
-Bah, un poco -miento-. Ha sido una caída tonta, pero suelen ser las
peores, la verdad.
-Deberías ir al médico, te acompaño si quieres.
Ya está preparada para levantarse y llevarme al hospital.
-No te preocupes -agarro su pequeña mano para atraerla de nuevo al
sofá-, en peores plazas he toreado. Esto no es nada, con un poco de descanso se me pasará.
Ni siquiera soy consciente de cómo ha sucedido, pero mi brazo reposa sobre los hombros de Ivanna mientras ella acaricia mi mano con suavidad. Y creo que esto me gusta.
-Deberías tener más cuidado en la nieve…
-Bueno, después de haberme roto las dos muñecas, tener que darme
puntos en una rodilla, en la otra un esguince y… no me acuerdo de más.
Vamos, que esto no es nada.
-¿Seguro? -parece preocupada.
-Esto con un poco de cariño se cura.
Ella sonríe antes de acercarse a mí y rozar mis labios con delicadeza.
La acojo acariciando sus mejillas y sonrío cuando compruebo que, en un
gesto rápido, está hecha una bolita en el sofá, de frente a mí, dispuesta a
darme todo el cariño necesario para curar mi brazo y, sin ser consciente
de ello, quizá también mi interior.
-Hoy estás… no sé, diferente.
285
Sonia Hernández
Me mira sin evitar sonreír y ni siquiera espera una respuesta. Ahora
una de sus piernas se balancea sobre mi regazo mientras rozo su rodilla
con la mano.
-Diferente, ¿a qué te refieres con diferente?
-No sé. Y no quiero decir que sea bueno ni malo, no me malinterpretes. Aunque en realidad te noto más alegre que otras veces. Creo que es
el primer día que te veo sonreír en varias ocasiones.
Sostengo su mirada, distraído. Claro que sé a qué se refiere, aunque
intente hacerle creer lo contrario. Simplemente me siento más relajado
conmigo mismo, lo que conlleva estarlo con el resto. Estoy más tranquilo, sólo es eso.
Por un momento pienso que me gustaría que Ivanna supiera todo lo
sucedido para que pudiera entender un poco mi comportamiento, aunque decido abandonar la idea para no complicar algo que parece que le
cuesta arrancar por sí mismo.
-Sabes, he estado pensando y creo que tienes razón con lo que me
dijiste la otra noche.
La miro desconcertado. ¿La otra noche? Teniendo en cuenta lo ajetreada que está resultando mi vida en los últimos meses, no soy capaz de adivinar a qué se refiere.
-La otra noche, en tu habitación… -parece irritada por tener que dármelo masticado, además de estar completamente avergonzada por iniciar
esta conversación- creo que tenías razón. Quizá no fuera el momento y
no es algo que debamos forzar, ¿no?
Tomo aire antes de comenzar mi discurso, totalmente improvisado, claro.
-Bueno, yo sólo te dije lo que opinaba en ese momento. No te vi nada
convencida y no quería que hicieras algo de lo que más tarde pudieras
arrepentirte. Ni siquiera yo estaba bien aquella noche -pero decido no
continuar por ese camino o la conversación acabará mal-, simplemente
creo que es algo que tiene que surgir y listo. No debes tener prisa por
hacerlo. Deja que llegue el momento.
-¿Y cuándo va a ser el momento? Me gustas y quiero que seas tú.
Abro los ojos al máximo, asombrado por esta confesión.
-Bueno, el momento llega y llega, además, ¿no me estabas vendiendo
286
Nunca quise hacerte daño
la moto de que querías esperar? -finjo estar molesto con ella cruzando
mis brazos y sintiendo bastante dolor por la caída- Creo que me estás
vendiendo aire…
-¡No seas tonto! Sólo estaba preguntando. Quería que supieras lo que
siento por ti.
Me siento apenado por no poder contestar a su confesión del mismo
modo pero, con su silencio y su sonrisa, parece darme una tregua.
-Creo que el momento que ha llegado es el de marcharse. Es tarde y
mañana hay que madrugar. Además, quiero pasar por la lavandería a dejar
todo esto -doy una patada a mi bolsa de deporte.
-¿Quieres que te acompañe? -vuelve a sonreír esperanzada, pero yo
tengo ganas de que el día termine y eso pasa por quedarme a solas y tener
algo de tiempo para mí.
-Ya soy mayor y mi mamá me deja ir sólo. Creo que estaré bien.
Ella sonríe entristecida por tener que separarnos ya, así que no dudo
en dar la vuelta a la situación, lo que no me resulta especialmente difícil.
-Si te conformas con esto…
Me acerco a ella hasta casi recostarme y la beso con tantas ganas que
me sorprendo a mí mismo. Sus labios me reciben ansiosos y de repente
me veo inmerso en un abrazo que hacía mucho tiempo no recibía.
No soy capaz de cerrar los ojos al besarla y sé que no lo hago por
miedo. Por miedo a que mi cerebro comience a trabajar sin mi permiso y
me lance imágenes que no quiero revivir. Quiero que esto salga bien y
haré lo que esté en mi mano, aunque no me haya parado a pensar si estoy
seguro de querer hacerlo. Pero quizá ya sea tarde para ello. Ahora sólo
quiero sentirme bien conmigo mismo e Ivanna lo consigue.
Decido abandonarme y dejarme llevar por primera vez desde hace
semanas.
287
Sonia Hernández
Martes por la tarde. Llego con el tiempo justo, o más bien tarde,
así que me dirijo con decisión al aula de estudio que Mark reservó la
semana pasada. La puerta está entreabierta y cuando entro veo que
Mark ya está sentado con la mesa repleta de apuntes.
-Lo siento. Llego tarde -saludo intentando recuperar el aire.
-Tranquila, acabo de llegar -sé que es mentira-. Estaba revisando los
apuntes del año pasado.
Me quito el abrigo y me siento con las piernas cruzadas sobre la silla.
-Tienen bastante buena pinta -los ojeo por encima-, y para ser apuntes…
-Sí, antes me esmeraba más, la verdad -sonríe y me mira por primera
vez desde que he llegado-. Pero llega un punto en el que…
-Entiendo. Mira, he traído el mapa que te dije -saco el pliego-, a ver
qué te parece.
-¿Que qué me parece? ¡Está perfecto! No sabía que se te daba bien
esto de dibujar.
Se hace un embarazoso silencio entre ambos y pienso en cuántas
cosas nos quedaron por descubrir.
288
Nunca quise hacerte daño
-Bueno… no se me da demasiado bien. Ya te dije que lo iba a copiar,
ha sido cuestión de paciencia. Eso sí, como la condición era que los dos
teníamos que participar en cada frase, he dejado espacio aquí -señalo la
esquina inferior derecha- para que pongas la leyenda.
Río con sinceridad porque realmente me ha parecido divertido el
comentario y veo que ella sonríe con timidez y escribo con mucho cuidado, no quiero estropear el mapa, la leyenda.
-Menos mal que le he dado mi punto, sino… por cierto, he encontrado este libro, mira… -lo coloco entre ambos para que pueda leer- Pero lo
tengo que devolver mañana a la biblioteca. He pensado que podemos
hacer algunas fotocopias y trabajar sobre ellas.
Lanna saca de su pequeño neceser una cajita repleta de clips con
forma de corazón y los coloca en cada página que queremos fotocopiar.
Nos miramos y ella sonríe.
Me siento un poco ridícula por esto. Cada día siento que Mark y yo
estamos más lejos el uno del otro. Ahora él me mira como si fuera una
marciana por marcar las páginas. Y yo siento que estoy ante un completo desconocido.
-¿Vamos? -ya se ha levantado y me tiende el libro mientras camina
hacia la puerta. Le sigo con prisa y coloco el libro sobre el cristal de la
fotocopiadora mientras él me sujeta la tapa.
-Dale -pero ni siquiera me atrevo a volver a mirarle.
La fotocopiadora emite un irritante pitido y la lámpara comienza a
moverse para escanear el libro mientras él está bajando la tapa. La consecuencia es una fotocopia bastante oscura en la que se ve más mi
mano que el texto del libro. Me siento algo avergonzada ante esto y
Mark sonríe al ver el resultado.
-Has puesto la mano en el libro, esto parece una radiografía.
-Lo siento -sé que estoy sonrojada.
-Qué dices, está guay. De hecho, me acabas de dar una idea.
Le miro confusa. ¿Le he dado una idea fotocopiando mal un libro?
-Pon la mano en el cristal -ha quitado el libro de la máquina y yo le
miro extrañada ante la petición.
289
Sonia Hernández
-Venga, confía en mí -con prisa, agarra mi mano y la coloca sobre el
cristal-, separa los dedos.
Puedo notar el calor que desprende su cuerpo y comienzo a tiritar al
sentirlo. Abre la palma de su mano junto a la mía y, con ayuda de la otra,
deja caer la tapa con cuidado de no hacernos daño. Noto que mi dedo
pulgar está rozando su meñique, pero intento disimular esto. No sé qué
se propone, pero esto me está resultando, cuanto menos, divertido.
-El toque mágico… -aprieta el botón verde que hace que el láser pase
por debajo de nuestras manos- ¡et voilá! Aquí estamos.
Me tiende el folio en el que acaban de quedar plasmadas las palmas de
nuestras manos. Lo miro divertida.
-Vaya, parece que salimos guapos, ¿no? -bromeo con el folio en la mano.
-¿Lo dudabas? -y coge el libro para terminar de fotocopiarlo y volver
al aula de estudio.
Lanna camina detrás de mí con nuestras manos fotocopiadas. Estoy
convencido de que no sabe para qué lo he hecho. Incluso a mí mismo
me parece una tontería lo que acabo de hacer, pero sólo intento romper
el enorme iceberg que hay entre ambos para que estemos más cómodos
el uno con el otro.
-¿Me prestas un pósit, por favor?
Ella sonríe y me tiende el taco entero para que arranque los necesarios.
Decido tomar dos, que utilizo para pegar nuestra fotocopia en la pared.
-¿Y ahora? -espera intrigada y me divierte verla así, sentada en la silla,
completamente acurrucada.
-Ahora nada. Lo dejamos ahí para recordar que nuestras manos tienen que estar en cada parte del trabajo -ella sonríe confundida ante lo que
le estoy diciendo.
-¿Se trata de algún tipo de estrategia de motivación?
-¿Sinceramente? No. Se me acaba de ocurrir, pero lo que tú dices también está bien, ¿no? A mí me motiva verlo -cruzo los brazos para hacerme el interesante- ¿A ti no, o qué?
Ella asiente satisfecha y volvemos al trabajo, que parece que avanza
más rápido de lo que ambos creíamos.
290
Nunca quise hacerte daño
El resto de la tarde pasa entre libros, fotocopias y apuntes. Su letra se
mezcla con la mía, sus bolígrafos trabajan en mi mano y mis apuntes son
estudiados por su mirada. En pocas horas parece que hemos olvidado
todo lo que nos separa para formar, por una vez, un equipo.
Un sonido sordo parece desconcentrarnos a los dos y Mark da un
respingo para rescatar su teléfono de entre el montón de papeles que
inunda la mesa.
Me mira antes de contestar y le sonrío para hacerle ver que no me
molesta que hable.
-¡Hola! -saluda casi cantando- Ya te echaba de menos.
Se pone en pie y mira por la ventana mientras escucha a su interlocutor. Así pasa un rato hasta que se gira para mirarme y sonreírme. Hago un
gesto con mi mano señalando la puerta para que vea que no me importa
salir mientras habla, pero él niega con la cabeza sonriendo ampliamente.
Parece feliz de recibir esta llamada y la curiosidad comienza a inundarme. ¿Será quizá Ivanna la que no para de hablarle al otro lado? Él continúa sonriendo mientras escucha.
-Espera que apunto. Dices que el vuelo son… -y apunta en uno de
mis pósit una cantidad bastante desmedida- El alojamiento da igual, con
el susto del avión tengo suficiente por hoy… no, todavía no reserves…
porque primero tengo que estar seguro de tener todo aprobado… venga,
que de esto ya hemos hablado, además, todavía queda bastante hasta julio.
¿Se va de vacaciones? Es evidente que sí, ¿pero con quién y a dónde?
Por mi mente ya comienzan a desfilar destinos paradisíacos que visitará
con Ivanna. Y vuelvo a enfadarme conmigo misma por sentirme celosa
de ella. Ya hace mucho tiempo que pasó todo aquello y ambos hemos
asumido que estamos con alguien y que nunca podremos, si quiera, ser
amigos. Pero me muero de rabia al pensar que lo suyo con Ivanna va tan
en serio como para estar planeando unas vacaciones de ese calibre. A mí
ni se me había pasado por la cabeza pasar el verano con Loan y él planea
marcharse de viaje….
-Ya te lo confirmaré, no te preocupes… sí, el curso va bien, que pareces mi madre… ¿El trabajo? Precisamente ahora estoy con eso… -me
291
Sonia Hernández
mira y hace una mueca divertida-. Sí, estoy con ella… claro, claro, de tu
parte…. Y otro besito para ti, cariño.
Me he quedado completamente blanca al escuchar esto. Tenía asumido que estaba con Ivanna y parece que les va bien, pero como para decirse esas cosas delante de mí… Por un momento creo que intenta ponerme celosa y parece que lo ha conseguido con bastante facilidad. Pero no
tardo en darme cuenta de que estoy completamente equivocada con él
cuando cuelga el teléfono y vuelve a dirigirse a mí.
-Recuerdos de parte de Copito -le miro sorprendida.
-¿Era Copito? -él nota mi sorpresa y sonríe quizá porque conoce mis
pensamientos.
-¿Te acuerdas de él? -asiento con la cabeza y una sonrisa brotando de
mis labios- Pues parece que él también de ti –sonríe-. Estamos planeando un viaje y me tiene loco. En mala hora le dije que sí, ahora no para de
llamarme para ver si todavía sigue en pie.
-¿Y a dónde vais? -dejo el bolígrafo sobre la mesa para prestarle toda la
atención a él. Sonríe antes de contestar y parece algo avergonzado, incluso.
-Es una historia muy larga…
-No tienes por qué contármelo si no quieres, perdona por preguntarte.
No me siento molesta por su contestación y se lo hago saber. Quizá
sea algo que quiere guardarse sólo para él y no tiene por qué contarlo si
no lo desea.
-Verás, cuando éramos unos niños siempre decíamos que se debería
poder esquiar en verano. Que siempre hubiera nieve. Entonces nos parecía una locura, claro… y no hace mucho, Copito me propuso ir en verano a esquiar a San Carlos de Bariloche.
-¿Argentina? -le miro pasmada- Eso es un pedazo de viaje…
-Sí, lo es. Por eso le he puesto como condición que primero quiero
terminar la carrera limpio.
-¿Para poder irte con la conciencia tranquila?
-Eso es… es mucha pasta y necesito una buena excusa para hacerlo.
Y creo que licenciarme lo es.
-Desde luego que sí. Entonces pongámonos manos a la obra, no quiero ser la responsable de que no hagas tu viaje.
292
Nunca quise hacerte daño
Le miro dedicándole una sonrisa sincera y feliz porque ella sea la pri-
mera que conozca mis planes para el verano. No entiendo el motivo por
el que no me atrevo a contárselo a Ivanna. Quizá porque sé que ella no
lo iba a entender. Yo soy el primero que pienso que este viaje es una locura, pero no necesito que nadie me lo diga. Además, quiero hacerlo.
-Mira qué lejos te vas a marchar... -Lanna ha cogido el mapa que ella
misma ha dibujado y señala el continente americano- Es un buen trozo, ¿eh?
Sonrío al mirar el plano con sus pequeños deditos señalando nuestra
posición y mi destino.
-¿Y tú que vas a hacer en verano?
Me mira un momento, indecisa. Parece que le he cogido desprevenida.
-No he pensado nada todavía, sé que Lea está planeando algo también, pero creo que volveré a Blackpool. Echo de menos a mi familia y
mi madre me ha dicho que mi abuela está un poco pachucha… además,
después de lo del accidente de moto de mi hermano… creo que lo mejor
será que vaya a poner un poco de orden allí.
Parece triste al contarme esto y me arrepiento de haberle hecho la
pregunta.
-¿Y a dónde te gustaría ir? -cojo de nuevo el mapa y comienzo a
observarlo- A ver, seguro que a África, con los negritos… -me mira con
la melancolía reflejada en su rostro-, o a la China de los chinitos… no,
creo que mejor con los esquimales... -ahora sonríe- ¿o a bailar flamenco?
Ella ríe cuando, con mis manos, hago un baile bastante desastroso. Me
gusta volver a escuchar su risa y la miro ya sin una pizca de rencor. Por
un momento veo a una Lanna diferente a la que andaba por aquí las últimas semanas. Parece que su máscara se ha caído y ha dejado paso a la
Lanna de siempre, la que es sincera, habla sin miedo y muestra sus sentimientos. La princesa que yo conocí al principio de curso y me trajo tantos quebraderos de cabeza. Parece desamparada pese a tener cerca a su
mejor amiga y a Rostro Pálido, que ya no se separa de ella ni con agua
caliente. Lanna princesa solitaria.
-¿Sabes a dónde me gustaría ir algún día? -sujeta con delicadeza mi
dedo índice, que reposa sobre la península Ibérica, y lo traslada unos
centímetros al norte- Aquí.
293
Sonia Hernández
Ahora mi dedo señala Francia, sostenido por los suyos.
-¿A Luxemburgo? -me sorprende.
-¡Ay, perdón! Es un poco más a la izquierda…
Miro el mapa y no estoy seguro del lugar que me quiere mostrar.
Pongo cara de estar pensando, aunque en verdad no lo estoy haciendo,
me limito a observar con disimulo cómo ella me mira también, paciente,
sin desesperar.
-Tendrás que darme una pista…
Ella me hace una mueca de falsa irritación antes de erguirse y quitarse la chaqueta con decisión.
-¿Te vas a desnudar? -bromeo mientras ella me mira divertida- Qué
bien, espera, que te ayudo… -ojalá.
-¿Ahora sí? -estira su camiseta para que pueda ver el estampado y
enseguida caigo en la cuenta de sus intenciones, aunque lo de desnudarse sonaba francamente bien. La observo un segundo.
-¿Lo dices en serio?
-¿Por qué no? Nunca he estado y me gustaría ir. Creo que es tan lícito como lo tuyo.
-Vaya, no lo esperaba… ¿y por qué te gustaría ir allí?
-Porque tiene que ser un sitio mágico, en el que olvidamos el mundo
real y volvemos a ser niños, recuperamos su inocencia. Además, no tiene
nada de malo que Mickey sea mi ídolo, ¿no?
-Claro, claro -sentencio-. La verdad es que tu razonamiento me ha
convencido. Creo que deberías ir. Y yo voy contigo si te disfrazas de princesa, como las niñas…
-Qué tonto eres…
Pero no me siento avergonzada por haberle dicho a dónde me gusta-
ría viajar. Nunca lo he hecho antes con él y ahora no voy a empezar,
desde luego.
Él continúa mirándome mientras sonríe y yo me limito a disimular
con el lío de papeles que tenemos sobre la mesa.
-¿Cómo crees que vamos con el trabajo?- pregunto de pronto sin
pensar antes de hacerlo.
294
Nunca quise hacerte daño
-Bueno… -duda mientras se rasca el cabello- Parece que tiene buena
pinta, aunque en mi opinión, tenemos que darle caña a la parte práctica.
Pero creo que llegaremos a tiempo.
-Sí, yo también lo creo.
Pasamos bastante tiempo inmersos en la materia, sin volver a mencionar ningún tema personal. Aunque por momentos me lo imagino esquiando junto a aquel tipo tan peculiar llamado Copito. Me gusta que se haya
lanzado a semejante aventura que yo jamás sería capaz de iniciar, y supongo que mis padres se negarían rotundamente a que hiciera algo así.
Ya es de noche fuera.
-¿Qué hora es? -pregunta sin apartar siquiera la vista de la pantalla de
su ordenador portátil- He quedado para ir al cine.
-¿Al cine? -pregunto sin dar importancia al hecho, quizá sólo intente
volver a entablar conversación con él- ¿Qué vas a ver?
Por fin aparta la mirada de la pantalla y lo piensa un momento antes
de responder.
-No me llames Cielo.
-He leído el libro y está muy bien, pero no te pega mucho la película.
Ya sabes, una historia de manual.
-Sí, bueno, no la he elegido yo -sonríe sin mirarme directamente.
-De todas formas, creo que te gustará. No es sólo amor.
Se hace un incómodo silencio entre ambos. Retratos de la noche en el
cine pasean por mi mente y estoy segura de que de la mía pasan directamente a la suya, aunque Mark intente disimular moviendo con nerviosismo y sin dirección el pequeño ratón del ordenador portátil.
-¿Qué nos pasó, Mark?
Lanna me mira fijamente y la sonrisa que inundaba su rostro durante
la tarde ha dado paso a una inmensa tristeza. La miro directamente,
sorprendido por esta pregunta que sé de sobra no busca ni necesita respuesta. Continúo así, observándola un rato más, lo que no parece incomodarla. Sonríe con melancolía.
-No estoy seguro… Sólo sé que nunca quise hacerte daño -me sincero al fin.
295
Sonia Hernández
Ella baja la mirada un momento para fijarla en sus pequeñas manos.
Gira con cuidado su gran anillo una y otra vez.
Después de esta confesión siento que me he quitado un gran peso de
encima que me impedía caminar. Esto era lo único que podía decirle porque es lo único que tengo claro. Y estoy satisfecho de haber sido capaz
de decírselo de una vez.
-Y yo sólo sé que nunca quise alejarme de ti.
Siento un escalofrío recorrer mi cuerpo en un sólo segundo y toda mi
sangre queda paralizada. De sus labios emana una sonrisa que únicamente puedo calificar como sincera. La sonrisa más sincera que me hayan
dedicado. Y tanto su confesión como este gesto me superan. ¿Cómo es
posible? Hemos hecho de una tarde de estudio el día en que, por fin, nos
decimos lo que sentimos a la cara. Y para ello han tenido que pasar
meses, nos hemos hecho demasiado daño ya como para continuar
haciéndolo, aunque sea con la verdad.
-Tarde… -susurro sin pensarlo ni sentirlo. Creo que es lo mejor.
Ella debe creer que ya no hay nada que hacer, así podrá continuar con
su vida sin dar más vueltas a lo sucedido, y quizá incluso yo pueda hacer
lo mismo.
Finalmente, la veo sonreír de nuevo con una pizca de resignación en
su gesto. Lo siento, Princesa triste, pero las cosas son así ahora.
Intentemos al menos ser amigos.
Suena su teléfono librándonos al fin de tan incómoda situación. No
lo deja sonar apenas y lo coge sin dudar. Es Rostro Pálido. Lanna responde con monosílabos accediendo a la proposición que el tipo le esté
haciendo. Han quedado, lo que provoca un enorme ataque de celos y
rabia dentro de mí. Pero no lo exteriorizo, no quiero que se dé cuenta.
Me repito a mí mismo que ya es demasiado tarde para todo.
-Parece que yo también voy al cine esta noche -le sonrío cuando ha
colgado el teléfono-. Apocalipsis. Tampoco la he elegido yo -la resignación vuelve a aparecer en su triste sonrisa.
-Si quieres te cambio…
-Creo que no -y comienza a recoger para marcharse.
~•~
296
Nunca quise hacerte daño
Lea me mira divertida mientras Greiff y Loan compran algunas golosinas, aunque intento ignorarla todo lo que puedo.
-Bueno, cuéntame qué tal va tu trabajo -me encojo de hombros y
bramo un bien para que entienda que no tengo demasiadas ganas de
hablar del tema.
-Espero que al menos aprobéis la asignatura y te quites a Mark de
encima o a Loan le dará un soponcio.
Miro a mi mejor amiga y niego con la cabeza. No tengo ganas de bromear con el tema, pero prefiero no hacérselo saber o tendré que dar más
de una explicación.
-Deberías cuidarlo un poquito más.
-No sé a qué te refieres.
-Vamos Lanna, no te hagas la tonta. Tienes a Loan como un perrito
colgado de tus faldas y le tratas con frialdad. Eres la mujer de hielo…
-No tengo ganas de que me den consejos sobre cómo tratar a nadie.
Que seas como un terrón de azúcar no quiere decir que todos seamos
como tú.
-Mejor no te recuerdo la discusión del Cero Diez, entonces.
-¿Es que también tengo que darte explicaciones sobre lo que hable o
no con Loan?
-A mí no, pero a él quizá sí. Sinceramente, no sé cómo sigue aguantándote. Deberías pasar página de una vez, Lanna. Él está con otra y se
supone que tú con Loan. La vida sigue adelante, asúmelo.
-Eres idiota -remato la conversación dándole un motivo más para que
siga llamándome así.
Pasamos un rato sin hablarnos hasta que vuelven los chicos. Greiff
trae un enorme vaso con bebida y varias bolsas de golosinas, mientras que
Loan porta una pequeña botella de agua y una discreta bolsa con dulces.
-¡Venga chicas! -el tono jovial de Greiff desaparece cuando se da
cuenta de que ninguna ha sonreído. No nos hemos mirado siquiera.
Comenzamos a caminar y Lea se abraza a él para hacerme ver lo orgullosa que está de ser un terrón de azúcar.
-¿Estás bien, qué ha pasado? -susurra Loan sin dejar de seguirlos.
-Nada importante -aunque considere lo contrario-. Mira, allí está
Zara, voy a saludarla, ¿vienes?
297
Sonia Hernández
Loan observa al grupo antes de contestar. Giulio come un enorme
sándwich y Zara habla con Ivanna, que gesticula exageradamente.
-Paso, ve tú, yo te espero aquí.
Siento pánico al pensar que tengo que acercarme a ellos, pero Zara ya
me ha visto y me espera sonriendo. Aunque también sé que dar un poco
de aire a lo sucedido me vendrá bien.
-¡Hola chicos! -saludo al grupo en general, aunque sólo obtenga respuesta de dos de los integrantes.
-¿No me llames Cielo? -pregunta Zara nerviosa.
-No… -contesto apenada- Una del fin del mundo.
-Oh… - Zara exagera- Me has decepcionado… pensaba que eras de
las mías y vendrías al estreno… esta no te la perdono… -bromea.
-No creas, que a gusto cambiaba… pero otra vez será.
Miro a Ivanna con bastante disimulo, que me mira sin ninguna discreción. Tiene sus brazos cruzados a la altura del ombligo y, a juzgar por su
gesto, no está demasiado feliz de verme.
-Estamos esperando a Mark, viene ahora. ¿Sabes algo de él?
-Hace un rato que nos hemos despedido en la biblioteca. Me ha dicho
que venía para aquí, pero no sé.
-¿Y qué tal va vuestro trabajo, por cierto?
Parece que Zara tiene ganas de interesarse por mi vida esta noche
pero estoy convencida de que lo hace sólo para ver tanto mi reacción
como la de Ivanna. Por supuesto, a Giulio esto le divierte sobremanera.
-Bastante bien, la verdad, parece que hemos adelantado mucho…
pero bueno, en breve te lo cuento.
-Lanna, es tarde -Loan roza mi antebrazo y yo me giro para mirarle
antes de despedirme.
-Debo marcharme, nos vemos mañana… ¡que lo paséis bien!
Y camino junto a Loan para entrar en la sala, que ya está a oscuras.
Parece que ya se ha marchado, así que ya puedo acercarme a Giulio,
Zara e Ivanna. No estaba seguro de querer volver a verla esta noche, ello
significaría tener que dar alguna que otra explicación a Ivanna y no estoy
por la labor. Me acerco despacio al grupo, que todavía no se ha dado
cuenta de mi presencia.
298
Nunca quise hacerte daño
-Es que no la soporto, de verdad -Ivanna gesticula excesivamente al
hablar.
-Bueno, tampoco seas así. Es una tía simpática y legal. Otra cosa es lo
que haya pasado entre ellos… ya sabes…
-¡Me da igual, Zara! -parece irritada de veras con el encuentro y me
sorprende verla así de enfurecida- Es que siempre tiene que aparecer en
todas partes. Y menos mal que Mark no ha llegado, sino todavía tengo
que aguantar esa forma de mirarlo… de verdad Zara, esa chica es
inaguantable.
Tomo aire antes de continuar caminando para acercarme a ellos. Al
fin, suspiro y me uno a ellos a paso decidido.
-Bueno, bueno… -saludo intentando aplacar los ánimos- ¿Qué pasa?
-Nada, Ivanna, que se ha convertido en míster Hyde -bromea Zara
poniendo cara de loca.
-No me he convertido en nadie, sólo digo que no soporto a Lanna.
No tiene nada de malo, ¿no?
-No tiene por qué caerte bien todo el mundo, desde luego -intento
darle la razón para evitarme un problema-. A mí Giulio me cae fatal y
aquí estoy…
-¡Muy buena, tío!
-No se trata de que me caiga mejor o peor, es sólo que estoy harta de
ella. Se le ve el plumero.
-Podría vérsele otra cosa también… -Zara propina un codazo a su
novio y yo ahogo una risa al descubrirme opinando lo mismo que mi
amigo.
-No soy tonta, Mark. A esa chica le gustas. Se le nota -vuelve a gesticular de forma casi irritante-.Y no estoy dispuesta, te lo advierto. Yo no
soy tonta.
-Claro que no eres tonta. Yo nunca saldría con una chica si pensara
que es tonta.
Paso mi brazo sobre sus hombros y ella casi se agazapa en mí sonriendo triunfalmente, aunque no puedo evitar sonreír cuando mi mirada se
cruza con la de Giulio, que hace una mueca como si quisiera decir que en
el fondo un poco tonta sí que es, puesto que no se ha dado cuenta todavía de nada.
299
Sonia Hernández
Parece que el buen tiempo quiere llegar ya. Hace tiempo que dejó de
nevar y el sol es ahora un común compañero de camino. De hecho, el
curso poco a poco llega a su fin también. Dentro de muy poco tiempo
comenzaremos los exámenes finales. No me siento especialmente preocupada por ello. Incluso el trabajo de Derecho Romano ya tiene bastante
buena pinta, aunque no puedo negar que es lo que más me preocupa
ahora. Llevamos mucho tiempo trabajando sobre él y espero que tenga
buen resultado. La semana que viene se decidirá todo puesto que ya hemos
recibido el mail que nos cita para presentarlo. Al menos, así tendré tiempo
después para dedicarme por completo a estudiar para los exámenes.
-La verdad es que tenías razón, este sitio es perfecto para concentrarse
y estudiar mejor.
-Claro -miro a Loan con decisión-. Si me hicieras caso más a menudo, te irían mejor las cosas…
Mi relación con Loan marcha bastante bien, también. Parece que al fin
entiende que tenga que hacer el maldito trabajo de Derecho Romano,
aunque sé que nunca podrá poner buena cara cuando tenga delante a
Mark. Pero creo que puedo entenderlo y tampoco quiero sacar el tema
delante de él.
300
Nunca quise hacerte daño
-¿Qué tal te fue el examen de Derecho Mercantil? -no desvía su mirada del enorme río.
-Bueno, bastante bien, aunque la pregunta sobre la OPA…
Alzo la vista para observarle de nuevo. Está sentado con su espalda
apoyada en el árbol y su regazo sostiene mi cabeza. Sonríe cuando nuestras miradas se cruzan.
-Venga, déjate de analizar el examen y sigue con el repaso.
Cruzo mis piernas en el aire y alzo los brazos para volver a tener el
libro frente a mí. He de reconocer que la idea de venir al parque ha sido
buena, al final era cierto que éste es un lugar tranquilo para estudiar y el
sol templando nuestro cuerpo hace de este el lugar perfecto para esta
tarde de primavera.
-Programma del Corso di Diritto Criminale. Es de…
Cierro el libro con prisa para que Loan no pueda ojearlo antes de contestar a mi pregunta. Apoya la cabeza en el árbol y deja que el sol incida
directamente en sus ojos grises, que parecen centellear. Sonrío mientras
espero y disfruto de la tarde.
-Francisco Carmignani… -intenta coger, sin éxito, el libro de entre
mis manos- Creo.
-Ese escribió elementos de Derecho Criminal. La respuesta es
Francesco Carrara -vuelvo a abrir el libro para buscar más preguntas que
hacerle-. Como sigas así, vas a hacerte viejo en primero.
Loan me mira fijamente, quizá sorprendido porque no haya necesitado el libro para responder a las preguntas, lo que me hace pensar que tantas horas de estudio están sirviendo de algo.
-¿Qué vas a hacer este verano, Lanna?
Continúo buscando algo que preguntarle sin dar importancia a su
pregunta.
-Volver a casa, ¿te parece poco?
-Bueno, había pensado que podemos hacer algo… juntos. Coger un
avión y marcharnos a alguna isla a pasar las vacaciones tirados en una
hamaca bebiendo cócteles y bailando merengue.
Sonrío antes de contestar, intentando imaginarme en esa situación.
-Suena apetecible, desde luego.
301
Sonia Hernández
-Greiff y Lea lo van a hacer. Podríamos ir con ellos.
-A estas alturas deberías saber -le señalo con mi dedo índice, acusador- que no me van ese tipo de vacaciones. Si me hubieras ofrecido una
mochila y unos billetes de tren quizá habrías tenido más suerte. En serio,
no te enfades, Loan -su rostro ya está tenso-, pero no es el tipo de vacaciones que me gusta hacer, además, tengo ganas de volver a casa. Quiero
pasar tiempo con mis padres.
Dejo que la imagen de mi familia inunde mi cabeza. Puedo volver a
ver a mi abuela sentada en su sofá, observándonos mientras abrimos los
regalos de Navidad, y me siento entristecer.
-Bueno, mis padres tienen una casa en la Provenza. Si quieres puedo
pedirles las llaves y nos vamos. Alquilamos un coche y conocemos la
zona. Y si prefieres más aventura, pues la recorremos haciendo autoestop -ambos reímos ante su ocurrencia y reconozco que es una idea
genial-. ¿Qué me dices a dos semanas en la Provenza y después te dejo
libre para volver con tu familia?
-Deja que lo piense, ¿vale? Tampoco estoy muy sobrada de efectivo y
me da algo de corte pedir a mis padres dinero para ir de vacaciones después de que hayan tenido que costear el curso. Supongo que sabes a lo
que me refiero.
Aunque creo que no lo sabe. Sus padres no tienen problemas económicos y él ganó la beca del equipo de natación. Vive en un enorme ático
que sus padres pagan y no le falta de nada. Ropa de marca, un teléfono
móvil de última generación o una enorme televisión plana en su dormitorio son algunos de sus caprichos. Pero no me enfado por ello. Es evidente que entre nosotros hay una enorme diferencia social pero hasta
ahora no se ha hecho evidente. Además, Loan no es de los que presume
de tener dinero y esa es una de las cosas que me gustan de él.
-Bueno, dejaré que lo medites entonces. Pero espero una respuesta, ¡eh!
Asiento antes de continuar buscando información en el libro. A estas
alturas del curso está completamente subrayado con lápiz y rotulador fosforescente.
302
Nunca quise hacerte daño
-¿Así que aquí es donde vienes a estar tranquilo?
-Eso es -continuamos caminando sin prisa por el empedrado y no
estoy seguro que me moleste que Ivanna no suelte mi brazo-. Es al fondo,
donde no llega nadie.
Pero parece que hoy sí ha llegado alguien. Sentado en el suelo, con el
cuerpo apoyado en un árbol, distingo a Rostro Pálido, que ríe ante las
ocurrencias de una sabelotodo Lanna. Él se ha percatado de nuestra llegada y saluda a Ivanna con una sonrisa que vuelve a dejar a la vista su
mayor imperfección. Decido ignorarle. Lanna continúa inmersa en el
libro que sostiene entre las manos. Su pierna derecha baila sobre la otra,
únicamente tiene los dedos de los pies calzados en su manoletina. Su
cabeza reposa en el regazo de su novio, que se siente completamente
triunfal ante esta escena y más ahora que hemos llegado nosotros.
-Quizá no haya sido buena idea venir, Ivanna -directamente intento
cambiar de dirección, aunque su mano me sujeta con fuerza para que desista en el intento-. Al final va a resultar que no es un sitio tan exclusivo
como yo pensaba.
-Ahora ya nos quedamos. Imagino que no quieres quedarte porque está
esa -¿esa?-. Pero ya que hemos llegado hasta aquí, no vamos a marcharnos.
Estoy seguro de que Ivanna quiere quedarse únicamente por ego, para
que Lanna vea que seguimos adelante con lo nuestro. Ella está convencida de que Lanna siente algo por mí y parece decidida a exhibirme a modo
de trofeo. Y parece que Rostro Pálido se ha unido al mismo juego.
-¡Loan! Estamos estudiando, venga, no seas pesado -aparto su rostro
con la mano completamente abierta y sonrío porque sé que le hace gracia el gesto-. Ahora vamos con el positivismo.
-Yo no quiero ni positivismo ni más Derecho Penal. Ahora quiero que
me hagas un poquito de caso, anda, que llevamos toda la tarde con esto.
-¡Es que son los exámenes finales! -le recuerdo con un gesto de evidencia- Se trata de estudiar hasta la saciedad.
Alzo mi cabeza cuando oigo una risotada que me resulta bastante
familiar, pese a no haberla escuchado en demasiadas ocasiones. Son
Ivanna y Mark, que acaban de llegar y han ocupado uno de los bancos
frente al río. Gracias por no utilizar el nuestro. Y lo pienso sin una pizca
de maldad, al contrario.
303
Sonia Hernández
Decido incorporarme y me siento con las piernas cruzadas frente a Loan.
-Me gustaría marcharme ya -me ayudo con la mano para calzarme.
-No sé por qué. Yo estoy a gusto aquí. Hace solecito y calor y, como
tú dijiste, es un sitio muy tranquilo para estudiar. Venga, que ahora te
cuento lo que quieras del positivismo.
Sujeta mi mejilla y se acerca para besarme, a lo que respondo con un
beso fugaz y me separo de su rostro más rápido de lo que él esperaba.
-Quiero marcharme, en serio. Si quieres seguir estudiando, no me
importa, pero en otro sitio. Antes decías que estabas harto, así que podemos dejarlo por hoy. Por la noche seguiré con esto…
La situación provoca cierta ansiedad en mí. Necesito marcharme de
aquí y más desde que me he dado cuenta de que Loan intenta por todos
los medios acercarse a mí sólo porque Mark está cerca de nosotros.
Tengo la sensación de que quiere utilizarme para que él vea que seguimos
juntos y no tiene nada que hacer. Pero no se da cuenta de que ahora Mark
está con Ivanna y yo no quiero entrar en este juego. Ya nos hemos hecho
demasiado daño y ahora no lo deseo, así que me pongo en pie para marcharme con o sin Loan.
-Vale, vale, nos vamos. Tienes el trasero sucio.
Pero consigo ser yo misma quien lo sacuda porque sé que vuelve a ser
otra estratagema y comienzo a estar harta de esta situación.
Ni siquiera quiero mirar en su dirección porque pienso que Ivanna
está intentando lo mismo.
-¿A dónde quieres ir?
-Donde tú quieras, pero marchémonos ya -y comienzo a caminar sin
esperarle siquiera.
Miro
en su dirección, se van. Rostro Pálido vuelve a mirar hacia
nosotros, derrotado por la marcha, pero yo me siento algo más relajado ahora.
-Ya puedes calmarte, se han marchado -dejo que se me escape, pero
no me arrepiento de ello.
-¿Cómo? -ella se hace la sorprendida, pero ambos sabemos a qué me
refiero.
304
Nunca quise hacerte daño
-Lanna se ha marchado, ya puedes concentrarte en el libro y dejar de
atosigarme.
-¿Que yo te estoy atosigando? Primera noticia, pero vamos, que si te
molesto, me marcho.
Ivanna parece enfadada por lo que acabo de decirle, pero no me ha
gustado su comportamiento y quiero hacérselo saber, aunque de sobra sé
que con ella debo medir mis palabras.
-No te tomes todo lo que digo a mal Ivanna, pero no me gusta que te
comportes así sólo porque Lanna esté delante. Que creas que siente algo
por mí no quiere decir que sea así y no deberías etiquetar a las personas
por lo que opines de ellas sin intentar conocerlas antes.
-Yo no me he comportado de ninguna manera porque ella estuviera
delante. Siempre soy cariñosa contigo, deberías haberte dado cuenta ya,
otra cosa es que tú te cortes porque sabes que está cerca y no quieras
hacerle perder las ilusiones que se haya podido hacer contigo.
Sonrío burlonamente ante sus imaginaciones.
-¿Te has dado cuenta de que esa chica tiene novio? -me sorprendo a
mí mismo pronunciado esta frase tan impersonal.
-Bah, eso seguro que es una tapadera, es un comodín hasta que te
decidas. Porque ella cree que tiene posibilidades. Si yo le contara…
Suspiro cuando escucho sus teorías. Por un momento pienso que
estoy estudiando con Antoñita la fantástica, lo que me divierte sobremanera. Pero decido dar por terminada esta conversación, no quiero dar
vueltas a algo que no tiene sentido. Al menos me siento orgulloso de que
tanto Lanna como yo hayamos llegado a este punto en el que parece que
no queremos hacernos más daño exhibiendo nuestra situación.
-Deja de decir tonterías… -y la beso sólo para que se calle de una vez.
305
Sonia Hernández
Son las nueve menos cuarto cuando llego al Orissa, un conocido local
en el que adquirir deliciosa comida asiática a buen precio. Hago mi pedido y me lo sirven en poco más de diez minutos, con lo que puedo continuar mi camino bastante rápido. Suena mi teléfono móvil y tengo que
hacer verdaderas virguerías para no dejar caer la carpeta al suelo ni la
comida, y dejar una mano libre para colocarlo en mi oreja.
-Hola mamá -saludo irritada, desde luego, no es el mejor momento
para llamar.
-Hola hija, ¿cómo va todo? Estaba preocupada, no llamas nunca.
¿Estás estudiando, verdad? Oye, escucho mucho ruido, ¿no estarás por la
calle a estas horas, no?
-Por partes, mamá. Todo va bien, no llamo porque estoy muy liada, sí,
estoy estudiando como una loca y sí, estoy en la calle comprando cena
para estudiar.
-¿Comprando cena? Pero si tienes el comedor de la residencia.
-Pero he salido muy tarde de un examen y ya no me da tiempo a llegar, además, me espera una larga noche. Mañana tengo que entregar ese
trabajo tan importante del que te hablé y llego tarde.
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Nunca quise hacerte daño
-Bueno hija, tú no te agobies. Seguro que todo sale bien. Y si no es
así, no te preocupes, que sabes que tu madre te apoya.
-Claro que sí, mamá. ¿Cómo van las cosas por allí, la abuela?
-Está loca por verte, todos los días pregunta por ti. ¿Y sabes qué? Que
Eric se ha echado novia, ¡no te lo pierdas! Está como un niño con zapatos nuevos… ya nos la ha traído a casa y todo…
Sonrío antes de contestar.
-Bueno, al menos así igual asienta la cabeza.
-En eso no hay quien le haga cambiar. Sigue con la moto, si es a lo que
te refieres. Pero esperemos que tengas razón.
-Bueno mamá, tengo que dejarte, he llegado a la residencia y estoy sin
aliento. Hablamos mañana, ¿vale?
-Vale cariño, mucha suerte con el trabajo, seguro que os sale bien. Tu
padre te envía un beso -noto que le tiembla la voz-. Te echamos mucho
de menos.
-Y yo a vosotros. Un beso para todos, mamá. Y dale un beso muy
fuerte a la abuela.
Al final, cuelgo antes de que a mí me ocurra lo mismo que a mi madre.
Esta noche tenemos mucho trabajo por delante y quiero tener la mente
despejada.
Decido parar en mi habitación para coger todo lo necesario antes de
llamar a la puerta de Mark.
Aquí está. Tres golpes suaves en mi puerta lo anuncian. Me acerco
con prisa y abro consciente de que una enorme sonrisa inunda mi rostro.
-Buenas noches. Siento llegar tarde, échale la culpa al Derecho Penal.
Pero para compensar, he traído la cena -me tiende una bolsa de plástico
humeante que huele francamente bien. La cojo con cuidado.
-Vaya… ¿qué es? -ya estoy abriéndola para poner todo sobre la mesa
y cenar.
-Comida asiática del Orissa, ¿lo conoces? Está cerca de la facultad
-sonrío ante sus explicaciones y me doy cuenta de que está especialmente guapa esta noche, aunque vista un sencillo pantalón vaquero
con una camiseta de espalda de nadador que deja al descubierto sus
impecables hombros.
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Sonia Hernández
-Había pensado encargar unas pizzas, así que imagínate la sorpresa.
-¿Pizzas? Por favor, que una tiene una figura que mantener… -bromea.
Termino de sacar la comida y nos sentamos en mi mesa de estudio,
uno frente a otro.
Lanna me habla sobre sus exámenes mientras come manejando a la
perfección sus palillos.
-Me encanta la comida asiática -pesca sin dificultad una bolita de
sushi. La miro sin disimular mientras ella abre la boca para comerla
entera. Y me sorprendo a mí mismo pensando en lo atractiva que está
mientras come de esa manera.
-¿Qué? -me sonríe como si se hubiera dado cuenta de todo, pero no
parece importarle.
-Nada… -miento- Estaba pensando en lo bien que se te da comer con
los palillos -buena excusa Mark, aunque no estoy seguro de que se la haya
tragado.
-¿No sabes utilizarlos? -niego con la cabeza- Mira, ten unos -me da un
sobre de papel que contiene otro juego y los saco algo avergonzado sólo
de pensar en la que me espera-. Tienes que cogerlos así, ¿ves?
La miro con detenimiento para imitarla, pero tengo la sensación de
que no se me va a dar tan bien como a ella.
-El de abajo no se mueve, es sólo el de arriba -los mueve con gracia-. Como si fuera una pinza.
-Vale, voy a probar…
Acerco la punta de los palillos con decisión a otra bolita, que se cae
en el plato cuando casi ni está en el aire.
-No, los has cogido mal, a ver…
Se levanta de su silla, decidida a enseñarme a utilizarlos, y se coloca
junto a mí para recolocarlos en mi mano. Su piel cálida roza la mía y siento un escalofrío recorrer mi cuerpo con prisa. Tranquilo Mark, me digo,
sólo son unos palillos chinos.
Ella coloca con paciencia los palillos en mi mano y me ayudaa practicar. En un rato estamos los dos comiendo con las manos.
308
Nunca quise hacerte daño
El resto de la cena transcurre entre bolitas de sushi, qué tal te van los
exámenes, sashimi, ya está todo preparado para las vacaciones, tallarines,
la universidad es más difícil de lo que pensaba, curry, no sé qué haré cuando termine, salsa de almendras.
-Bien, hora de entrar en materia -la habitación todavía huele a comida, pero a ninguno nos molesta. Mark ha preparado café en una cafetera
de cápsulas y resulta bastante bueno-. ¿Crees que nos dará tiempo?
Él me mira confiado antes de contestar, aunque no suelta los apuntes
que tiene en la mano para hacerlo.
-Tenlo claro. Tenemos toda la noche por delante y sólo quedan algunos retoques. No te preocupes.
-Tienes razón. Ya casi no queda nada, es sólo que… no quiero ser la
responsable de que suspendas la asignatura -y lo digo completamente en
serio.
-Aunque no nos diera tiempo a entregarlo o suspendiera, tú no serías
la responsable; este ha sido un trabajo en grupo en el que los dos hemos
participado activamente, por lo que si no aprobase, no podría culparte.
-¿Sabes una cosa? -me doy miedo a mí misma al iniciar esta conversación, pero también estoy segura de querer hacerlo- Que me alegro de
haber hecho el trabajo contigo -él me mira casi sin parpadear esperando
una explicación-. Debo admitir que al principio se me cayó el mundo
encima. No te voy a engañar, me importaba bastante poco pasar a segundo con Derecho Romano, la verdad.
-Serás… -bromea.
-¡Deja que termine! El caso es que me alegro porque quizá haya sido
la única forma de terminar bien, ¿no crees?
Suspira antes de comenzar a hablar.
-A mí tampoco me apetecía demasiado el tema del trabajo al principio, la verdad. Y estaba seguro de que serías capaz de negarte a hacerlo y
joderme la carrera. Pero creo que tienes razón, era un sinsentido hacer lo
que hacíamos. Yo me arrepiento de ciertas cosas que te he hecho, pese
que era inconsciente de mis actos.
Ambos nos dedicamos una sonrisa sincera y decidimos volver al trabajo o la noche se quedará escasa para terminarlo. Pasamos varias horas
309
Sonia Hernández
entre partes terminadas, otras por revisar, deberíamos cambiar este párrafo, quizá esta palabra no sea la correcta, ¿y si añadimos esta referencia?
-¿Quieres otro café? A mí ya se me cierran los ojos… -me acerco a
la cafetera y presiono el botón para que comience a calentarse mientras
elijo una cápsula al azar.
-Me vendrá bien, la verdad es que estoy cansada. Oye, me gusta un
montón tu cafetera… veo que te lo montas bien.
-Es un regalo de mi madre. Pensó que la necesitaría este último año y
la verdad es que ha dado en el blanco. Además, el café es bueno.
-Lo es -murmura soplando con sutileza su taza, que humea entre sus
manos-. Mi madre siempre compra el café en grano y lo muele en casa,
con uno de esos molinillos que hay que accionar con la mano -ambos
seguimos de pie junto a la ventana, con las tazas entre las manos, y ella
habla en un susurro, como si no quisiera que pudieran oírnos-. Luego lo
prepara en una cazuela con agua fría y lo deja hervir. La casa se inunda
de ese aroma tan característico. Bueno, lo dejamos reposar unos diez
minutos y listo para tomar.
-Como en los pueblos… -doy un sorbo a mi taza y cuando el sabor
anega mi garganta imagino la escena en casa de Lanna- ¿Y así cada día?
-Y así cada día. Por eso en mi casa no hace falta utilizar ningún tipo
de ambientador, siempre huele a café… ¿En tu casa no tomáis café?
-Bueno, es diferente. Para empezar, ya no sé a qué referirme cuando
hablo de mi casa… pero si quieres saberlo, mi madre tiene una cafetera
parecida a esta, sólo que bastante más grande y sofisticada. Supongo que
se hacen el café así. Y mi padre siempre desayuna en la cafetería que hay
justo al lado de su piso. Toma un café mientras lee el periódico. Pero
como te acabo de decir, no creo que ninguna sea mi casa, aunque tenga
una habitación en cada.
-Vamos, que tienes dos casas y ninguna, a la vez -aunque pudiera
habérmelo tomado como tal, sé que Lanna no está bromeando. Su rostro está serio porque sé que no le parece un tema para bromear. Una vez
más, me siento cómodo hablando con ella sobre mi peculiar familia.
310
Nunca quise hacerte daño
-Algo así. Por eso me vine a vivir a la residencia. Estaba cansado de ir
de una casa a otra. Además, mi madre y yo no nos llevamos especialmente bien, aunque ella lo intente. Y mi padre no es una persona que destaque por ser muy sociable, que digamos. Pero no puedo reprochárselo.
Después de todo, sigue sufriendo con todo lo que ocurrió, aunque de eso
haga más de siete años. No debe ser fácil ver que tu mujer te engaña con
otro y se marche sin más. Además, ahora nosotros somos mayores y
hacemos nuestra vida…
Lanna me mira con sumo interés. La taza apoyada en sus labios, aunque ni siquiera bebe. Me gusta que se limite a escuchar y no pregunte más
de lo que yo quiera contarle. Creo que ése es uno de los motivos que me
llevó a enamorarme de ella, la verdad.
-¿Y tú qué? -le propino un leve empujoncito en el brazo.
-¿Yo qué?
-Cómo es tu familia. Ya ves que la mía es un desastre. Seguro que sois
algún tipo de familia modélica que los domingos acude a misa y cosas así.
-Oye, que no somos los Simpson… pero he de reconocer que somos
una familia de lo más normal. Y sí, cuando estoy allí voy los domingos a
misa, pero sólo para acompañar a mi abuela. Creo que Eric no pisaría una
iglesia ni muerto… con decirte que aprovecha los domingos por la mañana para liarla en casa... -la miro divertido, esperando su historia. Siempre
me han gustado esas historietas familiares que me cuenta- Bueno, mis
padres salen a pasear a solas porque saben que siempre me llevo a mi
abuela a misa, es su momento íntimo, podríamos decir. Claro, entre ir a
misa al paso de mi abuela -hace una mueca de evidencia- y después quedarnos un rato hablando con el párroco, nos cuesta un tiempo volver a
casa. Además, a mí me gusta parar en un pequeño puesto de flores que
hay de camino y comprarle una pequeña orquídea, eso le hace sonreír.
Cada domingo un color diferente. Sé que ahora lo echa de menos… el
caso es que cuando llegamos a casa ha pasado una eternidad en la que
Eric se ha montado la sala de juegos en el salón. Siempre invita a un par
de amigos… bueno, un par o cuatro o cinco… y juegan a la consola. Por
supuesto, huyen antes de que venga mi madre, que no soporta verlos
guarrearle la casa…
311
Sonia Hernández
No puedo evitar reír cuando escucho esto. Ella también sonríe al
recordarlo y me gusta estar así.
-¿Sabes? Ahora parece que mi hermano se ha echado una novia. No
es que sea la primera, pero me ha sorprendido que mi madre lo sepa…
-Se te ha adelantado… -sonrío aunque me entristece pensar que Eric
ya ha presentado a su chica en casa y no haya sido Lanna quien lo haya
hecho conmigo antes. Me hubiera gustado tanto acompañarlas a misa los
domingos, ayudar a preparar ese café y sentir el aroma inundar el salón
mientras la chimenea chisporrotea y yo abrazo a Lanna… Quizá el hecho
de que la familia de Lanna sea simplemente normal me hace sentir peor.
Nunca se me ocurriría presentar a mis padres a ninguna chica por lo que
ella pudiera pensar. Una familia completamente desestabilizada, con una
madre atrapada en los dieciocho, un padre que se siente más a gusto a
solas que con sus propios hijos y una hermana que ha decidido ignorar
lo que sucede… Puede que sea eso lo que busque, una familia normal.
-¿Estás bien? -me sobresalta esta pregunta, aunque la haya formulado
en un tono muy dulce. Quizá que su mano haya rozado mi brazo tenga
algo que ver. Titubeo.
-Sí, creo que sí.
-Pareces triste. ¿En qué pensabas?
-¿Cómo dices?
-Oh, vaya… perdona. No debí preguntarte eso -parece disgustada por
lo que acaba de decir, pero yo no estoy en absoluto ofendido.
-No, no me molesta que me lo preguntes. Me ha sorprendido, eso sí,
pero no me parece mal. ¿Quieres que te sea sincero?
-No, la verdad es que prefiero que me mientas… -bromea con una
sonrisa afectuosa.
-Me da rabia escuchar tus historias y darme cuenta de cómo es mi
familia. Al punto al que hemos llegado. No he vuelto a hablar con mi
madre desde Navidad, hace semanas que no sé de mi padre… Ni siquiera
sé si mi hermana sigue con aquel patán…
-Matteo.
-¿Qué?
-Se llamaba Matteo.
312
Nunca quise hacerte daño
-Cierto -ya no me acordaba y sé que se me va a volver a olvidar en un
momento-. Me gustaría que todo fuera como antes, cuando me aburría
tener que cenar en familia, que ver la televisión en el salón y no en mi
habitación fuera una obligación, cuando mis padres se abrazaban a
escondidas, cuando nos regañaban por pelearnos.
Decido no continuar con mi confesión, puesto que ya siento un enorme nudo en el estómago y no quiero que llegue a mayores. Ella continúa
atenta a mí y eso me reconforta. Parece que no voy a ser capaz de parar
de hablar esta noche.
-¿Sabes qué? -ella me mira y alza su cabeza a modo de respuestaQuizá no debiera decir esto pero… cuando estoy contigo me siento
como en familia, como si siempre te hubiera conocido y pudiera contarte cualquier cosa. Puedo hablar de mi familia sin miedo a que la juzgues,
puedo hablar hasta donde quiera sin peligro a que preguntes por más, sin
interrumpirme cuando hablo. Es como si siempre hubiéramos hablado
de ellos.
Y ahora sí que no puedo, ni quiero, dejar que el nudo termine de ahogarme y dejo que un par de lágrimas furtivas rueden por mis mejillas. Seco
mi rostro con la palma de la mano apresuradamente, mientras ella continúa
así, frente a mí, con su taza entre sus finos dedos. Y me mira sin rastro de
odio ni rencor. Me mira como si siempre hubiéramos sido… amigos.
-Debemos continuar o no nos dará tiempo a terminar esto para
mañana -sentencio.
Intento ignorar que continúa plantada delante mirándome como si
esperara algo más. Al final deja la taza con cuidado sobre la mesa, sin
apartar su mirada de mí, que ya estoy delante de la enorme mesa repleta
de papeles. Siento que se acerca despacio sin ninguna intención de seguir
con el trabajo, pero yo no quiero continuar hablando o no seré capaz de
volver al Derecho Romano. Sin embargo, la conozco lo suficiente como
para saber que no va a preguntarme más. La observo acercarse de reojo.
Está a mi altura. Su mano sujeta mi antebrazo con firmeza, pero temo
mirarla. No quiero que nuestras miradas se crucen. No Lanna, por favor.
313
Sonia Hernández
Espero, le doy tiempo. Pero no parece dispuesto a mirarme.
Finalmente decido acercarme más y con mi mano derecha le atraigo hacia
mí. Ahora estoy delante de él, que continúa con la vista clavada en el
suelo. Todo sucede muy rápido, aunque sepa que recordaré cada detalle
para siempre. Me acerco más a él y le abrazo con fuerza. Mis manos están
completamente abiertas y abarcan gran parte de su espalda. Apoyo la
cabeza en su pecho y me embriago de su aroma. Su corazón late con
fuerza y puedo sentir sus labios en mi cabello. Siempre podrás contar
conmigo, pase lo que pase. Seamos amigos o no, volvamos o no a vernos.
Siempre estaré a tu lado cuando lo necesites.
Siento que acaricia mi cabello con ambas manos y parece que él también está recordando y pensando, así que dejo que el tiempo pase así.
Ahora soy yo quien comienza a tiritar y no puedo evitar que de mis ojos
emanen lágrimas sin prisa.
Y no sé por qué me sucede esto. Me siento feliz por haberme acercado de nuevo a él y saber que confía en mí. Pero es un sentimiento tan
contradictorio…
Su cabello huele a canela. Como siempre. Ese aroma tan peculiar que
nunca olvidaré. La siento tan cerca… me siento reconfortado al estrecharla entre mis brazos, aunque en realidad sea ella quien esté intentando
consolarme, si lo podemos llamar así.
En un gesto de inconsciencia me aparto despacio de ella, pero mis
manos siguen posadas en su cabello. La observo sin prisa. Sus manos
sobre mi cintura. Acaricio con ambas manos sus mejillas mientras me
tomo mi tiempo para volver a estudiar sus facciones. Hacía tanto que no
estábamos tan cerca uno del otro… Ella sonríe con timidez, como tanto
me gusta, y yo le respondo con una sonrisa espontánea. Muerdo con mis
dientes superiores mi labio inferior y, sin ser consciente de ello, la atraigo
de nuevo hacía mí para volver a besarla como antes. Ella se deja hacer y
nuestros labios se unen en un gesto cálido, tranquilo. Como si nunca
hubieran dejado de hacerlo pero se hubieran echado de menos durante
todo el tiempo que han estado separados. Vuelvo a sentirme nervioso al
besar de nuevo a la chica de la que todavía, y siempre, estaré enamorado.
314
Nunca quise hacerte daño
Por un momento me olvido de todo y sólo soy consciente de que de
nuevo estamos juntos. Como si todos estos meses no hubieran existido,
como si nunca hubiéramos discutido. No soy capaz de pensar en nada
más y tampoco puedo parar de tiritar. ¿Es esto el resultado de tanto tiempo intentando convencerme de que no le quiero? No sé en qué estaba
pensando hasta ahora, pero es evidente que no ha servido de nada, porque con sólo rozar sus labios sé de sobra que está muy dentro de mí.
Pero la vida ha seguido adelante y ahora no puedo volver a caer en lo
mismo. No debo porque no es bueno para mí. Además, no quiero hacer
más daño a quien no tiene nada que ver con esto. En un movimiento casi
instintivo para los dos, nos separamos despacio, sin atrevernos a mirarnos a los ojos. Mis labios sienten cosquilleos de haber rozado los suyos.
-Esto no está bien, Mark… -susurro sin estar de acuerdo con mis propias palabras.
-No, no está bien. Es tarde, quizá deberíamos…
-Sí, es tarde. Mejor me marcho a descansar un poco y vengo en un par
de horas o tres… -él asiente aunque ninguno de los dos ha soltado al
otro- Seguimos más tarde… con el trabajo, quiero decir.
Él sonríe ante mi ocurrencia y me suelta despacio. Me observa mientras me dirijo a la puerta para volver a mi dormitorio. Estoy tiritando y
me cuesta incluso caminar. Miro mi reloj, son las dos y media.
-Si te parece bien, vengo a las cinco para terminar -él asiente sin
moverse y cierro la puerta despacio suspirando por todo lo sucedido esta
noche.
Todavía no soy consciente de lo que ha sucedido entre nosotros y ni
siquiera pensaba que pudiera volver a ocurrir. Me siento desubicado.
Todo lo que mi cabeza había construido se ha derrumbado en un segundo. Pero no quiero pensar demasiado en eso ahora, aunque mi cabeza se
empeñe en dar vueltas de vértigo. Me apoyo en la mesa intentando ordenar mis ideas, aun sabiendo que es imposible. Lo más sorprendente es
pensar que quizá, después de todo, Lanna y yo podamos ser amigos, pese
a que le juré que era imposible la noche del Cero Diez. Quizá sea lo
mejor, de hecho. Aunque también sé que lo mejor es que, en cuanto termine la carrera, desaparezca de aquí y no volvamos a vernos.
315
Sonia Hernández
Me sorprende escuchar esos tres golpecitos tan característicos en mi
puerta de nuevo. Miro alrededor para comprobar que Lanna no se ha
olvidado nada. Quizá las llaves.
-Perdona que vuelva -parece avergonzada-, pero tengo un problemilla…
Antes de que pueda preguntar, ella se hace a un lado y puedo ver un
pañuelo rojo anudado en su puerta. Esta noche no, por favor. Ya he tenido demasiadas emociones, creo. No estoy seguro de que mi corazón
pueda aguantar más.
-Tranquila, pasa -digo al fin, sin pensarlo.
-No te preocupes, puedo dormir en el suelo, en los campamentos de
verano lo hacía y estoy acostumbrada.
Vuelve a gustarme su recuerdo, pero jamás la dejaría dormir en el suelo.
-De eso nada, duerme tú en la cama, ya me apaño yo.
Se quita las deportivas y se sienta sobre mi cama despacio, como si
sintiera miedo de volver a hacerlo. Por un momento deseo que los recuerdos inunden su mente como lo hacen con la mía. Me siento en el suelo,
con la cabeza apoyada en la pared.
-¿Vas a dormir ahí? -parece sorprendida, y no me extraña, debo parecer un mendigo, sentado en el suelo y abrazando con los brazos mis piernas.
-Sólo me falta el cartón, ¿no?
Ella ríe antes de recostarse en mi cama. No puedo creer que vaya a
dejarme aquí tirado mientras ella descansa en la cama. Por un momento
se me pasa por la mente sacar a Giulio de su dormitorio a patadas y dormir en la cama de Lanna. Mañana tengo otro examen aparte del trabajo
y voy a llegar doblado al mediodía.
-Mark… -susurra en la oscuridad, cuando mis ojos ya se han acostumbrado a la penumbra.
-¿Sí? -murmuro.
-Aquí hay sitio suficiente. No podré dormir tranquila sabiendo que
estás en el suelo -mi corazón parece pararse dentro de mí.- Hacemos
como en las películas si quieres, tú encima de las sábanas y yo debajo.
-No sé, Lanna… -pero no lo dudo y me levanto de un salto- Bueno,
lo hago sólo porque estoy realmente cansado.
316
Nunca quise hacerte daño
Ocupo el sitio libre de la cama. Ella gira su cuerpo y ahora permanece casi pegada a la pared. Mi cuerpo se queda inmóvil en el lado opuesto, así que ambos dejamos más de la mitad del espacio libre.
-Que descanses -susurra al fin.
El silencio vuelve a inundar la oscuridad de la habitación y puedo volver a sentir su perfume cerca de mí, respira agitadamente y ello me impide relajarme. Quizá hubiera sido mejor dormir en el suelo, al menos
hubiera caído en brazos de Morfeo de puro cansancio.
-Mark… -vuelve a susurrar y me recuerda a mi hermana cuando era
pequeña y no tenía sueño. Se empeñaba en llamarme mil veces hasta que
al final terminaba por contarle algún cuento para que se durmiera. Emito
un gemido a modo de respuesta, igual que hacía con Anna- Tengo calor.
Giro mi cuerpo apresuradamente. ¿Cómo que tienes calor? Claro, has
elegido dormir debajo de las sábanas. Si hubiera sido mi hermana la respuesta sería sencilla. Calla y duérmete ya. No fallaba. Pero ahora es diferente.
-Sal de las sábanas si quieres. Prometo no tocarte.
-Confío en ti -y se libera de las sábanas de una patada para volver de
nuevo a su posición inicial, lejos de mí-. Ya no te molesto más, lo prometo -y su voz suena sincera, puesto que parece dormitar.
Un segundo después siento que mueve sus pies hasta rozar los míos,
lo que provoca un leve escalofrío en mi cuerpo, pero no los aparto. Oigo
que suspira y sé que no está todavía dormida.
Al fin soy yo quien me duermo con una sonrisa dibujada en los labios
al pensar que Lanna ha hecho que esta noche recuerde a mi hermana de
pequeña. Sin darse cuenta ha conseguido hacerme recordar que una vez
fuimos una familia normal.
~•~
El sol entra por la ventana cuando, como por instinto, los dos abrimos los ojos a la vez. A pesar de la situación, parece que ninguno se sorprende de esto. Hemos amanecido completamente abrazados. Su cabeza
está a la altura de mi pecho y nuestras piernas completamente entrelaza317
Sonia Hernández
das en un nudo imposible. Mi mano izquierda reposa sobre su rostro y
las suyas bajo mi camiseta. Permanecemos un segundo en silencio y sé
que quisiera que esto se repitiera cada mañana durante el resto de mi vida.
-¿Qué hora es? -murmura con la voz pastosa.
-Las seis -susurro sin soltarla-. ¿Has dormido bien?
Separa la cabeza de mi cuerpo y me mira fijamente, muy cerca de mi
rostro. Sonríe y asiente.
-Supongo que estaba cansada. Hacía mucho tiempo que no dormía
tan bien -acaricia inconscientemente mi espalda con la palma de las
manos. Sonrío y ella parece no poder separar sus ojos de los míos, así que,
en un gesto más que consciente, vuelvo a acariciar su mejilla para acercar
de nuevo su rostro al mío y fundirnos en otro beso. Y tras este, otro más.
Y otro. Y sus manos acarician mi espalda con suavidad y las mías se pierden, como lo hicieran tiempo atrás, bajo su camiseta. No sé cómo sucede, pero cuando somos conscientes, ambos estamos sin camiseta y la cremallera del pantalón de Lanna está abierta dejando a la vista sus braguitas completamente negras a juego con su sostén. Está sobre mí y puedo
acariciar su cintura mientras ella hace lo mismo en mi pecho. Nos besamos con más prisa, aunque con cariño. Nuestros cuerpos ya se conocen
y las manos saben dónde y cómo tienen que ir. Lanna gime cuando le
rozo y mi cuerpo se arquea cuando es ella quien me acaricia. Giramos y
ahora estoy completamente encima de ella. Sonríe porque le gusta sentir
el peso de mi cuerpo sobre el suyo. Rozo con mi nariz la suya y beso cada
parte de su rostro. Sus piernas me abrazan cuando nuestros cuerpos están
completamente pegados.
Pero algo rompe por completo nuestro momento. Quizá haya sido el
propio destino el que lo haya hecho, consciente, más que nosotros, de
que esto no está bien, pese a que yo vuelva a estar segura de querer hacerlo con él, sólo con él.
Varios golpes nerviosos suenan sobre la madera de su puerta y él se
envara, sin la camiseta. Se levanta con prisa y se acerca a la puerta mientras inicia una divertida pelea con su camiseta para intentar ponérsela.
-¿Qué hacías? Llevo un rato llamando…
318
Nunca quise hacerte daño
Me levanto de un salto y me pongo la camiseta como puedo. No
quiero causarle un problema con Ivanna sólo por haber hecho algo que
no debíamos. Mark continúa en silencio delante de ella, sosteniendo la
puerta para que no pase.
-Estoy… estamos con el trabajo, casi terminándolo. Tenemos que
entregarlo por la tarde.
-¿Estáis? -ella parece enfurecida con esto y, cuando Mark me mira
implorando ayuda, decido lanzarme a la silla porque Ivanna parece decididaa entrar en el dormitorio e investigar. Él continúa mirándome mientras su novia sigue gritando en la puerta.
Pero la maniobra no me sale del todo bien y aterrizo en el suelo, bajo
la mesa. La silla se me ha caído encima, lo que provoca la risa de Mark.
-¿Encima te ríes? -Ivanna está furiosa y él se hace a un lado para que
pueda entrar en el dormitorio y comprobar que todo está en orden.
-Hola -saludo con timidez intentando no reírme y, de paso, tapando
mis labios con uno de los folios repletos de apuntes.
-¿Y la cama? -inquiere alterada señalando el desastre de sábanas.
-Bueno, creo que tengo derecho a dormir -Mark parece molestarse
con el espectáculo lamentable de su novia.
-Yo he venido hace un par de horas -intento poner algo de paz, sin éxito.
-¡Tú cállate! Estoy hablando con mi novio -remarca esto último-. Así
que déjanos.
-Ivanna, creo que ya es suficiente. No tienes derecho a hablarle así.
Nos vemos más tarde.
La empuja con suavidad hasta la puerta mientras ella continúa farfullando algo incomprensible. Puedo oír decirle que se verán más tarde.
-Siento haberte causado tantos problemas, en serio -me acerco a
Lanna, sereno pese a lo sucedido hace un momento. Ella habla seria.
-No te preocupes, no es cosa tuya. Ivanna no tiene derecho a hablarte
de ese modo, aunque un poco de razón quizá sí -me mira confusa-.
Bueno, he de decir que yo también me hubiera mosqueado -señalo mi
cama, con todas las sábanas revueltas y después la señalo a ella-. Estamos
319
Sonia Hernández
descalzos, para empezar. Y creo que no te has dado cuenta, pero… llevas
la camiseta al revés.
La señalo divertido y se pone nerviosa cuando ve la etiqueta lateral
asomar.
-¡Oh, vaya! Lo siento… -sin pensarlo dos veces se quita la camiseta y
se la vuelve a poner deprisa. Me gusta mirarla hacer esto sobre todo porque ella no se da cuenta de que lo hago.
-¿Estás bien? Has hecho un aterrizaje de emergencia… -ahogo una
risotada y ella se mira el codo, parece haberse hecho daño, aunque decide negarlo- Bien, ¿terminamos con el trabajo?
~•~
Al final hemos conseguido terminar el trabajo a tiempo y yo he podi-
do llegar a mi examen de la mañana. Me ha salido bien, pese a que apenas le he dedicado tiempo, aunque he de reconocer que era una asignatura bastante sencilla, a mi parecer.
Aun así, preveo que hoy va a ser un día largo.
Por un lado, y pese a que hemos decidido que el trabajo está perfecto, me siento algo nerviosa por la presentación de esta tarde, quizá sea
por todo el tiempo que le hemos dedicado. Mark me ha dicho que él lo
encuadernará antes de vernos en la puerta del despacho del viejo.
Por otro lado, esta noche Loan y el resto dan una fiesta en su casa. No
es que tenga demasiadas ganas de ir, me siento cansada. Aunque me he
quitado un gran peso de encima terminando el trabajo. Por supuesto,
Loan no sabe nada de lo sucedido en la habitación de Mark y tampoco
tengo pensado contárselo, la verdad. Lo que pasó se queda para nosotros
y punto. Así que creo que quizá debería ir a la fiesta y no levantar demasiadas sospechas, ya que está algo receloso porque haya pasado la noche
terminando el trabajo con él.
Y por otro lado está Ivanna. Cómo se ha puesto esta mañana, aunque
creo que, en realidad, Mark está en lo cierto e Ivanna tiene bastante razón
al enfadarse de aquella manera.
320
Nunca quise hacerte daño
Después de que se marchara no hemos vuelto a hablar del tema, sólo
del trabajo. Creo que ambos lo hemos evitado. Supongo que él se ha quedado tan desconcertado con nuestra actuación como yo, pero, para mi
sorpresa, no me arrepiento de lo que he estado a punto de hacer, incluso en algunos momentos me sorprendo pensando lo contrario, y me da
rabia que Ivanna haya golpeado la puerta. Pero también sé que todo
hubiera sido mucho más complicado de haber sido así. ¿Cómo podríamos mirarnos a la cara para la presentación? Seguro que el profesor se
reiría si estuviera al corriente de lo que ha provocado con su estúpido trabajo. Un estúpido trabajo que ha estado a punto de costarnos el curso.
-No lo sé, Mark. No sé si quiero.
-Tú verás, Ivanna -hablo calmado por teléfono-. Pero creo que deberíamos vernos cuando termine la presentación. Quiero que hablemos.
Cuelgo y espero a recibir el trabajo perfectamente encuadernado.
Entrego el dinero al tipo que regenta la tienda y lo hojeo satisfecho, una
de las primeras páginas es el mapa de Lanna y no puedo evitar sonreír al
recordar la noche que acabamos de pasar.
Camino con celeridad hacia la facultad, sé que es pronto, pero quiero
estar allí antes que ella para que no se preocupe, aunque cuando llego veo
que ya está esperando en el banco del pasillo.
-¡Sorpresa! -anuncio al llegar tendiéndole el trabajo terminando.
Ella lo coge feliz, dedicando bastante tiempo a revisarlo, mientras yo
decido ignorar su presencia y regalarme algo de tiempo. Quisiera decirle
que me alegro de lo sucedido durante la noche, del rato que nos sinceramos, quiero decir, y que únicamente deseo volver a empezar de cero con
ella, volver a aquel momento en que Zara nos presentó el primer día de
clase para poder revivir de nuevo la magia que surgió y nos rodeó durante tanto tiempo. Pero en vez de eso, la puerta se abre y el viejo Thomas
nos llama con una sonrisa sarcástica inundando su arrugado rostro.
-Bueno, bueno, aquí están mis pequeños conejillos de indias… -se
recuesta en su enorme sillón y entrecruza los dedos de ambas manos
dando pequeños golpecitos nerviosos con ellos- Espero que hayan tenido suficiente tiempo para terminar el proyecto. De hecho, estoy tan feliz
321
Sonia Hernández
como sorprendido porque no hayan requerido de mi ayuda ni una sola
vez. Deben saber que he recibido unos trabajos verdaderamente buenos
este año, así que creo que será difícil superar alguno de ellos. Veamos.
Sin incorporarse siquiera, estira el brazo con la mano abierta para
pedirle a Lanna el trabajo, que se lo entrega con decisión. Está seria,
como si el viejo profesor consiguiera intimidarla. Bueno, la verdad es que
a mí también me pasa.
-Les habrá costado cara la encuadernación, me gusta que cuiden este
tipo de detalles, sí señor… -da un par de vueltas al libro y por fin decide
abrirlo para pasar las páginas lo suficientemente rápido como para no
poder prestar atención a ninguna de ellas. Pero poco a poco va disminuyendo esa velocidad para terminar leyendo en la mitad las páginas completas. Lee una y vuelve sobre sus pasos para leer la anterior y volver a
revisar la primera. Lanna y yo le miramos fijamente, aunque en realidad
parezca que nos avergoncemos de mirarnos entre nosotros.
-Vaya… ¿De dónde han sacado este mapa?
Lanna lanza un suspiro nervioso al aire cuando ambos nos damos
cuenta de que el viejo se ha detenido en la página del mapa dibujado a
mano. Está realmente nerviosa cuando el profesor la observa fijamente
esperando una respuesta por su parte.
-La reseña bibliográfica está al final, en la última página. El mapa lo
ha hecho ella.
-Está muy bien dibujado, la felicito, jovencita -Lanna lo mira y una
divertida sonrisa nerviosa escapa de sus labios. Pero todavía no se atreve
a mirarme.
-Sinceramente, necesito leerlo con más calma antes de tomar una
decisión -comienza a hablar serenamente, sin prisa-. He de reconocer que
dudaba de que me entregaran algo que mereciera la pena, sinceramente,
pero veo que ha servido de algo. Me hubiera enfadado de veras comprobar que, tras ausentarse a casi todas mis clases, me hicieran perder
el tiempo en la entrega.
Lanna lo mira fijamente, está nerviosa y expectante a la vez. Yo simplemente me relajo sobre mi asiento, es evidente que al tipo le ha gustado nuestro trabajo y parece sencillo conseguir el aprobado.
322
Nunca quise hacerte daño
-La próxima semana les daré una respuesta que a primera vista parece será favorable. Aunque nunca se sabe, claro… -parece decidido a
seguir jugando con nosotros- Bien, en el tablón de anuncios, junto a las
calificaciones del resto de sus compañeros, publicaré también la suya.
¿No está nervioso, señor Fisher? Usted es el que más se juega…
Lo miro sereno, no me intimida.
-No.
-Al menos, estará expectante -niego con la cabeza y noto que Lanna
no me mira siquiera, está completamente confundida con lo que está
sucediendo-. ¿Cómo es posible que no sienta curiosidad siquiera por mi
decisión?
-Porque confío en que aprobaremos. Hemos invertido mucho tiempo
y esfuerzo y creo que hemos hecho un gran trabajo. Estoy satisfecho con
el resultado. Eso es todo.
-Me alegra oírle decir eso, la verdad. Aunque si les soy sincero… no
pensaba que se tragarían aquello de que se jugaban el curso por un trabajo. ¿Cómo es posible? Nadie puede ser tan mezquino como para cumplir
semejante amenaza. Francamente, estaba convencido de que volverían
para quejarse de aquella idea, que buscarían la forma de librarse de ello y
en cambio ustedes, ¿qué hacen? Preparan un trabajo digno de presentarlo como tesis, incluso… Sólo por eso ya merecen el aprobado. Por no
recordar lo mal que parecía que se llevaban -ambos miramos fijamente al
viejo, asombrados por esta revelación y emitiendo toda clase de juramentos para nuestro interior-. Aunque todo esto son sólo sentimentalismos… Ya que tengo esto entre mis manos merece ser leído con tranquilidad y creo que les dedicaré mi fin de semana. Como les acabo de decir,
el lunes conocerán el veredicto.
El viejo se levanta de su sillón y recoge nuestro trabajo. Ahora sólo
espera a que nos marchemos de su despacho para poder comenzar con
su fin de semana, así que decidimos abandonar el lugar sin despedirnos
siquiera.
-Bueno, parece que al final todo va a terminar bien, ¿no? -sin ser
consciente de ello, miro a Mark por primera vez desde que llegó. Parece
feliz.
323
Sonia Hernández
-Sí, al final parece que tenemos el curso salvado. Bueno, aunque tengo
la sensación de que estaba salvado antes de empezar a hacer el trabajo.
-Eso parece… -asiento con cierto gesto de tristeza al pensar en las horas
que hemos invertido en hacer el trabajo- He de reconocer que, al menos a
mí, me ha venido bien hacer el trabajo contigo, aunque sea repetirme…
-No me importa escucharlo -le miro fijamente, como si quisiera confesarle algo que ni siquiera sé qué es. Él también parece esperar algo más
y me dedica una dulce sonrisa que ninguno de los dos pasa por alto.
-Esta noche Greiff y los demás dan una fiesta en su casa para celebrar
el final del curso, ¿vendrás?
Me mira un instante y sé lo que intenta decirme pero decido ignorar
esto. Hacerme la tonta para que acceda a venir.
-No creo que sea una buena idea. Nadie me ha invitado y no voy a ser
bien recibido. Ambos sabemos la simpatía que Rostro Pálido me profesa.
Sonríe mirando directamente al suelo y sé que en el fondo quiere
venir, pero quizá por respeto no desee que Loan pase un mal rato o se
disguste conmigo.
-Pero quiero celebrar esto contigo, es lo mínimo.
-Bueno, podemos tomar algo cualquier otro día…
-Pero yo quiero que vengas -decido insistir porque sé que en poco
tiempo no podrá resistirse. Y ni siquiera me he parado a pensar el motivo de este comportamiento.
-Pero nadie me ha invitado -su voz suena irritada, parece empezar a
costarle continuar rechazándome. Le observo un momento antes de continuar. Sujeta su carpeta con fuerza y mira hacia otra parte mientras mordisquea con los dientes su labio inferior.
-Te he invitado yo -concluyo al fin.
-De acuerdo, entonces iré. Pero sólo porque tú me has invitado.
Le propino un leve codazo de camaradería. Ni siquiera entiendo por
qué estoy comportándome de esta manera, pero ahora no es momento
de pensar en eso. Nuestro trabajo ha salido bien y quiero celebrarlo con
él.
-Allí te espero.
~•~
324
Nunca quise hacerte daño
Continúo caminando hacia el parque. He quedado con Ivanna y no
quiero llegar tarde. Supongo que seguirá enfadada conmigo por lo ocurrido esta mañana en mi dormitorio y quiero aclarar las cosas, si algo
tengo claro es que no merece que la engañe ni le oculte lo sucedido. Ella
siempre se ha portado genial conmigo y no puedo hacerle esto.
Pero un leve pitido consigue sacarme del cúmulo de pensamientos en
el que estaba inmerso.
“Siento haber insistido tanto antes, pero me alegro de que vengas a la fiesta. Ahora
que parece que podemos ser amigos todo se ve mucho más fácil y me alegro por ello.”
Sonrío al leer sus palabras y no puedo -ni quiero- evitar pensar en el
modo que habrá escrito el mensaje. Dónde estará al hacerlo, en qué piensa, el modo de verme ahora. Claro que yo también me alegro de poder
pasar tiempo con ella y poder mantener algo parecido a una amistad y
quizá sea lo mejor para ambos. Parece que ella prefiere olvidar lo sucedido en mi dormitorio y yo mismo creo que es lo mejor. Aunque estoy
seguro de lo que he hecho y el motivo. Sigo queriéndola como siempre y,
por ello, sé que lo mejor es continuar nuestras vidas como si nada hubiera sucedido. Quiero que ella siga siendo feliz junto a quien ha elegido para
ello y yo necesito continuar adelante también.
-Estaba a punto de marcharme -Ivanna continúa molesta conmigo,
pero decido ignorarlo-. ¿Qué tal tu trabajo?
-Bien, lo acabo de entregar y parece que le ha gustado. ¿Damos un
paseo?
Ivanna me mira un segundo intentando mantenerse seria, pero en
cuanto nuestras miradas se encuentran, no consigue evitar que una sonrisa emane de sus labios, así que caminamos por el empedrado en dirección al río. Ninguno de los dos parece querer comenzar con la conversación que tenemos pendiente, aunque los dos sepamos que no podemos
demorarla más.
-Ivanna, yo… -ni siquiera sé cómo empezar- Siento lo sucedido esta
mañana…
-Deja que hable yo -y coloca su dedo índice en mis labios para hacerme callar-. No quiero saber nada, Mark. No me cuentes lo que ha sucedido porque ya lo sé. No hace mucho te dije que no soy tonta y que sabía
325
Sonia Hernández
sus intenciones y esta mañana no he hecho más que comprobarlo.
Entiendo que te hayas dejado llevar, al fin y al cabo es una chica mona,
la verdad. Además, supongo que el hecho de que tú y yo no hayamos…
bueno, ya sabes -se sonroja-. Pero a partir de ahora las cosas serán diferentes. Dentro de nada terminaremos el curso y las cosas cambiarán, si
quieres podemos pasar juntos el verano y te prometo que…
-Espera un momento, creo que vas un poco rápido. Deja que hable yo
ahora.
Ella me mira expectante. Su falda ondea con la suave brisa y ahora su
sonrisa desaparece dando paso a un claro gesto de preocupación. Pero
tengo que sincerarme con ella, aunque suponga hacerle daño. Necesito
hacerlo.
-En verdad, la historia no ha empezado en mi dormitorio. No voy a
contarte todo porque quizá sólo empeorarse las cosas -Ivanna se inquieta y yo no consigo encontrar las palabras adecuadas.
-¿Vas a decirme lo que piensas o no?
-El problema no somos nosotros, Ivanna. Ni tampoco Lanna. Lo que
hemos vivido ha estado muy bien, me he sentido muy a gusto contigo,
pero creo que…
-¿Quizá deberíamos ir más despacio, no es eso? A lo mejor tienes
razón y me haya precipitado con lo de las vacaciones, pero no pasa nada,
podemos calmarnos -intenta acariciarme la mejilla y yo no puedo evitar
apartarme con delicadeza.
-No Ivanna, no vamos a ir más despacio ni de vacaciones juntos. Creo
que será mejor que dejemos de vernos. Siento mucho decirte esto ahora
pero no quiero dejar pasar más tiempo y hacerte más daño. No estoy seguro ni de lo que quiero ni de lo que no quiero y necesito tiempo para poner
en orden mi cabeza -miro al horizonte, incapaz de mirarla a los ojos.
-¿Es por ella, verdad?
-¡Sí y no! -me arrepiento en cuanto soy consciente de que he levantado el tono de voz, irritado por su comportamiento, aunque sé que lo
único que busca es una explicación lógica a todo lo que estoy intentando
decirle- Es por ella y es por mí. Intentas preguntarme si la quiero y te respondo que sí. Y no lo sé desde hoy ni desde hace una semana. Siempre
326
Nunca quise hacerte daño
ha sido ella, Ivanna. Quisiera o no, ella siempre ha estado en mi mente
-comienza a sollozar y quisiera escapar de aquí-. Si sirve de algo, no
estoy con ella y no lo he hecho desde que empezáramos a salir.
-Salvo anoche -responde ofendida.
-Lo de anoche… fue todo muy raro, no sabría decirte qué ocurrió.
Hablamos de muchas cosas. Supongo que una cosa llevó a la otra…
Pero a juzgar por su comportamiento, a Ivanna no parecen importarle ya mis explicaciones. Me mira con desprecio y me propina una bofetada con la mano bien abierta. Si hubiera sido otra persona no hubiera respondido de mis actos, pero ahora sólo puedo mirar al suelo, consciente
de que tiene razón. Esa ha sido su única respuesta a lo sucedido, aunque
no puede dejar de llorar.
-¿No hay nada que yo pueda hacer para que las cosas cambien?
Y me siento derrotado ante esta súplica. Quisiera convencerme a mí
mismo de que sí, de que podemos volver a intentarlo y que todo salga
bien. Pero sé que no es lo que deseo. Ahora sólo puedo darle mi sinceridad y ser justo con ella. Con ambas. Dejar que sigan su camino mientras
yo busco el mío. No quiero interferir en sus vidas. Porque Ivanna tiene
derecho a saberlo y Lanna a continuarla sin mí.
-No puedo ofrecerte más, lo siento. Entiendo cómo te sientes -y no
puede imaginar cuánto-. Pero con el tiempo comprenderás que es lo
mejor para los dos. Sólo quiero ser justo con ambos.
-Pero las cosas iban bien entre nosotros… -apenas emite un hilo de
voz- O eso pensaba yo.
-Claro que las cosas iban bien entre nosotros. El problema es que no
van bien dentro de mí. No puedo hacer sentir bien a alguien si yo mismo
no lo estoy. Y necesito saber qué quiero. Necesito sentirme bien conmigo mismo. No quiero que me entiendas, Ivanna, sólo que respetes mi
decisión. Quizá ni siquiera sea la acertada, una vez más, pero es lo que
siento ahora. Debes saber -sujeto su mentón y noto sus lágrimas sobre
mi mano- que he pasado un tiempo genial contigo, me he divertido, me
has hecho reír… y lo valoro, de veras. Pero el problema soy yo. Quiero
que lo tengas siempre presente -ahora llora como si de una niña pequeña se tratase-. El problema nunca fuiste tú, sino todo lo contrario. Es sólo
327
Sonia Hernández
que no era el momento, aunque yo me empeñara en lo contrario. He
intentado que funcionara pero no ha sido así. Y no puedo forzar las
cosas, sino que tienen que suceder por sí mismas. ¿Lo entiendes?
Ella me mira un momento, avergonzada. Está ruborizada mientras
sus lágrimas continúan emanando descontroladamente. Asiente.
-Si algún día cambias de opinión…
-Si algún día cambio de opinión, serás la primera en saberlo.
Y la estrecho con fuerza, a sabiendas que este abrazo no significa lo
mismo para ella que para mí.
Convencido también de que quizá nunca cambie de opinión.
328
Nunca quise hacerte daño
La música está demasiado alta y la casa llena de gente. Entro intentando no llamar mucho la atención, lo cual parece bastante sencillo en vista
de la afluencia. Camino entre la gente para hacerme un hueco buscando
mi objetivo. Quizá ni siquiera tenía que haber venido.
Al fin la veo. Está sentada sobre la encimera y rodeada de sus amigos.
Lea y Greiff la miran sonriendo mientras ella cuenta algo que parece realmente interesante y gesticula exageradamente. Loan sonríe sin quitarle ojo
y apoyado en la barra, muy cerca suyo. Ahora todos sonríen y Lanna da un
gran trago a su cerveza. Lleva un vestido de tirantes por encima de la rodilla y unas sandalias que dejan al descubierto casi la totalidad de sus pies.
Continúo observando hasta que, en un gesto del que seguro se arrepentirá toda la noche, Loan me ha visto y su sonrisa ha desaparecido para
dar paso a un exagerado gesto de enfado. Será mejor que me marche, no
quiero causarles ningún problema y mucho menos en su propia casa. Lo
cierto es que nadie me ha invitado y aquí no pinto nada.
Pero parece que Lea también me ha visto y, tras dedicarme una sonrisa furtiva, ha sido la encargada de informar a su mejor amiga, que no ha
dudado en girarse para mirarme. Me dedica una sonrisa sincera antes de
saltar de la encimera para acercarse a mí entre la multitud.
329
Sonia Hernández
Allá voy. ¿Pero a dónde voy? No estoy segura de lo que hago, pero ya
es demasiado tarde para echarme atrás. Sé que Loan se ha molestado por
haber invitado a Mark a la fiesta, pero quería hacerlo. En realidad me
gusta poder hacerlo y ser consciente de que podemos tomar algo juntos
sin discutir. Sé que es demasiado tarde para ser amigos, pero al menos
parece que podremos llevarnos bien. No puedo quitarle ojo mientras me
acerco con dificultad. Viste un pantalón vaquero con una camiseta negra.
Lleva un estampado bastante abstracto de cantidad de colores diferentes.
En su muñeca luce una ancha pulsera de cuero. Sonrío una vez más cuando estoy frente a él y en un acto completamente involuntario de ambos,
nos acercamos para besar nuestra mejilla. Rozamos nuestros pómulos
más tiempo del necesario y siento sus labios en la comisura de los míos,
lo que no me molesta en absoluto. Le tiendo una cerveza y chocamos
ambos botellines.
-Pensaba que no vendrías ya -sujeto la esfera de mi reloj para hacerle
ver que es un poco tarde.
-Bueno, tú me invitaste. Y he venido sólo por eso. Pero me marcharé
enseguida.
-Está bien la fiesta que han montado, ¿verdad?
Asiente antes de responderme.
-Pero ten cuidado. Recuerda lo que te pasó la última vez... -ambos reímos al recordarlo- Al menos parece que Rostro Pálido está muy pendiente de ti para sacarte de aquí en caso de necesidad…
-Pues yo tengo un buen recuerdo de aquella fiesta. Bueno, salvo el
rato que pasé abrazada a la taza del váter, claro…
-Lo recuerdo… -bromea poniendo cara de situación.
-¿Ivanna, no viene? -da un gran trago antes de volver a mirarme y
parece intentar ignorar mi pregunta. Pero ya es hora de que tratemos con
normalidad que ambos salimos con gente diferente.
-¡Eh! -doy un pequeño tirón a su camiseta- Que te estoy hablando.
-Perdona, no te había escuchado, la música está un poco alta.
Sé que tiene razón, puesto que tenemos que hablar muy cerca el uno
del otro, pero aun así, creo que ha intentado evitar hablar de su novia.
Decido insistir.
330
Nunca quise hacerte daño
-Que si Ivanna no viene.
-No… he venido sólo. Las cosas han cambiado un poco.
-Está enfadada por lo de esta mañana. Dile que no ha sido nada, que
no va a volver a pasar. No quiero que os enfadéis por mi culpa. Parece
una buena chica.
-Lo es. Y bueno sí, estaba enfadada por lo de esta mañana, aunque
parece que ya ha quedado todo bastante claro. ¿Le has dicho algo a…?
-No -me apresuro a contestar-. No creo que sea buena idea. Ya sabes
cómo es, no lo iba a entender.
-Bueno, yo tampoco lo entendería. Mejor que no lo sepa.
Nos miramos en silencio y ambos sonreímos sin prisa. Mark bebe de
su botellín sin quitarme ojo de encima, pero no me importa. Creo que me
gusta que lo haga.
-Me voy a marchar ya -dice al fin muy cerca de mi rostro-. Rostro
Pálido -tose-, quiero decir, Loan, parece que se está poniendo nervioso y
al final se va a hacer daño en el cuello de tanto estirarlo.
Miro hacia él y compruebo que Mark tiene razón. Me siento culpable
por esto pero sé que se lo compensaré.
-Nos veremos estos últimos días. Además, el lunes nos dan la gran
noticia… Bueno, pásalo bien, ¿vale? -asiento acercándome de nuevo a su
rostro para besar su mejilla-. Y cuídate mucho -susurra antes de marcharse
sin mirar atrás y dejándome allí plantada y completamente descolocada.
~•~
Me acerco al grupo, que parece esperarme con ansia de conocer hasta
el más mínimo detalle de lo sucedido. Pero no tengo intención alguna de
desvelar lo que haya podido hablar con Mark.
-Cómo has tardado… -Greiff y sus oportunas bromas, como siempre.
-Sí, vamos, un poco más y amaneces allí -pese a que Lea y yo hayamos
hecho las paces tras lo sucedido en el cine, decide aliarse con su novio y
en mi contra. Eso es una amiga, sí señor.
331
Sonia Hernández
-Venga, dejadla en paz -me sorprende Loan-. Puede hacer lo que quiera y no tenéis por qué meteros con ella por eso. No les hagas ni caso,
Lanna.
Y me estrecha para darme un beso como si lo que quisiera fuera
marcarme.
-¿De verdad no te ha molestado que le invitara a venir?
-Claro que no. Al final parece que os vais a hacer amigos y todo, ¿no?
Además, teniendo en cuenta lo que le queda en la universidad, no me
preocupa demasiado. Sólo espero que a partir de entonces, todo sea
más normal entre nosotros.
Sonrío y le abrazo, quizá tenga razón y lo que necesitamos es un poco
de tranquilidad para poder conocernos. Loan es un buen tipo y su único
error han sido los celos. Un error perfectamente comprensible.
-¿Podemos ir a algún sitio un poco más tranquilo? -susurro muy cerca
de su rostro.
-¿Ocurre algo? -me apena ver que se preocupe también porque pida
ir a otro sitio.
-No, tonto -doy ligeros toquecitos en su pecho con mis dedos-. Sólo
quiero que estemos a solas.
Él sonríe y toma mi mano para acompañarme a su dormitorio. Me
sorprende ver que lo haya cerrado con llave, pero teniendo en cuenta el
arsenal que guarda dentro, lo entiendo.
Y allí estamos, en el paraíso de cualquier universitario. Una televisión
enorme, la última consola de moda, un ordenador que parece una nave
espacial y algo por lo que mi hermano mataría, uno de esos baquets con
volante incorporado.
La música se escucha a pesar de que la puerta está completamente
cerrada, pero al menos aquí podremos hablar con algo más de tranquilidad.
-¿Estás bien? -Loan se sienta sobre la colcha de su enorme cama y yo
únicamente asiento con una sonrisa que ocupa casi todo mi rostro antes
de sentarme junto a él- Te noto rara.
-Estoy bien, sólo quería decirte algo y prefería hacerlo a solas.
-Me estás preocupando, tía.
-¿Se puede saber qué es eso de tía? A ver si ahora va a resultar que
somos familia… -reímos- Bueno, el caso es que he estado pensando
sobre lo que hablamos el otro día.
332
Nunca quise hacerte daño
Duda un momento.
-Lanna, hablamos sobre tantas cosas que no sé a qué te refieres.
-Me preguntaste si quería ir contigo de vacaciones este verano y lo he
estado pensando. Primero me gustaría pasar un par de semanas en
Blackpool con mi familia pero, si quieres, después podemos irnos juntos.
Y solos. No quiero que pienses mal, pero no me apetece pasar el verano
con Lea y Greiff.
-¡Me parece genial! -parece realmente emocionado con la decisiónYo también prefiero que vayamos solos, la verdad. Pediré a mis padres
las llaves de la casa, este verano han planeado un viaje ellos también. Te
enseñaré un montón de sitios que te encantarán. Además, la casa te va
a gustar, tiene un enorme jardín desde el que podremos contemplar el
amanecer, así, abrazaditos -me estrecha entre sus brazos y besa mi cuello, lo que me provoca un escalofrío, pero él continúa haciéndolo a
sabiendas de que me estoy poniendo algo nerviosa. En un movimiento
ágil, me recuesta en su cama y continuamos besándonos cada vez con
más prisa.
-Que todavía no hemos llegado… -susurro sin dejar de besarle.
-Sólo lo hago para que veas lo que te espera allí…
Y seguimos besándonos un rato más en el que cada vez me siento más
segura de mi decisión. Quiero pasar el verano con él porque quiero que
nuestra historia termine de empezar de una vez. Siento que, poco a poco
y con suavidad, tira de la cremallera de mi vestido.
-¡Loan! -susurro- Podría entrar alguien…
-No va a entrar nadie… -gime acariciando mi ropa interior- Tenía
tantas ganas de estar contigo…
Pero parece que lo que Loan acaba de asegurarme no es cierto, ya que,
aunque dificultado por el ruido de la música, siento que el pomo de su
puerta gira, con lo que ambos nos sobresaltamos.
No puede ser, pienso en mi interior cuando veo a Ivanna, que entra
en el dormitorio como si de un tanque de guerra se tratara.
-¿Se puede saber qué haces aquí? -grita Loan enfurecido por la
intromisión.
333
Sonia Hernández
-Lanna, lo siento… -es Lea, que aparece inmediatamente detrás de
Ivanna- Me ha preguntado por ti y… he intentado que no entrara pero…
Pero yo estoy completamente inmóvil sentada en la cama de Loan.
Porque sé perfectamente a qué ha venido. Hace sólo un rato he preguntado por ella a Mark y ha sido evidente que algo pasaba entre ellos porque, de lo contrario, Ivanna hubiera venido colgada de su brazo para
mostrar al mundo que Mark es de su propiedad. Y él ha dicho que las
cosas han quedado claras entre ellos. Cielos, algo me dice que Loan también se va a enterar de lo sucedido esta mañana.
A estas alturas, Ivanna está en medio del dormitorio frente a Loan,
que la mira enfurecido.
-¿Quieres salir ya de aquí? ¡Lárgate! -Loan le grita con el rostro muy
cerca y parece querer empujarla.
-Veo que te lo montas bien -escupe ella al fin-. Empiezas el día con
uno y lo terminas con otro. Tú sí que sabes.
Habla con todo el odio que es capaz de sentir y ahora sé que es inminente que Loan se entere de algo que ni siquiera sé si merece la pena que sepa.
-¿Pero qué dices, tía? He dicho que te vayas y punto.
-Vaya Loan, veo que no te lo ha contado, ¿no? Quizá deberías preguntar a tu novia qué hace cuando te dice que va a estudiar.
-Ivanna, estás haciendo el ridículo. Es mejor que te marches, en
serio -Loan parece más calmado, aunque sigue molesto con lo que está
sucediendo-. No tengo que preguntar nada a nadie. Vete.
-Si no quieres preguntárselo a ella, puedes ir donde Mark, él te lo contará.
Y se marcha triunfalmente. Ya ha conseguido lo que quería. Loan cierra la puerta de un golpe y se acerca a mí. No sé cómo actuar ahora y, lo
que es peor, como lo hará él.
-Está loca esta tía. Loca y obsesionada con el consejero. Ni que nosotros tuviéramos la culpa de que juegue con ella -se sienta a mi lado y acaricia mi pierna por debajo del vestido-. En fin, no sé qué tiene, que os
vuelve a todas locas… a ver, por dónde íbamos…
Vuelve a recostarse en la cama, dispuesto a continuar con lo que dejamos a medias antes de que Ivanna nos importunara.
Parece que no se ha creído nada de lo que ella ha dicho, pero en mi
334
Nunca quise hacerte daño
cabeza resuenan las palabras de Ivanna doliéndome al chocar contra las
paredes de mi cerebro. No tardo en darme cuenta de que no puedo, ni
debo, ocultarle esto a Loan. No puedo intentar que lo nuestro salga bien
si le oculto algo así.
Pero él continúa besando mi cuello y acariciando mi cuerpo, y por
cada lugar que pasa parece quemarme. Agarro su mano con decisión.
-Espera un momento. Ivanna no está loca.
-¿Qué dices ahora? -continúa con sus labios pegados a mi cuelloVenga, más tarde si quieres debatimos sobre el estado mental de la
gente.
Me incorporo para sentarme sobre la colcha y él lo hace muy cerca
para continuar acariciándome.
-No puedo ocultarte esto ni negarlo como si no hubiera ocurrido.
Anoche, en la habitación de Mark…
-¿Qué intentas decirme, Lanna? Porque si es lo que pienso, de verdad
que prefiero no saberlo -aprieta con fuerza sus puños-. No sigas, por
favor.
-Tienes que saberlo.
-¿Qué me vas a decir? -el tono de su voz aumenta a cada segundo que
pasa- ¿Que te has acostado con él, es eso? -ahora grita y su voz me asusta- No me jodas, Lanna.
Siento un nudo en el estómago que me impide respirar. Abrazo mis
piernas en un intento de cobijarme de lo que está sucediendo y no puedo,
ni quiero, evitar llorar.
-¡Has estado acostándote con él mientras a mí me decías que te
esperara, que necesitabas tiempo! Pero cómo he podido ser tan ingenuo
-sonríe derrotado-. Joder Lanna, no me esperaba esto de ti. He estado
meses, ¡meses! aguantando tus chorradas, esperando a que te lo quitaras
de la cabeza, y ahora me vienes con estas.
-Yo no me he acostado con él mientras estábamos juntos. Siempre he
sido sincera contigo -apenas puedo hablar y sus gritos me asustan cada
vez más.
-¡No lo has sido! Porque te has acostado con él y no pensabas decírmelo hasta que ha aparecido Ivanna. ¿Tan mal me he portado contigo,
Lanna? ¿Tan mal como para que me hagas esto?
335
Sonia Hernández
Nunca había visto a Loan comportarse así. Ha golpeado en un par de
ocasiones la pared de su dormitorio y grita sin importarle que nos puedan oír, o que me asuste esta reacción.
-Loan, por favor, deja que me explique… -pero sé que no hay nada
que explicar. Las cosas son como son y no las puedo cambiar. Sólo me
queda ser sincera con él y esperar que lo entienda, lo que es prácticamente imposible. Quizá sea mejor que me marche de aquí y le dé tiempo para
pensar en lo sucedido.
Pero escucho un sonido que me resulta familiar. Completamente
ajeno a la fiesta. Incluso Loan se queda inmóvil cuando lo oye también,
así que me levanto y me acerco a mi bolso, que descansa sobre la enorme silla de su escritorio, para recoger mi teléfono móvil. Miro un
momento la pantalla iluminada mientras el aparato continúa sonando y
vibrando en mis manos.
-Cógele, no te cortes.
Pero quedo inmóvil ante el teléfono, que suena una y otra vez. Siento
que la sangre desaparece de mi rostro al comprobar que son casi las tres
de la madrugada. Demasiado tarde para recibir esta llamada.
-Es mi madre -susurro volviendo la vista, ahora más aterrada que
nunca, hacia él.
-Lanna… -la escucho susurrar al otro lado de la línea cuando ni
siquiera la he saludado- Lanna, ha pasado algo horrible…
-¿Mamá? ¿Qué ocurre, mamá?
Ella está llorando y apenas puede hablarme. Quiero evitar pensar en
lo que ha podido suceder, pero ya puedo imaginarlo. Y no quiero.
Prefiero no saberlo.
-Es Eric, ha tenido un accidente con la moto…
-¿Está… bien?
-No hija, no está bien. Estamos en el hospital…
-Voy para allí inmediatamente. Tomaré el primer autobús de la mañana.
No te preocupes, mamá. Mantenme informada -es todo lo que consigo
decir tras intentar reunir el valor necesario para mantenerme en pie.
Vuelvo a mirar a Loan, pero él continúa impasible en medio del dormitorio. Quizá busque algo de apoyo en él, pero es evidente que esta noche
336
Nunca quise hacerte daño
no lo voy a encontrar. No puedo culparle, así que recojo mis cosas y salgo
de la habitación apresuradamente y dejándolo allí plantado con algo que
ahora mismo me trae sin cuidado.
-¡Lanna, Lanna, espera! -es Lea, que corre tras de mí por las escaleras
del edificio- Deja que te acompañe, debemos hablar.
Al fin consigue darme alcance y me agarra del brazo.
-¿Qué ha pasado? -está visiblemente preocupada por mí- Ivanna me ha
contado lo de Mark, no te preocupes, yo te apoyo, soy tu amiga y estaré a
tu lado. No llores… -siento su mano acariciar mi rostro y me reconforta.
-Eric ha tenido un accidente con la moto. Mi madre me acaba de llamar y debo marcharme a Blackpool lo antes posible…
Ella me mira sobrecogida por la poca información que le he dado y
decide darme un enorme abrazo en el que consigo perderme. Me alienta
que me acompañe a la residencia y, aunque entre nosotras no crucemos
una sola palabra, me siento acompañada.
Pero cuando llegamos encuentro un detalle que ya me es familiar. El
pañuelo rojo descansa anudado una noche más. Pero hoy no puedo esperar a que terminen lo que estén haciendo, así que intento entrar, sin éxito.
-Quizá hayan cerrado por dentro -obvia mi mejor amiga-. Deberías
llamar.
Sigo su consejo y golpeo con fuerza la puerta, pero ellos no parecen
dispuestos a abrirme.
-¡Zara, soy Lanna, abre por favor, es importante que entre!
Al fin, mi compañera de habitación me abre envuelta en una sábana
blanca. Tiene el cabello completamente revuelto y cara de fastidio.
-Zara, debo entrar, lo siento -y la aparto a un lado para adentrarme en
el dormitorio. Veo a Giulio recostado en su cama, parece estar desnudo.
Me saluda divertido, pero no le hago caso y abro con prisa mi armario
para sacar la maleta y la ropa necesaria para pasar algunos días fuera.
-¿Qué ocurre? ¿Te marchas de viaje?
-Debo irme. Mi hermano ha tenido un accidente y está en el hospital.
Siento haber entrado así, pero ya te dije que era importante.
Entro en el cuarto de baño y recojo con prisa lo más necesario.
Cepillo de dientes, champú, crema hidratante, un peine. Suficiente.
337
Sonia Hernández
-¿Cuándo te marchas?
-Ahora.
-Pero te queda algún examen por hacer, ¿no?
-Eso es lo de menos ahora, Zara. Pasaré a segundo con una asignatura pendiente. No me importa. Gracias por dejarme pasar. Hablamos.
Sin ser consciente de mis actos, me acerco a ella y beso con suavidad
y prisa su mejilla.
338
Nunca quise hacerte daño
Silencio absoluto pese a que el edificio está repleto de gente. Y ese
olor tan característico. A medicina. O a enfermedad. Camino despacio
por el angosto pasillo de paredes color pastel. El nudo que se posó en mi
estómago anoche continúa dificultando mi existencia. Esa sensación tan
extraña de no saber qué nos espera al final del pasillo. Suspiro cuando veo
a mi padre en la sala de espera. Está sólo.
-Hija -me abraza cuando me ve sin esforzarse por demostrar entereza. Puedo imaginar que lleva toda la noche intentando mantener la coraza para no preocupar más a mi madre.
-¿Qué os han dicho? -él duda antes de comenzar a hablar- Por favor,
papá. Llevo toda la noche preocupada por saber algo, cinco interminables
horas de autobús y media más de taxi. Dime algo.
-Dicen que es pronto para emitir un diagnóstico fiable, que debemos
esperar.
-¿Pero esperar a qué? -intento no levantar demasiado el tono de voz,
pero me resulta demasiado difícil conseguirlo.
-A que salga del coma. Si sale.
339
Sonia Hernández
Entonces entiendo la gravedad de la situación y puedo imaginar lo
que encontraré cuando abra la enorme puerta tras mi padre.
Y compruebo que estoy en lo cierto. El cuerpo desnudo de mi hermano yace inmóvil en la estrecha cama. De su brazo cuelgan varios tubos,
tiene una sonda y varios cables conectados a su pecho. Una máquina
junto a él emite unos pitidos átonos que indican que sigue vivo.
Comienzo a temblar en la puerta de la habitación, pero mi madre se acerca a mí para recibirme. Está más entera de lo que esperaba, aunque unas
enormes ojeras inundan su rostro. Pero me sonríe esperanzada y yo no
puedo quitar ojo a mi hermano. Me acerco despacio y acaricio con cuidado el dorso de su mano. No soy capaz de digerir lo que mis ojos ven.
Uno de sus brazos está enyesado también.
-¿Se pondrá bien? -articulo al fin.
Mis padres se miran antes de emitir una respuesta y al final es mi
madre la que parece tener más fuerzas para hacerlo.
-No lo sabemos, Lanna. Los médicos han dicho que está estable pero
su estado es crítico. Dicen que de no haber sido por el casco…
Escucho un leve gemido y veo a una chica sentada en una esquina de
la habitación. Hasta ahora no había reparado en su presencia y no puedo
evitar mirarla con curiosidad. Es más joven que yo, su cabello rubio cae
sobre los hombros.
-Ella es Cynthia. Es una amiga…
-Es la novia de Eric -mi madre ayuda a mi padre a terminar la frase.
Recuerdo que no hace demasiado que salen juntos y para él debe ser difícil asimilarlo.
-Hola -me acerco a ella-. Soy Lanna.
Ella me mira y sonríe tristemente. El rímel de sus pestañas está esparcido por todo el rostro.
-¿Ibas con él cuando…? -pero niega con la cabeza apresuradamente,
así que decido cambiar de tema- ¿Y la abuela?
-Ella está bien, en casa con tía Patty -mi padre habla pausadamente-.
No le hemos dicho nada, no sería bueno para ella recibir semejante noticia. Está mayor, ya sabes.
-Claro.
340
Nunca quise hacerte daño
Decido terminar también esta conversación porque ahora soy yo
quien no quiere continuarla. Sé que mi abuela es muy mayor ya, pero este
no es el momento más adecuado para que me digan que también puede
morir pronto.
~•~
Tras casi dos horas intentándolo, he conseguido que mis padres se
marchen a casa e intenten dormir. He tenido que utilizar todo tipo de
excusas para lograrlo y ahora me siento algo más tranquila sabiendo que
ellos podrán descansar un poco. Así que acerco el sillón a la cama y me
recuesto en él, sin perder de vista a mi hermano. Apoyo la cabeza en el
colchón y vuelvo a acariciar su mano con suavidad. El pitido se acelera
levemente.
-Eric… -susurro- Seguro que puedes escucharme y sabes lo que te
voy a decir… pero esta vez no voy a regañarte porque no merece la pena,
seguro que has aprendido la lección tú solito. Sólo voy a decirte que eres
muy cabezota. Deberías darte cuenta de que todos están -toso-, estamos
preocupados por ti, así que a partir de ahora deberás tomártelo con más
calma. Porque las cosas no tendrían que ser así, yo no debería estar aquí.
Y me hubiera gustado que tú fueras quien me presentara a Cynthia. Os
hubiera invitado a una cerveza… -sonrío, vencida- Te he echado mucho
de menos, Eric. Así que no puedes marcharte ya. Tenemos que hacer
muchísimas cosas juntos. Quiero que vayamos de viaje y si quieres podemos decirle a Cynthia que venga también…
El sonido de mi teléfono móvil me sobresalta. Es un mensaje, así que
lo cojo de la pequeña mesa blanca repleta de gasas, sin preocuparme de
quién pueda ser. Sólo tengo una cosa clara, no es Loan. Porque desde que
he llegado no he recibido ninguna noticia suya. Lea me llama cada noche
para comprobar que todo siga relativamente bien. Incluso Zara me ha
enviado algún mensaje para recordarme que puedo contar con ella, lo que
le he agradecido de veras. Pero Loan nada. Parece que sigue enfadado,
341
Sonia Hernández
pero ahora eso no me importa lo más mínimo. Deslizo la tapa y pulso la
tecla adecuada para visualizar el mensaje. Es una fotografía. Parece… un
tablón de anuncios. Sí, es uno de los tablones de la facultad. En él hay
varios folios clavados con calificaciones. Activo el zoom y acerco la imagen hasta visualizar mi nombre. Está en la parte inferior del documento.
“Lanna Muller/ Mark Fisher………………….. A”
Y bajo la fotografía, texto:
“Sabía que lo conseguiríamos. También he mirado el resto y te las he enviado por
mail, ¡has aprobado todo! Eres una máquina. ¡Una preocupación menos! Seguro que
hasta has sonreído al ver la foto. Mucho ánimo.”
Y está en lo cierto, puesto que mi corazón ahora late con fuerza y sonrío frente a la pantalla de mi teléfono. Vuelvo a mirar a mi hermano y
caigo de nuevo en el mundo real, el que me rodea estos días. Decido
compartir esta pequeña alegría con mi hermano.
-Mira Eric -coloco la pantalla delante de sus ojos cerrados-. He sacado mi primer diez en la universidad… ¡y parece que he aprobado todo!
Bueno, me falta un examen que no sé si podré hacer, así que estos días
vamos a estudiar juntos. Es el precio que tienes que pagar porque haya
adelantado mi visita -suspiro-. ¿Sabes? El trabajo de Derecho Romano ha
sido muy importante para mí. Nos ha costado mucho esfuerzo a los dos
hacerlo, y más si tenemos en cuenta todo lo que ha sucedido entre ambos.
No te lo he dicho, pero el mensaje me lo ha enviado Mark, mi compañero de trabajo… supongo que en algún momento fuimos algo más. Él significa mucho para mí, la verdad. ¿Te acuerdas cuando le pedí a mamá que
me enviara la ropa para ir a esquiar con la clase? Pues me marché con él
a pasar el fin de semana, pero de esto ni una palabra, ¿eh? -coloco mi
dedo índice sobre sus labios deshidratados- El caso es que todo era perfecto entre nosotros hasta que ocurrió algo que ni siquiera tiene importancia ya. Las cosas cambiaron por completo y pasamos a casi odiarnos.
Pero el destino quiso que nos tuviéramos que jugar el curso realizando
un trabajo en parejas y parece que eso ha sido lo que más nos ha unido.
He descubierto muchas cosas de él que me gustan. Me gusta estar con él.
La otra noche ocurrió algo en su dormitorio… puedes imaginarlo, pero
342
Nunca quise hacerte daño
no te lo voy a contar porque eres mi hermano… y porque no me fío de
que mantengas el pico cerrado, la verdad -vuelvo a sonreír al verle inmóvil-. Pero he de decirte que tienes mucha suerte de haber encontrado a
alguien que sufre por ti, que te espera cada día. Si puedes escucharme
espero que te acuerdes de esto cuando despiertes. A ella le importas
mucho y no debes dejarla escapar. Cuídala, hermano.
-¿Puedo pasar? -qué voz tan dulce.
-Claro, precisamente estábamos hablando de ti -sonrío observando
cómo se acerca con sigilo-. Pero nada malo, ¿eh? siéntate aquí, conmigo.
Me apoyo en el reposa brazos y dejo que Cynthia ocupe el resto del sillón.
-¿Has podido descansar? Pensé que vendrías más tarde -acaricio con
familiaridad su cabello recién lavado.
-He dormido algo, pero estaba intranquila en casa. No sé qué pinto
allí teniéndolo aquí. Prefiero cerrar los ojos en la sala de espera porque
estoy más tranquila sabiendo que si despierta estaré cerca. Sabes, Eric me
habla mucho de ti. Me hablaba…
-¿En serio? No pensaba que fuera tan sentimental.
-Lo cierto es que ha cambiado mucho, aunque no lo creas. Una vez
me llevó a vuestra casa y estuvimos viendo fotografías de cuando erais
pequeños. Me enseñó esa en la que aparece sacándote la lengua y tú lloras como una loca.
-¡No lo puedo creer! -río por primera vez desde que llegué al hospital.
-Pero la que más me gustó fue una que os hicisteis en Navidad, en la
que él lleva puesto el casco y tú un abrigo y las zapatillas de estar en
casa… Siempre me dice que tenemos que ir a visitarte, que quiere pasar
algo más de tiempo contigo. En el fondo creo que siente admiración
hacia ti. Siempre habla de que estudias en la universidad, que no te ha
dado miedo marcharte sola… La verdad es que tenía muchas ganas de
conocerte en persona.
-Pues aquí estoy. Pero no tengo nada que merezca la pena admirar.
Llevo una temporada en la que todo lo que hago, lo hago mal. ¿Nunca
has sentido esto? Que hagas lo que hagas, tomes la decisión que tomes,
alguien sale herido…
343
Sonia Hernández
-Claro que lo he sentido. Bueno, supongo que no debería contártelo
delante de Eric, porque siempre que se lo recuerdo se enfada, pero cuando lo conocí, yo salía con un chico desde hacía unos seis meses. La verdad es que en cuanto lo vi me enamoré de él, y no lo digo porque sea tu
hermano, ¿eh? Pero empezamos a vernos cuando yo tenía novio y me
costó mucho decidir qué hacer. Ni siquiera nos besamos hasta que no
tomé una decisión. Yo creía que estaba a gusto, que no necesitaba dar
semejante giro a mi vida, pero los acontecimientos se iban sucediendo y
sabía que, tarde o temprano, tendría que tomar una decisión. Hasta que un
día en que Eric me vino a buscar a clase apareció mi novio. Bueno, no te puedes imaginar la que se lió. Mi mejor amigo y yo tuvimos que separarlos…
-¿Se pelearon?
-Bueno, ya sabes cómo es tu hermano, que no necesita demasiado.
-Lo sé, cuando éramos pequeños yo era el foco de su ira… -ambas
sonreímos.
-Entonces fue cuando realmente me di cuenta de que quería estar con
él, que pese a ser tan diferentes, quería pasar tiempo con él, conocerle y
disfrutar de su presencia. Odio que participe en esas estúpidas carreras de
motos, porque sabía que cualquier día se dejaría la piel en la carretera,
pero también sé que no puedo cambiarlo. Él es como es, y yo también,
debemos vivir con ello. Le quiero como es y punto. Y ahora, sólo de pensar lo que puede pasar…
-No digas eso, Cynthia. Lo único que puede pasar es que en cualquier
momento abra los ojos y se ría de nosotras a la cara, que es lo que hace
siempre conmigo.
-Sí, tienes razón. Los médicos nos dijeron que no le habláramos de
cosas malas, porque aunque esté inconsciente puede escucharnos.
-Sí, le acabo de dar una charla hace un momento y me he ahorrado la
pasta que me cobraría un psicólogo.
-¿Sabes una cosa? Me alegro de haber pasado algo de tiempo a solas
contigo.
Sonrío ante esta confesión y le hago saber que yo también me alegro
de haberla conocido y de que ahora forme parte de nuestra familia.
-Si me disculpas un momento, voy a bajar abajo, necesito mirar mi
correo electrónico. Me han enviado algunas notas y quisiera verlas.
344
Nunca quise hacerte daño
-Ve tranquila, yo me quedo aquí con Eric.
-Sí, no parece muy dispuesto a acompañarme.
-Tan vago como siempre.
~•~
Creo que este es el primer momento que paso a solas desde que llegué, así que me aprovisiono con una lata de Coca- Cola antes de abrir mi
ordenador portátil. Hace calor y aprovecho para sentarme frente al astro
rey en los jardines del hospital. Veamos…
Varios mensajes de Lea con un montón de fotos divertidas que ahora
no me apetece demasiado ojear. Aunque se lo agradezco, claro. Una invitación a la fiesta de fin de curso en el Cero Diez, para mí y media residencia más, por supuesto. ¿Y éste? Lo leo sorprendida varias veces. Es mi
profesora de Derecho Procesal. Las primeras frases son pura cortesía,
pero en el siguiente párrafo viene lo que de verdad me sorprende. Me cita
dentro de una semana para repetir el examen al que no me he podido presentar. Dice que debo llevarle un documento que justifique el ingreso
hospitalario de mi hermano. ¿Cómo se ha enterado de que Eric está
ingresado? Veamos… el examen será oral… uf… pero ahora no es
momento de compadecerme, sino de sacar fuerzas de flaqueza y presentarme a ese examen para superarlo y pasar limpia a segundo. Ya es más
de lo que esperaba, desde luego.
-¿Lea? Soy Lanna, ¿qué tal?
-¡Lanna! Tenía ganas de escuchar tu voz. ¿Cómo está Eric?
-Bueno… -hago una pausa con el teléfono adherido a mi oreja- Sigue
igual. Los médicos nos dicen que está estable y le han bajado bastante la
medicación, pero sigue inconsciente.
-Tú tranquila, que seguro que todo se arregla. Eric tiene la cabeza
dura, saldrá de esta, seguro…
-No lo dudo -sonrío para mis adentros-. Lea, quería agradecerte lo
que has hecho por mí. Ya he recibido el mail para el examen, eres lo más.
345
Sonia Hernández
-¿Qué examen?
-El de Derecho Procesal. Acabo de recibir un correo electrónico con
una nueva convocatoria. Pensaba que tú habías intercedido por mí.
-Yo no he sido, Lanna. ¿Te ha citado de nuevo? ¿Pero sabe algo de lo
de Eric?
-Parece que sí, porque me ha pedido que le lleve un justificante por el
tema del ingreso. Pero si no has sido tú…
-No lo sé… -noto que duda- ¿Quién más sabe lo de Eric?
-Nadie, creo. Bueno, salvo Zara, que estaba en la habitación cuando
fuimos la otra noche.
-Quizá haya sido ella, entonces. No, si al final será una buena tía y
todo…
-Lo es. Por cierto, ¿cómo está Loan?
-Bueno… -por el tono de su voz entiendo que no quiere contarme la
verdad para no preocuparme.
-Sigue enfadado, ¿no?
-La verdad es que bastante. Pero es normal. Nos lo ha contado todo.
Sabes que yo te apoyo Lanna, sé lo difícil que puede ser olvidar a alguien
a quien has querido y sé lo mal que lo has pasado estos meses. Pero Loan
está loco por ti, y lo sabes. Aunque voy a darte un consejo y es que debes
hacer lo que sea mejor para ti, lo que sientas en tu corazón. Yo sé que has
hecho todo lo que estaba en tu mano para que la historia con Loan funcionara, pero cuando fuerzas tanto las cosas quizá sea porque no están
por suceder.
-La verdad es que ya no sé qué hacer, Lea. Estoy completamente perdida, al principio pensaba que podría ser amiga de Mark, pero es imposible. No puedo estar frente a él sin pensar en los momentos que hemos
pasado, me da rabia pensar que pueda estar a solas con Ivanna. Y lo peor
de todo es que cuando estoy con Loan no disfruto de él como debería
porque el recuerdo de Mark siempre está flotando alrededor. Así que
quizá tengas razón y lo mejor sea darme algo de tiempo.
-Ahora no tienes que pensar en eso sino en tu hermano, que es lo verdaderamente importante. Lo que tenga que ser, será. Además, tengo
entendido que Loan no te ha llamado para preguntar por Eric.
346
Nunca quise hacerte daño
-No… -me entristece esto ya que, aunque la llamada de mi madre nos
sorprendiera en plena discusión, es algo bastante importante, en mi opinión- No sé nada de él desde la otra noche. Por cierto -decido cambiar
por completo de tema-, ¿sabías que mi hermano tiene novia?
-¿En serio? No le pega nada, ¿y quién es?
-Se llama Cynthia, es una chica muy agradable, la verdad. No me he
atrevido a preguntarle, pero creo que es la hermana de Anthony, ese
chico dos años mayor que llevaba aquellas gafas que le hacían unos ojos
enormes.
-¡Ya sé quién es! Pero esa chica es monísima.
-Lo es. Es que mi hermano es un dandy, que te crees tú. De hecho,
no la he visto separarse de su cama, está enamorada hasta las trancas.
-Bueno, no es el único que sabe elegir. Quizá no te había dicho nada
hasta hora, pero tú tampoco te cortas a la hora de escoger.
-¿A qué te refieres?
-Pues que el consejero tiene su punto. Bueno, Loan también, sí, está
bien, pero Mark… lo de Mark es una cosa exagerada... -río escandalosamente al otro lado del auricular- Bueno, es que el otro día apareció con
una camiseta de esas ajustadas y no veas. Todo el comedor se giró para
mirarle, creo yo.
-¿Como las que lleva Greiff ?
-Bueno sí, de esas que marcan hasta el alma… pero Greiff está más
definido, claro.
-Sí, de eso no hay duda.
-¿Sabes que ahora se ha hecho cómico?
-¿Cómico?
-Bueno, está empeñado en participar en los monólogos que organizan
en el Cero Diez para fin de curso.
-Es que Greiff le da a todo -me alegra escuchar la risa de mi
amiga-.Bueno, Lea, tengo que dejarte y subir de nuevo a la habitación.
Hablamos mañana, ¿vale?
-De acuerdo. ¿Quieres que le diga algo a alguien? No sé, al consejero
que te espere con su camiseta marcadora…
-Sí, claro. Saluda a Greiff de mi parte y un beso para ti.
347
Sonia Hernández
-Otro para ti y para tu familia y mucho ánimo. Hasta mañana.
Pienso en la conversación que acabo de mantener con mi mejor amiga
y me detengo en la parte de Cynthia. La recuerdo sentada junto a la cama
de mi hermano, esperando con impaciencia a que abra los ojos de una
vez. En silencio, sin dejar de mirarlo un sólo segundo como si con ello
pudiera transmitir el amor que siente por él y el miedo que le da no volver a escuchar su voz. Pero, ¿y si fuera yo la que está inconsciente?
¿Tendría a alguien esperándome al pie de mi cama?
De repente me siento más sola que nunca, pero decido volver junto
al resto para continuar con otro día igual que el anterior.
Cuando llego al rellano veo a mi madre junto a la puerta de la habitación, de pie, inmóvil. Con su mano tapa la boca y no para de gemir. ¿Es
posible? Los médicos han dicho que está mejorando levemente, así que
ahora no me puede venir con estas. Tardo en acercarme a ella por miedo a
conocer la noticia que, de algún modo, todos esperábamos. Ahora apoya la
cabeza contra la pared para continuar llorando en silencio. Mira al techo
como si el mismo cielo estuviera allí. Pero no puede ser y, como no puede
ser, no quiero creerlo todavía. Mi padre se acerca a ella y la abraza con fuerza. Está bastante más calmado y acaricia su cabello con ternura. No puedo
continuar aquí, ajena a todo lo que está sucediendo en mi familia, así que
decido sacar fuerza de lo más profundo de mi ser para aproximarme a ellos
despacio, con el miedo que produce acercarse a lo desconocido.
-Lanna, hija… -y mi madre me abraza con fuerza sin querer dejar de
llorar. Pero yo no soy capaz de hacerlo. Todavía no entiendo qué ha sucedido o, al menos, cómo.
¿Es posible que mi hermano haya muerto mientras yo hablaba con mi
mejor amiga de cosas sin sentido? No, no puede ser, él no lo haría. No
esperaría a que me alejara de él para hacerlo. Sabe que nunca se lo perdonaría, así que, sólo por eso, no creo que haya sido capaz.
Miro a mi madre con seriedad y me deshago de sus brazos para abrir
con prisa la puerta de la habitación.
348
Nunca quise hacerte daño
Allí está Cynthia, sentada sobre la cama y mirando a mi hermano sin
cesar. Me acerco con cuidado para comprobar lo que sospecho desde que
llegué a la planta.
Y mis ojos no pueden creer lo que ven. Mi hermano continúa tumbado sobre su cama, pero esta vez sus ojos están abiertos y me miran con
una leve sonrisa dibujada en su rostro, así que me acerco con prisa y beso
su mano con cuidado. Él sonríe todavía más.
-Bienvenido al mundo.
Tanto de sus ojos como de los míos emana una lágrima al escuchar
esta frase, la misma que pronuncié cuando mi madre me enseñó por primera vez a mi recién nacido hermano.
~•~
Han pasado varios días desde que Eric despertara y desde entonces
mejora por momentos. El médico dice que sus ganas de vivir son enormes y eso es lo que le ha ayudado en esto. Todos hemos cambiado un
poco también. Ahora Cynthia viene siempre perfectamente maquillada y
con una enorme sonrisa dibujada en su rostro. Mi madre ríe y mi padre
bromea. Incluso la abuela ha venido a visitarle sin necesidad de contarle
toda la verdad. Pero se acerca también el día en que tengo que volver a la
universidad para intentar aprobar el examen de Derecho Procesal. Al
menos, Eric ha accedido a ser algo parecido a un oyente durante mis
horas de estudio al pie de su cama, aunque también ha confesado que lo
último que hará en la vida será estudiar derecho.
-¿Y si me alisto en el ejército? Así me dejo de estudiar y puedo desfogarme… -me gusta verle así, feliz, sin tubos saliendo de su cuerpo.
-No serías capaz de estar alejado de la cocina de mamá tanto tiempo.
Duda un instante.
-Creo que tienes razón. Aunque, bueno, tú lo has conseguido, y la
comida de esos sitios no puede ser muy buena, ¿no?
-Hombre, no es alta cocina, desde luego, pero no puedo quejarme, se
come bien y sólo tengo que pagar la bebida.
349
Sonia Hernández
-Tengo ganas de ir a verte un fin de semana. Quizá cuando empiece de
nuevo el curso vayamos a visitarte. Seguro que hay mucha marcha por allí.
Sonrío.
-Ya sabes, fiestas cada jueves donde prefieras.
-¡No te pega nada, hermanita! -lo sé.
-Lanna, es tarde y tenemos que irnos o no llegarás a tiempo a la estación -es mi padre, que asoma la cabeza tras la puerta para anunciar mi
marcha-. Eric, sé bueno, Cynthia ha llamado para decir que viene de
camino -mi hermano alza la mano como si de un militar se tratara-. Te
espero fuera, hija.
Sonrío a mi padre agradeciendo que me deje despedirme de mi
hermano a solas.
-Bueno, enano, tengo que marcharme ya.
-Siento todo lo ocurrido, Lanna. Te he fastidiado los exámenes.
-No pasa nada, pero te advierto que una y no más.
-No te preocupes -se pone serio por primera vez-, de esta he escarmentado, creo que voy a dejar la…
-¿La moto? -exclamo esperanzada.
-No te pases… sólo las carreras. No puede ser que por algo así tengáis que estar todos preocupados por mí. Y sólo de recordar la cara de
Cynthia cuando desperté… creo que no merece la pena continuar con las
carreras. Me juego demasiado... -asiento- Pero, ¿sabes qué ha sido lo
bueno de todo esto? Saber que la tengo a mi lado también en lo malo. Es
indescriptible la sensación de saber que tienes a una persona, a la que
amas, cerca, cuidándote y queriéndote también, ¿no lo crees?
-No te pongas sentimental, anda... -prefiero dar por terminada esta
conversación o me dejará destrozada y dando vueltas a mi cabeza durante todo el viaje de vuelta-. Vengo en un par de semanas a pasar unos días
y te quiero al cien por cien, ¿eh?
En ese momento, Cynthia entra feliz en la habitación.
-Perdón… -parece molesta por importunar.
-Pasa Cynthia, yo ya me marchaba, es tarde -entra y se acerca a mi hermano para darle un suave beso en los labios y dedicar unas palabras que
siempre quedarán entre ellos. Él sonríe y yo siento que sobro allí, pero
antes de marcharme beso la mejilla de ambos.
350
Nunca quise hacerte daño
-Espero que tengas buen viaje, Lanna. Me ha gustado mucho
conocerte -muestra una perfecta sonrisa al hablarme.
-Y suerte en el examen -canta mi hermano.
-Hasta la vista, chicos -me detengo un momento en la puerta para
volver a mirar a un recuperado Eric.
-¡Ah, y… Lanna! -vuelvo a girar mi cuerpo para escucharle- Saluda al
chico del trabajo, de mi parte. A Mark.
-¿A quién? -pregunto sorprendida.
-No sé… -responde algo confundido- Me suena haber hablado algo
contigo, pero…
Y entonces recuerdo que lo hablé con él cuando estaba en coma. ¿Es
posible que se acuerde pese a no ser consciente de aquello?
~·~
-Papá… -de alguna manera casi imposible, me inserto entre los dos
asientos delanteros del coche mientras mis padres me miran de reojo,
divertidos.
-Vaya, hay cosas que nunca cambiarán -mi madre ríe al recordar que
sigo con la misma costumbre desde que era una niña.
-No os vais a creer lo que me ha pasado. Cuando Eric estaba inconsciente, le estuve hablando, como dijeron los médicos. El caso es que,
cuando me he despedido de él, me ha hablado de algo en referencia a lo
que le dije entonces…
-Bueno, ya dijeron los médicos que debíamos hablarle y siempre de
cosas buenas, que aunque no estuviera despierto, nos escuchaba. Pero
vamos, que tenga más memoria dormido que despierto… -mi padre y yo
reímos ante la ocurrencia- Quizá él sabía que lo que le estabas diciendo
era algo importante para ti, y por eso se le ha grabado. Seguro que no se
acuerda de cuando yo le contaba lo que había limpiado en casa…
Sopeso las palabras de mi madre y le hago saber que quizá pueda tener
razón.
351
Sonia Hernández
-¿Y de qué le hablaste, si se puede saber? -pongo cara de circunstancia ante la pregunta tan indiscreta, a mi parecer.
-De la universidad. Por cierto, ¿qué os parece Cynthia? Yo creo que es
una buena chica.
-Sí, lo es. La verdad es que no la conocemos demasiado, Eric no la trae
a casa muchas veces -comenta mi padre.
-Bueno cariño, es que Eric es muy joven para tener novia. Debemos
darle tiempo al tiempo, además, todavía tienen que conocerse más como
para poder decir que son novios.
-Yo creo que sí lo son y me parece genial, la verdad. Ella no se ha
separado de él en todo el tiempo que ha estado… -trago saliva- Y eso ya
le ha dado un estatus, ¿no? -ambos dudan- ¿Cuándo consideró la abuela
que erais novios?
-Cuando tu padre me pidió matrimonio -abro los ojos como platos-.
Eran otros tiempos. Y tú, ¿tienes novio?
Mi madre gira casi al completo su cuerpo para poder observar mi rostro e investigar si miento o no.
-Bueno… matrimonio, lo que se dice matrimonio… no me ha pedido nadie todavía -mi padre sonríe aunque mi madre sigue esperando una
respuesta válida-. Pero no mamá, no tengo novio.
-Eso de momento -anuncia de pronto mi padre-. Cuando menos lo
esperemos aparecerás tú también acompañada. No es que me perezca
mal, no me malinterpretes, es sólo que me gustaría que te tomaras tu
tiempo para escoger al adecuado.
-Oh, vamos Tim, no digas esas cosas -mi madre parece enojada con
el comentario.
-Yo sólo digo que tiene que elegir bien. Imaginaos por un momento
que Cynthia fuera como Eric.
-Una cabeza loca, quieres decir.
Asiente a mi apunte.
-Entonces tendríamos dos camas ocupadas en el hospital, posiblemente.
-Eso es -apunta él-. Lo que quiero decir es que Cynthia es el equilibrio
para Eric. Y las parejas tienen que estar siempre equilibradas. Quizá uno
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Nunca quise hacerte daño
aporte ese punto de locura que al otro le asuste. Vamos, al menos es
como me han educado a mí.- alza los hombros.
-¿Y la abuela qué opina de todo esto? Porque seguro que estas ideas
te las metió ella en la cabeza.
-La verdad es que sí, hija. Bueno, ya sabes que con veros felices, ella
es feliz. Ahora dice que no quiere morirse sin veros casados… ya sabes
cómo son estas edades, que se empeñan en algo y no paran.
-Pero la abuela no va a morirse todavía, ¿verdad?
Ellos se miran con complicidad antes de responder.
-Claro que no, Lanna -replica mi madre-. No digas tonterías.
Vuelvo a recostarme en mi asiento y pienso que, en realidad, mi abuela es bastantea anciana ya. ¿Y si es cierto que podría morir sin vernos
casados? O al menos sin vernos estabilizados. Como poco, me quedan
cuatro años para terminar la carrera, con lo que es bastante difícil conseguir realizar el deseo de mi abuela.
Cierro los ojos y dejo que el sol temple mi rostro. Y doy plena libertad a mi imaginación para navegar por un mundo inexistente. Ese en el
que toda la familia brinda en un salón, con el fuego de una chimenea
encendida. El olor a café inunda la casa. Fuera nieva. La abuela, como
siempre, descansa sonriente en su sillón. Mamá saca fotos y papá propone el brindis. Eric, completamente recuperado, qué pasa, es mi imaginación y punto, abraza a Cynthia, feliz. Y una fina mano reposa sobre
mi cintura mientras sostiene una copa de vino con la otra. Sonrío antes
de buscar su mirada para chocar nuestras copas alegremente. Feliz
Navidad, Mark.
-Lanna… ¡Lanna, hija! Que te has quedado dormida -la voz de mi
madre me sobresalta-. Ya hemos llegado.
No soy capaz de responder. Mi cerebro está digiriendo lo que mi
mente acaba de crear. ¿Cómo es posible? Es más, ¿Por qué tiene que ser
Mark quien aparezca en mis pensamientos y no Loan, cuando se supone
que salimos juntos? Pero a quién quiero engañar. A mí misma, que soy
quien más me conoce. Qué ingenua eres, Lanna. Por un lado está Loan,
del que no he recibido noticia alguna. Claro que tiene razón al enfadarse por todo lo sucedido la noche de la fiesta, pero creo que lo que ha
353
Sonia Hernández
sucedido es lo suficientemente grave como para enviarme un mensaje,
una llamada. Ni siquiera estoy segura de tener ganas de volver a verle.
¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Llamar a su puerta para disculparme por lo sucedido? Ahora mismo ni siquiera creo que tenga importancia. No quiero ponerme delante de él y excusarme por nada porque
no he hecho nada malo. ¿Y qué si sigo enamorada de Mark? Después de
todo, él se ha preocupado por mí estos días. Y en cierto modo, quizá
siempre haya estado cerca de mí.
Cuando llegue llamaré a su puerta y cuando abra nos abrazaremos y
volveré a sentir sus labios sobre los míos. Quizá más tarde salgamos a
pasear y cenemos a solas. Charlaremos y nos reiremos juntos. Podré contarle cómo me he sentido estos días. ¿Y si él es mi equilibrio? Sé que
ambos lo pasamos bien cuando estamos juntos y nos echamos de menos
cuando estamos alejados. Si no, no hubiera sucedido nada en su dormitorio. Porque ambos nos queremos y punto. Y no hay más que decir.
¿Pero qué estoy diciendo? Me sorprendo a mí misma con esto. No tienes ni idea de nada, Lanna. Te limitas a vivir en tu mundo sin querer ser
consciente de la realidad. Y a estas alturas es posible que Mark e Ivanna
hayan vuelto juntos y sean felices. Y si tan segura estoy de quererle, no
debo entrometerme en su relación, así que será mejor que me olvide de
la idea de llamar a su puerta. Quizá lo mejor sea dejar pasar los pocos días
que restan para terminar las clases y volver a casa, con los míos. Estoy
segura de que cuando termine el verano y comience un nuevo curso veré
las cosas de diferente modo. Seguro.
354
Nunca quise hacerte daño
El autobús entra puntual en la ciudad. Los enormes edificios parecen ahuyentar los rayos de sol. La gente camina con prisa al trabajo. El
tráfico, una vez más, dificulta el día a día. Bocinas, atascos… todo
sigue igual en Londres.
-Ten, tu maleta. Espero que hayas tenido un buen viaje.
-Te deseo un buen viaje de vuelta a ti también -sonrío al conductor
antes de coger mi maleta-. Adiós.
Comienzo a caminar por la estación, sin prisa. Tengo que tomar un
metro hasta la residencia y, aunque estoy cansada, no tengo demasiada
prisa por llegar. Tras varios días encerrada en el hospital, el aire me sienta
bien. Intento inhalar el máximo posible para inundar mis pulmones.
-¡Lanna, Lanna!
Miro alrededor, sorprendida por escuchar mi nombre en la estación.
No es que tenga un nombre demasiado común, así que si lo escucho, sé
que se refieren a mí.
-¡Lanna! -doy la vuelta y sonrío al ver a mi mejor amiga caminar hacia
mí con decisión-. Llevamos media hora esperándote…
355
Sonia Hernández
Me abraza con afecto y besa mi mejilla con fuerza. Sonríe al mirarme.
-¿Lleváis? -pero no es necesario que ella responda, ya que, tras mi
mejor amiga, asoma ese tipo tan característico.
-Qué pasa, Lanna -se acerca a mí y besa mi mejilla con suavidad.
-Os agradezco de veras que hayáis venido a recogerme -dudo un
momento-. ¿Y Loan?
Ambos se miran y dudan, parece que ninguno se atreva a contestar a
tan sencilla pregunta.
-¿Qué tal el viaje? Se hace un poco largo, ¿no crees?
-Te he hecho una pregunta, Lea -ella mira a su novio antes de responder.
-No ha querido venir… -noto que se entristece- está enfadado, tienes
que entenderle. Se siente mal por lo sucedido. Greiff le ha preguntado
esta tarde si quería venir y ha dicho que no…
-No pasa nada chicos, no os preocupéis por eso ahora. La verdad es
que tengo ganas de llegar y descansar, mañana tengo el examen.
-Es cierto, ¿ya le has dado las gracias a Zara?
-No, todavía no.
-¿Sabes Lanna? Mañana actúo en el Cero Diez, vendrás a verme, ¿verdad? -miro a Greiff, divertida- Es mi estreno como monologuista, no te
lo puedes perder.
Asiento y le hago saber que no faltaré a la cita. Durante el trayecto
hasta la residencia me cuenta todos los detalles de cómo ha llegado hasta
allí. Me explica cómo se ha documentado para elaborar el monólogo de
su debut, nos recita algunas partes mientras nosotras reímos con sus ocurrencias, y más cuando se queda en blanco en mitad de una frase.
-Bueno chicos, muchas gracias por todo. Mañana por la noche nos
vemos.
-Suerte en el examen…
Ambos me besan antes de que salga del destartalado coche de Greiff
356
Nunca quise hacerte daño
y me siento extraña en la residencia cuando recorro el pasillo en dirección
a mi dormitorio. Parece inusualmente desierta esta noche y recuerdo que
muchos han terminado los exámenes y es posible que ya hayan regresado a casa.
Abro la puerta del dormitorio y compruebo que también está vacío.
La cama de Zara está perfectamente estirada y su rincón excesivamente
ordenado. Ha dejado una enorme nota sobre la colcha.
“¡Ya he terminado los exámenes! Me hubiera gustado poder decirte adiós, pero no
sé cuándo llegarás. Esta tarde salgo de vuelta a casa a disfrutar de unas merecidas
vacaciones. ¡Nos vemos en septiembre!”
Vaya, parece que mi compañera ha adelantado sus vacaciones estivales. A mí también me hubiera gustado poder despedirme de ella y, sobre
todo, darle las gracias por conseguir retrasar mi examen.
Dejo mi maleta con cuidado en el suelo, relajada por no tener que
lavar demasiadas cosas, mi madre se ha preocupado de que casi toda la
ropa volviera limpia para no darme trabajo. Me siento sobre mi cama,
cansada.
Pero me sorprende lo que veo. Una pequeña caja reposa sobre la colcha. Está envuelta en papel rojo rodeado por un lazo blanco. La tomo
entre mis manos y dedico más tiempo del necesario a desenvolverla.
Es una caja de madera oscura, rodeada por un fino lazo ocre. La parte
superior es de cristal y deja a la vista una exquisita orquídea blanca que
ocupa casi la totalidad de la cajita. Está en perfectas condiciones, los pétalos abiertos. Sonrío y desdoblo el papel que acompaña el detalle.
l
“Al perderte, tú y yo hemos perdido. Yo porque tú eras lo que yo más amaba.
Y tú porque yo el que te amaba más.
Pero tú pierdes más que yo con esto. Porque yo podré amar a otras como te
amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo”.
357
Sonia Hernández
Leo en un par de ocasiones el poema de Ernesto Cardenal sin entender a qué viene esto. Continúo leyendo.
“Aunque algo tarde y de una forma muy poco original, te deseo un feliz
cumpleaños. Espero que para cuando llegues haya sobrevivido.”
Sé que se refiere a la flor, que está en perfecto estado. Sonrío ante el
anónimo aunque estoy segura de quién lo ha dejado sobre mi cama, así
que saco del bolso mi teléfono móvil y busco su nombre en la agenda.
Pulso la tecla verde y espero, nerviosa, a escuchar los tonos.
Pero nada. No me coge. Al contrario. He escuchado varios tonos largos que se han convertido en más cortos y seguidos. Miro la pantalla de
mi móvil y compruebo que no me he equivocado al marcar. Quizá esté
ocupado y me llame más tarde, es eso.
Me entristece pensar que, durante la estancia de Eric en el hospital, ha
pasado el día de mi cumpleaños sin que nadie nos diéramos cuenta, con
lo que me gusta más que Loan se haya acordado y haya tenido este detalle conmigo. Mañana en cuanto termine el examen iré en su busca para
excusarme por lo sucedido. Quizá deba tragarme el orgullo y hacerlo.
Pero ahora será mejor que tome una ducha y descanse para mañana o
no seré capaz de levantarme a tiempo para hacer el examen.
~•~
Como era de esperar, hoy me he despertado bastante tarde y he pasado casi toda la mañana remoloneando en la cama. Después he llamado a
Eric y parece que dentro de pocos días le darán el alta. Él insiste en que
cuando vuelva estará dando saltos en el jardín para recibirme y yo espero que así sea.
Tras comer un bocadillo en el desierto comedor he caminado hasta la
facultad. Sin prisa. Disfrutando del paseo a primera hora de la tarde.
El edificio parece abandonado. Los pasillos vacíos, las aulas cerradas.
358
Nunca quise hacerte daño
Subo las escaleras y puedo escuchar el sonido de mis sandalias al golpear con suavidad el pavimento. Incluso me parece un poco tétrico todo
esto e intento no pensar en películas que tengan algo que ver, así que
repito una y otra vez párrafos completos de mis apuntes. No es que tenga
miedo de no aprobar el examen, ni de que me salga algún perturbado de
un aula, sólo quiero mantener mi cabeza ocupada hasta encontrarme con
mi profesora.
-Vaya… -susurro al verlo. Está sentado cerca del aula en la que he sido
citada. Viste uno de sus pantalones más característicos. Algodón con el
tiro muy, muy caído. Y si esa es la camiseta de la que hablaba Lea, tiene
muchísima razón.
Siento que mis piernas comienzan a tiritar a medida que me acerco a
él, pero sé que me ha visto y no tengo otra opción.
-Hola -hablo con timidez, porque me siento como si fuera la primera
vez que nos encontramos.
Él sonríe a modo de respuesta y se pone en pie, frente a mí.
-Te has cortado el pelo -anuncio como si él no hubiera sido el encargado de llevarlo a la peluquería.
-Sí, necesitaba un cambio... -acaricia su pequeña cresta con una perfecta sonrisa dibujada en los labios.
-Te sienta bien -y cierro los ojos al ser consciente de mis palabras.
-¿Cómo está tu hermano? -gracias por ignorar lo que acabo de decirte.
-Mejor, parece que en breve le darán el alta. ¿Cómo lo sabes…?
-Me lo dijo Zara. Me sorprendió no verte mirando las notas y cuando
nos vimos le pregunté por ti.
-Sí, bueno, muchas gracias por tu mensaje. Estaba segura de que lo
conseguiríamos. ¡Ah! Y tenías razón -él me mira con curiosidad-. Sonreí
al verlo.
Ahora es él quien sonríe y pasa su brazo por mis hombros con una
naturalidad sorprendente.
-Venga, que te acompaño al aula…
-Por cierto… ¿qué haces aquí? Han acabado los exámenes -él parece
dudar ante tan simple cuestión.
359
Sonia Hernández
-He venido a recoger una nota. Al final parece que termino la carrera.
Sonrío desde mi posición, feliz porque lo haya conseguido. Y triste al
pensar que el próximo año no volveré a verle cuando abra la puerta de
mi dormitorio.
-¿Me he perdido muchas cosas estos días?
Sopeso
la respuesta. Ambos sabemos que es afirmativa, pero no
tengo muchas ganas de agobiarla nada más llegar.
-No demasiado, me dijo Giulio que en la última clase de Derecho
Romano el viejo Thomas debió poner nuestro trabajo como ejemplo y
pasó por las manos de todos. No está mal, ¿no?
Me mira sorprendida al escuchar esto.
-¿Y tú no estabas? -niego con la cabeza- Porque menuda vergüenza…
-Bueno, él nos dijo que podríamos fumarnos las clases… y es justamente lo que hice. Tenía cosas que hacer. Ya sabes, empezar a recoger y
todo eso.
Por un momento nos miramos en silencio y parece que a ambos nos
molesta tener que comenzar a recoger los recuerdos de todo un curso
juntos. Pero suena un mensaje en su teléfono móvil que consigue separar
nuestras pupilas.
-Adelante.
En el fondo me molesta que lo atienda, es cierto, y también lo es que
ella duda antes de mirar la pantalla. Lee el mensaje con prisa y sonrío en
mi interior al ver la cara que pone. Está, cuanto menos, decepcionada con
lo que lee.
-Parece que Rostro Pálido no sabe hacerte sonreír con un sencillo
mensaje -y me siento crecer con esto.
-Es Lea. Esta noche Greiff actúa en el Cero Diez y me invita a acompañarla.
-¿Monólogos? Me sorprende.
-No te sorprendas -dice ella sin apartar la mirada de su teléfono-. Le
pega más de lo que crees. Y se le da mejor de lo que esperaba.
-Entonces parece un buen plan, ¿no? No pienso perdérmelo.
-¿Irás? -parece sorprendida de mi decisión.
360
Nunca quise hacerte daño
-Sí, he quedado con Giulio, se marcha la semana que viene a Italia y
a saber cuándo vuelve. Creo que toda la residencia estará allí, como
siempre. Hemos pasado todo el curso en ese sitio y esta noche no iba a
ser menos.
Ella sonríe con cierta melancolía, pero no quiero prestarle demasiada
atención. No estoy seguro de ser capaz de aguantarlo.
-Pero no te preocupes, no me acercaré a ti si es lo que te preocupa. Sé
que a Loan no le gusta que nos llevemos bien y quizá pueda incluso
entenderlo.
-Claro, es comprensible. Pero no he quedado con él, así que tienes mi
permiso para acercarte… -espero que sea una broma.
-¿Va todo bien, verdad? -Lanna me mira y sonríe con timidez, lo que
me confirma que no es así. En cierto modo me molesta que las cosas no
le vayan bien tampoco a ella. Ya he asimilado que nunca estaremos juntos y al menos quisiera que ella estuviera bien con quien decida estar.
Pero el gesto de su cara me indica lo contrario. Lo siento Lanna. Lo siento de veras, pero no voy a seguir adelante con esta conversación porque
no quiero conocer más detalles. Sólo deseo que pasen estos días y nos
digamos adiós para siempre. Es entonces cuando podré intentar olvidarte de verdad.
361
Sonia Hernández
Tras dos horas de interminable examen oral he conseguido aprobar,
con lo que parece que pasaré limpia a segundo. Siento que me he quita-
do de encima un gran peso, la verdad.
Son las nueve y he quedado con Lea en el Cero Diez. Ella ha ido antes
porque quiere acompañar a Greiff mientras ensaya antes de su debut. Por
algún motivo que todavía desconozco me siento nerviosa. Quizá porque
sepa que Mark estará allí o porque quizá sea Loan quien acuda. No he
conseguido hablar con él y empiezo a pensar que sigue enfadado conmigo. ¿Pero cómo es posible después del detalle que ha tenido? Puede que
sólo sea mi cabeza quien me intente jugar una mala pasada y únicamente
esté ocupado o no haya podido mirar su teléfono. Estos días me siento
un poco rara y por mi cabeza revolotean demasiados pajaritos, y no siempre para bien.
Así que salgo con decisión de la residencia camino del bar. Lo hago
con disposición, ya que quiero sentirme segura de mí misma. La puesta
362
Nunca quise hacerte daño
de sol continúa su actividad impidiéndome la visión y regalándome una
estampa inolvidable. Me detengo un segundo a admirar el reflejo sobre el
río y respiro con fuerza el crepúsculo.
Pero no ando demasiado bien de tiempo, así que decido continuar la
marcha sin vacilación. Ya puedo divisar la enorme puerta de madera del
Cero Diez.
Y para mi sorpresa, veo que antes de poder entrar en él voy a tener
que cruzarme con un numeroso grupo de enormes tipos con botellas
de cerveza. Qué pereza. Bajo la mirada y la clavo en el suelo deseosa de
no ser blanco de sus burlas. He reconocido a algunos de ellos porque
nadan con Loan en el equipo de la universidad y sé que sólo son seres
uni-neuronales. Pero capaces de hacer sonrojar a la más valerosa.
-¡Mira quién está aquí! -vaya, parece que me ha tocado el premio- Muy
buenas, Lanna…
Alzo la vista para saludarle con una intrascendente y desganada sonrisa.
-Vamos tonta, sonríe, que te traemos un regalo -intento no prestarle
atención, aunque sólo por el volumen de su voz, me resulta complicado-.
Mira, mira quién viene por allí.
Y en un segundo tengo frente a mí a Loan, que me mira sonriendo y
con una enorme cerveza casi vacía en su mano.
-Oh, has vuelto… -le sonrío, sin estar segura de si me alegro de verle
o no- Qué detalle… ¡mirad chicos, la reina de la noche ha vuelto!
-Loan -hablo en un susurro-, quisiera hablar un momento contigo.
Lo atraigo hacía mí tratando de alejarlo del grupo de bárbaros, lo que
me resulta bastante complicado. Siento que no me quita ojo de encima,
pero no me gusta nada la mirada que me dedica. No es como las de antes.
Siento que tengo enfrente a un completo desconocido que me mira como
si no sintiera absolutamente nada por mí. Me mira y después vuelve la
vista al grupo, que le espera, triunfal. Decido no pensar más en esto o saldré corriendo de aquí.
-Tú dirás -y da un enorme trago a su cerveza.
-Quería hablar contigo sobre lo sucedido la otra noche -pero tengo la
sensación de que hace mucho tiempo de aquello y ni siquiera estoy segura de querer volver a recordarlo-. Bueno, antes de nada, darte las gracias
por el detalle…
363
Sonia Hernández
Me siento sonrojar al recordar la pequeña cajita de madera sobre mi
cama y desvío la mirada al suelo.
-¡Oh, vaya! Si te vas a disculpar y todo… qué honestidad… ¡Eh, tíos,
se va a disculpar, qué honor!
El grupo nos mira alzando sus cervezas y brindan entre carcajadas.
Ahora sí que no reconozco a la persona que tengo ante mí. ¿Por qué se
empeña en ridiculizarme ante el maldito equipo de natación?
-Sinceramente, creo que es lo mínimo que puedes hacer -carraspea
intentando bajar el tono de su voz, no parece querer que le escuchen-.
Después de todo lo sucedido te has marchado y no has sido capaz de llamarme siquiera. Pensaba que era lo normal, pero parece que hasta ahora
no te has acordado de pedirme disculpas. En fin -parece desesperarse
ante sus propias palabras-. Puedes empezar, sabes que al final conseguirás lo que te propones.
De pronto, nuestra discusión aquella noche en mitad del Cero Diez
parece cobrar vida de nuevo, sólo que esta vez no tengo la menor intención de repetirla. Sin embargo, él se encoleriza con cada palabra que lanza
al aire.
-¿A qué te refieres?
-¿Cómo que a qué me refiero? Tiene gracia que me preguntes eso. Me
refiero a que hasta hoy que nos hemos encontrado por la calle no has
tenido un sólo minuto para llamarme. ¿Crees que puedes desaparecer y
ya? Las cosas no son así, Lanna. Y yo ya estoy harto de que sólo pienses
en ti misma.
Niego con la cabeza. No puede ser que esté escuchando esto, y
menos de la boca de Loan. Mantengo su mirada con firmeza. ¿Qué ha
quedado del chico tímido al que conocí? Siento que odio al ser en el que
se ha convertido.
-Loan… -intento hablar con cierta calma- Mi hermano sufrió un accidente y he tenido que salir corriendo…
Pero no puedo continuar hablando porque el sólo recuerdo de la llamada de mi madre y las posteriores horas hasta llegar al hospital hacen
que las lágrimas quieran brotar de mis ojos. Pero no pienso llorar y
mucho menos delante de Loan. No merece conocer ni uno sólo de mis
sentimientos si de verdad piensa lo que está diciendo.
364
Nunca quise hacerte daño
-¿A mí que me importa que tu hermano se la haya dado con la moto?
El mundo no gira en torno a ti, nena.
Abro los ojos al máximo. No es posible que haya escuchado esto. O
sí. ¿En serio he sido egoísta por marcharme junto a mi familia y no llamarle por teléfono? No quiero pensar en si puede tener razón o no.
Porque no creo que merezca la pena. Sólo sé que no tiene sentido continuar hablando con él. Porque todas las dudas que me han acompañado
durante el curso se han disipado en un momento. En una frase. Ha sido
suficiente para mí.
-Tienes razón, Loan. Quizá haya sido egoísta contigo -pongo cara
de niña bien y él sonríe cuando ve que las disculpas están a punto de
aflorar-. Así que sólo me queda darte algo que es tuyo -ahora él me mira
confuso-. Ven…
Le llamo moviendo mi dedo índice y él sonríe a sus amigos antes de
acercarse lentamente a mí. Sonrío con dulzura y él cierra los ojos antes de
que acaricie con suavidad su mejilla izquierda. Entreabre los labios y es
entonces cuando, con toda la fuerza que tengo, le propino un sonoro
tortazo. Me avergüenzo cuando me sorprendo a mí misma pensando en
lo bien que ha sonado. Él me mira inundado por la ira y yo vuelvo a
sonreír, pero esta vez sé que el rencor ha inundado mi rostro. Le aparto con la misma mano que le ha tocado por última vez para hacerme sitio
y alejarme de él. Y me hace sonreír que Loan continúe mirándome completamente fuera de lugar.
-¡Eh, tío! Te ha dado una buena… -y los que él considera sus compañeros vuelven a brindar ante la escena, que ha parecido ser de su agrado.
-¡Ah, Loan, por cierto!... -giro mi cuerpo y le miro sin cambiar el
gesto de mi rostro- Gracias por la flor.
Quizá esto sea lo único que digo sin odio hacia él. Pero me mira sin
saber a qué me refiero. Ha arrugado la nariz y su mirada está perdida, al
igual que él en este preciso momento. Uf… Nos miramos paralizamos
porque parece que ambos hemos conocido la identidad de quien haya
tenido ese detalle conmigo en el mismo momento. Y siento como si mi
fuerza me abandonara en ese instante. Casi me cuesta incluso mantenerme en pie y siento un escalofrío comenzar su camino en mi rostro para
morir en los dedos de mis pies.
365
Sonia Hernández
Sin ser consciente de mis propios actos comienzo a caminar hacia el
local, del que ya emanan sonoras carcajadas. Loan me mira perplejo,
quizá por lo sucedido o por su descubrimiento, pese a no saber bien a qué
me he referido con lo de la flor.
366
Nunca quise hacerte daño
Ahí está. Perfecta a mis ojos, como siempre. Viste un sencillo pero
ajustado pantalón vaquero y sandalias planas. Y aquella minúscula camiseta de la noche del concierto. Me divierte verla intentar hacerse paso con
cierto pudor entre el público, que parece molesto por ser interrumpido
con la actuación empezada. Se detiene un momento en mitad del local
para mirar alrededor e instintivamente me deslizo en mi asiento para no
ser visto. Al menos, Giulio continúa dándome la espalda ajeno a todo
esto, atento al primer monólogo de la noche. Al fin, los redondos ojos de
Lanna se cruzan con su objetivo, que no es otro que su mejor amiga, que
la espera sentada en la barra y ocupando el taburete junto a ella con el
bolso para que nadie se lo arrebate. Se besan en la mejilla con cariño y se
hablan muy cerca. El camarero se acerca y Lanna ordena dos Bud que le
traen casi al momento. Sonríen y vuelven al monólogo. Y yo intento imitarlas, dando un largo trago a mi bebida pero siendo incapaz de concentrarme en lo que dice el tipo. Ellas, sin embargo, ríen ante las ocurrencias
del cómico.
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Sonia Hernández
Francamente, no tengo ninguna gana de terminar el curso y alejarme
de ella. Es evidente que ambos hemos hecho las cosas mal… muy mal,
cuanto menos, pero ahora que la veo con Lea, ajena a todo, divertida,
feliz, sigo viendo a mi princesita ingenua, aquella que al principio del
curso se sonrojaba cuando me acercaba a ella. La que tiritaba cuando la
acariciaba.
-¿Estás tonto, tío?
Giulio consigue sacarme de esta especie de letargo en el que me he
sumido. Lo miro dudando. Y molesto por haber interrumpido mis pensamientos.
-Podías haber aplaudido a ése… -señala con la cabeza al siguiente en
actuar, que acaba de tomar asiento en un taburete metálico- ¿Es que no
sabes quién es? Ese tío viene a clase con nosotros.
-Perdona, Giulio, no estaba prestando atención.
-Vamos, que ya estás con tus historias… pero al menos podrías quitar
esa cara de atontado, que parece que he venido solo, joder.
Le sonrío y le lanzo un aro de cebolla que impacta directamente en su
frente. No parece molestarle, puesto que, tras atraparlo al caer, se lo ha
comido sin pensarlo.
-La verdad es que este tío tiene más bien poca gracia, no sé qué pinta ahí.
-Tenías que haberte preparado uno tú -le sonrío con picardía, a
sabiendas de que tiene más de una historieta que contar-. Aunque igual
pasamos la noche en vela, seguro que hubieras tenido más gracia.
-Cuenta tú tus penas… no te digo… aunque caben dos posibilidades,
o terminar todos llorando por tus desgracias o partiéndonos el culo de lo
desgraciado que eres.
Y sé que tiene razón. Si me pongo a contar mis penas, quizá lleguemos de nuevo a septiembre. Pero bueno, tampoco creo que le puedan interesar a nadie.
Por fin sale Greiff al escenario que han improvisado junto a la puerta. Saluda discretamente alzando su mano al aire. Los aplausos hacen evidente que es un tipo conocido en el local. Lea salta de su asiento para animarle mientras Lanna se mantiene en un discreto segundo plano, aplaudiendo también. Al fin, Greiff toma asiento en el taburete y acerca el
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Nunca quise hacerte daño
micrófono antes de comenzar a hablar sobre lo difíciles que son las relaciones en pareja. Que si a todo le buscan dos caras, que si nunca se fían
de uno, que si hay que medir las palabras con ellas… Lanna tenía razón
y lo hace bastante bien. Para dar énfasis a su actuación, se levanta del
taburete sin parar de hablar. La gente se ríe con él.
Y en ese momento la puerta del local se abre de nuevo, esta vez para
dejar paso al equipo de natación, en el que se encuentra Rostro Pálido.
Como todo el que entra, mira a su alrededor antes de buscar un lugar
donde ubicarse. Lea lo ve y lo saluda alzando el brazo. Mierda, no me
apetece nada tener aquí una escenita romántica, pero tampoco puedo
marcharme, ya que el único camino posible es pasando delante de ellas.
Tranquilo Mark, con no mirarlas lo tienes todo hecho.
Al fin él las ve, dice algo al oído de uno de sus acompañantes, y
comienza el camino hacia el centro del local. Lanna susurra algo a su
amiga y cuando es respondida pone mala cara. Él ya está a su altura y
saluda a Lea con un amable beso en la mejilla a la vez que veo que Lanna
ha saltado de su asiento en dirección a la barra. Le sirven otra cerveza y
parece que intenta entablar una conversación con el camarero, que tampoco parece muy dado a perder el hilo del monólogo. Lea continúa
hablando con Loan, que parece completamente ajeno a la presencia de su
novia, que vuelve a mirar en su dirección y vuelve a poner la cara de antes
al comprobar que sigue allí. Aun así, decide acercarse a ellos y quedarse
tras su amiga. Como si quisiera esconderse, cobijarse, de Loan. Pero es
Lea quien anuncia a ambos que el otro está ahí. Ellos se miran sin pronunciar palabra y Rostro Pálido parece alzar las cejas como único saludo.
Ella intenta sonreír, pero no parece capaz de completar tan simple
acción.
-Eh, tío… ¿qué les pasa a esos? No he podido dejar de mirarlos, es
casi más interesante que la actuación.
Miro a mi amigo, que sostiene un nacho mordisqueado en su mano
como si estuviera en una sala de cine. Parece que él también se ha dado
cuenta de la extraña situación.
-No tengo ni idea, pero es un poco raro, la verdad.
-Ellos sabrán. ¿Qué ha sido de Ivanna, por cierto? -sé que le importa
más bien poco- ¿Ya no estás con ella, no?
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Sonia Hernández
-Eso parece. Hace días que no la veo. Hay cosas que no funcionan y
punto -él caza al vuelo que no tengo ganas de dar explicaciones sobre eso.
-Bueno, entonces tenemos todo el verano para nosotros. Cuando
quieras, nos vamos de cacería.
-Uno, te recuerdo que me marcho de vacaciones a Argentina. Dos, te
recuerdo también que tú tienes novia.
-Bueno, relaja, eh… ahora soy yo quien te recuerda que es ella la que
se ha marchado a su casa, lo que técnicamente me convierte en un hombre libre hasta septiembre.
Sonrío porque me sorprenden las ocurrencias de mi amigo. Y lo mejor
de todo, o lo peor, según cómo se mire, es que lo está diciendo en serio.
Pero mi mirada vuelve, como por instinto, al lugar donde se está sucediendo la extraña situación, que no ha cambiado en absoluto. Loan continúa charlando con Lea, que no parece molesta por estar perdiéndose la
actuación de su novio, mientras Lanna, que empieza a darme cierta lástima, sigue tras ella, mirando a todas partes, queriendo desaparecer de allí.
Deseo tanto saltar las escaleras y bajar para rescatarla de aquel lugar…
Es horrible. Parece que Loan disfruta con esto. No para de hablar
con Lea y ni siquiera me mira a la cara. Bueno, es más que comprensible,
de hecho ni siquiera quiero que lo haga, pero sí quiero que se vaya. Qué
situación tan incómoda. Continúo mirando a cualquier parte que no sea
él. Ni siquiera puedo volver a sentarme porque ello supondría estar frente a él y la cosa podría terminar bastante mal. Lea ha notado la situación
y creo que están hablándolo, pero ya me da igual. Él le está contando su
versión y a mí no me interesa nada. Si pudiera marcharme de aquí… pero
eso supone tener que pasar literalmente al lado de Loan o subir las escaleras y atravesar las mesas para pasar por… el escenario que ha taponado
esa escapatoria. Aun así, echo un vistazo a mi frustrado plan y allí está.
Sentado en una de las mesas con Giulio. Viste un pantalón de algodón y
una camiseta ajustada. Está casi recostado en su banco y mira sin ver a
Greiff, que continúa su discurso. Intento apartar la mirada de él, pero
cada vez que lo intento, como por instinto, mis ojos vuelven a posarse
sobre él. Y como era previsible, al final nuestras miradas acaban cruzándose en la penumbra del local.
370
Nunca quise hacerte daño
Le miro con cierto nerviosismo y él sonríe como si lo estuviera notando, así que involuntariamente alzo la mano con timidez a modo de saludo. Mark continúa mostrándome su limpia sonrisa, como si llevara tiempo esperando a cruzarse conmigo. Frunce el ceño, como si le sorprendiera lo que ve y, sin pensarlo, alza su mano al aire y cierra el puño dejando
libre el dedo pulgar. En sus labios creo leer un ¿bien? al que respondo
con una sonrisa sincera y asiento con decisión.
Ahora hace un gesto todavía más divertido que provoca mi risa.
Menea sus manos como si fuera un árbitro de baloncesto pitando “pasos”.
-Luego hablamos.
E imita el pico de un pato con su mano derecha, lo que me provoca cierto nerviosismo. Pensar que cuando termine la actuación se acercará a mí…
-¿Se puede saber qué te pasa a ti ahora? -Lea me habla mientras aplaude la actuación de su novio, de la que estoy segura no ha cazado nada por
culpa de Loan.
-No sé a qué te refieres -qué respuesta tan tonta, es evidente que sé a
qué se refiere.
-Vamos, Loan me lo ha contado y me parece muy fuerte que le hayas
puesto en ridículo delante de todos sus amigos.
-Entonces no parece necesario que te explique nada más, ¿no? Él te
ha contado su versión y parece que para ti es válida. Tema zanjado.
Dirijo de nuevo mi mirada a la barra y, al ver que el camarero está relativamente cerca, me acerco a la única escapatoria de la noche. Y sonrío al
pensar que, si otra vez tengo que recurrir al camarero para huir de
alguien, terminaré la noche mal…
-Yo no he dicho que me crea lo que ha dicho Loan, no olvides que
tú -resalta esto, señalándome- eres mi amiga y no él. Sólo quiero saber
qué ha pasado. Creo que siempre he estado a tu lado como para que me
cuentes estas cosas. Y más tratándose del mejor amigo de mi novio, ¿no?
Lo sopeso, aunque enseguida soy consciente de que está en lo cierto,
así que no dudo en contarle mi versión de lo ocurrido.
-Desde que me marché, ni siquiera me ha llamado, Lea. He estado en
el hospital y ni un mensaje, nada…
-Bueno, no te olvides de que te acostaste con el consejero cuando
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Sonia Hernández
deberíais estar haciendo un trabajo… es bastante lógico que Loan estuviera enfadado, más -ahora parece pensar en voz alta- teniendo en cuenta que a él nunca le dejaste…
-Para empezar, Mark y yo no nos acostamos -ella me mira con cara de
póker-. Vale, estuvo cerca… pero esa no es la discusión ahora.
Vuelvo la mirada y lo veo ajeno a todo esto, riendo con su mejor
amigo y picando algo sin mayor complicación.
-Lea, me ha reprochado que después de lo sucedido en la fiesta no le
haya llamado por teléfono. Y me ha dicho que le da igual lo que le ha
pasado a Eric. ¿Cómo se le puede decir eso a alguien al que se supone que
aprecias? Puedo entender que esté enfadado por lo ocurrido, pero lo de
mi hermano es otro tema.
Ella me mira indignada, parece darme la razón.
-He de confesar que estuve hablando con él cuando te marchaste.
Estaba fuera de sí, lo de Ivanna le afectó bastante. Estaba muy enfadado.
Y dolido. No paraba de repetir que por qué Mark y él no… y yo misma
no entiendo qué te da el consejero para que lo tengas clavado en esa
cabezota -me da golpecitos en la frente y ambas reímos-. Yo no voy a
juzgarte por lo que sientas, Lanna, soy tu amiga y voy a estar a tu lado
decidas lo que decidas.
-Tienes razón con lo de Mark. Sé que no he sido capaz de apartarlo
de mis pensamientos ni siquiera cuando estaba con Loan. Pero él lo sabía.
Yo se lo dije muchas veces. Y yo quería que funcionara, Lea. He hecho lo
posible porque saliera bien… lo que ocurrió la otra noche en su dormitorio… -un escalofrío recorre mi cuerpo al recordarlo y no puedo evitar
mirarlo de reojo antes de continuar hablando- No estaba previsto, ninguno lo provocó. Creo que ninguno quería que sucediera. Pero allí estábamos, como si no hubiera sucedido nada entre nosotros, como si Loan e
Ivanna no existieran…
-¿Lo hicisteis? -mi mejor amiga parece confundida al preguntar esto
por segunda vez.
-No, Ivanna llamó a la puerta.
-¿Pero te hubiera gustado haberlo hecho? Quiero decir, si te arrepientes de lo que pasó.
372
Nunca quise hacerte daño
-¿Arrepentirme?… No.
Siento que un gran peso libera mi espalda, como si escucharlo me
alentara, aunque sea demasiado tarde ya.
-¿Sabes? Cuando has estado en Blackpool he hablado mucho con
Loan. Casi todos los días nos veíamos. Él está muy enamorado de ti, y lo
sabes, quizá sea por eso por lo que le cuesta tanto perdonarte lo de Mark.
Entiende que para él no ha sido fácil que su nombre planee siempre
sobre vosotros y lo que dijo Ivanna lo hundió. Piensa que para él ha sido
muy difícil. Lo que no justifica que ni siquiera te llamase cuando te tuviste que marchar. Yo misma le regañé por no hacerlo.
-Lea, me da muchísima rabia que incluso Mark me enviara un mensaje y Loan, que se supone estábamos juntos todavía, nada. Pasó mi cumpleaños y ni me felicitó.
Mi amiga abre los ojos al máximo casi avergonzada de haberlo olvidado ella también.
-¡Lanna, lo siento! Con todo lo que estaba cayendo no me acordé… y
eso que Loan me lo recordó cuando nos vimos. ¿Y no te llamó ni nada?
Niego con la cabeza.
-Bueno, él juró y perjuró que hasta que no le pidieras disculpas no
movería carta.
-He estado pensando y quizá esto sea lo mejor. Sé que cometí un error
pero él otro. Y no estoy segura de querer tener a mi lado a alguien incapaz de perdonarme. Así que quizá prefiero estar sola. Lo he decidido.
-Pues yo creo que la existencia de alguien ha influido en esa decisión -la miro inquiriendo una explicación-. Vamos Lanna, somos
mujeres. Siempre hay alguien detrás de ese tipo de decisiones.
Entonces vuelvo a mirar a Mark y entiendo a qué se refiere mi amiga.
Y ya no sé si tiene o no razón. Sólo sé que quizá sea demasiado tarde para
cualquier cosa. No hace falta que Lea me diga que estoy enamorada de
Mark, porque eso lo tengo bastante claro, al igual que soy consciente de
que lo nuestro terminó hace tiempo.
-¿Puedo decirte algo que seguramente no te va a ayudar nada? -asiento¿Estás segura?
Vuelvo a asentir, algo irritada.
373
Sonia Hernández
-Creo que Mark no te ha olvidado tampoco.
-No sé por qué dices eso -pero sí quiero escucharlo, necesito oír por
boca ajena lo que quizá él sienta todavía.
-Se nota. La forma de mirarte. Siempre está a tu lado aunque no estéis
juntos. Tengo la sensación de que siempre ha estado ahí. Que ha cuidado de
ti desde la distancia. Además, él fue quien movió los hilos para que te hicieran el examen de Derecho Procesal. No quería decirte nada porque estaba
segura de que las cosas se arreglarían con Loan, pero ya… qué más da.
-¿Cómo que Mark movió los hilos? Pensaba que fue Zara.
-Y yo también. Me la crucé en la facultad y me preguntó por ti. Le di
las gracias de tu parte por lo del examen y ella no sabía a qué me refería.
Dijo que no tenía ni idea. Cuando le conté que habías recibido un mail
me dijo que quizá hubiera sido Mark, que para eso era el consejero. Pero
yo no sabía que entre las funciones del consejero estaban las de tramitar
fechas de exámenes… ya me entiendes.
Ahora estoy alucinada y completamente feliz. ¿Mark ha hecho eso por
mí sin decirme nada? Mi amiga lo nota.
-Vamos Lanna, tampoco te hagas ilusiones, no quiero que lo vuelvas a pasar mal. Recuerda lo que ocurrió con Ivanna en la puerta de su
dormitorio.
-Las cosas han cambiado mucho entre nosotros, Lea. No voy a contártelo ahora porque se nos haría de día… pero las cosas ya no son como
antes.
-Pero él termina la universidad y quizá desaparezca de tu vida. Y creo
que puede ser lo mejor. Esta historia está dando demasiadas vueltas por
ambas partes. Bueno, tú verás, al final es tu vida y tú tienes que saber
cómo vivirla.
-¡Hola chicas! -Greiff aparece como de la nada, sonriente, feliz por el
resultado de su actuación- ¿Qué os ha parecido?
-Has estado genial, cariño… -Lea sostiene con ambas manos su rostro y lo besa sin prisa mientras él se deja querer. Y yo, una vez más esta
noche, simplemente espero.
-Has estado muy bien, Greiff…
-Lo he pasado muy mal, en serio. Ha habido un momento en el que
me he quedado completamente en blanco. ¿Se ha notado? Cuando tenía
que decir lo de ir al cine…
374
Nunca quise hacerte daño
Ambas nos miramos, dudando. Lea estaba demasiado ocupada en la
conversación con Loan como para darse cuenta y yo no es que estuviera
prestando excesiva atención, tampoco.
-No se ha notado nada, ha quedado muy natural…
-A todo esto, ¿dónde se ha metido Loan? Pensaba que estaría con
vosotras… Le he visto con los del equipo de natación.
-Sí, se ha pasado a saludarnos y ha vuelto con ellos. Habían quedado,
¿verdad, Lanna?
Asiento cuando veo que mi amiga me hace un gesto para que no le
cuente nada a su novio.
-Os invito a una birra, para celebrarlo… -y se acerca a la barra sin
soltar la mano de su novia.
-Está emocionado con esto, ¿eh? -susurro riendo.
Lea me mira seria.
-Lanna, me gustaría que no le contaras a Greiff lo que te he dicho de
Loan. Lo de que hemos quedado varias veces estos días para hablar… la miro extrañada porque no entiendo qué puede tener de malo- Ya
sabes que es muy celoso y no quiero tener un problema con él.
-Pero Loan es su mejor amigo y sabe lo que hay, ¿no?
-Ya bueno, él sabe que prácticamente habéis terminado, pero no he
querido contarle demasiado…
-Está bien.
Le regalo un guiño cuando Greiff viene con las tres bebidas. Nos las
tiende risueño.
-Oye Lanna, no vayas a creer que las cosas que he contado las pienso
de tu amiga, ¿eh?
Y recuerdo que su monólogo estaba basado en su práctica totalidad
de lo complicado que resulta tener novia.
-Claro… -bromeo brindando con él ante el falso enfado de mi mejor
amiga.
-Hola chicos -la mano de Mark roza mi cintura, provocando que me
sobresalte-. Greiff, enhorabuena tío, lo has hecho genial -ambos se dan
un apretón de manos.
-¿Te ha gustado en serio? No me fiaba demasiado de la opinión de
estas dos, creo que son poco imparciales…
375
Sonia Hernández
No puedo dejar de mirar a Mark, que me mira de reojo y me sonríe
con picardía.
-Te invito a una copa -propone Greiff.
-Estoy bien, gracias.
-¡No, en serio! Qué menos… dame un minuto. ¿Qué bebes?
Compruebo que Lea no deja de mirarle y lo que está haciendo es
radiografiarle con descaro.
-Una cerveza estará bien -y se sonríen en un gesto que me gusta de veras.
Los tres permanecemos en un incómodo silencio hasta que Greiff
vuelve con su bebida.
-¿Qué tal ha ido el final del curso? -los tres miramos a Mark, que parece intentar evitar la pregunta y termina por asentir a modo de respuesta. Da
un improvisado trago a su cerveza como queriendo esconderse tras ella.
-Parece que bien.
-¡Es genial! Parece que al final a todos nos ha salido medianamente
bien el tema -Lea ríe feliz.
-Bueno mona -Mark y yo sonreímos al escuchar esto de los labios de
Greiff-. No te emociones, que te recuerdo que yo voy arrastrando dos.
-Tampoco seas tremendista, tienes suficientes años por delante para
aprobarlas…
-Sí claro, si ni siquiera sé dónde he metido los apuntes… -y se rasca el
cabello dudando, en un gesto muy gracioso.
-No te preocupes -Mark roza su antebrazo de forma amistosa-,
seguro que alguna de estas dos chicas tan simpáticas te los presta…
-Claro que sí, tonto… -mi mejor amiga se funde con su novio en un
cálido beso, al que sigue un abrazo, alguna caricia…
-Creo que aquí sobramos la mitad… -y mi vello se eriza al sentir su
cálida voz cerca de mi piel.
-¿Quieres tomar algo más? -poso mi botellín, casi vacío, sobre la
barra, y la miro lo más sereno que soy capaz.
-Uf, creo que no -masajea su vientre-. Como siga a este ritmo puedo
terminar mal…
-Bueno, no te preocupes por eso, creo que puedo ser capaz de esperar mientras abrazas la taza del váter… otra vez.
376
Nunca quise hacerte daño
Ambos reímos al recordar la noche en casa de Greiff y siento que
parece haber pasado una eternidad desde entonces.
-No quisiera volver a repetirlo, la verdad.
-Vaya, gracias por la parte que me toca.
-¡No! -se apresura a rectificar- No quiero decir eso… estuvo bien,
estuvo muy bien… bueno, lo de vomitar no… -menea la cabeza con
gracia e inseguridad.
Sonrío para que entienda que sé a qué se refiere y ella parece cazarlo
al vuelo.
-Por cierto… -parece avergonzarse de lo que va a decir- Creo que
debo darte las gracias por lo de mi cumpleaños.
Yo sí que debo darte las gracias por tener la vista clavada en el suelo
y así no tener que enfrentarme a esos enormes ojos brillantes. Sé a qué se
refiere y creo arrepentirme de haberlo hecho, ya que no contaba con esto.
-Sabes, has sido el único en acordarte… -y ahora sí, me mira fijamente en lo que parece una mezcla de tristeza e ilusión- no estaba
segura de decírtelo, pero…
-Vamos Lanna, no ha sido nada, es sólo que me acordé y pensé que
te gustaría el detalle después de los días tan duros que habrías pasado en
el hospital. Pero no tiene importancia, en serio.
Ella me mira con el rostro inundado en la duda. Y yo me siento ruin
con esta mentira que ni siquiera sé por qué he dicho. Claro que significa
bastante para mí, de lo contrario, no hubiera escrito aquella nota, de la
que ahora me arrepiento de veras.
-Lo que más tiempo me llevó fue encontrar la orquídea. Pero después
de saber de tus raíces… -ella sonríe, por fin- Pensé que te gustaría más
que cualquier otra variedad.
-Es mi flor preferida. ¿No te lo había dicho?
Dudo un instante.
-Creo que no nos dio tiempo a esas cosas -y me encojo de hombros
para fundirme en una carcajada junto a ella.
-Bueno, cuéntame, qué harás después del verano, porque lo de
Argentina es dentro de poco, ¿no?
-Sí, nos marchamos en dos semanas. Tengo ganas. Necesito un respiro después de un año tan… movidito -sonríe-. Y después… no sé. Creo
que iré cogiendo las cosas según vengan.
377
Sonia Hernández
-¿Te marcharás? -ella me mira intrigada.
-No, siempre he vivido en Londres y ahora no tendría sentido mudarme, pero no me preguntes dónde viviré, porque sinceramente, no tengo
ni idea, ni tengo ganas de ponerme a pensarlo…
Por un instante mi futuro inmediato inunda mi mente, pero decido apartarlo de mí. Esta no es la noche ni el momento. Hasta que no
regrese de mis vacaciones no me sentaré a reflexionar sobre si vivir
con mi padre, con mi madre… o buscar asilo político.
-¿Y tú que harás?
-De momento volver a casa -parece resignada-. Supongo que pasaré
el verano con la familia. Aunque quizá vuelva antes de empezar el curso.
Me he acostumbrado a esa pequeña parcela de libertad que ofrece la residencia y creo que todo el verano en casa de mis padres puede conseguir
ahogarme.
Asiento atento a sus palabras.
-Pensaba que quizá habíais planeado alguna escapada romántica…
Hablo sin ningún tipo de rencor en la voz, puesto que sé que no soy
nadie para hacerlo, y quizá estas palabras hayan brotado de mí sólo para
que ella me cuente qué sucede con Loan.
Pero duda antes de responder.
-Es un buen plan, sí, aunque no tenga con quién realizarlo -hace un
aspaviento-. Vuelvo a estar sola -y sonríe aliviada como si confesarlo
hubiera conseguido liberarle de algún tipo de carga.
-Vaya, perdona, no pretendía que me lo contaras... -aunque sinceramente, sí lo pretendo. Pero creo que la actuación me ha salido bien, la
verdad.
-No pasa nada. Sólo era cuestión de tiempo, supongo. Creo que es lo
mejor -hace un gesto con la mano para restar importancia a sus palabras. Como has dicho antes, el año ha sido movidito y me alegra que al menos
el fin del curso haya traído algo de tranquilidad también. Y, ¿sabes una
cosa? Que al final me alegro de esto.
-¿De qué?
Lanna toma aire antes de hablar y temo lo que pueda decir. Sé que me
siento cómodo hablando con ella pero temo pensar en cómo pueda terminar esta conversación.
378
Nunca quise hacerte daño
-De poder estar así, hablando como si nada malo hubiera pasado
entre nosotros. Poder intentar ser amigos. Me gusta poder contarte mis
cosas y escuchar las tuyas -sonrío complacido-. Aunque quizá sienta algo
de miedo al pensar que el curso que viene nada será igual. Ya no estarás
y no será lo mismo.
Sé que una tímida sonrisa se ha dibujado en mis labios sin mi permiso y vuelvo a alegrarme de que ella esté evitando mi mirada. Sé que se ha
arrepentido de lo que acaba de decir y se muere de vergüenza por esto. Y
a mí me gusta. Porque ahora sí que parece que nada haya pasado entre
nosotros. Yo espero su mirada y ella tiembla por tener que cruzarla con
la mía. Tomo sus manos y la atraigo hacia mí con dulzura.
-A mí también me gusta que formes parte de mi vida y no quiero que
eso cambie. Y que ya no vaya a vivir en la puerta de enfrente no significa que vaya a ser diferente.
¿Quiere que forme parte de su vida? Mi mente vuela por un momento, imaginando cómo quiero formar parte la suya, sorprendiéndome a mí
misma muerta de miedo mientras espero a que continúe con sus palabras.
Ni siquiera me atrevo a mirarle.
-Tu primer año en la universidad ha sido demasiado… intenso, en mi
opinión.
En un arrebato de valentía clavo mis ojos en los suyos, que me esperan junto a una deliciosa sonrisa, e intento responder a sus palabras, pero
mi voz no es capaz de hacerlo.
-Eso no es bueno ni malo, cada uno lo pasa como puede, para mí
tampoco fue sencillo. Y he de reconocer que quizá yo tampoco te lo
haya puesto muy fácil -el gesto de mi cara revela que está en lo cierto y
sonríe-. Pero después de todo lo ocurrido parece que vamos a ser capaces de mantener una conversación adulta. ¿Quién lo diría hace un cuatrimestre? Aunque en septiembre no esté enfrente de ti, las cosas no tienen
por qué cambiar. Podemos vernos cuando lo necesites.
-¿Cómo cuando eras mi consejero?
-Claro -sonríe con picardía-. Veamos… en un curso no has abusado
de mí como otros, así que creo que te queda alguna consulta en el bono.
379
Sonia Hernández
Sonrío ante la ocurrencia y me alegro por esto.
-Entonces… -siento que todo mi cuerpo tiembla- ¿Amigos?
Le tiendo mi mano derecha en espera del apretón de rigor y él sonríe
ampliamente a modo de respuesta.
-Claro tonta, ven aquí.
Siento el calor de su cuerpo, el vello de su rostro sobre mi mejilla, sus
manos abiertas en mi espalda. Y parece que el tiempo se detiene en este
preciso instante. Una vez más. Un sentimiento contradictorio me inunda.
Me siento feliz por poder seguir formando parte de su vida, aunque
ahora tengo más miedo que nunca.
-Vaya, qué oportunos -susurro sin apartarme de él ni ser dueña de mis
palabras.
Suena una balada preciosa en la que una desgarradora voz masculina
intenta convencer a su enamorada de lo que siente por ella.
“Cuando un hombre ama a una mujer, no puede mantener su mente en nada más.
Él cambiará al mundo…”
Mark separa su rostro del mío muy despacio y me mira con dulzura y
esa deliciosa sonrisa que me confunde.
“Te di todo lo que tenía, tratando de no perder tu precioso amor. Nena, por favor,
no me trates mal.”
-¿Lo piensas?
-¿El qué? -susurro.
-Lo que dice la canción… -sus labios rozan mi mejilla. Y mi silencio me delata- Pero eso estropearía todo. Quiero besarte, pero si lo
hago, quiero decir, no serviría de nada todo lo que hemos hablado. Si
la última noche en la universidad terminamos juntos todo se complicaría después… -susurra muy despacio.
-Además, no eres capaz -sentencio.
Me alejo de él, dejando suficiente espacio entre ambos para que tenga
que apartar sus manos de mi espalda. Me mira sorprendido por lo que
acabo de decir y yo misma no me creo que haya sido capaz de iniciar este
juego, pero un extraño sentimiento de valentía me inunda y no pienso
desaprovechar la oportunidad, ya que este juego, cuanto menos, me
divierte.
380
Nunca quise hacerte daño
-No creo que seas capaz de hacerlo aquí. Quiero decir, fíjate, está
lleno de gente.
-¿Y qué tiene eso que ver? -se hace el ofendido cruzando los brazos a
la altura del pecho.
-Pues que nunca te has atrevido -sé que tengo razón, aunque no le
guardo rencor por ello-. Es una pena. En fin, ¿te apetece bailar?
Con un gesto airado le doy la espalda para dirigirme al centro del
local, pero siento su mano aferrarse a mi camiseta para atraerme de
nuevo a su taburete.
-¿De verdad crees que no soy capaz? -susurra con picardía.
-Dímelo tú…
Mi cuerpo comienza a temblar porque creo saber el desenlace de esto.
Siento que sus brazos vuelven a estrecharme y me muero por volver a
perderme en sus labios. Pero Mark parece disfrutar poniéndomelo difícil.
Y sé que se trata de una sola noche. Una última noche juntos. Después
intentaremos ser amigos y listo. Si es que después de esto volvemos a vernos. Vivimos en una ciudad enorme en la que no es necesario cruzarse
con alguien que no deseas ver.
Ahora sus labios están a escasos centímetros de los míos y siento ese
familiar escalofrío que recorre mi cuerpo cada vez que me veo en esta
situación. Tira con suavidad de un mechón de mi cabello para hacer que
eleve la cabeza hacia él.
-¿Sigues creyendo que no soy capaz? -en sus dulces palabras puedo
notar el cálido aliento casi en mi boca, lo que me hace estremecer. Pero
sigo sin poder responder a sus palabras, mi cuerpo no puede reaccionar
ante esto. Ante él. Ante el leve roce de sus labios en los míos. Me preparo para recibirlos como antes, como siempre lo he hecho.
-Vaya, tenías razón. Qué pena -anuncio apartándome de ella-. No soy
capaz -concluyo con una sonrisa de suficiencia, ya lejos de su rostro.
Ella me mira confusa, no sabe si echarse a reír o romper a llorar. Ni
siquiera sé por qué lo he hecho. Menudo patán. Sólo espero que se dé
cuenta de que esta actitud forma parte del juego que ella ha comenzado.
381
Sonia Hernández
Miro por encima de su hombro y puedo ver a Greiff observándonos
en la distancia, está completamente confundido con la escena que está
presenciando, así que le sonrío desde mi posición y él sí parece captar la
situación al vuelo, ya me que devuelve el gesto y me hace un claro aspaviento con su mano como si quisiera decirme que todo está bien. Al
menos, Lea no se está dando cuenta de esta conversación de locos.
-Creo que será mejor que me marche -anuncia Lanna sin más. Es
evidente que no es lo que desea hacer en este momento. Parece sentirse un poco incómoda en la posición en que ha quedado.
-¿No querías bailar?
Y sin dejar que conteste siquiera, la tomo con decisión de su pequeña
mano y casi la arrastro al centro de local, donde una marabunta de gente
nos espera ajena a nosotros. Lanna está completamente perdida, lo que
evidencia más sus sentimientos hacia mí. Es evidente que ambos estamos
en la misma situación, incluidos los mismos miedos, por qué no.
-No sabía que te gustara bailar -me habla casi gritando para que pueda
oírla, ya que no parece dispuesta a acercarse a mí. Sonrío antes de responder dándome tiempo a encontrar una buena contestación. En un gesto
rápido atraigo su cintura hasta que su cuerpo casi golpea el mío.
-Y no me gusta, es sólo que aquí… estamos más resguardados, ya
sabes.
Ella me mira con una sonrisa dubitativa inundando su rostro.
-¿Resguardados? ¿Para qué quieres estar resguardado?
-Es que, verás… -miro alrededor, por encima incluso de su cabeza, y
vuelvo a acercar mi rostro al suyo- Me da tanta vergüenza que me vean
contigo que he pensado que en la barra estaba demasiado… expuesto.
Ella se separa de mí y cruza los brazos como lo hacía mi abuela cuando no le gustaba lo que decía de pequeño. Intenta ponerse seria en un
gesto que le cuesta de veras. Eso me hace sonreír.
Comienza a mirar a su alrededor y, tras dudarlo un momento, se acerca de nuevo a mí.
-¿Estás seguro de que aquí estás más resguardado? -zarandeo la cabeza- Mira a tu izquierda…
382
Nunca quise hacerte daño
Puedo divisar perfectamente a Rostro Pálido, que nos mira creyéndose guarecido tras una enorme cerveza.
-Y delante de ti… -Giulio nos mira riendo, puedo imaginar lo que le
pasa por la cabeza pero prefiero no reparar demasiado ahora en eso o no
podré reprimir la risa. Desde su posición me hace ese gesto con la mano
tan italiano, juntando las yemas de sus dedos y meneándolas en el aire.
-Vaya, tienes razón…
-No, espera… Que detrás también tienes espectadores… -y de un
leve manotazo hace girar mi rostro para que mi mirada se cruce directamente con Lea y Greiff. Ella nos mira fijamente mientras su novio intenta disuadirla.
-Tienes toda la razón. Aquí hay demasiada gente. Podrían verme. Creo
que incluso estoy empezando a sonrojarme de la vergüenza, ¿lo notas?
Ella me mira divertida y niega con la cabeza dándose por vencida.
Claro que soy un caso perdido, mi princesa risueña.
-¿Tú también crees que hay demasiada gente?
-Sí -anuncia muy seria y con los brazos cruzados-. Creo que tienes
muchos espectadores esta noche.
Ambos sonreímos derrotados ante este absurdo juego, del que ninguno sabe ya cómo salir hasta que, sin saber cómo, encuentro un buen final.
Por última vez esta noche, la atraigo hacía mí con decisión.
-Pues que disfruten del espectáculo.
Y ahora sí, la beso con decisión y calidez.
Siento que Mark me está ofreciendo el beso más exquisito que jamás
haya recibido y casi siento que mi cuerpo quiere abandonarme ante él.
Mis dedos acarician su nuca mientras sus manos se aferran a mi cintura.
La sala parece dar vueltas alrededor nuestro, las luces, la música.
“Cuando un hombre ama a una mujer, no puede mantener su mente en nada más.
Él cambiará al mundo…”
Vuelvo a recordar las notas de una canción que hemos escuchado
hace apenas unos minutos y quisiera que este momento no acabara
nunca. En un leve instante nuestros labios se separan para sonreírnos,
aunque no parecen dispuestos a permanecer así demasiado tiempo y
vuelven a fundirse en ese cálido abrazo.
383
Sonia Hernández
-Eres una niña muy tonta -me susurra con sus manos perdidas en mi
cabello-. Ves como sí me atrevía… -su nariz roza la mía- Me atrevo a esto
y a mucho más -ahora es su barbilla la que me roza esperando un leve
beso-. Sólo espera hasta mañana…
Y se marcha así, sin más, dejándome a solas en medio de este local
abarrotado de gente. Inundada en miedo y dudas. Miro alrededor. El
resto del mundo continúa con su actividad sin percatarse de que algo
especial acaba de ocurrir en medio de esta fiesta de fin de curso.
-¡Lanna, Lanna! -es Lea, que viene a abrazarme, emocionada- ¡Qué
bien! Pero, ¿dónde está Mark?
La miro indecisa y arqueo las cejas.
-No lo sé -anuncio casi vacía-. Se ha marchado.
-¿Se ha marchado? -me habla a gritos y gesticulando exageradamente- ¿A dónde, por qué?
-No… no lo sé. Ha dicho que espere a mañana y se ha marchado así,
sin más…
-¿Así, sin más? -mi mejor amiga se cruza de brazos, indignada- ¿Y qué
vas a hacer?
-Irme a dormir -anuncio al fin, casi sin ser consciente de lo que digo.
-A dormir... ¿Por qué? No es demasiado tarde…
-Para que llegue mañana y poder saber cómo termina este juego.
-O cómo continúa -presagia.
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Nunca quise hacerte daño
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Sonia Hernández
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Nunca quise hacerte daño
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Sonia Hernández
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