el dios wiracocha, el sol y los incas

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CAPÍTULO VIII
EL DIOS WIRACOCHA,
EL SOL Y
LOS INCAS
Sobre el origen, significado, representación y
atributos de Wiracocha, han sido tratados en el
capítulo V. Ahora analizaremos la relación que
había entre el dios Wiracocha, el Sol y los incas,
especialmente entre Pachacútec y su padre el inca
Viracocha, que es el periodo en que se concibe
y construye Machu Picchu. Asimismo, el papel
que jugaron tanto el Sol como Wiracocha en la
religión Inca, dado que tenemos una incógnita
por resolver: ¿A quiénes pertenecen los rostros
duales que se encuentran en la roca que envuelve
el torreón del Palacio Real y en la roca superior
del mausoleo, juntamente con los otros íconos
sagrados?
1. El dios Wiracocha, el Sol y otros
dioses
Sobre la estructura del panteón Inca, la
principal discusión se ha centrado en torno al dios
Wiracocha y el Sol, tema complejo y polémico,
que se complica aún más si queremos indagar lo
que sucedió en todo el periodo Inca, que no es
nuestro cometido. Durante el periodo incaico se
presume que fue el dios Wiracocha quien tuvo
la mejor posición en el panteón de los dioses
andinos, pero tampoco está descartado que en
algún momento esa posición haya sido ocupada
por el Sol. Lo que podemos señalar es que, por
lo menos en los periodos de los gobiernos de los
incas Viracocha y su hijo Pachacútec, estuvo en la
más alta jerarquía, por lo menos en el nivel de la
élite. Como es sabido, cada Inca alteraba el culto
principal. Al respecto, Cobo manifiesta: «Verdad
es que no siempre los Incas desde que comenzó
su imperio estuvieron firmes e invariables en su
religión [...] ni adoraron unos mismos dioses
[...]» (Cobo 1964¿a o b?: 146). Por otra parte,
Rostworowski señala: «Los cronistas en sus relatos
no muestran la verdadera religiosidad andina,
imbuidos como estaban en sus propias creencias
bíblicas» (Rostworowski 2001b: 220); además,
hay que tener presente que en sus escritos
ejercían una estrategia evangelizadora propia a
los intereses de los reyes de España.
473
El Dios Wiracocha, el Sol y los Incas
Esta confusión (o aparente confusión) se evidencia
desde las crónicas; así, por ejemplo, Betanzos
señala que el dios Viracocha Pachayachachic
es el hacedor del mundo, y que hizo el Sol, y
luego señala que algunas veces tienen al Sol por
hacedor y otras veces al Viracocha, por «carecer
de letras y ser ciegos de entendimiento»:
Y como Inca Yupanqui viene tan mal parado
este pueblo del Cuzco [...], que sería bien
hacer y edificar una casa al sol, en la cual casa
pusiesen y fuese puesto un bulto en el lugar
do el sol reverenciasen y hiciesen sacrificios;
porque, aunque ellos tienen que haya uno
que es el Hacedor, á quien ellos llaman
Viracocha Pachayachachic, que dice Hacedor
del Mundo, y ellos tienen que éste hizo el
sol y todo lo que es criado en el cielo y en la
tierra, como ya habeis oido; careciendo de
letras, y siendo ciegos del entendimiento en
el saber, casi muchos varían en esto en todo
y por todo, que unas veces tienen al sol por
hacedor, y otras veces dicen que el Viracocha
(Betanzos 1999 [1555]: 64).
Al parecer, las versiones de los cronistas no siempre
muestran lo que realmente fueron las creencias de
los incas, con lo que contribuyen a confusiones,
superposiciones y hasta contradicciones que
hacen más complicado conocer realmente los
acontecimientos y aclarar mejor esta temática.
Al respecto, dice Rostworowski: «En los mitos
el sol es frecuentemente considerado como
“padre” de diversas huacas. Sin embargo, existen
contradicciones, los narradores parecen dudar
de sus conocimientos, situación natural en la
comunicación oral, cuando cada cual añade o
quita lo que le parece» (Rostworowski 2001b:
211) (figura 803).
Fig. 803
El cronista Betanzos señala que unas veces tienen al Sol por hacedor y otras veces atribuyen esta función a Viracocha. Vista de un amanecer
del lago Titicaca, Puno.
474
Ricardo Bardales Vassi
Para Conrad y Damarest, en la religión Inca solo
al final Viracocha (Dios), el Sol e Illapa estuvieron
agudamente diferenciados, no así en la versión
original (Conrad y Demarest 1984: 129). En
varias versiones de las crónicas se tiene que el
dios Wiracocha está sobre todos las demás, entre
ellas el Sol, Illapa y las otras deidades menores
de los diferentes espacios regionales. Sobre estas
dificultades del panteón supremo, Ziólkowski
señala: «Sin entrar en detalles de esta muy
enredada materia, hay que señalar que la principal
dificultad de las investigaciones acerca del panteón
supremo es consecuencia (como en otros casos)
del carácter incompleto y muy heterogéneo del
material factográfico, actualmente disponible
[...] fuentes, en diverso grado, alteradas por
los conceptos y pensamientos cristianos, puesto
que buena parte de la documentación a que nos
hemos referido ha sido establecida para los fines
de la evangelización» (Ziólkowski 2001: 276;
Molina 1947 [1916]: 28).
principales caracteres de las divinidades (y en
general, de la cosmovisión) andinas:
 que
 de
ello resulta el carácter multifacético,
moldeable, de las divinidades, que llega al
extremo de ser un concepto en virtud del
cual una divinidad puede ser parte separada
de sí misma, y/o de actuar simultáneamente
en múltiples formas.
Demarest sostiene que mucho antes de la
expansión inca existió un substrato de creencias
referentes a una sola divinidad multifacética de
los Cielos, que ostentaba rasgos combinados
de Dios Creador / Dios de los fenómenos
meteorológicos / Divinidad Solar; varias etnias
andinas tenían posiblemente en sus panteones
divinidades parecidas de comparables caracteres.
En base a esto, los incas elaboraron su propio
modelo de patrón supremo, adaptándolo,
mediante algunas modificaciones, a las
necesidades de una ideología expansionista.
Los principales conceptos al respecto eran los
siguientes:
El mismo Ziólkowski, haciendo referencia a
Demarest, propone un análisis sobre Wiracocha,
que a manera de ilustración hemos considerado
oportuno transcribir no obstante su extensión:
[…] parece ser una divinidad multifacética, pues
las fuentes lo describen como: un héroe cultural
a escala panandina, un Creador trascendente
e incorporal, un Dios de los Cielos y, al mismo
tiempo, el patrón del culto Imperial. Además
Wiraqucha se interfiere frecuentemente con
Inti (el Sol), con Illapa/Tunupa (el Trueno), con
Pachacamac, así como con progenitores míticos
regionales e incluso con varios wakakuna. Es
verdad que los cronistas españoles, intentando
presentar el panteón andino a la manera del
griego o romano (con personajes divinos bien
definidos y separados), tropezaron con una
dificultad insuperable al encontrar una divinidad
con tantas atribuciones como Wiracocha.
Por ello las referencias en las fuentes son tan
enredadas y contradictorias. Para A. Demarest
esa situación resulta de la incomprensión de los
los sistemas ideológicos nativos
enfatizan especialmente el movimiento
y la transformación (sobre todo en lo
referente a los cuerpos celestiales), y no a las
características estables;
1)La unificación de numerosas entidades
celestiales (sol, trueno, tempestad estrellas)
en una sola divinidad multifacética;
2)La metáfora general del mito de creación:
la representación simbólica del curso del
sol (uno de los «aspectos funcionales» de la
Divinidad Celestial);
3)La división solsticial del «aspecto solar», en
dos personajes:
 El
Señor Sol, el Sol viejo/maduro asociado
al solsticio de diciembre.
475
El Dios Wiracocha, el Sol y los Incas
 El
Sol joven, el Sol Hijo asociado al
solsticio de junio.
4)La identificación del Creador-Wiraqucha
(una metáfora del sol y de un héroe cultural
serrano) con aspecto maduro del Sol, el
Señor Sol. A esta asociación alude claramente
Gonzales Holguín diciendo: «Viracocha es un
epícteto para el sol» (Goncales Holguín: 354).
ASI ESTA EN EL ORIGINAL
5)La importancia de la dicotomía básica entre el
Creador general (Wiraqucha) de un lado y en
un progenitor específico de la dinastía Inca,
Patrón del Imperio (Inti Wawqi y/o Punchao)
del otro, aunque ambos no fuesen más que
«aspectos» solares de la Divinidad Celestial.
6)Los incas hubieran puesto mayor énfasis
sobre el aspecto solar de la Divinidad
Celestial, en comparación con el más
generalizado Thunupa del Collao (que sirvió
posiblemente de prototipo) o las deidades
celestiales de otras etnias serranas (Demarest
1981:43-44).
De las consideraciones antes referidas por
Ziólkowski (1997: 43 – 44), y recogidas de
Demarest, con fines de este estudio podemos
resaltar los aspectos 3, 4 y 5. Podemos señalar
entonces que el dios Wiracocha se concebía
como una divinidad con atributos múltiples, que
asimilaba diferentes dioses y se transformaba en
un dios múltiple. Divinidad a veces visible, otras
veces invisible, con rasgos combinados de dios
dual / dios fertilizador / dios ordenador / dios
celestial (vinculado a los fenómenos atmosféricos
/ dios solar /dios zoomorfo). Ésta era una
concepción entendida por la élite gobernante
y los principales sacerdotes; es probable que
tenga que ver también con el nombre que se le
ha dado, «Illa Ticsi Wiracocha Pachayachachi», que
posee varios atributos y que además contiene una
concepción ideológico-religiosa (figura 804).
Fig. 804
El dios Wiracocha, dios múltiple, a veces visible, a veces invisible y con atributos múltiples de otras deidades. Puerta del Sol en un atardecer.
476
Ricardo Bardales Vassi
Esta apreciación está relacionada con el
pensamiento holístico andino que plantea
Laurencich en relación con Wiracocha:
Actúa según un proceso amebiforme,
ampliándose en una especie de juego de
espejos en el cual el número de los dioses y
de las fuerzas divinas se suman, formando
un todo divino acaparador y ampliado
pero distinto a la suma de los dioses y
de las fuerzas divinas que la componen
[…] presenta dioses capaces de asumir
las características de otros dioses […]
(Laurencich 2009: 78).25
Asimismo, con lo manifestado por Demarest,
quien lo ve como una divinidad multifacética de
los cielos. En tal sentido, el dios Wiracocha, así
visto, supuso un concepto abstracto, intelectual,
holístico y elitista, destinado y entendido solo para
la nobleza y la élite sacerdotal, con un alcance
social restringido para el pueblo. Supuestamente,
éste practicó una religión con las deidades en
forma independiente; así lo manifiesta Anello
Oliva: «Y es así para la plebe I(n)ca, que veneraba
a Pachacamac (dios invisible), a (U)iracocha que
es Dios encarnado, Yllapa (fuerzas violentas de
la naturaleza), Ynti (Sol), Quilla (Luna), Coyllur
(Estrellas), Chasc(a) (Venus), Amaru (Serpiente),
Uturuncu (Jaguar) y tantas otras cosas, además
del Rey que […] Hijo del Sol […]» (Laurencich
2009: 266).26
2. El dios Wiracocha y los incas
Viracocha y Pachacútec
Para tratar de la relación entre el dios
Wiracocha y el octavo inca, Viracocha, empezaremos señalando que este Inca toma el nombre de
25
26
este dios. Sobre estos acontecimientos, el cronista
Sarmiento tiene la siguiente versión:
A este Atun Topa Inga, estando una vez en
Urcos, pueblo questá poco más de cinco
leguas del Cuzco al sureste, adonde estaba
la suntuosa guaca del Ticci Viracocha, le
apareció la noche el Viracocha. Y por la
mañana juntando sus orejones y entrellos
a un Gualpa Rimache, su gobernador, le
dijo cómo aquella noche le había aparecido
el Viracocha y le había anunciado grandes
nuevas venturas a él y a sus descendientes.
Por lo cual gratulándole Gualpa Rimache, le
saludó llamándole: «¡Oh Viracocha Inga!» y
siguiendo los demás celebraron este nombre
Viracocha; y con él se quedó todo el tiempo
de su vida [...] (Sarmiento de Gamboa
1942: 92).
Por su parte, Guaman Poma señala que Wiracocha
era adorado por el inca Viracocha: «Este dicho
Inga adoraba mucho al ticze Uiracocha [...] Creía
más en Ticze Uiracocha» (Guaman Poma de Ayala
1993: 84, f. 107). El cronista Cobo refiere con
claridad que el inca Viracocha dispone que el
dios Wiracocha sea preferido antes que el Sol:
«Viracocha guerreó a estos señores [a los curacas
de los pueblos vecinos] porque no sentían bien lo
que él con su padre había hecho en quitarle el reino
y de que intentase alterar las cosas de la religión,
mandando que el dios Viracocha fuese preferido
al Sol y a los demás dioses […]» (Cobo 1964¿a
o b?: 76). El inca Viracocha propició mucho la
religiosidad y culto a las huacas e ídolos, con
conocimientos metafísicos, haciendo las funciones
de sacerdote o chamán; era él el que promovía
el lenguaje simbólico a través del uso de figuras.
Al respecto, Murúa señala: «Fué dado mucho a
las hechicerías y tuvo afinidad de hechiceros y
Según la autora, esta lógica se comprueba en los cálculos de los números sagrados incas, así como en el mundo mesoamericano con el
calendario ritual mesoamericano del tonalpohualli, en las figuras lingüísticas de Guaymí y otros.
Hace referencia a Anello Oliva, J., I-c.9vb/.
477
El Dios Wiracocha, el Sol y los Incas
adivinos [...] mandábales que enseñasen a sus
ministros por figuras. Pero no los comunicaban
ni descubrían sus secretos [...] Viracocha Inca
tomó también este oficio, que vino a saber más
que los susodichos [...]» (Murúa 2001: 62-63).
Por otro lado, el inca Viracocha pertenecía a la
clase de los hanan, es decir, procedía de la clase
sacerdotal; asimismo, dispuso que los trajes de la
nobleza tuvieran tocapus, que llevaban adornos
geométricos de índole simbólica, entre ellos
seguramente los símbolos sagrados del «Código
de Wiracocha» (figura 805).
Latchan, refiriéndose al dios Wiracocha, manifiesta
que hace su aparición con el gobierno del inca
Viracocha: «Hace su aparición en la historia
de los incas en el reinado del Inca Viracocha,
descendiente del ayllu, donde existía uno de los
santuarios principales de la tribu […]» (Latcham
1929: 287). Esta versión coincide con la de
Blas Valera, quien señala que el dios Wiracocha
(Viracocha) es elevado al rango de dios por Topa
Inca Viracocha, «quien además habría tomado
su nombre después de haber soñado con él»
(Laurencich 2009, I: 71).
Por otro lado, es de destacar que el inca Viracocha
mantenía buenas relaciones con los collas, como
queda patentizado en la crónica de Santa Cruz
Pachacutic, que cuenta que en la ceremonia de
la fiesta de bodas de Viracocha Inca tuvo la visita
de Chuchi Cápac de Hatun Colla, quien señalaba
que el supremo inca adoraba a Wiracocha
(Viracocha), «Creador del Mundo»:
Tú rey del Cuzco
Yo, rey de Colla
beberemos
comeremos
hablaremos
que nadie hable
Yo estar sentado sobre plata
Tú estar sentado sobre oro
Tú adorar a Viracocha Creador del Mundo
Yo adorar al Sol (Santa Cruz Pachacutic Yamqui
1993: 146-147) (figura 806).
478
Presumiblemente, el inca Viracocha, en su
campaña de conquista de la zona de los collas,
visita Tiahuanacu y recibe información sobre
el Sol y el dios Wiracocha; y esta información
refuerza la reforma religiosa que va a iniciar en
su gobierno encumbrando a este dios de sus
ancestros y va a tomar su nombre, que después
su hijo Pachacútec continuará. En relación con
este punto, Araníbar señala:
De la región Colla, por otra parte, al
entrar en contacto con ella desde la época
inmediatamente anterior a Pachacútec, los
incas recibieron fuerte influencia religiosa y se
apropiaron de antiguas tradiciones místicas,
las cuales amalgamaron con las suyas propias.
Pachacútec, al desplazar al soberano anterior,
fomentó entre muchas reformas religiosas
el culto del Hacedor originario de los
collas. Es decir, que la conquista del Collao
permitió a los incas acercarse a un núcleo de
creencias arcaicas propias de la zona del lago
(Araníbar Zerpa 2003: 94).
Respecto a la relación entre el dios Wiracocha y
Pachacútec, las crónicas también hacen referencia
a que el inca Pachacútec ingresa a la escena de
los gobernantes incas como producto de las
pretensiones de los chancas de invadir el Cuzco.
En tal circunstancia, como ya se mencionó, tanto
el inca Viracocha como su hijo mayor, Urco,
desisten de enfrentar a los invasores. Ocurre
entonces que es Pachacútec quien decide hacerles
frente a pesar de no recibir el apoyo directo de
su padre. Pachacútec le hace una oración al
«Hacedor» pidiéndole socorro hasta las lágrimas,
y éste se le presenta en sueños y le ofrece su
apoyo para que pueda salir victorioso frente a
los chancas, quienes pretendían invadir el Cuzco.
Sobre esto es interesante la versión que ofrece
Betanzos (1999, VIII: ¿PÁGINA?):
[…] apartándose Ynca Yupanque de sus
compañeros la noche que ya la historia os ha
contado dicen que se fue a cierta parte do
ninguno de los suyos lo viesen espacio de dos
Ricardo Bardales Vassi
Fig. 805
Inca Viracocha visto por Guaman Poma de
Ayala.
Fig. 806
Panorama del lago Titicaca desde el volcán Kapia (Yunguyo, Puno).
tiros de onda de la ciudad e que allí se puso en
oración al hacedor de todas las cosas que ellos
llaman Viracocha Pacha Yachachic y que estando
en su oración que decía en esta manera: Señor
Dios que me hiciste e diste ser de hombre
socórrome en esta necesidad en que estoy pues
tú eres mi padre y tú me formaste y diste ser
y forma de hombre no permitas que yo sea
muerto por mis enemigos dáme favor contra
ellos no permitas que yo sea subjeto dellos y
pues tú me hiciste libre y solo a tí subjeto no
permitas que yo sea subjeto de estas gentes que
ansi me quieren sujetar y meter en servidumbre
dame Señor poder para poderlos resistir y haz
de mi a tu voluntad pues soy tuyo que cuando
estas razones decíalas llorando de todo corazón
e que estando en su oración se cayó dormido,
siendo vencido del sueño y que estando en
su sueño, vino a él el Viracocha en figura de
hombre y que le dijo: Hijo no tengas pena que
yo te enviaré el día que a batalla estuvieses con
tus enemigos gente con los que los desbarates e
quedes victorioso […].
Betanzos continúa señalando que Wiracocha
se le presenta en figura de hombre y estando
despierto, le ofrece su apoyo (socorro) para que
gane la guerra frente a los chancas. Le dice: «Hijo
mañana te vernan tus enemigos a dar batalla yo
te socorreré con gente para que los desbarates y
quedes victorioso» (Betanzos 1999, VIII: 32).
Otra crónica relacionada con el dios Wiracocha
y Pachacútec, previa al enfrentamiento contra
los chancas, es la de Acosta (1590), quien señala
que Wiracocha se queja de que no le dan la
obediencia y la veneración debida y que él le
daría la victoria frente a los chancas. Con ello
479
El Dios Wiracocha, el Sol y los Incas
Pachacútec dispone que el dios Wiracocha se
constituya en señor universal, con un estatus más
elevado que el del Sol y el trueno:
Inca Yupanqui, para hacerse señor, inventó,
y dijo que estando él solo, y muy congojado,
le había hablado el Viracocha Creador, y
quejándosele que siendo él señor Universal
y Creador de todo, y habiendo él hecho el
cielo, y el sol y el mundo, y los hombres,
y estando todo de bajo de su poder no le
daban la obediencia debida, antes hacían
veneración igual al Sol, al trueno y á la tierra,
y otras cosas, no teniendo ellas ninguna virtud
más de las que les daba; y que le hacía saber
que en el cielo donde estaba, le llamaban
Viracocha Pachayayachic, que significa
creador universal. Y para que creyesen que
esto era verda, que aunque estaba solo, no
dudase de hacer gente con este título, que
aunque los Changas eran tantos, y estaban
victoriosos, que él le daría la victoria contra
ellos, y le haría señor, porque le enviaría
gente, que sin que fuese vista, le ayudase,
Y fue asi, que con este apellido comensó
a juntar gente y junto mucha cuantidad, y
alcansó la victoria, y se hizo señor, y quitó
a su padre y a su hermano el Señorío,
venciéndolos en guerra; después conquistó
a los Changas; y desde aquella victoria este
estatuyó, que el Viracocha sea tenido por
señor universal, y que las estatuas del sol y del
trueno, le hiciesen reverencia y acatamiento,
y desde aquel tiempo se puso la estatua del
Viracocha más alta que la del sol y del trueno,
y de las demás guacas (Acosta 1979 [1590]:
307-308).
En esta misma línea, de la relación PachacutecWiracocha, es de destacar la versión de Polo
de Ondegardo, quien señala que la madre de
Pachacutec es quien tiene un sueño y le comunica
de su triunfo a su hijo frente a los chancas, después
de haber sido “desbaratado” su padre y antes de
salir del Cuzco para enfrentarlos,
480
“le dixo su madre haber soñado que la razón
de la victoria de los Chancas había sido
que se hacía en el Cuzco más veneración al
Sol que al Pachayachachi que era Criador
Universal, y que prometiesse que de allí
adelante se harían más sacrificios y más
oridinarios a aquellas estatuas, y que fuera
luego contra los Chancas y que él les daría
la victoria y le enviaría del cielo gente que
le ayudase; finalmente con este título fue y
venció y de allí quedó aquella imaginación de
los pururaucas, de que se hizo relación, que
fue una de las cosas más importantes que
los Ingas tuvieron para hacerse señores…”
(Ondegardo de, 1917 /1571/: 49-50)
Vencidos los chancas, «de regreso a la ciudad,
mandó Yupanqui reunir todo el botín, separando
lo mejor le ofreció al dios Viracocha, junto con
muchos sacrificios, en agradecimiento por la
victoria concedida» (Rostworowski 2006: 114)
(figura 807).
Fig. 807
Personaje central de la Puerta del Sol, presumiblemente Wiracocha.
Este dios fue visto por Cobo como el hacedor y creador universal.
Ricardo Bardales Vassi
Las crónicas también cuentan que, estando
en el poder, Pachacútec reflexionó sobre la
supremacía del Sol sobre Wiracocha y planteó
un cuestionamiento a favor del dios Wiracocha.
Cobo lo relata así:
Después de haberse mostrado tan devoto
del sol y puesto al cuidado dicho en que
todos lo adorasen como sus antepasados lo
habían hecho, se puso un día a considerar
como era posible que una cosa tan sujeta a
movimiento como el sol, que nunca para ni
descansa un momento, pues todos los días da
vuelta al mundo, fuese Dios; e infirió de este
discurso que no había ser sino un mensajero
enviado por el Hacedor a visitar el universo,
demás de que, si fuera Dios, no fuera parte
un pequeño nublado que se le pone delante
para impedirle su resplandor y rayos para
que no alumbrase; y que si fuera él el
Criador universal de todas las cosas, algún
día descansaría y desde un lugar alumbrara
toda la tierra y mandara lo que quiera; y así,
no era posible sino que había otro Señor más
poderoso que lo mandase y rigiese, el cual
era sin duda el Pachayacháchi. Comunicó este
su pensamiento con los de su concejo, y con
acuerdo dellos determinó que fuese preferido
al sol el Pachayacháchic, a quien dentro de
la ciudad del Cuzco edificó templo particular
que se llamó Quishuar-Cancha; y en él
puso un simulacro del criador del mundo,
Viracocha Pachayachachic, de oro y tamaño
de un muchacho de 10 años con figura de
hombre y muy resplandeciente, puesto en
pie, con el brazo derecho levantado […]
como de persona que estaba mandando
(Cobo 1964¿a o b?: 78-79).
De la misma forma se manifiesta Molina en
relación con el parecer de Pachacútec, señalando
que fue el primero que empezó a poner cuenta
y razón en todas las cosas y el que quitó cultos y
ceremonias y que luego se regían por inviernos
y veranos (seguramente tomando en cuenta los
solsticios, como veremos en el torreón de Machu
Picchu). Además, señala:
Éste fue de tanto entendimiento que se puso
a considerar, viendo el respeto y reverencia
que habían tenido sus antepasados al Sol, pues
le adoraban por dios, que no tenia reposo ni
descanso ninguno y que todos los días daba
vuelta al mundo, dijo y trató con los de su
Consejo que no era posible ser el Sol el dios
creador de todas las cosas, porque si lo fuera,
no fuera parte un pequeño nublado que del
así se le ponía estorbarle el resplandor que no
alumbrase, y que si él fuera el Hacedor de todas
las cosas, que algún día descansara, y de un
lugar alumbrara a todo el mundo, y mandara
lo que él quisiera; y así que no era posible, sino
que había otro que lo mandase y rigiese, el cual
era el Pachayachachi, que quiere decir Hacedor
(Molina 1947: 37-38) (figura 808).
Molina, refiriéndose al inca Pachacútec en
relación con el dios Wiracocha, señala que la
mayor reverencia y sacrificios, desde el principio
(supuestamente desde Manco Cápac), fue
realizada por este Inca: «No obstante que desde
el principio tuvieron noticia los Incas de un
Hacedor de todas las cosas y le tenían reverencia
y hacían sacrificios, no en tanta veneración como
desde este Inca acá» (Molina 1947: 38-39).
En la crónica escrita por Acosta también
encontramos la siguiente referencia: «Aunque en
las palabras había diferencia cuando hablaban
con el gran Ticciviracocha, al cual atribuían
principalmente el poder y el mando de todo, y a
los otros como dioses o señores particulares, cada
uno en su casa, y que eran intercesores para con
el gran Ticciviracocha» (Acosta 1979[1590]: 223).
Por su parte, Molina hace referencia al parecer
de los sacerdotes en relación con el Sol, en el
contexto de la supremacía religiosa, calificando al
Sol como «hechura del Hacedor»: «que el siempre
mozo y saliese alumbrando y resplandeciendo,
no conociéndolo por Hacedor sino por hechura
481
El Dios Wiracocha, el Sol y los Incas
Fig. 808
El Sol era visto como un dios particular, intercesor del Ticciviracocha, quien tenía el poder y mando de todo, según el cronista Juan de
Acosta. Salida del Sol en el Templo del Kalasasaya de Tiahuanacu.
del Hacedor» (Molina 1947: 55). Por otro lado,
Blas Valera señala: «El sol dijeron que era hijo del
gran Illa Tecce, y que la luz corporal que tenía,
era parte de la divinidad que Illa Tecce le había
comunicado, para que rigiese y gobernase los
días, los tiempos, los años y veranos, y a los reyes
y reinos y señores y otras cosas» (Valera 1945: 4);
mientras que Baltasar de Salas considera al Inti
como «simple enviado del Hacedor, para con la
mama tierra»; luego indica: «Solamente los han
venerado como á embajadores del Hacedor»
(Salas 1901: 129), es decir, el dios Wiracocha
(figura 809).
Latcham, por su parte, también hace referencia
al inca Yupanqui (Pachacútec), haciendo ver que
en su periodo hubo un resurgimiento del culto
482
del dios-creador, numen predilecto de su padre:,
y que llegó a ocupar un lugar muy relevante en
la nueva religión, dándole una nueva forma y
mayor resplandor; recoge las tradiciones de este
dios que viene de la región del lago Titicaca y de
Pacaric Tambo:
En el reinado del hijo del citado monarca, Inca
Yupanqui, hubo un resurgimiento del culto de
este dios y aparece como el dios-creador de los
incas, llegando a tomar un lugar preponderante
en la renovada religión. Es casi seguro que los
ritos y ceremonias relacionadas con el nuevo
culto eran diferentes en muchos detalles a los
practicados antes. Molina nos indica varias
de las innovaciones introducidas por el Inca
Yupanqui. Es posible que entre los amautas
Ricardo Bardales Vassi
Fig. 809
El inca Pachacútec concibió al
dios Wiracocha como el dios
creador de los incas.
o guardianes de las tradiciones quedaban
algunos vagos recuerdos del culto a Viracocha,
porque los incas, al igual que otras tribus collas,
deben haber conocido este dios antes de salir
de la región del lago, pero parece que durante
su estadía en Pacaric Tampu, en contacto de
tribus de origen quechua, lo hayan olvidado.
Inca Yupanqui, por sus investigaciones de todas
las antiguas tradiciones de la raza, hallaría sus
vestigios, y esto, agregado al hecho de figurar
Viracocha como achachila o pacarina del
ayllu de su padre y numen predilecto de éste,
serían motivos suficientes para que resucitara
el antiguo culto, dándole una nueva forma y
mayor esplendor (Latcham 1929: 287-288).
Por otro lado, Gordon McEwan también refiere
la supremacía del dios Wiracocha sobre otros
dioses: «Pachacuti también organizó la religión
incaica, convirtiéndola en una institución
imperial. Los dioses principales de los diversos
pueblos incorporados al imperio fueron incluidos
en el panteón Inca […] Sobre todos ellos estaba
Viracocha, la gran deidad creadora de los pueblos
andinos» (Gordon McEwan 2006: 89). Valcárcel
también reafirma esta situación, señalando
que Pachacútec proclama a Wiracocha como
verdadero Dios Supremo y coloca un símbolo del
dios en la figura de una elipse de oro, en un lugar
más alto que el Sol y la Luna; además, es quien
manda a construir el templo para Wiracocha en
la plaza del Cuzco, en un sitio prominente de
Quishuarcancha (Valcárcel 1984: 97-98).
Fellmann, a partir de una referencia del cronista
Cristóbal de Molina (1572), plantea una sugestiva
opinión sobre la aplicación de una estrategia
religiosa en la que está la respuesta a esa relación
controvertida entre el dios Wiracocha (estamento
aristocrático) y el Sol (profesado por los súbditos),
estableciendo una jerarquía y conjugando ambos
mitos en uno solo:
483
El Dios Wiracocha, el Sol y los Incas
Pachacuti, desde luego, no llegó a conclusión
alguna sobre la supremacía de Viracocha
por vía de un puro razonamiento, puesto
que su padre, antes, lo había proclamado
así. Se vio frente a un conflicto entre el culto
de Viracocha que su padre había tratado de
imponer y el culto del sol que era profesado
por sus súbditos, y lo solucionó con su habitual
sagacidad, estableciendo una jerarquía y
conjugando ambos mitos en uno solo. Con
ello, dio carta de ciudadanía cuzqueña al
dios de su padre, con lo que mantuvo la
legitimidad de sus derechos al llauto, y respetó
la fe tradicional del estamento aristocrático,
evitándose un posible problema interno. Para
rematar la solución lograda, ordenó reedificar
el Coricancha e hizo colocar en él a los dioses
de acuerdo con esa solución. Ese templo, por
eso, más que un templo cualquiera, es un
monumento a su habilidad de compromiso
(Fellmann 1977: 234).
Así, en su «reordenamiento religioso» Pachacútec
coloca al dios Wiracocha en un nivel superior
al de las demás deidades, incluyendo al Sol, a
quien ubica inmediatamente después y llama
«hechura del Hacedor», «intercesor», «enviado
del Hacedor» y «embajador». Aquí también
debe mencionarse el análisis de Duviols (1997)
sobre la identidad religiosa del inca Viracocha,
quien llega a establecer una relación interesante:
Inca Yupanqui (Pachacútec) - encarnación del
dios solar sobre la tierra - hijo del Sol - dios. Por
ser de interés para este estudio, a continuación
transcribimos el referido análisis del autor sobre
«El hombre dios», que alude a las conexiones
entre el dios Wiracocha, el inca Viracocha y su
hijo Inca Yupanqui (Pachacútec):
El juego de conexiones entre Viracocha Inca,
Viracocha dios, Inca padre e Inca hijo, nos
parecerá coherente si nos damos cuenta de
que, en el relato de Betanzos, Viracocha Inca
y Viracocha Dios son dos facetas de un mismo
personaje, dos expresiones o exponentes de una
484
sola y misma entidad. Se trata de dos epifanías
comunicantes de la relación dios-hombre, esto
es: 1) de las relaciones Inca-Sol, Inca Viejo Inca Joven; 2) de las relaciones y suposiciones
siguientes: Inca viejo y Sol viejo con Inca joven
y Sol joven. Viracocha-hombre emerge, en el
relato de Betanzos, cuando por primera vez
el Inca se posesiona él mismo de su nombre
y también de su idiosincrasia, después de la
noche en la que Viracocha dios le ha elegido y
nombrado representante suyo en la tierra.
A la mañana, «se levantaron todos los suyos le
llamaron Viracocha Ynga
que quiere decir ”Rey y dios”» (Betanzos 1999
[1555]: 22b).
Insiste Betanzos: «[…] y lo mismo hacía este
Viracocha Inca e intitulábase como arriba
decimos dios» (Betanzos, 1999 [1555]: 23a).
El cronista transcribe lo más fielmente
que puede, pero no cabe en su mente la
identificación hombre-dios. No se da cuenta
—o no quiere darse cuenta— de que, según
el concepto Inca, Viracocha Inca no solamente
se titula dios sino que es dios. Viracocha
Inca se comunica con el dios que tiene el
mismo nombre que él, habla con este dios,
se informan mutuamente, y él también se
comporta como dios. No resiste a los chancas
porque el dios y él lo han decidido así:
«Siendo yo hombre que comunico y hablo
con dios he sabido por él y sido avisado que
no soy parte para resistir a Uscovilca [...]»
(Betanzos 1999 [1555]: 28b).
Viracocha Inca y Wiracocha dios tienen
la misma relación de parentesco con inca
Yupanqui: los dos son su creador, a la vez
divino y biológico, y su padre, a la vez
biológico y divino. En su oración al dios, le
dice inca Yupanqui: «Tú eres mi padre y tú
me formaste y diste ser y forma de hombre»
(Betanzos 1999 [1555]: 32a.).
Ricardo Bardales Vassi
Le responde el dios Viracocha a inca Yupanqui:
«Hijo, no tengas pena [...]» (Betanzos 1999
[1555]: 32a.), confirmando así la confusión,
básica y necesaria, del creador divino con el
creador humano. El dios Wiracocha, que había
aparecido con gran resplandor, manifestando
así su evidente idiosincrasia solar (aunque
no quiso declarar quién era), le dijo también
a Inca Yupanqui, antes de la batalla: «Hijo,
no tengas temor» (Betanzos 1999 [1555]:
50). Aquella aparición de Viracocha Sol había
de fundar —o, mejor dicho, confirmar— la
identidad del infante como encarnación del
dios solar sobre la tierra, es decir, como
hijo del Sol, y, por consiguiente, también
como dios: «Ansí los suyos como la historia
os contará le llamaron después hijo del Sol»
(Betanzos 1999 [1555]: 50) (Duviols 1997:
300-301).
A partir de lo expuesto, podemos señalar que
Viracocha Inca se consideraba dios; por su
parte, Pachacútec era hijo del dios biológico
pero, al mismo tiempo, hijo del dios divino
Wiracocha, el “Sol Viejo”; por lo tanto, el inca
Pachacútec también estaba considerado como
dios (figura 810).
Ahora que tenemos más claro el pensamiento de
Pachacútec en relación con el dios Wiracocha,
analizaremos el culto solar de los incas desde el
punto de vista astronómico.
Fig. 810
Inca Pachacútec. Aparte de haber sido un excelente gobernante, mostró conocimientos de planeamiento, arquitectura e ingeniería en el
diseño y construcción de Machu Picchu, hoy una de las «Siete Maravillas del Mundo».
485
El Dios Wiracocha, el Sol y los Incas
3. Dualidad y complementariedad
solsticial
Como se ha visto, en la cosmovisión andina
la dualidad fue un tema de vital importancia.
Ésta también estuvo vinculada a la dualidad solar
complementaria, es decir, dos soles vinculados
con las encarnaciones solsticiales, que tratan
de conciliar. Al respecto, Ziólkowski, haciendo
referencia a Demarest, señala:
[…] ha llamado la atención sobre una oposición
básica, reflejada en el ritual del culto solar, y que
seguramente tuvo consecuencias iconográficas.
Nos referimos a la oposición entre los dos
rituales solsticiales de junio y de diciembre,
y entre sus titulares Apu Inti y Churi Inti. Las
festividades del Inti Raymi en junio estaban
dedicadas al sol joven (Punchao), un sol
pequeño y lejano, según los dibujos de Huaman
Poma (1980: 220, fol. 246 248), mientras que
la principal fiesta solar del Capac Raymi, en
diciembre, se organizaba en honor del Señor
Sol, del Sol maduro, asociado con Viracocha
(Demarest 1981, tomado de Ziólkowski
2001: 287).27
Esta propuesta la podemos resumir así:
Solsticio de diciembre: Titular Apu Inti, Señor
Sol, maduro, grande y cercano, Primer Sol, de
mayor resplandor, asociado con Viracocha (dios
Wiracocha). En la figura 811a (dibujo de Guaman
Poma) se observa al Inca seguido de un séquito
dirigiéndose al Señor Sol (en la figura 811b,
detalle del referido Señor Sol o Sol maduro).
Solsticio de junio: Titular Churi Inti, dedicado al
Sol joven, pequeño y lejano. En la figura 812a
(dibujo de Guaman Poma) se observa al Inca
brindando con el Sol; asimismo, una criatura con
27
486
Los dibujos de los soles en Guaman Poma 1980: 220, fol. 246.
Fig. 811a-811b
Dibujo del Sol en el mes de diciembre (solsticio de
verano), según Guaman Poma. Cápac Inti Raimi:
Sol Viejo. La vestimenta del Inca está adornada
con espirales. Detalle del Sol maduro (diciembre),
asociado con Wiracocha.
Ricardo Bardales Vassi
rostro humano, cuerpo de felino alado (volando)
que se acerca al Sol entregándole un quero para
que brinde, mientras que una mujer (la colla), de
espaldas al Sol y frente al Inca, llena un quero
para brindar. En la figura 812b, detalle del Sol.
¿Con quién se asocia este Sol joven?
Aquí es interesante señalar el trayecto terrestre,
los puntos solsticiales y la relación del Cápac
Raymi y Wiracocha, señalada por Ziólkowski:
«Zuidema ha afirmado rotundamente que «El
trayecto terrestre de Viracocha desde el lago
Titicaca (este) hacia el mar cerca a Manta en
el oeste puede ser visto como una proyección
terrestre del sol a través del cielo» (Zuidema
1962 1974 o 1975: 164-165).
Este autor se refiere a la ruta anual entre los
puntos solsticiales, desde diciembre hasta junio,
la del Sol maduro, Apu Inti, que camina hasta
las orillas del mar (ticci: confines del mundo).
El simbolismo de este movimiento se revela en
varios niveles: por ejemplo, en la similitud de
traje y apariencia entre Viracocha y el Señor Sol,
o en el ya mencionado ceremonial de las fiestas
solsticiales. También durante el Cápac Raymi,
dedicado a Wiracocha (el Señor Sol), cuando
se llevaba a cabo la ceremonia del huarachico
o iniciación de la juventud Inca, que significaba
la transformación de los jóvenes en adultos
paralelamente al Sol, que pasaba de su aspecto
de Churi Inti, Sol Joven, a Apu Inti, Sol Maduro
o Señor Sol (Demarest 1981: 28, tomado de
Ziólkowski 2001: 316).
Por su parte, Bouysse-Cassagne y Harris señalan:
«Durante el solsticio (vilcacuti: “vuelta del Sol”),
que divide el año en dos, el ciclo solar se invierte;
a un Sol que crece diariamente de julio a diciembre
se opone otro menguante de enero a junio. Se
dice que el Sol cumple una revolución durante el
solsticio» (Bouysse-Cassagne y Harris 1987: 32),
que está relacionado con la vuelta, el cambio, el
cuti andino: «lo que puede dar un vuelco total es
Fig. 812a-812b
Dibujo del Sol en el solsticio de junio (el «Sol joven»,
lejano), y detalle de éste, según Guaman Poma de
Ayala.
487
El Dios Wiracocha, el Sol y los Incas
todo un mundo, toda una era, un pacha. Esto es
lo que se llama pacha cuti» (Bouysse-Cassagne y
Harris 1987: 32). «Se trata del símbolo que en el
imaginario andino muestra al tiempo como ciclos
de alteralidad en simetría espejada» (Lozada
Pereira 2007: 239). Este pacha cuti evoca la vuelta
del mundo, el mundo al revés; evoca la victoria
de los incas frente a los chancas.
También se sabe que el Cápac Raymi fue una
fiesta instituida por Pachacútec para conmemorar
la victoria sobre los chancas. Al respecto, Duviols
manifiesta: «Además es significativo que la fiesta
del Inti Raymi que se desarrollaba en diciembre,
había sido instituida, según la tradición cuzqueña,
para conmemorar la victoria sobre los chancas»
(Duviols 1997: 302), y en memoria del dios
Wiracocha que lo favoreció. Al respecto, cuando
Betanzos se refiere al Sol en la fiesta de diciembre,
es posible que se estuviera refiriendo a la fiesta
que se le hacía al Sol viejo o Wiracocha: «La cual
fiesta queria que se hiciese cada año al sol, por
la victoria que le había dado y hecho Señor»
(Duviols Pierre 1997: 298),28 refiriéndose al
triunfo obtenido frente a los poderosos chancas.
Ahora tenemos referencias más claras para
afirmar que existe una vinculación entre la
dualidad solar complementaria de los solsticios
de verano e invierno (los dos soles vinculados
con las encarnaciones solsticiales) y la presencia
de las dos ventanas del torreón del Palacio Real
de Machu Picchu, por donde ingresan los rayos
del Sol en los solsticios del 21 de diciembre
(verano), cuando se conmemoraba el triunfo
sobre los chancas, y el 21 de junio (invierno);
es decir, el ingreso del “Sol maduro” y el “Sol
joven”, respectivamente, quizá representando el
cuti (figuras 813 y 814).
Fig. 813
Vista del torreón y las dos ventanas
por donde ingresa el sol en los
solsticios de diciembre y junio.
28
488
Esta frase se encuentra en el capítulo XIV de la Suma y narración de Betanzos, según la edición madrileña de 1880 (p. 89), edición conforme
al manuscrito del Escorial —falta en la edición madrileña de 1987—, que sigue el manuscrito de Mallorca.
Ricardo Bardales Vassi
Fig. 814
Interior del torreón y las dos
ventanas por donde ingresa el
sol en los solsticios de invierno
y verano. La primera está
construida en una fila más alta.
3. ¿El «Sol» o el «Sol de soles»?
«verdadero Sol». Lo ubica en otro dibujo de su
crónica, representándolo en forma de óvalo,
acompañado del Sol (izquierda) y la Luna
(derecha). En la inscripción señala: «Plancha de
oro fino que dizen que fue ymagen del Hacedor
del verdadero sol, del sol llamado Uiracochan
Pacha Yachachi» (Santa Cruz Pachacuti Yamqui
Salcamaygua 1993: 209, llamada 1, f.14v). La
versión de Pachacuti Yamqui Salcamayhua es muy
clara: Uiracochan Pachayachachi lo denomina
«verdadero Sol» (figura 815).
Iniciaremos el tema del «Sol» o el «Sol de
soles» con la mención que se hace en la crónica de
Pachacuti Yamqui Salcamayhua, quien relaciona
al dios Wiracocha con el Sol, calificándolo como
Éste puede haber sido uno de los tantos motivos
que explicarían las confusiones entre el «Sol de
soles» (Wiracocha) y simplemente «el Sol» o Inti.
Algunos informantes no sabían distinguir esa
Asimismo, debemos resaltar que la luz que ingresa
por las ventanas va a iluminar a los dos rostros
grabados en la roca («anatrópica»), que están
acompañados de otros íconos como la espiral
, que viene a ser el torreón y que simboliza la
serpiente que envuelve a la roca sagrada, así como
del símbolo escalonado. El conjunto conforma el
«Código de Wiracocha».
489
El Dios Wiracocha, el Sol y los Incas
Fig. 815
Sección de la página donde aparece el dibujo de
Santa Cruz Pachacuti Yamqui y hace referencia
del «Verdadero Sol» (1993, f.14: 209).
diferencia, dado que la verdadera concepción
del dios Wiracocha solo era conocida por
una élite. En el caso de los mismos cronistas,
presumiblemente no les interesó hacer la
distinción correspondiente, para favorecer con
ello la estrategia de evangelización.
Así, en las crónicas podemos presumir que
hay algunos pasajes donde se producen estas
confusiones del «Sol» por el «Sol de soles».
Ocurre, por ejemplo, cuando Sarmiento de
Gamboa menciona al Sol en el episodio de los
últimos días de vida de Pachacútec, cuando éste
le hace algunas recomendaciones a su hijo, el
inca Túpac Yupanqui, a los orejones del Cuzco y
a sus deudos más cercanos:
¡Hijo! Ya ves las muchas y las grandes naciones
que te dejo y sabes cuánto trabajo me han
costado: Mira que seas hombre para las
conservar y aumentar. Nadie alce los ojos contra
ti, que viva; aunque sean tus hermanos. A estos
nuestros deudos te dejo por padres, para que
te aconsejen. Mira por ellos, y ellos te servan.
Cuando yo sea muerto, curaras mi cuerpo y
ponerlo haz en mis casas de Patallacta. Harás
mi bulto de oro en la casa del sol, y en todas
las provincias a mí subjetas harás los sacrificios
490
solemnes, y al fin de fiesta de purucaya, para
que vaya a descansar con mi padre el Sol
(Sarmiento de Gamboa 1942: 140).
Aquí, cuando sostiene que se va a descansar con
su padre el Sol, ¿no se estaría refiriendo a la casa
del «Sol de soles», es decir, la de Wiracocha, y
a Patallacta como Machu Picchu? En la versión
de Sarmiento resalta el gran esfuerzo que las
conquistas y grandes obras le significaron al Inca.
La frase de Pachacútec: «mira por ellos y ellos
te sirvan», tiene un fondo filosófico: «¡Si quieres
que te sirvan... sirve!». Y, finalmente, cuando,
después de muerto, refiere que se va a descansar
con su padre el Sol, es posible que se estuviera
refiriendo al «Sol viejo», el dios Wiracocha.
Por otro lado, en relación con el Sol, un aspecto
que se debe tener presente es que su presencia
en la iconografía precolombina no es abundante
como podría esperarse. Al respecto, Alba
Choque Porras hace un alcance que merece
profundizarse:
A lo largo de la iconografía del arte del Perú
Antiguo no se ha encontrado de manera
fehaciente la representación artística del Sol
como divinidad [...]
Ricardo Bardales Vassi
En tiempos de los incas, tampoco hay
restos de representaciones del sol. Va a ser
después de la conquista cuando aparecerán
en las crónicas (como la de Guaman Poma
de Ayala) y en el arte de transición (sobre
todo en los queros) la presencia física del
sol de manera naturalista (Choque Porras
2009: 39-40).
Por su parte, Franklin Pease señala:
Es creencia generalizada que el culto solar
existió en forma unánime en la zona andina
y se ha hecho común afirmar que la religión
del país de los Incas había girado siempre
en este punto, y así se divulga en textos
escolares, libros de difusión amplia y aun
en trabajos más cuidados. Sin embargo, en
los últimos treinta años se han esbozado
algunas críticas a esta vieja presentación
de la religión andina. Latcham, en 1929,
afirmó que no hay evidencia que demuestre
las tantas veces afirmada antigüedad
panandina del culto solar; y Rowe en 1946,
reconoció que el sol era “uno de muchos
grandes poderes reconocidos en el culto
oficial y su importancia era más teorética
que real (Pease G.-Y. 1967: 1-2).
Fig. 816a-816b
Rostros felinos solares Copa, Carhuas (Tello ¿¿??).
Fig. 817
Dibujo de un sector de tejido Nazca. Recuerda
a la máscara solar y el germen felino-ofidio
del «Señor de los Cetros» de la Puerta del Sol
(Levillier 1927). NO ESTÁ EN LA BIBLIOGRAFÍA.
Tello, en su publicación «Wira Kocha» (1923)
muestra escasa iconografía donde aparece el
Sol, y entre ella, los dibujos de felinos solares
de Copa, Carhuas (figuras 816a y 816b). En
las figuras 817 y 818 se muestran ejemplos de
representaciones solares de Nazca y Chimú.
Kauffmann es otro investigador que ha señalado
que en el Incario no se habría adorado al Sol
como máxima divinidad: «A lo largo de todas
nuestras investigaciones de carácter etnográfico
en parajes cordilleranos desolados, jamás
presenciamos que los comarcanos adorasen
al Sol. Esto contradice el supuesto asumido
hasta el presente en el sentido de que en el
Incario se habría adorado al Sol como máxima
Fig. 818
Deidad solar con rayos de choclos, Chimú
(Carrión 2005).
491
El Dios Wiracocha, el Sol y los Incas
divinidad. El astro rey no debió ser otra cosa que
un engendro ficticio de data colonial temprana».
Otro aspecto que no debemos perder de vista es
que el culto al Sol después de la Conquista no
duró ni medio siglo: su culto se fue borrando,
mientras renacía el culto de los antiguos dioses,
entre ellos Wiracocha, que en la actualidad se
sigue invocando en los pagos a la tierra que
se realizan en la sierra del país. En todo caso,
y como se ha señalado, la devoción profesada
por la élite gobernante y sacerdotal inca no era
la misma que la del pueblo. Al respecto, Pease
hace la siguiente referencia:
Karsten, que es uno de los autores que con más
lucidez ha estudiado el tema religioso andino,
sigue considerando a la manera tradicional a
Wiracocha como el «dios de la élite» cuzqueña,
y al sol como «dios popular» [...] Si bien el
concepto de dios creador era claro en toda el
área andina, el nombre de esta deidad variaba
según las regiones (Pease G.-Y. 1973: 52).
Ziólkowski, refiriéndose al Hacedor, señala que
era «un culto de carácter aparentemente elitista,
de un alcance social limitado» (Ziólkowski
1997: 53).
De lo expuesto podemos señalar que, por lo
menos en el periodo del inca Pachacútec, los
sacerdotes y la élite inca eran los que veneraban
a Wiracocha como dios principal, mientras que
la población común, los puric cuna, veneraban
al Sol, Illapa y otros dioses individuales. Esta
disposición fue dada y permitida por el Inca, y
quedan evidencias de que en el periodo de los
incas Viracocha y Pachacútec, el dios Wiracocha
estuvo concebido por la élite incaica como un
dios múltiple y holístico, por encima de todas las
deidades, incluido el Sol.
Así, a Wiracocha se le podía concebir ubicado
por detrás del sol (máscara); el sol natural
492
venía a ser la principal manifestación física, era
la fuente del resplandor y de la iluminación.
Ésta es una característica que no supieron o no
quisieron explicar los cronistas. También se ha
señalado que el Inca y los sacerdotes dirigían su
mirada hacia el Sol, en son de respeto, como la
representación del «verdadero Sol» o el «Sol de
soles», ya que detrás de él se consideraba que
estaba el dios Wiracocha, quien era el verdadero
dador de la vida, la luz, el calor y el existir. Todo
ello se manifestaba a través del sol natural que
era como una ventana por donde «observaba»
el dios Wiracocha, y es así como lo vemos en la
Puerta del Sol de Tiahuanacu (como máscara) y
en el Punchao del Koricancha (Recinto de Oro): el
reflejo intenso que irradiaba, pero no se le podía
ver.
Finalmente, debemos tener presente que en
las diferentes culturas el sol natural siempre ha
sido el símbolo de la luz, la energía y el calor.
Wiracocha se encarna como el «Sol viejo», el
«Sol de Soles», el «Sol verdadero», la «Luz de la
Verdad”, la «Luz Eterna», como denomina Blas
Valera a Illa Tecce (Valera 1945: 3); «hombre
muy resplandeciente», como lo llama Cristóbal
de Molina (Molina 1947: 23), o el «Real ser», el
«Hombre solar» o el «Ser consagrado», como lo
denominan otros autores.
A propósito de la luz, surge aquí una conexión
interesante con la Puerta del Sol de Tiahuanacu,
que proviene de la respuesta de un chamán
de Tiahuanacu, Luque Choque Apaza, a quien
encontramos en la celebración del equinoccio
de otoño del 2010. Le preguntamos qué
significado tiene el puma en el mundo andino,
y su respuesta inmediata y contundente fue: «¡Es
el «guardián de la Luz!». Sería, nada más y nada
menos, que el «guardián del verdadero Sol»:
«Wiracocha». El «verdadero Sol» es quien tiene
el supremo poder sagrado (en la Puerta del Sol
está con una máscara solar radiante). Lo recién
señalado coincide con la iconografía que vemos
Ricardo Bardales Vassi
en el «Señor de los Cetros», donde se ven figuras
de cabezas de felinos coronados a cada lado del
podio, protegiendo al dios Wiracocha. Éste, a su
vez, sostiene en sus manos báculos o cetros con
forma de serpientes y cabezas de cóndores, que
nos recuerdan a la figura del Punchao que relata
Antonio de Vega, así como a las figuras de las
cerámicas del nor-centro y a las placas de bronce
del noreste argentino, que veremos en el capítulo
9, apartado 9.3 (figura 819).
Fig. 819
Vista del amanecer en el lago Titicaca (Capachica).
493
El Dios Wiracocha, el Sol y los Incas
4. Wiracocha y los últimos incas
Tomando en cuenta las crónicas, los incas que
sucedieron a Pachacútec siguieron manteniendo
una relación con el dios Wiracocha, pero todo
indica que ésta fue menos intensa. Así tenemos que
cuando asume el décimo inca, Túpac Yupanqui,
hijo de Pachacútec, éste se dedicó a completar la
construcción de la ciudad del Cuzco, cuya figura
era la de un puma (la llamada «ciudad león»,
donde Sacsayhuaman representaba la cabeza).
Otra de sus prioridades fue la conquista de
nuevos territorios, y pareciera que las actividades
religiosas no recibieron la atención que le
brindaron su padre y su abuelo. Por otro lado,
es presumible que su sucesor e hijo, inca Huayna
Capac, mantuviera en silencio la existencia de
Machu Picchu, pero continuaría reverenciando a
Wiracocha. Así tenemos, por ejemplo, la versión
de Montesinos, quien sostiene que este Inca,
después de alcanzar la victoria en la laguna de
Yahuarcocha, rendía sacrificios a Wiracocha y
al Sol, haciendo mención a que éste último era
su padre: «Después de alcanzada esta victoria,
mandó hacer Huaina Cápac grandes sacrificios al
Illatici Yachachi Huira Cocha y al sol, su padre»
(Montesinos 1930: 123). Por su parte, Sarmiento
de Gamboa hace referencias a una exclamación
de Huáscar, después de ser capturado por los
jefes guerreros de Atahualpa y presenciar las
tormentosas muertes de sus familiares. En ese
momento le pide a Wiracocha que Atahualpa
también sea castigado y que sufra como él: «¡Hoy
Pachayachachi Viracocha, tú que por tan poco
tiempo me favoreciste y me honraste y diste ser,
haz que quien así me trata se vea de esta manera,
y que en su presencia vea lo que yo en la mía
he visto y veo!» (Sarmiento de Gamboa 1942:
181).
En los relatos de Murúa también encontramos
versiones que reafirman que los incas Huayna
Cápac y Huáscar le continúan profesando su fe
al dios Wiracocha. En el primer caso, cuando
visita el Templo de la Laguna de Titicaca: «dejó
494
encomendado a los sacerdotes que rogasen al
Hacedor por él continuamente» (Murúa 2001:
100); en el segundo, es similar a lo que cuenta
Sarmiento, solo que da más detalles. Se refiere
al mismo pasaje, cuando Huáscar es tomado
prisionero por Atahualpa:
[...] desesperado se volvió al Hacedor diciendo:
Apacha, Achachic Vira Cocha; que quiere decir:
¡Oh! Hacedor, que por tan poco tiempo me diste
ser, ten por bien que por quien tantos males
me vienen, se vea de la misma suerte que yo,
que en su presencia y con sus mismos ojos vea
la desventura que yo veo ahora en mis hijos y
queridos, para que llegue sentir en su corazón lo
que yo siento (Murúa 2001: 191).
En el caso de Atahualpa, este inca creía en
Wiracocha y cayó en el engaño de Pizarro,
confundiendo a los españoles con sus embajadores
o mensajeros del Hacedor. Tenemos un pasaje de
la crónica de Murúa:
Recibió Atao Hualpa los mensajeros del marqués
don Francisco Pizarro, que fueron Felipillo
y Martín, muy bien y los regaló con mucho
amor y humanidad, y como le decían que los
españoles eran embajadores del Hacedor, juntó
a sus concejeros y les propuso qué debían hacer
en ello, y todos le dijeron los fuese a recibir y
a verse con ellos, y con esto acordó de venirse
a Caja Marca a ver a los españoles. Y para
hacerlo mandó pregonar en todo su ejército
que ninguna persona dél llevase consigo armas
de ningún género, por que para saber nuevas
de tanto contento y recibir los mensajeros del
Hacedor no eran necesarias armas [...] (Murúa
2001: 197).
Este engaño que sufre Atahualpa también es
mencionado por el padre Blas Valera, quien
destaca unas palabras de Atahualpa en presencia
de Hernando de Soto y sus embajadores (españoles
de la Conquista), cuando equivocadamente cree
que son los hijos del dios Wiracocha:
Ricardo Bardales Vassi
Empero también digo que tengo estos
tiempos por felicísimos, por habernos enviado
en ellos el dios Viracocha tales huéspedes [...]
aunque supimos que entrasteis en nuestra
tierra, e hicisteis presidio en ella, y el estrago
de muerte y otras calamidades que pasaron
en Puna y en Tumpis (Tumbes) y en otras
partes, no hemos tratado mis capitanes y
yo de resistiros y echaros del Reino; por
que tenemos y creemos que sois hijos de
nuestro gran dios Viracocha y mensajeros de
Pachacamac (Valera 1945: 134).
Como se concluye luego de leer los pasajes de
las crónicas, la relación de los últimos incas con
el dios Wiracocha se sigue dando, pero con
menos intensidad que en el periodo de los incas
Viracocha y Pachacútec.
Del análisis realizado, podemos deducir que en
el periodo Inca se dieron reformas religiosas que
fueron modificando la supremacía del panteón
de los dioses, siendo el dios Wiracocha la deidad
suprema de la élite gobernante y religiosa
del imperio, considerado como Illa Con Ticci
Wiracochan Pachayachachi, la divinidad celestial,
dual, holística, multifacética, ordenadora e
integradora, con atributos de las otras deidades
(del Sol, del Illapu, de la Luna, de las estrellas,
de la Pachamama, de la Cochamama, del
felino, de la serpiente, del cóndor, entre otros).
Posteriormente, en los finales del Imperio e
inicios de la Colonia, se integrarán Pariacaca y
Pachacamac, que se constituiría en el patrón
del culto imperial. Se volvió un todo divino
con atributos mayores que la suma de todos los
atributos de las otras deidades.
Pachacútec realiza una reforma en la que
concibe la dualidad solar como dos tiempos y
dos personajes solares: uno ligado al solsticio
de verano (21 de diciembre), asociado al «Sol
maduro o viejo» y a Wiracocha; y el otro ligado
al solsticio de invierno (21 de junio), asociado
al «Sol joven», heredero de la dinastía Inca. Es
decir, el propio Pachacútec es el hijo del dios
solar Wiracocha. Estas representaciones del dios
Supremo Wiracocha y sus deidades, así como la
dualidad celestial-terrenal (reflejo-yanatin), están
representadas en Machu Picchu, en el Templo
Real (dios Wiracocha) y en los demás templos
dedicados a las otras deidades. La dualidad
celestial-terrenal:
Wiracocha-Jefe
Imperial
(Pachacútec), está representada en la escultura
de piedra con visión anatrópica de la colección
de Juan Larrea (Museo de las Américas, España),
que para nosotros representa al inca Pachacútec.
También aparecen en los queros de madera del
museo Inca del Cuzco (doble rostro) y en los
sutiles grabados verticales y horizontales del
Palacio Real de Machu Picchu.
Finalmente, el pueblo cuzqueño de la época
Inca, presumiblemente también veneraba al dios
Wiracocha, además del Sol y las otras deidades, sin
tener conocimiento de la concepción intelectual
que le daba la élite sacerdotal y gobernante,
que consideraba a Wiracocha el «Sol viejo». Esto
presumiblemente trajo confusión con el «mismo
Sol» o el Sol natural, tema que los cronistas no
entendieron o no quisieron entender, ya sea por
la concepción mediterránea que tenían, o por
el interés en imponer su religión en el nuevo
continente. Seguramente era menos complicado
para ellos realizar una campaña de extirpación
de idolatrías, poniendo al Sol como deidad
suprema, enfrentándose a la religión politeísta
y pagana de los andinos, que a Wiracocha y su
doctrina, similar en varios aspectos a la cristiana.
Anello Oliva, al comentar sobre el contenido
de los quipus, señala: «Y de estos quipus reales
no se encuentra semilla, no entendiéndolos, los
Españoles los quemaron; muchos sacerdotes,
dado que en estos se escondían los fundamentos
de una religión no disímil de la nuestra, fingieron
con hipocresía que eran cuerdas idólatras y
también las quemaron, pues de otra forma
hubiera sido vana la obra de evangelización»
(Laurencich 2009: 266, J. Anello Oliva I, c.9vb/)
(figuras 820 y 821).
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Fig. 820
Según Blas Valera, la luz corporal del Sol era parte de la divinidad de Illa Tecce que le había comunicado ¿¿??. Amanecer en la isla Taquile
(lago Titicaca, Puno).
Fig. 821
Cuando nace el sol y el intihuatana en Machu Pichu.
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