teatro infanta isabel

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TEATRO INFANTA ISABEL
El contrabajo
TEATRO INFANTA ISABEL
El contrabajo
Texto Rafael Álvarez
“En lucha consigo mismo..” Este era el título de una de las críticas que me hicieron por
mi trabajo en esta obra de Patrick Süskind que representé en el Teatro Borrás de
Barcelona hace ahora cinco años. El título se refería más a mí mismo, al actor y no tanto
al personaje... Tuve que reconocer que, por alguna razón, en este caso el crítico adivinó
algo del proceso que significó para mí este trabajo (Quizás fue porque antes del estreno
me hizo una entrevista en su periódico y me sinceré con él...) (¡sin ánimo de quitarle
méritos!)
Y es cierto que hubo pelea. Me rompí los ligamentos de la rodilla derecha, me operaron
en Canarias y seguí ensayando. Lloré, me desesperé, me aplaqué y me volví a
desesperar cientos de veces. Estuve tentado de tirar muy lejos el arco del violonchelo y
pisotear el instrumento. Creo que esto era exactamente lo que le pasaba al propio
personaje ¡maravillosa coincidencia! Sentía hacia su instrumento y hacia su propio
destino la misma animadversión (¡y atracción!) que yo sentía hacia él.
Lo representé hace cinco años inmerso en ciertas dudas y contradicciones de mi propia
vida que me vinieron de perlas para comprender intuitivamente lo que le pasaba, pero
que, por otro lado, resultaron de una gran dificultad a la hora de tomar la adecuada
distancia para representarlo.
Ahora hay bastante tiempo de por medio. Debemos volver a vernos porque creo que
hay algo no resuelto entre ambos y siento la necesidad de intentarlo. Él sigue ahí
diciendo que va a gritar en medio del concierto: “¡Saraaaa!” y que va a “dar la nota” el
día del estreno con las personalidades invitadas ahí delante...y demás...
Yo, por mi parte, creo que estoy más feliz y más sereno; pero le necesito como a un
testigo que testifique que realmente esto es así. También a ustedes.
¿Qué pasará cuando nos encontremos en esa burbuja iluminada oyendo a Wagner,
Brahms y a Mozart? Ya veremos...
Por si acaso vengan tosidos, a él le sienta fatal que no haya silencio una vez que
empieza a sonar la orquesta. Y los móviles...¡desconecten los móviles!
Gracias. ¡Arriba el telón!
TEATRO INFANTA ISABEL
El contrabajo
El contrabajo, de Patrick Süskind
Cuadro artístico:
o
Sobre la Traducción: Pilar Giralt Gorina
o
Realización: Escenográfica Pinto
o
Composición Musical y diseño de sonido: José María Silva
o
Colaboración musical: Javier Alejano
o
Diseño de Iluminación: Miguel A. Camacho
o
Escenografía: Producciones El Brujo
o
Realización de Vestuario: Cornejo
o
Fotografía: Chicho
Diseño Gráfico: Vicente A. Serrano, Esperanza Santos
Equipo técnico y producción:
o
Directora de Producción: Herminia Pascual
o
Jefe Técnico: Óskar Adiego
o
Regidor: Julio Reyes
o
Maquinistas y Atrezzo: Equipo Técnico Teatro Infanta Isabel
o
Asesoría Jurídica y Fiscal: Verneuil y Asociados
o
Distribución: Producciones El Brujo, S.L
Dirección: Rafael Álvarez
* Agradecimiento especial a José Pascual y a todo el equipo técnico que participó en el
montaje y estreno de EL CONTRABAJO en el año 1998.
TEATRO INFANTA ISABEL
El contrabajo
EL MONÓLOGO
“El viento sopla donde quiere: oyes su rumor pero no sabes de donde viene ni hacia
donde va” del Evangelio de San Juan
Hace años cuando empecé a trabajar en el teatro no podía imaginar que llegara a
decantarme de una manera tan insistente por esta modalidad. Estar solo en escena
durante todo el tiempo que dura una representación no fue nunca para mí el resultado
de un plan; tampoco podría decir con certeza el porque de esta elección, ni tan siquiera
que fuera al menos por mi parte- una elección. De alguna extraña manera creo que fui
yo mismo el objeto de dicha elección: : instrumento del monólogo, una marca de estilo.
Fue primero un juego, un vértigo inicial por explorar los propios recursos hasta el limite.
La curiosidad natural de conocerlos y expandirlos fue convirtiéndose poco a poco en
una suerte de disciplina que me mostraba, sorprendente y generosa, sus secretos.
Veinte años más tarde. ocho epectaculos, alrededor de cinco mil horas solo en escena,
tres mil representaciones y aproximadamente un millón de espectadores; lo que
implica una magna rico en experiencias, dolorosos fracasos y errores, sustos
escénicos, cortes súbitos de la respiración y también maravillosas sorpresas. Porque
como alguien dijo “brillantemente”: “ El teatro es, por excelencia, el arte de la
imperfección”. También el público se halla implicado en este proceso Si tenemos la
impresión de poder captar un momento de vida sobre el escenario, se debe, al menos
en parte, al concurso de
su presencia. Las gemas siempre esperan como un regalo apacible, a condición de que
uno pueda inmolar la tensión del esfuerzo como el que se trabaja cualquier adicción;
caminando poco a poco sobre el desolado vacío de la abstinencia, o de otra manera,
como dice San Francesco, el juglar de Dios en la obra de Dario Fo: “Con humildad y
alegre paciencia, esperando que Dios alce la mano y nos bendiga”.
Este hermoso regalo se me ha mostrado muchas veces de la mano impredecible del
público ignorante o sabio, bueno o malo- a veces sin pensarlo y casi siempre a mi pesar,
como un camino ético, estético y personal. Una liturgia: ¡Dios, la imperfección y el
público!
Rafael Álvarez
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