Educación para el Desarrollo Humano

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EDUCACION Y DESARROLLO HUMANO
Augusto Pérez Lindo, Director de la Maestría en Gestión y Políticas Universitarias del MERCOSUR,
Universidad Nacional de Lomas de Zamora
Publicado en: TEALDI, Juan Carlos (2008) Diccionario Latinoamericano de Bioética, UNESCO
– Universidad Nacional de Colombia, Bogotá
En diciembre de 1986 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la “Declaración
sobre el derecho al desarrollo” considerándolo como parte de los derechos humanos. En el
Artículo 2 se establecen estas definiciones:
1.
2.
“La persona humana es el sujeto centro del desarrollo y debe ser participante
activo y el beneficiario del derecho al desarrollo …”
“Todos los seres humanos tienen individual y colectivamente, la responsabilidad
del desarrollo teniendo en cuenta la necesidad del pleno respeto de sus derechos
humanos y libertades fundamentales así como sus deberes para con la
comunidad …”
Definir la “educación para el desarrollo humano” implica en primer lugar situarse en el marco
de las convenciones de las Naciones Unidas que forman el código internacional de los derechos
humanos. Por otro lado, implica concebir a la educación como un fenómeno multidimensional
donde intervienen factores psicológicos, sociales, económicos, políticos y culturales.
Los sistemas educativos cumplen variadas funciones: adaptar los individuos a un sistema
social determinado, preparar recursos humanos para el mercado del trabajo, formar a los
dirigentes, transmitir valores sociales y personales, socializar a los jóvenes, producir y transmitir
conocimientos. En la década de los 90 las políticas neo-liberales impulsaron reformas de la
educación para adaptarla a las demandas del mercado. Quienes se oponían a esta tendencia en
América de Latina pusieron el énfasis en la función integradora de los procesos educativos. Otras
políticas apuntaron a mejorar la calidad de la enseñanza y la capacidad para adquirir
conocimientos significativos.
En los informes anuales del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se
destacan tres tipos de indicadores básicos: longevidad, educación y vida digna, los cuales se
compulsan a su vez con los índices de crecimiento económico (PNB) de cada país. La esperanza
de vida (longevidad) se mide a través de 15 indicadores, la educación a través de 18 y la vida digna
(ligada a los ingresos) con 28. En América Latina todos los países crearon programas para ejecutar
las acciones congruentes con el desarrollo humano. Se pueden consultar sus informes por Internet.
Una política educativa que pretenda favorecer el desarrollo humano debería tomar en
cuenta por lo menos estos aspectos:
1º) el acceso universal a la satisfacción de necesidades básicas;
2º) la vigencia de un contexto que asegure el respeto de los derechos humanos;
3º) la adquisición de conocimientos significativos para desempeñar una función social y para
realizar las vocaciones diferenciadas de los individuos;
4º) la transmisión de los valores culturales de la humanidad y de aquellos relacionados con
las identidades de los individuos, naciones, comunidades y pueblos;
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5º) la adquisición de competencias y de actitudes para trabajar solidariamente en la
construcción de proyectos asociativos destinados a mejorar las posibilidades de desarrollo
económico, social o cultural.
En América Latina millones de niños viven excluídos a causa de la pobreza o de la
violencia. Resulta problemático plantearse políticas de desarrollo humano a través de la enseñanza
en esos contextos. El conflicto entre los fines de la educación y los entornos sociales es muy
frecuente. Muchos educadores motivados para brindar una educación liberadora se encuentran en
esos casos asumiendo funciones que tienden o bien a paliar las necesidades de los alumnos o bien
a ofrecer contención. Integrar a través de la educación es una de las prioridades actuales.
Casi todos los sistemas se proponen educar para el trabajo, para el desempeño
profesional y para la actividad intelectual. El problema es que los cambios económicos y las
innovaciones tecnológicas crean brechas entre los grupos sociales. La educación permanente
se ha vuelto un requisito para preservar la empleabilidad y la integración social. Los individuos se
obligados a revisar periódicamente sus conocimientos. Las estrategias educativas tienen que
contar con políticas del conocimiento. El acceso a las nuevas tecnologías de información y
comunicación (TICs) se ha vuelto un requisito para tener una inserción social adecuada.
La educación transmite valores, en esto hay un consenso universal. Pero las instituciones
educativas vienen siendo desplazadas en esta función por los medios de comunicación social. Por
lo tanto, resulta decisivo conseguir que esos medios contribuyan a difundir valores favorables para
el desarrollo humano. En actualidad predominan los mensajes consumistas, agresivos, egoístas.
Por otro lado, tanto en las escuelas como en la televisión se reproducen estereotipos
discriminatorios desde el punto de vista cultural, racial, religioso o sexual.
Pese a los avances de los principios de los derechos humanos las discriminaciones
permanecen de manera implícita o explícita en muchos países. No resulta pues obvio que hay que
difundir los valores universales de la humanidad contenidos en las convenciones de las Naciones
Unidas. Sería recomendable que en las experiencias educativas se explicitaran los mecanismos
por los cuales se reproducen las negaciones de la dignidad humana en cada contexto. La
“negación del otro” tiene raíces culturales, religiosas, ideológicas y económicas muy profundas. La
educación para el desarrollo humano debe ser reflexiva y crítica.
El respeto por los valores personales o colectivos interesa al desarrollo humano en la
medida en que la diversidad cultural forma parte de la identidad humana. Contra las visiones
etnocéntricas, colonialistas y homogeneizadoras del pasado se alzaron en las últimas décadas
distintos movimientos que defendieron las identidades de los pueblos sometidos, de las minorías,
de los individuos en general.
El Informe sobre desarrollo humano 2004 de Naciones Unidas estuvo consagrado a “La
libertad cultural en el mundo diverso de hoy”. Los conflictos y convergencias entre las culturas
constituyen un tema de actualidad. Sintetizar en la enseñanza los valores comunes de la
humanidad con los valores personales, nacionales o comunitarios resulta hoy una tarea difícil pero
insoslayable. La mundialización brinda a los individuos la posibilidad de compartir múltiples culturas
y valores, pero también puede resultar una amenaza para las identidades personales o colectivas.
La “aldea global” ha suprimido las distancias pero nó los antagonismos.
Destacamos como importante el aprendizaje de competencias para trabajar
cooperativamente a fin de concretar emprendimientos o proyectos destinados al desarrollo
humano. La solidaridad se aprende y la capacidad emprendedora también. Muchos proyectos
animados por ideologías solidarias fracasaron en América Latina porque no fueron capaces de
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crear las capacidades individuales y colectivas para gestionar organizaciones o para crear
emprendimientos destinados al desarrollo económico-social. Inversamente, muchos
emprendimientos con inversiones en distinta escala fracasaron porque no tuvieron en cuenta la
dimensión humana del desarrollo.
Al proponer la creación del primer sistema de Instrucción Pública, en plena Revolución
Francesa, Condorcet había advertido en 1789 que la democracia y la calidad de los ciudadanos
dependían fuertemente de la educación. Hoy podemos evaluar las distintas experiencias
educativas a lo largo de los últimos 200 años en Europa, Asia, Africa y América. Necesitamos
aprender de nuestros éxitos y fracasos. Todas las experiencias muestran que existe un nexo entre
educación, desarrollo, calidad de vida y ciudadanía. Pero a condición de que las estrategias
nacionales tengan en cuenta la congruencia de todos los factores del proceso educativo.
La articulación de los factores del desarrollo humano produce resultados favorables. La
educación en este sentido es uno de los aspectos decisivos. Las políticas económicas y sociales
tienen que ser congruentes con los fines de la educación. A su vez, los contenidos y prácticas de la
enseñanza tienen que asegurar la formación de individuos libres, responsables, capaces de
cooperar con los otros para alcanzar metas comunes. En este proceso el rol del Estado sigue
siendo determinante. Sin políticas públicas de educación las instituciones tienden a disgregarse.
En su nivel más profundo los mecanismos educativos fueron creados hace miles de años
para aprender a vivir y a sobrevivir. En un contexto muy diferente hoy la educación debe retomar
este mandato original: el de crear las condiciones subjetivas y objetivas para vivir con dignidad. En
este sentido la educación converge con la bioética.
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