Cerámica ática documentada en el yacimiento de El Cerro de Alvar

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Cerámica ática documentada en el yacimiento de El Cerro de
Alvar-Fañez (Huete, Cuenca): Cílica de figuras rojas. Grupo de
Viena 116
Raquel Castelo Ruano
Universidad Autónoma de Madrid.
Resumen
En este artículo presentamos el estudio de un fragmento de cerámica de figuras rojas documentada en el yacimiento de El Cerro de Alvar Fañez (Huete, Cuenca), yacimiento que fue excavado entre 1985 y 1987 bajo la dirección del
Profesor M. Bendala Galán. El fragmento ha sido identificado como parte de una cilica del grupo de Viena 116 y su
hallazgo contribuye a ampliar el conocimiento de importaciones griegas durante el siglo IV a.C, en el interior de la
península.
Palabras clave: Vaso figuras rojas. Cilica. Oppidum Olcade
Riassunto
In questo articolo presentiamo lo studio di un fragmento di cerámica a figure rosse documentato nel giacimento de El
Cerro de Alvar-Fañez (Huete, Cuenca), giacimento che fu scavato, fra il 1985 e il 1987 sotto la direzione del profesor
M. Bendala Galán. Il fragmento è stato identificato come parte di una “cilica” del Grupo di Viena 116 e il suo ritrovamento contribuisce ad ampliare il conoscimento sulle importazioni greche durante il IV secolo a.C. nell’interno della
penisola.
Parole chiave: Vaso, Figure rosse, Cilica. Oppidum Olcade.
EL CERRO
UBICACIÓN.
DE
ALVAR-FAÑEZ.
El yacimiento del Cerro de Alvar-Fañez se
encuentra situado en una pequeña elevación de
unos 960 m. de altura configurada como un espolón amesetado, de mayor altura en su parte oeste
y con laderas muy rápidas y escarpadas en sus
vertientes norte, oeste y sur, lo que le confiere una
posición estratégica sobre el valle situado entre el
río Mayor y el río de La Aldehuela, pues lo domina visualmente. Este fuerte desnivel hace fácilmente defendible el lugar. El yacimiento se
extiende entre las coordenadas 40 º 08´ 00´´ Norte
y 1º 01´00´´ según el Meridiano de Madrid. Se
incluye en la Hoja 608 del mapa 1: 50.000 del
Instituto Geográfico y Catastral. El paisaje circundante es de fértiles vegas, amesetado, con altitudes entre los 800 y los 1000 metros, del que
sobresalen cerros originados por la profunda erosión y por los cauces fluviales. Por su alto contenido en yesos, éstos cerros son casi estériles. A su
importancia visual hay que sumar la importancia
histórica de la explotación de las minas de lapis
specularis.
Se localiza a 1´5 km. al sudeste del actual
municipio de Huete que pertenece a la Comarca
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de La Alcarria Conquense. Esta comarca se conforma como una submeseta surcada por diferentes
sierras alineadas de norte a sur. La orientación de
estas sierras y valles, así como el carácter abrupto y cambiante de su relieve han marcado profundamente el desarrollo de las comunicaciones y,
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por tanto, de los contactos de la zona, siendo casi
nulos en sentido este-oeste, pero relativamente
fáciles en sentido norte-sur. En consecuencia, la
red viaria y el poblamiento humano de época antigua se asentaron a lo largo de estos valles
(Figuras nº 1, 2, 3, 4 y 5).
Figura nº 1.- Mapa de España con localización de Huete (Cuenca). Copyright Google Earth.
Figura nº 2.- Detalle del Mapa de España con localización de Huete (Cuenca). Copyright Google Earth.
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Figura nº 3.- Fotografía satélite. Se observa la orografía y la ubicación de Huete (Cuenca).
Copyright Google Earth.
Figura nº 4.- Fotografía área con ubicación del Cerro de Alvar-Fañez (Huete, Cuenca).
Copyright Google Earth.
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Figura nº 5.- Fotografía área con ubicación del Cerro de Alvar-Fañez (Huete, Cuenca).
Copyright Google Earth
A través de la lectura de los expedientes conservados en el Gabinete de Antigüedades de la
Real Academia de la Historia, podemos saber que
los primeros hallazgos arqueológicos realizados
en el Cerro de Alvar-Fañez se produjeron en
1856, cuando José de Corpa (vecino de Huete)
labrando la tierra, enganchó el arado y arrancó un
objeto (el asa de bronce de un pondus realizado en
serpentina).
LAS
INTERVENCIONES ARQUEOLÓGICAS.-
No se volverá a excavar en el yacimiento hasta
1879. En esa ocasión dirigieron los trabajos los
señores José Caamaño y Paul Laporte, trabajos
que fueron financiados por algunos vecinos de la
ciudad de Huete.
Tendrán que pasar bastantes años para que se
vuelva a prospectar y excavar el cerro. En esa
ocasión los trabajos fueron dirigidos en los años
70 por Doña Aurora de Miguel quien contó con la
colaboración de D. Ángel Fuentes Domínguez y
D. Santiago Palomero.
En 1985 se hace cargo del yacimiento un equipo formado por miembros de la Universidad
Autónoma de Madrid y la Universidad de
Alicante. La excavación fue dirigida por D.
Manuel Bendala Galán. Se abrieron, entonces los
cortes A, B, C, D y F. Tras esta primera campaña
se pudieron obtener una serie de resultados que
fueron en un principio esperanzadores y del
mayor interés. Se estableció, siempre con las cautelas propias de un enunciado muy provisional, lo
siguiente: 1.- Entre las fases más recientes de la
historia del yacimiento habían sido detectadas con
nitidez las exploraciones arqueológicas del s.
XIX. Se trataba de zanjas irregulares que buscaron los muros para examinar los edificios allí
levantados, de todo lo cual se tiene noticia en
informes de la época remitidos a la Comisión
Provincial de Monumentos de Cuenca y en publi-
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caciones inéditas que no hemos podido encontrar
y por lo tanto consultar. 2.- La superficie posee
testimonios muy escasos de una presencia medieval. 3.- A través de las cerámicas recuperadas se
advirtió una fase de cierta vitalidad en el Bajo
Imperio, fenómeno registrado en Valeria y otros
yacimientos conquenses, hecho que parece ser
confirmado por algunas monedas recogidas por
D. Inocente González. A esta fase deben corresponder los muros de mala factura apoyados, algunos de ellos, en la obra romana más antigua. 4.La fase romana más importante corresponde a
fines de la República y, sobre todo, a comienzos
del Imperio. Entonces se debieron construir los
grandes edificios que empezó a descubrir Aurora
de Miguel, aunque ésta fase de gran actividad edilicia no parece durar mucho tiempo. 5.- Por último, destacaríamos la existencia de un importante
nivel de ocupación celtibérica, un oppidum olcade (Figura nº 6) que constituye uno de los aspectos más interesantes del yacimiento. Aunque poco
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analizado debido a la profundidad en que se
encuentra y su cubrimiento por las importantes
construcciones posteriores, se presenta como una
fase de gran interés y riqueza, al menos en su contenido cerámico de tradición ibérica. Gracias a
esta última circunstancia el yacimiento proporciona la posibilidad de estudiar en un mismo lugar
los fenómenos de evolución, cambio y continuidad, que registran las sociedades protohistóricas
en el periodo de romanización.
La segunda campaña de excavación se realizó
en 1986. Se continuaron los trabajos en los cortes
B, C y D, abiertos en la denominada zona A y se
abrieron otros en la zona B (cortes BA, BB, BC y
B) y en la zona C (corte CA).
La tercera campaña se realizó en septiembre
de 1987 y durante ésta se continuó trabajando en
la zona B (cortes BA, BB, BC y BD).
Figura nº 6.- Mapa de España con los pueblos prerromanos. Se indica la ubicación del pueblo olcade.
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LA CILICA DE FIGURAS
VIENA 116
ROJAS.
G RUPO
En el yacimiento romano de Alvar Fáñez, tan
sólo se ha documentado un pequeño fragmento de
cerámica ática de figuras rojas procedente del
Corte BA, nivel 3, sector x, abierto en la campaña
de 1986.
La presencia de cerámica griega en los
yacimientos ibéricos peninsulares constituye uno
de los mejores y más seguros fósiles directores a
la hora de establecer puntualizaciones cronológicas en torno a ellos y al mismo tiempo permiten
trazar las vías de comunicación utilizadas para el
comercio y el papel desempeñado por las diferentes áreas en este tránsito (García Huerta y
Morales Hervás, 1999: 335).
Como bien señalan R. García Huerta y F. J.
Morales Hervás, hasta fechas recientes la investigación sobre la incidencia del impacto mediterráneo, y más concretamente griego, sobre los pueblos prerromanos de la península ibérica se refería,
fundamentalmente, a las zonas costeras con prolongaciones hacia el interior como en el caso de
Albacete y Alta Andalucía. Sin embargo en los
últimos años, las investigaciones arqueológicas
han registrado la presencia de un gran número de
elementos griegos en áreas del interior peninsular
que ponen de manifiesto la existencia de importantes contactos de los pueblos colonizadores con
éstas áreas que en muchos casos debieron de
provocar una serie de cambios y transformaciones
socioeconómicas (García Huerta y Morales
Hervás, 1998, 335).
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La pieza fue examinada por el Dr. J. M. García
Cano e identificada como el fragmento de una cilica de figuras rojas, perteneciente al Grupo de
Viena 116, fechado en el segundo cuarto del siglo
IV a.C. (Figura nº 7)
I DENTIFICACIÓN
Y DESCRIPCIÓN.
Figura nº 7.- Fragmento cilica figuras rojas Grupo
de Viena 116 documentado en el Cerro de Alvar
Fañez (Huete, Cuenca), dibujo Castelo
La pieza corresponde a la parte exterior de un
fragmento de pared, de pasta anaranjada. El interior está barnizado en negro brillante y en el exterior, la decoración conservada consiste en los
pliegues de un himatión y parte del cabello de un
joven que debió estar afrontado a otro personaje
con la misma vestimenta y disposición. Piezas
muy semejantes a la exhumada en el yacimiento
de Alvar Fáñez son abundantes entre las importaciones áticas documentadas en los yacimientos
ibéricos del sureste y Andalucía (García Cano,
1995: 127-131) (Figura nº 8 y 9).
Figura nº 8.- Dibujo de una copa de pie bajo producida en un taller del Ática
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Figura nº 9.- Copa de pie bajo. Cilica documentada en el Pecio del Sec (Mallorca), se ha insertado el fragmento
documentado en el Cerro de Alvar-Fañez, dibujo Castelo.
El fragmento cerámico aquí estudiado fue documentado en la fase celtibérica del yacimiento
excavado en el Cerro de Alvar-Fañez. Nos inclinamos a pensar que pudo tratarse de la Istonium
citada por las fuentes literarias, concretamente
por Tolomeo en sus Graduaciones o Tablas
Geográficas. Esta identificación fue realizada ya
en 1836 por Miguel Cortés y López en su
Diccionario Geográfico de la España Antigua
Tarraconense, Betica, donde se dice que Istonium
significa hito, arrojamiento o señal divisoria,
Alvar-Fañez, una división natural entre las vegas
del Río Mayor y Aldehuela. En relación a
Istonium, Miguel Cortés recoge lo siguiente:
“sabemos de positivo acerca de esta ciudad que
estaba en la celtiberia rigurosa, y que era de las
más occidentales de esta región, tocando ya con
la Carpetania. Comparada su latitud con la de
Valeria, estaba Istonium 25 minutos más alta de
poco que aquella, y un grado de 15 leguas de
Tolomeo al occidente de esta ciudad. Esto es lo
único que geograficamente podemos decir de esta
ciudad no mencionada por otro..” “… El fabuloso P. Higuera soñó que había estado en
Villavieja, despoblado cercano a Hito..””…
Según Córnide en su memoria, tom.3 de las de la
Academia, mudó de pensar Higuera, y creyó hallar Istonium enterrada en La Redonda, o en Los
Fosos de Bayona. Antes u otra vez la redujo a
Cañavate, y esto le pareció mejor al citado
Cornide. Jacome Capistrano de Moya opinó
CONTEXTO
DEL
HALLAZGO.
primero que Istonium había estado en Villavieja,
despoblado junto al río Xiguela. Más pasados
algunos años, cuando el P. Risco dijo que era evidente el sitio de Certima en Alconchel, y que
Munda estaba distante de Certoma XX millas,
fundando su demostración en dos inscripciones,
calificadas ya mucho antes de apócrifas por D.
Gregorio Mayans, Capistrano arrancó de
Villasviejas a su Istonium y colocó allí Munda. Si
se hubiera de juzgar solamente por alguna,
aunque remota, analogía, parecía verosimil que
Istonium hubiera estado en Hito, y así han opinado algunos; pero Hito ni está a la latitud que
Tolomeo dio a Istonium, estando en el mismo
paralelo que Valeria, y no 25 minutos o 6 leguas,
como lo estaba Istonium; ni hay necesidad de
buscar la remota semejanza de Hito, teniendole
idéntica, evidente y elevada en la ciudad de
Huete. Esta es sin disputa la antigua Istonium;
todos la tenían delante de los ojos y nadie hacia
alto de ellas, de su antigüedad, de su latitud al
norte de Valeria, de su longitud arrimada ya a la
Carpetania, y sobre todo de su nombre. La falta
de observación sobre las alteraciones que causan
con los nombres las pronunciaciones o dialectos,
ha sido la causa de que ningún escritor haya fijado a Istonium en Huete. Pronunciado Istonium a
lo eólico, muy usado modo de pronunciar en los
latinos se convirtió en Vistonium o Histonium;
luego en Vette y Huedde o Vedde, así era llamada
en tiempo de los árabes; y ultimamente en
Huete…””… Ruy Vamba opinó que Istonium
estuvo en Cabeza de Griego, sin que este escritor,
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ni a Risco, ni a Masden hayan hecho fuerza los
argumentos con que se ha querido probar haber
estado allí la antigua Segobriga”.
El yacimiento de Istonium no solo presenta
una posición estratégica sobre el valle conformado entre el río Mayor y el río Aldehuela, sino que
tuvo una excelente visibilidad sobre los terrenos
adyacentes, circunstancia que explica, en gran
medida, el hecho de que se trate de un enclave con
continuidad poblacional desde el Hierro II a
época romana. Sigue el mismo patrón de asentamiento que el resto de oppida olcades fechados
en el siglo IV a.C. (Althea, Cartala, Segobriga,
Caesada, Valeria o Ercávica) situados en las altiplanices del occidente de Cuenca, con preferencia
por cerros destacados en las amplias llanadas
aptas para la agricultura de secano (Jimeno et alii
2005, 36).
De esta primera fase de ocupación celtibérica
no hemos constatado estructuras arquitectónicas,
aunque si contamos con abundantes elementos de
cultura material. En este sentido, debemos incluir
en este contexto, el fragmento de figuras rojas
aquí estudiado, cerámicas de barniz negro (IV
d.C.), cerámica pintada ibérica, monedas
acuñadas en las cecas ibéricas de Arse (Sagunto);
Bilbilis (Calatayud), Titiakos (Tricio) y Sekaisa
(Belmonte de Gracián), con cronologías que no
van más allá de 133 a.C., así como fíbulas anulares hispánicas. Todo ello evidencia la ocupación
del espacio del yacimiento por parte de una
comunidad que establecía contactos comerciales
y relaciones culturales con diferentes ámbitos
(Atlántico y Mediterráneo) en los momentos previos y durante la fase de la conquista romana.
Las siguientes fases de ocupación corresponden a época republicana y comienzos del imperio,
momento en que el yacimiento alcanza su mayor
importancia, importancia que pudo venir determinada por la explotación de las minas de lapis
specularis, actividad que se gestionó como una
minería de interior. Su explotación modeló el
paisaje y dinamizó la región. Las elites locales y
las ciudades cercanas, entre ellas Istonium u Opta,
fueron las más beneficiadas (Bernardez Gómez y
Guisado di Monti, 2004, 253). La ciudad de
Istonium primero y Opta después pudo haber funcionado como un centro gestor de la explotación
del lapis, explotación que estaría bajo el control
de Segobriga. Esta ciudad fue el epicentro
geográfico del conjunto minero extendido por las
zonas de Sierra, Alcarria y Mancha de la provin-
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cia de Cuenca (Guisado di Monti y Bernández
Gómez, 2002, 277-278). La última fase de cierta
vitalidad en el yacimiento corresponde con el
Bajo Imperio. El declive constatado a partir de
esta época podría explicarse por el uso del vidrio
soplado que se impuso finalmente sobre el
empleo del lapis specularis para la construcción
de ventanales. Esta nueva moda trajo consigo el
abandono de las minas de yeso ubicadas en su
entorno y esta circunstancia acabó con la razón de
existir de la Opta romana (Castelo et alii,
2004,118).
La secuencia del poblamiento constatada en
Alvar- Fañez reviste un gran interés, ya que a
través de ella es posible estudiar los fenómenos de
evolución, cambio y continuidad que registran las
sociedades protohistóricas en el proceso de
romanización. En definitiva, la ciudad primero
celtibérica y después romana de Istonium u Opta
se presenta, a tenor de los estudios arqueológicos,
como uno de los yacimientos más especialmente
significativos, en relación con las grandes ciudades romanas de Segobriga, Ercavica y Valeria,
jugando un papel de centro económico relevante
en las fases republicana y altoimperial. En segundo lugar porque se muestra como un espacio de
evolución cultural en el que queda de manifiesto
los importantes procesos de aculturación a que se
vieron sometidos los habitantes de la meseta con
la llegada de los conquistadores romanos.
LA CERÁMICA
CUENCA.
GRIEGA EN LA PROVINCIA DE
La cerámica griega documentada en la provincia de Cuenca es conocida a través de un estudio
de síntesis realizado por M. J. Patiño, estudio que
fue presentado en el Primer Congreso de Historia
de Castilla-La Mancha. En él se recogen los
yacimientos de la actual provincia de Cuenca que
presentan hallazgos de cerámica griega, ya sea de
figuras rojas o de barniz negro.
Los yacimientos que cita son los siguientes:
Segóbriga (Saelices): fragmentos de vasos, cilicas, ánforas, etc., de figuras rojas, fechadas entre
los ss. V y IV a.C.; así como cerámica de barniz
negro del siglo IV a.C.; Necrópolis de Las
Madrigueras (Carrascosa del Campo): en este
yacimiento apareció una sola pieza ática, una cilica de pie bajo que se recortó para ser reutilizada;
la pieza se fecha a fines del siglo V-comienzos del
siglo IV a.C.; Reillo: cuenta con cerámica griega
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de barniz negro con decoración de palmetas en el
interior, encontrada en superficie y fechada en el
siglo V a.C.; Cerro de la Muela (Valera de
Abajo): yacimiento que presenta una escasa proporción de cerámica griega; Necrópolis de El
Navazo (La Hinojosa): se documentó una
tapadera de lecane de figuras rojas con la escena
del rapto nupcial y ovas completando la decoración, el pie y fondo de un vaso de barniz negro,
fragmento de cratera de figuras rojas con decoración de hojas de laurel, piezas fechadas entre
fines del siglo V principios del siglo IV a.C.;
Buenache de Alarcón: donde se ha documentado
un solo fragmento y Olmilla de Alarcón: con la
presencia de asa de cratera de campana de figuras
rojas y el fondo de una pátera con palmetas, fragmentos fechados en el siglo IV a.C.
Como conclusiones estableció los siguientes
puntos: 1.- El mayor porcentaje de cerámica griega aparecida en la provincia de Cuenca corresponde a finales del siglo V-comienzos del siglo
IV, época de apogeo del mundo ibérico. 2.- Los
yacimientos en los que se constatan están situados
en zonas de fácil acceso y buena comunicación en
cerros y promontorios desde donde se dominan
amplios valles y en su mayoría forman parte de
los ajuares de las tumbas. 3.- Muchos de estos
yacimientos perviven en el tiempo y permiten
apreciar que la cerámica griega ha sido objeto de
frecuentes reutilizaciones. 4.- Llegan a esta zona
a través del sur y sureste peninsular.
Para explicar la presencia de la cerámica griega en la actual provincia de Cuenca, podemos
emplear las reflexiones realizadas por García
Huerta y Morales Hervás para la presencia de
importaciones áticas en la Meseta Suroocidental.
Para éstos investigadores, hay que hacer una distinción entre el origen primario y el secundario de
las piezas. El origen primario se encontraría en el
Ática, desde donde serían transportadas hacia el
Mediterráneo occidental, bien por comerciantes
foceos o por intermediarios púnicos. El origen
secundario corresponde a los enclaves de la costa
peninsular desde los cuales las importaciones se
llevaron hacia el interior. Para referirse a estos
enclaves comeciales se viene acuñando el término
de puerto de comercio, situados a orillas del mar
o de un río. Los navegantes mediterráneos contarían en éstos lugares con agentes que organizarían previamente los contactos y el tráfico mercantil entre sus clientes y los receptores indígenas. Ampurias, Cádiz y Huelva debieron de repre-
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sentar este papel pero no serían los únicos puntos
de contacto, habría, pues, otros puertos de comercio: desembocadura del Vinalopó o Cástulo tal y
como sugiere Domínguez Monedero.
Desde los distintos puertos de comercio serían
los núcleos indígenas los encargados de introducir
los productos e influencias mediterráneas hacia el
interior a través de sus propias redes comerciales.
Por último, al igual que ocurre en otras regiones del
interior de la península, “la presencia de cerámica
griega en la provincia de Cuenca es un claro exponente del alcance que, a partir de éstos impulsos
comerciales, llegaron a modificar sus estructuras
económicas, sociales y demográficas” (García
Huerta y Morales Hervás, 1999: 340-343).
LA CERÁMICA ÁTICA DE FIGURAS ROJAS DEL
SIGLO IV Y LAS CILICAS DEL GRUPO DEL
PINTOR DE VIENA 116
La producción de vasos de figuras rojas ocupó
un lugar destacado en la historia económica, comercial, artística e ideológica de la Atenas del
siglo V a.C. Esta producción tras la derrota de la
ciudad en las Guerras del Peloponeso sufrió una
transformación importante y decisiva. Los
autores, encargados de su análisis, como P.
Cabrera o P. Rouillard han llegado a la conclusión
de la existencia de un declive gradual, lento e
imparable, no solo del nivel de fabricación sino
también de la calidad de los pintores que decoran
los vasos del siglo IV, reducción del repertorio de
formas decoradas; una menor presencia de personalidades artísticas; sus estilos son difíciles de
definir y de distinguir y las producciones reciben
los adjetivos de “confusos, poco innovadores,
mediocres o descuidados” (Cabrera y Rouillard,
2004: 91).
El máximo desarrollo del comercio griego en
Iberia coincide con la consolidación de la cultura
ibérica. En el siglo V a.C. el mundo ibérico, especialmente en la zona oriental de la Península, se
convierte en un nuevo y floreciente mercado que
atrae a los comerciantes mediterráneos (púnicos y
griegos). Es el momento en el que llegan masivamente a la península importaciones de vasos áticos, bronces, vino y aceites griegos. Las
sociedades ibéricas, con estructuras sociales cada
vez más complejas, participan de éstas actividades de intercambio que les permitían dar salida
a sus excedentes productivos y les proporcionaban objetos de lujo.
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Las poblaciones ibéricas no quedaron al márgen de la comercialización y éxito de las producciones áticas; se convirtieron en grandes consumidoras de estas vajillas, por lo general barnizadas
de negro aunque también de figuras rojas sobre
todo entre los años 425 y 350/325 a.C. Durante
esta centuria, hasta el poblado más pequeño de la
geografía ibérica recibe importaciones de cerámicas atenienses (30 Años de investigaciones en
Coimbra del Barranco Ancho, Jumilla).
La existencia de este mercado mediterráneo
supuso, para el mundo ibérico, la consolidación
de las aristocracias locales cuyo poder y prestigio
estaban basados también en su habilidad para
controlar el aprovisionamiento y redistribución
interna de los productos de lujo mediterráneos.
Con frecuencia, la cerámica ática en general, fue
un producto destinado a su amortización suntuaria en la tumba como elemento de prestigio necesario para la reproducción de un sistema social
jerarquizado y ligado al consumo ostentoso de las
élites aristocráticas y sus clientes (Cabrera, 1994:
89-101).
En Andalucía, las importaciones griegas para
el primer cuarto del siglo IV a.C. son escasas y las
que se han documentado pertenecen al área de la
Alta Andalucía; sin embargo a partir del 380 a.C.
se produce un salto espectacular, tanto en el repertorio tipológico como en el número de vasos que
llegan a Andalucía. Será entre el 380 y el 350
cuando se registre el máximo volumen de
importaciones, al igual que en otras zonas de la
península. Los pintores más representados son el
del Tirso Negro, el Pintor de Toya y el denominado como Retorted Painter. En cuanto a las formas, se constatan cráteras, copas del círculo de
Viena 116 asociadas a escifos del grupo Fat Boy
– considerados por diversos autores como productos de un mismo taller, tal y como se puede
deducir del Pecio del Sec (Calviá, Mallorca). A
partir del 350 a.C. las importaciones griegas se
reducen pero no desaparecen como se había propuesto anteriormente. A partir del 340 desaparecen las importaciones de figuras rojas y se documentan piezas de barniz negro con un repertorio
tipológico muy reducido y será a partir de los
últimos años del siglo IV cuando éstas se interrumpan totalmente. Cabrera Bonet propone que
la ciudad de Ampurias (Gerona) canalizó el intercambio de productos griegos con la región
andaluza, a través de Villaricos y Cádiz. La ciudad ampuritana, sería, por tanto, un centro agluti-
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nador de productos áticos y desde allí serían
difundidos por comerciantes de diversos enclaves
indígenas o púnicos, sin olvidar la Isla de Ibiza
(Cabrera, 1997: 369-390). La investigadora C.
Sánchez estudió las importaciones griegas en
Andalucía oriental, llegando a la conclusión de
que los productos áticos que llegaban a esta
región, y en general a Andalucía lo hacían en lotes
y eran producidos en un gran taller que trabajó
alrededor del segundo cuarto del s. IV a.C. y que
dedicó gran parte de su producción a la
exportación. En él trabajaron los pintores del
grupo de Telos, de los que el más prolífico y el
que más veces se ha constatado en la Península
Ibérica es el Pintor del Tirso Negro que adapta su
producción – seleccionando imágenes y tamañosa la demanda de los iberos del sur y del sureste
peninsular. En el citado taller ateniense llegaron a
producirse cráteras de campana, copas del grupo
de Viena 116 e incluso vasos de barniz negro,
páteras y pequeños cuencos o saleros (Sánchez,
1994: 210).
En la región del sureste peninsular, el
impacto del comercio griego se manifiesta de una
manera más bien tardía. Tan sólo se cuenta con un
fragmento de copa perteneciente al siglo VI a.C.
procedente de Cabezo de Tío Pío (Archena) y
unos cuantos fragmentos de cerámica procedentes
de yacimientos alicantinos (Tossal de Manises,
Cabezo Lucero y Sierra del Molar). A este
momento cronológico pertenecen también dos
piezas de bronce: el centauro de Rollos y el sátiro
itifálico del Llano de la Consolación, piezas,
todas ellas, que corresponden a la primera etapa
de los contactos comerciales entre las poblaciones
indígenas del sureste y los pueblos colonizadores.
Estos escasos contactos comerciales continuarán
hasta el final del siglo VI a.C. tal y como se aprecia en determinados puntos: Los Nietos, Llano de
la Consolación y Bastida de les Alcuses y el
Molar. Será en las últimas décadas del siglo V
a.C. y sobre todo durante la segunda mitad del
siglo IV a.C. cuando se desarrolla el apogeo del
comercio griego con el sureste, es el momento en
que prácticamente todos los poblados ibéricos
reciben vajilla ática, desde los más ricos hasta los
más inhóspitos. En éste periodo, los vasos se
pueden adquirir con mayor facilidad en relación a
periodos anteriores, aunque seguían siendo considerados como vajilla de lujo. Entre fines del
siglo V a.C. y principios del siglo IV a.C. (430390/385) predominan los cantaros de la clase
Saint Valentin, las cilicas de pie bajo de barniz
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negro y los escifos; en la primera mitad del siglo
IV (380-350 a.C.) se documentan cráteras de
campana, la mayoría del pintor del Tirso Negro y
cilicas de pie bajo, el tipo más abundante en el
sureste, al igual que en otros puntos de la península, tal y como hemos visto (García Cano, 1987,
59, 60 y ss.). García Cano y Page del Pozo
señalan, que la uniformidad de los tipos se debe a
una selección temática que se realizaría en
Atenas, eligiéndose los temas según los gustos
que imperaran en cada momento. Para explicar su
presencia en el sureste, se ha sugerido - al igual
que en Andalucía- que las cerámicas áticas llegan
a través de Ampurias y su esfera de influencia,
desde aquí el material se redistribuía por los
poblados indígenas del levante y sureste, a través
de la desembocadura del Segura, llegando también a las zonas mineras de la Alta Andalucía. No
se descarta que las Baleares distribuyeran también
éstas cerámicas, tal y como se deduce de los hallazgos realizados en el pecio del Sec, donde hay
cerámicas prácticamente idénticas a las documentadas en el yacimiento de El Cigarralejo (Mula,
Murcia) (García Cano y Page del Pozo, 1987: 68
y ss.).
En resúmen, en el siglo IV a.C. llega a los
yacimientos ibéricos gran cantidad de cerámica
importada, decenas, centenares de vasos o fragmentos se han encontrado en cada necrópolis y
poblados ibéricos de este momento cronológico.
En el poblado de Ullastret (Gerona), en todas las
casas hay un ajuar de cerámica ática en ésta
época. Una gran parte de estas importaciones
cerámicas que llegan a la franja mediterránea,
desde Andalucía hasta Ampurias, son vasos relacionados con el consumo del vino y la bebida:
cráteras de forma acampanada y copas con decoraciones figuras, profundos escifos de asas horizontales, en barniz negro o decoraciones figuradas, copas-escifo, bolsales, etc. Vasos todos
ellos fabricados en talleres del Barrio ateniense
del Cerámico y realizados a partir del siglo IV
a.C. para su exportación, para su venta en lejanas
regiones periféricas, decorados con temas y figuras que pudieran agradar, como ya hemos
señalado, a sus remotos compradores. Los talleres
áticos del siglo IV, más grandes, llegaron a reunir
mano de obra cualificada junto a aprendices. En
el siglo IV los artístas ya no compiten entre sí
como en el siglo anterior por la belleza y calidad
de sus productos. La pérdida de este espíritu competitivo, característico de la producción cerámica
ática, al menos desde el siglo VI a.C. conlleva una
87
despreocupación por la calidad del vaso, una fabricación rápida, barata y donde la única competitividad -si existe alguna- es cuantitativa. El exigente mercado italiano, que en el siglo IV cuenta
con sus propias producciones cerámicas, se sustituye por el de las regiones periféricas como la
Póntica o la del lejano occidente, donde sus habitantes menos helenizados son capaces de aceptar
estos productos de mala calidad e incluso, a veces
defectuosos. El cuidadoso esquema preliminar del
siglo V realizado a base de líneas con punzón
romo o un carbón en el que se encajaba meticulosamente la escena, se reducirá a unos rápidos
trazos que esbozan el contorno de algunos fragmentos. Se ha planteado la posibilidad de que varios pintores decoraran el mismo vaso (Sánchez,
1992: 23-33 y 1996: 76).
Estos vasos recorrían un largo viaje marítimo,
cuidadosamente apilados entre viruta en los barcos, hasta llegar a las costas españolas (Olmos y
Sánchez, 1995: 123). Este medio de transporte se
puede observar en el pecio del Sec (Calviá,
Mallorca), un barco hundido a mediados del siglo
IV a.C. y situado a las afueras de la bahía de
Palma. Este hallazgo permitió conocer a sus
investigadores la variedad de objetos que formaban parte de las importaciones de ésta época. El
barco se dirigía hacia la península ibérica cargado
de productos griegos destinados a las poblaciones
ibéricas de la costa del levante e interior de
Andalucía. El análisis del cargamento es un documento de primer orden, tal y como señalan
Cabrera y Rouillard, para conocer los tráficos de
mercancías, la nacionalidad de los comerciantes,
las rutas comerciales y de navegación. La carga
principal era el vino y asociado a él viajaban
vasos áticos de figuras rojas y barniz negro. Las
ánforas con vino eran de diversas procedencias
(Corinto, Cos, Rodas, Quios, Tasos, Mar Negro y
Mediterráneo central); sítulas; lebetas; vasos de
bronce centromediterráneos; vasos áticos muchos
de ellos con grafitos comerciales en griego o en
púnico; copas del grupo de Viena 116; cráteras de
campana y vasos de barniz negro (páteras, bolsales, cuencos, etc.), que bien pudieron ser productos de un único gran taller ateniense; las
cráteras halladas de pequeño tamaño fueron decoradas por un único pintor: el del Tirso Negro,
un artista que exportaba gran parte de su producción hacia regiones periféricas y en gran medida a
la región del Mar Negro y a la Península Ibérica
(Cabrera y Sánchez, 2000: 138). Se ha llegado a
la conclusión de que el barco hundido en la bahía
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de Palma de Mallorca fue un barco púnico que
había navegado hasta Samos donde adquirió la
mayor parte del cargamento anfórico.
Posteriormente haría escala en el puerto de El
Pireo, donde cargó los vasos áticos, las ánforas de
Corinto, de Mende, Sínope, Tasos y Cos, para
dirigirse al Mediterráneo central, posiblemente
Sicilia o algún centro importante de la Magna
Grecia donde obtuvo un elevado número de
ánforas vinarias de producción local y algunos
objetos de bronce de gran valor. Pudo haber
hecho escala, también, en Cartago y en Ibiza
(Cabrera y Rouillard, 2004: 129).
La frecuencia de tipos varía de unas regiones a
otras. En los yacimientos ibéricos de la Alta
Andalucía son más numerosas las grandes
cráteras de campana decoradas con escenas dionisiacas o de banquete; copas adscritas al grupo
de Viena 116 y escifos del grupo del Fat Boy. En
la región turdetana, los vasos de figuras rojas
son minoritarios y faltan las grandes cráteras. En
la zona púnica, desde Almería a Cádiz, las
importaciones más numerosas son los vasos de
barniz negro y formas no relacionadas directamente con el consumo del vino. En el sureste,
aunque están presentes las copas y cráteras de figuras rojas, predominan las importaciones de
barniz negro y en especial una de sus formas: el
cántaros (Cabrera, 1995: 139-156). Según señalan
Olmos y Sánchez, el cántaros, en Grecia, fue el
vaso de los héroes y es posible que el simbolismo
heroizador llegara también al Extremo Occidente
donde se preferirá como vaso funerario (Olmos y
Sánchez, 1995: 107-136).
El comercio con el mundo griego facilitó la
entrada de nuevas expresiones culturales que
fueron dinamicamente interpretadas por las
sociedades ibéricas (Cabrera y Sánchez, 2000:
133).
La frecuente asociación de cráteras de campana, copas y cuencos hace pensar a las Dras.
Cabrera y Sánchez que muy probablemente estos
vasos fueron fabricados por un mismo taller que
distribuía sus productos en mercados periféricos,
y que de alguna manera este taller ático modificó
su producción adaptando los tamaños de sus
vasos y la iconografía a la lejana clientela ibérica
(Cabrera y Sánchez, 2000: 138).
La presencia de cerámica ática comienza a disminuir hacia el tercer cuarto del siglo IV, momento en el que se documentan los últimos vasos áti-
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cos junto a otros de procedencia apulia o campana, que a partir de ese momento desaparecen
para siempre (Cabrera y Sánchez, 2000: 140).
En cuanto a los vasos de pie bajo o cilicas del
grupo del Pintor de Viena 116, éstos se caracterizan por ser recipientes de escasa calidad, como
el resto de la producción del siglo IV a.C. Reciben
este nombre por su similitud a un vaso del Museo
de Viena con número de inventario 116. Esta falta
de calidad la vemos reflejada no sólo en la realización de la copa, sino también en la decoración.
Se trata de piezas producidas en serie.
El estudio de G. Trías sobre la cerámica griega
documentada en el barco del Sec y en concreto
sobre las cilicas, permite señalar las características formales e iconográficas de estos recipientes.
Se trata de vasos sin labio marcado, poco profundos, de paredes finas, de pie bajo y sin peana y de
tamaño pequeño. La decoración se realiza en el
medallón central del interior del vaso y en el exterior. Se trata de escenas muy simples y esquemáticas, con dibujo rápido, descuidado y a veces
irreconocible. Los motivos decorativos están
constituídos por un repertorio limitado.
Las caras exteriores están decoradas con escenas de palestra. Los jóvenes aparecen envueltos
en los mantos, mirándose el uno al otro, ambos en
actidud del erómenos. En ocasiones la rigidez se
rompe y uno de ellos se destaca sujetando algún
elemento o bien ofreciendo al compañero un objeto de la palestra en actitud erastés (Cabrera y
Rouillard, 2004: 94). Se trata de figuras deformes
y achaparradas, ubicadas entre las asas. Se dibujan a ambos lados de la copa, colocados simetricamente.
En cuanto a la decoración interior y concretamente en el medallón central se pueden establecer
tres grupos: A.- Jóvenes vestidos o desnudos
frente a un altar o pila. El joven suele ir vestido
con himatión vuelto a la derecha, distinguiéndose
bien la cabeza con la masa de cabellos – el ojo
marcado y abierto y la ceja encima- y el brazo
derecho en posición extendida delante de un pilar,
altar o de una pila en la palestra. A veces el jóven
aparece desnudo en una actitud similar, con un
aribalo en la mano y delante, como en el caso
anterior del pilar o terma de la palestra.
Estas figuras masculinas han sido interpretadas como las representaciones de atletas ante
altares o ante pilas, como se ha señalado líneas
arriba. Tenemos conocimiento de que los atletas
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tenían costumbre de efectuar juramentos en la
palestra, antes de entrar en los juegos, y éstos se
realizaban con la mano extendida sobre el altar.
En cuanto a la pila para las abluciones (loutron) se
reducía a una construcción pequeña y sencilla. Se
ha sugerido que, además de agua, pudieron contener aceite. Las figuras también suelen ir acompañadas por elementos que, normalmente son característicos de los atletas: los discos y los aribalos. Los discos, por lo general, se representan en
89
las manos de los atletas, pero también pueden
ocupar el lugar del altar o pila o aparecer por
duplicado detrás de su cabeza. Los aribalos,
vasitos indispensables para cualquier atleta, se
reduce a un círculo grueso con un punto en el
centro, a veces el joven lo sujeta con una cuerda,
colgado de la mano o bien éste se halla frente a él.
Otro motivo acompaña a estas escenas –un edículo- que Trías interpreta como una fuente con su
caño marcado (Figuras nº 10, 11, 12, 13 y 14).
Figura nº 10.- Cilica del Grupo de Viena 116 documentado en la necrópolis de Baza (Granada).
Decoración exterior.
Figura nº 11.- Cilica del Grupo de Viena 116 documentado en la necrópolis de Baza (Granada).
Decoración exterior.
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Figura nº 12.- Cilica del Grupo de Viena 116 documentada en la necrópolis de El Cigarralejo
(Mula, Murcia)
Figura nº 13.- Cilica del Grupo de Viena 116.
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Figura nº 14.- Dibujos de cilicas del grupo de Viena 116 documentadas en la necrópolis de El Cigarralejo. Grupo
1 y 2 de Trias y Variantes I y II de Rouillard.
B.-El segundo grupo se halla decorado con
cabeza femenina o masculina, aislada o acompañada por otras figuras, que se representa vuelta
hacia la izquierda o hacia la derecha, y se ha relacionado con un prototipo metálico, más lujoso y
menos frecuente, que tendría como decoración
una moneda en el medallón central. La imagen de
mujer se ha interpretado como Artemis o
Afrodita. El espacio frente al perfil de la cara se
rellena con una línea ondulada y el situado detrás
de la nuca está ocupado por un triángulo (Figura
nº 15). En cuanto a la efigie masculina suele ir
tocada con gorro frigio.Todos están vueltos hacia
la derecha, con roleo o voluta delante y una línea
ondulada detrás (Figura nº 16) (Arribas, Trias et
alii, 1987: 72-85). C.- El tercer grupo iría decorado con protomos de grifo (Figura nº 17)
P. Roillard estudió las copas de pie bajo del
grupo de Viena 116 documentadas en la
Península y, al igual que G. Trias, distinguió dos
variantes: Variante I: se trata de escenas repetitivas y estereotipadas de palestra, con jóvenes atletas desnudos o vestidos, con objetos en las manos
propios del mundo del deporte, tales como estrigiles o aribalos, que se dirigen a un tercer personaje, un jóven, un adolescente, objeto de amor y
habitualmente representado en actitud de espera.
En el fondo ideal del vaso se representan objetos
característicos de la palestra. En el exterior se
representan dos parejas de jóvenes afrontados y
palmetas debajo de las asas. El origen y significado de estas escenas de encuentran en el siglo V
a.C. (Sánchez, 1996: 76 y ss.). Variante II: la
decoración del medallón consiste en una cabeza
femenina y en el exterior dos cabezas o una sola
y un joven envuelto en un gran manto. Se trata de
una variedad menos frecuente que la anterior.
Como se ha señalado anteriormente para la
cerámica ática del siglo IV a.C., las copas de pie
bajo fueron fabricadas en Atenas para la
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Figura nº 15.- Cilica Grupo de Viena 116 documentada en la necrópolis de El Cigarralejo.
Grupo 2 de Trias y Variante II de Roiullard. Busto femenino.
Figura nº 16.- Cilica Grupo de Viena 116 documentada en la necrópolis de El Cigarralejo.
Grupo 2 de Trias. Variante II Rouillard. Busto masculino con gorro frigio.
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Figura nº 17.- Cilica grupo de Viena 116 documentada en la necrópolis de Pozo Moro (Albacete).
exportación hacia el Occidente Mediterráneo, un
mercado menos exigente que el de otras partes del
Mediterráneo.
Los pintores del Grupo de Viena 116 trabajaron en el mismo taller que los Pintores del
Grupo de Telos (Pintor de Telos, Pintor de la
Grifomaquia de Oxford, Pintor del Bizco, Pintor
del Tirso Negro y Pintor de Toya) y que el Grupo
Fat Boy, éstos últimos autores de un gran número
de escifos con decoración muy similar a la de las
copas del Grupo de Viena 116, ya que en ellos se
repite, de forma constante, la misma escena del
mundo de la palestra (Figura nº 18).
Para C. Sánchez en este taller, también
debieron fabricarse vasos de barniz negro, en concreto, pateras de borde saliente utilizados como
tapaderas de las crateras de campana que contenían las cenizas del difunto en las necrópolis
ibéricas andaluzas. Para Cabrera y Rouillard son
varios los factores que permiten plantear la existencia de este gran taller ateniense en la primera
mitad del siglo IV: su distribución occidental; la
asociación de tres tipos diferentes de vasos (crateras de campana, pelices, copas y escifos)
(Cabrera y Rouillard, 2004: 91-95).
Las copas del Grupo de Viena 116 fueron muy
bien aceptadas por los mercaderes ibéricos, dis-
tribuyéndose por Andalucía, Murcia y País
Valenciano, sobre todo en el segundo cuarto del
siglo IV a.C., no sólo en necrópolis, donde
pueden aparecer en las tumbas más ricas acompañando vasos de mayor calidad, sino también en
poblados (García i Martín, 1996: 468).
Prácticamente en ningún yacimiento fuera del
mundo ibérico se han documentado, si exceptuamos, entre otros ejemplos, el documentado en
el yacimiento conquense de Alvar Fáñez.
A continuación recogemos, de forma somera,
algunos ejemplos de copas de pie bajo del Grupo
del Pintor de Viena documentados en la Península
Ibérica:
Provincia de Gerona: Ullastret: M. Picazo
cita la existencia de cinco ejemplares, que corres-ponden al estilo más tardío de figuras rojas y
se fechan en la primera mitad del siglo IV a.C.
(Picazo, 1977, nº 156,157,162,163 y 104, p. 5961)
Provincia de Valencia: Se documentan en La
Bastida de les Alcuses (Trias, 329) y en la cuevasantuario dels Pilars. Junto a un lote importante
de ollas de cerámica ibérica de cocina y un
pequeño conjunto de cerámica decorada con
motivos geométricos (cuencos, platos y urnas) así
como recipientes de cerámica común (ánforas y
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Figura nº 18.- Sciphos del pintor denominado Fat Boy documentada en el necrópolis
de El Cigarralejo (Mula, Murcia).
tinajas), se documentó un pequeño lote de piezas
de importación ática de figuras rojas y barniz
negro: ánfora de figuras rojas del siglo V a.C.; una
copa de pie bajo del Grupo del Pintor de Viena
116 y un borde de cratera de campana (Grau Mira,
2000: 206).
Provincia de Alicante: Tossal de Manises:
Contamos con un ejemplar depositado en el
Museo Arqueológico Provincial de Alicante, nº
inv. TM 18005 (García i Martín, 1996: 468).
Illeta dels Banyets (El Campello, Alicante): Las
copas del Pintor de Viena son las más representadas en el citado yacimiento. Se han documentado dieciocho fragmentos que corresponden a
nueve piezas (García i Martín, 1997: 182-183).
Cabezo Lucero (Guardamar del Segura): La
cerámica griega está presente desde el 500/475,
con piezas de figuras negras. Sin embargo, el
mayor número de vasos griegos documentados se
fechan a partir del 375 hasta el 325 a.C. Aunque
hay una preponderancia de la cerámica ática de
barniz negro, también podemos señalar la existencia de 65 piezas de figuras rojas pertenecientes
a vasos contenedores o para servir; vajilla de
mesa y vasos para el tocador o para ofrendas
funerarias. El mayor número de piezas corresponden al grupo del Pintor de Viena 116, al igual que
en otras partes de la Península, aunque hay otros
pintores constatados, como el Pintor de Iena, el
Pintor Q, etc. (Rouillard, 1993: 87-94). Las piezas
del grupo de Viena 116 se han fechado entre el
375-350 a.C. y se documentaron en los puntos
denominados: punto 12 (pp. 164-165); 41 (pp.
201-201); 51 (pp. 222-223); 80 (pp. 250-251); Z2
(pp. 279) y A5 (pp. 296) (VVAA, 1993). Poblado
de La Picola (Santa Pola): El poblado de La
Pícola se planteó y realizó de una sola vez. Se
trata de un establecimiento comercial que necesitó fuertes defensas para proteger las mercancías
almacenadas. La cerámica ática no es tan abundante como en la necrópolis contemporánea de
Cabezo Lucero, no obstante, se observa una gran
variedad de formas; son principalmente vasos
para beber (copas Cástulo y del pintor de Viena
116, a los que cabe añadir algunos vasos grandes
de figuras rojas, como cráteras y ánforas y vasos
contenedores de perfume) (Moret et alii, 1996,
403). La Albufereta (Trias, 366, nº 4).
Necrópolis de El Puntal (Salinas). En la
incinerarción nº 23 se documentaron diversos
fragmentos de figuras rojas que fueron catalogados por Rouillard como una cilica del pintor de
Viena 116 y una copa de escifos (Sala Sellés y
Hernández Alcaraz, 1998: 235).
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Provincia de Murcia: Necrópolis de El
Cabecico del Tesoro (Verdolay, La Alberca). Se
han documentado dos piezas procedentes de las
tumbas 184 y 558, fechadas entre finales del
primer cuarto del siglo IV a.C. (García Cano,
1982: 64, nº 26 y 27). Las Cabezuelas (Totana):
Se documentó una pieza, perteneciente a un pie.
La pieza, en paradero desconocido y
perteneciente a una colección particular, fue
fechada en el segundo cuarto del siglo IV a.C.
(García Cano, 1982: 113, nº 150). Necrópolis de
El Cigarralejo (Mula): La cerámica ática de El
Cigarralejo se inserta en el horizonte de las
importaciones griegas del siglo IV a.C., que tan
abundates son en el área ibérica peninsular desde
Cataluña hasta Andalucía, incluyendo la rica
zona del sureste. El predominio casi absoluto corresponde a los productos de barniz negro, aunque
también existen figuras rojas. Entre éstas se documentaron piezas, procedentes de las sepulturas
197, 204, 200, 280 y 380. Todos los ejemplares
fueron fechados en el primer cuarto del siglo IV
a.C. (García Cano: 1982, 134-135 y 138-139, nº
197, 202 y 204) Las piezas suponen el 82’4% de
las copas de figuras rojas y un 70% de los vasos
figurados. Están caracterizadas por tener ancha
boca con borde recto y cuerpo poco profundo. Por
lo que respecta a la decoración, suelen pintarse en
el labio interno del borde una guirnalda de hojas
de hiedra alternando con frutos unidos por tallos
de pintura blanca superpuesta, que ocupa el espacio existente entre el borde y la acanaladura que
delimita el medallón central. El tema principal
figurado, situado en el medallón, tiene como elemento más representado un jóven cubierto por
himation cuyos rasgos anatómicos y esquema
general es bastante tosco frente a un altar o pilar.
Un segundo motivo, aunque menos frecuente,
corresponde a una gran cabeza femenina de perfil.
En el exterior las escenas dibujadas representan
más comunmente parejas de efebos envueltos en
mantos enfrentados o una gran cabeza femenina
que sustituye a uno de los dos personajes, que
llega a ocupar todo un lateral. Completan la decoración una gran palmeta enmarcada por roleos
debajo de cada asa. Todas las cilicas se pueden
adscribir al grupo del Pintor de Viena 116, con
variantes decorativas I y II de Rouillard, a excepción de una que este investigador francés considera que pertenece al pintor del El Cigarralejo
(García Cano, 1998: 162-163; García Cano, 2005:
77-86 y Cuadrado 1987). La Loma del Escorial
(Los Nietos, Cartagena): En la excavación del
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departamento B de la Loma del Escorial se documentó un único fragmento de figuras rojas identificado como una cilica, en concreto un borde. En
el interior del labio se aprecian los característicos
tallos y hojas en pintura blanca sobrepintada,
motivo muy repetido en la decoración subsidaria
de este tipo de copas, con estilo poco cuidado. En
la cara externa se observa la parte superior de un
manto, probablemente correspondiente a la espalda de un efebo envuelto en himatión, cuyos
pliegues se señalan por varias líneas de barniz
negro diluído. A la derecha aparece un disco colgado en la pared representado de forma
esquemática. Aunque el tamaño del fragmento
impide al investigador afirmar con total certeza el
taller al que debió de pertenecer, los rasgos
descritos le hacen sugerir que sea una pieza
perteneciente al grupo del Viena 116, con
cronología de la primera mitad del siglo IV a.C.
(García Cano, 1997: 261). En Coimbra, como en
otros grandes oppida del sureste peninsular se han
documentado principalmente copas para beber en
fiestas y actos de gran relevancia cultual como
“khantharoi, bolsales, kylikes y skyphoi”, éstos
dos últimos tipos con figuras rojas de los talleres
del Grupo de Viena 116 y del Fat Boy y una veintena de fuentes, platos, escudillas y saleros de
barniz negro, es decir, piezas de vajilla de mesa en
grandes cantidades, que por lo general tuvieron
una larga utilización. La mayor parte de estas
cerámicas, después de usarse un tiempo fueron
depositadas en los ajuares funerarios de las tumbas de los propietarios del vaso o miembros de la
familia como símbolo de estatus, pertenencia o
prestigio (30 años de investigaciones en Coimbra
del Barranco Ancho, Jumilla). Necrópolis de El
Poblado (Coimbra del Barranco Ancho,
Jumilla), junto a diversos tipos de cerámica ática
destacaremos un fragmento de borde de crátera de
campana y una copa de pie bajo del grupo de
Viena 116, fechada en la primera mitad del siglo
IV a.C. (García Cano y Page del Pozo, 1994: 222223 y García Cano y Page del Pozo, 2007: 29).
Necrópolis de La Senda (Coimbra del
Barranco Ancho, Jumilla): junto a diversas
importaciones griegas nos interesa resaltar cuatro
copas de pie bajo del grupo de Viena 116 (García
Cano y Page del Pozo, 1994: 224) y en Cabezo de
Tío Pío (Archena) también se han documentado
estas piezas, tan frecuentes en la Península Ibérica
(García Cano y Page del Pozo, 1994: 224).
Necrópolis de Castillejo de Los Baños
(Fortuna): En la tumba nº 30 se documentó una
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cilica de pie bajo del grupo del Pintor de Viena
116 (García Cano y Page del Pozo, 2001: 103). En
el Museo Histórico Minero Príncipe Felipe de
Borbón y Grecia se conserva una cilica ática de
figuras rojas del grupo de Viena 116 que pudo
haberse encontrado en Cartagena o en Huelva
(Calvo Pérez, s.a:, 97).
Provincia de Albacete: Necrópolis de El
Salobral:.Se documentaron junto a las cilicas de
pie bajo, ocho formas más, entre las que podemos
señalar: cráteras, escifos, cilica-escifos, bolsales,
lecitos, lecanides, páteras y platos. Todas las
piezas se fechan en el segundo cuarto del siglo V
a.C.; piezas que ponen de manifiesto la importancia comercial y cultural del sureste de la meseta,
y en concreto de la provincia de Albacete a lo
largo de la primera mitad del siglo IV a.C.
(Blánquez, 1995: 204 y García Huerta, 1995: 98).
Llano de la Consolación: El conjunto cerámico
griego hallado en esta necrópolis es un grupo de
gran variedad tipológica. La mayor parte de las
piezas catalogadas son de barniz negro (copas
Cástulo y de estilo delicado, bolsales, escifos,
páteras y fuentes), aunque también existen
algunos ejemplares decorados con figuras rojas,
como copas del ciclo del Pintor de Viena 116,
copas del ciclo del Pintor de Penthesilea, quizá
del pintor de Bolonia 417. Esta necrópolis tuvo su
mayor apogeo en la primera mitad del siglo IV
a.C., como indican estos materiales, sin embargo
existe una total ausencia de vasos contenedores de
aceites o perfumes como pelices o lecitos, que
suelen llegar con gran fluidez a la península
(Valenciano Prieto, 1998: 25-26).
Provincia de Almería: Villaricos (Rouillard,
1975).
Provincia de Málaga: Cerro del Mar (Torre
del Mar) (Rouillard, 1975).
Provincia de Cádiz: Mesas de Asta (Jerez)
(Rouillard, 1975)
Provincia de Huelva: Cabezo de San Pedro
(Rouilard, 1975)
Provincia de Granada: Baza: Se ha documentado un gran número de vasos del grupo de
Viena 116. Los hallazgos se realizaron en las tumbas nº 43, 67, 76, 82, 96 y 128; en los ustrina B1;
B2; B3 y fragmentos hallados en superficie
(Presedo Velo, 1982: 283-285, fig. 50, lám. XIX,
51, lám. XX, fig. 53, lám. XVIII; fig. 54, lám.
XVIII; 95; 87; 113.5; 215; 216, 214, 77 y 146). Se
han hallado en Cerro de El Real (Galera)
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(Rouillard, 1975: 30, nº 10) y en Mirador de
Rolando (Rouillard, 1975).
Provincia de Jaén: Castellones de Ceal
(Hinojares): Los cuatro ejemplos documentados
proceden del interior de una tumba cubierta por
tres capas de adobes. Formaban parte del ajuar
varios vasos de cerámica ática de figuras rojas,
además de tres urnas ibéricas, una falcata, una
lanza y cuatro tabas (Blanco Freijeiro, 1957: 109111, nº 5, 6 y 7 y Rouillard, 1975: 1-4, 26). Los
estudios de Carmen Sánchez sobre la cerámica
ática aparecida en el transcurso de las excavaciones de C. Fernández Chicarro recogen cinco
ejemplares (nº inv. 111 y 117, así como otros tres
sin número de inventario) y señalan que las
importaciones áticas, en este yacimiento, abarcan
desde el último cuarto del siglo V hasta mediados
del siglo IV a.C., aunque la mayoría se fechan en
el segundo cuarto del siglo IV y la forma más frecuente es la copa de pie bajo de figuras rojas y,
junto a ellas, las cráteras de campana y páteras de
barniz negro, los tipos más frecuentes en toda el
área andaluza (Sánchez, 1998: 192,193, 194 y
199). La Guardia: Rouillard documenta dos
ejemplares (1975: 26-27, nº 5-6). Cástulo:
(Rouillard, 1975: 29, nº 7, 8, 9). C. Sánchez
estudió los ejemplares documentados en la
necrópolis de Estacar de Robarinas. Se trata de
siete copas números 15 (enterramiento I),16
(enterramiento V), 17 (enterramiento II),18
(enterramiento IX), 19 (enterramiento V), 20
(enterramiento X) y 21 (enterramiento IX). La
citada investigadora señala que los ajuares áticos
de esta necrópolis destacan frente a otros
yacimientos andaluces por su riqueza y tipología.
La mayoría de las piezas con decoración figurada
son, junto a éstas del grupo de Viena 116, las del
Pintor de El Cigarralejo (Sánchez, 1988: 282,
284, 285, 286, 287 y 308). Finalmente, hay que
citar también Toya (Rouillard, 1975: 30); Puente
de Tablas (Ruiz Rodriguez, 1994) y El Pajarillo
(Huelma, Jaén), de donde proceden dos copas de
figuras rojas del grupo de Viena 116 ( Molinos
Molinos, 1998: 101 y ss.)
Provincia de Córdoba: Cerro de la Cruz
(Almedinilla) (Rouillard, 1975: 30) y Colina de
los Quemados (Rouillard, 1975: 30).
Provincias de Cáceres y Badajoz: En
Medellín y en concreto en el conjunto del Cerro
del Castillo y sus inmediaciones, donde se asentó
un poblado junto al que se instaló una necrópolis
de cremación, se documentó una cerámica ática
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de época arcaica conocida como Kylix de
Medellín, atribuída a Eucheiros, pintor del Grupo
de Pequeños maestros que trabajaron objetos de
gran calidad, así como un aríbalos corintio,
cerámica de barniz negro del siglo V y copas de
pie bajo, éstas últimas las piezas más abundantes.
Según señalan Jiménez Ávila y Ortega Blanco,
adoptan las decoraciones pintadas propias del
estilo del Pintor de Viena 116 (Jiménez Ávila y
Ortega Blanco, 2006, 105-40).
Se han localizado vasos del Grupo de Viena 116
en los castros prerromanos de la II Edad del Hierro,
tanto de la provincia de Cáceres como de Badajoz
y tanto en zonas de hábitat como en las necrópolis,
dando fe del aprecio de que eran objeto por parte
de las poblaciones de la época. Así se han documentado en Capote, Botija y Alcazaba de Badajoz
(Jiménez Ávila y Ortego Blanco, 105-140).
Provincia de Ciudad Real: Motilla de las
Cañas. Se trata de un yacimiento muy característico del denominado Bronce Manchego en el
que, tras una prolongada etapa de abandono, se
desarrolló un asentamiento ibérico representado
por diversos fragmentos de cerámica ibérica pintada, cerámicas grises y pequeños recipientes de
pasta vítrea muy fragmentados. Dentro de esta
etapa también se han documentado varios fragmentos de cerámica griega (García Huerta y
Morales Hervás, 1999: 337). En concreto se documentó una cilica de figuras rojas, junto a escifos, cilicas de barniz negro y una pelike de figuras
rojas (García Huerta y Morales Hervás, 1995:
117-125). Sus investigadores fechan estas piezas
entre finales del siglo V y mediados del siglo IV
a.C. La Bienvenida (Almodovar del Campo):
Este yacimiento identificado con Sisapo ha aportado, desde que se inició su excavación sistemática a principios de los años 80, uno de los conjuntos de cerámicas griegas más interesantes de la
meseta. La presencia de cerámica griega comprende un amplio periodo cronológico, desde la
primera mitad del siglo VI a.C. hasta el siglo IV
a.C. En relación a las cerámicas del siglo IV a.C.
nos interesa resaltar la presencia de varios ejemplos de cilicas de figuras rojas pertenecientes al
Grupo del Pintor de Viena 116 (García Huerta y
Morales Hervás, 1999: 336). Las piezas se documentaron en el estrato 7c A1 (BV/91/ 4043;
4239;4207; 4053 y 4065) (Fernández Ochoa et
alii, 1994: 92 y ss.). La asociación de estas copas
áticas de figuras rojas con pie bajo y labio recto
con cráteras ha permitido a los investigadores de
Sisapo a incluir este enclave dentro de una
97
dinámica de importaciones muy similar a la documentada en Cástulo durante el segundo cuarto
del siglo IV a.C. y a la imperante en el área oretana septentrional (Zarzalejos et alii, 2004: 70).
En Alarcos: junto al yacimiento anterior ofrece
un interesante conjunto de cerámicas griegas. El
marco cronológico de las cerámicas griegas
importadas se sitúa entre finales del siglo VI y la
primera mitad del siglo IV a.C., con un hiatus
durante los tres primeros tercios del siglo V a.C.
A la primera mitad del siglo IV se adscriben fragmentos de crateras de campana, copas del grupo
de Viena 116, copas-escifos y una gama importante de cerámica de barniz negro (García Huerta
y Morales Hervás, 1999: 337).
J. Hurtado cita varios yacimientos de esta
provincia de Ciudad Real con importaciones de
cerámica de figuras rojas como el Cerro de las
Nieves, Los Toriles o Motilla de las Cañas que
han aportado en el curso de su excavación diversos fragmentos de cerámica griega, siendo las formas más representadas los escifos y las cilicas de
figuras rojas fechadas a finales del siglo V y
durante todo el siglo IV a.C. Es posible que la ciudad de Cástulo, en el Alto Guadalquivir fuera en
este periodo un importante centro distribuidor de
las cerámicas griegas de esta región (Hurtado,
2001: 71-86)
Un aspecto que resaltan García Huerta y
Morales Hervás es el hecho de que en esta provincia prácticamente todos los restos de cerámica
griega proceden de poblados, frente al alto porcentaje de cerámica griega documentada, en
otros puntos de la Península Ibérica, en contextos
funerarios, motivo, que, como los propios investigadores señalan, podría deberse al escaso
conocimiento de las necrópolis.
Provincias de Toledo y Madrid. En estas dos
provincias también se han documentado cerámicas de barniz rojo. Para Toledo, Hurtado cita el
Cerrón de Illescas y Yeles; para Madrid señala
Cerro Redondo (Fuente del Saz, Jarama). La presencia de esta cerámica es un claro exponente de
los influjos ibéricos en la submeseta sur, su presencia en la región carpetana puede deberse a
intercambios comerciales con otras zonas de la
península (Hurtado, 2001: 71-86).
Cargamento del barco del Sec (Calviá,
Mallorca): Las cincuenta y tres piezas
trasportadas por la nave presentan una gran uniformidad, lo que hace suponer que pertenecen a
una misma hornada (Arribas, Trias et alii, 1987).
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La frecuencia de este tipo de copa en el mundo
ibérico del sur y sureste peninsular no tiene paralelo con ninguna otra área del Mediterráneo;
fueron los vasos griegos más frecuentes en todos
lo tiempos del ámbito peninsular. La concentración de este tipo de copas, muy numerosas
–como ya hemos señalado líneas arriba- en toda la
mitad sureste de la Península así como en
Andalucía, parecen indicar que éstos, junto a
cráteras de campana, cantaros, copas y cuencos,
páteras, bolsales y escifos, eran elegidos, deliberadamente, por la elite para que formaran parte de
su mobiliario funerario
I NTERPRETACIÓN
GENA.
POR LA SOCIEDAD INDÍ-
La doctora C. Sánchez, gran especialista en
cerámica griega –como hemos tenido ocasión de
comprobar a lo largo de éstas páginas-, considera
que las series de imágenes conservadas en los
vasos griegos reflejan, mejor que cualquier obra
de arte, los cambios sociales, políticos y económicos de la comunidad ateniense. Se utilizaron en
muchas de las actividades de la ciudad, en fiestas,
juegos, banquetes, etc. Están presentes en los
momentos decisivos de la vida, acompañan a los
hombres y mujeres en el tránsito del matrimonio,
como regalos de boda y en la muerte, los lecitos
de fondo blanco -vasos que contienen perfumesson el ajuar funerario habitual en época clásica.
Los vasos, por tanto, se conciben desde un principio con una función determinada: como contenedores de aceites perfumados, de vino, de agua,
como vasos rituales, como vajilla de lujo, etc., y
muchas veces el uso del vaso determinaba su
iconografía (Sánchez, 1992: 23). Ya hemos visto
como los artistas del Barrio del Cerámico de
Atenas fabricaban vasos para la exportación y
como estos vasos-mercancía llegaban a mercados
helenizados, etruscos, y a lugares alejados y bárbaros donde habitaban tracios, escitas o iberos. La
citada investigadora señala que pudo haber existido una posible adaptación de la iconografía al
gusto del comprador: los vasos destinados al mercado tracio se decoraban con figuras vestidas a la
moda tracia o con temas como el de Orfeo tocando la lira ante sus compatriotas; al Mar Negro se
enviaban los vasos con gigantomaquias, amazonomaquias o peleas entre grullas y pigmeos. En
el caso de la Península Ibérica, los griegos
tuvieron una visión del lejano occidente mucho
más imprecisa y desdibujada que la que tenían de
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otras zonas periféricas de su mundo. No hay en la
cerámica griega representaciones de tipos iberos,
como existen de tracios, escitas o frigios, ni tampoco temas iconográficos exportados a la
Península que puedan considerarse como occidentales (Sánchez, 1992: 24).
En Grecia la crátera se utilizaba para la mezcla del vino y del agua y la cilica o copa de dos
asas para beber. Era una copa colectiva, se pasaba
de mano en mano, entre los comensales que
asistían al banquete, junto con las bromas, los versos o los requiebros amorosos. En el mundo ibérico, el vaso griego colectivo se transforma en vaso
individual ya que éste individualizaba a su rico
poseedor del resto de los de su condición social y
de la sociedad que no tenía acceso a estos lujosos
y hermosos vasos. La crátera se utilizará, sobre
todo, para depositar las cenizas de los difuntos y
por ello se harán cada vez de menor tamaño. Con
esta reducción aumentó la ganacia de los intermediarios (Olmos y Sánchez, 1995: 111, 124 y 125).
Vemos por tanto, como estos vasos áticos, a su
llegada a la Península ven transformado su uso y
este no suele coincidir con la función para la que
fue concebido. El uso griego tiene para el indígena el valor de un objeto precioso y pierde, en el
momento en que se produce el intercambio comercial, su estatus original como pieza de vajilla.
Aunque la mayoría de los contextos son funerarios, como ya se ha indicado, las piezas griegas
también se documentan en los poblados. Las
lañas, las reparaciones de algunas de ellas halladas en tumbas, indican una reutilización funeraria tras, probablemente, un uso cotidiano. En los
contextos funerarios los vasos griegos abiertos se
utilizan como los platos y cuencos ibéricos, es
decir, conteniendo ofrendas o como tapaderas de
urnas cinerarias y los grandes vasos como contenedores de las cenizas de los muertos (Sánchez,
2000: 179-193 y Olmos y Sánchez, 1995: 107136).
La citada investigadora también señala que el
gusto del comprador indígena por vasos bien
articulados, con dos asas, se pone de manifiesto
en el siglo V a.C., cuando ya son muy frecuentes
las copas de tipo Cástulo.
Para R. Olmos, las decoraciones de las copas
del Grupo de Viena 116 que podemos encontrar
en la Península, no tendrían un carácter irrelevante; considera que pudo haber existido una
mediación y una reinterpretación púnica de los
motivos formales griegos. Cree que los comer-
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ciantes púnicos pudieron elegir las copas decoradas con unos motivos concretos porque en ellos
quisieron reconocer algunas representaciones de
sus divinidades, por ejemplo, en la imagen del
ánodos de una diosa sola o en presencia de un
adorante pudo reconocerse la imagen de Tánit.
Según afirma el investigador citado anteriormente, para los iberos, estas imágenes llegaron a
poseer un nuevo contenido simbólico: la epifanía
de la diosa infernal, quienquiera que esta sea
(Afrodita, Perséfone o Tánit), en definitiva una
diosa de la tierra o del más allá (Olmos,1988:
315-318)
Las copas áticas decoradas en el interior con
escenas de palestra –jóvenes atletas acompañados
por elementos característicos del gimnasio, como
discos o aríbalos- y en el exterior con jóvenes
ataviados con himatión afrontados presentan imágenes muy degeneradas, repetidas con mínimas
variantes y halladas a cientos en la Península. La
pregunta que se hace la mayoría de los investigadores es si los iberos eligieron la iconografía
deliberadamente o si ésta era secundaria y lo que
importaba era el soporte, es decir, en este caso la
copa. El Dr. Olmos, considera que las escenas
representadas serían – probablemente- ilegibles
para el ibero, que adquiere estos vasos imitando
una moda y buscando posiblemente, con su posesión, un símbolo de prestigio (Olmos, 1992: 7879). Para C. Sánchez, los iberos pudieron identificarse con los jóvenes envueltos en mantos y cree
que podría existir, en el pensamiento ibérico, la
idea de una heroización a través del vestido o
quizá la diferenciación por el manto de determinadas clases sociales.
En relación a las copas decoradas con cabeza
femenina en el medallón interior, que surge del
suelo –ánodos-, se han interpretado por C.
Sánchez como la representación de la diosa que
brota del suelo. En la sociedad griega tuvo un
carácter funerario y éste mismo pudo tener para el
ibero que se enterraba con ella.
En definitiva, sería posible que las imágenes
representadas en estas copas fueran leídas o
reconocidas por el ibero que se enterraba con ellas
(Sánchez, 1994: 206).
Como ya hemos dejado claro líneas arriba, el
fragmento cerámico aquí estudiado fue documentado en la fase celtibérica del yacimiento excavaEL
CONTEXTO ARQUELÓGICO
99
do en El Cerro de Alvar-Fañez, un oppidum
ólcade, tal vez la Istonium citada por las fuentes
literarias, concretamente por Tolomeo es sus
Graduaciones o Tablas Geográficas.
En relación al pueblo celtibérico de los ólcades
son pocas las alusiones que a ellos se hacen en las
fuentes literarias, éstas se limitan a los pasajes
sobre las campañas que Anibal realizó en la
península ibérica entre el 219 y 211 a.C. La
ausencia de otras menciones con posterioridad a
estas fechas da lugar, como ha señalado Burillo
Mozota, a la aceptación de que esta etnia y el territorio que le correspondería quedaran
englobadas más tarde en alguna otra de las que
conocemos. Tanto Polibio como Tito Livio y
Esteban de Bizancio coinciden en resaltar la
importancia de una ciudad, que sería el centro de
los ólcades, aunque los autores no se ponen de
acuerdo en cúanto a su nombre. Polibio la llama
Althea y dice de ella: “Anibal, tomando el mando,
se puso al instante en marcha para sujetar a los
ólcades; llegó delante de Althea, su ciudad más
fuerte, acampó, y después de vigorosos y terribles
ataques se apoderó rápidamente de ella. Los
restantes pueblos, aterrados por este hecho, se
entregaron a los cartagineses. Impuso una contribución a estas ciudades y dueño de grandes
riquezas marchó a invernar a Cartagena (Polibio,
3, 13,5). En relación al año 218 a.c. Polibio
(3,33,7) señala que “eran los que pasaron a África
(en el ejército de Anibal), los tersitas, martianos,
oretes, iberos y ólcades”. Tito Livio llama a la
principal ciudad ólcade, Cartala y en relación a
ella señala : “(Anibal)… llevó primero el ejército
hacia el territorio de los ólcades, pueblo situado al
otro lado del Ebro y que más que estar sometidos
a Cartago figuraban entre sus amigos” “… toma y
soquea Cartala, su capital, ciudad opulenta, por lo
cual aterrorizadas las ciudades menores se
sometieron y aceptaron el tributo” (Tito Livio,
XXI,5,2). Esteban de Bizancio, fuente tardía
basada en Polibio señala con respecto al centro de
mayor importancia “Althaia, ciudad de los
ólcades, los otros ólcades etnos de Iberia, vecinos
de Cartago”.
F. Burillo señala respecto a la doble denominación que Schulten había planteado que tal vez
pudiera corresponder a dos tradiciones diferentes:
la cartaginesa; y por tanto que Tito Livio tomara
la raíz Cart- ; y la griega que habría inspirado a
Polibio. Althaia significa en griego malvavisco,
por lo que es posible que se tratara de la traducción griega de un nombre indígena.
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Debido, pues, a estas escasas alusiones literarias, para el Profesor Burillo se carecería de criterios seguros para la ubicación de los ólcades ya
que la única posición geográfica que se ofrece por
Tito Livio es muy vaga: al sur del Ebro. A partir
de los acontecimientos que se cuentan entre el
221 y 229 a.C. y en los que se involucra, se puede
deducir una vecindad con los carpetanos, la parte
meridional del territorio vacceo y el río Tajo. Su
ubicación en el territorio conquense es el ámbito
que le han dado varios investigadores, entre ellos
Martín Almagro y es el comúnmente aceptado
(Burillo, 2007:188-192).
Volviendo al yacimiento del Cerro de Alvar
Fañez y a su identificación con la Istonium de
Tolomeo, ésta ya fue realizada por Miguel Cortés
y López (1836) en su Diccionario Geográfico de
la España Antigua Tarraconense, Betica, donde
se dice que Istonium significa: hito, arrojamiento
o señal divisoria, significado que concuerda bien
con el enclave del yacimiento de Alvar-Fañez,
una división natural entre las vegas del río Mayor
y Aldehuela. En relación a Istonium, Miguel
Cortés recoge lo siguiente: “Sabemos de positivo
acerca de esta ciudad que estaba en la Celtiberia
rigurosa, y que era de las más occidentales de esta
región tocando ya con la Carpetania. Comparada
su altitud con la de Valeria, estaba Istonium veinticinco minutos más alta de occidente de esta ciudad, no mencionada por otro” “… El fabuloso P.
Higuera soñó que había estado en Villavieja,
despoblado cercano a Hito” “.. según Cornide en
su memoria. Tom.3 de las de la Academia, mudó
de pensar Higuera, y creyó hallar a Istonium
enterrada en La Redonda, o en Los Fosos de
Bayona. Antes u otra vez la redujo a Cañavete, y
esto le pareció mejor al citado Cornide. Jacome
Capistrano de Maya opinó primero que Istonium
había en Villavieja, despoblado junto al río
Xiguela. Más pasados algunos años, cuando el P.
Risco dijo que era evidente el sitio de Certima en
Alconchel, y que Munda estaba distante de
Certima XX millas, fundando su demostración en
dos inscripciones, calificadas ya mucho antes de
apócrifas por D. Gregorio Mayans. Capistrano
arrancó de Villasviejas a su Istonium y colocó allí
a Munda. Si se hubiera de juzgar solamente por
alguna, aunque remota, analogía parecería
verosimil que Istonium hubiera estado en Hito, y
así han opinado algunos; pero Hito ni está a la latitud que Tolomeo dió a Istonium, estando en el
mismo paralelo que Valería, y no veinticinco o
seis leguas, como lo estaba Istonium; ni hay
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necesidad de buscar la remota semejanza de Hito,
teniendole idéntico, evidente y elevada en la ciudad de Huete. Esta es sin disputa la antigua
Istonium; todos la tenían delante de los ojos y
nadie hacia alto de ella, de su antigüedad, de su
latitud al norte de Valeria, de su longitud arrimada ya a la Carpetania, y sobre todo de su nombre.
La falta de observación sobre las alteraciones que
causan con los nombres las pronunciaciones o
dialectos, ha sido la causa de que ningún escritor
haya fijado a Istonium en Huete. Pronunciado
Istonium a lo eólico, muy usado modo de pronunciar en los latinos se convirtió en Vistonium o
Histonium, luego en Vette y Huedde o Vedde: así
era llamada en tiempo de los árabes; y últimamente en Huete…” “… Ruy Vamba opinó que
Istonium estuvo en Cabeza de Griego, sin que este
escritor, ni Risco, ni a Masden hayan hecho fuerza
los argumentos con que se ha querido probar
haber estado allí la antigua Segobriga”.
Istonium, al igual que el resto de oppida
ólcades (Althea, Cartala, Segobriga, Caesada,
Valeria o Ercávica) situadas en las altiplanices del
occidente de Cuenca, presenta una posición
estratégica sobre el valle conformado entre el río
Mayor y el rio Aldehula, y tuvo una excelente visibilidad sobre los terrenos adyacentes, circunstancia que explica, en gran medida, el hecho de que
se trate de un enclave con continuidad poblacional desde el Hierro II o época tardorromana.
De esta fase celtibérica no hemos encontrado
estructuras arquitectónicas, aunque si contamos
con abundantes elementos de cultura material:
cerámicas de barniz negro (IV a.C.); cerámica
pintada ibérica; monedas acuñadas en las cecas de
Arse (sagunto); Bilbilis (Calatayud); Titiakos
(Tricio) y Sekaisa (Belmente de Gracina), con
cronologías que no van más allá del 133 a.C., así
como fíbulas anulares hispánicas. Todo ello evidencia la ocupación del espacio del yacimiento
por parte de una comunidad que establecía diferentes ámbitos (atlántico y mediterráno) en los
momentos previos y durante la fase de conquista
romana.
Las siguientes fases de ocupación corresponden a época republicana y comienzos del imperio,
momento en que el yacimiento alcanza su mayor
importancia, importancia que pudo venir determinada por la explotación de las minas de lapis
specularis, minería que se gestionó como una
minería de interior. Su explotación modeló el
paisaje y dinamizó la región. Las elites locales y
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las ciudades cercanas, entre ellas, Istonium u Opta
fueron las más beneficiadas (Bermúdez Gómez y
Guisado di Monti, 2004: 253).
La ciudad romana del Cerro de Alvar- Fañez
pudo haber funcionado como un centro gestor de
la explotación del lapis, explotación que estaría
bajo el control de Segobriga. Esta ciudad fue el
epicentro geográfico del conjunto minero extendido por las zonas de Sierra, Alcarria y Mancha de
la provincia de Cuenca (Guisado di Monti y
Bermúdez Gómez, 2002: 277-278).
La última fase de cierta vitalidad en el
yacimiento corresponde con el Bajo Imperio. El
declive de Istonium/Opta, a partir de esta época
podría explicarse por el uso del vidrio soplado
que se impuso finalmente sobre el empleo del
lapis specularis para la construcción de ventanales. Esta nueva moda trajo consigo el abandono de las minas de yeso ubicadas en su entorno
y esta circunstancia acabó con la razón de existir
de este enclave (Castelo et alii, 2004:118).
La secuencia del poblamiento constatada en
Alvar-Fañez reviste un gran interés, ya que a
través de ella es posible estudiar los fenómenos de
evolución, cambio y continuidad que registran las
sociedades protohistóricas en el proceso de
romanización.
En definitiva, la ciudad, primaro celtibérica y
después romana situada en El Cerro de Alvar-Fañez
se presenta, a tenor de los estudios arqueológicos
como uno de los yacimientos más especialmente
significativos, en relación con las grandes ciudades romanas de Segobriga, Ercavica y Valeria,
jugando un papel de centro económico relevante
en las fases republicana y altoimperial. En segundo lugar porque se muestra un espacio de evolución cultural en el que quedan de manifiesto los
importantes procesos de aculturación a que se
vieron sometidos los habitantes de la meseta con
la llegada de los conquistadores romanos.
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