LA REHABILITACION CONDUCTUAL EN EL MEDIO LIBRE Y EL

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ARTICULOS
LA REHABILITACION CONDUCTUAL
EN EL MEDIO LIBRE
Y EL TRABAJO CON LA FAMILIA
Elsa Catalán P. (*)
Francisco Prado O. (**)
INTRODUCCION
1.GENERALIDADES SOBRE
LA MEDIDA DE LIBERTAD VIGILADA
El avance de las Ciencias Sociales y del Comportamiento avalan el tratamiento conductual en el
Medio Libre.
En lugar de castigar, segregar y aislar al sujeto,
debe propenderse. a un proceso de reintegración
adecuado al contexto familiar, ambiental y comunitario de origen.
Es así como en la actualidad, la Rehabilitación Conductual en el Medio Libre es defendida por
los expertos mundiales en rehabilitación por su efectividad y su carácter eminentemente humanizador,
a la vez que por ser muchísimo menos onerosa que
los sistemas clásicos de encarcelamiento.
Para los menores, la sanción penal tiene carácter correctivo en lugar de "sancionador". Por ello se
habla de menores inimputables o sin discernimiento
y se establecen medidas de rehabilitación y readaptación antes que de "sentencia".
Es así como una vez que el menor ha sido
aprehendido por cometer una falta o es puesto a
disposición del Tribunal como medida proteccional,
el Juez de Menores, previo estudio de todos los antecedentes de que disponga, resuelve una de las cuatro alternativas que contempla la Ley 16.618 en su
Art. 29. Estas medidas son:
- Amonestación y entrega a los padres.
- Internación en un Hogar de Menores.
- Designación de un tutor.
- Someterlo al Régimen de Libertad Vigilada.
La Libertad Vigilada es una medida de tratamiento aplicable por resolución judicial a los menores inimputables que han cometido una infracción
a la Ley o que presentan graves problemas conductuales, tendientes a inducir cambios en su conducta
social, logrando su readaptación y rehabilitación.
El tratamiento de rehabilitación conductual
en Libertad Vigilada es aplicado por un profesional
de las áreas de las Ciencias Sociales denominado Delegado de Libertad Vigilada, quien establece con el
menor y familia un vínculo personal que le permita
una atención individualizada.
El presente artículo pretende transmitir nuestra experiencia de trabajo en el Sistema de Libertad
Vigilada con los menores sometidos a la medida y
sus familias.
Expondremos cómo, en nuestra tarea de rehabilitación, hemos llegado al convencimiento de que
no es posible hacerlo sin incorporar a la familia al
proceso, como parte activa e integrante de él.
Por ser el sistema de Libertad Vigilada relativamente nuevo en el país, hemos creído conveniente
iniciar el presente trabajo con una breve síntesis de
lo que es el sistema desde el punto de vista legal.
Asimismo, se describirá en términos generales nuestra institución, para pasar a continuación a una descripción de la población atendida y de la forma de
encarar el proceso de rehabilitación.
Finalmente, haremos una revisión de nuestras
experiencias de trabajo con familia, dejando expresa
constancia que dadas las características propias de
nuestro trabajo y las exigencias cotidianas de acción, nos impiden detenernos a sistematizar dichas
experiencias y a teorizar sobre ellas. Pensamos, sin
embargo, que constituyen un acervo riquísimo y nos
sentimos en la obligación de darlo a conocer a quienes sí pueden y deben investigar sobre la acción, para posteriormente enriquecerla.
II. NUESTRA CORPORACION.
La Corporación para la Orientación, Protección y Rehabilitación del Menor "PROMESI" inició
sus actividades en enero de 1983, como Institución
colaboradora del Servicio Nacional de Menores. Tie(*)
(**)
Asistente Social, Directora de la Corporación para la
Orientación, Protección y Rehabilitación del Menor
(PROMESI).
Sociólogo, Delegado de Libertad Vigilada en PROMES¡.
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ne carácter privado sin fines de lucro y una cobertura de 280 menores en Libertad Vigilada provenientes de todo el área Metropolitana; los menores ingresados por resolución judicial son atendidos por un
equipo de profesionales del área social: Psicólogos,
Sociólogos, Asistentes Sociales, Profesores, Monitores y Auxiliares Sociales.
"PROMESI" es una Institución colaboradora
del Servicio Nacional de Menores por cuanto se rige
por las normas de dicho Servicio, el cual a su vez
subvenciona y fiscaliza el trabajo realizado con los
menores.
No obstante lo anterior, la Corporación
"PROMESI" en su calidad de Institución privada,
es autónoma respecto de la formulación conceptual
del proceso de Rehabilitación, y tanto el o los enfoques teóricos utilizados como las técnicas específicas que se aplican, son definidas por la Institución.
II1. DESCRIPCION DE LA POBLACION
ATENDIDA.
Desde el nacimiento del menor pueden observarse en él factores que lo acompañarán a lo largo
de toda su vida, marcándolo y pre-determinándolo
a un destino de marginalidad del cual sólo en contados casos podrá salir: el embarazo de su madre suele
ser de algún grado de riesgo, por deficiente alimentación, carencias básicas y falta de atención médica
adecuada, tanto por razones económicas como culturales que dificultan su acceso periódico a controles y/o el seguir las indicaciones alimenticias y de
toda índole que son deseables para el período de
gestación.
Este menor, que nace débil y que probablemente se desnutrirá en algún período de su vida
temprana - lo que repercutirá en su desarrollo
físico y psíquico - se inserta en un medio familiar
que no es el más adecuado para su desarrollo físico
y mental. A la falta de estimulación se une la carencia de afecto expresado en formas que el menor
perciba, el autoritarismo como reemplazo de una
preocupación afectiva y una dinámica familiar alterada por la ausencia real o simbólica del padre, que
puede o no ser sustituido por un padrastro cuya
actitud hacia los hijos de su mujer, en la mayoría
de los casos, será de rechazo, de castigo físico y,
eventualmente con las hijas adolescentes, esa violencia puede llegar hasta la violación.
Dado ese contexto tan precario, los problemas
de aprendizaje y de desarrollo intelectual son comprensibles e inevitables. Así, este menor probablemente desertará de la escuela entre tercer o quinto
año básico, apenas sabiendo leer y escribir, capacidades que, por falta de uso, perderá a corto plazo.
A los ocho o doce años entonces, este menor
carece de la influencia de los agentes de socialización básicos, como son la Escuela y una Familia
adecuada. Ante esta realidad, el destino más probable del menor será la internación, si es posible, o
la familia claudicará permitiéndole conductas de
vagancia y mendicidad, exigiéndole paulatinamente
REVISTA DE TRABAJO SOCIAL
pequeños aportes al hogar y facilitando así su inserción en un medio altamente irregular en el cual las
conductas van agravándose hasta terminar en episodos de detención.
Conociendo las características del medio en
que se ha desarrollado el menor, es más fácil comprender su personalidad, concibiéndolo como una
persona que ha carecido y carece de las oportunidades y medios lícitos para satisfacer sus necesidades
básicas, lo que facilita su comportamiento antisocial.
En los casos más graves, los menores que ingresan a Libertad Vigilada, presentan una condición orgánica deficiente que se traduce en daño
orgánico cerebral, niveles intelectuales sub-normales, impulsividad, reactividad primitiva, etc., a lo
que se suma una influencia socializadora marcada
por los cánones de la subcultura descrita anteriormente.
A esta edad, el menor ya ha adquirido un repertorio conductual en que el robo, consumo de
bebidas alcohólicas, marihuana, inhalación de solventes volátiles, vida sexual precoz y escasa dependencia de los padres, constituyen elementos centrales de su conducta habitual. De esta forma, se va
consolidando una internalización de valores en que
el delito aparece como una vía natural de satisfacción de necesidades que, en comparación con el
trabajo remunerado, resulta más atractiva.
Así, observamos una baja motivación por el
trabajo y la capacitación, por lo que resulta muy
difícil su incorporación estable a la vida laboral,
siendo sus empleos de carácter ocasional y con frecuentes períodos de cesantía.
Toda esta historia de vida genera un modelo
de conducta, una socialización en la cual la escolaridad no es valorada, en la cual las oportunidades y
el apoyo no se dan sino se ganan de cualquier manera y que producen, por el imperativo de la subsistencia, habilidades que no pueden sino estar en
contradicción con lo que la mayoría de la sociedad
define como habilidades sociales. No es que el menor en cuestión carezca de habilidades sociales, sino
que estas habilidades no son las mismas que tiene
un niño de su edad con otra historia cultural. Así,
esta conducta es definida como desviada respecto de
lo que la sociedad define como adecuado, y en la
medida en que dicha conducta atente contra la sociedad, es castigada en el caso de los adultos, y se
intenta modificarla, en el caso de los menores.
IV. EL PROCESO DE MODIFICACION
CONDUCTUAL
Dada la realidad antes descrita, aparece claro que en la mayoría de los casos son los factores
ambientales los que producen la conducta desviada.
No estamos propiamente en presencia de
delincuentes juveniles sino frente a menores a quienes su propio medio ha empujado a dicha conducta.
Así, un intento de modificarla debe orientarse fundamentalmente a factores ambientales. Aún
ARTICULOS
cuando variables como la desintegración familiar o
la cesantía son poco modificables, sí puede actuarse
sobre aspectos como pautas de crianza, habilidades
sociales básicas, educación en sexualidad, prevención de alcoholismo, drogadicción y otros, con el
fin de equipar al menor para que sea capaz de compensar sus carencias.
La acción del Sistema sobre cada uno de esos
aspectos la ejecuta el Delegado de Libertad Vigilada (1), agente del proceso de Rehabilitación, a través de dos actividades centrales: la Entrevista en
Oficina y .las diferentes actividades en Terreno
como son las Visitas Domiciliarias, gestiones, etc.
El proceso de ti-atamiento conductual para cada menor está definido sobre la base de diferentes
etapas de acuerdo al tiempo de ingreso y permanencia del menor en el Sistema.
La primera etapa se caracteriza por ser una
etapa de diagnóstico, afianzamiento de la relación
interpersonal Delegado de Libertad Vigilada - Menor, y establecimiento de conductas sociales básicas.
Tiene una duración promedio de seis meses, y al
cabo de ella el Delegado de Libertad Vigilada elabora el Diagnóstico Integral del caso gracias a su conocimiento acabado de la situación. A partir de ese
diagnóstico, se elabora un programa de tratamiento
específico para el menor.
La segunda etapa de tratamiento propiamente
tal, trabaja con mayor intensidad la problemática de
ingreso al Sistema. El contenido de las Entrevistas
en Oficina se refiere básicamente a esa problemática
y a la vez, el menor es integrado a los programas de
apoyo que específicamente requiere. Es en esta
etapa cuando puede aparecer la necesidad de derivación a especialistas externos a la Corporación.
Paralelamente, se sigue trabajando, aunque con menor intensidad que en la primera etapa, las habilidades sociales básicas y la relación interpersonal con
el Delegado.
En la tercera etapa, que cubre los seis últimos
meses del total de dieciocho que habitualmente
dura el proceso, el objetivo al cual se dedica el mayor esfuerzo es el de la preparación del menor para
su integración autónoma e independiente a la comunidad. Si bien se siguen trabajando las otras
áreas, la intensidad con que ello se hace es decreciente.
Es necesario destacar que las anteriores etapas
no son rígidas y que su extensión en definitiva dependerá del logro de los objetivos de cada una de
ellas.
Todo ese proceso, como se decía anteriormente, se lleva a cabo en el medio libre. Por lo tanto,
intervienen en él todos los agentes habitualmente
presentes en la vida del menor: el medio laboral, si
lo hay, el medio escolar, la comunidad, el grupo de
pares y, fundamentalmente, la familia.
Y ello por dos motivos: primero, pues si se
trata de integrar al menor a la sociedad no se puede
prescindir de los diferentes grupos a que pertenecerá. Segundo, pues la experiencia nos ha demostrado
que el no tomarlos en cuenta no sólo dificulta la
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integración sino la hace imposible. El contar con
ellos, en cambio, los transforma en interlocutores y
referentes
permanentes del proceso en términos
de apoyo, control y retroalimentación.
V. LA FAMILIA COMO APOYO DEL CAMBIO
CONDUCTUAL
No siendo el único agente coadyuvante del
proceso de rehabilitación, puesto que la comunidad escolar y laboral, el grupo de pares y la coordinación con recursos privados y estatales, convergen
al mismo objetivo, la familia aparece como el más
estratégico en la tarea de modificación de la conducta del menor, por cuanto es la realidad más estable,
cotidiana y tangible de nuestros menores, cuya
calidad de adolescentes los hace particularmente
sensibles a su contexto familiar.
Por otra parte, la familia del menor aparece
ya en la norma legal reconocida como parte integrante del proceso de rehabilitación en Libertad Vigilada, en la medida en que unó de los requisitos
que el menor debe cumplir para optar al Sistema es
que tenga una familia que reuna características que
puedan definirla como mínimamente adecuada.
Ahora bien, este requisito mínimo es más
bien una potencialidad dada por la mera existencia
de figuras parentales, antes que una realidad operante. Si bien la madre está en el hogar, acompañada
a menudo de un conviviente cuyas relaciones con
el menor no son siempre las mejores, sus pautas de
crianza, el tipo de autoridad que ejerce y el modelaje que percibe el niño o niña, se insertan en la realidad deficitaria antes descrita.
Enfrentados como sistema a una familia con
esas características, por una parte, y convencidos
de la necesidad ineludible de incorporarla al tratamiento conductual dado que, si no lo hacemos, cualquier logro revertirá una vez finalizado el tratamiento, nuestra actitud respecto de la familia de los menores y el trabajo que con ellas de desarrolla, se
basan en las siguientes orientaciones:
Primero, reconocer la anterior realidad y tener
presente, a lo largo de cada una de nuestras acciones
orientadas al cambio de conducta, que el ambiente
cotidiano, aquel que pesa mucho más sobre el
menor que nuestras acciones periódicas, es el de su
familia, con una dinámica específica y propia.
Dicha actitud se traduce en términos concretos en
un conocimiento bastante exacto de esa familia y
de sus circunstancias, información que se toma en
cuenta a la hora de formular programas específicos
y metas para cada menor, no sólo para asegurar su
factibilidad sino con el fin de mejorar su integración
a la familia de origen y, en esa medida, sus posibilidades de formar una propia.
Segundo, incorporar a la familia como el interlocutor del proceso de modificación conductual,
tanto en términos de retroalimentación como de
apoyo y control en lo que a cumplimiento de programas se refiere. Esta interlocución tiene el doble
objetivo de actuar sobre el menor y sobre la familia,
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pues se utiliza también para obtener información
y elaborar o reelaborar en conjunto pautas de crianza que pueden redefinir la dinámica familiar.
Tercero, y ya a nivel de técnicas específicas
más que de orientaciones generales presentes en cada actividad, podemos citar una serie de iniciativas
que están en proceso y/o en evaluación, iniciativas
que hemos desarrollado a lo largo de estos dos años
y de cuya eficacia no podemos aún concluir, dado el
relativamente pequeño número de casos involucrados.
La terapia familiar sistémica fue uno de los
primeros enfoques que utilizamos, derivando a un
equipo de especialistas a aquellas familias que, previo análisis, aparecían como potencialmente necesitadas de una terapia de ese tipo. Si bien las evaluaciones de proceso fueron altamente positivas, ninguno de los casos derivados permaneció en la situación terapéutica por un tiempo suficiente como
para obtener resultados durables, y ello por una razón aparentemente secundaria pero que en realidad
es inherente al marco cultural de las familias de los
menores que atendemos: jamás se logró superar la
actitud de aceptación pasiva de un beneficio y que
se transforma en una actitud positiva y voluntarista
respecto de la posibilidad de cambio. Ello se puede
explicar por una serie de factores, como el hecho de
que la derivación aparecía como obligada y más aún,
exigida por un Juzgado, o que la situación clínica es
percibida como ajena a la cultura de los menores y
sus familias, sobre todo en terapia familiar sistémica,
o que la extensión del tratamiento frustraba a quienes esperaban resultados a corto plazo, u otros en
esa línea. Todo ello se está estudiando y analizando,
pues el enfoque sistémico presenta una serie de
posibilidades que no pueden descartarse por dificultades de tipo operacional antes que reales.
Otra acción sistémica que hemos llevado a
cabo, y ésta con más intensidad y extensión, es la
del trabajo sistemático y periódico con grupos de
padres en los cuales se discute, elabora e intercambia experiencias respecto de problemas y formas de
asumir en el hogar la crianza de los hijos. Por otra
parte, las reuniones de padres constituyen para el
Sistema una posibilidad de reatroalimentación en la
medida en que son instancias en las cuales los padres
pueden discutir los avances o retrocesos del proceso
de rehabilitación de sus hijos e informar al Sistema
sobre la forma en que está llegando a sus hijos. En
la medida en que no hay en estos grupos un agente
externo sino tan sólo el Delegado de Libertad Vigilada, que conoce a cada uno de los menores y a sus
familias, y en la medida en que la problemática es
similar, los resultados son más fáciles de alcanzar y
en un plazo menor. En esta línea y dado el relativo
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éxito alcanzado, nuestra política institucional es la
de extender el trabajo con grupos de padres.
Finalmente, y como decíamos al hablar de la
familia como interlocutor del proceso de cambio
conductual, talvez lo más significativo en cuanto a
cantidad, sistematicidad y resultados medibles en
corto plazo es el trabajo individual del Delegado con
cada familia. En' una relación permanente y sin
definición previa de periodicidad, el profesional intercambia información, apoya el trabajo de los padres, discute la relación del menor con sus padres,
elabora las pautas de crianza en términos de su adecuación a la etapa de desarrollo del menor, detecta
áreas problemáticas y, en general, intenta mejorar
la calidad de la interacción familiar.
Sin perjuicio de lo anterior, y como parte de
la labor asistencial antes que "terapéutica", por
definirla de alguna manera, está la ocasional derivación de la familia y/o de los padres a centros de tratamiento especializado, ya sea con fines terapéuticos
o de consejería familiar.
Deseamos recalcar que no sólo nuestras acciones respecto de la familia sino que, en general,
todo nuestro quehacer en la línea de modificación
conductual está en permanente reelaboración y
evaluación. Por ser el Sistema de Libertad Vigilada
relativamente nuevo en Chile y no haber en esa medida referentes empíricos o teóricos, no hemos adherido a alguna escuela específica. Nuestra constante búsqueda de técnicas y metodologías de rehabilitación que sean adecuadas a nuestra realidad cultural nos ha llevado a incursionar en diversas orientaciones, que, confiamos, nos permitirán en un
futuro aún indeterminado la formulación de un
marco teórico que incorpore una serie de enfoques
que a la fecha nos parecen relevantes, pero respecto
de los cuales todavía no estamos en condiciones de
concluir. Pensamos -sin embargo que es necesario
un fuerte trabajo en la línea de adaptar las teorías
de tratamiento conductual, diseñadas para una realidad de clase media-alta y/o de países desarrollados,
al contexto socio-cultural descrito en este artículo.
NOTAS
(1)
Cada Delegado de Libertad Vigilada, asignado a un
Tribunal de Menores, atiende a un total de 40 menores en un área geográfica correspondiente al
respectivo Tribunal.
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