1 María del alma. Melodrama novelado de la vida de Agustín Lara

Anuncio
María del alma. Melodrama novelado de la vida de Agustín Lara
por Pilar Tafur y Daniel Samper
Amor, amor aquel y aquella que ya no son, ¿dónde se fueron?
El libro de las preguntas, Pablo Neruda,
Antes de empezar, quiero que tengamos presente el epígrafe que escriben en María del
alma, Pilar Tafur y Daniel Samper: “Cada vez que recuerdo a Agustín Lara me pregunto si
de verdad existió o si fue un maravilloso cuento inventado por todos los que tuvimos el
privilegio de ser sus amigos” Pedro Vargas, su compadre.
El libro es un ejercicio de ingenio, humor fino, sensibilidad y lectura avezada y aguda.
Es una pieza del mejor estilo de la cursilería bolerística que poco le importaba a Lara
cuando Camilo José Cela descalificaba el bolero por expresar de manera cursi, el
sentimiento amoroso. Cuenta además, una historia de una ternura extraordinaria que sucede
cerca de donde está la estatua de Don Agustín, como le llamaba Sullivan, Mariano Sullivan
Soler, en Lavapiés, Madrid. Debo decir, para tranquilidad de los asistentes, que la estatua
finalmente no la quitaron. Por último, tejen la historia inventada por Lara en el entramado
de lo que cuentan o se deduce de los boleros. ¡Y de qué manera! ¡Es también una novela de
suspenso!
Muestra a Lara como todos los amantes del bolero lo imaginamos: andando “por los
cabaretuchos de México, a finales de la década del veinte”. Allí nació su primer bolero
inspirado quizás, en Nunca de Rafael “Guty” Cárdenas: Imposible. Imposible no pensar en
la razón de este bolero que narran Pilar y Daniel: “una piruja que le dejó una huella
indeleble”… en la cara. A la piruja le tocaba atender clientes en uno de esos cabaretuchos y
mientras Don Agustín tocaba el piano, ella bailaba con alguno de los clientes, que la
1
mantenía apercollada o que la serrucheaba, en lenguaje sandiegano. Debo advertir como lo
hizo el académico Sullivan, que esta acepción no está en el diccionario, pero todos la
entendemos. Vemos y sentimos el fulmen que atravesó el corazón de Don Agustín para
componer Imposible.
Pero, ¿quién era Mariano Sullivan Soler? Es la voz en la novela. Más allá de eso, era el
secretario (de secreto, decía el Maestro) y el chismoso; el Quijote y el Sancho Panza, el
crítico literario, (creo que hasta académico de la lengua era) y sicólogo del amor absoluto.
En María del alma, Sullivan Soler, nos cuenta del amor absoluto. Don Agustín sintió por
Rosa María un amor absoluto. Cabalgó en muchas monturas, hasta el punto “que una vez le
disputó una enamorada a Chavela Vargas”, pero tenía un amor inolvidable, absoluto. Por
ejemplo, “Lara proyectó en Angelina (Bruschetta) sus deseos de Rosa María” p. 61. “Es por
eso que muchas veces me pregunté si nunca llegó a sentir celos del esposo de Rosa María
[… porque…] en lo más apretado de su alma debía de sentir que Rosa María lo engañaba a
él con Basilio Berrocal, y no al contrario. Es que el amor es muy posesivo, Señor Director,
y el amor de los poetas, el más posesivo de todos” p. 128. “… en la vida de Agustín Lara
hubo un amor que venció a todos los demás, un amor incomparable e irreparable, y fue el
de Rosa María Callejas” p. 168. “Tuvo tres mujeres de nombre María, y a las tres les
dedicó la misma canción” p. 182. “[…] buscaba básicamente dos cosas. […] [Una la
obtuvo,] “la otra nunca podría conseguirla, y era el amor que invade por completo a una
persona, el que llega a poseer todos sus átomos, todos sus momentos, el que enajena sus
sentidos. Ese amor lo había sentido solo por Rosa María Callejas, y ya no lo volvería a
sentir” p. 193.
Pero no solo sentía un amor absoluto por Rosa María, sino por otras a las que celaba.
Como a la piruja que le rayó la cara o a María Félix. Como estaba regado el chisme que la
2
Doña lo engañaba con un general, la interrogaba, según Sullivan. El Maestro le decía
“Imagínate que cuando tarda un poco en llegar –decía avergonzado- me comporto como un
policía y la sometía a interrogantes infamantes: que con quién andaba, que qué estaba
haciendo, que quién le había hecho tal o cual regalo, que quién era esa persona con la que
hablaba por teléfono” p. 179. Una de esas noches debió escribirle el tema Anoche te sentí.
“Anoche te sentí / cuando llegaste / y no quise moverme / lo confieso. / Fingí dormir y
cuando / me besaste / fingí que despertaba con tu beso. / Escuché tus palabras, / oí todo /
hasta lo que tú nunca pronunciaste / todo lo que tu inventas a tu modo / anoche te sentí
cuando llegaste”.
Yo creo que el amor absoluto es ineludible. Más aún, es invasor. El ser enamorado juega
con los cuerpos. Este cuerpo se convierte en aquel cuerpo. Escudriña los movimientos de la
ciudad y no descubre a su alma compañera. La ronda por su calle es la esperanza de una luz
encendida. La busca donde no puede estar. El recuerdo asalta con alevosía al olvido. La
visión del ser amado lo paraliza. Lo contempla, acompañado, como un relámpago (¿un
fulmen?) que amedrenta. Y duele. Desea abrazarlo, besarlo y decirle que no puede vivir con
su ausencia. Su cuerpo, su mente, todo su ser están vacíos de ese otro ser. Es «la angustia de
la soledad». Sus manos tienen la ausencia de su cuerpo. Recordarlo es la única forma de
tenerlo. No hay duda, está condenado a adorarlo por siempre. No importa dónde, ni con
quién se encuentre. Lo seguirá amando en la soledad y en la compañía. Lo tendrá siempre
en su corazón. Está condenado a estar con él en el llanto y en el beso. En la pasión y el
dolor. Más allá del tiempo y de la distancia.
Con su recuerdo inmutable, lo espera sin cansancio. Su corazón nunca será entregado a
otro ser. Su presencia lo avasalla todo, es total y exclusiva, tanto que el pasado se agolpa en
3
el presente, porque todos los recuerdos vienen a vivir en el corazón; en cuyo caso, habría
que decir con Baudelaire:
“Déjame respirar un rato, un buen rato, el olor de tus cabellos, hundir en ellos mi rostro,
como un hombre sediento en el agua de una fuente, y agitarlos con mi mano como un
pañuelo perfumado, para sacudir recuerdos en el aire [...] Déjame morder un buen rato tus
trenzas pesadas y negras. Cuando mordisqueo tus cabellos elásticos y rebeldes, me parece
estar comiendo recuerdos”.
Alimentándose de su recuerdo, él mantiene viva su ilusión y ella siempre está presente.
"- La ilusión no se come - dijo la mujer. - No se come, pero alimenta - replicó el coronel"
nos lo dice Gabo.
Su aroma le embriaga la memoria. El aroma, el olor, obsesionan. Ya lo decía Baudelaire
(otra vez Baudelaire):
Guiado por tu aroma hacia mágicos climas,
Veo un puerto colmado de velas y de mástiles
Todavía fatigados del oleaje marino,
Mientras del tamarindo el ligero perfume,
Que circula en el aire y mi nariz dilata,
En mi alma se mezcla al canto marinero.
Miguel Hernández a su vez dice:
Ropas con su olor,
paños con su aroma.
Se alejó en su cuerpo,
me dejó en sus ropas.
Lecho sin calor,
sábana de sombra.
Se ausentó en su cuerpo.
Se quedó en sus ropas.
Y aquí, necesariamente toca traer a don Pedro Salinas con un texto tremendo:
"No quiero que te vayas,
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
4
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo."
Sullivan cuenta que Paco Ignacio Tabio I se refirió “al amor de Lara por lo cursi y […]
que don Agustín tuvo el valor de llegar hasta el extremo de su fantasía. «Iba del brazo de la
cursilería y la exhibía ufano, como cuando lo acompañaba una mujer bonita».”
Sobre la cursilería, Sullivan cita uno de los varios textos que el Maestro, o Don Agustín,
acostumbraba a leer en forma aislada o como preámbulo para alguna canción.
“Esto no es un disco. Es un pedazo de mi sentimiento arrancado en el preciso momento
en que debía cortarse. Como se hace con una rosa cuando está hecha botón y próxima a
reventar. Cuando se [le] separa del tallo criminalmente y se convierte en paloma de sangre,
volando hasta los labios de la amada para tener con ellos el duelo de carmín que no llega a
la muerte.
[Pero esto no es un disco, aun cuando la forma y el sonido lo desmientan.] Esto es algo
que yo quiero ofrecerle a usted como una migaja que pudiera llegar milagrosamente hasta el
lago infinito de su silencio.”
Prefiero que ustedes oigan en boca de Lara lo que Sullivan Soler nos cuenta. También
vamos a ver una escena de la película Santa donde Don Agustín actúa como un cantante
ciego.
Lara era lector de poesía y se nota en las letras de sus canciones como lo sugieren con
generosidad Pilar y Daniel. Mariano Sullivan Soler nos describe los intentos de Don
Agustín de dibujar a Rosa María: “La sombra de tus ojeras era un pedazo de cielo azul…”
[…] “Tus pupilas eran de fuego …” p. 47. “Morena de verde luna, anda despacio y
5
garbosa” de García Lorca verso que fue calificado por el Maestro como “la mejor
descripción que se ha hecho de Rosa María…” p. 48. O cuando el mismo Sullivan descubre
que Lara leyó a Darío: nos dice que “de sus poemas escanció Lara esencias supremas, que
luego ungió sabiamente en su obra” p. 69.
Estoy de acuerdo con Sullivan. Lara ha tenido a mi juicio, una fuerte influencia del
modernismo y en particular de Rubén Darío. Le presta a Rubén Darío algunos de sus temas
para decir que él sintió de cerca su mirar y que su "paisaje triste se vistió de azul". Sin duda,
Azul, Hastío, Mujer, Tus pupilas y otras composiciones de Lara, tienen una clara pincelada
de modernismo, como aquello de las "trémulas angustias musicales" que hacen del hastío
un "pavo real que se aburre de luz en la tarde". En la poesía de Lara se encuentran entonces,
mujeres alabastrinas (Mujer), tristes jardines con el encanto de tus perfumes (Rosa), la
sombra azul de las ojeras de mujer que son un pedazo de cielo azul (Azul y Tus pupilas),
ojos diáfanos como gotas de cristal (Pecadora), pupilas de luz, (Tus pupilas), el atardecer
que ve en sus ojos (Como dos puñales), abanicar de pavos reales en el jardín azul de tu
extravío (Hastío), cisnes que Dios pintó en cristal, (El cisne) y lunas que brillan en lagos de
cristal (Janitzio). Más allá de la probable influencia del modernismo y en particular de
Rubén Darío, hay que rescatar la calidad poética de sus composiciones. La verdad es que la
academia está en mora de hacer un estudio serio de la poesía de Lara y situarla en su
verdadera dimensión literaria.
Oigamos Azul, canción modernista del Maestro, entre otras: "Cuando yo sentí de cerca
tu mirar / de color de cielo, de color de mar, / mi paisaje triste se vistió de azul, / con ese
azul, que tienes tú."
6
A pesar de todas esas traiciones, dolores y abandonos, Lara entendía que hay que
arriesgarse; que el amor exige coraje y mucho valor. Esto lo decían unos “boleristas
insignes” que menciono a continuación.
Lo decía Don Antonio Machado, "... huye del triste amor, amor pacato, sin peligro, sin
venda ni aventura... porque en amor locura es lo sensato." Y Don Pedro Salinas, escribió,
con el corazón abierto: "Pero para querer hay que embarcarse en todos los proyectos que
pasan, sin preguntarles nada, llenos, llenos de fe en la equivocación de ayer, de hoy, de
mañana, que no puede faltar". Kavafis por su lado, nos muestra un texto tremendo:
“Nada me retuvo. Me liberé y fui.
Hacia placeres que estaban
tanto en la realidad como en mi ser,
a través de la noche iluminada.
Y bebí un vino fuerte, como
sólo los audaces beben el placer.”
Como se puede intuir, a juzgar por los versos citados, tanto el francés como los españoles y el
greco egipcio, habrían sido estupendos compositores de boleros...
Invito a todos ustedes a deleitarse con el texto María del alma y su disco de canciones
seleccionadas por los autores. Yo lo disfruté a plenitud. Espero que ustedes también.
Ahora Pilar y Daniel nos contarán la historia detrás del libro y nos firmarán libros.
Ignacio Vélez Pareja
Cartagena, enero 22 de 2008
7
Descargar