Cuerpo: Territorio de la vida, desde la cuna hasta la tumba

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Cuerpo: Territorio de la vida, desde la cuna hasta la tumba
Por Álvaro Restrepo
“Una educación, desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que
nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos
en una sociedad que se quiera más a sí misma. Que aproveche al máximo
nuestra creatividad inagotable y conciba una ética -y tal vez una estéticapara nuestro afán desaforado y legítimo de superación personal. Que integre
las ciencias y las artes a la canasta familiar, de acuerdo con los designios de
un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguir amándolas por separado
como a dos hermanas enemigas. Que canalice hacia la vida la inmensa
energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y
la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no
tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por el país
próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños.”
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Por un país al alcance de los niños
Cuando los organizadores del Encuentro de Educación para la Primera
Infancia organizado por Comfenalco en Medellín recibieron el título de esta
ponencia, me llamaron y me pidieron que intentara matizar o suavizar la
palabra tumba, quizás cambiándola por “el fin de los días” o por otra forma
menos lapidaria, en el sentido estricto de la palabra…(Este texto fue también
leído en dicho evento.) Proponer una meditación sobre la educación (del
cuerpo) de la primera infancia, señalando para empezar a la tumba como
destino ineluctable, entiendo que sea un poco chocante -incluso provocador y de alguna manera desesperanzador … Sin embargo insistí en que éste fuera
el punto de arranque de la reflexión que hoy vengo a compartir con Uds.,
desde EL COLEGIO DEL CUERPO de Cartagena de Indias, institución que
fundé en 1997 y que codirijo con la bailarina, coreógrafa y pedagoga Marie
France Delieuvin.
El fin del cuerpo se ha convertido para mí desde hace años en un motivo de
permanentes cavilaciones…Los bailarines así como los deportistas y todos
aquellos que vivimos de nuestro cuerpo y en función de él, tenemos una
conciencia particularmente exacerbada sobre ese reloj biológico que somos y
que, como una bomba de tiempo - con el tic-tac de nuestro corazón y su
insobornable cuenta regresiva - nos va acercando al fin de nuestros días. Pero
más que reflexionar sobre el fin del cuerpo como final, como terminación de
la vida, pienso constantemente en el fin como finalidad, como propósito. Y
sobre este tema me auto - cito en una charla que dicté hace algunos años para
un seminario “sobre la ética del cuidado” en la U. Javeriana:
“Hace unos años creé un espectáculo en homenaje al pintor Lorenzo
Jaramillo, fallecido en 1993, víctima del Sida. Lo titulé ORDALÍA y los
subtitulé el fin del cuerpo. Esta instalación coreográfica era una meditación
ritual sobre la enfermedad, entendida como una prueba, una punición, un
juicio de Dios, una ordalía. El subtítulo el fin del cuerpo lo tomé prestado de
un artículo magistral de Julia Kristeva sobre el Cristo Muerto de Hans
Holbein, el viejo.. Esta obra extraordinaria nos muestra el cadáver más
muerto de Jesús que haya sido jamás representado por pintor alguno.
Kristeva cita a Dostoievski quien afirma, en boca de uno de sus personajes,
que ante este cuadro tremendo “un creyente puede perder la fe”, tan
definitiva y rotunda es la rigidez del cuerpo de este mesías sin esperanza
alguna de resurrección. El rostro y el cuerpo de Lorenzo en su agonía final
fueron pasmosamente idénticos a este Cristo desalmado.
El fin del cuerpo…el fin del tiempo…En el año 2005, con los bailarines de la
Compañía de eCdC, creamos la obra EL CUARTETO PARA EL FIN DEL
CUERPO, basada en la música del compositor francés Olivier Messiaen, EL
CUARTETO PARA EL FIN DEL TIEMPO. Cuerpo y tiempo, identidad
misteriosa e innegable. ¿Qué puede estar más ligado a la noción de tiempo
que ese reloj biológico e inexorable que es nuestro propio cuerpo? El fin del
cuerpo o el fin del tiempo podrían los dos equipararse a la muerte. ¿Son
acaso la eternidad o la inmortalidad equivalentes al fin del cuerpo/tiempo, el
no-cuerpo, el no-tiempo? En la lengua española la noción de fin puede
también asociarse con la de finalidad: ¿cuál es el propósito, el designio, el
proyecto, la finalidad del cuerpo/tiempo? De esto debería empezar a
hablarnos la Educación desde que se inicia el proceso educativo: qué es el
cuerpo… ¿cuál es el fin del cuerpo, cuál su razón de Ser…?”
Primero lo primero: el cuerpo
A pesar de que eCdC no ha trabajado hasta el día de hoy con niños
pertenecientes a ese ciclo de la vida definido como “primera infancia”, hoy en
día nos estamos planteando la pregunta sobre la edad ideal para iniciar este
proceso educativo conducente al empoderamiento - para utilizar una palabra
de moda - del cuerpo por parte del educando. Para ninguna de las personas
que está aquí presente es un secreto el hecho de que lo que recibimos entre los
0 y los 6 años marcará para siempre de manera indeleble nuestra relación con
el mundo, con nuestros semejantes, con nuestro propio cuerpo/ser. Y quiero
remontarme al momento mismo de la gestación: un ser que es engendrado
como producto de una noche de amor, necesariamente tendrá que ser diferente
- en esencia - a otro ser producto de una violación o, para ser menos drásticos,
de una relación donde la rutina, o el alcohol, por ejemplo sean los motores de
la pasión sexual…Existen hoy en día técnicas para que la madre y el niño,
durante el embarazo, establezcan una relación y un diálogo cuando todavía
son un solo cuerpo, hasta el momento cuando el niño nace y - al cortar el
cordón que lo une a su origen - se convierte en otro cuerpo, un cuerpo
autónomo. Hoy más y más se planea y se diseña el momento mismo del
alumbramiento: hay quienes nacen en piscinas tibias y perfumadas al compás
de las Cuatro Estaciones de Vivaldi y son recibidos en las manos de un padre
sollozante por la emoción del milagro de la vida…Otros – por desgracia
muchos en nuestro país - tienen recibimientos menos festivos y
amables…durante los 9 meses la madre se lamenta de su estado y al llegar al
mundo no lo esperan la alegría y los proyectos sino la angustia de la
supervivencia y la incertidumbre de un presente y un futuro sin esperanza.
Si las primeras manifestaciones que recibe el niño son de afecto y de
ternura… si las caricias y los cuidados son el lenguaje primero que el niño
percibe a través de su piel y sus sentidos, seguramente esta será la materia
prima de su inicial diálogo con el mundo y determinará su actitud corpórea…
Siempre me ha llamado la atención la denominación primera infancia pues
me ha planteado la pregunta de cuál es la segunda o cuál la tercera
infancia….Yo diría que la segunda infancia es la vejez, cuando volvemos a ser
dependientes, incontenibles en todos los sentidos, desdentados, irreverentes,
fantasiosos, lúdicos, irresponsables, temerosos, quebradizos, desmemoriados,
corpo-orales…
Alguna vez escribí un artículo que llamé “Alegre Ambulancia”, una reflexión
sobre la situación del adulto mayor (o segundo infante) en nuestro país. En él
proponía la creación de guarderías- ancianatos (asilos-nidos) justamente para
conectar, desde el inicio del proceso educativo, el ciclo de la vida con su final,
con su finalidad… Y decía: “Espacios independientes a los que asisten los
niños y los ancianos separadamente, pero que están comunicados en su
diseño arquitectónico y funcional, para permitir el encuentro en varios
momentos del día. Siempre he sostenido que las personas que hemos tenido
cuando niños una hermosa relación con un abuelo o con un anciano, somos
diferentes a quienes no tuvieron este privilegio. Estos dos extremos de la
existencia humana, en los que la autenticidad, la espontaneidad, la
imaginación, la fantasía, la irreverencia y la capacidad lúdica están en su
estado de expresión manifiesta, se complementan de manera espléndida. El
niño le aporta al anciano su alegría, su inocencia, su vigor, su dimensión y su
noción de futuro, mientras que el viejo le ofrece al nuevo, su bagaje de sueños
y de experiencias, su sabiduría, sus hallazgos y conclusiones, sus consejos y
sus balances... sus horas de vuelo.
Este intercambio de tiempos y de percepciones del tiempo, elevaría el nivel de
la calidad de la vida de éstos dos estadios de la existencia. El viejo que muere
rodeado de niños y por ende de vida, es sólo comparable al niño que desde
pequeño comprende la finitud de la existencia y que, al interiorizar su límite,
aprenderá a apreciar y a aprovechar cada momento de su vida como si fuera
el último. En el Palenque de San Basilio, cuando un moribundo se apresta a
partir, llaman a un grupo de ancianas vitales y parranderas que se auto
denominan Las Alegres Ambulancias, para que el viajero se vaya entre
tambores, ron, cantos y la alegría de la vida.
Nuestra sociedad, si verdaderamente quiere cambiar y progresar, tiene que
dejar de percibir a sus mayores como viejos. Debe cambiar incluso el
denominativo: no se es viejo, se es antiguo, se es añoso, se es veterano, se es
vivido, se es mayor. Pero el apelativo de viejo se constituye en otro achaque
adicional y le añade al deterioro natural una connotación trágica accesoria.
Lo que vamos perdiendo en juventud y vitalidad — y esto lo afirma con cierta
autoridad, el cuerpo de un bailarín en la mitad de su vida — lo vamos
ganando en fuerza, verdad, y presencia escénica, en sutileza y precisión del
gesto y del impulso. Dominique Dupuy, un bailarín francés de setenta años,
que aún sigue danzando y que, a diferencia de Rudolph Nureyev, de Alicia
Alonso o de Martha Graham, sí supo adecuar su danza a los cambios de su
cuerpo, escribió un bello libro que con sólo el título lo dice todo: Edad del
cuerpo: madurez de la danza. A este respecto, el caso extremo de otro
bailarín, el japonés Kazuo Ohno, quien a sus noventa y tantos todavía
aparece en la escena, ha logrado hacer de su "decrepitud y de su
decadencia" una estética depuradísima y muy sofisticada que aún pone de pie
a públicos del mundo entero. En el caso de la música contemporánea el gran
John Cage, antes de morir nos llenó a todos de coraje y esperanza al afirmar
que el período más productivo y fecundo de su creación fue entre los sesenta y
los ochenta años.
La vejez como una conquista y no como una tragedia. La muerte como un
renacimiento y no como una catástrofe. El fin del cuerpo no como un final
sino como finalidad: el cuerpo como vehículo prodigioso de nuestro tránsito
por este mundo. Yukio Mishima, antes de suicidarse, decidió esculpirse un
bello cadáver a través del físicoculturismo. Este caso, también extremo, nos
ayuda a comprender que el niño debe — desde que puede — empezar a
esculpir, con fervorosa esperanza, al viejo maravilloso que dará cuenta a sus
semejantes y a sí mismo, de lo que fueron sus días.”
E insisto , a algunos de Uds. les parecerá extraño y hasta morboso el que haya
decidido iniciar esta charla hablando de sepulcros y vejeces para referirme a la
educación del cuerpo del infante, pero es que no deberíamos, en el proceso
educativo que, como nos dice Gabo, se inicia en la cuna y culmina en la
tumba, “sacarle el cuerpo al cuerpo, (sacarle el cuerpo al tiempo) eludir este
tema, pues en la medida que tengamos conciencia permanente sobre el
fin/finalidad de nuestro cuerpo/tiempo y valoremos cada segundo de nuestra
vida, como si fuera el último, seríamos seres más plenos, más sensibles y
sensitivos, más cuidadosos, más despiertos…Como epígrafe a un espectáculo
que en 1991 creé como homenaje a mi hermano autista Gonzalo y que llamé
“La enfermedad del ángel”, escribí “Sobre el grado de conciencia que un
ángel tiene de la muerte; si no se tiene conciencia de la muerte, ¿ para qué se
vive?”
Thomas Mann en su inmortal Montaña Mágica nos lleva en un viaje infinito
por las regiones del cuerpo / tiempo, mediado por la enfermedad y entendida
ésta como lo que nos acerca de manera infalible a lo más humano de nuestra
condición. “…la enfermedad hace al hombre más corpóreo, lo convierte
enteramente en cuerpo.” “ …no me hable de la espiritualización que puede
resultar de la enfermedad. ¡Por el amor de Dios no lo haga! Un alma sin
cuerpo es tan inhumana y espantosa como un cuerpo sin alma. Por cierto, lo
primero es una rara excepción y lo segundo es el pan nuestro de cada día.
Por regla general es el cuerpo el que domina, el que acapara toda la vida y se
emancipa del modo más repugnante. Un hombre que lleva una vida de
enfermo no es más que un cuerpo….” La Montaña Mágica, Thomas Mann
Para hablar de una idea y comprenderla hasta sus últimas consecuencias hay
que hablar de su contrario: para entender el frío es necesario haber
experimentado el calor, para hablar de la salud y valorarla en plenitud
debemos haber conocido la enfermedad, para enfrentar la vida y aprovechar
cada átomo de su efímera existencia, debemos mirarnos sin miedo en el espejo
de nuestra propia muerte.
En la justificación introductoria que recibí sobre el encuentro de Educación de
la Primera Infancia, para quienes escribí originalmente esta ponencia, me
llamó la atención un párrafo que decía: Según los expertos, en situaciones de
vulnerabilidad “a menor edad, el niño tiene menos capacidad para expresar
verbalmente lo que siente y se expresa más a través de su cuerpo, [ lo que yo
llamo corp-oralidad…]” El niño que aún no tiene pleno dominio del lenguaje
oral debe apelar a su lenguaje corp-oral para manifestar sus estados más
íntimos y profundos…
El niño es cuerpo desde que es engendrado…su cuerpo es su casa: su piel son
las paredes; sus huesos, los cimientos, la estructura, la arquitectura; sus
órganos, los muebles y enseres…Vivimos en el cuerpo…no tenemos
cuerpo…somos cuerpo desde que empezamos a ser. Pero infortunadamente la
educación fragmentada y compartimentada que recibimos desde la infancia
primera, no nos construye de manera integral…Privilegiamos el desarrollo
cognitivo intelectual / espiritual y dejamos que el cuerpo aprenda solo, a estar
y a moverse en el mundo...Confiamos su formación a los educadores
físicos…como si el cuerpo fuera sólo físico. Educación Física vs, Educación
Corporal…Body factories (Fábricas de cuerpos) vs. . Colegios del Cuerpo
Alguna vez escribí hablando del cuerpo roto de nuestro roto país: “…tan
espiritual es nuestra sangre como física es nuestra tristeza…” La educación
del cuerpo y su índole temporal, desde que se inicia el proceso pedagógico,
debería ser tan importante como la educación de la mente o del espíritu…Nos
entrenan para que manejemos conceptos, nociones, significados pero nos
enseñan también a desconfiar de los sentidos, de la percepción sensorial, de la
intuición, de la ensoñación…Deleuze va más allá y nos habla de los
perceptos:
“Los perceptos ya no son percepciones, son independientes de un estado de
quienes los experimentan; los afectos ya no son sentimientos o afecciones,
desbordan la fuerza de aquellos que pasan por ellos. Las sensaciones,
perceptos y afectos son seres que valen por sí mismos y exceden cualquier
vivencia. Están en la ausencia del hombre, cabe decir, porque el hombre, tal
como ha sido cogido por la piedra, sobre el lienzo o a lo largo de palabras, es
él mismo un compuesto de perceptos y de afectos. La obra de arte es un ser de
sensación, y nada más: existe en sí.”
La teoría de las inteligencias múltiples nos invita y nos obliga a los
educadores, desde los primeros años del proceso formativo, a que exploremos
al sujeto que se nos confía, para que lo ayudemos a auto descubrirse/auto
parirse, en nuestro rol de mayeúticos de talentos y vocaciones, para que se nos
revele ante qué tipo de inteligencia nos encontramos…Sin embargo, la
educación corporal integral desde la más tierna infancia no debería ser
opcional. En una conferencia que dicté hace unos años en un congreso de
pediatría en la Fundación Santa Fe en Bogotá y que llamé La Salud: la paz de
los órganos decía:
“Nuestra propuesta, aún en fase experimental, consiste en agrupar en un área
holística de conocimiento, a todas aquellas materias que tienen que ver con la
educación del cuerpo y su relación interdisciplinaria y transversal con el
resto del pensum, durante todo el proceso educativo. Pretendemos que la
educación física, tal como se entiende y se enseña hoy, es decir como la única
posibilidad de entrar en contacto con nuestra dimensión corporal, le dé paso
a un bloque integral de disciplinas, que favorecerá un desarrollo más
equilibrado del ser/sujeto
escolar/universitaria.
a
todo
lo
largo
de
toda
la
vida
La Educación del Cuerpo incluiría entre otras cosas las siguientes materias:
 Las prácticas deportivas
 Las prácticas artísticas como la Danza, la expresión corporal, el mimo, la
acrobacia, etc.
 Las técnicas alternativas de autoconocimiento corporal como Alexander,
Feldenkreis, Rolffing, Pilates, etc.
 Técnicas de masaje y manipulación terapeútica
 Las disciplinas de autocontrol y de concentración como el Yoga, el tai –
chi, el hai–ki–do, la capoeira y otras Artes Marciales
 La Educación Sexual (comportamiento y salud – responsabilidad con el
cuerpo propio y el cuerpo ajeno)
 Kinesiología (análisis del movimiento)
 Prevención de la drogadicción
 Alimentación y nutrición
 Educación Ambiental (Ecología corporal)
 El estudio exhaustivo de la Anatomía, Anatomía Comparada y Fisiología
Sobre estos últimos aspectos y aprovechando la oportunidad de dirigirme a
un auditorio conformado por médicos y profesionales de la salud, debo decir
que el conocimiento que la educación tradicional nos ofrece de nuestro
funcionamiento y conformación es, por decir lo menos, patético. Yo estoy
convencido de que al salir del colegio/universidad todos deberíamos haber
estudiado, en profundidad, anatomía y fisiología y que deberíamos ser algo
así como paramédicos. La conciencia sobre nuestro paisaje interior y la
forma como interactúan nuestros órganos, músculos, huesos, células, etc. no
debería ser un conocimiento exclusivo de los médicos. Al decir que todos
deberíamos acceder, desde la infancia, a este conocimiento, no estoy
afirmando que Uds., Doctores, pasarían a ser innecesarios, sino que quizás su
función en la sociedad pasaría a ser otra: menos curativa – más preventiva,
menos
represiva
–
más
educativa,
menos
física
–
más
emocional/intelectual/espiritual.
El poder que tiene el médico en nuestra sociedad frente al paciente enfermo y
sobretodo ignorante, es ilimitado. Si éste fuera más dueño de si mismo, más
consciente de su naturaleza, arquitectura y mecánica interiores, podría
ayudarse mucho más en sus enfermedades, sin tener que depender ciegamente
de la química de unos medicamentos que no comprende, impotente ante unos
conceptos y diagnósticos que tampoco domina. El poder de la mente, de la
voluntad, de la imaginación y del conocimiento, es enorme en el momento de
enfrentarse a una dolencia que, en muchos casos, tiene sus orígenes en la
infelicidad, el estrés, la ansiedad, la depresión, la frustración o el desamor ...
pero sobretodo en la ignorancia.”
Pero al desconocer esta integralidad, estamos desaprovechando la capacidad
que tiene nuestro cuerpo mental, espiritual y físico de aprender/aprehender
simultáneamente de muchas otras maneras, inclusive aquellas áreas y
disciplinas que hemos confiado únicamente a la razón y el intelecto…Si
aprendiéramos matemáticas, física, geometría con todo el cuerpo y su relación
en el espacio, las viviríamos y experimentaríamos y no sólo las
comprenderíamos…Si las nociones de lenguaje o de ética que nos inculcan de
manera dictatorial las incorporáramos a través de prácticas corporales
vivenciales, serían no sólo códigos de comportamiento aprendidos sino
además - y sobre todo realidades orgánicas, verdades corpóreas
inquebrantables. Insisto: lo que queda escrito en la memoria del cuerpo,
especialmente en esos primeros años en que nos descubrimos como parte,
como una célula más del cuerpo del mundo, no se borra jamás…Hace un par
de años escribí un texto/exorcismo sobre mi experiencia educativa en el
Colegio San Carlos de Bogotá que llamé Memoria de la Carne, con el que
gané, para mi sorpresa, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, el
cual me fue entregado en este mismo auditorio. Y en el epílogo decía:
“Epílogo I
Lo que siguió después fue un proceso de recuperación de la dignidad y de la
autoestima: una resurrección. Logro organizar mis cosas y mi vida (con la
ayuda de un psiquiatra) para terminar mis estudios en un colegio «normal»,
el Liceo Boston, donde había cursado un año de prekínder, antes del fatídico
Transition A. En el Boston encuentro una maestra de literatura y de filosofía,
María Eugenia Arango, de quien puedo decir, sin temor a exagerar, que me
salva la vida: su elegancia, dulzura, inteligencia y sobriedad me ayudan a
definir un norte: de nuevo la literatura me sirve de consuelo. Es ella quien me
revela, entre muchas otras cosas que le agradeceré hasta la tumba, la
imprescindible Carta a mi padre,de Franz Kafka, otro texto-espejo, otro texto-
bálsamo. Sin embargo, la secuela indeleble del San Carlos (se trata sólo de
invertir dos letras y escuela se vuelve secuela) quedaría para siempre en la
carne de mi alma y de mi cuerpo. Hoy puedo afirmar que la violenta
educación corporal que recibí durante mi infancia y adolescencia me llevó —
paradójicamente— a hacer lo que hoy hago. Aunque muchas teorías afirman
que el abusado se torna en abusador, en mi caso particular me he propuesto
demostrar, como proyecto de vida, que esta ecuación se puede desvirtuar: a
pesar de los pesares, del dolor, la humillación y la rabia, he intentado forjar
con El Colegio del Cuerpo (eCdC) una propuesta educativa basada en el
amor y en la exigencia pero, sobre todo, cimentada en una pedagogía del
respeto, de la dignidad y del placer por la disciplina.” Llora et Labora,
Memoria de la Carne, Revista Número # 55
Educar el cuerpo del niño en todas sus dimensiones, a través del arte y de otras
disciplinas complementarias, para la dignidad y la conciencia, es blindarlo
contra las amenazas que se ciernen en los períodos más frágiles de su
existencia…El niño que se siente cuerpo desde los primeros años y que lo
reconoce y valora como el hábitat sagrado donde acontece su vida, aprenderá
a cuidarlo y a respetarlo y por ende a respetar el cuerpo/hábitat del otro…Es
esta nueva noción de riqueza – el cuerpo como patrimonio primero y último
de nuestra vida – la que nos podrá liberar de las falsas riquezas, de la
confusión entre tener y ser que nos ha hecho extraviar el camino.
Llegamos a este mundo con las manos vacías y los pies descalzos y nos vamos
de este mundo de igual manera. Que nuestras manos y nuestros pies aprendan
a tocar amorosamente el mundo y a recorrer, con la inteligencia de la piel, la
senda de nuestra dignidad, para que nuestra muerte no sea una derrota y una
claudicación trágica ante la enfermedad.
Alguna vez escuché una frase que quiero dejarles como punto de partida: “la
juventud es un don de la naturaleza…la vejez (y yo añadiría, la muerte)
deberían ser una obra de arte.”
Muchas gracias.
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