Por la salvaguardia de las ciudades antiguas de - unesdoc

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POR LA
SALVAGUARDIA DE LAS
CIUDADES ANTIGUAS DE MAURITANIA
(Ouadane, Chinguetti, Tichit y Oualata)
Llamamiento
del Sr. Amadou-Mahtar M ' B o w
Director General de la Unesco
POR LA
SALVAGUARDIA DE LAS
CIUDADES ANTIGUAS DE MAURITANIA
(Ouadane, Chinguetti, Tichit y Oualata)
Las ciudades de Ouadane, Chinguetti, Tichit y Oualata son los últimos testigos de
la prosperidad de una region que, situada en la intersección de grandes rutas de
caravanas, sirvió durante mucho tiempo de puente entre el Maghreb y el Sahel.
Emplazada en una encrucijada intelectual en la que confluían Andalucía y el Africa
profunda, esta región se abrió simultáneamente al tráfico comercial y al intercambio de conocimientos. Supo también convertirse por sí sola en un foco de creación y de inspiración, en escenario esplendoroso de una intensa vida religiosa y de
numerosas actividades científicas y artísticas.
En ella proliferaron escuelas donde las ciencias de la naturaleza florecían al
mismo tiempo que las de la religión, donde la actitud experimental coexistía con
la más elevada espiritualidad, y de donde varios sabios marcharon, hasta Basora
y Dubai, para fundar a su vez nuevas escuelas; se creó un sistema de enseñanza
abierto a todos y, especialmente, a las mujeres, en el que, para ayudar a los estudiantes necesitados, la comunidad pedía contribuciones voluntarias en ios oasis
e incluso en los campamentos nómadas; surgió una arquitectura original, forma
de expresión privilegiada de un arte de vivir que, regido por las leyes del Islam,
seguía fiel a las tradiciones culturales africanas y teniendo en cuenta las exigencias del medio ambiente.
La más antigua de estas ciudades, Ouadane, fundada en el siglo VI de la era
musulmana, fue construida, como ciudadela inexpugnable, sobre una llanura que
domina, desde una altura de veinte metros, los valles de los Oueds Ivenouan y
Vorzi. Fue entre sus muros donde impartieron antaño sus enseñanzas tantos sabios, se forjó el primer comentario del Compendio de Derecho de Khalil y nació
el sabio Aydoul Qassem.
Chinguetti floreció un poco más tarde como centro de intercambios comerciales y lugar de encuentro de las caravanas que se dirigían a La Meca; pero se convirtió también en un centro privilegiado de estudio, de reflexión y de enseñanza
religiosa, y en una encrucijada cultural cuya influencia y prestigio fueron tales
que, incluso en nuestros días, se sigue dando a Mauritania el nombre de "Bilad
Chinguetti" (el país de Chinguetti). En esta ciudad se concretaron los rasgos más
característicos de la arquitectura de la región, sobre todo con su mezquita de
airoso minarete, construida con piedras simplemente colocadas unas sobre otras
que, por el mero arte de su disposición desafían el paso de los siglos. Fue también en esta ciudad, que alberga una prestigiosa biblioteca en la que abundan raros manuscritos, donde sucesivamente alumbraron su obra el poeta Ould Razga,
el jurisconsulto Ould Belamach y el sabio Cheikh Ould Hammoni.
Tichit, fundada por el gran sabio Cherif 'Abd Al Mo'ornen, tiene merecida
fama de ser una de las más hermosas ciudades de la región. Las piedras utilizadas en su construcción ofrecen una gama de matices cuyo efecto decorativo confiere al conjunto un realce excepcional.
Oualata, la última creada, que en ocasiones recibe el nombre de Birou en los
relatos de viajeros, fue a la vez un próspero centro comercial y un vivero de sabios; en ella vivieron, entre otros, el Fqih Mohammad Yehia Al Oualati y Mohamdi
Ould Sidi 'Othma. Heredera de Tombuctú, la ciudad, cuya arquitectura es célebre
por sus característicos motivos ornamentales, ha creado también un arte culinario
refinado.
Pero estas ciudades, que, gracias a la energía y la capacidad creadora de sus
habitantes, se han mantenido hasta nosotros a lo largo de siete siglos, corren hoy
el riesgo de quedar sepultadas. Su prosperidad ha decaído gradualmente desde que
fueron desviadas las rutas comerciales y los circuitos de caravanas que pasaban
por ellas. Se ha extinguido lentamente la inmensa red de intercambios que sustentaba sus propias actividades. Luego, el periodo colonial, al desplazar los centros
de decisión políticos y económicos hacia nuevas ciudades y transformar los modos
de producción y de consumo, quebrantó progresivamente las estructuras tradicionales de la sociedad.
Por otra parte, estas ciudades han sufrido daños irreparables a causa de largos periodos de sequía, de epidemias e incluso de oleadas de hambre. Abandonadas por una gran parte de su población, han quedado expuestas al inexorable avance de las dunas.
Es necesario salvar estas ciudades.
No se trata, no puede tratarse únicamente de restaurar monumentos o de reconstruir edificios,sino de devolver a la vida esas ciudades, dotarlas de medios
que les permitan desplegar una actividad a la vez económica y cultural, gracias a
la cual puedan afirmar de nuevo su capacidad creadora. Para rescatarlas de su
graducal agonía, para que cobre pleno sentido de la empresa de restauración que
se les debe consagrar, hay que acometer una obra de regeneración global de la
región.
En esta perspectiva, las autoridades mauritanas han elaborado varios proyectos destinados principalmente a asegurar el suministro regular de agua y electricidad a la población, el desarrollo de los medios de transporte, la lucha contra el
azote de las arenas, el mejoramiento de las condiciones del riego, la ganadería y
la artesanía, el reforzamiento paulatino de las infraestructuras sociales y turísticas y, al mismo tiempo, la restauración arquitectónica y artística.
La Unesco ha contribuido a la elaboración de dichos proyectos participando en
los estudios técnicos encaminados, por una parte, a crear un plan de acción detallado de protección del patrimonio arquitectónico en las cuatro ciudades y, por otra
parte, a determinar las modalidades de una campaña internacional.
En efecto, los problemas financieros y técnicos que plantea la realización de
los objetivos establecidos por las autoridades mauritanas sobrepasan el marco de
un esfuerzo nacional. Requieren, y merecen, una amplia movilización de recursos
a escala mundial, por lo que el Gobierno de Mauritania ha pedido a la Unesco que
apoye su acción mediante un llamamiento a la solidaridad de todos los Estados y de
todos los pueblos.
Por eso, en nombre de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, lanzo un solemne llamamiento en favor de las cuatro
ciudades antiguas de Mauritania: Ouadane, Chinguetti, Tichit y Oualata.
Invito a todos los Estados Miembros de la Unesco y a todos los pueblos, a sus
Gobiernos, a las instituciones privadas y públicas, las organizaciones internacionales, gubernamentales y no gubernamentales, los organismos de financiamiento y
las fundaciones, a participar mediante contribuciones voluntarias, en metálico,
equipo o servicios, en el esfuerzo emprendido por el gobierno de Mauritania.
Invito a todos los intelectuales, artistas y escritores, ulemas y juristas, historiadores y sociólogos, y a todos aquéllos que tienen la misión de informar, periodistas, cronistas, profesionales de la prensa, la radio, la televisión y el cine,
a prestar su apoyo para suscitar el interés del público de todos los países por los
problemas de estas ciudades e incitarle a contribuir a su salvaguardia.
Invito a todos los niños y jóvenes del mundo, en particular a los de los países
africanos y musulmanes, a recaudar donativos, organizar concursos y participar
en otras actividades destinadas a reforzar la acción internacional en favor de los
lugares históricos de Mauritania.
Anteriormente, la Unesco hizo llamamientos en favor de la salvaguardia de m o numentos prestigiosos tales como los de Nubia (Egipto y Sudán), Venecia (Italia),
Borobudur (Indonesia) y, más recientemente, la ciudad de Fez (Marruecos), el
Triángulo cultural de Sri Lanka y la isla de Gorea (Senegal).
Hago votos por que este llamamiento sea, a su vez, plenamente escuchado, y
las aportaciones estén a la altura de las grandes esperanzas que hoy animan a la
población y a las autoridades mauritanas. De ese modo se podrán preservar cuatro
ciudades que guardan, desde hace siete siglos, uno de los secretos de nuestro futuro: la plenitud del ser humano que alienta en la solidaridad de todos.
Amadou-Mahtar M ' B o w
16 de febrero de 1981
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