danzan de igual manera, imitando con sus lanzas y escudos un com

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danzan de igual manera, imitando con sus lanzas y escudos un combate.
Muchas son las supersticiones que entre los igorrotes existen. Todos
ellos están en la persuasión de que cualquier desperfecto causado en el
árbol que cada ranchería considera como sagrado, atraería á ésta alguna
calamidad, y que la tala del mismo produciría infaliblemente la destrucción del pueblo y la muerte de todos sus habitantes. Cuando oyen tronar
hacen fiestas, porque dicen que su Dios pide cerdos. La presencia del arco
iris es para ellos de buen agüero. Antes de emprender un viaje encienden una hoguera, y si el humo corre en dirección opuesta á la que se
proponían seguir, desisten de su intento. Lo mismo hacen cuando una
vez emprendido el viaje cruza una rata el camino ó divisan cierto pájaro,
y sobre todo cuando descubren alguna culebra. Si al construir una casa
estornuda alguno de los presentes, abandonan inmediatamente la obra y
la emprenden en otro sitio, pues de lo contrario aseguran que ha de morir
alguno. En sus disidencias apelan á recursos semejantes á los juicios de
Dios, tan comunes en la Edad Media. Si las partes contrarias no llegan
á una avenencia y persisten en sus afirmaciones, toman un pequeño clavo
de hierro y lo introducen unas cuantas líneas en la cabeza de los disidentes. Aquel á quien esta operación produce menos sangre es para ellos
el que indudablemente lleva la razón, y á este fallo se somete el vencido
sin resistencia alguna. Otras veces encienden una hoguera, toma cada
uno de los litigantes un pollo de igual tamaño y arrojan al fuego las aves
atadas. Cuando están muertas las sacan, las abren, examinan cuál tiene
mayor la hiél, y el dueño de ella pierde la contienda. Por superstición
también, consideran como sobrenatural que una mujer dé á luz dos m e llizos, y en tal caso creen necesario, para conjurar el mal agüero que
dicho acontecimiento encierra, que el últimamente nacido salga inmediatamente de la casa, ya sea regalándolo á otra familia que quiera adoptarlo, ya extrangulándolo ó enterrándolo vivo. Hoy dia las tribus más
civilizadas se limitan á lo primero.
E n muchas rancherías de igorrotes hay casas especiales, en donde
con la debida separación se albergan los jóvenes de ambos sexos. Son
llevados allí por las noches los niños desde que tienen uso de razón, y
quedan respectivamente al cuidado de un viejo ó de una vieja que impiden las salidas nocturnas y conservan el orden en el interior. En dichos
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