Dictadura tercero 2015

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Dictadura en Uruguay 1973- 1985
adaptado de Carla Larrobla en
http://www.1811-2011.edu.uy/B1/content/la-dictadura-c%C3%ADvico-militar-1973-1985
a) Antecedentes del Golpe de Estado de 1973
El Golpe de Estado de 1973 estuvo precedido por un proceso de crisis gradual del sistema político
cuyo inicio podría fecharse en 1967. Caracterizado por el deterioro de la democracia y del Estado
de Derecho, este período ha sido denominado por Álvaro Rico como “el camino democrático de la
dictadura” donde se asistió a una auto-transformación del Estado de Derecho en Estado policial.
La agudización de la violencia es otro de los elementos que permiten caracterizar los años
previos a la dictadura. La irrupción de la lucha armada como camino de transformación impulsada
por algunas organizaciones políticas, como fue el caso del Movimiento de Liberación NacionalTupamaros (MLN), se inscriben en un clima de agitación revolucionaria que trasciende a la esfera
nacional. Las movilizaciones sociales crecientes fueron acompañadas por los procesos de unidad
sindical y de la izquierda uruguaya. Estos procesos culminan con la formación de la Convención
Nacional de Trabajadores (CNT) en 1964 y del Frente Amplio en 1971.
En contrapartida, las prácticas represivas por parte del Estado se fueron extendiendo y
profundizando. La aplicación sistemática de la tortura a los detenidos fue denunciada en reiteradas
ocasiones al tiempo que aumentaban las acciones de los grupos de ultra derecha.
El avance del autoritarismo instaló un clima de sospecha, duda, desconfianza. El miedo comenzó a
calar hondo en la sociedad uruguaya. Las Medidas Prontas de Seguridad fueron utilizadas de forma
sistemática por parte del gobierno en aras de combatir a la “subversión” que era representada tanto
por la guerrilla tupamara como por todos aquellos que respondían al “marxismo internacional”.
El deterioro de la democracia era visible para todos los sectores políticos y para la población
en general mientras que la injerencia de los militares en la vida pública iba creciendo. Una vez
finalizada la fuerte contraofensiva militar contra el MLN que logró desmantelar a la organización en
1972, el Presidente mostró claras intenciones de alejar de escena a las Fuerzas Armadas.
Llegamos, de esta manera, a la crisis de febrero de 1973. Ante el nombramiento del Gral.
Antonio Francese para el cargo de Ministro de Defensa Nacional, el Ejército y la Fuerza Aérea
emitieron, el 8 de febrero un comunicado solicitando al Presidente que relevara del cargo al nuevo
ministro. Por su lado, la Armada Nacional, fiel a Bordaberry ocupó la Ciudad Vieja, bloqueándola
en señal de apoyo.
Paralelamente el Ejercito y la Fuerza Aérea, emitieron los comunicados 4 y 7 -el 9 y 10 de
febrero. Éstos provocaron una gran confusión en diversos sectores políticos y sociales que apoyaron
la postura de los militares al considerarlas más progresistas que las que representaba el Poder
Ejecutivo. De esta forma se produjo un mayor aislamiento del Presidente que veía como se
multiplicaban las voces que pedían su renuncia.
Ante esta situación, es Bordaberry quien pone punto final a la crisis institucional, tras
acordar con los militares el 13 de febrero de 1973, en lo que ha sido llamado el “Pacto de Boisso
Lanza”. En el mismo se estipuló la creación del Consejo de Seguridad Nacional (COSENA),
integrado por el Presidente, algunos ministros, los Comandantes de las tres armas y el Jefe del
Estado Mayor Conjunto. La presencia de las Fuerzas Armadas en la vida pública del país quedaba,
así, institucionalizada.
El 25 de abril de 1973, el Poder Ejecutivo solicitó al Senado el desafuero del Senador
Enrique Erro, por supuestas vinculaciones con el MLN- T, el cual será rechazado por la Cámara de
Representantes, por un solo voto de diferencia. Las discusiones que se generaron al respecto del
desafuero agudizaron las tensiones entre el elenco parlamentario y los mandos militares.
El 1º de junio Bordaberry reimplanta las Medidas Prontas de Seguridad, provocando el retiro
del apoyo de la “Lista 15” (parte del Partido Colorado, su propio partido) al gobierno. Los
conflictos con los partidos políticos siguen profundizándose: es detenido el presidente del
Directorio del Partido Nacional al tiempo que se anuncia el envío por parte del Ejecutivo del pedido
de desafuero del diputado nacionalista Héctor Gutiérrez Ruiz. La crisis política se agravaba cada
vez más.
b) Golpe de Estado y Huelga General
En la madrugada del 27 de junio, el Presidente Juan María Bordaberry firmó, junto a los
Ministros de Defensa e Interior, el decreto de disolución del Parlamento. De esta manera es el
presidente electo constitucionalmente quien “…en dicho acto (autogolpe) deviene dictador de facto.
No existió, pues, ni usurpación, ni vacío, sino continuidad y unidad del poder estatal…” (palabras
del Historiador Alvaro Rico en “15 días que estremecieron al Uruguay”).
La respuesta de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) fue inmediata y la Huelga
General fue declarada el mismo 27 de junio, procediéndose a la ocupación -por parte de los obrerosde los lugares de trabajo. Esta medida fue acompañada por la Federación de Estudiantes
Universitarios del Uruguay (FEUU) impulsando la paralización de las actividades curriculares y la
ocupación de los centros de estudio. La respuesta del gobierno no se hizo esperar y el 30 de junio se
emitió el decreto de disolución de la CNT y se dispuso la clausura de sus locales y el arresto de
dirigentes sindicales. El 11 de julio la central decidió levantar la huelga en el marco de una
represión creciente que provocó que el gobierno debiera habilitar el Cilindro Municipal como
centro de detención, debido a que la capacidad de las cárceles y de otros establecimientos de
reclusión se encontraba saturada.
La Huelga General se extendió a lo largo de 15 días y fue acompañada por distintas acciones
del movimiento popular: manifestaciones relámpago (la más significativa de ellas fue la realizada el
9 de julio sobre la avenida 18 de julio), reorganización inmediata de las ocupaciones luego de los
desalojos, volanteadas, pintadas; llegando a realizarse el simbólico acto de apagar la llama de la
refinería de ANCAP, ubicada en el barrio La Teja. Como contraparte, la política represiva
desplegada por el gobierno dejó como saldo cientos de detenidos y heridos y dos trabajadores
asesinados: Walter Medina (6 de julio) y Ramón Peré (9 de julio).
En lo que refiere al movimiento estudiantil, las autoridades decidieron realizar en setiembre
de 1973, las elecciones universitarias bajo el control de la Corte Electoral. En todos los servicios
universitarios triunfaron los sectores de oposición a la dictadura, convirtiendo a este acto
eleccionario en un fracaso para los objetivos del gobierno. A esta instancia se le suma el suceso del
27 de octubre de 1973, donde luego de la explosión de una bomba en la Facultad de Ingeniería, fue
intervenida la Universidad de la República al tiempo que fueron detenidos el Rector y la mayoría de
los Decanos. A partir de ese momento se inició un proceso de depuración de los principales cuadros
docentes universitarios. Por último el 28 de noviembre fueron ilegalizadas las actividades de casi
todos los partidos o grupos de izquierda y de la FEUU.
c) El terrorismo de Estado
El terrorismo de Estado se ejerció en distintas dimensiones y afectó a todo el conjunto de la
sociedad uruguaya. Las prácticas llevadas a cabo por el gobierno comenzaron a manifestarse mucho
antes del quiebre institucional pero se profundizaron y desplegaron en todo su potencial a medida
que transcurrió la dictadura.
Una de las principales características de la estrategia represiva de la dictadura uruguaya fue
la del encarcelamiento masivo y prolongado. Aproximadamente 6000 personas fueron procesadas
por la Justicia Militar mientras que otras miles pasaron por los centros de reclusión o de detención
bajo el régimen de Medidas Prontas de Seguridad o con motivo de ser interrogados.
La tortura fue un elemento constante del régimen y se aplicó de forma rutinaria a los
detenidos ya fuera en los establecimientos destinados para el encarcelamiento o en los centros
clandestinos de detención. Las prácticas de tortura no sólo implicaban el daño físico sino que
también apuntaban al debilitamiento sicológico de las víctimas, contando para ambas funciones con
profesionales de la medicina que prestaban sus servicios a la dictadura.
El exilio político fue otras de las dimensiones del terrorismo de Estado, cientos de miles de
uruguayos debieron emigrar por razones políticas. La mayoría de ellos se encontraban requeridos
por la Fuerzas Conjuntas y abandonaron el país en su condición de perseguidos políticos. Desde el
exterior, la mayoría de ellos, organizaron la resistencia a la dictadura iniciando grandes campañas
de denuncia y de solidaridad.
Pero la salida del país no garantizaba la salvación. El desarrollo de la coordinación represiva
regional encuadrada en el llamado Plan Cóndor, permitió que la represión y persecución traspasara
las fronteras. De esta manera, muchos uruguayos fueron detenidos, desaparecidos y asesinados en
Argentina, Chile, Paraguay e incluso en Bolivia y Colombia.
El 24 de marzo de 1976 se produce el Golpe de Estado en Argentina, y a partir de esa fecha
se recrudece la persecución de los uruguayos que se habían exiliado en la vecina orilla; “(...), en
1976 se desplegó en Buenos Aires una serie de acciones contra militantes uruguayos pertenecientes
a otros sectores de la oposición al régimen autoritario. Los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz
a fines de mayo fueron los ejemplos más claros de que la coordinación represiva no se restringió a
los integrantes de grupos guerrilleros y de acción directa, aunque hubo varios intentos de asociar a
estos dos líderes con los movimientos armados. La más obvia de estas tentativas fue la aparición de
sus cuerpos juntos con los de William Whitelaw y Rosario Barredo, dos ex MLN (“Nuevo Tiempo”)
radicados en Buenos Aires. (...).”
En lo que se refiere al asesinato político, en las cárceles uruguayas fallecieron 66 personas.
Los motivos de muerte están asociados a los apremios físicos (torturas) recibidos, a la falta de
atención médica y a la autoeliminación. A su vez 22 uruguayos murieron en enfrentamientos con las
Fuerzas Armadas y otros 13 fueron secuestrados y asesinados en Uruguay y Argentina.
Cerca de doscientas personas fueron detenidas y desaparecidas durante la dictadura, aunque
antes del Golpe de Estado se produjo la desaparición de dos uruguayos en 1971. Según las
investigaciones realizadas por la Comisión para la Paz se han confirmado 168 de las denuncias que
allí se presentaron. De ese total de casos confirmados, 32 personas desaparecen en Uruguay, 125 en
Argentina, 9 en Chile, 1 en Bolivia, 1 en Colombia.
Como podrá apreciarse la mayoría de los uruguayos son detenidos y desaparecen en la
República Argentina producto de la coordinación entre las fuerzas represivas de ambos países.
Por otra parte es importante señalar que estos procedimientos se enmarcaron dentro de
operativos represivos llevados a cabo de forma planificada y como producto de minuciosas
investigaciones de inteligencia.
Otra de las dimensiones del terrorismo de Estado se concentró en el montaje de una red de
vigilancia que no solo permitía el cercenamiento de las libertades sino que apuntaba a la
modificación de las relaciones sociales desde los aspectos más cotidianos.
Los servicios de información e inteligencia desplegaron todo su potencial en aras de
desarticular tanto a las organizaciones calificadas como subversivas como a los espacios dónde las
mismas pudieran propagarse. De esto se desprende el feroz control que comenzó a ejercerse sobre
los medios de comunicación y las diversas expresiones culturales de la sociedad.
La censura a los medios de comunicación, el contralor de radiocomunicaciones, la
prohibición de la difusión de determinadas noticias, la prohibición de libros, autores, músicos,
artistas “antidemocráticos”, etc., quedó establecida legalmente antes del Golpe de Estado. De todas
formas, la dictadura estableció algunas normativas que le permitieran profundizar sus mecanismos
de control. A modo de ejemplo: en octubre de 1973 se dispone que toda información sobre la
situación del país que fuera enviada al exterior por las agencias informativas, debía hacerse previa
presentación de una copia al Ministerio del Interior. En 1975 la Dirección Nacional de Correos es
autorizada a confiscar toda correspondencia que considere subversiva.
Los medios de comunicación estaban sujetos a todo tipo de censuras: se controlaban las
publicaciones, los programas de radio y de televisión. Si éstos no se ajustaban a lo que el gobierno
estimaba conveniente eran castigados como mecanismo de disciplinamiento; dichos castigos
implicaban, por ejemplo, la suspensión de la edición de un diario por un determinado tiempo o su
cierre definitivo.
En el caso de las expresiones artísticas, se realizaba un pormenorizado seguimiento de todas
las actividades. Existía para ello una Comisión de Censura que se encargaba de determinar qué
podía ser presentado al público. En cuanto a la cinematografía las empresas distribuidoras debían
solicitar autorización para que los films que comercializaban pudieran ser proyectados. De esta
manera, las películas a estrenar eran presentadas ante la Comisión Censora, generalmente
acompañada de algún grupo de oficiales o militares o de la Policía, quien determinaba si la película
ofrecía escenas tendenciosas y si era recomendable o no su proyección y establecía si algún pasaje
del film sería censurado.
Lo mismo sucedía con los espectáculos de carnaval, los conjuntos que se presentaban para
actuar dentro o fuera del concurso oficial debían entregar los textos del espectáculo a una Comisión
censora, la cual los aprobaba o rechazaba total o parcialmente. En algunos casos se realizaban
seguimientos específicos a determinados conjuntos, se asistía a todas sus actuaciones para
determinar que no se realizaran agregados al espectáculo y comprobar el ajuste de sus
presentaciones a lo establecido por la comisión.
A su vez, existían autores y artistas de distintas disciplinas que se encontraban prohibidos
por ser considerados subversivos. En esos casos estaba totalmente prohibida la difusión de sus obras
y la venta de las mismas, para lo cual se controlaban librerías y disquerías. En el caso de los
músicos se realizaban “escuchas” permanentes de los programas radiales para verificar que no se
trasmitieran canciones de artistas proscriptos.
Los mecanismos de vigilancia implicaban controlar todas aquellas actividades que nuclearan
a grupos de personas. Tanto los ámbitos educativos como las comunidades religiosas y todas
aquellas formas de organización que fue encontrando la sociedad civil, fueron objeto de
investigaciones y seguimientos por parte de los servicios de inteligencia del Estado.
De esta manera se asiste a una “clausura de los espacios públicos” que busca impedir todo
tipo de formas de expresión que atentaran contra el orden que se procuraba establecer. Reuniones,
conferencias, festivales, campamentos, todo espacio que facilitara o promoviera el nucleamiento de
personas debía estar previamente autorizado. Al mismo tiempo un equipo de inteligencia asistía a
todas estas actividades para realizar un efectivo control de las mismas. Incluso aquellos eventos o
fechas conmemorativas oficiales que implicaran asistencia de público, eran objeto de un riguroso
control.
La dictadura generó, pues, un proceso de restricción en las formas de solidaridad social, en
la medida que los mecanismos represivos sumados a la presencia del “miedo” conducían, en
muchos casos, a que las familias se encerraran en sí mismas y los espacios barriales de interacción
social fueran restringiéndose cada vez más al tiempo que se imponía, también, la cultura de la
sospecha y la delación.
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