8.1. Los Austrias del siglo XVII. Gobierno de validos y

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HISTORIA DE ESPAÑA
CURSO 2012-2013
2º BACHILLERATO
Materia Común
8.1. Los Austrias del siglo XVII. Gobierno de validos y
conflictos internos.
Felipe III, Felipe IV y Carlos II, llamados los Austrias Menores, reinaron en el siglo XVII: un
siglo de crisis política, social y económica, inseparable de la crisis general europea.
La principal innovación en el funcionamiento del sistema político de la monarquía española durante
este siglo XVII fueron los validos, cargo político, similar a un primer ministro, y desempeñado por un
miembro de la nobleza, en el que el rey depositaba su total confianza. El monarca se desentendía de las
labores de gobierno y el valido tomaba las principales decisiones.
Dos razones explican su aparición: las labores de gobierno eran cada vez más complejas y los
monarcas españoles del siglo XVI no destacaron por su espíritu laborioso.
El nuevo sistema significó también un aumento de la corrupción, al gobernar al margen de los
Consejos, y con sus partidarios, y algunos aprovecharon su cargo para enriquecerse, conseguir cargos,
pensiones y mercedes para sus familiares y partidarios, lo que provocó críticas generalizadas por parte,
sobre todo, de los letrados que formaban los Consejos y los miembros de la nobleza que no gozaban del
favor del valido.
 Felipe III (1598-1621): dejó el poder en manos de su valido, el Duque de Lerma, quién se
enriqueció y repartió cargos entre sus familiares. La Corte se trasladó a Valladolid en 1600 durante
seis años. Continuó la política de intolerancia religiosa: en 1609 decretó la expulsión de los
moriscos (por practicar en secreto su religión y temerse que ayudaran a los turcos), medida que
afectó especialmente a los reinos de Aragón y Valencia y provocó el despoblamiento de
determinadas zonas y falta de mano de obra. Llevó a cabo una política pacifista motivada por la crisis
económica.
 Felipe IV (1621-1655): puso el gobierno en manos de su valido el Conde-Duque de Olivares. Para
fortalecer la monarquía (España estaba desde 1618 en la Guerra de los Treinta Años) Olivares puso
en marcha un programa de reformas que pretendía la unificación jurídica de los reinos siguiendo el
modelo centralista de Castilla. Con la Unión de Armas (1625) quiso distribuir los costes del ejército
entre todos los reinos. Pero estas medidas y su autoritarismo provocaron sublevaciones en
Andalucía, Aragón y Nápoles, que fueron dominadas rápidamente. Más graves fueron las rebeliones
independentistas de Cataluña y Portugal que provocaron la crisis de 1640.
 Carlos II (1665-1700): estuvo bajo la regencia de su madre, Mariana de Austria. Tuvo varios validos,
como el jesuita Nithard, su hermanastro don Juan José de Austria (defensor de los fueros y
particularidades de los diversos territorios (pactismo) y Valenzuela, que no pudieron evitar la
decadencia de la Monarquía hispánica en la escena internacional. Con Carlos II, hubo revueltas en
Cataluña, y las Segundas Germanías en Valencia. Al morir sin descendencia en 1700, dejó el trono
a Felipe de Anjou, con lo que se instalaron los Borbones en España tras la guerra de Sucesión.
9. La España del siglo XVII
Profesor: Rafael Fernández
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8.2. La crisis de 1640
El enorme esfuerzo militar que para la Monarquía suponían las continuas guerras europeas
(la Guerra de los Treinta Años había comenzado en 1618 y las hostilidades con los rebeldes holandeses
se habían reanudado), así como la constante demanda de hombres y dinero a los reinos que componían
la Corona realizada por la Unión de Armas, y propuesta por el Conde-Duque de Olivares en 1632,
precipitaron la crisis de 1640 con dos escenarios principales: Cataluña y Portugal, aunque también
hubo levantamientos de tinte separatista en distintos puntos de Andalucía, en la Corona de Aragón y
Valencia, y en Nápoles:

La rebelión de Cataluña (1640-1652). El detonante fueron el reclutamiento forzoso y los abusos
de los tercios reales destinados en el frente pirenaico catalán con motivo de la guerra con Francia
en la Guerra de los Treinta Años, pero la causa real fue el rechazo a la política centralista de
Olivares, y los deseos de autonomía del principado. Se negaron a contribuir a la guerra con tropas
y dinero y estalló una revuelta entre el campesinado, que tomó Barcelona el día del Corpus,
asesinando al virrey. Ante el avance de tropas castellanas, los rebeldes aceptaron la soberanía
de Francia por su ayuda. Pero el alto coste del mantenimiento del ejército francés y la falta de
respeto de los franceses hacia las leyes catalanas llevaron a éstos a reintegrarse en España, tras
la promesa de Felipe IV de respetar sus fueros (1652).

En diciembre de 1640, se inicia también la rebelión de Portugal (1640-1668), aprovechando la
crisis catalana. La falta de ayuda castellana ante los ataques holandeses contra las posesiones
portuguesas en Asia y la presencia de castellanos en el gobierno del reino y los impuestos
excesivos, provocó que las clases dirigentes lusas dejaran de ver ventajas en su unión a la
Corona española. La rebelión, organizada en torno al duque de Braganza, se extendió
rápidamente y tuvo un carácter nobiliario, anticastellano e independentista. Apoyados por
Francia e Inglaterra lograron que finalmente, fracasados los intentos militares de recuperar
Portugal, Mariana de Austria (madre-regente de Carlos II) acabara reconociendo la independencia
de Portugal en 1668.
8.3. La España del siglo XVII: El ocaso del imperio español en
Europa
El siglo XVII supuso el fin de la hegemonía española en Europa, convirtiéndose en una
potencia de segundo orden. No obstante, los objetivos de la política exterior de los Austrias
Menores fueron similares a los de la centuria anterior: defensa a ultranza de su patrimonio,
protección de la religión católica y la defensa militar del monopolio comercial en América,
fuente principal de ingresos. Pero, ahora se presentaban nuevas condiciones:

Escasez de recursos financieros, debido a la disminución de las remesas de metales
preciosos de América. El consecuente aumento de la presión fiscal provocó rebeliones y
secesiones temporales o definitivas (Portugal, Cataluña), obligando a restringir los
objetivos del política exterior, y en muchos casos, a firmar la paz.
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 Pérdida de efectivos militares, por la crisis demográfica y la poca implicación de la
nobleza, lo que explica las derrotas sufridas durante la segunda mitad del siglo XVII.

La acción de holandeses e ingleses en las colonias hispano-portuguesas, que
obligó a España a invertir cada vez mayores recursos económicos en defensa y en
buques para América, en lugar de destinarlos a la Península y las guerras europeas.

Aparición de nuevos enemigos. Inglaterra, Francia y las Provincias Unidas, a las que
se unió Portugal tras su independencia. Envuelta en guerras simultáneas en varios
frentes, España fue derrotada en todas las batallas.
 Felipe III (1598-1621), forzado por la crisis económica, llevó a cabo una política exterior
pacifista firmando la paz con Francia, Inglaterra (1604), y la tregua de los Doce Años con las
Provincias Unidas en 1609.
 Felipe IV (1621-1655) y su valido el Conde-Duque de Olivares, volvió a implicarse en los
grandes conflictos europeos, interviniendo en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) en
ayuda de los Habsburgo de Viena, defendiendo el catolicismo contra los protestantes alemanes,
holandeses y Francia, que los ayudaba pese a ser católica. Tras los éxitos iniciales de Breda a
los holandeses y Nordlingen (1634) en el conflicto germánico, los ejércitos españoles fueron
derrotados en mar (Las Dunas, 1639) y en tierra (Rocroi, 1643). La impotencia de los
Habsburgo llevó finalmente al Tratado de Westfalia (1648) que ponía fin a la Guerra de los
Treinta Años, y reconocía la independencia de Holanda y la pérdida de la hegemonía de los
Austrias en Europa. No obstante, la guerra continuó hasta 1659 contra Francia. Finalmente en la
Paz de los Pirineos (1659), Felipe IV aceptó importantes cesiones territoriales: Rosellón y
Cerdaña, Artois, en beneficio de la Francia de Luis XIII, iniciándose a partir de ahora la
hegemonía francesa en Europa.
 Carlos II (1665-1700) débil y enfermizo, fue incapaz de frenar al expansionismo francés de Luis
XIV, que se anexionó plazas fronterizas en los Países Bajos y el Franco Condado. Al morir sin
descendencia dejó el trono a Felipe de Anjou, con lo que tras la guerra de Sucesión (17011713), se instalaron los Borbones en España. La Paz de Utrecht en 1713 significó
definitivamente el fin del imperio español en Europa y la desintegración del patrimonio de los
Habsburgo, que sólo conservaba en Europa parte de los Países Bajos, el Milanesado, Nápoles,
Sicilia y Cerdeña.
8.4. La España del siglo XVII: Evolución económica y social.
El siglo XVII fue un siglo de crisis económica en Europa en general, pero afectó más a España,
y especialmente a Castilla:

En la primera mitad del siglo aparecen serios problemas demográficos. Influyeron varios
factores que explican que la población disminuyese: la emigración a América, la expulsión
de los moriscos, las frecuentes guerras exteriores, el incremento de los miembros del clero,
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las crisis de subsistencias y las epidemias, que aumentaron la mortalidad, junto a las
hambrunas y la falta de higiene.


En la segunda mitad del siglo, la crisis continuó y se agudizó. A la disminución de la
producción agraria (sequías y lluvias que trajeron malas cosechas y crisis de
subsistencias, escasa mano de obra) se le unió la de la ganadería lanar, que encontró
graves dificultades para la exportación, y la de la industria y el comercio, incapaz de
competir con las producciones extranjeras, a causa de los elevados precios, la caída de la
demanda, las aduanas interiores y las malas comunicaciones.
Esta situación empeoró aún más por la incorrecta política económica de los gobiernos de
la Corona, que agravaron más que solucionaron los problemas: envilecimiento de la moneda
(menos plata en su contenido), devaluación monetaria, aumento impositivo.
En este marco de crisis económica, la sociedad estamental española vivió un proceso de
polarización marcada, de un lado, por el empobrecimiento de un campesinado que constituía la
mayor parte de la población, y por la debilidad de la burguesía y las clases medias; y de otro, por el
crecimiento numérico de los grupos sociales improductivos como la nobleza (compra de títulos) y el
clero (medio de vida fácil en época de crisis). En torno a esta sociedad vivían grupos marginados:
pícaros, vagos y maleantes, pobres y mendigos. Además, los prejuicios sociales de las clases adineradas
(visión negativa del trabajo), perjudicaron el desarrollo económico.
8.5. La España del siglo XVII: Esplendor cultural. El siglo de Oro.
La decadencia política y socioeconómica del siglo XVII no supuso la decadencia cultural. España
vivió una etapa artística de elevada creatividad, el llamado Siglo de Oro, que corresponde al movimiento
cultural del Barroco, difundido desde Italia.
No obstante, la España del siglo XVII continuó apegada a valores aristocráticos y religiosos. La
cultura barroca estaba al servicio de la monarquía absoluta y de la Iglesia Católica, que la utilizó como
elemento propagandístico de la Contrarreforma, y que se caracterizó por su carácter popular y defensa
de las tradiciones, la exaltación del poder de la monarquía, los dogmas de la fe católica y el
desprecio de la vida terrena.
Pero este esplendor artístico contrasta con el atraso de la técnica y la ciencia, que entraron en
decadencia al quedar España al margen de la revolución científica que se estaba produciendo en Europa,
y obstaculizando su desarrollo posterior, debido a la rigidez del espíritu contrarreformista, y que provocó
también un descenso del número de universitarios. En el ámbito del pensamiento destacaron los
arbitristas, críticos precursores de los ilustrados del siglo XVIII, con escasas influencias sobre el poder
político hasta finales del siglo XVII.
La literatura vive su Siglo de Oro. Se inicia con la prosa del Quijote de Cervantes, y sigue
cultivándose la novela picaresca con títulos como El Buscón de Quevedo. En poesía destacaron
Góngora y Quevedo, y en teatro Calderón de la Barca, Tirso de Molina y Lope de Vega. Velázquez,
Ribera, Zurbarán y Murillo en pintura; Gómez de Mora, Ribera, y los hermanos Churriguera en
arquitectura, y Gregorio Fernández y Pedro de Mena en escultura.
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