LA CRONICA DE GUINEA

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Índice general
Prefacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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1. La Crónica de Guinea . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El autor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Las fuentes de Zurara . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Tradición textual y recepción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
2. Más allá del mar tenebroso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Los orígenes de la empresa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
La geografía del descubrimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Los medios técnicos en la exploración y conquista . . . . .
Interés económico de los viajes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El comercio de la infamia humana . . . . . . . . . . . . . . . . . .
3. El encuentro de portugueses y africanos . . . . . . . . . . .
El choque de culturas: sorpresa y temor . . . . . . . . . . . . .
Lenguas y trujamanes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
La mirada etnográfica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Las viviendas de los africanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Formas de vida de los africanos: la alimentación . . . . . .
Organización social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
4. Los canarios vistos por los portugueses . . . . . . . . . . . .
La población de las islas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Manifestaciones religiosas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Organización política y social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Formas de vida: la explotación del medio . . . . . . . . . . . .
Las viviendas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Las armas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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Crónica de Guinea: edición anotada . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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Bibliografía citada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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Índice onomástico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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Prefacio
Después de la reconquista de Faro, a mediados del siglo XIII,
Portugal inició una época de expansión marítima «além-mar» que
le llevaría a poner rumbo hacia una geografía totalmente desconocida hasta ese momento y a dominar la navegación y las expediciones por el Atlántico sur. Las iniciales incursiones en el «mar tenebroso» fueron posibles no solo gracias a aquellos capitanes que
tuvieron la osadía de enfrentarse a todo el bagaje mítico occidental
que situaba más allá del horizonte una frontera infranqueable y peligrosa, sino también porque esas mismas expediciones impulsaron
una serie de adelantos náuticos –de técnicas de navegación e ingeniería naval– y los conocimientos cartográficos y astronómicos suficientes que culminaron a finales del siglo XV con el descubrimiento del Nuevo Mundo y, en el XVI, con los primeros viajes de
circunnavegación.
Aquel diálogo entre el hombre y el espacio llevó al descubrimiento o redescubrimiento de los archipiélagos atlánticos: aunque hay constancia de expediciones lusas a Canarias durante el siglo XIV, será finalmente el francés Jean de Béthencourt el que se
alzará con el señorío de las islas en 1404, introduciéndolas en el
ámbito de la corona castellana; más tarde, los portugueses Texeira
y Zarco descubrirán Madeira en 1419, y Diogo de Silves llegará a
las Azores en 1427. A partir de esta fecha las islas servirán de puente y plataforma de aprovisionamiento a los siguientes expedicionarios, contribuyendo así, poco a poco, a ir delineando con exactitud
el litoral africano y marcando sus principales accidentes: el paso
del cabo Bojador (con Gil Eanes en 1434), el Río de Oro y el Cabo
Blanco (con la navegación de Nuno Tristão en 1436 y 1441), la costa de Guinea (con la expedición de Dinis Dias en 1444), Sierra Leona (con Álvaro Fernandes en 1447), el Senegal (con Alvise Ca da
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Mosto en 1455), Liberia (con Pedro de Sintra en 1461), Gambia (el
mismo Alvise Ca da Mosto y Diogo Gomes en 1456), el Congo
(con Diogo Cão en 1484) o el Cabo de Buena Esperanza (con Bartolomeu Dias en 1487).
Aparte de algunas crónicas y relatos breves (como el atribuido a
Boccaccio sobre el redescubrimiento de las Canarias), el primer
texto extenso relativo a estos viajes por el mar océano es Le Canarien, crónica francesa que describe la conquista, entre 1402 y 1404,
de las llamadas islas de «señorío» en el archipiélago. Le sigue la
Crónica de Guinea, cuya fecha de composición se ha situado tradicionalmente en 1453. Su autor, Gomes Eanes de Zurara, historiador
oficial de los reyes de Portugal, además del propio descubrimiento,
da detalles de gran importancia sobre las poblaciones (azanegas,
guineos y canarios) encontradas por los navegantes. Inmediatamente después de Zurara, el veneciano Ca da Mosto nos ha dejado
la relación (escrita hacia 1463) de sus viajes efectuados en 1455 y
1456. Sus Navigazioni, publicadas por primera vez en Vicenza en
1507, comportan la descripción de su estancia entre los Wolof de la
desembocadura del Senegal, así como su exploración de Gambia y
Casamance. También describe la colonización de Madeira y Canarias e incorpora la navegación de Pedro de Sintra hasta Liberia;
como la de Zurara, su narración está llena de importantes detalles
sobre los pueblos y las regiones visitadas. Entre 1500 y 1520, Eustache de la Fosse escribió el relato de un nuevo viaje que le llevó
entre 1479 y 1480 hasta La Mina (la actual Ghana), donde los portugueses construirían algunos años después la famosa fortaleza de
San Jorge. En este caso, los detalles comerciales son los más destacados: malagueta, conchas, oro de la Mina… Los viajes posteriores
de Diogo Gomes están insertos en una relación latina titulada De
Prima Inventione Guynee, redactada entre 1484 y 1502 por Martin
Behain a partir de su relato oral e incorporada al Manuscrito Valentim Fernandes. Los pasajes más interesantes son los concernientes
a sus viajes a Cabo Verde y Gambia, donde recogió información sobre el interior del continente y los mercaderes de oro.
En esta publicación que ahora presentamos ofrecemos al lector la
primera traducción íntegra al castellano de uno de estos textos, la Crónica de Guinea. El reconocimiento del África subsahariana, la mirada de sus gentes, la novedad de una naturaleza totalmente diferente, todo llama la atención del cronista Gomes Eanes de Zurara
que, al igual que el promotor de aquellos primeros viajes, el infante don Enrique el Navegante, ironía del destino, no participó directamente en la gran proeza. A pesar de ello, de que sus instigadores
sean, en realidad, viajeros «inmóviles», la Crónica de Guinea no
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puede concebirse sin estos dos personajes, sin el aliento y el impulso que supo dar a aquellas expediciones el Infante de la monarquía
de Avis y sin el legado de este cronista que se implica en el relato
hasta tal punto que, a pesar de un estilo a veces farragoso y pretendidamente erudito, es capaz de mostrar y llegar a transmitir en determinados pasajes la viveza de cada encuentro y de cada situación
inusitada a la que tenían que hacer frente aquellos pioneros descubridores.
Para llevar a cabo la investigación hemos contado con un proyecto concedido por la Dirección General de Universidades e Investigación del Gobierno de Canarias (PI 042005/056). Continuamos así la labor desarrollada en el seno del Instituto de Estudios
Medievales y Renacentistas de la Universidad de La Laguna, al que
pertenecemos como grupo de investigación consolidado bajo la denominación «Derroteros atlánticos». Nuestro trabajo ha consistido
no solo en la traducción al español de este importante texto, con las
anotaciones correspondientes, sino también en el análisis de los aspectos etnográficos implícitos en el relato. Por primera vez un autor
occidental se detiene a describir el África atlántica basándose en
testimonios directos, comparando su propia experiencia con esa
nueva geografía, asombrándose ante la verosimilitud de las novedades en contraste con las creencias tradicionalmente admitidas, a
veces mostrando su admiración por aquellas gentes y sus tradiciones, y justificando algunas de sus pautas culturales totalmente contrarias a los hábitos europeos. La navegación oceánica alteraría la
faz del mundo y las fronteras del espacio conocido hasta ese momento, mientras que el contacto cultural entablado con los nuevos
pueblos, aunque no fue un diálogo entre iguales, llevó a un cambio
de actitud o, al menos, al cuestionamiento, al replanteamiento o a la
simple y llana descripción de la visión del otro.
Esta obra no hubiera visto la luz sin el mecenazgo y la colaboración de diversas personas y entidades que han apoyado la edición.
Queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento a Casa África, especialmente a su Director, D. Santiago Martínez-Caro, a su
Secretario General, D. Luis Padilla, y a la Jefa del Área Web y Mediateca, D.ª Estefanía Calcines, que desde un primer momento se
interesaron por la publicación de este texto y que lo han patrocinado como coeditores junto a Edicions Bellaterra. También hemos
contado con la colaboración de D. Aurelio González González y de
D. Pablo Martín Carbajal González, Director General de Cooperación y Patrimonio Cultural y Director General de Relaciones con
África del Gobierno de Canarias, respectivamente. Otros compañeros universitarios nos han asesorado en algunas notas concretas del
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texto, como D. José Ramos Arteaga, o han allanado el camino de
nuestra propuesta editorial, como D. José Ramón Díaz de Durana,
D. José Manuel Nieto Soria y D. José Gómez Soliño. Por último,
aunque no en último lugar, queremos reconocer el trabajo de la
doctora Berta Pico Graña, que participó, como miembro del grupo
«Derroteros Atlánticos», en los primeros años del proyecto, aportando sabiduría y entrega.
La Laguna, febrero de 2012
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