Carmen

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Carmen
Ópera en cuatro actos de Georges Bizet con libreto de Ludovic Halévy y Henri Meilhac,
inspirado en la novela homónima de Prosper Mérimée (1803-1870), publicada en 1845.
Estreno mundial: Teatro Nacional de la Ópera Comique de París, 3 de marzo de 1875.
Programa realizado por Fernando Funes.
Antecedentes
Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que CARMEN, la última ópera de Georges Bizet,
compositor francés nacido en París el 25 de octubre de 1938, no solamente posee una de las
historias más insólitas del mundo operístico, sino que también ha sido una obra clave y
revolucionaria, en cuanto a tomar participación en el futuro desarrollo del arte lírico en el
mundo.
Carmen modificó decididamente la ópera francesa y se anticipó a la corriente verista de la
Giovane Scuola italiana de compositores como Pietro Mascagni y Giacomo Puccini entre otros.
También puso punto final a la tradicional Ópera Comique francesa, género que alternaba
números musicales con partes habladas como el Singspiel alemán o la Zarzuela española,
género que tenía entre sus muchos cultores a Daniel Auber y a Ferdinand Hérold entre otros.
En unos pocos años, desapareció la tradicional distinción entre la ópera seria y heroica y la
ópera comique, de color más ligero y evidentemente burguesa. El gran filósofo alemán
Friedrich Nietzsche, quien consideraba al preludio de la ópera como “Un gran circo desfilando”,
la consideró como la respuesta francesa a los cánones artísticos wagnerianos, y basados en esta
premisa, muchos críticos musicales han advertido una gran afinidad en nuestra ópera y los
dramas wagnerianos de la primera época.
Los libretistas de Bizet, para conformar al público burgués y estar de acuerdo con las normas
teatrales de la época, suavizaron grandemente la obra original de Mérimée, de hondo ambiente
sórdido y soez, convirtiendo al personaje central de Don José en un inexperto soldado que cae
víctima de las artes amorosas de la protagonista, cuando originalmente era un experto criminal
con varias muertes en su conciencia.
Del mismo modo, el personaje del torero Escamillo, llamado Lucas en la novela original, cobra
también más vida en la obra de Bizet, y amalgama en una sola persona las figuras de los
muchos amantes de la Femme Fatal.
El estreno mundial de CARMEN fue ampliamente criticado. Estuvo a punto de retirarse casi
después de su cuarta o quinta representación, y aunque esto se evitó, la obra cayó en la
desgracia.
El afligido compositor escribió en una de sus cartas: “Si suprimiéramos de la partitura el
adulterio, el fanatismo, el crimen, la maldad y lo sobrenatural, no existiría forma alguna de
escribir una sola nota”.
Y este es precisamente el credo de la protagonista, presa de una obsesión erótica volátil, que la
lleva a descartar a los hombres como a flores, y que finalmente la conduce a la muerte.
Diagnosticado con una grave angina de pecho, Bizet murió de un ataque al corazón, a los 36
años de edad, en la localidad de Bougival, el 3 de junio de 1875, sin llegar a saber nunca cuán
popular iba a ser Carmen.
Su temprana muerte fue influenciada por el fracaso de CARMEN, que al igual que LA FORZA
DEL DESTINO de Giuseppe Verdi y LOS CUENTOS DE HOFFMANN de Jacques Offenbach, ha
adquirido una mala reputación como causante de tragedias. A pesar de esto, es la ópera
francesa más representada desde su estreno. Como terrible ironía del destino, en octubre de
ese mismo año, la obra subió a escena en Viena con aclamado éxito de público y críticos.
Debido a que la ópera permanecía en su forma original de Ópera-Comique, la negligencia de los
herederos del compositor y de sus editores crearon grandes problemas con las ediciones de
sus partituras operísticas.
El compositor Ernest Guiraud, amigo de Bizet, reemplazó los pasajes hablados originales por
recitativos musicales, en 1877. En esta versión la ópera recorrió el mundo entero, hasta que en
1964, el musicólogo alemán Fritz Oeser restableció la versión original de Ópera Comique,
mucho más fiel a las intenciones del compositor.
CARMEN es una obra maestra perfecta. Su gran éxito se debe, además de la elevada
inspiración de la música de Georges Bizet a la gran variedad y al colorido ambiental de la ópera.
Escenas trágicas que envuelven al triángulo protagónico de Carmen, Don José y Escamillo
contrastan con pasajes más ligeros y hasta con cierta comicidad en los personajes de las gitanas
amigas de Carmen y en los dos contrabandistas, Dancaire y El Remendado.
A todo esto se suma la gran algarabía de las escenas corales, con una música expresiva y
elegante, plasmada en una orquestación refinada.
Pianista de excepcionales dotes, Georges Bizet realizó una brillante carrera en el Conservatorio
de París desde 1848, ganando el codiciado Premio de Roma en 1857, con la bellísima cantata
CLOVIS Y CLOTILDE. Un año antes, había ya ganado un certamen de óperas en un acto con su
ópera cómica LE DOCTEUR MIRACLE.
Además de haber compuesto música religiosa, instrumental, sinfónica y vocal en forma de
exquisitas canciones artísticas, Bizet fue uno de los más importantes compositores de ópera de
la Francia del Ottocento.
Entre sus óperas completas hallamos otro galante dúo de óperas cómicas, DON PROCOPIO de
1859, una especie de Don Pasquale en miniatura, y DJAMILEH, estrenada en París en 1872. Por
otra parte pueden mencionarse IVAN IV, una gran ópera en el estilo francés compuesta en
1865, LA HERMOSA MUCHACHA DE PERTH, una comedia sentimental de 1866, y desde luego la
que es su segunda obra en popularidad, LOS PESCADORES DE PERLAS, estrenada en la ciudad
de París en 1863.
Bizet asimismo se encargó de completar la última ópera de su suegro, el compositor Jacques
Frommenthal Halévy, titulada NOÉ, en la que Halévy trabajara desde 1858, dejando la labor
inconclusa. Comúnmente en forma errónea se atribuye esta ópera a nuestro músico de esta
noche.
El preludio de CARMEN, con su ígneo presto, tan alabado por Nietzsche es una de las piezas
orquestales más populares, gustada aún por el público no operístico. El acto inicial presenta el
coro de niños Avec la garde montante, el coro de las cigarreras, el dúo entre Don José y
Micaela Parle moi de ma mère y la Seguidilla de la protagonista.
A esta corresponde también, como número de entrada, la archipopular habanera: L’amour est
un oiseau rebelle. La melodía de la misma no pertenece a Bizet, quien la tomara prestada
creyendo que se trataba de una canción folklórica anónima, sino al compositor vasco Sebastien
Yradier (1809-1865), titulada El Arreglito, o la promesa de matrimonio; publicada en una
colección de 25 canciones populares españolas en 1863, titulada Fleurs d’Espagne.
En el segundo acto encontramos la Chanson Bohémienne a cargo de Carmen y sus compañeras
Frasquita y Mercedes, la famosa aria del toreador Votre Toast, que el compositor jocosamente
llamaba Basura pura, el quinteto de contrabandistas Nous avons en tête une affaire, y la
celestial aria de Don José La fleur que tu m’avais jetée, una de las más hermosas confesiones de
amor de la historia de la ópera.
El rapsódico preludio que abre el acto tercero, con el particular uso de la flauta y el arpa, crea el
clima de tranquilidad de la región montañosa donde transcurre. En el mismo hallamos el
sexteto con coros: Écoute, compagnon, écoute, la fatídica escena de la adivinación con las
cartas, la romanza de Micaela Je dis que rien ne m’épouvante, y el final cargado de enorme
tensión.
En el cuarto acto, el más breve, presenciamos un duettino entre Carmen y Escamillo, y la gran
escena final en forma de dúo con coros para Don José y Carmen.
La versión de este inmortal clásico francés que presentaremos esta noche se ajusta a la edición
original de la partitura en forma de Ópera-Comique, incluyendo los diálogos hablados. La
preparación de esta edición crítica corresponde al musicólogo alemán Fritz Oeser, quien en
1964 eliminara los recitativos compuestos por Ernest Guiraud luego de la muerte del músico,
restaurando los pasajes hablados y mucho del material que el propio Bizet descartara
posteriormente.
Argumento
La acción de la ópera transcurre en Sevilla y en la región montañosa a su alrededor, a principios
del año 1820.
Acto Primero
Plaza púbica en Sevilla junto a una cigarrería. La guardia de Dragones de Almanza realizan su
patrullaje con sus banderas rojas y amarillas.
Mercaderes, gitanos y todas clases de gentes recorren la plaza. Morales, uno de los brigadieres
de la guardia advierte la presencia de Micaela, una joven navarresa comprometida con el
protagonista, Don José, a quien viene a buscar.
Los soldados bromean con ella, mientras que Don José se presenta y la joven se aleja
prometiendo volver más tarde. Una pintoresca marcha precede el cambio de guardia, que tiene
lugar bajo las órdenes del capitán Zúñiga.
Don José admite estar enamorado de Micaela y repudia a las trabajadoras de la fábrica de
cigarros adyacente a la plaza. En ese momento suena la campana de la cigarrería y las
trabajadoras acuden en multitud. Se ha desatado una pelea entre Carmen y Manuelita, otra
trabajadora.
Burlonamente los guardias preguntan a Carmen, que entra exhibiendo sus dotes, cuando los
amará. La joven gitana responde con su famosa Habanera, en la cual expone su filosofía de
vida: Para ella el amor es como un ave rebelde, que no conoce ley alguna y no puede ser
gobernado jamás, concepto que quizás Mérimée derivara del poema Los Gitanos de Alexander
Pushkin.
Con gran descaro, Carmen arroja una flor a los pies de Don José, que la observa hechizado por
su belleza. El destino se presiente con la repetida frase de la habanera “Si te amo, ten
cuidado!” Pero ya es tarde, y Don José ha sido infectado por el virus de la infatuación amorosa
fatal.
Llega Micaela nuevamente, que le trae noticias de su patria y de su anciana madre. Don José se
conmueve al intercambiar palabras con ella, pero no logra quitarse a la gitana de su mente.
Otra vez las jóvenes cigarreras entran en escena precipitadamente: Carmen ha herido a
Manuelita con un puñal. Inmediatamente Zúñiga ordena a José tomarla bajo su custodia y
arrestarla.
Cuando éste comienza a cuestionarla observamos como su poder de fascinación embriaga sus
sentidos, y cuan impotente él es ante el poder de la pasión. Carmen culmina alegando
desfachatadamente que él hará lo que ella le diga, pues está enamorado.
Al ritmo de una Seguidilla la joven gitana le dice que irá a la taberna de Lilas Pastia a beber
manzanilla, y que bailará con el hombre de su corazón.
Derrotado por completo, Don José confiesa su amor por ella. Ambos convienen un plan para la
fuga de Carmen, cuando el capitán se presente con la orden de arresto. En el momento en que
los custodios llegan al puente de la plaza, Carmen los empuja violentamente, se libera de sus
ataduras, y desaparece entre la multitud. Don José es arrestado por complicidad.
Acto Segundo
En la taberna de Lilas Pastia, junto a los bastiones de Sevilla, las compañeras de Carmen
Frasquita y Mercedes se hallan junto a Morales, otros oficiales y gitanos, bebiendo y bailando.
Las gitanas, incluidas Carmen misma, entonan una canción burlesca acompañándose con las
castañuelas.
Se escuchan gritos de alabanza desde el exterior: La multitud aclama a Escamillo, prestigioso
torero de Granada, que hace su entrada rimbombante con la célebre Aria del Toreador.
Fascinada por la hombría del personaje, Carmen no tarda en poner sus ojos sobre el torero,
quien a su vez le corresponde. Pero ella no ha olvidado al gentil cabo que estuvo en prisión por
dejarla escapar y ha sido recientemente liberado.
Escamillo se retira entre la gente que lo aclama. El dueño de la taberna procede a cerrar su
negocio, mientras que se presentan dos contrabandistas, el Dancaire y el Remendado. Estos
necesitan la ayuda de las gitanas para burlar la vigilancia del puesto fronterizo en las montañas,
e introducir sus mercancías ilegales.
Cuando Carmen decide esperar a Don José, los bandidos sugieren que le propongan unirse a
ellos. Llega alegremente el liberado cabo, pero Carmen despierta sus celos, diciendo que ha
tenido que bailar para otros hombres, pero que ahora lo hará para él solo. Durante la danza,
Don José escucha el toque de los clarines en la lejanía y su obligación al deber parece despertar.
Esto contraria grandemente a Carmen, quien lo acusa de colocar al deber sobre su amor.
Extrayendo la flor que le arrojara en el acto primero, José canta su adorable romanza de la flor,
favorita de los tenores de todas las épocas, declarando su amor y abriendo su corazón por
completo a ella.
Carmen trata de persuadirlo a unirse a la banda de contrabandistas, para gozar de una vida sin
limitaciones ni reglas. En ese momento se presenta el capitán Zúñiga, y los dos hombres se
confrontan.
Pero vuelven los contrabandistas y reducen fácilmente al militar. Comprendiendo las
consecuencias que el acto de insubordinación contra Zúñiga le va a costar, Don José no tiene
otra alternativa que seguir a la seductora Carmen hacia las montañas.
Acto Tercero
Paisaje rocoso elevado en una región montañosa. Llegan los contrabandistas acompañados por
las muchachas gitanas. A esta altura de los acontecimientos, encontramos a un Don José
perturbado mentalmente por los celos y consumido por la pasión enfermiza por Carmen.
Ella sin embargo, ha considerado sus amoríos como muy transitorios, y no aprecia el gran
sacrificio que el ex militar ha hecho por ella, abandonando todo y perdiendo su dignidad.
Carmen le insinúa que se vaya si esa vida no le complace, pero él la amenaza con la muerte por
siquiera mencionarlo. Pero la gitana no es persuadida fácilmente y exclama que morirá, si así el
destino lo dispone.
Tiene lugar entonces una de las más maravillosas escenas de la ópera: El trío de adivinación de
las cartas, junto a Mercedes y Frasquita. Estas obtienen felices presagios, pero para Carmen se
reserva siempre la carta de la muerte, como lo expresa en su aria fatalista: En vain pour éviter,
en la que describe la constante presencia del nefasto naipe y el palo de espadas, anunciando
primero su destrucción, y luego la de Don José.
La noche de la muerte de Bizet coincidió con la representación número 33 de la ópera en París.
La intérprete original de Carmen, la soprano Galli Marié se desmayó luego de esta escena, e
irrumpió en lágrimas al final del acto. Todo esto tuvo lugar dos horas antes del fallecimiento del
compositor, como siniestro presagio.
Los contrabandistas proceden hacia el puesto de aduana fronteriza, mientras que José
permanece apostado como guardia. No visto por él, un guía dirige a Micaela, la imagen de la
pureza, hacia el lugar en busca de su perdido novio.
José observa a un hombre que se aproxima al campamento y dispara su carabina. Pero el
disparo no da en el blanco, y es el propio Escamillo que se presenta, según dice, a visitar a su
nuevo amor.
No es necesario aclarar que se trata de la propia Carmen, lo cual hace que ambos hombres se
trencen en mortal combate con navajas. Con un golpe de suerte José derriba al torero, pero los
contrabandistas, atraídos por el disparo, le salvan la vida. Con gran parsimonia, Escamillo invita
a todos a su próxima corrida en Sevilla, y parte diciendo a Don José que volverán a encontrarse.
Micaela es descubierta en su escondite y revela a José que su madre está muriendo en Navarra.
Atormentado, éste se niega a partir y ante la posición de Carmen que lo insta a ir junto a su
madre, José estalla en una de las más dramáticas frases de la ópera: “Aunque me cueste la
propia vida, nó Carmen, no me iré!”
Finalmente las súplicas de Micaela logran triunfar y José parte, pero advirtiendo a Carmen que
volverán a encontrarse pronto.
Acto Cuarto
El breve interludio sinfónico que anuncia el último acto está basado en un Polo o canto andaluz,
tomado de una tonadilla de 1804, perteneciente al legendario cantante y compositor sevillano,
Manuel García (1772-1832).
Explanada junto a la Plaza de Toros de Sevilla, el día de la corrida. Vendedores de todas clases
pasan y vienen. Una procesión entra en escena con los toreros y los picadores, y todos aclaman
a Escamillo y a su nuevo amor, Carmen.
Ambos amantes intercambian votos de amor en un simpático duetto. Mientras la gente entra
en la arena de la plaza de toros, una gitana advierte a Carmen que su vida corre peligro. Don
José la acecha entre la multitud. Pero Carmen no es ninguna cobarde, y dice a la muchacha que
vaya con los demás a la plaza, y que ella se enfrentará con su ex amante.
Cuando queda sola, y va a entrar en la plaza, se presenta Don José, destruido por la mala vida, e
interceptándole el paso. Carmen le cuenta que ha sido advertida de su presencia, pero que si
ha llegado su hora, no tiene miedo. Jamás volverá a ser suya.
Don José está perturbado mentalmente y en estado de locura. Su súplica pasa a convertirse en
desesperación. Pide a su amada que huyan juntos, pero ella alega ser libre y no pertenecerle.
Se escuchan gritos aclamando a Escamillo.
Carmen trata de huír, pero Don José le cierra el paso. Impulsado por la furia de la
desesperación, extrae su cuchillo y acusa a Carmen de amar al torero, lo cual ésta no niega. No
permitirá que ambos se rían de su desgracia.
La protagonista alega amar tanto a Escamillo que está dispuesta a morir por él. Comprendiendo
que todo ha acabado, Don José la sujeta y le hunde su cuchillo en la espalda. Se abren las
puertas de la plaza de toros, y la muchedumbre jubilosa se detiene horrorizada al ver el cuerpo
sin vida de Carmen.
Don José, totalmente destruído, no se resiste al arresto, y con sus últimas palabras exclama:
“Carmen, mi Carmen adorada!”.
Reparto
CARMEN………………………………………….TERESA BERGANZA, Mezzosoprano.
DON JOSÉ…………………………………………PLÁCIDO DOMINGO, Tenor.
ESCAMILLO………………………………………SHERRILL MILNES, Barítono.
MICAELA ………………………………………… ILEANA COTRUBAS, Soprano.
FRASQUITA…………………………………….. YVONNE KENNY, Soprano
MERCEDES……………………………………… ALICIA NAFÉ, Mezzosoprano
ZÚÑIGA…………………………………………….ROBERT LLOYD, Bajo.
MORALES ………………………………………. STUART HARLING, Barítono.
DANCAIRE………………………………………..GORDON SANDISON, Bajo-Barítono
REMENDADO…………………………………..GEOFFREY POGSON, Tenor.
GUÍA DE LA MONTAÑA…………………… JEAN LAINÉ, Rol Hablado.
LILAS PASTIA……………………………………GEORGE MAIN, Rol Hablado.
Coro “The Ambrosian Singers” y Coro de niños del George Watson College.
Orquesta Sinfónica de Londres, director: Claudio Abbado.
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