De la religiosidad al Evangelio. - Iglesia Cristiana Evangélica Añoreta

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DE LA RELIGIOSIDAD AL EVANGELIO
(Juan 2:13-22)
INTRODUCCIÓN.Quizá debería empezar explicando el título, ‘de la religiosidad al evangelio’. Aunque el
Cristianismo en un sentido amplio es una religión, aquí el término religiosidad lo utilizamos
cuando entendemos o creemos obtener la salvación, o la aceptación de Dios, mediante
nuestro esfuerzo moral. Y cuando nos referimos al evangelio lo hacemos entendiendo la
salvación como un acto de la gracia de Dios, por causa de la vida y obra de Cristo.
Y tras esta brevísima explicación de los términos entraremos a comentar el texto que hemos
leído.
Vemos aquí a Jesús, en días próximos a la Pascua judía, en Jerusalén. Y lo vemos echando del
templo a personas, y animales, con los que negociaban. Hace un látigo de cuerdas, y echa a
todos fuera de allí, diciéndoles que habían convertido el templo en una casa para hacer
negocio.
Es posible que Jesús hiciera esto dos veces. Ya que aquí aparece en el inicio de su ministerio y
en los evangelios sinópticos al final. O tal vez fue solo una vez, ya que Juan no sigue siempre un
orden cronológico en su evangelio.
En cualquier caso, sus discípulos lo relacionan con el Salmo 69:9 “El celo de tu casa me
consume”. Los judíos reaccionan preguntándole si con ese acto, con esa señal, quiere
mostrarles algo. Jesús les contesta con la frase: “Destruid este templo y lo levantaré de nuevo
en tres días”. Por cierto, esto es mal interpretado por los judíos quienes, cuando presentaron a
Jesús ante el Consejo, le acusaron de haber dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y
reconstruirlo en tres días”. (Mat. 26:61)
Los mismos discípulos no entienden que se refería al templo de su cuerpo, hasta después de la
resurrección. (v.22)
Lo que Jesús les dice, aunque ellos lo mal entienden, es que la presencia de Dios que había
estado en el templo antes, ya no está allí; ahora está en el cuerpo del hombre Jesús. Así que,
ya había llegado la hora, que para relacionarse con Dios, no era cuestión de ir al templo, sino
de ir a Jesús. “Nadie viene al Padre sino por mí”. (Juan 14:6) El templo, que había sido lugar de
la presencia de Dios, sería finalmente destruido alrededor del año 70 por el general romano
Tito.
Un asunto de importancia también, aunque se menciona de pasada, es lo que dicen los
discípulos al final del v.22, una vez Jesús ha resucitado. “Y creyeron en las Escrituras y en las
palabras de Jesús”. Muestran su confianza, su fe, tanto en la Escritura (quiere decir, el A.T.)
como en las palabras de Jesús (lo que a través de sus apóstoles llegaría a ser el N.T.) Así que la
confianza en toda la Biblia es expresada aquí por los discípulos.
I.- LA RELIGIOSIDAD DESTRUYE.1
¿Por qué habían llegado, los judíos religiosos, a ver bien que el templo fuese un lugar para
hacer negocio? El asunto es importante.
Cuando entendemos que la forma de estar a bien con Dios, de ser aceptado por Él, se consigue
mediante nuestros esfuerzos morales, es decir mediante la obediencia a sus mandamientos y
normas, se produce en nuestro interior, entre otras cosas, convicciones que nos hacen
aprovechar la piedad para hacer negocio.
Expliquemos esto. La religiosidad termina dándonos un sentido de mérito. El cumplimiento de
la norma nos da conciencia de que nuestros esfuerzos, sacrificios, nuestro buen hacer, nos
hace merecedores de bendiciones de Dios. Nos termina pareciendo que Dios, efectivamente,
debe darnos bendición. Por lo tanto, si hacemos tanto bien por Él y por los demás, ¿por qué no
nos vamos a beneficiar?
Así que se instaura en nuestro corazón ese sentido de merecimiento y por tanto ¿Por qué no
hacer negocio con todo eso? ¿Por qué no beneficiarnos algo, a cambio de todo lo que nosotros
entregamos? Creo que esto es lo que pasó en los religiosos judíos, y es una de las
consecuencias que traerá la religiosidad donde quiera que esté.
La parábola de los labradores malvados (Luc. 20:9-19) cuenta que a unos labradores se les dejó
una finca arrendada, no era de ellos. Cuando el propietario mandaba sus mensajeros para
recibir algo del fruto se negaban a dárselo. Incluso terminaron matando al hijo del dueño,
porque pensaban que, sin heredero, la finca quedaría para ellos. Creían que la merecían.
Aunque finalmente le es quitada la finca y dada a otros.
Jesús trató este problema de los judíos religiosos en varias ocasiones. Por ejemplo en Luc.
16:13-14 “No podéis servir a Dios y a las riquezas. Y oían esto todos los fariseos, a quienes les
encantaba el dinero, y se burlaban de Jesús”. También en Luc. 20: 47 “Devoran los bienes de las
viudas y a la vez hacen largas plegarias para impresionar a los demás”.
Algunos piensan que Marx fue el primero o principal crítico de la religión. Pero Jesús lo hizo
antes y mejor.
Una de las consecuencias, no la única, que trae la religiosidad al corazón humano es el interés
en hacer negocio con la piedad. Y creo que esto es lo que vio Jesús con claridad aquí.
Por eso, Pablo a Timoteo le alecciona de este peligro real. A la hora de escoger a los dirigentes
en la iglesia, una de las cosas que tenía que tener muy en cuenta es que “no fuesen
codiciosos… o amigos del dinero” (1ª Tim. 3:3,8). Algunos, que creaban problemas en las
iglesias primitivas, era porque querían hacer negocio con la religión. “Este es de los que
piensan que la piedad es un medio de obtener ganancias” (1ª Tim. 6:5)
También Pedro hace este solemne llamamiento a los pastores de las iglesias: “Cuidad como
pastores el rebaño de Dios, que está a vuestro cargo, no por obligación ni por ambición de
dinero, sino con afán de servir, como Dios quiere” (1ª Ped. 5:2)
Qué diremos en la actualidad de algún tele evangelista que ha amasado buenas fortunas.
Emisoras de radio que frecuentemente están pidiendo dinero, ofreciendo sanaciones y cosas
por el estilo. Algunos pastores que se han comprado un par de casas o más por los ingresos del
“ministerio”. Y en algunas iglesias que se planteen de inmediato conflictos cuando se habla de
finanzas. Esto ocurre en ocasiones. Aunque he de decir que conozco a muchas más iglesias y
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pastores que son sufridos, entregando su vida y sus recursos para servir a otros, y viven con
sencillez.
Y qué diremos de la Institución Católico Romana a lo largo de la historia, con sus acuerdos con
los estados, los famosos concordatos, para seguir con los privilegios y tener poder y riquezas.
Sí, cuando la religiosidad se instaura en el corazón, cuando se produce esa sensación de
mérito, una de las consecuencias es utilizar la piedad como algo con lo que sacar ganancia.
Por eso Jesús quita la gloria de su presencia de Israel, de su templo, y ahora está en la persona
de Cristo. Él ha llevado el juicio que nosotros merecemos y nos ha regalado por su sola gracia
una completa salvación.
¿Qué producirá esta Buena Noticia, este evangelio, en los que lo reciben?
II.- EL EVANGELIO EDIFICA.El principal fruto del evangelio, en quienes aceptan a Cristo, y experimentan la gracia de Dios
es la gratitud. Toda la vida cristiana es gratitud. El corazón de la persona que toma conciencia
de las riquezas de Cristo, en quien hay perdón y todo tipo de bendición se vuelve agradecido.
Por eso eleva acciones de gracia; por eso alaba y adora a Aquel por quien recibió tanto. La vida
de una persona agradecida es una vida de gozo y es también una vida que quiere agradar a
quien tanto le ha dado. Por eso sirve a quienes están a su lado por amor, no por obligación,
sino por gratitud al Señor.
Este amor de entrega, se da primero al Señor; luego, a los demás que están a su lado. Y da su
vida, su tiempo y su dinero. Nadie le obliga, pero para quien ha experimentado esa gracia de
Dios por la obra de Cristo la gratitud es normal, la generosidad es normal.
Daremos tres ejemplos de este tipo de amor, de esta gratitud, tan distintos a lo que vemos en
quienes buscan hacer negocio con la piedad.
El primero es el amor de Cristo mismo, que es quien hace que cualquiera de nosotros podamos
llegar a ser esas personas de corazón agradecido, que se dan al Señor y a los demás.
“Ya conocéis la gracia del Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de nosotros se hizo
pobre, para que mediante su pobreza nosotros llegáramos a ser ricos” (2ª Cor. 8:9). No
teniendo Él necesidad, porque era Dios, se hace pobre, ajusticiado, condenado a una muerte
horrenda, para enriquecernos a nosotros regalándonos su vida eterna perfecta. Él toma la
condena para que nosotros seamos justos. Él es ahora “nuestra sabiduría, nuestra justificación,
nuestra santificación y nuestra redención” (1ª Cor. 1:30)
El segundo ejemplo es Pablo, el hombre más agradecido del mundo. Quien, por esa gratitud,
se da primero al Señor y después a los demás. Dice de sí mismo lo siguiente: “Aparentemente
tristes, pero siempre alegres; pobres en apariencia, pero enriqueciendo a muchos; como si no
tuviéramos nada, pero poseyéndolo todo”. (2ª Cor. 6:10)
El último ejemplo es el de los cristianos de Macedonia. “Ahora, hermanos, queremos que os
enteréis de la gracia que Dios ha dado a las iglesias de Macedonia. En medio de las pruebas
más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza, abundaron en rica generosidad. Soy
testigo de que dieron espontáneamente tanto como podían, y aún más de lo que podían,
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rogándonos con insistencia que les concediésemos el privilegio de tomar parte en esta ayuda
para los santos” (2ª Cor. 8:1-4)
¡Esto produce el evangelio! ¡Qué diferente a lo que produce la religiosidad! El gozo y la
gratitud, por la obra de Cristo, pone el deseo profundo en su corazón de darse a sí mismos al
Señor y ser enormemente generosos con los que necesitan, y esto en medio de una situación
propia difícil. Ven el darse, y el dar, como un privilegio; y ruegan e insisten que se les permita
hacer ese servicio a los santos. ¡Impresionante!.
CONCLUSIÓN.La religiosidad, busca sacar provecho de la piedad; el evangelio, produce gratitud en el
corazón, que nos hace darnos al Señor y a los demás.
¿Dónde estamos nosotros?
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