TEMAS DE EDUCACIÓN Abilio de Gregorio García

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TEMAS DE EDUCACIÓN
E
s habitual oír a jóvenes
y a menos jóvenes que, en las
circunstancias del mundo
actual, comprometerse a traer a
un hijo al mundo y comprometerse con su educación, es
un cometido que asusta, es una
decisión casi heroica y, en consecuencia, es preferible renunciar a ella. Hay quienes, incluso, llegan
más lejos: hoy es una irresponsabilidad –dicenponer a una nueva criatura humana en un mundo
lleno de incertidumbres económicas, ecológicas,
sociales, morales, etc.
Lo cierto es que, quizás la Historia tuvo períodos más inciertos y más convulsos. En ellos, no
obstante, hubo mujeres y hombres que los desafiaron, con mayor o menor conciencia de las dificultades a las que se exponían y de las dificultades que
se iban a encontrar los hijos procreados.
Antes y ahora, sin embargo, de lo que se trata
es de tomar conciencia acerca de lo que supone la
fascinante aventura de hacer personas. Esta es la
perspectiva desde la cual sería preciso analizar el
compromiso y la tarea de la maternidad y de la
paternidad.
Si se procrea a un hijo simplemente para que
esté en el mundo, es lógico que se tengan temores acerca del modo en que le tocará estar: ¿tendrá
posibilidades de acceder a una vivienda o una
estancia (de estar) en el futuro, a la vista del precio
que van adquiriendo los pisos? ¿Podrá acceder a un
status (de estar) social ante el persistente problema
del precario empleo juvenil? ¿Podrá disfrutar del
bien-estar suficiente? ¿No son demasiados los malestares sociales que le pueden hacer sufrir? Si se
trata solamente de estar en el mundo, el interrogante más arduo estará referido al espacio que
podrá dominar y ocupar. El espacio será cada vez
más reducido, puesto que ha de ser cada vez más
compartido. El espacio es cada vez más angosto y,
por ello, estar en el mundo puede ser cada vez más
angustioso. Será preciso competir y conquistar para
tener un territorio de estancia más amplio. Para
ello se precisa tener, situarse, instalarse.
Pero simplemente estar supone cosificación,
objetivación. Los objetos o las cosas están ahí solamente. Son un producto hecho, un “arte-facto”.
Tienen su camino trazado y se limitan a estar. Su
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Abilio de Gregorio García
manera de ser es la de estar. Si no reconocemos
sustantividad al ser humano puesto sobre la existencia, lo reducimos a un producto de las circunstancias históricas, culturales, económicas, etc. No
es de extrañar, pues, que la mirada se centre en las
circunstancias a las que se apela como si fueran dioses que pueden disponer caprichosamente del
hombre; se las teme, se las responsabiliza del destino del hombre, se las reta en actitud trágica.
La liberación del hombre al que se le ha reducido a estar en la circunstancia, pasará forzosamente
por la transformación de esas circunstancias. La
técnica y la tecnología adquirirán valor absoluto y
lo importante será hacer, para escapar de la falta de
sentido. Como al presidiario encerrado en su estrecha celda se le aconseja que esté siempre en acción
(ocupar el tiempo...) para no dejarse agobiar por la
soledad y el vacío, al hombre encarcelado en la
estrechez del estar no le queda más salida que el
intento fáustico de conquistar la tierra.
Vivir solamente para estar en el mundo le
llevará al hombre a “empastarse” –como dice L.
Quintás- con las demás cosas que también simplemente están. Se diluye en ellas y, el único valor
posible de las cosas y de sí mismo será el valor de
utilidad.
No importará ser libres, sino estar libres. Y estará más libre el que tenga más poder. A esa “voluntad de poder” le estorbarán todos los límites y
todas las definiciones (por eso habrá que eliminar
todo referente último); le incomodarán los compromisos o los vínculos y, por lo tanto, no cabe sino
instalarse en la espontaneidad. El bien del estar es
el bienestar, regido por el principio del deseo. Todo
lo que se oponga al deseo-al placer- será considerado como represivo: desde la presencia de una vida
“no deseada”, hasta la norma no consensuada:
encerrados todos en una estancia sin salida, pongámonos de acuerdo para no molestarnos. No podemos mucho más allá de la tolerancia, que emana en
este caso, lógicamente, del nihilismo y de la indiferencia al ser del otro.
Desde el estar no es posible la convicción,
sino la “postura”, la posse. No se pregunta hoy
¿cuáles son sus convicciones...?, sino ¿cuál es su
postura acerca de...? Pero sabido es que las posturas que se mantienen por un tiempo prolongado
cansan y hasta deforman. Será preciso cambiarlas
con frecuencia, relativizarlas, para sentirse cómodos. Por ello se cambiará la ética por la estética. Lo
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