Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos

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Capítulo VII
Las campañas de Marruecos
Antecedentes históricos
Situación política
Alfonso XIII (1886-1941)
ara tratar el tema de las campañas de Marruecos, se hace imprescindible empezar hablando del protagonista indiscutible de esta larga
etapa, Alfonso XIII, cuya vida como rey transcurrió en paralelo con
las últimas guerras de África. El hijo póstumo de Alfonso XII había nacido el
17 de mayo de 1886. Reinaría primero bajo la regencia de su madre, María
Cristina de Habsburgo-Lorena hasta el 16 de mayo de 1902 en que, al cumplir
los 17 años, alcanzó la mayoría de edad, momento en que lo hizo de manera
efectiva. Educado como rey-soldado en una disciplina católica y aristocrática,
todos admitirían su verdadero deseo de regenerar España.
Entre sus virtudes destacaba la campechanía y simpatía, muy frecuente en
los Borbones. En su favor actuaron los aires modernizadores que introdujo en la
corte, y de los que hacía gala, y su situación económica, sin grandes posesiones ni
una gran fortuna, situación que mantuvo hasta el final del reinado. No era muy
culto pero era listo, y estaba dotado de una visión política que le hizo comprender el alejamiento que existía entre la España oficial y la España real. De ahí su
interés por conectar con esta última. Pero la monarquía doctrinaria no era una
democracia como las actuales. El poder legislativo le correspondía a las Cortes
con el Rey. Y éste podía nombrar y deponer a sus ministros. El propio mentor de
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El Regimiento Numancia por sus campañas
VII.01.- El rey Alfonso XIII en 1927, con uniforme de Húsar
del Pavía. Son muy frecuentes las representaciones del
Monarca con la uniformidad de numerosos cuerpos
la constitución de 1876, Cánovas, decía que el Rey no jura para serlo sino por
serlo, de manera que ningún asunto escapaba a su acción.
Aplicó la doctrina liberal de la constitución de 1876 hasta la dictadura de
Primo de Rivera. Su regeneracionismo le inclinó, lícitamente, a intervenir personalmente en las cuestiones políticas. En su actuación fue algo superficial, imprudente e indiscreto en ocasiones, aunque más por frivolidad que por mala fe.
Eso le atrajo muchos enemigos que, unidos a los que el sistema le creaba cada
vez que retiraba la confianza a un gobierno, fueron limando su credibilidad.
Pero donde más se notó la intromisión regia fue en el Ejército y en la política
internacional. Y no debe extrañar dada la tradición política de los militares. El
Rey se rodeó de asesores como el general Martínez Campos a los que acudía con
frecuencia y que llegaron a formar una camarilla adicta a la que favoreció. Éste
fue otro de los agravios que algunos mandos le achacaron y que contribuyó a la
separación entre los llamados africanistas y los peninsulares.
Los primeros años
l advenimiento de la mayoría de edad de Alfonso XIII (1902-1931)
España se hallaba inmersa en la exigencia de responsabilidades por
la pérdida del imperio colonial español que hizo aflorar las doctrinas
regeneracionistas. A la hora de buscar culpables del desastre el Ejército se llevó
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.02.- El Rey Alfonso XIII con los Estandartes de los Regimientos de Caballería, en Sevilla el 23 de septiembre
de 1910, con ocasión de la imposición de la corbata de la Laureada a los Cazadores de Alfonso XII por la carga de
Taxdir de 1909.
la peor parte. Aunque la exigencia de responsabilidades no fue mucho más allá
(sólo dos generales y un almirante se retiraron prematuramente) ya que se difuminaron al alcanzar las acusaciones a algunos dirigentes políticos como los
verdaderos causantes del fracaso colonial. El senador Francisco Javier Palacios,
conde de las Almenas, fue uno de los primeros en dejar clara esta opinión al visitar a los repatriados de Ultramar sin saludar a sus jefes. El político proponía “...
arrancar de los pechos muchas cruces y subir
muchos fajines desde la cintura al cuello ...”.
Pero las críticas fueron lanzadas también por
la prensa y por la población en general, lo cual
erosionó a la institución militar que, como reacción, se aprestó a defenderse y a intervenir
en la política.
También el Ejército participó de las doctrinas regeneracionistas. El regeneracionismo
fue una corriente intelectual reformadora de
VII.03.- El almirante Pascual Cervera (1839-1909) fue un
hombre íntegro. Cumpliendo órdenes perdió la Escuadra. Tras
regresar de su cautiverio norteamericano, continuó en activo
hasta su retiro. No así el ministro de marina, Segismundo
Bermejo, que fue cesado por los mismos sucesos
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El Regimiento Numancia por sus campañas
VII.04.- Maura saliendo del Palacio de Oriente tras la
renuncia ante Alfonso XIII en 1909 por los sucesos de
la Semana Trágica de Barcelona. El político liberal
tardaría tiempo en perdonar al Rey.
la vida política, económica y cultural de
una España azotada por la crisis tras la
derrota en la guerra con Estados Unidos
y la pérdida de las colonias. Su desarrollo coincidió con casi total exactitud con
el reinado de Alfonso XIII. Él mismo se
sintió regeneracionista. Y muchos políticos, algunos de los cuales terminarían
por abrazar el bando republicano, vieron en el advenimiento del Rey esa posibilidad. Incluso la dictadura de Primo
de Rivera se consideró a sí misma regeneracionista.
A ambos factores, pérdida de las posesiones ultramarinas y regeneracionismo,
se les unió el temor a la escisión territorial de España ante el acoso regionalista.
Y se desencadenó una feroz crítica hacia el sistema. Hasta entonces, las críticas
habían sido formuladas por minorías intelectuales, pero a partir de entonces se
amplió hasta el extremo de convertirse en un tópico para todo el reinado. Sin
embargo sólo una minoría buscó la solución a los problemas del país: en el terreno político fueron hombres como Silvela o Maura dentro del partido conservador o como Canalejas o Santiago Alba entre los liberales; o intelectuales
como Joaquín Costa, Lucas Mallada
y Macías Picabea; o militares como el
general Polavieja.
El regeneracionismo pretendía en
primer lugar un cambio interno personal que se proyectara al resto de la
actividad humana. Escuela, despensa
y siete llaves al sepulcro del Cid fue la
máxima de Joaquín Costa para conseguir la trasformación de España: la
escuela como instrumento de transformación individual; el pragmatismo
económico para terminar con las crisis
VII.05.- Monumento a Joaquín Costa (18461911) en su pueblo de adopción, Graus. Político,
historiador y jurista, fue una de las más relevantes
figuras del regeneracionismo.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
de subsistencia; y una mentalidad menos quijotesca y más realista en todos los
aspectos. En esa época se alcanzó una verdadera edad de plata en el terreno cultural. En el terreno económico se acometieron grandes obras hidráulicas y forestales y la economía se trasformó al calor de la discutida neutralidad durante la I
Guerra Mundial. Pero donde los logros fueron menos evidentes fue en el cambio
político. Ello fue debido, en parte, a que al término se le dio un matiz distinto
según quien lo pronunciara. Todos los partidos tenían en común la urgencia en
la aplicación, pero las discrepancias surgían en los medios a emplear y en el objetivo a conseguir, llegando a plantearse la verdadera existencia de España como
colectividad.
Los partidos dinásticos, el Conservador y el Liberal, entraron en crisis, incapaces de conectar con la realidad del país, sumidos en una lucha interna por
sus jefaturas. Cánovas había sido asesinado por un anarquista italiano el 8 de
agosto de 1897 en el balneario de Santa Águeda y Sagasta murió el 5 de enero
en Madrid. Tras duros enfrentamientos internos en los respectivos partidos se
alzaron con los liderazgos respectivos Antonio Maura y José Canalejas. Maura, relevo de Silvela en la dirección de los conservadores en 1903, propuso su
revolución desde arriba que pretendía terminar con las tradicionales prácticas
caciquiles, pero fue cesado de la presidencia del gobierno de forma improcedente
por los sucesos de la Semana Trágica de 1909 y en 1913 dimitió de la del partido.
Dato, nuevo líder conservador, fue asesinado en 1921, entrando el partido en
una nueva y definitiva fase de descomposición interna. Por lo que respecta al
partido Liberal, Canalejas también fue asesinado en 1912, volviendo a producirse luchas intestinas entre Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones,
Manuel García Prieto y Santiago Alba. El partido comenzó su descomposición
interna hasta que con la dictadura desaparecería definitivamente de la escena
política.
Conflictividad social
l movimiento obrero unido al
descontento por la guerra en
el norte de África, en especial
con la derrota del Barranco del Lobo, ya
provocó la Semana Trágica de Barcelona.
Desde entonces la conflictividad social fue
en aumento. Podemos decir que mientras
VII.06.- Vista de Barcelona durante la Semana Trágica de
1909. En esos días gran cantidad de edificios religiosos
fueron pasto de las llamas revolucionarias.
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la pujanza del socialismo en la clase obrera fue considerable, las huelgas se mantuvieron dentro de cada sector productivo. Pero desde 1904, la influencia anarquista fue más destacada y se acudió, con extraordinaria facilidad, a la huelga
general y a las alteraciones del orden público. En el auge de los movimientos
obreros y en la colaboración entre las centrales sindicales está la explicación al
considerable desarrollo de la agitación social que se dio en esos años.
En 1911 se convocó una huelga general, entre el 10 y el 14 de junio, en solidaridad con un paro de los carpinteros que duraba ya diez semanas, y el 16
septiembre otra, esta vez por la guerra de África. Al año siguiente, entre el 24 de
septiembre y el 10 de octubre, se declaró una huelga ferroviaria en Cataluña.
La Gran Guerra del 1914 repercutió positivamente en España. Los suministros de las empresas de material de guerra y equipamientos a las naciones
beligerantes hicieron aumentar las exportaciones a niveles desconocidos. Pero
no todo fue positivo y a la postre resultaría perjudicial. La actividad fabril fue
caldo de cultivo de las organizaciones obreras. Y cuando el conflicto entró en
vías de solución los problemas empezaron a aflorar. Nadie se había preocupado
en invertir en empresas que no fueran de exportación o en tecnología. Y cuando
la crisis del 17 se desató, la economía inflacionista española entró en barrena,
repercutiendo en mayor medida en las
capas inferiores. La conjugación de actos revolucionarios con el nacionalismo
catalán y las Juntas Militares produjo,
conflictos sociales, paro, quiebras, atentados,...
En 1916 se convocaron dos huelgas generales, el 13 de julio y el 18 de noviembre,
y se perdieron en ese año dos millones y
medio de jornadas laborales. Las huelgas
más persistentes se dieron en 1917, una
del 21 al 27 de enero y otra del 13 al 15
de agosto, y en ambas el Ejército tuvo que
salir a la calle a restablecer el orden, ante
la impotencia de los medios policiales. El
mecanismo solía ser siempre el mismo: se
convoca la huelga, se forman concentraciones de trabajadores, aparece la fuerza
pública, se escucha algún disparo y las
fuerzas del orden cargan. Mientras tanto, el capitán general declara el estado de
VII.07.- La carga de la Guardia Civil contra los
manifestantes en 1917 representa la situación con
toda la crudeza del momento
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
ALFONSO XIII - Gobiernos desde 1902 a 1931
Presidente de gobierno
Fecha posesión Ministro de Guerra
17-May-1902 Valeriano Weyler
Práxedes Mateo Sagasta
Práxedes Mateo Sagasta
15-Nov-1902 Valeriano Weyler
06-Dic-1902 Arsenio Linares
Francisco Silvela
Raimundo Fernandez Villaverde 20-Jul-1903 Vicente Martitegui
05-Dic-1903 Arsenio Linares
Antonio Maura y Montaner
16-Dic-1904 César de Villar Villate
Marcelo de Azcárraga
27-Ene-1905 Valeriano Weyler
Eugenio Montero Ríos
01-Dic-1905 Agustín de Luque
Segismundo Moret Prendergast
09-Jun-1906 Agustín de Luque
Segismundo Moret Prendergast
06-Jul-1906 José López Dominguez
José López Dominguez
Segismundo Moret Prendergast
30-Nov-1906 Agustín de Luque
04-Dic-1906 Valeriano Weyler
Marqués de Vega de Armijo
25-Ene-1907 Loño/F.Primo/Linares
Antonio Maura y Montaner
21-Oct-1909 Agustín de Luque
Segismundo Moret Prendergast
José Canalejas y Méndez
09-Feb-1910 Ángel de Aznar
Álvaro de Figueroa, (Conde de Romanones) 15-Nov-1912 Agustín de Luque
27-Oct-1913 Ramón Echagüe
Eduardo Dato y Iradier
Álvaro de Figueroa, (Conde de Romanones) 09-Dic-1915 Agustín de Luque
Manuel García Prieto
20-Abr-1917 Francisco Aguilera
11-Jun-1917 F.P.de Rivera/J.Marina
Eduardo Dato y Iradier
Manuel García Prieto
01-Nov-1917 Juan de la Cierva
21-Mar-1918 José Marina
Antonio Maura y Montaner
Manuel García Prieto
09-Nov-1918 Dámaso Berenguer
05-Dic-1918 Luis de Santiago
Antonio Maura y Montaner
19-Jun-1919 Antonio Tovar
Joaquín Sánchez de Toca
12-Dic-1919 José Villalva
Manuel Allende Salazar
05-May-1920 Vizconde de Eza
Eduardo Dato y Iradier
12-Mar-1921 Vizconde de Eza
Manuel Allende Salazar
Antonio Maura y Montaner
13-Ago-1921 Juan de la Cierva
José Sánchez Guerra y Martinez 08-Mar-1922 José de Olaguer Feliú
01-Sep-1922 Luis Aizpuru
Manuel García Prieto
07-Dic-1922 N.A.Zamora/L.Aizpuru
Manuel García Prieto
13-Sep-1923
Miguel Primo de Rivera
17-Sep-1923
Miguel Primo de Rivera
03-Dic-1925 Duque de Tetuán/J.Ardanaz
Miguel Primo de Rivera
28-Ene-1930 Dámaso Berenguer
Dámaso Berenguer Fusté
Juan Bautista Aznar Cabanas
14-Feb-1931 Dámaso Berenguer
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Pdo. político
Liberal
Liberal
Conservador
Conservador
Conservador
Conservador
Liberal
Liberal
Liberal
Liberal
Liberal
Liberal
Conservador
Liberal
Liberal
Liberal
Conservador
Liberal
Liberal
Conservador
C.Nacional
C.Nacional
Liberal
Conservador
Conservador
Conservador
Conservador
Conservador
C.Nacional
Conservador
Lib.de Conctr.
Liberal
Dictadura
Dictadura
Dictadura
Dictadura
Dictadura
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guerra acuartelando a las tropas y el ayuntamiento echa arena en las calles para
que los caballos no resbalen; si la situación empeora, lo que ocurre con frecuencia,
sale la Caballería. En ese año se perdieron en Zaragoza unas 175.000 horas de
trabajo, subiendo a 419.830 al año siguiente.
Otro paro importante se desarrolló entre los meses de febrero y marzo de
1919 en Cataluña, fue el de La Canadiense, la compañía Barcelona Traction
que suministraba energía eléctrica a la importante industria catalana. La
huelga duró cuarenta y cuatro días. A los pocos días de finalizar, el conflicto se
reanudó y la situación empeoró en Barcelona. El malestar social fue en aumento
por las posturas maximalistas que adoptaron tanto los huelguistas como la patronal, que empezó a utilizar procedimientos violentos contra los trabajadores.
Y en Andalucía fue tal la agitación que se produjo entre los años 1918 y 1920
que llegó a acuñarse el término trienio bolchevique ante lo que los propietarios
pensaban eran los prolegómenos de la reversión social.
Las Juntas Militares de Defensa
n la época más enrarecida por la cuestión social aparecieron, relacionadas con ella, unas Juntas Militares de Defensa. Eran organizaciones sindicalistas de los oficiales de Infantería, miméticas de
las que ya habían formado antes artilleros
e ingenieros, descontentos por su situación
económica en una España acuciada por la
crisis del sistema provocada por la irrupción de los movimientos revolucionarios y
separatistas.
El primer síntoma de malestar del colectivo militar se produjo con la búsqueda
de responsables por el desastre del 98 y la
pérdida del prestigio que le acarreó al Ejército. A esto se unió el descontento por la escasez de los sueldos y la política de ascensos
por méritos de guerra que se seguía con los
destacados en Marruecos. Ya en el otoño de
1916, siendo presidente de gobierno el conde de Romanones, empezaron a reunirse
algunas juntas de Infantería en las guarniVII.08.- Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones
(1863-1950), durante el reinado de Alfonso XIII
fue presidente del gobierno en tres ocasiones y ejerció
asimismo como titular en numerosos ministerios
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.09.- El Coronel Benito Márquez, máximo dirigente de
las Juntas Militares de Defensa en Barcelona, donde era
coronel del regimiento de Infantería Vergara número 57.
ciones de Cataluña. En Barcelona el coronel del regimiento de Infantería Vergara,
Benito Márquez, se erigió en su máximo
dirigente. Y pronto se propagaron por toda
la geografía española, actuando de voceros
la prensa y algunos intelectuales. La tibia
respuesta de los políticos liberales, incluso
del mismo Rey que, contrario en principio
a la más mínima concesión, terminó por
sugerir la negociación, elevó a estas Juntas
a cotas impensables, interviniendo directamente en la política nacional, propiciando cambios de gobierno. Como el del liberal
García Prieto que dimitió en 1917 para no
reconocerlas. Su sucesor, el conservador Eduardo Dato las utilizó incluso para
combatir la huelga general de1917.
La permanencia de las juntas demostró la incapacidad de los gobiernos para
disolverlas. Incluso algunos políticos, como el catalanista de centro-derecha
Francisco Cambó, vieron en ellas el instrumento de la esperada regeneración.
Así fueron surgiendo otras juntas con el mismo fin, como las de suboficiales y de
sargentos. Sus aspiraciones corporativistas poco a poco las fueron desacreditando a todas. Y fue el ministro de la Guerra del gabinete de concentración nacional
de Antonio Maura, Juan de la Cierva, el que, adulándolas, fue preparando el
camino de la disolución definitiva que llegó en 1922 de manos del gobierno Sánchez Guerra.
En el mar de fondo de la aparición de estas juntas se encontraba la dicotomía
entre los africanistas, aupados en la cúspide militar con los ascensos por méritos
de guerra y tildados de insolidarios, y los juntistas, acusados de burócratas por
los anteriores. Los miembros de las juntas pedían, entre otras cosas, limitar los
ascensos por méritos de guerra a casos concretos y sometidos a juicio contradictorio; mayor justicia en la concesión de las recompensas; más facilidades para acceder al rey y salarios que les permitieran vivir dignamente. En el terreno político
creían que tanto el gobierno como el pueblo debían prestar mayor respeto a la
institución militar. No entraron sin embargo en la problemática propiamente
castrense como armamento inadecuado o mejora de la instrucción. Pero lo cierto
era que el ejército de África era un coto cerrado, una camarilla, en conexión directa con el monarca. Y, ante las críticas que recibieron, su oposición a los peninsulares fue frontal y también letal para el sistema.
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Dictadura de Primo de Rivera
uando se produjo la crisis económica de 1917 el régimen fue incapaz
de dar una respuesta adecuada. La restauración entró en descomposición y desembocó en la dictadura de Primo de Rivera que, rompiendo con la constitución de 1876, propició su extinción y el advenimiento de
la II República.
Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, marques de Estella, había nacido en
1870 en una familia de tradición militar: su abuelo paterno combatió en la primera guerra carlista y fue ministro de Marina. Y su tío Fernando Primo de
Rivera, de quien heredó el marquesado, dirigió la campaña de Melilla de 1893,
fue dos veces capitán general de Filipinas, la última entre marzo de 1897 y febrero de 1898, en sustitución de Camilo García Polavieja, logrando el Pacto de
Biac-na-Bató de 1897 con los rebeldes independentistas filipinos, siendo nombrado años después ministro de Guerra, por dos veces.
El primer destino del teniente Miguel Primo de Rivera fue Melilla en 1890.
Allí obtuvo el ascenso y la Laureada de San Fernando. Pasó luego a Cuba como
ayudante del capitán general Martínez Campos y más tarde marchó a Filipinas. Volvió a Melilla como coronel en 1909. Fue capitán general de Valencia, de
Madrid, de cuyo mando fue cesado por declararse abandonista, y de Barcelona.
El deterioro social que encontró en Barcelona estaba alimentado tanto por la hostilidad al
sistema por parte del nacionalismo catalán como
por el descontento laboral producido por una
mala situación económica. Las alteraciones del
orden público, con huelgas y continuos actos de
pistolerismo, eran evidentes en 1922. Pero en
el resto de España la situación no era mejor. El
año anterior había sido asesinado el presidente
del gobierno Eduardo Dato y en 1923 lo sería
el arzobispo de Zaragoza Juan Soldevilla. Estos
hechos minaron la moral del Ejército. Su descontento aumentó con el debate para esclarecer
la derrota de Annual de 1921. Fue el Expediente Picasso (ver el cuadro del Informe Picasso, al
final del capítulo) que, ante las presiones de las
VII.10.- El General Miguel Primo de Rivera y Orbaneja
(1870-1930) fue presidente de los Directorios Militar y Civil
desde 1923 a 1930, en cuyos puestos ejerció como dictador.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.12.- Formación en la plaza de Ayerbe de
las fuerzas gubernamentales enviadas desde
Zaragoza y Huesca contra la sublevación de
la guarnición de Jaca, 1930.
VII.11.-Alfonso XIII con Primo de
Rivera, a su derecha, y el primer
Directorio Militar, constituido el 13
de septiembre de 1923.
Cortes, el presidente del gobierno Sánchez Guerra encargó a una comisión de
investigación presidida por ese general que lo redactó en 1922.
La dictadura proclamada por Primo de Rivera1 el 13 de septiembre de 1923,
con la colaboración del ejército y la aprobación del Rey, detuvo este proceso y fue
un paréntesis de calma en lo que se llevaba de siglo. El mismo Primo de Rivera
definía el periodo como transitorio. Pero al perpetuarse tras los éxitos militares
y, después del Directorio Militar, institucionalizar un Directorio Civil el 3 de
diciembre de 1925, fue perdiendo los apoyos que hasta entonces le habían brindado intelectuales, socialistas, burguesía y muchos militares. Y se dañó a una
monarquía que ni los gabinetes del general Dámaso Berenguer ni del almirante
Aznar nombrados in extremis pudieron reflotar.
La misma proclamación de la Dictadura ya era prueba más que evidente
de que el régimen estaba agotado. Mientras la coyuntura económica se mantuvo favorable, la prosperidad de los felices años 20 enmascaró los problemas estructurales: cesaron los atentados, las huelgas, los desórdenes y se terminó con la
sangría que representaba la guerra de Marruecos. Pero cuando los efectos de la
Gran Depresión del 29 se dejaron sentir, todo se vino abajo, poniendo en duda la
viabilidad del propio sistema monárquico. La oposición se acrecentó y las conspiraciones fueron en aumento: la sanjuanada del general Francisco Aguilera
en 1923, el levantamiento del conservador José Sánchez Guerra en 1929 o la
sublevación republicana de 1930 en Jaca. Y cayó la monarquía.
1 Miguel Primo de Rivera y Orbaneja. Capitán General de Cataluña desde 1922, lanzó el 13 de septiembre de 1923 el
Manifiesto de Barcelona, que dio paso a un esperado golpe de estado que instauró su Dictadura. Un directorio, militar primero
y civil con posterioridad, presidido por él, dirigió los destinos de España hasta finales de enero de 1930..
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El Regimiento Numancia por sus campañas
Situación militar en Marruecos
Antecedentes
a presencia española en Marruecos arrancó desde enclaves costeros.
Ceuta había sido conquistada por los portugueses en 1415, pasando
a soberanía de Felipe II en 1580 al separarse ambas monarquías.
Y Melilla se incorporó a la corona de Castilla con los Reyes Católicos en 1497.
Desde el siglo XVIII los piratas berberiscos de la costa del norte de África atacaron a los barcos que navegaban por el Mediterráneo. Debido a los estragos que
estos ataques causaban en el comercio, las potencias marítimas europeas, particularmente España, Gran Bretaña y Francia, debieron prestarles siempre una
particular atención.
Hacia mediados de siglo XIX, época por excelencia del imperialismo librecambista occidental en el mundo, perdidas para España las principales colonias
americanas, ésta se vio presionada para penetrar más en Marruecos, para no
VII.13.- Mapa del Protectorado español en Marruecos hasta 1925.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.14.- Vista aérea de las islas Chafarinas al este de Melilla,
frente al cabo de Agua y la desembocadura del río Muluya.
Con una extensión de 0,7 km2, están formadas por las islas del
Rey, de Isabel II y del Congreso.
VII.15.- Firma del tratado de Paz
de Wad-Ras entre O’Donnell y
el príncipe Abbas, el 26 de abril
de 1860.
verse desplazada de la carrera expansionista y tratar de mantener la primacía
en la zona sobre el resto de potencias. De este modo se fue imbricando en la política internacional reforzando la seguridad de aquellas dos plazas fuertes.
Los rifeños siempre fueron reacios a toda presencia extranjera en su territorio. Por eso el hostigamiento por parte de sus cabilas fue constante. Pero no
sería hasta mediados del siglo XIX cuando tendría que hacer frente a una serie
de confrontaciones armadas por motivos diversos, no siempre relacionados con
África; en ocasiones el conflicto tuvo motivaciones de prestigio, tanto interno
como de política exterior.
En 1843 el bajá de Tánger ocupó una zona cercana a Ceuta. Al año siguiente
los rifeños atacaron Melilla. Con la mediación de Francia e Inglaterra, interesados también en la zona, el sultán de Marruecos, Muley Soliman, firmó los
convenios de Tánger (1844) y Larache (1845) que restituían los antiguos límites
a ambas ciudades. Fueron papel mojado pues no sólo no se cumplieron sino que
las agresiones continuaron. España mandó refuerzos de la Península, entre los
que, como veremos, figuraban el regimiento Numancia que acudió a guarnecer
Melilla con un escuadrón, y se apoderó de las islas Chafarinas en 1848.
Finalizado el conflicto armado Marruecos fue contemporizando hasta una
nueva ruptura de las hostilidades, en 1859, cuando precisamente se acababa de
firmar un nuevo tratado en Tánger. La cabila de Anghera atacó Ceuta destruyendo sus defensas. España declaró la guerra a Marruecos el 22 de octubre de
1859, con el plácet de Francia, Alemania y en menor medida de Inglaterra que
veía en la plaza una posible amenaza para Gibraltar. Unos cuarenta mil hombres al mando del mismo presidente de gobierno, el general Leopoldo O’Donnell,
en tres cuerpos de ejército (Echagüe, Zabala Y Ros de Olano) y una reserva
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El Regimiento Numancia por sus campañas
VII.16.- Uno de los dos leones que franquean las puertas del
Congreso. La construcción del edificio, por el arquitecto Narciso
Pascual y Colomer, quedó concluida en 1850 y el 3 de
noviembre se celebró la solemne apertura de Cortes.
Posteriormente se le incorporarían los leones fundidos
con el bronce de los cañones capturados a las tropas
de Marruecos en la guerra de 1859.
dirigida por el general Prim,
pasaron por graves apuros en la
batalla de los Castillejos, ganada
por el arrojo de Prim y la pericia
de cuerpo de ejército de Zabala. La
pérdida de Tetuán y la posterior derrota en Wad-Ras obligaron al sultán a firmar un tratado que puso fin al conflicto el 23
de marzo de 1860. España obtuvo una indemnización
que, por cierto, no sería satisfecha en su totalidad; la cesión a perpetuidad de
Santa Cruz de la Mar Pequeña (Ifni); un tratado comercial preferencial, que
favoreció más a Francia e Inglaterra que a la propia España; y el coste material
de la guerra, que tuvo no poca influencia en la crisis de 1864 a 1868. Por cierto
que con el fundido de los cañones arrebatados a los moros se modelarían los leones que guardan hoy las puertas del Congreso de los Diputados.
La guerra había contado con el entusiasmo de los españoles. Pero a medida
que aumentaban las bajas, los ánimos se fueron enfriando. Y los escasos resultados de la intervención acentuaron las críticas: la frase de “una guerra grande y
una paz chica” expresaba el desengaño.
El siguiente gran enfrentamiento con los cabileños ocurrió en Melilla en el
año 1893, al construir nuevas defensas en torno a la ciudad que incluían, a demás de terrenos particulares, una mezquita y una chumbera considerada sagrada por los rifeños. Los nativos destruyeron el fuerte y se enfrentaron a las tropas
españolas. El comandante general Margallo sacó a las tropas a la par que pedía
refuerzos a la Península. Éstos llegaron pocos días después al mando del general
Macías. En pocos días, los cruentos enfrentamientos causaron unas doscientas
bajas, entre ellas la del mismo comandante general que recibió un tiro en la sien.
El gobierno mandó a Martínez Campos que, al frente de dos cuerpos de ejército, logró estabilizar la situación. El conflicto puso en evidencia los ancestrales fallos nacionales: fatal movilización, mal empleo táctico de las tropas y peor
disposición de la logística. Sería un anticipo de lo que se avecinaba. A pesar de
la sangrienta lucha y de la victoria española, lo único que se consiguió fue hacer
respetar los límites establecidos en los años 60.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
Conflictos del primer tercio del siglo XX
ras el desastre del 98, el Norte de África se convirtió en el eje de la
política exterior española, en dura competición con Francia y bajo la
atenta mirada de Gran Bretaña. Durante toda la Edad Moderna y
Contemporánea hasta 1927, los hostigamientos por parte de las cabilas del Rif
se sucedieron, de ahí que los avances y retrocesos de las líneas españolas fueran
una constante.
Una serie de tratados desde 1900 nos fueron restando, en favor de Francia,
un territorio que por otro lado no podíamos controlar. El acuerdo de 1906 significó el fracaso norteafricano de Alemania y la confirmación del reparto entre
Francia y España, correspondiéndole a nuestro país la zona de Yebala (a excepción de la internacional Tánger), Gomara y el Rif, zonas pobres del Norte
sin valor económico alguno, y a Francia todo el rico Sur. En 1907 se inició la
penetración pacífica en la zona española, cuando, con motivo de un pacto con el
líder local de la zona de Melilla, El Roghi, se creó la Compañía Minas del Rif
para explotar el mineral de hierro de la zona, que propició al año siguiente la
ocupación de la zona melillense de Restinga, al Este de Nador. El Roghi se alzó
como pretendiente al trono de Marruecos y levantó a las cabilas contra el sultán,
desencadenando una verdadera guerra civil. Pero un cambio de alianzas, muy
propio de la zona, le hizo perder apoyos entre las tribus, produciéndose la rebelión de otros jefes cabileños. Los obreros ocupados en la construcción de la línea
para el tren minero fueron atacados en el barranco de Beni Ensar el 9 de julio de
1909, siendo asesinados seis de ellos.
La falta de previsión de los gobernantes de turno salió a relucir inmediatamente. Y al no contar Melilla más que con cinco mil seiscientos hombres para
defender el área de seguridad de la plaza, tuvieron que
acudir las tropas de la Península. Se decidió enviar como
refuerzo a la III Brigada Mixta2, en la que se integraba
el regimiento de Cazadores de Treviño nº 26, de guarnición en Barcelona. En ella formaban gran cantidad de
reservistas que llevaban cierto tiempo sin recibir instrucción y muchos de ellos con cargas familiares. La movilización en estas circunstancias, motivó protestas de todas
las fuerzas políticas catalanas que, unidas a la impopularidad de la que gozaba la guerra, daría pie a los sucesos
de la ya mencionada Semana Trágica de Barcelona.
VII.17.- Embarque en el puerto de Barcelona del escuadrón de Treviño en el
buque Buenos Aires, en julio de 1909.
2 En la III Brigada Mixta de Cazadores se integraban seis batallones de Infantería, un grupo de Artillería de Montaña, un
escuadrón de Cazadores, el de Treviño con ciento ochenta jinetes, y dos compañías de Ingenieros.
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El Regimiento Numancia por sus campañas
La situación en Barcelona era explosiva por la alta concentración proletaria.
El embarque de la brigada ordenado por el gobierno Maura para el 18 de julio,
con las damas de la burguesía entregando escapularios a los soldados, liberó la
ira anticlerical, aprovechada por algún comité de huelga para dirigir ese sentimiento popular sin demasiado éxito. Aunque las manifestaciones fueron, sobre
todo, espontáneas. Prueba de ello es que se colapsaron por sí solas. Pero antes de
que eso sucediera se trasladaron a todo el país. Para el 26 de julio se había convocado una huelga general, sin demasiada preparación y pacífica; los ánimos se
fueron caldeando tras conocerse el desastre del 27 en el Barranco del Lobo, y el
gobernador civil se negó a declarar el estado de guerra, momento en el que todos
los poderes deberían pasar al capitán general que se haría cargo de la situación. La ausencia de poder civil unido a los malentendidos que desde Madrid se
produjeron desencadenaron una ola de ataques a servicios públicos y edificios
religiosos que escandalizaron a la clase media, hasta entonces simpatizante con
la protesta.
A la vista de los hechos parece que el Gobierno cometió una serie de torpezas
que propiciaron la revuelta: convocar a los reservistas, gente sin preparación
técnica y que además había rehecho su vida al margen de la vida militar; luego
dejar desprotegida a la guarnición, por lo que tuvieron que venir fuerzas de
otras capitanías como la de Zaragoza a mantener el orden público; finalmente las ejecuciones de las sentencias por los desmanes reforzaron la sensibilidad
ALTOS COMISARIOS DEL PROTECTORADO (1913-1931)
Nombre
Desde
Hasta
Motivo
12/07/1915
Cesado
Felipe Alfau Mendoza
02/04/1913
15/08/1913
Francisco Gómez Jordana
13/07/1915
José Marina Vega
Dámaso Berenguer Fusté
Ricardo Burguete Lana
Miguel Villanueva Gómez
Luciano López Ferrer
Luis Silvela Casado
Luis de Aizpuru y Mondéjar
Miguel Primo de Rivera y Orbaneja
José Sanjurjo Sacanell
Fco. Gómez Jordana y Souza
José Sanjurjo Sacanell
15/08/1913
31/01/1919
13/07/1922
02/01/1923
02/01/1923
16/02/1923
15/09/1923
16/10/1924
09/11/1925
03/11/1928
22/04/1931
Observaciones
Cesado
Ocupación de Tetuán
18/11/1918
Fallecido
Plan 1913/infarto
02/01/1923
Dimisión
Discrepancias
13/07/1922
Cesado
Tensiones
*/Informe Picasso
16/02/1923
Enfermedad
Civil/No posesión
15/09/1923
Cesado
**/Civil
16/02/1923
16/10/1924
Interino
Cesado
09/11/1925
Dimisión
19/04/1931
Cesado
03/11/1928
05/06/1931
Ascenso
Cesado
Civil/Interino
***/Motivos de salud
Presidente Directorio
D.G. Guardia Civil
II República
D.G. Carabineros
* En 1918 por R.D. de 11 de diciembre se suprime el cargo de General en Jefe del Ejército de África
que iba anejo con el Alto Comisario, pero éste tiene facultades de inspección sobre las Comandancias generales de Ceuta, Melilla y Larache.
** En 1923 por R.D. de 17 de enero se suprime la Comandancia General de Larache.
*** En 1923 por R.D. de 15 de septiembre vuelve a ostentar las atribuciones de General en Jefe.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.18.- Alfonso XIII impone en Sevilla la corbata de la Laureada de San Fernando al Regimiento de Alfonso
VII.19.- Vista de la puerta Kasar de Alcazarquivir.
XII el 23 de noviembre de 1910.
antipopular de la guerra y contra los militares, además de levantar una oleada
de protestas a escala internacional. Y sobre todo deterioró a la institución monárquica: el cese de Maura, por parte del Rey, sin haber presentado la dimisión,
hizo aflorar el resentimiento del influyente político que, a partir de entonces, se
sentiría alejado del sistema. Para hacer frente a la crisis, Moret tuvo que improvisar un gobierno, de escasa duración, que fue sustituido por el de su opositor
Canalejas, volviéndose, paulatinamente, a la normalización política y social.
Los recién llegados a África, tras una fallida toma de la posición dominante
del Monte Gurugú, tuvieron que defender Melilla el 23 de julio, fecha en la que
un buen número de ellos perdió la vida. Una vez reforzada la ciudad con las
brigadas I y II y la 1ª división, además de fuerzas de Caballería, Artillería e
Ingenieros, unos 30.000 hombres al mando del general Marina, se establecieron
puestos avanzados en torno a la población. Posteriormente, una columna de la
primera brigada al mando del general Pintos se adentraría imprudentemente
en el Barranco del Lobo, el 27 de julio, provocando la muerte de más de un millar de hombres. Esta derrota motivó la paralización de las actividades ofensivas en los meses siguientes, para no levantar más protestas de la opinión pública
española. Pero las tropas no se libraron del acoso rifeño. El 20 de septiembre la
brigada de Cazadores que mandaba el general Tovar fue obligada a replegarse
en Taxdir, momento en que los harqueños incrementaron las acometidas dejando en apuros al batallón de Cataluña. El teniente coronel Cavalcanti con sus
ochenta sables del Alfonso XII se vio obligado a efectuar hasta tres cargas para
salvar la situación, perdiéndose no obstante más del 25% de la Unidad. El rey
impondría personalmente la merecida Laureada de San Fernando a este regimiento.
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El Regimiento Numancia por sus campañas
VII.20.- Muley Ahmed ben Mohamed ben Abda-llah, más conocido por El Raisuni, estuvo
propuesto por España para ser nombrado
Jalifa por el Sultán. Después sería su pesadilla
en Yebala, hasta la eliminación por Abd-el
Krim, un enemigo aún más temible.
VII.21.- El general de Caballería Manuel
Fernández Silvestre (1871-1921). Estando
al frente de la comandancia general de Melilla
provocó, con su arriesgada operación, el desastre
de Annual de julio de 1921, donde él mismo
perdió la vida.
Antes de que terminara el año se habrían tomado, para
proteger Melilla, Nador, Zeluán y el Monte Gurugú, eso sí,
con grandes dificultades tanto por el terreno como por el ardor
de los envalentonados moros. En los meses siguientes, la situación permaneció estacionaria, sin grandes movimientos de
tropas. Hasta que la crisis de 1911, producida por la presencia del cañonero alemán Panther en Agadir, obligó a Francia,
como respuesta, a conquistar Fez, lo que a su vez motivó que
los españoles tomaran Arcila, Larache y Alcazarquivir, dando lugar al establecimiento de los respectivos protectorados
durante 1912. Al año siguiente, España ocupó Tetuán, erigida en capital del protectorado español, lugar de residencia
tanto del Alto Comisario3, máxima autoridad civil y militar
española en el área (ver cuadro de la página anterior), como
del Jalifa, representante del sultán de Marruecos en la zona
3 El Alto Comisario era el representante de España en el Protectorado de Marruecos. Entendía de
todos los asuntos civiles y militares de la zona. De él dependían las comandancias generales de Ceuta,
Melilla y Larache, ya que también fue Jefe del Ejército de África y Jefe de Operaciones, a excepción
del año de 1923 en que, por nombrarse responsables civiles para la Alta Comisaría, los cargos se
desdoblaron. El reino de Marruecos acreditaba ante esta alta instiución al Jalifa, elegido por el
Sultán de una terna presentada por España.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.22.- El general Dámaso Berenguer (1878-1953), Alto Comisario, contempla,
con algodones en las fosas nasales, los cuerpos de los españoles muertos en el Monte
Arruit tras el desastre de Annual.
VII.23.- Monumento en recuerdo a los héroes de Alcántara en la entrada principal de
la Academia de Caballería de Valladolid.
española y elegido de entre los nombres presentados por España. La designación de este cargo no satisfizo a El Raisuni,
la autoridad regional con poder efectivo muy superior al del
sultán, lo que provocaría una serie de enfrentamientos con
las tropas españolas en la zona occidental que se prolongarían
hasta los años veinte.
En 1915, el cambiante El Raisuni pactó con el Alto Comisario para someter las cabilas a lo largo de la costa marroquí del
Norte, en las que tenía gran influencia la de Anyera. El plan
era ampliar la zona en torno a Ceuta mejorando la defensa
sobre una línea de lomas (kudias). El 26 de junio de 1916 se
iniciaron las operaciones con unos veinte mil hombres en tres
agrupaciones. Como resultado del éxito en las operaciones de
Anyera y Uadras se pudieron repatriar otros tantos combatientes de una forma escalonada hasta mayo de 19174.
El fin de la Primera Guerra Mundial posibilitó a Francia
el inicio de nuevas operaciones en el área, lo que motivó una
4 Vid. MUÑOZ BOLAÑOS, R.: «Operaciones militares (1910-1918)», en Las Campañas de
Marruecos, 1909-1927. Ed. Almena, Madrid, 2001, p. 125.
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El Regimiento Numancia por sus campañas
política más activa por parte de los españoles. A la figura del Alto Comisario,
cargo desempeñado por el general Berenguer desde enero de 1919, se le añadió
la de los Comandantes en Jefe de las correspondientes demarcaciones, sometidos a aquél, y desempeñado por el general Silvestre5 por lo que respecta a la de
Melilla. El avance imprudente de éste, sin coordinación con Berenguer, y efectuando una gran dispersión de tropas, causó el desastre de Annual, el 21 de julio
de 1921. En ese día Abd-el-Krim, dueño del Rif central, consiguió, con un gran
número de harqueños armados dirigidos por un contingente estable de unos quinientos hombres, la precipitada fuga de las fuerzas españolas, causándoles unas
diez mil bajas. En los combates destacó de forma extraordinaria el regimiento
de Alcántara que evitó que las pérdidas fueran mayores a costa de perder más de
doscientos jinetes. La vergüenza de la retirada privó al regimiento de la merecida Laureada.
En la Península saltan todas
las alarmas. El Alto Comisario
presentó la dimisión que el Rey
no aceptó de momento6, y se ordenó completar las plantillas de los
regimientos al nivel de guerra,
llamando al servicio activo a los
reservistas de segundo y tercer
año, en previsión del envío de refuerzos a Marruecos. Las nuevas
tropas llevadas allí, conseguirán
restablecer las líneas en 1923.
Abd-el-Krim, autoproclamado emir del Rif, no cejó en su empeño de extender el conflicto a la
zona occidental del protectorado
y fue ampliando su dominio a esa
zona tras eliminar a El Raisuni,
convirtiéndose en líder indiscutible de todo el Protectorado. En
VII.24.- Abd-el-Krim con el negociador Horacio Echevarrieta
mayo de 1924 fueron frecuentes
el 27 de enero de 1923. Este empresario vasco entregó cuatro
las agresiones directas a posiciomillones de pesetas por las liberación de los prisioneros de
nes avanzadas españolas como
Annual, entre los que se encontraba el general Navarro.
5 Manuel Fernández Silvestre (1871-1921) ascendió a general de Caballería en 1913 siendo destinado al Protectorado de
donde fue depuesto en 1915 por su política de mano dura. El Rey le nombró ayudante suyo. Volvió en 1920 como Comandante
General de Melilla. Enfrentado con el Alto Comisario, el general Berenguer, y alentado por el Rey, emprendió la arriesgada
operación que terminó en el desastre de Annual, donde encontró la muerte.
6 El general Dámaso Berenguer (1878-1953) presentó varias veces su dimisión, hasta que al año siguiente del desastre de
Annual le fue aceptada, cuando comenzaron a hacerse públicas las investigaciones del expediente Picasso. Pero antes sería
ascendido a teniente general en octubre de 1921. Tras la dictadura de Primo de Rivera presidió un gabinete de la que se llamó
dictablanda entre 1930 y 1931.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
Ben Karrich o Bujarrax, así como a
sus convoyes de suministros. Al mes siguiente, una columna que se dirigía a
la cabila de Beni Said para levantar el
cerco sobre la población de Cobba Darsa, tras conseguir forzar el cerco, pudo
replegarse de esta posición a costa de
sufrir enormes bajas entre muertos y
heridos. En agosto la situación empeoró más, actuando los rebeldes tanto en
Beni Said como en Beni Hosmar y Beni
Hassan. La inseguridad dominaba las
vías de comunicación, las aguadas y los
convoyes, y las posiciones avanzadas
debían repeler a diario los ataques rifeños. Toda Yebala estaba en rebeldía:
Larache, Uad Lau, Tetuán...Y el enemigo era dueño de la iniciativa en todos
los frentes.
El 5 de septiembre de 1924 se deciVII.25.- Guardia de Abd-el-Krim
dió en Tetuán la evacuación de todas
las posiciones avanzadas hasta la línea Primo de Rivera, abandonando todo
Xauen, de manera que a sus espaldas sólo quedaran territorios realmente sometidos. Abd-el-Krim no perdió el tiempo y se aprestó a apoderarse de la zona. Y
la línea de protección de la zona francesa, la línea Lyautey, más desguarnecida a
causa de la retirada española, fue también atacada por los rifeños. Ante el agravamiento de la situación el jefe de gobierno, el general Primo de Rivera, fue
nombrado Alto Comisario el 16 de octubre de 1924, y se hizo cargo del mando,
distanciándose de sus anteriores tesis abandonistas. Su nueva política se inclinó
por una acción militar rápida y enérgica que posibilitara la ocupación del territorio y restableciera el prestigio. El 13 de octubre de 1924 ya había ordenado la
incorporación a filas de las tres últimas quintas en reserva7, con lo que prácticamente duplicó los efectivos militares. La consecución del repliegue fue difícil y
sangriento: a la dureza de los combates propiamente dichos hubo que sumar las
malas condiciones climáticas en un terreno extraordinariamente agreste y ante
unos resueltos harqueños.
La opinión pública española era partidaria de este repliegue. Un importante
rotativo catalán comenzaba su edición con estas palabras: “La situación en Marruecos. España tiene un verdadero conflicto en Marruecos. Ha cogido por los
cuernos a la cabra montaraz del Rif; mas ni puede domarla, ni puede soltarla
7 Vid. Diario Oficial de Ministerio de la Guerra número 231, de 14 de octubre de 1924.
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El Regimiento Numancia por sus campañas
...Para abogar más adelante por la retirada honrosa: ... Si España se decide por
adoptar la prudente política por la cual la historia de tantos grandes imperios
nos suministra copiosos precedentes, no deberá considerarse este paso como una
humillación de su orgullo ... Si un vano orgullo militar le impulsa a intentar el
sometimiento de las montañas del Atlas a su voluntad, la experiencia de Cuba
ha de repetirse ...”8.
Pero conscientes de las pérdidas que irremisiblemente se iban a producir, los
ciudadanos no dudaron en dar muestras de solidaridad con las tropas del Protectorado: en Barcelona, el día 15 de octubre, el montepío de pelotaris organizó
una función en su beneficio de la que obtuvo más de dieciocho mil pesetas; y se
preparó, para días después, una función en el teatro Tívoli a beneficio de los
heridos y enfermos de la Región.
El Ejército en el norte de África
l comenzar el siglo XX el esquema del Ejército se basaba en la reorganización divisionaria creada en 1899, en que se formaron quince
divisiones de Infantería con un regimiento de Cazadores cada una;
se formaron tres brigadas de Lanceros a dos regimientos, una brigada de Dragones con dos regimientos y una media brigada de Cazadores; y se mantuvo la
división de Caballería con una brigada de Húsares, otra brigada de Lanceros,
un regimiento de Artillería y los Servicios. La Caballería contaba con veintiocho regimientos. El instituto de Lanceros tenía ocho regimientos: Rey, Reina, Príncipe, Borbón, Farnesio, Villaviciosa, España y Sagunto; de Cazadores
había trece: Lusitania, Almansa, Talavera, Albuera, Castillejos, Alfonso XII,
Sesma que en 1911 pasó a llamarse Victoria Eugenia, Villarrobledo, Arlabán
que en 1903 fue Alfonso XIII, Galicia, Treviño, María Cristina, Vitoria, Alcántara y Tetuán; dos de Húsares, Pavía y Princesa; y tres de Dragones, Santiago, Montesa y Numancia. En 1910 se crearía el de Cazadores de Taxdir y en
1918 resurgiría el regimiento de Calatrava. En 1927 los regimientos de Vitoria
y Taxdir fueron suprimidos, siendo recogidos sus historiales por el regimiento de
Alcántara.
Los regimientos de Caballería estaban compuestos por un escuadrón de depósito y cinco escuadrones de armas, reducidos a cuatro en 1904. Tras la II Guerra
Mundial se aumentaría un escuadrón de ametralladoras. Los escuadrones solían tener ciento diecinueve plazas.
En África se asentaron los regimientos de Alcántara en Melilla, de Vitoria en
8 Vid. La Vanguardia, sábado 11 de octubre de 1924
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.26.- Jura de bandera en Larache.
Ceuta y de Taxdir que se creó en Larache. En el año 1912 quedarían de guarnición en la zona de Melilla Taxdir y Alcántara. Al iniciarse la campaña del
Rif de julio de 1909, empezaron a llegar de la Península escalonadamente más
de cuarenta mil hombres, unos mil trescientos de Caballería, que se sumaron
a los aproximadamente seis mil de la guarnición de Melilla, entre ellos ciento
ochenta sables. El 20 de julio se incorporó a la comandancia general de Melilla
la III brigada mixta de Cazadores con 122 jinetes de un escuadrón de Cazadores de Treviño. Luego llegaría la I brigada mixta que encuadraba un escuadrón
del Lusitania. El día 23 de julio desembarcaron la II brigada mixta con un escuadrón del Alfonso XII y la 1ª división de Infantería con dos escuadrones del
María Cristina con trescientos veinticinco sables. El mismo día del desastre del
Barranco del Lobo, el 27 de julio, llegaron trescientos Húsares de la Princesa.
La Caballería fue aumentando en el mes de septiembre con dos escuadrones del
Alfonso XIII, pertenecientes a la 2ª división de Infantería expedicionaria, y los
regimientos de Húsares del Pavía y Lanceros de la Reina. Con estas fuerzas
comenzó a actuar una reducida división de Caballería con Lanceros de la Reina
y Húsares del Pavía y Princesa.
Finalizada la campaña por los éxitos alcanzados, se creó una línea defensiva guarnecida por unos veinte mil hombres con el recién creado regimiento de
Taxdir que contaba con seis escuadrones. De esos años es la creación de la Policía
Indígena con mandos peninsulares y un número variable de Mías tipo compañía en las que había una sección a caballo.
La siguiente campaña se inició en 1911, también en Melilla, y en la que se
fueron concentrando las siguientes Unidades: el regimiento de Cazadores de
Alcántara en ese año de 1911; escuadrones de Lusitania, Alfonso XII con dos
escuadrones, y Villarrobledo, en 1912; un grupo de escuadrones de Vitoria con
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El Regimiento Numancia por sus campañas
VII.27.- El general Silvestre con su estado mayor en las
cercanías de Annual, en la primavera de 1921.
escuadrones de Albuera, Talavera y Castillejos en 19139; los regimientos del Príncipe y
de Talavera en 1921. En 1913 se reforzaron
a seis escuadrones los regimientos de Alcántara, Vitoria y Taxdir que permanecerían
en el Protectorado hasta la definitiva pacificación. A partir del año 1912 la división
administrativa de la zona española estaba
encabezada por un Alto Comisario del que
dependían las comandancias generales de
Ceuta, Melilla y Larache.
En los sucesos de Annual de 1921 actuaron en un primer momento los regimientos de Caballería de guarnición, especialmente Alcántara que con su sangre
daría gloria al Arma. En días posteriores acudirían los regimientos de Pavía,
Princesa, Lusitania, Farnesio y Treviño, desarrollando una efectiva labor en
la recuperación de las posiciones perdidas. El 22 de mayo comenzó la repatriación, quedándose en Melilla, además de Alcántara dos escuadrones de sables y
uno de ametralladoras de los regimientos de Lusitania, Treviño y Farnesio. En
los años siguientes a la Caballería, al igual que a las fuerzas peninsulares, se le
asignó una labor secundaria, llevando el peso de las operaciones las unidades
indígenas de Regulares, las Mehalas Jalifeñas y el Tercio de Extranjeros con sus
respectivas unidades montadas. Entre las unidades que destacaron escuadrones
sueltos estaban los de los regimientos Lanceros del Rey, Dragones de Numancia,
y Cazadores de Castillejos.
El teatro de operaciones sobre el que actuaron las fuerzas españolas compaginaba un terreno árido y abrupto, desnudo y pedregoso, con un enemigo traicionero, aguerrido por una cultura de la guerra inculcada desde la cuna, y conocedor de la intrincada orografía. Los rifeños hicieron frente a una España
que, contando con la superioridad técnica que le proporcionaba la artillería, la
aviación y, con posterioridad, los carros, no supo evitar el conflicto10. La mala
administración de unos medios humanos y materiales, que por otro lado siempre
fueron escasos dadas las continuas crisis económicas, alargó el conflicto de forma
9 El regimiento de Castillejos estuvo en dos ocasiones en tierras norteafricanas. En esta primera ocasión su 3er. Escuadrón
permaneció entre julio de 1913 y enero de 1916; la siguiente ocasión sería de octubre de 1924 a agosto de 1925, en que
destacaría a una sección y al 2do. Escuadrón.
10 España incluso llegó a utilizar gases, fosgeno, difosgeno, cloropicrina y sobretodo iperita, entre 1921 y 1923, cuando estaban
prohibidas por el tratado de Versalles de 1919. Un telegrama del Alto Comisario, Berenguer, del 12 de agosto de 1921 al
Ministro de Guerra decía: «Siempre fui refractario al empleo de gases tóxicos contra los indígenas, pero sólo después de lo que
han hecho (Annual), y de su traidora y falaz conducta, he de emplearlos con verdadera fruicción». En JUAN PANDO: Historia
Secreta de Annual. Ed. Temas de Hoy, Madrid, 1999. Concretamente la estratégica retirada a la Línea Estella de 1924 pudo
tener la finalidad de alejar a las tropas propias de la zona de bombardeos con gas mostaza, según BLANCO ESCOLÁ, C.:
Vicente Rojo, el General que humilló a Franco. Ed. Planeta. Barcelona, 2004, p. 78.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.28.- Tropas de la Legión en la campaña
de Marruecos.
continua hasta 1927, pasando por diversas crisis: 1909 con el barranco del Lobo;
el Kert de 1911; el desastre de Annual de
1921, en Abarrán, Iguariben Dar Drius,
Monte Arruit; la retirada de Xauen en
1924, en la que participó el regimiento
Numancia; y el exitoso desembarco de Alhucemas de 1925.
No se aprovecharon las enseñanzas de
la guerra de Cuba a pesar de que muchos
mandos habían luchado en ella: no se reconocía el territorio a pesar de llevar tiempo
en él; las tropas estaban mal instruidas,
sobre todo las que llegaban de refuerzo; la uniformidad no era la adecuada al
destacar sobre el terreno. Una vez decidido el mantenimiento de la zona pese al
descomunal gasto que suponía, la administración no dotó al ejército de los medios necesarios. Un ejército que, lo veremos más adelante, en muchos casos tampoco supo estar a la altura de unas fuerzas armadas a las que las enseñanzas de
la I Gran Guerra deberían haber transformado. Los mandos militares trataban
de implicar al menor número de tropas, así que las operaciones nunca resolvían
el problema. Además minimizaban las bajas con lo que siempre figuraban más
combatientes de los que realmente tenían y las fuerzas se iban reduciendo paulatinamente.
Los problemas con los reemplazos para África siempre fueron grandes por el
clima de contestación social que se vivía en España. Por lo que pronto se empezó
a pensar en tropas profesionales indígenas que formaran un verdadero ejército colonial. Desde 1913 se materializó también la figura del Voluntario con
Premio del Norte de África para cuatro años renovables, al que se le asignaba
VII.29.- Cazadores de Madrid abriendo fuego contra los harqueños tras un parapeto de piedra.
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El Regimiento Numancia por sus campañas
VII.30 y 31.- Una aguada y soldados de Infantería con rayadillo tomando el rancho sobre el suelo del
campamento de la Restinga.
un salario de 750 pesetas, la mitad del salario mínimo pero con todos los gastos
pagados, y se le signaba una parcela para asentarlo como colono a los doce años
de servicio. La fórmula se repetiría con escaso éxito en 1923. Mayor éxito tuvieron las unidades indígenas de Regulares (1911) y Mehalas (1913) junto con
el tercio de Extranjeros (1920) que serían las unidades profesionales de choque.
Sus mandos pronto tomarían conciencia de ello, surgiendo un sentimiento diferenciador de los africanistas frente al ejército peninsular.
La conquista nunca fue impedimento para los españoles. Generalmente se
actuaba con tres columnas que avanzaban de forma independiente y escalonada
por ejes paralelos hacia un objetivo distinto, procurando no quedar aisladas de
las demás para contar con su apoyo. Para conquistar una posición o un poblado,
la Infantería lo rodeaba mientras la Artillería lo batía. Siempre se dejaba al
enemigo una salida, cubierta con las ametralladoras, para que no hiciera una
defensa a toda costa. Cuando la posición estaba suficientemente debilitada se
asaltaba, se razziaba en la terminología de la época, con grupos que se cubrían
hasta alcanzar el objetivo. Conquistado éste se parapetaban con la artillería y
las ametralladoras en posición para repeler el continuo acoso de los rifeños. La
posición se iba fortificando con blocaos.
Lo peor venía luego, mantener la posición. El repliegue de la columna que
había intervenido en la toma de la posición fue siempre el punto débil de los españoles; entonces se demostraba la instrucción de las unidades. A finales de 1909,
el general francés de Torcy señalaba a este respecto que “... eran buenos tiradores
(los marroquíes), valientes y crueles con el débil, y cobardes con el fuerte ... no se
debe retroceder jamás... El peligro real respecto a los indígenas comienza solamente con la retirada ...”11. Se realizaba bajo la cobertura de las armas propias
y de forma escalonada y destacando patrullas hacia los puntos sensibles.
11 Vid. GUERRERO ACOSTA, j. M.: El Ejército Español en Ultramar y África. Ed.Acción Press. Madrid, 2003, pp.117-8
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.32.- Cabo de Dragones de Numancia en la campaña de Marruecos
con uniforme kaki oscuro modelo 1914 y con chambergo, en 1924.
La Caballería debía permanecer a cubierto y dispuesta a intervenir. Luego venía el abastecimiento
del emplazamiento, generalmente en lugar elevado,
aislado y sin agua. Las aguadas, que en la mayoría
de los casos había que realizar a varios kilómetros de
la posición, siempre estuvieron sometidas al paqueo
de los rifeños llegando a hacerlas inviables muchas
veces. Y los abastecimientos de víveres y municiones
tenían que atravesar los cercos que mantenían aisladas las posiciones. En vez de táctica se usaba fuerza,
estrellándose ésta contra un enemigo escurridizo que
empleaba la táctica de guerrillas.
La Caballería tuvo una fuerte contribución de sangre en estas campañas. Con ella demostró su lealtad y
eficacia en las misiones encomendadas, tanto a caballo
como a pie. Generalmente actuaba con las columnas
de operaciones que se formaban para las incursiones,
en flanqueo, reconocimiento y exploración. También
intervenía protegiendo los abundantes repliegues, escoltando convoyes de abastecimiento o heridos y realizando servicios de estafetas.
Al igual que el arte de la guerra, la uniformidad también se vio sometida a
transformaciones. Las operaciones de Melilla en el año 1893 ya demostraron la
necesidad de sustituir el anticuado rayadillo por otro uniforme más práctico y
menos visible. Por eso algunas fuerzas empezaron a utilizar el traje de faena.
En 1901 se estableció un uniforme de verano para la tropa con guerrera, pantalón y gorro cilíndrico, mientras que los oficiales usaron el rayadillo, del que se
suprimió los vivos de las bocamangas al año siguiente, con gorra blanca de plato.
En 1903 se estableció un traje de faena de algodón de grano de pólvora siena,
reglamentario para la tropa desde 1906. Los oficiales utilizaron tanto para paseo como para actos oficiales uno caqui, similar al que los ingleses utilizaban en
la India desde 1851, de ahí el término indú Khaki que significaba polvoriento.
Del caqui se pasó a un tono amarillo tostado, a un precio de 12 pesetas cada uniforme. Para volver nuevamente al caqui, que fue el color que se suministraba a
las tropas de refuerzo peninsulares en 1912, con un correaje avellana con tres
cartucheras, un ceñidor de chapa, tahalí y tirantes en “ Y” en la espalda. La caballería llevaba además dos cartucheras en la silla de montar que, al echar pie a
tierra, se colocaban en el ceñidor. El tono del uniforme se fue oscureciendo hasta
que en 1914 se adoptó un nuevo uniforme caqui verdoso oscuro.
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El Regimiento Numancia por sus campañas
Los oficiales llevaban para diario una guerrera de lona con botones metálicos
con gorra blanca. En campaña usaban guerrera de cuello recto con dos bolsillos
con cartera y fuelle en el pecho y faldón; calzón y leguis avellana del mismo color
que los borceguíes; los botones de cuero llevaban los emblemas de cada Arma;
como prenda de cabeza se usaba un ros forrado con la tela del traje y que llevaba visera y barboquejo caquis. La tropa usaba un uniforme igual al rayadillo
con emblemas y botones de metal o de pasta caqui; polainas de lona caqui; como
prenda de cabeza un ros con funda igual que la de los oficiales. El calzado podía
ser borceguíes o botas tanto negras como avellana, prefiriéndose este último color para campaña.
Pero la admiración de Alfonso XIII por lo inglés influyó para que en 1922
se adoptara un nuevo uniforme de campaña y guarnición para los oficiales con
gorra de plato flexible, guerrera abierta con camisa y corbata caqui con pasacorbatas dorado para las Armas, polainas o botas y guantes y correaje cruzado, todo
en color avellana. Finalmente en 1926 se adoptó el denominado uniforme general único que, para los oficiales tenía guerrera con cuello cerrado vuelto, pantalón-polaina o pantalón con vendas. Como prenda de abrigo se establecía un tres
cuartos y como prenda de cabeza una boina, todo en un caqui verdoso.
La prenda de cabeza sufrió también modificaciones al comprobarse que el ros
no era adecuado para entrar en combate. Por eso se utilizó desde 1909 el salakot
en distintos tipos pero blanco y con funda de tela del color del uniforme. Su precio
en 1913 era de quince pesetas. Pesados, incómodos para el tiro e inestables, en
1917 cayó en desuso en beneficio del chambergo americano, que ya había sido
aprobado con el uniforme único en 1920 pero derogado poco después. Usado por
la Legión, en 1921 se habría extendido a todas las unidades.
VII.33.- Un campamento en el Protectorado, el de Afso en 1922.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.34.- Sable Puerto-Seguro modelo 1907 con su vaina.
VII.35.- Pistola Campo-Giro de 9 mm modelo 1913.
VII.36.- Pistola Astra de 9 mm modelo 1921.
VII.37.- Mosquetón Mauser español modelo 1916.
Al uniforme se le añadió un capote-manta, un morral de costado para el pan,
una mochila de lienzo, un vaso de zinc, un plato sartén y una cantimplora de
aluminio estañado con funda de fieltro caqui. Las tiendas de campaña eran de
lona cónicas que resultaron muy calurosas y fueron blanco fácil para los rifeños,
por eso muchos soldados prefirieron dormir a la intemperie, cavando un pequeño pozo buscando el frescor.
El armamento que usaba el ejército en África estaba compuesto de pistolas
Astra de 9 mm. modelo 1921, que había sustituido a la Campo-Giro modelo
1913-16, y sable Puerto-Seguro modelo 1908 para oficiales de Caballería; mosquetones Mauser modelo 1916 con machetes modelo 1918 y sables Puerto-Seguro modelo 1907-18 para tropa de Caballería.
Otro componente importante por las repercusiones que tenía en el combatiente, fue el Servicio de Sanidad. En 1921 la plantilla de médicos del cuerpo
de Sanidad Militar se componía de ochocientos noventa y cinco oficiales, de los
cuales había destinados en el Protectorado doscientos once, el 25% del total. Los
oficiales médicos destinados en los regimientos de Caballería eran los siguientes
en ese año: Alcántara tenía un capitán y un teniente; Vitoria, un capitán y un
teniente; y Taxdir un capitán. El número de camas en los hospitales militares
del protectorado era de siete mil cuatrocientas cuarenta y dos, siendo los mayores
los de Ceuta y Melilla, con mil quinientas camas, y Larache y Tetuán con unas
ochocientas12.
12 Vid. ARCARAZO GARCÍA, L. A.: «El Cuerpo de Sanidad Militar, en las Campañas de Marruecos (1919-1927)», en
Revista de Historia Militar, número 93. Ministerio de Defensa. Madrid, 2003.
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El Regimiento Numancia por sus campañas
VII.38.- Traslado de heridos en artolas,
Marruecos 1921.
Como consecuencia de la dispersión que tuvieron que adoptar las Unidades
a partir de 1921, la asistencia sanitaria se tornó muy complicada teniendo en
cuenta los intransitables caminos y la escasez de personal que hacían muy problemática la evacuación. El primer escalón médico lo constituían los facultativos de la Unidad y cuya responsabilidad alcanzaba a los blocaos y posiciones
en que desplegara. La segunda línea la constituía el servicio de ambulancias de
montaña, una por división, totalmente insuficientes, por lo que las evacuaciones
tuvieron que realizarse con camillas a mano y artolas a lomo. Es fácil comprender en las condiciones en que llegaba el desdichado que debía ser trasladado con
esos medios. El tercer escalón, en retaguardia, estaba formado por los hospitales. Entre el material sanitario con que contaban figuraban los botiquines y las
mochilas de batallón, las bolsas de compañía y los paquetes de cura individual
modelo 1916-17 que consistía en una caja de aluminio envuelta en papel impermeable que contenía algodón entre dos compresas cosidas, una venda, dos
pinceles, tintura de yodo, líquido adhesivo para cuando no pudiera usarse la
venda, imperdibles e instrucciones de uso.
Las bajas del Ejército español fueron las más altas de todos los contingentes
coloniales europeos. Como en Cuba, la mayor parte de las bajas, excepción hecha
del año 1921, fueron debidas a enfermedades por la mala higiene, el hacinamiento, la alimentación incorrecta y la poca edad de los mozos. También influyó
el agotamiento al que se veían sometidas las fuerzas. Estas causas se agravaron
con la dispersión de la tropa en blocaos y posiciones de vanguardia. Los contingentes llegaban vacunados contra el tifus y la viruela. A pesar de ello, estas
afecciones no se excluyeron de las causas de baja, como tampoco el paludismo, el
cólera, la tuberculosis y la disentería aunque la tiña, la sarna y sobre todo las
venéreas también causaban gran número de bajas. El paludismo, en concreto,
atacó en el año 1920 a unos diecisiete mil combatientes, incidiendo con mayor
virulencia en las zonas de Larache y Melilla. Los muertos causados por la enfermedad entre 1917-1920 en Ceuta y Larache fueron doscientos cuarenta y
tres. Las bajas por el combate fueron debidas a heridas de bala o arma blanca,
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.39.- Pelando patatas
hacia 1900. Obsérvense
los uniformes de faena
gris y rayadillo.
o sus infecciones posteriores, y traumatismos producidos por el armamento o el
ganado.
A partir de 1921 y ante la precipitación de los acontecimientos se introdujeron mejoras en el sistema sanitario e higiénico. Para cubrir las bajas de médicos
se destinó a personal forzoso; se crearon unas zonas sanitarias de evacuación
en Málaga, Sevilla y Madrid; las Hijas de la Caridad empezaron a prestar sus
servicios en los hospitales de África; y se constituyeron equipos quirúrgicos para
ser empleados en puntos distantes.
La alimentación del soldado tuvo su importancia. De ahí las críticas que
recibía por parte de las tropas. Mientras permanecían en guarnición, las cocinas de las unidades, que se suministraban de la Intendencia, confeccionaban el
rancho en caliente. Si embargo, en campaña consistía en raciones de mochila y de
etapa, a base de tocino o bacalao, arroz, judías, aceite, café, vino y aguardiente.
En 1910 se mejoró con conservas de sardinas, pimientos y picadillo de jamón.
En los años veinte se mejoraron con la creación de ranchos en caliente y en frío
con raciones separadas para europeos y africanos que sustituían la manteca de
cerdo y añadían las conservas de atún o cualquier otro pescado.
Numancia en África
a primera campaña africana en la que participó el regimiento Numancia fue en 1848 para guarnecer Melilla con su 1er. escuadrón,
73 hombres con sus caballos correspondientes, al mando del capitán
José Rufián. Desde Granada, lugar de guarnición de la Unidad por esos años, se
trasladó a Málaga para embarcar el 11 de abril de 1848 hacia Melilla, ciudad a
la que llegaron al día siguiente.
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El Regimiento Numancia por sus campañas
Durante dos meses permaneció realizando servicios en la Plaza hasta que el
14 de junio salieron ya de operaciones y se enfrentaron a los moros, causándoles
en una carga más de 50 muertos, teniendo que lamentar la muerte del sargento
2º Ignacio Fernández, un cabo y dos soldados con sus caballos respectivos, y heridos un soldado y seis caballos. En plena embestida, el sargento se arrojó sable
en mano contra las posiciones nativas, matando a cuatro de ellos hasta que el
fuego enemigo alcanzó a su caballo. Descabalgado, lanzó la célebre frase: “donde
muere mi caballo, muero yo”. Y así fue; una bala le mató cuando, blandiendo su
sable, se abalanzaba sobre el parapeto.
El 4 de enero de 1849 el escuadrón emprendió el camino de regreso hacia Málaga, desembarcando en Almuñécar tras siete días de navegación con un fuerte temporal. De allí sus integrantes se dirigieron a Algeciras para entregar los
caballos de tropa al 1er. regimiento de Cazadores de África. Y el 22 de febrero
estaban de vuelta en Granada.
No fue ya hasta 1924 cuando Numancia volvió a la zona de operaciones norteafricana. El repliegue del ejército español hasta la línea Primo de Rivera de
la zona occidental comenzó a principios de septiembre de ese año y duró hasta
marzo de 1925. Suponía la defensa de la desembocadura del río Martín, puerto
natural de Tetuán que contaba con ferrocarril; conservación del macizo de Gorgues, de importancia estratégica para la capital; dominio de las comunicaciones
entre Tetuán, Larache y Tánger; finalmente defensa de la línea ferroviaria de
Tánger a Fez.
Para esta misión se trasladaron tropas de refuerzo de la Península, entre las
que se encontraba el escuadrón expedicionario de Dragones de Numancia 11º
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
Comandante
1
Capitán
1
Tenientes
2
Alféreces
3
Veterinario
1
Oficiales
8
Caballos
8
Suboficial
1
Sargentos
5
Cabos
13
Trompetas
4
de 1ra.
1
de 2da.
1
de 3ra.
2
de 1ra.
4
de 2da.
137
Hombres
176
Caballos
170
VII.41.- Página anterior. Grupo
de Oficiales de “Numancia” en
1929. Están presentes algunos
de los que participaron con el
escuadrón en la campaña de
África: sentados, el primero de
la izquierda es el comandante
González, jefe del escuadrón
expedicionario (el último es
el coronel de Ciria, jefe del
regimiento que no participó);
de pie, el último de la derecha es
el teniente Ortega, jefe de una
de las secciones.
¿Cómo estaba o
rganizado el E
scuadrón Exped
Su base era el 1
icionario?.
er. Escuadrón o
rgánico apoyad
y ganado del 2d
o con material
o. hasta alcanza
r la siguiente p
lantilla:
Escuadrón Exp
edicionario
VII.40.- Página anterior. Dibujo
sobre un original italiano de la
I Guerra Mundial, que plasma
a la perfección la frase del
Sargento Fernández: “Donde
muere mi caballo, muero yo”.
Subtotal
Herradores So
ldados
Total
de Caballería13. En esa fecha, el regimiento se ubicaba en el acuartelamiento de
Alfonso XIII y lo mandaba el coronel Luis Gutiérrez García, muy querido en la
Unidad entre otros motivos por que había formado parte de ella en los empleos
de teniente y capitán, habiendo participado con el escuadrón expedicionario en
Cuba, donde se destacó por su valor. El regimiento pertenecía a la 2ª división
de Caballería que englobaba a las brigadas I, con los regimientos de Santiago,
Montesa y Numancia en Barcelona; la II, con Lusitania, Tetuán y Victoria Eugenia en Valencia; y III, con Rey, Castillejos y Treviño en Zaragoza.
Cumpliendo la real orden telegráfica del 10 de octubre de 1924, el Escuadrón
salió a las 8,30 de la tarde del día 12, en ferrocarril militar, desde la barcelonesa estación de Francia hasta Sevilla14, ciudad a la que llegó el 15, embarcando
en su puerto rumbo a Ceuta. El 17 se acantonó en esa plaza bajo un fortísimo
temporal que inutilizaba las vías de comunicación. A las 7 de la mañana del 18,
formando columna con los también recién llegados escuadrones expedicionarios
de los regimientos Lanceros del Rey y Cazadores de Castillejos, al mando del
comandante del Rey, Joaquín Alconchel, emprendieron la marcha por carretera
hacia Tetuán15, pernoctando en la aguada de Restinga. Al día siguiente Numancia llegaría al campamento del Rincón de Medik, a unos 24 kilómetros de
Tetuán, junto a la carretera y línea férrea de Tetuán a Ceuta. Desde esta posición protegería, durante varios días, la carretera y la vía férrea.
13 Desde el 30 de marzo de 1903 el Regimiento al completo se encontraba de guarnición en Barcelona.
14 En la despedida estuvieron presentes el capitán general Emilio Barrera, el gobernador civil Joaquín Milán del Bosch, otras
autoridades militares y civiles, comisiones de los Cuerpos de la Plaza, familiares y la banda del regimiento de Infantería de
Alcántara que interpretó la marcha real cuando el tren empezó su rodadura. Vid. La Vanguardia, domingo 12 y martes 14 de
octubre de 1924.
15 El escuadrón del Rey continuará viaje hasta Laucien y el de Castillejos hasta Larache.
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El Regimiento Numancia por sus campañas
VII.42.-El general Felipe Navarro Ceballos, barón de Casa
Davalillos, comandante general de Ceuta en 1924, fue
anteriormente general inspector de Caballería. Había sido
hecho prisionero en Monte Arruit en 1921.
Los oficiales que componían la expedición
eran el comandante jefe Arturo González
Fraile; el capitán Ramón Morales Treviño;
tenientes Manuel de Prada y Jedas y José
Gómez de Arce, 2º ayudante; y alféreces José
Ortega Costa, José Isasi González y Agustín Talavera Lacort. Entre los sargentos
figuraban Jesús Bea Jimeno, Luis Canceló
Bertó y Ponciano Martín Martín. En 1925
se incorporaría el alférez Joaquín Nogueras
Márquez.
El 27 de septiembre de 1924 se había
hecho cargo de la comandancia general de
Ceuta el general de división Felipe Navarro y Ceballos, barón de Casa Davalillos, anteriormente general inspector de Caballería; su mando coincidió aproximadamente, pues duró hasta el 26 de noviembre de 1925, con la estancia de
nuestros jinetes en las tierras norteafricanas. En distintas ocasiones serían éstos
los que le darían escolta y actuarían bajo su mandato directo16. En el mes de
octubre se hizo cargo de la Alta Comisaría el mismo general Primo de Rivera.
El día 24 de octubre el escuadrón recibió orden de su comandante general de
trasladarse a Ben Karrich, en la zona suroeste de Tetuán. Tras pernoctar en esa
capital, llegó a su nuevo campamento escoltando una ambulancia de montaña
del 7º regimiento. Su misión para esta nueva etapa sería la descubierta y protección de un tramo de la carretera de Tetuán a Zinat. Pronto empezarían los problemas. El día 12 de noviembre el escuadrón consiguió rechazar por dos veces
el ataque rebelde sin otras consecuencias que las heridas de cuatro caballos. De
mayor importancia sería la acción en el paso a nivel de Yzarym Bajo del día 20
del mismo mes en que, escoltando un convoy procedente de Tetuán, la columna
fue emboscada, resultando heridos los soldados Victoriano Alberdi Iturriza, que
moriría a las pocas horas a consecuencia de las heridas sufridas, el cabo Enrique
Gesé Llop17 y tres caballos muertos y dos heridos. Los ataques se repetirían en
las descubiertas de los días posteriores, siendo frecuentes las bajas de caballos por
heridas de bala procedentes de francotiradores, los populares pacos.
16 Vid. Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, número 196, de 2 de septiembre de 1926.
17 Por Diario Oficial del Ministerio de la Guerra número 181, de 15 de agosto de 1926, a los padres del soldado Alberdi, del
pueblo vizcaíno de Verriz, se les asignó, por la muerte de su hijo, una pensión anual de 364 pesetas con 75 céntimos (un kilo
de harina costaba 45 céntimos y unas botas 60 pesetas). Por su parte, el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra número
239, de 28 de octubre de 1925, concedió al cabo Gesé la Medalla de Sufrimientos por la Patria con pensión anual vitalicia de
25 pesetas.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.43.- Alfonso XIII, con uniforme modelo 1922, con el teniente coronel
Millán Astray, de legionario, y un grupo de oficiales, con el uniforme
único, en la entrega de despachos de la AGM en 1930.
En diciembre se tomó la decisión de efectuar el proyectado repliegue general de los puestos avanzados de Xauen. La operación,
entre el 17 de noviembre y el 12 de diciembre tuvo tres fases. En la
última de ellas, en el establecimiento de la línea Zoco el Arbáa, Fondak el Amín, Taranes y Ben Karrich, actuaron las columnas Orgaz
y Martín, al mando del general Leopoldo Saro Martín: la segunda,
a la derecha del despliegue, ocupó el macizo de Beni Hosmar; la del
coronel Orgaz, a la izquierda del dispositivo y en el que se integraba el escuadrón, debía ocupar Menkal y Cudia Kaiton: el día 10
de diciembre, junto con el batallón de Gravelinas, una compañía
del batallón de Madrid y el grupo de Artillería de Instrucción, al
mando del teniente coronel Velarde, tomaron el macizo de Menkal;
nuestros expedicionarios, asomados al valle de Anyera, batieron la
meseta de Beni Ider para asegurar la carretera de Ben Karrich a
Tetuán. Posteriormente, mientras la sección del alférez Ortega escoltaba al comandante general de Ceuta para que inspeccionara el
repliegue de Taranes a Ben Karrich, el resto del escuadrón, con el
batallón de Gravelinas, formó la retaguardia de la columna Saro que se dirigía
a Laucien, vigilando la zona de Menkal y Hartiti. El día 24 el campamento fue
atacado por los rebeldes y herido gravemente el cabo Ramón Calero Villar18, al
igual que dos caballos.
Antes de terminar el año el escuadrón redujo sus efectivos hasta acercarse a
la plantilla normal. El 20 de diciembre se licenció al reemplazo de 192119, al
desaparecer las causas que motivaron el mantenerlo en filas, “... no debilitar en
lo más mínimo la eficacia de nuestro ejército de operaciones...”.
Entre el armamento figuraban pistolas Astra de 9 mm. modelo 1921, para los
oficiales; mosquetones Mauser modelo 1916 con machetes modelo 1918, para la
tropa; y sables Puerto-Seguro modelo 1907-18 para Caballería. Además contaba entre su material con dos baúles de atalajes, dos bicicletas, tres carruajes,
paquetes de cura individual, bolsas sanitarias y químicas. El vestuario reglamentario era el uniforme único de campaña, de color caqui verdoso, con correaje
modelo Mills, de tafetán de algodón del mismo color para la tropa, y de baguetilla avellana tostada para los oficiales.
18 Por Diario Oficial del Ministerio de la Guerra número 239, de 28 de octubre de 1925, al cabo Calero se le concedió la Medalla
de Sufrimientos por la Patria con pensión anual de 25 pesetas durante cinco años.
19 El reemplazo de 1921 debía ser licenciado, pasando a segunda situación, el 15 de noviembre de 1924, al llevar los tres años
en filas que señalaba la ley de Reclutamiento y Reemplazo de 1912, entonces en vigor para ellos. Pero un Real decreto de 11 de
noviembre de 1924 (D.O. núm. 254, de 12 de noviembre de 1924) había suspendido temporalmente el pase de una situación a
otra, ante la necesidad de efectivos. La Vanguardia del día 21 de noviembre de 1924, en la página 6, publicó una carta firmada
por una comisión de madres de soldados de dicho reemplazo solicitando su licenciamiento. Finalmente se procedió a ello un mes
y diez días después ( D.O. núm. 279, de 7 de diciembre de 1924).
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El Regimiento Numancia por sus campañas
VII.44.- Mapa general del Marruecos occidental en una lámina española de la época.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
El escuadrón expedicionario, a principios de 1925 se encontraba vigilando
las comunicaciones en la zona de Ben Karrich. La línea Martín, Beni Salah,
Gorgues, Ben Karrich, Menkal, Alalez, Regaia era fuerte y estaba asegurada a
pesar de los frecuentes ataques de que era objeto. Tras la línea se encontraba un
ejército deseoso de desquite por un repliegue que, aunque estratégico, actuaba
como una retirada en la mente de los combatientes. Primo de Rivera, empeñado en terminar con una guerra que minaba el sistema, empezó a barajar como
única posibilidad de éxito la acción marítima en el mismo corazón de la zona
sublevada20. En su favor jugaba la circunstancia de que Francia también sufría
repetidas perdidas por los ataques rifeños.
Mientras tanto a nuestros numantinos aún les quedaban algunos meses en
tierras africanas. El 28 de abril de 1925, por orden del comandante general el
escuadrón debería cambiar de zona de operaciones: se dirigiría al Zoco el Tenin
con la columna del coronel Ortiz, relevándole previamente otro escuadrón del
regimiento de Caballería Vitoria nº 28. De camino hacia la costa atlántica de
Yebala, pernoctó en Laucien, Regaia y Arcila, para llegar días después a Tenin.
Allí recibió la misión de proteger la carretera de Tánger, entre Megaret, Nazla y
el blocao Jabel nº4. Y destacó secciones para proteger la posición de Jemis Jabel.
A fin de propiciar el próximo desembarco en Alhucemas se incrementaron
las fuerzas indígenas y se acometió un nuevo despliegue de unidades, tanto de
las que iban a participar en el desembarco como de las que debían trasladarse
a otros emplazamientos para no dejar zonas desguarnecidas. Así, el 31 de julio
nuestros jinetes, lejos de la acción principal, se encaminaron a Larache, acantonando en el campamento de Nador, al Oeste de la ciudad junto al cementerio católico. El 16 de agosto volvieron al Zoco el Tenin para proteger la carretera hasta
Aise Bajo, y con posterioridad al Zoco el Had, dando seguridad a la carretera de
Tánger hasta el puente de Osed; el 26 de octubre regresarían a Larache. En su
campamento de Nador permaneció el escuadrón hasta el 6 de noviembre. En ese
día, por orden del general en jefe del ejército de África, fue relevado por fuerzas
del regimiento de Caballería de Taxdir nº 29 y, previa entrega del ganado en el
Depósito de Ganado de Larache, embarcó
en el vapor Isleño, arribando a Cádiz el día
7, continuando viaje por ferrocarril hasta Barcelona. A la ciudad Condal llegaría
el día 9 de noviembre, pasando a prestar
VII.45.- En el vapor Isleño, de la flota de la Transmediterránea, se trasladaron los expedicionarios de
Numancia de regreso a la Península en 1925, tras
finalizar su misión en África.
20 La operación de desembarco en Alhucemas se había previsto en tiempos del Alto Comisario Gómez Jordana con el nombre de
Plan 1913. Primo de Rivera decidió aplicarlo en combinación con fuerzas francesas. La preparación corrió a cargo del general
Sanjurjo.
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El Regimiento Numancia por sus campañas
los servicios propios de guarnición en su Cuerpo de origen21, finalizando así
la campaña africana de nuestros expedicionarios, en la que habían dejado un
muerto y dos heridos, obteniendo como recompensas cuatro Cruces del Mérito
Militar con distintivo Rojo, para el capitán Morales y alféreces Isasi, Ortega y
Talavera; dos Cruces de Plata al Mérito Militar con distintivo Rojo, a los sargentos Bea y Carceló; dos Medallas de Sufrimientos por la Patria, para los cabos
Gesé y Calero y una Mención en la Orden General para el sargento Martín.
Fin del conflicto
os errores de Abd-el-Krim, al elegir la guerra en vez de la negociación desde la postura de fuerza en la que se encontraba en 1924 y
atacar a los franceses por considerar vencidos de antemano a los españoles, provocaron la unión de ambos países y, a la postre, la derrota del rifeño.
El mariscal Pétain dijo en una inspección a la zona francesa que para vencer
a Abd-el-Krim eran imprescindibles dos condiciones: considerables esfuerzos y
la colaboración franco-española22. Con esta conjunción de factores se produjo el
desembarco de Alhucemas el 8 de septiembre de 1925, con participación de tropas de ambos países, primer y decidido paso para terminar con el problema marroquí y la sangría que éste supuso, tanto en hombres como en dinero y prestigio.
Abd-el-Krim se entregó a los franceses al año siguiente, aunque las operaciones
VII.46.- Las tropas
de desembarco en
Alhucemas el 8 de
septiembre de 1925.
La acción combinada
f ranco-española
efectuada sobre las
playas de la bahía ,
fue el principio del
fin de las largas e
intermitentes guerras
de Marruecos.
21 Al coronel Luis Gutiérrez García le sucedió en el mando del Regimiento, en octubre de 1924, el coronel Ramón de Ciria y
Pont que continuaba en el momento del regreso del Escuadrón. La plantilla estaba constituida por Mando y Plana Mayor de
Mando, cuatro escuadrones, de tres secciones a tres escuadras, y uno de ametralladoras a dos secciones.
22 Vid. VARIOS AUTORES: Historia de las campañas de Marruecos. T IV. Servicio Histórico Militar. Madrid, 1981.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
EXPEDIENTE PICASSO.- CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE LA SITUACIÓN DEL TERRITORIO
DE MELILLA ANTES DE LOS SUCESOS DE JUNIO Y JULIO DE 1921.
No parece discutible siquiera que para juzgar los hechos ocurridos, y a los que se refiere la información gubernativa sometida
a informe, ha de ser premisa necesaria el análisis de la situación del territorio de Melilla antes y al presentarse aquéllos, de lo cual
pueden y deben deducirse las causas de los sucesos, las responsabilidades en que se haya incurrido y los méritos que, como consecuencia
de ciertos hechos, se hayan podido contraer.
Y como esta situación es muy compleja, pues abarca los aspectos político, militar, político-militar, moral y nacional, de ahí que sea
necesario estudiarlos, o al menos indicarlos todos, con la brevedad posible, no sólo como explicación del pasado, sino como advertencia
y lección para el porvenir, si no se quiere que los hechos vuelvan a repetirse, como desgraciadamente vienen repitiéndose, con una para
el profano acaso extraña, pero para el profesional casi normal periodicidad. [...]
Aparece desde luego que no se cumplían, no ya rigurosa, sino aun medianamente, ni los preceptos reglamentarios, ni órdenes
como la del 2 de mayo de 1920 (folios 319 y siguientes), referente a servicio e instrucción en las posiciones y residencia en ellas de los
Jefes de las circunscripciones, a pretexto unas veces de que los Jefes debían despachar en la plaza los asuntos de sus Cuerpos, y otras de
cuestiones familiares; que se concedían permisos excesivos en número y en tiempo a Jefes, Oficiales y tropa, lo que al menos se pretendió
sirviese de excusa para que no estuviesen en sus puestos buen número de ellos cuando ocurrieron los sucesos, y que algunos no pudiesen
o no encontrasen ocasión para incorporarse a tiempo en sus destinos, perdiéndose de este modo un resorte del mando. [...]
Por otro lado, la distribución de las fuerzas no sólo tuvo una expansión que le hizo llegar al límite máximo de resistencia, extendiéndolas de tal modo por el territorio, sin segundas líneas eficaces y relacionadas ni reservas movibles y fuertes, que resultaron todos
los puntos débiles en los momentos precisos, sino que la combinación de Cuerpos era tal que no resultaban ni podían resultar nunca en
situación de poder ser mandados por sus Jefes naturales. [...]
La Caballería, en el territorio y en las circunstancias en que éste se encontraba, debiera haber sido empleada, más que con largueza, con profusión, si se nos permite la frase, buscando el efecto de la rápida marcha y la imprevista sorpresa, que tanto influye en
el ánimo del moro; se hallaba reducida, aparte de los Regulares, al Regimiento de Caballería de Alcántara, cuya distribución tampoco
parece la más acertada, pues según la declaración del herrador Pavón (folio 2.055), el 19 de julio se hallaban: el escuadrón de ametralladoras, en Dar Drius; los tercero y cuarto, en el Zoco de Telatza; el primero en Segangan, y el quinto, en Ben Tieb; habiéndose
reunido todos el 20, a las órdenes del Teniente Coronel Primo de Rivera, uniéndose luego el segundo, y teniendo entonces que tomar el
mando ese Jefe (porque el Coronel estaba de Jefe de la circunscripción de Anual) precisamente en los momentos críticos de la retirada
para proteger ésta, y siendo en ella casi deshecha la unidad, puesto que a Monte Arruit no llegaron, según la misma declaración del
herrador Pavón, más que unos sesenta hombres y unos veinte caballos, teniendo aquéllos que hacer el servicio de parapetos. [...]
Los Jefes de Cuerpo y servicios, aunque en sus declaraciones formulan cargos sobre deficiencias observadas, y aun alguno sobre
absorciones de mando, no consta que hiciesen las debidas representaciones a éste en forma oficial sobre la situación, limitándose a
actuar casi como meros espectadores de todo.
Es de notar también que estando las líneas de posiciones y las columnas compuestas de fuerzas de todas armas, parece que debían
haber actuado como Jefes de circunscripciones los de todas las armas combatientes, no sólo para adquirir la debida y. necesaria práctica
del mando del conjunto de armas, sino porque durante la temporada que estuviesen al frente de cada circunscripción hubiesen podido
conocer el terreno e inspeccionar debidamente el estado de las fuerzas de su arma propia, corrigiendo los errores o deficiencias observadas, y haciendo presente al mando, en forma de debida constancia, las modificaciones a su juicio necesarias. [...]
Otro aspecto moral antes indicado es el número y empleo de las fuerzas europeas fuera de su servicio propio.
En los folios 654 y siguientes manifiesta el Coronel Salcedo, del regimiento de San Fernando, que el efectivo del Cuerpo estuvo
muy reducido por atender los regimientos de Infantería a todos los servicios y necesidades oficiales y particulares, empleos, oficios, destinos, trabajos en pistas y carreteras, etc., cuya afirmación no sólo no ha sido desvanecida ni contradicha, sino que se armoniza con los
estados de fuerza de la Comandancia de Melilla, de que antes se hizo mención, y cuyas cifras merecen llamar la atención. [...]
Estas extrañas diferencias no justificadas por el envío de tropas al territorio parece que exigían una aclaración detallada y una
determinación concreta de a qué obedecían y de si efectivamente estaban en sus puestos cuantos figuran en la última o sólo los que
aparecen en la segunda o en la primera, y en cualquier caso si se reclamaban haberes de todos o no, y en caso de reclamarse, cómo se
empleaban, lo cual hubiese implicado, no sólo pedir comprobación o rectificación de esas cifras, sino declaración y explicaciones del
Interventor Jefe de Intervención de la Comandancia de Melilla, cuya declaración no aparece en la información gubernativa, a pesar
de figurar en ella, como es lógico, la de todos los Jefes de Cuerpos y servicios.
Ello también hubiese permitido aclarar otro punto que aparece en varias declaraciones, y es el empleo de automóviles rápidos
por muchos Jefes y Oficiales, que no parece estuviesen afectos a servicios en los que hubiera tales vehículos, ni que debiesen emplear
este medio de locomoción, debiendo, según el parecer del Fiscal, haberse indagado si esos carruajes eran propiedad particular o de los
Cuerpos que por sus reglamentos no hubiesen de tenerlos, y en tal caso, en qué forma se había hecho su adquisición y con qué fondos se
atendía a su sostenimiento.
Bueno hubiese sido también comprobar si se cumplió la Real orden de 12 de febrero de 1917, que prohibía a los Oficiales destinados en el territorio dedicarse a negocios particulares, y que se consigna al folio 477.
Y de intento prescinde el Fiscal de las afirmaciones que hacen algunos testigos, y muy especialmente el Teniente Coronel Núñez de
Prado (folio 392 y siguientes), sobre que la falta de espíritu observada en la Oficialidad pudo obedecer a la falta de recompensas; tanto
porque ello constituiría una falta grave de moral militar, como porque, sancionado ello por una ley, no es siquiera discutible.
Sólo se consigna como un nuevo y lamentable error.
Todo este conjunto de errores político-militares nacionales, y acaso morales, restaba indudablemente fuerza a los mandos y
aflojaban los lazos de la disciplina, en forma tal que en el momento preciso no pudieron tener éstos la fuerza necesaria para evitar
la desbandada, el pánico y el consiguiente resultado de lo que vulgar, pero gráficamente, se ha llamado el derrumbamiento de la
Comandancia de Melilla.
Ni el mando podía tener confianza en sus subordinados, ni éstos en el mando.
Y explicada la situación total del territorio y con ello las causas determinantes de los sucesos, pasemos a analizar los hechos, que
fueron ineludible consecuencia de tales causas. [...]
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El Regimiento Numancia por sus campañas
VII.47.- Campamento de Intendencia en Alhucemas, 1925.
militares para la pacificación total del Protectorado no terminarían hasta 1927.
El día 21 de junio el general Sanjurjo tomaba el monte sagrado de Yebel Alam
y el 10 de julio se rendía la cabila de Ajmas, la última. En la orden general del
Ejército de África de ese día se daba por finalizada la guerra.
A pesar del éxito que supuso la pacificación, éste no pudo reparar los graves daños causados a unas instituciones que a duras penas se mantenían en pie:
por la impopularidad del conflicto, el descrédito y el aislamiento de un ejército
VII.48.- Vista de la bahía de Alhucemas, con el Peñón al fondo, desde la alambrada del cuartel general
de las fuerzas de desembarco en Axdir.
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Capítulo VII.- Las campañas de Marruecos
VII.49.- El autoproclamado emir del Rif,
Abd-el-Krim, tras su rendición a los
galos, fue conducido con su familia a la isla
francesa de Reunión, de donde se trasladó
al Cairo, donde moriría en 1963.
mal preparado y dividido entre los intervencionistas africanistas y el resto de
las fuerzas peninsulares. Además, el ataque del que fueron objeto los militares
propició el desprecio de muchos mandos de África al sistema liberal, lo que no
dejaría de acarrear graves consecuencias para el futuro.
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