el año de 1958 cuando Elena Garro (1916

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Revista destiempos n° 32 I septiembre – octubre 2011 I Publicación bimestral I www.destiempos.com I
LA OTRA MUERTE: UN HOGAR SÓLIDO DE ELENA GARRO
Adriana Irais Dorantes Moreno
“Hay muchos lugares donde vivir.
Se vive en cualquiera de ellos.”
Elena Garro
en La señora en su balcón
Es
el año de 1958 cuando Elena Garro (1916-1998) publica Un
hogar sólido y otras piezas en un acto, un volumen en donde la
autora retoma algunos rasgos que ya caracterizaban su crea-
ción: lo mágico, la irrealidad y la transmutación del tiempo y el espacio,
por ejemplo, elementos que se habían vislumbrado desde su gran novela
Los recuerdos del porvenir (1953), y que se seguirían trabajando en los
relatos contenidos en La semana de colores (1964). Estos temas, trasladados a la dramaturgia, además vendrían a romper con la concepción del
teatro realista tradicional.
La vanguardia teatral de Bertolt Brecht, cuya propuesta encarnaba
la crítica política, histórica y social tuvo gran auge en México y Latinoamérica alrededor de los años 50 y 60. Sin embargo, las obras en Un hogar
sólido y otras piezas en un acto prescinden de esta característica enfocada
al realismo. La autora, por el contrario, criticaba el teatro que se hacía con
intención de predicar un dogma, de transformar a la sociedad o de divulgar una perspectiva política. Su teatro, “exigía una catarsis volviendo a los
orígenes del teatro griego” 1.
Dentro de una carta dirigida a Guilermo Schmidhuber en 1982,
Garro escribe: “Yo creo en el teatro griego, renunciar a él es renunciar a lo
sagrado. Yo creo en el escenario y en el foso que separa al espectador del
actor, esa distancia le da la dimensión de espacio necesario a su sentido
Patricia González Gómez-Cásseres, “Teatro donde la Palabra teje el tiempo: Elena Garro” en
Patricia Rosas Lopátegui, Yo quiero que haya mundo. Elena Garro, Pról. Víctor Hugo Rascón Banda,
Porrúa/Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, 2008, pp. 225.
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sagrado.” 2 De ahí probablemente su interés por temas fuera del realismo y
por la búsqueda de circunstancias humanas que, en escenarios casi
míticos, recuperan los conflictos existenciales de las personas frente a
situaciones que los trascienden, tales como la vida misma, en el caso de
Un hogar sólido.
Breve pero objetiva, con pocas acotaciones pero precisa en detalles,
Un hogar sólido es una obra que explora la condición humana retomando
el núcleo familiar. Antonio Magaña Esquivel en su libro Imagen y realidad
del teatro en México apunta que los temas de Garro son sencillos, cotidianos y demasiados familiares “por su inmediata cercanía, porque eran
juegos infantiles, recuerdos, pequeños sucedidos o minucias.” 3 Así pues,
en Un hogar sólido se muestra la sencillez de una familia que convive sin
ningún drama en particular, que lleva conversaciones comunes donde hay
recuerdos y chistes desenvueltos con sinceridad en el habla de todos sus
integrantes. Cosa sencilla de visualizar en cualquier familia, con la
excepción de que aquí todos ya están muertos y además, tienen plena
conciencia de estarlo.
Tres cosas resultan particularmente importantes para plantear la
dinámica que Elena Garro maneja en Un hogar sólido, estas son la relación
espacio-tiempo, la simbiosis entre memoria e imaginación y la con-cepción
de la muerte, concretamente, del más allá. La triada propuesta no trabaja
de manera aislada, un rasgo de una cosa repercute en la otra lo cual nos
habla no sólo de una coherencia entre los temas sino de una perfecta
construcción de un mundo ficticio.
La obsesión con el tiempo transmutado, modificado o desafiando la
concepción lineal aparece en varias de sus piezas y es de hecho uno de los
elementos más importantes de Los recuerdos del porvenir. Cierto que si
Schmidhuber de la Mora, Guillermo y Olga Martha Peña Doria, “dos cartas de Elena Garro sobre
el Teatro Mexicano”, en Los colores de la memoria, Coords. Alicia V. Ramírez Olivares, Patricia Rosas
Lopátegui, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, 2007. p. 111.
3 Antonio Magaña Esquivel, Imagen y realidad del teatro en México, CONACULTA-INBA, México,
2000, p. 440.
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partimos de que los personajes de Un hogar sólido están ya en otro plano,
sería incluso lógico pensar que el tiempo no transcurriría de la misma
manera que con los vivos. Sin embargo, la originalidad de la autora la lleva
a presentar a sus personajes de una manera todavía más peculiar sin
dejar de lado la verosimilitud.
Un ejemplo de cómo el tiempo ha transcurrido de una manera
extraña reside en Catita, cuya aparición después de unas breves voces de
Clemente y Gertrudis nos revela que por una parte, es una niña de 5 años,
—tal y como se explica en la lista de personajes que abre toda obra de
teatro—, y por otra, es la tía de Gertrudis: “Los niños no se equivocan.
¿Verdad, tía Catalina, que alguien viene?” 4, le dice su sobrina, quien en el
momento de la escena cuenta con 40 años. Catita es un personaje crucial
dentro de la obra, en ella se conjunta la contradicción del tiempo lineal y la
importancia de la memoria; además, será su boca quien abra la gran
pregunta sobre el futuro del mundo, ese que ya ninguno de los personajes
podrá ver.
A la autora le interesa develar pronto que la condición de sus
personajes es la muerte, diferente a lo que sucede en Pedro Páramo (1955),
donde la gran catarsis consiste en ir descubriendo poco a poco y
sutilmente la no vida de todos ellos. Garro introduce esta muerte y
propone que en la muerte no pasa el tiempo en los cuerpos, y que éstos se
pueden mover sin respeto a las normas establecidas, pues todos permanecen tal y como murieron. Así, Catita sigue teniendo 5 años, aunque sea en
realidad la más vieja de todos.
Es de notar las relaciones que los personajes establecen, mismas
que son reflejo de su vida anterior y su “vida” actual. Al llegarles la muerte
los personajes se estancan en el espacio en el que estaban en ese instante,
se rompe el orden cronológico, la jerarquía y la relación entre ellos. La
autora juega con sus propias premisas y ofrece situaciones que incluso
4
Elena Garro, Un hogar sólido, Universidad Veracruzana, México, 1983, p. 14.
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rayan en lo humorístico, Catita se divierte jugando con los huesos de los
demás, Muni está siempre azul porque se suicidó con cianuro y Vicente,
muerto a los 23 años coquetea con su prima Jesusita como en el pasado,
aunque ésta sea ahora octogenaria.
En cuanto al espacio, se nos dice que se trata del “interior de un
cuarto pequeño, con los muros y el techo de piedras. No hay ventanas ni
puertas” 5 y es un lugar muy oscuro donde apenas se puede ver a Mamá
Jesusita en una de las literas. La escena inicia con voces y la aparición
paulatina de los personajes. La cripta es como una pequeña parte de
mundo que pareciera independiente. Los muertos enterrados aquí no
tienen acceso a la comunicación con otros muertos; en vano Jesusita se
lamenta de que su esposo esté sepultado lejos de ella y quizá por eso
Gertrudis no puede ocultar su alegría cuando llega su hija: “¡Clemente,
Clemente! Son los pies de Lidia: ¡Qué gusto, hijita, qué gusto que hayas
muerto tan pronto!” 6 dice al ver que ella está siendo enterrada con ellos y
que de esa forma podrán convivir.
La cripta es un pedazo de mundo, Garro retoma elementos de la
cultura popular mexicana, como las canciones, tradiciones y maneras de
comportamiento para ubicar al lector en un contexto determinado y a la
vez jugar con la contraposición de que la inexistencia del tiempo. También
a través de estos elementos se va conformando una visión particular y
personal del mundo y —terriblemente—, es por medio de juegos, canciones
e intervenciones cómicas que se descubre la condenación cíclica de estos
muertos que no viven en un tiempo determinado y que en realidad no han
logrado morir.
De la mano del tiempo, como pareja inseparable, viene la memoria,
otra de las obsesiones de la autora. Los personajes recuerdan su vida
anterior y llenan el ambiente de nostalgia. El recuerdo les confiere un
5
6
Ibíd., p. 13.
Ibíd., p. 19.
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asidero a su realidad ahora tan etérea y al mismo tiempo les conserva la
vida y la esencia de lo que todavía son.
Eva recuerda con tremenda nostalgia la casa en la que vivía y lo
cuenta al resto de los personajes, como si a través del recuerdo pudieran
seguir perpetuándose antes de convertirse —a ratos— en cosas no
humanas:
Así golpea el mar contra las olas de mi casa… ninguno de ustedes la
conoció… estaba sobre una roca, alta, como una ola. Batida por los vientos
que nos arrullaban de noche, remolinos de sal cubrían sus vidrios de
estrellas marinas, la cal de la cocina, se doraba con las manos solares de
mi padre… 7
Pero también existe el olvido que se busca evitar. “¿Quién es Lidia?”
Pregunta Catita y Muni tiene que decírselo mientras la acaricia. Y “¿qué
son las trompetas que suenan en la parte final de la obra?” Jesusita no lo
recuerda y Lidia tiene que decirle que es el sonido proveniente del cuartel
de junto. La memoria es crucial en los personajes así como es crucial para
la autora pues con ella “reconstruye el tiempo, fabrica mitos que se
perpetuan” 8. ¿Qué sería de nuestros personajes si olvidaran su vida
anterior? ¿Qué sería de nosotros si al morir estuviésemos condenados a
una cripta sin luz esperando el fin de los tiempos, sin recordar lo que
éramos, con riesgo de perder la razón?
Ligado a lo anterior la autora expone su peculiar visión de la muerte.
En las voces de sus personajes, que son el elemento más fuerte de la
teatralidad, cuestiona fuertemente la concepción del más allá. En ese lugar
al que después de morir, supuestamente vamos, debería existir un paraíso
con vida eterna placentera y pacífica al lado de Dios. Aquí no sucede eso.
La muerte es eterna hasta que el famoso día del juicio final aparezca para
robar definitivamente el aliento. Mientras, las almas muertas están conde-
7
8
Ibíd., p. 18.
Patricia González Gómez-Casseres, Ibíd., p. 232.
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nadas a un vagar errático por el mundo, formando parte de la naturaleza y
las cosas aún vivas:
Eva. —¡Y yo una ola salpicada de sal, convertida en nube!
Lidia. —Y yo los dedos costureros de la Virgen bordando…
bordando…
Gertrudis. —Y yo la música del arpa de Santa Cecilia
Vicente. —¡Y yo el furor de la espada de San Gabriel!
Clemente. —Y yo una partícula de piedra de San Pedro. 9
Cuestionar el más allá, el errar constante y sin sentido, la espera ante lo
que tal vez no llegará son características de un pensamiento pesimista que
quizá podríamos vincular con el existencialismo sartreano, el Mito de Sísifo
desglosado por Albert Camus y repetido en la novela El extranjero, o bien,
podríamos trasladarlo a la sinrazón de los personajes de Esperando a
Godot de Samuel Beckett. Con esto vemos otra cara dentro de la propuesta
teatral de Un hogar sólido; si bien es cierto que un drama requiere de un
conflicto entre personajes y que la llegada de Lidia que podría considerarse
la puerta del conflicto no aporta tal cosa a la obra, su aparición es crucial
ya que ella es la última a la que esperan. Después de estar ya todos
completos, lo que vendría sería un tipo de salvación, cosa que no sucede,
la espera se sigue alargando por eternidades inasibles, hasta que las
trompetas del juicio final los “terminen de matar.”
El verdadero drama de la obra está íntimamente relacionado con el
cuestionamiento de una realidad, con la pregunta eterna que se hace
sobre el sentido de la vida y la certeza de que al final nadie gozará de la
redención ni de la tan prometida compañía de Dios.
También podríamos rastrear elementos de filosofía existencialista en
la forma en que aparecen y desaparecen los personajes en escena pues
evidencian lo cíclico que en este sentido resulta la obra, Sísifo y su piedra
elevándose sin recompensa alguna hacia el final de la montaña con la
9
Un hogar sólido, Ibíd., p. 26
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única certeza de que una vez ahí, ésta habrá de caer y Sísifo, en un nuevo
intento retomará el camino a la cima; los muertos convirtiéndose
incesantemente en todas las formas del mundo para que al final regresen
de nueva cuenta a la cripta a esperar y a convertirse en otra cosa y a
esperar de nuevo.
Asimismo, la obra es en otro sentido cíclica: del silencio y la
oscuridad con que inicia la obra, de pronto llegó un instante de palabras,
luego un rayo de luz que trajo a Lidia a la cripta y después oscuridad de
nuevo, todos van desapareciendo fugazmente para convertirse en parte de
la naturaleza y los objetos. Y volver a empezar:
Clemente. —¡Ah, la lluvia sobre el agua! (Desaparece).
Gertrudis. —¡Leño en llamas! (Desaparece).
Muni. —¿Oyen? Aúlla un perro. ¡Ah, melancolía! (Desaparece).
Catalina. —¡La mesa donde cenan nueve niños! ¡Soy el juego!
(Desaparece).
Jesusita. —¡El cogollito fresco de una lechuga! (Desaparece). 10
La estructura ideológica de la obra es congruente en cuanto a sus temas y
la manera en que éstos se enlazan. Además, la autora se vale de la
impecable construcción de sus argumentos lograda con las voces de los
personajes para abrir preguntas importantes sobre la eternidad y la
trascendencia de los seres humanos en el mundo. Lidia se convierte en un
hogar sólido y por unos momentos concreta lo que en vida no pudo ser,
pero esa condición también habrá de derrumbarse.
Ahora bien, pensemos qué tan cruel es la exclamación de Catita
cuando dice: “Yo quiero que haya mundo”; este alarido lleva al espectador
al inicio de su catarsis. ¿Qué más trágico que haber muerto y estar
esperando nada sino más muerte?, ¿de qué le servirá a Catita estar
pensando en qué se convertirá en el futuro o si acaso logrará ser “el dedo
índice de Dios padre” si eso habrá de suceder en el día de juicio final y
10
Ibídem., p. 27.
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entonces no podrá ver ya nada. A Catita la vida le duró cinco años, pero la
muerte ¿ya cuántos?
Con este ejemplo vemos que más allá de un juego con el tiempo que
funciona a nivel de argumento y escenario, Garro introduce verdaderos
conflictos existenciales que dejan ver su influencia por el teatro griego. La
tragedia de Edipo —como la de muchos héroes—, radica en que él conoció
su destino, quiso cambiarlo y al no poder hacerlo, ésta llegó irremediablemente a su vida. De aquí el carácter trágico de estos muertos que se
reconocen en una situación que no disfrutan, desearían cambiarla, —a
través de la memoria, las palabras, los recuerdos y las bromas—, mas es
imposible pues todos están condenados a asumir su destino y no tener
salvación alguna.
Elena Garro propuso una nueva manera de hacer teatro al
introducir elementos distintos a varios niveles; durante el Coloquio
Internacional Homenaje a Elena Garro: 50 aniversario de su dramaturgia
efectuado en el año 2007, Víctor Hugo Rascón Banda afirmó que Garro
“rompió con el teatro costumbrista y creó un teatro moderno, inauguró un
estilo, el del realismo mágico en el teatro, con unas atmósferas que otro
dramaturgo ha logrado” 11; por una parte, sí, pero no es posible encasillarla
solamente como una autora mágica o fantástica, o tomar alguna otra de
las clasificaciones que se la ha dado, dentro del “teatro del absurdo a la
mexicana” o bien “surrealista”.
Como apunta Gerardo Bustamante: “más que poner una etiqueta,
hay que destacar que Garro no es una dramaturga de anécdotas sino de
ambientes, de personajes, de símbolos, y de espacios que crean una
unidad” 12. Además habría que considerar el hecho de que sus propuestas
teatrales trascienden al conflicto existencial y lanzan preguntas fuertes
11 “Elena Garro inauguró realismo mágico en teatro”, Notimex, El Universal, Ciudad de México,
Domingo 17 de junio de 2007, tomado de: http://www.eluniversal.com.mx/notas/431730.html,
29.03.10
12 Gerardo Bustamente Bermúdez. Elena Garro. 50 años de dramaturgia, tomado de:
http://www.difusioncultural.uam.mx/casadeltiempo/05_iv_mar_2008/casa_del_tiempo_eIV_num0
5-06_59_61.pdf, 29.03.10.
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que cuestionan el orden establecido, todo esto sin entrar en la política ni
en la crítica social de manera panfletaria, lo cual resulta doblemente
meritorio.
Un hogar sólido, así como otras de sus piezas teatrales, a pesar de
haber sido escritas hace más de 50 años siguen demostrando una vigencia
apabullante en cuanto a las situaciones que todavía nos persiguen y no
hemos logrado resolver. Evadidas de la mirada de muchos estudiosos de la
literatura, obras como esta merecen difusión y reconocimiento por la gran
cantidad de propuestas que entre sus páginas se esconden.
BIBLIOGRAFÍA:
Garro, Elena, Un hogar sólido, Ficción, Universidad Veracruzana, México, 1983.
González Gómez-Cásseres, Patricia, “Teatro donde la Palabra teje el tiempo: Elena Garro”
en Patricia Rosas Lopátegui, Yo quiero que haya mundo. Elena Garro, Pról. Víctor
Hugo Rascón Banda, Porrúa/Benemérita Universidad Autónoma de Puebla,
México, 2008, pp. 225.
Hernández Juárez, Diana y Toledo Olivar, Araceli, “La muerte como forma de vida en Un
hogar sólido” en Yo quiero que haya mundo. Elena Garro, Pról. Víctor Hugo Rascón
Banda, Porrúa/Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, 2008, pp.
196-201.
Magaña Esquivel, Antonio, Imagen y realidad del teatro en México, CONACULTA-INBA,
México, 2000.
Schmidhuber de la Mora, Guillermo y Olga Martha Peña Doria, “Dos cartas de Elena
Garro sobre el Teatro Mexicano”, en Los colores de la memoria, Coords. Alicia V.
Ramírez Olivares, Patricia Rosas Lopátegui, Benemérita Universidad Autónoma de
Puebla, México, 2007.
Elena Garro. Reflexiones en torno a su obra, Investigación y Documentación de las Artes
Segunda época, INBA, México, 1992.
“Elena Garro inauguró realismo mágico en teatro”, Notimex, El Universal, Ciudad de
México, Domingo 17 de junio de 2007, tomado de:
http://www.eluniversal.com.mx/notas/431730.html, 29.03.10.
Gerardo Bustamente Bermúdez. Elena Garro. 50 años de dramaturgia, Casa del tiempo,
marzo, 2008, tomado de:
http://www.difusioncultural.uam.mx/casadeltiempo/05_iv_mar_2008/casa_del_ti
empo_eIV_num05-06_59_61.pdf, 29.03.10.
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