la voz femenina - Tomás Urtusástegui

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LA VOZ FEMENINA
Tomás Urtusástegui
2007
1
PERSONAJE: ANSELMO
VOZ DE LA MUJER
ANSELMO:
La voz de mi mujer es música celestial para mis oídos. Es lo que más
amo de ella, en especial cuando en voz baja me dice al oído que me ama, que
yo soy para ella lo que siempre ha soñado, al que defenderá hasta perder la
vida si es amenazado por un enemigo.
Por supuesto que sabe que soy capitán del ejército, y cómo no va a
saberlo si es mi esposa. Ayer, sin ir más lejos, me contó su paseo por
Chapultepec, su visita al museo Tamayo, la comida que hizo en un Vips
cercano donde tomó sopa de tortilla, unas puntas de filete en salsa verde y de
postre el pie de limón que tanto nos gusta. Por la tarde fue a Liverpool ya que
estaba en barata y quería comprarse un negligé que quería estrenar el día de
nuestro aniversario de boda. Nada de eso era importante pero sonaba, repito,
como música celestial.
El aniversario no es una fecha común y corriente, no señor, ese día
vamos a cumplir veinticinco años de casados, veinticinco años de dicha
ininterrumpida por nada ni por nadie.
Yo, lo confieso, la amo aún más que cuando nos casamos y ella, pienso,
también me quiere más. ¿Qué cómo es la música celestial que escucho cuando
ella me habla? Difícil contestar a esta pregunta.
Cuando oigo su voz escucho campanas, campanas pequeñas, como de
plata; violines, algunas notas de piano, el sonido de una flauta y algún tambor
que produce notas acompasadas como de un latido cardiaco, que es el mío que
late por ella.
2
Qué bella es todavía. Su cabello que tanto cuida le llega a la cintura, sus
ojos almendrados brillan al mirarme, su boca invita a besar sus labios y a
pedirle que con ellos me toque los párpados, mis mejillas, mis propios labios.
El cuello de tan espigado permite que se coloquen en él bellos collares de
perlas, de rubíes, de zafiros.
Sus pechos que tanto le crecieron cuando amamantó a nuestros tres
hijos ahora son perfectos. Todavía se conservan duros y erguidos. Su cadera es
una gloria y sus piernas dos columnas para sostenerme a mí y a toda la
familia.
Qué suerte tuve en la vida al conocerla, al cortejarla, al casarme con
ella. Hay seres que tienen suerte y otros que no. Yo soy de los que la tienen
buena.
Para los que no me conocen les diré que para pensar en ella siempre
cierro los ojos, ahora así los tengo, y eso para que nada me distraiga de su
figura, de su cara, de su sonrisa, de la música celestial que me transmite a todo
mi ser.
VOZ DE LA MUJER: (SE ESCUCHA EN GRABACIÓN)
¡ Idiota, ya te vas a levantar o quieres que yo te levante! Eres un hüevón
hecho y derecho, pero ni creas que te voy a seguir aguantando. Me voy a
largar con mis padres el día menos pensado si no es que es hoy mismo. Tú
todo el día duerme y duerme y yo fregándome el lomo!
ANSELMO: ( Se levanta asustado)
3
La mujer que me gritó todo eso no es la de mis sueños. Por supuesto
que no.
Dios mío ¿Por qué tengo que despertar y ver a esta bruja con sus pelos
parados, sus cachetes redondos, sus pechos que casi le llegan a las rodillas, sus
nalgas bofas? ¿Por qué no puedo seguir escuchando la música celestial?
¡Ay de mí, qué desgraciado soy!
FIN
RESUMEN: Monólogo donde un hombre aprende en cabeza propia que los
sueños son diferentes a la realidad, sobre todo tratándose de la esposa.
4
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