EL RITUAL FUNERARIO ISLÁMICO EN QURTUBA, CAPITAL DE AL

Anuncio
EL RITUAL FUNERARIO ISLÁMICO EN QURTUBA, CAPITAL DE AL - ANDALUS
María Teresa CASAL GARCÍA1
Como en otras religiones el fiel musulmán, tras la muerte, abandona el mundo físico (dunya), a
través de una serie de etapas y pruebas programadas, esperando su último destino en el mundo del más
allá (al-akhíra). El camino es complejo y prolongado efectuándose a lo largo de los días posteriores al
fallecimiento. Por ello existe un ritual complejo que rige los enterramientos y el periodo que sigue a
depositarlo en la tumba (Bianquis, 1994: 209).
El ritual funerario musulmán canónico sigue un procedimiento dividido en varias etapas que
iremos describiendo.
Se le recostaba apoyado sobre el costado derecho de cara a la Meca, como en la sepultura, y
acompañado por el alfaquí recitaba la fórmula del testimonio fIno hay más Dios que Alá y Mahoma es su
profeta" .
En primer lugar se procedía al lavatorio del cadáver, pues se consideraba impuro el contacto con
el cuerpo muerto sin haberlo purificado mediante el baño. Los mártires constituyen una excepción y
deben ser enterrados sin lavar, en el Islam el martirio supone automáticamente la anulación de todo
pecado (Dickie, 1985: 44). El cadáver se cubría con una sábana. Las leyes coránicas no establecen ninguna
premisa sobre la persona a la cual se le encomendaba esta tarea, asumiéndola normalmente el familiar
más cercano o la persona con más conocimientos (De León, 2000: 410). En el Magreb de principios de
siglo existía la figura de los lavadores de muertos (moqaddem) (Robles et al.1993: 98).
Se empezaba por los pies levantando la sabana, las manos y a continuación todo el cuerpo
(Ribera, 1928: 250). Para lavarlo se utilizaba agua fresca aromatizada y en tiempos de peste o de
mortandad no deben dejarse de lavar los difuntos aunque sólo sea echándoles agua por encima.
Mientras lo realizaban se pronuncian frases y oraciones del Corán. Esta limpieza solía repetirse varias
veces.
Al - Qayrawiinl (310 H/922-923 d.C. - 385H/996 d.C.)2 indica como se debe lavarlos un número
impar de veces con agua y manojos de hierba, poniendo en la ultima alcanfor. [...] y mejor volver al
cadáver sobre el costado para lavarle. (Ibn Abl ZaydAl - Qayrawiinl, 2000: 87)
Una vez finalizado el lavatorio se continuaba con el amortajamiento del cadáver, a cargo de
personas del mismo sexo que el difunto. Las prendas de ropa deben estar limpias, ser blancas, tolerando
a veces el amarillo, y de algodón. Según algunos autores la seda estaba prohibida porque era símbolo de
vanidad, para otros podía utilizarse con las mujeres. Se suelen emplear tres piezas (toca, camisa y lienzo
de envoltura), cinco (almaizar, aljamar, addira 3 y dos lienzos) y hasta siete (toca, camisa, almaizar, aljamar,
addira y dos lienzos). Todo ello atado o cosido de arriba abajo para descoserlo por la cabeza y los pies al
situarlo en la fosa. De León especifica el uso de tres prendas si es hombre y cinco si es mujer, sin nudos
que puedan obstruir la salida del alma. Entre ellas se van disponiendo aromas y en la nariz y ojos se
colocan fragmentos de alcanfor, exceptuando las orejas para que el difunto pueda escuchar y responder
a los ángeles que posteriormente le visitarán en la tumba 4 (De León, 2000: 411).
Este trabajo se inscribe en el Proyecto de Investigación de ámbito Nacional (BHA 2003-08677) "Espacio y usos funerarios en la
ciudad histórica. El ejemplo cordobés (s. II a.c. -s.XV d.C.)".
2 Autor de W1a singular obra jurídica en la que se realiza un resumen del Derecho malikí: la Risiila JI - 1- fiqh o Compendio de
derecho islámico.
3 Almaizar, toca de gasa, Aljamar, especie de velo, y Addira, especie de camisa.
4 Conde relata como el califa Hixem, fallecido en Rusiifa, "gastaba mucho en cosas inútiles: tenía la manía de hacerse infinitos
vestidos, cuentan que se podían cargar seiscientos camellos; y no los gastaba sin economía, los tenía tan guardados que
apenas se halló uno para envolverle y amortajarle, porque tenía puestos sellos a sus armarios y depósitos"(Conde, 1874: 34).
1
301
LAS SOCIEDADES HISTÓRICAS PENINSULARES: EDAD MEDlA Y MODERNA
El paso siguiente era la conducción del difunto al cementerio. Acompañándolo se disponía en
primer lugar el imam, encargado de ir recitando las oraciones correspondientes. Estaba prohibida la
asistencia de mujeres con la excepción de la esposa, madre, hermana, tía paterna o materna, situándose
separadas de los hombres. Los hombres que asistían se disponían en filas, los más jóvenes en la posición
más adelantada del cortejo funerario y los ancianos junto al difunto. Previamente todos debían haberse
purificado.
Al- Qayrawani describe las oraciones que deben realizarse en los entierros y las plegarias que han
de decirse por los muertos (Ibn Abi Zayd Al - Qayrawani, 2000: 88 - 90), señalando que era obligado rezar
por el suicida y el condenado a muerte por el Iman por haber incurrido en pena prescrita. Igualmente
indica la prohibición de utilizar incensarios en los entierros. (Ibn Abi Zayd Al - Qayrawani, 2000: 88).
Al llegar al cementerio se procedía al enterramiento del difunto. La palabra que mejor la define es
Qbar en singular y Qubur en plural (Bosworth et al. 1978: 367). Según la doctrina jurídica-religiosa de
Malic ben Anas (malikismo), imperante durante el período de dominación musulmana, las tumbas se
caracterizaban por presentar "las fosas no deberían ser más profundas que la cintura de un hombre y
debían cavarse en la misma tierra, sin obra hecha de yeso, ni fabrica en que se use barro, habiéndose de
cubrir con ladrillos o piedras" (Navarro, 1985: 10).
La fosa excavada deberá presentar el espacio suficiente para que el difunto se incorpore y
responda a los ángeles de la tumba, Munkar y Nakir, que lo interrogan la primera noche. En Qurtuba las
fosas presentan una forma rectangular irregular adaptándose al cadáver, con la zona de la cabecera y los
pies curvada. En determinadas ocasiones aparecen más anchas a la altura de las extremidades superiores
estrechándose hacia las extremidades inferiores. De los datos analizados se obtienen unas medidas
medias totales de 122, 12 cm de longitud, 33,9 cm de anchura y 39 cm de potencia.
El cadáver se deposita en la fosa desprovisto de ataúd, con un sudario, orientado en ángulo recto
con la qibla de la Meca, en el caso de AI-Andalus eje NE-SW, y con el rostro dirigido hacia el mismo lugar.
El ataúd comienza utilizarse de forma más o menos generalizada en el s. XI-XII, hallando clavos en el
interior de las fosas de las tumbas y ensanchándose5. En los cementerios analizados de Qurtuba no se
documentaron restos de madera o clavos que puedan relacionarse con la inhumación en ataúdes,
aunque si conocemos el hallazgo de algunos ejemplares en recientes excavaciones que se encuenh'éU1 hoy
en día en fase de estudio.
Existen algunas desviaciones en relación a la orientación canónica, tras el análisis de las 442
tumbas (Fig. 1) se confirma dicha orientación con 273 ejemplares documentados, constatando algunas
variaciones hacia el SE-NO (90), el E-O (44), N-S (12) Y 33 con orientación no documentada. Estas
desviaciones son frecuentes, constituyendo un hecho extendido a la mayoría de los cementerios
musulmanes de al-Andalus, sin que hasta el momento se les haya dado una explicación más allá de la
simple adaptación de las tumbas al terreno o a alguna estructura anterior 6 .
El 99 % de los enterramientos son individuales documentando algunas excepciones. Se
contabilizan escasos enterramientos secundarios, hecho que viene a corroborar la prohibición de enterrar
diversas personas en una sepultura y cuanto más aún reutilizarla.
En los enterramientos localizados en el cementerio del Circo Romano (Toledo) se localizaron restos de estos ataúdes con clavos
también en el interior de las fosas, adjudicándoles una cronología del s. XIII- s. XIV (De Juan Garda, 1985: 642). También en
el cementerio de Biib Al-Hnnnx (Valencia) encontramos tumbas que conservan restos de las cajas de madera y clavos, con una
cronología aproximada del s. XI-XIll d. C. (Serrano, 1993: 194). En las excavaciones del Hospital Real, Avenida del h'iunfo y
Café Zeluán (Granada), se hallaron igualmente restos de enterramientos con ataúdes de madera y numerosos clavos en el
interior, describiendo una figma rectangular enmarcando al individuo. Presentan una cronología tardía, ya del s. XII-XV d.
C. (Alemán y López, 1993: 238).
6 Actualmente los estudios que se están realizando a este respecto intentan acotar los grados de diferenciación enh'e las diversas
orientaciones, analizando así su posible desviación en relación con las estaciones del afio o cualquier otra posibilidad.
5
302
EL RITUAL FUNERARIO 15LÁMlCO EN QURTUBA, CAPITAL DE AL - ANDALU5
El individuo será dispuesto en posición decúbito lateral derecho, con las exh"emidades inferiores
ligeramente flexionadas y los brazos recogidos hacia delante sobre la región púbica.
En Qurtuba, el cadáver se dispone en el 90 % de los casos hacia decúbito lateral derecho. En la
contabilización de los datos recogidos con el estudio de 442 individuos, existe un elevado porcentaje
(233) de disposiciones descritas de forma generalizada imposibles de corroborarse, obteniendo por tanto
196 ejemplares hacia decúbito lateral derecho (Fig. 2) Y 13 hacia decúbito supino. La disposición de los
brazos y las piernas puede también variar evidenciándose flexionados, semiflexionados y extendidos.
Igualmente ocurre en la disposición del cadáver en la cual las variaciones se producen hacia decúbito
supino, consecuencia del rigor mortis del individuo o la imposibilidad, por cualquier otra causa, de
disponer adecuadamente el cadáver en la sepultura. En otras ocasiones esta desviación es producto de
las alteraciones postdeposicionales. En estas situaciones existe un especial interés por mantener en una
posición correcta la cara, documentándolos con la mirada hacia el SE. Para evitar estos desplazamientos
en la posición del cadáver, se disponían entre el esqueleto y el suelo de la fosa (bajo -los huesos y el
cráneo) pequeñas piedras, trozos de tejas o incluso elementos vegetales, sujetando de esta forma el
cadáver. En otras ocasiones el cadáver aparece directamente apoyado en las paredes de las fosa
manteniendo así la posición correcta. Para preservar la colocación de la cara hacia el Sur-Sureste, se
disponía un canto rodado, un ladrillo o un bloque de adobe a modo de "almohadilla" en la zona de la
cabeza y bajo ella 7.
Antes de proceder a cerrar la tumba se debía depositar la carta de la muerte. Ésta se escribía con
azafrán en pergamino o papel y se colocaba a todo hombre o mujer en su mortaja o fuera de ésta, pero
siempre en el interior de la fosa. Le servía de compañía en el sepulcro y le daba fortaleza para responder
a los ángeles en el juicios.
Las fosas no se colmataban, presentando cubiertas simples de tejas, ladrillos o piedras. En la tipología
(Fig. 3) de las sepulturas documentadas en Qwtuba destacan las más sencillas caracterizadas por
presentar una Josa simple "sin cubierta" (subtipo 1.1. - 315 ejemplares) o con cubierta realizada
mediante tejas9 (subtipo 1.2. - 87). Ambos subtipos reflejan Wla austeridad ante la muerte que indicaban
los preceptos religiosos imperantes en al-Andalus, confirmándose igualmente con las recientes
excavaciones que se vienen realizando en otros cementerios musulmanes de la ciudad. Dentro del elenco
tipológico destaca también la utilización del adobe para el revestimiento de las paredes (tipo 2) o la
cubierta (subtipo 1.3.), existiendo algunas variantes definidas principalmente por la utilización de
7
8
9
Arqueológicamente ha sido constatado en los cementerios de San Nicolás (Murcia) (Navarro, 1985), Yabal Faruh (Málaga)
(Fernández Guirado, 1995), Puerta de Elvira (Granada) (López López, 1995-1997).
En el "Libro de dichos maravillosos (Misceláneo morisco de magia y adivinación)" se recogen dos ejemplos de ellas en las
cuales no sólo se señalan una a Wla todas las citas del Corán que se incluirían, sino que también se indica cómo debía
"escríbala en pargamino o papel limpio, y póngala debaxo de su cabe<;a en su fresa (fosa, sepultura) cuando morrá"
(Labarta, 1993: 179).
Ésta cubierta está formada por una hilada de tejas con unas medidas que oscilan enh'e los 37-50 cm de longitud, 17,5 cm en su
extremo más ancho y 10 cm en su extremo más estrecho. Se disponen alternando ambos exh'emos consiguiendo un cierre
más firme que impide que se produzcan inh'usiones en las tumbas. Dichas tejas pueden aparecer: En una hilera de forma
convexa, Variando convexa- cóncava, cóncava-convexa en una sola hilera, Colocando una primera hilera de tejas de forma
cóncava y sobre esta otra de forma convexa, Con Wla hilada en posición convexa o cóncava y señalizando la cabecera o los
pies una dispuesta en posición opuesta a las demás. En multitud de ocasiones aparecen hundidas y fracturadas hacia la
mitad, coincidiendo con el eje longitudinal de la cubierta. En las áreas que existe una intensa superposición de tumbas, las
sepulturas dispuestas en los niveles inferiores se hallan en peor estado de conservación y con las cubiertas ligeramente
hundidas. Mencionar también aquellas que cuentan con una cubierta conformada por una única .teja de mayores
.dimensiones y dispuesta usualmente en sentido longitudinal, relacionadas con los enterramientos de fetos o neonatos. A
este respecto mencionar las indicaciones de AL-QA YRAwANJ "No se rezará por el feto que no haya gemido, el cual no
heredará ni causará herencia. Es reprobable enterrar al niño nacido muerto en el interior de la casa" ·(Ibn Ab¡ Zayd Al Qayrnwñn¡, 2000: 90-91).
303
LAS SOCIEDADES HISTÓRICAS PENINSULARES: EDAD MEDIA Y MODERNA
determinados elementos como señalización de la tumba. Sin embargo no debemos obviar aquellas
sepulturas funerarias que, bien sea por su material constructivo, en el caso cordobés destacan por
presentar sillarejos de piedra recubriendo la fosa (variante 1.5.5.), delimitando un espacio funerario o la
combinación de ambas (Tipo 3), sus dimensiones, por lo general mayores a la media, ó su ubicación en el
espacio funerario, sobresalen del conjunto relacionándolas con la deposición de determinados personajes
de trascendencia social, económica, política o religiosa en la sociedad musulmana.
Otra de las características señeras de las sepulturas musulmanas es la ausencia de ajuar, contando
con determinadas excepciones (Casal, 2003: 34-35). Una de ellas lo representa los ajuares de tipo personal
documentados en el cementerio de la Puerta Elvira (Granada), donde aparecieron aretes, pendientes,
anillos, fragmentos de pulseras etc... dispuestos en su lugar habitual de colocación. Presentaban una
cronología avanzada de época Almohade y, fundamentalmente, Nazarita (Fresneda el al. 1995: 43-48).
Respecto a los ajuares de tipo personal y ritual que documentamos en Qur.tuba son muy escasos,
exceptuando los candiles recogidos en la necrópolis excavada en el Centro Comercial Carrefour. Éstos
son los objetos más comunes a hallar en una necrópolis, aunque siempre aparecen en una proporción
muy inferior al número de sepulturas excavadas (Granada, Murcia, Almería, Córdoba etc...). C. Peral
relaciona el uso de estos objetos con el cumplimiento de las oraciones nocturnas que se realizan durante
las siete noches siguientes al entierro, siendo habitual encontrarlos en el relleno junto a las sepulturas
(Peral, 1995: 25). Otros autores señalan la importancia simbólica de la luz para el Islam, recordando que
existen multitud de Suras en el Corán que hacen referencia a ello lo .
En el cementerio excavado en el Polígono Industrial de la Torrecilla (Camacho, 2000-2003), se
hallaron diversos candiles dispuestos junto a determinadas cubiertas que presentaban una cronología
del s. IX-X. Igualmente se documentaron dos orcitas de cerámica con sendos huevos de gallinácea
localizadas en el interior de sepulturas y que corresponderían con una ofrenda, paralelizable con la
pequeña orza localizada en el cementerio de la Puerta de Toledo en Zaragoza (Galve y Benavente, 1989:
386). En otra de las sepulturas se depositaron restos de un ave sobre el toráx del difunto, (Martínez
Rodríguez, 1993: 396; Carmona y Luna, 1996: 130) posible testimonio de una ofrenda o un banquete
funerario.
Por ultimo mencionar también la aparición de Jarras/ o. Estos objetos se han documentan en el
interior de las fosas, junto a la cabecera o a los pies del difunto. Se localizan principalmente en Málaga y
Almería, interpretándolas como un elemento simbólico que les ayudará a conseguir llegar al paraíso.
Existen igualmente Suras del Corán que relacionan el fluir del agua con el paraíso final. Sin embargo se
plantea una cuestión; si estos objetos sirven al difunto para acercarlo a Dios y al paraíso y no suelen
aparecer de forma generalizada, puede que solo se utilizaran para aquellos individuos que por alguna
causa tuvieran dificultad para acceder al paraíso (Peral, 1995: 24).11 Debemos recordar que ya en época
tardoantigua y visigoda es común la localización de jarritas en el interior de las tumbas y junto a la
cabecera del difunto. Éstas se relacionan con el sentido bautismal del nuevo cristianismo (Carmona,
1998: 44).
Una vez sellada la sepultura se disponía sobre la cubierta de la misma un túmulo de tierra que
representa la señalización externa de la tumba. En la cabecera, en los pies o en ambos extremos, se coloca
una estela de piedra, adobe, mármol etc...., conocidas con el nombre de "sahid" o testigo, pues si
10
11
No se sabe si en al- Andalus se daban prácticas como la documentada para el caso de la ciudad de los muertos en El Cairo, la
llamada "noche de la iluminación" (layiili al - waqud), consistente en que se encendían lámparas de aceite para iluminar los
santuarios en época fatimí (Fierro, 2000: 177).
Al sur de Damasco se encuentra la masyid al-Qadam o Mezquita de la Huella del Pie, donde se localiza una piedra con la
impronta del pie del Profeta relacionada con una parada realizada antes de llegar a la ciudad. Junto a esta piedra, hay un
jarro de manera que se pueda verter agua en la depresión de la piedra y luego rociarse con ella para beneficiarse de la baraka
del Profeta (Dickie, 1985: 44). Se podría entender la disposición de estos jarros en los cementerios con un sentido simílar.
304
EL RITUAL FUNERARIO ISLÁMICO EN QURTUBA, CAPITAL DE AL - ANDALUS
llevaban inscripción daban testimonio de la identidad del difunto12 . Éstas suelen disponerse mirando a
los pies de la tumba, de modo que puedan ser leídas desde ese extremo. Si la sepultura se encuentra
cercana a un camino se girará para poder ser leída por el transeúnte (Dickie, 1985: 45). Siguiendo las
aportaciones de los textos escritos estas se designaban en AI-Andalus como law(l (Barceló, 1990: 42).
Según el área de la península en que nos encontremos son más característicos unos tipos u otros,
llegando incluso a ser exclusivos de ciertas regiones (Casal, 2003: 36). Un punto en común de casi todos
ellos es el hecho de conservarse en los Museos procedentes de colecciones particulares o excavaciones
antiguas, documentándose en raras ocasiones en excavaciones asociadas a las tumbas 13 . Esta
circunstancia convierte en una tarea difícil el establecimiento de una relación directa sepultura - estela
funeraria, ya que por un lado contamos con las excavaciones de las sepulturas y por otro con las
colecciones epigráficas de los Museos. Los estudios sobre epígrafes funerarios islámicos cordobeses 14 se
han abordado desde un punto de vista parcial en diversos artículos o trabajos donde se analizan
individualmente. Si los analizamos por su dispersión en la ciudad (Fig. 4) observamos que, diez de ellos
presentan una localización Desconocida, tres pertenecen al interior de la Medina, tres a la zona de la
Axerquía, seis a los barrios occidentales, cuatro a los barrios orientales fuera de las murallas de la
Axerquía, trece al área meridional y uno al área Septentrional. Destaca el conjunto de piezas que
provienen del área del Campo de la Verdad - Sagrada Familia, recogidas en los años 50 durante las
obras de construcción de dicha barriada. Ello denota la importancia que tendría la maqbara al-radab a la
cual pertenecerían y en donde los textos escritos ya indicaban que en él se disponían las sepulturas de
los familiares de los emires y califas.
La mayoría de las piezas están labradas en mármol blanco, con alguna variación en piedra caliza
o en una placa de pizarra. Presentan una forma rectangular o cuadrangular con el campo epigráfico
centrado y delimitado en determinadas ocasiones por una marco, pudiendo también aparecer
enmarcado por uno o dos arcos. Pueden presentar la zona inferior de la pieza algo más estrecha, sin
decoración ni texto epigráfico, para poder ser hincadas en la tierra. Éstas pueden ir acompañadas de la
omisión en el campo epigráfico del nombre del difunto, interpretadas por Lévi - Proven<;al como
epitafios situados a los pies de la sepultura que irían acompañados de otro en la cabecera donde se
nombraría.
Los epígrafes funerarios presentan un campo epigráfico con un esquema tipo que repiten. En el
aportan información sobre el apellido genealógico y social, calificándolo (nombre del difunto),
precisando la fecha de su muerte, acompañado de expresiones de carácter religioso como versículos del
Corán relacionados con la muerte y la recitación del credo islámico o sahada. En determinadas ocasiones
se introducen otros datos. En muchas lápidas se han hallado unos orificios circulares dispuestos cerca de
los ángulos o en sus laterales y siempre sin interferir en el campo epigráfico. Se identifican como
espacios donde se dispondrían clavos para sujetarlos a la superficie que estuvieran adheridos 15 .
Contamos con seis ejemplos donde se conservan uno o varios orificios (Fig. 5).
La presencia de lápidas no está prohibida por los juristas, quienes incluso llegan a recomendar su uso, siempre y cuando sean
anepígrafas, de manera que el anonimato no deje traslucir el rango. (Fierro, 2000: 179).
13 Como en el caso de las excavaciones en la Avenida de Pablo Iglesias 1 (Almería), donde se localizaron tres fragmentos de
mármol blanco correspondientes a dos estelas, asociadas con algunas de las sepulturas pertenecientes a la maqbara Biib
Bayyana (Martínez y Muñoz, 1987: 25). Otros ejemplos son los 2 fragmentos de estelas sepulcrales y parte de una maqbarilla
documentados en posición secundaria aunque asociados a inhumaciones musulmanas, pertenecientes al llamado cementerio
de los alfareros (Granada), con cronología posterior al s. xn (Fornell y Muñoz, 2000). En Córdoba conocemos un caso en el
cual apareció un fragmento de epígrafe asociado a una necrópolis, situado en la calle Pintor Torrado (Botella y Morena,
2001).
14 Nos ceñimos exclusivamente a aquellos epígrafes, un total de 39, que se encuentran traducidos.
1S Desconozco ejemplos donde éstos hallan aparecido asociados con algún monumento funerario o tumba, puede que se
encontraran en alguno de estos panteones o qubbas nombrados los textos escritos.
12
305
LAS SOCIEDADES HISTÓRICAS PENINSULARES, EDAD MEDIA Y MODERNA
Cuando se habían alejado los acompañantes del difunto se producía el llamado juicio en la fosa.
En él los anteriormente citados ángeles de la tumba, Munkar y Nakir, preguntaban al difunto sobre su
creencia en Alá y el profeta Mahoma. Si la respuesta les era satisfactoria iba al paraíso, si no acababa en
el infierno. Durante las siete noches siguientes al día del entierro se realizaban lecturas del Corán pues se
pensaba que el alma acudía a la fosa, y se rezara por el difunto y sus pecados testimoniando en su favor
y ayudándole a superar el interrogatorio realizado por los ángeles 16 .
En estas lecturas los familiares solían celebrar un banquete funerario es decir, una comida de
luto, práctica que Ibn Lubb considera prohibida, si se ofrece como una práctica ritual tenida por muchos
ignorantes como una obligación; pero si se ofrece con una intención caritativa y para atraer las
bendiciones sobre el difunto, se trata de una práctica loable (FIERRO, 2000, 176). En ella debían
abstenerse de proferir grandes sollozos y gemidos al igual que se recomendaba sobriedad en el alimento
(Longás, 1990: 302).
El luto puede variar según las zonas, en al- Andalus contamos con pocas referencias de las
fuentes a este respecto, una de ellas se produce con motivo del relato de la jura del trono 'Abd al-Rahmñm
In, dice "Los primeros que le juraron fueron sus tíos paternos [.....]; los cuales vinieron a verle con
mantos y túnicas exteriores blancas, en señal de luto" (Lévi Proven<;al y García Gómez, 1950: 92).
Est~s sepulturas configuraran los cementerios o necrópolis denominados con el apelativo árabe
de maqbara en singular y maqñbir en plural (Bosworth et al. 1991: 120). En Qur,tuba solían ubicarse al
exterior del recinto amurallado de la madina, cercanos a las puertas de entrada a la ciudad y a los
caminos que partían de ellas. Esta localización continúa la tradición de culturas anteriores, hecho que
produce en determinadas ocasiones una superposición de espacios funerarios de diversos periodos
históricos. Así, observamos como ciertos cementerios musulmanes se sitúan en áreas funerarias
ocupadas anteriormente por necrópolis romanas, caso de los enterramientos del Paseo de la Victoria, los
de la Plaza de Colón o de la Avda. del Campo de la Verdad (Arco Viario Sur) (Fig. 6).
Otros se documentan contiguos a las puertas de la ciudad, como los localizados en la Avenida de
la Victoria identificada como la maqbara Bñb Amir junto a la Puerta que lleva el mismo nombre Bñb Amir,
o los hallados en la Plaza de Colón nO 8 con sepulturas que pertencerían a la maqbara Umm Salama,
cercanas a la Bñb al Yahüd. Se presentan igualmente junto a las grandes Almunias, así los enterramientos
localizados en los diferentes solares del Tablero Bajo y el Centro Comercial Carrefour identificados
posiblemente como parte de la maqbara al - Rusafa, situada junto a la gran Almunia omónima construida
por 'Abd al-Rahmñm 1. Las sepulturas pertenecientes a la I.A.u. de Avd. del Campo de la Verdad (Arco
Viario Sur) identificada como parte de la maqbara al-Rabad, quedaban situados junto a la conexión del
puente con la ribera meridional del Guadalquivir y dispuestos muy cercanos al camino que comunicaba
Córdoba con Sevilla y Algeciras. Los enterramientos localizados en los arrabales de Poniente, P-C M-6
PP 1, estarían vinculados a las estructuras urbanas que se desarrollaron en dicha zona, así como los
ejemplares recogidos en la Axerquía, Plaza de San Lorenzo- esquina Padre Roelas y calle alfonso XII,
podrían vincularse con alguna de las mezquitas y Almunias que se localizaban en esta área y que según
las fuentes contaban igualmente con sus cementerios.
16
De acuerdo con la escatología musulmana, poco después de la muerte se produce la ascensión del alma al cielo y su posterior
retorno al cuerpo, todo ello entre el lavado del cuerpo y el entierro; lUla vez sepultado el cadáver, tiene lugar el
interrogatorio en la tumba por parte de los ángeles Munkar y Nakir, mediante una serie de pregmltas que permitan distinguir
enh'e el creyente, el incrédulo y diversos grados intermedios entre ambos; todos ellos sufrirán el castigo de la tumba
(excepto los profetas, los mártires ...). Este castigo hará que las tumbas ardan y despidan calor, razón por la cual es necesario
refrescarlas plantando vegetación o vertiendo agua; este interrogatorio y castigo dma siete días para el creyente (lo cual
explica la práctica de la ceremonia en la que los vivos acompañan solidariamente al muerto durante su castigo en la tumba
mediante oraciones y recitaciones del Corán). El castigo dura, sin embargo, unos cuarenta días para el incrédulo. (Fierro,
2000: 182)
306
EL RITUAL FUNERARIO ISLÁMICO EN QURTUBA, CAPITAL DE AL - ANDALUS
Debido a su posición en la topografía de la ciudad, estos cementerios van a convivir o sustituir a
los espacios dedicados a actividades artesanales y de tipo secundario. Otra ocupación típica de estas
zonas son los muladares o espacios destinados a la acumulación de residuos orgánicos para la obtención
de estiércol, ejemplificado en Córdoba en la maqbara al-Rabad donde se localizaron en los estratos
anteriores al cementerio.
Así mismo, el crecimiento urbanístico y el paulatino surgimiento de nuevos arrabales, provocará
que algunos de ellos sean trasladados, desaparezcan o, simplemente, sean invadidos por éstos. Los
textos escritos lo confirman a través de las diversas disposiciones que han llegado a nuestros días y con
las que se intentaba controlar este proceso. Pese a la especificidad de las áreas periurbanas dedicadas a
estas funciones, no podemos afirmar la existencia de muros delimitadores de los espacios funerarios,
pues en el caso documentado (I:A.D. de la Plaza de Colón na 8) se encuentra en relación directa con el
foso de agua perteneciente a las estructuras de la muralla localizadas al Sur. Así pues esta estructura
delimitaría en cierta medida el área de necrópolis, ya que al sur de la misma no se localizó ninguna
sepultura, y funcionaría igualmente como contención del foso ubicado al exterior de la muralla.
Se caracterizan por presentar una planta irregular que crece hacia los espacios exentos de
construcciones. Para el análisis de la organización interna de las maqtibir nos hallamos ante un problema
intrínseco de las Intervenciones y Seguimientos Arqueológicos de Urgencia realizados en áreas urbanas,
en relación con las limitaciones que ofrecen las excavaciones de solares, mermando en cierta medida la
posibilidad de obtener una visión más completa de estos espacios 17 . Las tumbas se disponen una junto a
otra sin un orden aparente, dejando pequeños espacios entre ellas para el paso de las personas que las
visitan y realizan las oraciones pertinentes. En aquellas necrópolis que presentan una superpoblación de
sepulturas, estós espacios son paulatinamente ocupados por nuevos enterramientos. En función del área
preexistente para la expansión de los cementerios, advertimos dos modelos de crecimiento: uno en
extensión, en el cual las sepulturas se disponen a un mismo nivel y, otro mediante superposiciones,
donde los enterramientos se presentan en varios niveles. Es también frecuente la existencia de un
modelo mixto, en el que predomina un crecimiento fundamentalmente en extensión al que se le unen
determinadas superposiciones. Éstos fenómenos debemos ponerlos en relación con el hecho de una más
que probable existencia de áreas preemientes dentro de los espacios funerarios, ejemplificadas en las
zonas cercanas a las puertas de las ciudades18, donde suelen excavarse un cuantioso número de
sepulturas. Así existen necrópolis con un crecimiento en extensión donde las superposiciones de tumbas
son escasas, como en el cementerio documentado en el Centro Comercial Carrefour, Polígono Industrial
de la Torrecilla o la ABB de la Ronda Oeste. En otras ocasiones se han documentado una gran
superposición de enterramientos en un espacio con dimensiones muy reducidas, como en el caso de la
Avenida del Aeropuerto donde se documentan hasta tres niveles de sepulturas o en la Plaza de Colón na
8 con hasta 6 niveles. En el caso anterior de la Plaza de Colón na 8 se añade la circunstancia de ubicarse
en las cercanías de la Btib al- Yahüd, que funcionaría como foco de atracción hacia una" zona privilegiada"
del cementerio. Otro ejemplo es parte del cementerio del arrabal ubicado en un área muy cercana a la
margen izquierda del río Guadalquivir y la fortaleza de la Calahorra19. De ellos podemos destacar la
intensa superposición (se documentaron unas 162 tumbas), de hasta seis niveles de enterramientos,
Actualmente se realizan estudios de las recientes necrópolis con una extensión considerable que presentan miles de
enterramientos.
18 Se identificaron varios solares con enterramientos pertenecientes a la mllqbara Biib BaYYlIl111 (Almería), observándose que la
densidad de sepulturas iba disminuyendo a medida que se alejaban de la Biib BIlYYlll1a, al tiempo que las tumbas
tipológicamente más complejas se encontraban igualmente más cercanas a la puerta, funcionando ésta, por tanto, como foco
de atracción (Martínez et al. 1995: 103).
19 Documentado en la campaña de excavación del parque de miraflores 2001 en el sondeo 26 (Casal et al. 2003).
17
307
LAS SOCIEDADES HISTÓRICAS PENINSULARES: EDAD MEDIA Y MODERNA
consecuencia de su cercanía al cauce del río Guadalquivir, que aportaba en sus riadas continuos estratos
de limos.
También suelen considerarse espacios preeminentes aquellos que se situaban cercanos a las
denominadas quba (singular) y qibab / qubab (plural), mausoleos o tumbas monumentales de personajes
destacados, altos dignatarios del gobierno o santones y ascetas. Estos mausoleos 20 presentan una planta
cuadrada u octogonal con la cubierta compuesta por una cúpula, cuya misión era proteger a la tumba.
Atendiendo a la importancia del personaje este esquema puede ir complicándose, documentando
algunos ejemplos de plantas poligonales y dodecágonales. Estos santones contaban en vida con la
denominada baraka, considerada como un foco de gracia que mantenienen tras su muerte. Dickie define
el término baraka como"el fluido psíquico invisible que emana de todo objeto sacro, sea una tumba
sagrada o su ocupante cuando todavía está vivo, o sus reliquias tales como sus vestidos y su rosario,
cuando ya está muerto" (Dickie, 1985: 16). Este motivo empuja a la población a ir en peregrinación a
visitar sus tumbas y fomenta el deseo de enterrarse junto a ellos21 • Algunos cementerios surgen de la
construcción de dichas qubab, llegando incluso a tomar el nombre del personaje enterrado. En relación
con este punto debemos señalar también la localización de tumbas monumentales o, cuanto menos,
destacadas de las demás por su tamaño y por los materiales utilizados en su construcción. Éstas
presentan, también una posición destacada en las planimetrías de los cementerios, pues tanto en los
ejemplos del Centro Comerdal Carrefour como en los de la Plaza de Colón nO 8 la inmensa mayoría de
las sepulturas se disponen en los alrededores de las designadas como tipo 3 y variante 1.1.5. e
identificadas como posibles panteones, mausoleos o qubbas en las que eran enterrados personajes
significativos o santones, funcionando como centros de atracción o de gracia por la baraka que emanaban.
Por tanto, a pesar de la aparente carencia de una organización por calles de las sepulturas, se
puede afirmar la existencia de cierta jerarquización del espacio funerario en relación a su la proximidad
a determinados puntos significativos. En una de las más recientes excavaciones realizadas con motivo de
la construcción de la Ronda Oeste en Córdoba, se documentó una necrópolis (tramo correspondiente a la
Carretera del Aeropuerto-ABB) que parece presentar dos calles que nacen de un punto común
bifurcarse en dos direcciones SW-NE y la SE-NW (Camacho, 2002: 122)
La posibilidad de enterrarse al interior de las murallas de la medina exigía determinados
privilegios que exclusivamente poseían determinados personajes de alto rango y los miembros de la
familia real. Éstas sepulturas se disponían en las Rawdas o Radua, definidas como panteones o mausoleos
ubicados entre jardines. En la ciudad de Medina, denominan al-rawda (el jardín) a la mezquita en la que
está enterrado el profeta (Torres Balbás, 1957: 133). Éstos jardines funerarios reflejan la visión
musulmana del "Jardín Paradisíaco", constituyendo un elemento representativo del poder económicosocial, religioso y político en las ciudades donde se construían. En Córdoba exístia la denominada rawda
al- julafii " citada en los textos escritos, ubicándola en el Alcázar califal. Exisistió por tanto una Rawda aljulafii' donde eran enterrados los emires, desde Hixem 1 (797-822) Y los califas, hasta Hixem JI (976-1009),
situada en el interior del Alcázar Califal. A pesar de que se han realizado varias excavaciones en Palacio
episcopal y en su entorno sin resultados arqueológicos satisfactorios (Castejón, 1965: 229) y, conociendo
una noticia antigua sobre el hallazgo de restos óseos en los sótanos de una casas de los alrededores, la
20
21
En el cementerio de Yabal Faruh (Málaga) se ha excavado algunos ejemplos de éstos panteones o mausoleos, conformados por
espacios cuadrangulares definidos por muros o ladrillos macizos de barro, que presentaban en su interior varios
enterramientos. (Fernández Guirado, 1995: 47 - 48). En la necrópolis de Bab Bayyana (Almería), se excavó un área organizada
en base a una retícula de muros de tapial que formaban espacios de tendencias rectangulares y cuadrangulares, en cuyo
interior se disponían los diferentes enterramientos (Martínez G. y Muñoz M., 1987: 25).
Ibn Baskuwal describe cómo la muerte de Abu-l- 'Abbiis en los primeros años del s. XI causó gran tristeza a los cordobeses, que
iban en continua peregrinación a orar al cementerio del Arrabal (al-rabaá) de esa ciudad donde fue enterrado (Torres Balbás,
1957: 161).
308
EL RITUAL FUNERARIO ISLÁMICO EN QURTUBA, CAPITAL DE AL - ANDALUS
propuesta más plausible sobre su posible ubicación la sitúa"entre la mitad occidental del Seminario y la
calle Amador de los Ríos" (Montejo et al. 1999: 169). Igualmente las fuentes escritas detallan la existencia
de ocasionales enterramientos intramuros en momentos de conflictos bélicos o asedio de las ciudades,
como precaución ante el temor de salir fuera del recinto amurallado de la medina para enterrar al
difunt022 . En otras ocasiones se realizan enterramientos excepcionales en la casa donde residía el difunto,
en sus patios o en el interior de las mezquitas.
En definitiva podemos concluir que tras el estudio realizado y teniendo presente que actualmente
continúan ampliándose y diversificándose dichos trabajos, se han realizado ya algunos análisis
antropológicos aún sin publicar, los rasgos generales que definen todo el ritual del enterramiento
islámico de al-Andalus queda claramente patente en la que fue su capital, Qw:tuba.
BIBLIOGRAFÍA
ALEMÁN, 1. Y LÓPEZ LÓPEZ, M. (1993): E.AU. en la necrópolis musulmana de Puerta Elvira. Antiguo
café Zeluán (Granada). Anuario de Arqueología Andaluza III. Sevilla: 235-240.
BARCELÓ, e. (1990): Estructura textual de los epitafios andalusíes (s. IX-XIII). Homenaje a Manuel Ocaña
Jiménez. Córdoba: 41-54.
BIANQUIS, TH. (1994): Sepultures islamiques. Topoi 4: 209-218.
BOSWORTH, e.E. (Dir.) (1978): Kabr. Encyclopedie de rIslam IV. París: 367-370.
- (1991): Makbara. Encyclopedie de rIslam V. París: 120-126.
BOTELLA, D. YMORENA, ].A (2001): Informe Plan Parcial RENFE, Parcela 3-19. Córdoba.
CAMACHO, e. (2000): Informe preliminar de la Ronda Oeste de Córdoba. Yacimiento E. Polígono Industrial La
Torrecilla. Córdoba.
- (2002): Nuevos vestigios arqueológicos de la Córdoba Omeya. Actuaciones arqueológicas en el
trazado de la Ronda de Poniente. Arte, Arqueología e Historia 9: 118-131.
(2003): Intervención arqueológica de Urgencia en la necrópolis hispanomusulmana Polígono
Industrial de la Torrecilla. Yacimiento E. Ronda Oeste de Córdoba. Anuario de Arqueología Andaluza
2001. Sevilla: 231-243.
CARMONA, R. Y LUNA, M.D. (1996): La necrópolis y los arrabales hispanomusulmanes de La Cava:
primeros resultados de una excavación arqueológica de urgencia en Madinat Baguh ( Priego de
Córdoba). Antiquitas 7: 115-134.
CARMONA, S. (1998): El mundo funerario rural en la Andalucía tardoantigua y de época visigoda: la necrópolis
del Ruedo (Almedinilla, Córdoba). Córdoba.
CASAL, M.T. (2001): Los cementerios islámicos de Qurtuba. Anales de Arqueología Cordobesa 12: 283-313.
- (2003): Los cementerios musulmanes de Qurluba. Arqueología Cordobesa 9. Córdoba.
CASAL, M.T., BARBERO, 1., FUENTES, R.M., LÓPEZ, R. Y RODRÍGUEZ, M.e. (2003): Informe-memoria
de la 1.AU. en el S.e. SS-l (Parque de Miraflores y Centro de Congresos de Córdoba). Primera Fase.
Anuario de Arqueología Andaluza 2001: 258-275.
CASTE]ÓN, R. (1965): Excavaciones en Córdoba para localizar las tumbas de los califas. Noticiario
Arqueológico Hispánico 7: 229-235.
CONDE, ].A (1874): Historia de la dominación de los árabes en EspaHa, sacada de varios manuscritos y memorias
arábigas. Madrid.
22
Ibn BaSkuwñl relata cómo en el año 415 h (1024-1025 d. C.), debido a los ataques producidos por los beréberes conh'a la ciudad,
el sabio cordobés Ibn Bunnus fue enterrado en el interior de la ciudad, concretamente en la plaza de Aziza (Torres Balbás,
1957: 134)
309
LAS SOCIEDADES H1STÓRlCAS PENlNSULARES: EDAD MEDIA Y MODERNA
DICKIE, J. (1985): Dios y la eternidad: mezquitas, madrasas y tumbas. En G. Michell (dir.): La
arquitectura del mundo islámico 1. Madrid: 15-47.
FERNÁNDEZ GUIRADO, 1. (1995): La necrópolis musulmana de Yabal Faruh (Málaga). Nuevas
aportaciones. En M.P. Torres y M. Acién (eds.): Estudios sobre cementerios islám.icos andalusíes. Málaga:
37-68.
FIERRO, M. (1992): Prácticas y creencias religiosas en al-Andalus. AI-Qantara XIIL2: 463-474.
FIERRO, M. (2000): El espacio de los muertos: fetuas andalusíes sobre tumbas y cementerios. En P.
Cressier, M. Fierro y J.P. Van Staevel (eds.): Urbanisme musulman. Madrid: 153-189.
FORNELL, A y FUENTES, A (2000): Fragmentos de estructuras funerarias hispanomusulmanas
halladas en la excavación arqueológica de urgencia de la CI Cuartelillo, 12 (Realejo, Granada).
Anuario de Arqueología Andaluza III. Sevilla: 551-559.
FRESNEDA, E. (1995): Orfebrería andalusí: la necrópolis de Bab I1vira, El Zoco. Vida económica y artes
tradicionales en el AI-Andalus y Marruecos. Granada: 43-48.
GALVE, P. y BENAVENTE, J. A (1989): La necrópolis islámica de la puerta de Toledo de Zaragoza. III
Congreso de Arqueología Medieval Española. Oviedo: 383-390.
IBN ABI ZAYD AL-QAYRA W ANI (1993): Compendio de derecho islámico, Ristila Ji -l-Fiqh. Valladolid.
INSOLL, T. (1999): Death and burial. The archaeology ofIslam 6. Londres: 167-261.
JUAN, A' de (1985): Enterramientos medievales en el circo romano de Toledo: estudio tipológico. I
Congreso de Arqueología Medieval Española. Huesca: 641-654.
LABARTA, A (1993): Libro de los dichos maravillosos (Misceláneo morisco de magia y adivinación). Madrid.
LEÓN, J.L. de (2000): La muerte en el Islam. La muerte y su imaginario en la historia de las religiones XI.
Bilbao: 385-448.
LEVÍ-PROVENC::AL, E (1957): Espaiia Musulmana hasta la caída del califato de Córdoba 711-1031, Instituciones
y vida social e intelectual. En R. Menéndez Pidal (Dir.): Historia de España V. Madrid.
LONGÁS, P. (1990): Ritos de la muerte. La vida religiosa de los moriscos XVII. Granada: 284-302.
LÓPEZ LÓPEZ, M., FRESNEDA, E., TORO, l., PENA, J.M. y ARROYO, E. (1995): La necrópolis
musulmana de Puerta Elvira (Granada). En M.P. Torres y M. Acién (Eds.) Estudios sobre cementerios
islámicos andalusíes. Málaga: 137-159.
MARTÍNEZ GARCÍA, J. y MUÑOZ, M.M. (1987): Madinat al-Mariyya. Aproximación a dos necrópolis
hispanomusulmanas. Arqueología urbana en Almería. Anuario de Arqueología Andaluza II. Sevilla: 1828.
MARTÍNEZ GARCÍA, J., MUÑOZ, M.M. y MELLADO, C. (1995): Las necrópolis hispanomusulmanas
de Almería. En M.P. Torres y M. Acién (Eds.) Estudios sobre cementerios islámicos andalusíes. Málaga:
83-117.
MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, A (1993): La madina de Lorca a partir de las ultimas intervenciones
arqueológicas. IV Congreso de Arqueología Mediavel Española. Alicante: 177-183.
MONTEJO, J.A, GARRIGUET, J.A y ZAMORANO, AM. (1999): El Alcázar andalusí de Córdoba y su
entorno urbano. Córdoba en la Historia: La construcción de la Urbe. Córdoba: 163-172.
MURILLO, J.F., CARRILLO, J.R. y RUIZ, M.D. (1994): Intervención arqueológica en el Paseo de la
Victoria (Campai'ia de 1993). Anuario de Arqueología Andaluza III: 69-83.
NAVARRO, J. (1985): El cementerio islámico de San Nicolás de Murcia. Memoria preliminar. I Congreso
de Arqueología Medieval Española, vol. IV. Huesca: 7-47.
PERAL, C. (1995): Excavación y estudio de los cementerios urbanos andalusíes. Estado de la cuestión. En
M.P. Torres y M. Acién (eds.) Estudios sobre cementerios islámicos andalusíes. Málaga: 11-36.
RIBERA, J. (1928): Ceremonias fúnebres de los árabes españoles Disertaciones y opúsculos II, VIII. Madrid:
248-267.
310
EL RlTUAL FUNERARIO ISLÁMICO EN QURTUBA, CAPITAL DE AL - ANDALUS
ROBLES, A., RAMÍREZ, J.A. y NAVARRO, E. (1994): Influencia de las mentalidades en el urbanismo
andalusí: la interacción funcional de los baños y cementerios en Murcia. IV Congreso de Arqueología
Medieval Espaiiola, vol. 11: Alicante: 95-102.
ROSELLÓ, G. (1989): Almacabras, ritos funerarios y organización social en al-Andalus. IJI Congreso de
Arqueología Medieval Espaiiola. Oviedo: 153-168.
SERRANO, M.L. (1993): Transformación urbana: de cementerio islámico a centro alfarero en época
cristiana (s. XIV) en la ciudad de Valencia. IV Congreso de Arqueología Medieval Espaiiola, vol. 11.
Alicante: 193-203.
TORRES BALBÁS, L. (1957): Cementerios hispanomusulmanes. Al Aldalus XXII: 131-191.
311
LAS SOCIEDADES HISTÓRICAS PENINSULARES: EDAD MEDIA Y MODERNA
DISTRIBUCiÓN DE LA ORIENTACiÓN DE LAS TUMBAS
300
250
273
200150
o
ID NE-SO D SE-NO DE-O D N-S D NO DETERM INADA I
Figura 1. Cuadro de porcentajes de las diversas orientaciones documentadas.
Figura 2. Sepultura excavada en la LA.U. del Paseo de la Victoria (Mmillo et nI. 1993)
312
EL RITUAL FUNERARlO ISLÁMICO EN QURTUBA, CAPLTAL DE AL - ANDALUS
TIPO 1
TIPO 2
--
--
---Subtipo 1.1.
Vallanle 1 1 1
-r-~ O
Var/anle 11.3
-C-
-0--
U
_.
..
L--J
I -0I
o [[
~
,
1
.....:.;:::>;:.l
I Subtipo 1.3.
--
c.s-
.
~
Vananlo3l.1.
O
-O-
----U-
-U-
Subtipo 3.1.
~
Variante 1 2.1
Subtipo 2.1.
TIPO 3
,,~
~ ~-[]
~
Subtipo 1.2.
~1
U
~
Yananle 1 12
il:
§;
I
y..""te t22-
U
-
1:
Vananle 1.2.3.
~
-=
U
!
-'''S
Varlsnle 1 3 1
-rr-
o®
J-Y- . "
Figura 3. Tipología de las sepulturas (Casal, 2003)
313
O
~..,
~
~
LAS SOCIEDADES HISTÓRICAS PENINSULARES: EDAD MEDIA Y MODERNA
Figura 4. Situación de los epígrafes funerarios en la planimeh'ía de la ciudad (Casal, 2003),
314
EL RITUAL FUNERARIO ISLÁMICO EN QURTUBA, CAPITAL DE AL - ANDALUS
o
5
~-
10
I
Figura 5. Epígrafe nO 29 (labarta, Barceló y Ruiz, 1995)
315
LAS SOCIEDADES HISTÓRlCAS PENINSULARES: EDAD MEmA y MODERN A
1. PLAZA DE COLÓN N° 8
2. ZONA ARQUEOLÓGICA
DE CECADILLA
3. CENTRO COMERCIAL
CARREFOUR
4. TABLERO BAJO
5. AVD. DE GUERRITA
6. AVD. DE LA VICTORIA
7. M17 (TABLERO BAJO)
8. MG (TABLERO BAJO)
9. M16 (TABLERO BAJO)
10. AVD. DEL CAMPO DE LA
VERDAD
11. AVD. DEL AEROPUERTO
12. PLAZA DE SAN
LORENZO N° 3
13. POLlGONO INDUSTRIAL
DE LA TORRECILLA
14. AVD. DEL AEROPUERTO
15. AVD. CRUZ DE JUAREZ
16. PARQUE DE
MIRAFLORES
17. FACULTAD DE
AGRÓNOMOS
18. CALLE ALFONSO XII N°
19. ANTIGUO CINE SÉNECA
20. GLORIETA DE IBN
ZAYDUN
Figura 6. Ubicación de cementerios musulmanes de Córdoba según la información arqueológica (Casal, 2003).
316
Descargar