La Dama de gris de Maupassant

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La Dama de gris de Maupassant
por José Manuel Ramos González
(Extraído del libro “La Ecuación Maupassant”)
Todo me gusta en ella. Su perfume me embriaga y
cuando se ha evaporado, el olor de su cuerpo es más
excitante todavía.
(Maupassant a Frank Harris.)
No se conoce la identidad de la mujer a la que François Tassart llama en sus memorias La
Dama de gris. El hecho de denominarla de ese modo tan enigmático, como el título de una novela
de misterio, y no atribuirle ni siquiera las iniciales de las que solía hacer uso con frecuencia como
prueba inefable de discreción, hacen de esta mujer otra de las grandes incógnitas de la apasionante
vida de Guy de Maupassant.
Se menciona por primera vez en el libro Souvenirs sur Maupassant.
18 de mayo de 1890. Tengo preparado, desde hace algún tiempo, el
apartamento de soltero de mi señor, aquí, muy cerca, en el bajo de nuestra misma
calle, y, a pesar de esto, recibió a una mujer allí. ¡Ahí estaba la razón por la que la
colocación de las cortinas de su habitación era tan urgente!
¡Era peculiar! Yo apenas conocía a esta mujer; entrando, ella pronunció
solamente el nombre del señor de Maupassant, y, sin mirarme, como un autómata,
entró en el salón. Ni ese día, ni los siguientes, es señor me comentó nada de la
presencia en casa de esa desconocida.1
Esa mujer tenía que mantener una relación de una naturaleza muy especial con el escritor ya
que el propio Tassart se sorprende de que su señor no la hubiese recibido en el apartamento de
soltero, lugar donde sin duda consumaba sus múltiples y fugaces amoríos.
Noëlle Benhamou, defensora de la tesis que afirma que tal dama se trata de Joséphine
Litzelmann, argumenta que el silencio que la mujer mantiene ante Tassart (pronunció solamente el
nombre del señor de Maupassant) era con intención de disimular su acento alsaciano, muy parecido
al alemán por proximidad geográfica y porque después de la guerra de 1870 Alsacia había sido
incorporada a Prusia, siendo considerada por muchos franceses como un feudo enemigo. Y
debemos resaltar que Laure de Maupassant era antigermánica.
Pero la arrogancia mostrada (sin mirarme entró en el salón) contrasta con la personalidad de
una modesta y sencilla costurera.
Sigue refiriendo Tassart:
Finales de junio. La dama desconocida volvió varias veces. Su actitud
no había variado; entraba y salía siempre de igual modo, no era una
cualquiera; aunque estuviese demasiado perfumada, no era una fulana,
tampoco pertenecía a esa sociedad distinguida que mi señor frecuentaba. Era
1
François Tassart. Souvenirs sur Maupassant. Librairie Plon. Paris, 1911.
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una burguesa del más alto nivel; todo en ella denotaba el género de esas
grandes damas que han sido educadas, bien en los Oiseaux, o en el SacreCoeur. Se ven en ellas buenas y rígidas maneras.
No creo equivocarme, conozco la impronta de esas casas; durante varios
años he podido apreciar a personas de alta alcurnia donde trabajé antes de
entrar al servicio del señor de Maupassant. Yo no le hablé mucho, pero intuí
perfectamente que esa inteligencia que no se mostraba había sido bien
modelada y era de una sorprendente amplitud.
Era de una belleza notable y llevaba con una gran clase sus vestidos,
siempre gris perla o gris ceniza, ajustados en el talle por un cinturón bordado
con auténticos hilos de oro. Sus sombreros eran sencillos y siempre haciendo
juego con su vestido, llevando sobre su brazo un pequeño chal si el tiempo era
dudoso o amenazaba lluvia…2
Resulta sorprendente que en esta segunda visita Tassart no sepa todavía de quién se trata (La
dama desconocida volvió...). A Tassart no se le escapaba nada, sin embargo sigue sin dar ni una
sola pista de la identidad de esta mujer ¿Por qué? ¿Qué ocultaba? ¿Qué intereses lo movían?
Describirla como una burguesa bien educada en escuelas para señoritas de época también es
un argumento contra la tesis Litzelmann, cuya cuna era mucho más humilde.
Noviembre de 1890. Estábamos reinstalados en la calle Boccador. La dama
del vestido gris perla y el cinturón dorado, vino. El señor de Maupassant no ha
conciliado el sueño hasta las 3 de la mañana, luego de haberlo intentado con todos los
medios a nuestro alcance.3
Las visitas de la dama quitaban el sueño a Maupassant. ¿Lo estaba presionando,
chantajeando tal vez? Eso es lo que argumentan los que afirman que se trataba de Joséphine.
El 20 de septiembre, hacia las dos de la tarde, el timbre eléctrico, cuyas pilas
no habían sido renovadas desde varios meses atrás, sonó de un modo quejumbroso.
Fui a abrir y me encontré de cara con esa mujer que había hecho ya tanto daño a mi
señor. Como siempre pasó rígida, y entró en el salón sin que su rostro, que parecía de
mármol, hiciese el menor movimiento... Me retiré a mi habitación: un sentimiento de
tristeza, mezclado con un poco de cólera, me embargaba. ¿No debería echar en cara
su actitud a la visitante nefasta, reprocharle el crimen que cometía deliberadamente, y
si era preciso ponerla de patillas en la calle sin ceremonia?... Pero dado que mi señor
la quería recibir yo no podía más que doblegarme a su voluntad... ¡Ahora puedo decir
cuanto lamento no haber tenido entonces el valor para ceder a esos impulsos de alejar
a esa vampira! Mi señor viviría todavía...
Por la noche, él parecía agobiado y no comentó ni una sola palabra de la visita.4
A estas alturas Tassart tenía que saber perfectamente quién era esa mujer a la que acabaría
odiando. Y es esta actitud la que da fuerza a los testimonios de los que afirman que la dama de gris
era Joséphine Litzzelman. Tassart odiaba a Joséphine por lo que ésta representaba, ya que podía
echar a perder la reputación de su señor y provocar un gran disgusto a Laure. En fin, todo un
desmoronamiento del equilibrio mantenido hasta el momento ya de por sí inestable por el deterioro
físico y mental del escritor.
Y tras el intento de suicidio del escritor, la dama de gris permanece en boca de Tassart como
una culpable en la sombra.
2
François Tassart. Souvenirs sur Maupassant. Librairie Plon. Paris, 1911.
Ibid.
4
Ibid.
3
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[Un] detalle proporcionado por François relativo a la misteriosa dama de gris
es que, negándose a nombrarla, el buen servidor la responsabiliza de la desgracia de
su maestro. El telegrama llegado durante la noche dirigido a Maupassant y «
procedente de un país de Oriente5 » según dice el portador, había quedado abierto
sobre la mesa. François le echo un vistazo por encima. «... Llevaba, declara, el
nombre de la nefasta mujer. La apariencia de mi señor, que la había abierto y leído,
era que no había comprendido nada, pero a mí esa firma me había hecho estremecer.
¿Hay que creer en la Fatalidad, en un juego natural de circunstancias o en una secreta
acción de fuerzas hostiles? ¿Por qué los buenos deseos de la enemiga más implacable
de la existencia de mi señor, llegan en el momento preciso en el que su inteligencia
estaba amenazada ?»6
Esto ya es rizar el rizo hasta extremos inauditos.
A ello hay que añadir los comentarios efectuados muchos años después de la muerte del
escritor, por su supuesta hija Lucienne Litzelmann cuando afirmó vehementemente que el culpable
de todos los males de su familia era Tassart, así como que a su madre le encantaba vestir de gris.
¿Pudo haber leído Joséphine a Tassart y sentirse culpable? Es improbable aunque posible.
Los Souvenirs se publicaron en 1911 y Joséphine falleció en 1920.
De todos modos consideramos que la discreción de la que hizo gala Joséphine Litzelmann
después de la muerte de Maupassant, esa especie de pacto de silencio que mantuvo hasta la muerte,
tan intenso que hasta sus propios hijos desconocían facetas vitales de la relación de sus padres, no
se conjuga con esas insistentes visitas al domicilio del autor que serían tan peligrosas para la
ocultación de tan proceloso secreto.
¿Existen otras opiniones acerca de la identidad de la dama de gris? Desde luego. Hagamos
algún recorrido por las biografías más significativas, indicando la fecha de publicación y obsérvese
como la importancia dada a esta figura surge tardíamente:
Los Souvenirs sur Maupassant de Françóis Tassart no se publican hasta el año 1911, de
donde las biografías anteriores a esta fecha no mencionan en absoluto a esta misteriosa mujer,
principalmente la de Edouard Maynial (1906)
Fernand Lemoine. Guy de Maupassant. 1957, contiene simplemente una anotación a pie de
página:
La dama de gris fue una misteriosa mujer que visitaba a Guy de Maupassant
ya enfermo. Tassart y los testigos de la época hablan de ella sin indicar nunca su
nombre.7
George Normandy(1926), se limita a parafrasear a Tassart sin mencionar ningún nombre.
Rene Dumesnil (1933) no la menciona.
Jean-Maurienne. en su libro Maupassant, il est mort fou?,(1947) dice:
También se ha hecho responsable de la enfermedad de Maupassant a una
mujer mundana que lo iba a visitar misteriosamente, nos dice Tassart, el fiel
sirviente del escritor.
Tassart habla en sus memorias de esa relación fatal.
Él la designa bajo el nombre de «la dama de gris» sorprendiéndose del secreto
que la rodea, después de la consecuencia desastrosa de sus visitas sobre su
infortunada señor ya agotado.8
5
Desde Orán.
Armand Lanoux. Maupassant le bel ami. Librairie Fayard. Paris. 1967
7
Fernand Lemoine. Maupassant. Éditions Universitaries. París. 1957.
8
Jean-Maurienne. Maupassant est-il mort fou?. Librairie Gründ. París. 1947.
6
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Jacques-Louis Douchin. en La vie erotique de Guy de Maupassant. (1986), defiende y
argumenta la tesis Litzelmann, pero en aras a concederle crédito, debemos señalar que también
defiende a ultranza la paternidad biológica de Flaubert.
Noëlle Benhamou sostiene sin ningún atisbo de duda que la dama de gris es Joséphine
Litzelmann.
Armand Lanoux.(1967), pese a hacer una importante descripción del asunto Litzelmann, en
ningún momento relaciona a Joséphine con la dama de gris. Es más, después de una larga referencia
a está puede leerse:
¿Quién fue, en la vida real, esta mujer odiada, a la que conocemos por
la Dama de gris? Maupassant no nos proporciona más que un detalle: le
encantaba montar a caballo. No encontramos mucho esta característica en las
amantes identificadas de Bel-Ami. Lo importante es que Maupassant tenía
debilidad por este tipo de mujeres. Las conoció en todas las épocas de su vida
y ellas lo acabaron acompañando hasta las puertas del manicomio.9
Da a entender de forma implícita en otro párrafo de su libro, que la dama de gris podría ser
Maríe Kann, una de las amigas mundanas de Guy de Maupassant, sobre todo por la coincidencia de
fechas entre la aparición de la dama de gris y el comienzo de sus relaciones con esa mujer.
Paul Morand en su Vie de Guy de Maupassant (1942), dice:
Esta mujer de gris es siniestra con sus «modales de autómata» tan reveladores.
Es la erotómana viniendo a exigir a ese agonizante que no puede negar su libra de
carne humana. La Sra. de Maupassant tenía razón al temer a las mujeres para su hijo:
ellas acabaron con él.10
Y afirma que la mujer de gris no es Marie Kann porque ésta se encontraba en París cuando
Maupassant recibió el telegrama de la enigmática mujer desde Orán.
En su monumental biografía, Nadine Satiat refiere:
La misteriosa dama del vestido gris y rostro de mármol volvió a visitar al
escritor. Si se cree a Tassart que la trata de «vampiro» en sus Souvenirs, esas visitas
dejaron a Maupassant muy preocupado. – ¿Y si esa dama era Joséphine Litzelmann,
que había ido a presionar al escritor para que reconociese a sus hijos antes de que
fuese demasiado tarde, o para pedir dinero? Por desgracia nunca se conocerá el
contenido de la «corta confesión» que Maupassant hizo a Tassart el 19 de octubre,
«desahogándose completamente». El mayordomo guardó el secreto.11
Como podemos comprobar no hay una certeza absoluta y, pese a las pruebas
circunstanciales a favor, casi nadie se atreve a afirmar tajantemente la paternidad de Maupassant.
Con excepción de los ya mencionados Jacques-Louis Douchin y Noëlle Benhamou, en la mayoría
de los casos esta reticencia a tomar partido de un modo definitivo se debe sin lugar a dudas a la
rigurosidad de la que hacen gala los biógrafos, en su mayor parte académicos y muy celosos de la
verdad documentada en papel, teniendo para ellos mucho más valor un legajo, una nota o una carta
que cien testigos o mil pruebas circunstanciales.
Al igual que en la jurisprudencia, parece ser que en la historia de la literatura también debe
aplicarse la máxima de que todo parece incierto hasta la aparición de pruebas que constaten tal o
cual afirmación, haciendo de la conjetura un mero ejercicio de imaginación más o menos
calenturienta impropia del rigor con el que se fraguan las biografías más reputadas y sesudas.
9
Armand Lanoux. Maupassant le bel ami. Librairie Fayard. Paris 1967.
Paul Morand. Vie de Guy de Maupassant. France Loisirs. París. 1942.
11
Nadine Satiat. Maupassant. Flammarion. Paris, 2003.
10
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Nosotros seguiremos por la senda que nos conducen los pequeños rastros que van dejando
aquí y allá unos y otros, y si no alcanzamos nuestro destino final, al menos nos dejamos sumergir en
un mundo lleno de múltiples posibilidades tan hermosas y tan excitantes las unas como las otras.
Capítulo 11 del libro “La ecuación Maupassant”
José M. Ramos González
[email protected]
Pontevedra 2009
Se autoriza la reproducción total o parcial de este artículo citando la fuente y el autor.
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