Los Medios - Asociación Católica Latinoamericana y Caribeña

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LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL EN LOS
DOCUMENTOS ECLESIALES SOBRE EDUCACION
(Selección de párrafos)
Pbro. Walter Moschetti (*)
Introducción
La omnipresencia de los medios de comunicación en nuestra sociedad y su
poderoso influjo sobre nuestra cultura, hacen que no pueda reducirse el proceso
educativo al ámbito exclusivo de la escuela y la familia.
Una adecuada utilización de los medios de comunicación y de otros adelantos
técnicos, no solamente como instrumentos didácticos, sino, sobre todo, como vehículos
amplificadores en múltiples dimensiones educativas es de absoluta necesidad.
Existe la idea generalizada de que los medios son meros pasatiempos, para ser
“consumidos” en momentos de ocio o de entretenimiento. Esto se une al escaso grado
de exigencia requerida para su recepción, suscitando en el espectador actitudes de
pasividad y un cierto complaciente conformismo. Se subraya que sus conocimientos son
superficiales, efímeros, sensacionalistas y, no pocas veces, caóticos.
Todo esto lleva a los educadores, ya sean maestros, catedráticos, sacerdotes o
padres de familia, a mirar con un profundo dejo de desconfianza y recelo a los medios
de comunicación como instrumentos y vehículos de valores realmente formativos. Sin
embargo, con meras críticas negativas no vamos a quebrar el dominio cada vez más
poderoso de los instrumentos de la comunicación social.
Cada día son más numerosos los pedagogos que perciben a los medios de
comunicación (y sobre todo a la televisión) como una verdadera “escuela paralela”.
Debemos descubrir la naturaleza educacional que ellos poseen, más allá de las
características gravemente negativas con las que actualmente se nos presenta. Vemos
que, sobre todo en los países del tercer mundo, proyecta modelos de vida y pautas de
comportamientos que están en abierta contradicción con lo que, lo más sano de nuestra
sociedad, entiende por verdadera educación.
En los últimos tiempos la Iglesia ha considerado a estos medios no como simples
“subsidios”, sino como instrumentos necesarios para la pastoral. Por ello veremos que el
tema está presente en muchos documentos eclesiales sobre educación católica, obra de
auténtico apostolado, que en medio de un mundo secularizado, ha de profundizar su
significación y su razón de ser.
La escuela católica es una acción, un instrumento de evangelización. Entra
plenamente en la misión salvífica de la Iglesia, en las exigencias de la educación en la
fe.
Las realidades y las circunstancias de nuestro tiempo, ponen a nuestro alcance
los maravillosos inventos de la técnica, dones de Dios, para realizar nuestra tarea
evangelizadora. Estaríamos en deuda con el Señor si no utilizásemos eficazmente estos
medios para el apostolado.
1. Documentos del Concilio Vaticano II y Encíclicas
En la encíclica DIVINI ILLIUS MAGISTRI del Papa Pío XI, sobre la Educación
Cristiana de la Juventud (1929), aunque no menciona directamente a los
instrumentos de la comunicación social, reconoce que la educación es obra
necesariamente social, no solitaria, y que, para obtener una educación perfecta, es de
suma importancia velar para que las condiciones de todo lo que rodea al educando,
durante el período de su formulación, es decir, el conjunto de todas las
circunstancias que suele denominarse “ambiente”, corresponda bien al fin que se
pretende.
El documento hace una mención específica de los medios de comunicación en el
capítulo IV, abordando el tema del mundo y sus peligros, exhortando a una
vigilancia cuidadosa de los libros impíos o licenciosos que conducen a los jóvenes al
naufragio moral y religioso, de los espectáculos del cinematógrafo y las audiciones
radiofónicas.
“Estos medios potentísimos de divulgación, que pueden servir, si van recogidos
por sanos principios, de grande utilidad para la instrucción y educación, se
subordinan desgraciadamente muchas veces al incentivo de las malas pasiones y a la
avidez de la ganancia. San Agustín se lamentaba al ver la pasión que arrastraba aun
a los cristianos de su tiempo a los espectáculos del circo y cuenta con viveza
dramática la perversión, felizmente pasajera, de su alumno y amigo Alipio. ¡Cuántos
extravíos juveniles, a causa de los espectáculos de hoy día, sin contar las malvadas
lecturas, tienen que llorar ahora, los padres y educadores!” (Cap. VI, 2)
Considerando la importancia de la educación en la vida del hombre y su influjo
cada vez mayor en el progreso social contemporáneo, el Concilio Vaticano II dio a
conocer en 1965 la declaración GRAVISSIMUN EDUCATIONIS MOMENTUM.
Luego de hablar sobre el derecho universal a la educación, y de la educación
cristiana en particular, al pormenorizar los medios para educación cristiana, señala
que el primero de ellos es la instrucción cristiana que ilumina y robustece la fe,
anima la vida con el espíritu de Cristo, lleva a una consciente y activa participación
del misterio litúrgico y alienta a una acción apostólica. Afirma a continuación:
“…La Iglesia aprecia mucho y busca penetrar de su espíritu y dignificar también
los demás medios, que pertenecen al común patrimonio de la humanidad, y
contribuyen gradualmente a cultivar las almas y a formar hombres, como son los
medios de comunicación social, los múltiples grupos culturales y deportivos, las
asociaciones de jóvenes y, sobre todo, las escuelas” (n.4)
Fue la Exhortación Apostólica EVANGELII NUNTIANDI de Pablo VI (1975)
quien expuso con claridad el compromiso evangelizador de la Iglesia, que impulsa a
una adhesión vital y comunitaria de la fe que requiere el anuncio explícito y el
testimonio de vida para impregnar de los valores del Evangelio la cultura.
En el capítulo IV, señalando los medios de evangelización, expone la necesaria
utilización de los medios de comunicación social en estos términos:
“En nuestro siglo influenciado por los medios de comunicación social, el primer
anuncio, la catequesis o el ulterior ahondamiento de la fe, no pueden prescindir de
esos medios, como hemos dicho antes.
Puestos al servicio del Evangelio, ellos ofrecen la posibilidad de extender casi
sin límites el campo de audición de la Palabra de Dios, haciendo llegar la Buena
Nueva a millones de personas. La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no
empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez
más. Con ellos la Iglesia “pregona sobre los terrados” el mensaje del que es
depositaria. En ellos encuentra una versión moderna y eficaz del “púlpito”. Gracias
a ellos puede hablar a las masas.
Sin embargo, el empleo de los medios de comunicación social en la
evangelización supone casi un desafío: el mensaje evangélico deberá, sí, llegar a
través de ellos, a las muchedumbres, pero con capacidad para penetrar en las
conciencias, para posarse en el corazón de cada hombre en particular, con todo lo
que éste tiene se singular y personal, y con capacidad para suscitar a favor suyo una
adhesión y un compromiso verdaderamente personales” (n.45)
Evangelii Nuntiandi recuerda que la Iglesia entera es misionera, que le incumbe,
por mandato divino ir por todo el mundo y anunciar el Evangelio a toda criatura. La
riqueza y la belleza de esta evangelización está en la diversidad de servicios
realizados en la unidad de la misma misión.
Refiriéndose a los seglares en particular, como agentes de evangelización,
enseña:
“El campo propio de su actividad evangelizadora es el mundo vasto y complejo
de la política, de los social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y
de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas, así
como otras realidades abiertas a la evangelización, como el amor, la familia, la
educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento, etc.” (cap.
VI n.70).
En todos estos ambientes de la humanidad la Iglesia ha de llevar la Buena Nueva
y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad.
En 1979, CATECHESI TRADENDAE, la exhortación apostólica de Juan Pablo
II sobre la catequesis en nuestro tiempo, habla de la transmisión de los contenidos
de la fe con métodos pedagógicos adaptados. Métodos y lenguajes que sean
verdaderamente instrumentos para comunicar la totalidad de la Palabra de Dios.
Abordando el tema de los métodos y medios de la catequesis, comienza
señalando que desde la enseñanza oral de los apóstoles la catequesis no ha cesado de
buscar los métodos y los medios más apropiados a su misión.
Afirma el Papa:
“Me vienen espontáneamente al pensamiento las grandes posibilidades que
ofrecen los medios de comunicación social y los medios de comunicación de
grupos: televisión, radio, prensa, discos, cintas grabadas, todo lo audio-visual. Los
esfuerzos realizados en estos campos son de tal alcance que pueden alimentar las
más grandes esperanzas. La experiencia demuestra, por ejemplo, la resonancia de
una enseñanza radiofónica o televisiva, cuando sabe unir una apreciable expresión
estética con una rigurosa fidelidad al Magisterio. La Iglesia tiene hoy muchas
ocasiones de tratar estos problemas –incluidas las jornadas mundiales de
comunicación social-, sin que sea necesario extenderse aquí sobre ello, no obstante
su capital importancia” (cap. VI n.46).
2. Documentos de la Sagrada Congregación para la Educación
Católica
Situándose en la línea de la declaración conciliar Gravissium Educattionis, la
Sagrada Congregación para la Educación Católica expone en su documento LA
ESCUELA CATOLICA (1977) una reflexión relativa a la misma, al ver que ésta va
adquiriendo cada día una mayor importancia en la Iglesia.
Señala que la escuela católica entra de lleno en la misión salvífica de la Iglesia y
particularmente en la exigencia de la educación a la fe. Intenta arraigar el Evangelio de
Jesucristo en la conciencia y la vida de los jóvenes, teniendo en cuenta los
condicionamientos culturales de hoy. Desde aquí se define su proyecto educativo.
No hay en el documento una referencia explícita a los medios de comunicación
social, pero podemos leer entre líneas la referencia a los mismos cuando, por ejemplo,
se habla del pluralismo cultural, manifestado especialmente a través de los medios
masivos, caja de resonancia de la cultura. El empeño educativo será en esta realidad
pluricultural la formación de personalidades fuertes, capaces de resistir al relativismo
debilitante, y de vivir coherentemente las exigencias cristianas.
El documento reconoce que la acción educativa de la escuela católica, que tiende a
lograr una síntesis entre fe y cultura y entre fe y vida, se desarrolla junto con otras
instituciones educativas, existiendo también muchas otras esferas sociales que
constituyen, de múltiples formas, una fuente de información y de participación cultural.
“Frente a esta ‘escuela paralela’, se impone la presencia activa de la escuela que,
mediante una educación sistemática y crítica, prepare a los jóvenes a un autocontrol que
los capacite para hacer opciones libres y conscientes frente a los mensajes que le
presentan los medios de comunicación social. Es necesario enseñarles a someter tales
mensajes a un juicio crítico personal, a ordenarlos en buenas síntesis y a integrarlos en
su cultura humana y cristiana”. (n.48)
En 1982 sale el documento EL LAICO CATOLICO TESTIGO DE LA FE EN
LA ESCUELA, señalando el llamado al apostolado del laico que ha de ordenar, según
Dios, los asuntos temporales, ponderando de manera especial la función evangelizadora
del educador.
Refiriéndose a la función social insustituible de la escuela, dice:
“La importancia creciendo del entorno y de los instrumentos de la comunicación
social, con sus contradictorias y a veces nocivas influencias, la extensión continua del
ámbito cultural, la cada vez más completa y necesaria preparación para la vida
profesional, de día en día más diversificada y especializada, y la consiguiente
incapacidad progresiva de la familia para afrontar por sí solo todos esos graves
problemas y exigencias, hace cada vez más necesaria la escuela” (cap. 1 n.13)
En el segundo capítulo se menciona la necesidad del educador de prestar una
atención constante al entorno socio-cultural, económico y político de la escuela, tanto al
más inmediato del barrio o zona donde la escuela se halla enclavada, como al contexto
regional y nacional, “que muchas veces, a través de los medios de comunicación social,
ejercen tanta o mayor influencia en aquél. Sólo ese seguimiento de la realidad global
inmediata, nacional e internacional le proporcionará los datos precisos para salir al paso
de las necesidades actuales de formación de sus alumnos e intentar prepararlos para el
mundo futuro que intuye” (n.35)
Las ORIENTACIONES EDUCATIVAS SOBRE EL AMOR HUMANO (1983)
–Pautas de educación sexual-, luego de señalar algunos principios fundamentales de la
concepción cristiana de la sexualidad, dedica en el capítulo II tres puntos para hablar de
la responsabilidad en la educación para el uso de los instrumentos de comunicación
social:
“En el mundo actual los instrumentos de la comunicación social, con su
irrupción arrolladores y fuerza de sugestión, ejercen sobre los jóvenes y los menores, en
general y sobre todo el campo de la educación sexual, una continua y condicionante
obra de información y de amaestramiento bastante más incisiva que aquella propia de la
familia.
Juan Pablo II ha indicado la situación en la que vienen a encontrarse los niños
frente a los instrumentos de comunicación social: ‘Fascinados y privados de defensas
ante el mundo y ante los adultos, los niños están naturalmente dispuestos a acoger lo
que se les ofrece, ya se trate del bien o del mal… Los niños se sienten atraídos por la
‘pequeña pantalla’ y por la ‘pantalla grande’: siguen todos los gestos que aparecen en
ellas y perciben, antes o mejor que cualquier otra persona, las emociones y sentimientos
consiguientes’.
Hay que destacar, además, que por la misma evolución tecnológica se hace
menos fácil el realizar oportunamente el necesario control. De aquí la urgencia, aun con
miras a una recta educación sexual, de que los destinatarios, sobre todo los jóvenes,
procuren acostumbrarse a ser moderados y disciplinados en el uso de estos
instrumentos; pongan, además, empeño en entender bien lo oído, visto y leído;
dialoguen con los educadores y peritos en la materia y aprendan a formar recto juicio.
En defensa de los derechos del niño en este campo, Juan Pablo II estimula la
conciencia de todos los cristianos responsables, en particular de los padres y de los
operadores de los medios de comunicación social, para que no escondan, bajo pretexto
de neutralidad o de respeto por el espontáneo desarrollo del niño, lo que en realidad
constituye un comportamiento de preocupante desinterés.
Las autoridades civiles tienen peculiares deberes en esta materia en razón del
bien común, el cual exige que un reglamento jurídico de los instrumentos de
comunicación social proteja la moralidad pública, en particular del mundo juvenil,
especialmente en lo que concierne a revistas, filmes, programas radio-televisivos,
exposiciones, espectáculos y publicidad”. (nn.66-68)
La Sagrada Congregación para la Educación Católica, lanzó en 1986 el
documento: ORIENTACIONES SOBRE LA FORMACION DE LOS FUTUROS
SACERDOTES PARA EL USO DE LOS INSTRUMENTOS DE LA
COMUNICACIÓN SOCIAL.
“El influjo siempre más vasto y profundo que en estos últimos decenios están
ejerciendo los instrumentos de la comunicación social en casi todos los aspectos, los
sectores y las relaciones de la sociedad, creando en ella nuevos problemas, ha inducido
al Magisterio a multiplicar las enseñanzas y normas, para tutela y provecho, no sólo de
los fieles y de todo hombre de buena voluntad, sino también de cuantos en el mundo de
hoy, están llamados a ejercer el sacerdocio ministerial. En conformidad con estas
orientaciones oficiales de la Iglesia, también esta Congregación, desde 1970, disponía
en la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis-después de haber proporcionado
indicaciones generales sobre los problemas de los instrumentos de la comunicación
social-que en los Seminarios fueran formados los futuros sacerdotes para el recto uso de
los mismos, con la triple finalidad: "que puedan valerse por sí mismos y formar a los
fieles en lo referente a estos medios, y utilizarlos eficazmente en el apostolado"; y el
año siguiente, la Instrucción Pastoral Communio et progressio recalcaba este programa,
anotando: "Para que no estén completamente alejados de las realidades de la vida y
asuman sin preparación la tarea apostólica, los futuros sacerdotes y los religiosos y
religiosas, durante su formación en Seminarios y Colegios, han de estudiar la influencia
de estos medios de comunicación sobre la sociedad humana y aprender su uso técnico.
Esta preparación es parte de su formación integral". (Intr. n. 4)
En 1988 la Sagrada Congregación para la Educación Católica da orientaciones
para la reflexión y revisión de la DIMENSION RELIGIOSA DE LA EDUCACION EN
LA ESCUELA CATOLICA.
Hablando allí, de los jóvenes ante la dimensión religiosa de la vida, hace
referencia al gran número de escuelas católicas que se encuentran en aquellas partes del
mundo donde se producen actualmente profundos cambios de mentalidad y de vida:
áreas urbanas e industrializadas.
“…Se caracterizan por la amplia disponibilidad de bienes de consumo, múltiples
oportunidades de estudio, complejos sistemas de comunicación. Los jóvenes están en
contacto con los ‘Massmedia’ desde los primeros años de su vida. Escuchan opiniones
de todo género. Se les informa precozmente de todo”. (n.8)
A continuación señala la carencia de puntos de referencia religiosa y moral.
3. Documentos varios sobre educación
El MENSAJE A LOS COLEGIOS CATOLICOS de la Comisión Episcopal de
Educación (Buenos Aires, 1968) trata de la misión salvífica de la escuela católica y las
consecuencias de ésta para la pastoral educativa, señalando que a la par que se abre
como conviene al progreso actual, educará a sus alumnos para conseguir eficazmente el
bien de la ciudad terrestre y los preparará para servir a la difusión del Reino de Dios, a
fin de que, con el ejercicio de una vida ejemplar y apostólica, sean como el fermento
salvador que penetre de espíritu cristiano la mentalidad y las costumbres, las leyes y las
estructuras de la comunidad humana.
Sin hacer mención explícita de los medios de comunicación, éstos estarían incluidos
en aquella técnica que ha de ser juzgada a la luz de los últimos tiempos:
“Si nuestra educación quiere ser vital y profunda ha de estar iluminada por la
realidad escatológica de Cristo y conducir al encuentro personal y definitivo con El (…)
Toda nuestra acción educativa se proyecta así en perspectiva de porvenir. El mundo del
saber, del trabajo, de la técnica es juzgado a la luz de los tiempos postreros”. (p 2 pto.3)
El documento de MEDELLIN (1968) en el capítulo referido a la educación,
puntualizando las características de la educación en América Latina, presenta como una
preocupación nueva la educación asistemática de creciente importancia: “medios de
comunicación social, movimientos juveniles y cuanto contribuye a la creación de una
cierta cultura popular y al aumento de deseo de cambio” (n.5)
Medellín afirma que la educación latinoamericana está llamada a dar una respuesta
al reto del presente y del futuro, para nuestro continente, para liberar a nuestros hombres
de las servidumbres culturales, sociales, económicas y políticas que se oponen a nuestro
desarrollo.
En la Declaración del Episcopado Argentino de abril de 1969, los obispos
afirmaban:
“El Episcopado Argentino estima necesario que los establecimientos educativos
católicos lleguen a las zonas periféricas y marginales, sin abandonar las actuales obras,
con especiales facilidades para la niñez y la adolescencia; que el acceso a todos los
niveles de la enseñanza sea allanado a las clases menos favorecidas económicamente, lo
cual se cumple ya en muchos casos de manera ejemplar y digna de elogio; y que se
preste especial atención a la enseñanza asistemática a través de los medios de
comunicación social, de los movimientos juveniles y de cuanto contribuya a la creación
de una cierta cultura popular”
En los párrafos referidos a la educación, el DOCUMENTO DE PUEBLA
(1979), luego de recordar que para la Iglesia educar al hombre es parte integrante de su
misión evangelizadora, hace una observación de la situación, con estas expresiones:
“La labor educativa se desenvuelve entre nosotros en una situación de cambio
socio-cultural, caracterizada por la secularización de la cultura, influida por los medios
masivos de comunicación y marcada por el desarrollo económico cuantitativo…”
(n.1014)
“La creciente demanda educativa de diversa índole plantea también a la Iglesia
nuevos retos, no sólo en el campo de la educación convencional (colegios y
universidades), sino también en otros: educación de adultos, educación a distancia, noformal, asistemática, estrechamente ligada al notable desarrollo de los medios modernos
de comunicación social y, finalmente las amplias posibilidades que ofrece la educación
permanente” (n.1018)
Como urgencias pastorales en el campo de la educación señala la necesidad de
“promover la educación popular (educación informal) para revitalizar nuestra cultura
popular, alentando ensayos que por medio de la imagen y el sonido hagan creativamente
manifiestos los valores y símbolos hondamente cristianos de la cultura latinoamericana”
(n.1047)
El 2 de junio de 1980, el Papa Juan Pablo II en un discurso ante la UNESCO
abordó el problema de los medios de comunicación social:
“Esta soberanía que existe y que tiene su origen en la cultura propia de la nación
y de la sociedad, en la primacía de la familia en la acción educativa y, por fin, en la
dignidad personal de todo hombre, debe permanecer como el criterio fundamental en la
manera de tratar este problema importante para la humanidad de hoy, que es el
problema de los medios de comunicación social (de la información vinculada a ellos y
también de lo que se llama la ‘cultura de masas’). Dado que estos medios son los
medios ‘sociales’ de la comunicación, no pueden ser medio de dominación sobre los
otros, tanto por parte de los agentes del poder político, como de las potencias financieras
que imponen su programa y su modelo. Deben tener en cuenta la cultura de la nación y
su historia. Deben respetar la responsabilidad de la familia en el campo de la educación.
Deben tener en cuenta el bien del hombre, su dignidad. No pueden estar sometidos al
criterio del interés, de lo sensacional o del éxito inmediato, sino que, teniendo en cuenta
las exigencias de la ética, deben servir a la construcción de una vida ‘más humana’”.
(n.16)
En los textos referidos al tema educativo del documento IGLESIA Y
COMUNIDAD NACIONAL (1981), luego de plantear los problemas educaciones
presentes en la cultura y señalar la tarea educadora de la escuela, como la institución
educativa más importante, se sostiene con muy sólidos fundamentos, el derecho de
todos los hombres ala educación que incluye el derecho a la educación de todo el
hombre (formación integral). “Estas notas distintivas de la educación según el
pensamiento de la Iglesia, que aquí parece oportuno recordar, deben verse hoy, además,
en el marco de una sociedad caracterizada por la pluralidad de ideas, valores, modos de
pensar y opinar” (n.157)
En el documento EDUCACION Y PROYECTO DE VIDA del Equipo
Episcopal de Catequesis (1985) se aborda el tema de la educación por considerarla el
camino más eficaz para la renovación seria y profunda de la vida social y política.
El documento recuerda que además de la escuela, la familia, los pastores,
psicólogos, trabajadores sociales, etc., “no menor responsabilidad educativa tienen, de
hecho, los agentes de los medios de comunicación social, a quienes se dirige también
dicho documento por su mayor gravitación en el clima cultural del pueblo y, sobre todo,
por su influencias plasmadora en la mente y el corazón de las nuevas generaciones”. (3,
pto.7)
En el capítulo I, “La verdad sobre el hombre, imagen directriz de la educación”
se habla de la tare de educar como empeño de ayudar al hombre a lograr su plenitud,
partiendo de una adecuada concepción del hombre como persona en comunidad de
personas. “Esclarecer y justificar esta imagen resulta tanto más imperioso e
imprescindible para educar en el mundo de hoy cuanto que, a través de los diversos
medios de impacto cultural, se promueven modelos fuertemente atractivos, pero que
alejan al hombre de su ser y su quehacer esenciales. Tales concepciones del hombre
convierten la educación en manipulaciones de diverso signo, o le proponen al hombre
visiones positivistas que lo cierran a la trascendencia, lo reducen a categorías de
eficiencia y rentabilidad y sólo le ofrecen como meta el egoísmo del placer y el poder”.
(n.1)
Dentro de los fines de la educación que plantea el documento, se señalan metas
de madurez que son la identidad y el sentido del hombre. Entre otras, puntualiza:
“Correlativamente, resulta indispensable tener el marco de referencia de una
cosmovisión congruente a la luz de la cual surjan claras y rectas convicciones respecto
al sentido, valor y uso del poder, de las posesiones, el dinero, la fama, el éxito, el sexo,
el ocio, la publicidad, los medios de comunicación social, etc.” (n.34)
Educación y Proyecto de Vida afirma que la educación que suprime el juicio
crítico, que no despierta el sano sentido crítico, no es verdadera educación, sino
amaestramiento, domesticación y abuso del dominio de unos sobre otros, ya que “se
advierten nuevas situaciones creadas por los adelantos de la ciencia y de la técnica que
ponen sobre el tapete del debate público cuestiones referentes a la vida humana, sobre la
cual no se puede opinar con tanto ligereza como suelen hacerlo muchos medios de
comunicación social que, lejos de tener un propósito educativo, siembran
indiscriminadamente las más falaces ideas sobre contraconcepción, aborto, eutanasia y
suicidio” (cf. n.45)
Cuando el documento hace una revisión y replanteo de la escuela católica
argentina en el contexto nacional, reconoce el positivo esfuerzo de renovación en la
línea del Concilio Vaticano II que se ha realizado, e invita proseguir, sobre todo en
algunos puntos importantes. Uno de ellos:
“Desarrollar grupos entendidos en medios de comunicación de masas para
potenciar su posibilidad educativa”
Entre las opciones y prioridades señaladas en el capítulo 3, se reconoce a la
educación católica como aquella que ha de iluminar a los laicos en sus
responsabilidades específicas. “En efecto toca a ellos la transformación de las
estructuras sociales para que imperen el amor y la justicia entre todos los hombres
según el designio de Dios. Son los laicos quienes han de llevar el espíritu evangélico a
las actividades políticas, económicas, sindicales, etc.” (cf. n. 168)
Conclusión
Con este trabajo espero haber presentado los párrafos más significativos sobre la
realidad de los medios de comunicación social en los documentos del Magisterio de la
Iglesia sobre educación.
Desde hace tiempo la Iglesia tiene presente el poderoso impacto social de los
instrumentos de la comunicación, entendidos muchas veces como “la escuela paralela”.
De allí que no puede prescindirse de ellos al hablar sobre educación. En primer lugar
son los docentes quienes deben tener presente que los alumnos de hoy tienen intereses
visuales mucho más desarrollados que los de hace unos años atrás y son mucho más
concientes de las ideas y de los acontecimientos extra-familiares y extra-escolares. El
niño y el joven de hoy son moldeados por los medios de comunicación, sienten marcada
predilección por la imagen, por lo lineal, por lo fragmentario, por lo vivencial, por lo
inmediato…y difícilmente toleran el ambiente del aula tradicional, muy jerarquizada,
formalista y falsamente intelectualizada. Es indispensable tener presente esto a la hora
de pensar un proyecto educativo en la escuela.
Es necesario llegar a la mutua colaboración y complementación venciendo el
conflicto existente entre educación y medios de comunicación social. La escuela es la
institución que más podría aprovechar las enormes posibilidades que le brindan los
medios de comunicación social. Si examináramos la fuente de conocimiento de los
niños y los jóvenes, veríamos que ni la familia ni la escuela saldrían vencedoras.
Los medios de comunicación social han entrado en abierta competencia con la
escuela y con la familia tradicional y hay que convertir esa competencia en mutua
colaboración.
Por otro lado, es muy de lamentar que los medios no hayan sabido tampoco
asumir ese rol educador.
Soy conciente de que el tema merecería una mayor amplitud y profundización.
Sin embargo me han parecido suficientes los elementos propuestos en el presente
trabajo, en términos de una visión de conjunto y como punto de partida para un análisis,
una discusión y una reflexión posteriores sobre la relación entre educación y medios de
comunicación social.
Bibliografía utilizada
-CONSUDEC:“Documentos del Magisterio de la Iglesia sobre Educación Católica”,
editorial Claretiana, Buenos Aires, 1990.
-ORSINI-IRIARTE: “Realidad y Medios de Comunicación”, Ediciones Dabar, México,
1994.
-CELAM: “Hacia una teología de la comunicación”, DECOS-CELAM, 1998.
(*) Delegado Episcopal para las comunicaciones sociales del Arzobispado de
Rosario.
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