CXVII ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN ALFARISTA DE 1895

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CXVII ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN
ALFARISTA DE 1895
Montecristi, 5 de Junio de 2012
Queridas compañeras, queridos compañeros:
El 5 de junio de 1895, hace 117 años, una
ferviente multitud, constituida en Asamblea
Popular proclamó al General Eloy Alfaro
Delgado como Jefe Supremo de la
República del Ecuador.
Hoy celebramos el ciento diecisiete aniversario
del triunfo de la revolución radical
alfarista; esa revolución radical que construía
la secularización de la sociedad y la cultura,
que estableció la separación de la iglesia y el
Estado, que instauró el reconocimiento de
nuevas garantías constitucionales como la
abolición de la pena de muerte y la prisión por
deudas; una revolución integral que no se
quedaba en las reformas liberales, que
establecía cambios profundos, que buscaba la
extensión de todos los derechos políticos, por
ejemplo, para la mujer.
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Esta proclama, que le otorgaba todos los
poderes para movilizar fuerzas, para unificar
el país, para modificar el rumbo de la
República, para conformar un Estado laico al
servicio del Bien Común, esta confianza que
se depositaba en él, este compromiso ante la
Patria, ocurrió en su ausencia, mientras él
se encontraba en Nicaragua, como parte de su
acción política bolivariana que buscaba la
unidad de la región; había estado en Panamá,
en Perú, en México, en Costa Rica, en Manabí,
en Guayaquil, en Quito, en Zamora, en Napo,
en Loja, en Cuenca, en Alausí, en Daule y en
tantos
otros
lugares,
forjando
las
transformaciones profundas para la Patria
Grande y para el Ecuador; su voluntad
indomable entramaba la nueva independencia,
unía voluntades, conseguía fondos para la
lucha, concretaba medios para el combate,
lideraba tropas, organizaba estrategias, para
conseguir
la
verdadera
independencia
económica y política de su Patria y de toda
Nuestra América…
Por más de treinta años estuvo Don Eloy, en
el país y fuera de él, trabajando las ideas,
velando armas, alimentando sueños para
transformar el sentido mismo del ejercicio del
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poder, para que dejara de ser un instrumento
de extorsión y opresión, este poder, y pasara
a estar al servicio de las grandes mayorías,
con un Estado que vigilara la igualdad de
derechos civiles para todos. Saben, queridos
jóvenes, qué es lo más admirable, para mí, de
un Simón Bolívar, de un Eloy Alfaro, más que
sus legados maravillosos de independencia, de
revolución, de igualdad, es su constancia,
independientemente del triunfo o la derrota, lo
cual, como dice Rudyard Kipling pueden ser
simples accidentes, la constancia de Bolívar,
su espíritu de sacrificio, Bolívar cuando nació
era el niño más rico de Venezuela y lo dejó
todo por servir a la causa de la
Independencia, Eloy Alfaro, también venía de
una familia acomodada, lo cual derrumba los
mitos que los demagogos tratan de imponer a
los más pobres, de que solo el pobre salva al
pobre, solo el indígena ayuda al indígena, los
demás somos enemigos, así aíslan a esos
grupos, aíslan a las víctimas de la exclusión
de los no victimizados, que no somos
culpables de esa injusticia histórica, pero que
estamos dispuestos a dejar la vida para
corregir esta injusticia. Pero lo más admirable
de estos seres extraordinarios, Bolívar, Alfaro,
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fue su constancia, su espíritu de sacrificio, el
estar dispuestos a dejar todo para luchar por
su idea. Las oligarquías de esa época
llamaban a Alfaro, y durante mucho tiempo lo
llamaron despectivamente “el General de las
derrotas”. Treinta años pasó luchando y la
mayor parte de esos treinta años pasó
perdiendo, hasta que triunfó su Revolución
Liberal Radical y nos dejó el Estado Moderno
que permitió muchas más garantías; pero, por
supuesto, todavía faltaba muchísimo para
conseguir esa justicia social, esa igualdad,
pero dejó sentadas las bases para aquello. El
mejor legado que nos puede dejar Alfaro es su
ejemplo
de
constancia,
sacrificio,
desprendimiento inmenso, sin límites.
Este encargo, este nombramiento de Jefe
Supremo que la Asamblea Popular le confería
a Eloy Alfaro, reconocía al indiscutible líder de
la insubordinación popular, al dirigente
político, al incorruptible, pese a todo lo que le
dijo la prensa en ese entonces-. Prohibido
olvidar, queridos jóvenes, para no ser víctimas
de los mismos victimarios, para no ser
engañados por los mismos de siempre.
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En un gran acierto, el Ministerio coordinador
de Patrimonio, que dirige la Ministra María
Fernanda Espinoza, ha hecho este estudio
histórico; éste no es un pasquín, son estudios
muy serios, sobre el papel de la prensa en la
época Alfarista, se titula “La tinta, el papel, y
el odio mataron al Viejo Luchador”, por favor
revísenlo,
estúdienlo,
discútanlo,
para
aprender de la historia, para no ser víctimas
de los mismos que encendieron la Hoguera
Bárbara. Este nombramiento de la Asamblea
Popular era el reconocimiento al líder, al
dirigente político, al incorruptible, pese a que
todos los días le llamaban “ladrón” en la
prensa corrupta de ese entonces, al
incorruptible, que por más de 30 años había
luchado por cambiar los destinos de nuestro
país; el pueblo reconocía así a su aliado de
toda la vida y le entregaba el ejercicio del
poder para que cumpliera las esperanzas que
había sembrado en miles y millones de
desamparados, durante tantos años.
Los conservadores lo aborrecían, los liberales
lo aceptaban a regañadientes, no era uno de
ellos. Don Eloy era pueblo. Mientras los
liberales buscaban cambios tibios, Alfaro era,
como nuestra Revolución, radical, porque
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radical era la situación de nuestro país, de
nuestra América, y continua siéndolo, y
requiere de respuestas radicales. Alfaro era
radical. El sabía que los cambios a medias no
funcionan, que solo una verdadera revolución
podía democratizar el país, y democratizarlo
de verdad, que no es tener elecciones cada
cuatro años; la esencia de la democracia,
queridos jóvenes no lo olviden, es la igualdad
de oportunidades, en lo que hemos
avanzado mucho en la Revolución Ciudadana,
pero todavía nos falta muchísimo por hacer,
para tener en nuestro país y en nuestra
América esa igualdad de oportunidades, base
de la verdadera democracia, por eso este día
no debe recordarse como el día del
liberalismo, porque en realidad es el día del
radicalismo. Alfaro fue mucho más allá de lo
que se concebía como liberalismo en esa
época, los liberales eran burgueses, no
querían igualdad, discriminaban, lo que no
querían era el poder eclesiástico, el poder
terrateniente, pero a Alfaro, definirlo solo
como liberal sería subestimar su inmensa
figura histórica, fue mucho más que un liberal,
fue un radical, dio respuestas radicales ante
las
injusticias,
las
diferencias,
las
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desigualdades que existían en el Ecuador de
ese entonces y que todavía existen hoy. El es
en realidad radical y este es el día del
radicalismo, porque esa era la filiación política
de Alfaro y porque ese era el deseo del
pueblo,
un
cambio
radical,
profundo,
revolucionario.
Eloy Alfaro Delgado, que había sido nombrado
ya General en Nicaragua, donde también
combatió por la libertad. Y que ¡Viva nuestra
Nicaragua Sandinista!; que ¡Viva nuestra
América Latina martiana, guevarista! –otro
hombre que nos dejó un legado extraordinario
de entrega sin límites-, que ¡Viva nuestra
América bolivariana, nuestra América de
tantos próceres, que nos han enseñado el
camino a seguir! Alfaro, desde Nicaragua,
aceptó este nombramiento que le hacía la
Asamblea Popular en el Ecuador y marcó un
verdadero cambio de época.
El
Viejo
Luchador
llevaba
30
años
combatiendo. Queridos jóvenes, les insisto,
despectivamente se burlaban de él y lo
llamaban el “General de las Derrotas”, como si
eso fuera lo importante, lo importante es ser
coherentes con los principios, estar dispuestos
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a dar la vida; si no tienen algo por lo que dar
la vida, tal vez esa vida no vale la pena
vivirla; y su ideal era Ecuador, su ideal era
esa América, esa Patria Grande libre de
injusticia, digna, soberana, como lo está
buscando
la
Revolución
Ciudadana
en
nuestros días. El Viejo Luchador llevaba
treinta años combatiendo, “no buscaba nada
para sí”, aquí en Montecristi tenemos esta
frase como guía, “no buscaba nada para sí,
todo para su pueblo”, para que amaneciera la
libertad, para que la gente fuera considerada
gente más allá de su credo, de su raza o su
cultura; para que la libertad de pensamiento,
de expresión, de reunión, fueran posibles;
para que la educación pública, laica y gratuita,
fueran posibles; para que la salud fuera un
derecho; para que hubiera caminos y un tren
trasandino unificara esta Patria partida,
dividida, esparcida y ajena.
30 años de sacrificios, de destierros, de
encierros, de naufragios, de batallas, de
victorias, de derrotas, siempre tras el mismo
objetivo, abogando por la felicidad, por la
hermandad, por la civilidad, en medio de la
barbarie que reinaba en el país, contra el
despotismo que continuaba a pesar de la
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Independencia, luchaba contra la dominación
semi esclavista que continuaba desde la
Colonia con los pueblos indígenas, luchaba
contra el discrimen a las mujeres y a los
afrodescendientes, que aunque habían sido
manumitidos por Urbina, continuaban bajo un
régimen de exclusión total; luchaba contra la
inequidad, contra la corrupción, contra la
demencia de la explotación voraz.
30 años venía sembrando con ideas fértiles en
todo el suelo nacional; treinta años venía
luchando, machete en mano, blandiendo
ideas,
conceptos
políticos,
propuestas
trascendentales; organizando ejércitos de
voluntarios,
sin
recursos,
sumando
colaboraciones generosas en el país y fuera de
él; sin logística, aceptando el sacrificio de
quien entregaba su sementera, su único
caballo, su única oveja, para apoyar a la
causa; armando el rancho del día con las
verduras que la gente del lugar les ofrendaba;
alimentándose del cariño popular, que era el
mejor sustento de las montoneras; sin
armamento,
juntando
palos,
escopetas,
rastrillos, machetes, así se juntaron cientos de
miles, hombres y mujeres, descamisados,
cholos,
negras,
guarichas,
montubios,
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indígenas, mestizos, todos para ir a cambiar la
historia, si no para ellos mismos, para sus
hijos y los hijos de sus hijos.
Antes de Alfaro el país no estaba unido en
un solo imaginario, los intereses económicos
de la Costa estaban en franca disputa con los
de la Sierra; y no se trataba de simples
regionalismos exacerbados, los oligarcas se
disputaban espacios de poder a sangre y
fuego. Claro que siempre los pobres ponían
los muertos y los ricos se disputaban el país a
dentelladas.
No había caminos entre Costa y Sierra, entre
Sierra y Oriente -es difícil imaginarse el país
de ese entonces, ahora ustedes pueden salir a
cualquier restaurante de Quito y servirse un
ceviche de camarones, ¿verdad?-. Hace un
siglo no se conocía eso en la Sierra, porque no
se
podían
transportar
mariscos
adecuadamente, eso se logra con el tren;
incluso se conocen nuevos alimentos de
diferentes regiones del país. No había
caminos, gran parte del territorio estaba
desconectado, no existían instituciones civiles,
todo era manejado por la iglesia católica y
profesar otro credo se consideraba un delito;
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los indígenas continuaban sometidos al pago
de diezmos y a esa abominable institución que
era el concertaje; no había Ejército regular, ni
Marina, no había paz en las fronteras; ese era
el Ecuador que teníamos antes de Alfaro,
fraccionado,
sometido
a
los
poderes
eclesiásticos y oligárquicos de la época.
Los conservadores se regodeaban en esta
tierra de nadie donde ellos podían explotar a
sus anchas recursos y personas, gracias a la
indiferencia de un Estado minimizado y
corrupto, que no cobraba impuestos, que no
defendía a los trabajadores, a los campesinos
o a los descalzos, y que no hacía inversión
pública para el bien común; los liberales
aceptaban este status quo simplemente
pidiendo más libertades pero para las élites,
sin llegar a amenazar el poder que había
ostentado la iglesia desde la Colonia; nunca se
propusieron liberar de la semi esclavitud a
millones de conciudadanos indígenas, porque
al igual que los conservadores, ellos
simplemente no los consideraban como
sus iguales; hacían lo mismo con las
mujeres,
los
afrodescendientes,
los
discapacitados, los enfermos, los desposeídos,
los pauperizados, no los veían, los borraban
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de su mapa mental; en cambio, el General
Alfaro, radical entre los radicales, no solo
los veía, sino que vivía dispuesto a morir por
defender
los
derechos
de
los
más
desposeídos.
Es gracias a Alfaro que hoy tenemos
Patria, muy probablemente sin Alfaro la
Patria se hubiese disuelto en medio de tantas
pugnas internas, tantos problemas en las
fronteras, sin fuerza pública organizada, sin
un Estado consolidado; es gracias a Alfaro que
hoy tenemos Patria, gracias a su vida
entregada y ferviente, y también gracias a su
machete montonero. Gracias a ese “diablo” a
ese “masón”, tenemos hoy identidad civil,
igualdad en esa identidad, todos nosotros,
incluidos los que por siglos permanecieron
“invisibles”, mujeres, indígenas, afros y
montubios (aunque solamente ahora, con la
Revolución Ciudadana, son reconocidos y
reivindicados plenamente en sus derechos, no
solamente ellos, sino todas las diversidades,
pero esa semilla la dejó sembrada el General
Alfaro y su Revolución Liberal Radical); fue
gracias a ese Alfaro que se fundó el
Estado laico que hoy nos cobija y eso nunca
se lo perdonarán los poderosos.
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Así como ahora, los poderes fácticos que se
opusieron a los cambios de la Revolución
Radical Alfarista, también ahora se oponen a
las
transformaciones
profundas
de
la
Revolución Ciudadana; poderes de la banca
corrupta que vela sólo por sus intereses;
ciertos grupos eclesiásticos que siempre
han medrado de la ignorancia, que siempre
han contemporizado con los poderes fácticos;
la prensa calumniadora y falaz, la que
suscribe mentiras y dicterios, la que publica
infamias, la que corrompe el sentido de la
democracia, la que distorsiona la libertad de
expresión, esa prensa “libre”, entre comillas,
pero libre de impuestos, libre de criterios,
libre de ideas; esa prensa que llamaba al
general
Alfaro
“abyecto”,
“asesino”,
“corrupto”… esos son los poderes que
combatieron a la Revolución Radical, esos son
los intereses que azuzaron la pira criminal, la
bárbara hoguera, y nos enorgullece, mi
General Eloy Alfaro Delgado, tener sus
mismos enemigos, esos mismos poderes
tratando de minar los logros de los ciudadanos
y ciudadanas del siglo XXI.
Pero, si lograron en forma criminal detener la
Revolución de Eloy Alfaro, deteniendo su vida,
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ahora se topan con un pueblo altivo, que es
capaz de tomarse las calles y las plazas para
defender esta Revolución como en aquel
nefasto 30 de septiembre; esta Revolución es
imbatible porque está llena de pueblo, llena
de millones de manos y de voluntades que se
movilizan, que construyen esta Patria Nueva,
esta vida nueva.
El pueblo se ha cansado de la perversidad, de
la calumnia y el despropósito de esas
empresas dedicadas al negocio de la
información, que no vacilan en manipular,
en distorsionar la verdad; esas supuestas
verdades que apenas llegan a ser lo que el
dueño del medio, el propietario de la
imprenta, los accionistas de la empresa,
quieren que sea. Hace poco nos quisieron
hacer creer que nuestro país se encontraba en
un estado de indefensión, cuando en realidad
es nuestra sociedad la que está en un
verdadero estado de indefensión frente a lo
que 5 o 6 familias propietarias de estas
empresas de comunicación quieren que
creamos, quieren que pensemos. ¡Nunca más!
Ellos, los de siempre, son los que nos han
inmovilizado desde hace décadas, siglos,
sembrando en nuestro imaginario los mitos de
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que somos corruptos, vagos, indolentes,
que somos un pueblo sin proyecciones, sin
futuro, profundizando uno de los problemas
más graves que han tenido nuestros pueblos
para liberarse de los yugos: su baja
autoestima.
¡Basta!
Somos
un
pueblo
hermoso, solidario, inteligente y creativo; un
pueblo con sueños y esperanzas, un pueblo
que avanza hacia el futuro. Que nos roben
todo, queridos jóvenes, menos la esperanza,
la fe en nosotros mismos.
Compañeras, compañeros:
De las entrañas del pueblo más humilde nació
esa Revolución Alfarista, de las manos callosas
de
los
sembradores,
del
pensamiento
libertario de los maestros, Juan Montalvo,
amigo de Don Eloy, de los esfuerzos de
quienes siembran el trigo y los poemas; esa
revolución vio la luz a través de los ojos
profundos de los trabajadores; se entibió en el
lucero recién nacido de la madrugada de los
que hacen el pan; se hizo fuerte con el amor
sin límites de las amas de casa, de los que
sueñan con la Patria.
En el brillo de los ojos de la gente que
recupera los sueños, está vivo mi General, en
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la fuerza y el aliento de nuestro pueblo. Ese
coraje creador, esa confianza en nosotros
mismos, ese pundonor, esa alegría, son
las cartas credenciales del nuevo país,
con la imagen indeleble del “Cóndor de
América”; por ello, es que nos atrevemos a
decir que Usted, General Eloy Alfaro Delgado,
está otra vez luchando por su gente, está más
vivo que nunca.
Por supuesto que todos sus cambios radicales
le ganaron muchos enemigos –así como de
enemigos está empapelada la Revolución
Ciudadana con los periódicos QUE ENCIENDEN
HOGUERAS CRIMINALES-; esos enemigos
están
conspirando
todos
los
días,
especialmente en los círculos de los poderosos
que perdieron prebendas, incluso reuniéndose
con mafiosos ex presidentes extranjeros…
Si Don Eloy estuviera entre nosotros, a los
conceptos de libertad, igualdad, fraternidad, él
mismo añadiría aquellos que incorporamos en
la Revolución Ciudadana: equidad, justicia,
inclusión,
respeto
a
la
diversidad,
permanencia de las culturas y amor
inclaudicable por la vida.
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Eloy Alfaro Delgado fue el artífice de la más
grande transformación política que ha tenido
el Ecuador. General, en nombre de la Patria,
reconocemos con humildad que su Revolución
hoy nos alumbra y nos dirige:
¡La Revolución Ciudadana es Alfarista!
Nosotros por convicción, por profesión de
vida,
propugnamos
y
defendemos
los
Derechos Humanos, los derechos civiles y
hasta los derechos de la naturaleza; sin
embargo hay quienes dicen que ahora ya no
hay libertad, porque ya el mercado no nos
domina, sino que dominamos al mercado,
porque ya el ser humano en nuestro país está
sobre el capital.
En nuestro informe reciente en Ginebra
recibimos el beneplácito de más de 77 países,
que ovacionaron la visión integral que aplica
nuestra Revolución y esa es una verdad que
no podrá ser borrada por tramposos titulares.
Las cifras hoy nos dicen que tenemos un
crecimiento económico de casi el nueve
por ciento, lo que era una utopía hace cinco
años; tenemos una macroeconomía saludable,
hemos disminuido la pobreza; en plena crisis
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mundial
hemos
logrado
disminuir
el
desempleo y el subempleo a records
históricos;
hemos
avanzado
en
competitividad,
crecido
en
industria,
disminuido la desigualdad, hemos alcanzado
mejores niveles de vida. Estas son victorias
colectivas, es el trabajo de nuestra sociedad
en su conjunto, de nuestro pueblo es la gloria,
porque las independencias, las revoluciones,
no las hacen los líderes únicamente, las
realizan los pueblos, con cohesión social, con
esperanza, con pasión de Patria, con infinito
amor. Nuestra Revolución Ciudadana es el
resultado de la suma de millones de
voluntades, de millones de manos, de
millones de sueños a los que no
renunciaremos.
Nuestra Revolución es auténtica, es una
revolución
pacífica,
democrática,
profundamente humanista, bolivariana y
Alfarista, pero Revolución. Hoy nuestros
campos de batalla son las ideas, las
realizaciones y las urnas, nuestras balas
son los votos, nuestros soldados los
ciudadanos y ciudadanas. El futuro que nos
espera depende de nosotros, de nuestras
visiones, entrega y acciones. Pero el camino
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es hacia adelante, siguiendo la luz de los
grandes líderes que nos antecedieron,
persiguiendo las grandes utopías, que por ser
inalcanzables sirven para eso, para avanzar.
Las metas son ambiciosas. No queremos
únicamente
acabar
con
la
miseria
extrema, sino desterrar de nuestro
territorio para siempre toda clase de
pobreza. No queremos un país pequeño y
sometido, sino un país soberano, ejemplo de
ética en la región y en el mundo, un país lleno
de
creadores,
de
soñadores
y
de
emprendedores; un país parte de la Patria
Grande que Usted, y su amigo José Martí,
soñaron, un país pequeño en extensión, pero
inmenso en ideas, en propuestas, en
realizaciones.
En este día de fiesta nacional, en que
conmemoramos 117 años de la Revolución
Alfarista, le agradecemos, Don Eloy, su vida
de servicio entregada a la Patria, a los
montoneros, a los cholos, a los indígenas, a
los afros, a las mujeres, a los librepensadores,
a los trabajadores, a los hermanos y
hermanas que enarbolaron sus ideales y que
lucharon por ellos, le agradecemos en este día
19
su gesta, honramos su memoria y renovamos
la promesa de jamás traicionar a nuestra
gente, de no detenernos hasta consolidar una
Patria justa, productiva, equitativa, feliz y
soberana.
General Eloy Alfaro Delgado, General de
hombres libres, Usted fue nombrado General
en la hermana República de Nicaragua, por
sus servicios relevantes en la lucha por la
unidad y por el establecimiento de los
principales derechos de los pueblos; el
Ecuador ha mantenido en forma indigna esa
deuda histórica para con Usted y con la
Revolución Radical; hoy, en nombre de la
Patria, en reconocimiento a sus ideas, a su
coherencia, a su lucha, a su monumental
esfuerzo
por
cambiar
el
país;
en
reconocimiento a su memoria combativa que
nos cobija y nos alumbra; en nombre de los
catorce
millones
de
ecuatorianas
y
ecuatorianos, tengo el privilegio de otorgarle
el grado de General de la República del
Ecuador, –qué privilegios inmerecidos que da
la vida, cuándo me iba a imaginar de joven,
de niño, de adolescente, que la vida me iba a
dar el privilegio de nombrar a Eloy Alfaro
Delgado General de la República-, junto al
20
reconocimiento de ser el Comandante en
Jefe de la Revolución Ciudadana.
¡Hasta la Victoria siempre!
Rafael Correa Delgado
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA
REPÚBLICA DEL ECUADOR
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