El campesino y el diablo

Anuncio
El campesino y el diablo
Hermanos Grimm
Había una vez un campesino muy listo al que le gustaba mucho gastar bromas.
Una vez fue capaz, incluso, de engañar al mismísimo diablo. ¿Quieres saber
cómo lo hizo?
Pues sucedió que un día el campesino acabó de labrar su campo muy tarde,
y sin que se diera cuenta se le había echado la noche encima. Mientras se
preparaba para regresar a casa, observó que había algo resplandeciente, como
un montón de ascuas encendidas, tras unos matorrales. Se acercó a averiguar
que era y vio con sorpresa a un pequeño diablo negro, sentado encima de
todo aquello que brillaba.
¿No me dirás que estás sentado encima de un tesoro? - preguntó el campesino.
-¡Claro que sí! – respondió el diablo. Aquí debajo hay un tesoro con más oro
y plata del que hayas visto en tu vida.
-Mira, pues el tesoro está en mis tierras, y por lo tanto es mío- dijo el
campesino.
- Si durante dos años me das la mitad de lo que cultives, este tesoro
será tuyo. A mí no me hace falta el dinero, yo quiero los frutos de la tierra contestó el diablo.
El campesino se lo pensó un poco y después aceptó, pero con la condición
de que a la hora del reparto el diablo se quedara con lo que saliera a la
superficie de la tierra, y él con lo que quedara debajo.
El diablo no tuvo ningún inconveniente en aceptar aquel trato que
parecía tan bueno, sin saber que el astuto campesino había plantado nabos.
Cuando llegó el día de la recolección, el diablo se presentó dispuesto a recoger
su parte, pero no encontró nada más que unas hojas amarillentas y marchitas.
El campesino, muy satisfecho contaba sus nabos.
-Vamos a ver – dijo el diablo con cara de enfado. Pase por esta vez,
pero para la próxima lo haremos al revés. Tú te quedarás con lo que salga a
la superficie de la tierra, y yo recogeré lo que quede debajo.
Al campesino le pareció un buen trato y aceptó sin dudar. En lugar de
nabos aquella temporada sembró trigo. Así pues, una vez que el trigo hubo
madurado, el campesino segó su campo y se llevó las espigas. Cuando el diablo
llegó no encontró mas que rastrojos, desapareció lleno de rabia, jurando no
volver más por allí.
-Ha sido una buena manera de burlarse de ese sinvergüenza- dijo el
campesino, feliz y contento, mientras contemplaba por enésima vez su tesoro.
Lenguaje y Comunicación 2º Básico
Descargar