escuchad a vuestros líderes - conferencia general

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Conferencia General Abril 1978
ESCUCHAD A VUESTROS LÍDERES
élder Gene R. Cook
del Primer Quórum de los Setenta
Hace varios meses mientras viajaba, tuve la oportunidad de explicarle a un
hombre por qué yo vivía en Sudamérica.
Cuando pudo comprender algo acerca de la Iglesia, su doctrina, y mi función
como Autoridad General, él dijo: "No comprendo cómo puede usted dedicar su vida a
otro hombre, como este señor Kimball, y permanecer en este país por el tiempo que
él le diga". Y yo respondí: "Yo tampoco podría entenderlo si él fuera sólo un hombre",
y le di mi testimonio del verdadero papel del Profeta sobre la tierra y de que por su
intermedio, yo haría cualquier cosa por el Señor.
Hace algunos años llevé a una persona que todavía no era miembro de la Iglesia,
a una reunión en la que se hallaba una de las Autoridades Generales. Le había dicho
previamente que se trataba de un ungido del Señor. Después de la reunión el hombre
comentó: "Bueno, no es más que un hombre".
Supongo que él esperaría ver un ángel, una demostración milagrosa o algo así,
corno evidencia tangible de su llamamiento divino como Autoridad General.
A menudo me he preguntado cuántos de nosotros nos habríamos decepcionado
si hubiéramos estado en la presencia de Jesucristo, el Hijo de Dios, en el meridiano
de los tiempos. La mayoría de la gente veía en Jesús nada más que a un hombre.
Sólo unos pocos con discernimiento espiritual supieron quien era El en realidad. Si
vamos a juzgar con nuestros sentidos naturales, jamás percibiremos la verdad del
mundo espiritual.
Hermanos, ¿habéis escuchado realmente el inspirado consejo de estos buenos
hermanos que os han hablado durante esta conferencia? ¿Estáis dispuestos a
obedecer y seguir sus consejos y el consejo de vuestros líderes locales?
¿Cómo os sentís con respecto a este importante asunto de apreciar
espiritualmente a vuestros líderes en la forma en que lo hace el Señor? Nuestra
respuesta a esa pregunta debería ser similar a la de los fieles israelitas quienes le
dijeron a Josué:
"Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera
que nos mandes.
De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a
ti..." (Josué 1:16-17.)
Otro hombre preguntó en una oportunidad: "¿Saben acaso las Autoridades
Generales lo que sucede alrededor de ellos? Estoy seguro de que ellos desconocen
estos problemas a los que nosotros nos vemos enfrentados". Otra hermana dijo: "Si
el obispo supiera lo que yo sé acerca de las dificultades de la Sociedad de Socorro, sé
que actuaría en forma diferente. Lástima que él no nos consulte más a menudo, para
tener más opiniones acerca de cómo manejar el barrio". Otro dijo: "Yo no le pido
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consejos a mi presidente de rama porque tenemos opiniones diferentes. Nuestras
personalidades difieren mucho; parece que estamos en distinta sintonía de onda."
Quisiera decir hermanos, que tanto las Autoridades Generales como vuestros
presidentes de estaca, obispos y líderes de quórumes del Sacerdocio, ciertamente
conocen los principios gobernantes del evangelio, las cosas verdaderamente
importantes, y comprenden asimismo que todo lo demás se resolverá en su debido
tiempo. Esta es la Iglesia del Señor, es dirigida por El mediante una definida línea de
revelación por intermedio del poder del Sacerdocio. Creemos en los milagros de Dios
y que El no cesa de llevar a cabo milagros espirituales mediante sus líderes del
Sacerdocio.
En cualquier presidencia u obispado, tanto el presidente como el obispo pueden
ser aconsejados por sus consejeros y tal vez por otras personas, pero la decisión final
es hecha por inspiración. En la Iglesia sin embargo, no apoyamos el tipo de dirección
colectiva, en la que se reúnen, pesan y miden las opiniones de todos y se llega a una
decisión de acuerdo con la mayoría. Puede haber algunas pocas excepciones al caso,
pero generalmente hablando, ese tipo de enfoque representa el modo en que el
mundo administra sus asuntos. Muchas otras iglesias se encuentran en la misma
categoría, sólo porque no tienen nada mejor. Todo lo que el mundo puede hacer es
discutir un asunto, compartir una opinión, intercambiar experiencias y luego tratar de
llegar a la mejor conclusión utilizando los elementos que tiene a mano.
En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, los líderes en todos
los niveles de administración, dependen de la revelación de Dios para dirigir como
mayordomos dentro del campo que se les ha asignado. Hay mucha gente que no
busca consejo en las personas apropiadas; hay demasiadas personas que prefieren
dar consejos en lugar de recibirlos. Recordad que otros pueden compartir con
vosotros su experiencia o aumentar vuestro entendimiento sobre algo, pero si estáis
deseosos de recibir revelación con respecto a vuestra mayordomía, ésta debe venir
del Señor. La podéis recibir directamente de El o como una revelación mediante
vuestro líder inmediato del Sacerdocio.
Una de las mayores bendiciones de esta Iglesia es que todos tenemos un líder
espiritual a quien podemos dirigirnos. En el caso de un padre, sus hijos y esposa son
quienes consultan con él, ya que es el líder espiritual del hogar. Con tal atención, la
esposa y los hijos no se dirigen al líder del quórum del Sacerdocio, tal como lo hace el
esposo con respecto a algunos asuntos, sino que hablan con el obispo o presidente
de rama. Si hubiera un problema en el matrimonio, los cónyuges hablan con el
obispo, ya que él preside sobre ambos, como obispo y sumo sacerdote presidente del
barrio. No necesitan ir a ningún otro lugar, a menos que sea por consejo directo del
obispo.
Después de enumerar varios dones espirituales, el Señor provee el siguiente
consejo relacionado con vuestro obispo o cualquier otro líder presidente del
Sacerdocio:
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"Y el obispo de la Iglesia, y cuantos Dios llamare y ordenare para velar sobre la
Iglesia y ser sus élderes, recibirán el poder de discernir todos estos dones, no sea que
haya entre vosotros alguno que profesara tenerlos sin ser de Dios." (D. y C. 46:27.)
Se hace muy claro el hecho de que los líderes presidentes del Sacerdocio tienen el
don de discernimiento.
Recordad que en ciertos momentos vuestro líder local del Sacerdocio, puede
tener opiniones diferentes a la vuestra. Los desacuerdos parecerían crearse sobre
detalles y métodos de llevar a cabo las cosas, pero nunca se basan en diferencias
sobre principios del evangelio. Vuestro líder tiene el derecho de actuar con su
personalidad y de acuerdo con su propia experiencia, lo cual en la práctica puede ser
algo diferente de la manera en que vosotros lo haríais. Sin embargo, el consejo del
líder del Sacerdocio dado en el espíritu adecuado, procede del Señor.
Vivimos tiempos difíciles. Cuando recibimos de nuestros líderes consejos difíciles
de comprender podemos pensar: "Padre, creo en lo que se me ha dicho; y a su
debido tiempo y cuando haya pagado el precio necesario para saber, permíteme
comprender por qué."
Es un don del espíritu el creer en las palabras de los líderes del Sacerdocio. Me
parece oírlos decir: "Creedme, porque desde aquí la perspectiva es mucho más clara
que desde donde vosotros estáis. Creedme, porque yo puedo ver claramente más
allá de la próxima colina". Si escuchamos a padres sabios y a los líderes del
Sacerdocio, podremos percibir que ellos aconsejan con la ayuda de los poderosos
lentes de la eternidad, y no con la de anteojos baratos. Podemos entonces aprender
vicariamente mediante la visión espiritual de los demás, sin tener que experimentar
nosotros mismos para aprender a diferenciar el bien del mal.
Recordad por último que en la Iglesia no deseamos la obediencia ciega.
Deseamos que cada individuo sepa por sí mismo que cada consejo que recibe de sus
líderes, proviene del Señor. Todos tenemos el derecho, el gran privilegio de saber del
Señor y por nosotros mismos, que hemos sido bien aconsejados. Si somos pacientes
y confiamos en el Señor, sabremos que los líderes del Sacerdocio aconsejan en
justicia y nos ayudan a caminar rectamente delante del Señor.
Ruego que podamos ser más humildes y que tengamos el deseo de recibir y
obedecer buenos consejos. Que nadie pretenda aconsejar al Señor, sino que
busquemos el consejo de Su mano y de sus inspirados líderes del Sacerdocio, lo cual
es lo mismo, en el nombre de Jesucristo. Amén.
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