2. problemas coloniales

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B – PROBLEMAS COLONIALES: LA GUERRA DE CUBA
En el XIX Cuba era la región más desarrollada de España: tuvo antes el FFCC, la máquina de
vapor, una economía saneada en base a la exportación de tabaco, cacao y azúcar.
En Cuba existían unos grupos de presión muy poderosos: son los terratenientes “criollos”
(descendientes de españoles, grandes terratenientes de plantaciones cultivadas por mano de
obra esclava) y los “indianos” (españoles, terratenientes, comerciantes, funcionarios,
militares), con intereses contrapuestos.
El origen del independentismo cubano lo encontramos en el proteccionismo y el
intervencionismo político desde la metrópoli, que en opinión de los criollos mermaba las
posibilidades de desarrollo de la isla (comercio con EEUU)
Cuando en 1868 se decretó la abolición de la esclavitud, la minoría criolla vio atacada desde la
metrópoli su fuente de ingresos e hizo suyas las ideas autonomistas e independentistas.
Se lanzó el “Grito de Yara” (“Cuba Libre”) que reclamaba una total autonomía política y
económica, por el que se inició la “Guerra de los Diez Años”.
Los intentos por llegar a un acuerdo durante el reinado de Amadeo I y la I República fueron
boicoteados por la intransigencia de los indianos, contrarios a cualquier concesión.
En 1875 el gobierno de la Restauración envió un ejército de 25.000 hombres al mando de
Martínez Campos para pacificar la isla. Lo consiguió, arrinconando a los independentistas, y
haciendo algunas concesiones en el “Convenio de Zanjón” (1878): conversión de Cuba en una
provincia más, con los mismos derechos que las peninsulares, indulto para los
independentistas, promesa de un futuro estatuto de autonomía.
Pero en los años siguientes no se hizo nada por las presiones de los “indianos”. No se dio una
autonomía (el proyecto iniciado en 1893 no fue aprobado por las Cortes por la presión de los
indianos), no se cambió la política económica (proteccionismo, para defender el comercio
español frente al de EEUU, lo que los cubanos consideraban que era muy perjudicial para su
economía). A esto se sumó desde 1880 la crisis del sector azucarero por la competencia de la
remolacha azucarera, la definitiva abolición de la esclavitud en 1888 y el arancel aduanero de
1891.
La oligarquía cubana vio que sus intereses jamás podrían estar defendidos dentro de España.
El independentismo se extendió también a las capas populares.
También en EEUU hubo una gran tensión por dichos aranceles (fuertes intereses económicos
en la isla): era el principal receptor de las exportaciones cubanas, pero Cuba sólo le compraba
1/3 de sus importaciones por el proteccionismo español. EEUU alentaba y financiaba el
independentismo cubano, daba refugio sus líderes (José Martí, fundador en 1892 del Partido
Revolucionario Cubano).
La nueva insurrección empezó en 1895 con el “Grito de Beire”. Fue una guerra de guerrillas
entre los campesinos, partidarios de la independencia (liderados por Martí –muerto en 1895- y
por Antonio Maceo), y el ejército español, compuesto por soldados novatos, mal instruidos y
alimentados, sin ganas de combatir, entre los que pronto cundió el desánimo, en una zona
selvática. El ejército enviado al mando de Martínez Campos no obtuvo victorias contundentes,
por lo que fue relevado por Valeriano Weyler, quien ordenó la construcción de “campos de
internamiento” para aislar a la población civil de los insurrectos (en realidad un chantaje para
los independentistas), donde vivían en tan pésimas condiciones higiénicas y alimentarias que
morían más que en el frente de guerra (genocidio).
Los intentos por apaciguar el conflicto destituyendo a Weyler, concediendo autonomía a la isla
y rebajando los aranceles aduaneros, llegaron demasiado tarde (1897). La sublevación se
extendió a Puerto Rico y Filipinas (rápidamente sofocadas: 1896-97).
EEUU ayudaba a los independentistas con apoyo material y armamento. Las relaciones entre
España y EEUU se enrarecieron hasta extremos pre-bélicos (prensa sensacionalista, Randolph
Hearst). La excusa de la “Doctrina Monroe” (ayudar a la independencia de los pueblos
americanos frente a las potencias europeas) encubría importantes intereses imperialistas.
Cualquier excusa podía servir para la intervención de tropas de EEUU en el conflicto. En
febrero de 1898 amarró en el puerto de La Habana el “Maine”, barco de guerra enviado para
proteger los intereses de EEUU. Pocos días más tarde estalló y se hundió, provocando más de
200 muertos entre sus marineros (18 de Febrero). La comisión de investigación norteamericana
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llegó a la conclusión de que la causante había sido una mina puesta por los españoles (sin
pruebas, hoy se piensa que pudo ser una explosión fortuita desde el interior).
EEUU planteó a España el ultimátum de un inminente abandono de la isla o la guerra.
Las autoridades españolas, aun sabiendo que la guerra contra EEUU estaba perdida, pero
presionadas por la prensa sensacionalista, los partidos conservadores, los mandos del ejército
y el ardor nacionalista patriotero, rechazaron el ultimátum.
EEUU declaró la guerra el 25 de Abril. La guerra fue un paseo militar para EEUU. Se hundió la
flota española del Atlántico (recién llegada de Guinea Ecuatorial) en la bahía de Santiago de
Cuba el 3 de Julio de 1898 (barcos de madera contra acorazados); tropas de EEUU
desembarcaron en Cuba y en Puerto Rico. También en Filipinas la flota española fue derrotada
en Cavite (1 de Mayo).
A partir de Agosto se iniciaron las negociaciones de paz, que culminaron en Diciembre con el
Tratado de Paz de París:
- España concedía la independencia a Cuba, aunque bajo la “protección” de EEUU.
- EEUU compraba a España Puerto Rico, Filipinas y Guam.
- Posteriormente España vendió otros archipiélagos del Pacífico a Alemania: islas Carolinas,
Marianas, Palaos, etc.
España había enviado más de 200.000 soldados a la guerra, de los que murieron más de
65.000 (5.000 en combates, el resto de enfermedades tropicales), perdió su flota de guerra y lo
mejor de su oficialidad.
Se tomó conciencia del aislamiento internacional: ni GB ni Francia (aliados tradicionales en la
2ª mitad del XIX) ayudaron a España.
La pérdida del imperio cuando las demás potencias lo estaban creando convenció al mundo de
la decadencia moral de España (Darwinismo social) y fue un duro golpe para el nacionalismo
español.
Se enfrentó obstinadamente, de un modo suicida, a la 1ª potencia económica y militar del
mundo, y acabó perdiendo lo que quedaba de su imperio colonial.
El desastre de 1898 abrió los ojos ante el atraso y la decadencia económica, la pérdida de su
posición internacional, la incompetencia de su ejército, la corrupción de su sistema político, la
estulticia de sus políticos y militares, y abrió un periodo de reflexión necesario para ver que las
estructuras de la Restauración estaban en crisis, y la necesidad de imponer cambios, de
“regenerar” el sistema y el país.
D – LA CRISIS DEL 98: CONSECUENCIAS DEL DESASTRE
El desastre del 98 provocó un gran clima de desasosiego en España.
1.- La respuesta inmediata fue la aparición de tumultos populares que exigían
responsabilidades por la derrota a políticos y militares.
Estuvo a punto de provocar un golpe de estado encabezado por algunos militares y
representantes de la alta burguesía conservadora, con el propósito de instaurar una dictadura
militar.
2.- El desastre del 98 tuvo pocas repercusiones económicas a pesar de la pérdida de los
mercados coloniales y las importaciones cubanas y del aumento del déficit público.
Al finalizar la guerra hubo menos gastos en el ejército. El gobierno tomó medidas para reducir
la Deuda pública.
Tras la guerra los precios se moderaron, y la repatriación de capitales “indianos” permitió una
inyección de inversiones en la economía.
3.- Quedó patente el aislamiento internacional de España, enfrentada a GB por el
proteccionismo, a EEUU por la Guerra de Cuba, ignorada por Francia. Relegada a un papel
secundario en la política internacional, presentada por la prensa internacional como un imperio
moribundo, con un sistema político corrupto. Los sectores más nacionalistas se dieron cuenta
de la decadencia y de que España desempeñaba un papel secundario en la política
internacional.
4.- Crisis social: La guerra había provocado mayores alzas de precios, y el consiguiente
empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores. La respuesta fue un aumento
en la conflictividad social, las huelgas, los atentados anarquistas.
La sociedad española se sumió en el desencanto y la frustración. Se destruyó definitivamente
el mito del Imperio Español en un momento en el que el resto de potencias estaban creando
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sus propios imperios por África y Asia, en el que el potencial de un país se medía por la
extensión de su imperio (darwinismo social aplicado al imperialismo).
Pero sobre todo el desastre del 98 puso de manifiesto para la intelectualidad española, y en
general para la mayor parte de la población el atraso económico y de las estructuras sociales y
políticas. La sociedad española vivió el desastre como un trauma colectivo, con un sentimiento
pesimista, de crisis psicológica y de necesaria catarsis.
Algunos intelectuales, (pero también políticos del turno, el rey, partidos de la oposición)
encabezados por Joaquín Costa y la “Generación del 98” (Unamuno, Valle Inclán, Pío Baroja,
etc.), empezaron a criticar el sistema de la Restauración y propugnaron una necesaria
“regeneración” y modernización de la política española. Había que dejar atrás la ilusión de los
mitos de del pasado glorioso, y empezar a modernizar la economía y alfabetizar a la población.
El irreal turno de partidos, las prácticas caciquiles, el centralismo, habían aislado al sistema
político del pueblo, provocando el abstencionismo y el desencanto entre la población, que vivía
de espaldas a sus políticos y la vida política, había que ir hacia una auténtica democratización
política. También había que modernizar las estructuras económicas y alfabetizar a la población.
El “Regeneracionismo” de Joaquín Costa fue defendido por las cámaras de comercio y de
agricultores, que emprendieron medidas para presionar al gobierno hacia un cambio. Costa
proponía la modernización económica a través de la construcción de infraestructuras, la lucha
contra el analfabetismo, y la reforma del sistema de la Restauración, acabando con la
corrupción y democratizándolo (junto a otras muchas absurdas, y con oratoria demagógica).
Desde la periferia se reclamaba más protagonismo para sus políticos, dada la ineptitud de la
clase política tradicional y la autonomía para sus regiones (si se había ofrecido a Cuba, ¿por
qué no a ellos?).
5.- Políticamente, el sistema de la Restauración consiguió salir a flote, gracias una derrota tan
rápida que lo dejó poco tocado en realidad. Continuó el turno de partidos, aunque con los
antiguos líderes sustituidos por nuevas caras y asumiendo en teoría la necesidad de regenerar
el sistema.
El desgastado gobierno de Sagasta entregó el poder al Conservador en 1899, a cuyo frente se
encontraba Silvela desde el asesinato de Cánovas.
El nuevo gobierno mostró la intención de realizar cambios dando entrada a nuevas figuras en la
política y realizando reformas como una mayor descentralización. El regeneracionismo de los
conservadores no duró ni un año.
Cuando en 1901 volvieron al poder los liberales, el sistema de la restauración seguía vivo,
adaptado a las nuevas circunstancias, y sin hacer caso de las cada vez más numerosas
críticas.
Los partidos de oposición al sistema salieron reforzados:
Los movimientos nacionalistas salieron reforzados de la guerra al ver la burguesía periférica la
incapacidad del sistema para llevar a cabo la necesaria regeneración y porque se había
ofrecido la autonomía a una provincia teóricamente igual a las demás.
También salieron reforzados el partido republicano y el PSOE, único partido que se pronunció
en contra de la guerra
6.- Culpabilizar a los militares del desastre tuvo como consecuencia un cambio en la
mentalidad de éstos, que se inclinaron hacia un mayor autoritarismo (reacción defensiva frente
al antimilitarismo) y una vuelta al intervencionismo en la vida política, convencidos de que la
derrota había sido responsabilidad de la ineficacia de los políticos.
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