reflexiones tristes pero no amargas

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REFLEXIONES TRISTES PERO NO AMARGAS...
Al terminar sus trabajas, el XIX Congreso del Partido Comunista francés eligió su nuevo comité central. El filósofo Roger Garaudy no lo integra. Oficialmente no hay en esto nada de extraordinario: no
habiendo vuelto a presentar su candidatura, no podía ser reelegido. En realidad el Congreso ha rechazado las tesis que defendía el filósofo. Esta condenación inspiró a ). Mansir las reflexiones siguientes.
Roger GarauJy ha sido condenado por su Partido: telemos aquí algo más que un asunto interno al sistema comunista Trances; no us sólo una alYenla recibida por un
nombre cuyo coraje intelectual merece admiración; es lam•Jén la \ :L-toria —aparente— de una rígida ortodoxia sobre
c
' Pensamiento vivo.
pretendemos dar lecciones de marxismo a lo» co-
munistas: pero podríamos darles algunas otras apelando a
una larga y triste experiencia: lecciones de inmovilismo doctrinal, de centralismo burocrático y de métodos inquisitoriales. Conocemos demasiado bien sus consecuencias nocivas
como para alegrarnos de que otros las aprendan en el momento mismo en que nos esforzamos por olvidarlas.
Cualquiera sea su color, el integrismo es siempre anticientífico, anli-democrático y finalmente anti-humano. Desde
que aparece en el escenario, con su lógica y sus métodos
propios, revela su despotismo absorbiendo todo pensaniit'nto real y vaciando las palabras y las intenciones de su substancia viva. ¿Por qué? Porque siendo una actitud estática
v rígida, es justamente te contraría de \a vida, que es movimiento y cambiu. Es anti-históríco un el plano de la acción.
es anti-eienrifico en el plano del pensamiento. Realmente
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es como para preguntarse cómo se puedo ser cristiano e
integrista a la vez...
No es más fácil imaginar el maridaje entre el marxismo, socialismo que se pretende científico, y el integrismo.
Decididamente, conviene desconfiar de las palabras. Hemos
iiprendidn ya que entre las confesiones cristianas las fronteras reales no pasan siempre y dondequiera por sus demarcaciones oficiales. Sin duda, habrá que hacer la misma
observación respecto n comunistas y cristianos.
Prescindiendo de su afiliación a! partido, el marxismo
de los Sres. Marcháis y Casanova se parece extrañamente
al cristianismo del Sr. Saleron o del Sr. Luc-J, Lefévre.
Al nivel de las ideologías expresadas, un mundo los separa: puro ¿no son los mismos marxistas los que nos han
enseñado a desconfiar de las ideologías?
En nombre de "la unidad profunda del partido", en
nombre de la "ciencia revolucionaria" que el Partido está
encargado de traer "del exterior" a las masas proletarias,
se fortalece un centralismo burocrático que ahoga cualquier iniciativa en el interior del Partido. Esto lleva a reemplazar la información por el secreto, la investigación por
la censura, la libre discusión por el enjuiciamiento. En un
sistema como éste sólo se puede librar un combate: el de
la verdad contra el error, el del bien contra el mal, el de
la autoridad contra la rebelión. Nosotros también conocemos esia situación y comenzamos a salir de ella. No tenemos, por consiguiente, ningún deseo de volver a dejarnos
encerrar en esta triste "dialéctica". Aceptamos dialogar,
pero con los que viven, permanentemente vivificados por
L:1 compromiso con las masas y con la realidad histórica.
Hemos aprendido a no confundir más la verdadera demo-
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cracia con la democracia formal: pero tampoco
el confundir la verdadera democracia con la burocracia.
Finalmente, tenemos la debilidad de crecí- en el hombre y de respetar a los hombres. Por cierto este respet»
no nos impide de combatirlos eventualmenie, en la medid*
en' que imponen o defienden estructuras opresoras. P^r»
nos impide envilecer a los demás envileciéndonos a nosotros
mismos. Ya que de lo inhumano no puede nacer nuda I:\imano. El incalificable escenario montado para llevar a Gai-fiüdy anle sus jueces, la actitud de los delegados frente a
esLe viejo enmarado del Partidu, la acogida triunfal otorgada al delegado de la Checoeslovaquia oprimida, todo eii»
emana de un desprecio del hombre que nos es intolerable
y que nos cuesta atribuir a Marx y a Lenin. Estamos dispuestos a dialogar con hombres pero no con robots.
No olvidaremos, sin embargo, que en el seno del PCF
existen hombres, silenciosos por estar reducidos al silencio,
que esperan, con dignidad, fidelidad y coraje, la hora en
que el Partido se vea obligado a volver a la realidad. El
Partido se dará cuenta entonces que mientras insislía en
sus dogmas, la realidad ha cambiado profundamente. En
los peores momentos preconciliares, el P. Congar, exilado,
decía más o menos lo siguiente: se puede Condenar una
respuesta, pero no se condena un problema. Asimismo, hoy
día, Rogcr Garaudy predice que "...los problemas seguirán
planteándose en la vida, aun si se aleja a algunos de aquellos que los plantean". Como Garaudy, hemos dicho todo
esto "con tristeza pero sin amargura".
). Manuir
(lnformations Caiholiques Internaiionalcs
NÍ 355 1? marzo 1970)
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