Ser el primero en algo es el afán de muchos. En el mundo laboral

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XXV DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (B)
20 de setiembre de 2009
Sab 2, 12-20; Sal 53; Sant 3, 16 - 4, 3; Mc 9, 30-37
Ser el primero en algo es el afán de muchos. En el mundo laboral se
recomienda elaborar un buen CURRICULUM para conseguir un mejor trabajo; a
mejor trabajo, mejor sueldo, mejor estatus... Hay quienes trabajan para
aumentar comodidades, adquirir un buen auto, obtener una mejor casa...
En otro orden de cosas, a algunos les preocupan la edad o las arrugas,
a otros la figura corporal, a aquellos los elogios, a éstos la buena imagen...
Simulaciones y disimulos abundan. Perdidos en lo ACCIDENTAL, prisioneros de
la apariencia, siervos de lo inconsistente... por nuestro mundo deambulan
estos y otros fantasmas que incitan a COMPETIR.
La COMPETENCIA genera ambición, que con frecuencia comporta ir en
contra de otros, ascender a cualquier costo, subir como fuere. INCLUSO quienes
vivimos según criterios religiosos diseñamos una especie de escalafón de
méritos contraídos e imágenes preconcebidas. SUCEDE cuando atendemos a
las personas por sus títulos y honores, por diplomas y legajos, y no por lo que
cada cual es en sí y ante Dios.
También entre los primeros discípulos de Jesús se daba esto o algo
parecido: DISPUTABAN la primacía, COMPETÍAN por el primer lugar. Jesús se dio
cuenta rápido. «¿DE QUÉ hablaban por el camino?». Ellos callan. Saben que
Jesús no iba por ahí, reconocen que estaban «fuera de onda» respecto de lo
que predicaba el Maestro...
Disputas y competencias se generan cuando uno busca ser PRIMERO,
con frecuencia sin saber en qué. Hasta tal punto que en ocasiones
arremetemos contra personas buenas REPROCHÁNDOLES lo bueno como si de
algo malo se tratase. En vez de movernos a rectificar actitudes, llegamos a
considerar que los buenos son enemigos (dice el libro de la Sabiduría).
Estos MALES del espíritu se camuflan en las obras buenas y las echan a
perder, dice el Apóstol Santiago. Por SOBERBIA se llama impío al justo
aduciendo incluso motivos religiosos, como le sucedió al mismo Jesús; por
ENVIDIA
deseo para mí lo bueno que el otro es y tiene, pero lo odio en él; por
RIVALIDAD
puedo llegar a hacer el bien como reproche: «Mira, soy mejor que tú.
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¿A que no lo haces tan bien como yo?»; por AMBICIÓN busco sobresalir, ser más
que aquel, parecer lo que no soy...
Jesús está en otra. Es el AMOR lo que nos hace grandes. Y amar es
SERVIR,
transformar las actitudes, disponer la vida generosamente, no buscar
más recompensa que el amor mismo. «El que quiere ser el primero, debe
hacerse el último de todos y el servidor de todos». Ha de recibir a los demás
con la sencillez de un NIÑO, sin curriculum que presentar, sin diplomas que
exhibir, sin legajo que alegar, sin méritos acumulados; ha de dejar en su vida
lugar para el prójimo, que su corazón sea un albergue de puertas ABIERTAS...
***
Cuentan que en cierta ocasión Satanás convocó una convención mundial de
demonios. Estaban desanimados porque no lograban su objetivo. En su discurso de
apertura dijo:
- No podemos hacer que los cristianos dejen de ir a la iglesia. No podemos evitar
que lean la Biblia y conozcan la verdad. No podemos impedir que hablen de Dios.
Así que déjenlos asistir a sus iglesias, realizar sus ritos, reunirse para leer la
Biblia, déjenlos... Pero a cada uno de ellos tienen que ROBARLE el tiempo para
que no puedan relacionarse con Jesús ni con sus hermanos.
- ¿Cómo?, dijeron los demonios.
- Muy sencillo, respondió Satanás. Distráiganlos con tonteras y nimiedades.
Inventen chismes para que tengan su mente y su corazón ocupados. Llenen su
vida de cachivaches: bombardeen su mente con publicidad, saturen su tiempo
libre con radio y televisión, háganles sentir Internet como algo indispensable. Y,
sobre todo, fomenten la soberbia y la envidia: unos aparentarán ser más que
otros, éstos odiarán las mejores cualidades de sus semejantes.
Los demonios se pusieron muy contentos. Y, desde entonces, incluso en los
lugares más sagrados y entre las mejores personas, la soberbia y la envidia se
camuflan: los cristianos hablamos mal unos de otros, perdemos el tiempo en
discusiones insensatas, nos peleamos por cuestiones absurdas. Mientras tanto lo
malo prospera, en muchas ocasiones teniéndonos como protagonistas...
***
Con frecuencia nos dejamos arrebatar lo mejor que somos y tenemos.
En la vida del cristiano la PRIMACÍA es del amor, y el amor es SERVICIO, y el
servicio es DISPONIBILIDAD, y la disponibilidad es ENTREGA, y la entrega es
SENCILLEZ,
y la sencillez es HUMILDAD, y la humildad es HOSPITALIDAD. Que el
otro tenga un lugar en mi vida, que sea realmente mi HERMANO, que encuentre
«hogar» en mi corazón, que yo lo hospede, que me deje hospedar por él...
Hablamos mucho de SOLIDARIDAD, pero para que ésta llegue a ser un
verdadero acto de amor requiere de la HOSPITALIDAD: que el hermano tenga
cabida en mi vida, que yo lo reciba, que lo albergue en mi corazón. Como
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hacen los padres con sus hijos, como hizo Jesús con el NIÑO del relato
evangélico, como hace Dios con nosotros...
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