la cuestión del autoetnónimo de las comunidades de ancestría

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ANÁLISIS PSICOLINGUÍSTICO: LA CUESTIÓN
AUTOETNÓNIMO
DE
LAS COMUNIDADES
ANCESTRÍA AFRICANA EN COLOMBIA.1
DEL
DE
Por Rubén Darío Castillo2
ABSTRACT
This work is focused to furnish its readers with enough ethnic elements of
analysis referred to African legacy. Also, the clues for finding the most
appropriate term for auto designing of Colombian African communities are shown.
The felony of abuse committed by ancient European slavers using the word
“black” as a way of oppression is presented in full details. Anthropology and
psychology are the backbone of this effort who highlights the link between
ethnonimous, identity and community development.
Key Word: Afrocolombian, ethnonimous, African communities, identity, community
development, black.
RESUMEN
Con esta ponencia se pretende que los lectores accedan a los elementos del
análisis que permite retomar los elementos étnicos que constituyen el legado
africano. De igual modo, se ofrecen las pistas necesarias para que endógenamente
las comunidades de ancestría africana pero cuya nación es Colombia puedan auto
designarse con el nombre que mejor les parezca.
Paralelamente se proponen los conceptos de Autoetnónimo e identidad como
claves esenciales para un desarrollo que sea autónomo y al mismo tiempo
sostenible. Además, se muestra en detalle la infamia de las prácticas utilizadas
por los esclavistas europeos dentro del proceso de sometimiento a los africanos
con el uso de la palabra “negro”.
1
Ponencia en el marco del diplomado en Etnoeducación Afrocolombiana para Docencia Universitaria,
Universidad del Pacífico (septiembre de 2010). Revisión Mg, Félix Suárez – Mg, Armando Arboleda.
2
RUBEN DARIO CASTILLO HURTADO Psicólogo (1996) Escuela de Psicología Universidad del Valle. Y ,
Especialista En Administración de Empresas (2001) Universidad Antonio Nariño. Bogota. Investigador Centro
de Estudios Pedagógicos Avanzados –CEPA
Palabras claves: Afro colombiano, etnónimo, comunidades africanas, identidad, desarrollo
comunitario, negro
INTRODUCCION.
Esta ponencia está basada en un trabajo que originalmente aborda La cuestión del
autoetnónimo que deben adoptar las comunidades actualmente clasificadas en
Colombia como Comunidades negras. (Perea Chalà : 2000:145)
En el trabajo inicial, se argumenta
que el término Afrodescendiente resulta
inadecuado para la auto designación de las comunidades antes mencionadas. En
cambio, se propone que el término a utilizar mediante un pleno acuerdo intersubjetivo
debe ser afro colombiano(a
Además, se expone que alrededor del término “negro” existe una connotación
peyorativa desde el punto de vista semántico, construida intencionalmente a partir de
un momento desafortunado de la historia en el marco de un esquema de poder
colonizador-colonizado cuyo propósito fundamental era reducir al africano a la
condición de postración más infame imaginable hasta dominarlo, despersonalizarlo,
animalizarlo, ridiculizarlo e incluso aniquilarlo.
También, se hace una profusa ilustración del exuberante sincretismo cultural que
existió en la nación africana de los tiempos de la colonización europea y en ese
sentido, el aporte de cada uno de los grupos intraétnicos representados en las
diversas tribus, todas ellas con un elevado nivel de especialización en
conocimientos , saberes, habilidades y destrezas en muchos campos tales como la
espiritualidad, la religión, las artes, la agricultura, la minería, la guerra, la Paz, la
medicina, las sofisticadas y efectivas formas de organización comunitaria , así como el
inigualable conocimiento de la política y la moral por citar solo algunas.
Se aclara el esfuerzo que los hijos de la diáspora africana impuesta en las Américas
han realizado en forma épica tratando de resemantizar el término “Negro” sin obtener
resultados favorables. A propósito, se ilustra el movimiento de pega de afiches alusivos a
la reivindicación de lo “negro” por parte del movimiento que enarboló la lucha por los
derechos civiles en los Estados Unidos en los años sesentas cuando orientaron una
campaña con mensajes que decían “Black is Beautifull”. (Lo negro es bello).
Finalmente, el autor propone de manera categórica una ruptura con el término “negro”
para efectos de un proceso de autorreconocimiento argumentando once razones como
resultado de arduas reflexiones la mayoría de ellas desde el terreno de la antropología y
de la historia.
En términos generales, es una obra conceptualmente aterrizada y vigorosa. Con un
planteamiento audazmente novedoso y escrita con rigor académico. Adicionalmente,
deja algunas pistas para ahondar la cuestión planteada en relación con la construcción y
fortalecimiento de la identidad de las generaciones presentes, así como de las
generaciones futuras en un escenario social y culturalmente agreste que no tiene la
alteridad como un elemento para la convivencia y el
etnodesarrollo sino que
promueve en forma sistemática formas de exclusión e invisibilización de las minorías
étnicas unas veces en forma manifiesta y otras veces de manera encubierta,
logrando enmascarar de todos modos que a pesar de las conquistas en el orden legal
y jurídico mediante dispositivos como la ley 70 , las hegemonías imperantes siguen
aferradas a la lógica denunciada en su momento por Roger Bastide , cuando advierte
que dentro de la lógica opresor-oprimido El prójimo es mi hermano y el otro- ese
que no es igual a mí o que no se asemeja a mí a juzgar por sus características étnicoculturales pero sobre todo feno-biotípicas es el extraño. (Bastide, Roger : 1986).
Concretamente, la ponencia que aquí se presenta también aborda la cuestión del
autoetnónimo correspondiente a las comunidades de ancestría africana nacidas en
Colombia pero introduciendo de manera más frontal dos elementos de análisis
cuales son la identidad y la autonomía como referentes de etnodesarrollo desde la
mirada del desarrollo endógeno.
Se plantean algunas ideas alrededor de las cuales se mantienen los planteamientos
que consolidan la ponencia. Estas son : 1. la definición del autoetnónimo es una
variable que está directamente asociada tanto a la construcción como al
fortalecimiento de la identidad
individual y grupal no solo de las presentes
generaciones, sino de las futuras.
Las comunidades de ancestrìa africana que han nacido en Colombia y que sin lugar
a dudas han contribuido a construir nación deben autoproclamarse como afro
colombianas y por tanto cada uno de sus miembros debe ser reconocido mediante el
autoetnònimo afro colombiano y afro colombiana, en lugar de otros términos como
por ejemplo: negro (a), afro descendiente, niche, moreno (a), morocho (a).
La cuestión del autoetnónimo es también la cuestión de la construcción de autonomía
desde la base de la identidad en tres dimensiones esenciales: a) IDENTIDAD ETNICA,
B) IDENTIDAD DE GÉNERO, C) IDENTIDAD DE CLASE.
La categoría “Negro” debe ser revisada a partir del recorrido histórico de su carga
semántica, por su carácter primitivamente agresivo, violatorio de los principios
elementales de los derechos humanos y por ser anticientífico.
Comprendamos el ejercicio de auto designación de las comunidades.
La primera consideración de rigor es señalar que existe un principio antropológico que
impulsa como una constante universal a los pueblos con claras diferencias culturales a
defender el derecho que tienen de autodenominarse como mejor les parezca.
Existe una tendencia universal a que las comunidades distintas del mundo, reclamen para
sí la condición de “humanos” antes que cualquier otra característica. Por ejemplo, los
embera que son el grupo étnico indígena mayoritario del Chocó biogeográfico se definen
así mismo como “la gente”. Otro grupo indígena de la misma región, se autodefine
como “el humano” en su vehículo oral comunicacional Waunan.
Así, el pueblo más grande del sur africano, se auto denomina como el humano, es decir,
el muntú, y corresponde a la tribu Bantú. Sin embargo, con la dinámica que comporta
la conquista o la colonización, los pueblos dominantes a lo largo de la historia no solo han
saqueado a los dominados en sus bienes materiales sino que en virtud de su supremacía
militar y política los han despojado de su autoetnónimo y por lo tanto, de su identidad.
Esto ha constituido una estrategia no solo de control sobre el dominado, sino la puesta
en escena de primitivos impulsos de muerte compatibles con una concepción estética
etnocéntrica, desde la cual pueden rotular al otro, o lo que es peor, imponerle una
impronta imborrable en su psicología individual y social mediante mensajes y adjetivos
como los: indeseables, feos, raros, paganos, culpables, enfermos, acomplejados,
incapaces y un interminable etc. Como puede verse, el proceso de adopción del
autoetnónimo no está exento de influencias externas.
No obstante, la clave está en comprender si en el marco de las tensiones que se
producen en la relación con el otro, las comunidades diferenciadas culturalmente
introyectan una determinada designación que es presentada desde una relación de
poder. Por ejemplo, Los españoles, a los pueblos que habitaban el altiplano
cundiboyacense, los bautizaron los muiscas, ya que abundaban como moscas. Los
emberas rebautizaron a los tules, que se auto designaban como “Los hijos del sol” como
los jurabá, o sea “los de la tierra del diablo”, dado que eran los ocupantes de las tierras
que los emberas buscaban ocupar. Por tanto eran sus enemigos.
También la literatura muestra como los pueblos que se separan de un gran tronco original
Suelen autónomamente buscarse otro nombre. Tal es el caso de Nimi Lukeni, hijo de
Nimi Nzinga y de la reina Lukeni Lwanza, heredero sin posibilidades en el escalafón
sucesoral de su reino Bantú, por ser uno de los numerosos príncipes y de los de menor
edad, emigró al sur, conquistó otros pueblos y sus territorios, añadiéndose el nombre de
Kongos, o sea, “Los del país de la pantera” ,felino que no solo representaba su animal
totémico, sino que simbolizaba el carácter feroz y valiente de sus guerreros.(Friedman y
Arocha:1986:64). Por otro lado, cabe anotar que hubo pueblos que se designaron a sí
mismos deslumbrados ante las maravillas de la naturaleza. De hecho, los Incas y los
tules, deslumbrados por lo que representaba el sol en términos de vida y poder se
proclamaron como “los hijos del sol”.
Lo que debe resaltarse en este punto del discurso es que la condición fundamental para
acuñar un autoetnónimo es que este sea producido desde el seno de las comunidades
que lo utilizarán como un espejo para reconocerse a sí mismas, o que en su defecto,
siendo presentado por el opresor, la comunidad receptora lo haya introyectado de
manera positiva, es decir que lo haya asumido sin que produzca daños en su imaginario
colectivo y por ende en sus representaciones sociales desde una perspectiva de salud
comunitaria. En este sentido vale la pena retomar el enfoque reivindicatorio que propone
la psicología comunitaria. “El desafío para la psicología comunitaria es desarrollar
paradigmas que ayuden a la sociedad a crear alternativas viables a las comunidades más
marginadas. El desafío está en apoyar a la sociedad a que la diversidad y la relatividad
cultural no sean solo abstracciones sino valores en la vida de los sujetos…El verdadero
desafío está en crear una sociedad en la que los marginados no sean solo “tolerados”
sino que se les procure el acceso a los recursos físicos y psicológicos que les permitan
vivir con dignidad incluso siendo diferentes”… (Rappaport: 1977:79)
LA DIFICULTAD IDENTITARIA EN LAS COMUNIDADES DE ANCESTRÍA
AFRICANA NACIDAS EN TERRITORIO COLOMBIANO COMO RESULTADO
DEL USO DE DIVERSOS ETNÓNIMOS.
La identidad es un rasgo de crucial importancia en la formación de la personalidad a
nivel individual y colectivo. Por lo tanto, es fundamental para hilar conjuntos de
comportamientos humanos orientados desde el principio de autonomía a la consolidación
de una propuesta de etnodesarrollo. Pero la identidad es una construcción de afuera
hacia adentro que se construye en un entorno socio-cultural (Vigotsky) por medio de la
comunicación entre un sujeto o un conglomerado de sujetos y un otro, que no
necesariamente es un individuo. Dicha comunicación implica el intercambio de actitudes,
pensamientos y sentimientos que posibilita la construcción de universos simbólicos
alrededor de la realidad, de manera que los individuos o las comunidades introyecten
significantes y significados en su yo. Por eso cuando hablamos de la identidad social o de
la identidad comunitaria necesariamente
se hace alusión a la cohesión que
comunitariamente se elabora a través de introyectos comunes decantados en forma de
símbolos culturales que se dan en primera instancia desde el lenguaje. (Tobar:44: 2010).
En el caso de los colombianos y las colombianas de ancestría africana, la primera
situación es que históricamente, jamás han tenido la posibilidad de proponer
endógenamente un término para auto identificarse. Sencillamente heredaron el
exónimo que había sido asignado desde la colonización , pasando por los tiempos de la
república y llevando a cuestas un término que era de naturaleza racista y por lo tanto
arbitraria , que no reconoció para nada el rico sincretismo cultural expresado en los
grupos étnicos de la africanía ancestral, de modo que desde entonces los negros son
negros a secas.
La segunda situación, se refiere al abanico de términos que existen para designar a las
comunidades de ancestría africana. Es común encontrar en el lenguaje términos como
los siguientes: negro(a), afro descendiente, niche, moreno(a) y morocho(a) entre otros.
De todos estos, quizá el que ha alcanzado un mayor uso tanto para efectos de
designación como de auto designación sea el término negro(a).Parecería que las
comunidades ya mencionadas han logrado introyectar más esta categoría a pesar de
su connotación psicolingüística, desde la cual se pone en evidencia el racismo, cuando
en el lenguaje cotidiano los hablantes se refieren no a un día aciago o difícil, sino a un
“día negro” , ó cuando tampoco se refieren a las malas intenciones, sino a las “negras
intenciones”, o cuando no hablan de un destino fatal, sino de un “destino negro”.
De todas maneras, esta proliferación de términos no parece favorecer ni la construcción
ni el fortalecimiento de la identidad. En ese sentido, Cabe recordar la confusión que se
presentó en el pasado censo poblacional realizado por el Departamento Nacional De
Estadísticas (DANE: 2005)
cuando numerosas personas de indiscutible ancestría africana no lograron reconocerse
ni como afro colombianos, ni como civiles pertenecientes a las comunidades negras lo
cual produjo un efecto nefasto de autoinvisibilización étnica en un estado por
excelencia invisibilizador y excluyente.
Las personas de ancestría africana que han nacido en Colombia, de alguna manera
deben haber vivenciado lo que implica ser negro(a) en un país en el que desde la
constitución Política se promulga el reconocimiento y la defensa de la multicuturalidad y la
plurietnia pero que de manera sistemática se excluye de los escenarios de participación
precisamente a los grupos étnicos minoritarios en términos demográficos. Pero al mismo
tiempo, estas tienen seguramente distintas huellas de memoria sobre la dificultad de ser
ellas mismas a pesar de ser diferentes, ó precisamente por ser diferentes. En realidad, la
experiencia urbana e incluso rural de las negritudes ha estado marcada por la
estigmatización, por dispositivos de segregación desde los más finos hasta los más
groseros y por el acceso marcadamente desigual a los beneficios y las oportunidades
que el estado se obliga a garantizar a todos sus nacionales. A pesar que el contenido de
esa experiencia ha estado referido al rechazo, al etiquetamiento que refleja creencias
negativas hacia los negros ( “Los negros son peligrosos”, “ Los negros son incapaces”,
“Los negros son corruptos”…..) en una actitud de rebote psicológico, es decir, de
resiliencia, éstos vástagos de reyes y reinas, príncipes y princesas del áfrica legendaria
han hecho cualquier cantidad de esfuerzos con miras a reivindicar “Lo negro”. Esto se
evidencia en expresiones de resistencia que reflejan en realidad o que aparentan una
elevada autoestima.(no pueden desconocerse los mecanismos de defensa que pueden
surgir para proteger el psiquismo tanto individual como colectivamente). Se escucha decir:
“Me siento orgulloso de ser negro(a)”, como también a través de expresiones artísticas
costumbristas tales como en la salsa y en la tradición oral afrocolombiana:
“decirme negro a mí
es ponerme una corona,
porque de negro se viste
el santo Papa de Roma”. Tradición oral…o simplemente
“moreno soy
porque nací de la Rumba
y el sabor yo lo heredé del guaguancó ” Luigi Texidor.
Por otra parte, conviene plantear que como resultado de la cotidianidad del asumir lo
“negro” como un autoetnónimo, en Colombia ser negro implica una tensión entre el “ser y
el no ser”. El primer elemento, hace referencia a los ejercicios de afianzamiento
identitario alrededor de lo “negro”. Estos implican el cultivo de sentimientos de orgullo
alrededor de lo “negro”, a partir del conocimiento de la historia y con él el reconocimiento
del aporte colosal de la africanía a la humanidad, por una parte, y por otra, el
reconocimiento del aporte también gigantesco de los colombianos de ancestría africana
a la construcción de la actual nación.
El segundo elemento, hace a su vez referencia a las conductas de “huída” que
experimenta el segregado, el discriminado y que en palabras de Fannon (Fannon:1961)
conllevarían a este quien por definición es un oprimido a un “blanqueamiento”, como
mecanismo de defensa frente al sufrimiento de quien etnocéntricamente define lo que es
bello, lo que es feo, lo que es enfermizo, lo que es pagano y lo que es divino.
Como la identidad, es un rasgo que se forma en el proceso de socialización, y como esta
se ve accidentada en gran parte en el caso que nos ocupa, por introyectos de imágenes
distorsionadas sobre las negritudes a través de un sinnúmero de elementos tales como la
fealdad del negro y la de sus hermanos, la desinteligencia y la inmoralidad que junto a
muchos otros constituyen lo que nadie desearía para sí mismo, entonces el
“blanqueamiento” consiste en un mecanismo de huída y en una conducta enajenatoria
relacionada con experiencias psíquicas de orden consciente e inconsciente que
instrumentalmente le permite “a más de un hermano” blanquearse en su comportamiento,
es decir parecerse en la mayor medida posible al blanco.(Pereachalá:2000:151) .Sin lugar
a dudas, asimilarse al opresor de tal manera, buscando una mimetización camaleónica
revela un daño en la autoestima individual y también colectiva , con la subsecuente crisis
de identidad .
En efecto, este hecho es uno de los más revisados por Franz Omar Fannon en su obra
“Piel negra, máscaras blancas”, en la cual se ilustra que la compulsión del
blanqueamiento no se queda solo en querer comportarse como el opresor, sino que
implica además, una repulsa hacia la propia esencia. De esta manera, el “blanqueado”
procurará que su descendencia sea biológicamente mejorada por medio de uniones
matrimoniales interétnicas. Nuestras hermanas quedarán seducidas por la idea de
“suavizar” sus rasgos biotípicos con la idea de acercarse al modelo de belleza que ha
impuesto occidente por medio de cirugías estéticas cosméticas, al igual que utilizando
aditamentos y artilugios que encubran sus rasgos africanos estigmatizados.
No obstante la visibilidad que han logrado las comunidades de ancestría africana en los
últimos cuarenta años por medio del arte, la ciencia y el deporte entre otras disciplinas,
asumirse como negro(a) en Colombia sigue siendo harto difícil especialmente porque la
carga semántica de lo “negro” no se ha logrado resemantizar, es decir, no ha resultado
efectiva la tarea de reasignarle un significado más positivo en el imaginario de la nación.
Esto se evidencia en el acontecer los simbolismos que están imbricados con la realidad.
Por ejemplo, a parte de la presencia de negritudes en el congreso de la república, no
aparecen estas presentadas equitativamente en los cargos de primer nivel del estado
como son los ministerios, las embajadas y los institutos de importancia alta. Además,
cuando algunos de sus miembros de manera nítida se destacan, inmediatamente el
establecimiento pone a funcionar su maquinaria compuesta por el triunvirato enfermedadpecado-delito por medio del cual estos deben ser satanizados argumentando que sus
actuaciones son patológicas, que su conducta es una herejía y que deben “pagar” en
prisión. Todo esto en nombre del “orden”, que es necesario perpetuar aunque se
sacrifique la libertad.
Resulta igualmente ilustradora en este aspecto la obra del maestro Jairo Varela a través
de un tema comunitariamente incomprendido en su espléndido valor pedagógico. Se trata
de “Han cogido la cosa”. Este tema musical, constituye un aporte valioso a la salsa
urbana, aunque en palabras de Nietzsche (1883-1885), es igualmente un tema para
todos y para nadie, es decir, e necesitan oídos aguzados para semejante mensaje que
desnuda una realidad que aunque es evidente aún en los círculos académicos de mayor
tradición se rehúye el debate prefiriendo la comodidad de la negación . A través de esta
obra se recrea la experiencia del racismo en Colombia, con sus elementos más
sobresalientes, como son: la discriminación, la estigmatización y los prejuicios. Pone de
relieve, el imaginario producido por “el otro” a partir de los contenidos en su mayoría
negativos que hasta los tiempos actuales se han ido acumulando alrededor del término
“negro”:
“Blanco corriendo atleta,
negro corriendo ratero…
Blanco sin grado: Doctor
el negrito: yerbatero”) Jairo Varela.
El problema de la trilogía autoetnónimo-identidad-etnodesarrollo.
Todo parece indicar que para que un autoetnónimo tenga legitimidad, éste debe haber
sido sancionado por la comunidad que lo va a asimilar. Esto implica que
intersubjetivamente tiene que existir un consenso sobre su conveniencia.
La adopción comunitaria de un autoetnónimo está en línea directa con el principio de
identidad, que es fundante para todos los pueblos o comunidades con nítidas diferencias
culturales. La identidad es lo que posibilita la autoafirmación de los pueblos y por lo tanto,
es la base de su autonomía como posibilidad de establecer su propio avance por medio
de dinámicas propias, sin intervencionismos ni presiones externas. De hecho, la auto
designación (autoetnónimo) y la identidad están anudados ya que esta es el resultado
de introyectos que en buena medida provienen de los elementos simbólicos contenidos
en el autoetnónimo adoptado.
Ya nos plantea Tobar (2010:41-44) que “ La introyección de lo real llega al yo a través
de los regulamientos sociales y las dinámicas culturales que otorgan un sostén que se
expresa en el decir “qué somos”, lo cual ayuda a superar la ansiedad que produce el no
ser de ninguna parte ”
Una vez superada la cuestión del autoetnónimo como un precursor de la identidad es
posible entonces realizar comunitariamente una propuesta de desarrollo, o más
exactamente, de etnodesarrollo. El etnodesarrollo sería concebido como una propuesta
para recuperar y fortalecer los mecanismos económicos, sociales, educativos y políticos
que permitan promover la movilidad y la integración social, así como la superación de la
pobreza. dicha propuesta estaría necesariamente en la metodología IAP (investigaciónacción- participación) y estaría a la medida de las necesidades de una determinada
comunidad “En un enfoque de etnodesarrollo se plantea un proceso de cambio
progresivo en la calidad de vida del ser humano que lo coloca como centro y sujeto
primordial del desarrollo, por medio el crecimiento económico con equidad social y la
transformación de los métodos de producción y de los patrones de consumo asegurando
el equilibrio ecológico y el soporte vital de la región. Esto implica, el respeto a la
diversidad étnica nacional, regional y local así como el fortalecimiento y la plena
participación ciudadana, en convivencia pacífica y armónica
con la naturaleza,
garantizando la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras. (Ruiz:2002:59)
Pero en definitiva cuál es la propuesta a cerca del autoetnónimo?
A manera de conclusión, el primer planteamiento categórico de esta propuesta es que se
debe tomar distancia del término “negro” y se debe adoptar el autoetnónimo “afro
colombiano.” Pues son evidentes los rasgos de culturas específicas africanas en las
Américas y Colombia no es la excepción. Lo anterior, se hace evidente en elementos de
etnicidad como la religión yorubana y congolesa, además de otros rituales que parecería
que se mantienen congelados en el tiempo. Un ejemplo de esto, es la funebría Bantú que
se transmite aún de generación en generación especialmente en todo el pacífico
colombiano (Chigualo, Gualí, Baquiné) y que también está atravesada por elementos
Ashanti, la cultura de Ananse, el levantamiento de la tumba entre otros.
Debemos llamarnos afro colombiano(as) porque somos parte indiscutible de la
diáspora africana forzada en las Américas y como resultado somos los tokumbos de
América, Aunque no nacimos en África también somos africanos. No es que seamos
yorubanos, ni Ashanti pero sí somos un poco de todos ellos. Somos nosotros la
sumatoria de muchas partes del África, diseminados en las Américas por la fuerza. De
todas maneras, mamá áfrica vive en nosotros en pugna y alianza con el bastardismo
europeo y claros elementos indígenas.
El término “negro” debe ser proscrito de nuestra psicología social por once razones:
1.dicha palabra fue creada contra nosotros por nuestros opresores,
2. nos cosifica 3.nos quitó la condición de humanos históricamente 4.nos desconecta
psicológicamente de nuestro territorio ancestral. 5. oculta nuestra historia remota y tapa la
felonía reciente del etnocidio. 6. este vocablo nos desprecia. 7 .Es un producto del
etnocentrismo europeo .8. No consulta nuestras voluntades. 9. nos homogeniza. 10. nos
estereotipa. 11. promueve un racismo en forma de terrorismo psicolingüístico.
Bibliografía.
Arocha, Jaime y Friedman Nina S De. De Sol
Editorial S.A Bogotá, Colombia. 1999
a Sol. Planeta Colombiana
Fannon, Frantz. Piel Negra, máscaras blancas. Editorial Abraxas, Buenos Aires,
1973.
Perachalá, Alumá, Rafael. La Cuestión
Colombiana de Antropología. 2000
del
Autoetnónimo ,en: Revista
Tobar, Carlos A. EN: La identidad viene de afuera
interno y el mundo externo. 2008
Módulo formativo “Libertad y Convivencia
Corporación Vallenpaz 2010.
hacia dentro: El mundo
desde la Institución
Educativa”.
Nietzche, Frederich , Así habló Zaratustra. Ediciones Lea, 2007 , Buenos Aires –
Argentina.
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