14. El Cuarto Mandamiento

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El Cuarto Mandamiento Pregunta: ¿Qué significa el cuarto Mandamiento? I. Información: a. Primero veamos lo que nos dice el Diccionario Bíblico Adventista. El 4o ordena la observancia del sábado e identifica al verdadero Dios como el Creador del cielo y de la tierra. Si al guardar el sábado los hombres debían recordarlo como tal, habrían quedado protegidos contra toda falsa adoración. b. Ahora veamos algunas Citas Bíblicas. Éxodo 20:8-­11 (Reina-­Valera 1960) 8 Acuérdate del día de reposo para santificarlo. 9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10 mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. 11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Deuteronomio 5:12-­15 (Reina-­Valera 1960) 12 Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado. 13 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 14 mas el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú. 15 Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo. Génesis 2:2-­3 (Reina-­Valera 1960) 2 Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. 3 Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Malaquías 3:6-­7 (Reina-­Valera 1960) 6 Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. 7 Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? Santiago 1:17 (Nueva Versión Internacional) 17 Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras. Marcos 2:27 (Reina-­Valera 1960) 27 También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Isaías 66:22-­23 (Reina-­Valera Antigua) 22Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra, que yo hago, permanecen delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra simiente y vuestro nombre. 23Y será que de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrá toda carne á adorar delante de mí, dijo Jehová. Mateo 12:8 (Nueva Versión Internacional) 8 Sepan que el Hijo del hombre es Señor del sábado. Isaías 58:13-­14 (Reina-­Valera 1960) 13 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, 14 entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado. 1 Juan 5:3 (Reina-­Valera 1960) 3 Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Apocalipsis 14:6-­12 (Reina-­Valera 1960) 6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, 7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas. 8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación. 9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, 10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; 11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. 12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. 1 Samuel 2:30 (Reina-­Valera 1960) 30 ...yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. c. Ahora, veamos lo que nos dice el Comentario Bíblico Adventista. Éxodo 20:8. Acuérdate. Esta palabra no hace más importante al cuarto mandamiento que a los otros nueve. Todos lo son igualmente. Quebrantar uno, es quebrantarlos todos (Sant. 2: 8-­‐11). Pero el mandamiento del día de reposo nos recuerda que el séptimo día, el sábado, es el descanso señalado por Dios para el hombre, y que ese reposo se remonta hasta el mismo comienzo de la historia humana y es una parte inseparable de la semana de la creación (Gén. 2: 1-­‐3; PP 348). Carece por completo de base el argumento de que el sábado fue dado al hombre por primera vez en el Sinaí. (Mar. 2: 27; PP 66, 67, 263). En un sentido personal, el sábado se presenta como un recordativo de que en medio de los afanes apremiantes de la vida no debiéramos olvidar a Dios. Entrar plenamente en el espíritu del sábado es hallar una valiosa ayuda para obedecer el resto del Decálogo. La atención especial y la dedicación dadas, en este día de descanso, a Dios y a las cosas de valor eterno, proveen un caudal de poder para obtener la victoria sobre los males contra los cuales se nos advierte en los otros mandamientos. El sábado ha sido bien comparado a un puente tendido a través de las agitadas aguas de la vida sobre el cual podemos pasar para llegar a la orilla opuesta, a un eslabón entre la tierra y el cielo, un símbolo del día eterno cuando los que sean leales a Dios se revestirán para siempre con el manto de la santidad y del gozo inmortales. Debiéramos "recordar" también que el mero descanso del trabajo físico no constituye la observancia del sábado. Nunca fue la intención que el sábado fuera un día de ociosidad e inactividad. La observancia del sábado no consiste tanto en abstenerse de ciertas formas de actividad como en participar deliberadamente en otras. Dejamos la rutina semanal del trabajo sólo como un medio para dedicar el día a otros propósitos. El espíritu de la verdadera observancia del sábado nos inducirá a aprovechar sus horas sagradas procurando comprender más perfectamente el carácter y la voluntad de Dios, a apreciar más plenamente su amor y misericordia y a cooperar más eficazmente con él ayudando a nuestros prójimos en sus necesidades espirituales. Cualquier cosa que contribuya a esos propósitos primordiales es apropiada para el espíritu y la finalidad del sábado. Cualquier cosa que contribuya en primer lugar a la complacencia de los deseos personales de uno o a la prosecución de los intereses propios, es tan ajena a la verdadera observancia del sábado como un trabajo común. Este principio se aplica tanto a los pensamientos y a las palabras como a las acciones. El sábado nos remonta a un mundo perfecto en el remoto pasado (Gén. 1: 31; 2: 1-­‐3), y nos advierte que hay un tiempo cuando el Creador, otra vez, hará "nuevas todas las cosas" (Apoc. 21: 5). También es un recordativo de que Dios está listo para restaurar, dentro de nuestros corazones y de nuestras vidas, su propia imagen tal como era en el principio (Gén. 1: 26, 27). El que entra en el verdadero espíritu de la observancia del sábado se hace así idóneo para recibir el sello de Dios, que es el reconocimiento divino de que el carácter del Eterno está reflejado perfectamente en la vida del hombre (Eze. 20: 20). Una vez cada semana tenemos el feliz privilegio de olvidar todo lo que nos recuerde este mundo de pecado, y "acordarnos" de las cosas que nos acercan a Dios. El sábado puede llegar a ser para nosotros un pequeño santuario en el desierto de este mundo, donde por un tiempo podemos estar libres de sus cuidados y podemos entrar, por así decirlo, en los gozos del cielo. Si el descanso del sábado fue deseable para los seres sin pecado del paraíso (Gén. 2: 1-­‐3), ¡cuánto más esencial lo es para los falibles mortales que se preparan para entrar de nuevo en esa bendita morada! Éxodo 20:9. Trabajarás. Esto es tanto un privilegio como una orden. El trabajo que se deba hacer tiene que realizarse en los seis primeros días de la semana, de modo que el sábado, el cual corresponde al séptimo día, pueda quedar libre para el culto y el servicio de Dios. Éxodo 20:10. El séptimo día. Ningún trabajo secular innecesario ha de realizarse en ese día. El sábado debe emplearse en meditación religiosa, en el culto y servicio para Dios. Además proporciona una oportunidad para el descanso físico. Esta característica del sábado es muy importante para el hombre en su estado pecaminoso, cuando debe ganarse el pan con el sudor de su rostro (Gén. 3: 17-­‐19). Reposo para Jehová. En hebreo, "reposo" no lleva artículo definido, "el", pero esto no le quita exactitud al mandamiento del sábado. El punto de controversia entre los observadores del domingo y los del sábado no es si un cristiano debe descansar -­‐no hacer "en él obra alguna"-­‐ un determinado día de la semana, sino qué día de la semana debe ser: el primero o el séptimo. El mandamiento contesta inequívocamente: "el séptimo día". El mandamiento divide la semana en dos partes: (1) En "seis días. . . harás toda tu obra". (2) En "el séptimo día. . . no hagas. . . obra alguna". Y ¿por qué esta prohibición de trabajar en "el séptimo día"? Porque es "reposo para Jehová". La palabra reposo viene del Heb. shabbáth, que significa "descanso". De modo que el mandamiento prohíbe trabajar en "el séptimo día" porque es un día de descanso del Señor. Esto nos hace remontar al origen del sábado, cuando Dios "reposó el día séptimo" (Gén. 2: 2). Por lo tanto, es claro que el contraste no es entre "el" y "un", sino entre "trabajar" y "descansar". "Seis días", dice el mandamiento, son días de trabajo, pero "el séptimo día" es un día de descanso. Que "el séptimo día" es el único día de descanso de Dios resulta evidente por las palabras con que comienza el mandamiento: "Acuérdate del día de reposo [sábado] para santificarlo". Los ángeles anunciaron a los pastores: "Os ha nacido . . . un Salvador" (Luc. 2: 11). No llegamos por ello [el uso del artículo "un"] a la conclusión de que Cristo fue tan sólo uno de muchos salvadores. Captamos el significado de las palabras de los ángeles cuando ponemos el énfasis en la palabra "Salvador". Cristo vino, no como un conquistador militar o un rey terrenal, sino como un Salvador. Otros numerosos pasajes tratan de esa salvación como única en su género y de que no podemos ser salvados por ningún otro. Así es también con el asunto de "el" y "un" en el cuarto mandamiento. No hagas en él obra alguna. Esto no prohíbe las obras de misericordia o el trabajo esencial para la preservación de la vida y la salud que no puede realizarse en otros días. Siempre "es lícito hacer bien en sábado" (Mat. 12: 1-­‐14, BJ; Mar. 2: 23-­‐28). El descanso de que aquí se habla no ha de ser considerado meramente en términos de la cesación del trabajo ordinario, aunque por supuesto esto está incluido. Debe ser un descanso santo, en el cual haya comunión con Dios. Ni tu bestia. El cuidado de Dios por los animales resalta repetidas veces en los escritores del AT (Exo. 23: 5, 12; Deut. 25: 4). El los recordó en el arca (Gén. 8: 1). Estuvieron incluidos en su pacto que siguió al diluvio (Gén. 9: 9-­‐11). El sostiene que los animales son suyos (Sal. 50: 10). La presencia de "muchos animales" fue una razón para que Nínive fuera preservada (Jon. 4: 11). Tu extranjero. Es decir un extranjero que, por propia voluntad, se unió con los israelitas. Una "grande multitud" salió de Egipto con Israel (Exo. 12: 38) y lo acompañó en sus peregrinaciones por el desierto. Mientras eligieran permanecer con los israelitas, habían de conformarse con los requisitos que Dios estableció para su propio pueblo. En un sentido, esto restringía su libertad, pero estaban libres para irse si no deseaban obedecer. En compensación, por así decirlo, compartían las bendiciones que Dios prodigaba a Israel (Núm. 10: 29; Zac. 8: 22, 23). Éxodo 20:11. Hizo Jehová. Es significativo que Cristo mismo, como Creador (Juan 1: 1-­‐3), descansó en el primer sábado del mundo (DTG 714) y pronunció la ley en el Sinaí (PP 381). Los que son creados de nuevo a la semejanza divina (Efe. 4: 24) elegirán seguir su ejemplo en este y en otros asuntos (1 Ped. 2: 21). El Creador no "reposó" debido a cansancio o fatiga (Isa. 40: 28). Su "reposo" fue cesación de trabajo al terminar una tarea completada (Gén. 1: 31 a 2: 3). Al descansar nos dio un ejemplo (Mat. 3:15; cf. Heb. 4: 10). El sábado fue hecho para el hombre (Mat. 2: 27), para satisfacer una necesidad que fue originalmente espiritual pero que, con la entrada del pecado, se convirtió también en física (Gén. 3: 17-­‐19). Una de las razones por las cuales los israelitas fueron libertados de Egipto fue para que pudieran observar el día de descanso señalado por Dios. Su opresión en Egipto había hecho dificilísima tal observancia (ver Exo. 5: 5-­‐9; Deut. 5: 12-­‐15; PR 134). (Comentario Bíblico Adventista, Tomo1, Págs. 615-­‐617) d. Por último, veamos lo que nos dice el Espíritu de Profecía. "Acuérdate de santificar el día de sábado. Los seis días trabajarás, y harás todas tus labores: mas el día séptimo es sábado, o fiesta del Señor Dios tuyo. Ningún trabajo harás en él, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu criado, ni tu criada, ni tus bestias de carga, ni el extranjero que habita dentro de tus puertas o poblaciones. Por cuanto el Señor en seis días hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y todas las cosas que hay en ellos, y descansó en el día séptimo: por esto bendijo el Señor el día sábado, y le santificó." Aquí no se presenta el sábado como una institución nueva, sino como establecido en el tiempo de la creación del mundo. Hay que recordar y observar el sábado como monumento de la obra del Creador. Al señalar a Dios como el Hacedor de los cielos y de la tierra, el sábado distingue al verdadero Dios de todos los falsos dioses. Todos los que guardan el séptimo día demuestran al hacerlo que son adoradores de Jehová. Así el sábado será la señal de lealtad del hombre hacia Dios mientras haya en la tierra quien le sirva. El cuarto mandamiento es, entre todos los diez, el único que contiene tanto el nombre como el título del Legislador. Es el único que establece por autoridad de quién se dio la ley. Así, contiene el sello de Dios, puesto en su ley como prueba de su autenticidad y de su vigencia. Dios ha dado a los hombres seis días en que trabajar, y requiere que su trabajo sea hecho durante esos seis días laborables. En el sábado pueden hacerse las obras absolutamente necesarias y las de misericordia. A los enfermos y dolientes hay que cuidarlos todos los días, pero se ha de evitar rigurosamente toda labor innecesaria. "Si retrajeras del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad." (Isa. 58: 13.) No acaba aquí la prohibición. "Ni hablando tus palabras," dice el profeta. Los que durante el sábado hablan de negocios o hacen proyectos, son considerados por Dios como si realmente realizaran transacciones comerciales. Para santificar el sábado, no debiéramos siquiera permitir que nuestros pensamientos se detengan en cosas de carácter mundanal. Y el mandamiento incluye a todos los que están dentro de nuestras puertas. Los habitantes de la casa deben dejar sus negocios terrenales durante las horas sagradas. Todos debieran estar unidos para honrar a Dios y servirle voluntariamente en su santo día. (Elena G. de White, Patriarcas y Profetas, Pág. 314-­‐316) II. Resumen: Éxodo 20:8-­11 (Reina-­Valera 1960) 8 Acuérdate del día de reposo para santificarlo. 9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10 mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. 11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Cuando un rey o líder creaba una ley, ponía su sello en ella para darle autoridad. Todo sello debía tener tres cosas para considerarse un sello: nombre, titulo, y dominio. Este es el sello de Jorge V, rey del Reino Unido: Aquí podemos ver las tres características que lo hacen un sello; nombre: Jorge V; titulo: Rey; Dominio: Reino Unido. El Decálogo también es una ley, la Ley de Dios. El sello de Dios se encuentra en el corazón de la Ley. Éxodo 20:11 (Reina-­Valera 1960) 11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Claramente podemos ver aquí las tres características que lo hacen un sello; nombre: Jehová; titulo: Creador (hizo); Dominio: Los cielos, la tierra, y el mar. El Espíritu de profecía confirma esto: "El cuarto Mandamiento es, entre todos los diez, el único que contiene tanto el nombre como el título del Legislador. Es el único que establece por autoridad de quién se dio la ley. Así, contiene el sello de Dios, puesto en su ley como prueba de su autenticidad y de su vigencia." (EGW, Patriarcas y Profetas, Pág. 315) Este sello es lo que autentifica y le da valor a toda la Ley! Sin ese sello, la Ley de Dios no tuviera autoridad; se convertiría en un simple documento con reglas sin decir de donde viene, y sin decir quien tiene autoridad sobre esta ley. Es por eso que Satanás le ha echo guerra a este Mandamiento, más que a cualquier otro, y lo ha tratado de borrar de las mentes de los hombres. Lamentablemente no es difícil ver hoy día que el enemigo ha tenido mucho éxito en hacer esto. Muchas denominaciones cristianas piensan que el Domingo ha remplazado al Sábado en honor a la resurrección de nuestro Señor Jesús. Muchos han sido engañados y creen esta terrible mentira que no está en lo más mínimo respaldada por la Biblia. La razón por la cual este error ha perdurado en casi todo el mundo cristiano es porque no conocen bien a Dios. DIOS NO CAMBIA! Los dos puntos en la Biblia donde dice que Dios no cambia es en sus Leyes/Mandamientos (Malaquías 3:6-­‐7) y en sus buenas dádivas/regalos (Santiago 1:17), y el sábado es el único Mandamiento que es una Ley, al igual que un regalo, que Dios nos ha dado. Los primeros tres días de la creación Dios creó espacios: el primer día la luz; el segundo día el cielo y el mar; y el tercer día la tierra y toda hierba verde (toda clase de comida). (Génesis 1:3-­‐13). Los siguientes tres días Dios creó objetos para llenar estos espacios que había creado: el cuarto día el sol, la luna y las estrellas; el quinto día las aves que vuelan por el cielo y los animales marinos que nadan por el mar; y el sexto día los animales terrestres y al hombre. (Génesis 1:14-­‐31). Pero Dios no terminó el día sexto la obra de la creación, "Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo." (Génesis 2:2). ¿Si Dios termino su obra el séptimo día, qué fue lo que Dios creó el séptimo día? ¿Cual fue la buena dadiva que Dios nos regaló en ese día? Las respuestas a estas preguntas son tanto hermosas como profundas. El séptimo día Dios creó un espacio especial de 24 horas, y llenó ese espacio especial con su misma presencia! Dios nunca está quieto, "el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas." (Génesis 1:2). La Shekhiná (gloria/presencia) de Jehová que se veía arriba del propiciatorio (arriba del arca del pacto) era un fuego envolvente, un fuego que nunca estaba quieto. Ezequiel también describe esa misma gloria de Dios como fuego envolvente, "Y miré, y he aquí venía del norte un viento tempestuoso, y una gran nube, con un fuego envolvente," (Ezequiel 1:4). No obstante lo dicho, algo increíble pasó el séptimo día de la creación. Ese Espíritu que se movía, ese fuego envolvente, "por causa del hombre" (Marcos, 2:27), se detuvo! Dios se detiene cada Sábado. Cada 7 días, por un periodo de 24 horas, el Ser más maravilloso de todo el universo, se detiene para que nosotros lo podamos contemplar; para que Él y sus criaturas puedan tener comunión, para que todos nosotros podamos pasar tiempo juntos con Él. Dios nos da el Sábado, y en el también nos da a Él Mismo! Esta es una maravillosa muestra de su Amor hacía cada uno de nosotros. Como ya habíamos dicho, el Sábado no solo es un regalo dado en la creación, sino que también es parte de la Ley de Dios. Veamos el cuarto mandamiento para ver la razón que Dios nos da por la cual debemos de guardar este santo día: Éxodo 20:11 (Reina-­Valera 1960) 11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Aquí podemos claramente ver que la razón dada por Dios al hombre es para que sirva como un monumento de la creación. Pero veamos otra cita, donde Moisés repite este Mandamiento al pueblo de Israel, para aprender otra razón por lo cual se debe de santificar este día: Deuteronomio 5:12-­15 (Reina-­Valera 1960) 12 Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado. 13 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 14 mas el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú. 15 Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo. La segunda razón dada aquí es para que sirviera como un monumento de nuestra redención. En la primera semana que existió, el Señor Jesús descansó el primer Sábado para cerrar con broche de oro la obra de la creación. De igual manera, el Señor Jesús también descansó en la tumba el Sábado (15 de Nisan del año 31 A.D.) de la semana en la cual Él culminó su obra redentora aquí en la tierra. Así que el Sábado es tanto un memorial de la creación como un memorial de la redención. Aparte de lo ya dicho aquí, el Sábado también fue dado para servir como una señal entre el Pueblo de Dios y su Creador, "Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico." (Ezequiel 20:12). "La observancia del monumento conmemorativo del Señor, el día de reposo instituido en el Edén, el día de reposo del séptimo día, es la prueba de nuestra lealtad a Dios." (EGW, Carta 94, 1900). El Sábado siempre fue, es, y será para siempre (Isaías 66:23) la señal de lealtad al "Señor del Sábado" (Mateo 12:8). “Dios dice que el sábado es su gran señal. Es una señal de nuestra lealtad hacia Cristo. Es una señal de que creemos que él hizo nuestro mundo. Es una señal de que queremos seguir su Palabra...Se trata de un asunto que va más allá de una cuestión de días. En el jardín de Edén, Satanás le dijo a Eva: ¿Qué importa un árbol? Y Eva perdió el Edén porque creyó en esa mentira...Los asuntos con los que estamos tratando están relacionados con la autoridad y la obediencia.” (Ptr. Mark A. Finley, Tiempo de Esperanza, Págs. 72-­‐73) ¿Cómo es entonces que le mostramos a Dios que estamos dispuestos a obedecerle? Bueno, pues Dios ha sido muy claro en definir lo que Él espera de cada uno de nosotros. El cuarto Mandamiento nos dice, "no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas." (Éxodo 20:10). Isaías 58:13-­‐14 añade, "Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado." Es importante no pasar por alto que el Sábado debe de ser un día feliz; que no fue echo para ser una carga, "sus mandamientos no son gravosos." (1Juan 5:3). No debe de ser algo pesado, ha de ser un día de gozo, un verdadero placer, una delicia. El Espíritu de Profecía aclara aun más lo que acabamos de leer, "En el sábado pueden hacerse las obras absolutamente necesarias y las de misericordia...se ha de evitar rigurosamente toda labor innecesaria...Los que durante el sábado hablan de negocios o hacen proyectos, son considerados por Dios como si realmente realizaran transacciones comerciales. Para santificar el sábado, no debiéramos siquiera permitir que nuestros pensamientos se detengan en cosas de carácter mundanal...Los habitantes de la casa deben dejar sus negocios terrenales durante las horas sagradas. Todos debieran estar unidos para honrar a Dios y servirle voluntariamente en su santo día." (EGW, Patriarcas y Profetas, Pág. 314-­‐316). "Termínense el viernes los preparativos para el Sábado. Cuidad de que toda la ropa esté lista y que se haya cocinado todo lo que debe cocinarse, que se hayan lustrado los zapatos y tomado los baños. Es posible lograr esto. Si lo establecéis como regla, podéis hacerlo. El Sábado no debe destinarse a reparar ropas, a cocinar alimentos, a los placeres, o a otra ocupación mundanal. Antes de que se ponga el sol, debe ponerse a un lado todo trabajo secular, y guardarse fuera de la vista todos los periódicos de ese carácter. Padres, explicad a vuestros hijos lo que hacéis y os proponéis, y dejadlos participar en vuestra preparación para guardar el sábado según el mandamiento." (EGW, Joyas de los Testimonios, Tomo 3, Pág. 22). Es importante notar aquí que nuestros hijos no están exentos de guardar este Mandamiento. El Sábado es un día santo para todos, y no solamente para los adultos. También es importante decir aquí que ir más aya de lo que está escrito en la Biblia, o de lo que nos ha sido revelado por el Espíritu de Profecía, es sumamente peligroso. Los Fariseos habían echo del Sábado una imposición al interpretar como es que se debía guardar este santo día. Ellos habían añadido reglas humanas: por ejemplo, cuantos pasos se deberían dar, o que se podía hacer y que no hacer en el Sábado. Estaban tan desconectados de las cosas de Dios por causa de su fanatismo, que querían enjuiciar y matar al mismo Señor Jesús cuando lo veían sanar y hacer milagros en Sábado; sin darse cuenta que los mismos milagros hechos por Él atestiguaban su divinidad. Debemos tener cuidado de no caer en ninguno de los dos extremos con respecto a este Mandamiento. Pidámosle a Dios sabiduría para poder guardar correctamente el Sábado, y no ser ni irreverentes, ni fanáticos, que es lo que Satanás más desea. Hoy día, la mayoría del Pueblo de Dios es libre de tener comunión y adorar a su Creador en el día indicado por Él. Pero está pronto por llegar el día en que se le prohíba al Pueblo de Dios guardar el Sábado. Leyes hechas por el hombre intentarán cambiar lo que Dios dejó escrito con su propio dedo en tablas de piedra. El Mensaje de los 3 Ángeles (Apocalipsis 14:6-­‐12), el último mensaje de advertencia al mundo, nos advierte que no debemos reconocer la ley del hombre como superior a la Ley de Dios. Leyes Dominicales por todo el planeta serán impuestas bajo severos castigos a todo aquél que decida no obedecerlas. Muchos de los que se digan ser verdaderos cristianos, pero que no se encuentren bien fundados en la Biblia, serán engañados por el enemigo y aceptarán "la marca de la bestia" (El Domingo). Pero, cuando estos eventos estén transcurriendo, sabremos entonces que ¡nuestro Rey y nuestra redención están muy cerca! Debemos afianzarnos a sus promesas pase lo que pase. Debemos escoger, no por la fuerza, ni por medio de amenazas, sino por amor a Aquél que nos amo primero y nos compro con su preciosa sangre, honrarlo y serle siempre fiel a Él; obedeciendo toda su Ley hasta que lo veamos venir en las nubes, o hasta nuestro último suspiro. "Santificar el sábado para el Señor significa salvación eterna. Dios dice: "Yo honraré a los que me honran." (1 Samuel 2: 30)." (EGW, Joyas de los Testimonios, Tomo 3, Pág. 23). 
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