Pierre Teilhard de Chardin

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Pierre Teilhard de Chardin
Sacerdote, geólogo, paleontólogo, filósofo y teólogo francés
Nació el 1 de mayo de 1881 cerca de Clermont−Ferrand, en el seno de una familia numerosa (once hijos) y
profundamente cristiana. Cursó estudios en colegios jesuitas de Francia e Inglaterra y se doctoró en
paleontología en 1922 por la Sorbona de París. Enseñó física y química en el colegio jesuita de El Cairo. Dejó
el Instituto Católico de París al considerar sus superiores religiosos que sus opiniones eran heterodoxas.
Durante la Primera Guerra Mundial fue movilizado como jefe de camilleros. Entre batalla y batalla compuso
"Escritos en tiempo de guerra", una reflexión profunda sobre el dolor físico y espiritual. Trabaja como
investigador en China durante veinte años. Tomó parte en las excavaciones que descubrieron los restos del
hombre de Pekín. Su obra principal, El fenómeno humano (1955), trata la evolución desde una perspectiva
tanto científica como religiosa. Otra obra destacada es El ambiente divino (1957). Reconocido científico
(geología y paleontología), pensador original (sintetizó la evolución cósmica y humana). En 1952 fue
miembro de la fundación Wenner Gren para la investigación paleontológica de Nueva York, donde falleció el
10 de abril de 1955. Reivindicado después de su muerte, sus obras han sido traducidas a multitud de lenguas.
CONTENIDO
• Introducción
• Pierre Teilhard de Chardin
• Obras de Teilhard
• Teoría del transformismo o evolución
• Litosfera, Biosfera y Noosfera
• Punto Alfa y Punto Omega
• Bibliografía
Obras de Teilhard
Obras (todas publicadas póstumamente):
• Mom Univers (1924)
• El medio divino (1926−27)
• Comment je crois (1934)
• El fenómeno humano (1938−40)
• Comment je vois (1948)
• Le Groupe zoologique humain (1949)
• Le coeur de la matière (1950),
• Le christique (1955)
Punto Alfa y Punto Omega
Según Chardin El punto Alfa es el inicio de la evolución.
La evolución es la manera de crear de Dios, que tiene una finalidad, y que todo tiene una conciencia o
interioridad que se incrementa exponencialmente y apunta hacia la conciencia suprema, el Punto Omega,
Dios.
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El filósofo Teilhard de Chardin en su teoría evolutiva dice que la próxima etapa evolutiva del hombre será,
cuando el hombre llegue desde el Alfa hasta el Omega (su cristificación).
BIBLIOGRAFÍA
• DICCIONARIO UTHEA, TOMO 5
• DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO LARROUSE
Teoría del transformismo o evolución
se trata de la teoría del transformismo o evolución de Teilhard de Chardin . Según este paleontólogo, que pasa
elegantemente por encima de las innegables lagunas del sistema evolucionista aprovechándose en gran
medida del clima creado por la prematura publicación de "pruebas" bastantes dudosas, el hombre no es más
que un estadio pasajero en el curso de una evolución que se inicia con los animálculos unicelulares para
desembocar en una especie de entidad cósmica global asociada a Dios. La pasión mental de querer referirlo
todo a una sola línea evolutiva interrumpida pierde aquí casi totalmente el contacto con la realidad para
lanzarse de cabeza a una fantasmagoría abstracta, cuyo trabajo febril con cifras y esquemas pretende ofrecer
una ilusión de objetividad. Una característica de este teórico es que expresa cualquier relación circunstancial
de hechos científicos con esquemas gráficamente simplificados, operando como si se tratase no de
instrumentos conceptuales, sino de realidades concretas. Así, amplía, por ejemplo, el árbol genealógico de las
especies sin darse cuenta de que su unidad orgánica no es más que una suerte de ilusión óptica, y en realidad
se trata de una variedad de elementos inconexos; él diseña sus ramas como si se tratara de una verdadera
planta y construye la punta en la dirección en la que se movería la especie humana. En base al mismo
razonamiento impreciso que mezcla lo concreto con lo abstracto y confunde con impaciencia las
diferenciaciones entre lo que es y lo que se supone que es, asocia entre sí las más diversas categorías de
realidad, como las leyes humanas, las fuerzas biológicas, las tendencias psíquicas y los valores espirituales, en
una profusión única de conceptos pseudo científicos.
Un ejemplo típico es la siguiente cita: "Lo que explica la evolución biológica causada por la aparición del
Nombre es una explosión de conciencia; y lo que a su vez explica esta explosión de conciencia no es sino la
irrupción de un rayo privilegiado de "corpusculización", es decir, de un filo zoológico en la superficie hasta
aquel momento impermeable que separa la zona del Psiquismo directo de la del Psiquismo reflejo. Cuando,
siguiendo este rayo particular, la Vida alcanza un punto crítico de ordenación (o, como decimos nosotros, un
punto crítico de enroscamiento), se hipercentra en sí misma, adquiere la facultad de prever y de inventar.... La
"corpusculización", que en el mejor de los casos representa un proceso psíquico, implicaría la singular
consecuencia de que un "filo zoológico", que no es otra cosa que la representación gráfica esquematizada de
un proceso genético, irrumpiría a través de la superficie puramente teórica) que separa dos diferentes zonas
psíquicas, y, en razón de este hecho, la vida, que no es sino algo corpóreo, se enroscaría sobre sí misma para
engendrar así, mediante esta singular convulsión abstracto−mecánica, las facultades espirituales de previsión e
invención... Pero no hay que extrañarse de esta incapacidad de discriminación típica del pensamiento de
Teilhard, dado que, según su propia teoría, el espíritu no es más que una fase avanzada de la transformación
de la materia.
Teilhard hace derivar siempre la cualidad de un aumento de la cantidad; el aumento creciente de la vegetación
en todo el globo terrestre habría generado, con la presión de su masa, la vida animal; y cuando, en un futuro,
la humanidad tecnificada haya ocupado el último pedacito de tierra, la evolución general cerebral promovida
por la presión de esa masa lanzaría a la noosfera una especie de molusco colectivo con facultades espirituales
superiores...
Sin alargarnos sobre la singular teología de este autor, para quien Dios se desarrolla al mismo tiempo que la
materia, y sin pararnos en la embarazosa pregunta sobre qué debía pensar de los profetas y sabios de la
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antigüedad y del resto de seres "subdesarrollados", comprobamos lo siguiente: si es cierto que, tanto en un
sentido físico como espiritual, el hombre no es más que una fase de la evolución que se extiende de la ameba
al superhombre, ¿cómo puede él mismo saber objetivamente dónde se halla situado? Supongamos que tal
evolución forma una curva, una espiral: ¿puede el hombre, que no es más que un fragmento (sin olvidar que el
"fragmento" de un movimiento no representa en sí mismo más que una fase del mismo movimiento), salir de
ese proceso y decirse: (¿Yo no soy más que el fragmento de una espiral que se enrosca en una dirección
determinada"? En otras palabras, ¿cómo puede el hombre, si todo en él y en tomo suyo, incluso su espíritu,
cuya esencia es el mismo Dios, "fluctúa" constantemente, enunciar alguna cosa verdadera, válida y general
sobre sí mismo y el mundo? Teilhard de Chardin, ese representante de la presente fase evolutiva de la
humanidad, cree poder hacerlo: ¿sobre qué base? Es cierto que el hombre puede conocer su propia condición
y rango entre los seres vivos; por otra parte, es capaz de ello precisamente porque, lejos de ser una simple fase
dentro de un desarrollo indefinido, representa esencialmente una posibilidad central y, por lo tanto,
irremplazable y definitiva. Si la especie humana estuviera destinada a evolucionar hacia una forma distinta,
más perfecta y más "espiritual", el hombre no sería ya desde ahora el "punto de intersección" del Espíritu
divino con el plano terrestre; el hombre no podría ser salvado ni sería espiritualmente capaz de superar el flujo
del devenir. Comprobar la imperfección de la naturaleza humana no autoriza a suponer que continuará
evolucionando biológicamente; esta imperfección es, en realidad, común a todo el mundo terrenal; el aspecto
absoluto y universalmente válido inherente al espíritu humano, que le capacita para reconocer la propia
imperfección como tal, indica que la vía que lleva de lo humano a lo divino no se sitúa en un plano material y
temporal, sino que es perpendicular a éste. Por decirlo en los términos del Evangelio: ¿habría acaso tomado
Dios forma humana si ésta no hubiera sido ya "Dios en la tierra", es decir, cualitativamente única y, respecto
al propio plano existencial, definitiva?
Como síntoma de nuestro tiempo, la teoría teilhardiana corresponde a una de esas fisuras que se producen en
la corteza del pensamiento materialista en razón del progresivo endurecimiento de ese caparazón; no se abren
hacia arriba, hacia el cielo y su unidad verdadera y trascendente, sino hacia abajo, hacia el campo de las
corrientes psíquicas inferiores. Cansado de sí mismo y del abatimiento de su mundo cuantitativo, el
pensamiento materialista acepta fácilmente tal teoría pseudoespiritual provista de ciertos requisitos científicos;
la fe equivocada, materializada y materialmente solidificada −o materialismo sublimado− de un Teilhard de
Chardin se sitúa dentro de esta tendencia.
Litosfera, Biosfera y Noosfera
Teilhard de Chardin, habla de las tres grandes esferas del desarrollo:
1. Litosfera: o etapa de la no vida y de preparación para la vida.
2. Biosfera: o etapa del origen y evolución de la vida.
3. Noosfera o etapa del desarrollo de la razón. una especie de red planetaria de Conciencia Evolutiva que nos
envuelve y de la cual somos parte. En esta última etapa es donde se pasa de la homonización a la
humanización, que según la teología moderna conducirá a la espiritualización universal o el Reino de Dios.
Theilard de Chardin. El hombre, la sociedad, la humanidad.
Este preámbulo que escribe Teilhard es inobjetable desde el punto de vista científico y también es correcto
desde el punto de vista fenomenológico. Asimismo podemos concordar con algunos aspectos morales de la
cosmología filosófica con la cual Teilhard quiere culminar su cosmología científica y fenomenológica y
especialmente en lo que se refiere a la necesidad de "exorcizar radicalmente de nuestro horizonte el espectro
de la muerte". Aún en el caso de un enfriamiento de la Tierra o de circunstancias que promovieran su
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destrucción, dice Teilhard, habría que ver en ello sólo un "fenómeno parecido exteriormente a la muerte
quizás, pero en realidad simple metamorfosis y acceso a la síntesis suprema. Evasión fuera del planeta, no
espacial y exteriormente, sino espiritual e interiormente, es decir como la hace posible una hipercentración de
la estofa cósmica sobre si misma".
Es inobjetable la noción que tiene Teilhard de un cosmos multidimensional que se concreta en hipermundos
totalmente diferentes, y también la idea de un desarrollo temporal de los mismos acompañando los ritmos
planetarios y cósmicos. Pero lo que no se concilia con una verídica descripción del cosmos es la introducción
en las explicaciones, por parte de Teilhard, de la noción cristológica de punto omega. Primero porque el punto
omega sería totalmente externo y trascendente al mundo, cuyas estructuras ordenaría y cuyos ritmos él estaría
promoviendo de acuerdo a los designios de un espíritu cósmico humanizado.
Esta noción es antropológica y cae en el error de situar en las mismas magnitudes al cosmos y, paralelamente
a él, de manera trascendente, a una persona. El carácter divino que se atribuye de acuerdo a la cristología al
ser absoluto, confiriéndole una fisonomía humana es una idea que extrapola y describe con exageración la
importancia del hombre en el cosmos. Además cae en la afirmación − que solo simbólicamente podría
admitirse − de que imperan en el cosmos designios motivados por el amor (o el odio), los cuales son
fenómenos puramente humanos. También es antropológica la idea de un plan y de un determinismo en el
universo atribuible a una voluntad personal. La posibilidad y el azar están siempre presentes en el cosmos.
Como lo decía Heráclito "El logos es un niño que juega". No hay, en la casualidad de los acontecimientos, un
designio premeditado. El pensamiento no existe antes y por sí sólo como lo pensó el idealismo platónico, sino
que está imbricado en la estofa cósmica y evoluciona conjuntamente con ella.
Es grande el mérito de Teilhard como científico y antropólogo que ha efectuado valiosas comprobaciones y
descubrimientos acerca de la evolución genética de la vida, que es un proceso dentro del cual se puede citar al
hombre. También es acertada su afirmación de que: "Para comprender la amplitud verdaderamente cósmica
del fenómeno humano es necesario que sigamos el desarrollo de sus raíces a través de la vida". Pero Teilhard
no es fiel hasta el último momento a la fenomenología del hombre y, finalmente, trata de supeditarla a una
concepción dogmática de carácter religioso. Es decir que se aparta de la simple descripción de lo dado
respecto al fenómeno humano, para introducir una filosofía explicativa del mismo en la cual Teilhard
simplemente cree. Por eso concluye diciendo: "Pero si nosotros queremos comprender su naturaleza
específica (del fenómeno humano) y adivinar el secreto del hombre, no hay otro método que el observar lo
que la Reflexión (escribe con mayúscula la palabra reflexión porque alude a una reflexión dogmática
privilegiada) ha dado y lo que ella anuncia en adelante". En este punto claudican las investigaciones
científicas de Teilhard y deja de aplicar el método fenomenológico que prescribe dejar de lado todo prejuicio
cuando se describe la realidad del ser.
También será infiel Teilhard a la propuesta que aparece en la "Advertencia" de la primera página de "El
fenómeno humano" donde ha dicho: "Para ser correctamente comprendido el libro que yo presento aquí, pide
ser leído no como una obra metafísica, mucho menos como una obra teológica, sino única y exclusivamente
como una obra científica", porque al establecer las conclusiones finales de su estudio, se aparta de la simple
descripción de lo que es y hace lugar a la profecía religiosa que anuncia lo que será, según la noción del cristo
cósmico con la cual Teilhard da termino a su cosmología, y por la cual sitúa a una persona divina trascendente
al cosmos como origen y fin de la evolución del mismo.
Con la introducción de esta hipótesis Teilhard confiere, como hemos dicho, un carácter antropológico a su
cosmología. Con la noción de "Punto Omega" procura integrar sus valiosas referencias científicas con la
teología. Este intento le quita a su cosmología aspectos universalmente valiosos desde el punto de vista
científico en relación con la concepción del universo y del hombre. De cualquier modo, y no obstante esta
inconsecuencia, hay afirmaciones textuales dentro de la obra de Teilhard que tienen, por sí solas, validez
indudable. Ha dicho Teilhard: "La verdadera física es aquella que llegará un día a integrar al hombre total en
una representación coherente del mundo", "Cada elemento del cosmos está positivamente tejido con todos los
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otros por debajo de sí mismo por el misterioso fenómeno de "composición" que lo hace subsistente en el
extremo de un conjunto organizado", "Las múltiples zonas del cosmos se engloban sin imitarse".
Con mucha razón Teilhard ha comprendido la fuerza integrante de la energía y del tiempo, y lo ha expresado
en estos términos: "Un quantum de energía no toma plenamente su sentido sino cuando buscamos definirlo en
relación a un movimiento natural concreto − es decir en la duración". "Históricamente, la Estofa del universo
va concentrando en forma cada vez más organizada de materia". Pero en la sistematización que efectúa
finalmente Teilhard de las ideas y los hechos, aquellas indicaciones que valen si se las consideran en relación
con los ritmos cósmicos en su eterno devenir quedan desvirtuadas al quedar comprometidas con sus creencias
dogmáticas de carácter teológico. En efecto, para Teilhard hay un fin definitivo en el proceso del tiempo. De
antemano se prevee una organización final a realizarse en el punto omega, que dará fin a la historia. De esta
manera se excluye y se pierde la idea de los ritmos eternos en el cosmos y la noción de lo imprevisible del
devenir que habían comprendido los antiguos.
Introducción
En este trabajo conoceremos mas a fondo la vida, obra y pensamiento de un gran filosofo del siglo 20, este
francés nos plante sus puntos de vista y opiniones respecto alo divino y lo humano, y nos presenta una teoría
basada en un principio y un fin de la evolución. Chardin no debiese ser considerado etnólogo, filosofo teólogo
o genio...sino, simplemente, como el humanista, y sobre todo como el humanizador. Además Chardin Elaboró
una atrevida y discutida síntesis de los conocimientos científicos modernos con los datos de la fe: la evolución
de la materia ha seguido un proceso de complejidad con concienciación progresiva (biogénesis, neogénesis)
que converge teológicamente en Cristo, verdadero "motor de la evolución", "punto omega" y "centro orgánico
de todo el universo".
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