1.2. El paradigma de Lasswell y la estabilidad teórica

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Universidad Surcolombiana
Programa de Comunicación Social y Periodismo
Seminario de Teoría de la Comunicación II
Prof.: Carlos Arturo Monje Álvarez
De MORAGAS Spà, Miguel. Teorías de la comunicación. Investigación sobre medios en América y
Europa. 4 Ed. España, Gustavo Gili, 1990, pp. 40-43.
1.2. El paradigma de Lasswell y la estabilidad teórica
Cruzando transversalmente estas condiciones económicopolíticas, existe una evidente evolución
teórica interna en la investigación de la comunicación norteamericana. En este sentido, y si algo
parece claro, es que cualquier introducción a dichas bases teóricas debe hacer referencia al
paradigma de Lasswell. En su interpretación y en un segundo paso, en la explicación de su
superación, se encuentra una pauta insustituible para explicar, en general, la evolución de aquella
investigación.
La importancia que otorgamos al paradigma de Lasswell se amplía si consideramos que su influencia
supera el marco norteamericano y se extiende, prácticamente, a toda la ciencia mundial de la
comunicación de masas.
En una introducción como la presente se hace, por tanto imprescindible abordar con una mínima
amplitud las características de dicho paradigma.
Si recordamos los puntos de vista expresados en los primeros capítulos, en los que intentaba delimitar
el objeto de estudio de las ciencias de la comunicación de masas, y en los que se reunían los puntos
centrales del paradigma, llegaremos a la certeza de que este planteamiento obliga, por lo menos, a
dos tareas complejas: por una parte al análisis, en el caso concreto de cada proceso de comunicación
específico, de cada uno de los distintos elementos que lo componen -ésta es, a mi entender, una gran
virtud del planteamiento de Lasswell y que permitió a la ciencia de la comunicación nórteamericana
una primera y necesaria delimitación de componentes-; se hace necesaria, en segundo lugar, una
referencia al estudio de la naturaleza del proceso. En este segundo aspecto, y en tanto que no refleja
las mutuas implicaciones entre los distintos elementos, es donde se descubren con mayor detalle los
defectos y las consecuencias disgregadoras del famoso paradigma.
Se dice que las limitaciones del paradigma de Lasswell son al mismo tiempo las limitaciones de la
propia ciencia de la comunicación. Se dice, por ejemplo, que el paradigma de Lasswell centra el
problema de la comunicación en los efectos. Esto es tan cierto como que este mismo planteamiento
invade, con independencia del paradigma, toda la ciencia de la comunicación de influencia
norteamericana. Un segundo defecto que se atribuye al planteamiento de Lasswell es el que
transplanta a la comunicación masiva un esquema que corresponde, propiamente, al modelo de
comunicación interpersonal. El paradigma de Lasswell induce a extender a las relaciones de una
colectividad los términos de una relación cara a cara. Debo insistir en ello. El paradigma no es sino un
reflejo de los planteamientos de la ciencia de la comunicación norteamericana en general, en la que, y
en este aspecto deben encontrarse las debidas connotaciones ideológicas, se da una versión
personalista, equívoca, del emisor de la comunicación de masas.
En el artículo de Lazarsfeld «The Prognosis for International Communication Research» (Lazarsfeld
1952), se hace evidente, se expresa claramente, una circunstancia que no puede tampoco imputarse
al paradigma. De hecho, la ciencia de la comunicación masiva en Estados Unidos ha desarrollado sólo
tres áreas de las cinco que se plantean en el paradigma: el área de los efectos (que Lazarsfeld
atribuía a los intereses morales y culturales), el área del contenido (que Lazarsfeld atribuía a los
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intereses políticos de la propaganda) y el área de la audiencia (que Lazarsfeld atribuía a los intereses
comerciales).
De hecho, y esto es válido incluso en el panorama más estrictamente contemporáneo, queda por
estudiar, sobre todo, el área correspondiente a la emisión.
Los planteamientos teóricos del paradigma han sido sometidos más recientemente a una crisis y a
una revisión profunda. Esta crisis nace de los nuevos presupuestos que ha establecido la lingüística, o
más ampliamente la semiótica, y que superan el esquema de la lingüística conductista que, de hecho,
se encuentra en la base del planteamiento de LassweIl. Me refiero muy concretamente a los
planteamientos de la semiótica moderna, que no coinciden con el criterio de LassweIl, quien, por
ejemplo, entiende el mensaje y el receptor como entidades separadas e independientes.
No puede disociarse el mensaje de los a priori de conocimiento, de la situación de recepción, de la
propia situación de comunicación. Lo mismo puede decirse con respecto a la pregunta por las
relaciones estructurales que se establecen entre el canal y el mensaje, etc. (Maletzke 1963).
El estudio del paradigma, como hemos visto, nos sitúa en el centro de la ciencia de la comunicación
de masas en general, ya sea para iniciar una primera y necesaria clasificación de los elementos, ya
sea para plantearse los grandes problemas de naturaleza comunicativa que su proceso establezca, y
'mas complejamente, preguntándonos por las superaciones que la propia teoría de la comunicación
masiva va estableciendo en la revisión de los planteamientos tradicionales expresados por el
paradigma.
El paradigma de LassweIl representa la sintetización de lo que podría llamarse «primeros
presupuestos de la ciencia de la comunicación en Estados Unidos». Es conveniente, por tanto, y al
margen de las consideraciones modernas sobre aquel planteamiento, recorrer la historia de la propia
crisis teórica interna en Estados Unidos en relación con aquella corriente histórica tradicional.
El progreso científico demuestra que la relación comunicativa no desemboca en la producción
automática de unos efectos, como parece o podría deducirse de los planteamientos del paradigma.
Para Klapper (1960, 1974'), las «aguas tranquilas del paradigma de LassweIl» distorsionan la realidad
compleja que define el proceso comunicativo.
Los progresos en los estudios de la comunicación de masas han hecho urgente la consideración de
esta pluralidad. Este es el camino que, poco a poco, irá destruyendo el planteamiento primitivo de
LassweIl. «Casi todos los aspectos de la vida de cada uno de los miembros del público -dice Klappery
casi todos los de la cultura en la que se produce la comunicación, parecen susceptibles de relación
con los efectos de ésta» (flapper 1974%). La investigación empírica sobre los efectos de la
comunicación ha puesto de manifiesto que en relación con ellos debe atenderse a una multitud de
variables: imagen que el público tiene de las fuentes, el paso del tiempo, los a priori de conocimiento
acumulados a lo largo de la experiencia social e individual, las actividades de los líderes de opinión,
las influencias sociales paralelas a la acción comunicativa, y un largo etcétera. Podemos decir que, en
gran parte, la ciencia de la comunicación de masas que se desarrolla en Estados Unidos a partir de
los años cincuenta centra su interés en una redefinición de la estructura comunicativa en relación, no
ya con los efectos, sino con los elementos que los condicionan.
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