CIDEAD La segunda guerra mundial es ... LA II GUERRA MUNDIAL

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LA II GUERRA MUNDIAL
La segunda guerra mundial es el resultado de la situación creada en el Congreso de Versalles,
agravada por la Gran Depresión de los años treinta y sus consecuencias políticas (debilidades de las
democracias y fortalecimiento de la dictadura), económicas (proteccionismo interno y expansionismo
externo, rearme e industrias de guerra, como intentos de solución a la crisis) e ideológicas entre nazifascistas, comunistas y demócratas.
1. CAUSAS DEL CONFLICTO
1.1. El camino hacia la guerra
Las resoluciones adoptadas al término de la primera guerra mundial en el Tratado de Versalles van a
ser constantemente discutidas y replanteadas por parte de Alemania, que considera injustas muchas de las
decisiones allí tomadas.
La República, primero, y el Tercer Reich, posteriormente, consideraban excesivas las reparaciones
de guerra y las restricciones económicas y militares impuestas por los aliados. Las soluciones aportadas por
el Pacto de Locarno (1925) daban la impresión de que inauguraban una nueva etapa en las relaciones
internacionales, basada en el espíritu de colaboración en pro de la pacificación. Por otra parte, los planes
Dawes (1924) y Young (1929) reducían la deuda alemana y prolongaban el plazo de entrega de las
reparaciones hasta 1988. Fruto de estos acuerdos es la entrada de Alemania en la Sociedad de Naciones, en
la que permanecerá hasta 1933.
La Gran Depresión y el ascenso al poder de Hitler van a modificar los planteamientos de las
relaciones internacionales en la década de los años treinta: una de las consecuencias más graves de la crisis
económica es el debilitamiento de las democracias occidentales, ante las que se envalentonan las dictaduras
establecidas en las potencias que luego lucharán unidas en la segunda guerra mundial. Hiro Hito desde
1931: Hitler desde 1933 y Mussolini desde 1935 se van a enfrentar con la Sociedad de Naciones y
comienzan su expansión territorial, lo que supone, en el caso de Alemania, el rechazo de lo estipulado en
los Tratados de Versalles y Locarno.
En 1931 el Gobierno japonés decidió apoyar la intervención de su Ejército en Manchuria para
defender sus intereses económicos (ferrocarril, minas y cereales) y creó un año más tarde un "estadosatélite" independiente de China con el nombre de Manchukúo. La Sociedad de Naciones y Estados Unidos
se limitaron a hacer unas declaraciones condenatorias y a decidir tan sólo unas sanciones "morales" para no
perjudicar los intereses económicos británicos y estadounidenses, que tenían en Japón a un buen cliente de
sus productos. Frente a esta primera medida de fuerza por parte de Japón, los países occidentales, aunque no
reconocen el estado de Manchukúo, no toman ninguna medida y consienten la política japonesa al aceptar
los hechos consumados (1933).
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En 1933 Alemania decidió abandonar la Sociedad de Naciones y la Conferencia de Desarme, para
evitar la supervisión franco-británica y la continuación del desarme clandestino. A continuación fueron
ejecutadas las reivindicaciones de Hitler sobre diferentes territorios: reincorporación del Sarre mediante
plebiscito (1935), ocupación de la Renania desmilitarizada (1936), anexión de Austria (marzo de 1938) y de
los Sudetes (septiembre de 1938), invasión de Checoslovaquia y Memel (marzo de 1939) y conquista de
Polonia septiembre de 1939). En estos dos últimos casos Hitler ya ha sustituido la política pangermánica del
"espacio alemán" por la conquista del "espacio vital" en territorio eslavo para beneficio de la raza aria
alemana.
En 1935 se inició un proceso similar, "aunque de menor relevancia" en la Italia de Mussolini. La
conquista de Etiopía y la oposición de la Sociedad de Naciones lo que provocará la salida de Italia de este
organismo internacional, el distanciamiento con respecto a Francia y Reino Unido y el acercamiento a
Hitler.
El proceso expansionista de Japón, Alemania e Italia va estrechamente ligado a un exaltado
nacionalismo (Shintoismo imperial, nacionalsocialismo y fascismo). La alianza de estos tres estados
comienza en 1936 mediante el Pacto antikomintern (contra el comunismo) firmado por Alemania y Japón,
al que en 1937 se uniría Italia.
Hasta 1936 Mussolni se había constituido en el principal defensor de una Austria independiente, por
lo que temía un cierto enfrentamiento con los objetivos de Hitler de anexionar Austria al III Reich. Pero en
1936 la política expansionista de Italia en Etiopía y el consiguiente enfrentamiento con el Reino Unido,
protector de Haile Selassie, tuvo como consecuencia la alianza de la Alemania nazi y de la Italia fascista:
Hitler apoyaría la política italiana en Etiopía y Mussolini aceptaría la anexión de Austria por Hitler.
La guerra civil española (1936-1939), con el apoyo de nazis y fascistas al bando de Franco, serviría
para fortalecer la alianza de Alemania e Italia. Por su parte, Japón inició la guerra contra China (19371945), que supuso el comienzo de la guerra mundial en Asia.
Las guerras en España y China fueron el laboratorio experimental para alemanes y japoneses, pues
gracias a ellas pudieron comprobar que las democracias occidentales eran débiles y no estaban decididas a
actuar frontalmente contra sus intereses. Igualmente les permitió probar su material bélico y adiestrar a parte
de sus tropas, logrando -en el caso alemán- crear un Ejército superior al francés desde 1937. Desde este
momento Hitler se consideraba lo suficientemente fuerte como para lanzarse a la gran ofensiva tendente a la
conquista del "espacio vital".
1.2. Los golpes de fuerza de Hitler
Los golpes de fuerza de Hitler entre marzo de 1938 y septiembre de 1939 fueron cada vez más
contundentes y originaron los cambios fundamentales en las relaciones intereuropeas que conducirían a la
segunda guerra mundial.
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El primer golpe de fuerza de Hitler consistió en la anexión de Austria a Alemania, el Anschluss.
Desde el fallido golpe de Estado de los nazis austriacos contra el canciller Dollfuss, en julio de 1934, Hitler
llevó a cabo una política de aislamiento de Austria -a la que privó de su principal defensor, Mussolini-, y de
reforzamiento del partido nazi austriaco y de su líder Arthur Seyss-Inquart. En febrero de 1938 presionó al
nuevo canciller austriaco Schuschnigg para que nombrará a Seyss-Inquart como ministro del Interior y
amnistiara a los nazis encarcelados. Al mes siguiente, Schuschnigg anunció su deseo de realizar un
plebiscito para que los austriacos dijeran si deseaban mantener su independencia o unirse a Alemania, pero
éste no será realizado hasta el 10 de abril, , después de que Seyss-Inquart tomara el poder y decidiera
entregarlo a Hitler, cuyas tropas invadieron pacificamente el vecino país austriaco (12 de marzo). El
plebiscito, celebrado con la presencia de las tropas del Reich en Austria, dio como resultado un 99,75% de
votos a favor de la incorporación de Austria al III Reich alemán.
El segundo golpe de fuerza se preparó entre marzo y septiembre de 1938 en los Sudetes, territorio
de Checoslovaquia donde vivían tres millones de alemanes. El dirigente sudete-alemán Henlein solicitaba
del Gobierno checo la autodeterminación para el territorio de los Sudetes, siendo esta petición apoyada por
Hitler, quien, como medida de fuerza concentró 750.000 soldados junto a las fronteras checoslovacas e
inició la fortificación de la frontera germano-francesa, como medida disuasoria frente a las declaraciones
franco-inglesas de ayuda a Checoslovaquia en caso de invasión.
Hitler había planeado la ocupación de los Sudetes para el día 1 de octubre, pero, ante el inminente
peligro de guerra, el primer ministro británico Chamberlain convenció a su homólogo francés, Daladier, a
Mussolini y a Hitler para dialogar y evitar la guerra. El 29 de septiembre de 1938 se reunieron estos cuatro
políticos europeos en la Conferencia de Munich y Hitler obtuvo todo lo que quería en ese momento: la
anexión de los Sudetes a Alemania y la conversión "de facto" del resto de Checoslovaquia en un "satélite"
de Alemania. Chamberlain creyó haber asegurado de esta manera una paz duradera, pensando que Alemania
ya estaba resarcida y satisfecha. Esta impresión de Chamberlain parecía confirmarse al firmar Alemania
pactos de no agresión con Francia y el Reino Unido.
El tercer golpe va a consistir en la ocupación de toda Checoslovaquia tras obligar Hitler a su
presidente Hacha a "entregar el destino del pueblo checo en las manos del Fürher" en marzo de 1939:
Constantin Von Neurath, antiguo ministro de Asuntos Exteriores alemán, se convierte en "protector" de
Bohemia y Moravia, continuando Hacha en la "jefatura del Estado", mientras que Eslovaquia se convierte
en nación teóricamente independiente. A los 6 días de la ocupación de Checoslovaquia, Hitler se anexionó
Memel e inicia sus reclamaciones respecto a Polonia (Dantcig y Pomerelia), pero tiene que posponer
durante unos meses sus intenciones, al declarar Francia y Reino Unido que intervendrían en la guerra en
caso de una nueva agresión alemana.
Las relaciones internacionales y la elaboración de pactos entre los meses de abril y septiembre de
1939 son decisivos para la futura guerra que todo el mundo prevé o siente llegar. En abril, Gran Bretaña y
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Francia prometen ayudar, en caso de invasión, a Grecia, que se siente amenazada tras la ocupación de
Albania por Mussolini, a Rumania, hostigados por la política alemana que necesitaba el petróleo rumano y a
Polonia. Frente a estos pactos firmados por los anglo-franceses, polacos, rumanos y griegos, Mussolini y
Hitler van a establecer una alianza política y militar en el mes de mayo: es el Pacto de Acero.
Sin embargo, van a ser Estados Unidos y URSS las naciones que van a decidir a Hitler a dar el
cuarto golpe que provocó la II guerra mundial. Efectivamente, la política aislacionista y la indiferencia del
presidente de Estados Unidos, ante la problemática europea, pese a sus declaraciones de pacifismo y defensa
de las democracias sólo sirvieron para mantener en Hitler sus ambiciones territoriales. Por su parte, la
URSS de Stalin desde el mes de marzo de 1939 mantenía conversaciones con Francia y Reino Unido para
asegurar el mantenimiento del estado polaco frente a la probable agresión alemana, pero no fue posible
firmar un pacto por la oposición declarada del presidente polaco, quien veía en este pacto un grave peligro
para su país al permitir la entrada de tropas rusas en suelo polaco en el caso de que estallase un conflicto
con alemania. Al dar garantías de protección a Polonia los gobiernos francés e inglés, se produjo el
endurecimiento de la postura polaca frente a las exigencias alemanas.
La sustitución en mayo de Litvinov por Molotov en el ministerio de Asuntos Exteriores soviético
supuso un cambio en la política exterior de Stalin, quien, pese a su oposición ideológica, ya estaba decidido
a iniciar conversaciones secretas con Alemania. El 20-21 de agosto, Ribbentrop y Molotov firman el pacto
germano-soviético por el que se comprometen a no intervenir en caso de guerra en el lado contrario y, en
una cláusula secreta, establecían sus respectivas zonas de influencia y el reparto de Polonia.
En estas circunstancias favorables Hitler se decidió a poner en práctica el cuarto golpe: la invasión
de Polonia. A partir del 1 de septiembre de 1939 el Ejército alemán entró en territorio polaco y dos días más
tarde Gran Bretaña y Francia declaran la guerra a Alemania.
Resumiendo las causas más importantes del inicio de la II Guerra Mundial son:
- El descontento producido por los tratados de paz de la Gran Guerra, tanto entre los
vencidos (Alemania) como entre los vencedores (Italia).
- La confrontación ideológica entre democracias y fascismos expansionismo.
- La crisis de 1929 que acentuó los nacionalismos económicos y las tensiones.
- El desarrollo de industrias de guerra.
- El deterioro de las relaciones internacionales por el sistemático empleo de los golpes de
fuerza de algunos países.
- El sistema de alianzas bilaterales.
- La desunión entre Francia y el Reino Unido y la desconfianza de ambos ante la URSS.
- Causa inmediata: la invasión de Polonia.
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6. TRATADOS DE PAZ Y CONSECUENCIAS DE LA II GUERRA MUNDIAL
6.1. La división de los aliados
El carácter ideológico de la contienda quedaría resueltamente afirmado desde la firma por las dos
grandes potencias occidentales (Estados Unidos e Inglaterra) de la Carta de Atlántico, en el verano de 1941.
Allí se concertaba que la paz a establecer en su momento habría de reposar sobre la hegemonía
norteamericana en el Nuevo Continente, eliminación del riesgo de guerra mediante acuerdos duraderos entre
los aliados y restablecimiento de la paz mediante la igualdad de todos los pueblos, además de, imposición
de sistemas de Gobierno democrático. Sin embargo, la simultánea entrada en la coalición de la Unión
Soviética (desde la ofensiva germana de fines de junio de 1941) vendría a limitar frontalmente tales
propósitos. Si las democracias occidentales consiguen ahora un poderoso aliado, que cierre la tenaza
estratégica por el Este, no podrán en cambio ya desconocer la existencia competitiva de un programa de
imperialismo ideológico -el soviético- que tan violentamente contraría el suyo propio. En lo sucesivo, los
objetivos y también los avatares de la guerra se impondrán de hecho a cualquier otra consideración y
acabarán condicionando las previsiones y la final organización de la paz. No obstante, los años que siguen
(y hasta el mismo filo de la derrota de Alemania) contemplan un intermitente esfuerzo de diálogo, en que a
los aspectos militares se yuxtapone el intento de alcanzar alguna forma de entendimiento previo sobre el
futuro de los territorios europeos, que se hallaban bajo la férula del Reich. Las incompatibilidades y la
división de los vencedores del mañana, se esboza ya de una manera muy clara en los siguientes tres
momentos consecutivos:
a) En la cumbre de Teherán (noviembre-diciembre 1943) iba a ponerse de manifiesto la primacía
concedida a los objetivos estratégicos, sobre las previsiones político-ideológicas. Sólo Churchill parece
haber comprendido el peligro de la expansión soviética por los Balcanes y Centroeuropa. De ahí sus
esfuerzos para que la apertura (reclamada por Stalin) de un segundo frente aliado se localizase sobre el
Mediterráneo, sustrayendo así a la ulterior influencia comunista las zonas "allí liberadas. Sin embargo, la
postura británica se vería debilitada por la actitud del presidente Roosevelt, que concedía carácter prioritario
al mantenimiento de la unidad entre los aliados. La final decisión de un desembarco en la costa francesa,
dejaba a la Unión Soviética el camino expedito en la Europa balcánica, al descartar la presencia angloamericana del teatro de operaciones del Este.
b) La cumbre de octubre de 1944 (esta vez con ausencia del presidente norteamericano) registra de
forma patente la importancia en aumento que va cobrando el problema de las zonas de influencia, en la
misma medida en que evolucionan los progresos militares aliados. El arbitrio de Churchill, que acepta
Stalin, para una distribución ingenuamente porcentual del grado de influencia en el área balcánica, encubre,
junto a una sorda, pero ya manifiesta rivalidad, la imposibilidad de cualquier compromiso operativo para
poner coto al expansionismo soviético, de cuyo radio de acción sólo logrará sustraerse el Estado griego.
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c) Finalmente, la tercera reunión, en Yalta (febrero de 1945), perfila, a dos meses de la rendición
del Reich, el reparto de las respectivas zonas de ocupación de Alemania, con inclusión de Francia y
haciéndose llegar la soviética hasta el Elba. Al mismo tiempo, queda ya claramente establecida la exclusiva
influencia comunista en la Europa del Este. Se cedió ante Stalin, porque se quería obtener a cambio un
compromiso de actuación del ejército rojo. Truman, que había sucedido a Roosevelt, accedió, en contra de
la opinión de Gran Bretaña, a evacuar las tropas angloamericanas de las zonas de influencia soviética, en
cuyos países se fueron estableciendo gobiernos comunistas conforme eran liberados. Norteamérica cedía
ante la URSS porque en sus planes inmediatos no entraba la injerencia en los asuntos europeos, en
continuidad con su tradicional política exterior, aunque los acontecimientos posteriores les convencerían de
su error. En Yalta se pusieron los pilares de la paz europea entre las tres potencias aliadas, de acuerdo con
los principios de la democracia y la libertad; pero, sobre todo, se estableció una especie de condominio para
dirigir el mundo entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Gran Bretaña ya no tenía nada que hacer.
Para Churchill y Roosevelt era necesario que la ofensiva soviética continuase más allá del Oder,
para quebrantar el poder de Hitler.
Bajo estos presupuestos de fuerza y a la vez de dependencia por parte de los Tres Grandes, los
acuerdos de Yalta, más que arreglar los problemas pendientes, respondieron a satisfacciones puntuales:
- La cuestión polaca, se centró en el trazado de fronteras, desplazadas hacia el oeste y compensadas
con territorios de Alemania Oriental. Además, se constituía un gobierno, sobre la base del ya existente,
establecido por los soviéticos, al que se unirían algunos miembros del gobierno en el exilio, pero con el
compromiso de celebrar elecciones libres.
- Sobre el futuro de Alemania, ninguno de los aliados podía correr el riesgo de entregar la totalidad
de Alemania a cualquiera de los otros, ni tampoco se podía dejar al país en libertad. Se decidió la ocupación
militar por los tres (después se incluyó a Francia). Rusia recibiría la mitad de las reparaciones alemanas.
- Para finalizar la guerra con Japón, Stalin se comprometió a declarar la guerra a aquel país después
de la rendición alemana, en contrapartida se adjudicaría el sur de la isla de Sajalin, las islas Kuriles y Port
Arthur.
- Los planes para un gobierno mundial. Se consiguió la adhesión de Stalin para constituir la
Organización de las Naciones Unidas.
- Respecto a los países del Este, las decisiones fundamentales se habían tomado con anterioridad a
Yalta; En Yalta sólo se formuló una Declaración sobre la Europa liberada con el compromiso de colaborar,
conjuntamente, en el establecimiento de gobiernos democráticos por vía de elecciones libres, bajo control
tripartito.
Así, el espíritu de Yalta no estuvo formado sobre la idea de un reparto, sino en la coordinación de
intereses de los Tres Grandes. En Crimea se pretendió negociar una distensión, un modus vivendi, ante unos
hechos militares consumados.
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La situación creada se confirmó en Postdam (julio 1945), Las relaciones entre los aliados se
deterioraron en los meses que transcurrieron entre Yalta y Potsdam. Como la guerra había terminado en
Europa cada uno de los vencedores emprendió su política particular: los soviéticos actuaron en los países
que ocuparon en Europa Central sin consultar a los occidentales, y éstos reglamentaron las cuestiones
mediterráneas y africanas sin intervención de los rusos.
Truman, que no compartía la admiración de su predecesor por el heroísmo de los soviéticos, cuando
la guerra europea interrumpió la ayuda americana a la URSS; Stalin le acusó de querer estrangular la
economía rusa.
Bajo estas condiciones la Conferencia de Postdam (17 julio- 2 agosto de 1945) se celebró en un
ambiente menos cordial que la de Yalta; a pesar de todo se mantuvo una apariencia de consenso entre
Stalin, Truman y Atlee, sustituto de Churchill.
En Postdam se establecieron además otros acuerdos:
- El desarme total y la desnazificación de Alemania.
- Cada uno recibiría las reparaciones de su propia zona. La URSS obtendría, además, un porcentaje
de las reparaciones de las zonas de los occidentales.
- Juicio a los criminales de guerra enemigos.
No se decidió nada sobre los países ocupados por Rusia, ni sobre la organización de elecciones
libres en dichas zonas; se rehusó conceder a Stalin el mandato de Libia y la vigilancia de los estrechos
turcos.
Las negociaciones de paz se confiaron a un consejo de Ministros de Asuntos Exteriores.
La URSS adquirió amplios territorios: una parte de la Carelia, sustraída a Finlandia; los países
bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) fueron integrados en territorio soviético; las regiones conseguidas por
Polonia en 1921 y que los soviéticos habían reconquistado en 1939; una parte de la Prusia Oriental; la
Rutenia subcarpática, cedida por Checoslovaquia; la Besarabia, tomada a Rumanía.
- Ocupación y destino de la vencida Alemania, porvenir de los imperios coloniales, ocupación y
destino de Japón, creación de una nueva Sociedad de Naciones y solución al problema polaco, cuyos
territorios orientales reclamaba la URSS. En Potsdam se acordó que esos territorios serían para la Unión
Soviética y se recompensaría a Polonia con territorios alemanes (Prusia oriental, Pomerania y Silesia), pero
no tardó la URSS en eliminar al gobierno polaco en Londres y crear un régimen socialista mediante un
plebiscito realizado en presencia del ejército rojo. Stalin continuaba dando muestras de sus apetencias ante
la pasividad de Occidente.
Hungría volvió a sus fronteras de 1919.
Asimismo, Bulgaria salvó el sur de Dobrudja, que conservó en detrimento de Rumanía.
Italia perdió sus colonias, Rhodas y el Dodecanesado (a Grecia), Istria (para Yugoslavia) y recuperó
Trieste en 1954.
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Alemania y Austria perdieron su soberanía hasta 1949 y 1951 respectivamente. Todas las
regulaciones territoriales fueron acompañadas de transferencias de población, a fin de evitar los problemas
de las minorías nacionales.
El mapa político europeo revelaba el nuevo equilibrio de poder, con los soviéticos ocupando una
posición central en el continente, además de su dominio en la Europa oriental y en la mayor parte de los
Balcanes, mientras que la Europa occidental y meridional mostraban su dependencia de la ayuda
norteamericana en la progresiva configuración de los "bloques".
6.1. CONSECUENCIAS DE LA II GUERRA MUNDIAL
a. Consecuencias humanas. Perdieron la vida unos cincuenta millones de personas, como era de
esperar las bajas más numerosas se produjeron en los frentes, pero también fue considerable la matanza
entre la población civil por efecto de los bombardeos, no sólo en las ciudades mártires, Hiroshima y
Nagasaki (con 60.000 y 40.000 muertos por las bombas atómicas), sino en las mismas ciudades europeas
(en Dresde, tras un bombardeo de 14 horas se produjeron 135.000 muertos). Sólo el genocidio de judíos
bajo lo que Hitler denominaba "la Solución final" o exterminio de esta comunidad, alcanzó la cifra de 6
millones. Además, hubo unos treinta millones de europeos que debieron abandonar su país de origen.
b. Consecuencias materiales. Muchas ciudades fueron destruidas; Alemania, Polonia y la Unión
Soviética fueron los países que sufrieron mayores destrozos. Infinidad de obras de arte se perdieron (1900
en Francia). Las vías de comunicación fueron destrozadas (80% en Polonia, 37000 kilómetros en Francia,
etc.).
La "guerra total" provocó un descenso del nivel de vida de los europeos, arruinados por la inflación
mientras que el coste de la vida aumentaba y se generalizaba el mercado negro. Las mayores penalidades las
soportaron los alemanes y los centroeuropeos. No obstante esta situación no fue uniforme; ciertos países se
beneficiaron del esfuerzo de movilización económica, como Gran Bretaña, que absorbió toda la mano de
obra disponible, incluso la femenina; Canadá y Estados Unidos, tan afectados por la crisis de 1929,
resolvieron el problema del paro; a Chile, Argentina, Brasil y Australia la guerra les llevó a un boom
económico.
c. Consecuencias morales y políticas. Fueron las más difíciles de reparar. Las destrucciones de
casas, colegios, hospitales... y la utilización de los avances de la humanidad para su autodestrucción son
algunas de las muestras de que la guerra había costado más cara que los problemas que la originaron. La
victoria de los aliados había permitido el triunfo de las libertades nacionales e individuales en los países del
Occidente, mientras el centro y este de Europa y gran parte de Asia quedaban bajo el poder de gobiernos
totalitarios.
A partir de ahora:
1. Dos potencias pasan a dominar el mundo: la Unión Soviética y los Estados Unidos, en detrimento
de Europa occidental.
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2. La guerra provoca una aceleración del movimiento descolonizador, que origina numerosos países
nuevos en lo que se ha llamado el Tercer Mundo.
3. La humanidad se divide en dos bloques, el capitalista y el socialista; a los que se añade después el
grupo de países del Tercer Mundo, con su injerencia decisiva en las relaciones internacionales.
4. El peligro de una nueva guerra incita a la creación de organismos internacionales que solucionen
los conflictos.
5. Las relaciones de producción en los países capitalistas vencedores (Francia, Gran Bretaña, Estados
Unidos) se transforman al exigir los trabajadores su parte de beneficios de la victoria y el pago a su
sacrificio por salvar el sistema. La guerra reafirmó las aspiraciones independentistas de los pueblos
coloniales de Asia y Africa.
Consecuencias científicas y técnicas. La incesante investigación tecnológica que se produce
durante la guerra en el campo de los armamentos, y que culmina con la bomba atómica, origina una
constante carrera de armamento entre los dos bloques resultantes de la nueva división geopolítica del
mundo.
La ciencia produjo también en estos años invenciones, aplicadas durante el conflicto, que después se
desarrollaron para fines pacíficos: radar, electrónica, materiales plásticos, penicilina, sulfamidas, transfusión
sanguínea, mecanización de la industria y, sobre todo, la utilización de la energía nuclear.
Todo esto demuestra claramente que tras la Segunda Guerra Mundial surge una nueva era.
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