Comparte el fuego de tu fe

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“(…) como él es el Verbo de Dios todopoderoso, donde la presencia invisible es extendida en nosotros y llena el mundo entero, él continúa su influencia en el mundo en su anchura, longitud, su altura y su profundidad (Ef 3,18). Porque, por el Verbo de Dios, todo está bajo la influencia de la economía redentora y el Hijo de Dios ha sido crucificado por todos, habiendo trazado este signo de la cruz sobre todas las cosas. Porque era justo y necesario que aquel que se ha hecho visible traiga todas las cosas visibles a participar en su cruz; y es así que, bajo una forma sensible, su propia influencia se hace sentir sobre las cosas visibles mismas: porque es él que ilumina las alturas, es decir los cielos, es él que penetra los lugares inferiores, él que recorre la distancia extendida del Oriente a Occidente, él que alcanza el inmenso espacio del Norte al Sur, llamando al conocimiento de su Padre a los hombres dispersos en todos los lugares” (Demostración, 34, PG 773). La frontalidad de Jesús en nuestra imagen, invita al encuentro cara a cara con él, a entrar en comunión por medio de sus ojos. Él es el que inicia y consuma nuestra fe (Heb 12,2): “fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe”, él hace arder el fuego de la fe en nuestros corazones (Lc 24,32), ensanchado el espacio interior de nuestra tienda, de nuestra vida para el encuentro con el Esposo (Mt 25,10): “Ensancha el espacio de tu tienda (…), no te detengas; porque a derecha e izquierda te expandirás” (Is. 54, 2-­‐3). A su vez, otro personaje que mira hacia nosotros además de Jesús es la mujer que lleva el fuego. El discípulo debe configurarse a su Maestro, ya que quien a ustedes escucha a mi me escucha, por lo que podríamos decir también: a quienes los ven a mi me ven…. Esta mujer representa a los discípulos dichosos que creen sin ver (Jn 20,29), y ven al Señor cuando miran-­‐comunicando y compartiendo el fuego de su fe como esta mujer. Comparte el fuego de tu fe
Para ayudarnos a la contemplación de la imagen
1. ¿Cuáles son los colores dominantes, las líneas de composición, oposiciones? 2. ¿Hay elementos simbólicos? 3. ¿Cuáles son los personajes principales, puedo identificar alguno, nombrarlos? ¿Cuáles son sus actitudes, posturas, gestos, miradas…? 4. ¿Qué ha querido el artista comunicarnos por medio de su obra? AHORA LEER EL COMENTARIO (*) DE LA IMAGEN
(Luego de leído el comentario) Contemplo de nuevo esta obra, con todo esto que hemos descubierto: ¿qué sentimientos, emociones ha hecho nacer en mí? ¿A qué pasaje preciso de la narración evangélica hace referencia la pintura? ¿Qué me hace pensar? ¿Cómo esto puede alimentar mi oración y compromiso de vida cristiana en mi quehacer catequético? Comentario de la imagen del afiche:
En el contexto del año de la fe, la imagen se inspira en las experiencias del Resucitado de los apóstoles Pedro y Juan, así como de las mujeres que van al sepulcro llevando los perfumes. Una de las mujeres lleva en sus manos un recipiente con dichos perfumes expresando esta experiencia: “El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro, y entraron pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús” (Lc 24,1-­‐3). Según el testimonio del Evangelio de Juan en el capítulo 20, 1-­‐10, luego del anuncio de María Magdalena, Pedro y Juan salen corriendo hacia el sepulcro. Primero entra Pedro y luego el otro discípulo, ‘el que Jesús quería’, identificado por la tradición como Juan. Éste “vio y creyó” (Jn 20,8). El evangelista aclara enseguida que no habían comprendido aún las Escrituras, por lo que podemos decir que la experiencia del Resucitado les permitirá comprender el misterio de Cristo en las Escrituras. Sin una experiencia del Resucitado el Libro se nos hace incomprensible: “yo lloraba mucho porque no se había encontrado a nadie digno de abrir el libro ni de leerlo…no llores; mira, ha triunfado el león de la tribu de Judá, el“(Ap. 5,4-­‐5). “Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras” (Lc 24,27). Benedicto XVI (Verbum Domini) nos dice que,”junto con este caminante que se muestra tan inesperadamente familiar a sus vidas, los dos discípulos comienzan a mirar de un modo nuevo las Escrituras. Lo que había ocurrido en aquellos días ya no aparece como un fracaso, sino como cumplimiento y nuevo comienzo.” Y esa experiencia del Resucitado está llamada a expandirse, como cuando se prende un fuego. Es por eso que, la composición de la imagen quiere servir a este significado. Puede apreciarse unas líneas imaginarias formando una cruz que comienza con el recipiente de los perfumes de la mujer, hace centro en la lámpara de fuego y luz, culminando en su parte superior con el rostro de Jesús y expandiéndose hacia los costados con las manos del Señor y las de los discípulos, en gesto de admiración y de expansión del fuego y de la luz. Esta cruz deja cuatro espacios en los que se sitúan los dos discípulos Pedro y Juan en la parte superior, y la mujer del perfume (mirófora) y la de la lámpara/fuego. Esta cuaternidad es un símbolo muy importante ya que la asociamos rápidamente a los cuatro puntos cardinales, abarcando de esta manera todo el universo. Es cuaternaria también la forma del Evangelio, por lo que se asocia con facilidad a la comunicación del Evangelio a toda la creación: “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16,15). Estamos ante una imagen cuyas coordenadas fundamentales utilizan los símbolos elementales de la vida y su orientación, que expresamos por medio de la cruz, el cuadrado y el círculo. Por esta razón, la contemplación detenida de la imagen a partir de un centro de luz y fuego, nos permitirá a su vez vivenciar ese eje que une desde ahí el cielo y la tierra, lo humano y lo divino. El que permite esta elevación es el mismo Cristo, por cuya razón está en la parte superior central. En este sentido, son preciosas las palabras de San Ireneo: 
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