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Oyster Perpetual
SEA-DWELLER 4000
Referencia
116600
MODELO CAJA
MOVIMIENTO
BRAZALETE
MODELO CAJA
Oyster, 40 mm, acero
MOVIMIENTO
Perpetual, mecánico, de cuerda automática
BRAZALETE
Oyster, 3 eslabones planos
ARQUITECTURA OYSTER
Carrura monobloque, fondo de caja y corona
enroscados
CALIBRE
3135, Manufactura Rolex
MATERIAL BRAZALETE
Acero 904L
FUNCIONES
Agujas de horas, minutos y segundos en el
centro. Cambio de fecha instantáneo con
ajustes rápidos. Sistema de parada del
segundero para una puesta en hora precisa
CIERRE
Cierre de seguridad desplegable Oysterlock
con sistema de extensión Rolex Glidelock.
Láminas de extensión Fliplock
OSCILADOR
Espiral azul paramagnética Parachrom
ESFERA
CUERDA
Automática bidireccional por rotor Perpetual
ESFERA
Negra
RESERVA DE MARCHA
Aproximadamente 48 horas
DETALLES
Visualización Chromalight de alta legibilidad
con luminiscencia azul de larga duración
DIÁMETRO
40 mm
MATERIAL
Acero 904L
BISEL
Giratorio unidireccional graduado 60 minutos,
disco Cerachrom de cerámica resistente a las
rayaduras, números y graduaciones
recubiertos en platino
CORONA DE CUERDA
Enroscada con sistema de triple hermeticidad
Triplock
CRISTAL
Zafiro resistente a las rayaduras
HERMETICIDAD
Hermético hasta 1.220 metros / 4.000 pies,
válvula de helio
PRECISIÓN
-2/+2 segundos al día tras el montaje
CERTIFICACIÓN
CERTIFICACIÓN
Cronómetro Superlativo (COSC + certificación
Rolex tras el montaje)
Cómo Rolex ha conquistado las profundidades
SEA-DWELLER 4000
Cuando la misión Hydra VIII de la Comex (Compagnie Maritime
d’Expertises) establece el récord del mundo de inmersión en mar abierto a
534 metros en 1988, el reloj de la misión es un Cronómetro Rolex Oyster
Perpetual Sea-Dweller, el modelo estándar en la equipación del líder mundial
de ingeniería submarina.
El único en el que confían plenamente sus submarinistas de élite para
acompañarles en sus descensos ultraprofundos en saturación, donde el timing
preciso de cada etapa posee una importancia vital; el reloj con el que llevaron
a cabo millones de misiones submarinas en condiciones extremas. Este reloj
legendario, instrumento de la conquista de las profundidades gracias a su
válvula de helio patentada por Rolex, se reedita hoy en una versión
actualizada que cuenta con las últimas innovaciones técnicas de Rolex al
tiempo que mantiene una estática icónica fiel al modelo original.
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Sea-Dweller 4000
LA VÁLVULA DE HELIO,
CLAVE DE LAS
PROFUNDIDADES
Diseñado en 1967 y hermético hasta 610 metros, llegando hasta
1220 metros (4000 pies) a partir de 1978, el Sea-Dweller es el reloj de los
pioneros de las profundidades: buceadores, exploradores de la
hidrosfera, el espacio acuático que cubre en torno al 70% de nuestro
planeta. Al igual que ellos, el Sea-Dweller ha tenido que adaptarse a las
mezclas respiratorias artificiales diseñadas para las grandes presiones y
compuestas por gases ligeros como el helio o el hidrógeno. Del mismo
modo que ellos, ha tenido que someterse al largo proceso de
descompresión durante el ascenso a la superficie con el fin de eliminar
estos gases sin sufrir daños (el famoso y potencialmente fatal accidente
de descompresión de los submarinistas). Con este fin, el Sea-Dweller
inaugura en 1967 una importante innovación desarrollada y patentada por
Rolex: la válvula de helio. Este ingenioso dispositivo de seguridad,
incorporado en la caja del reloj, ha desempeñado un papel esencial en el
desarrollo del buceo en grandes profundidades, cuyo máximo
representante es, sin duda, la Comex. Su fundador y presidente, el
pionero del buceo profundo Henri-Germain Delauze, declaraba acerca de
su reloj predilecto: «Alguien que practica el buceo con hidrógeno no
puede vivir sin su Rolex». Y añadía: «En el buceo, el tiempo es un dato
vital. El timing de las operaciones, el cambio de mezclas gaseosas, la
duración de las paradas de descompresión, la entrada o la salida de la
torreta se realizan con una exactitud de segundos. Disponer de un reloj
preciso, robusto y fiable es de vital importancia».
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Henri-Germain Delauze
«EN EL BUCEO, EL TIEMPO ES UN DATO
VITAL. DISPONER DE UN RELOJ
PRECISO, ROBUSTO Y FIABLE ES DE
VITAL IMPORTANCIA».
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Bajo presión
A LA CONQUISTA DE
LAS PROFUNDIDADES
Para comprender la importancia del Sea-Dweller hay que remontarse a
los inicios de la conquista de las profundidades, a principios de la
década de 1960. En aquella época el límite de inmersión submarina con
aire comprimido se situaba en torno a los 60 metros de profundidad,
fundamentalmente por razones fisiológicas. En efecto, a partir de esta
profundidad el aire se convierte en tóxico a causa de la presión. El
nitrógeno, que constituye cerca del 80% del aire natural, provoca un
grave efecto narcótico, la famosa «borrachera de las profundidades»,
que hace perder la cabeza hasta a los submarinistas más expertos. A
partir de los 66 metros, es el oxígeno el que se vuelve peligroso al causar
hiperoxia, crisis neurológicas y pérdida del conocimiento.
Por no hablar de un ascenso rápido a la superficie, que entraña el riesgo
de sufrir un accidente de descompresión: permanecer cuarenta minutos a
60 metros de profundidad requiere de dos horas de lento ascenso
marcado con numerosas paradas de descompresión que han de ser
escrupulosamente respetadas para permitir que los gases inertes
acumulados en el organismo se evacuen, con toda la problemática que
conlleva disponer del aire suficiente para permanecer tanto tiempo bajo el
agua. Estos tiempos de descompresión aumentan exponencialmente con
la profundidad. Para rebasar los 60 metros, claramente era necesario
hallar otras soluciones.
Dichas soluciones se materializan a principios de la década de 1960
mediante dos innovaciones: el desarrollo de mezclas respiratorias
alternativas para evitar los efectos tóxicos del aire y el concepto de buceo
de saturación para minimizar el tiempo de descompresión y los riesgos
asociados a él.
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Aire sintético
Si el aire natural se vuelve tóxico bajo el efecto de la presión, ¿por qué no
respirar otra cosa? Esta pregunta conduce al desarrollo de mezclas
respiratorias sintéticas que abren el camino hacia las profundidades
oceánicas. El aire natural está compuesto de, aproximadamente, 80% de
nitrógeno y 20% de oxígeno, pero el organismo humano solamente
metaboliza el oxígeno, lo que lo convierte en vital. Sin embargo, es el
nitrógeno el responsable de la narcosis de las profundidades a partir de
los 40 o 60 metros, en función del individuo. La investigación científica
establece que la proporción de nitrógeno del aire puede sustituirse por
helio, y que esta mezcla artificial helio-oxígeno (heliox) es respirable por
los humanos sin causar problema fisiológico alguno y sin provocar
narcosis bajo presión. Además, la toxicidad del oxígeno puede evitarse
aumentando la proporción de helio en la mezcla. A partir de entonces,
puede franquearse la barrera fisiológica de los 60 metros.
Posteriormente se rebasarán otros límites, como el síndrome neurológico
de alta presión, causado durante inmersiones prolongadas a más de
150 metros con heliox y superado mediante la utilización de diferentes
cócteles gaseosos compuestos por cantidades variables de hidrógeno,
oxígeno, helio y nitrógeno. La combinación de mezclas gaseosas
específicas en determinadas etapas de la inmersión permite, desde
comienzos de la década de 1960, aumentar más aún las profundidades
alcanzadas y optimizar el tiempo de descompresión. En 1961 se lleva a
cabo una inmersión en aguas abiertas a 222 metros de profundidad en el
lago Mayor, en Suiza. Al año siguiente se alcanzan los 313 en el océano
Pacífico, en California. Un récord que sorprende a toda la comunidad de
submarinistas de la época y anuncia nuevos horizontes submarinos.
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Vivir bajo el agua:
LOS HABITANTES
MARINOS
La profundidad no es la única aspiración de la conquista del universo
submarino: la idea de poder permanecer de forma prolongada bajo el
agua, o bien de habitar en el mar, ha alimentado desde siempre la
imaginación humana. Los proyectos de viviendas bajo el mar lanzados
durante los años 60 en Francia y Estados Unidos permitieron superar el
segundo obstáculo de la exploración submarina: la descompresión. Por
otro lado, estos programas recuerdan al nombre del reloj de buceo
ultrarresistente diseñado por Rolex en aquella época: el Sea-Dweller,
literalmente «habitante marino» en inglés. Problema fundamental del
buceo, la descompresión limita de forma excepcional el tiempo útil bajo el
agua en función de la profundidad y la duración.
A modo de ejemplo, un submarinista que permanece quince minutos a
90 metros ha de llevar a cabo unas dos horas de descompresión para
poder alcanzar la superficie sano y salvo. Y para diez minutos a 300
metros, teóricamente se necesitan más de 20 horas de descompresión.
Consecuentemente, unos pocos minutos o algunos metros adicionales
aumentan esta duración.
9
Aquí el problema también es fisiológico y se denomina enfermedad de
descompresión, condición que puede causar parálisis o incluso la
muerte. Se debe al hecho de que, con la presión submarina, el cuerpo se
transforma en una «botella de agua con gas», los gases bajo presión se
disuelven en el agua y, como el cuerpo humano está compuesto por agua
en aproximadamente un 65%, una parte de los gases respirados se
diluye en la sangre y los tejidos. El efecto de un ascenso sin
descompresión viene a ser como si se agitase con gran fuerza la botella y
se abriese de golpe: el gas liberado forma burbujas explosivas que, en
los tejidos humanos, pueden entrañar graves lesiones. Para eliminar el
gas sin correr riesgos, hay que abrir la botella ligeramente, de forma
pausada y en varias veces. Ese es el objetivo de las paradas de
descompresión: permiten al cuerpo eliminar los gases disueltos de forma
controlada.
Buceo de saturación
A mediados de la década de 1950, un descubrimiento crucial contribuye
de forma decisiva al desarrollo del buceo profundo y de larga duración.
Las experiencias demuestran que los tejidos humanos poseen una
capacidad determinada de absorción de los gases bajo presión. Esto
significa que a partir de un umbral de saturación del cuerpo en gas
respiratorio, la duración de la descompresión no varía aunque un
submarinista permanezca bajo el agua unas horas o unos días, semanas
o incluso meses. Únicamente la profundidad y el tipo de gas respirado
resultan determinantes para la descompresión. Este descubrimiento
permite el desarrollo del «buceo de saturación», una técnica que consiste
literalmente en saturar a los submarinistas y mantenerlos en un medio
bajo presión durante períodos de larga duración, de modo que puedan
efectuar numerosas inmersiones profundas sin tener que someterse más
que a un solo proceso de descompresión al final de la misión. Entre las
inmersiones, viven en un hábitat submarino, una especie de vivienda
marina situada en el fondo, donde la presión del aire es igual a la del
agua en esa profundidad. Los submarinistas respiran una mezcla
gaseosa sintética de helio, tanto durante sus salidas como en el interior
del hábitat. En 1965, un buceador estadounidense pasa de este modo 30
días bajo el océano, viviendo en un hábitat situado a 62 metros de
profundidad.
Durante su estancia submarina, los buceadores se aclimatan por
completo a la presión de las profundidades al estar saturados de gas, de
modo que solamente pueden regresar a la presión atmosférica de la
superficie tras haber pasado por una larga fase de descompresión en
una cámara hiperbárica, durante varias decenas de horas. Este proceso,
inherente a la identidad de los «habitantes marinos», dio lugar al
nacimiento de la función desarrollada en aquella época por Rolex para
equipar su modelo de buceo ultrarresistente de nueva generación: una
válvula de helio gracias a la cual el reloj puede descomprimirse también
sin sufrir daños y dejar escapar el helio del que está saturado, al igual
que los submarinistas que lo llevan.
Un reloj ultrarresistente a la presión externa e interna
Con el Oyster Perpetual Submariner, hermético hasta 100 metros, Rolex
crea el arquetipo de reloj de buceo en 1953, en los inicios de la
exploración submarina con escafandra autónoma. A partir de 1954, el
Submariner duplica su hermeticidad hasta los 200 metros, lo que ofrece
un confortable margen de seguridad para los submarinistas utilizando
aire comprimido, que raramente se aventuraban a rebasar el fatídico
límite de los 60 metros. Por su rendimiento y fiabilidad, este reloj se
impone en la muñeca de los submarinistas de élite, una comunidad con la
que Rolex mantiene estrechas relaciones para garantizar una continua
mejora de sus productos. En 1962, la inmersión a 313 metros lograda en
California evidencia la necesidad de una nueva generación de relojes de
buceo capaces de resistir la presión de las grandes profundidades más
allá de los 200 metros. Rolex, que en 1960 había enviado con éxito un
reloj experimental sujeto al casco del batiscafo Trieste hasta una
profundidad oceánica cercana a los 11.000 metros, posee la tecnología
necesaria para reforzar la capacidad de su Submariner.
12
En 1966, la Comex efectúa la primera inmersión industrial a 160 metros.
La empresa francesa ha desarrollado una técnica de buceo de saturación
comparable a la de los programas de viviendas submarinas, pero con
hábitats hiperbáricos a bordo de buques, lo que permite intervenir en
todos los lugares del mundo. Los submarinistas de saturación se
transfieren a la profundidad de intervención bajo el agua mediante
torretas, siempre bajo presión y, tras sus inmersiones, regresan al calor y
la sequedad del hábitat hiperbárico a bordo de un buque de apoyo, hasta
su descompresión al final de la misión. La Comex, que se perfila entonces
como líder de la inmersión comercial profunda, alcanza los 300 metros a
finales de la década. Rolex prevé dotar a su próximo reloj de buceo de
una hermeticidad que alcance los 2000 pies, es decir, los 610 metros.
Pero además de una resistencia añadida a la presión exterior del agua,
que permite descender a mayor profundidad todavía, las experiencias de
los submarinistas de saturación hacen surgir una nueva necesidad
insospechada hasta entonces: una elevada resistencia del reloj a la
presión interna.
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Una patente de Rolex
LA VÁLVULA DE HELIO
En efecto, en los hábitats a presión llenos de gases respiratorios
compuestos en gran parte por helio, los relojes utilizados por los
submarinistas acaban comportándose como ellos: su caja se satura de
helio, de modo que la presión interna del reloj se equilibra con la de su
hábitat. Esto se debe a la naturaleza extremadamente volátil de este gas
ligero, cuyas moléculas se encuentran entre las más pequeñas del
mundo. Así, el helio se va infiltrando poco a poco en el reloj a través de
las juntas de hermeticidad. Durante la descompresión de los
submarinistas, la evacuación del helio de los tejidos humanos es más
rápida que la capacidad del gas ligero para salir del reloj hermético, de
modo que se forma una importante acumulación de presión en el interior
de la caja. Así, los submarinistas en descompresión observan a menudo
que el cristal de su reloj salta violentamente, como el corcho de una
botella de champán, bajo el efecto de la presión. El reloj ha de poder
descomprimirse también de su exceso de helio.
En lugar de intentar hacer que el reloj sea hermético a este gas, misión
prácticamente imposible, Rolex desarrolla una válvula unidireccional en el
lateral de la caja que se activa automáticamente una vez rebasado un
determinado umbral de presión interna con el fin de permitir que el gas
escape de la caja manteniendo al mismo tiempo la hermeticidad del reloj.
Patentada en 1967 por Rolex para su nuevo modelo de buceo profesional
Oyster Perpetual Sea-Dweller, esta válvula de helio se convierte en
indispensable para el desarrollo del buceo profundo de saturación. La
Comex convierte rápidamente al Sea-Dweller en el reloj oficial de sus
submarinistas, quienes no cesarán de rebasar una y otra vez los límites
de la inmersión humana en grandes profundidades. Al récord en aguas
abiertas establecido en 1988 de 534 metros, se une el alcanzado en 1992
en cámara hiperbárica, una profundidad experimental de 701 metros,
seguido de 24 días de descompresión. Este récord no ha sido igualado
hasta la fecha.
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El nuevo Oyster Perpetual
SEA-DWELLER 4000
En 2014, Rolex hace renacer esta leyenda del buceo profesional con una
nueva versión actualizada del Oyster Perpetual Sea-Dweller 4000. Este
modelo técnico, hermético hasta 1.220 metros (4.000 pies) y con un
diámetro de 40 mm, está equipado con los últimos estándares de
innovación de Rolex: disco de bisel Cerachrom de cerámica inalterable,
visualización Chromalight con luminiscencia de larga duración, espiral
Parachrom azul paramagnética, cierre de seguridad Oysterlock y sistema
de extensión del brazalete Rolex Glidelock. Evidentemente, también está
dotado de la función que le ha valido su fama: la válvula de helio.
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Características
CRONÓMETRO
SUPERLATIVO
El sello verde que acompaña a su Rolex simboliza su estatus de
Cronómetro Superlativo. Esta exclusiva certificación da fe de que el reloj
ha superado con éxito una serie de controles finales específicos llevados
a cabo por Rolex en sus propios laboratorios y según sus propios
criterios, como complemento de la certificación oficial COSC de su
movimiento. Estas pruebas inigualables, relativas a la precisión
cronométrica tras el ensamblado, la hermeticidad, la cuerda automática y
la autonomía, elevan los límites de su rendimiento y convierten a Rolex en
el estándar de excelencia en el ámbito de los relojes mecánicos. El sello
verde acompaña, asimismo, una garantía de cinco años aplicable a todos
los modelos Rolex.
16
Dónde comprar un Rolex
DISTRIBUIDOR
OFICIAL ROLEX
Sólo un distribuidor oficial Rolex, reconocible por su
placa verde oficial, está autorizado para vender y
realizar el mantenimiento de los relojes Rolex,
ofreciendo el conocimiento, la destreza y el equipo
necesarios para darle el mejor servicio. Sólo los
distribuidores pueden garantizar la autenticidad de
todas y cada una de las piezas de su Rolex, así como
su fiabilidad con el paso del tiempo. Ellos le ayudarán
a tomar una decisión que durará toda la vida.
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