Guía para aprender a tomar decisiones

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Guía para aprender a tomar decisiones
Rosa M. Tristán | Madrid
Actualizado lunes 07/05/2012 17:17 horas (El Mundo.es)
'La inteligencia ejecutiva' / José Antonio Marina / Edita Ariel / Año 2012 / 186 páginas /
15,20 euros
José Antonio Marina, filósofo y pedagogo, lleva
muchos años dedicado a investigar cómo mejorar la
educación de los hijos, aprovechando lo que la
ciencia ha averiguado sobre el cerebro humano.
Su Universidad de Padres, que funciona a distancia
como la UNED, fue creada con ese objetivo, el
mismo que se convierte en el eje de su último libro,
'La inteligencia ejecutiva', un volumen en el que
descubre que para sacar provecho de la razón y
las emociones hay que tener capacidad de tomar
decisiones, de tener el timón bien amarrado, lo que
no es fácil en una sociedad en la que sobran
estímulos y falta tiempo para ejercer de educadores.
Marina se plantea esta obra como la bitácora de un
imaginario Congreso Mundial de Inteligencia
Ejecutiva, por el que van desfilando los más
importantes neurocientíficos del momento, como
Antonio Damasio, Rusell Barkley, o la
investigadora Carmen Pellicer.
Con todos ellos debate y de todos saca importante información porque, como asegura,
"dejar un capital educativo es la mejor herencia para los hijos". De ahí que se centre en
esta recién descubierta inteligencia ejecutiva, que ejerce de director de orquesta de las
otras dos (la cognitiva y la emocional).
Una red diseñada por la educación
"Ahora, gracias a la neurología, vemos que es necesaria una inteligencia más
integradora, que consiste en elegir las propias metas y gestionar los recursos para
realizarlas", asegura a ELMUNDO.es. La tiene, afirma, quien es capaz de iniciar
planes y terminarlos, pero a la vez son capaces de adaptarse a las nuevas
circunstancias, quienes no tienen miedo a tomar decisiones.
"Cuando el cerebro humano evolucionó, creció el lóbulo frontal, que es mayor que en
otros animales y organiza sus funciones. Es la sede de la inteligencia ejecutiva. Pero esa
capacidad la adquiere el niño mediante la educación. Es como el lenguaje: todos
podemos aprenderlo, pero si no nos hablan, no lo usaremos nunca", explica el autor.
Como todos los niños nacen impulsivos y
caprichosos, aprender a controlar sus deseos es el
primer paso, algo que cuando no se hace bien
genera trastornos de atención. "Hoy tienen
demasiados estímulos y esa sobreestimulación, sin
una inteligencia ejecutiva, hace fallar el conjunto.
Son niños que reaccionan rápido, pero luego no
recuerdan nada".
Marina alerta sobre el uso excesivo de nuevas
tecnologías, como internet, que conllevan una
nueva gestión de la memoria y la atención. "Los
niños son hábiles en las multitareas, pero el canal
que lleva toda esa información a la memoria a largo
plazo no se amplía con internet y todo queda en un
corto plazo que sirve para poco. Por eso hay que enseñarles lo que es importante
memorizar y lo que no. Es la memoria de trabajo, que debe activarse cuando es
necesaria".
Entre las funciones de esta nueva inteligencia ejecutiva menciona, además de la
memoria de trabajo, el control de impulsos, centrar la atención, la gestión emocional,
tener metas lejanas, ser capaz de iniciar la acción y perseverar en ella, tener flexibilidad
mental y la llamada metacognición, que es la reflexión interior sobre cómo pensamos.
Retraso en los adolescentes
Se activan, dice, desde los seis meses, pero es a los 20 meses cuando se establecen
enlaces entre lóbulo frontal y los centros emocionales. "Las últimas investigaciones
indican que un entorno educativo favorece cómo se crean estas vías, que acaban de
madurar en la adolescencia. Ahora se ha comprobado que esos lóbulos frontales
retrasan esa maduración a los 20 años, y se debe a que no estamos educando a los
hijos en la responsabilidad. Luego la educación está en el núcleo duro de la formación
física del cerebro", argumenta.
Afortunadamente, los errores educativos son reversibles, porque el cerebro humano es
muy plástico, pero defiende que "siempre es mejor educar que reeducar".
Esos errores son los que se reflejan en conductas con déficit de atención o hiperactivas,
que asegura que ya tienen entre el 10 y el 12% de la población escolar. "Estos niños
de mayores serán vulnerables porque no aprenden a soportar la frustración. Vivirán sólo
el presente y tendrán más dependencias porque cuanto más débil sea su estructura
ejecutiva, más se agarrarán a algo que les organice la vida. Si a ello se une la falta de
empatía por el dolor ajeno, el 50% serán agresivos"
Por ello cree que la educación debiera ser una prioridad absoluta de cualquier Gobierno.
"El problema es que estamos en buen momento teórico, en el que sabemos mejor qué
hacer para tener hijos educados en sus máximas posibilidades, pero malo en la
práctica por falta de recursos", argumenta.
Aún así, al final, aprobaría al 40% de los padres. "Son los que son afectivos y
exigentes a la vez. Pero no son los únicos responsables. El entorno cuenta y es
importante influir también en él", concluye. El otro 60% está suspenso.
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