REY DAVID. SANTA MARÍA DE COVAS, CEA La pieza que nos

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MUSEO ARQUEOLÓXICO PROVINCIAL DE OURENSE
http://www.musarqourense.xunta.es/
PIEZA DEL MES
Mayo 2013
Ana Mª Veiga Romero
REY DAVID. SANTA MARÍA DE COVAS, CEA
La pieza que nos ocupa ingresó en el Museo por compra a don Urbano
Ferreiro Pérez, industrial anticuario de Ourense, en el año 1972.
Se trata de un gran bloque granítico de 110 cm de alto por 37 cm de ancho
y 40 cm de profundidad en el que aparece representada, en una de sus
caras, una talla románica del rey David tocando un instrumento musical, en
altorrelieve.
Según consta en el archivo del Museo, la pieza fue hallada en el pueblo de
Covas, ayuntamiento de San Cristovo de Cea, “... La estatua en relieve del
Rey David tocando el arpa..., fue encontrada en el pueblecito de Cobas...”;
si esto fuera ciertamente así, sería el primer y único testimonio
arqueológico coetánea de la ermita situada “en la alto del antiguo” y
legendario castillo de Cobaria o Cueva Ursaria, cuya fundación atribuye la
tradición al apóstol Santiago. Las fuentes bibliográficas citan como señor
de dicha fortaleza a don Pedro Fernández de Castro, quien la donará al
monasterio de Sobrado en 1143, siendo destruida, según don Vicente
Risco, en la revolución Irmandiña. Es muy posible que toda esta
información no pase de ser una versión más de los Boán, “gente llana con
ventura”, para legitimar su hidalguía y probar su nobleza, quienes sitúan
allí el episodio de San Marcelo y sus hijos los santos Facundo y Primitivo;
la historia está mezclada de tradición, leyenda y falsos cronicones, por lo
que la pieza por sí sola no prueba la existencia de la ermita y podría haber
sido llevada allí desde cualquier otro lugar. Lo único cierto es que en la
documentación estudiada por Limia Gardón, en este predio, hasta 1634,
existía una ermita que fue destruida para edificar en el solar la parroquial
actual, que data del siglo XVIII.
Además de las razones anteriormente expuestas, don Xesús Ferro
promueve y justifica su adquisición ante el entonces director general del
Ministerio de Educación y Cultura “... porque su factura, aunque de
inferior calidad, presenta una grandísima semejanza con el Rey David de
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la fachada de las Platerías de la catedral de Santiago. Interesa, por tanto,
su adquisición, por tratarse de una obra románica..., relacionada con el
famoso Maestro de las Platerías…"
En efecto, la obra, aunque arcaica y de mediana calidad, es una
interpretación del David de Platerías. Y hablamos de interpretación y no de
copia porque como opina Serafín Moralejo en el arte románico no se puede
hablar de copia en sentido estricto del término, o mejor dicho, en el
concepto clásico o moderno de la palabra. Porque nada fue más preciado a
las artes medievales, y particularmente al románico, como la variatio. El
azar, la necesidad y la imposición de adaptarse al marco arquitectónico lo
configuran la mayoría de las veces. No hay que olvidar, además, que el
artista, en el románico, no sólo trataba de crear un nuevo estilo, sino que
tenía que recuperar un oficio que había perdido; al escultor-artesano le
faltaban las destrezas suficientes para copiar fielmente un modelo, una
academia. Fuera de los grandes centros, en los monumentos secundarios,
como sería probablemente el de esta obra, los escultores o los simples
canteros seguirían la tradición, la secuencia de las formas creadas en los
grandes centros de influencia de la mejor manera posible, quizás de manera
rutinaria, pero rara vez plagiando. En cualquier caso, si hacemos un
recorrido por todo el Camino de Santiago desde el David de la puerta de
Miègeville de Saint-Sernin de Toulouse a Compostela pasando por el
capitel de Jaca, el árbol de Jesé de Santo Domingo de la Calzada o el David
músico de la puerta del Perdón de la fachada de San Isidoro de León, el
tema iconográfico del rey David, se presenta como tradición, como
"fluencia" de estrechas relaciones forjadas entorno a personalidades
principales, difundidas rápidamente por maestros que trabajaban en talleres
in situ.
Por otra parte, a pesar de su calidad y de su evidente deterioro, nos parece
interesante dar a conocer esta pieza por varias razones. Primero, por la
escasez de piezas de estas características conservadas en los museos de
titularidad pública en Galicia; segundo, por los escasos ejemplos, que se
conservan in situ de escultura antropomorfa de gran formato en el románico
rural de la provincia, si exceptuamos la escultura catedralicia o la
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monástica. Que nosotros conozcamos, sólo se conservan unas piezas
semejantes en las albanegas del arco de la fachada de San Pedro da
Mezquita, A Merca. Posición que proponemos, dadas sus características
morfológicas, para la pieza en cuestión. Ya fuera de la provincia, desde el
punto de vista funcional o estructural, podría haber estado colocada en una
situación parecida a la que ocupaban los símbolos de los Evangelistas,
desaparecidos en los años cincuenta del siglo pasado del tímpano de la
fachada de poniente de San Lourenzo de Carboeiro, y hoy conservadas en
el Museo Marés (Barcelona). Muy diferentes y desempeñando otra función
serían las columnas cariátides, como las de la portada de San Xoán de Vilar
de Santos.
La figura aparece aparentemente erguida, pero paradójicamente reposa los
pies sobre un pequeño escabel, por lo que la intención última del escultor
era, claramente, representarlo sentado. En relación al resto del cuerpo, su
cabeza está desproporcionada; el rostro, desdibujado por la erosión, aparece
barbado y con las mejillas infladas, la zona pomular bastante marcada y las
orejas bien señaladas. Va tocado con una especie de kipá y con un atara
(voz asociada en el mundo judío a adorno o a una forma redondeada). Viste
una túnica abierta y corta de manga caída adornada con un filete y un
manto abierto que deja ver las piernas que, como en el David de Platerías,
aparecen cruzadas formando un aspa. Los pies, a pesar de estar muy
degradados y estropeados, irían calzados con los típicos zapatos del siglo
XII, que siguiendo el perfil del pie se ahúsan en la puntera y se abotinan
hacia los tobillos. Está tocando una vihuela o giga de tres cuerdas que
apoya sobre el pecho; con la mano izquierda marca las notas sobre las
cuerdas, mientras que con la derecha sostiene el arco con que la hace sonar.
Los ropajes pretenden, sin lograrlo, mostrar la anatomía, con un plegado
que resulta esquemático y que cae haciendo ondas paralelas, semejantes a
los que presenta el Cristo bendiciendo, sentado en un trono y dentro de una
mandorla de la antigua fachada Francígena y hoy conservado en el Museo
de la catedral. Toda la figura está cobijada bajo un arco o nimbo, por lo que
es posible que formarse parte de un cortejo de músicos como en la portada
del Cordero de San Isidoro de León.
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Debido a la carencia de documentación y al encontrarnos ante una pieza
aislada de su contexto originario, datarla resulta complejo y problemático;
con todo, nos inclinamos a pensar que a pesar de su evidente arcaísmo es
una obra de finales del siglo XII.
Pocas figuras disfrutaron de tanta difusión y de interpretaciones tan
variadas como el rey David en los siglos del románico. La figura de David,
altamente simbólica por ser el rey profeta elegido por Dios, modelo de
justicia, pero antiguo fugitivo perseguido por el rey Saúl y, después, uno de
los fundadores del antiguo reino de Israel, fue escogida y empleada varias
veces por los soberanos castellanos-leoneses como espejo moral y
ejemplarizante: sólo hace falta pensar, por ejemplo, en el Liber diurnus de
Fernando I y doña Sancha, donde aparece la figura de David haciendo
entrega del libro o en el dibujo del mismo rey David que compone la inicial
«I», algunos folios después, según señaló Serafín Moralejo, o en la
descripción de Fernando I como rey modélico en la llamada Historia
Silensis.
Su presencia en el repertorio iconográfico medieval fue constante. Fue
símbolo y prefiguración de Cristo, exaltación de su linaje real y del
misterio de la Encarnación. El rey músico se muestra en el mundo medieval
como arquetipo del Mesías, y como un nuevo Orfeo que vence al mal y al
demonio con su música, “tomó la palabra uno de los servidores y dijo: vi
tocar; un hijo de Jesé el belenita que sabe tocar, es valeroso, buen
guerrero, de palabra amena, de agradable presencia, y Yahveh está con
él”. Símbolo y preludio de la cruz lígnea de Cristo y de las ataduras de la
pasión son la madera y las cuerdas de las violas, gigas, arpas o salterios con
que suele estar representado.
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