BREVE HISTORIA DEL DERECHO A LA

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BREVE HISTORIA DEL DERECHO A LA FIANZA EN PUERTO RICO
José Efraín Hernández Acevedo
Abogado y Profesor Universitario
El derecho a la fianza en Puerto Rico surge del Código de Enjuiciamiento Criminal
de 1904, que era una copia del código de California de 1872. Se establecía que la
admisión de fianza era la orden librada por un tribunal competente para que el
acusado, al prestarla pudiera salir en libertad. Desde sus comienzos se indicaba que
su razón era para asegurar su comparecencia, de conformidad con las condiciones
estipuladas. A principios del siglo XX cuando aun no era un derecho constitucional,
el derecho no era absoluto. El citado código también establecía que ningún
acusado, a quien se impute la comisión de un crimen que apareje pena de muerte,
podrá prestar fianza, cuando sea evidente la prueba o grande la presunción de su
culpabilidad. Eventualmente la Ley Jones de 1917 adoptó dicha disposición sobre la
fianza. Dicha ley orgánica mantuvo la pena muerte como parte de nuestro sistema
penal, a pesar de prohibir los castigos crueles e inusitados. Al quedar abolida la
pena de muerte a través de la Ley Núm. 42 del 26 de abril de 1929 el derecho a la
fianza se extiende a todos los acusados. Un dato curioso sobre este periodo previo
a la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, es que en dicha época
tanto los jueces como los fiscales podían fijar fianza. La fianza fue presentada por
primera vez a la Convención Constituyente, como la Proposición Número 10 del 25
de septiembre de 1951, por Heraclio H. Rivera Colón, delegado de San Juan II. El
informe de la Comisión de Carta de Derechos, firmado por su presidente Don Jaime
Benítez y presentado a la Convención Constituyente el 14 de diciembre de 1951,
propuso que antes de mediar un fallo condenatorio, todo acusado tendría derecho a
quedar en libertad bajo fianza. El informe indicó que se mantenía el derecho de todo
acusado a permanecer en libertad bajo fianza y se eliminaba la excepción de la Ley
Jones referente a “crímenes capitales cuando la prueba sea evidente o la
presunción grande”. Esto debido a que los miembros de dicha comisión
consideraban que en ningún caso debe encarcelarse a un acusado sin permitírsele
prestar fianza. También la Convención Constituyente eliminó la potestad de los
fiscales para imponer fianza y se la entregó únicamente a los jueces. Don Jaime
Benítez finalizó su informe sobre la propuesta sección 11, que contiene el derecho a
la fianza, indicando que: Los derechos diez, once, doce y trece se refieren todos
ellos a garantías al ciudadano, a garantías al ciudadano en los procesos judiciales
para que esté plena y ampliamente protegido y se le ofrezca aquella otra libertad
que el gran director americano, Franklin D. Roosevelt, en otra referencia significaba
como la libertad del temor. Aquí, en estas garantías consignadas, están las
protecciones necesarias al ciudadano para que pueda, frente a cualquier situación,
frente a cualquier problema, sentirse protegido en toda la amplitud del derecho
procesal. Finalmente la Sección 11 fue aprobada a viva voz por los miembros de la
Constituyente el 4 de enero de 1952. El texto final sobre la fianza aprobado y leído
por el Secretario de la Convención Constituyente el 6 de febrero de 1952 estableció
que todo acusado tendrá derecho a quedar en libertad bajo fianza antes de mediar
un fallo condenatorio.
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