Mundo Música Biografías OASIS LA ARBITRARIEDAD DE LA SELECCIÓN NATURAL Por suerte o por desgracia, en un país donde el éxito y el fracaso de las bandas extranjeras nos viene ya dado, tendemos a valorar la calidad de las estrellas del pop sajón en función de la repercusión que han tenido en su país de origen, de la imagen que se nos ha faxeado de los fenómenos pop y, también, de la calidad intrínseca de su propuesta artística. Siendo este último un aspecto arduamente mesurable, tomamos a menudo la opción de matizar –minimizando o multiplicándolos- titulares que los artistas traen bajo el brazo y, en un gesto absurdo, calibrar si las ventas que han obtenido son justas o desmerecen la supuesta inteligencia de la masa que compra música. Y con todo ello construimos el discurso. Oasis es, posiblemente, el grupo sobre el que más se ha discutido en los últimos años. Y eso está muy bien. Pero, ¿qué les hace merecedores de tantos elogios y discos de platino? ¿Son o no son un saco en el que caven versiones no acreditadas de los clásicos de los ’60 y ’70? ¿Plagian o recrean? ¿Su arrogancia es el escudo de los mediocres? ¿O es la vulgaridad del entorno la que les convierte en la gran esperanza británica? ¿Es todo una demostración del poder, ya incontrolado, de la prensa inglesa? ¿Por qué ellos y no cualquier otro grupo contemporáneo? ¿Por qué no Blur? Oasis hizo su primera aparición en la prensa en un número de la revista Melody Maker de agosto de 1993 cuya portada ocupaba precisamente la banda de Damon Albarn a raíz de la edición de “Modern Life Is Rubbish”. Sin embargo, los hermanos Gallagher jamás serían salpicados por la espuma del brit-pop. Ni siquiera se les citó cuando el semanario listo, en junio del ’94, los grupos imprescindibles de la new wave of new wave: Elastica, Gene, Echobelly, SMASH, Tiny Monroe, Sleeper, These Animal Men, Shampoo... Oasis empezó a tomar impulso muy lejos de la orilla, así que cuando la revista The Face llamó a debate a las voces y caras más representativas de la reola –Justine Frischmann, Sonya Aurora Madam, Martin Rossiter, Rick Writter, Hooligan...- ellos ya ganaban altura desde la distancia, ese fue el primer gran favor que se les hizo. La biografía de los mancunianos tomó desde un principio otros derroteros, porque Oasis supo matizar que su fanatismo por el Manchester City carecía de vinculaciones con el ferviente britanismo que la prensa utilizaba como característica esencial y, a menudo, elemento aglutinador a falta de coherencia artística. Pero no sólo eso: Liam Gallagher siempre rechazó que se catalogara a Oasis como una banda de pop británico: “Somos un grupo de rock, simplemente. Blur es un grupo típicamente inglés. Nuestras influencias son 50% inglesa y 50% americanas, como todo buen grupo que se precie”. No sería exagerado pensar que Oasis siempre ha sabido utilizar a la prensa a su voluntad, sin caer en sus exigencias y trampas. El rechazo a ser etiquetado como esencia de la música británica –también mostraron su indiferencia ante la posibilidad de encabezar un nuevo batallón de ataque venido de Manchester- ha acabado revelándose como una de las razones fundamentales para su internacionalización. Oasis se ha convertido – “(What’s The Story) Morning Glory” ha sido N° 1 en Inglaterra, Irlanda, Suecia, Australia y España y N° 4 en Estados Unidosen el grupo más famoso surgido en el Reino Unido en los ’90. Pero, ¿por qué ellos? ¿Qué les hace encargados del centro del pop cultivado en Inglaterra? En primer lugar, hemos dicho, su renuncia a limitar su campo de influencia con proclamas verbales o estilísticas de cerrazón nacionalista. En segundo, podríamos aventurar, una manifiesta auntoconvicción que casi siempre traspasa el umbral de la arrogancia y que sorprendentemente viene acompañada de un alto grado de profesionalidad. Alan McGee, jefe del sello Creation y persona habituada a tratar con bandas poco dadas al trabajo promocional, lo aseguraba en la revista norteamericana Alternative Press: “Oasis hacen todo el trabajo y están firmemente asistidos por su manager. Están más controlados que nadie”. Pero existe un tercer elemento que apela a la lógica matemática. Cada uno de los grupos surgidos en los años ’90 en esta nueva ola de devociones y mimetismo ha tomado unos patrones que ha individualizado u tratado de emular, igualar e incluso superar. Sueden se deben a Bowie, como Elastica a Blindie o Wire. Supergrass se quedan en los Jam o los Who, igual que Gene en los Smiths. Oasis, también, claro, pero su espejo es el de tres, si te inspiras en el grupo más importante de todos los tiempos tienes más posibilidades de convertirte en algo similar que si te dedicas a emular a los que le vienen a la zaga. En otras palabras, si consigues convencer a quienes adoraron a los Beatles y también a los que descubrieron la pasión por la música a través de los estribillos de The Stone Roses, la clientela potencial es infinitamente superior a la que jamás obtendrían Echobelly con su limitada reactivación melódica de Blondie y The Smiths. Ninguno de los tres aspectos argumentados son suficientes para sostener una tesis sobre los fundamentos de la Oasismanía. Es más, en pocos párrafos se podrían rebatir. Incluso, un cuarto aspecto que el implicado McGee expone, no como esencia de su éxito, pero sí de su personalidad: “La música no está para romper barreras sino para ser buena y decir cosas a la gente. Mientras Kevin Shields (de My Bloody Valentine) estaba rompiendo barreras y yendo más allá, también escribía grandes canciones a través de un amplificador Marshall. Así se ha hecho durante los últimos treinta años, pero en el contexto y en la forma en que lo hace Oasis es original”. Tu música en Internet 1 Mundo Música Biografías El eterno debate entre innovación y un buen estribillo no tomará desprevenido a ningún admirador de nuestros chicos de Manchester. Así que, si queremos ser algo benévolos, podríamos añadir un quinto factor, el más subjetivo. Oasis merecen ser cabezas de serie del pelotón porque sus discos son mejores que los del resto de concomitante de sus características. Sólo Blur y Pulp pueden competir con ellos, y mientras los primeros ya empiezan a mostrar síntomas de agotamiento a pesar de contar, en principio, con más recursos estilísticos que los hermanos Gallagher –el caleidoscopio “Parklife” es impensable en la cerrada mente rockista de Noel y Liam, Pulp carece del factor sorpresa –demasiados años esperando turno- y de un concepto de grupo que respalde el carisma de Jarvis Cocker hasta el extremo de poder sobresalir en momentos de flaqueza histriónica. Cocker es, en el fondo, un entertainer con tendencias bufonescas –la sátira de “Common People” es eso-: demasiado distante como para ser considerado un ídolo generacional. Los Gallagher son, en cambio, la vulgaridad hecha arrogancia, common people luchando por dejar de serlo, canjeando himnos de euforia melódica por libras que les acolchen el camino de salida de Burnage. Y si nos centramos definitivamente en las canciones, las de Oasis siempre serán mejor recibidas en un estadio para 70.000 personas. ¿Qué si superan “Definitely Maybe” y “(What’s The Story) Morning Glory” a “His N’Hers” o “Different Class”? Por favor, no confundamos términos. Lo que pasa es que existen muchos aspectos extramusicales que pueden contribuir al crecimiento y magnificación de un grupo. La misma situación social del país y el posicionamiento de la prensa ante bandas que aglutinen masas de adolescentes y ayuden a decantar la balanza comercial de exportaciones de la industria discográfica frente a las importaciones norteamericanas puede ser, que duda cabe, determinante. Podríamos hablar hasta de suerte, pero un análisis minucioso de su biografía puede aclarar conceptos algo oscuros y ayudar a evaluar su aportación al pop de los ’90 en su justa –perdón por la inmodestia, estas cosas se contagian- medida. En las próximas páginas, analizaremos la trayectoria del quinteto de Manchester mediante un examen en tres fases. En el siguiente capítulo, recordaremos con ellos su ascensión a la cima del pop mundial. En el tercero, estudiaremos su obra tratando de calibrar su valía, sirviéndonos también de las anécdotas que encierran sus discos para conocer mejor su proceso de elaboración u a sus autores. En un cuarto apartado, asistiremos al crecimiento de oasis desde la perspectiva de la todopoderosa prensa británica. Y a modo de epílogo, pero también como un interesante apunte periférico para completar la valoración del conjunto, recogeremos un compendio de las frases y reacciones con que Noel y Liam han premiado al periodismo musical británico y que han hecho de los hermanos Gallagher quienes son, y no otros. TRES AÑOS EN EL ASCENSOR Manchester es, desde cualquier Tu música en Internet 2
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