"Bibliofrenia o la Pasión Irremediable por los Libros"

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"Bibliofrenia o la Pasión Irremediable por los Libros"
* Nuevo título de Ediciones UACh inaugura colección
Biblioteca Luis Oyarzún.
Escrito por: Comunicaciones Ediciones UACh
22-06-2016
Ediciones Universidad Austral de Chile acaba de presentar
en su nueva colección "Biblioteca Luis Oyarzún", el libro
"Bibliofrenia o la Pasión Irremediable por los Libros", del
autor español Joaquín Rodríguez.
Según destaca el director del sello, Dr. Yanko González,
esta colección de pequeño formato "busca divulgar bajo la
forma de breviarios, la reflexión crítica sobre el libro, la
lectura y la autoría como soportes culturales vigentes y en
constante
reacomodo
del
conocimiento
en
la
contemporaneidad. En particular, este título recopila
atractivas historias y situaciones de lo más notables
bibliófilos desde el siglo XIV a la actualidad".
La obra ya ha obtenido recepción en la crítica, y le invitamos a leer el siguiente artículo de prensa publicado en
medio de cobertura nacional:
Bibliómanos y bibliocleptómanos se reúnen en un solo volumen
Por Leonardo Sanhueza, Las Últimas Noticias. 20 de junio 2016.
Ver artículo en LUN
Don Vicente, un monje español que se desempeñaba tranquilamente como bibliotecario de un monasterio, allá
por 1830 fue presa de tal pasión por los libros que no sólo abandonó los hábitos para hacerse librero de viejo en
Barcelona, sino que además inició una escalada delictual en la que rápidamente ascendió de mero ladrón a
asesino en serie. Del pequeño hurto de algún incunable progresó hasta hacerse famoso como uno de los más
ávidos libreros y coleccionistas, que prefería acumular libros a venderlos, y fue esa obsesión la que lo llevó un
día a ser acusado de haber literalmente incinerado a uno de sus competidores bibliófilos, que un día amaneció
carbonizado junto a toda su biblioteca. Similar suerte corrieron un cura, un poeta, un juez y un regidor, todos
caídos en las llamas del monje furioso, que no soportaba ver escaparse algún tesoro de la cultura impresa sin
que pasara por la aduana de sus dedos.
La historia del cura asesino es una de las anécdotas y curiosidades que dan vida a Bibliofrenia, o la pasión
irrefrenable por los libros, volumen de Joaquín Rodríguez que acaba de publicarse en Valdivia bajo el renovado
sello de Ediciones Universidad Austral de Chile.
Página 1/2 - © Área de Prensa y Medios - Relaciones Públicas Universidad Austral de Chile
En una veintena de crónicas relativamente breves, Rodríguez se pasea por la milenaria historia de los amantes
obsesivos de los libros, seleccionando los más variados casos de bibliómanos cuyas vidas giraron en torno a esa
peculiar patología libresca: lectores voraces, coleccionistas compulsivos, bibliotecarios aislados del mundo y
hasta bibliocleptómanos de alto vuelo. Son tipos que han padecido esa extraña enfermedad que los llevó a
convertirse en santos de la cultura o en pícaros del mercado bibliófilo, defendiendo hasta las últimas
consecuencias la institución de la biblioteca comunitaria o acaparando con avaricia sus objetos de deseo.
Allí está por ejemplo la vida de Casanova, quien llegó a ser célebre por sus andanzas seductoras, aunque en
realidad era un librero muy concentrado, capaz de pasarse ocho días encerrado en una biblioteca, y en sus
últimos días se lo pasaba en el escritorio escribiendo y reescribiendo su último manuscrito. O el caso del poeta
Petrarca, que de joven fue "castigado" por su padre con la quema de todos los libros que estaba leyendo, para
que se le quitara esa pasión literaria y se dedicara a los estudios.
Entre los diversos tipos de bibliofrénicos, los ladrones de libros son una clase subterránea pero conocida, y su
santo patrono es el conde Guglielmo Libri-Carucci, que vivió en la primera mitad del siglo diecinueve. Nombrado
secretario de la comisión encargada de catalogar una enorme cantidad de manuscritos históricos en Francia, a
medida que hacía su loable trabajo también iba apropiándose de esos manuscritos, durante siete años, hasta
que fue descubierto ese descomunal robo libresco y el conde puso pies en polvorosa, con las decenas de miles
de manuscritos de su botín, el que fue vendiendo en su huida por Francia e Inglaterra. Con la plata, se instaló en
un elegante retiro en Italia, donde murió todavía prófugo, más veinte años después.
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