Amnistía Internacional Egipto - Centro de Documentación de

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[Fecha de embargo: 11 de abril de 2007]
Público
Amnistía Internacional
Egipto
Abusos sistemáticos en
nombre de la seguridad
Abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
http://web.amnesty.org/library/Index/ESLMDE120012007
SECRETARIADO INTERNACIONAL, 1 EASTON STREET, LONDON WC1X 0DW, REINO UNIDO
TRADUCCIÓN DE EDITORIAL AMNISTÍA INTERNACIONAL (EDAI), ESPAÑA
ÍNDICE
1. Introducción .............................................................................................................1
Información complementaria....................................................................................4
Las leyes antiterroristas de Egipto ...........................................................................8
2. Detenciones arbitrarias y reclusión ilegal ..........................................................13
Detenciones arbitrarias en masa ...........................................................................13
Detención secreta y en régimen de incomunicación..............................................16
Detención administrativa........................................................................................18
3. Tortura y otros malos tratos.................................................................................22
La legislación egipcia y la tortura ...........................................................................25
4. Juicios injustos ......................................................................................................27
Desigualdad ante la ley..........................................................................................27
Poderes especiales de la Fiscalía..........................................................................28
Falta de acceso a asistencia letrada......................................................................30
Ausencia de investigaciones sobre las denuncias de tortura ................................31
Uso de pruebas obtenidas mediante tortura ..........................................................34
Tribunales militares y de excepción .......................................................................35
Pena de muerte......................................................................................................39
5. Traslados ilegales a la tortura: cinco casos ......................................................40
Abdul Rahman Muhammad Nasir Qasim al-Yaf’i...................................................41
Mamdouh Habib.....................................................................................................42
Ahmed Agiza y Muhammed El-Zari .......................................................................43
Ahmad Abu al-Maati...............................................................................................44
Abu Omar...............................................................................................................45
6. Recomendaciones .................................................................................................50
Apéndice .....................................................................................................................54
Egipto
Abusos sistemáticos en nombre de la
seguridad
1. Introducción
En noviembre de 2006, un blogger egipcio colgó en Internet un sobrecogedor vídeo
que mostraba a miembros de la policía egipcia violando a un preso. La víctima era
Emad Moamed Ali Mohamed, conocido como Emad al Kabir, un taxista de 21 años.
Había sido detenido en enero de ese año tras intervenir para poner fin a una discusión
entre un primo suyo y unos agentes de policía. Lo acusaron de “oponer resistencia a
las autoridades” y lo condujeron ante la Fiscalía, que ordenó su libertad bajo fianza.
Sin embargo, los policías lo llevaron de nuevo a la comisaría de Bulaq Dakrur, en la
gobernación de Giza, y al día siguiente –20 de enero de 2006– lo torturaron.
Emad al Kabir contaba que varios agentes lo ataron de manos y pies y lo
obligaron a sentarse en el suelo. Lo azotaron y le ordenaron darse a sí mismo nombres
degradantes. Luego le quitaron los pantalones y lo violaron con un palo. La violación
fue filmada con la cámara de un teléfono móvil. Un agente le dijo que se iba a
distribuir el vídeo entre sus vecinos (cosa que efectivamente se hizo) para humillarlo
públicamente e intimidar a otras personas.
Posteriormente Emad al Kabir fue condenado a tres meses de cárcel por
“oponer resistencia a las autoridades” y “agredir a un agente de policía”. Cuando el
vídeo salió a la luz, dos agentes de la comisaría de Bulaq Dakrur fueron acusados de
la detención ilegal, tortura y violación de Emad al Kabir; su juicio comenzó el 3 de
marzo de 2007.
Lo sucedido a Emad al Kabir no es en absoluto un caso aislado. La tortura y
otros malos tratos son prácticas sistemáticas en los centros de detención de todo
Egipto, incluidas comisarías, instalaciones dirigidas por el Departamento de
Investigaciones de la Seguridad del Estado (SSI) y campamentos militares.1 Este caso
no debería sorprender a nadie, ya que, durante años, Amnistía Internacional, el
Comité de la ONU contra la Tortura y otras entidades han denunciado que la tortura
1
El Departamento de Investigaciones de la Seguridad del Estado (SSI) es una de las principales
agencias de seguridad de Egipto; las otras son el Departamento General de Inteligencia (Mukhbarat) ,
adscrito al presidente, y el Servicio de Inteligencia Militar del Ministerio de Defensa. El SSI está bajo
el control directo del ministro del Interior. Aunque las tres agencias podrían llevar a cabo
investigaciones sobre asuntos de seguridad nacional, el SSI es el principal responsable de investigar
este tipo de asuntos. También recae sobre él la responsabilidad de aplicar el estado de excepción. El
ministro del Interior controla las paramilitares Fuerzas de Seguridad Central, que mantienen el orden
público y prestan apoyo al SSI cuando se producen detenciones.
2
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
es una práctica sistemática en Egipto.2 Lo inusual en el caso de Emad al Kabir es que
las autoridades emprendieran medidas contra los presuntos torturadores.
La tortura y otros malos tratos, la detención y reclusión arbitrarias y los juicios
manifiestamente injustos ante tribunales militares y de excepción han sido elementos
clave en los 40 años de vigencia del estado de excepción en Egipto y en su campaña
contra el terrorismo. Los amplios poderes otorgados a los funcionarios encargados de
hacer cumplir la ley, especialmente a los agentes del Departamento de Investigaciones
de la Seguridad del Estado, han desempeñado un papel clave para facilitar esos
abusos, especialmente la tortura. La legislación de excepción también ha impuesto
graves restricciones a los derechos a la libertad de expresión, asociación y reunión.
Tras los ataques perpetrados por grupos armados, la policía de seguridad ha
llevado a cabo detenciones en masa sin recurso al debido proceso. También se ha
detenido a familiares de personas sospechosas y se los ha sometido a amenazas y
abusos. Una combinación de detención secreta y en régimen de incomunicación ha
dado lugar a que, a todos los efectos, algunas de las personas detenidas hayan sido
víctimas de desaparición forzada durante semanas o meses. Algunos detenidos
murieron a consecuencia de las torturas. Entre los métodos que las víctimas suelen
citar se encuentran descargas eléctricas, palizas, suspensión en posturas dolorosas,
reclusión en régimen de aislamiento, violación y amenazas de muerte, de abusos
sexuales y de ataques contra miembros de la familia del detenido.
Unas 18.000 personas recluidas en detención administrativa –sin cargos ni
juicio y en virtud de órdenes emitidas por el Ministerio del Interior– se consumen en
las cárceles de Egipto en condiciones inhumanas y degradantes.3 Algunas llevan
detenidas más de un decenio, y en los casos de muchas de ellas los tribunales han
ordenado repetidamente su liberación.
Se ha establecido un sistema de justicia de excepción paralelo –que utiliza
“tribunales de excepción” constituidos especialmente y juzga a civiles ante tribunales
militares– para casos que las autoridades consideran que afectan a la seguridad
nacional. Bajo este sistema, las salvaguardias para garantizar juicios justos, como la
igualdad ante la ley, el acceso inmediato a un abogado y la prohibición del uso de
pruebas extraídas mediante tortura, se han violado de forma sistemática. El resultado
es que ha habido juicios manifiestamente injustos, incluidos procesos en los que los
acusados han sido condenados a muerte y, en algunos casos, ejecutados.
A pesar del largo y conocido historial de graves violaciones de derechos
humanos de Egipto, los gobiernos de otros países, en particular el de Estados Unidos,
2
En mayo de 1996 el Comité de la ONU contra la Tortura publicó un informe en el que se resumía el
desarrollo del procedimiento de una investigación confidencial realizada desde noviembre de 1991. En
él concluía que “[...] las fuerzas de seguridad de Egipto, en particular el Servicio de Información de la
Seguridad del Estado, practican sistemáticamente la tortura [...]”, doc. ONU, Egipto, A/51/44, párr. 220.
(Investigación en virtud del artículo 20), 3 de mayo de 1996.
3
En una declaración ante el Ministerio del Interior, la Organización Egipcia de Derechos Humanos
(EOHR) afirmó que actualmente hay hasta 18.000 personas en detención administrativa en las prisiones
egipcias. Véase Statement to the Ministry of Interior, EOHR, 23 de febrero de 2006.
Amnistía Internacional, abril de 2007
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3
han optado por enviar a ese país a personas detenidas en el contexto de la “guerra
contra el terror”. Estos traslados se han llevado a cabo ilegalmente, sin el debido
proceso y en clara violación del principio de no devolución (non-refoulement), la
prohibición absoluta de enviar a ninguna persona a un país donde pueda correr riesgo
de sufrir abusos graves contra los derechos humanos, como tortura y otros malos
tratos o desaparición forzada. Los abusos resultantes, a juzgar por las declaraciones de
las personas detenidas que se citan en este informe, y de otras muchas, eran algo
absolutamente previsible.
Este informe se basa en el trabajo de investigación realizado en Egipto y en
otros lugares, en entrevistas con víctimas de violaciones de derechos humanos y sus
familiares, y en comunicaciones con funcionarios del gobierno. Se publica en un
momento en el que crece la represión contra la oposición y la libertad de expresión en
Egipto, y cuando las autoridades están estudiando una nueva legislación contra el
terrorismo que amenaza con consolidar la constante de abusos que hemos presenciado
en los últimos 40 años.
En marzo de 2007, el Parlamento egipcio debía aprobar las enmiendas a 34
artículos de la Constitución propuestas por el presidente Mubarak en diciembre de
2006, incorporando en la legislación permanente poderes propios del estado de
excepción que han dado lugar a graves violaciones de derechos humanos durante
decenios. La votación se celebró el 19 de marzo en ausencia de los parlamentarios de
la oposición, que habían abandonado el Parlamento en protesta por las enmiendas y
las medidas del gobierno para introducir apresuradamente las reformas
constitucionales. Las enmiendas fueron aprobadas.
El artículo 179 enmendado es particularmente draconiano y allana el camino
para la introducción de una nueva ley antiterrorista. Establece que las medidas que se
adopten para luchar contra el terrorismo no estarán sujetas a las protecciones incluidas
en los artículos 41.1, 44 y 45.2 de la Constitución, que contienen salvaguardias legales
contra la detención y la reclusión arbitrarias, los registros policiales sin orden judicial,
las escuchas telefónicas y la intervención de otras comunicaciones privadas. También
permite al presidente evitar los tribunales ordinarios y remitir a personas sospechosas
de terrorismo a la autoridad judicial que desee, incluidos tribunales militares y de
excepción en los que no existe el derecho de apelación y que tienen un largo historial
de juicios injustos.
Otras enmiendas a la Constitución parecen ser de motivación política. Una de
ellas prohíbe la creación de partidos políticos basados en convicciones religiosas y
parece tener como objetivo al grupo de oposición Hermandad Musulmana, tras el
éxito que cosechó en las elecciones de 2005, en las que obtuvo 88 escaños. Otra
restringe el papel de los jueces en la supervisión de elecciones y referendos, al parecer
en respuesta a lo que ocurrió en 2006, cuando dos destacados jueces denunciaron que
el gobierno no había actuado ante los indicios de fraude electoral en los comicios de
2005. Otra permite al presidente disolver el Parlamento de forma unilateral.
Una semana después de la votación parlamentaria, el 26 de marzo, el gobierno
celebró un referéndum popular sobre las enmiendas constitucionales. La oposición,
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encabezada por la Hermandad Musulmana, hizo un llamamiento al boicot alegando
que el referéndum relámpago impedía organizar una campaña efectiva a favor del
“no”. Policías armados tomaron las calles en respuesta a la oleada de protestas que
recorrió el país.
Según las autoridades, las enmiendas fueron aprobadas por más de tres cuartas
partes de los votantes, con una participación del 27 por ciento. Los grupos de
observadores nacionales independientes sitúan el nivel de participación en no más del
10 por ciento.
Amnistía Internacional teme que las enmiendas constitucionales y la ley
antiterrorista prevista se utilicen para reprimir aún más la disidencia política pacífica y
para consolidar la constante de graves abusos por parte de las fuerzas de seguridad.
Este informe concluye con una lista de recomendaciones detalladas. En
particular, Amnistía Internacional insta al gobierno egipcio a:
-
revocar la legislación de excepción que permite la comisión de violaciones de
derechos humanos, especialmente los juicios injustos ante tribunales militares
y de excepción, y poner fin a tales violaciones;
-
garantizar que la nueva legislación antiterrorista prevista respetará
íntegramente el derecho y las normas internacionales de derechos humanos;
-
condenar la tortura y otros malos tratos, garantizar que todas las denuncias de
tales abusos son investigadas con prontitud y de modo independiente, y llevar
a los responsables ante la justicia;
-
poner fin a la detención secreta y en régimen de incomunicación;
-
poner fin a la detención administrativa;
-
hacer públicos los nombres de todos los presuntos terroristas que han sido
trasladados ilegalmente a Egipto desde la custodia de Estados Unidos y otros
países, y poner fin a su participación en los traslados ilegales que tengan
origen o destino en Egipto.
Información complementaria
Desde la década de los setenta, la violencia de los grupos armados islamistas y la
respuesta igualmente violenta de la policía y las fuerzas de seguridad han sacudido
Egipto, dando como resultado graves abusos contra los derechos humanos. La
violencia, que incluyó el asesinato del presidente egipcio Mohamed Anwar Sadat en
octubre de 1981, alcanzó su punto álgido en los noventa. Los grupos armados
eligieron como objetivo a funcionarios del gobierno y miembros de las fuerzas de
seguridad, así como a intelectuales, cristianos coptos egipcios y turistas. Uno de los
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5
ataques más letales, el ocurrido en Luxor en 1997, dejó más de 50 personas muertas,
en su mayoría turistas extranjeros.4
La escalada de la violencia armada estuvo acompañada de un cambio en la
política gubernamental. En diciembre de 1992, el presidente Hosni Mubarak empezó a
enviar a tribunales militares a civiles sospechosos de delitos relacionados con la
seguridad o el terrorismo, para ser juzgados.5 El mismo año, se introdujo una nueva
ley antiterrorista (Ley Núm. 97 de 1992) que incluía una vaga definición de
terrorismo y ampliaba las actividades que podían ser consideradas como terroristas.
Tanto la legislación que regula los juicios ante tribunales militares como la nueva ley
preveían la pena de muerte. Cientos de personas fueron declaradas culpables por
tribunales militares y muchas de ellas fueron condenadas a muerte, algunas in
absentia. En vista de esas medidas represivas, muchos miembros y simpatizantes de
grupos islamistas no autorizados pasaron a la clandestinidad o huyeron al extranjero.
A finales de 1997, la cúpula dirigente del Grupo Islámico (Al Gama‘a al
Islamiya), principal grupo responsable de los ataques armados en la década de los
noventa, renunció a la violencia y pidió a sus miembros que pusieran fin a los ataques
en Egipto y en el extranjero. Durante unos pocos años después de ese anuncio, Egipto
se vio prácticamente libre de ese tipo de violencia.
A partir de 2004, sin embargo, se produjeron una serie de ataques con bomba
en la península del Sinaí cuya responsabilidad atribuyeron las autoridades a
Monoteísmo y Guerra Santa (Tawhid wal Jihad), un grupo político armado que al
parecer tiene vínculos con Al Qaeda. Entre los ataques, en los que murieron y
resultaron heridos centenares de civiles, se encuentran los siguientes:
Octubre de 2004 – tres ataques con bomba en los pueblos de Taba, Nuweiba y Ras al
Shitan, en las orillas del Mar Rojo, en los que murieron 34 personas.
Julio de 2005 – ataques con bomba simultáneos en el centro turístico de Sharm al
Sheikh, en el Mar Rojo, en los que perdieron la vida al menos 88 personas.
Abril de 2006 – ataques con bomba en el centro turístico de Dahab, en el Mar Rojo,
en los que murieron al menos 23 personas.
Además, en abril de 2005, en El Cairo, se registraron tres ataques contra
destinos turísticos atestados de personas. Según las autoridades, los ataques fueron
perpetrados por un grupo distinto. El 7 de abril, un atacante suicida mató a tres
extranjeros en el mercado de Khan al Khalili, en el distrito de Al Azhar. El 30 de
abril, un hombre que portaba un artefacto explosivo saltó desde el puente de la plaza
4
Véase, por ejemplo, el informe de Amnistía Internacional Egipto: Abusos de derechos humanos
cometidos por grupos armados (Índice AI: MDE 12/022/1998), septiembre de 1998.
5
El primer decreto presidencial fue el Decreto 370 de 1992 basado en el artículo 6.2 de la Ley Núm. 25
de 1966 (el Código de Justicia Militar). Según este artículo, “durante un estado de excepción, el
presidente de la República tiene potestad para referir a la jurisdicción militar cualquier delito punible
en virtud del Código Penal o de cualquier otra norma”.
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
de ‘Abd al Mun‘im Riyad; su prometida y su hermana dispararon contra un autobús
de turistas en la plaza de Sayyida ‘Aicha ese mismo día.
Amnistía Internacional condena sin reservas esos ataques contra civiles e insta
a que los responsables sean llevados ante la justicia.6 La organización reconoce que el
gobierno egipcio tiene la responsabilidad de mantener la seguridad pública y castigar
el delito, así como de impedir, investigar y castigar los actos de terrorismo. Sin
embargo, al cumplir con sus obligaciones, las autoridades egipcias deben respetar en
todo momento el derecho y las normas internacionales de derechos humanos
pertinentes, incluido el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP),
la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o
Degradantes y otros instrumentos en los que Egipto es Estado Parte. Estos tratados
establecen normas vinculantes que los gobiernos deben cumplir en todo momento,
incluso después de los crímenes más abyectos. Cualquier ley, política o práctica
encaminada a luchar contra el terrorismo no debe en ningún caso socavar el Estado de
derecho o no respetar íntegramente el derecho y las normas internacionales de
derechos humanos.
Las autoridades egipcias han fallado en ese respecto. En su lucha permanente
por erradicar lo que denominan “células terroristas”, han llevado a cabo detenciones
arbitrarias en masa y han juzgado, declarado culpables y condenado a personas
utilizando procedimientos injustos en los que las acusaciones no estaban
suficientemente fundamentadas. Las autoridades encargadas de la seguridad siguen
recluyendo a muchas otras personas en detención administrativa a pesar de que los
Tribunales Supremos de Seguridad del Estado (para estado de excepción) (en adelante,
“tribunales de excepción”) han ordenado su liberación en numerosas ocasiones.
En el ámbito internacional, el gobierno egipcio ha recriminado a gobiernos de
Europa y de América del Norte que sirvan de refugio a egipcios sospechosos de
terrorismo, y ha solicitado su devolución. Sin embargo, muchos de los que fueron
devueltos, según informes, sufrieron, a manos de las autoridades egipcias, violaciones
de derechos humanos tales como detención y reclusión arbitrarias, tortura, malos
tratos y juicios injustos. Algunos parecen haber sido víctimas de desaparición forzada.
Varios traslados de ciudadanos egipcios desde el extranjero se han llevado a
cabo en colaboración con gobiernos europeos y árabes y con el gobierno de Estados
Unidos. En algunos casos, la devolución respondió a una solicitud de extradición
cursada por las autoridades egipcias. En otros, la devolución fue el resultado de lo que
las autoridades estadounidenses denominan “entregas” –el traslado de personas entre
países al margen de la legalidad– o se produjo al denegarse una solicitud de asilo.
Todas estas devoluciones han violado el principio no devolución y se han llevado a
cabo a pesar de los documentos aportados por organizaciones no gubernamentales
6
Por ejemplo, Egypt: Amnesty International condemns attacks against civilians in Taba (Índice AI:
MDE 12/011/2004); Egipto: Amnistía Internacional condena el atentado contra civiles en El Cairo
(Índice AI: MDE 12/017/2005); Egipto: Amnistía Internacional condena los ataques contra civiles en
Dahab (Índice AI: MDE 12/006/2006).
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nacionales e internacionales que ponen de relieve el elevado riesgo de tortura y otros
abusos que corren las personas amenazadas con ser devueltas.
Algunos gobiernos extranjeros han argumentado que el uso de medidas
bilaterales, como las “garantías diplomáticas” (o “contactos diplomáticos”) elimina el
riesgo de que ciudadanos egipcios sospechosos de participación en actividades
terroristas en Egipto o en el extranjero sean detenidos y sometidos a tortura u otros
malos tratos en Egipto. Sin embargo, esos acuerdos bilaterales entre gobiernos no son
normas vinculantes del derecho internacional, a diferencia de los tratados que
prohíben la tortura y en los que Egipto es Estado Parte, aunque los haya violado
sistemáticamente. El uso de “garantías diplomáticas” para justificar la devolución de
ciudadanos extranjeros considerados como una amenaza para la seguridad preocupa
enormemente a Amnistía Internacional . En el caso de Egipto, a la organización le
preocupa además que, en la práctica, no puede ejercerse ningún control judicial sobre
la conducta y las actividades del Departamento General de Inteligencia (Mukhbarat) y
el Departamento de Investigaciones de la Seguridad del Estado, que son las agencias
que con mayor probabilidad detendrían a las personas devueltas.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, los
dirigentes políticos de este país elogiaron el modo en que Egipto hacía frente al
terrorismo. Por ejemplo, el 26 de septiembre de 2001, Colin Powell, el entonces
secretario de Estado, expresó su “agradecimiento por el compromiso de Egipto para
trabajar a nuestro lado cuando nos aprestamos a hacer frente al azote del terrorismo.
Egipto, como todos sabemos, nos lleva una gran ventaja en este campo. En el curso de
su historia, en los últimos años han tenido que hacer frente a actos de terrorismo.
Tenemos mucho que aprender de ellos y es mucho lo que podemos hacer juntos.”7
A cambio de la devolución de ciudadanos egipcios desde el extranjero, Egipto
se convirtió en un destino clave en la “guerra contra el terror” global encabezada por
Estados Unidos. Decenas de personas sospechosas de estar vinculadas a grupos
terroristas han sido devueltas a Egipto para extraerles información. Según las
denuncias persistentes y coincidentes de estas y otras personas devueltas, la tortura y
otros malos tratos se utilizaron de forma sistemática contra ellas durante los
interrogatorios a que fueron sometidas en los centros de detención del Departamento
General de Inteligencia y del Departamento de Investigaciones de la Seguridad del
Estado, y tras su traslado a prisiones.8 Los métodos de tortura descritos incluían
vendar los ojos al detenido, golpearlo, suspenderlo en posturas dolorosas, aplicarle
descargas eléctricas, drogarlo, violarlo y amenazarlo de muerte. También eran
frecuentes la reclusión en régimen de aislamiento y la privación del sueño.
7
Departamento de Estado de Estados Unidos, Remarks with Egyptian Minister of Foreign Affairs
Ahmed Maher, 26 de septiembre de 2001, véase
http://www.state.gov/secretary/former/powell/remarks/2001/5066.htm.
8
Normalmente los sospechosos de terrorismo devueltos desde el extranjero son recluidos en primer
lugar en el Departamento General de Inteligencia y luego en distintos centros de detención y prisiones
del SSI.
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
En mayo de 2005, durante una visita a Estados Unidos, el primer ministro
egipcio Ahmed Nazif declaró que los servicios de información estadounidenses
habían trasladado a unas 60 ó 70 personas a Egipto desde septiembre de 2001. Cuando
se le preguntó acerca de esta declaración durante una visita que realizó a Londres en
marzo de 2006, respondió: “[e]sa cifra varía con el tiempo, de modo que es muy
difícil precisarla”. Tampoco aclaró qué autoridades eran las responsables de la
detención y reclusión de esas personas, dónde se recluía a los detenidos, si tenían
acceso al mundo exterior, o si estaba previsto acusarlos y juzgarlos. Las autoridades
egipcias tampoco han divulgado la identidad de las personas en cuestión ni las
circunstancias en que fueron devueltas.
El gobierno egipcio continúa apoyando la “guerra contra el terror” liderada por
Estados Unidos. En su primer mensaje al recién elegido secretario general de la ONU,
Ban Ki-moon, destacó la importancia de alentar a la ONU a movilizar y coordinar los
esfuerzos internacionales para luchar contra el terrorismo.9 Sin embargo, al mismo
tiempo, Egipto se niega a permitir que el relator especial sobre la promoción y
protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales en la lucha contra
el terrorismo visite el país para estudiar el historial de derechos humanos de Egipto en
la “guerra contra el terror”, a pesar de las reiteradas peticiones del relator. Egipto
también continúa negando el acceso a los relatores especiales sobre la tortura y sobre
la independencia de magistrados y abogados.
Las leyes antiterroristas de Egipto
La población de Egipto ha vivido bajo el estado de excepción durante la mayor parte
de los últimos 40 años.10 El estado de excepción vigente en la actualidad no se ha
levantado desde que fue impuesto en 1981. Las disposiciones de excepción se han
renovado regularmente sin una revisión adecuada y contraviniendo el derecho
internacional, en particular el PIDCP.11 En abril de 2006, el estado de excepción se
renovó de nuevo por un periodo adicional de dos años, a pesar de los reiterados
llamamientos de grupos de derechos humanos para que fuera levantado.
La legislación de excepción confiere amplias facultades a los funcionarios de
seguridad y al poder ejecutivo. Estas potestades facilitan la comisión de numerosas
violaciones de derechos humanos –tales como detención arbitraria, tortura, malos
tratos y juicios injustos– que se han perpetrado con impunidad durante muchos años.
9
Egypt urges new UN chief to continue fight against terror, AFP, 14 de octubre de 2006.
El estado de excepción fue declarado en 1967 debido a la guerra entre árabes e israelíes de ese año y
sólo se levantó entre mayo de 1980 y octubre de 1981. El 6 de octubre de 1981 volvió a imponerse tras
el asesinato del presidente Mohamed Anwar Sadat.
11
El artículo 4 del PIDCP establece: “En situaciones excepcionales que pongan en peligro la vida de la
nación y cuya existencia haya sido proclamada oficialmente, los Estados Partes en el presente Pacto
podrán adoptar disposiciones que, en la medida estrictamente limitada a las exigencias de la situación,
suspendan las obligaciones contraídas en virtud de este Pacto, siempre que tales disposiciones no sean
incompatibles con las demás obligaciones que les impone el derecho internacional y no entrañen
discriminación alguna fundada únicamente en motivos de raza, color, sexo, idioma, religión u origen
social”.
10
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9
La legislación también restringe gravemente el derecho a la libertad de expresión,
asociación y reunión, y permite que las personas acusadas de ciertos delitos sean
juzgadas en procesos manifiestamente injustos ante tribunales militares y de
excepción.
En enero de 2004, en un intento de limitar el uso de la legislación de
excepción, el presidente Mubarak ordenó la derogación de la mayoría de las órdenes
militares emitidas en virtud de las disposiciones de excepción desde 1981, excepto
aquellas supuestamente encaminadas a proteger la seguridad pública. El año anterior,
2003, se habían abolido los Tribunales de Seguridad del Estado. Sin embargo, los
poderes excepcionales que la norma que creó estos tribunales, la Ley Núm. 105 de
1980, confería a la Fiscalía fueron restituidos a través de enmiendas al Código de
Procedimiento Penal.
La Ley del Estado de Excepción (Ley Núm. 162 de 1958, enmendada) otorga
amplios poderes a los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, en especial a
los funcionarios del Departamento de Investigaciones de la Seguridad del Estado. Con
arreglo al artículo 3, un sospechoso puede permanecer detenido durante un periodo
prolongado sin cargos ni juicio.12 El Ministerio del Interior ordena las detenciones. En
casos urgentes, estas órdenes pueden ser verbales, siempre que se acompañen de una
orden por escrito en el plazo de ocho días. Todas las personas recluidas en detención
administrativa en virtud del artículo 3 tienen algunos derechos de apelación, pero el
proceso es complejo y las autoridades con frecuencia cometen abusos.
La ley establece que se informará inmediatamente al detenido de las razones
de su detención, que se le permitirá el acceso a un abogado y que se le autorizará a
ponerse en contacto con la persona de su elección para informarle de su detención. En
la práctica, sin embargo, a las personas detenidas no se les suele informar de la razón
de su detención, y no se les permite recibir visitas de familiares durante 30 días.
Además, el artículo 6 no exige que los funcionarios encargados de hacer cumplir la
ley respeten los procedimientos de detención y reclusión especificados en la
Constitución y en otras leyes egipcias cuando aprehenden a personas que han violado
órdenes emitidas en virtud de la legislación de excepción, o sospechosas de haber
cometido delitos incluidos en dichas órdenes.
La Ley del Estado de Excepción otorga al presidente egipcio la facultad de
trasladar ante un tribunal de excepción cualquier caso relacionado con un delito
tipificado en el código penal o en otra norma. También lo faculta para determinar la
composición de los tribunales de excepción, incluso nombrando a oficiales de las
fuerzas armadas para que actúen como jueces.13 El artículo 6 del Código de Justicia
Militar autoriza al presidente a trasladar cualquier caso a un tribunal militar. Las
sentencias pronunciadas por estos tribunales se consideran definitivas y están sujetas
12
13
Para más información, véase el apartado sobre detención administrativa, infra.
Artículos 7, 8 y 9 de la Ley del Estado de Excepción.
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
sólo a revisión presidencial, lo que impide a los acusados recurrir ante una instancia
judicial superior, en contra de lo que exige el derecho internacional.14
La Ley del Estado de Excepción también faculta al ejecutivo para ordenar la
detención sin cargos ni juicio de cualquier persona sospechosa de haber cometido
delitos tan vagamente definidos como poner en peligro la “seguridad nacional” o el
“orden público”. Miles de personas continúan recluidas en virtud de órdenes de
detención administrativas aunque los tribunales las hayan absuelto o hayan ordenado
reiteradamente su liberación. Las autoridades egipcias utilizan con frecuencia esta
práctica de “detención recurrente” para detener a personas –especialmente miembros
o simpatizantes de grupos islamistas no autorizados– sin cargos ni juicio durante
periodos prolongados. Algunos permanecen detenidos desde comienzos de la década
de los noventa.
La Ley Antiterrorista (Ley Núm. 97 de 1992) concede poderes aún mayores a
los cuerpos de seguridad y a la Fiscalía, y limita todavía más los derechos de las
personas, restringiendo, entre otras cosas, la libertad de expresión, asociación y
reunión. También ha servido de base legal para juzgar a civiles ante tribunales
militares, una práctica que viola las normas internacionales.
Poco después de que se introdujese la Ley Antiterrorista, el Comité de
Derechos Humanos de la ONU concluyó que la norma contraviene varios derechos
consagrados en el PIDCP, en particular en sus artículos 6, 7, 9 y 15.15 El Comité
también declaró que la “definición del terrorismo en esa ley es tan lata que abarca una
amplia gama de actos de distinta gravedad”. Solicitó a Egipto que revisase la ley,
especialmente las disposiciones que ampliaban el alcance de la pena de muerte.16
Hasta 2003, cuando se aprobó la ley que abolía los Tribunales de Seguridad del
14
Artículo 12 de la Ley del Estado de Excepción. En marzo de 2007, el presidente Mubarak propuso
una ley para establecer un tribunal de apelación para las personas juzgadas ante tribunales militares.
15
Doc. ONU CCPR/C/79/Add.23, 9 de agosto de 1993, párr. 8. Estos artículos garantizan el derecho a
la vida (artículo 6), el derecho a no ser sometido a torturas o malos tratos (artículo 7), el derecho a no
ser sometido a detención o prisión arbitrarias (artículo 9), la legalidad del delito (es decir, el requisito
de supeditar tanto la responsabilidad penal como el castigo a la existencia y aplicabilidad de
disposiciones claras y precisas en la ley en el momento en que se cometió el delito, excepto cuando una
ley posterior imponga una pena más leve) (artículo 15).
16
El artículo 86 del Código Penal Egipcio, enmendado por la Ley Núm. 97 de 1992, define así el delito
de “terrorismo”: “[…]se entiende por terrorismo todo acto de fuerza, violencia, amenaza o intimidación
perpetrado como parte de un plan delictivo individual o colectivo que intenta alterar el orden público, o
poner en peligro la seguridad pública, o herir o aterrorizar a las personas, o poner en peligro sus vidas,
su libertad o su seguridad, o causar perjuicios al medio ambiente, a los medios de transporte o de
comunicación o a edificios o propiedades privados o públicos, o apoderarse de alguno de ellos u
ocuparlos, o impedir u obstruir el cumplimiento de las obligaciones de las autoridades, los centros de
culto o de educación, o impedir la aplicación de la Constitución, las leyes o cualquier reglamento.”
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
11
Estado,17 la Ley Antiterrorista permitía a la policía judicial mantener detenidos a
sospechosos hasta siete días antes de ponerlos a disposición de la Fiscalía.18
En marzo de 2006, el gobierno anunció que había encargado a un comité la
elaboración de una nueva ley antiterrorista para sustituir a la legislación de excepción.
Amnistía Internacional dirigió un memorando al presidente Mubarak y a otros
miembros del gobierno egipcio instándolos a garantizar que la nueva ley no
consolidará los poderes que durante muchos años han facilitado la tortura y otros
malos tratos, la detención arbitraria, los juicios injustos y otras graves violaciones de
los derechos humanos. Amnistía Internacional solicitó la oportunidad de ver y
comentar el proyecto de ley y buscó información sobre varios casos de personas
detenidas en relación con presuntas actividades terroristas. La secretaria general de
Amnistía Internacional también entregó un ejemplar del memorando al ministro del
Interior durante una vista realizada a El Cairo en septiembre de 2006. En diciembre,
Amnistía Internacional solicitó de nuevo una respuesta al memorando en el curso de
una reunión con funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores. En el momento de
redactar este informe, Amnistía Internacional no había recibido ninguna respuesta.
El 26 de diciembre de 2006, en una declaración ante la Asamblea del Pueblo,
el presidente Mubarak anunció su propuesta de enmendar 34 artículos de la
Constitución egipcia. Como ya se ha señalado, de especial preocupación es el artículo
179 enmendado, que allana el camino para la introducción de una nueva ley
antiterrorista. En marzo de 2007, las enmiendas fueron aprobadas en el Parlamento y
refrendadas en una consulta popular que los grupos políticos de oposición, entre otros,
boicotearon y que observadores nacionales independientes criticaron ampliamente y
calificaron de fraudulenta.
En vísperas de la votación en el Parlamento y antes del referéndum, Amnistía
Internacional advirtió de que las enmiendas consolidarán las prácticas actuales de
detención y reclusión arbitrarias, tortura y juicios sin garantías procesales,
deteriorarán aún más la protección de los derechos humanos y violarán las
obligaciones contraídas por Egipto en virtud de las normas internacionales de
derechos humanos.19
Amnistía Internacional renueva su llamamiento al gobierno egipcio para que
garantice que la ley antiterrorista prevista respetará íntegramente el derecho y las
normas internacionales de derechos humanos. Varios órganos de la ONU, entre ellos
la Comisión de Derechos Humanos, la Asamblea General y el Consejo de Seguridad,
17
Ley 95 de 2003 que deroga los Tribunales de Seguridad del Estado y enmienda ciertas disposiciones
del Código Penal y del Código de Procedimiento Penal.
18
Véase artículo 7bis de la Ley 105 de 1980 que establece los Tribunales de Seguridad del Estado; este
artículo fue añadido por la Ley Antiterrorista de 1992.
19
Véase Amnistía Internacional, Egipto: El referéndum no debe utilizarse para legitimar el menoscabo
de los derechos humanos (Índice AI: MDE 12/009/2007) y Egipto: Las enmiendas propuestas a la
Constitución son el mayor golpe asestado en 26 años a la protección de los derechos humanos (Índice
AI: MDE 12/008/2007).
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
12
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
han afirmado este principio en repetidas ocasiones.20 La renovación más reciente de
este compromiso se plasmó en el documento final de la Cumbre Mundial 2005,
aprobado en septiembre de 2005 por la sesión plenaria de alto nivel de la Asamblea
General de la ONU, en la que el ministro de Asuntos Exteriores, Ahmed Aboul Gheit,
participó en nombre del gobierno egipcio. El documento declara:
[…] la cooperación internacional para luchar contra el terrorismo debe
llevarse a cabo de conformidad con el derecho internacional, incluida la
Carta y las convenciones y los protocolos internacionales pertinentes. Los
Estados deben asegurarse de que toda medida que se tome para combatir el
terrorismo respete las obligaciones contraídas en virtud del derecho
internacional, en particular las normas de derechos humanos, el derecho
relativo a los refugiados y el derecho internacional humanitario.21
Amnistía Internacional reconoce que no existe una definición de terrorismo
acordada internacionalmente. Sin embargo, cualquier definición debe respetar los
principios establecidos en el derecho penal, en particular el principio de la legalidad
del delito (es decir, el requisito de supeditar tanto la responsabilidad penal como el
castigo a la existencia y aplicabilidad de disposiciones claras y precisas en la ley en el
momento en que se cometió el delito, excepto cuando una ley posterior imponga una
pena más leve)22 y el principio de responsabilidad individual (es decir, que la
responsabilidad penal debe ser individual, no colectiva).
Amnistía Internacional insta a las autoridades egipcias a que garanticen que la
nueva ley antiterrorista define con claridad y sin ambigüedad los “actos de
terrorismo”, de un modo que no limite o criminalice actos derivados del ejercicio de
los derechos y libertades garantizados por el derecho internacional de los derechos
humanos, incluida la libertad de expresión, asociación y reunión pacífica. La
organización también insta a las autoridades egipcias a revisar la definición de
terrorismo incluida en el Código Penal, a la luz de los principios especificados
anteriormente, en caso de que la nueva ley antiterrorista vaya a hacer uso de esa
definición, o, en su defecto, a revocar el artículo 86 del Código Penal.
Además, Amnistía Internacional insta al gobierno a no emplear las
definiciones de terrorismo incluidas en la Convención sobre la Prevención y la Lucha
contra el Terrorismo, de la Unión Africana, y en su Protocolo, o en la Convención
Árabe para la Represión del Terrorismo, ya que son demasiado vagas y podrían
20
Véanse, en particular: Comisión de Derechos Humanos, Resolución 2003/68, de 25 de abril de 2003,
párr. 3; Resolución 2004/87, de 21 de abril de 2004, párr. 1; y Resolución 2005/80, de 21 de abril de
2005, párr. 1. Véanse también: Asamblea General de la ONU, Resolución 57/219, de 18 de diciembre
de 2002, párr. 1; Resolución 58/187, de 22 de diciembre de 2003, párr. 1; Resolución 59/191, de 20 de
diciembre de 2004, párr. 1; y Resolución 60/158, de 16 de diciembre de 2005, párr. 1. Véase asimismo
Resolución 1456 del Consejo de Seguridad de la ONU, de 20 de enero de 2003, párr. 6.
21
Véase Documento final de la Cumbre Mundial 2005, doc. ONU A/RES/60/1, de 16 de septiembre de
2005.
22
Véase el informe del Experto independiente sobre la protección de los derechos humanos y las
libertades fundamentales en la lucha contra el terrorismo, E/CN.4/2005/103, 7 de febrero de 2005, párr.
33.
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
13
utilizarse para criminalizar el ejercicio legítimo de la libertad de expresión y de otros
derechos humanos.23
Las autoridades egipcias deben garantizar que la nueva ley antiterrorista no
facilitará en modo alguno la tortura o los malos tratos, e incluirá las salvaguardias que
contra tales abusos contienen normas internacionales como la Convención contra la
Tortura. Hasta la fecha, tales salvaguardias han brillado por su ausencia en la
legislación egipcia. Además, para garantizar la justicia de los procesos emprendidos
contra personas acusadas de delitos relacionados con el terrorismo, la nueva ley debe
facilitar a los acusados las condiciones necesarias para defenderse con eficacia,
incluido el derecho a contar con asistencia letrada con prontitud y durante el
interrogatorio.
Por último, Amnistía Internacional insta a las autoridades egipcias a garantizar
que la nueva ley antiterrorista no castigará ningún delito con la pena de muerte.
2. Detenciones arbitrarias y reclusión ilegal
Las detenciones arbitrarias seguidas de reclusión secreta y en régimen de
incomunicación han sido característica constante de las medidas antiterroristas del
gobierno egipcio durante decenios. Las fuerzas de seguridad del Estado han
respondido a los ataques armados y con bombas llevando a cabo detenciones en masa,
y en sus redadas han incluido con frecuencia creciente a esposas, hermanas,
progenitores de edad avanzada y, en ocasiones, incluso a hijos de los sospechosos. El
Departamento de Investigaciones de la Seguridad del Estado (SSI) ha mantenido
recluidas durante meses a muchas de estas personas, utilizándolas en la práctica como
rehenes, para obligar a sus familiares a entregarse o para conseguir información sobre
los sospechosos. En decenas de casos, según los informes, se ha torturado durante la
detención, con prácticas como las descargas eléctricas, a hombres que tenían relación
de parentesco con sospechosos. Las personas sospechosas de haber cometido delitos
relacionados con el terrorismo han permanecido semanas o meses detenidas en
régimen de incomunicación, y durante ese tiempo han sufrido torturas u otros malos
tratos.
Detenciones arbitrarias en masa
Normalmente, los ataques de los grupos armados han venido seguidos de detenciones
en masa. Por ejemplo, tras los ataques de 2004 en Taba y Nuweiba, y de 2005 en El
Cairo y Sharm al Sheikh, y de las explosiones de 2006 en Dahaba, miles de personas
fueron detenidas. Funcionarios del gobierno declararon que esas redadas masivas
formaban parte necesariamente de una investigación efectiva.
23
Véase Amnistía Internacional, La Convención Árabe para la Represión del Terrorismo, una seria
amenaza para los derechos humanos (Índice AI: IOR 51/001/2002), 9 de enero de 2002, y Comisión
Internacional de Juristas, Terrorism and Human Rights: New Challenges and Old Dangers, marzo de
2003, pp. 61-65.
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
Por lo general, las detenciones se han practicado de madrugada por
funcionarios del SSI ayudados por agentes de las paramilitares Fuerzas de Seguridad
Central, sin recurso al debido proceso. A menudo, las autoridades que practicaban la
detención han amenazado e intimidado a los familiares de los sospechosos. En varias
ocasiones en que la redada del SSI no encontró al sospechoso, los agentes detuvieron
a miembros de su familia, no en calidad de sospechosos sino para ejercer presión
sobre la persona buscada y conseguir que se entregase, y para obtener información
sobre su paradero o sobre otra persona ya detenida.
Muchos sospechosos detenidos en estas redadas han declarado que en el
momento de la aprehensión no se les informó de las razones de la detención. A
menudo, los agentes de las fuerzas de seguridad que practicaron las detenciones
dijeron a los familiares que llevaban a los detenidos a una oficina local del SSI o a una
comisaría. Sin embargo, una vez allí, a los detenidos no se les permitió informar a una
persona de su elección sobre su detención y circunstancias, y tampoco se les informó
de los cargos que existían contra ellos ni de su derecho a contar con asistencia letrada.
En esos casos, las detenciones han violado el Código de Procedimiento Penal
y la Constitución, que establecen que toda persona detenida o recluida será informada
de la razón de su detención o reclusión, podrá comunicarse con el mundo exterior y
será asistida por un abogado inmediatamente después de su detención.24
En general, los únicos detenidos que han sido informados de la razón de su
detención han sido aquellos que fueron puestos bajo custodia simplemente por estar
emparentados con un sospechoso. En algunos casos, las autoridades liberaron a esos
familiares con la orden de que encontrasen a la persona buscada y la convenciesen de
que se entregase para poner fin a la tortura y los malos tratos de otros miembros de la
familia que aún permanecían detenidos. Por ejemplo, numerosos familiares de
sospechosos de tener relación con los ataques con bomba en Taba permanecieron
detenidos hasta cinco meses y fueron sometidos a torturas u otros malos tratos para
obligarles a facilitar información sobre el paradero de las personas buscadas por las
autoridades o para inducir a los fugitivos a entregarse.
El encarcelamiento –en calidad de “presos sustitutivos”– de familiares y
personas relacionadas con los sospechosos de haber cometido un delito es un caso de
detención y reclusión arbitraria y viola el derecho internacional de los derechos
humanos. De hecho, puede constituir un delito de toma de rehenes en virtud de la
Convención Internacional contra la Toma de Rehenes, que Egipto ratificó en 1981.
Familiares de Usama ‘Abd al Ghani al Nakhlawi
La noche del 21 de octubre de 2004, agentes de las fuerzas de seguridad intentaron
detener a Usama ‘Abd al Ghani al Nakhlawi en su domicilio en Nakhil, Al ‘Arish,
pero él no se encontraba allí. En su lugar, según la hermana del hombre buscado,
24
Artículo 139 del Código de Procedimiento Penal y artículo 71 de la Constitución egipcia. El artículo
9.2 del PIDCP contiene disposiciones similares.
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
15
Sahar Muhammed ‘Abd al Ghani, profesora de escuela primaria, detuvieron a su
anciano tío, ‘Eid ‘Abd al Ghani, aunque éste no era sospechoso. Después los
funcionarios se dirigieron al domicilio de los padres de la esposa de Usama ‘Abd al
Ghani, Maryam Sulaiman Hassan. Allí arrancaron a la fuerza el velo a la mujer de 21
años, le vendaron los ojos, le ataron las manos a la espalda y la golpearon antes de
llevarla a la sede del SSI en Al ‘Arish. A consecuencia de ello, la mujer fue separada
de su hija de 15 meses, Hagar, que quedó al cuidado de su abuela.
A la mañana siguiente, agentes de las fuerzas de seguridad asaltaron el domicilio de
Sahar Muhammed ‘Abd al Ghani cuando toda la familia dormía. Los agentes
detuvieron a Sahar junto a sus dos hermanos, Ayman y Ahmed, y sus padres. Les
ataron las manos a la espalda, les vendaron los ojos y los introdujeron en vehículos de
la policía. Según los informes, los agentes golpearon a Ahmed antes de meterlo en el
automóvil. Los condujeron a la sede del SSI en Al ‘Arish y allí les quitaron las vendas
de los ojos y separaron a los hombres de las mujeres. Les dijeron que permanecerían
detenidos hasta que Usama se entregase a la policía.
Al cabo de una semana de reclusión, agentes de la policía de seguridad introdujeron a
Sahar y a su hermano Ayman en un automóvil rojo y les ordenaron que señalasen cuál
era la casa de su tío, Gumaa, y de dos de sus hijos, Magdi y Muhammed. Los tres
fueron detenidos y llevados también a la sede del SSI en Al ‘Arish, junto a otro primo,
Muhammed Abdallah.
Según informes, el tío del hombre buscado, Eid ‘Abd al Ghani, fue liberado después
de pasar una semana recluido; al parecer la policía de seguridad le ordenó que buscase
a Usama ‘Abd al Ghani al Nakhlawi. Sahar, su madre Na‘ima y su cuñada Maryam
permanecieron detenidas 14 días sin cargos ni juicio y luego fueron liberadas. El tío
de Sahar, Gumaa, y sus dos hijos permanecieron recluidos dos meses y luego fueron
puestos en libertad sin cargos. El hermano de Sahar, Ahmed, que según los informes
enfermó de gravedad debido a las duras condiciones de reclusión, fue liberado el 23
de diciembre de 2004. Su hermano Ayman y su padre, Muhammed ‘Abd al Ghani,
fueron liberados sin cargos al cabo de cinco meses.
Mientras permanecieron detenidos, no se permitió a ninguno de los familiares de
Usama ‘Abd al Ghani al Nakhlawi recibir visitas, contactar con un abogado o recibir
asistencia médica. Según los informes, Ayman y Gumaa fueron torturados en la sede
del SSI en Al ‘Arish. A excepción de ‘Eid ‘Abd al Ghani, todos los hombres de la
familia permanecieron detenidos, al parecer, en el campamento militar de las Fuerzas
de Seguridad Central en Al Masa‘id, a pocos kilómetros al oeste de Al ‘Arish donde,
según informes, las condiciones de detención eran muy duras.
Usama ‘Abd al Ghani al Nakhlawi fue detenido en agosto de 2005 y juzgado en
relación con los ataques con bombas en Taba y Nuweiba. El 30 de noviembre de
2006, fue condenado a muerte junto a otras dos personas. Los tres permanecen
recluidos en la prisión de Tora, en El Cairo.
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
Detención secreta y en régimen de incomunicación
En muchos casos, las autoridades no han facilitado información sobre los detenidos a
sus familiares, ni siquiera información sobre su paradero. Cuando los familiares han
acudido a la sede local del SSI o a la comisaría donde los agentes habían dicho que
llevarían a los detenidos, se les ha informado de que sus allegados no estaban allí,
pero no del lugar donde se encontraban detenidos. Asimismo, cuando las familias se
han dirigido a la Fiscalía o por escrito a los Ministerios de Interior y Justicia, tampoco
se les ha ofrecido ninguna información o explicación sobre el destino de sus parientes.
En lo que respecta al mundo exterior, estos detenidos se han convertido en
víctimas de desaparición forzada, una violación grave del derecho internacional. En
casi todos los casos, la desaparición ha sido de corta duración pero, en el caso de
algunas personas devueltas desde el extranjero, la desaparición se ha prolongado
durante meses e incluso años.
Cuando las familias han conocido el paradero de su familiar a través de
medios informales, normalmente a través de otros detenidos que fueron puestos en
libertad, no se les ha permitido visitarlos o sólo han podido hacerlo después de largos
periodos durante los que sus familiares han permanecido recluidos en régimen de
incomunicación. Muchas de las personas detenidas después del ataque con bomba de
Taba, por ejemplo, sólo podían recibir visitas de sus familiares durante las
festividades nacionales más señaladas. Las personas juzgadas en relación con los
ataques de El Cairo no pudieron recibir visitas de sus familiares durante más de un
año, hasta que su juicio dio comienzo en junio de 2006.
En general, se cree que las autoridades no divulgan información sobre el
paradero de los detenidos debido a la potestad del Ministerio del Interior para
determinar el lugar de reclusión de cada detenido.25 El artículo 1bis de la Ley Núm.
396 de 1956 –la Ley Penitenciaria– establece que “[…] las personas privadas de
libertad pueden ser recluidas en alguno de los centros de reclusión anteriormente
especificados en esta ley así como en los lugares que defina por decreto el ministro
del Interior […]”. Este artículo ha permitido la reclusión de personas en centros de
detención del SSI y en campamentos militares de las Fuerzas de Seguridad Central,
instalaciones que, a diferencia de otros centros de detención ordinarios, no están
sujetas a la inspección de la Fiscalía ni de ninguna otra autoridad judicial, en contra de
lo que disponen el artículo 42 del Código de Procedimiento Penal y el artículo 85 de
la Ley Penitenciaria.
En la mayoría de los casos, las personas detenidas por motivos de seguridad
han permanecido en la sede local del SSI o en la comisaría durante un par de días
antes de su traslado, normalmente a la jefatura del SSI en la plaza de Lazoghly, en El
Cairo, o a una prisión cercana a la capital. A pesar de los numerosos informes que
indican que se ha recluido a personas en centros de detención del SSI, el Ministerio
25
Ley 157 de 1968 y sus decretos ejecutivos. Véase Consejo Nacional de Derechos Humanos, Informe
Anual 2004/2005, p.295.
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
17
del Interior declaró que “las instalaciones [del SSI] no se consideran centros de
detención, ya que son sistemas de información de seguridad que no tienen jurisdicción
alguna sobre las operaciones de detención. Por consiguiente, las visitas de inspección
regulares [especificadas en el artículo 42 del Código de Procedimiento Penal] no
incluyen esas instalaciones”.26 Dado que estos centros de detención no están
oficialmente reconocidos como prisiones, no llevan un registro de las personas
detenidas o del tiempo que permanecen allí. La detención de personas en esos centros
de reclusión informales, aunque sea durante un periodo breve, viola el artículo 41 del
Código de Procedimiento Penal, que prohíbe la detención de personas en instalaciones
no oficiales. También parece que la Fiscalía no recibe información sobre las personas
recluidas en esas dependencias o sobre las razones por las que el SSI las detuvo, y por
lo tanto no puede supervisar de ninguna manera las condiciones de detención o el
trato que reciben los detenidos mientras permanecen en esos lugares.
A consecuencia de estas prácticas, muchas personas detenidas por motivos de
seguridad han permanecido recluidas durante semanas o meses en régimen de
incomunicación y, según los informes, han sido torturadas.
La detención en régimen de incomunicación ha sido condenada por órganos y
mecanismos internacionales de derechos humanos como una violación de derechos
humanos que facilita la comisión de otras violaciones tales como la desaparición
forzada, la tortura y otros malos tratos. El relator especial de la ONU sobre la tortura
ha insistido reiteradamente en que la tortura se produce a menudo cuando los
detenidos permanecen recluidos en régimen de incomunicación, incapaces de
contactar con personas en el exterior que podrían ayudarles o saber lo que les ocurre,
y ha instado a poner fin a esta práctica. Todos los detenidos deben comparecer ante
una autoridad judicial independiente sin demora cuando son puestos bajo custodia, y a
partir de ese momento deben tener acceso a familiares, abogados y médicos sin
dilación y con regularidad.27
Seis personas recluidas en detención secreta
Seis ciudadanos egipcios –Muhammed ‘Abd al ‘Aziz al Gamal, Sayyid Imam ‘Abd al
‘Aziz al Sharif (también conocido como Abu al Fadl), ‘Isam Shu’aib Muhammed,
Khalifa Sayyid Badawi, Uthman al Samman y Ali Abd al Rahim– devueltos
ilegalmente a Egipto desde Yemen en febrero de 2002 siguen detenidos sin cargos y
sin tener acceso a asesoramiento legal, asistencia médica o a sus familiares, según la
información recibida por Amnistía Internacional.28 Los seis permanecen recluidos en
detención secreta y en régimen de incomunicación, víctimas de desaparición forzada.
26
Consejo Nacional de Derechos Humanos, Informe Anual 2004/2005, p.213.
Comité de Derechos Humanos, observaciones iniciales: Perú, doc. ONU CCPR/C/79/Add. 67, 25 de
julio de 1996, párrs. 18 y 24. Informe del relator especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles,
inhumanos o degradantes, doc. ONU E/CN.4/1995/434, párr. 926.d.
28
Anteriormente Amnistía Internacional y otros grupos de derechos humanos habían recibido
información según la cual los seis habían sido devueltos a Egipto en 2004.
27
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
Antes de su devolución a Egipto, los seis habían permanecido desde 2001 recluidos,
sin juicio, por los servicios de Seguridad Política de Yemen en Saná.
En 1999, cuatro de ellos habían sido juzgados en Egipto in absentia por tribunales
militares. En el proceso contra los “devueltos de Albania”, como dio en llamarse,
Muhammed ‘Abd al ‘Aziz al Gamal, Sayyid Imam ‘Abd al ‘Aziz al-Sharif, ‘Isam
Shu’aib Muhammed y Khalifa Sayyid Badawi fueron condenados a muerte, a cadena
perpetua, a 10 años de cárcel y a 7 años de cárcel respectivamente, en un juicio injusto
celebrado ante el tribunal militar de Heikstep, cerca de El Cairo. Uthman al Samman
fue juzgado in absentia ante un tribunal militar en 1992 y también fue condenado a
muerte. Las autoridades no han facilitado ninguna información sobre estos hombres o
sobre si prevén juzgarlos de nuevo.
Según informes, en marzo de 2007, Muhammed ‘Abd al ‘Aziz al Gamal y Sayyid
Imam ‘Abd al ‘Aziz al Sharif fueron trasladados a la prisión de Tora desde un centro
de detención desconocido donde habían permanecido recluidos desde su devolución
desde Yemen. Al parecer, como miembros del grupo Guerra Santa Islámica liderado
en el pasado por Ayman al Zawahiri, estaban preparando el anuncio de una iniciativa
renunciando a la violencia en Egipto, similar a la que anunció el Grupo Islámico (AlGama‘a al Islamiya) en 1997.29
Detención administrativa
Varios centenares de personas detenidas en relación con los ataques con bombas en
Sinaí entre 2004 y 2006 y en El Cairo en abril de 2005 permanecen recluidas en
detención administrativa. En total, en la actualidad unos 18.000 detenidos
administrativos se consumen en las prisiones egipcias, algunos de ellos desde
comienzos de la década de los noventa.30 La mayoría permanecen recluidos en
condiciones que constituyen trato cruel, inhumano o degradante. Según los informes,
cientos de ellos padecen tuberculosis, enfermedades de la piel y otras afecciones que
proliferan debido a la falta de higiene y asistencia médica adecuadas, a la
alimentación deficiente y al grave hacinamiento.31
Cientos de familiares de detenidos administrativos llevaron a cabo durante
varios meses una sentada ante la sede del Sindicato de Abogados en El Cairo, en
vísperas de las elecciones presidenciales de septiembre de 2005, para protestar por
que sus familiares continuaban recluidos en penosas condiciones a pesar de las
numerosas órdenes de excarcelación emitidas por los tribunales de excepción.
También organizaron una protesta en octubre de 2005 frente al Ministerio del Interior,
en la plaza cairota de Lazoghly.
29
“Former leader of Gihad joins initiative to stop violence in Egypt”, Al-Hayat, 22 de marzo de 2007.
Según un funcionario del Ministerio del Interior, la cifra no supera los 4.000 detenidos.
31
En septiembre de 2005, hasta 2.000 presos fueron liberados por razones humanitarias y de salud,
según informes tras las recomendaciones emitidas por el Consejo Nacional de Derechos Humanos,
organismo patrocinado por el gobierno.
30
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
19
Es frecuente que personas detenidas como sospechosas de terrorismo que o
bien no son acusadas o bien han sido absueltas permanezcan recluidas en detención
administrativa por orden del ministro del Interior en virtud de la legislación de
excepción. El artículo 3 de la Ley del Estado de Excepción establece que el ministro
del Interior puede “detener y recluir a personas sospechosas o que pongan en peligro
la seguridad pública o el orden público”. Cualquier persona detenida en virtud de esta
disposición tiene derecho a impugnar su detención 30 días después de la fecha en que
fue dictada la orden de detención. Su queja se traslada a un tribunal de excepción, que
debe emitir una decisión razonada en el plazo de 15 días. Sin embargo, si el tribunal
determina que el detenido debe ser puesto en libertad, el ministro del Interior tiene 15
días para recurrir la decisión, tiempo durante el cual la persona continúa detenida. Si
el ministro recurre, el caso es remitido a un segundo tribunal equivalente que también
dispone de 15 días para tomar una decisión sobre la objeción del ministro. Si el
segundo tribunal confirma la orden de libertad, la persona debe ser liberada. Si no, la
reclusión continúa y la persona detenida tiene derecho a presentar una nueva queja
ante un tribunal de excepción y a comenzar de nuevo todo el proceso, una vez
transcurrido un nuevo periodo de 30 días.32
‘Abd al Mun’im al Srougi
‘Abd al Mun’im al Srougi, de 41 años de edad, fue detenido en junio de 1990 y
permanece recluido desde entonces. Nunca se han presentado cargos contra él. Ha
permanecido recluido en distintas prisiones, incluidas las de Abu Zaabal y Tora.
Según informes, los tribunales de excepción han ordenado su libertad en al menos
ocho ocasiones. Amnistía Internacional realiza trabajo de campaña en su favor desde
1995. En octubre de 1996, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención
Arbitraria aprobó una decisión en la que se afirmaba que ‘Abd al Mun’im al Srougi
había sido detenido arbitrariamente en contravención de la Declaración Universal de
Derechos Humanos y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.33 En el
momento de redactarse este informe, ‘Abd al Mun‘im al Srougi se encontraba en la
prisión de Wadi Natroon, al noroeste de El Cairo.
En la práctica, sin embargo, las autoridades incumplen a menudo este
procedimiento y no ponen en libertad a los detenidos con arreglo a la decisión del
segundo tribunal. En su lugar, trasladan en secreto a los detenidos a otros centros de
detención, como comisarías locales o dependencias del SSI en El Cairo o en otros
lugares, y los mantienen recluidos hasta que el ministro del Interior dicta nuevas
órdenes de detención alegando infundadamente que el detenido fue liberado y que de
inmediato volvió a involucrarse en actos delictivos o terroristas, siendo aprehendido
de nuevo.
32
Para más información sobre la detención administrativa en Egipto, véase Egypt: Arbitrary detention
and torture under emergency powers (Índice AI: MDE 12/01/1989), y Egypt: Security police
detentions undermine the rule of law (Índice AI: MDE 12/01/1992).
33
Doc. ONU, general, E/CN.4/1997/add.1, 29 de octubre de 1996.
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
20
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
Algunos acusados han seguido recluidos tras ser absueltos por tribunales
militares o de excepción, pues el ministro del Interior ha dictado una nueva orden de
detención contra ellos. Los detenidos que insisten en presentar recursos contra sus
órdenes de detención han sido trasladados a prisiones remotas, a cientos de kilómetros
de sus familias, aparentemente como represalia y para disuadirlos de presentar nuevos
recursos. Los abogados que representan a esos detenidos han comunicado a Amnistía
Internacional que esta práctica ha provocado que algunos de ellos desistan de ejercer
su derecho a impugnar las órdenes de detención.
Tal uso de las órdenes de detención administrativa es ilegal. El Grupo de
Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria ha declarado: “El uso de la
detención administrativa en virtud de leyes de seguridad pública, migración u otras
normas administrativas conexas, que tenga como resultado la privación de la libertad
por tiempo indefinido o por períodos prolongados sin un control judicial eficaz, como
medio de detener a personas sospechosas de haber participado en actividades
terroristas u otros delitos, es incompatible con las normas internacionales de derechos
humanos”.34
El PIDCP prevé la derogación de algunas de sus disposiciones durante los
estados de excepción, pero sólo en la medida en que la situación ponga en peligro la
vida de la nación. El Comité de Derechos Humanos ha insistido en que: “Los Estados
Partes no pueden en ningún caso invocar el artículo 4 del Pacto como justificación de
actos que violan el derecho humanitario o normas imperativas de derecho
internacional, por ejemplo, [...] la privación arbitraria de la libertad [...]”. De
conformidad con el derecho internacional y en particular con el artículo 9.3 del
PIDCP, toda persona detenida por sospecharse su participación en una actividad
delictiva será llevada sin demora ante una autoridad judicial y será juzgada dentro de
un plazo razonable o, de lo contrario, será puesta en libertad.
Amnistía Internacional ha recordado reiteradamente al gobierno egipcio sus
obligaciones en virtud del derecho internacional de los derechos humanos, y ha
llamado su atención sobre la exigencia de que los detenidos comparezcan ante una
autoridad judicial sin demora y sean juzgados dentro de un plazo razonable y en
procedimientos justos o, de lo contrario, sean puestos en libertad.
El gobierno ha negado que se mantenga a personas recluidas en detención
administrativa ilegalmente después de que se hayan dictado órdenes de libertad. En
febrero de 2006, un funcionario del Ministerio del Interior declaró ante el Comité de
Derechos Humanos del Parlamento Egipcio que sólo se emiten nuevas órdenes de
detención contra personas cuya liberación ha sido ordenada por los tribunales cuando
existen indicios de que la persona en cuestión puede constituir un peligro público o ha
retomado sus actividades delictivas. En 1993 un funcionario del Ministerio del
Interior hizo una declaración similar a Amnistía Internacional. Sin embargo, la
práctica parece desmentir estas afirmaciones.
34
Informe del Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria, E/CN.4/2005/6, párr. 77.
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
21
Mohamed ‘Abd Rahim el Sharkawy
Mohamed ‘Abd Rahim el Sharkawy permanece recluido en detención administrativa
desde que fue extraditado a Egipto desde Pakistán en mayo de 1995. Seis de sus siete
hijos siguen en Pakistán.
Mohamed el Sharkawy había sido detenido dos veces en Egipto en la década de los
ochenta: la primera en 1981 en relación con el asesinato del presidente Anwar Sadat y
la segunda en 1987 después del intento de asesinato del entonces ministro del Interior.
En una carta que recibió Amnistía Internacional denunció que lo habían torturado de
diversas formas, por ejemplo, suspendiéndolo del techo durante varios días,
aplicándole descargas eléctricas y propinándole palizas. Los tribunales egipcios lo
absolvieron en las dos ocasiones.
En 1988 se encontraba en Arabia Saudí realizando su Al Hadj, el viaje de
peregrinación a la Meca, cuando supo que funcionarios del SSI lo esperaban en su
domicilio en El Cairo para detenerlo. En vista de ello decidió no regresar a Egipto y
en su lugar se trasladó a Pakistán. En 1989, su esposa egipcia y sus hijos se reunieron
con él, y tres años después le fue concedida la ciudadanía paquistaní.
En julio de 1994 lo detuvieron en su domicilio en Pakistán, en virtud de una solicitud
de extradición cursada por las autoridades egipcias. Aunque instancias judiciales de
Peshawar y Lahore, así como el Tribunal Supremo de Pakistán, todavía no habían
decidido sobre el recurso legal que presentó alegando que no podía ser extraditado a
Egipto por ser ciudadano paquistaní, en mayo de 1995 lo enviaron a Egipto.
De vuelta en Egipto permaneció detenido en régimen de incomunicación durante
varios meses, en el transcurso de los cuales al parecer fue torturado. Aunque el
tribunal de excepción lo absolvió después de que recurriese la orden de detención
dictada por el ministro del Interior, continúa recluido en detención administrativa
desde entonces. Según ha declarado, en la década de los noventa, cuando se producían
atentados terroristas en Egipto, lo sacaban de la prisión, lo interrogaban y lo
torturaban.
Mohamed el Sharkawy ha pasado los últimos 12 años entre las prisiones de Al Aqrab,
Damanhour, Fayoum, Abu Zaabal y Tora. Los tribunales han ordenado su puesta en
libertad al menos en 15 ocasiones. Actualmente se encuentra en la prisión de Liman
Tora. Según afirma, padece problemas de salud que son consecuencia de las torturas
que ha sufrido, de la falta de tratamiento médico adecuado y de las duras condiciones
penitenciarias. Un informe médico ha confirmado que padece varias hernias discales
que le producen dolor intenso en la espalda y las extremidades inferiores.
Llevo recluido [en detención administrativa] más de 12 años, durante los cuales
he sido sometido a todas las formas de tortura y malos tratos y se me ha
prohibido el contacto con mis hijos y familiares. Mi familia ha sido desplazada,
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
22
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
he perdido mis medios de subsistencia, mi negocio [en Pakistán] ha cerrado y el
futuro de mis hijos se ha perdido.
Mohamed ‘Abd Rahim el Sharkawy describe su detención administrativa en prisiones
egipcias
3. Tortura y otros malos tratos
W.A.E.M., estudiante universitario de 22 años, relató a Amnistía Internacional las
torturas que sufrió a manos de las fuerzas de seguridad egipcias. No se le acusó de
ningún delito, tampoco se han investigado las denuncias de tortura que presentó y no
ha recibido reparación alguna por la terrible experiencia.
W.A.E.M. fue detenido alrededor de las tres de la madrugada del 29 de
octubre de 2004 en su domicilio. Le vendaron los ojos y lo condujeron a la oficina del
SSI en Al ‘Arish. Le pidieron que identificara a unas personas pero, cuando dijo que
no sabía quiénes eran, lo insultaron y lo golpearon repetidamente en el rostro. Luego
sus interrogadores lo desnudaron, le ataron las manos a la espalda, le ataron también
los pies y lo colgaron por las muñecas del borde superior de una puerta abierta. Le
sujetaron un cable en un dedo del pie y otro en el pene y le aplicaron descargas
eléctricas. Luego le arrojaron agua en la cara y le obligaron a tumbarse en el suelo,
todo mientras permanecía desnudo y con los ojos vendados.
Ese tipo de torturas se prolongó durante una semana. Varias veces también lo
obligaron a presenciar cómo interrogaban y torturaban a otros detenidos, y en
ocasiones oyó los gritos de otros detenidos que estaban siendo interrogados. W.A.E.M.
ha declarado: “Lo peor que me ocurrió es que me desnudaran, por el efecto
psicológico que tiene”.
W.A.E.M. relató a Amnistía Internacional que había pasado 14 días en la
oficina del SSI en Al ‘Arish antes de que lo trasladaran a un centro de detención de las
Fuerzas de Seguridad Central en Al-Masa‘id, después de la festividad de ‘Eid el Fiar,
que marca el fin del Ramadán. En este segundo centro de detención lo recluyeron en
una celda donde se hacinaban unos 35 presos. Los internos, que tenían que dormir en
el suelo, no recibían más de una comida al día, no podían salir de la celda y no
recibían atención médica. A consecuencia del tiempo que lo mantuvieron colgado con
las manos a la espalda, W.A.E.M. sufrió lesiones graves en los brazos y no recuperó
la movilidad total hasta después de 45 días. Durante este periodo otros detenidos lo
alimentaron y lo ayudaron. Aunque pidió que lo viese un médico, su petición fue
denegada.
Después de pasar dos meses en Al Masa‘id, fue devuelto a la sede del SSI en
Al ‘Arish, donde permaneció otros 20 días. Le denegaron el permiso para asistir a los
exámenes en la Universidad. Luego lo trasladaron a la prisión de Tora donde, según
afirma, lo interrogaron de nuevo y lo agredieron mientras tenía los ojos vendados.
Finalmente lo pusieron en libertad sin cargos en abril de 2005.
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
23
La tortura y otras formas de malos tratos se practican sistemáticamente en los
centros de detención de todo el territorio egipcio. Las personas detenidas por sus
opiniones o actividades políticas, especialmente los presuntos miembros de grupos
islamistas no autorizados, incluidas personas devueltas desde el extranjero, corren un
riesgo especial de sufrir torturas y otros malos tratos, particularmente en la jefatura
del SSI situada en la plaza de Lazoghly, en El Cairo, así como en otras dependencias
del SSI, comisarías de policía y, ocasionalmente, prisiones.
Como práctica habitual, los agentes del SSI han sacado a personas de las
prisiones para interrogarlas sin autorización de la Fiscalía, lo que constituye una
violación flagrante del Código de Procedimiento Penal y de la Ley Penitenciaria.
Ambas normas prohíben a los agentes de policía tener contacto con ninguna persona
detenida sin la autorización por escrito de la Fiscalía.35 En decenas de casos de los que
Amnistía Internacional ha tenido conocimiento a través de abogados y ex detenidos,
se ha llevado a detenidos de la prisión de Tora a las dependencias del SSI y se los ha
sometido a torturas u otros malos tratos durante los interrogatorios. Normalmente, en
los expedientes de los detenidos no constan estos traslados. La ley egipcia de hecho
los prohíbe, pero no contiene disposiciones para procesar o castigar a quienes los
llevan a cabo.36
Durante las sesiones de interrogatorio se han utilizado distintas formas de
tortura. Los métodos que se mencionan con mayor frecuencia son palizas, descargas
eléctricas, suspensión por las muñecas y los tobillos y en posturas contorsionadas
durante periodos prolongados, y amenazas de muerte, violación u otros abusos
sexuales contra la víctima o sus familiares. Algunos detenidos afirman que los
interrogaron mientras otros detenidos eran torturados cerca de ellos. Otros relatan que
oyeron los gritos de personas que estaban siendo torturadas y vieron las marcas de la
tortura en sus cuerpos después del interrogatorio. Muchos de los detenidos en relación
con los ataques en Taba y Sharm el Sheikh afirmaron que durante las sesiones estaban
desnudos y maniatados y tenían los ojos vendados.
37
El Comité de la ONU contra la Tortura mencionó esas prácticas en relación
con Ahmed Agiza y Muhammed El Zari, devueltos desde Suecia a Egipto y
presuntamente torturados (véase el capítulo 5). “[…] Egipto recurría al empleo
persistente y generalizado de la tortura contra los detenidos, y [...] el riesgo de ser
objeto de ese trato era particularmente elevado en el caso de los detenidos por razones
políticas y de seguridad.”38
A pesar del conocimiento generalizado de que en los centros de detención
egipcios se recurre sistemáticamente a la tortura y otros malos tratos, especialmente
35
Artículo 140 del Código de Procedimiento Penal y artículo 79 de la Ley Penitenciaria.
Abdallah Khalil, Al-Huquq al-Madaniyya wa al-Siyassiya fi al-Tashri‘ al-Masri (Derechos civiles y
políticos en la legislación egipcia), p. 118.
37
Amnistía Internacional obtuvo la información sobre estos abusos directamente de las víctimas o de
sus testimonios escritos, o de informes de sus familiares y abogados, entre otras fuentes.
38
Doc. ONU, Comunicación Núm. 233/2003: Agiza v. Suecia, CAT/C/34/D/233/2003 (Jurisprudencia),
párr. 13.4, 24 de mayo de 2005.
36
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
24
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
en casos relacionados con la seguridad, algunos países –entre ellos Suecia, Reino
Unido y Estados Unidos– han pedido a las autoridades egipcias garantías de que
ninguna persona que sea trasladada a Egipto sufrirá ese tipo de abusos, lo que supone
al menos un reconocimiento implícito de que la tortura es una práctica habitual en
Egipto.39 Esas garantías, sin embargo, carecen de valor, ya que aquellos a quienes se
les solicitan ya han roto en numerosas ocasiones los compromisos que contrajeron
ante la comunidad internacional cuando ratificaron los tratados internacionales que
prohíben la tortura y los malos tratos. Además, al confiar en esas garantías se
incumple la obligación absoluta, en virtud del derecho internacional, de no trasladar a
ninguna persona a un país donde corra el riesgo de sufrir torturas u otros malos tratos
(el principio de no devolución). En un declaración a la prensa realizada en marzo de
2007, refiriéndose a los casos de Ahmed Agiza y Muhammed El Zari, el Ministerio de
Justicia sueco declaró, después de los hechos, que el gobierno había concluido que las
garantías recibidas de Egipto “no debieron considerarse suficientes”.
En su respuesta a una de las observaciones del Comité de Derechos Humanos,
el gobierno egipcio declaró en 2004 que las personas devueltas a Egipto desde otros
países habían sido llevadas ante la Fiscalía de inmediato y que ninguna había
“presentado una denuncia por malos tratos”.40 Esto es engañoso. De hecho, muchas de
las personas devueltas desde el extranjero fueron detenidas a su llegada a Egipto,
permanecieron más de un año en detención secreta y en régimen de incomunicación y
sufrieron torturas u otros malos tratos (véase capítulo 5).
Ahmed Abdallah Rabaa
Al parecer, Ahmed Abdallah Rabaa sufrió torturas y otros malos tratos durante los
casi tres meses que permaneció detenido, bien porque su hermano Muhammad era
sospechoso de terrorismo, bien porque las fuerzas de seguridad confundieron unos
nombres.
Según los informes, el 22 de octubre de 2004, alrededor de la medianoche, la policía
se presentó en el domicilio de Ahmed Rabaa para detener a su hermano. Los agentes
golpearon a Ahmed en la cabeza con la culata de una ametralladora, lo esposaron, lo
arrojaron al suelo y lo obligaron a permanecer de rodillas mientras registraban la casa.
Cuando la policía detuvo a Muhammad, a él lo pusieron en libertad.41
Según el relato que Ahmed Rabaa hizo a Amnistía Internacional, unas tres semanas
más tarde, aproximadamente el 15 de noviembre, los agentes de seguridad volvieron y
le dijeron que debía acompañarlos por unas horas. Según los informes, permaneció
39
En septiembre de 2005, según informes, el embajador de Reino Unido en Egipto pidió al Consejo
Nacional de Derechos Humanos egipcio que garantizase los derechos de los ciudadanos egipcios que
fueran devueltos desde Reino Unido y declaró que el gobierno británico deseaba incluir en la “garantía
diplomática” una nota sobre la función del Consejo para garantizar que los derechos de las personas
devueltas a Egipto serían protegidos. Según se informó, el Consejo rechazó la propuesta.
40
Doc. ONU, Egipto, CCPR/CO/76/EGY/Add.3. Respuesta del Estado Parte, 18 de noviembre de 2004.
41
Muhammad Abdallah Raba’ fue posteriormente condenado a cadena perpetua por un tribunal de
excepción en Isamilia, en relación con los ataques con bomba de Taba y Nuweiba (véase el recuadro
sobre el juicio de Tawhid wal Jihad).
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
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dos días detenido en la sede del SSI en Al ‘Arish, y luego fue trasladado a la jefatura
del SSI en El Cairo junto con otros 16 detenidos. Allí permaneció 11 ó 12 días y fue
interrogado regularmente. Después lo trasladaron a la prisión de Tora, donde
permaneció alrededor de 33 días. Posteriormente fue devuelto a la jefatura del SSI en
El Cairo, donde pasó una semana más. En este periodo, según afirma, lo interrogaron
y torturaron tres o cuatro veces al día. En su relato describe cómo lo golpearon, lo
colgaron por los tobillos y las muñecas en posturas contorsionadas y le aplicaron
descargas eléctricas en partes sensibles del cuerpo como los labios, el pene y la
cabeza. Siempre que lo interrogaban y torturaban, previamente le habían vendado los
ojos y lo habían obligado a desnudarse. Según su testimonio, prácticamente a diario
un médico comprobaba el estado de salud de los que habían sido torturados.
Durante su detención Ahmed Rabaa no tuvo acceso a su abogado o a sus familiares, y
en ningún momento compareció ante una autoridad judicial.
En torno al 7 de enero 2005, funcionarios del SSI le dijeron que había habido una
confusión en relación con los nombres de las personas que pensaban que él conocía y
lo enviaron de vuelta a la prisión de Tora. A finales de febrero de 2005 lo pusieron en
libertad. Las autoridades no han investigado sus denuncias de tortura, no han tomado
medidas contra los autores y no han otorgado a Ahmed Rabaa indemnización alguna.
La legislación egipcia y la tortura
El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención contra la
Tortura, tratados que Egipto ha ratificado, prohíben la tortura y otros malos tratos. Sin
embargo, debido a la limitada definición del delito de tortura en la legislación egipcia,
sólo algunas de las prácticas proscritas internacionalmente están prohibidas y
tipificadas en la legislación de Egipto.42
En la ley egipcia la tortura sigue teniendo una definición restringida y está
limitada al contexto de obligar a una persona acusada a hacer una confesión. Las
amenazas de muerte y la tortura sólo se penan cuando se producen tras la detención
ilegal por parte de alguien que dice ser un funcionario del gobierno.43 Por tanto, la ley
no aborda una situación en la que una persona es torturada por otras razones (para
42
Véanse los artículos 126, 129 y 282 del Código Penal.
La tortura se define en la sección del Código Penal titulada “Coacción y malos tratos a personas por
parte de funcionarios públicos” (artículos 126-132). Las penas más severas por tortura son de 10 años
de cárcel para la persona “que ordenó o cometió tortura para obligar a un acusado a hacer una
confesión” o, si la víctima muere, “la misma condena establecida para el homicidio intencionado” [que
puede conllevar la pena de muerte]. La tortura, incluidas las amenazas de muerte, también puede ser
castigada con la cárcel en virtud de otras disposiciones, entre ellas el artículo 282 del Código Penal. Sin
embargo, este artículo sólo se aplica cuando la persona torturada fue detenida ilegalmente, como se
especifica en el artículo 280 del Código Penal, por alguien que decía ser agente de policía o vestía un
uniforme de policía. Según el artículo 282: “La persona que detenga, confine o recluya a otra persona
sin una orden de la autoridad competente, y en otros casos distintos a aquellos en que la ley y los
estatutos autorizan la detención de sospechosos, será castigada con la detención o con una multa no
superior a doscientas libras [egipcias]”.
43
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
extraer información, intimidarla, castigarla o degradarla) o cuando la víctima no está
acusada de un delito.
En distintas ocasiones se ha notificado a las autoridades egipcias que esta
definición de tortura es mucho más restrictiva que la definición de la Convención
contra la Tortura.44 En junio de 1994, por ejemplo, el Comité contra la Tortura
recomendó a Egipto que “prevea en sus leyes penales todas las formas de tortura”.45
Hasta la fecha no se han llevado a cabo esas reformas en la legislación.
Además, los Estados no deben limitarse a tipificar la tortura como delito, sino
que deben adoptar también “medidas legislativas, administrativas, judiciales o de otra
índole eficaces para impedir los actos de tortura en todo territorio que esté bajo su
jurisdicción”.46 El Comité de Derechos Humanos se ha referido además a la necesidad
de prevenir, investigar, castigar y proporcionar reparación en caso de tortura y otros
malos tratos.47
La legislación egipcia incorpora algunas salvaguardias para proteger a las
personas detenidas frente a la tortura y otros malos tratos. El artículo 36 del Código de
Procedimiento Penal establece que el detenido debe comparecer ante la Fiscalía para
ser interrogado en el plazo de 24 horas después de su aprehensión; pasado ese plazo,
si el periodo de detención no se amplía, debe ser puesto en libertad. El artículo 42 de
la Constitución y el artículo 40 del Código de Procedimiento Penal prohíben el “daño
físico y moral” de las personas detenidas. El artículo 57 de la Constitución establece
que los procedimientos civiles y penales en relación con la tortura, según la define el
Código Penal, no están sujetos a prescripción.
En la práctica, sin embargo, los procedimientos de la legislación de excepción
han violado e ignorado a menudo estas salvaguardias, que han resultado inadecuadas
para proteger a los detenidos de la tortura y otros malos tratos. De hecho, la falta de
garantías eficaces ha producido muchas muertes bajo custodia.
Muertes bajo custodia
Muhammad Suleyman Youssef Ahmed y su primo Ashraf Sa‘id Youssef murieron
bajo custodia, al parecer a consecuencia de la tortura. Los dos habían sido detenidos
en relación con los ataques con bombas perpetrados en El Cairo el 7 de abril de 2005.
44
Con arreglo a la Convención contra la Tortura, “se entenderá por el término ‘tortura’ todo acto por el
cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o
mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un
acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a
otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o
sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones
públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia”.
45
Doc. ONU A/49/44, párr. 90.
46
Artículo 2 de la Convención contra la Tortura.
47
Observación general Núm. 20 del Comité de Derechos Humanos sobre el artículo 7 del PIDCP, párr.
8.
Amnistía Internacional, abril de 2007
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27
Según los informes, Muhammad Ahmed, un profesor de educación primaria de 40
años de edad de Shubra al Kheima, una localidad al norte de El Cairo, murió el 29 de
abril de 2005 bajo custodia policial, poco después de ser detenido. Sus familiares
declararon a los medios de comunicación que, aunque sospechaban que había muerto
a consecuencia de las torturas, las autoridades los habían coaccionado para que
firmaran un informe médico que atribuía la muerte a causas naturales, y para que
incineraran el cadáver ese mismo día en presencia de agentes de policía.
Un funcionario del Ministerio del Interior declaró a Amnistía Internacional que
Muhammad Ahmed padecía “algunos problemas de salud” que podían haber causado
su muerte o contribuido a ella, pero no dio más detalles. Amnistía Internacional no ha
tenido conocimiento de ninguna investigación oficial o formal sobre la causa y
circunstancias de esta muerte, que siguen sin esclarecerse.
Según los informes, Ashraf Sa‘id Youssef, de 28 años de edad, fue detenido el 29 de
abril de 2005 en Al Manoufiya y permaneció 13 días recluido en régimen de
incomunicación. Sus familiares no tuvieron noticias de su paradero hasta que ingresó
con graves lesiones en el hospital universitario de Al Minyal el 11 de mayo de 2005.
Murió ocho días después. El 21 de mayo, la Fiscalía afirmó, de manera poco
convincente que, de acuerdo con los informes policiales iniciales, Ashraf Sa‘id
Youssef se había provocado él mismo las lesiones golpeándose repetidamente la
cabeza contra la pared de su celda. Sin embargo, según informes, el gobierno
reconoció que las lesiones incluían magulladuras en el pecho y los brazos. La Fiscalía
declaró que había ordenado la realización de un examen forense al cadáver para
establecer la causa de la muerte. Sin embargo, casi dos años después, según la
información de que dispone Amnistía Internacional, no se ha llevado a cabo ese
examen ni tampoco una investigación adecuada sobre la muerte.
Me dijeron “te vamos a colgar”. Yo no entendí a qué se referían. Entonces me ataron
las manos a la espalda y me ataron también los pies, me colgaron por las muñecas
del borde de una puerta abierta y empezaron a torturarme.
4. Juicios injustos
Las normas internacionales de derechos humanos y la legislación egipcia incluyen
disposiciones que garantizan el derecho a un juicio justo, lo cual incluye el derecho a
asistencia letrada, la obligación de investigar las denuncias de tortura y otros malos
tratos, y la prohibición de utilizar en los procedimientos judiciales pruebas obtenidas
mediante tortura. Sin embargo, estas salvaguardias se han violado regularmente en
casos que, según las autoridades egipcias, afectaban a la seguridad nacional, ya que a
éstos se les aplica un sistema paralelo que incluye procedimientos legales “especiales”.
Desigualdad ante la ley
Las personas acusadas de delitos políticos o relacionados con el terrorismo son
privadas de su derecho a la igualdad ante la ley debido a los procedimientos
especiales que se aplican a lo largo de todo el proceso legal, desde la acusación al
Amnistía Internacional, abril de 2007
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
juicio. Tanto el derecho internacional como la Constitución egipcia establecen el
principio de igualdad.48 Esto significa que se debe garantizar a todas las personas, sin
discriminación, el acceso a los tribunales en idénticas condiciones, que todas las
personas deben disponer de las mismas garantías procesales y que los jueces y
funcionarios no deben actuar de modo discriminatorio cuando apliquen la ley.
Sin embargo, las disposiciones de la legislación de excepción y las enmiendas
al Código Penal y al Código de Procedimiento Penal de Egipto violan este principio.49
Los casos que implican delitos relacionados con la seguridad son investigados por una
sección especial de la Fiscalía –la Fiscalía Suprema de Seguridad del Estado– o son
remitidos por el presidente a la Fiscalía Militar Suprema para su investigación.50 Los
acusados son juzgados posteriormente por tribunales militares o de excepción, en los
que se violan varias de las garantías básicas de imparcialidad, incluido el derecho de
apelación ante un tribunal superior.
Poderes especiales de la Fiscalía
La Fiscalía tiene la facultad de iniciar y llevar adelante una causa criminal
investigando los delitos. Puede hacerlo a través de funcionarios encargados de hacer
cumplir la ley o delegando la investigación en un juez instructor.51 Sin embargo, esta
última opción sigue siendo una excepción y es facultativa de la Fiscalía.
En casos que se consideran relacionados con la seguridad,52 la Fiscalía a
menudo decide llevar a cabo la investigación ella misma utilizando la Fiscalía
Suprema de Seguridad del Estado, que se especializa en esos delitos y se encuentra
bajo la supervisión directa del fiscal. Desde 1953, año en que un decreto del ministro
de Justicia creó la Fiscalía Suprema de Seguridad, otros decretos han ampliado sus
poderes.53 Sus miembros han recibido el mandato de investigar delitos relacionados
con la seguridad en cualquier parte de Egipto, así como los delitos que le sean
remitidos por el presidente.
48
Artículo 40 de la Constitución egipcia y artículo 14.1 del PIDCP.
Este es el caso, por ejemplo, de la Ley Antiterrorista de 1992, que reformó el Código Penal, y de la
Ley 95 de 2003, que abolió los Tribunales de Seguridad del Estado y reformó el Código de
Procedimiento Penal.
50
El Código de Justicia Militar faculta a la Fiscalía Militar para investigar por sí misma una serie de
delitos (delitos incluidos en la legislación ordinaria y que podrían pertenecer al ámbito de la
jurisdicción militar, todos los delitos militares incluidos en la legislación ordinaria, y los delitos
militares que le sean remitidos por las autoridades militares) (artículo 29) e iniciar y llevar adelante una
causa criminal (artículo 30). Además, la Fiscalía Militar tiene todas las atribuciones del Ministerio
Fiscal, del juez instructor y de la cámara de acusación, como se describe en el apartado siguiente, sobre
los poderes especiales de la Fiscalía.
51
Artículos 64-67 del Código de Procedimiento Penal.
52
Estos se definen en el Código Penal principalmente como delitos que afectan a la seguridad nacional
dentro o fuera del país, así como delitos relacionados con explosivos y malversación de fondos
públicos.
53
Veáse Abdallah Khalil, Al-Huquq al-Madaniyya wa al-Siyassiya fi al-Tashri‘ al-Misri (Derechos
civiles y políticos en la legislación egipcia), p.569.
49
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
29
En virtud del artículo 10 de la Ley del Estado de Excepción, la Fiscalía,
además de sus funciones normales, reúne las facultades de un juez instructor y las de
un tribunal de apelación para delitos menores en sesión secreta (cámara de acusación).
Éstas son las mismas facultades que la desaparecida ley que estableció los tribunales
de Seguridad del Estado otorgaba a la Fiscalía. Tras la abolición de los Tribunales de
Seguridad del Estado en 2003, estos poderes fueron otorgados a la Fiscalía en virtud
del Código de Procedimiento Penal para tratar delitos relacionados con la seguridad.54
Con arreglo al artículo 206bis, añadido al Código de Procedimiento Penal, la Fiscalía
también acumulaba las facultades de los jueces instructores y de la cámara de
acusación al tratar delitos de terrorismo.55 La única diferencia entre el artículo añadido
del Código de Procedimiento Penal y la legislación anterior es que, ahora, sólo los
miembros de la Fiscalía con un rango mínimo de fiscal jefe pueden ejercer estos
poderes.
El hecho de otorgar a la Fiscalía los poderes judiciales del juez instructor y de
la cámara de acusación anula en la práctica varios artículos del Código de
Procedimiento Penal que exigen la autorización o supervisión judicial para ciertos
procedimientos.56 También contraviene las Directrices de la ONU sobre la Función de
los Fiscales, en especial, que “el cargo de fiscal estará estrictamente separado de las
funciones judiciales.”57
En la práctica, el artículo 206bis del Código de Procedimiento Penal concede
amplios poderes a la Fiscalía para detener a personas sospechosas de delitos de
terrorismo. En cualquier caso de terrorismo, el fiscal puede ordenar la detención
preventiva (“cautelar”) de las personas sospechosas durante 15 días, en calidad de
fiscal. También puede ampliar el periodo de reclusión hasta un máximo de 45 días en
calidad de juez instructor y continuar, como cámara de acusación, renovando la
detención por periodos no superiores a 15 días cada uno (antes de 2006 este periodo
era de 45 días). Esto significa que el fiscal está facultado para detener a una persona
54
Mediante la Ley 95 de 2003, que abolió los Tribunales de Seguridad del Estado y reformó el Código
del Procedimiento Penal.
55
La Ley 95 de 2003, que abolía los Tribunales de Seguridad del Estado, añadió el artículo 206bis al
Código de Procedimiento Penal. Este artículo establece que “los miembros de la fiscalía con un rango
mínimo de fiscal jefe –además de las jurisdicciones prescritas para el Ministerio Público– tendrán las
atribuciones del juez instructor para investigar los delitos prescritos en las Partes I [crímenes que
afectan a la seguridad nacional desde el exterior], II [delitos que afectan a la seguridad nacional desde
el interior del país], IIbis [explosivos] y IV [malversación de fondos públicos] del libro II del Código
Penal. Además, tendrán los poderes de la cámara de acusación, como establece el artículo 143 de la
presente ley, para investigar los delitos prescritos en la Sección 1 de la Parte II [terrorismo] aludidos
anteriormente, siempre que el periodo de detención [“cautelar”] no exceda de 15 días cada vez [que se
renueve]”. La reducción del periodo de detención “cautelar” a 15 días (antes 45 días) fue introducida
por la Ley 145 de 2006 que enmendaba el Código de Procedimiento Penal.
56
Son los artículos 51-54, 77, 84, 92, 124, 125, 141 y 206, sobre registros en domicilios, interrogatorio
en presencia de abogados, acceso de la defensa a los documentos de la investigación, acceso a
asistencia letrada y expediente de la causa, incautación de material y vigilancia sin permiso del juez
después de revisar los documentos de la causa. Véase Abdallah Khalil, Al-Huquq al-Madaniyya wa alSiyassiya fi al-Tashri‘ al-Masri (Derechos civiles y políticos en la legislación egipcia), p.136.
57
Directriz 10.
Amnistía Internacional, abril de 2007
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30
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
hasta cinco meses (antes de 2006 podía hacerlo hasta seis meses) sin ninguna
supervisión judicial independiente, en contra de lo exigido por los artículos 202 y 203
del Código de Procedimiento Penal y por las normas internacionales de derechos
humanos.
Por todo ello, las personas recluidas “cautelarmente” no gozan del derecho a
comparecer sin demora ante un juez u otro funcionario autorizado por la ley para
ejercer funciones judiciales.58 También se les niega el derecho a impugnar su
detención ante la autoridad judicial establecida por la ley para que decida sobre la
legalidad de su detención.59
Falta de acceso a asistencia letrada
En Egipto, las personas detenidas por razones políticas o de seguridad rara vez tienen
acceso a asistencia letrada sin demora.
El derecho de un acusado a contar con asistencia letrada es una de las
garantías clave de un juicio justo consagradas por el derecho internacional60 y se
aplica en todas las etapas del proceso judicial. El Comité de Derechos Humanos y
otros órganos de derechos humanos han reconocido asimismo que el derecho a un
juicio justo exige el acceso a un abogado durante la detención, el interrogatorio y las
investigaciones preliminares. El derecho de las personas detenidas a ser asistidas por
un abogado cuando son acusadas también está consagrado en los Principios Básicos
de la ONU sobre la Función de los Abogados, cuyo principio 6 establece
específicamente que las personas acusadas de delitos graves deben tener acceso a un
abogado “con la experiencia y competencia que requiera el tipo de delito de que se
trate”. Esa asistencia letrada se prestará de forma gratuita si el acusado carece de
medios suficientes para pagar sus servicios.
La Constitución egipcia garantiza el derecho a asistencia jurídica para todas
las personas, incluidas las que carecen de medios económicos.61 El Código de
Procedimiento Penal establece que toda persona detenida o recluida tiene derecho a
asistencia letrada y que nadie será interrogado sin la presencia de su abogado (excepto
en los casos en los que el sospechoso haya sido sorprendido en el momento del delito
o cuando se corra el riesgo de perder pruebas).62 El artículo 125 permite a los
abogados defensores acceder a los documentos de la investigación un día antes de que
58
Artículo 9.3 del PIDCP y principio 37 del Conjunto de Principios para la Protección de Todas las
Personas Sometidas a Cualquier Forma de Detención o Prisión, de las Naciones Unidas.
59
Artículo 9.4 del PIDCP.
60
Por ejemplo, artículo 14 del PIDCP.
61
Artículo 69 de la Constitución. Con arreglo al artículo 124 del Código de Procedimiento Penal
(enmendado por la Ley 145 de 2006): “el juez instructor en causas penales susceptibles de prisión no
puede interrogar a un sospechoso o confrontarlo con otros sospechosos o testigos antes de que sus
abogados hayan sido invitados a estar presentes, excepto en casos de flagrante delito o si hay una razón
poderosa para creer que pueden perderse pruebas según lo declarado por el juez instructor en el informe
[…] Si el sospechoso no tiene abogado o su abogado no se presenta después de ser invitado, el juez
instructor puede, por propia iniciativa, designar un abogado para él”.
62
Véanse artículos 139 y 124.
Amnistía Internacional, abril de 2007
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
31
la Fiscalía interrogue a la persona sospechosa y prohíbe que el abogado sea separado
del sospechoso durante el interrogatorio. Sin embargo, y esto es crucial, este artículo
también otorga al juez instructor y a la Fiscalía el poder de denegar ese acceso.
El Decreto Núm.1, de 2002, de la Fiscalía da instrucciones a las oficinas de la
Fiscalía para que permitan a los abogados obtener y examinar copias de los
documentos de la investigación en cualquier etapa de la misma.63 Esta medida
pretendía reforzar el derecho a la igualdad entre la defensa y la acusación. En la
práctica, sin embargo, los abogados defensores se han quejado de su incapacidad para
acceder a los documentos, especialmente cuando la investigación está en manos de la
Fiscalía Suprema de Seguridad del Estado.
Dada la gravedad de los cargos en casos de presuntos delitos de terrorismo, a
Amnistía Internacional le preocupa profundamente que las personas acusadas de estos
delitos no parecen haber tenido acceso a asistencia letrada cuando fueron conducidas
inicialmente ante la Fiscalía para su interrogatorio. Por ejemplo, ninguna de las
personas detenidas en relación con los ataques con bombas de Taba y Sharm al
Sheikh contó con la presencia de un abogado durante su interrogatorio ante el fiscal.
Además, la defensa no tuvo acceso a los documentos de la causa hasta después de la
primera sesión ante el tribunal de excepción en Ismailia, en julio de 2005. Todo ello
supuso una contravención del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y
del Código de Procedimiento Penal.64
Ausencia de investigaciones sobre las denuncias de tortura
La responsabilidad de investigar las denuncias de tortura y otros malos tratos recae
sobre el fiscal, que debe llevar a cabo una investigación en colaboración con la policía
judicial y decidir si se entabla un proceso. En julio de 2005, la fiscalía creó una
Unidad de Protección de los Derechos Humanos especial, con el mandato de
investigar, identificar y hacer un seguimiento de las violaciones de derechos humanos
o de los informes de tales violaciones.65
Esas disposiciones en la ley no han sido aplicadas en la práctica. En muchos
casos, las personas acusadas han declarado en su primera comparecencia ante el fiscal
que fueron torturadas en las instalaciones del SSI. Sus abogados han reiterado las
denuncias. Sin embargo, el fiscal no ha ordenado que los acusados fuesen sometidos a
un reconocimiento médico o no lo ha hecho de inmediato. En la mayoría de los casos,
fue el juez instructor quien ordenó, a instancias de la defensa, que se practicase un
reconocimiento médico a los acusados, a menudo varios meses después de que
tuviesen lugar las presuntas torturas y cuando las marcas o lesiones se habían
atenuado o habían desaparecido.
63
“EOHR ve con satisfacción el decreto de la Fiscalía de aplicar el derecho de la defensa ante el
fiscal”, EOHR, 19 de mayo de 2002.
64
Aunque el Código de Procedimiento Penal faculta a la Fiscalía para impedir que un detenido reciba
visitas o se mezcle con otros presos, el artículo 141 especifica que esto no debería afectar al derecho
del detenido a acceder regularmente a su representante legal.
65
Decreto Núm.1221 de 2005.
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32
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
Así ocurrió, por ejemplo, con la mayoría de los acusados en el juicio por los
ataques de Taba. Uno de ellos, Usama ‘Abd al Ghani al Nakhlawi, que posteriormente
fue condenado a muerte, denunció que lo habían torturado durante su interrogatorio y
pidió al fiscal que lo reconociese un médico forense. Según los informes, le dijeron
que la petición debía realizarla su representante legal. Sin embargo, no se le permitió
acceder a su abogado hasta que compareció ante el tribunal en marzo de 2006 y este
ordenó que fuese llevado ante un médico forense en mayo de 2006, nueve meses
después de su detención. Al parecer, el fiscal dijo a otros acusados que denunciaron
torturas que ya habían sido tratados de sus heridas y que no debían volver a mencionar
la cuestión.
Pero aún en el caso de que se presente una denuncia ante la Fiscalía, es
probable que las víctimas de tortura, sus familiares y sus representantes legales no
reciban información sobre si tal denuncia está siendo investigada o sobre los
progresos de la investigación durante semanas, meses o incluso años. No es de
extrañar que esto haya provocado una pérdida generalizada de confianza en el sistema
por parte de las personas a quienes se supone que debe proteger y de sus
representantes legales. El resultado es que en la actualidad muchas víctimas de tortura
no presentan denuncias o no presionan para obtener información sobre las
investigaciones de sus denuncias de tortura. Cuando Amnistía Internacional ha
planteado casos de tortura ante las autoridades egipcias, en general éstas no han
respondido, han negado los abusos o han afirmado que no había ninguna investigación
porque no se había recibido ninguna denuncia oficial.
Cuando han tenido lugar investigaciones sobre denuncias de tortura u otros
malos tratos, normalmente se han prolongado durante años y rara vez han dado como
resultado acciones judiciales. De hecho, sólo se ha procesado a presuntos torturadores
cuando la tortura presuntamente ha causado la muerte del detenido o ha contribuido a
ella y, en ese caso, sólo cuando el fallecido no estaba acusado de un delito relacionado
con la seguridad. Amnistía Internacional no conoce ningún caso de torturas o muerte
de una persona detenida por motivos de seguridad en que un miembro del SSI haya
recibido una sentencia condenatoria.
En el juicio más famoso contra varios agentes del SSI acusados de haber
torturado a presuntos miembros de grupos islamistas entre 1981 y 1983, los 44
agentes del SSI y funcionarios de prisiones imputados fueron absueltos en 1989. El
tribunal admitió que los detenidos habían sido torturados pero concluyó que los
perpetradores no habían sido identificados adecuadamente –las víctimas tenían los
ojos vendados cuando sufrieron las torturas–, por lo que los responsables de los
abusos escaparon a la justicia.
Varios impedimentos obstaculizan las investigaciones de las denuncias de
tortura y otros malos tratos. El principal es la prolongada detención de los
sospechosos en régimen de incomunicación antes de su comparecencia ante el fiscal y
el juez competente, unida a la ausencia de un mecanismo de vigilancia independiente
que supervise las condiciones de la detención preventiva y el trato recibido por el
detenido. En consecuencia, cuando los acusados que denuncian torturas son
finalmente sometidos a un reconocimiento médico, las señales corporales de tortura y
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
33
otros malos tratos pueden haber desaparecido y las pruebas forenses para fundamentar
sus denuncias son débiles o inexistentes. La práctica habitual de vendar los ojos al
detenido –que le dificulta o impide establecer la identidad de sus torturadores o
reconocerlos con posterioridad– y el uso de centros de detención no oficiales, entre
ellos dependencias del SSI y centros de detención militares de las Fuerzas de
Seguridad Central, agravan el problema. De acuerdo con la legislación egipcia, una
denuncia de tortura debe especificar dónde tuvo lugar la tortura e identificar a los
presuntos perpetradores.
Un problema adicional es que no existen salvaguardias en la ley o en la
práctica contra posibles nuevas torturas o malos tratos, para proteger a las personas
que denuncian las torturas. Esta ausencia de salvaguardias, y el temor a sufrir
represalias a manos de las fuerzas de seguridad, al parecer disuaden a algunas
víctimas de tortura de presentar una denuncia oficial o hacer público su caso en los
medios de comunicación o a través de las organizaciones de derechos humanos.
El derecho internacional obliga a los Estados a investigar las denuncias de
tortura y otros malos tratos. La Convención contra la Tortura exige a los Estados
Partes que siempre que haya motivos razonables para creer que se han infligido
tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes procedan a una
investigación pronta e imparcial. El artículo 12 deja claro que este deber no depende
de que la persona detenida haya presentado una denuncia formal. El artículo 13
garantiza el derecho de toda persona “a presentar una queja y a que su caso sea pronta
e imparcialmente examinado por sus autoridades competentes”. Esas investigaciones
deberían permitir la identificación de los responsables y su castigo.
Magdi Idriss
Magdi Idriss, de 39 años de edad y presunto miembro de un grupo islamista armado
conocido como Organización de la Promesa (Tanzim al Wa’ad), fue detenido el 8 de
mayo de 2001. No compareció ante el fiscal hasta el 5 de junio y no lo interrogaron
hasta el 12 de septiembre del mismo año. Durante 77 días permaneció recluido en las
dependencias del SSI de la plaza de Lazoghly, en El Cairo, donde, según afirma, lo
torturaron. Durante su primera comparecencia ante el fiscal declaró que había sufrido
torturas. El fiscal tomó nota de que Magdi Idriss presentaba lesiones en la mano
izquierda y el muslo derecho que, según el detenido, eran producto de la tortura. Otros
acusados declararon ante el fiscal que habían visto cómo Magdi Idriss era torturado.
Su abogado reiteró las denuncias de tortura y solicitó un reconocimiento médico.
A pesar de ello, transcurrió casi un mes antes de que Magdi Idriss fuese sometido a un
reconocimiento médico. Cuando por fin lo examinaron, el forense no pudo establecer
la causa de sus lesiones ni en qué fecha se habían producido. Ni se inició siquiera una
investigación completa sobre las denuncias de tortura.
Amnistía Internacional, abril de 2007
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
Uso de pruebas obtenidas mediante tortura
En muchos casos políticos o de seguridad, los tribunales aceptaron como prueba
declaraciones presuntamente obtenidas mediante tortura u otros malos tratos, que
finalmente sirvieron como base para la declaración de culpabilidad aunque ante el
tribunal los acusados en cuestión se hubiesen retractado de dichas declaraciones.
La Convención contra la Tortura prohíbe el uso en los tribunales de
declaraciones obtenidas mediante tortura.66 El Comité de Derechos Humanos también
ha declarado que el uso o la admisibilidad en los procedimientos judiciales de
declaraciones o confesiones obtenidas mediante tortura u “otros tratos prohibidos”
debe estar prohibido por la ley.67
En vista de las dificultades para probar que tuvieron lugar torturas u otros
malos tratos si no se dispone de pruebas médicas precisas, el relator especial de la
ONU sobre la cuestión de la tortura ha recomendado: “Cuando el acusado formule
durante el juicio acusaciones de tortura u otros malos tratos, la carga de la prueba
debería recaer en el ministerio público, a fin de demostrar, más allá de cualquier duda
razonable, que la confesión no se obtuvo con medios ilícitos, incluida la tortura y
malos tratos análogos”.68
El relator especial también declaró: “los fiscales y jueces no habrán de
exigir pruebas concluyentes de tortura o maltrato físico, y menos una sentencia de
culpabilidad del acusado de haberlos cometido, para decidir que no se servirán de
ninguna confesión o información que se impute obtenida mediante tales tratos. Es en
el Estado en el que recaerá la carga probatoria de que no hubo coacción”.69
Aunque la legislación egipcia no establece de un modo tan expreso que las
declaraciones obtenidas mediante tortura o malos tratos no deben utilizarse como
prueba en ningún procedimiento, el artículo 42 de la Constitución egipcia y el artículo
302 del Código de Procedimiento Penal establecen que las declaraciones extraídas
bajo “coacción o amenaza” no deben tenerse en consideración en los procedimientos
legales contra el acusado.
Muchos acusados han negado los cargos que se les imputaban al comparecer
por primera vez ante el juez de sala, normalmente varios meses después de su
detención. También han declarado que sufrieron torturas cuando se encontraban bajo
custodia del SSI y que “confesaron” después de ser sometidos a tortura y otros malos
tratos. A menudo, a instancias de la defensa, el tribunal ha ordenado que los acusados
fuesen sometidos a un reconocimiento médico. Informes posteriores presentados por
la fiscalía durante las sesiones del juicio han negado las denuncias. En muchos de los
informes forenses de los acusados en el juicio por los ataques con bombas de Taba,
por ejemplo, se afirmaba que los cuerpos de los acusados presentaban señales
compatibles con tortura, pero que no era posible determinar su causa debido al tiempo
transcurrido desde que tuvo lugar la presunta tortura, en algunos casos hasta nueve
66
Artículo 15.
Observación General 20, párr. 12.
68
A/56/156, párr. 39.j.
69
Informe sobre la visita a Turquía, doc. ONU, E/CN.4/1999/61/Add.1, párr. 113.e.
67
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
35
meses. Según los informes, en algunos casos las denuncias de tortura fueron
desestimadas porque los sospechosos no fueron capaces de nombrar a ninguno de sus
presuntos torturadores.
En ninguno de los casos destacados en este informe ordenaron los jueces
investigación posterior alguna, y en todos ellos desestimaron las denuncias de tortura.
Los tribunales militares y de excepción han condenado sistemáticamente a los
acusados a largas penas de prisión y a muerte sobre la base de pruebas impugnadas
extraídas mediante tortura u otros malos tratos.
Tribunales militares y de excepción
Durante muchos años se ha juzgado a civiles en procesos manifiestamente injustos
ante tribunales militares o de excepción, especialmente en casos de presuntos delitos
relacionados con la seguridad nacional o el terrorismo.
Los juicios ante esos tribunales violan algunas de las exigencias básicas del
derecho internacional, en particular: el derecho de toda persona a ser oída
públicamente y con las debidas garantías por un tribunal competente, independiente e
imparcial, establecido por la ley;70 el derecho a disponer del tiempo adecuado para la
preparación de su defensa;71 el derecho a ser asistida por un defensor de su elección;72
y el derecho a que el fallo condenatorio y la pena que se le haya impuesto sean
sometidos a un tribunal superior.73
El presidente egipcio o uno de sus representantes decide a qué jurisdicción
pertenecen ciertos casos. El hecho de que el poder ejecutivo pueda designar jueces
militares y decidir la remisión de casos a determinados tribunales permite dudar de la
imparcialidad y la independencia de éstos.
Las sentencias de los tribunales de excepción no pueden recurrirse y se
convierten en definitivas cuando las ratifica el presidente, que puede decidir la
conmutación o revocación de la sentencia u ordenar que se celebre un nuevo juicio
ante otro tribunal de excepción.74 Si el tribunal ante el que se celebra el nuevo juicio
se pronuncia a favor de la absolución, la resolución también ha de ser ratificada por el
presidente.75 Esto viola el derecho de apelación ante un tribunal superior y el principio
de prohibición de procesar más de una vez por el mismo delito.76
70
Artículo 14.1 del PIDCP.
Artículo 14,3.b del PIDCP.
72
Artículo 14.3.d del PIDCP.
73
Artículo 14.5 del PIDCP.
74
Artículos 12, 13 y 14 de la Ley del Estado de Excepción.
75
Para más información sobre la postura de Amnistía Internacional sobre los juicios ante tribunales de
excepción, véase Egypt: Arbitrary detention and torture under emergency powers (Índice AI: MDE
12/001/1989), pp. 14-16.
76
El artículo 14.7 del PIDCP establece: “Nadie podrá ser juzgado ni sancionado por un delito por el
cual haya sido ya condenado o absuelto por una sentencia firme de acuerdo con la ley y el
procedimiento penal de cada país”.
71
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
De un modo similar, las personas declaradas culpables por un tribunal militar
no tienen derecho a recurrir ante un tribunal superior. Todas las sentencias dictadas
por tribunales militares están sujetas únicamente a la revisión del Departamento
Militar de Apelaciones, un órgano compuesto de jueces militares, cuya decisión ha de
ratificar el presidente.
Las violaciones citadas supra, junto a la falta de independencia e
imparcialidad del poder judicial, son especialmente preocupantes teniendo en cuenta
la complejidad y gravedad de los delitos de que se ocupa este procedimiento, y el
hecho de que algunos se castigan con la pena capital.
En julio de 1993, el Comité de Derechos Humanos de la ONU expresó su
profunda preocupación por que los tribunales militares juzgasen a civiles. El Comité
concluyó que “los tribunales militares no deben estar facultados para juzgar asuntos
que no se refieran a delitos que hayan sido cometidos por miembros de las fuerzas
armadas en el desempeño de sus funciones”.77
En 2002, el Comité reiteró su preocupación, manifestando que “observa con
inquietud la competencia que se concede a los tribunales militares y a los tribunales
de seguridad del Estado para juzgar a civiles acusados de terrorismo, siendo así que
tales tribunales no ofrecen garantías de independencia y que no es posible apelar
contra sus decisiones ante una jurisdicción superior (artículo 14 del Pacto)”.78
Amnistía Internacional ha instado en repetidas ocasiones al gobierno egipcio a
poner fin a la práctica de juzgar a civiles ante tribunales militares. El gobierno
continúa afirmando que esos juicios son justos y que el presidente está facultado
legalmente para remitir delitos a la jurisdicción militar. El 6 de febrero de 2007, el
presidente Mubarak remitió a 40 miembros de la organización prohibida Hermandad
Musulmana a un tribunal militar, acusados de blanqueo de dinero y pertenencia a una
organización ilegal. El 28 de febrero de 2007, un tribunal de El Cairo confirmó la
decisión tomada en enero de 2007 por la Fiscalía de congelar los activos de 29 de los
acusados.
Tribunal militar: el juicio de la Organización de la Promesa (Tanzim al Wa’ad)
El juicio de 94 personas acusadas de pertenecer a la Organización de la Promesa
(Tanzim al-Wa’ad), siete de ellas juzgadas in absentia, dio comienzo ante el Tribunal
Supremo Militar en el campamento de Heikstep, al norte de El Cairo, el 18 de
noviembre de 2001. Los abogados defensores se quejaron de que las transcripciones
de los interrogatorios habían sido alteradas y que las autoridades habían eliminado
algunas palabras y párrafos específicos con el fin de ocultar pruebas que indicaban
que los acusados eran un grupo de personas que simplemente pretendían proporcionar
ayuda a palestinos y chechenos y que no estaban implicados en la financiación de
“grupos terroristas”, como afirmaba la acusación. Un abogado informó de que un
77
78
Doc. ONU, CCPR/C/79/Add.23, párr. 9, julio de 1993.
Doc. ONU, CCPR/CO/76/EGY, párr. 16.b, 28 de noviembre de 2002.
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
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agente de las fuerzas de seguridad responsable de las investigaciones iniciales lo había
amenazado, al parecer porque había cuestionado las conclusiones de estas
investigaciones ante el tribunal.
Setenta y cinco de los 94 acusados habían sido detenidos en el curso de redadas
realizadas al amanecer en domicilios particulares a principios de mayo de 2001,
principalmente en El Cairo, Alejandría, Al Qalyubiyah, As Suways y Giza. La mayor
parte permanecieron recluidos al menos 70 días en distintas secciones del SSI y,
según los informes, en este tiempo fueron sometidos a torturas tales como descargas
eléctricas. En junio y julio de 2001 comparecieron ante la Fiscalía Suprema de
Seguridad del Estado.
A los detenidos no se les permitió estar acompañados de sus abogados durante las
sesiones iniciales de interrogatorio ante la Fiscalía Suprema de Seguridad del Estado.
Al menos 24 de ellos declararon ante el fiscal que los habían torturado. Aunque
algunos fueron remitidos a médicos forenses, debido al tiempo transcurrido los
exámenes resultantes no pudieron establecer las causas de las marcas que presentaban
sus cuerpos, ni cuándo ni cómo se habían producido.
En un principio, la Fiscalía Suprema de Seguridad del Estado los acusó en 2001 de
reunir dinero ilegalmente para apoyar la Intifada palestina y a los chechenos que
luchaban contra las fuerzas armadas rusas. Tras los ataques del 11 de septiembre de
2001 en Estados Unidos, se formularon cargos adicionales y más graves, entre ellos
intento de derrocar al gobierno egipcio y de asesinar a altos funcionarios
gubernamentales, sabotaje y destrucción premeditados, amenaza contra la paz y la
seguridad pública y posesión de armas de fuego, munición y explosivos sin licencia.
El 12 de octubre de 2001, el presidente Mubarak emitió un decreto mediante el cual
remitía el caso a un tribunal militar.79
El 9 de septiembre de 2002, el tribunal condenó a 51 de los acusados a penas de entre
2 y 15 años de prisión, y absolvió a otros 43, entre ellos uno de los siete hombres
juzgados in absentia. Entre los condenados había estudiantes, ex funcionarios del
gobierno, un ciudadano yemení, tres hombres de la República Rusa de Daguestán y
tres egipcios con doble nacionalidad. El presidente ratificó las sentencias el 17 de
octubre de 2002, convirtiéndolas en definitivas.
Algunas de las 43 personas absueltas no fueron liberadas sino que continuaron
detenidas en virtud de órdenes dictadas por el ministro del Interior. Entre ellos se
encontraba Fawzi al Said, entonces imán de la mezquita de Tawhid, en la plaza de
Ramsés, El Cairo. Según los informes, fue liberado en abril de 2005.
79
“Qarar jumhuri bi-ihalati 83 irhabiyan misriyan wa ajnabiyan ila al-qadha’ al-askari” (Decisión
presidencial de remitir 83 terroristas egipcios y extranjeros a la justicia militar), Al-Ahram, 14 de
octubre de 2001.
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
Tribunal de excepción: el juicio de Monoteísmo y Guerra Santa (Tawhid wal
Jihad)
El 2 de julio de 2005 comenzó ante el Tribunal Supremo de Seguridad del Estado (de
excepción) de Ismailia el juicio contra tres presuntos miembros del grupo
Monoteísmo y Tierra Santa (Tawhid wal Jihad ), acusados en relación con los ataques
con bombas perpetrados en octubre de 2004 en Taba y Nuweiba. Una delegación de
Amnistía Internacional asistió a esta sesión como observadora. En el banquillo se
sentaban Muhammed Abdallah Rabaa, de 41 años y propietario de un taller
metalúrgico y Muhammed Gayiz Sabbah, de 25 años y empleado de una empresa de
riegos. El tercer acusado, Muhammed Ahmed Saleh Falifel, se encontraba en libertad
en ese momento y posteriormente murió durante un enfrentamiento armado con la
policía.
En marzo de 2006, tras las investigaciones en relación con los ataques con bombas en
Sharm al Sheikh de julio de 2005, otras 13 personas fueron imputadas en el juicio.
Una de las 13, que en ese momento se encontraba huida, según los informes también
murió posteriormente durante un enfrentamiento armado con la policía.
Muhammed Abdallah Rabaa y Muhammed Gayiz Sabbah fueron detenidos en sus
domicilios de Al ‘Arish el 22 y 23 de octubre de 2004, respectivamente. Sus familias
no fueron informadas de la razón de su detención ni de dónde los recluirían. Los
familiares solicitaron reiteradamente información en la oficina del SSI en Al ‘Arish y
en la oficina de la Fiscalía, pero no obtuvieron respuesta. Cuando las familias
descubrieron el paradero de los hombres a través de otros detenidos liberados, no
consiguieron permiso para visitarlos. Posteriormente, sólo se autorizaron visitas de
familiares en las festividades nacionales más señaladas.
Durante la sesión inicial del juicio, celebrada el 2 de julio de 2005, no se autorizó a
los familiares de los dos acusados la entrada a la sala. Sin embargo, el tribunal ordenó
que se permitiese a los acusados recibir visitas de sus familiares y, poco tiempo
después, Muhammed Abdallah Rabaa recibió la primera visita oficial de su familia,
10 meses después de su detención.
En el juicio, Muhammed Abdallah Rabaa y Muhammed Gayiz Sabbah negaron los
cargos que se les imputaban y declararon que habían sido obligados mediante tortura a
confesar mientras estuvieron bajo custodia del SSI. A instancias de sus abogados, el
tribunal ordenó que les fuera practicado un reconocimiento medico. Un informe
posterior, presentado por la fiscalía durante la vista del 14 de agosto de 2005, rechazó
sus denuncias alegando que el examen médico no había encontrado pruebas forenses
de tortura.
Muhammed Abdallah Rabaa y Muhammed Gayiz Sabbah no contaron con asistencia
letrada durante el periodo que pasaron en detención preventiva. La primera vez que
tuvieron acceso a sus abogados fue cuando los llevaron a la sala de juicios, pocos
minutos antes del comienzo de la sesión inicial.
Posteriormente los dos hombres contaron a sus abogados que cuando fueron llevados
por primera vez ante el fiscal para ser interrogados habían solicitado un
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reconocimiento médico y asistencia letrada, pero sus solicitudes fueron denegadas. En
sus expedientes no había constancia de tal solicitud.
Los abogados defensores comunicaron a Amnistía Internacional que habían pedido al
fiscal que les permitiese estar presentes cuando los sospechosos comparecieran ante
él. Su petición fue denegada y en el sumario sólo se incluyó parte de su comunicación
con la oficina de la fiscalía. Además, no se informó a los acusados de que algunos
abogados se habían ofrecido para defenderlos.
Cuando Usama ‘Abd al Ghani al Nakhlawi y Mustafa Hussein Muhammed, dos de los
13 nuevos inculpados, comparecieron ante el tribunal en marzo de 2006 declararon
que los habían recluido en detención secreta, les habían vendado los ojos y los habían
torturado para obligarlos a “confesar”. En mayo de 2006 Mustafa Hussein
Muhammed enseñó al tribunal su espalda, en la que se apreciaban múltiples
contusiones y quemaduras. Los informes forenses ordenados por el tribunal no fueron
concluyentes, y sobre esa base el tribunal no ordenó nuevas investigaciones sobre sus
denuncias de tortura.
En septiembre de 2006, el tribunal condenó a muerte a Muhammed Gayiz Sabbah,
Usama ‘Abd al Ghani al Nakhlawi y Yunis Muhammed Abu Gareer y remitió la
sentencia a la oficina del muftí (autoridad religiosa suprema) para su aprobación.80 El
30 de noviembre de 2006, una vez obtenida la aprobación, el tribunal confirmó las
sentencias. El resto de los acusados fueron condenados a penas de entre cinco años de
prisión y cadena perpetua. Muhammed Abdallah Rabaa fue condenado a cadena
perpetua.
En diciembre de 2006, la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos
solicitó al gobierno de Egipto la suspensión de la ejecución de los tres condenados a
muerte, hasta que considerase en su periodo de sesiones de 2007 una queja que le
había sido remitida.81 Los tres hombres continúan recluidos en la prisión de Tora.
Pena de muerte
Numerosas personas declaradas culpables de delitos relacionados con el terrorismo
han sido condenadas a muerte en juicios injustos, algunos de ellos ante tribunales
militares.
En virtud del derecho internacional de los derechos humanos, las personas
sospechosas o acusadas de delitos punibles con la pena capital tienen derecho a la más
estricta observancia de todas las garantías de justicia procesal en todas las etapas de
los procedimientos judiciales, incluida la etapa de investigación, así como a algunas
80
Antes de pronunciar una sentencia de muerte, los tribunales han de enviar su decisión con la
documentación de la causa al muftí, la máxima autoridad religiosa de Egipto, para conocer su opinión.
Si el muftí no responde en el plazo de 10 días, el tribunal puede pronunciar la sentencia de muerte. Sin
embargo, la opinión del muftí no es legalmente vinculante.
81
La queja fue presentada ante la Comisión por la Iniciativa Egipcia por los Derechos de la Persona y
la organización no gubernamental INTERIGHTS.
Amnistía Internacional, abril de 2007
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
salvaguardias adicionales. Por ejemplo, el Comité de Derechos Humanos de la ONU
ha declarado que “la pena de muerte debe constituir una medida sumamente
excepcional” y sólo debe imponerse tras un juicio que respete todas las garantías de
procedimiento para un juicio justo.82 Cualquier sentencia de muerte impuesta tras un
proceso que no cumpla todas las garantías para un juicio justo equivaldría a la
privación arbitraria del derecho a la vida. Como ha mostrado este informe, las
autoridades no han garantizado la aplicación de las salvaguardias básicas durante las
distintas etapas de las investigaciones y los juicios de casos de pena capital.
Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte en todos los casos, sin
excepción, por considerarla una violación del derecho a la vida y el exponente
máximo de pena cruel, inhumana y degradante.
Entre los crímenes punibles con la muerte en Egipto se encuentran delitos
considerados como tales por la actual legislación antiterrorista, el asesinato con
premeditación, el incendio provocado con resultado de muerte, la violación y delitos
relacionados con las drogas.83 Durante los últimos diez años se han pronunciado
sentencias de muerte por todos los delitos citados. Tanto los tribunales de excepción
como los tribunales penales dictan sentencias de muerte.
Desde que se introdujo la Ley Antiterrorista y se otorgó al presidente la
capacidad de remitir a civiles ante la justicia militar, los tribunales militares y de
excepción han condenado a muerte a unas 137 personas, 94 de ellas ante
tribunales militares (incluidas 13 personas in absentia), en relación con
acusaciones de “terrorismo”.84 Se sabe que al menos 67 de las condenas de
muerte dictadas por tribunales militares han sido ejecutadas.
En los casos de tortura el derecho egipcio garantiza a la víctima que una autoridad
judicial independiente que goce de inmunidad, concretamente el Ministerio Fiscal,
realizará una investigación de inmediato.85
5. Traslados ilegales a la tortura: cinco casos
No está claro cuántas personas a las que las autoridades egipcias o estadounidenses
consideran sospechosas de delitos terroristas o de mantener vínculos con el terrorismo
han sido devueltas a Egipto desde el 11 de septiembre de 2001. Lo que sí está claro es
que aquellas de las que se sabe que han sido devueltas ilegalmente han sufrido una
amplia variedad de violaciones de derechos humanos, tales como desaparición forzada,
tortura o malos tratos. Entre las víctimas ha habido personas con la ciudadanía egipcia,
otras con doble nacionalidad, y personas con ciudadanía extranjera.
82
Observación general núm. 6 sobre el derecho a la vida, párr. 7.
La legislación egipcia también prevé la pena de muerte para otros delitos contra la seguridad exterior
del Estado, como el espionaje en tiempos de guerra. El Código de Justicia Militar enumera una serie de
delitos punibles con la pena capital para los miembros en activo de las fuerzas armadas.
84
Protecting Human Rights in the Fight Against Terrorism in Egypt, EOHR, 2004, Apéndice 1.
85
Doc. ONU, CAT/C/34/Add.11, párr. 108.
83
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
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La mayoría de las personas de esta última categoría que han podido hablar
sobre sus experiencias afirman que, a su llegada al aeropuerto de El Cairo, las
esposaron, les vendaron los ojos y las llevaron a un centro secreto de detención que,
según se cree, está gestionado por el Departamento General de Inteligencia. Allí
permanecieron meses o semanas en régimen de incomunicación antes de ser
trasladadas a las instalaciones del Departamento de Investigaciones de la Seguridad
del Estado y más tarde a prisión. Durante toda su detención, estuvieron fuera del
alcance de la ley. Todas ellas afirman haber sido torturadas mientras estuvieron en
Egipto, pero no se tiene constancia de que las autoridades egipcias hayan investigado
ninguna de sus denuncias.
Asimismo, las autoridades egipcias han trasladado ilegalmente a personas
privadas de libertad a países en los que corrían un claro peligro de sufrir tortura y
otras violaciones graves de derechos humanos.
Abdul Rahman Muhammad Nasir Qasim al-Yaf’i
Abdul Rahman Muhammad Nasir Qasim al-Yaf’i, ciudadano yemení que ahora tiene
38 años, habló con Amnistía Internacional en febrero de 2006 sobre su traslado ilegal
de Egipto a Jordania en 2001. Al igual que en el caso de la mayoría de las personas
trasladadas ilegalmente con las que Amnistía Internacional se ha entrevistado, sus
interrogatorios no parecían dirigidos a investigar un delito específico, sino a obtener
información sobre las actividades de otras personas. Al parecer, Abdul Rahman alYaf’i estuvo recluido durante meses simplemente por haber admitido que había
visitado Afganistán.
Abdul Rahman al-Yaf’i, que vive en Saná, Yemen, con su esposa e hijos,
cuenta que en octubre de 2000 llevó a su tía y a su hermano a El Cairo, en Egipto,
para que recibieran tratamiento médico. Cuando, en respuesta a una pregunta, dijo a
los funcionarios de inmigración del aeropuerto que había visitado Afganistán diez
años antes, lo detuvieron en el aeropuerto durante unas 13 horas y luego le dijeron que
tenía que regresar a por su pasaporte. Cuando lo hizo dos días después, un policía
egipcio lo esposó y le vendó los ojos, y lo llevó a un edificio donde lo encerraron en
una celda tan pequeña que no podía ponerse de pie del todo. Cuando preguntó por qué
lo retenían, afirma que le dijeron: “sólo queremos algo de información general”.
Al cabo de unas horas se lo llevaron para interrogarlo. Según afirma, los
individuos que lo interrogaban empezaron a insultarlo y a obligarlo a ponerse de pie y
sentarse una y otra vez. Le preguntaron repetidamente qué lugares de Afganistán
había visitado y con quién se había reunido. También le preguntaron por atentados
con bombas en Kenia, Tanzania y Arabia Saudí. Según asegura, al ver que no
respondía trataron de estrangularlo, mientras insultaban sin cesar a su padre, su madre,
su esposa y su religión. Lo interrogaban de esta manera tres veces al día. “Me
acusaban de todo lo que hubiera sucedido alguna vez en el mundo [...] quizá es el
precio que tienes que pagar por haber estado en Afganistán”. Le pidieron que
colaborara con ellos y se ofrecieron a ingresar a su tía y su hermano en los “mejores
hospitales de El Cairo”. Él se negó, y ellos le dijeron que iban a entregarlo a Estados
Unidos.
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
Cuatro días después, los funcionarios egipcios lo llevaron de vuelta al
aeropuerto, donde lo condujeron, por la entrada VIP, derecho a un avión que esperaba.
El aparato estaba “lleno de militares, podías sentir la presencia del ejército, a pesar de
que era un avión civil”. Según su relato, Abdul Rahman al-Yaf’i no paraba de
preguntar qué le estaba sucediendo y dónde lo llevaban, pero finalmente “dejé de
hacer preguntas porque nadie me respondía”. Según dice, se sorprendió cuando el
avión lo llevó al aeropuerto de Ammán, en Jordania. Allí, sus guardias lo entregaron a
agentes de seguridad jordanos.
En Jordania, afirma, fue torturado constantemente durante las primeras una o
dos semanas de interrogatorios, y luego la frecuencia disminuyó. Abdul Rahman alYaf’i asegura que, unas dos veces al mes, cuando las delegaciones del Comité
Internacional de la Cruz Roja visitaban el centro de detención, él y decenas de
detenidos más eran escondidos en celdas subterráneas, donde los detenidos escribían
sus nombres en la pared. En marzo de 2001 fue devuelto a Yemen, donde estuvo
detenido casi dos meses para finalmente quedar en libertad sin cargos.
Mamdouh Habib
Mamdouh Habib, ciudadano australiano de origen egipcio, ha contado a Amnistía
Internacional que, el 5 de octubre de 2001, lo detuvieron en Pakistán, donde
permaneció recluido casi un mes. En el transcurso de ese tiempo lo golpearon y
amenazaron para que firmara una confesión. Luego lo entregaron a unos 15 agentes
estadounidenses que lo desnudaron, lo fotografiaron, lo sedaron y lo llevaron en avión
a Egipto, donde permaneció recluido unos seis meses antes de ser llevado a
Afganistán y luego a Guantánamo. Lo dejaron el libertad sin cargos en enero de 2005.
Durante el vuelo de Pakistán a Egipto, según afirma, unos agentes de
seguridad egipcios le impidieron intencionadamente dormir. A su llegada al
aeropuerto de El Cairo, lo esposaron, le vendaron los ojos y lo llevaron a un edificio
rodeado de altos muros. El vehículo en el que lo trasladaban circuló durante unos 10 o
15 minutos antes de descender a lo que parecía una instalación subterránea dentro del
edificio. Le quitaron la ropa, lo fotografiaron y lo metieron en una sala. Un médico
comprobó su estado cardiaco antes de que comenzara su interrogatorio.
Según su relato, dos agentes de alta graduación de los servicios de seguridad
egipcios lo visitaron y le pidieron que cooperara y confesara que planeaba secuestrar
un avión para cometer actos terroristas. Cuando él se negó a cooperar, lo drogaron y
lo encerraron en una celda diminuta con una tenue luz ámbar y un agujero en el techo
por el que no se veía el exterior.
Durante el interrogatorio, según asegura, lo colgaron del techo por unos
ganchos, lo golpearon, le aplicaron descargas eléctricas y lo amenazaron con violarlo
y matarlo y con matar a sus familiares. También ha denunciado que lo metieron a la
fuerza en cámaras de tortura, una de las cuales estaba tan llena de agua que tuvo que
mantenerse de puntillas durante horas para no ahogarse. Una segunda cámara tenía el
techo muy bajo y estaba llena de agua hasta una altura de unos 60 cm, lo que lo
obligaba a mantenerse agachado, en una postura dolorosa. En una tercera cámara
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
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había varios centímetros de agua y un generador eléctrico con el que sus captores le
dijeron que iba a electrocutarse.
En esas condiciones, confesó que había ayudado a adiestrar en artes marciales
a los autores de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Más tarde retiró su
confesión.
En su relato asegura que el uso sistemático de drogas y descargas eléctricas le
paralizó temporalmente el costado izquierdo. Sangraba por los ojos y los oídos, y a
menudo orinaba sangre. Ante el deterioro de su salud, lo trasladaron a una sala en una
planta superior, donde un médico lo visitó regularmente, al parecer para tratarlo antes
de dejarlo en libertad.
Entonces, unos agentes de seguridad egipcios le dijeron que ya no lo
necesitaban en Egipto. Una mañana, temprano, le vendaron los ojos, lo encadenaron,
le cubrieron la boca y los ojos con cinta adhesiva y lo metieron en un furgón que lo
llevó al aeropuerto. Una vez allí, en un segundo furgón, un agente de seguridad lo
filmó mientras lo desnudaban; luego le quitaron la cinta de la cara y la boca y lo
fotografiaron antes de volver a vendarle los ojos, amordazarlo y meterlo en un avión.
Desde Egipto, Mamdouh Habib fue trasladado a Afganistán, y de allí a
Guantánamo, donde permaneció recluido casi tres años. Dijo a Amnistía Internacional
que, en todas las etapas de su detención, tuvo que soportar torturas físicas y
psicológicas y otros malos tratos, desde una patada “que casi me mata” hasta
descargas eléctricas y amenazas de no volver a ver a su familia.
Ahmed Agiza y Muhammed El-Zari
Dos ciudadanos egipcios, Muhammed Muhammed Suleiman Ibrahim El-Zari y
Ahmed Hussein Mustafa Kamil Agiza, fueron devueltos ilegalmente de Suecia a
Egipto el 18 de diciembre de 2001. Muhammed El-Zari quedó en libertad sin cargos
en octubre de 2003, tras casi dos años detenido sin cargos ni juicio. Ahmed Agiza fue
condenado a 25 años de cárcel el 27 de abril de 2004 tras ser juzgado sin las debidas
garantías ante un tribunal militar. Su condena fue reducida a 15 años por el presidente
Mubarak en junio de 2004.
Antes de devolver a los dos hombres a Egipto, las autoridades suecas
obtuvieron de las egipcias garantías de que no serían torturados ni sometidos a otro
tipo de malos tratos, y de que tampoco serían condenados a muerte en Egipto. Sin
embargo, los dos hombres han denunciado que, a su regreso a Egipto, permanecieron
más de un mes en régimen de incomunicación y fueron torturados.
Ahmed Agiza ha dicho a su familia que lo torturaron con descargas eléctricas,
lo recluyeron en régimen de aislamiento en condiciones penosas y lo amenazaron con
agredir sexualmente a su esposa y a su madre en su presencia. En julio y diciembre de
2004, las autoridades egipcias, según los informes, rechazaron por infundadas las
denuncias de tortura de los dos hombres, remitiéndose a una investigación egipcia
sobre la que no se proporcionó ningún detalle.
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En 2003 –principalmente a través de una denuncia contra Suecia presentada el
25 de enero de 2003 ante el Comité de la ONU contra la Tortura– salió a la luz
información más detallada sobre el trato recibido por Ahmed Agiza. El Comité
concluyó que Suecia había violado la Convención contra la Tortura al devolver a este
hombre a un país en el que corría peligro de ser torturado.86
Muhammed El-Zari afirma que fue interrogado mediante tortura: entre otras
cosas, le aplicaron descargas eléctricas en los genitales, las tetillas y las orejas.
Manifiesta que su tortura era supervisada por médicos que se aseguraban de que no
dejaba cicatrices visibles. Según su relato, finalmente lo obligaron a confesar delitos
que no había cometido. En noviembre de 2006 –principalmente a través de una
denuncia contra Suecia presentada en julio de 2005 ante el Comité de Derechos
Humanos de la ONU– salió a la luz información más detallada sobre el trato que
sufrió. El Comité también concluyó que Suecia había violado el Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos.87
Ahmad Abu al-Maati
Ahmad Abu al-Maati, camionero y ciudadano canadiense de origen egipcio, fue
detenido en Siria el 12 de noviembre de 2001. Afirma que permaneció recluido 12
semanas en la Sección Palestina de los servicios secretos militares sirios y que fue
torturado.
Según su testimonio, el 25 de enero de 2002 lo encapucharon, lo esposaron y
lo llevaron en automóvil hasta un avión que lo trasladó a Egipto. Todavía esposado y
con los ojos vendados, lo llevaron a un furgón que lo condujo al edificio del
Departamento General de Inteligencia en El Cairo. Sólo le quitaron la venda de los
ojos para fotografiarlo. Alguien, presumiblemente un médico, le tomó la tensión
arterial y el pulso. Luego lo llevaron a una sala de interrogatorios, donde lo golpearon
por todo el cuerpo. Lo amenazaron con violarlos a él y a su hermana, que vive en
Egipto y a quien sus torturadores aseguraron tener en la sala junto a él. Durante todas
las sesiones de interrogatorio lo mantuvieron con los ojos vendados y con las manos
esposadas a la espalda, lo que le causaba un fuerte dolor en los hombros. Le
propinaron golpes y patadas y lo obligaron a firmar una confesión en la que decía que
había destruido deliberadamente su pasaporte canadiense. Permaneció recluido en el
edificio del Departamento General de Inteligencia durante cuatro meses y medio.
En junio de 2002 fue trasladado a la sección del Departamento de
Investigaciones de la Seguridad del Estado en Ciudad Nasr. Lo encerraron en una
celda de 1,5m x 2m, y todo el tiempo permaneció con los ojos vendados y las manos
esposadas a la espalda. Sólo lo esposaban por delante cuando le daban comida o le
permitían ir al cuarto de baño. Lo interrogaron durante periodos de más de 10 horas
86
Agiza v. Suecia, Comité contra la Tortura, Comunicación Nº 233/2003, doc. ONU
CAT/C/34/D/233/2003, 24 de mayo de 2005.
87
Alzery v. Suecia, Comité de Derechos Humanos, Comunicación Nº 1416/2005, doc. ONU
CCPR/C/88/D/1416/2005, 10 de noviembre de 2006. El-Zari es la transcripción del árabe que ha
elegido Amnistía Internacional; el Comité de Derechos Humanos utiliza Alzery.
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seguidas. Durante los interrogatorios lo torturaron, aplicándole entre otras cosas
descargas eléctricas en las manos, los hombros, las piernas, el estómago y los
genitales.
Unas seis semanas después, lo llevaron a la jefatura del Departamento de
Investigaciones de la Seguridad del Estado en la plaza Lazoghly, donde pasó otras dos
semanas esposado y con los ojos vendados en una sala lateral con otros detenidos.
Luego le quitaron las esposas y el vendaje de los ojos y lo metieron en una celda
abarrotada. Fue la primera vez que tuvo contacto con otros detenidos. A finales de
julio de 2002 lo llevaron a la prisión de Tora, donde permaneció detenido en virtud de
unas órdenes emitidas por el Ministerio del Interior según la legislación de excepción.
El 12 de agosto de 2002, en presencia de agentes del Departamento de
Investigaciones de la Seguridad del Estado, recibió la visita de funcionarios
consulares canadienses. Empezó a decirles que había sido torturado y obligado a
firmar confesiones falsas, pero un agente egipcio lo hizo callar. Al mes siguiente fue
trasladado a la prisión de Abu Zaabal, donde permaneció en régimen de aislamiento
dos semanas.
El 15 de octubre, Ahmad Abu al-Maati recibió su primera orden de libertad de
un tribunal de excepción. Pese a ello, lo llevaron a la jefatura del Departamento de
Investigaciones de la Seguridad del Estado en la plaza Lazoghly, donde permaneció
detenido cinco días antes de ser devuelto a la prisión de Abu Zaabal con una nueva
orden de detención. El 3 de noviembre de 2002 recibió una segunda orden de libertad,
pero de nuevo lo llevaron a la plaza Lazoghly durante unos días hasta que se dictó
otra orden de detención y lo devolvieron a la prisión de Abu Zaabal. A finales de
noviembre de 2002 fue trasladado a la prisión de Tora. Después lo llevaron a la
sección del Departamento de Investigaciones de la Seguridad del Estado en Ciudad
Nasr, donde estuvo recluido en régimen de aislamiento y fue interrogado y torturado
con métodos tales como descargas eléctricas.
Ahmad Abu al-Maati fue trasladado varias veces entre la prisión de Tora, la
prisión de Abu Zaabal y la sección del Departamento de Investigaciones de la
Seguridad del Estado en Ciudad Nasr hasta que el ministro del Interior ordenó su
libertad el 11 de enero de 2004. Pudo regresar a Canadá en marzo de 2004.
Abu Omar
El 17 de febrero de 2003, Usama Mostafa Hassan Nasr, ciudadano egipcio conocido
como Abu Omar, fue secuestrado en Milán, Italia, y trasladado a El Cairo en un avión
que se cree que había fletado la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Tras su llegada a El Cairo, y durante 14 meses, no se tuvo noticia de la suerte
y el paradero de Abu Omar. Fue puesto en libertad a finales de abril de 2004 tras
recibir instrucciones de que no revelara lo que le habían hecho. Fue detenido de nuevo
23 días después por telefonear a familiares y amistades en Italia y hablarles de la
tortura y los malos tratos a los que había sido sometido durante esos 14 meses.
Permaneció en prisión hasta que, inesperadamente, el 11 de febrero de 2007 fue
puesto en libertad sin cargos.
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
Una delegación de Amnistía Internacional se entrevistó con él en su casa de
Alejandría dos meses después, y él les relató su secuestro, su traslado a El Cairo, su
encarcelamiento en Egipto y la tortura y los malos tratos que había sufrido durante
todo ese proceso.
Según su relato, el 17 de febrero de 2003, a mediodía, cuando se dirigía a una
mezquita, fue interceptado por un hombre que le mostró su identificación desde lejos,
“como hacen en las películas”. El hombre le dijo que era policía y le pidió su permiso
de residencia. Luego hizo unas llamadas telefónicas dando los datos de Abu Omar.
Éste cuenta que, de repente, lo levantaron del suelo y lo empujaron al interior de una
furgoneta blanca, donde lo golpearon en el estómago y por todo el cuerpo, hasta el
punto de que se orinó involuntariamente. Lo encapucharon y le ataron los pies y las
manos. Mostró a Amnistía Internacional una cicatriz en la rodilla que, según asegura,
es consecuencia de las heridas que sufrió al ser empujado a la furgoneta.
Según el relato de Abu Omar, cuando sus secuestradores vieron que le salía
espuma de la boca le rasgaron la ropa y le dieron un masaje cardiaco. Uno de ellos le
quitó la capucha y le miró los ojos con una pequeña linterna, “como hacen los
médicos”. Cuando vieron que seguía vivo, le volvieron a poner la capucha y lo
dejaron en el suelo de la furgoneta.
Tras un trayecto de unas cuatro horas, lo metieron en un vehículo diferente y
lo llevaron al aeropuerto. Afirma que siete u ocho personas le quitaron la ropa
cortándosela y le retiraron la capucha, luego lo fotografiaron y le pusieron nuevas
esposas de plástico en las manos y los pies. También le cubrieron la cara con cinta
adhesiva, dejándole orificios en la nariz y la boca para que pudiera respirar. Además,
le dieron un uniforme de tejido fino para que se lo pusiera.
Según ha contado, a su llegada a El Cairo agentes de seguridad egipcios le
vendaron los ojos y lo llevaron al Departamento General de Inteligencia. Asegura que,
cuando se negó a la demanda de dos agentes egipcios de alta graduación de que
trabajara como informador en Italia para los servicios secretos de Egipto, lo torturaron
y lo mantuvieron en las instalaciones del Departamento General de Inteligencia
durante unos siete meses.
Su relato continúa describiendo cómo entonces lo trasladaron a un edificio del
Departamento de Investigaciones de la Seguridad del Estado, donde lo tuvieron
recluido otros siete meses, en el transcurso de los cuales lo torturaron con métodos
tales como descargas eléctricas en partes delicadas del cuerpo. También ha hablado de
otros métodos a los que sus torturadores llamaban “la novia” y “el colchón” (véase
infra). Lo interrogaron sobre una visita que había hecho a Afganistán y sobre sus
presuntos vínculos con Al Qaeda, y lo torturaron para obligarlo a declarar que había
regresado voluntariamente a Egipto a bordo de un vuelo de EgyptAir.
Justo un año antes de la liberación de Abu Omar, el 5 de enero de 2006, un
funcionario del Ministerio del Interior egipcio negó las denuncias de tortura
formuladas por éste y dijo que había sido detenido por motivos de seguridad por ser
uno de los dirigentes del grupo Guerra Santa Islámica en Egipto. El funcionario, que
respondía a los informes internacionales sobre la cooperación de Egipto con los
Amnistía Internacional, abril de 2007
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servicios secretos estadounidenses en la tortura de sospechosos de terrorismo, añadió
que Abu Omar había regresado voluntariamente a Egipto porque “estaba cansado de
huir”. En septiembre de 2006, la secretaria general de Amnistía Internacional planteó
el caso de Abu Omar directamente al ministro del Interior, Habib El Adly, quien dijo
que las autoridades egipcias no tenían información sobre su paradero.
En julio y diciembre de 2005, las autoridades italianas dictaron órdenes de
detención contra 22 agentes de la CIA presuntamente implicados en el secuestro de
Abu Omar.88 Tras una petición del fiscal italiano que investigaba el secuestro, Abu
Omar compareció ante la Fiscalía en El Cairo el 28 de marzo de 2006 para ser
interrogado sobre su secuestro. Según los informes, se negó a que lo interrogaran sin
la presencia de su abogado, por lo que fue devuelto a la prisión de Tora. Volvió a
comparecer ante la Fiscalía el 6 de abril, y entonces describió su secuestro y su
traslado ilegal a Egipto por agentes de los servicios de inteligencia estadounidenses.
Era la primera vez desde su secuestro en Italia que le permitían contar con un abogado
durante un interrogatorio. Según los informes, denunció haber sido torturado por el
Departamento de Investigaciones de la Seguridad del Estado a su regreso a Egipto, y
declaró que lo habían mantenido recluido en régimen de aislamiento.
La Fiscalía no dio ningún indicio de que las autoridades egipcias hubieran
investigado las denuncias de tortura y malos tratos realizadas por Abu Omar. Éste
permaneció en una prolongada reclusión en régimen de aislamiento por orden del
Ministerio del Interior en virtud de la legislación de excepción, y, según los informes,
su estado de salud era malo. Intentó suicidarse en tres ocasiones y organizó varias
huelgas de hambre para protestar contra su prolongada detención, una detención que
se mantenía pese a haber recibido al menos 16 órdenes de libertad de los tribunales de
excepción.
La segunda detención de Abu Omar, en mayo de 2004, se llevó a cabo en
virtud de la legislación de excepción, en su casa de Alejandría. Permaneció recluido
en la sección del Departamento de Investigaciones de la Seguridad del Estado de
Ciudad Nasr durante casi un mes antes de ser trasladado a la prisión de Tora, donde
permaneció cuatro meses sin acceso a su familia o su abogado. Sus familiares no
pudieron visitarle hasta que no fue trasladado a la prisión de Damanhour, cerca de
Alejandría. Cuando, tres días después de su visita el 21 de febrero de 2005, sus
familiares regresaron a la prisión, les informaron de que Abu Omar había sido
trasladado a la prisión de Tora. No pudieron volver a verlo hasta octubre de 2005.
Tras esta visita, no tuvieron contacto directo con él hasta el 24 de agosto de 2006;
todos sus contactos durante el periodo intermedio fueron a través de la Fiscalía y,
después de abril de 2006, a través de su abogado. Aunque más tarde a Abu Omar se le
permitió recibir visitas periódicas de sus familiares, en ocasiones estas visitas eran
restringidas a causa del interés de los medios de comunicación internacionales en el
caso.
88
Orden de detención del 20 de julio de 2005, Tribunale Ordinario di Milano, Section XI Criminal
Court as Review Judge, No. 1413/2005 RG TRD [53].
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Testimonio de Abu Omar
Amnistía Internacional obtuvo una copia del relato de 11 páginas, sin fechar y escrito
a mano, que el fiscal italiano confirmó que pertenecía a Abu Omar. 89 Durante la
entrevista de la organización con Abu Omar en marzo de 2007, éste dijo que su carta
original tenía 16 páginas; las cinco que faltaban hablaban de sus malos tratos en
prisión después de ser detenido por segunda vez.
La carta, sacada clandestinamente de la prisión de Tora, describe gráficamente la
tortura que Abu Omar afirma haber sufrido primero en el edificio del Departamento General
de Inteligencia y luego en las oficinas del Departamento de Investigaciones de Seguridad del
Estado.
Entonces me dieron algo de comida y, aproximadamente una hora después, abrieron la
puerta de la celda, me vendaron los ojos, me ataron las manos y me llevaron a una oficina,
donde comenzaron los interrogatorios y la tortura; me quitaron toda la ropa, y me quitaron
también las ataduras de las manos, que sustituyeron por [...] dos sujeciones en las manos,
con las manos a la espalda, y otra sujeción que me ataron alrededor de un pie, de manera
que me mantenía sobre un solo pie y me caía al suelo desnudo, y ellos se reían y me volvían a
poner de pie una y otra vez; y empezaron las descargas eléctricas y los golpes con las manos
y las amenazas de violarme si me negaba a hablar y si ocultaba algo de lo que sabía [...]
Mis interrogatorios duraron siete meses completos [...] Siete meses que parecieron
siete años. Sufría dolor y tortura, y la lectura de periódicos y revistas estaba
totalmente prohibida, así como la radio y la televisión o ver a tu familia; todo estaba
prohibido, un infierno insoportable [...]
Al principio del proceso de interrogatorio, el guardia abría la puerta de mi celda y se
aseguraba de vendarme bien los ojos y de cambiarme las ataduras de las manos para
atármelas a la espalda, para que no pudiera quitarme la venda y ver al agente que me
interrogaba y me torturaba. Me dejaban los pies atados, y me arrastraban a la sala
de interrogatorios. Luego me quitaban toda la ropa (me dejaban tal como mi madre
me trajo al mundo) y los encargados del interrogatorio les ordenaban que jugaran
con mis genitales para humillarme, y empezaba la brutal tortura [...]
Me expusieron a todas las formas de crucifixión. Me crucificaron sobre una puerta de
metal, y sobre un aparato de madera al que llaman “El Arousa” o “la novia”, con
las manos en alto, a la espalda o hacia los lados, y los pies fuertemente atados, y
durante la crucifixión me torturaban con descargas eléctricas, patadas y golpes con
cables eléctricos, mangueras y látigos [...]
Me torturaron con lo que llaman “el colchón”: un colchón sobre el suelo de baldosas
de la sala de torturas, empapado de agua y con unos cables eléctricos. Me ataban las
manos a la espalda y también los pies, y alguien se sentaba en una silla de madera
entre mis omóplatos, y otro se sentaba en una silla de madera entre mis piernas, y
conectaban la electricidad; la fuerza de la descarga me hacía saltar hacia arriba,
pero las sillas de madera me sujetaban; luego desconectaban la electricidad y el que
89
Traducción del Chicago Tribune.
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
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me interrogaba me torturaba con descargas eléctricas en los genitales mientras me
insultaba y me decía: “Que Italia te beneficie” [...]
Me mantenían cerca de las salas de tortura durante largos periodos para que oyera
los gritos de los torturados, sus gemidos y aullidos, con el fin de que me derrumbara
psicológicamente, y estoy seguro de que tuve episodios de epilepsia y desmayos.
Me sometieron a abusos sexuales y me sodomizaron dos veces, y eso fue lo peor,
porque las señales de tortura física terminan por quitarse y el dolor se va, pero la
repercusión psicológica y la amargura y la vergüenza de la violación sexual
permanecen. La violación ocurrió dos veces, en las que me ataron las manos a la
espalda y también los pies, me tumbaron sobre el estómago, desnudo, y alguien se
tendió sobre mí e intentó violarme, y yo grité tanto y tan fuerte que me desmayé, y no
sé si me violó o si sólo me estaba intimidando y amenazándome.
Amnistía Internacional, abril de 2007
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
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6. Recomendaciones
Amnistía Internacional insta a las autoridades egipcias a derogar todas las
disposiciones de la legislación de excepción que permiten violaciones de derechos
humanos, incluidas las disposiciones excepcionales que han sido reinstauradas como
legislación ordinaria, y a garantizar que la nueva ley antiterrorista prevista respeta
plenamente el derecho y las normas internacionales de derechos humanos. En
particular, el gobierno egipcio debe:
Condenar la tortura y otros malos tratos
-
Condenar públicamente la tortura y otros malos tratos, garantizar el cese de
estas prácticas y dejar claro a todos los funcionarios que intervengan en la
detención, reclusión e interrogatorio de personas –en especial al personal del
Departamento de Investigaciones de la Seguridad del Estado (SSI) y del
Departamento General de Inteligencia– que en ninguna circunstancia se
tolerarán la tortura y otros malos tratos.
Poner fin a la detención secreta y en régimen de incomunicación
-
Abolir la detención en régimen de incomunicación y garantizar que las
personas detenidas tienen acceso inmediato –en la ley y en la práctica– al
mundo exterior, en especial a sus abogados y familiares, así como a asistencia
médica independiente.
-
Poner fin a la detención secreta en las instalaciones del Departamento de
Investigaciones de la Seguridad del Estado y en cualquier otro lugar donde los
detenidos corren riesgo de sufrir tortura y otros malos tratos y donde las
condiciones de detención pueden constituir en sí mismas una forma de trato o
pena cruel, inhumano y degradante.
-
Publicar listas actualizadas de todos los lugares de detención, de una forma
fácilmente accesible a los abogados y al público en general.
-
Crear y mantener un registro central de personas detenidas, para garantizar que
todas pueden ser localizadas sin demora. Imponer sanciones apropiadas a los
funcionarios responsables de la detención ilegal de personas; esas sanciones
deben imponerse también por no llevar un registro adecuado de detenidos.
-
Hacer públicos los nombres de todas las personas detenidas que han sido
trasladadas a la custodia de Egipto desde 2001, las circunstancias de su
traslado, su paradero actual y las razones por las que siguen detenidas; facilitar
toda la información a sus familiares y abogados y al Comité Internacional de
la Cruz Roja (CICR).
-
Permitir a la Fiscalía que inspeccione todos los lugares de detención, incluidos
los que utiliza el SSI.
-
Permitir que expertos independientes nacionales e internacionales realicen
visitas de inspección regulares, independientes, sin restricciones y sin previo
Amnistía Internacional, abril de 2007
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
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aviso a todos los lugares donde hay o puede haber personas privadas de
libertad.
Poner fin a la detención administrativa
-
Poner fin al uso de la detención administrativa.
-
En espera de la derogación de la Ley del Estado de Excepción, estudiar y
modificar sus disposiciones sobre la revisión judicial de la legalidad de la
detención, con el fin de garantizar que toda persona detenida por orden del
ministro del Interior comparece ante un tribunal sin demora después de haber
sido puesta bajo custodia; ninguna autoridad gubernamental debe poder anular
la potestad de este tribunal para ordenar la liberación de individuos detenidos
ilegalmente.
-
Liberar de inmediato a todas las personas detenidas en virtud de la Ley del
Estado de Excepción cuya liberación haya sido ordenada por un tribunal
competente.
Reforzar la protección durante la detención
-
Garantizar que todos los agentes que llevan a cabo detenciones se identifican
ante las personas detenidas y les notifican por escrito las razones de la
detención, la autoridad que la ordena y el lugar donde serán recluidas.
-
Garantizar que las familias de las personas detenidas son informadas sin
demora de lugar de detención de sus familiares y de los traslados posteriores
que puedan producirse.
-
Permitir que las personas detenidas sean examinadas por un médico
independiente tan pronto como son aprehendidas y tras cada periodo de
interrogatorio, y vigilar la calidad de los informes médicos.
-
Garantizar que las personas que presentan una denuncia de tortura u otros
malos tratos y cualquier testigo de tortura o malos tratos reciben protección
adecuada frente a posibles represalias, intimidación u hostigamiento, y actuar
con firmeza si se producen ese hostigamiento u otros abusos.
-
Modificar la definición del delito de tortura en la legislación egipcia, para que
esté plenamente de acuerdo con la definición incluida en el artículo 1.1 de la
Convención de la ONU contra la Tortura. Todas las formas de trato o pena
cruel, inhumano o degradante deben prohibirse explícitamente. También debe
afirmarse con claridad que la prohibición es absoluta y no puede suspenderse
en ninguna circunstancia, ni siquiera durante un estado de guerra u otra
situación de emergencia pública.
-
Revisar sistemáticamente las normas, instrucciones, métodos y prácticas de
interrogatorio para prevenir cualquier caso de tortura o malos tratos, de
conformidad con las disposiciones de la Convención de la ONU contra la
Tortura.
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
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Abordar los juicios injustos y la pena de muerte
-
Poner fin a la práctica de remitir civiles a tribunales militares, interrumpir de
inmediato todos los juicios pendientes de civiles ante tribunales militares, y
transferir los casos a tribunales civiles para que celebren nuevos juicios.
-
Ordenar la repetición de los juicios, en procedimientos que cumplan las
normas internacionales sobre juicios justos, de todas las personas declaradas
culpables sobre la base de pruebas que fueron o se sospecha que fueron
obtenidas mediante tortura u otros malos tratos.
-
Conmutar todas las condenas de muerte y anunciar una suspensión de las
ejecuciones con vistas a la abolición de la pena capital.
Protección contra los traslados ilegales
-
No entregar ni transferir a la custodia de otro Estado a ninguna persona
sospechosa o acusada de delitos contra la seguridad, salvo que dicha
transferencia se lleve a cabo bajo supervisión judicial y respetando plenamente
el debido procedimiento legal.
-
Garantizar que toda persona que en Egipto se enfrente a un traslado tiene
derecho a impugnar la legalidad del traslado ante un tribunal independiente,
tiene acceso a un abogado independiente y puede ejercer realmente su derecho
de apelación.
-
No recibir bajo custodia a ninguna persona sospechosa o acusada de delitos
contra la seguridad, salvo que su traslado se haya realizado bajo supervisión
judicial y respetando plenamente el debido procedimiento legal.
-
Llevar a todas las personas detenidas ante una autoridad judicial sin demora,
una vez que se encuentran bajo la custodia de Egipto.
-
Garantizar que las personas detenidas pueden acceder sin demora a asistencia
letrada y ver a sus familiares, y que se mantiene informados a los abogados y
familiares de su paradero.
-
Garantizar que las personas detenidas que son de nacionalidad extranjera
tienen además acceso a representantes diplomáticos o de otro tipo de su país
de nacionalidad o del que fuera su residencia habitual.
-
Colaborar plenamente con las investigaciones que otros Estados lleven a cabo
sobre los traslados ilegales, en el contexto de la “guerra contra el terror”
liderada por Estados Unidos, de personas sospechosas de tener vínculos con
organizaciones o grupos terroristas.
Poner fin a la impunidad
-
Garantizar que todas las denuncias de tortura y otros malos tratos son
investigadas sin demora y de forma exhaustiva e imparcial, que los
funcionarios responsables de la tortura u otros malos tratos a presos
comparecen ante la justicia y que las víctimas reciben reparación plena.
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-
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Adoptar todas las medidas penales o administrativas apropiadas contra los
funcionarios que no respeten las salvaguardias contra las violaciones de
derechos humanos.
Cooperar con las Naciones Unidas para poner fin a la tortura
-
Poner en práctica las recomendaciones de los órganos de vigilancia de los
tratados y de los Procedimientos Especiales de la ONU.
-
Cursar una invitación permanente a todos los expertos en derechos humanos
de la ONU y facilitar de inmediato las visitas solicitadas por los relatores
especiales de la ONU, especialmente el relator especial sobre la cuestión de la
tortura y el relator especial sobre la promoción y protección de los derechos
humanos y las libertades fundamentales en la lucha contra el terrorismo.
-
Remitir los informes pendientes al Comité de Derechos Humanos y al Comité
contra la Tortura de la ONU como cuestión prioritaria.
-
Ratificar el Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura y Otros
Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes.
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Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
Apéndice
Programa de 12 Puntos para la Prevención de la Tortura
La tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (en adelante, otros malos
tratos) son violaciones de los derechos humanos, condenadas por la comunidad internacional
como una ofensa a la dignidad humana y prohibidas en toda circunstancia por el derecho
internacional. A pesar de ello tienen lugar, de forma cotidiana y en todo el mundo. Es
necesario adoptar inmediatamente medidas para hacer frente a estos abusos dondequiera que
se produzcan, hasta conseguir su erradicación. Amnistía Internacional formula un
llamamiento a todos los gobiernos para que pongan en práctica el siguiente Programa de 12
Puntos, e invita a todas las personas y organizaciones interesadas a aunar sus esfuerzos para
garantizar que así lo hacen. Amnistía Internacional está convencida de que la aplicación de
estas medidas será una indicación positiva del empeño de los gobiernos en poner fin a la
tortura y otros malos tratos en sus países y en erradicarlos en el resto del mundo.
1.
Condena de la tortura y otros malos tratos
Las máximas autoridades de cada país deben demostrar su total oposición a la tortura y otros
malos tratos. Deben condenar estas prácticas sin reservas dondequiera que se produzcan,
dejando claro a todos los miembros de la policía, el ejército y otras fuerzas de seguridad que
la tortura y otros malos tratos no se tolerarán bajo ninguna circunstancia.
2.
Acceso a los detenidos
Con frecuencia, la tortura y otros malos tratos tienen lugar mientras las víctimas se encuentran
en régimen de incomunicación, incapacitadas de entrar en contacto con aquellas personas del
mundo exterior que podrían ayudarlas o averiguar qué les está ocurriendo. Hay que acabar
con la práctica de la detención en régimen de incomunicación. Los gobiernos deben garantizar
que a todas las personas detenidas se las hace comparecer ante una autoridad judicial
independiente sin demora tras haber quedado bajo custodia, y que se permite a sus familiares,
abogados y médicos acceso pronto y regular a ellas.
3.
Eliminación de las detenciones secretas
En algunos países, la tortura y otros malos tratos se llevan a cabo en centros secretos, a
menudo después de haber hecho “desaparecer” a las víctimas. Los gobiernos deben garantizar
que las personas detenidas son recluidas exclusivamente en lugares oficialmente reconocidos
a tal efecto y que se proporciona información inmediata y precisa sobre su detención y el
lugar en que se encuentran a familiares, abogados, tribunales y otras partes que tengan un
interés legítimo, como el Comité Internacional de la Cruz Roja. Los familiares y los abogados
deben en todo momento tener a su disposición unos recursos judiciales efectivos para poder
determinar sin demora el paradero de la persona detenida y qué autoridad la mantiene recluida,
y para garantizar su seguridad.
Amnistía Internacional, abril de 2007
Índice AI: MDE 12/001/2007
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
4.
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Salvaguardias durante el periodo de detención y los interrogatorios
Todas las personas detenidas deben ser informadas sin demora de sus derechos, incluido el de
presentar quejas relativas al trato que reciben y el derecho a que un juez establezca sin
dilación la legalidad de la detención. Los jueces deben investigar cualquier indicio de tortura
u otros malos tratos y ordenar la puesta en libertad si la detención es ilegal. Durante los
interrogatorios debe estar presente un abogado. Los gobiernos deben garantizar que las
condiciones de reclusión cumplen las normas internacionales para el trato a los reclusos y
tienen en cuenta las necesidades específicas de los miembros de grupos especialmente
vulnerables. Las autoridades encargadas de la detención deben ser distintas de las encargadas
del interrogatorio. Deben llevarse a cabo visitas de inspección periódicas, independientes, sin
previo aviso y sin restricciones a todos los lugares de detención.
5.
Prohibición legal de la tortura y otros malos tratos
Los gobiernos deben promulgar leyes que prohíban y prevengan la tortura y otros malos tratos
y que incorporen los elementos básicos de la Convención de la ONU contra la Tortura y Otros
Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (Convención contra la Tortura) y otras
normas internacionales pertinentes. Deben abolirse todos los castigos corporales impuestos
como sanciones administrativas o como penas judiciales por los tribunales. La prohibición de
la tortura o otros malos tratos y las salvaguardias esenciales para prevenirlos no deben
suspenderse en ninguna circunstancia, ni siquiera en tiempo de guerra u otra emergencia
pública.
6.
Investigación independiente
Todas las denuncias e informes sobre torturas u otros malos tratos deben ser objeto de una
investigación inmediata, imparcial y efectiva a cargo de un órgano independiente de los
presuntos responsables. El ámbito, los métodos y las conclusiones de estas investigaciones
deben hacerse públicos. Debe suspenderse del servicio activo a todo agente sospechoso de
haber cometido torturas u otros malos trato mientras se llevan a cabo las investigaciones. Los
denunciantes, los testigos y otras personas que se encuentren en peligro deben recibir
protección frente a la intimidación y las represalias.
7.
Enjuiciamiento de presuntos torturadores
Las personas responsables de actos de tortura u otros malos tratos deben ser enjuiciadas. Este
principio se aplica dondequiera que se encuentren los sospechosos de estos crímenes, sea cual
sea su nacionalidad o su cargo, independientemente del lugar donde se cometió el delito o de
la nacionalidad de la víctima, y sin importar el tiempo que haya transcurrido desde que se
cometió el crimen. Los gobiernos deben ejercer la jurisdicción universal sobre los
responsables de estos crímenes, extraditarlos o entregarlos a un tribunal penal internacional, y
deben cooperar en estos procedimientos penales. Los juicios deben celebrarse con las debidas
garantías. No podrá invocarse jamás una orden de un funcionario superior como justificación
de la tortura u otros malos tratos.
Amnistía Internacional, abril de 2007
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8.
Egipto: Abusos sistemáticos en nombre de la seguridad
Invalidez de declaraciones obtenidas mediante tortura u otros malos tratos
Los gobiernos deben garantizar que las declaraciones y demás pruebas obtenidas mediante
tortura u otros malos tratos no puedan ser utilizadas jamás en procedimientos judiciales, salvo
en contra de una persona acusada de tortura u otros malos tratos.
9.
Procedimientos de formación efectiva
En la formación profesional de todos los funcionarios que participen en la custodia, el
interrogatorio o el tratamiento médico de personas privadas de libertad debe ponerse en claro
que la tortura y otros malos tratos son actos criminales, y debe informárseles de que tienen el
derecho y el deber de desobedecer todas las órdenes que reciban de infligir torturas u otros
malos tratos.
10.
El derecho a recibir una reparación
Las víctimas de tortura u otros malos tratos y las personas a su cargo deben tener derecho a
recibir del Estado una reparación inmediata, que incluya la restitución, una indemnización
justa y adecuada y la atención y la rehabilitación médica apropiadas.
11.
Ratificación de los tratados internacionales
Todos los gobiernos deben ratificar sin reservas los tratados internacionales que contengan
salvaguardias contra la tortura y otros malos tratos, incluidos el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos y su primer Protocolo Facultativo, y la Convención de la ONU
contra la Tortura, con las declaraciones contenidas en ella que permiten la presentación de
denuncias a título individual y entre Estados, y con su Protocolo Facultativo. Los gobiernos
deben poner en práctica las recomendaciones para prevenir la tortura y otros malos tratos
formuladas por órganos internacionales, así como las formuladas por otros expertos.
12.
La responsabilidad internacional
Los gobiernos deben utilizar todos los canales disponibles para interceder ante los gobiernos
de los países de los que se han recibido informes de tortura u otros malos tratos. Deben
asegurarse de que las transferencias de material y formación militar, policial o de seguridad
no se utilizan para facilitar la tortura u otros malos tratos. Los gobiernos deben garantizar que
nadie es devuelto o entregado a un país en el que pueda correr peligro de ser sometido a
torturas u otros malos tratos.
_______________
Este programa de 12 puntos establece medidas para prevenir la tortura y otros malos
tratos contra personas que se encuentran bajo custodia del Estado o en manos de sus
agentes. Fue adoptado por primera vez por Amnistía Internacional en 1984, revisado en
octubre de 2000 y revisado de nuevo en abril de 2005. Amnistía Internacional insta a los
gobiernos a que cumplan las obligaciones contraídas en virtud de las normas
internacionales para prevenir y sancionar la tortura y otros malos tratos, ya sea infligidos
por agentes del Estado o por particulares. Amnistía Internacional también se opone a la
tortura y otros malos tratos que cometen los grupos políticos armados.
Amnistía Internacional, abril de 2007
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