Pedagogía del encuentro

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“HACIA UNA PEDAGOGÃ A DEL ENCUENTRO”
“Hacia una pedagogÃ−a del encuentro”
“La vida y la palabra, en realidad, no caminan por senderos separados.
La palabra y la vida son dos expresiones de una misma realidad, que es la vida humana misma. Esta resulta
inconcebible sin el lenguaje que la expresa. Que hace posible nombrar lo que se vive. Comunicarlo.
Compartirlo. Trasmitirlo.”
INTRODUCCIÃ N
En el siguiente trabajo pensamos en una “pedagogÃ−a del encuentro” destinada a dar una mirada a la
problemática que observamos en la convivencia del nivel educativo, la cual podemos desglosar en tres
puntos:
• La falta (desgaste) de compromiso por parte de algunos integrantes que participan en instituciones
escolares, como asÃ− también de los padres de los alumnos.
• La pérdida de valores que estimulan una buena realización de la convivencia.
• La enorme necesidad de diálogo, factor más que importante ya que, cuando hablamos de educación,
hablamos también de comunicación y esta, como bien sabemos, debe existir entre todos los miembros
de la comunidad educativa.
Por lo tanto, planteamos la realización de este trabajo postulando como factor clave una pedagogÃ−a del
encuentro, o sea, aprender de lo cotidiano, saber expresarse y escuchar, compartir, estimular, adquirir nuevos
compromisos y cumplir con los preestablecidos, etc.
Este trabajo pretende buscar las bases para futuras intervenciones socioeducativas orientadas a transformar la
escuela en una comunidad crÃ−tica y armoniosa, capaz de asumir los quiebres y los problemas de
comunicación, a la vez brindar recursos que posibiliten a oportunidades, con el objetivo de construir una
convivencia ordenada entre la diversidad y la mutua comprensión.
DESARROLLO
Para una mejor comprensión teórica, definimos qué es lo que significa el término “pedagogÃ−a”: Es
la ciencia que se ocupa de la educación y la enseñanza; es, por ende, el eje central de todos los procesos
educativos. Es tal su amplitud, el marco conceptual que abarca, que resulta complejo definirla sin recurrir a
otras ciencias, que participan de ella (la psicologÃ−a, la filosofÃ−a, la economÃ−a, la semiótica, la historia,
la antropologÃ−a, etc.)
Cuando hablamos de “pedagogÃ−a del encuentro” advertimos que ésta se rige por un paradigma
conversacional, el cual contribuye a cultivar la capacidad de entenderse con los otros para comprender el
mundo, para organizar la convivencia, para expresar las propias emociones-razones y someterlas a la crÃ−tica
de los demás. Dicho funcionamiento alcanza la totalidad de la experiencia humana, los cuales pueden
ordenarse en torno a los factores que intervienen en todo proceso comunicativo: el interpelante (hablante), el
interpelado (oyente) y el contexto (el mundo) Consideramos que la institución escolar se creó para que
cumpla una determinada función: educar. Cuando no cumple con este rol o se multiplican sus funciones
sociales (por ejemplo, a la hora de hacer comedores, talleres laborales, pensión u hogares de dÃ−a para los
alumnos carenciados, etc.), se pierde o distorsiona la misión para la cual fue creada.
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Cada institución tiene la responsabilidad de utilizar sus recursos para crear una dinámica interna que haga
efectivo el cumplimiento de dicha responsabilidad: a) transmitir valores y creencias, b) transmitir
conocimientos necesarios para el desarrollo laboral, c) crear condiciones para la producción de nuevos
saberes y d) para el desarrollo y el progreso de la sociedad.
Entonces, la escuela carga con un “mandato social” (Frigerio y Poggi) que la obliga a cumplir con dichos
deberes. Las instituciones educativas tienen su origen en la sociedad donde se constituyen y se diferencian de
las demás por su funcionalidad educativa: la escuela como construcción y, a su vez, como constructora de
individuos y ciudadanos responsables que ayuden a crear una sociedad donde la convivencia sea posible.
En este sentido, Ferreira establece que:
Es necesario recuperar el camino perdido y trabajar acorde a las exigencias del momento: la formación de un
joven que deberá resolver, a medida que crece, situaciones inéditas, para las que no les servirán modelos
sino el uso del razonamiento y la capacidad de decisión.
En los últimos años, la legislación nacional ha dispuesto que los padres asuman una responsabilidad
participativa en la educación de sus hijos: la escuela no es un depósito de niños y los docentes no son los
únicos responsables de la conducta y los conocimientos que adquieren los chicos. Por ende, la ley señala
que la participación en la educación de los niños sea conjunta, entre padres y docentes por igual.
De esta manera no quedará solo bajo la responsabilidad de los docentes: “La autoridad del maestro y del
Estado se sobreimprimió a la autoridad familiar, en un proceso que marca la tensión entre orden privado y
orden público y que indica la gradual delegación de tareas en el Estado educador”.
El aprendizaje
El concepto aprendizaje resulta indispensable para encarar cualquier estrategia educativa. Para intentar
enseñar algo debemos tener una cierta idea de cómo procesan los mensajes los alumnos y modifican sus
conductas a lo largo del tiempo. De hecho, todo aquel que enseña algo - lo sepa o no - tiene una teorÃ−a o
una metáfora para explicar el proceso de aprendizaje.
Pero, ¿Qué significa aprendizaje? Aunque un proceso individual, se realiza con la participación de otros,
es decir, en comunidad (por ejemplo, en la relación padre-hijo, docente-alumno) Se aprende con otros y de
los otros. Pero lo caracterÃ−stico de la escuela es que estos “otros” adquieren formas muy precisas: otro
adulto, depositario de la autoridad y del saber (el docente) y un conjunto de “pares” de edades muy similares.
El aprendizaje escolar se da en el contexto de un grupo-clase, en el que se produce una reciproca influencia
entre profesores y alumnos.
El aprendizaje en el aula tiene lugar en un espacio cargado de influencias simultáneas, como consecuencia
de las interacciones de los individuos dentro de un grupo social que conviven dentro de un mismo contexto.
Por ende, el aprendizaje escolar es, a la vez, intrapersonal, interpersonal y colectivo.
• Intrapersonal, los significados se transforman por el aprendizaje de cada persona. AquÃ− el aprendizaje es
un hecho individual: uno reflexiona consigo mismo.
• Interpersonal, el aprendizaje escolar involucra el intercambio de información o de mensajes entre dos o
tres individuos que participan en el aula.
• En el nivel grupal, el individuo recibe y produce mensajes como miembro de un grupo. O sea, llega a la
totalidad de los individuos que conviven con él.
En referencia a lo anterior, suponemos que cuando un docente quiere impartir un conocimiento, éste no
sigue un ritmo lineal y equilibrado sino que se ven involucrados diferentes factores psicológicos (miedo,
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vergüenza, timidez, ansiedad, etc.) que comprometen su ejecución efectiva. O sea, impartir un saber no
significa que éste realmente sea aprehendido por el alumno en el momento en que se transmite dicho
conocimiento, por esto resulta fundamental que el docente establezca como una de sus prioridades, dentro del
aula, el clima armónico (ya sea entre él y el alumno y entre ellos entre sÃ−) porque la buena convivencia
facilita el aprendizaje.
La convivencia
Observamos una gran necesidad de valorar y construir una pedagogÃ−a de la convivencia, en la escuela y los
problemas socioeducativos asociados a ella, sus afectos y factores, para transformar a la institución educativa
y alcanzar aprendizajes de calidad.
Esta área dentro de la pedagogÃ−a es la articulación e integración crÃ−tica de los aportes de las Ciencias
Sociales. Para una mejor comprensión y desarrollo del fenómeno, reconocemos cuatro conceptos claves: a)
el encuentro con uno mismo; b) encuentro con el prójimo; c) encuentro con la sociedad y d) convivencia
escolar.
a) Encuentro con uno mismo
El individuo se encuentra consigo mismo en una situación de dificultad que debe superar. Necesita
reconocerse para poder madurar y establecer una relación de normalidad con sus pares y consigo mismo. Un
niño que no puede establecer una convivencia normal con sus semejantes es un niño con deficiencias en el
aprendizaje, en su desarrollo emocional y con baja autoestima.
La naturalidad de la persona se despliega en la autenticidad de su lenguaje, y esa es una meta por lograr en
toda acción educativa. Se trata de aprender a ser, lo cual puede traducirse como la búsqueda de la
coherencia entre el mundo interior y su desarrollo creador del potencial expresivo, como la construcción
armoniosa de una identidad o como el conocimiento de sÃ− mismo. "EI juego de habla y replica prosigue en
el diálogo interior del alma consigo misma.”
Se hace necesario profundizar una pedagogÃ−a del encuentro consigo mismo: forjar la voluntad y el
carácter, ejercer la libertad creativa, fortalecer la autoestima. “Los alumnos pueden descubrir aspectos de su
yo interior cuando explicitan sus intereses, capacidades, y formas preferidas para obtener reconocimiento... La
concientización de dicha información es valiosa no solo por aquello que revela a los alumnos sino
también porque proporciona elementos al docente que le permitirán individualizar la enseñanza”.
b) Encuentro con el prójimo
Ya desde Aristóteles se definió al hombre como un “animal social”, que se hace hombre en relación con
otros hombres. Pero vivir entre otras personas no significa que el hombre aprenda a convivir. Un encuentro
auténtico con el otro crea vÃ−nculos de reconocimiento, respeto, solidaridad y amistad. Se deja de usar
instrumentalmente al otro o de considerarlo como objeto para pasar a verlo como a un semejante. Se instaura
la modalidad de diálogo, en la que los participantes, por igual, se enriquecen y transforman. “Cuando
hablamos de: ´la escuela de la comunicación´, hablamos de que las relaciones entre docentes y alumnos
se hacen dialógicas y en la que tienen cabida los encuentros interculturales”. Por lo tanto, se deduce que
una pedagogÃ−a del encuentro significa aprender a vivir juntos, en la familia, en la escuela y en la sociedad y
exige un cambio de nuestra cultura en el ámbito de los comportamientos, suposiciones, formas culturales,
prejuicios, creencias, actitudes, estereotipos, opiniones sobre el lenguaje en general y sobre las lenguas en
particular.
c) Encuentro con la sociedad
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El lenguaje hace posible nuestra relación con el mundo material y cultural.
Una pedagogÃ−a del encuentro con el mundo significa un desarrollo crÃ−tico y responsable de la ciencia y la
tecnologÃ−a que se enseña y que se aprende. El conocimiento es un discurrir en el lenguaje, sobre la base
de preguntas y respuestas, de hipótesis y verificaciones. Pero también, se trata de aprender a conocer y
aprender a hacer. Y este aprendizaje se inscribe en el proceso de democratización del conocimiento:
"Nuestra sociedad de la información tendrá que experimentar una revolución del conocimiento que lo
coloque de manera firme en las manos de la gente: convirtiéndola en ciudadanos que piensen y decidan
por sÃ− mismos, y vean las diferentes culturas y enfoques, no como una amenaza, sino como una
oportunidad grata para el encuentro de las mentes. [...] necesitamos una revolución del conocimiento, sin la
cual la llamada revolución digital de la nueva tecnologÃ−a de la información solo puede afianzar la
desigualdad, la injusticia y la exclusión"
En el caso de la modernización educativa, esto supone armonizar el potencial de un saber-hacer
cientÃ−ficamente racionalizado con el potencial de un saber-ser fuertemente fundado. En ese núcleo
armonizador reside la emergencia de una nueva actitud formativa. En este sentido, la transformación de la
educación no puede ignorar la importancia de los valores y actitudes que están permanentemente en juego:
¿Cómo armonizar y equilibrar los componentes de orden técnico y los componentes de orden práctico
en la sociedad y en la educación?
d) Convivencia Escolar
En la convivencia escolar intervienen una gran cantidad de elementos e interacciones, se involucra procesos
múltiples que se articulan y suceden de forma continua. Los individuos, las comunidades y la sociedad no
son predecibles, al contrario: las personas y los grupos evolucionan, no todas ellas orientadas en forma
positiva. Esta incertidumbre, obliga, en la convivencia escolar, a un esfuerzo de comprensión por parte de
sus miembros (directivos, docentes, alumnos, padres)
Suponemos, entonces, que todo esfuerzo por optimizar los procesos de convivencia requiere el desarrollo
simultáneo de procesos de autoconocimiento, tanto de carácter personal como de tipo institucional. En este
sentido, señalamos como paradigma ejemplar lo que Ferreira y Pasut denominan “Aula Flexible” que es
aquella que prioriza la idea de que el trabajo con grupos es un trabajo socializado porque, por un lado la
interacción hace que se logren comportamientos responsables (por ejemplo: la división de tareas) y por el
otro la obligación asignada no da lugar a distracciones. Hay un tiempo estipulado y un producto a lograr.
Entonces, la disciplina será una situación natural. Habrá alboroto, ruidos, risas pero serán de la gente
que trabaja. En el aula flexible hay vida.
Para una buena convivencia es necesario que el docente sea el coordinador, el lÃ−der, movilizando
situaciones de comunicación organizando experiencias de aprendizaje, guiando la evaluación. Su actitud es
diferente a la del profesor profesional porque al contribuir a la idea del aula flexible establece, con su grupo,
una relación democrática, es decir participativa.
Las técnicas grupales que facilitan la convivencia son tres:
• de iniciación; b) de producción y c) de cierre. Las primeras tiene como objetivo el conocimiento mutuo,
la integración de los miembros o el logro de un clima armónico a través de la desformalización.
AquÃ− los miembros aislados empiezan a formar un grupo; de allÃ− en más, lo cohesión se hará cada
vez más profunda. Todos sabemos que en la primera clase hay una situación tensa porque el alumno y el
maestro se ven por primera vez. Hay temor al rechazo y ansiedad por lo que el coordinador será
responsable de provocar una acercamiento que distienda. En segundo lugar, las técnicas grupales de
producción organizarán el grupo para que una tarea especÃ−fica sea más productiva aprovechando las
potencialidades de trabajo de cada miembro del grupo por el intercambio de informaciones y de la
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confrontación de distintos puntos de vista. Por último las técnicas de cierre sirven para evaluar en
forma permanente y cotidiana del grupo permitiéndole mejorar permanentemente en su funcionamiento y
rendimiento.
Un ejemplo de técnica grupal es la denominada “nos conocemos y proyectamos” que consiste en la
conformación de grupos a partir de sus caracterÃ−sticas personales (los signos del horóscopo) Luego de
que el docente presente la propuesta de trabajo cada grupo la hará efectiva y luego entre todos
consensuarán resultados. Esta técnica sirve para la presentación y comunicación personal e
interpersonal asÃ− como para fomentar el consenso.
No obstante, nuestra propuesta reconoce que la comunicación dentro del aula es de carácter jerárquico
porque las reglas de convivencia no se definen democráticamente, sino que la mayor parte de las decisiones
que son tomadas de antemano, antes de que los alumnos e incluso el maestro entren al aula.
Este tipo de relaciones no se basan primordialmente en el Saber sino que devienen de una estructura de Poder.
Por un lado, tenemos al docente que tiene más poder sobre los aconteceres del alumnado, pero por otro lado
el equipo directivo ejerce poder sobre el docente y, en el ámbito institucional, también sobre el alumno.
SÃ−ntesis de lo abordado:
• La problemática actual surge del desgaste y la falta de compromiso de los actores sociales, de la
perdida de valores en la convivencia y de la falta de dialogo como signo de comunicación y
concientización.
• La escuela, en construcción, posee una obligación social: formar ciudadanos responsables que
ayudan a crear una sociedad que mejore la convivencia sea posible.
• La familia es la primera institución educativa con la cual los chicos tienen contacto. La escuela no es
un “deposito de niños”, los docentes no son los únicos responsable de la conducta y de los
conocimientos que estos adquieren.
• El aprendizaje escolar se da en un contexto de grupo-clase, con una influencia recÃ−proca entre el
docente y el alumnado. Por ende, el aprendizaje escolar es intrapersonal, interpersonal y colectivo. No
obstante, en la transmisión de conocimientos, entran en juego diferentes factores psicológicos, por
eso, es fundamental un clima armónico en el aula.
• El alumno debe enfrentar diferentes situaciones: a) encontrarse con si mismo (aprender a ser):
madurar y establecer una relación de normalidad con sus pares y consigo mismo. b) encontrarse con
el prójimo: aprender valores para poder vivir en sociedad. c) encontrarse con la sociedad: aprender a
conocer y a hacer para superar las diferencias y mejorar la sociedad.
• En la convivencia escolar intervienen gran cantidad de elementos e interacciones en forma continua e
impredecible, por eso el planteo del “Aula abierta” como solución, priorizando la idea de trabajo en
grupo, socializado, para lograr comportamientos responsables y de respeto.
CONCLUSIONES
Valores y lÃ−mites en la educación de hoy
Cuando hablamos de educación muchas veces tenemos la visión que se hace referencia a la tarea que
ejercen los docentes en las escuelas, y no tenemos en cuenta que la misma se inicia en el hogar.
AsÃ− podemos decir que los sujetos no se forman aisladamente, desde su nacimiento establecen relaciones
con otros, padres, hermanos, amigos y maestros, a partir del nacimiento el niño comienza a formar parte de
instituciones. La primera es la familia, y a lo largo de toda su vida se van incorporando a otras. Las relaciones
sociales suponen la interacción del hombre dentro de las instituciones y a éstas como parte de la
cotidianidad de los sujetos. Las instituciones permiten el ingreso de las personas a un universo de valores,
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creando normas, lÃ−mites y sistemas de referencia que organizan su vida psÃ−quica y social.
Al referirnos a los lÃ−mites, hay quienes los consideran anticuados, como una forma de intento de
“dominación de los mayores sobre los menores”, de los padres sobre los hijos, y eso choca contra el
espÃ−ritu de los nuevos tiempos que busca sostener e impulsar la vida independiente y libre desde la más
temprana edad: cuando son pequeños, para dejarlos experimentar y cuando son adolescentes, para no
condicionarlos negativamente frente a la existencia.
Y si este es el espÃ−ritu de los tiempos modernos, ¿no serÃ−a anticuado seguir pensando y hablando de
“lÃ−mites”?
En el mundo en que vivimos (cambiante, inestable, moderno, donde el conocimiento es provisorio), solemos
interpretar que atender a las demandas de la comunidad supone entrar en la vorágine de “dar respuestas” y se
ha llegado a no satisfacer las necesidades básicas del aprendizaje que tienen los alumnos (conocimientos,
valores, técnicas, actitudes, etc.), que es obligatorio y necesario aprender no solo para vivir con dignidad,
desarrollándose a lo largo de toda su vida en función de su propia calidad de vida, la de su comunidad y
nación.
Los hombres, al llegar a la madurez, se suponen como la generación del silencio: Cuando eran chicos
callaban porque la palabra pertenencia naturalmente a los adultos. AllÃ− la relación era asimétrica. Los
padres y los docentes detectaban una condición que aceptábamos, condicionando nuestras conductas.
Aquellos niños que callaban son los adultos de hoy, porque los nuevos niños parecen haberse adueñado
de muchas situaciones. Y es allÃ− cuando los chicos parecen desbordar el escenario. Los adultos parecen
carecer de seguridad suficiente acerca de los valores que hay que mantener con firmeza y los consiguientes
lÃ−mites que debemos lograr que reconozcan y acepten.
El clima que favorece la idea de que los chicos ocupan el centro de la escena y que los adultos, deben
permanecer respetándolos como fundamentales protagonistas, e suna idea que conspira contra la misión de
los padres y los educadores, por la elemental razón de que la educación, como la vida, es una dimensión
de encuentro. Vivir es convivir.
No se aprende a vivir sin estar aprendiendo a convivir simultáneamente. De modo que los chicos deben
pasar por las experiencias necesarias para descubrir la realidad de los otros y colaborar para que la vida de
todos sea positivamente agradable, aunque no necesariamente fácil.
Un ambiente de hogar o de escuela donde los adultos se sienten de alguna manera postergados, no da
garantÃ−as de un amor sano por los hijos y alumnos.
Cuando sucede todo esto, sin lugar a duda, el concepto de los lÃ−mites tiene ciertas lagunas o padece de
distorsiones. O porque en la fantasÃ−a se lo magnifica como instrumento de acción educativa, o porque, al
revés, se lo descalifica lisa y llanamente a él como si fuera el gran instrumento educativo.
Cuando se resalta de tal manera el privilegio de los chicos y se opaca la figura de los mayores, algo anda mal
en el proceso educativo. La educación es también ese tiempo de encuentro para que todos nos ayudemos a
vivir, cada una de una forma. Precisamente este es el equilibrio que trataremos de encontrar, donde se
conjugue el derecho del menor a una buena vida y una buena educación, y el derecho de padres y docentes
educadores a una vida suficientemente válida para sÃ− mismos.
Los chicos, como tendencia general, llegan a la escuela sin esos principios básicos de la socialización, y los
docentes y directivos se encuentran con reclamos que no siempre están capacitados y dispuestos a resolver,
porque ellos también están agobiados por muchas causas, entre ellas las condiciones de su propio trabajo.
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De la Democracia a la AnarquÃ−a áulica: hacia una pedagogÃ−a del encuentro, dialogada.
La educación democrática y verticalista ha llegado a un punto crÃ−tico. La problemática educativa, como
ya mencionamos, surge de la falta de compromiso, de la perdida de valores y fundamentalmente de la falta de
dialogo, y mayormente de la concertación. Cuando el alumno entra en la institución educativa se encuentra
con un sistema democrático y verticalista, donde las reglas ya han sido establecidas, solo le queda adecuarse
a ellas. Esta realidad jerárquica, que nos trae una educación verticalista, no ayuda en el proceso de
comunicación recÃ−proco necesario (entre el docente y los alumnos). Los actores sociales se encuentran
ante una realidad a la cual deben responder y al no elaborar las pautas entre ellos mismos, no siempre logran
sentirse parte de ella. AquÃ− comienza el gran problema: no logran concebir respeto por el lugar, ni por los
docentes, ni por sus compañeros, sumado a ello, la necesidad adolescente de romper las reglas, de salir del
margen y lograr llamar la atención. Con esta realidad, el clima propicio para la educación es impensable, la
convivencia no se logra y el alumno no llega, siquiera, a encontrarse con la sociedad; y si no llega a ese
último objetivo, ¿qué nos deparará el futuro?
Anteriormente hablamos de la convivencia áulica, de un docente coordinador y de una democracia
participativa, de un aula flexible, con interacción grupal y obligaciones, pero también, reconocimos una
comunicación jerárquica dentro del aula. Ahora les proponemos abordar la educación desde otro punto de
vista, donde prime la comunicación horizontal.
La idea la tomamos de Paulo Freire y de su “educación liberadora”. Partiendo de la idea de que nuestras
sociedades, todas sin excepción, son sociedades de opresión, propone la pedagogÃ−a del oprimido, una
utopÃ−a donde prime el dialogo, la inclusión del otro como par.
La utopÃ−a que propone es abierta, sin concreciones, desarrollada ya en el propio curso del proceso
educativo. Se trata es de entenderla como realización del diálogo entre los hombres y la consiguiente
superación de las interferencias que nos impiden hablar (y escucharnos). El educador comienza,
precisamente, escuchando con toda su atención al otro, desde la Ã−ntima convicción de que el otro vale, de
que el otro es sabio y aporta conocimiento. Al contrario de toda educación actual, de tipo vertical, donde se
idealiza al educando como un ser ignorante, un alumno, una persona sin luz.
Para Freire, la situación lÃ−mite del oprimido es un punto de partida material, económico y polÃ−tico; es
algo hecho por el hombre que apunta a su propia superación en la historia, en la forma de una realidad más
humana, apuntando a una utopÃ−a superadora. Fundamenta, además, esta nueva realidad, mencionando al
dialogo como el único medio para que el hombre pueda ir conociéndose como ser en permanente
reconstrucción en un mundo también en continua reelaboración.
Toda relación vertical entre los hombres, a juicio de Freire, aleja al hombre de sÃ− mismo y enajena a los
sujetos educandos, constituyendo un no-diálogo. El auténtico diálogo horizontal se presenta como la
alternativa educativa que prepara y anticipa la utopÃ−a de una humanidad en consonancia consigo misma, en
la que las personas hablen y, sobre todo, se escuchen.
No queremos convencerlos de que la única solución es la extremista pedagogÃ−a del Brasilero Freire, pero
si de que la educación argentina necesita de un cambio que lo retire de la crisis anárquica que se observa en
las aulas, sobre todo, en los colegios estatales de alto riesgo. Proponemos una pedagogÃ−a del encuentro
donde si bien exista la figura del docente como autoridad digna de respeto, también exista una
concertación grupal surgida del dialogo, primariamente horizontal. No podemos imaginar la figura del
docente como un par, pero si concientizarnos de que de los educandos también se obtiene conocimiento y
que estamos trabajando, no con objetos, sino con seres humanos. No se trata de maquinas que responden a
estÃ−mulos, como ya mocionamos en la comunicación del aprendizaje entran en juego los diferentes
factores psicológicos y ambientales, que transforman la escena áulica.
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La educación nos está fallando en el encuentro del chico con la sociedad, con el desarrollo crÃ−tico y con
el encuentro con el prójimo, con la aprehensión de valores. Con esto, la obligación social de esta
institución se ve en crisis, la idea de formar ciudadanos responsables que ayuden a crear una sociedad donde
la convivencia sea posible o que ayuden a mejorarla, debe ser resaltada y ocupar mayor prioridad en la agenda
polÃ−tica sino queremos que la situación áulica se traslade a todos los sectores de la sociedad. No se trata
solo de un encuentro entre los alumnos y el docente, también está dentro del juego la sociedad (los padres,
el gobierno, la comunidad educativa y la gente en general, por medio de los proyectos de ley y de los
gobiernos que elegimos). El encuentro debe ser entre todos y para ello es prioridad que el “el otro” este en el
mismo nivel que uno mismo. La idea de encuentro debe ser abordada desde un plano horizontal donde las
pautas se construyan entre todos (con dialogo), el respeto sea generado y ganado, hacia el docente y hacia la
institución, haciendo partÃ−cipes a los educandos de la realidad en la cual están inmersos ¿Cómo?: por
medio del dialogo horizontal. Solo asÃ− se podrá generar el clima propicio para que la palabra “educación”
sea posible.
BIBLIOGRAFÃ A
JULIO C. LAVAKà , Valores y lÃ−mites en la educación. Ed Paidós, Bs As, 2001.
Cara y Ceca. Ed. Troquel (1992)
FERREYRA Y PASUT: Técnicas Grupales. Elementos para el aula flexible. Ed. Novedades Educativas,
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SANTILLANA. De la Familia a la escuela, Infancia, socialización y subjetividad.
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INà S DUSSEL Y M. CARUSSO. La Invención del Aula: Una genealogÃ−a de las formas de Enseñar.
Ed, Santillana, Bs. As 1999
J. MARITAIN, Int. a la FilosofÃ−a.
BUMADE, M. E. Y CASARINI A. Inteligencia Intrapersonal (junio 2007)
TOURAINE, A. ¿Podemos Vivir juntos? Iguales Y diferentes.
MAYOR, FEDERICO. La educación superior y los retos del nuevo milenio.
Proyecto Educativo Institucional.
MARCOS SANTOS Gà MEZ. la pedagogÃ−a de Paulo Freire: de la situación lÃ−mite al diálogo como
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DUSSEL, E, à tica de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid 2002, Ed.
Trotta.
INDICE
Introducción...........................................................................................................................Pág 1
Desarrollo..............................................................................................................................Pág 2
8
El aprendizaje........................................................................................................... Pág 3
La convivencia...........................................................................................................Pág4
Encuentro con uno mismo............................................................................. Pág4
Encuentro con el prójimo............................................................................... Pág 5
Encuentro con la sociedad............................................................................ Pág5
Convivencia Escolar..................................................................................... Pág 6
SÃ−ntesis de lo abordado........................................................................................... Pág 7
Conclusiones....................................................................................................................... Pág8
Valores y lÃ−mites en la educación de hoy................................................................. Pág8
De la Democracia a la AnarquÃ−a áulica: hacia una pedagogÃ−a del encuentro,
dialogada.................................................................................................................. Pág 10
BibliografÃ−a........................................................................................................................... Pág13
Valores y lÃ−mites en la educación, Julio C. Lavaké.
Página 20, “Cara y Ceca” Ed. Troquel (1992)
Ferreyra y Pasut: Técnicas Grupales. Elementos para el aula flexible. Ed. Novedades Educativas, Buenos
Aires 1998.
Santillana. De la Familia a la escuela, Infancia, socialización y subjetividad.
Para más información, sugerimos ampliar con el concepto de “Zona de Desarrollo Próximo” de Vygotsky
en: Pensamiento y Lenguaje, Editorial Paidós, Barcelona (1995).
“El aula es una estructura de comunicación entre sujetos”, Inés Dussel y M. Carusso. La Invención del
Aula: Una genealogÃ−a de las formas de Enseñar (pág. 31) Ed, Santillana 1999
Platón en Int. a la FilosofÃ−a. J. Maritain.
Bumade, M. E. y Casarini A. Inteligencia Intrapersonal (junio 2007)
Touraine, A. ¿Podemos Vivir juntos? Iguales Y diferentes.
Consideramos fundamental la idea de que el hombre, durante toda la su vida, interactúa con el medio que lo
rodea en una relación de continuo aprendizaje por lo que resulta fundamental la idea de “aprender a
aprender”, o sea, el desarrollo de un pensamiento crÃ−tico y autónomo que se asiente sobre una base
concreta y firme.
Mayor, Federico. La educación superior y los retos del nuevo milenio.
Si bien la democracia supone reglas preestablecidas, ya que sino estarÃ−amos hablando de una anarquÃ−a,
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nos referimos a que las reglas, están formuladas de manera vertical o no son consensuadas por los actores
que responden a éstas. Por lo tanto, el alumno se encuentra ante una realidad que debe asumir, de la cual no
siempre se siente parte.
Proyecto Educativo Institucional.
LA PEDAGOGà A DE PAULO FREIRE: DE LA SITUACIà N Là MITE AL DIÔLOGO COMO
UTOPà A. Marcos Santos Gómez. Universidad de Granada.
El Filosofo existencialista argentino erradicado en mexico tras la dictadura de 1975, Enrrique Dussel hace
mención a la pedagogÃ−a de Freire: “es una pedagogÃ−a planetaria que se propone el surgimiento de una
conciencia ético-crÃ−tica. Su acción educadora tiende, entonces, no sólo a un mejoramiento cognitivo,
aun de las vÃ−ctimas sociales, o afectivo pulsional, sino a la producción de una conciencia ético-crÃ−tica
que se origina en las mismas vÃ−ctimas por ser los sujetos históricos privilegiados de su propia liberación.
El acto pedagógico crÃ−tico se ejerce en el sujeto mismo y en su praxis de transformación: la liberación
asÃ− es el `lugar' y el `propósito' de esta pedagogÃ−a.”
Dussel, E. (2002) à tica de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid, Trotta
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